domingo, 5 de julio de 2026

COMUNITAS MATUTINA 5 DE JULIO 2026 DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO

 “Por aquel entonces, tomò Jesùs la palabra y dijo: Yo te alabo,  Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado todas estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a gente sencilla”

(Mateo 11: 25)

 

Lecturas:

1.     Zacarìas 9: 9-10

2.    Salmo 144: 1-14

3.    Romanos 8: 8-13

4.    Mateo 11: 25-30

En la reflexión de este domingo hacemos conciencia sobre algunos de los excesos humanos en materia de soberbia, desorden  del poder que se ejerce sin responsabilidad con el bien común, vano honor del mundo, complejo de superioridad, orgullo malsano, superficialidad, hipocresía, desprecio por los humildes, manipulaciones, intereses mezquinos, afecto desmedido  por el dinero,  vida superflua. [1] Todas las  conductas  que alejan a quien las practica  de la sabiduría de lo esencial y de la genuina felicidad, la que propone Jesùs en su programa de las Bienaventuranzas.  Realidades que hacen decir a algún sabio bíblico con escueto escepticismo: “Vanidad de vanidades – dice Cohèlet – vanidad de vanidades, todo es vanidad! Què saca el hombre de toda la fatiga con que se afana bajo el sol?” [2] Son modelos  desordenados , quien los vive es  renuente  a la trascendencia de Dios y del prójimo,  ajeno a los asuntos relativos a la solidaridad y al servicio. Es el “vano honor del mundo”, como definió San Ignacio de Loyola su vida antes de la conversión. [3]

Un repaso profundo a la realidad del mundo nos lleva al encuentro – o desencuentro, mejor -  con la “lógica” del poder y de los poderosos, aquellos que  se sienten  dueños de la humanidad, que imponen sus pretensiones de dominación sin respetar el valor fundamental de la dignidad humana,  construyen en su entorno cortes de aduladores y   no son pocos los que recurren a modos brutales para ejercer su poderío. [4]   

También el ser humano cotidiano, que cede a la tentación de inflar su ego, se convierte en un “pequeño gran dictador”,  cualquier logro que obtiene lo transforma en título de superioridad sobre los demás. Así, la belleza física, el dinero, los títulos académicos, los “pergaminos” heredados de sus ancestros, su posición social,   las comodidades desmedidas,  son soportes para sentirse   dueños del mundo y de la vida. Hombres y mujeres sin referencia trascendente, que posan    de ser ellos mismos la medida de todo. Desaparece el prójimo como entidad respetable y digna de crédito, la solidaridad y la comunión fraterna son eliminadas, la suya es la loca carrera de la fama y del brillo externo;  penoso ámbito, donde campean   la extrema pobreza del corazón , el precario sentido moral, la ausencia de humanismo y espiritualidad.  [5]

Estas “seudoreligiones” , que asì las podemos llamar porque son auténticos cultos con sus liturgias y rituales de acendrada egolatría,  surgen porque hay  esperanzas fallidas de sentido, salvación, vida digna, justicia, muchos en la humanidad se desesperan y entronizan sus propios miedos,  conceden a los poderosos estatuto de salvadores, les rinden pleitesía, absolutizan sus pánicos e inseguridades en estos personajes ,  ellos mismos se convierten en caricaturas de esos a quienes aplauden ,  cuyo ego fomentan con sometimiento servil. El dramaturgo  Eugene Ionesco en su obra  El rey se muere”, [6]narra la historia del rey Berenguer, una referencia simbólica al ser humano promedio del siglo XX,  personaje que  vive en medio de  excesos, de  soberbia y de  incapacidad para comprender la fragilidad de la condición humana, siente pavor ante la muerte, la niega, pero ella se impone; finalmente,  el poderoso Berenguer sucumbe a la misma. Parábola dramática  de las vanidades del mundo! 

