domingo, 3 de mayo de 2026

COMUNITAS MATUTINA 3 DE MAYO 2026

 

DOMINGO V DE PASCUA

Le dijo Tomás, Señor, no sabemos a dónde vas; cómo podemos saber el camino? Respondió Jesús: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí”

(Juan 14: 5-6)

Lecturas:

  1. Hechos 6: 1-7

  2. Salmo 32: 1-5 y 18-19

  3. 1 Pedro 2: 4-9

  4. Juan 14: 1-12

En estos días de Pascua los textos bíblicos que la Iglesia propone a nuestra consideración nos conectan con el entusiasmo de los primeros discípulos-as de Jesús. Ellos-as han vivido un sorprendente cambio que sólo es explicable desde la perspectiva de una especialísima intervención de Dios en sus vidas: es la experiencia pascual, la certeza del Viviente: Jesús, el mismo Crucificado, el hombre histórico de Nazaret, es ahora el Cristo de la fe, el Señor Resucitado. “Conocer” esta realidad es un don que Dios hace a estos hombres y mujeres que amaron sinceramente a Jesús, que escucharon de viva voz sus enseñanzas, que fueron testigos directos de su ministerio público y de su manera de anunciar a Dios como padre misericordioso y compasivo, que se conmovieron ante el fino humanismo que lo llevó a tratar con singular dignidad a los más humillados y ofendidos de su tiempo, que sufrieron como nadie en ese momento su injusto juicio y su muerte en la cruz. Esos mismos son ahora los testigos privilegiados del acontecimiento pascual.1

Qué nos dice todo esto a nosotros, cristianos del siglo XXI? Cómo reconocer la novedad pascual y apropiarla para que nuestra vida de creyentes no sea una rutinaria repetición de rituales y de creencias heredadas pero no asumidas en la libre opción de la fe? Cómo descubrir al Espíritu trabajando en nosotros, bautizados, para recibir ese entusiasmo y apostolicidad pascuales, y transmitir a nuestros proyectos de vida la bienaventurada certeza del Señor Resucitado? Cómo vivir pascualmente? Cómo transmitir a este complejo y plural mundo nuestro el sentido pleno de la vida que nos comunica el Señor Resucitado?2

Vienen a nuestra mente y afecto los diversos ambientes sociales y culturales en los que nos movemos. Los muchos seres humanos que afirman no aceptar la fe en Dios o, al menos, resistirse a la demostración de su existencia: los agnósticos; o también los muchos, muchísimos, que viven afligidos por tantas razones de adversidad: pobreza, depresión, exclusión social, abandono, soledad, fracaso; o los “sobrados de lote”, los exitosos, triunfantes, los que dicen no necesitar de nada ni de nadie porque ellos mismos se sienten la medida de la humanidad, sin perspectiva de trascendencia; o los creyentes temerosos, refugiados en una religiosidad desconectada de los grandes retos existenciales; y también - felizmente - los creyentes adultos, comprometidos, pascuales, arquitectos del Evangelio en medio de esta diversidad de posturas. Para todos ellos-as es el anuncio de la Buena Noticia pascual, porque el ser humano requiere de una respuesta definitiva para su búsqueda de absoluto y plenitud. La propuesta de Jesùs tiene pretensión de universalidad, es para todos los seres humanos, siempre con el màs hondo respeto a la libertad de cada sujeto. 3

El evangelista Juan pone en boca de Jesùs la vivencia pascual de aquellas comunidades que, entre desconcierto y esperanza, van surgiendo: “No se angustien ustedes. Crean en Dios: crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, no les habría dicho que voy a prepararles un lugar. Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré y los tomaré conmigo, para que donde esté yo, estén también ustedes” . 4 Las palabras de Jesùs en este evangelio se orientan a alentar la esperanza de sus seguidores, cuando toman en serio las implicaciones de seguir su camino, dentro del que necesariamente surgen el conflicto, la crisis, la incomprensión, como consecuencia de vivir proféticamente y de confrontar la injusticia, que unos ejercen sobre otros, como ha sucedido a tantos en estos largos siglos de historia cristiana.5

Este ànimo pascual es para la Iglesia de todos los tiempos de la historia, también para nosotros hoy, avanzando el siglo XXI, inmersos en este mundo de tan diversas condiciones, no pocas de ellas de señalada ambigüedad. La cultura urbana , donde crecen mentalidades secularizadas, en las que, gracias al conocimiento sistemático adquirido en la educación superior y a sus correspondientes habilidades tecnológicas, florece un tipo de ser humano autosuficiente, “empoderado” se dice hoy, domesticado por el eficientismo y por la racionalidad instrumental, sin apertura al horizonte de la trascendencia definitiva en Dios. Pero también es èticamente imperativo volver la mirada y el afecto y la solidaridad hacia las inmensas legiones de gentes empobrecidas, maltratadas por la injusticia del “establecimiento”, vulneradas en su dignidad y en sus derechos. Còmo transmitir espíritu pascual a los arrogantes dueños del sistema, còmo redimir a los condenados de la tierra, en nombre de Jesùs, el Cristo, el Resucitado? 6

Hemos afirmado reiteradamente que el cristianismo no es una ideología de tipo religioso, frecuentemente tomada por reglamentaciones y creencias. Ser cristiano es adherir personal y comunitariamente a Jesùs, èl es el contenido de nuestra fe, èl es nuestra razón de vivir con sentido y esperanza, ser sus discípulos es lo que caracteriza a la Iglesia universal y a cada Iglesia particular, con el modo de proceder propio que es el Evangelio, el estilo de las bienaventuranzas, el compromiso por hacer vigente en cada ámbito existencial el reino de Dios y su justicia. Tal es el la dotación con la que contamos para responder a la diversidad de hombres y mujeres, de culturas y mentalidades, de indagaciones por el sentido último de la vida. 7

Quien toma en serio la fidelidad a la conciencia, el carácter insobornable de la misma, la rectitud ética, el rechazo frontal al vano honor del mundo y a los poderes que oprimen a la humanidad, se expone a ser perseguido, humillado y ofendido, como lo fue Jesús. Abundan en la historia casos de hombres y mujeres así, “genios éticos”, personas que no temen a la posibilidad de consecuencias dramáticas por creer y vivir de esa manera.8

Cómo se encara esto en clave del seguimiento de Jesús? Sobre el particular responden las vivencias de los primeros cristianos cuando sus dramas son desvelados pascualmente, y cuando al temor sucede la certeza del Viviente inspirando sus decisiones y conductas, con la feliz consecuencia de la valentía apostólica que convida a muchos a hacer parte de su proyecto: “El mensaje de Dios iba extendiéndose, y el número de los creyentes aumentaba mucho en Jerusalén. Incluso muchos sacerdotes judíos aceptaban la fe” . 9 Para estos cristianos primitivos la relación con Jesús es eminentemente esperanzadora, garantía de confianza, él mismo lo afirma cuando responde al desconcierto de Tomás: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mí se puede llegar al Padre. Si ustedes me conocen a mí, también conocerán a mi Padre; y ya lo conocen desde ahora, pues lo han estado viendo” . 10

Precedido de la afirmación de su identidad y misión con la expresión YO SOY, Jesùs, según el evangelio de Juan, se presenta siete veces – número de perfección en la Biblia, de plenitud – como pan de vida, luz del mundo, puerta, buen pastor, resurrección y vida, camino-verdad-vida y vid. 11Cada una es un discurso en el que el evangelista Juan hace siete afirmaciones teològicas esenciales sobre el ser y el ministerio del Señor, en continuidad y superación con el “Yo soy el que soy12 de Yahvè a Moisès en el relato de la zarza ardiente.

