domingo, 12 de abril de 2026

COMUNITAS MATUTINA 12 DE ABRIL 2026 II DOMINGO DE PASCUA CICLO A

 

Jesús hizo muchas otras señales milagrosas delante de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero estas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida por medio de él”

(Juan 20: 30-32)

Lecturas:

  1. Hechos 2: 42-47

  2. Salmo 117: 2-4;13-15 y 22-24

  3. 1 Pedro 1: 3-9

  4. Juan 20: 19-31



La historia de la humanidad, aterrizada en nuestros propios relatos de vida, abunda en testimonios de heroísmo y de servicio, de compromiso incondicional con lo que aquí llamamos “ética de la projimidad”.1 Si hay narrativas horrendas de violencia e injusticia, de corrupción y maldad, estas no pueden sofocar el carácter avasallador del bien. Son muchos los seres humanos que se desviven por sus prójimos, y diversos los escenarios en los que la fraternidad deja de ser retórica y se torna en esperanzadora realidad. Esto hace parte esencial del humanismo, su práctica es inherente a los más elementales códigos de conducta solidaria.2

En el ambiente en que estamos en esta temporada del año los vamos a llamar señales pascuales, señales del Señor Resucitado, toda esa OPERACIÓN VIDA que desata las más nobles sensibilidades del ser humano hacia el prójimo. El texto de Hechos de los Apóstoles, que se proclama hoy como primera lectura , es un indicativo elocuente de la acción de Jesús, el Viviente: “ Los que habían sido bautizados se dedicaban con perseverancia a escuchar la enseñanza de los apóstoles, vivían unidos y participaban en la fracción del pan y en las oraciones. Todos estaban impresionados, porque eran muchos los prodigios y señales realizados por los apóstoles. Todos los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común. Vendían sus posesiones y haciendas y las distribuían entre todos, según las necesidades de cada uno”. 3

Durante su ministerio público, Jesús es el mayor referente de solidaridad y de projimidad, y lo “dice” sanando a diestra y a siniestra de parálisis, cegueras, lepras, egoísmos, pecaminosidades, ejerciendo la com-pasión y la misericordia infundida por su Abba-Padre Dios. Alguien ha dicho: el prójimo no es un término geográfico, sino un concepto moral. 4Jesús lo plasma en su anuncio y práctica del Reino de Dios y hace de esto exigente normativa para quien se interese en seguir su camino. Los hombres y mujeres que integran en sus vidas esta invitación son esperanza para una humanidad tan a menudo maltrecha por las indiferencias y atropellos de otros tantos. El Resucitado hace de nosotros señales de Pascua, cuando, gracias a su Espíritu, nos abrimos definitivamente hacia Dios y hacia el prójimo, como él; cuando nos sacudimos de la inercia y de la rutina que no se conmueven ante nada y nos dejamos tomar por su vitalidad. En esta cultura de muerte y desencanto es imperativo hacer parte de la “gente de Jesús”.5

En el lejano tiempo de Jesús, después de su muerte, quienes lo seguían de cerca quedaron entristecidos y con un gran sentimiento de derrota; como es comprensible, se escondieron para evadir la persecución y represalia a que podían ser sometidos como consecuencia de su compromiso con el Crucificado. Pero poco a poco fue sucediendo algo inesperado y de extrema felicidad. En la fe, confianza profunda en Dios, descubrieron que su Señor, el de la cruz, era ahora el Viviente, el Resucitado, con una definitiva cualidad que sólo podía poseer él por su naturaleza divina. Esta honda experiencia marca a los abatidos que son ahora hombres y mujeres claramente pascuales, su Señor está con ellos y los mueve al anuncio de esa Buena Noticia: que la última palabra sobre la vida de la humanidad no la tienen los señores de la muerte, sino Dios, Señor de la Vida: “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que por su gran misericordia, a través de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho renacer para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera”. 6

La consideración que proponemos para este domingo es la de hacer un esfuerzo imaginativo para ponernos en el contexto de los primeros discípulos de Jesús, los que en su vida histórica le siguen y empiezan a ser formados por él, con los tropiezos y contradicciones bien conocidos según refieren los relatos evangélicos, cuando imaginaban que lo que estaba por venir era una triunfante revolución político- religiosa con evidencias temporales de liderazgo y poderío. He aquí que lo que resulta es una implacable persecución a Jesús por parte de los dirigentes religiosos, la acusación de blasfemo y hereje, el juicio y la condena a muerte, la victoria de las fuerzas del mal y, finalmente, lo que desde la perspectiva humana es un fracaso rotundo: muerto en cruz. Elocuente anticipo del heroísmo de tantos hombres y mujeres que han escrito extraordinarias páginas de testimonio y donación de la vida.

Cómo se da en estos abatidos discípulos la evolución hacia la experiencia pascual? Cómo resultan transformados por el Resucitado? Cómo viven ellos la conciencia de que él está vivo y les anima para siempre? A responder este interrogante concurren las lecturas de este y de los siguientes domingos del tiempo pascual. Por eso conviene que veamos nuestras vivencias de fracaso y recuperación, la forma como salimos de situaciones de abatimiento , de los desencantos que nos causan los males causados, cuando después de abandonos y frustraciones volvemos a vivir con sentido y felicidad. O cuando somos testigos de las inmensas bondades de los seres humanos.7

La resurrección de Jesús no es un simple acontecer individual en el que el Padre favorece al Hijo sacándolo de la oscuridad de la muerte. Lo que aquí sucede es la re-creación del ser humano y, la llegada de lo que en el Nuevo Testamento se llama nueva creación y/o nueva humanidad: “El es el principio, el Primogénito de entre los muertos, para que sea él el primero en todo, pues Dios tuvo a bien hacer residir en él toda la plenitud y reconciliar por El y para El todas las cosas”. 8

Dice el texto de Juan que “los discípulos tenían cerradas las puertas del lugar donde se encontraban, pues tenían miedo a los judíos” ,9 y presenta el caso de Tomás el incrédulo: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y mi mano en su costado, no creeré” , 10 evidencias de inseguridades y temores de que les pudiese suceder lo mismo que a Jesús. O también del que apasionadamente quiere creer, pero necesita ser llenado por la presencia de su Señor, como en estas experiencias límite de la vida, cuando estamos entre la espada y la pared y clamamos para que nos hagan vivir, para que nos devuelvan las mejores razones para vivir.

Tomás, a quien tradicionalmente se ha estigmatizado por incrédulo, viene a ser ahora un símbolo de la humanidad perpleja, esa misma que somos nosotros, siempre llenos de búsquedas y preguntas, movidos por la más radical y adolorida honestidad. “Nos hiciste, Señor, para tí, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”,11 tradicional frase de San Agustín, que hoy se nos antoja continuidad del sincero deseo de Tomás. Paradójico, pero es así: “Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo podré creer”. 12

Con Tomás vienen a cuento todos los que no creen en Dios, muchos de ellos por radical honestidad, también los agnósticos, desencantados por las incoherencias de los creyentes y por el fatigante cúmulo de exigencias religiosas que no tienen nada que ver con Jesús ni con el Evangelio. A unos y a otros los mueve el sinsabor de las retóricas religiosas formales, de los lenguajes de fe desentendidos de la realidad dramática del ser humano. Este Tomás, que podemos ser nosotros, es un inquieto, un buscador de trascendencia, uno que no se resigna a que su Señor esté en el abismo de la muerte.13

Es preciso que en esta Pascua nos pronunciemos como este discípulo. porque tenemos pasión de Dios requerimos razones de una novedad cualitativa, que está más allá de nosotros, pero que se vuelca amorosamente hacia esta “humanidad doliente”, como reza bellamente la tradicional novena de Navidad. La pasión de vivir retorna cuando se relata en las historias de hombres y mujeres pascuales, como aquellos primeros seguidores que tuvieron esa experiencia definitiva que los transformó para siempre, y les comunicó la certeza del Viviente: “Mete aquí tu dedo, y mira mis manos; y trae tu mano y métela en mi costado. No seas incrédulo: cree!”14. Este Tomás no es un descreído radical, no hay que despreciar su demanda de evidencia, él, como los otros discípulos, siguió a Jesús, se interesó por su proyecto, lo amó, y ahora quiere satisfacer al máximo su sed de vida.

