domingo, 7 de junio de 2026

COMUNITAS MATUTINA DOMINGO 7 DE JUNIO 2026 SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y DE LA SANGRE DE CRISTO

 

Entonces, si el pan es uno solo, también nosotros, aún siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos participamos del mismo pan”

(1 Corintios 10: 17)

Lecturas:

  1. Deuteronomio 8: 2-16

  2. Salmo 147: 12-20

  3. 1 Corintios 10: 16-17

  4. Juan 6: 51-58



De acuerdo con estadísticas actualizadas, en el mundo somos en 2026 2.400 millones de hombres y mujeres que profesamos la fe en Jesucristo, en las diversas denominaciones, siendo la principal la católica con 1.422 millones de adeptos, también la multiplicidad de iglesias surgidas de la reforma protestante, como los evangélicos luteranos, anglicanos, presbiterianos, bautistas, calvinistas, wesleyanos, metodistas, pentecostales, etc., con unos 950 millones de integrantes , junto con las muy tradicionales de Oriente, que conocemos bajo el común denominador de la ortodoxia., que cuentan con unos 220 millones de integrantes activos. 1 Un interrogante que surge ante esta verificación estadística es si todo ese conjunto de iglesias influye cristocéntricamente en el mundo, en la multiplicidad de sociedades donde está presente, si el Evangelio del Señor Jesucristo anima e inspira con el espíritu de las bienaventuranzas los modos de vida en sociedad, si la fraternidad, el interés por el prójimo, la solidaridad con los vulnerables, la pasión por la justicia, están vigentes siguiendo el mensaje de Jesús. El “control de calidad” tiene que estar presente siempre en el cristianismo, constatar si somos fieles al Señor en quien tenemos nuestro fundamento, si vivimos coherentemente los valores del evangelio. Las elevadas estadísticas no tienen que ser razón para “dormir sobre los laureles”, 2 la vieja tentación del triunfalismo del que adolecen los grupos mayoritarios de todo tipo.

Porque es preciso tener en cuenta que en el seguimiento de Jesús es esencial el elemento de la autenticidad y de la coherencia en el mismo, no simplemente la reducción dominante a un cristianismo de inercia sociocultural. No son pocas las críticas que se nos hacen por olvidar la originalidad del Señor y de su Evangelio, por dejarnos avasallar por una religiosidad estereotipada y carente de espíritu, por dar prelación a lo institucional y jurídico eclesiástico sobre el carisma y la profecía.

El cristianismo en todas sus versiones eclesiales, históricas y doctrinales converge en torno a la persona de Jesucristo, a quien se acepta como Señor y Salvador de la humanidad, revelación definitiva de Dios para bien de todos los que quieran acogerlo en tal condición.3 Elemento normativo del proyecto de Jesús es el amor incondicional al prójimo, independiente de cualquier clasificación ideológica, socioeconómica, étnica , religiosa, con preferencia por los humillados y ofendidos de la tierra4. En el capítulo 10 del evangelio de Lucas, el contexto de la parábola del Buen Samaritano está dado por un interrogatorio que un maestro de la ley hace a Jesús “para ponerlo a prueba5, preguntándole por lo que debe hacer para obtener la vida eterna. La conversación deriva en la pregunta: “Y quién es mi prójimo? Jesús le contestó: Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó….6. La respuesta es la conocidísima parábola del Buen Samaritano, cuya intención es poner a quien preguntaba a establecer sus prioridades como hombre religioso y observante de la Ley, dejando clara la necesaria interdependencia entre el amor a Dios y el amor al prójimo, principalmente el caído y vulnerado. 7 Ese aspecto del programa de Jesús también tiene total validez para nuestro tiempo y para todos los tiempos de la historia.

Sobre estas consideraciones de ética evangélica debemos tener en cuenta que las cifras del hambre en este mundo donde somos tantos cristianos que celebramos la eucaristía, que participamos en la santa cena, son más que inquietantes: dice la FAO que 828 millones de personas han padecido hambre en los últimos años, especialmente a partir de la pandemia del corona virus; en este mismo período alrededor de 2.300 millones de personas están en situación de inseguridad alimentaria; 3.100 millones de prójimos no pueden permitirse una dieta saludable. Esta estadística, unida a todas las de cubrimiento en salud, educación, vivienda digna, agua potable, saneamiento ambiental, qué preguntas nos hacen a nosotros que celebramos cada día, cada domingo, la presencia del Señor Jesucristo en la eucaristía, el Corpus Christi, y nos acercamos a recibirlo en la comunión sacramental? Todo el contexto propuesto hasta este momento es para ayudarnos a pensar y a rescatar el aspecto ético-solidario de la eucaristía., 8 el cuerpo sacramental de Jesucristo es un cuerpo animado en justicia y fraternidad.

Es preciso recordarlo, la eucaristía no es un sacramento “en sí”, como una entidad aislada de la vida real de las personas, como un ídolo majestuoso ante quien todos se rinden. Este sacramento es esencialmente eclesial, comunitario, es decir que debe incidir directamente en una mejor vida, más cualificada evangélicamente, de cada integrante de la comunidad eclesial. Decimos todo esto porque este domingo la Iglesia celebra la muy tradicional solemnidad del Corpus Christi. A la luz de esta presencia sacramental, esencial en la configuración de la vida de la Iglesia, nos planteamos estas cuestiones de ética eucarística, porque no es posible participar en la eucaristía y desentenderse del prójimo hambriento y necesitado. Recibir el pan sacramental no es una caricia de espiritualidad autorreferencial, el “hagan esto en memoria mía9 de Jesús en la última cena con sus discípulos es una invitación que él nos hace a vivir en coherencia con él, con su programa de ética de la projimidad, a ser nosotros mismos, en cuanto bautizados e Iglesia, reflejo sacramental de eso mismo que él practicó en su vida.10

Todo lo que se origina en Dios es vitalidad, salud, alimento, siempre con desmedida abundancia. Por eso el testimonio original de la fe de Israel es la certeza en un Dios creador, dador de vida y comprometido con la misma, porque: “El te afligió, haciéndote pasar hambre y después te alimentó con el maná – que tu no conocías ni conocían tus padres – para enseñarte que el hombre no vive sólo de pan, sino de todo lo que sale de la boca de Dios” . 11 Dios es alimenticio, Jesús se parte y se comparte para darnos la vida plena de Dios.

