domingo, 5 de abril de 2026

COMUNITAS MATUTINA 5 DE ABRIL 2026 DOMINGO DE PASCUA

 

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vió lo que había pasado, y creyó”

(Juan 20: 8)



Lecturas Domingo de Pascua:

  1. Hechos 10: 34-43

  2. Salmo 117:1-2;16-17 y 22-23

  3. Colosenses 3: 1-4

  4. Juan 20:1-9



De la tumba vacía surge la luz, el fuego de la nueva humanidad que Dios realiza en Jesús el Resucitado para legitimar su historia, sus opciones, el sentido de su pasión y muerte, su proyecto del Reino de justicia para todos los seres humanos, su oferta de salvación. No ha sido una vida inútil, la que sus enemigos pretendieron sofocar con el juicio, la condena y el cumplimiento de la sentencia en la cruz. Esto es lo que celebramos en la solemne Vigilia Pascual, la más importante de las celebraciones en el mundo cristiano.1

La narrativa aquí contenida es fundante para nosotros. Es la respuesta y garantía provenientes de Dios a los interrogantes e inquietudes profundos que suscitan en nosotros el misterio del mal, el sufrimiento, la enfermedad, la injusticia, la violencia, el vacío existencial, la inevitable muerte. La experiencia de Pascua transformó a unos hombres y mujeres asustados, derrotados, como tantas veces nos ocurre. El Espíritu del Señor hizo de ellos una nueva humanidad configurada con el Resucitado, los entusiasmó hasta el extremo , para dedicarse sin reservas al anuncio de esa Buena Noticia.2 Este es el acontecimiento determinante del cristianismo, trasciende el tiempo y llega hasta nuestros días con la misma pretensión: resignificar nuestras vidas en clave pascual, brindarnos la fuerza de la fe para hacer frente a la aventura de vida con el talante del Señor Resucitado. Es el asunto por excelencia que da sentido a nuestra existencia cristiana. Es Dios mismo diciéndonos con máxima elocuencia que para El la vida humana se hace Vida en su Hijo Jesucristo.

Entran en juego las realidades propias de nuestra condición humana, todo lo que nos da plenitud, lo que responde a nuestras búsquedas de significado, y también aquello en la que la siempre presente precariedad toma protagonismo en nuestro ser y quehacer. Ya sabemos que es equipaje para toda la vida, no hay recurso histórico que pueda dispensarnos de la contingencia radical. Tal certeza no equivale a sumergirnos en el vacío, en la conciencia pesimista permanente. La experiencia pascual que transformó y entusiasmó a aquellos afligidos discípulos también es para nosotros hoy, para resucitar nuestras muertes, para entusiasmar nuestros desalientos, para volvernos nuevos con la misma novedad que transformó a Pedro y a María Magdalena, y a todos los que seguían y amaban a Jesús.

La liturgia pascual es rica en simbolismos: el fuego nuevo que se explicita en el cirio pascual, la abundante y densa Palabra bíblica, historia de salvación y de libertad hasta su culminación en Jesús, el canto del pregón pascual que anuncia el gozo que Dios nos causa con su constante intervención liberadora en la historia de Israel y de la humanidad, el agua bautismal y la renovación de las promesas correspondientes, y la eucaristía en la que se canta de nuevo el gloria – silenciado durante el tiempo de cuaresma - .

Con el fuego nuevo significamos al Señor Resucitado, permanecerá encendido, en cada celebración eucarística y litúrgica, durante el tiempo de Pascua, hasta Pentecostés. El binomio oscuridad-luz nos remite pedagógicamente a muerte-vida, pecado-santidad, injusticia-justicia, odio-amor, soledad-comunión, vacío-plenitud. La segunda parte de estos se realiza en el Señor Jesucristo, ahora emergiendo de las tinieblas de la muerte, para vida de todos.3

El relato del evangelio correspondiente al domingo es bastante escueto, sus protagonistas no son ni el Padre Dios, ni Jesús, tampoco habla explícitamente del hecho pascual. Sus actores son tres, al evangelista le interesa poner de relieve las reacciones de cada uno de estos personajes.: María Magdalena se alarma al ver que no hay cadáver en el sepulcro, sale corriendo a avisar de la desaparición; Pedro parece un inspector, entra también al sepulcro, advierte que las vendas están en el suelo y el sudario, enrollado, en lugar aparte, pero no pasa por su mente sacar alguna conclusión “pascual”; el discípulo, a quien el evangelista llama el amado por Jesús, corre más que Simón Pedro, llega primero que él, ve lo mismo que Pedro, “y vió lo que había pasado, y creyó” . 4

Esos primeros discípulos de Jesús, los que luego viven la experiencia transformadora de la Pascua, eran humanos, demasiado humanos, en diversos momentos de las narraciones evangélicas se constatan sus fragilidades, sus dificultades para captar la originalidad del Maestro, condicionados como estaban por el establecimiento religioso judío que imaginaba un Mesías poderoso, triunfante, espectacular. 5 Como nosotros, que vivimos seducidos por cosas muy importantes, ascenso social, deseosos de fama y reconocimiento, y nunca terminamos de asumir la vida en una dimensión más esencial y liberada del penoso culto al ego. “Pues ustedes murieron, y Dios les tiene reservado el vivir con Cristo. Cristo mismo es la vida de ustedes. Cuando él aparezca, ustedes también aparecerán con él llenos de gloria” 6, la convicción que afirma la segunda lectura surge de una vivencia profundamente real, transformadora, y al mismo tiempo capaz de re-significar por completo esa realidad.

Vienen a cuento la inmensa legión de nuestras limitaciones y precariedades, nuestros dolores y penurias, nuestras muertes lentas, todo lo que nos desilusiona y hace sufrir. Aquí es donde acontece el impacto pascual, como se deduce de las vigorosas palabras de Pedro,7 antes tan contradictorio y, en un momento dado un solemne cobarde: “Esto pudo hacerlo porque Dios estaba con él, y nosotros somos testigos de todo lo que hizo Jesús en la región de Judea y en Jerusalén. Después lo mataron, colgándolo en una cruz. Pero Dios lo resucitó al tercer día, e hizo que se nos apareciera a nosotros. No se apareció a todo el pueblo, sino a nosotros, a quienes Dios había escogido de antemano como testigos” . 8

Jesús había alcanzado la VIDA antes de morir, era el agua viva, como consta en el hermoso diálogo con la mujer samaritana, proclamado hace varios domingos. Jesús nació del Espíritu, vive por el Padre, todo su ser está dotado de vitalidad teologal, de la que es el portador primero, esa es la verdadera vida que siempre celebramos los cristianos. Jesús está vivo, pero de otra manera, su presencia resucitada no es la de un cuerpo muerto y revivido que sorprende a todos, su vitalidad trasciende las contingencias de la historia y del ser humano, nos asume en ese orden definitivo, como el que manifestó a la samaritana y a Nicodemo: “El que beba del agua que yo le darè nunca volverá a tener sed, porque el agua que yo le darè se convertirá en èl en manantial que brotarà dándole vida eterna” 9 y: “Te aseguro que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios” . 10

La esperanza de que nuestro ser e identidad personal no se aniquilará con la muerte se llama salvación-liberación, actuada por la mediación salvífica del Señor Jesucristo. Todo ser humano que decide ser radicalmente prójimo de sus prójimos, todo el que apuesta por el amor servicial y por la fraternidad, todo el que se desgasta para dar sentido a la vida de los demás, confirma esa expectativa y la hace real. La salvación no limita su comienzo al momento de la muerte: todo el relato de vida de un ser humano, aquí en este mundo, es llamado a salvarse. Dios empieza su trabajo pascual infundiéndonos el Espíritu, dando significado salvífico a nuestra existencia, cuando la inscribimos en el proyecto de Jesús, en la vivencia constante y creciente del Evangelio, en el desvivirnos por el prójimo, en ser instrumentos del buen Dios para que muchos hallen el sentido de sus vidas. Esto es seguir a Jesús, confiar en el Dios de la vida, construír su Iglesia, vivir y morir con la esperanza que él nos garantiza.

