domingo, 24 de mayo de 2026

COMUNITAS MATUTINA DOMINGO 24 DE MAYO 2026 SOLEMNIDAD DE PENTECOSTES

 

“La paz con ustedes. Como el Padre me envió, también yo los envío. Dicho esto, sopló y les dijo: reciban el Espíritu Santo” (Juan 20: 21 – 22)

 

Lecturas

1.     Hechos 2: 1 – 11

2.    Salmo 103: 1 y 24 – 34

3.    1 Corintios 12: 3 – 7 y 12 – 13

4.    Juan 20: 19 – 23

 

Sea este poema del español Florentino Ulibarri un excelente aperitivo para degustar  en toda su riqueza esta solemnidad de Pentecostés:

-      El universo está vacío de tu Espíritu y tu misterio

porque lo llenamos de estériles explicaciones

que te dejan fuera y no interrogan. Sopla tu aliento creador;

que todo recobre su lugar y su sentido y deje de ser caos informe.

La tierra está contaminada por la polución y la explotación incontrolada;

Nos asfixiamos por el aire enrarecido

y porque hemos esquilmado todas sus fuentes.

Sopla tu aliento puro: que respiremos otra vez frescor de vida

en medio de esta cultura destructiva……..[1]

No es ser profetas de desgracias denunciar que el egoísmo y el pecado, el afán desmesurado de “progreso” sin humanismo, las decisiones desatinadas de muchos constituídos en poder, la eterna tentación humana de fracturar la armonía, de secar las fuentes de la vida, nos presentan un panorama de aridez y desolación. Es sentido crítico frente a una parte notable de la realidad que no alienta al buen vivir y a la esperanza. En su encíclica de 2015, “Laudato Si sobre el cuidado de la casa común”[2] el papa Francisco alza su voz para diagnosticar el gravísimo fenómeno de la contaminación y deterioro ambientales, el derroche de los recursos naturales y la problemática social que esto conlleva para varios miles de millones de prójimos.  Pero no permanece en el lamento, anuncia con esperanza en Dios – como es característico de su ministerio – la urgencia de un nuevo estilo de vida  extremadamente cuidadoso con el planeta, protector de todas las formas de vida y garante de una convivencia armónica y dialogante entre todos los humanos: “Siempre es posible volver a desarrollar la capacidad de salir de sí hacia el otro. Sin ella no se reconoce a las demás creaturas en su propio valor, no interesa cuidar algo para los demás, no hay capacidad de ponerse límites para evitar el sufrimiento o el deterioro que nos rodea. La actitud básica de autotrascenderse, rompiendo la conciencia aislada y la autorreferencialidad, es la raíz que hace posible todo cuidado de los demás y del medio ambiente, y que hace brotar la reacción moral de considerar el impacto que provoca cada acción y cada decisión personal fuera de uno mismo. Cuando somos capaces de superar el individualismo, realmente se puede desarrollar un estilo de vida alternativo y se vuelve posible un cambio importante para la sociedad”. [3]

En el mundo y en la Iglesia siempre estamos necesitados del Espíritu, de la vida nueva teologal que erradica la esterilidad, el talante destructivo, la desunión, el encerrarnos en la cómoda solución de intereses mezquinos. El Espíritu es el torrente de vitalidad que hace nuevas todas las cosas, aquello que empezó hace más de veinte siglos en Galilea, el germen de algo totalmente novedoso para llenar de sentido la existencia humana y para responder cabalmente a nuestros grandes interrogantes.[4] En la vida eclesial siempre hay una tensión entre el carisma – el don del Espíritu – y la organización institucional, esta última tiene sentido si está alimentada por aquel, y ordenada al anuncio de la Buena Noticia del Señor Resucitado. Hemos pasado muchas páginas desde que aquellos discípulos, gozosos al experimentar la Pascua de Jesús, se lanzaron a comunicar este acontecimiento decisivo para sus vidas y para nosotros. [5]Con el paso del tiempo, si no estamos vigilantes en el Espíritu, podemos dejar que nos vengan las enfermedades que conllevan el desierto espiritual y la infiltración de valores contrarios al Evangelio. Vale decir, perder la inspiración original y originante del Señor Jesús.