Jesús es modelo antropológico y teológico para el ser humano. Es una nueva humanidad que Dios propone para superar la ambigüedad de la condición humana.13 Es CAMINO que empieza y concluye en Dios, así como èl es el modelo del ser humano pleno y realizado, que ha recorrido el sendero de la cruz y de la ignominia, siguiendo aquello de “que nadie tiene mayor que el que es capaz de dar la vida por sus amigos” .14 El gran indicador de este nuevo modo de humanidad es la capacidad de dar la propia vida para que muchos la tengan en abundancia. Jesús es un proyecto de vida plenamente capaz de llenar los ideales del hombre-mujer que lo quiera tomar.15 Jesús es VERDAD por ser fiel a su conciencia, porque ha llegado a ser lo que tenía que ser, porque hace presente a Dios que es su verdadero ser. Si nosotros, seres humanos, descubrimos que Dios está identificado con nosotros, ya lo somos todo, como Jesús. En él logramos la plenitud de nuestro ser. Jesús es VIDA porque en él ha sido comunicada la vida misma de Dios: “Créanme que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí.”. 16 Jesùs comunica al ser humano la vitalidad teologal, en èl todo se hace nuevo, èl mismo es la afirmación de que lo humano no se extingue, su gracia pascual asume cada identidad y la inserta en su resurrección, es la vida definitiva que impide el fracaso radical.



Antonio José Sarmiento Nova, SJ







1 EVELY, Louis. La cosa empezó en Galilea. Sígueme. Salamanca, 1967. ALVAREZ VALDÉS, Ariel. Primeras testigos de la resurrección. En https://www.valoresreligiosos.com.ar/Noticias/primeras-testigos-de-la-resurreccion-3272 CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA. Primera parte: la profesión de la fe. Segunda sección: la profesión de la fe cristiana. Capítulo II: Creo en Jesucristo, Hijo de Dios. En https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p122a5p2_sp.html GOITIA, José de. El origen de la fe pascual según Rudolf Pesch. En Estudios Eclesiásticos número 61, páginas 23-65. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 1986. PAGOLA, José Antonio. Creer en el Resucitado, esperar en nuestra resurrección. Sal Terrae. Santander, 2003. JUNCO GARZA, Carlos. Para vivir la Pascua. PPC. Madrid, 2017. LORENZEN, Thorwald. Resurrecciòn y discipulado. Sal Terrae. Santander, 1999.

2 SÀNCHEZ CARO, Josè Manuel; MÈNDEZ FERNÀNDEZ, Benito; PÈREZ LÒPEZ, Santiago. Ser cristiano en el siglo XXI. Reflexiones sobre el cristianismo que viene. Universidad Pontificia de Salamanca. Salamanca, 2001. TORRALBA ROSELLÒ, Francesc. Un humanismo cristiano para el siglo XXI. En https://www.hospitalarias.org/reestructuracionafrica/wp-content/uploads/Humanismo-cristiano-Torralba.pdf SOBRINO, Jon. El cristianismo ante el siglo XXI en Amèrica Latina. Una reflexión desde las víctimas. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/778/1/cristianismo_siglo%20xx.pdf GARCÌA MÀIQUEZ, Enrique. Pensar el cristianismo en el siglo XXI. En https://www.nuevarevista.net/pensar-el-cristianismo-en-el-siglo-xxi.pdf

3 LOIS, Julio. Universalidad del llamamiento y radicalidad del seguimiento. En https://www.ciberiglesia.net/discipulos/05/05discipulado_llamamientoyseguimiento_lois.htm JOSSUA, Jean Pierre. Algunas reflexiones sobre la universalidad del cristianismo. En TAMAYO ACOSTA, Juan Josè. Cristianismo y liberación: homenaje a Casiano Floristàn. Trotta. Madrid, 1996. POLANCO, Rodrigo. La Iglesia y la universalidad de la salvación en el cristianismo. En Teologìa y Vida volumen XLIV, páginas 423-443. Pontificia Universidad Catòlica de Chile. Santiago de Chile, 2003.. CRISTIANISMO Y JUSTICIA. Universalidad de Cristo, universalidad del pobre. Sal Terrae. Santander, 1997.

4 Juan 14: 1-3. Las palabras que el evangelio de Juan pone en boca de Jesús son expresiones de ánimo para los primeros seguidores suyos, con el fin de fortalecerlos en medio de las numerosas contradicciones y conflictos a los que se vieron expuestos. Ser discípulos del crucificado era causa de persecución.

5 MATEO DONET, Marìa Amparo. La ejecución de los mártires cristianos en el imperio romano. Universidad de Murcia, 2016. WITHFIELD, Teresa. Pagando el precio: el asesinato de los jesuitas en El Salvador. UCA Editores. San Salvador, 1999. RICCARDI, Andrea. El siglo de los mártires. Encuentro. Madrid, 2019; La Iglesia arde: la crisis del cristianismo hoy, entre la agonía y el resurgimiento. Arpa. Madrid, 2022. SOBRINO, Jon. Los mártires latinoamericanos, interpelación y gracia para la Iglesia. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/47264025.pdf

6 PAPA PABLO VI. Exhortaciòn Apostòlica Evangelii Nuntiandi sobre el Anuncio del Evangelio en el Mundo Contemporàneo. Libreria Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1975. CONCILIO VATICANO II. Constituciòn Pastoral Gaudium et Spes sobre la Iglesia en el Mundo Moderno. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1965. PAPA FRANCISCO. Exhortaciòn Apostòlica Evangelii Gaudium sobre el Anuncio del Evangelio en el Mundo Actual. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2013. VELA, Jesùs Andrès. Reevangelizaciòn: el primer anuncio del Evangelio a bautizados no cristianos. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotà, 2014. REVILLA CUÑADO, Avelino. El anuncio del Evangelio en una sociedad lìquida. En Teologìa y Catequesis número 142, páginas 13-55. Universidad San Dàmaso. Madrid, 2018. CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO CELAM. Evangelizaciòn en las culturas urbanas. Celam. Bogotà, 2012. CONGREGACIÒN PARA LA EVANGELIZACIÒN DE LOS PUEBLOS. Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en

7 GUARDINI, Romano. El Señor. Cristiandad. Madrid, 2002. SEGUNDO, Juan Luis. El hombre de hoy ante Jesùs de Nazaret (3 volùmenes). Cristiandad. Madrid, 1986. SOBRINO, Jon. El Jesùs histórico nos llama al discipulado en Amèrica Latina. En revista Theologica Xaveriana volumen 57 nùmero 162, páginas 127-157. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotà, enero-marzo 2007. TRIGO, Pedro. Jesùs, paradigma absoluto de humanidad. Colecciòn pastoral Fe y Alegrìa. Quito, 2003. CABESTRERO, Teòfilo. Jesùs, el hombre que ama como Dios. Desclèe de Brower. Bilbao, 2015. ZAMORA ANDRADE, Pedro. Pablo. Seguir a Jesùs, el Señor, y proseguir su proyecto. Verbo Divino. Estella, 2021. FABRIS, Rinaldo. Jesùs de Nazaret, historia e interpretación. Sìgueme. Salamanca, 1985. CENTRO BÌBLICO VERBO DIVINO. Jesùs, su tierra, su pueblo, su vida y su proyecto. Verbo Divino. Quito, 2018. GONZALEZ, Francisco Bartolomè. Acercamiento a Jesùs de Nazaret (4 volùmenes). Paulinas. Madrid, 1985.

8 LUYPEN, William. Fenomenología existencial. Carlos Lohlé. Buenos Aires, 1970. El autor utiliza la expresión “genio ético” para referirse a seres humanos que hacen huella en la historia por su rectitud moral, convirtiéndose en referente para muchos, del tipo de Nelson Mandela, Martin Luther King, Diógenes, Tomás Moro. DE CELAYA, Ignacio. La sindéresis, principio de rectitud moral. En https://www.core.ac.uk/download/83558235.pdf SAURÌ, Jorge. El hombre comprometido. Carlos Lohlè. Buenos Aires, 1970. SINGER, Peter. Compendio de ética. Alianza. Madrid, 2004.

