viernes, 11 de septiembre de 2026

COMUNITAS MATUTINA 13 DE SEPTIEMBRE 2026 DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO Ciclo A

 “Señor, cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? Hasta siete veces? Le respondió Jesús: no te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”

(Mateo 18: 21-22)



Lecturas:

  1. Eclesiástico 27: 30 a 28:7

  2. Salmo 102: 1-12

  3. Romanos 14:7-9

  4. Mateo 18: 21-35

En la cultura religioso-moral del Antiguo Testamento la ley del talión1 determinaba la manera como las personas reaccionaban cuando eran ofendidas, vengándose con la precisión matemática contenida en la expresión “ojo por ojo, diente por diente”, tal norma imponía un castigo que se identificaba exactamente con la ofensa infligida. La legislación civil y religiosa autorizaba al agredido a responder con la misma medida con la que había sido vilipendiado: “Pero cuando haya lesiones , las pagarás: vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe” .2 Era una venganza legitimada por el ordenamiento jurídico-religioso. Así se ejercía la justicia hasta los tiempos de Jesús. Nos referimos a una venganza “justa”, canonizada por la sociedad y por la religión de su tiempo y contexto. El ofendido estaba respaldado por el ordenamiento jurídico que le permitía vengarse de su agresor.

Esta consideración inicial nos lleva a revisar un aspecto profundo de la condición humana: cómo reaccionar ante la ofensa recibida? Instintivamente tendemos a responder con la misma medida con la que hemos sido agredidos. El gran obispo brasileño, Dom Helder Cámara,3 se refería a esto como la espiral de violencia 4, cuando se desatan los sentimientos de venganza generando un círculo de agresiones sin término, como las que han sucedido y siguen sucediendo en nuestro país y en muchos lugares del mundo: niños que son testigos de violencias en contra de sus mayores, en cuanto crecen quieren también seguir en esa misma dinámica de muerte; el asunto crece desmedidamente, no existe una cultura del perdón y de la reconciliación. Este santo y profético obispo, ante la tentación que flotaba en el ambiente de acudir a la rebelión armada para transformar las estructuras injustas de América Latina, hizo época con sus reiteradas invitaciones a lo que él llamó “presión moral liberadora”, inspirada en la cultura de la paz y en el deseo apasionado – que fue leitmotiv de su vida – de lograr la justicia para los pobres mediante el recurso al diálogo civilizado, a la denuncia profética, a la organización de grupos representativos de los más vulnerables para obtener el reconocimiento de sus justas demandas.

Estas consideraciones nos llevan a una reflexión coherente sobre el castigo social y legal a quienes incurren en graves ofensas a las personas y a la comunidad. Los asesinatos, la corrupción, el secuestro, el maltrato sistemático al ser humano, los crímenes de guerra, el abuso sexual, la explotación de los pobres, la homofobia, la amenaza de “destripar” al que piensa distinto, la persecución a grupos sociales por causa de sus creencias religiosas o por su condición étnica, constituyen un universo abundante de agravios al ser humano, a sus sensibilidades éticas y espirituales, que no pueden ignorarse ni relativizarse con un perdón facilista y permisivo.

Así aparece Jesús en la escena del mundo judío con un claro mensaje que quiere romper la mentalidad, de venganza; sus palabras son el mejor argumento para comprender su invitación al perdón y a la reconciliación: “Ustedes han oído que se dijo ojo, por ojo, diente por diente. Pues yo les digo que no opongan resistencia al que les hace mal. Antes bien, si uno te da una bofetada en tu mejilla derecha, ofrécele también la otra. Al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, déjale también el manto….” . 5 Jesús propone a sus seguidores superar radicalmente la milimetría de la ley antigua , no dejarse llevar por el instinto de venganza, desbordar con creces el modo de reivindicación que solemos tener los humanos para saldar nuestras diferencias, desde una rencilla doméstica hasta las grandes contiendas bélicas, y entrar decididamente en la dinámica del perdón, de clara estirpe cristiana.

Cómo interpretar y vivir este mensaje en nuestro país, tan herido por guerras, injusticias, crímenes, violencias desmesuradas, protagonizadas por grupos de derecha y de izquierda, por el mismo estado , por muchos de sus militares, por guerrilleros, paramilitares, narcotraficantes, delincuencia común? Cómo construir una cultura del perdón cuando hay tantas heridas abiertas? Qué decir a los familiares de tantas víctimas inocentes? Cómo proceder con justicia ante los victimarios? Cómo dar un mensaje de seriedad moral en esta delicada materia para que las víctimas no sean desconocidas e irrespetadas una vez más, para que los agresores entren en un sistema punitivo que los sancione con severidad y también los redima de su delito? 6

La exigencia del perdón es la más radical que hace Jesús a quienes se interesan en su persona y en su proyecto de vida.7 Un juicioso antecedente de tal invitación lo encontramos en el texto del Eclesiástico, primera lectura de este domingo, escrito sapiencial que proporciona orientaciones éticas y morales para ayudar a la madurez de la persona y a la salud de la convivencia social, advirtiendo que la venganza, además de herir a otros, se vuelve también en contra del agresor. Es claro en afirmar que no se puede aspirar al perdón de los pecados propios si no hay disposición para perdonar a los demás: “Perdona la ofensa a tu prójimo y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas. Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor? No tiene compasión de su semejante y pide perdón de sus pecados?8

En el evangelio de este domingo , Pedro salta a la escena para consultar a Jesús sobre temas candentes que se presentaban a las nacientes comunidades cristianas que vivían en ambiente judío, intransigente este último en cuanto a la observancia de la ley. Pedro pregunta por el límite del perdón: “Señor, cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? Hasta siete veces? Le respondió Jesús: no te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete” .9 La alusión al número siete, considerado número de la perfección de Dios, en el lenguaje bíblico, significa perdón sin medida, perdón incondicional. Luego, Jesús acude a la parábola del siervo sin entrañas para explicar a sus oyentes los alcances de la misericordia contenida en el acto de perdonar.10 La misericordia de Dios, revelada en la conducta de Jesús, es ilimitada.

En el programa de Jesús no hay cabida para la venganza. El perdón es una gracia que procede del amor y de la misericordia del Padre. Pero exige abrir el corazón a una conversión profunda, es decir, a obrar con los demás según los criterios de Dios y no con los de la mentalidad vigente. La incapacidad para el perdón es la causa determinante de la violencia en nuestro país, la que nos ha sumergido en esta larga historia de destrucción y de muerte. En la catequesis católica tradicional se exigían cinco pasos, para obtener el perdón de los pecados: examen de conciencia, contrición de corazón, propósito de enmienda, confesión de boca y cumplimiento de la penitencia. Este proceso pone de presente que el perdón y la reconciliación, si bien son una gracia de Dios, también exigen un camino pedagógico y tangible que manifieste el deseo de cambio y el compromiso serio para reparar el mal hecho. El modelo clásico nos ayuda a establecer uno similar para remediar de raíz los gravísimos males causados en tantos años de violencia.