También hay que decir que, siguiendo al mismo Señor Jesús, la experiencia pascual no es una certeza ingenua, simplemente anecdótica, que se conforma con una historieta piadosa. Entran en juego el don de la fe, el hecho de la resurrección de Jesús es un acontecimiento de Dios inscrito en esa fe, y la libertad humana que lo acoge, y lo traduce a sus opciones y a su estilo de vida, a sabiendas de que las fragilidades siguen como propias de nuestro ser humanos, ahora dotados de la esperanza que es el mismo Resucitado para que transforme nuestra manera de vivir, de afrontar lo crítico y doloroso, de sabernos sumidos por la gratuidad del Dios que en su Hijo nos dota de un significado trascendente y definitivo. Así, la muerte y todo lo precario que nos acompaña no son el término de nuestra existencia, Dios es el futuro nuestro, estamos llamados a la vida inagotable, a la máxima plenitud a la que podemos aspirar! 11

El devenir de nuestra historia, tanto la de la sociedad como la de nuestros relatos personales, es una combinación, a menudo contradictoria, de inmensas alegrías y plenitudes, de realizaciones notables, de creatividad e innovación, de rectitud moral y trascendencia, y también de penurias, sinsabores, injusticias, violencias, manipulaciones, malignidades de seres humanos empeñados en dañar a sus semejantes. Hacernos conscientes de esto, en cuanto creyentes en Jesús Resucitado, seguidores suyos, nos demanda responsabilidad histórica, reciedumbre pascual, fe a prueba de fuego, espiritualidad encarnada, para afirmar constantemente nuestra convicción en la VIDA plena que Dios nos comunica en su Hijo, y para no dejarnos abatir por la fuerza destructora del mal: “Que el Dios de la esperanza los colme del gozo y la paz que da la fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo”. 12



Antonio José Sarmiento Nova, SJ



1 GONZÀLEZ FAUS, Josè Ignacio. Significado de la Resurrecciòn de Jesùs para el hombre de hoy. Aula de Teologìa de la Universidad de Cantabria. Santander, 23 de marzo de 2010. EQUIPO BÌBLICO VERBO. La comunidad del Resucitado. Encuentros bíblicos de la Lectio Divina desde los Hechos de los Apòstoles. Verbo Divino. Estella, 2016. PAGOLA, Josè Antonio. Cristo Resucitado es nuestra esperanza. PPC. Madrid, 2017. CHARPENTIER, Etienne. Cristo ha resucitado. Cuadernos Bìblicos número 4. Verbo Divino. Estella, 1981.

2 Louis Evely. La cosa empezó en Galilea. Sígueme. Salamanca, 1980. AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. Del movimiento de Jesús a la Iglesia cristiana. Verbo Divino. Estella, 1998. CROSSAN, John Dominic. El nacimiento del cristianismo. Crítica. Barcelona, 2002. SCHENKE, L. La comunidad primitiva. Sígueme. Salamanca, 1999.

3 MESSORI, Vitorio. Dicen que ha resucitado: una investigación sobre el sepulcro vacío. Rialp. Madrid, 1997. NORATTO GUTIÉRREZ, José Alfredo. El lenguaje de las manifestaciones del Resucitado y su sentido, a partir de los textos fundamentales del Nuevo Testamento. En Cuestiones Teológicas volumen 40, número 94, páginas 289-322. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, julio-diciembre 2013. EQUIPO BÍBLICO VERBO. La comunidad del Resucitado. Verbo Divino. Estella, 2005. BRAMBILLA, Franco Giulio. El Crucificado Resucitado: Resurrección de Jesús y fe de los discípulos. Sígueme. Salamanca, 2003. PAGOLA, José Antonio. Cristo Resucitado es nuestra esperanza. PPC. Madrid, 2017. NOGUEZ, Armando. Cristo Resucitado según los relatos pascuales. Narraciones, interpretaciones y mensaje evangelizador. Verbo Divino. Estella, 2022. ALEGRE, Xavier. La resurrección de Jesús, esperanza para los pueblos crucificados. En https://www.redicces.org.sv/sjpui/bitstream/10972/1445/1/RLT-2008-075-B.pdf

4 Juan 20: 8

5 José Luis Sicre, biblista español, jesuita (n. 1940), profesor en la facultad de teología de Granada y en el Pontificio Instituto Biblico de Roma ha escrito una densa y bella trilogía sobre los relatos evangélicos y sobre la formación del cristianismo primitivo, se títula El Cuadrante, en tres volúmenes I La búsqueda introducción a los evangelios, II La apuesta el mundo de Jesús, III El encuentro, el cuarto evangelio; publicados por la editorial Verbo Divino en 1997. Se complementan con Memorias de Andrónico (parte novelada de El Cuadrante), del mismo autor y en la misma editorial, año 2000. Altamente recomendable para conocer la experiencia pascual, la elaboración de los cuatro relatos evangélicos, la vivencia de las primeras comunidades cristianas, el surgimiento del cristianismo

6 Colosenses 3: 3-4

7 TORRES QUEIRUGA, Andrés. Repensar la resurrección. Trotta. Madrid, 2003. MÜLLER, Ulrich. El origen de la fe en la resurrección de Jesús. Verbo Divino. Estella, 2003. CHARPENTIER, Etienne. Cristo ha resucitado!. Verbo Divino. Estella, 1981. BOFF, Leonardo. La resurrección de Cristo, nuestra resurrección en la muerte. Sal Terrae. Santander, 2001. CABA, Jesús. Resucitó Cristo, mi esperanza: estudio exegético. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1986.

8 Hechos 10: 39-41

9 Juan 5: 14

10 Juan 3: 3

11 TAMEZ, Elsa. El desafío de vivir como resucitados. En https://www.seleccionesdeteologia.net/assets/pdf/166.05.pdf CRISTANCHO SOLANO, Diego Andrés. Resucitados resucitantes: la resurrección de los muertos en la actualidad. En Reflexiones Teológicas número 13, páginas 13-28. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, julio-diciembre 2014. RADCLIFFE, Timothy. Ser cristianos en el siglo XXI: una espiritualidad para nuestro tiempo. Sal Terrae. Santander, 2012. VITORIA CORMENZANA, Francisco Javier. Dar razón de la esperanza en tiempos de incertidumbre. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2024. MARTÍNEZ DÍEZ, Felicísimo. Creer en Jesucristo, vivir en cristiano. Verbo Divino. Estella, 2005. VANNI, Ugo. De la fe al contacto con Jesús Resucitado. En https://www.lacivilitacattolica.es/2024/03/15/de-la-fe-al-contacto-con-jesus-resucitado/

12 Romanos 15: 13

domingo, 29 de marzo de 2026

COMUNITAS MATUTINA 29 DE MARZO 2026 DOMINGO DE RAMOS - SEMANA SANTA 2026

 

Ofrecí mi espalda a los golpes, mi cara a los que mesaban mi barba, y no hurté mi rostro a insultos y salivazos. Pero el Señor Yahvé me ayuda, por eso no sentía los insultos; y ofrecí mi cara como el pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado”

(Isaìas 50: 6-7)

Lecturas:

