domingo, 10 de mayo de 2026

COMUNITAS MATUTINA 10 DE MAYO 2026 DOMINGO VI DE PASCUA

 

Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que les mande otro Defensor, el Espíritu de la Verdad, para que esté siempre con ustedes. Los que son del mundo no lo pueden recibir, porque no lo ven ni lo conocen, pero ustedes lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes”

(Juan 14: 15-17)

Lecturas

  1. Hechos 8: 5 – 17

  2. Salmo 66: 1 – 20

  3. 1 Pedro 3: 15 – 18

  4. Juan 14: 15 – 21



La historia de la humanidad abunda en penosos hechos de discriminación y exclusión, motivos económicos, raciales, sociales, religiosos, hacen parte de esta tendencia humana a dividir. Mientras las declaraciones institucionales públicas, las constituciones de los países, y otras realidades formales proclaman la igualdad, los hechos de la vida real desvirtúan esto que pertenece al elemental sentido común de lo humano . Todos somos iguales, poseemos la misma dignidad - decimos con sensatez - pero son muchos los que se empeñan en negarlo con su mentalidad y con sus conductas. 1 A finales de 2020 el Papa Francisco nos sorprendió gratamente con su encíclica “Fratelli Tutti sobre la Amistad y la Fraternidad Social”, en la que consigna su pensamiento y enseñanza a propósito de lo que èl denomina la cultura del encuentro, un gran movimiento de conversión individual y social para contrarrestar las consecuencias negativas de las divisiones, enfrentamientos, guerras, polarizaciones, y demás realidades que destruyen la convivencia pacìfica entre nosotros.

Los odios ancestrales, dramáticas narrativas de acoso y persecución; la abominable segregación racial contra los afrodescendientes en Estados Unidos y en Sudàfrica, la discriminación en sus diversas formas, la saña criminal del régimen de Adolfo Hitler contra los judíos, el brutal genocidio en Ruanda en 1994, lo que sucede en Colombia cuando tradicionalmente la mayoría de gobiernos y gobernantes se han dedicado a favorecer los intereses de las clases pudientes, sin una política seria de inclusión social y reivindicación de las comunidades marginales. Aplica en estos casos la expresión homo homini lupus , creada por el comediógrafo latino Plauto, 2 el hombre es lobo para el hombre, cuando este se empeña en hacer el mal a sus semejantes. Fue popularizada por el pensador inglés Thomas Hobbes3, en el siglo XVII.

En todos estos hechos hay una indiscutible ausencia de espíritu, de ánimo para emprender la tarea de la justicia y de la solidaridad, prima una conciencia errada sobre el valor de cada ser humano y de cada grupo social. Sigue vigente un ancestral complejo de superioridad, causa de tantas depredaciones de la dignidad humana.4 Qué decir de todo esto en continentes y países donde ha predominado el cristianismo con su discurso del amor y de la fraternidad? Cuando se escriben estas líneas se constata, marzo de 2026, que hay 56 guerras en el mundo, emprendidas por potencias político-militares que, con desvergonzadas “justificaciones”, se sienten dueñas del mundo.

Los obispos de América Latina, reunidos en su segunda asamblea general reunida en Medellín entre agosto y septiembre de 1968, acuñaron la categoría de pecado estructural, violencia institucionalizada, para referirse a los desequilibrios del continente: “Si el cristiano cree en la fecundidad de la paz para llegar a la justicia, cree también que la justicia es una condición ineludible para la paz. No deja de ver que América Latina se encuentra, en muchas partes, en una situación de injusticia que puede llamarse de violencia institucionalizada cuando, por defecto de las estructuras de la empresa industrial y agrícola, de la economía nacional e internacional, de la vida cultural y política, “poblaciones enteras faltas de lo necesario, viven en una tal dependencia que les impide toda iniciativa y responsabilidad, lo mismo que toda posibilidad de promoción cultural y de participación en la vida social y política”, violándose así derechos fundamentales”. 5

Tal discriminación ha sido determinada por personas “civilizadas”, un modo de pensar, una visión de la vida, un modus operandi, cimentado en la exclusión, en la abusiva dominación de unos sobre otros, argumentando razones aparentemente valederas, es la enfermedad del poder, una de las grandes perversiones humanas; en la “normalidad” de la vida cotidiana hay posturas de tipo racista y clasista, deformación de las conciencias, institucionalización de la injusticia, desprecio por el prójimo, fabricación de mapas mentales que justifican la desigualdad y dan pie para estructurar formalmente la marginalidad social, muy a menudo convertida en razón de estado. 6

A qué viene todo esto? En la primera lectura de hoy, de Hechos de los Apóstoles, se trae a la memoria el odio furibundo de los judíos hacia los samaritanos, caso típico que sirve de ejemplo al patológico acontecer de la exclusión. Los consideraban herejes y extranjeros porque, aunque adoraban al único Dios, se negaban a rendir culto en Jerusalén. Lo narrado en 2 Reyes 17: 24-41 expresa nítidamente esta situación que se tornó “normal”, el eterno conflicto de las diferencias religiosas que no se toman como factor de comunión sino de pugna por lo que se considera “verdad”. Los samaritanos pagaban a los judíos con la misma moneda, pues los habían hostigado en los períodos de su poderío y les habían destruido su templo en el monte Garizim.

Por bendición de Dios, en el relato hay algo sorprendente, de clara naturaleza pascual, es el motivo de esta amplia introducción: “Pero los que tuvieron que salir de Jerusalén anunciaban la buena noticia por donde quiera que iban. Felipe, uno de ellos, se dirigió a la principal ciudad de Samaria y comenzó a hablarles de Cristo. La gente se reunía, y todos escuchaban con atención lo que decía Felipe, pues veían las señales milagrosas hechas por él. Muchas personas que tenían espíritus impuros eran sanadas; y los espíritus salían de ellas gritando; y también muchos paralíticos y tullidos eran sanados. Por esta causa hubo gran alegría en aquel pueblo”. 7

El Espíritu de Dios cambia el desorden del pecado de exclusión, promueve la cultura del encuentro y del diálogo, extirpa asperezas y prejuicios, establece un nuevo orden de vida, es la presencia del Resucitado animando una fraterna acción apostólica entre judíos y samaritanos, dejando atrás el viejo mundo de la segregación. Sorprende encontrar a Felipe predicando entre ellos, en su propia capital, con tanto éxito como sugiere el pasaje que leemos hoy, hasta concluir con el hermoso final de la ciudad samaritana llena de alegría por el anuncio de la Buena Noticia de Jesús.

Por hechos como este valoramos la capacidad que tiene el cristianismo de modificar el corazón de los seres humanos, cuando estos libremente acogen el mensaje y se disponen a vivir coherentemente todas las implicaciones que contiene. Seguir a Jesús es un modo de vida pascual, él mismo presente en nosotros suscita el cambio de mentalidad, el Espíritu nos lleva a transformar en amor y comunión lo que el pecado ha desfigurado. La tarea es grande y exigente, no podemos desistir. Las desigualdades siguen, pero la Buena Noticia también sigue y nada la sofoca. La afirmación y compromiso cristianos con la dignidad humana, su trabajo en muchos frentes para reivindicar a los excluìdos, su respaldo a las màs nobles causas de humanismo, su formulación conceptual en la doctrina social de la Iglesia y en la reflexión teológica que propende por la liberación integral del ser humano, son elocuentes lenguajes de coherencia y fidelidad al Señor Jesùs y a su preferencia por los prójimos vulnerados en sus derechos. 8