En el mundo bíblico hubo manifestaciones de esto:   algunos  reyes de Israel dados al culto religioso externo lleno de pompa, a sus alianzas con poderes extranjeros, al desconocimiento de pobres, huérfanos y viudas, como tan a menudo señalan los profetas con severísima denuncia: “Asì dice Yahvè: Por tres crímenes de Israel y por cuatro, serè inflexible! Porque venden al justo por dinero y al pobre por un par de sandalias; pisan contra el polvo la cabeza de los débiles, y el camino de los humildes tuercen…” [7] En nuestros medios religiosos cristianos también hemos incurrido en  pecados de poder:  en un determinado momento de la historia de la Iglesia en el ambiente del papa había  mayor predilección por la política eclesiástica y por las alianzas con los príncipes temporales  que por el anuncio de la Buena Noticia. Ser papa, obispo o clérigo fue para muchos asunto  de ascensos  jerárquicos y de obtención de  notables beneficios económicos.[8] Por bendición de Dios y generosidad de buenos cristianos, siempre hubo movimientos de reforma y de retorno a la originalidad del Evangelio, como los suscitados por los santos Francisco de Asìs y Domingo de Guzmàn en la lejana Edad Media, o muchos otros en diversos momentos de la historia cristiana.[9]

La “colección” de pretendidas grandezas humanas que hemos reseñado es   incompatible con el modo de ser del Señor.  Asì es  la sabiduría despojada   que expresa en el evangelio de hoy:   “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a gente sencilla”. [10] La simplicidad de Dios  asusta y  escandaliza, desarma la arrogancia, propone un estilo en el que todos somos iguales, hijos del mismo Padre, se pone preferencialmente del lado de los que nadie reconoce en el mundo del poder  y del éxito económico.  Las lecturas de este domingo   nos ayudan a poner en tela de juicio   ese entramado arrogante, disponiéndonos para el encuentro con el  Dios de los sencillos, el Dios de la “minoridad” de Francisco de Asìs. [11]

La primera lectura – del profeta Zacarías – es esclarecedora. Este profeta fue “piedra en el zapato” para los fanáticos político-religiosos que en el tiempo de Jesús aguardaban un caudillo triunfante y nacionalista. Zacarías nos ofrece una reflexión que sintoniza   con las grandes aspiraciones de las comunidades que , después del doloroso exilio en Babilonia, intentaron reconstruír su identidad a partir de elementos universales, pluralistas, comunitarios, incluyentes. Para ellos, desde esa experiencia de despojo , el Mesías no podía ser un guerrero victorioso como el primer David ni un diplomático equilibrista como Salomón. El pueblo confiaba en alguien que fuera capaz de encaminarlos por la ruta de la justicia, la paz, la solidaridad: “Exulta sin freno, Sión, grita de alegría, Jerusalén! Que viene a ti tu rey, justo y victorioso, montado en un asno, en una cría de asna. Suprimirá los carros de Efraín y los caballos de Jerusalén; será suprimido el arco de la guerra y él proclamará la paz a las naciones”. [12]

En la primera comunidad cristiana todos sus integrantes eran gente sencilla, no se gloriaban de nada, dòciles  al  Espìritu del Señor, seguían con entusiasmo el proyecto original de Jesùs y  carecían de los prejuicios legales y rituales que caracterizaban a los sabios y entendidos. El texto del evangelio de hoy confronta  la   arrogancia religioso moral de los dirigentes del judaísmo.  Para la lógica que propone el Evangelio, los sencillos son aquellos en quienes descubrimos ausencia de cálculos interesados, intenciones dobles, estilos soterrados; es decir, los pobres, los humildes, los silenciados de aquella sociedad y religión. [13] Estos  , los “sin voz”, hacen patente que el encuentro con Dios – revelado por Jesùs como Padre compasivo y misericordioso – no se da por el conocimiento erudito  ni por la rigurosa observancia de las prescripciones morales y religiosas, sino a través de la disposición para vivir en esa perspectiva de lo gratuidad.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 

Mateo, en el evangelio de hoy, conecta con las expectativas de los postergados. Jesús no se identifica con los mesianismos de su época, a él  le importa  hacer vigente la  utopía de Dios, entronca con los ideales de aquellos profetas bíblicos que preveían un modelo alternativo de sociedad, un modelo novedoso de relación con Dios, una mediación religiosa cargada de autenticidad ética, unos códigos de conducta referidos a la fraternidad y a la justicia,   un Dios cuyo proyecto de salvación, si bien apunta a la plenitud definitiva màs allà de la muerte, provoca en esta historia signos de solidaridad, de sincera y seria preocupación por el prójimo, también de estilos de vida sencillos, austeros, donde la felicidad no la dan las riquezas materiales sino el gozo del servicio y de la vida que descubre en el pobre la sacramentalidad del Dios próximo que en la vida sobria y sencilla encuentra su lenguaje de elocuencia plena: “El corazón de la Iglesia, por su misma naturaleza, es solidario con aquellos que son pobres, excluídos y marginados, con aquellos que son considerados un “descarte” de la sociedad. Los pobres están en el centro de la Iglesia, porque es desde la fe en Cristo hecho pobre, y siempre cercano a los pobres y excluídos, que brota la preocupación por el desarrollo integral de los más abandonados de la sociedad”. [14]