El paso dramático de los israelitas por el desierto durante 40 años, despojados de seguridades, es un prototipo de la experiencia humana. Salir de la comodidad, lanzarse a la aventura de un mundo promisorio y también incierto, correr el riesgo de la libertad, pero soñar siempre con la tierra prometida “que mana leche y miel”. 12 “Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto, para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones, y ver si eres capaz o no de guardar sus preceptos” ,13 es un texto de memoria que propone al creyente israelita su propia biografía de prueba y crisis, para permanente recuerdo liberador, en el que no ha de olvidarse lo pactado con Yavé Dios.

Si experimentamos la gracia y el beneficio de ser nutridos nos corresponde dar con gratuidad lo que así hemos recibido: “Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra buena, tierra de torrentes, de fuentes y aguas profundas que manan en el monte y la llanura; tierra de trigo y cebada, de viñas , higueras y granadas, tierra de olivares y de miel; tierra en que no comerás medido el pan, en que no carecerás de nada…. Entonces, cuando comas hasta hartarte, bendice al Señor tu Dios, por la tierra buena que te ha dado”. 14

En el Señor Jesús se hace evidente lo contenido en su sangre derramada, en su cuerpo ofrecido, para darnos en totalidad la vida de Dios, haciéndolo sacramento permanente, memoria de la radical donación de sí mismo para salvación y liberación de toda la humanidad, para que sus seguidores nos impliquemos en lo mismo: “Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que me envió vive y yo vivo por el Padre, así quien me come vivirá por mí” .15

Pablo, preocupado por la tentación de idolatría que acechaba a la comunidad cristiana de Corinto, les advierte acerca de este peligro, porque lo que se ofrece no son formas rituales sino el mismo Jesús que se contiene en el don alimenticio: “La copa de bendición que bendecimos, no es acaso comunión con la sangre de Cristo? ; y el pan que partimos, no es comunión con el cuerpo de Cristo? Entonces, si el pan es uno solo, también nosotros, aún siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos participamos del mismo pan”). 16

El pan y vino que se comparten tienen la vocación de construír comunión. “Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida” ,17 palabras de Jesús que determinan su presencia real animando la vida de la Iglesia, realizando la fraternidad, promoviendo una sacramentalidad eucarística que signifique con eficacia el nuevo orden de vida que él instaura en el reino de Dios y su justicia. Jesús calma nuestra hambre y nuestra sed y demanda de nosotros calmar la de nuestros prójimos excluídos de la mesa común. 18

1 www.es.calcuworld.com/cuantos/cuantos-cristianos-hay-en-el-mundo/ KUNG, Hans. El cristianismo, esencia e historia. Trotta. Madrid, 1997; Ser cristiano. Trotta. Madrid, 1996. RAHNER, Karl. Curso fundamental sobre la fe. Introducción al concepto de cristianismo. Herder. Barcelona, 1979. JOHNSON, Paul. La historia del cristianismo. Maxi Libros. Barcelona, 2017. MARTÍNEZ DÍEZ, Felicísimo. Ser cristiano hoy? Jesús y el sentido de la vida. Verbo Divino. Estella, 2009; Creer en Jesucristo, vivir en cristiano. Cristología y seguimiento. Verbo Divino. Estella, 2007. RADCLIFFE, Timothy. Ser cristianos en el siglo XXI: una espiritualidad para nuestro tiempo. Sal Terrae. Santander, 2016. PAPA FRANCISCO. Carta Encíclica Fratelli Tutti sobre la Fraternidad y la Amistad Social. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2020. PAPA LEÓN XIV. Exhortación Apostólica Dilexi Te sobre el amor hacia los pobres. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2025.

2 PAPA FRANCISCO. Homilía El Triunfalismo de los Cristianos, miércoles 29 de mayo 2013. En https://www.vatican.va/content/francesco/es/cotidie/2013/documents/papa-francesco_20130529_triunfalismo-cristianos-pdf ALEGRE, Xavier. Marcos, o la corrección de una ideología triunfalista. Pautas para la lectura de un evangelio beligerante y comprometido. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1103/1/RLT-1985-006-B.pdf CASTILLO, José María. Declive de la religión y futuro del Evangelio. Desclée de Brower. Bilbao, 2023.

3 TRIGO, Pedro. Jesús nuestro hermano. Acercamientos orgánicos y situados a Jesús de Nazareth. Sal Terrae. Santander, 2016. GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. El rostro humano de Dios. Sal Terrae. Santander, 2015; Otro mundo es posible desde Jesús. Sal Terrae. Santander, 2010. GALLI, Carlos María. Recomenzar nuestro camino en, desde y hacia Cristo. Una cristología del camino, el encuentro y el desborde. SOBRINO, Jon. El principio misericordia: bajar de la cruz a los pueblos crucificados. UCA Editores. San Salvador, 2012.

4 LAGOS VILLENA, Dagoberto Eduardo. Sirviéndoles en sus necesidades como si presente me hallase (Ejercicios Espirituales 114). Mistagogía social ignaciana de la misericordia hacia el prójimo. Trabajo de grado para optar al título de licenciado en teología. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2019. CASTILLO, José María. La ética de Cristo. Desclée de Brower. Bilbao, 2006. LAGUNA , José. Hacerse cargo, cargar y encargarse de la realidad. Hoja de ruta samaritana para otro mundo posible. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2004.