La parábola que completa el texto evangélico de este domingo es una severa advertencia contra la incapacidad de perdonar, el perdonado que no fue capaz de perdonar a su deudor. El relato de este siervo inmisericorde deja claro que la vida en el reino de Dios y su justicia significa experimentar el generosísimo perdón de Dios y disponerse a transmitirlo a los demás, no en piadosas actuaciones ocasionales sino en conductas que se conviertan en permanentes proyectos de vida. 11

En las peticiones del Padre Nuestro, la clásica plegaria del cristianismo, se expresa esta intencionalidad: “Perdónanos el mal que hemos hecho, así como nosotros hemos perdonado a los que nos han hecho mal” .12 Estas palabras establecen una lógica de complementariedad y coherencia entre la demanda que hacemos a Dios de nuestras fragilidades y las que debemos a los prójimos, preferentemente a aquellos que nos han lastimado, y también a quienes hemos ofendido. Este puede ser el mayor indicador de la grandeza de un ser humano, máxime si se trata de un seguidor de Aquel que, humillado y sometido a ignominia siendo el justo por excelencia, expresó con dramática elocuencia: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” .13 Es imperativo revisar nuestras conciencias individuales y verificar cómo ellas se proyectan a la gran sociedad, detectar si albergamos sentimientos de venganza, si somos destructivos en nuestras apreciaciones de los demás, si – en nombre de unas pretendidas verdades y superioridades morales – estamos integrados a las violencias simbólicas, si somos incapaces de aceptar la rica pluralidad de la condición humana, si suscribimos posturas políticas de odios y rencores, si las víctimas están ausentes de nuestra sensibilidad. Para descubrir por qué tenemos que seguir amando a quienes nos han hecho daño, tenemos que explicitar los motivos del genuino amor a los demás.



Antonio José Sarmiento Nova, SJ









1 MALISHEV, Mihail. Venganza y ley del talión. En La Colmena, número 53, páginas 24-31. Universidad Autónoma del Estado de México. Ciudad de México, 2007. PÉREZ MUÑOZ, Roberto. La Ley del Talión. Autoediciones Tagus. Madrid, 2015. ALFARO, Jesús. La eficiencia de la Ley del Talión. En https://www.almacendederecho.org/la-eficiencia-de-la-ley-del-talion TERRADAS SABORIT, Ignasi. Justicia vindicatoria. Consejo Superior de Investigaciones Científicas CSIC. Madrid, 2008. BADENAS, Roberto. Más allá de la ley: los valores de la ley en una teología de la gracia. Safeliz. Barcelona, 2000. BONORINO, Pablo. Existe una diferencia conceptual entre venganza y castigo? En https://www.boe.es/biblioteca_juridica/anuarios:derecho/abrir_pdf.php?id=ANU-F-2017- 100011300036 CITA TRIANA, Ricardo Antonio & GONZALEZ AMADO, Iván. La proporcionalidad de las penas en la legislación penal colombiana. Ministerio de Justicia-Observatorio de Política Criminal. Bogotá, 2017.

2 Exodo 21: 23-24

3 1909-1999. Fue Arzobispo de Olinda-Recife en el nordeste brasileño. Su ministerio episcopal se destacó por su evangélico compromiso con los más pobres de su diócesis y de Brasil en general. Su voz profética se escuchó en muchos lugares del mundo. Fue uno de los fundadores del Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM y gran inspirador de la II Asamblea General de Obispos de América Latina, en Medellín agosto-septiembre de 1968. El Papa Francisco inició su proceso de beatificación y canonización; confiamos en que el Papa León XIV lo lleve a feliz culiminación.

4 CÁMARA, Helder. Espiral de violencia. Sígueme. Salamanca, 1976; La revolución de los no violentos. Dinor. Barcelona, 1972. COMUNIDAD DE VIDA CRISTIANA GALILEA. Monseñor Helder Cámara, el obispo de las favelas. En https://www.academia.edu/4315972/MONSEÑOR_HÉLDER_CÁMARA HORNMAN, Win. El obispo rojo. Sígueme. Salamanca, 1977. HOORNAERT, Eduardo. Helder Cámara na Conferencia Episcopal de Medellín. En BiDEGAIN, Ana María (Compiladora). Obispos de la Patria Grande. Pastores, profetas y mártires. Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM. Bogotá, 2018; páginas 57-70. BROUCKER, José de. Dom Hélder Cámara: la violenza d´un pacifico. Saggi Esperienze. Roma, 1970.

5 Mateo 5: 38-40

6 LAPSLEY, Michael. Reconciliarse con el pasado: un camino desde la lucha por la libertad hacia la sanación. San Pablo. Bogotá, 2015. GALTUNG, Johann. Tras la violencia 3 R: Reconstrucción, Reconciliación, Resolución. Bakeaz. Bilbao, 1998. LEDERACH, John Paul. Construyendo la paz. Reconciliación sostenible en sociedades divididas. Bakeaz. Bilbao, 2007. LOPEZ, Edgar Antonio. Perdonar sí, olvidar no. En Universitas Philosophica volumen 30, número 61, páginas 85-96. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2013. VILLA, Juan David. Si no fuera por Dios, nosotros ya nos hubiéramos muerto. En Theologica Xaveriana, volumen 57, número 164, páginas 265-289. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2007.

7 KASPER, Walter. La misericordia: clave del evangelio y de la vida cristiana. Sal Terrae. Santander, 2012. SANZ DE MIGUEL, Eduardo. Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. Monte Carmelo. Burgos. 2016. SOBRINO, Jon. El principio misericordia: bajar de la cruz a los pueblos crucificados. UCA Editores. San Salvador, 2012. CHAVEZ AVIÑA, Mónica. De la justicia a la reconciliación como lugar teológico. En Revista Iberoamericana de Teología, volumen VIII, número 15, páginas 49-77. Universidad Iberoamericana. Ciudad de México, julio-diciembre 2012. SERVICIO JESUITA A REFUGIADOS COLOMBIA JRS. Herramientas para una reconciliación con Dios. JRS. Bogotá, 2020. PAPA FRANCISCO. Carta Apostólica Misericordia et Misera al concluír el jubileo extraordinario de la misericordia. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2016.

8 Eclesiástico 28:2-4. MARTINEZ ESPINOSA , Luisa Fernanda & MORALES GOMEZ, Diana Marcela. El perdón en los procesos de justicia transicional. Las dos dimensiones del perdón: el perdón interpersonal y el perdón de estado. En Revista de Derecho número 49, páginas 351-385. Universidad del Norte. Barranquilla, enero-junio 2018. LEFRANC, S. Políticas del perdón. Norma. Bogotá, 2005. CHAPARRO, Adolfo (Editor). Cultura política y perdón. Universidad del Rosario. Bogotá,

9 Mateo 18: 21-22

10 PIKAZA IBARRONDO, Xabier. El perdón de Jesús en el Sermón de la Montaña: aspecto religioso y aspecto social. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 31 de octubre 2006. AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. Perspectiva teológica del perdón. En https://www.origenesdelcristianismo.com/descargas/rafaelaguirre/articulosvariosidiomas/1999g%20Perspectiva%20teologica%20del%20perdon.pdf GRANADOS ROJAS, Juan Manuel. La teología de la reconciliación en las cartas de San Pablo. Verbo Divino. Estella, 2016. DE SOUZA MOITAS, Yochabel. El carácter transformador y los límites del perdón. Una reflexión acerca del proceso de reconciliación en Sudáfrica. Tesis de grado para optar al título de doctorado en filosofía. Universidad Autónoma de Barcelona, 2015.