 

Antonio José Sarmiento Nova, SJ

 



[1] ROJAS, Enrique. El hombre light: Una vida sin valores. Temas de Hoy. Madrid, 2004. RICARD, Robert. Un nuevo  ídolo: el hombre moderno. En https://www.revistadeespiritualidad.com/upload/pdf/1232articulo.pdf ARENDT, Hannah. La condiciòn humana. Paidòs. Buenos Aires, 1993. FROMM, Erich. Psicoanàlisis de la sociedad contemporànea. Fondo de Cultura Econòmica. Mèxico, D.F., 1977. NIZAMA, Martin. Vacuidad y estulticia: trastorno espiritual. En https://www.researchgate.net/publication/319473329_Vacuidad_y_Estulticia_trastorno_espiritual  BAUMAN, Zygmunt. Modernidad lìquida. Fondo de Cultura Econòmica. Mèxico D.F., 2000. LIPOVETSKY, Gilles. La era del vacío: ensayos sobre el individualismo contemporáneo. Anagrama. Barcelona, 2003. BAUMAN, Zygmunt & DONSKIS, L. Ceguera moral: La pèrdida de sensibilidad en la modernidad lìquida. Paidòs. Barcelona, 2015.

[2] Eclesiastès 1: 2-3

[3] MARCET, Carlos. Ignacio de Loyola: un itinerario vital. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2015. GARCÌA MATEO, Rogelio. La gran mutaciòn de Iñigo a la luz del “Vita Christi” Cartujano. En  Manresa  número 61, páginas 31-44. Compañìa de Jesùs España. Madrid, 1989.

[4] MARINA, Josè Antonio. La pasión del poder. Teorìa y pràctica de la dominación. Anagrama. Barcelona, 2008. PRITTWITZ, Cornelius. La criminalidad de los poderosos. En https://www.pjenlinea3.poder-judicial.go.cr/biblioteca/uploads/Archivos/Articulo/CORNELIUS%20PRITTWITZ23.pdf   MAQUIAVELO, Nicolàs. El Prìncipe. Planeta. Barcelona, 2016.

[5] HOBBES, Thomas.  Leviatán. Atalaya. Madrid, 1989. ORWELL, George. 1984. Lumen. Barcelona, 2000;  Rebelión en la granja. Destino. Barcelona, 2006. MAFFESOLI, Michel. La violencia totalitaria. Herder. Barcelona, 1982.  VARGAS LLOSA, Mario. La Fiesta del Chivo. Alfaguara. Bogotà, 2000. ASTURIAS, Miguel. El Señor Presidente. Real Academia Española de la Lengua, Alfaguara. Madrid, 2020. GARCÎA MARQUEZ, Gabriel. El otoño del patriarca. Sudamericana. Buenos Aires, 1975. ROA BASTOS, Augusto. Yo, el Supremo. Real Academia Española de la Lengua, Alfaguara. Madrid, 2017.

[6] IONESCO, Eugene. El rey se muere. Losada. Buenos Aires, 1969. Dramaturgo rumano, 1909-1994, pertenece a la tendencia filosófico-literaria del absurdo.

[7] Amòs 2: 6-7

[8] RETAMAL, Fernando. El ejercicio del poder en la Iglesia. En  Teologìa y Vida volumen XLV, páginas 318-352. Pontificia Universidad Catòlica de Chile. Santiago, 2004. DÌAZ IBÀÑEZ, Jorge. La organización institucional de la Iglesia en la Edad Media. Arco Libros. Madrid, 1998. MITRE, E. Las grandes herejías de la Europa cristiana. Istmo. Madrid, 1983.