5 Lucas 10: 25

6 Lucas 10: 30-37

7 PAGLIA, Vicenzo. De la compasión al compromiso: la parábola del Buen Samaritano. Narcea. Madrid, 2009. PRONZATO, Alessandro. Tras las huellas del samaritano: peregrinación al santuario del hombre. Sal Terrae. Santander, 1984. SILVEIRA DE BRITO, José Henrique & BORGES DE MENESES, Ramiro Delio. Una ética global a partir de la parábola del buen samaritano. En Theologica Xaveriana volumen 60, número 170, páginas 519-541. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2010. GARCÍA INDA, Andrés. Como un buen samaritano: los deberes, entre la ética y el derecho. Sibirana. Zaragoza, 2021.

8 ALDAZÁBAL LARRAÑAGA, José. Eucaristía y fraternidad. Centro de Pastoral Litúrgica. Barcelona, 1993. DE CAMARGO, Gilson Cezar. Eucaristía, caridad y justicia social. En https://www.cmglobal.org/en/files/2018/08/VT-2005-01-14-ESP-G:CEZARDECAMARGO.pdf SCOTT, Margaret. La eucaristía y la justicia social. Sal Terrae. Santander, 2010. SCAMPINI, Jorge A. La eucaristía, primicia y fundamento de un orden social verdaderamente justo. En Teología tomo LIII número 119, páginas 45-80. Pontificia Universidad Católica Argentina. Buenos Aires, marzo 2016. DUSSEL, Enrique. El pan de la celebración, signo comunitario de justicia. En https://www.enriquedussel.com/txt/Textos_Articulos/134.1982_espa.pdf CASTILLO, José María. Donde no hay justicia, no hay eucaristía. En Estudios Eclesiásticos volumen 52, número 203, páginas 555-590. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, octubre-diciembre 1977. MARTÍNEZ MORALES, Víctor. Sentido social de la Eucaristía. 3 volúmenes. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 1995.

9 Lucas 22: 19

10 CORDOVILLA PÉREZ, Angel. Haced esto en memoria mía (1 Corintios 11:24). La memoria en la escritura y en la tradición de la Iglesia. En Sal Terrae número 108, páginas 103-116. Compañía de Jesús. Madrid, 2016. AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. La mesa compartida. Sal Terrae. Santander, 1994. LEON-DUFOUR, Xavier. La fracción del pan. Cristiandad. Madrid, 1983. JEREMIAS, Joachim. La Última Cena. Palabras de Jesús. Cristiandad. Madrid, 1980. AGUIRRE MONASTERIO. Rafael. El memorial de la entrega de Jesús. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 6 de noviembre de 2012. BASURKO, Xavier. Para comprender la eucaristía. Verbo Divino. Estella, 1999. GESTEIRA GARZA, Manuel. La eucaristía, misterio de comunión. Sígueme. Salamanca, 1992. KASPER, Walter. Sacramento de unidad: Eucaristía e Iglesia. Sal Terrae. Santander, 2005. LAVERDIERE, E. Comer en el reino de Dios. Los orígenes de la eucaristía en el evangelio de Lucas. Sal Terrae. Santander, 2002. PAPA BENEDICTO XVI. Exhortación Apostólica Postsinodal Sacramentum Caritatis sobre la Eucaristía , fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2007.

11 Deuteronomio 8: 3

12 Exodo 3: 17

13 Deuteronomio 8: 2

14 Deuteronomio 8: 7-10

15 Juan 6: 56-57

16 1 Corintios 10: 16-17

17 Juan 6: 54-55

18 REVISTA INTERNACIONAL DE TEOLOGÍA CONCILIUM. Número monográfico 310 Hambre, pan y Eucaristía. Verbo Divino. Estella, abril 2005. ARRUPE, Pedro. Hambre de pan y de Evangelio. Sal Terrae. Santander, 1978. DE ROUX GUERRERO, Rodolfo Eduardo. El pan que compartimos. 3 volúmenes. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2018

domingo, 31 de mayo de 2026

COMUNITAS MATUTINA DOMING0 31 DE MAYO 2026 SOLEMNIDAD DE LA SANTISIMA TRINIDAD

 

La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes”

2 Corintios 13: 13





Lecturas

  1. Exodo 34: 4-9

  2. Salmo Daniel 3: 52-56

  3. 2 Corintios 13: 11-13

  4. Juan 3: 16-18



En algún libro de caricatura religiosa publicado en los años 80 se presenta a un par de personas en animada conversación sobre temas teológicos; uno de ellos pregunta a su interlocutor: Quien es Dios? Cómo es Dios? Y el aludido, sin rodeos, contesta: Dios es como estar enamorado! 1 Frase contundente, absolutamente cierta, de gran densidad teológica y humana, que conecta directamente con esta realidad de Dios que profesamos en el cristianismo: tres personas distintas y un solo Dios verdadero. Vale decir, en Dios no hay soledad, es comunión de personas, es amor profundo que trasciende con esa misma energía amorosa hacia todos los seres humanos para llenar nuestra vida de sentido y esperanza, para salvarnos, para participarnos de su vitalidad. Esa es la realidad de nuestro Dios trinitario: una comunidad plena con un Padre-Madre que crea la vida, que se compromete constantemente con sus creaturas, que no nos deja de su mano; un Dios fecundo que se nos hace visible, cercano, histórico, encarnado, en su Hijo, el Señor Jesucristo; es un Dios que fecunda, que nos llena de su vida, que nos hace sabios y capaces de discernir sus proyectos sobre nosotros, el Espíritu Santo. No es esta una compleja abstracción “inventada” por los teólogos sino una felicísima constatación de nuestra fe. Esta amante y amorosa Trinidad es la que la Iglesia reconoce y celebra en este domingo, un Dios enamorado que siempre viene hacia nosotros.2

