“El que no tome su cruz y me siga , no es digno de mì”
(Mateo 10: 38)
Lecturas:
1. 2 Reyes 4: 8-17
2. Salmo 88
3. Romanos 6: 3-11
4. Mateo 10: 37-42
Vivir para un ideal es exigente , si se ama aquello que se tiene como referente decisivo de la existencia; para lograrlo se apuesta todo, hasta la propia vida; no se escatiman esfuerzos , se trabaja apasionadamente con la mirada puesta en eso que se constituye como el modo superior de humanidad, consciente de todos los desvelos, renuncias, sacrificios, que exige un esfuerzo así .[1] Relatos de vida modélicos como los de los grandes místicos de la historia cristiana son estupendo ejemplo de estas afirmaciones: desfilan por nuestra mente como lenguaje del amor definitivo, vidas que siguen siendo atractivas para muchos en este tiempo, aún a pesar de los silencios de la sociedad moderna sobre Dios y a cierto temor de profesarse creyente en medio de la indiferencia de la cultura secular.
En esta perspectiva, San Ignacio de Loyola, en el comienzo de la segunda etapa de sus EJERCICIOS ESPIRITUALES, propone al ejercitante una meditación que él llama “El llamamiento del rey temporal ayuda a contemplar la vida del REY ETERNAL”.[2] Es un asunto de altísimo ideal, propuesta de ofrecimiento de sí mismo a Jesús en la clave de lo que el santo Ignacio llama el “magis”,[3] la mayor entrega de lo que se es al proyecto de Jesús. En lenguaje caballeresco , propio de la vida suya antes de la conversión, nuestro santo hace alusión a un rey magnánimo que invita a sus súbditos a seguirle, a una aventura de conquista, haciendo claridad sobre los riesgos, penalidades, contingencias, que deben asumir quienes acepten la invitación; y la promesa del rey: “porque así después tenga parte conmigo en la victoria, como la ha tenido en los trabajos”.[4] Con esta premisa Ignacio presenta a quien él llama “el rey eternal”, Jesús de Nazaret: “….si tal vocación consideramos del rey temporal a sus súbditos, cuanto es cosa digna de más consideración ver a Cristo nuestro Señor, rey eterno, y delante de él todo el universo mundo, al cual y a cada uno en particular llama y dice: mi voluntad es de conquistar todo el mundo y todos los enemigos, y así entrar en la gloria de mi padre; por tanto, quien quisiere venir conmigo ha de trabajar conmigo, porque siguiéndome en la pena también me siga en la gloria”. [5]
El referente central de estas consideraciones es el mismo Señor Jesucristo, su vida dedicada absolutamente a Dios, a quien él vive y asume como Padre, a su voluntad, categoría que aterriza históricamente en el Reino de Dios y su justicia, en la construcción de un nuevo orden de vida en el que todos somos hijos de ese mismo Padre. Es Jesús, él mismo, su persona toda, el modelo que identifica esta novedad que irrumpe en la historia como Buena Noticia. [6] Es el “Rey Eternal” de la propuesta ignaciana, el que sedujo al soldado “desgarrado y vano” que fue Ignacio de Loyola, el mismo que cambió radicalmente su sentido de vida y lo llevó al máximo ofrecimiento de todo lo suyo, “oblación de mayor estima y momento”. [7]
Estas consideraciones nos ponen en contexto para captar las prioridades de Jesús, a las que ofreció su vida entera. Cuando, en el relato de las tentaciones que refieren Mateo y Lucas, se niega rotundamente a los embates del maligno que le propone prestigio, reconocimiento, honor mundano, espectacularidad, y afirma el absoluto de Dios como la razón radical de su proyecto vital, está delineando las notas que definen su misión: un mesianismo “desde abajo”, un mesianismo crucificado, para escándalo de sus contemporáneos y de sus propios discípulos, que no soportaban la idea de un Mesías “derrotado” por los poderes del mundo. [8]
Jesús muere crucificado por su fidelidad al Padre Dios, a su reino, a sus convicciones, odiado y perseguido por los poderes religiosos y políticos del pequeño país de Palestina. Después de su muerte y, a partir de la experiencia pascual, los discípulos y los integrantes de las comunidades cristianas nacientes, también fueron conscientes de lo mismo, era ignominioso seguir el camino de Jesús, se les veía como peligrosos para el equilibrio de la sociedad y de la religión.