Con Jesús entramos en el tiempo del Espíritu, en él no hay barreras ni fronteras. Esta obra de comunicar la Buena Noticia y de aunar voluntades provoca unidad y concordia, Pedro y Juan confirman la labor de Felipe, es el Espíritu actuando novedosamente sobre esta comunidad samaritana, tan despreciada por los judíos.9 Es inherente al cristianismo el ser testigo de una esperanza de vida definitiva a partir de lo que Dios ha realizado en Jesucristo, sin considerar si las condiciones de acogida del mensaje son favorables o desfavorables: “ Den gloria a Cristo, el Señor, y estén siempre dispuestos a dar razón de su esperanza a todo el que les pida explicaciones”. 10

Toda la 1 carta de Pedro, que nos acompaña como segunda lectura en estos domingos pascuales, es una invitación al ánimo, a la plena confianza en el Señor, al cambio cualitativo de vida que esto implica, a la certeza de que èl es el fundamento de este proyecto, a la conciencia de que la suya no ha sido una muerte inútil: “También Cristo murió una sola vez por los pecados, el inocente por los culpables, para conducirlos a Dios. En cuanto hombre sufrió la muerte, pero fue devuelto a la vida por el Espíritu…..” . 11

Cómo dar vigencia a esta convicción en los contextos y situaciones en los que tenemos éxito como evangelizadores, cuando la Iglesia es acogida y tenida en cuenta, socialmente reconocida, o también en aquellos en los que se desprecia el mensaje, se ignora, no se considera válido y relevante, o se la persigue y maltrata?

No podemos olvidar que en el fundamento de esta realidad pascual reside el mismo Jesús: “No los dejaré huérfanos; regresaré con ustedes. El mundo dejará de verme dentro de poco; ustedes, en cambio, seguirán viéndome, porque yo vivo y ustedes también vivirán. Cuando llegue aquel día reconocerán que yo estoy en mi Padre, ustedes en mí y yo en ustedes” . 12

Cómo ser profetas y creadores en esta cultura neoliberal tan displicente, ligera, con su grave ausencia de interioridad? Cómo decir a los poderosos que el bien común, la felicidad de todos los humanos, la profundidad del ser, son más importantes y decisivos que los intereses del poder y del capital? Cómo ser testigos de esa dimensión de trascendencia que derriba las fronteras que nos separan? Cómo vivir siempre en el tiempo del Espíritu? : “El que recibe mis mandamientos y los obedece, demuestra que de veras me ama. Y mi Padre amará al que me ama, y yo también lo amaré y me mostraré a él”. 13

Antonio José Sarmiento Nova, SJ





1 NUN, Josè.. Marginalidad y exclusión social. Fondo de Cultura Económica. México DF, 2000. FANNON, Franz. Piel negra, máscaras blancas. Akal. Madrid, 2009; Los condenados de la tierra. Fondo de Cultura Económica. México DF, 1965. SANTIAGO OROPEZA, Teresa. Repensar la injusticia. Una aproximación filosófica. En revista Isonomìa número 49, páginas 45-69. Instituto Tecnològico Autònomo de Mèxico ITAM. Ciudad de Mèxico, 2019. RAWLS, John. Teorìa de la Justicia. Fondo de Cultura Econòmica. Ciudad de Mèxico, 1995. SCOTT, James C. Los dominados y el arte de la resistencia. ERA. Ciudad de Mèxico, 2000. PINILLA RODRÌGUEZ, Diego E. & SÀNCHEZ RECIO, Patricia. El egoísmo en el pensamiento de Thomas Hobbes. Interpretaciòn y racionalidad cooperativa. En https://www.scielo.cl/pdf/cmoebio/n69/0717-554X-cmoebio-69-00241.pdf GALLO CALLEJAS, Mauricio Andrès. Injusticia y esperanza: Judith Shklar y los derechos sociales humanos. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellìn, 2020. DEJOURS, Cristophe. La banalización de la injusticia social. Topìa Editorial. Buenos Aires, 2006.

2 254 - 184 A.C. En su obra Asinaria hace pública esta expresión. Plauto hizo de sus obras teatrales un rico ámbito de crìtica social con refinada ironía expresada en sus personajes.

3 1588 – 1679. Hobbes, pensador de tendencias conservadoras, toma la expresión de Plauto para hablar de los horrores de los que es capaz el egoísmo humano. Por esto, justifica la necesidad de una monarquía absoluta, que regule con severidad estos desórdenes. En su obra De Cive - sobre el ciudadano - divulga este pensamiento.

4 HASSLER, Alfred. El odio en el mundo actual Alianza. Madrid, 1973. TATIAN, Diego. El odio: consideraciones spinozistas. Universidad Nacional de General Sarmiento. Buenos Aires, 2021. MARTÌNEZ PACHECO, Agustìn. La violencia. Conceptualización y elementos para su estudio. En https://www.scielo.org.mx/pdf/polcul/n46/0188-7742-polcul-46-00007.pdf FROMM, Erich. El corazòn del hombre: su potencial para el bien y para el mal. Fondo de Cultura Econòmica. Ciudad de Mèxico, 1966; Anatomìa de la destructividad humana. Siglo XXI. Ciudad de Mèxico, 1975.SAFRANSKI, Rûdiger. El Mal o el drama de la libertad. Tusquets. Barcelona, 2002.

5 II Asamblea General del Episcopado Latinoamericano Medellín 1968. La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio Vaticano II. Documento conclusivo. Sección de promoción humana, capítulo PAZ, número 16. Edición Paulinas, San Pablo, CELAM, página 104. En el texto el documento cita textualmente a Pablo VI en su Encíclica sobre el Desarrollo de los Pueblos Populorum Progressio, número 30.

6 HERNANDEZ PEDREÑO, Manuel. Exclusiòn social y desigualdad. Editum. Universidad de Murcia, 2008. KARSZ, S. La exclusión, bordeando sus fronteras. Definiciones y matices. Gedisa. Barcelona, 2004. LOMNIZ DE ADLER, L. Còmo sobreviven los marginados. Siglo XXI. Ciudad de Mèxico, 1975. PAUGAM, S. Las formas elementales de la pobreza. Alianza. Madrid, 2007. VALENCIA GUTIÈRREZ, Alberto. Exclusiòn social y construcción de lo público en Colombia. Universidad del Valle. Cali, 2001. SUTTON, Sara. La exclusión social y el silencio discursivo. En https://www.ibero.mx/iberoforum/2/pdf/sara_sutton.pdf

7 Hechos 8: 4-8

8 PONTIFICIO CONSEJO JUSTICIA Y PAZ. Manual de Doctrina Social de la Iglesia. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2005. ASSMAN, Hugo. Teologìa dese la praxis de la liberación. Ensayo desde la Amèrica dependiente. Sìgueme. Salamanca, 1973. CAMACHO LARAÑA, Ildefonso. Creyentes en la vida pública. Iniciaciòn a la Doctrina Social de la Iglesia. San Pablo. Madrid, 1995. CARRASQUILLA OSPINA, Jesùs Marìa. Discurso eclesial y responsabilidad social. En https://www.scielo.org.co/pdf/frcn/v55n159/v55n159a08.pdf ALBURQUERQUE, Eugenio. Moral social cristiana: camino de liberación y de justicia. San Pablo. Madrid, 2006. GONZALEZ CARVAJAL, Luis. Entre la utopía y la realidad: un ensayo de moral social. Sal Terrae. Santander, 1998. CARRERA, Joan (Editor). Nuevas fronteras: un mismo compromiso. Retos actuales del diálogo fe y justicia. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2016.