[9] BUSTOS, Tomàs de. Santo Domingo de Guzmàn, predicador del Evangelio. San Esteban.  Salamanca, 2000. GALMES, L. & GÒMEZ, V.T. Santo Domingo de Guzmàn: fuentes para su conocimiento. Biblioteca de Autores cristianos BAC. Madrid, 1987. BOFF, Leonardo. San  Francisco de Asìs, ternura y vigor. Sal Terrae. Santander, 2000. LECLERC, Eloi. Francisco de Asìs: un hombre nuevo para una sociedad nueva o el retorno al Evangelio. Sìgueme. Salamanca, 2006. SPOTO, Donald. Francisco de Asìs, el santo que quiso ser hombre. Vergara. Barcelona, 2004.

[10] Mateo 11: 25

[11]  MICÒ, Julio. Vivir el Evangelio: la espiritualidad de Francisco de Asìs. Capuchinos Editorial. Madrid, 2012. LECLERC, Eloi. Sabidurìa de un pobre. Marova. Madrid, 1992. CORREA PEDROSO, Josè Carlos. Hermana Pobreza. Paulinas. Buenos Aires, 1985. LÒPEZ BAEZA, Antonio. Francisco de Asìs, una luz puesta en lo alto. Desclèe de Brower. Bilbao, 2017.

[12] Zacarías 9: 9-10. AMSLER, Samuel. Los últimos profetas: Ageo, Zacarìas, Malaquìas, y algunos otros. Verbo Divino. Estella, 1997. PIKAZA, Xabier & PAGOLA, Josè Antonio. Entrañable Dios: las obras de misericordia, hacia una cultura de la compasión. Verbo Divino. Estella, 2017.

[13] MAIER, Martin. La experiencia de Dios en los pobres. Para Jon Sobrino, en su 80 aniversario. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/4250/1/RLT%202018%20N-105-D.pdf CODINA, Vìctor. Una Iglesia nazarena: teología desde los insignificantes. Sal Terrae. Santander, 2010. GONZÀLEZ Carvajal, Luis. Con los pobres contra la pobreza. San Pablo. Madrid, 1991; El clamor de los excluìdos. Sal Terrae. Santander, 2009; Las bienaventuranzas, una cultura que humaniza. Sal Terrae. Santander, 2017.   BOFF, Leonardo. Teologìa desde el lugar del pobre. Sal Terrae. Santander, 1988.  SCANNONE, Juan Carlos. La teología del pueblo. Raìces teològicas del papa Francisco. Sal Terrae. Santander, 2017. ROMERO, Oscar Arnulfo. La voz de los sin voz , la palabra viva de Monseñor Romero. Introducciòn, notas y comentarios de Jon Sobrino, Ignacio Martìn-Barò y Rodolfo Cardenal. UCA Editores. San Salvador, 2004.

[14] PAP LEON XIV. Exhortación Apostólica Dilexi Te, sobre el amor hacia los pobres. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2025; numeral 111.

domingo, 28 de junio de 2026

COMUNITAS MATUTINA 28 DE JUNIO 2026 DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO

 

El que no tome su cruz y me siga , no es digno de mì”

(Mateo 10: 38)

 

Lecturas:

1.     2 Reyes 4: 8-17

2.    Salmo 88

3.    Romanos 6: 3-11

4.    Mateo 10: 37-42

Vivir para un ideal es  exigente  , si se ama aquello que se tiene como   referente decisivo de la existencia; para lograrlo se apuesta todo, hasta la propia vida;  no se escatiman esfuerzos , se trabaja apasionadamente  con la mirada puesta en eso que se constituye como el modo superior de  humanidad,   consciente de todos los desvelos, renuncias, sacrificios, que exige un esfuerzo así .[1]  Relatos de vida modélicos como los de los grandes místicos de la historia cristiana son estupendo ejemplo de estas afirmaciones:    desfilan por nuestra mente como  lenguaje del amor definitivo, vidas que siguen siendo atractivas para muchos en este tiempo, aún a pesar de los silencios de la sociedad moderna sobre Dios y a cierto temor de profesarse creyente en medio de la indiferencia  de la cultura secular.