Las apariciones están totalmente asociadas a la fe.15 Jesús sólo se manifiesta a los que tenían vínculos con él, a los que se habían interesado en su proyecto de vida. En cada comunidad cristiana particular todo tiene sentido cuando ellas “se dejan vivir por Jesús” :“Ustedes aman a Jesucristo, aun sin haberle visto; creen en él, aunque de momento no le vean. Y lo hacen rebosantes de alegría indescriptible y gloriosa, alcanzando así la meta de la fe, que es la salvación” .16 La experiencia pascual es , fundamentalmente, una experiencia que se da en el ámbito de la fe. Es, por tanto, un don de Dios, una gracia con la que El beneficia a los creyentes, a los que aman a Jesús.

Hay que imprimirle tonalidad pascual a la historia, a la realidad, sin intimidarse ante los “avances” del mal. El ministerio de Jesús erradica del corazón humano todo lo que disminuye y maltrata, e invita a que nuestro quehacer se inscriba en esa misma dinámica de libertad y liberación. La Iglesia tiene sentido si es pascual, si con su palabra y con su estilo de vida, relata al Resucitado, si sus conductas y actitudes son dadoras de esperanza, si es capaz de erradicar de sí misma todo vestigio de lejanía clerical y de autorreferencialidad, si se pone las botas de la humanidad y camina con ella anunciando esa Buena Noticia.

Antonio José Sarmiento Nova, SJ





1 PAPA FRANCISCO. Carta Encíclica Fratelli Tutti sobre la Amistad Social. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2020. PAPA LEÓN XIV. Exhortación Apostólica Dilexi Te sobre el amor a los pobres. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2025. . MÍNGUEZ VALLEJOS, Ramón & PEDREÑO PLANA, Marina. La compasión ante el reto de las migraciones: propuesta pedagógica. En https://www.digitum.um.es/digitum/bitstream/10201/75910/1/capitulo%206.pdf

2 TABRA OCHOA, Edison Paul. Etica y solidaridad: perspectivas históricas y normativas. Globethics.net International Secretariat. Ginebra, 2017. MIFSUD, Tony. La cultura de la solidaridad como proyecto ético. En Theologica Xaveriana número 46, páginas 345-356. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 1996. CORTINA, Adela. Razón comunicativa y responsabilidad solidaria. Sígueme. Salamanca, 1985.. DOMINGO MORATALLA, Agustín. Etica y voluntariado: una solidaridad sin fronteras. PPC. Madrid, 1997. SEBASTIÁN, Luis de. La solidaridad: guardián de mi hermano. Ariel. Barcelona, 1996.

3 Hechos 2: 42-45

4 Es un poster publicado en Facebook con la firma del rabino Joachim Prinz, 1902-1988. Se destacó en los tiempos sombríos de la II guerra mundial por su lucha resuelta contra la tiranía nazi , y luego fue un destacado líder del movimiento por los derechos civiles en USA, en la década de los 60’s. Autor de “Sobre el concepto de experiencia religiosa” (1927); “Nosotros judíos” (1934; “La vida en el ghetto” (1937; “El dilema del judío moderno” (1962. Ver www.joachimprinz.com

5 AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. Discípulos y testigos de Jesús en la sociedad actual. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 16 de marzo de 2010. CONFERENCIA EPISCOPAL MEXICANA CEM. Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos. Carta Pastoral del 25 de marzo de 2000. En https://www.diocesisdetuxpan.files.wordpress.com/2013/01/del-encuentro-con-jesucristo-a-la-solidaridad-con-todos.pdf

6 1 Pedro 1: 3-4. DUQUOC, Christian . Mesianismo de Jesús y discreción de Dios. Cristiandad. Madrid, 2005. HURTADO, Larry W. Cómo llegó Jesús a ser Dios? Cuestiones históricas sobre la primitiva devoción a Jesús. Sígueme. Salamanca, 2013. CASTELAO, Pedro. Aproximación a la divinidad de Jesús. En Revista Selecciones de Teología , volumen 55 número 219, páginas 163-170. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2016. SESÉ, Javier. La conciencia de la filiación divina, fuente de vida espiritual. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/83556113.pdf

7 SICRE, Emmanuel. Contar la experiencia pascual: la función del relato de la pasión en Marcos (14:53 a 15:47), para la experiencia cristiana. Trabajo de grado para optar al título de teólogo. Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Teología. Bogotá, 2016. LUDEMANN, G. & OZEN, A. La resurrección de Jesús: historia, experiencia, teología. Trotta. Madrid, 2001. ELLACURÍA, Ignacio. La fe pascual en la resurrección de Jesús. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1299/1/RLT-2003-060-A.pdf RUIZ LOZANO, Pablo. La experiencia del Resucitado: perspectivas actuales en teología. En Proyección Teología y Mundo Actual año LIII, número 220, páginas 25-48. Facultad de Teología de Granada, Universidad Loyola de Andalucía, enero-marzo 2006.

8 Colosenses 1: 18-20

9 Juan 20: 19

10 Juan 20: 25

11 SAN AGUSTIN. Confesiones I 1,1. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid, 2018.

12 Juan 20: 25

13 ARANA, Juan. Teología para incrédulos. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2020. ECO, Umberto & MARTINI, Carlo María. En qué creen los que no creen. Temas de Hoy. Madrid, 1997. CORDOVILLA, Angel. Crisis de Dios y crisis de fe: volver a lo esencial. Sal Terrae. Santander, 2012. CONESA, Francisco. La fe cristiana ante el reto de la increencia. En https://www.diocesisoa.org/documentos/ficheros/fe-reto-increencia_668.pdf ROBINSON, John A.T. Sincero para con Dios (Honest to God). Libros del Nopal. Barcelona, 1963. VAZQUEZ, Rodolfo. No echar de menos a Dios: itinerario de un agnóstico. Trotta. Madrid, 2021.

14 Juan 20: 27

15 NORATTO GUTIÉRREZ, José Alfredo. El lenguaje de las manifestaciones del Resucitado y su sentido, a partir de los textos del Nuevo Testamento. Ea Cuestiones Teológicas volumen 40, número 94, páginas 289-322. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, julio-diciembre 2013. SABUGAL, Santos. La mateana tradición histórica sobre las apariciones del Resucitado. En Estudios Agustinianos número 29, páginas 217-242. Estudio Agustiniano. Valladolid, 1994. BÉJAR BACAS, Serafín. Cristo Resucitado, nuestra resurrección en la carne. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 26 de febrero de 2013. BRAMBILLA, Franco Giulio. El Crucificado Resucitado: Resurrección de Jesús y fe de los discípulos. Sígueme. Salamanca, 2003. CHARPENTIER, Etienne. Cristo ha resucitado. Verbo Divino. Estella, 1981.