9 CODINA, Vìctor. Creo en el Espíritu Santo : pneumatología narrativa. Sal Terrae. Santander, 1994 . VILLAR, Josè Ramòn. El Espìritu Santo, “principium unitatis ecclesiae”. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/83565048.pdf RAMÌREZ FUEYO, Francisco. La Iglesia, cuerpo de Cristo, animada por el Espìritu de Jesùs y viviendo en el amor. Aula de Teologìa de la Universidad de Cantabria. Santander, 13 de noviembre 2012. PAPA JUAN PABLO. Carta Encìclica Domim¡num et Vivificantem sobre el Espìritu Santo en la vida de la Iglesia y del mundo. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1986. CATECISMO DE LA IGLESIA CATÒLICA. Creo en el Espìritu Santo. En https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p1s2c3a8_sp.html POLANCO, Rodrigo. La Iglesia como espacio sagrado de encuentro. En Revista teología y Vida volumen XLIV, páginas 332-345. Pontificia Universidad Catòlica de Chile. Santiago de Chile, 2003.

10 1 Pedro 3: 15

11 1 Pedro 3: 18

12 Juan 14: 18-20

13 Juan 14: 21

domingo, 3 de mayo de 2026

COMUNITAS MATUTINA 3 DE MAYO 2026

 

DOMINGO V DE PASCUA

Le dijo Tomás, Señor, no sabemos a dónde vas; cómo podemos saber el camino? Respondió Jesús: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí”

(Juan 14: 5-6)

Lecturas:

  1. Hechos 6: 1-7

  2. Salmo 32: 1-5 y 18-19

  3. 1 Pedro 2: 4-9

  4. Juan 14: 1-12

En estos días de Pascua los textos bíblicos que la Iglesia propone a nuestra consideración nos conectan con el entusiasmo de los primeros discípulos-as de Jesús. Ellos-as han vivido un sorprendente cambio que sólo es explicable desde la perspectiva de una especialísima intervención de Dios en sus vidas: es la experiencia pascual, la certeza del Viviente: Jesús, el mismo Crucificado, el hombre histórico de Nazaret, es ahora el Cristo de la fe, el Señor Resucitado. “Conocer” esta realidad es un don que Dios hace a estos hombres y mujeres que amaron sinceramente a Jesús, que escucharon de viva voz sus enseñanzas, que fueron testigos directos de su ministerio público y de su manera de anunciar a Dios como padre misericordioso y compasivo, que se conmovieron ante el fino humanismo que lo llevó a tratar con singular dignidad a los más humillados y ofendidos de su tiempo, que sufrieron como nadie en ese momento su injusto juicio y su muerte en la cruz. Esos mismos son ahora los testigos privilegiados del acontecimiento pascual.1

Qué nos dice todo esto a nosotros, cristianos del siglo XXI? Cómo reconocer la novedad pascual y apropiarla para que nuestra vida de creyentes no sea una rutinaria repetición de rituales y de creencias heredadas pero no asumidas en la libre opción de la fe? Cómo descubrir al Espíritu trabajando en nosotros, bautizados, para recibir ese entusiasmo y apostolicidad pascuales, y transmitir a nuestros proyectos de vida la bienaventurada certeza del Señor Resucitado? Cómo vivir pascualmente? Cómo transmitir a este complejo y plural mundo nuestro el sentido pleno de la vida que nos comunica el Señor Resucitado?2

Vienen a nuestra mente y afecto los diversos ambientes sociales y culturales en los que nos movemos. Los muchos seres humanos que afirman no aceptar la fe en Dios o, al menos, resistirse a la demostración de su existencia: los agnósticos; o también los muchos, muchísimos, que viven afligidos por tantas razones de adversidad: pobreza, depresión, exclusión social, abandono, soledad, fracaso; o los “sobrados de lote”, los exitosos, triunfantes, los que dicen no necesitar de nada ni de nadie porque ellos mismos se sienten la medida de la humanidad, sin perspectiva de trascendencia; o los creyentes temerosos, refugiados en una religiosidad desconectada de los grandes retos existenciales; y también - felizmente - los creyentes adultos, comprometidos, pascuales, arquitectos del Evangelio en medio de esta diversidad de posturas. Para todos ellos-as es el anuncio de la Buena Noticia pascual, porque el ser humano requiere de una respuesta definitiva para su búsqueda de absoluto y plenitud. La propuesta de Jesùs tiene pretensión de universalidad, es para todos los seres humanos, siempre con el màs hondo respeto a la libertad de cada sujeto. 3

El evangelista Juan pone en boca de Jesùs la vivencia pascual de aquellas comunidades que, entre desconcierto y esperanza, van surgiendo: “No se angustien ustedes. Crean en Dios: crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, no les habría dicho que voy a prepararles un lugar. Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré y los tomaré conmigo, para que donde esté yo, estén también ustedes” . 4 Las palabras de Jesùs en este evangelio se orientan a alentar la esperanza de sus seguidores, cuando toman en serio las implicaciones de seguir su camino, dentro del que necesariamente surgen el conflicto, la crisis, la incomprensión, como consecuencia de vivir proféticamente y de confrontar la injusticia, que unos ejercen sobre otros, como ha sucedido a tantos en estos largos siglos de historia cristiana.5

Este ànimo pascual es para la Iglesia de todos los tiempos de la historia, también para nosotros hoy, avanzando el siglo XXI, inmersos en este mundo de tan diversas condiciones, no pocas de ellas de señalada ambigüedad. La cultura urbana , donde crecen mentalidades secularizadas, en las que, gracias al conocimiento sistemático adquirido en la educación superior y a sus correspondientes habilidades tecnológicas, florece un tipo de ser humano autosuficiente, “empoderado” se dice hoy, domesticado por el eficientismo y por la racionalidad instrumental, sin apertura al horizonte de la trascendencia definitiva en Dios. Pero también es èticamente imperativo volver la mirada y el afecto y la solidaridad hacia las inmensas legiones de gentes empobrecidas, maltratadas por la injusticia del “establecimiento”, vulneradas en su dignidad y en sus derechos. Còmo transmitir espíritu pascual a los arrogantes dueños del sistema, còmo redimir a los condenados de la tierra, en nombre de Jesùs, el Cristo, el Resucitado? 6

Hemos afirmado reiteradamente que el cristianismo no es una ideología de tipo religioso, frecuentemente tomada por reglamentaciones y creencias. Ser cristiano es adherir personal y comunitariamente a Jesùs, èl es el contenido de nuestra fe, èl es nuestra razón de vivir con sentido y esperanza, ser sus discípulos es lo que caracteriza a la Iglesia universal y a cada Iglesia particular, con el modo de proceder propio que es el Evangelio, el estilo de las bienaventuranzas, el compromiso por hacer vigente en cada ámbito existencial el reino de Dios y su justicia. Tal es el la dotación con la que contamos para responder a la diversidad de hombres y mujeres, de culturas y mentalidades, de indagaciones por el sentido último de la vida. 7

Quien toma en serio la fidelidad a la conciencia, el carácter insobornable de la misma, la rectitud ética, el rechazo frontal al vano honor del mundo y a los poderes que oprimen a la humanidad, se expone a ser perseguido, humillado y ofendido, como lo fue Jesús. Abundan en la historia casos de hombres y mujeres así, “genios éticos”, personas que no temen a la posibilidad de consecuencias dramáticas por creer y vivir de esa manera.8

Cómo se encara esto en clave del seguimiento de Jesús? Sobre el particular responden las vivencias de los primeros cristianos cuando sus dramas son desvelados pascualmente, y cuando al temor sucede la certeza del Viviente inspirando sus decisiones y conductas, con la feliz consecuencia de la valentía apostólica que convida a muchos a hacer parte de su proyecto: “El mensaje de Dios iba extendiéndose, y el número de los creyentes aumentaba mucho en Jerusalén. Incluso muchos sacerdotes judíos aceptaban la fe” . 9 Para estos cristianos primitivos la relación con Jesús es eminentemente esperanzadora, garantía de confianza, él mismo lo afirma cuando responde al desconcierto de Tomás: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mí se puede llegar al Padre. Si ustedes me conocen a mí, también conocerán a mi Padre; y ya lo conocen desde ahora, pues lo han estado viendo” . 10

Precedido de la afirmación de su identidad y misión con la expresión YO SOY, Jesùs, según el evangelio de Juan, se presenta siete veces – número de perfección en la Biblia, de plenitud – como pan de vida, luz del mundo, puerta, buen pastor, resurrección y vida, camino-verdad-vida y vid. 11Cada una es un discurso en el que el evangelista Juan hace siete afirmaciones teològicas esenciales sobre el ser y el ministerio del Señor, en continuidad y superación con el “Yo soy el que soy12 de Yahvè a Moisès en el relato de la zarza ardiente.