  1. Isaías 50: 4-7

  2. Salmo 21: 8-9;17-20;23-24

  3. Filipenses 2: 6-11

  4. Mateo 26: 14 a 27:66 (relato de la pasión)



Vuelve Semana Santa, vuelve Jesús de Nazaret, el Cristo, el Crucificado, el Resucitado : se ha ido? Lo dejamos ir? Es un mito sumergido en la noche de los tiempos? Lo desconocemos, lo consideramos un bonito adorno religioso? O está siempre y no lo captamos o tenemos miedo de acogerlo? Qué significa para nosotros hoy este personaje que, desde la elocuente marginalidad de su vida en Palestina, hace más de veinte siglos, ha partido en dos la historia de la humanidad? O bien, somos cristianos en general, católicos, pentecostales, ortodoxos, metodistas, luteranos, presbiterianos, bautistas, anglicanos, cómo es eso en nuestras vidas? Lo recibimos por herencia familiar, sociocultural, y seguimos la inercia de una sociedad donde el cristianismo sigue siendo “mayoritario”? O, de pronto, nos llegó una ráfaga del Espíritu Santo y “nos dimos la pela” y decidimos confrontar esa fe, la revisamos críticamente, optamos por un cristianismo a nuestro aire – Jesús sí, Iglesia no – o también en esa autocrítica tomamos el camino de la no creencia o el del agnosticismo, o nos dejamos tomar por el Crucificado y acogimos su reto y su invitación? 1

Cualquiera sea la postura que tengamos ante Jesús recordemos que no es “obligatorio” creer en él, seguirlo, es una oferta que se hace a nuestra libertad, a nuestra capacidad de optar.2 Este presupuesto es fundamental, estamos ante alguien que justamente se caracterizó por su extraordinaria libertad, que no presionó a ninguno de sus seguidores ni forzó sus decisiones. El relato suyo – Evangelio decimos, Buena Noticia – es una narrativa libre y liberadora, que procede directamente de Dios y apunta a la plena libertad del ser humano en él.

Sea esta Semana Santa – para quienes lo quieran y asuman felizmente – un tiempo para dejarnos encontrar por él, para que sus preguntas y exigencias nos “muevan el piso”, nos pongan en trance de autenticidad y trascendencia.

En este encuentro con Jesús no se puede subestimar el carácter marginal de su vida y del contexto en el que nació, creció y llevó a cabo su misión. Un mundo de pobres y de pobreza, un contacto directo, vivencial, con el sufrimiento de su gente, unas injusticias de marca mayor, surgidas del Imperio Romano y del Templo de Jerusalén, unos dramas de dolor profundo, unos muy problemáticos vacíos de sentido, un Dios que – según sacerdotes y rabinos – no era para las mayorías empecatadas y empobrecidas, una existencia vivida en pequeñez y con los pequeños del mundo. No es casualidad que haya nacido extramuros de la pobre aldea de Belén, que haya sido crucificado como reo merecedor de justicia en las afueras de Jerusalén. La historia de Jesús de Nazaret sucede toda en un mundo de marginalidad, y en ella es donde Dios se dice definitivamente. Esto, qué tiene que ver con tu vida y con la mía?3

La mayor parte de su vida transcurre en silencio, en modo oculto, en su hogar de Nazaret, con sus padres José y María, en el trabajo, y en el silencio profundo de Dios, la entraña misma de su propio ser. Y después se proyecta a su ministerio público, de apenas tres años, o un poco menos, enseña sobre una novedosa lógica de vida, que es su pasión determinante, “el reino de Dios y su justicia”, las parábolas de encantadora sencillez y cotidiana sabiduría son su recurso pedagógico, con el lenguaje simple de sus oyentes y coterráneos, sana de dolencias corporales y espirituales, ciegos, leprosos, paralíticos, pasan por su mano medicinal, y con ellos ejerce también la misericordia, la reconfiguración total de hombres y mujeres en su dignidad de hijos del mismo Padre.

Ante el establecimiento religioso judío – sacerdotes del templo de Jerusalén, maestros de la ley, fariseos – procede con conducta rigurosa y confronta “sepulcros blanqueados”, con ira santa arroja a mercaderes y dineros en el atrio del santuario, afirma en todo la soberanía de un Dios a quien él vive y entiende como Padre-Abba, compasivo y misericordioso como el que más con todas las penurias de la humanidad. Y en más de una ocasión, a pesar de su discreto silencio mesiánico, deja entrever la conciencia de divinidad que habita en él.4 Con todo esto, el odio del Templo y de la sinagoga se hace cada vez más vehemente, y encuentran ellos los argumentos “válidos” para juzgarle y condenarle a la cruz.

Son muchas las interpretaciones de la pasión de Jesús, muchas las mentalidades religiosas que se corresponden con ellas. Esta realidad sucedida hace un poco más de veinte siglos aspira a seguir siendo significativa en nuestro tiempo porque tiene el peso suficiente para transformar nuestra vida en la misma perspectiva en la que él orientó su existencia, vida de Dios en él, vida de Dios en nosotros, humanidad y divinidad sucediendo en dramática y esperanzadora simultaneidad.5

Pocos aspectos de su vida han sido tan distorsionados como su muerte. Le endilgaron la interpretación de que a Dios le encanta el sufrimiento humano y que por eso hay que aceptarlo sin chistar, además de buscarlo voluntariamente. En esta óptica se piensa en un Dios que exige la muerte de su propio hijo como satisfacción para perdonar los pecados de la humanidad, concepción totalmente contraria a la originalidad de su proyecto. 6

Es consciente de lo que le va a suceder y acepta su destino, porque este drama tiene total coherencia en relación con toda su vida y con su predicación, no en el sentido de adivinación del futuro sino en el de la consistencia teologal de todo su ser y quehacer: revelar la misericordia de Dios y hacerla efectiva preferentemente en los condenados de la tierra, y en los humanos que no se conforman con una vida a medias, convirtiéndose en esperanza para todos, y desarmando la hipocresía de la religión de los sacerdotes del templo. Jesús no está sometido ciegamente a un fatalismo predeterminado por Dios, su pasión y su muerte resultan de sus opciones y de la incapacidad de los judíos para entender el contenido de su misión. Jesús asume el drama de su muerte con entereza, si bien, en cuanto humano, experimenta angustia y repugnancia, según lo relatan los evangelios en la oración en el huerto de Getsemaní. Y va a la muerte para dar vida de Dios, vida en abundancia, su muerte es la del pro-existente, del que sale de sí mismo a favor de los demás – salvíficamente – en nombre de Dios. 7

Jesús murió por ser fiel a Dios y al ser humano necesitado de sentido y de salvación de los poderes de la muerte, del pecado y de la injusticia, 8 nos deja claro que amar como Dios ama es más importante que la vida biológica, no murió para lograr por primera vez que Dios nos amara sino para demostrar que ese Dios a quien llamamos Padre y Madre nos ama desde siempre, y que su intención es – con ese mismo enfático “siempre” – desbordarse en vida y plenitud con todos los seres humanos, incluyendo aquellos que, en acto de respetable libertad, deciden vivir sin estar inscritos en su camino.