16 1 Pedro 1: 8-9

domingo, 5 de abril de 2026

COMUNITAS MATUTINA 5 DE ABRIL 2026 DOMINGO DE PASCUA

 

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vió lo que había pasado, y creyó”

(Juan 20: 8)



Lecturas Domingo de Pascua:

  1. Hechos 10: 34-43

  2. Salmo 117:1-2;16-17 y 22-23

  3. Colosenses 3: 1-4

  4. Juan 20:1-9



De la tumba vacía surge la luz, el fuego de la nueva humanidad que Dios realiza en Jesús el Resucitado para legitimar su historia, sus opciones, el sentido de su pasión y muerte, su proyecto del Reino de justicia para todos los seres humanos, su oferta de salvación. No ha sido una vida inútil, la que sus enemigos pretendieron sofocar con el juicio, la condena y el cumplimiento de la sentencia en la cruz. Esto es lo que celebramos en la solemne Vigilia Pascual, la más importante de las celebraciones en el mundo cristiano.1

La narrativa aquí contenida es fundante para nosotros. Es la respuesta y garantía provenientes de Dios a los interrogantes e inquietudes profundos que suscitan en nosotros el misterio del mal, el sufrimiento, la enfermedad, la injusticia, la violencia, el vacío existencial, la inevitable muerte. La experiencia de Pascua transformó a unos hombres y mujeres asustados, derrotados, como tantas veces nos ocurre. El Espíritu del Señor hizo de ellos una nueva humanidad configurada con el Resucitado, los entusiasmó hasta el extremo , para dedicarse sin reservas al anuncio de esa Buena Noticia.2 Este es el acontecimiento determinante del cristianismo, trasciende el tiempo y llega hasta nuestros días con la misma pretensión: resignificar nuestras vidas en clave pascual, brindarnos la fuerza de la fe para hacer frente a la aventura de vida con el talante del Señor Resucitado. Es el asunto por excelencia que da sentido a nuestra existencia cristiana. Es Dios mismo diciéndonos con máxima elocuencia que para El la vida humana se hace Vida en su Hijo Jesucristo.

Entran en juego las realidades propias de nuestra condición humana, todo lo que nos da plenitud, lo que responde a nuestras búsquedas de significado, y también aquello en la que la siempre presente precariedad toma protagonismo en nuestro ser y quehacer. Ya sabemos que es equipaje para toda la vida, no hay recurso histórico que pueda dispensarnos de la contingencia radical. Tal certeza no equivale a sumergirnos en el vacío, en la conciencia pesimista permanente. La experiencia pascual que transformó y entusiasmó a aquellos afligidos discípulos también es para nosotros hoy, para resucitar nuestras muertes, para entusiasmar nuestros desalientos, para volvernos nuevos con la misma novedad que transformó a Pedro y a María Magdalena, y a todos los que seguían y amaban a Jesús.

La liturgia pascual es rica en simbolismos: el fuego nuevo que se explicita en el cirio pascual, la abundante y densa Palabra bíblica, historia de salvación y de libertad hasta su culminación en Jesús, el canto del pregón pascual que anuncia el gozo que Dios nos causa con su constante intervención liberadora en la historia de Israel y de la humanidad, el agua bautismal y la renovación de las promesas correspondientes, y la eucaristía en la que se canta de nuevo el gloria – silenciado durante el tiempo de cuaresma - .

Con el fuego nuevo significamos al Señor Resucitado, permanecerá encendido, en cada celebración eucarística y litúrgica, durante el tiempo de Pascua, hasta Pentecostés. El binomio oscuridad-luz nos remite pedagógicamente a muerte-vida, pecado-santidad, injusticia-justicia, odio-amor, soledad-comunión, vacío-plenitud. La segunda parte de estos se realiza en el Señor Jesucristo, ahora emergiendo de las tinieblas de la muerte, para vida de todos.3

El relato del evangelio correspondiente al domingo es bastante escueto, sus protagonistas no son ni el Padre Dios, ni Jesús, tampoco habla explícitamente del hecho pascual. Sus actores son tres, al evangelista le interesa poner de relieve las reacciones de cada uno de estos personajes.: María Magdalena se alarma al ver que no hay cadáver en el sepulcro, sale corriendo a avisar de la desaparición; Pedro parece un inspector, entra también al sepulcro, advierte que las vendas están en el suelo y el sudario, enrollado, en lugar aparte, pero no pasa por su mente sacar alguna conclusión “pascual”; el discípulo, a quien el evangelista llama el amado por Jesús, corre más que Simón Pedro, llega primero que él, ve lo mismo que Pedro, “y vió lo que había pasado, y creyó” . 4

Esos primeros discípulos de Jesús, los que luego viven la experiencia transformadora de la Pascua, eran humanos, demasiado humanos, en diversos momentos de las narraciones evangélicas se constatan sus fragilidades, sus dificultades para captar la originalidad del Maestro, condicionados como estaban por el establecimiento religioso judío que imaginaba un Mesías poderoso, triunfante, espectacular. 5 Como nosotros, que vivimos seducidos por cosas muy importantes, ascenso social, deseosos de fama y reconocimiento, y nunca terminamos de asumir la vida en una dimensión más esencial y liberada del penoso culto al ego. “Pues ustedes murieron, y Dios les tiene reservado el vivir con Cristo. Cristo mismo es la vida de ustedes. Cuando él aparezca, ustedes también aparecerán con él llenos de gloria” 6, la convicción que afirma la segunda lectura surge de una vivencia profundamente real, transformadora, y al mismo tiempo capaz de re-significar por completo esa realidad.

Vienen a cuento la inmensa legión de nuestras limitaciones y precariedades, nuestros dolores y penurias, nuestras muertes lentas, todo lo que nos desilusiona y hace sufrir. Aquí es donde acontece el impacto pascual, como se deduce de las vigorosas palabras de Pedro,7 antes tan contradictorio y, en un momento dado un solemne cobarde: “Esto pudo hacerlo porque Dios estaba con él, y nosotros somos testigos de todo lo que hizo Jesús en la región de Judea y en Jerusalén. Después lo mataron, colgándolo en una cruz. Pero Dios lo resucitó al tercer día, e hizo que se nos apareciera a nosotros. No se apareció a todo el pueblo, sino a nosotros, a quienes Dios había escogido de antemano como testigos” . 8

Jesús había alcanzado la VIDA antes de morir, era el agua viva, como consta en el hermoso diálogo con la mujer samaritana, proclamado hace varios domingos. Jesús nació del Espíritu, vive por el Padre, todo su ser está dotado de vitalidad teologal, de la que es el portador primero, esa es la verdadera vida que siempre celebramos los cristianos. Jesús está vivo, pero de otra manera, su presencia resucitada no es la de un cuerpo muerto y revivido que sorprende a todos, su vitalidad trasciende las contingencias de la historia y del ser humano, nos asume en ese orden definitivo, como el que manifestó a la samaritana y a Nicodemo: “El que beba del agua que yo le darè nunca volverá a tener sed, porque el agua que yo le darè se convertirá en èl en manantial que brotarà dándole vida eterna” 9 y: “Te aseguro que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios” . 10

La esperanza de que nuestro ser e identidad personal no se aniquilará con la muerte se llama salvación-liberación, actuada por la mediación salvífica del Señor Jesucristo. Todo ser humano que decide ser radicalmente prójimo de sus prójimos, todo el que apuesta por el amor servicial y por la fraternidad, todo el que se desgasta para dar sentido a la vida de los demás, confirma esa expectativa y la hace real. La salvación no limita su comienzo al momento de la muerte: todo el relato de vida de un ser humano, aquí en este mundo, es llamado a salvarse. Dios empieza su trabajo pascual infundiéndonos el Espíritu, dando significado salvífico a nuestra existencia, cuando la inscribimos en el proyecto de Jesús, en la vivencia constante y creciente del Evangelio, en el desvivirnos por el prójimo, en ser instrumentos del buen Dios para que muchos hallen el sentido de sus vidas. Esto es seguir a Jesús, confiar en el Dios de la vida, construír su Iglesia, vivir y morir con la esperanza que él nos garantiza.