El lenguaje sobre Dios es un asunto bien importante. Cuántas veces hemos alejado y provocado rechazos por nuestras presentaciones de Dios que, en el fondo, no son otra cosa que proyecciones de nuestras insuficiencias y cortedades. Dios vengativo, Dios justiciero, Dios vigilante-policía, Dios iracundo, Dios castigador. Ese no es el Dios que se nos ha revelado en Jesús. El nuestro es un Dios misericordioso y compasivo – no permisivo, léase bien! – exigente sí pero siempre resuelto a sacar lo mejor de la condición humana y a propiciar lo nuestro siguiendo el seductor modelo de humanidad que El nos ha propuesto en su Hijo, el Señor Jesús. 3

Si algo caracterizó el ministerio público de Jesús fue su revolucionaria comunicación de Dios. En el contexto religioso de ese momento de la historia la imagen que se tenía de la divinidad era la del Dios lejano, ante quien había que postrarse con “temor y temblor”, con la idea de un ser más pronto al castigo y a la condenación que al amor y a la reconciliación. Jesús se presenta como alguien en total intimidad con ese Dios a quien llama Padre, con la característica expresión aramea “Abba”, trato de máximo cariño y proximidad a su progenitor. Un Dios que se abaja en Jesús para transitar entre los desheredados, los condenados morales, los nadie, un Dios que en el ministerio de ese amado Hijo suyo se encarga de restaurar desde lo más profundo a cada ser humano humillado, desconocido, abandonado, vulnerado, un Dios que hace hijos en el Hijo.

En toda comprensión del ser humano y de la vida que sea saludable el asunto del amor y de la comunión entre unos y otros es indispensable. Varones y mujeres se sienten proyectados a salir de sí mismos, en una apasionante tarea de integración y complementariedad, afirmando con este proceder que nuestra vida es significativa si se hace trascendente en esa relacionalidad.4 Resulta costoso aceptar el fracaso del amor, la soledad no querida, el egoísmo a ultranza que se torna odio, desconocimiento del prójimo, violencia, guerra, ruptura permanente de la solidaridad, predominio brutal de unos sobre otros, racismo, persecuciones, justificación de estas arbitrariedades con teorías deleznables, enmascaradas de argumentaciones “razonables”, pero que, en la práctica, son lo más opuesto a la razón. Una de las causas de mayor sufrimiento es el experimentarse abandonado por los demás, rechazado, desconocido, negado en su posibilidad de vincularse amorosamente, tenido por objeto y no por persona, convertido apenas en un recurso instrumental para lograr intereses abiertamente inhumanos.

Xavier Zubiri5 define al ser humano como una inteligencia sentiente6, quiere decir este filósofo que captamos la realidad, la aprehendemos, la vivimos, en lo que podemos llamar una racionalidad amorosa, de comunión, llamados siempre a trascender en la construcción de vínculos en los que vivimos plenamente nuestra humanidad, lo intelectual-sensorial-afectivo son el trinomio para asumirnos como humanos y para asumir la realidad haciéndola nueva como consecuencia de esta sustancia trascendente que está en la raíz de nuestro ser, impronta clara del amor trinitario en nosotros.

El carácter dramático de algunas actitudes y mentalidades de corte trágico acentúan la soledad, la desconfianza en las posibilidades de un amor definitivo y redentor, y proliferan en afirmaciones angustiadas y desencantadas. Todo este cuadro de descripción formula cuestión de fondo a quienes aspiramos a vivir con sentido y trascendencia, buscando siempre la comunión, los vínculos dadores de vida, el amor en sus muchas posibilidades, no podemos resignarnos a vivir disociados de los demás. La razón determinante es el Dios Trinidad, que nos asume hoy y siempre.

Un Dios que se revela en la realidad de la historia, que nos participa su identidad y su modo de proceder: “El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor. El Señor pasó ante él proclamando: el Señor, el Señor, el Dios compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel, que conserva la misericordia hasta la milésima generación, que perdona culpas, delitos y pecados…..”. 7

Ya lo dijimos, Dios es Padre y Madre,8 origen de la vida y dador de ella, principio de todo, cuyo único interés es nuestra plenitud y felicidad, desbordante de amor por todas sus creaturas, experto en configurar seres humanos solidarios, serviciales, amorosos. Recordamos al papa Juan Pablo I,9 cuando en el rezo del Angelus del 10 de septiembre de ese año dijo: “Los que estamos aquí tenemos los mismos sentimientos; somos objeto de un amor sin fin por parte de Dios. Sabemos que tiene los ojos fijos en nosotros siempre, también cuando nos parece que es de noche. Dios es padre, más aún, es madre. No quiere nuestro mal; sólo quiere hacernos bien a todos, y los hijos, si están enfermos, tienen más motivos para que la madre los ame. Igualmente nosotros, si acaso estamos enfermos de maldad o fuera de camino, tenemos un título más para ser amados por el Señor”. 10

Un Dios que se hace uno de nosotros, el Hijo, que se implica en todo lo nuestro, aún en sus aspectos más dolorosos y dramáticos, que se inclina misericordioso antes los débiles y humillados, que no estigmatiza a nadie con condenas y excomuniones, que se solidariza con todas las causas humanas de dignidad y de justicia, que nos revela simultáneamente al Padre Dios y al prójimo-hermano: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea no perezca, sino tenga vida eterna. Dios no envió su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él”.11

Un Dios que se comunica dándonos la vida suya, el Espíritu Santo, el que nos concede el don de la fe, el de la esperanza, el del amor, la capacidad de discernir su presencia en nuestra historia disponiéndonos para decisiones inspiradas en El, con el fin de construir relaciones justas y fraternas con todos los seres humanos, que propende por que seamos libres con la libertad que nos define como hijos suyos.