En esta perspectiva, San Ignacio de Loyola, en el comienzo de la segunda etapa de sus EJERCICIOS ESPIRITUALES, propone al ejercitante una meditación que él llama “El llamamiento del rey temporal ayuda  a contemplar la vida del REY ETERNAL”.[2] Es un asunto de altísimo ideal,  propuesta de ofrecimiento de sí mismo a Jesús en la clave de lo que  el santo Ignacio llama el “magis”,[3] la mayor entrega de lo que se es al proyecto de Jesús.   En  lenguaje caballeresco , propio de la vida suya antes de la conversión, nuestro santo  hace alusión a un rey magnánimo que invita a sus súbditos a seguirle, a una aventura de conquista, haciendo claridad sobre los riesgos, penalidades, contingencias, que deben asumir quienes acepten la invitación; y la  promesa del rey: “porque así después tenga parte conmigo en la victoria, como la ha tenido en los trabajos”.[4] Con esta premisa Ignacio presenta a quien él llama “el rey eternal”, Jesús de Nazaret: “….si tal vocación consideramos del rey temporal a sus súbditos, cuanto es cosa digna de más consideración ver a Cristo nuestro Señor, rey eterno, y delante de él todo el universo mundo, al cual y a cada uno en particular llama y dice: mi voluntad es de conquistar todo el mundo y todos los enemigos, y así entrar en la gloria de mi padre; por tanto, quien quisiere venir conmigo ha de trabajar conmigo, porque siguiéndome en la pena también me siga en la gloria”. [5]

El referente central de estas consideraciones es el mismo Señor Jesucristo, su vida  dedicada  absolutamente  a Dios, a quien él vive y asume como Padre, a su voluntad, categoría que aterriza históricamente en el Reino de Dios y su justicia, en la construcción de un nuevo orden de vida en el que todos somos hijos de ese mismo Padre. Es Jesús, él mismo, su persona toda, el modelo que identifica  esta novedad que irrumpe en la historia como Buena Noticia. [6] Es el “Rey Eternal” de la propuesta ignaciana, el que sedujo al soldado “desgarrado y vano” que fue Ignacio de Loyola, el mismo que  cambió radicalmente su sentido de vida y lo llevó al máximo ofrecimiento de todo lo suyo, “oblación de mayor estima y momento”. [7]

Estas consideraciones  nos ponen en contexto para captar las  prioridades de Jesús, a las que ofreció su vida entera. Cuando, en el relato de las tentaciones que refieren Mateo y Lucas, se niega rotundamente a los embates del maligno que le propone prestigio, reconocimiento, honor mundano, espectacularidad, y afirma el absoluto de Dios como la razón radical de su proyecto vital, está delineando las notas que definen su misión: un mesianismo “desde abajo”, un mesianismo crucificado, para escándalo de sus contemporáneos y de sus propios discípulos, que no soportaban la idea de un Mesías “derrotado” por los poderes del mundo. [8]

Jesús muere crucificado por su fidelidad al Padre Dios, a su reino, a sus convicciones, odiado y perseguido por los poderes religiosos y políticos del pequeño país de Palestina. Después de su muerte y, a partir de la experiencia pascual, los discípulos y los integrantes de las comunidades cristianas nacientes, también fueron conscientes de lo mismo, era ignominioso seguir el camino de Jesús, se les veía como   peligrosos para el equilibrio de la sociedad y de la religión.

Anunciar a un Mesías crucificado era una contravención a todo el ordenamiento social y religioso de su tiempo.  Lo que ellos hacían era una denuncia vehemente de un sistema de valores, creencias e instituciones que habían hecho de la violencia, la mentira y la opresión los “valores” indiscutibles de la sociedad. Cómo iban a ver con buenos ojos las autoridades  sacerdotales de Jerusalén, los gendarmes del imperio,  que un grupo  minoritario de hombres y de  mujeres, llenos de esperanza y de entusiasmo apostólico, cuestionara ese orden de cosas y anunciara que otra mundo  es posible, que el ser humano es merecedor de justicia, de respeto, de compasión, todo esto en nombre de Dios?[9]

Lo suyo no era la configuración de una nueva institución religiosa con sus estructuras, normativas y autoridades, sino la generación de comunidades de discípulos alentados por el Espíritu de Dios y dispuestos a rescatar la vigencia de la dignidad de los seres humanos, con la inspiración de las Bienaventuranzas, el programa que Jesús propone para la creación de esta nueva humanidad, todo ello teniendo al Padre Dios como principio y fundamento de esa novedosa y esperanzadora alternativa.