En otro escenario bien diferente vemos nuestro mundo, parecido al ambiente de la torre de Babel. Pluralidad de lenguas y culturas, ideas y estilos diversos, mentalidades, ahora más estimulado con la globalización y el acercamiento que promueven  las comunicaciones digitales. Junto a esto, intolerancias sin fin, persecuciones, acosos, guerras. Cómo convivir y entenderse quienes tienen tantas diferencias? La situación es especialmente problemática en los llamados países desarrollados y en las grandes ciudades, puntos de llegada de olas de inmigrantes que salen de sus países y regiones abrumados por la pobreza y por la violencia.[6] Salen desamparados y cuando llegan, si el egoísmo local los deja entrar, comienza un verdadero calvario: se le cierra la puerta al Espíritu!

Nuestro mundo se ha convertido en un reflejo  de esa torre de Babel, el símbolo bíblico de la prepotencia humana y de la confusión causadas por el egoísmo y la intolerancia. El ser humano quiere ser como Dios, da la espalda al verdadero, y se erige él mismo en arrogante divinidad que desprecia al prójimo y  se desentiende de las demandas que conlleva un modo de vida en trascendencia. Es la ausencia del Espíritu de la vida, el imperio del ego y de la barbarie. En este símbolo bíblico   Dios confundió las lenguas y cerró para siempre la puerta de los dioses: “Ahora nada de cuanto se propongan les será imposible. Bajemos, pues y, una vez allí, confundamos su lenguaje, de modo que no se entiendan entre sí. Y desde aquel punto los desperdigó Yahvé por toda la faz de la tierra. Y dejaron de edificar la ciudad. Por eso se la llamó Babel, porque allí embrolló Yahvé el lenguaje de todo el mundo y desde allí los desperdigó Yahvé por toda la faz de la tierra.” [7]Grave cosa, el rico y diverso mundo de Dios, plural, multifacético, con toda su potencialidad de inclusión y comunión, se convierte en un brutal escenario de sectas, divisiones, segmentos enfrentados, hombres dominando y maltratando multitudes.

Tales hechos nos retan como ciudadanos de la humanidad y como seguidores de Jesús. Bien sabemos que  el gran proyecto de Dios es la plenitud del ser humano, su trascendencia definitiva a partir de una comunidad   donde todos se reconocen como iguales, disfrutando de la creación como el gran sacramento de la vida que procede de El. En Pentecostés reconocemos la fecundidad de este Dios, tres personas distintas y un solo Dios verdadero: un Padre-Madre que nos da la vida y se compromete con nuestra creaturalidad; un Hijo y hermano mayor que asume nuestra humanidad, hace visible a Dios en la historia, y lo hace salvando, liberando y redimiendo; un Espíritu Santo que nos mantiene en la vida de Dios y en la sabiduría del Evangelio.[8]

A este Espíritu le llamamos creador, santificador, educador de la humanidad, defensor, inspirador de sabiduría, gracias a El crecemos en justicia, nos sumergimos en el dinamismo inagotable del amor, captamos la esencia de nuestras vidas en Dios como principio y fundamento de nuestros proyectos existenciales,  es la nueva creación,  fruto de la resurrección de Jesús: “ El cuerpo humano, aunque tiene muchos miembros, es uno; es decir, todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, forman un solo cuerpo. Pues así también es Cristo. Porque hemos sido todos bautizados en un solo Espíritu, para no formar más que un cuerpo entre todos: judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu”. [9]

Bajo la acción del Espíritu, estamos llamados a reconocer el valor intrínseco de cada persona humana,  a apreciar con respeto las diferencias, a promover causas comunes de justicia y fraternidad, [10]a proteger con delicadeza todas las formas de vida, en las que reconocemos la acción creadora de Dios, haciendo efectiva  una sabiduría vinculante que favorece  los encuentros amistosos, la reconciliación y la superación de esas fracturas que tanto dolor causan a la condición humana; a significar que la Iglesia es una comunidad de discípulos centrados en Jesús y enviados a anunciar su Buena Nueva de salvación a toda la humanidad;  y  a devolver a los entristecidos las ganas de vivir, la animosidad emprendedora de las más apasionantes aventuras existenciales.