Anunciar a un Mesías crucificado era una contravención a todo el ordenamiento social y religioso de su tiempo. Lo que ellos hacían era una denuncia vehemente de un sistema de valores, creencias e instituciones que habían hecho de la violencia, la mentira y la opresión los “valores” indiscutibles de la sociedad. Cómo iban a ver con buenos ojos las autoridades sacerdotales de Jerusalén, los gendarmes del imperio, que un grupo minoritario de hombres y de mujeres, llenos de esperanza y de entusiasmo apostólico, cuestionara ese orden de cosas y anunciara que otra mundo es posible, que el ser humano es merecedor de justicia, de respeto, de compasión, todo esto en nombre de Dios?[9]
Lo suyo no era la configuración de una nueva institución religiosa con sus estructuras, normativas y autoridades, sino la generación de comunidades de discípulos alentados por el Espíritu de Dios y dispuestos a rescatar la vigencia de la dignidad de los seres humanos, con la inspiración de las Bienaventuranzas, el programa que Jesús propone para la creación de esta nueva humanidad, todo ello teniendo al Padre Dios como principio y fundamento de esa novedosa y esperanzadora alternativa.
Por tanto, no debe sorprendernos que Mateo plantee con tanta dureza, como lo hace en el texto del evangelio de hoy, las exigencias del seguimiento de Jesús: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí”, [10] palabras que no contienen un desprecio de la realidad familiar, pero sí nos invitan a determinar cuál es el motor que impulsa nuestras vidas y a ordenar todas nuestras intenciones y conductas en la perspectiva de ese seguimiento.
Mateo escribe un evangelio para comunidades judías que se han convertido al cristianismo. En ese contexto, la referencia al desapego familiar alude a la estima desmesurada que los judíos tenían por sus parientes, asunto que se podía convertir en “amor” paralizante, no asumido y entendido como experiencia liberadora. Ante eso, el proyecto de Jesús demanda más porque se trata de un afecto siempre mayor y universal referido a todo tipo de prójimo, capaz de trascender el limitado ámbito de la familia, de la raza, o de la nación.[11]
Así se explican las fuertes palabras de este evangelio. “El que no tome su cruz y me siga detrás no es digno de mi. El que encuentre su vida, la perderá , y el que pierda su vida por mí, la encontrará”. [12] Tomar la cruz y seguir a Jesús es asumir con radical generosidad que en él descubrimos la alternativa genuina de la libertad y del amor, perder la vida por él es dar lo mejor de sí para implantar en la historia de la humanidad las bienaventuranzas. Cuando el mundo y la sociedad deciden que el poder y el dinero son los indicadores de felicidad, el proyecto evangélico afirma y realiza la fraternidad y la mesa compartida, y se desposee de toda pretensión de dominio sobre los demás para indicar que el reino de Dios y su justicia pasa esencialmente por asumir al prójimo como la responsabilidad determinante de la felicidad.
Ser cristianos es morir a todo tipo de afecto desordenado. La novedad evangélica se manifiesta en la transformación radical de las relaciones humanas, en la resurrección a una vida nueva llena de afectos volcados hacia la humanidad sufriente, hacia las causas mayores de justicia y de libertad, hacia la significación sacramental de la Iglesia que tiene su centro y sentido en la persona de Jesús y en la realización de la “salida misionera” para anunciar a todos esa noticia cargada de esperanza y de vitalidad teologal.[13]
La presencia del Resucitado es la convicción central en la que se arraigan estas orientaciones, es la que hace posible dejar atrás eso que Pablo llama el hombre viejo para acceder a la novedad pascual: “Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no vuelve a morir, y que la muerte carece ya de poder sobre él” .[14]
Antonio José Sarmiento Nova, SJ
[1] SAURÍ, Jorge. El hombre comprometido. Carlos Lohlé. Buenos Aires, 1965. QUOIST, Michel. Triunfo. Herder. Barcelona, 1969. LEPP, Ignacio. La existencia auténtica. Carlos Lohlé. Buenos Aires, 1971. D´ANGELO HERNÁNDEZ, Ovidio. Proyecto de vida y desarrollo integral humano. En https://www.biblioteca.clacso.edu.ar/ar/libros/cuba/cips/caudales05/Caudales/ARTICULOS/ArticulosPDF/07D=50.pdf URTEAGA LOIDI, Jesús . El valor divino de lo humano. Rialp. Madrid, 1995. SELLÉS DAUDER, Juan Fernando. Antropología para inconformes. Rialp. Madrid, 2006. LUCAS LUCAS, Ramón. Horizonte vertical: sentido y significado de la persona humana. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2010. BEUCHOT, Mauricio. Interpretación del ser humano: un ensayo de antropología filosófica. Herder. Barcelona, 2019. MARITAIN, Jacques. Humanismo Integral. Palabra. Madrid, 2015. PLASENCIA LLANOS, Vicente. Ser humano: un proyecto inconcluso. Reflexiones filosófico-teológicas sobre la antropología. Universidad Politécnica Salesiana. Cuenca, 2017.