Por tanto, no debe sorprendernos que Mateo plantee con tanta dureza, como lo hace en el texto del evangelio de hoy, las exigencias del seguimiento de Jesús: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a  mí, no es digno de mí”, [10]  palabras que  no contienen un desprecio de la realidad familiar, pero sí nos invitan a determinar cuál es el motor que impulsa nuestras vidas y a  ordenar todas nuestras intenciones y conductas en la perspectiva de ese seguimiento.

Mateo escribe un evangelio para comunidades judías que se han convertido al cristianismo. En ese contexto, la referencia al desapego familiar alude a la estima desmesurada que los judíos tenían por sus parientes, asunto que se podía convertir en  “amor” paralizante, no asumido y entendido  como experiencia liberadora. Ante eso, el proyecto de Jesús demanda más porque  se trata de un afecto siempre mayor y  universal referido a todo tipo de prójimo, capaz de trascender el limitado ámbito de la familia, de la raza, o de la nación.[11]

Así se  explican  las fuertes palabras de este evangelio. “El que no tome su cruz y me siga detrás no es digno de mi. El que encuentre su vida, la perderá , y el que pierda su vida por mí, la encontrará”. [12]   Tomar la cruz y seguir a Jesús es asumir con radical generosidad que en él descubrimos la alternativa genuina de la libertad y del amor, perder la vida por él es dar lo mejor de sí para implantar en la historia de la humanidad  las bienaventuranzas.  Cuando el mundo y la sociedad deciden que el poder y el dinero son los indicadores de felicidad, el proyecto evangélico afirma y realiza la fraternidad y la mesa compartida, y se desposee de toda pretensión de dominio sobre los demás para indicar que el reino de Dios y su justicia pasa esencialmente por asumir al prójimo como la responsabilidad determinante de la felicidad.

Ser cristianos es morir a todo tipo de afecto desordenado. La novedad evangélica se manifiesta en la transformación radical de las relaciones humanas, en la resurrección a una vida nueva llena de afectos volcados hacia la humanidad sufriente, hacia las causas mayores de justicia y de libertad, hacia la significación sacramental de la Iglesia que tiene su centro y sentido en la persona de Jesús y en la realización de la “salida misionera” para anunciar a todos esa noticia cargada de esperanza y de vitalidad teologal.[13]

La presencia del Resucitado es la convicción central en la que se arraigan estas orientaciones, es la que hace posible dejar atrás eso que Pablo llama el hombre viejo para acceder a la novedad pascual: “Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no vuelve a morir, y que la muerte carece ya de poder sobre él” .[14]

 

Antonio José Sarmiento Nova, SJ

 



[1] SAURÍ, Jorge.  El hombre comprometido. Carlos Lohlé. Buenos Aires, 1965. QUOIST, Michel.  Triunfo. Herder. Barcelona, 1969. LEPP, Ignacio. La existencia auténtica. Carlos Lohlé. Buenos Aires, 1971. D´ANGELO HERNÁNDEZ, Ovidio. Proyecto de vida y desarrollo integral humano. En https://www.biblioteca.clacso.edu.ar/ar/libros/cuba/cips/caudales05/Caudales/ARTICULOS/ArticulosPDF/07D=50.pdf URTEAGA  LOIDI, Jesús .  El valor divino de lo humano. Rialp. Madrid, 1995.    SELLÉS DAUDER, Juan Fernando. Antropología para inconformes. Rialp. Madrid, 2006. LUCAS LUCAS, Ramón. Horizonte vertical: sentido y significado de la persona humana. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2010.  BEUCHOT, Mauricio. Interpretación del ser humano: un ensayo de antropología filosófica. Herder. Barcelona, 2019. MARITAIN, Jacques. Humanismo Integral. Palabra. Madrid, 2015. PLASENCIA LLANOS, Vicente. Ser humano: un proyecto inconcluso. Reflexiones filosófico-teológicas sobre la antropología. Universidad Politécnica Salesiana. Cuenca, 2017.