El hermoso texto que la Iglesia nos propone hoy como primera lectura   es un relato paradigmático que indica con elocuencia los efectos del Espíritu: “Residían en Jerusalén hombres piadosos, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Al producirse aquel ruido , la gente se congregó y se llenó de estupor, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Estupefactos y admirados decían: acaso no son galileos todos estos que están hablando?” . [11]

Es el Espíritu el que inaugura este nuevo tiempo , el de la “ecumene”,[12] el diálogo y encuentro fraterno de los opuestos que convergen ahora en el Espíritu del Resucitado, experimentando una “globalización salvífica y liberadora”, como no se había visto hasta entonces en el desarrollo de la humanidad. El Espíritu no produce personas uniformes, manipuladas por un colectivismo que domestica y sofoca la iniciativa individual y colectiva, como lo han pretendido sistemas y modelos políticos, y también  algunas entidades y normativas religiosas. El Espíritu  es una fuerza vital personal y trinitaria  que  potencia en cada uno las diferentes cualidades y aptitudes, para servir con creatividad a la madurez de la humanidad : “Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que actúa todo en todos” . [13]

La venida del Espíritu significó para aquellos discípulos el fin del miedo.  Nació una comunidad  libre como el viento. Autonomía, unidad en la diversidad,  misión, son las notas distintivas del nuevo camino que surge en Pentecostés, animado por el Viviente:  “Paz a ustedes! Como el Padre me envió a mí, así los envío yo a ustedes! Y sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo. A quienes ustedes perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”. [14]

Antonio José Sarmiento Nova, SJ

 

 



[1] ULIBARRI, Florentino. Al viento del Espíritu: plegarias para nuestro tiempo, poema “Antídoto contra toda corrupción”. Verbo Divino. Estella, 2004; página 78.

[2] PAPA FRANCISCO. Carta Encíclica Laudato Si sobre el cuidado de la casa común. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2015.

[3] PAPA FRANCISCO.  Obra citada, páginas 158-159.

[4] ELDERS, León. El Espíritu Santo en la teología de Santo Tomás de Aquino. En https://www.repositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/5039/1/espiritu-santo-teologia-elders.pdf CONGAR, Yves Marie Joseph. El Espíritu Santo. Herder. Barcelona, 1991. CORDOVILLA PÉREZ, Angel. El Espíritu Santo en la tradición eclesial. En  Sal Terrae, número 18, páginas 403-426. Compañía de Jesús España. Madrid, 2020. CARAM PADILLA, María José. Nuestra tierra dará su fruto . El Espíritu Santo en el mundo y en la historia. Reflexión creyente desde el sur andino peruano. Tesis de grado para obtener el doctorado en teología. Facultad de Teología San Vicente Ferrer. Valencia, 2008. CODINA, Víctor. Creo en el Espíritu Santo. Pneumatología narrativa. Sal Terrae. Santander, 1994.

[5] THEISSEN, Gerd. El movimiento de Jesús: historia social de una revolución de los valores. Sígueme. Salamanca, 2005. AGUIRRE, Rafael. Del movimiento de Jesús a la Iglesia cristiana. Ensayo de exégesis sociológica del cristianismo primitivo. Verbo Divino. Estella, 2015. HURTADO, Larry W. Destructor de los dioses: el cristianismo en el mundo antiguo. Sígueme. Salamanca, 2017. BOFF, Leonardo. Iglesia carisma y poder. Ensayos de eclesiología militante. Sal Terrae. Santander, 1982. AGUIRRE, Rafael (Editor). Así vivían los primeros cristianos. Evolución de las prácticas y de las creencias en el cristianismo de los orígenes. Verbo Divino. Estella, 2012. CROSSAN, John Dominic. El nacimiento del cristianismo . Crítica. Barcelona, 2002. HOORNAERT, Eduardo. La memoria del pueblo cristiano. Una historia de la Iglesia en los tres  primeros siglos.