11 ARNOLD, Johann Cristoph. Setenta veces siete: reconciliación en nuestra sociedad. Plough Publishing House. Farmington, 2007. FRIES, Bertha Lucía; HOYOS, Camilo; SANIN, Carolina. Perdón. Comisión de la Verdad. Bogotá, 2020. OSPINA ARIAS, Diego Fernando. Reconciliación desde la perspectiva bíblica. En Lumen Gentium volumen 1 número 2, páginas 9-24. Fundación Universitaria Católica Lumen Gentium. Cali, 2017. REVISTA INTERNACIONAL DE TEOLOGÍA CONCILIUM. Reconciliación: la fuerza de la Gracia. Número 349. Verbo Divino. Estella, febrero 2013.

12 Mateo 6: 12

13 Lucas 23: 34

domingo, 6 de septiembre de 2026

COMUNITAS MATUTINA 6 DE SEPTIEMBRE 2026 DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO Ciclo A

 

“Si tu hermano te ofende, ve y amonéstalo, tú y él a solas. Si no te hace caso, hazte acompañar de uno o dos, para que el asunto se resuelva por dos o tres testigos”

(Mateo 18: 15-16)

Lecturas

  1. Ezequiel 33: 7 – 9

  2. Salmo 94: 1 – 9

  3. Romanos 13: 8 – 10

  4. Mateo 18: 15 – 20

La fe en Dios, con la implicación existencial que la acompaña, es una opción personal e intransferible, en la que el sujeto creyente se compromete a tener una existencia coherente con aquello que profesa. Esa coherencia es el lenguaje de nuestra fidelidad a Dios y al prójimo. De aquella deriva una consecuencia eclesial y social, eso que aquí llamamos ética de la projimidad. El OTRO irrumpe en nuestra vida como la gran demanda ética: el otro sufriente, el otro abandonado, el otro enfermo, el otro migrante, el otro condenado y excluído, el otro fracasado, el otro que también falla e incurre en la ruptura de su relación con Dios, con los demás; el otro que sufre el rechazo de los “buenos” porque es diferente y no se encasilla en los esquemas del “orden” establecido. 1

Todo ese universo de otredades son clamor que confronta nuestra sensibilidad y pide de nuestra parte cercanía, solidaridad, compasión, ejercicio de la misericordia. Esta es una tarea permanente, son multitud los seres humanos que aguardan respuestas humanas y humanizantes, algunas de ellas revestidas de una fraternal y rigurosa exigencia, en el mejor sentido de esta expresión. Jesús nos exige ser corresponsables los unos de los otros. En la sacramentalidad de la Iglesia estamos llamados a significar esa preocupación sincera por cada ser humano. Un rasgo claramente cristiano es mirar al diferente con la misma mirada de Jesús, con misericordia, con exquisito respeto por una dignidad a menudo herida por los modos moralizantes de quienes se sienten superiores con desprecio de los que no son como ellos.

Cuando un miembro de la comunidad cristiana falta gravemente a sus compromisos como seguidor de Jesús también afecta negativamente a todo el cuerpo de la Iglesia, su pecado resta gracia y santidad a todos los cristianos. De la misma manera, la vida limpia y evangélica de los creyentes se traduce en incremento de vitalidad espiritual y de participación del dinamismo teologal para cada bautizado. Al hablar de comunidad cristiana nos referimos a la Iglesia universal y particular, también a la familia, a los diversos grupos eclesiales a los que pertenecemos, a la congregación religiosa, a la diócesis, a la parroquia. Estas comunidades son ricas, profundas, santas, si sus integrantes lo son;2 son deficientes, mediocres, frías, si los que hacemos parte de ellas nos dejamos llevar por el mal espíritu , por el egoísmo, por la hipocresía. 3

El pecado individual tiene repercusiones sociales. Cuando los Obispos de América Latina, en su II asamblea general,4 reunida en Medellín en agosto de 1968, hablaron de “situación de pecado”, de “violencia institucionalizada”, de “pecado estructural”, se refirieron en plan de denuncia profética a las muchas injusticias sociales manifestadas en pobreza, marginalidad, exclusión social, falta de oportunidades para millones de hombres y mujeres en el continente, manifestación de la incoherencia entre una región del mundo mayoritariamente cristiano – católica, pero con una práctica religiosa individualista, formal, de ritos sin implicación en la vida, y desentendida de estas graves problemáticas. En América Latina el cristianismo sigue siendo la religión mayoritaria de sus habitantes, tanto el cristianismo católico como el protestante-evangélico; pareciera que sigue modelando a las personas individuales, en quienes encontramos inmensos valores y grandes niveles de coherencia, pero en el plano estructural-social las cosas no resultan tan claras. Fenómenos como la reiterada injusticia social, también la corrupción en muchos ámbitos del ejercicio político, en la empresa privada, y la desafortunada cultura del dinero fácil siguen vigentes y afectan con extrema gravedad el tejido social y la esperanza de vida digna de millones de latinoamericanos. 5

Esta pecaminosidad social no es fruto de fuerzas indeterminadas, detrás de ella hay personas con intenciones concretas y deliberadas para generar este estado de cosas. Corresponde a los cristianos comprometidos, claros en su opción fundamental , ejercer una misión profética para hacer conscientes a todos de estas inconsistencias, contrarias al proyecto de plenitud y fraternidad que es sustancial en la voluntad del Padre de Jesús. A esto alude la primera lectura de hoy, del profeta Ezequiel, con su referencia al “centinela”, al que alerta la comunidad: “A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabras de mi boca, les darás la alarma de mi parte”. 6 El profeta anuncia el nuevo orden de cosas en Dios, vida, libertad, dignidad, justicia, y ejerce la corrección fraterna y comunitaria llamando la atención con rigor de todo aquello que atenta contra el proyecto de Dios, desacatos contra sus creaturas los seres humanos.

Cómo guiar esta sociedad a una situación de gracia?7 Cómo reflejar en el funcionamiento de nuestros países los valores del Evangelio en términos del respeto a la dignidad de las personas, de posibilitar un modelo económico de raigambre humanista, de crear unas condiciones contundentes para la honestidad y la transparencia? En qué formas concretas los cristianos participamos en la configuración de las políticas públicas, en las grandes decisiones del estado? Cómo aportamos a un clima constante y creciente de respeto a cada persona, de reconocimiento de la diversidad y pluralidad de estilos de vida, de las convicciones ideológicas, de las identidades culturales, de las creencias religiosas? En suma, cómo depositar las semillas del Evangelio en la modelación de las relaciones sociales?8 Cómo afrontar con creatividad evangélica esta tendencia contemporánea de modelos políticos que privilegian el capital sobre el trabajo, que sustraen responsabilidad social al estado, que explotan sin compasión la casa común, que llaman subversivo a quien promueve los derechos humanos?

Se trata de ser testigos de Dios, en estas condiciones : la de los que, desde su honda experiencia del Señor, tienen la disposición para interpretar los signos de los tiempos, en tónica de discernimiento, invitando a todos a detectar las evidencias del mal, de lo que se opone a los deseos de plenitud que el Padre tiene dispuestos para todos. La misión profética es incómoda , resulta desagradable para muchos a quienes se pone el dedo en la llaga, porque pone en evidencia las causas y las consecuencias del mal, explicita a los responsables, cuestiona la discontinuidad que hay entre una vida pretendidamente religiosa pero simultáneamente injusta y deshonesta.