El Dios cristiano no está encerrado en sí mismo, se relaciona dándose totalmente a todos y a la vez permaneciendo El mismo. A partir de su modo existencial, cercano y directo, Jesús nos enseñó que para experimentar a Dios, el ser humano debe aprender a mirar su interior (Espíritu), mirar amorosamente a los demás (Hijo), mirar confiadamente lo trascendente (Padre).12 Este Dios que es sabiduría para captar lo esencial de la vida y constituirse en su soporte, Dios dador del ser, especialista en vida y comprometido a mantener a sus creaturas en esa perspectiva, no escatimando esfuerzos para que seamos siempre vivos, el Dios que da todo de sí – su Hijo – para que la humanidad encuentre su plenitud: “Porque tanto amó Dios al mundo que le entregó su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” .13

A modo de síntesis de esta experiencia trinitaria, podemos concluir estableciendo el perfil ideal de este Dios. El nuestro es un Dios compasivo, su personalidad es la misericordia, aue reconstruye al ser humano maltrecho por el pecado y por la injusticia; es un Dios que acompaña a su pueblo en la búsqueda de la liberación y de la salvación, la libertad es la gran utopía de Divina; Dios inserto en la historia, en la realidad existencial de los humanos, que se manifiesta en ella y hace de la misma su sacramento: “Pues en El vivimos, nos movemos y existimos”. 14

Antonio José Sarmiento Nova SJ













1 CORTÉS, José Luis. Un Dios llamado Abba. PPC. Madrid, 1987; Dios y su gente. PPC. Madrid, 2005. El Señor de los amigos. PPC. Madrid, 2002. Un Señor como Dios manda. PPC. Madrid, 1986. Qué bueno que viniste. PPC. Madrid, 1988. Pablo, el de los pueblos. PPC. Madrid, 1997. Teresa, la de Jesús. PPC. Madrid, 1989. Francisco, el buenagente. PPC. Madrid, 1991. Agustín, el del corazón inquieto. PPC. Madrid, 1995. Este autor es un hábil sacerdote caricaturista, en su trabajo reúne un exquisito sentido del humor con un talante evangélico extraordinario, sus dibujos reflejan en lenguaje y trazos sencillos la originalidad amorosa del Dios que se nos revela en Jesús.

2 MOINGT, Joseph. Dios que viene al hombre. Obra en 3 volúmenes. 1. Del duelo al desvelamiento de Dios. 2. De la aparición al nacimiento de Dios: la aparición. 3. De la aparición al nacimiento de Dios: el nacimiento. Sígueme. Salamanca, 2010. LENK, Martin. Buscando a Dios. Paulinas, Instituto Filosófico Pedro Francisco Bonó. Santo Domingo, 2015.. JOHNSON, Elizabeth A. A la búsqueda del Dios vivo. Sal Terrae. Santander, 2008. JEREMIAS, Joachim. Abba: el mensaje central del Nuevo Testamento. Sígueme. Salamanca, 1981. ORTEGA, Jesús. Abba: la espiritualidad de Jesús. En https://www.repositorio.uca.edu.ni/4211/1/Abba%20La%20espiritualidad%20de%20Jesus.pdf

3 ROJANO, Jesús. Cuidar a Dios: imágenes falsas de Dios. En https://www.catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2017/01/Cuidar-a-Dios.pdf MARDONES, José María. Matar a nuestros dioses: un Dios para un creyente adulto. PPC. Madrid, 2013. TRIGO, Pedro. En el mercado de Dios, un Dios más allá del mercado. Sal Terrae. Santander, 2003. RUSTER, Thomas. El Dios falsificado. Una nueva teología desde la ruptura entre cristianismo y religión. Sígueme. Salamanca, 2011. CASTILLO, José María. Humanizar a Dios: el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo. Manantial. Málaga, 2005. SALDAÑA MOSTAJO, Margarita. Humanizar con el Dios que humaniza. En Sal Terrae tomo 110, número 1283, páginas 981-993. Madrid, diciembre 2022. LIMBURG, Klaus. Dios es amor (Juan 4: 8.16).En https://www.core.ac.uk/download/pdf/83558051.pdf

4 ROUGEMONT, Denis. El amor y occidente. Kairós. Barcelona, 1979. LEPP, Ignacio. Psicoanálisis del amor. Carlos Lohlé. Buenos Aires, 1973. FROMM, Erich. El arte de amar : una investigación sobre la naturaleza del amor. Paidós. Barcelona, 1990. BUBER, Martín. Yo y Tú. Caparrós. Madrid, 1993. ORTEGA Y GASSET, José. Estudios sobre el amor. Revista de Occidente. Madrid, 1960. MOLINA PÉREZ, Sergio. El amor como modo primordial de la existencia. En Cuestiones Teológicas volumen 47 número 108, páginas 155-166. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, julio-diciembre 2020. LÓPEZ QUINTÁS, Alfonso. El descubrimiento del amor auténtico, claves para orientar la afectividad. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2013. GIANNINI,H. La Metafísica eres Tú, una reflexión ética sobre la intersubjetividad. Catalonia. Santiago de Chile, 2008.

5 Pensador español de notable influjo en la filosofía occidental, 1898-1983. Su mayor elaboración es una novedosa filosofía de la realidad histórica, y de la praxis de transformación de la misma en clave de libertad y liberación. Gran discípulo suyo fue el jesuita Ignacio Ellacuría (1930-1989), quien tradujo a la realidad latinoamericana su pensamiento emancipatorio.

6 ZUBIRI, Xavier. Inteligencia sentiente: inteligencia y realidad. Alianza Editorial. Madrid, 1980; Sobre el hombre. Alianza Editorial. Madrid, 1998.

7 Exodo 34: 5-7

8 BOFF, Leonardo. El rostro materno de Dios. Paulinas. Madrid, 1984. CODA , Piero. Dios que dice amor. Ciudad Nueva. Madrid, 2015. GRESHAKE, Gisbert. El Dios Uno y Trino: una teología de la Trinidad. Herder. Barcelona, 2001.. ZARAZAGA, Gonzalo. Dios es comunión: el nuevo paradigma trinitario. Secretariado Trinitario. Salamanca, 2004. ZIZIOULAS, Johannis. Comunión y alteridad: persona e Iglesia. Sígueme. Salamanca, 2009. ANDRADE, B. Dios en medio de nosotros: esbozo de una teología trinitaria kerigmática. Secretariado Trinitario. Salamanca, 1999. PAPA BENEDICTO XVI. Carta Encíclica Deus Caritas Est Dios es caridad. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2005.