9 Hechos 6: 7

10 Juan 14: 6-7. SINOPOLI, Federico & SALERNO, Matìas. Conociendo a Jesùs: Yo soy, como èl mismo se revelò. En https://www.discipuladocristiano.org/wp-content/uploads/2016/06/Yo-Soy.pdf CASTRO SÀNCHEZ, Secundino . Evangelio de Juan. Comentarios a la Nueva Biblia de Jerusalèn. Desclèe de Brower. Bilbao, 2014.

11 CHAMORRO, Gonzalo A. Perspectiva divina de los YO SOY en el evangelio de Juan. En https://www.xdoc.mx/documents/el-uso-de-los-yo-soy-en-juan-5e1e22daa9893 PAGOLA, Josè Antonio. El camino abierto por Jesùs (4): Juan. PPC. Madrid, 2018. BANDINI. Marinella. Los siete YO SOY de Jesùs en el evangelio de Juan. En https://www.es.aleteia.org/2022/10/11/los-7-yo-soy-de-jesus-en-el-evangelio/

12 Exodo 3: 13-14.

13 GONZALEZ FAUS, Josè Ignacio. Proyecto de hermano: visión creyente del hombre. Sal Terrae. Santander, 1987. ESPÌNDOLA GARCÌA, Luis Gabriel. La nueva humanidad en el pensamiento de Pablo. En Revista Veritas número 34, páginas 217-233. Pontificia Universidad Catòlica de Valparaìso, septiembre 2016. RAHNER, Karl. La gracia como libertad. Herder. Barcelona, 2008.

14 Juan 15: 13

15 José Ignacio González Faus. Otro mundo es posible…..desde Jesús. Sal Terrae. Santander, 2010.

16 Juan 14: 11

domingo, 26 de abril de 2026

COMUNITAS MATUTINA 26 DE ABRIL 2026 DOMINGO IV DE PASCUA

 

Pues ustedes andaban antes como ovejas extraviadas, pero ahora han vuelto a Cristo, que los cuida como un pastor y vela por ustedes”

(1 Pedro 2: 25)

Lecturas:

  1. Hechos 2: 36-41

  2. Salmo 22: 1-6

  3. 1 Pedro 2: 20-25

  4. Juan 10: 1-10

Con el estilo y lenguaje del inolvidable Papa Francisco ha cobrado mucho sentido el tema del pastoreo, de la pastoral, de los “pastores con olor a oveja”.1 Ahora también su sucesor, el Papa León XIV, enfatiza la misma demanda para que obispos y sacerdotes reflejen en su conducta al Señor Jesucristo y a su amorosa dedicación al cuidado del rebaño. Los penosos hechos de pederastia y encubrimiento son una mancha que lastima gravemente el cuerpo de la Iglesia, primero porque atenta contra la dignidad de niños y jóvenes confiados al cuidado pastoral de la Iglesia. auténticas traiciones a las ovejas confiadas a su ministerio; segundo porque hiere en lo más íntimo de su ser la credibilidad de la Iglesia. Nos corresponde a todos en la Iglesia, principalmente a los ministros ordenados, expiar ese delito-pecado y afirmar decididamente con nuestro modo de vida la imagen evangélica del ministerio: “En un mundo marcado por tensiones crecientes, incluso dentro de las familias y de las comunidades eclesiales, el sacerdote está llamado a promover la reconciliación y a generar comunión. Ser constructores de unidad y de paz significa ser pastores capaces de discernimiento, hábiles en el arte de recomponer los fragmentos de vida que se nos confían, para ayudar a las personas a encontrar la luz del Evangelio dentro de las tribulaciones de la existencia, significa ser sabios lectores de la realidad, yendo más allá de las emociones del momento, de los miedos y de las modas, significa ofrecer propuestas pastorales que generen y regeneren la fe, construyendo relaciones buenas, vínculos solidarios, comunidades donde brille el estilo de la fraternidad. Ser constructores de unidad y de paz no significa imponerse, sino servir”. 2

Este IV domingo de Pascua se conoce como del Buen Pastor,3 por el contenido de las lecturas bíblicas que destacan la figura de Jesús como tal, el que se dedicó sin límites al cuidado de sus ovejas, el que las acompañó en la recuperación de su dignidad, el que ejerció con ellas la compasión y la misericordia, el que no excluyó a ninguna, el que acogió con particular delicadeza a las llamadas “ovejas negras”, el que nunca bajó la guardia en su dedicación pastoral, el que fue a la cruz para dar vida en abundancia para que ninguna muriese sofocada por el pecado y por la muerte, el que – Resucitado – mantiene la plena vigencia de su cuidado pastoral, el que huele a oveja hasta lo más íntimo de su ser. La palabra “cura” , con la que se designa a los sacerdotes que presiden comunidades parroquiales , significa “el que cuida”, proviene del verbo latino “curare”, que significa cuidar.

Que sea este celebración un reconocimiento a los muchos santos y generosos pastores, obispos y sacerdotes, que configuran su ministerio con el pastoreo original del Señor Jesús, entregados a sus comunidades a tiempo y a destiempo, sin perseguir reconocimientos, ascensos o beneficios, los que indican con su conducta evangélica como debe ser la ministerialidad eclesial, los que no escatiman esfuerzo para servir a las ovejas que se les han confiado, los que discurren en discreto silencio haciendo de su sacerdocio una ofrenda inscrita en la de Jesús, muchos de ellos llegando a la donación cruenta de su vida, como sucede en muchos lugares del mundo.

El lenguaje de Jesús fue intencionalmente inculturado en su contexto de pescadores, amas de casa, campesinos, pastores. Las parábolas, ejemplos, metáforas, fueron su recurso, siempre de gran sencillez, para compartir con su gente la realidad de Dios, el reino y su justicia, los valores del mundo nuevo de libertad y sentido digno para todos. En esto fue ejemplar y estratégico. De esa mentalidad, el evangelista Juan toma el ejemplo del pastor y sus ovejas para comunicar la experiencia de Jesús dedicado por entero a su gente, incondicional, de tiempo completo, sintiendo todo lo de ellos, compadeciendo, sintonizando, amando, dando vida, en nombre de la paternidad-maternidad de Dios: “Les aseguro que yo soy la puerta por la que deben entrar las ovejas. Todos los que vinieron antes que yo, eran ladrones y bandidos. Por eso , no les hicieron caso. Yo soy la puerta. Todo el que entre en el corral de las ovejas por esta puerta, estará a salvo, y sus esfuerzos por buscar el alimento no serán en vano”. 4

Pasan así, por la mente y el corazón, hombres de genuino talante pastoral, como San Damián de Veuster5, el heroico religioso que se dedicó con amor incomparable a los leprosos de la isla de Molokai, contrayendo él mismo la enfermedad; el generoso Alejandro Solalinde, 6 entregado a aliviar las penurias de las poblaciones migrantes que atraviesan Centro América y México hacia Estados Unidos, buscando mejores alternativas de vida y de trabajo; nuestro amado San Oscar Arnulfo Romero, 7 el arzobispo mártir de San Salvador, la voz de los sin voz, asesinado por su vehemente defensa de la dignidad de su pueblo salvadoreño; el Beato Mariano de Jesús Eusse Hoyos8, padre Marianito, que sirvió en su parroquia de Angostura (Antioquia) durante 48 años consecutivos, dado a sus feligreses sin reservarse beneficios para él; Antonio Vicente Arenas 9, obispo de la diócesis del Socorro en Santander, que murió solitario e insolado en una ardua correría pastoral a sus 60 años de edad. Como estos hombres tenemos que ser, queridos hermanos en el ministerio! 10

Jesús pone en tela de juicio el poder que oprime al ser humano y sofoca su dignidad, su pastoreo promueve, anima, llena de vida, entusiasma, sanea las aflicciones y sufrimientos: “Ustedes saben que quienes figuran como jefes de las naciones las gobiernan tiránicamente y que sus dirigentes las oprimen. No debe ser así entre ustedes. El que quiera ser importante entre ustedes, que sea su servidor, y el que quiera ser el primero entre ustedes, que sea esclavo de todos. Pues tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido , sino a servir, y a dar su vida en rescate por todos”. 11 Gran tentación humano es el afecto desordenado por el poder, entendido como dominio sobre otros, deseo de muchos en la sociedad es el de ascender escalones hasta llegar al máximo nivel, cifrando en esto la felicidad. Con notable frecuencia esto deriva en autoritarismo y dictaduras, tiranizando con violencia a quienes están sometidos.12 La historia de la humanidad sobreabunda en dominaciones de unos pocos sobre muchos. Con modos más sofisticados conocemos la tiranía social, la del consumo, los indicadores de éxito, la manipulación mediática, que produce gentes enajenadas y dependientes.