También hay que decir que, siguiendo al mismo Señor Jesús, la experiencia pascual no es una certeza ingenua, simplemente anecdótica, que se conforma con una historieta piadosa. Entran en juego el don de la fe, el hecho de la resurrección de Jesús es un acontecimiento de Dios inscrito en esa fe, y la libertad humana que lo acoge, y lo traduce a sus opciones y a su estilo de vida, a sabiendas de que las fragilidades siguen como propias de nuestro ser humanos, ahora dotados de la esperanza que es el mismo Resucitado para que transforme nuestra manera de vivir, de afrontar lo crítico y doloroso, de sabernos sumidos por la gratuidad del Dios que en su Hijo nos dota de un significado trascendente y definitivo. Así, la muerte y todo lo precario que nos acompaña no son el término de nuestra existencia, Dios es el futuro nuestro, estamos llamados a la vida inagotable, a la máxima plenitud a la que podemos aspirar! 11

El devenir de nuestra historia, tanto la de la sociedad como la de nuestros relatos personales, es una combinación, a menudo contradictoria, de inmensas alegrías y plenitudes, de realizaciones notables, de creatividad e innovación, de rectitud moral y trascendencia, y también de penurias, sinsabores, injusticias, violencias, manipulaciones, malignidades de seres humanos empeñados en dañar a sus semejantes. Hacernos conscientes de esto, en cuanto creyentes en Jesús Resucitado, seguidores suyos, nos demanda responsabilidad histórica, reciedumbre pascual, fe a prueba de fuego, espiritualidad encarnada, para afirmar constantemente nuestra convicción en la VIDA plena que Dios nos comunica en su Hijo, y para no dejarnos abatir por la fuerza destructora del mal: “Que el Dios de la esperanza los colme del gozo y la paz que da la fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo”. 12



Antonio José Sarmiento Nova, SJ



1 GONZÀLEZ FAUS, Josè Ignacio. Significado de la Resurrecciòn de Jesùs para el hombre de hoy. Aula de Teologìa de la Universidad de Cantabria. Santander, 23 de marzo de 2010. EQUIPO BÌBLICO VERBO. La comunidad del Resucitado. Encuentros bíblicos de la Lectio Divina desde los Hechos de los Apòstoles. Verbo Divino. Estella, 2016. PAGOLA, Josè Antonio. Cristo Resucitado es nuestra esperanza. PPC. Madrid, 2017. CHARPENTIER, Etienne. Cristo ha resucitado. Cuadernos Bìblicos número 4. Verbo Divino. Estella, 1981.

2 Louis Evely. La cosa empezó en Galilea. Sígueme. Salamanca, 1980. AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. Del movimiento de Jesús a la Iglesia cristiana. Verbo Divino. Estella, 1998. CROSSAN, John Dominic. El nacimiento del cristianismo. Crítica. Barcelona, 2002. SCHENKE, L. La comunidad primitiva. Sígueme. Salamanca, 1999.

3 MESSORI, Vitorio. Dicen que ha resucitado: una investigación sobre el sepulcro vacío. Rialp. Madrid, 1997. NORATTO GUTIÉRREZ, José Alfredo. El lenguaje de las manifestaciones del Resucitado y su sentido, a partir de los textos fundamentales del Nuevo Testamento. En Cuestiones Teológicas volumen 40, número 94, páginas 289-322. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, julio-diciembre 2013. EQUIPO BÍBLICO VERBO. La comunidad del Resucitado. Verbo Divino. Estella, 2005. BRAMBILLA, Franco Giulio. El Crucificado Resucitado: Resurrección de Jesús y fe de los discípulos. Sígueme. Salamanca, 2003. PAGOLA, José Antonio. Cristo Resucitado es nuestra esperanza. PPC. Madrid, 2017. NOGUEZ, Armando. Cristo Resucitado según los relatos pascuales. Narraciones, interpretaciones y mensaje evangelizador. Verbo Divino. Estella, 2022. ALEGRE, Xavier. La resurrección de Jesús, esperanza para los pueblos crucificados. En https://www.redicces.org.sv/sjpui/bitstream/10972/1445/1/RLT-2008-075-B.pdf

4 Juan 20: 8

5 José Luis Sicre, biblista español, jesuita (n. 1940), profesor en la facultad de teología de Granada y en el Pontificio Instituto Biblico de Roma ha escrito una densa y bella trilogía sobre los relatos evangélicos y sobre la formación del cristianismo primitivo, se títula El Cuadrante, en tres volúmenes I La búsqueda introducción a los evangelios, II La apuesta el mundo de Jesús, III El encuentro, el cuarto evangelio; publicados por la editorial Verbo Divino en 1997. Se complementan con Memorias de Andrónico (parte novelada de El Cuadrante), del mismo autor y en la misma editorial, año 2000. Altamente recomendable para conocer la experiencia pascual, la elaboración de los cuatro relatos evangélicos, la vivencia de las primeras comunidades cristianas, el surgimiento del cristianismo

6 Colosenses 3: 3-4

7 TORRES QUEIRUGA, Andrés. Repensar la resurrección. Trotta. Madrid, 2003. MÜLLER, Ulrich. El origen de la fe en la resurrección de Jesús. Verbo Divino. Estella, 2003. CHARPENTIER, Etienne. Cristo ha resucitado!. Verbo Divino. Estella, 1981. BOFF, Leonardo. La resurrección de Cristo, nuestra resurrección en la muerte. Sal Terrae. Santander, 2001. CABA, Jesús. Resucitó Cristo, mi esperanza: estudio exegético. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1986.

8 Hechos 10: 39-41

9 Juan 5: 14

10 Juan 3: 3

11 TAMEZ, Elsa. El desafío de vivir como resucitados. En https://www.seleccionesdeteologia.net/assets/pdf/166.05.pdf CRISTANCHO SOLANO, Diego Andrés. Resucitados resucitantes: la resurrección de los muertos en la actualidad. En Reflexiones Teológicas número 13, páginas 13-28. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, julio-diciembre 2014. RADCLIFFE, Timothy. Ser cristianos en el siglo XXI: una espiritualidad para nuestro tiempo. Sal Terrae. Santander, 2012. VITORIA CORMENZANA, Francisco Javier. Dar razón de la esperanza en tiempos de incertidumbre. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2024. MARTÍNEZ DÍEZ, Felicísimo. Creer en Jesucristo, vivir en cristiano. Verbo Divino. Estella, 2005. VANNI, Ugo. De la fe al contacto con Jesús Resucitado. En https://www.lacivilitacattolica.es/2024/03/15/de-la-fe-al-contacto-con-jesus-resucitado/

12 Romanos 15: 13

domingo, 29 de marzo de 2026

COMUNITAS MATUTINA 29 DE MARZO 2026 DOMINGO DE RAMOS - SEMANA SANTA 2026

 

Ofrecí mi espalda a los golpes, mi cara a los que mesaban mi barba, y no hurté mi rostro a insultos y salivazos. Pero el Señor Yahvé me ayuda, por eso no sentía los insultos; y ofrecí mi cara como el pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado”