Cuando constatamos el mal que recae sobre tantos inocentes surge la pregunta por la posibilidad de la intervención de Dios, o también una gran indignación por su silencio. Qué pasa?: “El Señor Yahvé me ha abierto el oído, y no me resistí ni me hice atrás. Ofrecí mi espalda a los golpes, mi cara a los que mesaban mi barba, y no hurté mi rostro a insultos y salivazos” 9 dice este llamado tercer cántico del Siervo doliente de Yahvé, con el que el profeta Isaías prefigura el mesianismo crucificado de Jesús, en el que reconocemos la verdadera indignación-denuncia ante la malignidad del poder que destruye al inocente.10

La entrada de Jesús en Jerusalèn, montado sobre un asno y aclamado por sus seguidores, no es un acto triunfal como el de un poderoso que ingresa al “hall” de la fama. Es un gesto profético, indicación que hace el evangelista para resaltar su misión en medio de los pobres: “Hosanna al hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor! Hosanna en las alturas! Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. Quien es este? Se preguntaban. Y la gente decía: este es el profeta Jesús,

Jesús crucificado es el lenguaje contundente de Dios en el que suceden plenamente su humanidad y su divinidad, asumiendo lo más humano de nosotros – la muerte – y situándola en la perspectiva de Dios: “Pero Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el espíritu” 11 . En la pasión, Jesús se vacía totalmente de sí mismo – esto es lo que significa la palabra griega kenosis. Ese vaciamiento es dar todo de sí para afirmar que sólo esa “locura de la cruz” es la garantía amorosa que decide la salvación nuestra, si acogemos su oferta: “Por eso Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra, en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es el Señor, para gloria de Dios Padre” .12

Antonio José Sarmiento Nova, SJ







1 NOLAN, Albert. Jesús hoy: una espiritualidad de libertad radical. Sal Terrae. Santander, 2007; Quién es este hombre? Jesús, antes del cristianismo. Sal Terrae. Santander, 2011. GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. El rostro humano de Dios: de la revolución de Jesús a la divinidad de Jesús. Sal Terrae. Santander, 2015. MARTIN, James. Jesús. Mensajero. Bilbao, 2014. SEGUNDO, Juan Luis. La historia perdida y recuperada de Jesús de Nazaret. Sal Terrae. Santander, 1990. MACHOVEC, Milan. Jesús para ateos. Sígueme. Salamanca, 1978. SILVA, Sergio. Hay razones para creer en Jesús? Buscando respuestas en los escritos paulinos del Nuevo Testamento. Universidad Alberto Hurtado. Santiago de Chile, 2012. LOPEZ-DORIGA, Enrique. Quien eres, Jesús de Nazaret. Buena Prensa. México, D.F., 2016. BERMEJO RUBIO, Fernando. La invención de Jesús de Nazaret: la historia, ficción, historiografía. Siglo XXI Editores.México, D.F., 2019.

2 DUQUOC, Christian. Jesús, hombre libre. Sígueme. Salamanca, 1980. JUSTO, Emilio J. La libertad de Jesús. Sígueme. Salamanca, 2014; La libertad en perspectiva teológica. En Razón y Fe tomo 277, número 1432, páginas 173-183. Compañía de Jesús España. Madrid, 2018. GUERRA, Santiago. Jesús, hombre libre. En https://www.revistadeespiritualidad.com/upload/pdf/216articulo.pdf AGUIRRE MONASTERIO. Rafael. La mirada de Jesús sobre el poder. En Teología y Vida volumen 55 número 1, páginas 83-104. Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago, marzo 2014.

3 MEIER, John P. Jesús, un judío marginal: nueva visión del Jesús histórico. (Obra en 5 volúmenes). Verbo Divino. Estella, 1999. SOBRINO, Jon. Fuera de los pobres no hay salvación. UCA Editores. San Salvador, 2009. CASTILLO, José María. Víctimas del pecado. Trotta. Madrid, 2004; Los pobres y la teología: que queda de la teología de la liberación. Desclée de Brower. Bilbao, 1997. FABRIS, Rinaldo. La opción por los pobres en la Biblia. Verbo Divino. Estella, 1992. SOBRINO, Jon. Bajar de la cruz a los pobres: cristología de la liberación. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/47263242.pdf GUTIÉRREZ MERINO, Gustavo. Donde está el pobre, está Jesucristo. En Angelicum número 84, páginas 539-553. Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino. Roma, 2007. FRAIJÓ, Manuel. Jesús y los marginados: utopía y esperanza cristiana. Cristiandad. Madrid, 1985. ARANGUREN GONZALO, L.A. & SEGOVIA BERNABÉ, J. No te olvides de los pobres. Notas para apuntalar el giro social de la Iglesia. Sal Terrae. Santander, 2015.

4 COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL. La conciencia que Jesús tenía de sí mismo y de su misión. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1985. IZQUIERDO, César. La formidable cuestión de la conciencia divina de Jesús. En Scripta Theologica número 35, páginas 691-728. Universidad de Navarra. Pamplona, 2003. GUIJARRO OPORTO, Santiago & RODRÍGUEZ LAIZ, Ana . La unción mesiánica de Jesús (Marcos 14: 3-9). En Salmanticensis número 60,páginas 43-66. Universidad Pontificia de Salamanca, 2013. KASPER, Walter. La pretensión de Jesús, capítulo VII del libro Jesús , el Cristo. Sígueme. Salamanca, 1994; páginas 122-137. GONZÁLEZ DE CARDEDAL, Olegario. La divinidad, parte VI del Capítulo VII El origen: el Hijo de Dios en su libro Cristología. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2001; páginas 400-409.

5 DESTRO, Adriana & PESCE, Mauro. La muerte de Jesús: investigación de un misterio. Verbo Divino. Estella, 2001. BOVON, Francois. Los últimos días de Jesús: textos y acontecimientos. Sal Terrae. Santander, 2007. LEGASSE, Simon. El proceso de Jesús: la pasión en los cuatro evangelios. Desclée de Brower. Bilbao, 1996. SCHÜRMANN, Heinz. El destino de Jesús: su vida y su muerte. Sígueme. Salamanca, 2003.

6 VARONE, Francois. El Dios “sádico”: ama Dios el sufrimiento? Sal Terrae. Santander, 1985. ESTRADA DÍAZ, Juan Antonio. El sufrimiento: silencio o ausencia de Dios? En Revista Iberoamericana de Teología volumen IX número 17, páginas 55-85. Universidad Iberoamericana. México D.F., julio-diciembre 2013. CONCILIUM REVISTA INTERNACIONAL DE TEOLOGÍA. Tema monográfico Sufrimiento y Dios, número 366. Verbo Divino. Estella, junio 2016. PAPA JUAN PABLO II. Carta Apostólica Salvifici Doloris sobre el sentido cristiano del sufrimiento humano. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1984.

7 TORRES SERRANO, Juan Manuel. La pro-existencia : un modo de ser y de hablar de Dios en el contexto latinoamericano. En Revista Iberoamericana de Teología volumen VI número 10, páginas 25-48. Universidad Iberoamericana. México D.F., enero-junio 2010. VIVES PÉREZ, Pedro Luis. Jesucristo, salvador absoluto y plenitud de sentido. Aportaciones de la soteriología contemporánea a la significatividad de la fe cristiana. En Scripta Fulgentina año XXVIII número 55-56,páginas 89-104. Instituto Teológico San Fulgencio. Murcia, 2018. SOBRINO, Jon. El Señor, el señorío de Cristo, esperanza y teodicea en su libro La fe en Jesucristo: ensayo desde las víctimas. Trotta. Madrid, 1999; páginas 225-248.

8 El teólogo Jon Sobrino (nacido en 1938) ha dedicado su reflexión a la cristología hecha desde el contexto de las víctimas; nacido en España, reside desde su juventud en El Salvador, donde ha vivido directamente las condiciones de dramática pobreza que afectan a la mayoría de la población, junto con una brutal guerra civil que azotó al pequeño país entre 1980 y 1992. Sus obras más destacadas en este sentido son “Jesucristo Liberador: lectura histórico-teológica de Jesús de Nazareth” y “La fe en Jesucristo: ensayo desde las víctimas”, ambas publicadas por la editorial Trotta de Madrid.