Jesùs enseña que el verdadero sentido de la existencia reside en el servicio amoroso y solidario, en la donación de la vida hasta el extremo, en la abnegación sin reservas para llevar vida en abundancia a quienes la han perdido, y lo hace – como lo propone el evangelio de hoy – bajo la figura del pastor que se compromete ilimitadamente con la vida y con la dignidad de sus ovejas. Quien se interese por tomar este camino está llamado a asumir el mismo estilo de servicio, dar todo lo mejor para sus ovejas, sin buscar en ello ningún reconocimiento distinto de la satisfacción de reivindicarlas en su dignidad, de contribuír señaladamente a la mejor humanidad de todos los que integran el rebaño, ayudándoles a experimentar la voluntad salvadora del Padre, a insertarse activamente en la vida eclesial, a convertirse también en servidores de sus prójimos.

Es muy importante destacar que Jesús no “inventó” una casta clerical, un grupo de hombres superiores a los demás para gobernar las comunidades, sacralizados y exaltados. De él se desprende el estilo ministerial, que es el servicio de cuidar a todos, creando las mejores condiciones para que cada uno pueda ser reconocido como un digno integrante de sus seguidores, promoviendo sus dones para bien de todos.13

El Concilio Vaticano II en su Constitución sobre la Iglesia – “Lumen Gentium” – la ha definido como Pueblo de Dios y Sacramento Universal de Salvaciòn, destacando el aspecto ministerial de quienes son ordenados para el servicio , indicando que una consecuencia clara del bautismo es vivir todos en condición ministerial. Todos iguales en dignidad por el bautismo, diversos en carismas y ministerios. Las comunidades cristianas deben ayudar a sus pastores a que sean así, deponiendo todo culto a la personalidad, optando por modos de vida sobrios, distinguiéndose en su atención cuidadosa a los humildes y desconocidos, sirviendo sin excepción a todos, haciendo de sus manifestaciones una réplica de ese modo original del Señor.

Atràs han de quedar vanidades y prepotencias, vestimentas principescas, títulos de poder, dando paso a un ministerio que se inspire en estas palabras de Pedro, de la segunda lectura de este domingo: “ Cristo no cometió ningún pecado ni engañó jamás a nadie. Cuando lo insultaban, no contestaba con insultos; cuando lo hacían sufrir, no amenazaba sino que se encomendaba a Dios, que juzga con rectitud. Cristo mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, para que nosotros muramos al pecado y vivamos una vida de rectitud. Cristo fue herido para que ustedes fueran sanados” .14

La comunidad de Juan, de la que procede el relato evangélico que se denomina con tal nombre, está hablando testimonialmente de la Vida que ha recibido de Jesùs el Viviente: “Pero yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia” , 15afirmación de Jesùs sucediendo en ellos e invitándolos a convertirse en el punto de partida de la Iglesia, para que esta, en cada generación de su historia sea lo mismo, haga lo mismo, proclame lo mismo .

Un auténtico pastor es el que se dedica en totalidad al ejercicio de la misericordia y de la compasión, a tener en cuenta a cada uno de los suyos sin distinguir condición social o ideológica, sin fobias ni antievangélicos criterios de discriminación, cada oveja le interesa por sí misma, por el valor y dignidad que cada una posee. Mientras muchos poderes del mundo llevan las ovejas a la muerte, Jesús las lleva hacia la vida.



Antonio José Sarmiento Nova, SJ



1 ECHEVARRÍA SERRANO, Francisco. Pastores con olor a oveja. Cuarenta rasgos desde el corazón del Evangelio. PPC. Madrid, 2016. PONCE CUÉLLAR, Miguel. Llamados a servir: teología del sacerdocio ministerial. Herder. Barcelona, 2001; El fundamento cristológico del sacerdocio ministerial. En Revista Scripta Theologica volumen 52, número 2. Universidad de Navarra. Pamplona, 2020. GRESHAKE, Gisbert. Ser sacerdote: teología y espiritualidad del ministerio sacerdotal. Sígueme. Salamanca, 1995. PIE Y NINOT, Salvador. El sacerdote, testigo de la fe de la Iglesia. En https://www.core.ac.uk/pdf/download/83564168.pdf PAPA JUAN PABLO II. Carta Don y Misterio, sobre el sacerdocio ministerial, en el 50 aniversario de su ordenación sacerdotal. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1996. SCHYLLEEBECKX, Edward. El ministerio eclesial: responsables en la comunidad cristiana. Cristiandad. Madrid, 1983. GALOT, Jean. Sacerdote en nombre de Cristo. Didaskalos. Madrid, 1985.

2 PAPA LEÓN XIV. Mensaje del Santo Padre a los sacerdotes en ocasión de la jornada de la santificación sacerdotal. 27 de junio 2025. Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.

3 BEUTLER, Johannes. El discurso del Buen Pastor en Juan 10. En Cuestiones Teológicas volumen 32 número 78, páginas 243-270. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, julio-diciembre de 2005. GUERRA, Luis María. El Buen Pastor, estudio exegético-teológico de Juan 10:1-18. En Almogaren número 10, páginas 25-93. Centro Teológico de Las Palmas. Palma de Gran Canaria, 1992. ESQUERDA BIFFET, Juan Signos del Buen Pastor. Espiritualidad y misión sacerdotal. Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM. Bogotá, 1989. SANTAMARÍA, Jaime. El Buen Pastor no abandona a sus ovejas. En https://www.ia800606.us.archive.org/18/items/buenpastor/buenpastor.pdf LUCHETTI BINGEMER, María Clara. La fe: otra mirada para leer la historia. Monseñor Romero: una clave testimonial. En https://www.core.ac.uk/reader/47264320

4 Juan 10: 7-9

5 1840-1889.

6 Sacerdote mexicano, nacido en 1945.

7 1917-1980

8 1845-1926

9 1862-1922.

10 SAGRADOS CORAZONES PROVINCIA DE ESPAÑA. Damián, el personaje. En https://www.nobispacem.com/sites/default/files/documents/damian_de_molokai.pdf MEJÍA, María Consuelo. El Padre Alejandro Solalinde: la libertad y la rebeldía al servicio de los derechos humanos. En https://www.repositorio.colmex.mx/concern/book_chapters/6h440t162?locale=es MOROZZO, Roberto. Monseñor Romero: vida, pasión y muerte en El Salvador. Sígueme. Salamanca, 2010. BEATO PADRE MARIANITO. El libro del admirable Padre Marianito, cura de Angostura. Litodosmil. Medellín, 2000. GONZALEZ DORADO, Antonio. Sacerdotes dignos de crédito. Perspectiva latinoamericana. Sal Terrae. Santander, 1988.