Jesús es modelo antropológico y teológico para el ser humano. Es una nueva humanidad que Dios propone para superar la ambigüedad de la condición humana.13 Es CAMINO que empieza y concluye en Dios, así como èl es el modelo del ser humano pleno y realizado, que ha recorrido el sendero de la cruz y de la ignominia, siguiendo aquello de “que nadie tiene mayor que el que es capaz de dar la vida por sus amigos” .14 El gran indicador de este nuevo modo de humanidad es la capacidad de dar la propia vida para que muchos la tengan en abundancia. Jesús es un proyecto de vida plenamente capaz de llenar los ideales del hombre-mujer que lo quiera tomar.15 Jesús es VERDAD por ser fiel a su conciencia, porque ha llegado a ser lo que tenía que ser, porque hace presente a Dios que es su verdadero ser. Si nosotros, seres humanos, descubrimos que Dios está identificado con nosotros, ya lo somos todo, como Jesús. En él logramos la plenitud de nuestro ser. Jesús es VIDA porque en él ha sido comunicada la vida misma de Dios: “Créanme que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí.”. 16 Jesùs comunica al ser humano la vitalidad teologal, en èl todo se hace nuevo, èl mismo es la afirmación de que lo humano no se extingue, su gracia pascual asume cada identidad y la inserta en su resurrección, es la vida definitiva que impide el fracaso radical.



Antonio José Sarmiento Nova, SJ







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2 SÀNCHEZ CARO, Josè Manuel; MÈNDEZ FERNÀNDEZ, Benito; PÈREZ LÒPEZ, Santiago. Ser cristiano en el siglo XXI. Reflexiones sobre el cristianismo que viene. Universidad Pontificia de Salamanca. Salamanca, 2001. TORRALBA ROSELLÒ, Francesc. Un humanismo cristiano para el siglo XXI. En https://www.hospitalarias.org/reestructuracionafrica/wp-content/uploads/Humanismo-cristiano-Torralba.pdf SOBRINO, Jon. El cristianismo ante el siglo XXI en Amèrica Latina. Una reflexión desde las víctimas. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/778/1/cristianismo_siglo%20xx.pdf GARCÌA MÀIQUEZ, Enrique. Pensar el cristianismo en el siglo XXI. En https://www.nuevarevista.net/pensar-el-cristianismo-en-el-siglo-xxi.pdf

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4 Juan 14: 1-3. Las palabras que el evangelio de Juan pone en boca de Jesús son expresiones de ánimo para los primeros seguidores suyos, con el fin de fortalecerlos en medio de las numerosas contradicciones y conflictos a los que se vieron expuestos. Ser discípulos del crucificado era causa de persecución.

5 MATEO DONET, Marìa Amparo. La ejecución de los mártires cristianos en el imperio romano. Universidad de Murcia, 2016. WITHFIELD, Teresa. Pagando el precio: el asesinato de los jesuitas en El Salvador. UCA Editores. San Salvador, 1999. RICCARDI, Andrea. El siglo de los mártires. Encuentro. Madrid, 2019; La Iglesia arde: la crisis del cristianismo hoy, entre la agonía y el resurgimiento. Arpa. Madrid, 2022. SOBRINO, Jon. Los mártires latinoamericanos, interpelación y gracia para la Iglesia. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/47264025.pdf

6 PAPA PABLO VI. Exhortaciòn Apostòlica Evangelii Nuntiandi sobre el Anuncio del Evangelio en el Mundo Contemporàneo. Libreria Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1975. CONCILIO VATICANO II. Constituciòn Pastoral Gaudium et Spes sobre la Iglesia en el Mundo Moderno. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1965. PAPA FRANCISCO. Exhortaciòn Apostòlica Evangelii Gaudium sobre el Anuncio del Evangelio en el Mundo Actual. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2013. VELA, Jesùs Andrès. Reevangelizaciòn: el primer anuncio del Evangelio a bautizados no cristianos. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotà, 2014. REVILLA CUÑADO, Avelino. El anuncio del Evangelio en una sociedad lìquida. En Teologìa y Catequesis número 142, páginas 13-55. Universidad San Dàmaso. Madrid, 2018. CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO CELAM. Evangelizaciòn en las culturas urbanas. Celam. Bogotà, 2012. CONGREGACIÒN PARA LA EVANGELIZACIÒN DE LOS PUEBLOS. Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en

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8 LUYPEN, William. Fenomenología existencial. Carlos Lohlé. Buenos Aires, 1970. El autor utiliza la expresión “genio ético” para referirse a seres humanos que hacen huella en la historia por su rectitud moral, convirtiéndose en referente para muchos, del tipo de Nelson Mandela, Martin Luther King, Diógenes, Tomás Moro. DE CELAYA, Ignacio. La sindéresis, principio de rectitud moral. En https://www.core.ac.uk/download/83558235.pdf SAURÌ, Jorge. El hombre comprometido. Carlos Lohlè. Buenos Aires, 1970. SINGER, Peter. Compendio de ética. Alianza. Madrid, 2004.

9 Hechos 6: 7

10 Juan 14: 6-7. SINOPOLI, Federico & SALERNO, Matìas. Conociendo a Jesùs: Yo soy, como èl mismo se revelò. En https://www.discipuladocristiano.org/wp-content/uploads/2016/06/Yo-Soy.pdf CASTRO SÀNCHEZ, Secundino . Evangelio de Juan. Comentarios a la Nueva Biblia de Jerusalèn. Desclèe de Brower. Bilbao, 2014.

11 CHAMORRO, Gonzalo A. Perspectiva divina de los YO SOY en el evangelio de Juan. En https://www.xdoc.mx/documents/el-uso-de-los-yo-soy-en-juan-5e1e22daa9893 PAGOLA, Josè Antonio. El camino abierto por Jesùs (4): Juan. PPC. Madrid, 2018. BANDINI. Marinella. Los siete YO SOY de Jesùs en el evangelio de Juan. En https://www.es.aleteia.org/2022/10/11/los-7-yo-soy-de-jesus-en-el-evangelio/

12 Exodo 3: 13-14.

13 GONZALEZ FAUS, Josè Ignacio. Proyecto de hermano: visión creyente del hombre. Sal Terrae. Santander, 1987. ESPÌNDOLA GARCÌA, Luis Gabriel. La nueva humanidad en el pensamiento de Pablo. En Revista Veritas número 34, páginas 217-233. Pontificia Universidad Catòlica de Valparaìso, septiembre 2016. RAHNER, Karl. La gracia como libertad. Herder. Barcelona, 2008.