9 Isaías 50: 5-6

10 SANHUEZA, Krety. Jesucristo, prototipo de justicia y de martirio a favor de los pobres y marginados. En Cuestiones Teológicas volumen 43 número 99, páginas 175-197. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, enero-junio 2016. GUTIÉRREZ MERINO, Gustavo. Hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente. Sígueme. Salamanca, 1986. GNOCCHI, Carlo. Pedagogía del dolor inocente. En https://www.teologoresponde.org/wp-content/uploads/2014/03/dolor_inocente.pdf ALONSO LASHERAS-RIVERO, Alfonso. El sufrimiento como lugar para una reflexión teológico-moral. Una propuesta pastoral desde un Dios “tododebilidoso”. Trabajo de grado para optar al título de licenciado en teología moral. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2016. BONHOEFFER, Dietrich. Resistencia y sumisión. Sígueme. Salamanca, 1983. GAVRILYUK, P.L. El sufrimiento del Dios impasible. Sígueme. Salamanca, 2012. GOMES, P.R. O Deus im-potente. O sofrimento e o mal em confronto con a Cruz. Loyola. Sao Paulo, 2007. GRESHAKE, Gisbert. Por qué el Dios del amor permite que suframos? Sígueme. Salamanca, 2008. KITAMORI, K. Teología del dolor de Dios. Sígueme. Salamanca, 1975. SANZ GIMÉNEZ-RICO, Enrique. No te bajes de la cruz. Subir al encuentro del Dios de Jesús Crucificado. En Revista Sal Terrae número 92, páginas 219-229. Madrid, 2004.

11 Mateo 26: 50

12 Filipenses 2: 9-11

domingo, 22 de marzo de 2026

COMUNITAS MATUTINA 22 DE MARZO 2026 DOMINGO V DE CUARESMA CICLO A

 

Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos dará también vida a sus cuerpos mortales por su Espíritu que habita en ustedes”

(Romanos 8: 11)

Lecturas:

  1. Ezequiel 37:12-14

  2. Salmo 129: 1-8

  3. Romanos: 8: 8-11

  4. Juan 11: 1-45

La vida de los seres humanos es una gran paradoja, nos sabemos limitados y finitos pero al mismo tiempo con el máximo deseo de vivir siempre y de permanecer más allá de estas fronteras de la precariedad. Son incontables las evidencias de esta condición, cada uno desde su propio relato vital puede dar cuenta de ellas, pequeñas y grandes muertes de cada día, abandonos y soledades, fracasos y vacíos, también plenitudes y amores profundos, ilusiones que se tornan realidad, las resurrecciones nuestras de cada día, los amores profundos, las felicidades que nos anticipan la eternidad. 1 Las crisis , casi siempre inevitables, ponen de manifiesto esta condición nuestra de contingencia, nos invitan al saludable realismo de contar con ellas como parte del equipaje existencial. Afrontadas, aún con dolor, son fuente de sabiduría y fortaleza.

Dice con singular belleza y densidad espiritual el poeta argentino Osvaldo Pol : 2

No tiene el tiempo trabazón ni rieles

Fuera de la constelación de tus heridas.

Tu cuerpo se me vuelve rosa con cinco pétalos de sangre.

Piedra de donde parten las fuentes saciadoras.

Despierta, despierta ya inaugurando vida y amanecer y lucha.

Despójate la niebla y el silencio

Y vence, una vez más.

Yo y el tiempo y la piedra y la rosa

Tan sólo en tu victoria somos 3

En la austera belleza de esta expresión palpita la conciencia de lo que somos, fragilidad, muerte, pero también pasión por la vida. La Palabra que se nos ofrece este V domingo de Cuaresma es el reconocimiento teologal de esta realidad, en la que los seres humanos estamos cabalmente definidos e identificados.

Ezequiel – de cuyo texto tenemos la primera lectura - es el profeta del exilio, su ministerio fue con los desterrados de Babilonia entre los años 593 y 571 antes de Cristo. 4Conocemos por la historia la durísima prueba que sufrió el pueblo de Israel cuando fueron invadidos por el imperio de Babilonia, conquistados y desposeídos de su tierra y de su libertad, de los símbolos que constituían su identidad. El profeta se duele por la suerte de su gente, expuestos a morir lejos de su patria, pero, en nombre de su fidelidad a Yahvé, sello que define su misión, se presenta también como testigo de la esperanza que se origina en El: “Por eso profetiza y diles: Voy a abrir sus tumbas, los sacaré de ellas, pueblo mío, y los llevaré de nuevo al suelo de Israel” . 5

En el Antiguo Testamento, en general, no había una esperanza de inmortalidad, esta se colmaba con las bendiciones “materiales” que para ellos eran clarísimas muestra del favor de Dios: descendencia abundante, larga vida, tierra prometida donde asentarse, existencia digna, justicia para todos. La evolución hacia la expectativa de vida eterna se concreta en los últimos libros del Antiguo Testamento, como Sabiduría, Macabeos, Daniel. Esta conciencia surge en la clave de la doctrina bíblica de la retribución: cómo va a premiar Dios a los justos? Vienen aquí las más densas preguntas por el misterio del mal, por las tragedias que aquejan a los inocentes, por la justificación de la existencia, por el misterio de la muerte, 6 son los grandes “temas de la vida” que inquietan a los seres humanos de todos los tiempos de la historia.

Mientras tanto, la ilusión de todo buen israelita, justo y creyente, es la de acoger los dones materiales con los que Yahvé expresa su complacencia por este buen vivir. Lo asume el profeta diciendo: “Infundiré mi espíritu en ustedes y vivirán; los estableceré en su suelo, y sabrán que yo, Yahvé, lo digo y lo hago – oráculo de Yahvé –”. 7

Valgan estas consideraciones para situarnos en las legítimas aspiraciones de la humanidad, tener una calidad de vida que corresponda con su dignidad, lograr que los grandes ideales se vean cumplidos, disfrutar del amor en la relación de pareja y en la paternidad-maternidad, llevar a cabo proyectos que hagan del mundo un ámbito más y más humano, constatar que la felicidad no es un concepto vano sino gozosa posibilidad que se hace cada día, también, y como elemento no menor, confiar en que el yo personal con su historia no se disuelve en la descomposición biológica de la muerte. Cómo anunciar la vida de Dios a quienes son desposeídos de sus condiciones de dignidad y fracturados en sus posibilidades de esperanza? Cómo transmitir una convicción fundamental de trascendencia al ser humano asediado por la pregunta definitiva del sentido? Cómo afirmar que, a pesar de la muerte misma y de la radical contingencia de nuestra condición, no sucumbimos al drama de la mortalidad? La respuesta cristiana es salvación integral, plenitud humana en la historia y trascendencia definitiva en la vitalidad inagotable del Padre,8 es la convicción fundante de nuestra fe: “Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos dará también la vida a sus cuerpos mortales por su Espíritu que habita en ustedes”. 9

La vida en el Espíritu nos saca de la muerte que causan el egoísmo estéril, la injusticia, el pecado, la falta de solidaridad, el dar la espalda a Dios: “Así que los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas ustedes no viven según la carne, sino según el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en ustedes” .10 En la concepción paulina “vivir según la carne” es vivir en el pecado, en el rechazo del amor de Dios y del prójimo, en el creer el ser humano que es la medida de todo. Es el mundo de la muerte, negación del amor definitivo, rechazo de la vitalidad que proviene del Padre y de la relación solidaria con el prójimo.