[2] SAN IGNACIO DE LOYOLA. Ejercicios Espirituales. San Pablo. Madrid, 1996. La referida meditación está en los numerales 91 a 100 del texto ignaciano. GUTIÉRREZ JARAMILLO, Alberto. Contexto histórico de la meditación del rey temporal. En Theologica Xaveriana número 160, páginas 584-601. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2006. LOSADA, Joaquín. Cristología de la meditación del llamamiento del rey temporal. En Manresa número 54, páginas 45-59. Compañía de Jesús España. Madrid, 1982. RAMBLA BLANCH, Josep Maria. Una manera de estar en el mundo. Relectura de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. Mensajero. Bilbao, 2020.
[3] Magis expresión latina que significa “más”, “lo máximo”. En el lenguaje ignaciano se utiliza como la excelencia en el amor, en la ofrenda de sí mismo a Dios y al prójimo, dar de sí lo mejor de lo mejor. MOLLÁ, Darío. El más ignaciano: tópicos, sospechas, deformaciones y verdad. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2015; Del Magis personal al Magis Institucional. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2019.
[4] Ejercicios Espirituales de San Ignacio, número 93
[5] Ejercicios Espirituales de San Ignacio, número 95.
[6] MERINO BEAS, Patricio. Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Universidad de Santo Tomás. Bogotá, 2015. STOCK, Clemens. Jesús el Hijo de Dios. Meditaciones sobre el Evangelio de San Juan. Didaskalos. Madrid, 2023. SESBOUE, Bernard. Cristo, Señor e Hijo de Dios. Sal Terrae. Santander, 2014. JEREMIAS, Joachim. Abba: el mensaje central del Nuevo Testamento. Sígueme. Salamanca, 2019. KASPER, Walter. El Dios de Jesucristo. Sígueme. Salamanca, 2011.HOPING, Helmut. Jesús de Galilea, Mesías e Hijo de Dios. Sígueme. Salamanca, 2022.
[7] Típica expresión de San Ignacio que indica el máximo de generosidad en la ofrenda del sujeto ejercitante al Señor y al prójimo.
[8] GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. Locura y escándalo: un Mesías crucificado y una historia marcada por la cruz. En Perspectiva Teológica volumen 52, número 3, páginas 585-606. Facultad Jesuíta de Filosofía y Teología FAJE. Belo Horizonte, septiembre-diciembre 2020. BROWN, Raymond. La muerte del Mesías: comentario a los relatos de la pasión en los 4 evangelios. Verbo Divino. Estella, 2006. GAVRILYUK, P. El sufrimiento del Dios impasible. Sígueme. Salamanca, 2012. BRAMBILLA, Franco Giulio. El Crucificado Resucitado. Sígueme. Salamanca, 2003.
[9] AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. La mirada de Jesús sobre el poder. En Teología y Vida volumen 55, número 1, páginas 83-104. Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago, 2014; La persecución en el cristianismo primitivo. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1245/1/RLT-1996-037-B.pdf Así empezó el cristianismo. Verbo Divino. Estella, 2010. THEISSEN, Gerd. La religión de los primeros cristianos. Sígueme. Salamanca, 2002. GALEANO, Adolfo. El paradigma cristiano de pensamiento: la revolución cultural del cristianismo. En Cuestiones Teológicas volumen 38, número 90, páginas 235-268. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, julio-diciembre 2011.
[10] Mateo 10: 37
[11] PIKAZA, Xabier. Evangelio de Mateo. De Jesús a la Iglesia. Estella,2014. AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. El Evangelio de Mateo: los conflictos de una Iglesia judeocristiana. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 17 de octubre de 2017. RODRÍGUEZ CARMONA, Antonio. Evangelio de Mateo. Desclée de Brower. Bilbao, 2017. NEYREY, Jerome H. Honor y vergüenza: lectura cultural del Evangelio de Mateo. Sígueme. Salamanca, 2005.
[12] Mateo 10: 38-39
[13] CONSEJO MUNDIAL DE IGLESIAS. Juntos por la vida: misión y evangelización en contextos cambiantes. En https://www.oikoumene.org/sites/default/files/Document/Together_towards_life_SP.pdf PÉREZ ANDREO, Bernardo. La revolución de Jesús: el proyecto del Reino de Dios. PPC. Madrid, 2018. CASTILLO, José María & ESTRADA, Juan Antonio. El proyecto de Jesús. Sígueme. Salamanca, 2004; Declive de la religión y futuro del Evangelio. Desclée de Brower. Bilbao, 2022.
[14] Romanos 6: 8-10