11 Marcos 10: 41-45.

12 SNYDER, Timothy.. Sobre la tiranía. Destino. Barcelona, 2018. LILLA, Mark . La nueva era de la tiranía. En https://www.letraslibres.com/wp-content/uploads/2016/05/pdf_art_7934_6800.pdf DE LOS REYES, David. De tiranos: Una interpretación desde la filosofía antigua. Universidad Metropolitana. Caracas, 2018. LESGART, Cecilia. Autoritarismo: historia y problemas de un concepto contemporáneo fundamental. En https://www.scielo.org.mx/perlat/v28n55/0188-7653-perlat-28-55-349.pdf

13 GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. Hombres de la comunidad: repensando el ministerio eclesial. Sal Terrae. Santander, 2008. FARES, Diego. El olor del pastor. El ministerio pastoral en la visión del Papa Francisco. Sal Terrae. Santander, 2015. URIARTE, Juan María; FERNÁNDEZ MARTOS, José María; CORDOVILLA PËREZ, Angel. Ser sacerdote en la cultura actual. Sal Terrae. Santander, 2000. URIARTE, Juan María. Una espiritualidad sacerdotal para nuestro tiempo. Sal Terrae. Santander, 2011; Servir como pastores: claves de la espiritualidad sacerdotal. Sal Terrae. Santander, 2011.. CORDOVILLA PÉREZ, Angel. Como el Padre me envió, así os envío yo. Teología y espiritualidad del ministerio apostólico presbiteral. Sígueme. Salamanca, 2019. KASPER, Walter. El sacerdote, servidor de la alegría. Sígueme. Salamanca, 2009. GUIJARRO, Santiago. Servidores de Dios y esclavos vuestros: la primera reflexión cristiana sobre el ministerio. Sígueme. Salamanca, 2011. MARTÍN DESCALZO, José Luis. Un cura se confiesa. Sígueme. Salamanca, 2003.

14 1 Pedro 2: 22-24

15 Juan 10: 10

domingo, 19 de abril de 2026

COMUNITAS MATUTINA 19 DE ABRIL 2026 DOMINGO III DE PASCUA CICLO A

 

Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero èl desapareció de su vista”

(Lucas 24: 31)



Lecturas:

  1. Hechos 2: 14 y 22-33

  2. Salmo 15

  3. 1 Pedro 1: 17-21

  4. Lucas 24: 13-35

El Papa San Pablo VI 1 indicó con claridad que el testimonio es el medio más eficaz de evangelización,2 esta afirmación hace parte de su Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi sobre el Anuncio del Evangelio en el Mundo Moderno3, importante texto de su magisterio que traduce todas las enseñanzas del Concilio Vaticano II, del que fue gran líder y ejecutor. Ser testigo de una realidad es mucho más que una visión momentánea, es implicar la propia vida en aquello que se testifica y, más aún, estar dispuesto a la ofrenda de la vida en nombre de la causa en la que está implicado su testimonio. La palabra mártir, de origen griego, significa justamente esto, el testigo que ofrece su vida para avalar con ello su responsabilidad testimonial. Hablar de esto nos lleva directo a que nuestra manera de seguir a Jesús, de vivir a lo Jesús, sea lenguaje digno de la mayor credibilidad. Un testigo es alguien que toma en serio lo atestiguado.

La Iglesia de los primeros siglos es plenamente testimonial y martirial. El entusiasmo pascual infundido por el Señor Resucitado, se traducía en una gran viveza y audacia apostólicas, en una disposición total para la misión, siguiendo el mandato de Jesús: “Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos y bautícenlos, para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos”. 4

Se puede decir con toda propiedad que los primeros discípulos de Jesús, y las generaciones siguientes de esos primeros tiempos de la vida cristiana y eclesial, fueron auténticos testigos del Resucitado y de su Buena Noticia. Desplegaron una prodigiosa actividad misional, fundaron comunidades particulares en diversos lugares del mundo entonces conocido, se enfrentaron a la incomprensión de un mundo que no apreciaba cómo podían cimentar su vida en un crucificado, que para esa visión era la de un castigo ejemplarizante para alguien que había puesto en tela de juicio la solidez del establecimiento religioso del judaísmo. Casi todos ellos culminaron su relato vital con la ofrenda cruenta de la existencia.

En Hechos de los Apóstoles5 encontramos el relato de esos testigos primeros de la fe. Es un texto cargado de vitalidad pascual, alentador, entusiasta, pleno de esperanza, en el que resuenan palabras como las de Pedro en la primera lectura que la Iglesia nos propone para este domingo: “Entonces Pedro, poniéndose de pie junto con los once, levantó la voz y declaró solemnemente:…….Israelitas, escuchen: Jesús de Nazaret fue el hombre a quien Dios acreditó ante ustedes con los milagros, prodigios y señales que realizó por medio de él entre ustedes, como bien lo saben. Dios lo entregó conforme al plan que tenía previsto y determinado, y ustedes, valiéndose de los impíos, lo crucificaron y lo mataron. Dios, sin embargo, lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte, pues era imposible que esta lo retuviera en su poder…..6

Este condensado testimonial es núcleo fundamental de la predicación apostólica. Con ese mensaje, y con sus vidas dedicadas de lleno al mismo, llevaron a cabo un ministerio que contagiaba de esperanza a quienes lo acogían. Excelente memoria para nosotros hoy en la Iglesia y en todas las comunidades que profesan a Jesucristo como Señor y Salvador. No podemos reducirnos a conservar la religiosidad vigente, ni a un adoctrinamiento simplista y reductivo. La misión pastoral de la Iglesia consiste en transmitir al Señor Resucitado, como Pedro y sus compañeros, como Pablo, el antiguo fariseo y luego apasionado por Jesús. Para eso se impone llegar al ser humano concreto, dialogar con todos, sentir como propios los gozos y las esperanzas, las tristezas y los sufrimientos, las búsquedas de sentido, los grandes interrogantes existenciales.7 Y esa llegada a lo humano debe ser plenamente pascual.

El ser humano siempre persigue las mejores razones para vivir con sentido y significado trascendentes. Es tal vez, el mayor esfuerzo de la humanidad: ganarle la partida al absurdo, preguntarse el por qué de la muerte y del sufrimiento, buscar siempre una legitimación de sus ilusiones y esperanzas. En el ámbito pascual la fe cristiana nos ofrece la respuesta. 8

Dos caminantes abatidos van hacia una aldea llamada Emaús, en la cercanía de Jerusalén, la causa de su pesadumbre: “Lo de Jesús de Nazaret, que era un profeta poderoso en hechos y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo; y cómo los jefes de los sacerdotes y nuestras autoridades lo entregaron para que lo condenaran a muerte y lo crucificaran. Nosotros teníamos la esperanza de que él sería el que había de libertar a la nación de Israel…..”9 En esos desencantados nos podemos reflejar nosotros cuando la angustia existencial nos domina y sentimos que toda posibilidad de vivir con sentido está agotada. Veamos a los dos caminantes de Emaús como referentes del realismo entristecido que, sin embargo, estaba condicionado , en el mejor sentido del término, por un desbordante amor a Jesús y a su causa. Su ausencia física era el motivo de su tristeza: “Jesús les preguntó: De qué van hablando ustedes por el camino? Se detuvieron tristes, y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, contestó: Eres tú el único que ha estado alojado en Jerusalén y que no sabe lo que ha pasado allí en estos días?10

Los relatos de las apariciones del Resucitado – once en total en los cuatro evangelios – aluden a la experiencia de los testigos originales de la fe, a quienes debemos la transmisión de aquello que empezó hace más de veinte siglos , que se ha propagado dando sentido y razón de vida a muchísimos seres humanos. La suya es una historia de re-encantamiento, de una nueva vida que surge de las cenizas a partir de su encuentro con Jesús. A eso llamamos la experiencia pascual. 11 Esos testigos originales de nuestra fe nos reflejan también a nosotros en el proceso que va del vacío a la esperanza, de la muerte a la vida. Su testimonio nos implica , se convierte en fundamento del sentido absoluto de la vida, según las comunidades cristianas que dieron origen al Nuevo Testamento.