Es perfectamente lógico que estos textos se nos propongan en Cuaresma, para que hagamos conciencia de todo aquello que nos impide vivir en sentido teologal y humano, y nos dejemos asumir por la Vida que reconfigura todo nuestro ser y quehacer: “Pero si con el Espíritu hacen morir las obras del cuerpo, ustedes vivirán” . 11

Con estos antecedentes, nos ponemos en el contexto del relato de Juan, la resurrección de Lázaro, 12 el último de los siete signos que articulan este cuarto evangelio. 13 En todos ellos el evangelista afirma a Jesús como Señor de la vida, antes de enfrentarse al dramatismo de la cruz y de la muerte. Siguiendo la teología del cuarto evangelio, en Jesús el ser humano es asumido para pasar de la muerte a la vida. Los judíos observantes, que no aceptaban a Jesús , sienten que el gesto de devolver a Lázaro a la vida y el entusiasmo de la gente que empieza a creer más y más en él, son una provocación para sus ortodoxas convicciones y prácticas religiosas. Con esto, tienen todos los argumentos para juzgarlo como blasfemo y someterlo al juicio y a la condenación. 14

Este relato es un testimonio creyente de señalada solidez para aseverar lo mismo que dice Jesús a Marta, la hermana del fallecido Lázaro: “Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. Crees esto?” . 15 La afirmación estructura todo el evangelio de Juan y la línea programática de esta narración teologal-pascual se formula así: “En verdad, en verdad les digo que llega la hora (ya estamos en ella) en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán” . 16

Lázaro somos nosotros limitados por la muerte y por todas las demás contingencias humanas. Sus hermanas son la nueva comunidad que se va a beneficiar de la vitalidad de Dios, también nosotros estamos ahí. El no viene a prolongar la vida física sino a comunicar la vida de Dios. El que asume ser como él queda definitivamente involucrado en esa vida nueva. La muerte no es el trágico fin de la condición humana, eso es lo que Jesús quiere demostrar a Marta y a nosotros.

Al quitar la losa desaparece simbólicamente la frontera entre los vivos y los muertos: “Dijo Jesús: quiten la piedra. Marta, la hermana del muerto, le advirtió: Señor, ya huele, es el cuarto día. Replicó Jesús: no te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” . 17 La vida de Jesús es la vida misma de Dios. El ser humano que no nace a la nueva vida permanece atado de pies y manos, por eso él lo “desata”: “Dicho esto, gritó con fuerte voz: Lázaro, sal afuera! El muerto salió, atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Jesús les dijo: desátenlo y déjenlo andar” . 18

Salir de la tumba, como Lázaro, es dejar atrás todo lo que deshumaniza y mata, todo lo pecaminoso. Salir de los lugares de muerte para hacer el tránsito pascual a la vitalidad incontenible que viene con Jesús.19 Este relato, de hondo simbolismo teológico, es mucho más que la anécdota de un prodigio individual obrado por Jesús; claramente, la intención del autor del cuarto evangelio es abrir la puerta pascual al creyente, personalizando en el mismo Jesús esa definitiva posibilidad de sentido y plenitud.

No olvidemos: Lázaro-humanidad expectante de vida plena, interminable, de trascendencia total; Martha y María: la humanidad-comunidad que acoge el don pascual. La reducción de los milagros de Jesús a hechos puntuales de él sustrae a los mismos su significado teológico y su capacidad de convertirse en garantías de nuestra esperanza.



Antonio José Sarmiento Nova, SJ





1 Ramón Lucas Lucas. Horizonte vertical: sentido y significado de la persona humana. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2010. FRANKL, Viktor. El hombre en busca de sentido. Herder. Barcelona, 1990. LIPOVETSKY, Gilles. La era del vacío: ensayos sobre el individualismo contemporáneo. Anagrama. Barcelona, 2002. CIORAN, Emile. En las cumbres de la desesperación. Hermida Editores, 2020. KIERKEGAARD, Soren. El concepto de la angustia. Austral, 2013. NIETZSCHE, Federico. Más allá del bien y del mal. Alianza. Madrid, 2025. GIL PARRA, Diego. Elogio de la felicidad. Luis Michel Aury, 2024. JOLLIEN, Alexandre. Elogio de la felicidad. RBA Libros, 2008. MOLTMANN, Jurgen. Sobre la libertad, la alegría y el juego. Sígueme. Salamanca, 1998.

2 Nacido en 1935, fallecido en 2016, sacerdote jesuíta. Profesor en la Universidad Católica de Córdoba, en su país. En su poesía la angustia por la existencia se expresa bellamente, con palabra justa, despojada de lo secundario. POL; Osvaldo. Diálogos lentos con la vida. Universidad Católica de Córdoba, 2021.

3 Osvaldo Pol, de su poemario Situación y criba (1990). Publicado en Hombre y Dios: cien años de poesía hispanoamericana. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1996. Página 352

4 ABREGO, José María. Ezequiel. Comentarios a la Nueva Biblia de Jerusalén. Desclée de Brower. Bilbao, 2017. ASURMENDI, Jesús María. Ezequiel. Verbo Divino. Estella, 1982. SAVOCA, Gaetano. El libro de Ezequiel. Herder. Barcelona, 1992.

5 Ezequiel 37: 12

6 Ignacio Lepp. Psicoanálisis de la muerte. Carlos Lohlé. Buenos Aires, 1967; Karl Rahner. Sentido teológico de la muerte. Herder. Barcelona, 1975. Hans Küng. Vida eterna? Trotta. Madrid, 2006. ÑAUINCOPA-ARANGO, Antonio. Hacia una hermenéutica teológica de la inmortalidad. En https://www.oaji.net/articles/2023/6000-1749861046.pdf BLANCO, Carlos. Hipótesis principales sobre el origen de la idea de resurrección de los muertos en el judaísmo. En https://www.repositorio.comillas.edu/rest/bitstreams/100442/retrieve FERNANDEZ, Víctor Manuel. Inmortalidad, cuerpo y materia. Una esperanza para mi carne. En Angelicum volumen 78, fascículo 3. Universidad Pontificia de Santo Tomás. Roma, 2001. BOFF, Leonardo. Hablemos de la otra vida. Sal Terrae. Santander, 1992.

7 Ezequiel 37: 14

8 Gustavo Gutiérrez. El Dios de la vida. Sígueme. Salamanca, 1994.

9 Romanos 8: 11

10 Romanos 8: 8

11 Romanos 8: 13

12 Juan 11: 1-44

13 El agua convertida en vino Juan 2: 1-12; la curación del hijo de un funcionario real Juan 4: 46-54; la curación de un enfermo en la piscina de Betesda Juan 5: 1-18; la multiplicación de los panes y los peces Juan 6: 1-15; Jesús camina sobre el agua Juan 6: 16-21; la curación del ciego de nacimiento Juan 9: 1-40.

14 CARRILLO ALDAY, Salvador. El evangelio según San Juan. Verbo Divino. Estella, 1992. BROWN, Raymond. El evangelio según Juan. Cristiandad. Madrid, 1999; La comunidad del discípulo amado. Sígueme. Salamanca, 2005. CASTRO SÁNCHEZ, Secundino. Evangelio de Juan. Comprensión exegético-existencial. Universidad Pontificia de Comillas-Desclée de Brower. Bilbao, 2001. BEUTLER, Johannes. Comentario al evangelio de Juan. Verbo Divino. Estella, 2012.

15 Juan 11: 25-26

16 Juan 5: 25

17 Juan 11: 39-40

18 Juan 11: 43-44

19 Andrés Torres Queiruga. Repensar la resurrección. Trotta. Madrid, 2006. PUPPO, María Lucía. Salir del sepulcro: cuatro intertextos literarios de la resurrección de Lázaro. En https://www.repositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/4064/1/salir-del-sepulcro.pdf SABUGAL, Santos. La resurrección de Lázaro (Juan 11: 1.54). Veo este artículo en internet pero no indica en qué publicación, si interesa al lector puede buscarlo con esa sola referencia de autor. SODING, Thomas. Encarnación y Pascua. La historia de Jesús tal como se refleja en el Evangelio de Juan. En https://www.seleccionesdeteologia.net/assets/pdf/172_06.pdf

domingo, 15 de marzo de 2026

COMUNITAS MATUTINA 15 DE MARZO 2026 DOMINGO IV DE CUARESMA CICLO A

 

Porque en otro tiempo ustedes fueron tinieblas, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de la luz, pues el fruto de la luz consiste en todo tipo de bondad, justicia y verdad”

(Romanos 5: 8-9).