No es cansina repetición insistir en que tenemos como misión “arreglar el mundo”, comprometernos con pasión en la generación de un modo de vida que tenga en cuenta a cada ser humano en sus necesidades, en su derecho legítimo a vivir con sentido y con dignidad. Para ello se impone el recurso permanente a la condición profética, lo que demanda a la Iglesia un talante de configuración total con Jesús. El proyecto cristiano es una permanente y creciente acción de gracia para configurar al ser humano en su dignidad, en su rectitud y transparencia, en su vida plenamente asumida por Dios, ser humano nuevo según el Señor Jesús. 9

Una aplicación práctica nos la presenta el evangelio de hoy con su enseñanza sobre la corrección fraterna que, si bien se presenta inicialmente como un ejercicio individual, también conecta con la misión social del profetismo cristiano. El texto surge en el contexto de unos conflictos que se presentaron en la comunidad de Mateo, tiene una explícita evidencia de misericordia y compromiso con la verdad, siguiendo el ejemplo de Jesús que es solidario con el pecado, no con el pecador. La invitación que se nos hace es a llamar la atención al prójimo que está fallando sin exponerlo al escarnio público ni condenarlo con agresividad, como suele suceder en muchos ámbitos de las relaciones personales y sociales: “Si tu hermano te ofende, ve y amonéstalo, tú y el a solas. Si no te hace caso, hazte acompañar de uno o dos, para que el asunto se resuelva por dos o tres testigos”. 10

Tenemos que corregirnos unos a otros, con vigoroso y exigente amor, con espíritu de crítica constructiva y creadora de modos saludables de convivir entre nosotros. San Ignacio de Loyola llama a esto “salvar la proposición del prójimo”: 11“Para que así, el que da los ejercicios espirituales, como el que los recibe, más se ayuden y se aprovechen: se ha de presuponer que todo buen cristiano ha de ser más pronto a salvar la proposición del prójimo que a condenarla; y si no la puede salvar, inquiera cómo la entiende, corríjale con amor; y si no basta, busque todos los medios convenientes para que, bien entendiéndola, se salve”. 12

La corrección fraterna , en esta perspectiva social y estructural, nos compromete a estar abiertos a la gracia de Dios para que ella – con el concurso de nuestra libre respuesta – erradique de nosotros esas motivaciones, intenciones, y actitudes egocéntricas, ambiciosas, y genere en nosotros una nueva manera de ser, enraizada en el “conocimiento interno de Jesús” , que ella tenga inspiración en estas palabras de Pablo: “Que la única deuda que tengan con los demás sea la del amor mutuo” . 13



Antonio José Sarmiento Nova, SJ





1 ROSADO, Moisés Cayetano. Una niñez hundida en la tortura. Ediciones HOAC. Madrid,1976. LAÍN ENTRALGO, Pedro. Teoría y realidad del otro. Revista de Occidente. Madrid, 1968. NAVARRO, Olivia. El rostro del otro: una lectura de la ética de la alteridad en Emmanuel Lévinas. En Contrastes Revista Internacional de Filosofía, volumen XIII, páginas 177-194. Universidad de Málaga, Facultad de Filosofía y Letras. Málaga, 2008. LEVINAS, Emmanuel. La huella del otro. Taurus. Ciudad de México, 2000. GIANNINI, Humberto. La metafísica eres tú: una reflexión ética sobre la intersubjetividad. Catalonia. Santiago de Chile, 2007. RUIZ DE LA PRESA, Javier. Alteridad: un recorrido filosófico. ITESO. Guadalajara, 2005.

2 PELLITERO, Ramiro. Santidad y edificación de la Iglesia. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/83558136.pdf PAPA FRANCISCO. Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate sobre la vocación universal a la santidad. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2018. VALADIER, Paul. La condición cristiana. Sal Terrae. Santander, 2005. GONZALEZ FAUS, José Ignacio. Plenitud humana. Reflexiones sobre la bondad. Sal Terrae. Santander, 2022.

3 GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. La inhumanidad. Reflexiones sobre el mal moral. Sal Terrae. Santander, 2021. SOBRINO, Jon. Pecado personal, perdón y liberación. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1041/1/RLT-1988-013-B.pdf GIL ESPINOSA, María Isabel. Conciencia de pecado y sentimiento de culpa. En Cuestiones Teológicas volumen 36, número 86, páginas 303-326. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, junio-diciembre 2009.

4 Los obispos católicos de América Latina han realizado cinco asambleas generales, a saber. Río de Janeiro (1955), Medellín (1968), Puebla (1979), Santo Domingo (1992), Aparecida (2007). Son asambleas sinodales de las que emana un magisterio que orienta e inspira el quehacer eclesial, a partir de una interpretación evangélica de los signos de los tiempos, con recurso a les mediaciones analíticas de las ciencias sociales y humanas. La II asamblea, la realizada en Medellín en agosto de 1968, fue especialmente determinante para marcar un punto de quiebre con el cristianismo ritual e individualista abriéndose a la dimensión social de la evangelización y de la acción pastoral de la Iglesia. Esta asamblea introdujo las categorías de pecado estructural, situación social de pecado, para referirse a las grandes injusticias y exclusiones de la sociedad latinoamericana.

5 II CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO. La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio Vaticano II. Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM. Indo American Press Service. Bogotá, 1969. GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. Pecado estructural, pecado del mundo. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1002/1/RLT-1986-007-C.pdf VIDAL, Marciano. Moral de Actitudes; volumen III Moral Social. Perpetuo Socorro. Madrid, 1979. MIFSUD, Tony. Moral Social. Lectura solidaria del continente. Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM. Bogotá, 2001.

6 Ezequiel 33: 7

7 MOLINS, Xavier. La experiencia de Dios en la acción social. Facultat de Teologia de Catalunya. Barcelona, 1998. ALFARO, Juan. Esperanza cristiana y liberación del hombre. Herder. Barcelona, 1975. BOFF, Leonardo. La Trinidad, la sociedad y la liberación. Paulinas. Madrid, 1987. RUBIO, Miguel Angel; CALLEJA, José Ignacio. Moral social cristiana. Presupuestos y claves para un modelo crítico. Perpetuo Socorro. Madrid, 2003. JARAMILLO RIVAS, Pedro. La injusticia y la opresión en el lenguaje figurado de los profetas. Verbo Divino. Estella, 1992.

8 PAPA PABLO VI. Exhortación apostólica post sinodal El anuncio del evangelio hoy. Evangelii Nuntiandi. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1975. Este documento pontificio es un texto clave del magisterio de Pablo VI, es fruto de la III asamblea general del Sínodo de los obispos celebrado entre septiembre y octubre de 1974. Un elemento central del texto es la dimensión social de la evangelización. Su contenido es de total vigencia en nuestro tiempo.

9 GELABERT BALLESTER, Martin. Salvación – humanización. Esbozo de una teología de la gracia. Paulinas. Madrid, 1985. GONZALEZ FAUS, José Ignacio. La Humanidad Nueva. Ensayo de Cristología. Sal Terrae. Santander, 2016. GALLI, Carlos María. Jesucristo, camino a la dignidad y a la comunión. Agape Libros. Buenos Aires, 2010.