[2] SAN IGNACIO DE LOYOLA. Ejercicios Espirituales. San Pablo. Madrid, 1996. La referida meditación está en los numerales 91 a 100 del texto ignaciano. GUTIÉRREZ JARAMILLO, Alberto. Contexto histórico de la meditación del rey temporal. En  Theologica Xaveriana número 160, páginas 584-601. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2006.   LOSADA, Joaquín. Cristología de la meditación del llamamiento del rey temporal. En  Manresa número 54, páginas 45-59. Compañía de Jesús España. Madrid, 1982. RAMBLA BLANCH, Josep Maria. Una manera de estar en el mundo. Relectura de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. Mensajero. Bilbao, 2020.

[3] Magis expresión latina que significa “más”, “lo máximo”. En el lenguaje ignaciano se utiliza como la excelencia en el amor, en la ofrenda de sí mismo a Dios y al prójimo, dar de sí lo mejor de lo mejor. MOLLÁ, Darío. El más ignaciano: tópicos, sospechas, deformaciones y verdad. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2015; Del Magis personal al Magis Institucional. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2019.

[4] Ejercicios Espirituales de San Ignacio, número 93

[5] Ejercicios Espirituales de San Ignacio, número 95.

[6] MERINO BEAS, Patricio. Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Universidad de Santo Tomás. Bogotá, 2015. STOCK, Clemens. Jesús el Hijo de Dios. Meditaciones sobre el Evangelio de San Juan. Didaskalos. Madrid, 2023. SESBOUE, Bernard. Cristo, Señor e Hijo de Dios. Sal Terrae. Santander, 2014.  JEREMIAS, Joachim. Abba: el mensaje central del Nuevo Testamento. Sígueme. Salamanca, 2019. KASPER, Walter. El Dios de Jesucristo. Sígueme. Salamanca, 2011.HOPING, Helmut. Jesús de Galilea, Mesías e Hijo de Dios. Sígueme. Salamanca, 2022.

[7] Típica expresión de San Ignacio que indica el máximo de generosidad en la ofrenda del sujeto ejercitante al Señor y al prójimo.

[8] GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. Locura y escándalo: un Mesías crucificado y una historia marcada por la cruz. En Perspectiva Teológica volumen 52, número 3, páginas 585-606. Facultad Jesuíta de Filosofía y Teología FAJE. Belo Horizonte, septiembre-diciembre 2020. BROWN, Raymond. La muerte del Mesías: comentario a los relatos de la pasión en los 4 evangelios. Verbo Divino. Estella, 2006. GAVRILYUK, P. El sufrimiento del Dios impasible. Sígueme. Salamanca, 2012. BRAMBILLA, Franco Giulio. El Crucificado Resucitado. Sígueme. Salamanca, 2003.

[9] AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. La mirada de Jesús sobre el poder. En  Teología y Vida volumen 55, número 1, páginas 83-104. Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago, 2014; La persecución en  el cristianismo primitivo. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1245/1/RLT-1996-037-B.pdf  Así empezó el cristianismo. Verbo Divino. Estella, 2010. THEISSEN, Gerd. La religión de los primeros cristianos. Sígueme. Salamanca, 2002. GALEANO, Adolfo. El paradigma cristiano de pensamiento: la revolución cultural del cristianismo. En   Cuestiones Teológicas volumen 38, número 90, páginas 235-268. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, julio-diciembre 2011.  

[10] Mateo 10: 37

[11] PIKAZA, Xabier. Evangelio de Mateo. De Jesús a la Iglesia. Estella,2014. AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. El Evangelio de Mateo: los conflictos de una Iglesia judeocristiana. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 17 de octubre de 2017. RODRÍGUEZ CARMONA, Antonio. Evangelio de Mateo. Desclée de Brower. Bilbao, 2017. NEYREY, Jerome H. Honor y vergüenza: lectura cultural del Evangelio de Mateo. Sígueme. Salamanca, 2005.

[12] Mateo 10: 38-39

[13] CONSEJO MUNDIAL DE IGLESIAS. Juntos por la vida: misión y evangelización en contextos cambiantes. En https://www.oikoumene.org/sites/default/files/Document/Together_towards_life_SP.pdf  PÉREZ ANDREO, Bernardo. La revolución de Jesús: el proyecto del Reino de Dios. PPC. Madrid, 2018. CASTILLO, José María & ESTRADA, Juan Antonio. El proyecto de Jesús. Sígueme. Salamanca, 2004; Declive de la religión y futuro del Evangelio. Desclée de Brower. Bilbao, 2022.

[14] Romanos 6: 8-10

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