(Isaìas 50: 6-7)

Lecturas:

  1. Isaías 50: 4-7

  2. Salmo 21: 8-9;17-20;23-24

  3. Filipenses 2: 6-11

  4. Mateo 26: 14 a 27:66 (relato de la pasión)



Vuelve Semana Santa, vuelve Jesús de Nazaret, el Cristo, el Crucificado, el Resucitado : se ha ido? Lo dejamos ir? Es un mito sumergido en la noche de los tiempos? Lo desconocemos, lo consideramos un bonito adorno religioso? O está siempre y no lo captamos o tenemos miedo de acogerlo? Qué significa para nosotros hoy este personaje que, desde la elocuente marginalidad de su vida en Palestina, hace más de veinte siglos, ha partido en dos la historia de la humanidad? O bien, somos cristianos en general, católicos, pentecostales, ortodoxos, metodistas, luteranos, presbiterianos, bautistas, anglicanos, cómo es eso en nuestras vidas? Lo recibimos por herencia familiar, sociocultural, y seguimos la inercia de una sociedad donde el cristianismo sigue siendo “mayoritario”? O, de pronto, nos llegó una ráfaga del Espíritu Santo y “nos dimos la pela” y decidimos confrontar esa fe, la revisamos críticamente, optamos por un cristianismo a nuestro aire – Jesús sí, Iglesia no – o también en esa autocrítica tomamos el camino de la no creencia o el del agnosticismo, o nos dejamos tomar por el Crucificado y acogimos su reto y su invitación? 1

Cualquiera sea la postura que tengamos ante Jesús recordemos que no es “obligatorio” creer en él, seguirlo, es una oferta que se hace a nuestra libertad, a nuestra capacidad de optar.2 Este presupuesto es fundamental, estamos ante alguien que justamente se caracterizó por su extraordinaria libertad, que no presionó a ninguno de sus seguidores ni forzó sus decisiones. El relato suyo – Evangelio decimos, Buena Noticia – es una narrativa libre y liberadora, que procede directamente de Dios y apunta a la plena libertad del ser humano en él.

Sea esta Semana Santa – para quienes lo quieran y asuman felizmente – un tiempo para dejarnos encontrar por él, para que sus preguntas y exigencias nos “muevan el piso”, nos pongan en trance de autenticidad y trascendencia.

En este encuentro con Jesús no se puede subestimar el carácter marginal de su vida y del contexto en el que nació, creció y llevó a cabo su misión. Un mundo de pobres y de pobreza, un contacto directo, vivencial, con el sufrimiento de su gente, unas injusticias de marca mayor, surgidas del Imperio Romano y del Templo de Jerusalén, unos dramas de dolor profundo, unos muy problemáticos vacíos de sentido, un Dios que – según sacerdotes y rabinos – no era para las mayorías empecatadas y empobrecidas, una existencia vivida en pequeñez y con los pequeños del mundo. No es casualidad que haya nacido extramuros de la pobre aldea de Belén, que haya sido crucificado como reo merecedor de justicia en las afueras de Jerusalén. La historia de Jesús de Nazaret sucede toda en un mundo de marginalidad, y en ella es donde Dios se dice definitivamente. Esto, qué tiene que ver con tu vida y con la mía?3

La mayor parte de su vida transcurre en silencio, en modo oculto, en su hogar de Nazaret, con sus padres José y María, en el trabajo, y en el silencio profundo de Dios, la entraña misma de su propio ser. Y después se proyecta a su ministerio público, de apenas tres años, o un poco menos, enseña sobre una novedosa lógica de vida, que es su pasión determinante, “el reino de Dios y su justicia”, las parábolas de encantadora sencillez y cotidiana sabiduría son su recurso pedagógico, con el lenguaje simple de sus oyentes y coterráneos, sana de dolencias corporales y espirituales, ciegos, leprosos, paralíticos, pasan por su mano medicinal, y con ellos ejerce también la misericordia, la reconfiguración total de hombres y mujeres en su dignidad de hijos del mismo Padre.

Ante el establecimiento religioso judío – sacerdotes del templo de Jerusalén, maestros de la ley, fariseos – procede con conducta rigurosa y confronta “sepulcros blanqueados”, con ira santa arroja a mercaderes y dineros en el atrio del santuario, afirma en todo la soberanía de un Dios a quien él vive y entiende como Padre-Abba, compasivo y misericordioso como el que más con todas las penurias de la humanidad. Y en más de una ocasión, a pesar de su discreto silencio mesiánico, deja entrever la conciencia de divinidad que habita en él.4 Con todo esto, el odio del Templo y de la sinagoga se hace cada vez más vehemente, y encuentran ellos los argumentos “válidos” para juzgarle y condenarle a la cruz.

Son muchas las interpretaciones de la pasión de Jesús, muchas las mentalidades religiosas que se corresponden con ellas. Esta realidad sucedida hace un poco más de veinte siglos aspira a seguir siendo significativa en nuestro tiempo porque tiene el peso suficiente para transformar nuestra vida en la misma perspectiva en la que él orientó su existencia, vida de Dios en él, vida de Dios en nosotros, humanidad y divinidad sucediendo en dramática y esperanzadora simultaneidad.5

Pocos aspectos de su vida han sido tan distorsionados como su muerte. Le endilgaron la interpretación de que a Dios le encanta el sufrimiento humano y que por eso hay que aceptarlo sin chistar, además de buscarlo voluntariamente. En esta óptica se piensa en un Dios que exige la muerte de su propio hijo como satisfacción para perdonar los pecados de la humanidad, concepción totalmente contraria a la originalidad de su proyecto. 6

Es consciente de lo que le va a suceder y acepta su destino, porque este drama tiene total coherencia en relación con toda su vida y con su predicación, no en el sentido de adivinación del futuro sino en el de la consistencia teologal de todo su ser y quehacer: revelar la misericordia de Dios y hacerla efectiva preferentemente en los condenados de la tierra, y en los humanos que no se conforman con una vida a medias, convirtiéndose en esperanza para todos, y desarmando la hipocresía de la religión de los sacerdotes del templo. Jesús no está sometido ciegamente a un fatalismo predeterminado por Dios, su pasión y su muerte resultan de sus opciones y de la incapacidad de los judíos para entender el contenido de su misión. Jesús asume el drama de su muerte con entereza, si bien, en cuanto humano, experimenta angustia y repugnancia, según lo relatan los evangelios en la oración en el huerto de Getsemaní. Y va a la muerte para dar vida de Dios, vida en abundancia, su muerte es la del pro-existente, del que sale de sí mismo a favor de los demás – salvíficamente – en nombre de Dios. 7

Jesús murió por ser fiel a Dios y al ser humano necesitado de sentido y de salvación de los poderes de la muerte, del pecado y de la injusticia, 8 nos deja claro que amar como Dios ama es más importante que la vida biológica, no murió para lograr por primera vez que Dios nos amara sino para demostrar que ese Dios a quien llamamos Padre y Madre nos ama desde siempre, y que su intención es – con ese mismo enfático “siempre” – desbordarse en vida y plenitud con todos los seres humanos, incluyendo aquellos que, en acto de respetable libertad, deciden vivir sin estar inscritos en su camino.