10 Mateo 18: 15

11 LOPEZ, Francisco. Salvar la proposición del prójimo. En Reflexiones Ignacianas número 10, páginas 24-37. Centro Ignaciano de Espiritualidad. Ciudad de México, 2014. MARTÍNEZ DÍEZ, Felicísimo. Corregir al que yerra. San Pablo. Madrid, 2016.

12 SAN IGNACIO DE LOYOLA. Ejercicios Espirituales, número 22.

13 Romanos 13: 8

domingo, 30 de agosto de 2026

COMUNITAS MATUTINA 30 DE AGOSTO 2026 DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO Ciclo A

 “Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí la encontrará”

(Mateo 16: 25)

Lecturas:

  1. Jeremías 20: 7-9

  2. Salmo 62

  3. Romanos 12: 1-2

  4. Mateo 16: 21-27



La Palabra de este domingo se concentra en las consecuencias dolorosas que conlleva el ministerio profético y en las exigencias y responsabilidades que demanda tal vocación y modo de vida. Tomar la cruz, hacerle frente a la incomprensión y a la contradicción, por causa del compromiso con la causa mayor del Reino de Dios y su justicia, es el asunto que nos pide el mismo Señor, muchísimo más que ser “cristianos funcionales”, adaptados a un sistema de “tranquilidad religiosa”. 1 La primera lectura, de Jeremías, y el texto evangélico, tomado de Mateo, llaman la atención sobre el conflicto que tienen que afrontar tanto el profeta como Jesús. Vivir proféticamente es anunciar con esperanza que Dios libera al ser humano de toda cautividad, la de sí mismo y la del pecado, la de las injusticias y afrentas a la dignidad humana, la de los poderes que cosifican a multitud de hombres y mujeres en todos los tiempos de la historia. El Dios de la profecía bíblica es un Dios comprometido salvíficamente con sus creaturas , “mueve el piso” y desinstala de un cristianismo minimalista. Así mismo, el modo profético implica denunciar lo que desordena la intervención liberadora de Dios en la historia de la humanidad. El profeta es alguien comprometido de modo insobornable con la verdad, es fiel a su conciencia tocada por la rectitud que proviene del mismo Dios, cuando, desde esa fidelidad se anuncia un orden de vida y de dignidad para todos , cuando se somete a la más severa crítica todo lo que es contrario a ese proyecto: la deshumanización promovida por los injustos y poderosos, la violencia ejercida por unos pocos en contra de muchos, el abuso sobre la dignidad humana , la manipulación de las conciencias, las estructuras de pecado, la economía deshumanizante, las estratagemas torcidas para mancillar la obra de Dios. Cuando el profeta y su profecía toman en serio a Dios y al ser humano sobrevienen consecuencias dramáticas . 2

También es muy importante advertir que el proyecto de vivir fielmente en este camino no es un ejercicio de permanente sufrimiento, de exaltación del dolor por sí mismo, de penitencias y austeridades desmedidas, de exponerse irresponsablemente al conflicto, como lo ha querido proponer cierto modelo de vida cristiana, mucho más voluntarista-masoquista que humano y evangélico. La vida y misión del profeta, si bien llega a ser dramática en extremo, no “canoniza” el dolor y la contradicción. Esto último es consecuencia de la sinceridad de su compromiso, como lo fue claramente en el caso del Señor Jesús y en el de tantos hombres y mujeres que en la historia cristiana han decidido con notable seriedad seguir su camino y jugarse la vida por esa causa del Dios siempre mayor. 3

La felicidad-sentido de vida que ofrece Jesús es la de gastarse por amor, dando sentido a la existencia de muchos, principalmente a los más desvalidos y afectados por las injusticias, a los que han fracasado en su proyecto vital, a los abatidos por las frustraciones que ponen en peligro sus razones para la esperanza. Este modo de vida requiere la denuncia severa, la confrontación crítica de personas y sistemas que respaldan tales desórdenes , como era la práctica de los profetas de Israel y la práctica del mismo Jesús. Su plena identificación con la voluntad de Dios se implica directamente con la mayor pasión por la verdad y por la justicia, a sabiendas de la animadversión que esto suscita en los poderosos, los que no soportan el carácter insobornable de los justos. Son muchos los hombres y mujeres que han vivido de modo heroico su identificación con este máximo ideal del cristianismo que se pretende serio y responsable. Ellos no buscaron, ni buscan, aplausos y recompensas como los que suele dar el mundo del poder y del éxito – condecoraciones, aplausos, publicidad, difusión de su prestigio en los medios de comunicación – porque su premio definitivo es la identificación liberadora con la cruz del Señor y con los crucificados de la humanidad. 4

El ministerio profético de Jeremías es especialmente dramático, su servicio se enmarca en la experiencia del exilio vivida por el pueblo de Israel, desposeído de su territorio, de su autonomía, de su templo. Este profeta somete a crítica profunda la excesiva formalidad del culto religioso israelita, la precariedad moral y espiritual de sus contemporáneos, su indiferencia e injusticia con el prójimo sufriente, y su actitud reticente para convertirse al amor de Dios . Vivió tan exigente historia predicando y confrontando en vano a los reyes incapaces que se sucedían en el trono de David; fue acusado de derrotismo, perseguido y encarcelado. A esto se une su temperamento extremadamente sensible y frágil, que tuvo que hacer frente a multitud de desgracias para él mismo y para su pueblo.5 Se vió desgarrado por una misión a la que no podía sustraerse: “Me has seducido, Yahvé, y me dejé seducir; me has agarrado y me has podido. He sido la irrisión cotidiana: todos me remedaban. Cada vez que abro la boca es para clamar: Atropello!, para gritar: Me roban! La palabra de Yahvé ha sido para mí oprobio y befa cotidiana” . 6

La mayoría de los profetas bíblicos sufrieron experiencias similares, rechazados por sus propios hermanos y por las autoridades correspondientes. Muchos padecieron el destierro y la muerte ignominiosa, pero pudo más la fidelidad a Yahvé y a su pueblo, a la misión encomendada, que su seguridad y bienestar. La Palabra de Dios penetra hasta lo más hondo del profeta , se convierte en la prioridad que determina sus decisiones y conductas.