Lecturas:

  1. 1 Samuel 16: 1-13

  2. Salmo 22

  3. Efesios 5: 8-14

  4. Juan 9: 1-41

En medio de las múltiples vicisitudes que vivieron los israelitas, muy críticas y desoladoras , se fue cultivando en ellos la expectativa por una respuesta de Dios, salvadora y definitiva, que se perfilaba en un enviado, un Mesías portador de libertades y de buenas nuevas, esperanza fundante en la configuración religiosa y humana de este pueblo, 1 un salvador de toda opresión.

Lo que nos refiere la primera lectura, del libro 1 de Samuel , revela ese contexto y las complicaciones que les traía. Samuel estaba empeñado en sacar al pueblo del atolladero en el que se encontraba por sus propias crisis internas y por el enemigo que los amenazaba: los filisteos. Surgió Saúl, pero pronto los defraudó, porque se convirtió en un tirano insoportable que no estuvo a la altura de la misión encomendada. Es bien antiguo esto de los líderes y gobernantes que, después de grandes ilusiones cuando se les confía la misión, resultan altamente decepcionantes. 2 De derechas o de izquierdas, todos tienen fisuras, máxime cuando llegan al poder declarando que con ellos empieza la verdadera historia del país que gobiernan, o des-gobiernan. Los mesianismos del mundo son fuegos fatuos!

Samuel3 permanece en su intención y define el gesto de la unción profética como el que va a legitimar a quien sea el escogido, proceso que empieza descartando varios candidatos , hermanos todos, que aparentemente cumplían con los requerimientos, tenían perfil, sus probabilidades de pasar airosos el “casting” eran notables. Finalmente, el profeta se inclina por el que parecía el más insignificante de todos, y lo hace siguiendo este criterio: “No mires su apariencia ni su gran estatura, pues yo lo he descartado. Yahvè no ve lo mismo que el hombre, pues el hombre se fija en las apariencias, pero Yahvè escudriña el interior” . 4

El mensaje es que Dios se manifiesta en lo discreto, en lo que no tiene pretensiones de poder y vanagloria. Lo mismo viene a suceder en el caso de Jesús, a quien no reconocen sus contemporáneos judíos, especialmente los líderes religiosos, porque veían en él a alguien sin vinculación con el Templo, su origen pobre era impedimento para ser reconocido. El evangelio de Juan destaca que Jesús es el ungido, el Mesías, y lo hace enfatizando la actitud de rechazo por parte de los sacerdotes y maestros de la ley. Lo que para estos era obstáculo es lo que lo hace significativo en la comunidad cristiana apostólica5 , su minusvalía a los ojos de esta “mundanidad religiosa” es grandeza en el cristianismo primitivo. Excelente coyuntura para reiterar el abajamiento de Dios, su predilección por la pequeñez, su contundente revelación en lo mínimo del mundo. 6 Què dice esto a tantas pretensiones de orgullo y soberbia, de afirmaciones desmedidas del ego, de dominación y atropello sobre la vida de tantas personas?

Jesús es un ungido sin el poder del mundo. Su origen social y su marginalidad no lo hacen aceptable para la dirigencia religiosa. La ceguera de los judíos reside en esta incapacidad para reconocer al Dios que acontece en lo mínimo de la sociedad, mientras que la luminosidad del Padre se vuelca en este judío marginal 7 , así lo reivindica Dios.

El relato de la curación del ciego de nacimiento,8 que nos trae este domingo el evangelio de Juan, tiene que ver directamente con esta reivindicación, es un texto de notable riqueza simbólica que sale al paso del escepticismo judío y del profundo desprecio que estos vanidosos de la Ley sentían por la persona de Jesús.

Se propone aquí un camino que lleva al hombre de las tinieblas a la luz, de la opresión a la libertad, del vacío a la plenitud. Jesús lo hace porque está dotado por Dios de la autoridad para hacerlo, tal como lo reconocen las comunidades de la Iglesia Apostólica. Nunca debemos olvidar que la plena percepción de Jesús sucede después de su muerte, a partir de la experiencia pascual. Los evangelios son testimonio post-pascual y todos convergen en el reconocimiento del mesianismo de este Jesús de Nazareth en quien está presente el Cristo, el ungido. 9

Las señales y prodigios que Jesús realiza causaron gran impacto : “Algunos fariseos comentaban: este hombre no viene de Dios porque no guarda el sábado. Otros decían: pero cómo puede un pecador realizar semejantes signos? Y había disensión entre ellos” 10 . Sus discípulos, a partir de la experiencia pascual, comprendían el sentido liberador y salvífico de estas señales, en las que no se trataba solamente de poner remedio a las limitaciones humanas sino de afirmar la soberanía de Dios, señor de la vida que se esmera en restablecer al ser humano afligido por el pecado y por la muerte.

Conocemos bien el drama de los marginales en tiempos de Jesús, ser excluídos de la religión oficial y de la integración al cuerpo social, como sucede hoy en tantos lugares del mundo, en los que se aparta a personas convertidas en parias con razones de tipo religioso y moral11 . Al ciego de nacimiento lo libera del peso de la marginación social y lo conduce hacia una comunidad donde lo aceptan por su ser y por su valer : “Mientras estoy en el mundo soy luz del mundo. Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva y untó con el barro los ojos del ciego. Luego le dijo: vete, lávate en la piscina de Siloé (que quiere decir enviado). El fue, se lavó y volvió ya viendo 12.Es un drama teológico de gran belleza, portador de esperanza definitiva para el ser humano. Todos quedan inquietos y se preguntan por qué el ciego ha recuperado la vista, pues su invidencia era de nacimiento. Parece imposible que un “simple hombre” como Jesús sea capaz de obrar tal maravilla . Su egoísta incredulidad los incapacitaba para reconocerlo.

La argumentación judía se esmera en ir contra Jesús: obra el prodigio en día sábado, sagrado para ellos e inadmisible que él se haga algo distinto de asistir al culto ritual; el neovidente es un mendigo y persona sin relevancia social; interrogan a sus padres para cerciorarse de su ceguera y de su origen; le preguntan con insistencia enfermiza buscando argumentos para descalificar a Jesús: “Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. Si este no viniera de Dios, no podría hacer nada. Ellos le respondieron: has nacido todo entero en pecado y pretendes darnos lecciones? Y lo echaron fuera” 13.

Jesús se hace el encontradizo con el hombre, en este nuevo encuentro el ciego llega a ver plenamente no sólo la luz sino la gloria de Dios, reconociendo en él al enviado definitivo, al que tiene la posibilidad de rehacer su humanidad y rescatar su dignidad: “Tú crees en el Hijo del hombre? El respondió: Y quien es, Señor, para que crea en él? Jesús le dijo: le has visto, es el que está hablando contigo. A lo que él contestó: Creo, Señor y se postró ante él” 14.

Juan quiere transmitir que Jesús es el enviado de Dios, él trasciende el establecimiento religioso, en nombre del Padre rescata al ser humano y lo salva. Lo que llamamos reino de Dios , caracterizado por esta plenitud de humanidad, es verdaderamente revolucionario porque se manifiesta con la vitalidad total del Padre llamada misericordia.15 La soberanía de Dios deshace todas las idolatrías y también los sometimientos de los seres humanos que se enceguecen absolutizando liderazgos, ideologías, instituciones, modos de vida. El reino de Dios es el nuevo orden de vida que trae Jesús, la trascendencia salvífica de Dios inserto en la condición humana relativiza todos los poderes instaurando el sentido pleno de la vida en El.