Cuando constatamos el mal que recae sobre tantos inocentes surge la pregunta por la posibilidad de la intervención de Dios, o también una gran indignación por su silencio. Qué pasa?: “El Señor Yahvé me ha abierto el oído, y no me resistí ni me hice atrás. Ofrecí mi espalda a los golpes, mi cara a los que mesaban mi barba, y no hurté mi rostro a insultos y salivazos” 9 dice este llamado tercer cántico del Siervo doliente de Yahvé, con el que el profeta Isaías prefigura el mesianismo crucificado de Jesús, en el que reconocemos la verdadera indignación-denuncia ante la malignidad del poder que destruye al inocente.10

La entrada de Jesús en Jerusalèn, montado sobre un asno y aclamado por sus seguidores, no es un acto triunfal como el de un poderoso que ingresa al “hall” de la fama. Es un gesto profético, indicación que hace el evangelista para resaltar su misión en medio de los pobres: “Hosanna al hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor! Hosanna en las alturas! Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. Quien es este? Se preguntaban. Y la gente decía: este es el profeta Jesús,

Jesús crucificado es el lenguaje contundente de Dios en el que suceden plenamente su humanidad y su divinidad, asumiendo lo más humano de nosotros – la muerte – y situándola en la perspectiva de Dios: “Pero Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el espíritu” 11 . En la pasión, Jesús se vacía totalmente de sí mismo – esto es lo que significa la palabra griega kenosis. Ese vaciamiento es dar todo de sí para afirmar que sólo esa “locura de la cruz” es la garantía amorosa que decide la salvación nuestra, si acogemos su oferta: “Por eso Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra, en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es el Señor, para gloria de Dios Padre” .12

Antonio José Sarmiento Nova, SJ







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2 DUQUOC, Christian. Jesús, hombre libre. Sígueme. Salamanca, 1980. JUSTO, Emilio J. La libertad de Jesús. Sígueme. Salamanca, 2014; La libertad en perspectiva teológica. En Razón y Fe tomo 277, número 1432, páginas 173-183. Compañía de Jesús España. Madrid, 2018. GUERRA, Santiago. Jesús, hombre libre. En https://www.revistadeespiritualidad.com/upload/pdf/216articulo.pdf AGUIRRE MONASTERIO. Rafael. La mirada de Jesús sobre el poder. En Teología y Vida volumen 55 número 1, páginas 83-104. Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago, marzo 2014.

3 MEIER, John P. Jesús, un judío marginal: nueva visión del Jesús histórico. (Obra en 5 volúmenes). Verbo Divino. Estella, 1999. SOBRINO, Jon. Fuera de los pobres no hay salvación. UCA Editores. San Salvador, 2009. CASTILLO, José María. Víctimas del pecado. Trotta. Madrid, 2004; Los pobres y la teología: que queda de la teología de la liberación. Desclée de Brower. Bilbao, 1997. FABRIS, Rinaldo. La opción por los pobres en la Biblia. Verbo Divino. Estella, 1992. SOBRINO, Jon. Bajar de la cruz a los pobres: cristología de la liberación. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/47263242.pdf GUTIÉRREZ MERINO, Gustavo. Donde está el pobre, está Jesucristo. En Angelicum número 84, páginas 539-553. Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino. Roma, 2007. FRAIJÓ, Manuel. Jesús y los marginados: utopía y esperanza cristiana. Cristiandad. Madrid, 1985. ARANGUREN GONZALO, L.A. & SEGOVIA BERNABÉ, J. No te olvides de los pobres. Notas para apuntalar el giro social de la Iglesia. Sal Terrae. Santander, 2015.

4 COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL. La conciencia que Jesús tenía de sí mismo y de su misión. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1985. IZQUIERDO, César. La formidable cuestión de la conciencia divina de Jesús. En Scripta Theologica número 35, páginas 691-728. Universidad de Navarra. Pamplona, 2003. GUIJARRO OPORTO, Santiago & RODRÍGUEZ LAIZ, Ana . La unción mesiánica de Jesús (Marcos 14: 3-9). En Salmanticensis número 60,páginas 43-66. Universidad Pontificia de Salamanca, 2013. KASPER, Walter. La pretensión de Jesús, capítulo VII del libro Jesús , el Cristo. Sígueme. Salamanca, 1994; páginas 122-137. GONZÁLEZ DE CARDEDAL, Olegario. La divinidad, parte VI del Capítulo VII El origen: el Hijo de Dios en su libro Cristología. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2001; páginas 400-409.

5 DESTRO, Adriana & PESCE, Mauro. La muerte de Jesús: investigación de un misterio. Verbo Divino. Estella, 2001. BOVON, Francois. Los últimos días de Jesús: textos y acontecimientos. Sal Terrae. Santander, 2007. LEGASSE, Simon. El proceso de Jesús: la pasión en los cuatro evangelios. Desclée de Brower. Bilbao, 1996. SCHÜRMANN, Heinz. El destino de Jesús: su vida y su muerte. Sígueme. Salamanca, 2003.

6 VARONE, Francois. El Dios “sádico”: ama Dios el sufrimiento? Sal Terrae. Santander, 1985. ESTRADA DÍAZ, Juan Antonio. El sufrimiento: silencio o ausencia de Dios? En Revista Iberoamericana de Teología volumen IX número 17, páginas 55-85. Universidad Iberoamericana. México D.F., julio-diciembre 2013. CONCILIUM REVISTA INTERNACIONAL DE TEOLOGÍA. Tema monográfico Sufrimiento y Dios, número 366. Verbo Divino. Estella, junio 2016. PAPA JUAN PABLO II. Carta Apostólica Salvifici Doloris sobre el sentido cristiano del sufrimiento humano. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1984.

7 TORRES SERRANO, Juan Manuel. La pro-existencia : un modo de ser y de hablar de Dios en el contexto latinoamericano. En Revista Iberoamericana de Teología volumen VI número 10, páginas 25-48. Universidad Iberoamericana. México D.F., enero-junio 2010. VIVES PÉREZ, Pedro Luis. Jesucristo, salvador absoluto y plenitud de sentido. Aportaciones de la soteriología contemporánea a la significatividad de la fe cristiana. En Scripta Fulgentina año XXVIII número 55-56,páginas 89-104. Instituto Teológico San Fulgencio. Murcia, 2018. SOBRINO, Jon. El Señor, el señorío de Cristo, esperanza y teodicea en su libro La fe en Jesucristo: ensayo desde las víctimas. Trotta. Madrid, 1999; páginas 225-248.

8 El teólogo Jon Sobrino (nacido en 1938) ha dedicado su reflexión a la cristología hecha desde el contexto de las víctimas; nacido en España, reside desde su juventud en El Salvador, donde ha vivido directamente las condiciones de dramática pobreza que afectan a la mayoría de la población, junto con una brutal guerra civil que azotó al pequeño país entre 1980 y 1992. Sus obras más destacadas en este sentido son “Jesucristo Liberador: lectura histórico-teológica de Jesús de Nazareth” y “La fe en Jesucristo: ensayo desde las víctimas”, ambas publicadas por la editorial Trotta de Madrid.