De aquí podemos trasladarnos a los relatos de cristianos heroicos, que no cedieron a la perversidad de injustos y poderosos, que no transaron sus convicciones, que se mantuvieron firmes en sus denuncias de tal o cual estado de cosas inadmisibles para los valores evangélicos , que defendieron la dignidad de sus prójimos, hasta el extremo de ofrecer su vida martirialmente: “Nadie tiene mayor amor que aquel que es capaz de dar la vida por las personas que ama” .7

Pasan por nuestra mente y corazón: los mártires del cristianismo primitivo; los que dieron sus vidas en el horror de los campos de concentración soviéticos y nazis en la II guerra mundial; los que murieron víctimas de las atrocidades de las dictaduras militares latinoamericanas en el siglo XX y en lo que va corrido del presente; los líderes sociales de Colombia asesinados por su defensa comprometida de la paz y de la dignidad humana; las gentes honestas que se enfrentan a los ídolos del poder para hacer públicas sus componendas y desvaríos, exponiéndose a su ira homicida; los heroicos testigos de la fe que, en distintos contextos de los veinte siglos de cristianismo, han afirmado con su vida el valor definitivo de la fe en Jesucristo y el significado trascendente de la dignidad humana. 8

El texto de Mateo aborda esta cuestión esencial de la existencia cristiana presentando el discipulado como seguimiento de Jesús hasta la cruz. El pone de manifiesto a sus discípulos que el camino de la resurrección está vinculado estrechamente con la experiencia de cruz . El núcleo principal es el primer anuncio de la pasión. Los discípulos, simbolizados en la persona de Pedro, no son capaces de comprender esta dura realidad y se resisten a admitirla: “Pedro se lo llevó aparte y se puso a reprenderlo diciendo: Ni se te ocurra, Señor! De ningún modo te sucederá eso!” .9

Para ellos su expectativa se concentra en un mesianismo glorioso y triunfante, ideas propias del judaísmo de ese momento. Son criterios mundanos, parecidos a los que se manifiestan con pesadumbre cuando alguien decide emprender un modo de vida en el que la abnegación y el sacrificio son el pan de cada día. Jesús rechaza enfáticamente esa mentalidad con palabras muy severas: “Pero él, volviéndose , dijo a Pedro: Quítate de mi vista, Satanás! Sólo me sirves de escándalo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres” .10

No hay verdadero discipulado si no se asume el mismo camino del maestro. El anuncio del Evangelio trae consigo persecución y sufrimiento. Tomar la cruz significa participar en la muerte y en la resurrección de Jesús, la pérdida de la vida por su causa habilita al discípulo para alcanzarla en plenitud junto a Dios: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a si mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. Pues, de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?”11 En el camino de Jesús el talante profético es imperativo. Muchos cristianos se han jugado la vida por la defensa de los valores contenidos en el Evangelio, han enfrentado contradicciones, han renunciado a la vida cómoda e instalada para anunciar que hay una manera distinta de vida que no fundamenta su sentido ni en el dinero ni en el poder absoluto ni en la dominación injusta de los hermanos, sino en el ejercicio de la solidaridad, en la mesa compartida, en la tantas veces mencionada projimidad. 12

Cuando la mentalidad de muchos ambientes mundanos nos quiere seducir con su invitación a las riquezas, a hacer carrera en la escala del poder, a ser “importantes”, a desentendernos de los pobres porque nos contaminan, a no comprometernos en movimientos de justicia social y de derechos humanos, Jesús sale al paso para proponernos esta alternativa: “Porque quien quiera salvar su vida la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará”.13 Sólo el amor es digno de fe!



Antonio José Sarmiento Nova, SJ



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3 GARRIDO, Javier. Proceso humano y gracia de Dios. Sal Terrae. Santander, 1996; Ni santo ni mediocre, ideal cristiano y condición humana. Verbo Divino. Estella, 1993. MARDONES, José María. Matar a nuestros dioses. Un Dios para un creyente adulto. PPC. Madrid, 2006. MIFSUD, Tony. Una fe comprometida con la vida. Espiritualidad y ética hoy. San Pablo. Santiago de Chile, 2002. MARTÍNEZ DÍEZ, Felicísimo. Creer en el ser humano, vivir humanamente. Verbo Divino. Estella, 2012.

4 CODINA, Víctor. Una Iglesia nazarena. Teología desde los insignificantes. Sal Terrae. Santander, 2010. PIKAZA, Xabier & ANTUNES DA SILVA, José. El pacto de las catacumbas. La misión de los pobres en la Iglesia. Verbo Divino. Estella, 2015. GUTIÉRREZ MERINO, Gustavo. Hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente. Una reflexión sobre el libro de Job. Sígueme. Salamanca, 2006. MORENO REJÓN, Francisco. Teología moral desde los pobres. La moral en la reflexión teológica desde América Latina. Perpetuo Socorro. Madrid, 1986. CALLEJA, José Ignacio. Misericordia, caridad y justicia social. Perspectivas y acentos. Sal Terrae. Santander, 2016. CASTILLO, José María. Escuchar lo que dicen los pobres a la Iglesia. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 1999.

5 BRIEND, Jacques. El libro de Jeremías. Estella. Verbo Divino, 1989. POTTECHER, Susana.. Serás mi boca: ventura y azote del profeta Jeremías. Verbo Divino. Estella, 2014. BOZAK, Bárbara. Jeremías. En FARMER, William R. Comentario Bíblico Internacional, páginas 911-946. Verbo Divino. Estella, 2000. ABREGO DE LACY, José María. Jeremías. Casa de la Biblia. Madrid, 1993. BARRIOCANAL, José Luis; RAMIS, Francesc; AUSIN, Santiago. Libros Proféticos. Verbo Divino. Estella, 2023.

6 Jeremías 20: 7-8

7 Juan 15: 13

8 ARRIERO PERANTÓN, Fernando. La vida es bella a pesar de todo: las claves de la espiritualidad de Etty Hillesum. Fonte-Monte Carmelo. Burgos, 2019. STEIN, Edith. Ciencia de la Cruz. Monte Carmelo. Burgos, 2006. RICCARDI, Andrea. El siglo de los mártires. Encuentro. Madrid, 2019. LOPEZ MENENDEZ, Marisol. La humanidad de los mártires. Notas para el estudio sociohistórico del martirio. En https://www.scielo.org.mx/pdf/ins/n10/n10a3.pdf MOROZZO, Roberto. Monseñor Romero: vida, pasión y muerte en El Salvador. Sígueme. Salamanca, 2010. MAIER, Martin. Teología del martirio en Latinoamérica. En https://www.repositorio.comillas.edu/xmlui/bitstream/handle/11531/36733/Octubre.04.pdf?sequence=1 TOJEIRA, José María. El martirio ayer y hoy. Testimonio radical de fe y justicia. UCA Editores. San Salvador, 2012.

9 Mateo 16: 22

10 Mateo 16: 23

11 Mateo 16: 25-26

12 MARTÍN VELASCO, Juan de Dios. Ser testigos: comunidades de testigos y profetas. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 27 de abril de 2010. PRADES LÓPEZ, Javier María. La categoría de testigos desde el Concilio Vaticano II. En Scripta Fulgentina , año XXXIII, número 45-46, páginas 39-73. Instituto Teológico San Fulgencio. Murcia, 2013. KUNG, Hans. Existencia cristiana. Trotta. Madrid, 2012. MARTÍNEZ DÍEZ, Felicísimo. Ser cristiano hoy? Jesús y el sentido de la vida. Verbo Divino. Estella, 2009.

13 Mateo 16: 25

domingo, 23 de agosto de 2026

COMUNITAS MATUTINA 23 DE AGOSTO 2026 DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO Ciclo A

 

“Quien dicen los hombres que es el Hijo del hombre?”