Cómo reencantar nuestra vida en tiempos de crisis? Cómo, sin desconocer la fragilidad nuestra , vivir siempre en perspectiva de esperanza? El anuncio pascual no está contenido en un hecho ingenuo, en un entusiasmo de emociones pasajeras, no se puede reducir a manifestaciones clamorosas de grupos cristianos que desconocen las fracturas inevitables a las que estamos sometidos. Estas personas que siguieron a Jesús – caracterizados por los límites que los relatos evangélicos refieren - recuperaron su horizonte de vida, no de modo ocasional.12 Desde Pascua su vida se replanteó de raíz.

De modo particular, Pedro llama a mantener la fidelidad a Dios aún en las situaciones contradictorias de la vida, porque El nos libera de todo lo injusto e inhumano, y nos recuerda que el costo de esta liberación no es producto de los “precios” que compran el poder, sino del amor desmedido que se ha ofrecido como don para que la vida de todos los humanos tenga sentido, y sea libre y salvada del odio, de las esclavitudes, de la cultura de la muerte, de los designios egoístas de unos : “Y ustedes saben muy bien que el costo de este rescate no se pagó con cosas corruptibles, como el oro o la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, que fue ofrecido en sacrificio como un cordero sin defecto ni mancha” .13

Los discípulos de Emaús, cuya desilusión tipifica todos los desencantos humanos, constituyen mucho más que una relación cronológica de algo puntual sucedido después de la muerte del Señor. El relato cuestiona esa expectativa que tenían los judíos y, con ellos, los discípulos, sobre un Mesías triunfante y espectacular: “Qué faltos de comprensión son ustedes y qué lentos para creer todo lo que dijeron los profetas. Acaso no tenía que sufrir el Mesías estas cosas antes de ser glorificado?” ,14 les dice Jesús, a quien aún no han reconocido como el Viviente.

El verdadero sentido de las apariciones del Resucitado es participar de la experiencia pascual que tuvieron los primeros cristianos a quienes a lo largo de los siglos descubrimos allí nuestra máxima razón de sentido: “Y se dijeron uno al otro: no es verdad que el corazón nos ardía en el pecho cuando nos venía hablando por el camino y nos explicaba las Escrituras?” .15

Como los discípulos de Emaús, también nosotros padecemos limitaciones a la hora de captar lo más genuino de la fe, nos dejamos llevar por la conocida y empobrecedora rutina religiosa, por reducir la condición creyente a cumplimientos sin fuerza transformadora, por no vislumbrar el influjo totalizante y liberador del relato de Jesús en nuestras vidas. Pero ya sabemos muy bien, y ahí nos inscribimos en veinte siglos de historia cristiana, que la fuerza teologal del Resucitado es mayor que nuestras estrecheces, gracias a eso recibimos como don la posibilidad de no hundirnos en la oscuridad del sin sentido. La fe nos ayuda a esclarecer y a vivir en esperanza. 16



Antonio José Sarmiento Nova, SJ







1 1897-1978, Papa desde 1963 hasta 1978, canonizado por el Papa Francisco en octubre de 2018.

2 PELLITERO, Ramiro. La fuerza del testimonio cristiano. En Scripta Theologica número 39, páginas 367-402. Universidad de Navarra. Pamplona, 2007. CONFERENCIA DE OBISPOS CATÓLICOS DE LOS ESTADOS UNIDOS DE NORTE AMERICA. Discípulos llamados a dar testimonio: la nueva evangelización. United States Conference of Catholic Bishops. Washington, 2012. PIE NINOT, Salvador. La teología fundamental: dar razón de la esperanza. Secretariado Trinitario. Salamanca, 2017. 2014. DIÓCESIS DE CARTAGENA (España). Testigos de la Fe: la urgencia de anunciar la belleza de la fe. Cartagena, 2011. RICCARDI, Andrea. El siglo de los mártires. Encuentro. Madrid, 2019. GALLAGHER. Michael Paul. Mapas de la fe: diez grandes creyentes desde Newman hasta Ratzinger. Sal Terrae. Santander, 2015.

3 PAPA PABLO VI. Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi sobre el Anuncio del Evangelio en el Mundo Moderno. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1975.

4 Mateo 28: 19-20.

5 GARCÍA VIANA, Luis Fernando. Introducción a los Hechos de los Apóstoles. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 22 de octubre de 2013. RAMIS, Francesc. Hechos de los Apóstoles. Verbo Divino. Estella, 2008. RICHARD, Pablo. El movimiento de Jesús antes de la Iglesia: una interpretación liberadora de Hechos de los Apóstoles. Sal Terrae. Santander, 2000. WIKENHAUSER, Alfred. Los Hechos de los Apóstoles. Herder. Barcelona, 1967. ROLOFF, Jürgen. Hechos de los Apóstoles. Cristiandad. Madrid, 1984. EQUIPO CAHIERS EVANGILE. Los Hechos de los Apóstoles. Verbo Divino. Estella, 1991. McGARVEY, J.W. Comentario sobre Hechos de los Apóstoles. En https://www.willie75.files.wordpress.com/2008/02/comentario-sobre-hechos-por-jw-mcgarvey.pdf

6 Hechos 2: 14 y 22-24.

7 CONCILIO VATICANO II. Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Moderno Gaudium et Spes. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1965. PAPA PABLO VI. Carta Encíclica Eclessiam Suam sobre el Diálogo en la Vida de la Iglesia. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1964. ZAMMIT, Mark Joseph. La Iglesia se inclina hacia el hombre y hacia el mundo: el puesto central del diálogo de Pablo VI en el Concilio Vaticano II. En Revista Estudios Eclesiásticos volumen 94 número 370, páginas 513-556. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, septiembre de 2019 MIFSUD, Tony. Moral Social: lectura solidaria del continente latinoamericano. Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM. Bogotá, 2001.

8 CONSTANTE, Alberto. La pregunta que interroga por el sentido del ser. En https://www.scielo.org.mx/pdf/enclav/v4n7/v4n7a5.pdf KUNG, Hans. Ser cristiano. Trotta. Madrid, 2006; Existe Dios? Cristiandad. Madrid, 1986. SANCHEZ ALvarez, Pilar. La fe es significativa para el hombre? Olegario González de Cardedal en el Areópago moderno. En Veritas número 42, páginas 127-163. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, abril de 2019. GONZÁLEZ DE CARDEDAL, Olegario. Raíz de la esperanza. Sígueme. Salamanca, 1996. MARTÍNEZ DÍEZ, Felicísimo. Creer en el ser humano, vivir humanamente. Antropología en los Evangelios. Verbo Divino. Estella, 2016.

9 Lucas 24: 19-21

10 Lucas 24: 17-18

11 BAENA BUSTAMANTE, Gustavo. Fenomenología de la revelación: teología de la Biblia y hermenéutica. Verbo Divino. Estella (Navarra España), 2011. El autor de esta obra monumental, profesor en la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana, dedica una parte muy importante al estudio del hecho pascual, es el capítulo III “La revelación de Dios en el Nuevo Testamento” con dos subtítulos: “La experiencia pascual” e “Historia de la tradición de la experiencia pascual”, páginas 525 a 886.