9 Isaías 50: 5-6

10 SANHUEZA, Krety. Jesucristo, prototipo de justicia y de martirio a favor de los pobres y marginados. En Cuestiones Teológicas volumen 43 número 99, páginas 175-197. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, enero-junio 2016. GUTIÉRREZ MERINO, Gustavo. Hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente. Sígueme. Salamanca, 1986. GNOCCHI, Carlo. Pedagogía del dolor inocente. En https://www.teologoresponde.org/wp-content/uploads/2014/03/dolor_inocente.pdf ALONSO LASHERAS-RIVERO, Alfonso. El sufrimiento como lugar para una reflexión teológico-moral. Una propuesta pastoral desde un Dios “tododebilidoso”. Trabajo de grado para optar al título de licenciado en teología moral. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2016. BONHOEFFER, Dietrich. Resistencia y sumisión. Sígueme. Salamanca, 1983. GAVRILYUK, P.L. El sufrimiento del Dios impasible. Sígueme. Salamanca, 2012. GOMES, P.R. O Deus im-potente. O sofrimento e o mal em confronto con a Cruz. Loyola. Sao Paulo, 2007. GRESHAKE, Gisbert. Por qué el Dios del amor permite que suframos? Sígueme. Salamanca, 2008. KITAMORI, K. Teología del dolor de Dios. Sígueme. Salamanca, 1975. SANZ GIMÉNEZ-RICO, Enrique. No te bajes de la cruz. Subir al encuentro del Dios de Jesús Crucificado. En Revista Sal Terrae número 92, páginas 219-229. Madrid, 2004.

11 Mateo 26: 50

12 Filipenses 2: 9-11

domingo, 22 de marzo de 2026

COMUNITAS MATUTINA 22 DE MARZO 2026 DOMINGO V DE CUARESMA CICLO A

 

Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos dará también vida a sus cuerpos mortales por su Espíritu que habita en ustedes”

(Romanos 8: 11)

Lecturas:

  1. Ezequiel 37:12-14

  2. Salmo 129: 1-8

  3. Romanos: 8: 8-11

  4. Juan 11: 1-45

La vida de los seres humanos es una gran paradoja, nos sabemos limitados y finitos pero al mismo tiempo con el máximo deseo de vivir siempre y de permanecer más allá de estas fronteras de la precariedad. Son incontables las evidencias de esta condición, cada uno desde su propio relato vital puede dar cuenta de ellas, pequeñas y grandes muertes de cada día, abandonos y soledades, fracasos y vacíos, también plenitudes y amores profundos, ilusiones que se tornan realidad, las resurrecciones nuestras de cada día, los amores profundos, las felicidades que nos anticipan la eternidad. 1 Las crisis , casi siempre inevitables, ponen de manifiesto esta condición nuestra de contingencia, nos invitan al saludable realismo de contar con ellas como parte del equipaje existencial. Afrontadas, aún con dolor, son fuente de sabiduría y fortaleza.

Dice con singular belleza y densidad espiritual el poeta argentino Osvaldo Pol : 2

No tiene el tiempo trabazón ni rieles

Fuera de la constelación de tus heridas.

Tu cuerpo se me vuelve rosa con cinco pétalos de sangre.

Piedra de donde parten las fuentes saciadoras.

Despierta, despierta ya inaugurando vida y amanecer y lucha.

Despójate la niebla y el silencio

Y vence, una vez más.

Yo y el tiempo y la piedra y la rosa

Tan sólo en tu victoria somos 3

En la austera belleza de esta expresión palpita la conciencia de lo que somos, fragilidad, muerte, pero también pasión por la vida. La Palabra que se nos ofrece este V domingo de Cuaresma es el reconocimiento teologal de esta realidad, en la que los seres humanos estamos cabalmente definidos e identificados.

Ezequiel – de cuyo texto tenemos la primera lectura - es el profeta del exilio, su ministerio fue con los desterrados de Babilonia entre los años 593 y 571 antes de Cristo. 4Conocemos por la historia la durísima prueba que sufrió el pueblo de Israel cuando fueron invadidos por el imperio de Babilonia, conquistados y desposeídos de su tierra y de su libertad, de los símbolos que constituían su identidad. El profeta se duele por la suerte de su gente, expuestos a morir lejos de su patria, pero, en nombre de su fidelidad a Yahvé, sello que define su misión, se presenta también como testigo de la esperanza que se origina en El: “Por eso profetiza y diles: Voy a abrir sus tumbas, los sacaré de ellas, pueblo mío, y los llevaré de nuevo al suelo de Israel” . 5

En el Antiguo Testamento, en general, no había una esperanza de inmortalidad, esta se colmaba con las bendiciones “materiales” que para ellos eran clarísimas muestra del favor de Dios: descendencia abundante, larga vida, tierra prometida donde asentarse, existencia digna, justicia para todos. La evolución hacia la expectativa de vida eterna se concreta en los últimos libros del Antiguo Testamento, como Sabiduría, Macabeos, Daniel. Esta conciencia surge en la clave de la doctrina bíblica de la retribución: cómo va a premiar Dios a los justos? Vienen aquí las más densas preguntas por el misterio del mal, por las tragedias que aquejan a los inocentes, por la justificación de la existencia, por el misterio de la muerte, 6 son los grandes “temas de la vida” que inquietan a los seres humanos de todos los tiempos de la historia.

Mientras tanto, la ilusión de todo buen israelita, justo y creyente, es la de acoger los dones materiales con los que Yahvé expresa su complacencia por este buen vivir. Lo asume el profeta diciendo: “Infundiré mi espíritu en ustedes y vivirán; los estableceré en su suelo, y sabrán que yo, Yahvé, lo digo y lo hago – oráculo de Yahvé –”. 7

Valgan estas consideraciones para situarnos en las legítimas aspiraciones de la humanidad, tener una calidad de vida que corresponda con su dignidad, lograr que los grandes ideales se vean cumplidos, disfrutar del amor en la relación de pareja y en la paternidad-maternidad, llevar a cabo proyectos que hagan del mundo un ámbito más y más humano, constatar que la felicidad no es un concepto vano sino gozosa posibilidad que se hace cada día, también, y como elemento no menor, confiar en que el yo personal con su historia no se disuelve en la descomposición biológica de la muerte. Cómo anunciar la vida de Dios a quienes son desposeídos de sus condiciones de dignidad y fracturados en sus posibilidades de esperanza? Cómo transmitir una convicción fundamental de trascendencia al ser humano asediado por la pregunta definitiva del sentido? Cómo afirmar que, a pesar de la muerte misma y de la radical contingencia de nuestra condición, no sucumbimos al drama de la mortalidad? La respuesta cristiana es salvación integral, plenitud humana en la historia y trascendencia definitiva en la vitalidad inagotable del Padre,8 es la convicción fundante de nuestra fe: “Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos dará también la vida a sus cuerpos mortales por su Espíritu que habita en ustedes”. 9

La vida en el Espíritu nos saca de la muerte que causan el egoísmo estéril, la injusticia, el pecado, la falta de solidaridad, el dar la espalda a Dios: “Así que los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas ustedes no viven según la carne, sino según el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en ustedes” .10 En la concepción paulina “vivir según la carne” es vivir en el pecado, en el rechazo del amor de Dios y del prójimo, en el creer el ser humano que es la medida de todo. Es el mundo de la muerte, negación del amor definitivo, rechazo de la vitalidad que proviene del Padre y de la relación solidaria con el prójimo.