14 Juan 15: 13

15 José Ignacio González Faus. Otro mundo es posible…..desde Jesús. Sal Terrae. Santander, 2010.

16 Juan 14: 11

domingo, 26 de abril de 2026

COMUNITAS MATUTINA 26 DE ABRIL 2026 DOMINGO IV DE PASCUA

 

Pues ustedes andaban antes como ovejas extraviadas, pero ahora han vuelto a Cristo, que los cuida como un pastor y vela por ustedes”

(1 Pedro 2: 25)

Lecturas:

  1. Hechos 2: 36-41

  2. Salmo 22: 1-6

  3. 1 Pedro 2: 20-25

  4. Juan 10: 1-10

Con el estilo y lenguaje del inolvidable Papa Francisco ha cobrado mucho sentido el tema del pastoreo, de la pastoral, de los “pastores con olor a oveja”.1 Ahora también su sucesor, el Papa León XIV, enfatiza la misma demanda para que obispos y sacerdotes reflejen en su conducta al Señor Jesucristo y a su amorosa dedicación al cuidado del rebaño. Los penosos hechos de pederastia y encubrimiento son una mancha que lastima gravemente el cuerpo de la Iglesia, primero porque atenta contra la dignidad de niños y jóvenes confiados al cuidado pastoral de la Iglesia. auténticas traiciones a las ovejas confiadas a su ministerio; segundo porque hiere en lo más íntimo de su ser la credibilidad de la Iglesia. Nos corresponde a todos en la Iglesia, principalmente a los ministros ordenados, expiar ese delito-pecado y afirmar decididamente con nuestro modo de vida la imagen evangélica del ministerio: “En un mundo marcado por tensiones crecientes, incluso dentro de las familias y de las comunidades eclesiales, el sacerdote está llamado a promover la reconciliación y a generar comunión. Ser constructores de unidad y de paz significa ser pastores capaces de discernimiento, hábiles en el arte de recomponer los fragmentos de vida que se nos confían, para ayudar a las personas a encontrar la luz del Evangelio dentro de las tribulaciones de la existencia, significa ser sabios lectores de la realidad, yendo más allá de las emociones del momento, de los miedos y de las modas, significa ofrecer propuestas pastorales que generen y regeneren la fe, construyendo relaciones buenas, vínculos solidarios, comunidades donde brille el estilo de la fraternidad. Ser constructores de unidad y de paz no significa imponerse, sino servir”. 2

Este IV domingo de Pascua se conoce como del Buen Pastor,3 por el contenido de las lecturas bíblicas que destacan la figura de Jesús como tal, el que se dedicó sin límites al cuidado de sus ovejas, el que las acompañó en la recuperación de su dignidad, el que ejerció con ellas la compasión y la misericordia, el que no excluyó a ninguna, el que acogió con particular delicadeza a las llamadas “ovejas negras”, el que nunca bajó la guardia en su dedicación pastoral, el que fue a la cruz para dar vida en abundancia para que ninguna muriese sofocada por el pecado y por la muerte, el que – Resucitado – mantiene la plena vigencia de su cuidado pastoral, el que huele a oveja hasta lo más íntimo de su ser. La palabra “cura” , con la que se designa a los sacerdotes que presiden comunidades parroquiales , significa “el que cuida”, proviene del verbo latino “curare”, que significa cuidar.

Que sea este celebración un reconocimiento a los muchos santos y generosos pastores, obispos y sacerdotes, que configuran su ministerio con el pastoreo original del Señor Jesús, entregados a sus comunidades a tiempo y a destiempo, sin perseguir reconocimientos, ascensos o beneficios, los que indican con su conducta evangélica como debe ser la ministerialidad eclesial, los que no escatiman esfuerzo para servir a las ovejas que se les han confiado, los que discurren en discreto silencio haciendo de su sacerdocio una ofrenda inscrita en la de Jesús, muchos de ellos llegando a la donación cruenta de su vida, como sucede en muchos lugares del mundo.

El lenguaje de Jesús fue intencionalmente inculturado en su contexto de pescadores, amas de casa, campesinos, pastores. Las parábolas, ejemplos, metáforas, fueron su recurso, siempre de gran sencillez, para compartir con su gente la realidad de Dios, el reino y su justicia, los valores del mundo nuevo de libertad y sentido digno para todos. En esto fue ejemplar y estratégico. De esa mentalidad, el evangelista Juan toma el ejemplo del pastor y sus ovejas para comunicar la experiencia de Jesús dedicado por entero a su gente, incondicional, de tiempo completo, sintiendo todo lo de ellos, compadeciendo, sintonizando, amando, dando vida, en nombre de la paternidad-maternidad de Dios: “Les aseguro que yo soy la puerta por la que deben entrar las ovejas. Todos los que vinieron antes que yo, eran ladrones y bandidos. Por eso , no les hicieron caso. Yo soy la puerta. Todo el que entre en el corral de las ovejas por esta puerta, estará a salvo, y sus esfuerzos por buscar el alimento no serán en vano”. 4

Pasan así, por la mente y el corazón, hombres de genuino talante pastoral, como San Damián de Veuster5, el heroico religioso que se dedicó con amor incomparable a los leprosos de la isla de Molokai, contrayendo él mismo la enfermedad; el generoso Alejandro Solalinde, 6 entregado a aliviar las penurias de las poblaciones migrantes que atraviesan Centro América y México hacia Estados Unidos, buscando mejores alternativas de vida y de trabajo; nuestro amado San Oscar Arnulfo Romero, 7 el arzobispo mártir de San Salvador, la voz de los sin voz, asesinado por su vehemente defensa de la dignidad de su pueblo salvadoreño; el Beato Mariano de Jesús Eusse Hoyos8, padre Marianito, que sirvió en su parroquia de Angostura (Antioquia) durante 48 años consecutivos, dado a sus feligreses sin reservarse beneficios para él; Antonio Vicente Arenas 9, obispo de la diócesis del Socorro en Santander, que murió solitario e insolado en una ardua correría pastoral a sus 60 años de edad. Como estos hombres tenemos que ser, queridos hermanos en el ministerio! 10

Jesús pone en tela de juicio el poder que oprime al ser humano y sofoca su dignidad, su pastoreo promueve, anima, llena de vida, entusiasma, sanea las aflicciones y sufrimientos: “Ustedes saben que quienes figuran como jefes de las naciones las gobiernan tiránicamente y que sus dirigentes las oprimen. No debe ser así entre ustedes. El que quiera ser importante entre ustedes, que sea su servidor, y el que quiera ser el primero entre ustedes, que sea esclavo de todos. Pues tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido , sino a servir, y a dar su vida en rescate por todos”. 11 Gran tentación humano es el afecto desordenado por el poder, entendido como dominio sobre otros, deseo de muchos en la sociedad es el de ascender escalones hasta llegar al máximo nivel, cifrando en esto la felicidad. Con notable frecuencia esto deriva en autoritarismo y dictaduras, tiranizando con violencia a quienes están sometidos.12 La historia de la humanidad sobreabunda en dominaciones de unos pocos sobre muchos. Con modos más sofisticados conocemos la tiranía social, la del consumo, los indicadores de éxito, la manipulación mediática, que produce gentes enajenadas y dependientes.

Jesùs enseña que el verdadero sentido de la existencia reside en el servicio amoroso y solidario, en la donación de la vida hasta el extremo, en la abnegación sin reservas para llevar vida en abundancia a quienes la han perdido, y lo hace – como lo propone el evangelio de hoy – bajo la figura del pastor que se compromete ilimitadamente con la vida y con la dignidad de sus ovejas. Quien se interese por tomar este camino está llamado a asumir el mismo estilo de servicio, dar todo lo mejor para sus ovejas, sin buscar en ello ningún reconocimiento distinto de la satisfacción de reivindicarlas en su dignidad, de contribuír señaladamente a la mejor humanidad de todos los que integran el rebaño, ayudándoles a experimentar la voluntad salvadora del Padre, a insertarse activamente en la vida eclesial, a convertirse también en servidores de sus prójimos.