9 1912-1978. De nombre Albino Luciani, sacerdote en 1935, obispo de Vitorio Véneto en 1958, Patriarca de Venecia en 1969, cardenal en 1973. Fue elegido Papa, sucesor de Pablo VI, el 26 de agosto de 1978, falleció repentinamente el 28 de septiembre de ese año, con apenas 33 días de pontificado.

10 PAPA JUAN PABLO I. En el rezo del Angelus del 10 de septiembre de 1978.

11 Juan 3: 16-17

12 FERRARA , Ricardo. El misterio de Dios: correspondencias y paradojas. Sígueme. Salamanca, 2005. CABADA CASTRO, Manuel . El Dios que da que pensar. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1999. MARTÍN VELASCO, Juan de Dios. La experiencia cristiana de Dios. Trotta. Madrid, 1995. WEIL, Simone. A la espera de Dios. Trotta. Madrid, 1993. ZUBIRI, Xavier. El hombre y Dios. Alianza Editorial. Madrid, 2013; El problema teologal del hombre: Dios, religión, cristianismo. Alianza Editorial. Madrid, 2015. GUTIÉRREZ MERINO, Gustavo. Hablar de Dios en América Latina, desde los socialmente insignificantes. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1519/1/RLT-2005-065-A.pdf El Dios de la vida. Centro de Estudios y Publicaciones CEP. Lima, 1989. ALFARO, Juan. De la cuestión del hombre a la cuestión de Dios. Sígueme. Salamanca, 1990.

13 Juan 3: 16

14 Hechos 17: 28.

domingo, 24 de mayo de 2026

COMUNITAS MATUTINA DOMINGO 24 DE MAYO 2026 SOLEMNIDAD DE PENTECOSTES

 

“La paz con ustedes. Como el Padre me envió, también yo los envío. Dicho esto, sopló y les dijo: reciban el Espíritu Santo” (Juan 20: 21 – 22)

 

Lecturas

1.     Hechos 2: 1 – 11

2.    Salmo 103: 1 y 24 – 34

3.    1 Corintios 12: 3 – 7 y 12 – 13

4.    Juan 20: 19 – 23

 

Sea este poema del español Florentino Ulibarri un excelente aperitivo para degustar  en toda su riqueza esta solemnidad de Pentecostés:

-      El universo está vacío de tu Espíritu y tu misterio

porque lo llenamos de estériles explicaciones

que te dejan fuera y no interrogan. Sopla tu aliento creador;

que todo recobre su lugar y su sentido y deje de ser caos informe.

La tierra está contaminada por la polución y la explotación incontrolada;

Nos asfixiamos por el aire enrarecido

y porque hemos esquilmado todas sus fuentes.

Sopla tu aliento puro: que respiremos otra vez frescor de vida

en medio de esta cultura destructiva……..[1]

No es ser profetas de desgracias denunciar que el egoísmo y el pecado, el afán desmesurado de “progreso” sin humanismo, las decisiones desatinadas de muchos constituídos en poder, la eterna tentación humana de fracturar la armonía, de secar las fuentes de la vida, nos presentan un panorama de aridez y desolación. Es sentido crítico frente a una parte notable de la realidad que no alienta al buen vivir y a la esperanza. En su encíclica de 2015, “Laudato Si sobre el cuidado de la casa común”[2] el papa Francisco alza su voz para diagnosticar el gravísimo fenómeno de la contaminación y deterioro ambientales, el derroche de los recursos naturales y la problemática social que esto conlleva para varios miles de millones de prójimos.  Pero no permanece en el lamento, anuncia con esperanza en Dios – como es característico de su ministerio – la urgencia de un nuevo estilo de vida  extremadamente cuidadoso con el planeta, protector de todas las formas de vida y garante de una convivencia armónica y dialogante entre todos los humanos: “Siempre es posible volver a desarrollar la capacidad de salir de sí hacia el otro. Sin ella no se reconoce a las demás creaturas en su propio valor, no interesa cuidar algo para los demás, no hay capacidad de ponerse límites para evitar el sufrimiento o el deterioro que nos rodea. La actitud básica de autotrascenderse, rompiendo la conciencia aislada y la autorreferencialidad, es la raíz que hace posible todo cuidado de los demás y del medio ambiente, y que hace brotar la reacción moral de considerar el impacto que provoca cada acción y cada decisión personal fuera de uno mismo. Cuando somos capaces de superar el individualismo, realmente se puede desarrollar un estilo de vida alternativo y se vuelve posible un cambio importante para la sociedad”. [3]

En el mundo y en la Iglesia siempre estamos necesitados del Espíritu, de la vida nueva teologal que erradica la esterilidad, el talante destructivo, la desunión, el encerrarnos en la cómoda solución de intereses mezquinos. El Espíritu es el torrente de vitalidad que hace nuevas todas las cosas, aquello que empezó hace más de veinte siglos en Galilea, el germen de algo totalmente novedoso para llenar de sentido la existencia humana y para responder cabalmente a nuestros grandes interrogantes.[4] En la vida eclesial siempre hay una tensión entre el carisma – el don del Espíritu – y la organización institucional, esta última tiene sentido si está alimentada por aquel, y ordenada al anuncio de la Buena Noticia del Señor Resucitado. Hemos pasado muchas páginas desde que aquellos discípulos, gozosos al experimentar la Pascua de Jesús, se lanzaron a comunicar este acontecimiento decisivo para sus vidas y para nosotros. [5]Con el paso del tiempo, si no estamos vigilantes en el Espíritu, podemos dejar que nos vengan las enfermedades que conllevan el desierto espiritual y la infiltración de valores contrarios al Evangelio. Vale decir, perder la inspiración original y originante del Señor Jesús.