12 LORENZEN, T. Resurrección y discipulado. Sal Terrae. Santander, 1999. VICARÍA DE LA ESPERANZA JOVEN. ARZOBISPADO DE SANTIAGO DE CHILE. Resucitados en Jesucristo. Material de catequesis para jóvenes. En https://www.vej.cl/dosc/discipulos2_Unidad09.pdf BERMÚDEZ SUÁREZ, Felipe. Nuestro camino de Emaús. En Almogaren número 11 páginas 53-64. Centro Teológico de Las Palmas. Palma de Gran Canaria, 1993.. LÓPEZ PEÑALBA, Jaime. La identidad entre la experiencia de Jesús y la experiencia de los discípulos. En https://www.repositorio.sandamaso.es/bitstream/123456789/105%20LOPEZ%20PEÑALBA.pdf COLOMER, Julio. La resurrección, gozo y esperanza. Cuadernos Centro Arrupe número 4. Valencia, 2014.

13 1 Pedro 1: 18-19

14 Lucas 24: 25-26

15 Lucas 24: 32

16 MARTÍN DESCALZO, José Luis. Razones para la esperanza. Sociedad de Educación Atenas. Madrid, 1991. COLECTIVO ESPERANZA PAZ Y LIBERTAD. Memorias de Esperanza. Centro Nacional de Memoria Histórica. Bogotá, 2021. LAÍN ENTRALGO, Pedro. La espera y la esperanza: historia y teoría del esperar humano. Revista de Occidente. Madrid, 1957. D´ORMESSON, Jean. Una historia sobre la nada y la esperanza. Sígueme. Salamanca, 2019. MARIÑO MACÍAS, María Alejandra. Sangre de mártires, semilla de esperanza: construcción de las nociones de cuerpo y memoria tras la masacre de Trujillo. Universidad del Rosario. Bogotá, 2011.

domingo, 12 de abril de 2026

COMUNITAS MATUTINA 12 DE ABRIL 2026 II DOMINGO DE PASCUA CICLO A

 

Jesús hizo muchas otras señales milagrosas delante de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero estas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida por medio de él”

(Juan 20: 30-32)

Lecturas:

  1. Hechos 2: 42-47

  2. Salmo 117: 2-4;13-15 y 22-24

  3. 1 Pedro 1: 3-9

  4. Juan 20: 19-31



La historia de la humanidad, aterrizada en nuestros propios relatos de vida, abunda en testimonios de heroísmo y de servicio, de compromiso incondicional con lo que aquí llamamos “ética de la projimidad”.1 Si hay narrativas horrendas de violencia e injusticia, de corrupción y maldad, estas no pueden sofocar el carácter avasallador del bien. Son muchos los seres humanos que se desviven por sus prójimos, y diversos los escenarios en los que la fraternidad deja de ser retórica y se torna en esperanzadora realidad. Esto hace parte esencial del humanismo, su práctica es inherente a los más elementales códigos de conducta solidaria.2

En el ambiente en que estamos en esta temporada del año los vamos a llamar señales pascuales, señales del Señor Resucitado, toda esa OPERACIÓN VIDA que desata las más nobles sensibilidades del ser humano hacia el prójimo. El texto de Hechos de los Apóstoles, que se proclama hoy como primera lectura , es un indicativo elocuente de la acción de Jesús, el Viviente: “ Los que habían sido bautizados se dedicaban con perseverancia a escuchar la enseñanza de los apóstoles, vivían unidos y participaban en la fracción del pan y en las oraciones. Todos estaban impresionados, porque eran muchos los prodigios y señales realizados por los apóstoles. Todos los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común. Vendían sus posesiones y haciendas y las distribuían entre todos, según las necesidades de cada uno”. 3

Durante su ministerio público, Jesús es el mayor referente de solidaridad y de projimidad, y lo “dice” sanando a diestra y a siniestra de parálisis, cegueras, lepras, egoísmos, pecaminosidades, ejerciendo la com-pasión y la misericordia infundida por su Abba-Padre Dios. Alguien ha dicho: el prójimo no es un término geográfico, sino un concepto moral. 4Jesús lo plasma en su anuncio y práctica del Reino de Dios y hace de esto exigente normativa para quien se interese en seguir su camino. Los hombres y mujeres que integran en sus vidas esta invitación son esperanza para una humanidad tan a menudo maltrecha por las indiferencias y atropellos de otros tantos. El Resucitado hace de nosotros señales de Pascua, cuando, gracias a su Espíritu, nos abrimos definitivamente hacia Dios y hacia el prójimo, como él; cuando nos sacudimos de la inercia y de la rutina que no se conmueven ante nada y nos dejamos tomar por su vitalidad. En esta cultura de muerte y desencanto es imperativo hacer parte de la “gente de Jesús”.5

En el lejano tiempo de Jesús, después de su muerte, quienes lo seguían de cerca quedaron entristecidos y con un gran sentimiento de derrota; como es comprensible, se escondieron para evadir la persecución y represalia a que podían ser sometidos como consecuencia de su compromiso con el Crucificado. Pero poco a poco fue sucediendo algo inesperado y de extrema felicidad. En la fe, confianza profunda en Dios, descubrieron que su Señor, el de la cruz, era ahora el Viviente, el Resucitado, con una definitiva cualidad que sólo podía poseer él por su naturaleza divina. Esta honda experiencia marca a los abatidos que son ahora hombres y mujeres claramente pascuales, su Señor está con ellos y los mueve al anuncio de esa Buena Noticia: que la última palabra sobre la vida de la humanidad no la tienen los señores de la muerte, sino Dios, Señor de la Vida: “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que por su gran misericordia, a través de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho renacer para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera”. 6

La consideración que proponemos para este domingo es la de hacer un esfuerzo imaginativo para ponernos en el contexto de los primeros discípulos de Jesús, los que en su vida histórica le siguen y empiezan a ser formados por él, con los tropiezos y contradicciones bien conocidos según refieren los relatos evangélicos, cuando imaginaban que lo que estaba por venir era una triunfante revolución político- religiosa con evidencias temporales de liderazgo y poderío. He aquí que lo que resulta es una implacable persecución a Jesús por parte de los dirigentes religiosos, la acusación de blasfemo y hereje, el juicio y la condena a muerte, la victoria de las fuerzas del mal y, finalmente, lo que desde la perspectiva humana es un fracaso rotundo: muerto en cruz. Elocuente anticipo del heroísmo de tantos hombres y mujeres que han escrito extraordinarias páginas de testimonio y donación de la vida.

Cómo se da en estos abatidos discípulos la evolución hacia la experiencia pascual? Cómo resultan transformados por el Resucitado? Cómo viven ellos la conciencia de que él está vivo y les anima para siempre? A responder este interrogante concurren las lecturas de este y de los siguientes domingos del tiempo pascual. Por eso conviene que veamos nuestras vivencias de fracaso y recuperación, la forma como salimos de situaciones de abatimiento , de los desencantos que nos causan los males causados, cuando después de abandonos y frustraciones volvemos a vivir con sentido y felicidad. O cuando somos testigos de las inmensas bondades de los seres humanos.7

La resurrección de Jesús no es un simple acontecer individual en el que el Padre favorece al Hijo sacándolo de la oscuridad de la muerte. Lo que aquí sucede es la re-creación del ser humano y, la llegada de lo que en el Nuevo Testamento se llama nueva creación y/o nueva humanidad: “El es el principio, el Primogénito de entre los muertos, para que sea él el primero en todo, pues Dios tuvo a bien hacer residir en él toda la plenitud y reconciliar por El y para El todas las cosas”. 8

Dice el texto de Juan que “los discípulos tenían cerradas las puertas del lugar donde se encontraban, pues tenían miedo a los judíos” ,9 y presenta el caso de Tomás el incrédulo: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y mi mano en su costado, no creeré” , 10 evidencias de inseguridades y temores de que les pudiese suceder lo mismo que a Jesús. O también del que apasionadamente quiere creer, pero necesita ser llenado por la presencia de su Señor, como en estas experiencias límite de la vida, cuando estamos entre la espada y la pared y clamamos para que nos hagan vivir, para que nos devuelvan las mejores razones para vivir.