Es muy importante destacar que Jesús no “inventó” una casta clerical, un grupo de hombres superiores a los demás para gobernar las comunidades, sacralizados y exaltados. De él se desprende el estilo ministerial, que es el servicio de cuidar a todos, creando las mejores condiciones para que cada uno pueda ser reconocido como un digno integrante de sus seguidores, promoviendo sus dones para bien de todos.13

El Concilio Vaticano II en su Constitución sobre la Iglesia – “Lumen Gentium” – la ha definido como Pueblo de Dios y Sacramento Universal de Salvaciòn, destacando el aspecto ministerial de quienes son ordenados para el servicio , indicando que una consecuencia clara del bautismo es vivir todos en condición ministerial. Todos iguales en dignidad por el bautismo, diversos en carismas y ministerios. Las comunidades cristianas deben ayudar a sus pastores a que sean así, deponiendo todo culto a la personalidad, optando por modos de vida sobrios, distinguiéndose en su atención cuidadosa a los humildes y desconocidos, sirviendo sin excepción a todos, haciendo de sus manifestaciones una réplica de ese modo original del Señor.

Atràs han de quedar vanidades y prepotencias, vestimentas principescas, títulos de poder, dando paso a un ministerio que se inspire en estas palabras de Pedro, de la segunda lectura de este domingo: “ Cristo no cometió ningún pecado ni engañó jamás a nadie. Cuando lo insultaban, no contestaba con insultos; cuando lo hacían sufrir, no amenazaba sino que se encomendaba a Dios, que juzga con rectitud. Cristo mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, para que nosotros muramos al pecado y vivamos una vida de rectitud. Cristo fue herido para que ustedes fueran sanados” .14

La comunidad de Juan, de la que procede el relato evangélico que se denomina con tal nombre, está hablando testimonialmente de la Vida que ha recibido de Jesùs el Viviente: “Pero yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia” , 15afirmación de Jesùs sucediendo en ellos e invitándolos a convertirse en el punto de partida de la Iglesia, para que esta, en cada generación de su historia sea lo mismo, haga lo mismo, proclame lo mismo .

Un auténtico pastor es el que se dedica en totalidad al ejercicio de la misericordia y de la compasión, a tener en cuenta a cada uno de los suyos sin distinguir condición social o ideológica, sin fobias ni antievangélicos criterios de discriminación, cada oveja le interesa por sí misma, por el valor y dignidad que cada una posee. Mientras muchos poderes del mundo llevan las ovejas a la muerte, Jesús las lleva hacia la vida.



Antonio José Sarmiento Nova, SJ



1 ECHEVARRÍA SERRANO, Francisco. Pastores con olor a oveja. Cuarenta rasgos desde el corazón del Evangelio. PPC. Madrid, 2016. PONCE CUÉLLAR, Miguel. Llamados a servir: teología del sacerdocio ministerial. Herder. Barcelona, 2001; El fundamento cristológico del sacerdocio ministerial. En Revista Scripta Theologica volumen 52, número 2. Universidad de Navarra. Pamplona, 2020. GRESHAKE, Gisbert. Ser sacerdote: teología y espiritualidad del ministerio sacerdotal. Sígueme. Salamanca, 1995. PIE Y NINOT, Salvador. El sacerdote, testigo de la fe de la Iglesia. En https://www.core.ac.uk/pdf/download/83564168.pdf PAPA JUAN PABLO II. Carta Don y Misterio, sobre el sacerdocio ministerial, en el 50 aniversario de su ordenación sacerdotal. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1996. SCHYLLEEBECKX, Edward. El ministerio eclesial: responsables en la comunidad cristiana. Cristiandad. Madrid, 1983. GALOT, Jean. Sacerdote en nombre de Cristo. Didaskalos. Madrid, 1985.

2 PAPA LEÓN XIV. Mensaje del Santo Padre a los sacerdotes en ocasión de la jornada de la santificación sacerdotal. 27 de junio 2025. Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.

3 BEUTLER, Johannes. El discurso del Buen Pastor en Juan 10. En Cuestiones Teológicas volumen 32 número 78, páginas 243-270. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, julio-diciembre de 2005. GUERRA, Luis María. El Buen Pastor, estudio exegético-teológico de Juan 10:1-18. En Almogaren número 10, páginas 25-93. Centro Teológico de Las Palmas. Palma de Gran Canaria, 1992. ESQUERDA BIFFET, Juan Signos del Buen Pastor. Espiritualidad y misión sacerdotal. Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM. Bogotá, 1989. SANTAMARÍA, Jaime. El Buen Pastor no abandona a sus ovejas. En https://www.ia800606.us.archive.org/18/items/buenpastor/buenpastor.pdf LUCHETTI BINGEMER, María Clara. La fe: otra mirada para leer la historia. Monseñor Romero: una clave testimonial. En https://www.core.ac.uk/reader/47264320

4 Juan 10: 7-9

5 1840-1889.

6 Sacerdote mexicano, nacido en 1945.

7 1917-1980

8 1845-1926

9 1862-1922.

10 SAGRADOS CORAZONES PROVINCIA DE ESPAÑA. Damián, el personaje. En https://www.nobispacem.com/sites/default/files/documents/damian_de_molokai.pdf MEJÍA, María Consuelo. El Padre Alejandro Solalinde: la libertad y la rebeldía al servicio de los derechos humanos. En https://www.repositorio.colmex.mx/concern/book_chapters/6h440t162?locale=es MOROZZO, Roberto. Monseñor Romero: vida, pasión y muerte en El Salvador. Sígueme. Salamanca, 2010. BEATO PADRE MARIANITO. El libro del admirable Padre Marianito, cura de Angostura. Litodosmil. Medellín, 2000. GONZALEZ DORADO, Antonio. Sacerdotes dignos de crédito. Perspectiva latinoamericana. Sal Terrae. Santander, 1988.

11 Marcos 10: 41-45.

12 SNYDER, Timothy.. Sobre la tiranía. Destino. Barcelona, 2018. LILLA, Mark . La nueva era de la tiranía. En https://www.letraslibres.com/wp-content/uploads/2016/05/pdf_art_7934_6800.pdf DE LOS REYES, David. De tiranos: Una interpretación desde la filosofía antigua. Universidad Metropolitana. Caracas, 2018. LESGART, Cecilia. Autoritarismo: historia y problemas de un concepto contemporáneo fundamental. En https://www.scielo.org.mx/perlat/v28n55/0188-7653-perlat-28-55-349.pdf

13 GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. Hombres de la comunidad: repensando el ministerio eclesial. Sal Terrae. Santander, 2008. FARES, Diego. El olor del pastor. El ministerio pastoral en la visión del Papa Francisco. Sal Terrae. Santander, 2015. URIARTE, Juan María; FERNÁNDEZ MARTOS, José María; CORDOVILLA PËREZ, Angel. Ser sacerdote en la cultura actual. Sal Terrae. Santander, 2000. URIARTE, Juan María. Una espiritualidad sacerdotal para nuestro tiempo. Sal Terrae. Santander, 2011; Servir como pastores: claves de la espiritualidad sacerdotal. Sal Terrae. Santander, 2011.. CORDOVILLA PÉREZ, Angel. Como el Padre me envió, así os envío yo. Teología y espiritualidad del ministerio apostólico presbiteral. Sígueme. Salamanca, 2019. KASPER, Walter. El sacerdote, servidor de la alegría. Sígueme. Salamanca, 2009. GUIJARRO, Santiago. Servidores de Dios y esclavos vuestros: la primera reflexión cristiana sobre el ministerio. Sígueme. Salamanca, 2011. MARTÍN DESCALZO, José Luis. Un cura se confiesa. Sígueme. Salamanca, 2003.