Es perfectamente lógico que estos textos se nos propongan en Cuaresma, para que hagamos conciencia de todo aquello que nos impide vivir en sentido teologal y humano, y nos dejemos asumir por la Vida que reconfigura todo nuestro ser y quehacer: “Pero si con el Espíritu hacen morir las obras del cuerpo, ustedes vivirán” . 11

Con estos antecedentes, nos ponemos en el contexto del relato de Juan, la resurrección de Lázaro, 12 el último de los siete signos que articulan este cuarto evangelio. 13 En todos ellos el evangelista afirma a Jesús como Señor de la vida, antes de enfrentarse al dramatismo de la cruz y de la muerte. Siguiendo la teología del cuarto evangelio, en Jesús el ser humano es asumido para pasar de la muerte a la vida. Los judíos observantes, que no aceptaban a Jesús , sienten que el gesto de devolver a Lázaro a la vida y el entusiasmo de la gente que empieza a creer más y más en él, son una provocación para sus ortodoxas convicciones y prácticas religiosas. Con esto, tienen todos los argumentos para juzgarlo como blasfemo y someterlo al juicio y a la condenación. 14

Este relato es un testimonio creyente de señalada solidez para aseverar lo mismo que dice Jesús a Marta, la hermana del fallecido Lázaro: “Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. Crees esto?” . 15 La afirmación estructura todo el evangelio de Juan y la línea programática de esta narración teologal-pascual se formula así: “En verdad, en verdad les digo que llega la hora (ya estamos en ella) en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán” . 16

Lázaro somos nosotros limitados por la muerte y por todas las demás contingencias humanas. Sus hermanas son la nueva comunidad que se va a beneficiar de la vitalidad de Dios, también nosotros estamos ahí. El no viene a prolongar la vida física sino a comunicar la vida de Dios. El que asume ser como él queda definitivamente involucrado en esa vida nueva. La muerte no es el trágico fin de la condición humana, eso es lo que Jesús quiere demostrar a Marta y a nosotros.

Al quitar la losa desaparece simbólicamente la frontera entre los vivos y los muertos: “Dijo Jesús: quiten la piedra. Marta, la hermana del muerto, le advirtió: Señor, ya huele, es el cuarto día. Replicó Jesús: no te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” . 17 La vida de Jesús es la vida misma de Dios. El ser humano que no nace a la nueva vida permanece atado de pies y manos, por eso él lo “desata”: “Dicho esto, gritó con fuerte voz: Lázaro, sal afuera! El muerto salió, atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Jesús les dijo: desátenlo y déjenlo andar” . 18

Salir de la tumba, como Lázaro, es dejar atrás todo lo que deshumaniza y mata, todo lo pecaminoso. Salir de los lugares de muerte para hacer el tránsito pascual a la vitalidad incontenible que viene con Jesús.19 Este relato, de hondo simbolismo teológico, es mucho más que la anécdota de un prodigio individual obrado por Jesús; claramente, la intención del autor del cuarto evangelio es abrir la puerta pascual al creyente, personalizando en el mismo Jesús esa definitiva posibilidad de sentido y plenitud.

No olvidemos: Lázaro-humanidad expectante de vida plena, interminable, de trascendencia total; Martha y María: la humanidad-comunidad que acoge el don pascual. La reducción de los milagros de Jesús a hechos puntuales de él sustrae a los mismos su significado teológico y su capacidad de convertirse en garantías de nuestra esperanza.



Antonio José Sarmiento Nova, SJ





1 Ramón Lucas Lucas. Horizonte vertical: sentido y significado de la persona humana. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2010. FRANKL, Viktor. El hombre en busca de sentido. Herder. Barcelona, 1990. LIPOVETSKY, Gilles. La era del vacío: ensayos sobre el individualismo contemporáneo. Anagrama. Barcelona, 2002. CIORAN, Emile. En las cumbres de la desesperación. Hermida Editores, 2020. KIERKEGAARD, Soren. El concepto de la angustia. Austral, 2013. NIETZSCHE, Federico. Más allá del bien y del mal. Alianza. Madrid, 2025. GIL PARRA, Diego. Elogio de la felicidad. Luis Michel Aury, 2024. JOLLIEN, Alexandre. Elogio de la felicidad. RBA Libros, 2008. MOLTMANN, Jurgen. Sobre la libertad, la alegría y el juego. Sígueme. Salamanca, 1998.

2 Nacido en 1935, fallecido en 2016, sacerdote jesuíta. Profesor en la Universidad Católica de Córdoba, en su país. En su poesía la angustia por la existencia se expresa bellamente, con palabra justa, despojada de lo secundario. POL; Osvaldo. Diálogos lentos con la vida. Universidad Católica de Córdoba, 2021.

3 Osvaldo Pol, de su poemario Situación y criba (1990). Publicado en Hombre y Dios: cien años de poesía hispanoamericana. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1996. Página 352

4 ABREGO, José María. Ezequiel. Comentarios a la Nueva Biblia de Jerusalén. Desclée de Brower. Bilbao, 2017. ASURMENDI, Jesús María. Ezequiel. Verbo Divino. Estella, 1982. SAVOCA, Gaetano. El libro de Ezequiel. Herder. Barcelona, 1992.

5 Ezequiel 37: 12

6 Ignacio Lepp. Psicoanálisis de la muerte. Carlos Lohlé. Buenos Aires, 1967; Karl Rahner. Sentido teológico de la muerte. Herder. Barcelona, 1975. Hans Küng. Vida eterna? Trotta. Madrid, 2006. ÑAUINCOPA-ARANGO, Antonio. Hacia una hermenéutica teológica de la inmortalidad. En https://www.oaji.net/articles/2023/6000-1749861046.pdf BLANCO, Carlos. Hipótesis principales sobre el origen de la idea de resurrección de los muertos en el judaísmo. En https://www.repositorio.comillas.edu/rest/bitstreams/100442/retrieve FERNANDEZ, Víctor Manuel. Inmortalidad, cuerpo y materia. Una esperanza para mi carne. En Angelicum volumen 78, fascículo 3. Universidad Pontificia de Santo Tomás. Roma, 2001. BOFF, Leonardo. Hablemos de la otra vida. Sal Terrae. Santander, 1992.

7 Ezequiel 37: 14

8 Gustavo Gutiérrez. El Dios de la vida. Sígueme. Salamanca, 1994.

9 Romanos 8: 11

10 Romanos 8: 8

11 Romanos 8: 13

12 Juan 11: 1-44

13 El agua convertida en vino Juan 2: 1-12; la curación del hijo de un funcionario real Juan 4: 46-54; la curación de un enfermo en la piscina de Betesda Juan 5: 1-18; la multiplicación de los panes y los peces Juan 6: 1-15; Jesús camina sobre el agua Juan 6: 16-21; la curación del ciego de nacimiento Juan 9: 1-40.

14 CARRILLO ALDAY, Salvador. El evangelio según San Juan. Verbo Divino. Estella, 1992. BROWN, Raymond. El evangelio según Juan. Cristiandad. Madrid, 1999; La comunidad del discípulo amado. Sígueme. Salamanca, 2005. CASTRO SÁNCHEZ, Secundino. Evangelio de Juan. Comprensión exegético-existencial. Universidad Pontificia de Comillas-Desclée de Brower. Bilbao, 2001. BEUTLER, Johannes. Comentario al evangelio de Juan. Verbo Divino. Estella, 2012.

15 Juan 11: 25-26

16 Juan 5: 25

17 Juan 11: 39-40

18 Juan 11: 43-44

19 Andrés Torres Queiruga. Repensar la resurrección. Trotta. Madrid, 2006. PUPPO, María Lucía. Salir del sepulcro: cuatro intertextos literarios de la resurrección de Lázaro. En https://www.repositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/4064/1/salir-del-sepulcro.pdf SABUGAL, Santos. La resurrección de Lázaro (Juan 11: 1.54). Veo este artículo en internet pero no indica en qué publicación, si interesa al lector puede buscarlo con esa sola referencia de autor. SODING, Thomas. Encarnación y Pascua. La historia de Jesús tal como se refleja en el Evangelio de Juan. En https://www.seleccionesdeteologia.net/assets/pdf/172_06.pdf

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