En otro escenario bien diferente vemos nuestro mundo, parecido al ambiente de la torre de Babel. Pluralidad de lenguas y culturas, ideas y estilos diversos, mentalidades, ahora más estimulado con la globalización y el acercamiento que promueven  las comunicaciones digitales. Junto a esto, intolerancias sin fin, persecuciones, acosos, guerras. Cómo convivir y entenderse quienes tienen tantas diferencias? La situación es especialmente problemática en los llamados países desarrollados y en las grandes ciudades, puntos de llegada de olas de inmigrantes que salen de sus países y regiones abrumados por la pobreza y por la violencia.[6] Salen desamparados y cuando llegan, si el egoísmo local los deja entrar, comienza un verdadero calvario: se le cierra la puerta al Espíritu!

Nuestro mundo se ha convertido en un reflejo  de esa torre de Babel, el símbolo bíblico de la prepotencia humana y de la confusión causadas por el egoísmo y la intolerancia. El ser humano quiere ser como Dios, da la espalda al verdadero, y se erige él mismo en arrogante divinidad que desprecia al prójimo y  se desentiende de las demandas que conlleva un modo de vida en trascendencia. Es la ausencia del Espíritu de la vida, el imperio del ego y de la barbarie. En este símbolo bíblico   Dios confundió las lenguas y cerró para siempre la puerta de los dioses: “Ahora nada de cuanto se propongan les será imposible. Bajemos, pues y, una vez allí, confundamos su lenguaje, de modo que no se entiendan entre sí. Y desde aquel punto los desperdigó Yahvé por toda la faz de la tierra. Y dejaron de edificar la ciudad. Por eso se la llamó Babel, porque allí embrolló Yahvé el lenguaje de todo el mundo y desde allí los desperdigó Yahvé por toda la faz de la tierra.” [7]Grave cosa, el rico y diverso mundo de Dios, plural, multifacético, con toda su potencialidad de inclusión y comunión, se convierte en un brutal escenario de sectas, divisiones, segmentos enfrentados, hombres dominando y maltratando multitudes.

Tales hechos nos retan como ciudadanos de la humanidad y como seguidores de Jesús. Bien sabemos que  el gran proyecto de Dios es la plenitud del ser humano, su trascendencia definitiva a partir de una comunidad   donde todos se reconocen como iguales, disfrutando de la creación como el gran sacramento de la vida que procede de El. En Pentecostés reconocemos la fecundidad de este Dios, tres personas distintas y un solo Dios verdadero: un Padre-Madre que nos da la vida y se compromete con nuestra creaturalidad; un Hijo y hermano mayor que asume nuestra humanidad, hace visible a Dios en la historia, y lo hace salvando, liberando y redimiendo; un Espíritu Santo que nos mantiene en la vida de Dios y en la sabiduría del Evangelio.[8]

A este Espíritu le llamamos creador, santificador, educador de la humanidad, defensor, inspirador de sabiduría, gracias a El crecemos en justicia, nos sumergimos en el dinamismo inagotable del amor, captamos la esencia de nuestras vidas en Dios como principio y fundamento de nuestros proyectos existenciales,  es la nueva creación,  fruto de la resurrección de Jesús: “ El cuerpo humano, aunque tiene muchos miembros, es uno; es decir, todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, forman un solo cuerpo. Pues así también es Cristo. Porque hemos sido todos bautizados en un solo Espíritu, para no formar más que un cuerpo entre todos: judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu”. [9]

Bajo la acción del Espíritu, estamos llamados a reconocer el valor intrínseco de cada persona humana,  a apreciar con respeto las diferencias, a promover causas comunes de justicia y fraternidad, [10]a proteger con delicadeza todas las formas de vida, en las que reconocemos la acción creadora de Dios, haciendo efectiva  una sabiduría vinculante que favorece  los encuentros amistosos, la reconciliación y la superación de esas fracturas que tanto dolor causan a la condición humana; a significar que la Iglesia es una comunidad de discípulos centrados en Jesús y enviados a anunciar su Buena Nueva de salvación a toda la humanidad;  y  a devolver a los entristecidos las ganas de vivir, la animosidad emprendedora de las más apasionantes aventuras existenciales.

El hermoso texto que la Iglesia nos propone hoy como primera lectura   es un relato paradigmático que indica con elocuencia los efectos del Espíritu: “Residían en Jerusalén hombres piadosos, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Al producirse aquel ruido , la gente se congregó y se llenó de estupor, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Estupefactos y admirados decían: acaso no son galileos todos estos que están hablando?” . [11]

Es el Espíritu el que inaugura este nuevo tiempo , el de la “ecumene”,[12] el diálogo y encuentro fraterno de los opuestos que convergen ahora en el Espíritu del Resucitado, experimentando una “globalización salvífica y liberadora”, como no se había visto hasta entonces en el desarrollo de la humanidad. El Espíritu no produce personas uniformes, manipuladas por un colectivismo que domestica y sofoca la iniciativa individual y colectiva, como lo han pretendido sistemas y modelos políticos, y también  algunas entidades y normativas religiosas. El Espíritu  es una fuerza vital personal y trinitaria  que  potencia en cada uno las diferentes cualidades y aptitudes, para servir con creatividad a la madurez de la humanidad : “Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que actúa todo en todos” . [13]

La venida del Espíritu significó para aquellos discípulos el fin del miedo.  Nació una comunidad  libre como el viento. Autonomía, unidad en la diversidad,  misión, son las notas distintivas del nuevo camino que surge en Pentecostés, animado por el Viviente:  “Paz a ustedes! Como el Padre me envió a mí, así los envío yo a ustedes! Y sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo. A quienes ustedes perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”. [14]

Antonio José Sarmiento Nova, SJ

 

 



[1] ULIBARRI, Florentino. Al viento del Espíritu: plegarias para nuestro tiempo, poema “Antídoto contra toda corrupción”. Verbo Divino. Estella, 2004; página 78.