14 1 Pedro 2: 22-24

15 Juan 10: 10

domingo, 19 de abril de 2026

COMUNITAS MATUTINA 19 DE ABRIL 2026 DOMINGO III DE PASCUA CICLO A

 

Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero èl desapareció de su vista”

(Lucas 24: 31)



Lecturas:

  1. Hechos 2: 14 y 22-33

  2. Salmo 15

  3. 1 Pedro 1: 17-21

  4. Lucas 24: 13-35

El Papa San Pablo VI 1 indicó con claridad que el testimonio es el medio más eficaz de evangelización,2 esta afirmación hace parte de su Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi sobre el Anuncio del Evangelio en el Mundo Moderno3, importante texto de su magisterio que traduce todas las enseñanzas del Concilio Vaticano II, del que fue gran líder y ejecutor. Ser testigo de una realidad es mucho más que una visión momentánea, es implicar la propia vida en aquello que se testifica y, más aún, estar dispuesto a la ofrenda de la vida en nombre de la causa en la que está implicado su testimonio. La palabra mártir, de origen griego, significa justamente esto, el testigo que ofrece su vida para avalar con ello su responsabilidad testimonial. Hablar de esto nos lleva directo a que nuestra manera de seguir a Jesús, de vivir a lo Jesús, sea lenguaje digno de la mayor credibilidad. Un testigo es alguien que toma en serio lo atestiguado.

La Iglesia de los primeros siglos es plenamente testimonial y martirial. El entusiasmo pascual infundido por el Señor Resucitado, se traducía en una gran viveza y audacia apostólicas, en una disposición total para la misión, siguiendo el mandato de Jesús: “Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos y bautícenlos, para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos”. 4

Se puede decir con toda propiedad que los primeros discípulos de Jesús, y las generaciones siguientes de esos primeros tiempos de la vida cristiana y eclesial, fueron auténticos testigos del Resucitado y de su Buena Noticia. Desplegaron una prodigiosa actividad misional, fundaron comunidades particulares en diversos lugares del mundo entonces conocido, se enfrentaron a la incomprensión de un mundo que no apreciaba cómo podían cimentar su vida en un crucificado, que para esa visión era la de un castigo ejemplarizante para alguien que había puesto en tela de juicio la solidez del establecimiento religioso del judaísmo. Casi todos ellos culminaron su relato vital con la ofrenda cruenta de la existencia.

En Hechos de los Apóstoles5 encontramos el relato de esos testigos primeros de la fe. Es un texto cargado de vitalidad pascual, alentador, entusiasta, pleno de esperanza, en el que resuenan palabras como las de Pedro en la primera lectura que la Iglesia nos propone para este domingo: “Entonces Pedro, poniéndose de pie junto con los once, levantó la voz y declaró solemnemente:…….Israelitas, escuchen: Jesús de Nazaret fue el hombre a quien Dios acreditó ante ustedes con los milagros, prodigios y señales que realizó por medio de él entre ustedes, como bien lo saben. Dios lo entregó conforme al plan que tenía previsto y determinado, y ustedes, valiéndose de los impíos, lo crucificaron y lo mataron. Dios, sin embargo, lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte, pues era imposible que esta lo retuviera en su poder…..6

Este condensado testimonial es núcleo fundamental de la predicación apostólica. Con ese mensaje, y con sus vidas dedicadas de lleno al mismo, llevaron a cabo un ministerio que contagiaba de esperanza a quienes lo acogían. Excelente memoria para nosotros hoy en la Iglesia y en todas las comunidades que profesan a Jesucristo como Señor y Salvador. No podemos reducirnos a conservar la religiosidad vigente, ni a un adoctrinamiento simplista y reductivo. La misión pastoral de la Iglesia consiste en transmitir al Señor Resucitado, como Pedro y sus compañeros, como Pablo, el antiguo fariseo y luego apasionado por Jesús. Para eso se impone llegar al ser humano concreto, dialogar con todos, sentir como propios los gozos y las esperanzas, las tristezas y los sufrimientos, las búsquedas de sentido, los grandes interrogantes existenciales.7 Y esa llegada a lo humano debe ser plenamente pascual.

El ser humano siempre persigue las mejores razones para vivir con sentido y significado trascendentes. Es tal vez, el mayor esfuerzo de la humanidad: ganarle la partida al absurdo, preguntarse el por qué de la muerte y del sufrimiento, buscar siempre una legitimación de sus ilusiones y esperanzas. En el ámbito pascual la fe cristiana nos ofrece la respuesta. 8

Dos caminantes abatidos van hacia una aldea llamada Emaús, en la cercanía de Jerusalén, la causa de su pesadumbre: “Lo de Jesús de Nazaret, que era un profeta poderoso en hechos y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo; y cómo los jefes de los sacerdotes y nuestras autoridades lo entregaron para que lo condenaran a muerte y lo crucificaran. Nosotros teníamos la esperanza de que él sería el que había de libertar a la nación de Israel…..”9 En esos desencantados nos podemos reflejar nosotros cuando la angustia existencial nos domina y sentimos que toda posibilidad de vivir con sentido está agotada. Veamos a los dos caminantes de Emaús como referentes del realismo entristecido que, sin embargo, estaba condicionado , en el mejor sentido del término, por un desbordante amor a Jesús y a su causa. Su ausencia física era el motivo de su tristeza: “Jesús les preguntó: De qué van hablando ustedes por el camino? Se detuvieron tristes, y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, contestó: Eres tú el único que ha estado alojado en Jerusalén y que no sabe lo que ha pasado allí en estos días?10

Los relatos de las apariciones del Resucitado – once en total en los cuatro evangelios – aluden a la experiencia de los testigos originales de la fe, a quienes debemos la transmisión de aquello que empezó hace más de veinte siglos , que se ha propagado dando sentido y razón de vida a muchísimos seres humanos. La suya es una historia de re-encantamiento, de una nueva vida que surge de las cenizas a partir de su encuentro con Jesús. A eso llamamos la experiencia pascual. 11 Esos testigos originales de nuestra fe nos reflejan también a nosotros en el proceso que va del vacío a la esperanza, de la muerte a la vida. Su testimonio nos implica , se convierte en fundamento del sentido absoluto de la vida, según las comunidades cristianas que dieron origen al Nuevo Testamento.

Cómo reencantar nuestra vida en tiempos de crisis? Cómo, sin desconocer la fragilidad nuestra , vivir siempre en perspectiva de esperanza? El anuncio pascual no está contenido en un hecho ingenuo, en un entusiasmo de emociones pasajeras, no se puede reducir a manifestaciones clamorosas de grupos cristianos que desconocen las fracturas inevitables a las que estamos sometidos. Estas personas que siguieron a Jesús – caracterizados por los límites que los relatos evangélicos refieren - recuperaron su horizonte de vida, no de modo ocasional.12 Desde Pascua su vida se replanteó de raíz.

De modo particular, Pedro llama a mantener la fidelidad a Dios aún en las situaciones contradictorias de la vida, porque El nos libera de todo lo injusto e inhumano, y nos recuerda que el costo de esta liberación no es producto de los “precios” que compran el poder, sino del amor desmedido que se ha ofrecido como don para que la vida de todos los humanos tenga sentido, y sea libre y salvada del odio, de las esclavitudes, de la cultura de la muerte, de los designios egoístas de unos : “Y ustedes saben muy bien que el costo de este rescate no se pagó con cosas corruptibles, como el oro o la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, que fue ofrecido en sacrificio como un cordero sin defecto ni mancha” .13

Los discípulos de Emaús, cuya desilusión tipifica todos los desencantos humanos, constituyen mucho más que una relación cronológica de algo puntual sucedido después de la muerte del Señor. El relato cuestiona esa expectativa que tenían los judíos y, con ellos, los discípulos, sobre un Mesías triunfante y espectacular: “Qué faltos de comprensión son ustedes y qué lentos para creer todo lo que dijeron los profetas. Acaso no tenía que sufrir el Mesías estas cosas antes de ser glorificado?” ,14 les dice Jesús, a quien aún no han reconocido como el Viviente.