Tomás, a quien tradicionalmente se ha estigmatizado por incrédulo, viene a ser ahora un símbolo de la humanidad perpleja, esa misma que somos nosotros, siempre llenos de búsquedas y preguntas, movidos por la más radical y adolorida honestidad. “Nos hiciste, Señor, para tí, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”,11 tradicional frase de San Agustín, que hoy se nos antoja continuidad del sincero deseo de Tomás. Paradójico, pero es así: “Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo podré creer”. 12

Con Tomás vienen a cuento todos los que no creen en Dios, muchos de ellos por radical honestidad, también los agnósticos, desencantados por las incoherencias de los creyentes y por el fatigante cúmulo de exigencias religiosas que no tienen nada que ver con Jesús ni con el Evangelio. A unos y a otros los mueve el sinsabor de las retóricas religiosas formales, de los lenguajes de fe desentendidos de la realidad dramática del ser humano. Este Tomás, que podemos ser nosotros, es un inquieto, un buscador de trascendencia, uno que no se resigna a que su Señor esté en el abismo de la muerte.13

Es preciso que en esta Pascua nos pronunciemos como este discípulo. porque tenemos pasión de Dios requerimos razones de una novedad cualitativa, que está más allá de nosotros, pero que se vuelca amorosamente hacia esta “humanidad doliente”, como reza bellamente la tradicional novena de Navidad. La pasión de vivir retorna cuando se relata en las historias de hombres y mujeres pascuales, como aquellos primeros seguidores que tuvieron esa experiencia definitiva que los transformó para siempre, y les comunicó la certeza del Viviente: “Mete aquí tu dedo, y mira mis manos; y trae tu mano y métela en mi costado. No seas incrédulo: cree!”14. Este Tomás no es un descreído radical, no hay que despreciar su demanda de evidencia, él, como los otros discípulos, siguió a Jesús, se interesó por su proyecto, lo amó, y ahora quiere satisfacer al máximo su sed de vida.

Las apariciones están totalmente asociadas a la fe.15 Jesús sólo se manifiesta a los que tenían vínculos con él, a los que se habían interesado en su proyecto de vida. En cada comunidad cristiana particular todo tiene sentido cuando ellas “se dejan vivir por Jesús” :“Ustedes aman a Jesucristo, aun sin haberle visto; creen en él, aunque de momento no le vean. Y lo hacen rebosantes de alegría indescriptible y gloriosa, alcanzando así la meta de la fe, que es la salvación” .16 La experiencia pascual es , fundamentalmente, una experiencia que se da en el ámbito de la fe. Es, por tanto, un don de Dios, una gracia con la que El beneficia a los creyentes, a los que aman a Jesús.

Hay que imprimirle tonalidad pascual a la historia, a la realidad, sin intimidarse ante los “avances” del mal. El ministerio de Jesús erradica del corazón humano todo lo que disminuye y maltrata, e invita a que nuestro quehacer se inscriba en esa misma dinámica de libertad y liberación. La Iglesia tiene sentido si es pascual, si con su palabra y con su estilo de vida, relata al Resucitado, si sus conductas y actitudes son dadoras de esperanza, si es capaz de erradicar de sí misma todo vestigio de lejanía clerical y de autorreferencialidad, si se pone las botas de la humanidad y camina con ella anunciando esa Buena Noticia.

Antonio José Sarmiento Nova, SJ





1 PAPA FRANCISCO. Carta Encíclica Fratelli Tutti sobre la Amistad Social. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2020. PAPA LEÓN XIV. Exhortación Apostólica Dilexi Te sobre el amor a los pobres. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2025. . MÍNGUEZ VALLEJOS, Ramón & PEDREÑO PLANA, Marina. La compasión ante el reto de las migraciones: propuesta pedagógica. En https://www.digitum.um.es/digitum/bitstream/10201/75910/1/capitulo%206.pdf

2 TABRA OCHOA, Edison Paul. Etica y solidaridad: perspectivas históricas y normativas. Globethics.net International Secretariat. Ginebra, 2017. MIFSUD, Tony. La cultura de la solidaridad como proyecto ético. En Theologica Xaveriana número 46, páginas 345-356. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 1996. CORTINA, Adela. Razón comunicativa y responsabilidad solidaria. Sígueme. Salamanca, 1985.. DOMINGO MORATALLA, Agustín. Etica y voluntariado: una solidaridad sin fronteras. PPC. Madrid, 1997. SEBASTIÁN, Luis de. La solidaridad: guardián de mi hermano. Ariel. Barcelona, 1996.

3 Hechos 2: 42-45

4 Es un poster publicado en Facebook con la firma del rabino Joachim Prinz, 1902-1988. Se destacó en los tiempos sombríos de la II guerra mundial por su lucha resuelta contra la tiranía nazi , y luego fue un destacado líder del movimiento por los derechos civiles en USA, en la década de los 60’s. Autor de “Sobre el concepto de experiencia religiosa” (1927); “Nosotros judíos” (1934; “La vida en el ghetto” (1937; “El dilema del judío moderno” (1962. Ver www.joachimprinz.com

5 AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. Discípulos y testigos de Jesús en la sociedad actual. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 16 de marzo de 2010. CONFERENCIA EPISCOPAL MEXICANA CEM. Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos. Carta Pastoral del 25 de marzo de 2000. En https://www.diocesisdetuxpan.files.wordpress.com/2013/01/del-encuentro-con-jesucristo-a-la-solidaridad-con-todos.pdf

6 1 Pedro 1: 3-4. DUQUOC, Christian . Mesianismo de Jesús y discreción de Dios. Cristiandad. Madrid, 2005. HURTADO, Larry W. Cómo llegó Jesús a ser Dios? Cuestiones históricas sobre la primitiva devoción a Jesús. Sígueme. Salamanca, 2013. CASTELAO, Pedro. Aproximación a la divinidad de Jesús. En Revista Selecciones de Teología , volumen 55 número 219, páginas 163-170. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2016. SESÉ, Javier. La conciencia de la filiación divina, fuente de vida espiritual. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/83556113.pdf

7 SICRE, Emmanuel. Contar la experiencia pascual: la función del relato de la pasión en Marcos (14:53 a 15:47), para la experiencia cristiana. Trabajo de grado para optar al título de teólogo. Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Teología. Bogotá, 2016. LUDEMANN, G. & OZEN, A. La resurrección de Jesús: historia, experiencia, teología. Trotta. Madrid, 2001. ELLACURÍA, Ignacio. La fe pascual en la resurrección de Jesús. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1299/1/RLT-2003-060-A.pdf RUIZ LOZANO, Pablo. La experiencia del Resucitado: perspectivas actuales en teología. En Proyección Teología y Mundo Actual año LIII, número 220, páginas 25-48. Facultad de Teología de Granada, Universidad Loyola de Andalucía, enero-marzo 2006.

8 Colosenses 1: 18-20

9 Juan 20: 19

10 Juan 20: 25

11 SAN AGUSTIN. Confesiones I 1,1. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid, 2018.

12 Juan 20: 25

13 ARANA, Juan. Teología para incrédulos. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2020. ECO, Umberto & MARTINI, Carlo María. En qué creen los que no creen. Temas de Hoy. Madrid, 1997. CORDOVILLA, Angel. Crisis de Dios y crisis de fe: volver a lo esencial. Sal Terrae. Santander, 2012. CONESA, Francisco. La fe cristiana ante el reto de la increencia. En https://www.diocesisoa.org/documentos/ficheros/fe-reto-increencia_668.pdf ROBINSON, John A.T. Sincero para con Dios (Honest to God). Libros del Nopal. Barcelona, 1963. VAZQUEZ, Rodolfo. No echar de menos a Dios: itinerario de un agnóstico. Trotta. Madrid, 2021.

14 Juan 20: 27

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16 1 Pedro 1: 8-9

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