(Mateo 16: 13)

Lecturas:

  1. Isaías 22: 19-23

  2. Salmo 137: 1-8

  3. Romanos 11: 33-36

  4. Mateo 16: 13-20



El cristianismo, en sus diversas vertientes doctrinales e históricas, es la religión más difundida en el mundo. Se estima en unos 2.750 millones de creyentes, distribuídos así: 1.450 millones de católicos, 500 millones de protestantes, 300 millones de ortodoxos, 500 millones en las neo iglesias surgidas a partir del siglo XIX, principalmente las llamadas neopentecostales. 1Todas estas iglesias y congregaciones convergen en la persona de Jesucristo, Señor y Salvador. Se espera de todas ellas un alto nivel de coherencia en la vivencia y práctica del espíritu original de Jesús, de su modo propio condensado en las bienaventuranzas, de su manera de comunicar a Dios como Padre compasivo y misericordioso, de su ética de la projimidad, de su disposición para el servicio y la fraternidad.2

No se puede poner en duda el alto nivel de autenticidad y seriedad espiritual de muchos de estos creyentes, también del influjo que la fe cristiana ha ejercido en la configuración de sociedades y culturas. Pero, dadas las demandas del mismo Jesús en materia de fidelidad y de responsabilidad en las implicaciones de seguir su camino, es preciso que nos sometamos a un riguroso control de calidad, en el que la pregunta del mismo Jesús – formulada en el evangelio que la Iglesia nos propone este domingo – es desafiante invitación a un juicioso examen de conciencia: “Tras llegar Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: Quien dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos respondieron: unos que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías, o uno de los profetas. El les preguntó: pero, ustedes, quien dicen que soy yo?”.3

La exigencia de esta pregunta también es para nosotros, los cristianos del siglo XXI. Ella se puede ampliar con la cuestión de fondo: somos fieles al espíritu del Señor Jesús? Por qué, en nombre suyo, se han emprendido guerras, fundamentalismos intransigentes, inquisiciones, cruzadas beligerantes, persecuciones, exclusiones y condenas morales, excomuniones y anatemas, desconocimiento de la verdad de otras tradiciones creyentes, violencia de lo sagrado? 4 En varios momentos de su ministerio como Obispo de Roma el Papa Juan Pablo II pidió perdón público por conductas de los católicos incompatibles con el Evangelio. La “gloria” de las estadísticas con sus números generosos no nos puede hacer dormir sobre los laureles. La abundancia de adeptos al cristianismo es un desafío de responsabilidad en materia de coherencia y de juiciosa vida según el Evangelio. De nosotros, los creyentes, se espera compasión y misericordia con la humanidad doliente, sentido de solidaridad y de justicia, espíritu de servicio, estilo de vida austero, capacidad para compartir, respeto ante las creencias distintas de las nuestras, esperanza y gozo en el anuncio de la Buena Noticia. En resumen, que nuestra manera de vivir sea un nuevo Evangelio, para que muchos se entusiasmen con el proyecto original de Jesùs.

En su bello y profundo libro “Imágenes deformadas de Jesús”, el teólogo francés Bernard Sesboüé 5se dedica a estudiar con rigor las respuestas a la pregunta que el mismo Jesús formula a Pedro y a los discípulos: “Quien dice la gente que es el Hijo del hombre?” ,6 ratificada con esta más directa: “Y ustedes, quien dicen que soy yo?” .7 Responder a esta cuestión fundamental ha de ser tarea de siempre en el ejercicio de la fe cristiana. 8 Se trata de una respuesta desde la vida, una vida – ya lo hemos indicado – entendida como praxis de coherencia y fidelidad a Dios y al ser humano, teniendo como referente esencial al mismo Señor Jesùs.

Atender a este requerimiento es realidad de fondo que interpela a cada creyente :

  • Si estamos llevados simplemente por una inercia religiosa de tipo sociocultural, en la que la adscripción al cristianismo es uno más de los elementos de identidad social, acostumbrados a ser cristianos sin mayores incidencias en la generación de una manera de vivir cualificada por el Evangelio. Es una religiosidad de formalidades sociales, adoptadas porque la mayoría tiene esa adscripción, pero que no genera procesos de fondo en los que realmente se asuma a Jesús como realidad que define las opciones y los proyectos de vida. 9

  • Si nuestro cristianismo se inclina por definiciones incompletas de Jesús, mucho más divino que humano, o viceversa; un Jesús milagrero, con rasgos de extraterrestre, desentendido de la humanidad, especialmente de sus aspectos más dramáticos y dolorosos.

  • O también el ejercicio de una fe condicionada por el sentimiento trágico de la vida, en la que se exalta en demasía el sufrimiento del Señor, con la abundante expresión de la religiosidad popular que no atina a detectar el fundamento pascual de la condición cristiana.

  • O un Jesús melifluo y sentimental, ingenuo, sin la perspectiva crítica que se requiere para captar las complejidades de la humanidad y de la historia, con la consiguiente evidencia de prácticas religiosas aisladas de la realidad.

  • O un Jesús reducido a ser caudillo y revolucionario social, identificado con determinadas tendencias políticas, convirtiéndolo en el gestor de unas reivindicaciones de justicia, realidades que en principio son legítimas pero que no agotan todo lo que la auténtica tradición cristiana afirma y vive sobre la totalidad del misterio del Señor Jesucristo.10

Sean estas reflexiones un llamado para volver al diálogo que propone el evangelio de este domingo, que así nos sintamos interpelados por el mismo Jesús que hace preguntas serias a nuestra fe, a la manera como asumimos su seguimiento y a la configuración de nuestra humanidad con la de èl.

La respuesta que da Pedro a Jesús es altamente comprometedora, es la profesión de fe de la primera comunidad cristiana: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” ,11 escueta y densa formulación que condensa la convicción de las primeras comunidades cristianas, que luego vendrá a ser heroico testimonio en la vida de esas cristiandades originales, acreditadas a menudo con el martirio y la persecución.

Cómo respondemos nosotros, desde este siglo XXI, a tal interrogante? Nos aventuramos a vivir la fe en el Señor Jesús con todas las implicaciones de su divinidad y de su humanidad? Se refleja eso en nuestro ser cotidiano, en la totalidad de dimensiones que constituyen nuestra condición humana, en la construcción de una historia que refleje coherentemente la dignidad humana, con todas sus evidencias de justicia, solidaridad, promoción del bien común, respeto por la diversidad, inclusión, fraternidad y apertura definitiva a la trascendencia de Dios?

Creer en Jesús, seguir a Jesús, no es asunto limitado a momentos rituales o a formalidades de religiosidad sociocultural. Su proyecto pretende abarcar la totalidad de la existencia y determinar la opción fundamental de las personas que se acojan a esta oferta : “Pero esto no tiene nada que ver con lo que han aprendido de Cristo si es que han oído hablar de él y en él han sido enseñados conforme a la verdad de Jesús: en cuanto a su vida anterior, despójense del hombre viejo, que se corrompe dejándose seducir por deseos rastreros, renueven su mente espiritual y revístanse del Hombre Nuevo, creado según Dios, que se manifiesta en una vida justa y en la verdad santa” .12

Unida a la profesión de fe y al reconocimiento de la identidad de Jesús viene la misión que él confía a Pedro, como persona que vincula y cohesiona a la primera comunidad de cristianos: “Jesús le dijo: dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre del cielo! Pues yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra constituiré mi Iglesia, y el imperio de la muerte no la vencerá”.13

Qué sentimientos y preguntas provoca en nosotros Pedro, primero invadido de temores y de imaginarios mundanos, y luego el más corajudo de los apóstoles? Pedro, pastor de la primera comunidad de cristianos de Roma, es la roca en la que se afianza la solidez evangélica de la Iglesia. Es el gran afirmador del Señor Jesús, lo ratifica con la ofrenda martirial de su vida, da testimonio de la esperanza definitiva con la que Dios garantiza que todo lo humano adquiere plenitud gracias a la mediación liberadora del Señor Jesucristo. El ministerio de Pedro , ejercido por el Obispo de Roma, es factor de comunión de todas las iglesias particulares, él garantiza también la unidad en la pluralidad, afirma la profesión esencial de reconocer en Jesucristo la plena definición salvífica de Dios para la humanidad, promueve la diversidad de carismas, es paradigma de servicio y de apertura generosa a todas las culturas en las que se encarna la fe cristiana y la comunión eclesial.