El verdadero sentido de las apariciones del Resucitado es participar de la experiencia pascual que tuvieron los primeros cristianos a quienes a lo largo de los siglos descubrimos allí nuestra máxima razón de sentido: “Y se dijeron uno al otro: no es verdad que el corazón nos ardía en el pecho cuando nos venía hablando por el camino y nos explicaba las Escrituras?” .15

Como los discípulos de Emaús, también nosotros padecemos limitaciones a la hora de captar lo más genuino de la fe, nos dejamos llevar por la conocida y empobrecedora rutina religiosa, por reducir la condición creyente a cumplimientos sin fuerza transformadora, por no vislumbrar el influjo totalizante y liberador del relato de Jesús en nuestras vidas. Pero ya sabemos muy bien, y ahí nos inscribimos en veinte siglos de historia cristiana, que la fuerza teologal del Resucitado es mayor que nuestras estrecheces, gracias a eso recibimos como don la posibilidad de no hundirnos en la oscuridad del sin sentido. La fe nos ayuda a esclarecer y a vivir en esperanza. 16



Antonio José Sarmiento Nova, SJ







1 1897-1978, Papa desde 1963 hasta 1978, canonizado por el Papa Francisco en octubre de 2018.

2 PELLITERO, Ramiro. La fuerza del testimonio cristiano. En Scripta Theologica número 39, páginas 367-402. Universidad de Navarra. Pamplona, 2007. CONFERENCIA DE OBISPOS CATÓLICOS DE LOS ESTADOS UNIDOS DE NORTE AMERICA. Discípulos llamados a dar testimonio: la nueva evangelización. United States Conference of Catholic Bishops. Washington, 2012. PIE NINOT, Salvador. La teología fundamental: dar razón de la esperanza. Secretariado Trinitario. Salamanca, 2017. 2014. DIÓCESIS DE CARTAGENA (España). Testigos de la Fe: la urgencia de anunciar la belleza de la fe. Cartagena, 2011. RICCARDI, Andrea. El siglo de los mártires. Encuentro. Madrid, 2019. GALLAGHER. Michael Paul. Mapas de la fe: diez grandes creyentes desde Newman hasta Ratzinger. Sal Terrae. Santander, 2015.

3 PAPA PABLO VI. Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi sobre el Anuncio del Evangelio en el Mundo Moderno. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1975.

4 Mateo 28: 19-20.

5 GARCÍA VIANA, Luis Fernando. Introducción a los Hechos de los Apóstoles. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 22 de octubre de 2013. RAMIS, Francesc. Hechos de los Apóstoles. Verbo Divino. Estella, 2008. RICHARD, Pablo. El movimiento de Jesús antes de la Iglesia: una interpretación liberadora de Hechos de los Apóstoles. Sal Terrae. Santander, 2000. WIKENHAUSER, Alfred. Los Hechos de los Apóstoles. Herder. Barcelona, 1967. ROLOFF, Jürgen. Hechos de los Apóstoles. Cristiandad. Madrid, 1984. EQUIPO CAHIERS EVANGILE. Los Hechos de los Apóstoles. Verbo Divino. Estella, 1991. McGARVEY, J.W. Comentario sobre Hechos de los Apóstoles. En https://www.willie75.files.wordpress.com/2008/02/comentario-sobre-hechos-por-jw-mcgarvey.pdf

6 Hechos 2: 14 y 22-24.

7 CONCILIO VATICANO II. Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Moderno Gaudium et Spes. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1965. PAPA PABLO VI. Carta Encíclica Eclessiam Suam sobre el Diálogo en la Vida de la Iglesia. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1964. ZAMMIT, Mark Joseph. La Iglesia se inclina hacia el hombre y hacia el mundo: el puesto central del diálogo de Pablo VI en el Concilio Vaticano II. En Revista Estudios Eclesiásticos volumen 94 número 370, páginas 513-556. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, septiembre de 2019 MIFSUD, Tony. Moral Social: lectura solidaria del continente latinoamericano. Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM. Bogotá, 2001.

8 CONSTANTE, Alberto. La pregunta que interroga por el sentido del ser. En https://www.scielo.org.mx/pdf/enclav/v4n7/v4n7a5.pdf KUNG, Hans. Ser cristiano. Trotta. Madrid, 2006; Existe Dios? Cristiandad. Madrid, 1986. SANCHEZ ALvarez, Pilar. La fe es significativa para el hombre? Olegario González de Cardedal en el Areópago moderno. En Veritas número 42, páginas 127-163. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, abril de 2019. GONZÁLEZ DE CARDEDAL, Olegario. Raíz de la esperanza. Sígueme. Salamanca, 1996. MARTÍNEZ DÍEZ, Felicísimo. Creer en el ser humano, vivir humanamente. Antropología en los Evangelios. Verbo Divino. Estella, 2016.

9 Lucas 24: 19-21

10 Lucas 24: 17-18

11 BAENA BUSTAMANTE, Gustavo. Fenomenología de la revelación: teología de la Biblia y hermenéutica. Verbo Divino. Estella (Navarra España), 2011. El autor de esta obra monumental, profesor en la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana, dedica una parte muy importante al estudio del hecho pascual, es el capítulo III “La revelación de Dios en el Nuevo Testamento” con dos subtítulos: “La experiencia pascual” e “Historia de la tradición de la experiencia pascual”, páginas 525 a 886.

12 LORENZEN, T. Resurrección y discipulado. Sal Terrae. Santander, 1999. VICARÍA DE LA ESPERANZA JOVEN. ARZOBISPADO DE SANTIAGO DE CHILE. Resucitados en Jesucristo. Material de catequesis para jóvenes. En https://www.vej.cl/dosc/discipulos2_Unidad09.pdf BERMÚDEZ SUÁREZ, Felipe. Nuestro camino de Emaús. En Almogaren número 11 páginas 53-64. Centro Teológico de Las Palmas. Palma de Gran Canaria, 1993.. LÓPEZ PEÑALBA, Jaime. La identidad entre la experiencia de Jesús y la experiencia de los discípulos. En https://www.repositorio.sandamaso.es/bitstream/123456789/105%20LOPEZ%20PEÑALBA.pdf COLOMER, Julio. La resurrección, gozo y esperanza. Cuadernos Centro Arrupe número 4. Valencia, 2014.

13 1 Pedro 1: 18-19

14 Lucas 24: 25-26

15 Lucas 24: 32

16 MARTÍN DESCALZO, José Luis. Razones para la esperanza. Sociedad de Educación Atenas. Madrid, 1991. COLECTIVO ESPERANZA PAZ Y LIBERTAD. Memorias de Esperanza. Centro Nacional de Memoria Histórica. Bogotá, 2021. LAÍN ENTRALGO, Pedro. La espera y la esperanza: historia y teoría del esperar humano. Revista de Occidente. Madrid, 1957. D´ORMESSON, Jean. Una historia sobre la nada y la esperanza. Sígueme. Salamanca, 2019. MARIÑO MACÍAS, María Alejandra. Sangre de mártires, semilla de esperanza: construcción de las nociones de cuerpo y memoria tras la masacre de Trujillo. Universidad del Rosario. Bogotá, 2011.

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