El ciego es ahora un “ungido” como Jesús , mediante el simbolismo de la unción con barro ha sido transformado por el Espíritu. Este hombre carecía de libertad ; su vida está ahora plena de sentido, pierde el miedo y comienza a ser él mismo, en su interior y ante la comunidad. El relato finaliza con la adoración de Jesús por parte de este hombre. La expresión se postró es el mismo verbo que se utiliza en el Nuevo Testamento para designar la adoración debida a Dios. Jesús es el nuevo santuario donde se verifica la presencia de Dios. El ciego, expulsado de la sinagoga, ingresa ahora al verdadero ámbito de salvación que es Jesús, donde se rinde el culto en espíritu y en verdad, que se anunció a la samaritana, en el evangelio del domingo anterior.

Esta convicción es la que hace decir a Pablo: “Vivan como hijos de la luz, pues el fruto de la luz consiste en todo tipo de bondad, justicia y verdad. Examinen que es lo que agrada al Señor y no participen en las obras infructuosas de las tinieblas” 16

El asunto fundamental que nos convoca está en vislumbrar al Dios que trasciende hacia todo lo humano, en Jesús, en su oferta eficaz de sentido y salvación. Viendo esto , dejamos atrás la ceguera: “Luego ví un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar no existe ya”. 17



Antonio José Sarmiento Nova, SJ





1 BARON, S.W. Historia social y religiosa del pueblo judío. Paidòs. Buenos Aires, 1968. BUBER, Martin. Ocho discursos sobre el judaísmo. Trotta. Madrid, 2018. ROSENZWEIG, F. La estrella de la redención. Sìgueme. Salamanca, 2006. ALONSO, A. El mesianismo en el cristianismo antiguo y en el judaísmo. Universidad de Valladolid, 2000. FELDMANN, Roberto. Mesianismo y milenarismo desde la perspectiva judía. En Teologìa y Vida , volumen XLIV, páginas 155-166. Pontificia Universidad Catòlica de Chile. Santiago de Chile, 2003. SICRE, Josè Luis. El desarrollo de la esperanza mesiánica en Israel. En Cuestiones Teològicas volumen XXXIV número 82, páginas 249-256. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellìn, junio-diciembre 2007.

2 IONESCO, Eugene. El rey se muere . Losada. Buenos Aires 1966; ROA BASTOS, Augusto. Yo, el supremo. Alfaguara. Barcelona, 2017; DEL VALLE INCLÀN, Ramòn. . Tirano Banderas. Cátedra. Madrid, 2017. ORGANIZACIÒN DE ESTADOS AMERICANOS OEA. Polìtica, dinero y poder. Fondo de Cultura Econòmica. Mèxico D.F., 2011. FRABOSCHI, Azucena Adelina. Del poder y sus vicios, en la mirada de Hildegarda, abadesa de Bingen. En https://www.repositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/4765/1/poder-vicios-hildegarda-bingen.pdf VARGAS LLOSA, Mario. La fiesta del chivo. Alfaguara. Bogotà, 2000.

3 Samuel es un profeta del Antiguo Testamento, desde pequeño confiado al cuidado y educación de Elì, sumo sacerdote del tabernáculo de Silo. Despuès de la muerte de Elì, Samuel llegó a ser el gran profeta y juez de Israel. En el Antiguo Testamento tenemos los libros de 1 y 2 Samuel, consagrados al tiempo de su misión en Israel.

4 1 Samuel 16: 6-7

5 PAPA FRANCISCO. Homilía en la misa del 21 de enero de 2014 Dios elige a los pequeños. En www.vatican.va/content/francesco/es/cotidie/2014//documents/papa-francesco_20140121_dios-pequenos.html

6 MOLTMANN, Jûrgen. El Dios crucificado. Sìgueme. Salamanca, 2011. KENOSIS es la palabra griega utilizada en los escritos del Nuevo Testamento, principalmente los paulinos, para referirse al abajamiento de Dios. Le encarnaciòn de Dios en lo humano, el Verbo entre nosotros, es la kenosis divina, el Dios que se hace pequeño en modo humano. COAKLEY, S. La obra del amor: la creación como kenosis. Verbo Divino. Estella, 2001. OSORIO HERRERA, Byron Leòn. Kènosis y donación: la kènosis como atributo divino. En Cuestiones Teològicas volumen XLI número 96, pagìnas 347-396. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellìn, julio-diciembre 2014.

7 MEIER, John P. Un judío marginal: nueva visión del Jesús histórico. Verbo Divino. Estella, 2009. Obra en cinco volúmenes. CROSSAN, John Dominic. Jesùs, vida de un campesino judío. Crìtica. Barcelona, 1994. SOLS LUCÌA, Josè. Los nombres de Dios: teología de la marginación. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2013. RUIZ PÈREZ, Francisco Josè. El modelo social de Jesùs de Nazaret: evangelio y marginalidad. En https://www.centroloyolacanarias.files.wordpress.com/2018/02/tender-puentes-5-el-modelo-social-de-jesc3bas.pdf

8 CALVO MERINO, Diego. El ciego de nacimiento: un evento escatológico. En https://www.academia.edu/9224036/EL_CIEGO_DE_NACIMIENTO DUIGOU, Daniel. Los signos de Jesùs en el evangelio de Juan. Desclèe de Brower. Bilbao, 2009. MARTÌN MORENO, Juan Manuel. Personajes del cuarto evangelio. Desclèe de Brower. Bilbao, 2010. TUÑÌ, Josep Oriol. El evangelio es Jesùs: pautas para una nueva comprensión del evangelio según Juan. Verbo Divino. Estella, 2011. CASAS RAMÌREZ, Juan Alberto. Entre la oscuridad y el silencio: ciegos y sordomudos en el mundo de la Biblia. En Veritas número 34, páginas 9-32. Pontificio Seminario Mayor de San Rafael. Valparaìso, marzo 2016.

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10 Juan 9: 16

11 SOBRINO, Jon. Fuera de los pobres no hay salvación. UCA editores. San Salvador, 2009. CASTILLO, Josè Marìa. Vìctimas del pecado. Trotta. Madrid, 2007. PIKAZA, Xavier. Hermanos de Jesùs y servidores de los màs pequeños. Sìgueme. Salamanca, 1984. CODINA, Vìctor. Una Iglesia nazarena. Teologìa desde los insignificantes. Sal Terrae. Santander, 2010. FABRIS, Rinaldo. La opción por los pobres en la Biblia. Verbo Divino. Estella, 1992. GUERRA, Santiago. Jesùs, la pobreza y los pobres. En https://www.revistadeespiritualidad.com/upload/pdf/792.articulo.pdf PÈREZ ALVAREZ, Josè Luis. Bienaventurados. PPC. Madrid, 2015. SEGUNDO, Juan Luis. La opción por los pobres como clave hermenéutica para comprender el evangelio. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/85144125.pdf

12 Juan 9: 5-7

13 Juan 9: 32.34

14 Juan 9: 35-38

15 KASPER, Walter. La misericordia: clave del Evangelio y de la vida cristiana. Sal Terrae. Santander , 2014. SCHÔNBORN, Cristoph. Hemos encontrado la misericordia. Palabra. Madrid, 2011. LAGUNA, J. Hacerse cargo, cargar y encargarse de la realidad: hoja de ruta samaritana para otro mundo posible. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2011. RAMIS, F. Lucas, evangelista de la ternura de Dios. Diez catequesis para descubrir al Dios de la misericordia. Verbo Divino. Estella, 1997. DOLDAN, Felipe. La misericordia y la justicia de Dios. En Teologìa Tomo LIV número 124, páginas 9-25. Pontificia Universidad Catòlica Argentina. Buenos Aires, diciembre 2017. VIALLE, Catherine. La misericordia en la Biblia. Verbo Divino. Estella, 2017.

16 Efesios 5: 8-10

17 Apocalipsis 21: 1

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