[2] PAPA FRANCISCO. Carta Encíclica Laudato Si sobre el cuidado de la casa común. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2015.

[3] PAPA FRANCISCO.  Obra citada, páginas 158-159.

[4] ELDERS, León. El Espíritu Santo en la teología de Santo Tomás de Aquino. En https://www.repositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/5039/1/espiritu-santo-teologia-elders.pdf CONGAR, Yves Marie Joseph. El Espíritu Santo. Herder. Barcelona, 1991. CORDOVILLA PÉREZ, Angel. El Espíritu Santo en la tradición eclesial. En  Sal Terrae, número 18, páginas 403-426. Compañía de Jesús España. Madrid, 2020. CARAM PADILLA, María José. Nuestra tierra dará su fruto . El Espíritu Santo en el mundo y en la historia. Reflexión creyente desde el sur andino peruano. Tesis de grado para obtener el doctorado en teología. Facultad de Teología San Vicente Ferrer. Valencia, 2008. CODINA, Víctor. Creo en el Espíritu Santo. Pneumatología narrativa. Sal Terrae. Santander, 1994.

[5] THEISSEN, Gerd. El movimiento de Jesús: historia social de una revolución de los valores. Sígueme. Salamanca, 2005. AGUIRRE, Rafael. Del movimiento de Jesús a la Iglesia cristiana. Ensayo de exégesis sociológica del cristianismo primitivo. Verbo Divino. Estella, 2015. HURTADO, Larry W. Destructor de los dioses: el cristianismo en el mundo antiguo. Sígueme. Salamanca, 2017. BOFF, Leonardo. Iglesia carisma y poder. Ensayos de eclesiología militante. Sal Terrae. Santander, 1982. AGUIRRE, Rafael (Editor). Así vivían los primeros cristianos. Evolución de las prácticas y de las creencias en el cristianismo de los orígenes. Verbo Divino. Estella, 2012. CROSSAN, John Dominic. El nacimiento del cristianismo . Crítica. Barcelona, 2002. HOORNAERT, Eduardo. La memoria del pueblo cristiano. Una historia de la Iglesia en los tres  primeros siglos.

Paulinas. Madrid, 1986.

[6] ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL PARA LAS MIGRACIONES  OIM. Informe sobre las migraciones en el mundo 2022,  Ginebra, 2022. MARTÍNEZ PIZARRO, Jorge y Autores Varios. Crisis económica y migración internacional: hipótesis, visiones y consecuencias en América Latina y el Caribe. En  Revista Interdisciplinar da Mobilidade Humana, volumen 18 número 35, páginas 45-70. Centro Scalabriniano de Estudios Migratorios. Brasilia, julio-diciembre 2010. SUTCLIFFE, Bob. Nacido en otra parte: un ensayo sobre la migración internacional, el desarrollo y la equidad. Hegoa. Bilbao, 2008.

[7] Génesis 11: 6-9 . CALDERÓN DE LA BARCA, Pedro. La torre de Babilonia. Edición de V. Nider, Pamplona-Kassel, Universidad de Navarra-Reichenberger. Pamplona, 2008. CROATTO, José Severino. El relato de la torre de Babel. Bases para una nueva interpretación. En Revista Bíblica año 58, número 62; páginas 65-80. Asociación Bíblica Española. Madrid, 2º. Semestre de 1996. NEUHAUS, Susana. Torre de Babel: la tergiversación del significado en el lenguaje cotidiano y en las interpretaciones de la historia. En https://www.cdsa.aacademica.org/000-038/643.pdf

[8] PAPA BENEDICTO XVI. Carta Encíclica Deus Caritas est, Dios es amor. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2005. BOFF, Leonardo. La Santísima Trinidad es la mejor comunidad. Paulinas. Madrid, 1990. FORTE, Bruno. Trinidad como historia: ensayo sobre el Dios cristiano. Sígueme. Salamanca, 1996. GRESHAKE, Gisbert. Creer en el Dios Uno y Trino: una clave para entenderlo. Sal Terrae. Santander, 2001. LADARIA, Luis F. La Trinidad, misterio de comunión. Secretariado Trinitario. Salamanca, 2002. RAHNER, Karl. El Dios Trino como principio y fundamento de la historia de salvación. En FEINER, J.L.M. Mysterium Salutis volumen 2, páginas 360-466. Cristiandad. Madrid, 1969. CERVANTES ORTIZ, Leopoldo. Dios, la Trinidad y Latinoamérica hoy. En Revista Iberoamericana de Teología volumen VII número 13, páginas 9-30. Universidad Iberoamericana. Ciudad de México, julio-diciembre 2011.

[9] 1 Corintios 12: 12-13

[10] PAPA FRANCISCO. Carta Encíclica Fratelli Tutti sobre la fraternidad y la amistad social. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2021.

[11] Hechos 2: 5-7

[12] Palabra de origen griego que significa la totalidad del mundo, la universalidad de las gentes, sus diversas culturas y mentalidades. ROGERS FRIDAY, John. Universale Salutis Sacramentum: la Iglesia como sacramento universal de salvación en relación con los desafíos del diálogo interreligioso. En Revista Iberoamericana de Teología volumen VIII número 15, páginas 25-47. Universidad Iberoamericana. Ciudad de México, julio-diciembre 2012. DUPUIS, Jacques. Jesucristo al encuentro de las religiones. Paulinas. Madrid, 1991. TORRES QUEIRUGA, Andrés. Diálogo de las religiones y autocomprensión cristiana. Sal Terrae. Santander, 2005. COMISION TEOLOGICA INTERNACIONAL. El cristianismo y las religiones. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1996.

[13] 1 Corintios 12: 4-6

[14] Juan 20: 21-23.

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