El servicio de Pedro no puede ser un poder del mundo, ejercido con talante autoritario y vertical, sino servicio, y este consiste en el anuncio de la Buena Noticia del Padre Dios presentada por el Señor Jesús para que la humanidad halle el más auténtico sentido de la existencia.14 El cristianismo, en la diversidad de sus denominaciones, no es genuino si se queda en los rituales masivos, o en el triunfalismo de sus estadísticas: “Al contrario, den culto al Señor, Cristo, en su interior, siempre dispuestos a dar respuesta a quien les pida razón de su esperanza”. 15

Antonio José Sarmiento Nova, SJ







1 PEW RESEARCH CENTER. Religious composition by country 2010-2050. En https://www.pewresearch.org/religion/2015/04/02/religious-projection-table/ SANTA SEDE. Anuario Pontificio 2025. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2025. AGENZIA FIDES. Las estadísticas de la Iglesia Catòlica 2025. Dicasterio para la Evangelizaciòn de los Pueblos. Ciudad del Vaticano, 2025. RHODES, Ron. The complete guide to Christian denominations. Understanding the History, Beliefs and Differences. Harvest House Publishers. New York, 2015.

2 KUNG, Hans. El cristianismo. Trotta. Madrid, 1997.CROSSAN, John Dominic. El nacimiento del cristianismo. Sal Terrae. Santander, 2002. RATZINGER, Joseph. Introducciòn al Cristianismo. Lecciones sobre el Credo Apostòlico. Sìgueme. Salamanca, 2020. GONZÀLEZ DE CARDEDAL, Olegario. La entraña del cristianismo. Secretariado Trinitario. Salamanca, 2010; Invitaciòn al cristianismo: experiencia y verdad. Sìgueme. Salamanca, 2018. FORTE, Bruno. La esencia del cristianismo. Sìgueme. Salamanca, 2008. GUARDINI, Romano. La esencia del cristianismo. Una ética para nuestro tiempo. Cristiandad. Madrid, 2013.

3 Mateo 16: 13-15

4 LUTZ, Manfred. El escàndalo de los escándalos. Desclèe de Brower. Bilbao, 2019. COLLAZOS, Marisol. La Inquisiciòn como instrumento de poder. En https://www.marisolcollazos.es/violencia/trabajos/Inquisicion.pdf ROJAS, Arturo Ivàn. El escàndalo del cristianismo. Clie. Barcelona, 2020. PAPA JUAN PABLO II. La Iglesia pide perdón por los pecados de sus hijos. Audiencia General del miércoles 1 de septiembre de 1999. PAPA JUAN PABLO II. Exhortaciòn Apostòlica Post Sinodal Reconciliatio et Poenitentia. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1984.

5 SESBOUE, Bernard. Imágenes deformadas de Jesús. Mensajero. Bilbao, 1999. Bernard Sesboue (1929-2021), fue un teólogo y sacerdote jesuita, francés, profesor e investigador durante largos años en la facultad de teología del Centro Sevres de Parìs. Autor de importantes libros como “El hombre, maravilla de Dios”, “Invitaciòn a creer: unos sacramentos creìbles y deseables”, “Por una teología ecuménica”, “Jesucristo, el único mediador.

6 Mateo 16: 13

7 Mateo 16: 15

8 FABRIS, Rinaldo. Jesús de Nazareth: historia e interpretación. Sígueme. Salamanca, 1995. J.P. ALT, Franz. Jesùs, el primer hombre nuevo. El Almendro. Còrdoba, 1993. MESTERS, Carlos. Con Jesùs, sì o no? Verbo Divino. Estella, 1998. MORACHO, Fèlix. Seguir a Jesùs: catequesis para comunidades cristianas. Paulinas. Bogotà, 1988. SOUBLETTE, Gastòn. Rostro de Hombre. Pontificia Universidad Catòlica de Chile. Santiago, 1997. JOHNSON. Elizabeth A. La cristología hoy: olas de renovación en el acceso a Jesùs. Sal Terrae. Santander, 1988. THEISSEN, Gerd. La sombra del Galileo. Sìgueme. Salamanca, 2002. SANDERS, E.P. La figura histórica de Jesùs. Verbo Divino. Estella, 2001. ESPEJA, Jesùs. Jesucristo, una propuesta de vida. San Pablo. Madrid, 2010. MARTÌNEZ DÌEZ, Felicìsimo. Creer en Jesucristo, vivir en cristiano. Verbo Divino. Estella, 2005.

9 ANDRÈS VELA, Jesùs. Reevangelización: el primer anuncio del Evangelio a bautizados no cristianos. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2012; Reiniciaciòn cristiana: respuesta a un bautismo sociológico. Verbo Divino. Estella, 1986.

10 URIBARRI BILBAO, Gabino. Ante los retos a la cristología de parte de la actual cultura plural. En Teología y Vida volumen 58 número 2. Pontificia Universidad Católica, Santiago de Chile. Se recomienda ver el número completo 326 de la Revista Internacional de Teología CONCILIUM Jesús como el Cristo en la actual encrucijada cultural. Verbo Divino. Estella, 2008. NOLAN, Albert. Jesús hoy: una espiritualidad de libertad radical. Sal Terrae. Santander, 2011. FRAIJÒ, Manuel. El cristianismo, una aproximación. Trotta. Madrid, 1997. GONZALEZ CARVAJAL, Luis. Esta es nuestra fe: teología para quienes no leen teología. Sal Terrae. Santander, 2017; Los cristianos del siglo XXI. Sal Terrae. Santander, 2012. ESTRADA, Juan Antonio. Jesùs y la Iglesia: del proyecto mesiánico a la religión cristiana. Desclèe de Brower. Bilbao, 2020.

11 Mateo 16: 16

12 Efesios 4: 20-24

13 Mateo 16: 17-18

14 CAAMAÑO; Josè Carlos. Los Obispos y el Obispo de Roma. En Teologìa tomo L, número 112, páginas 55-71. Pontificia Universidad Catòlica Argentina. Buenos Aires, diciembre 2013. TILLARD, Jean Marie. El Obispo de Roma. Estudio sobre el papado. Sal Terrae. Santander, 1986. CONGREGACIÒN PARA LA DOCTRINA DE LA FE. El primado del sucesor de Pedro en el misterio de la Iglesia. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1997. SCHATZ, Klaus. El primado del Papa. Sal Terrae. Santander, 1996.

15 1 Pedro 3: 15

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