Paulinas. Madrid, 1986.

[6] ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL PARA LAS MIGRACIONES  OIM. Informe sobre las migraciones en el mundo 2022,  Ginebra, 2022. MARTÍNEZ PIZARRO, Jorge y Autores Varios. Crisis económica y migración internacional: hipótesis, visiones y consecuencias en América Latina y el Caribe. En  Revista Interdisciplinar da Mobilidade Humana, volumen 18 número 35, páginas 45-70. Centro Scalabriniano de Estudios Migratorios. Brasilia, julio-diciembre 2010. SUTCLIFFE, Bob. Nacido en otra parte: un ensayo sobre la migración internacional, el desarrollo y la equidad. Hegoa. Bilbao, 2008.

[7] Génesis 11: 6-9 . CALDERÓN DE LA BARCA, Pedro. La torre de Babilonia. Edición de V. Nider, Pamplona-Kassel, Universidad de Navarra-Reichenberger. Pamplona, 2008. CROATTO, José Severino. El relato de la torre de Babel. Bases para una nueva interpretación. En Revista Bíblica año 58, número 62; páginas 65-80. Asociación Bíblica Española. Madrid, 2º. Semestre de 1996. NEUHAUS, Susana. Torre de Babel: la tergiversación del significado en el lenguaje cotidiano y en las interpretaciones de la historia. En https://www.cdsa.aacademica.org/000-038/643.pdf

[8] PAPA BENEDICTO XVI. Carta Encíclica Deus Caritas est, Dios es amor. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2005. BOFF, Leonardo. La Santísima Trinidad es la mejor comunidad. Paulinas. Madrid, 1990. FORTE, Bruno. Trinidad como historia: ensayo sobre el Dios cristiano. Sígueme. Salamanca, 1996. GRESHAKE, Gisbert. Creer en el Dios Uno y Trino: una clave para entenderlo. Sal Terrae. Santander, 2001. LADARIA, Luis F. La Trinidad, misterio de comunión. Secretariado Trinitario. Salamanca, 2002. RAHNER, Karl. El Dios Trino como principio y fundamento de la historia de salvación. En FEINER, J.L.M. Mysterium Salutis volumen 2, páginas 360-466. Cristiandad. Madrid, 1969. CERVANTES ORTIZ, Leopoldo. Dios, la Trinidad y Latinoamérica hoy. En Revista Iberoamericana de Teología volumen VII número 13, páginas 9-30. Universidad Iberoamericana. Ciudad de México, julio-diciembre 2011.

[9] 1 Corintios 12: 12-13

[10] PAPA FRANCISCO. Carta Encíclica Fratelli Tutti sobre la fraternidad y la amistad social. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2021.

[11] Hechos 2: 5-7

[12] Palabra de origen griego que significa la totalidad del mundo, la universalidad de las gentes, sus diversas culturas y mentalidades. ROGERS FRIDAY, John. Universale Salutis Sacramentum: la Iglesia como sacramento universal de salvación en relación con los desafíos del diálogo interreligioso. En Revista Iberoamericana de Teología volumen VIII número 15, páginas 25-47. Universidad Iberoamericana. Ciudad de México, julio-diciembre 2012. DUPUIS, Jacques. Jesucristo al encuentro de las religiones. Paulinas. Madrid, 1991. TORRES QUEIRUGA, Andrés. Diálogo de las religiones y autocomprensión cristiana. Sal Terrae. Santander, 2005. COMISION TEOLOGICA INTERNACIONAL. El cristianismo y las religiones. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1996.

[13] 1 Corintios 12: 4-6

[14] Juan 20: 21-23.

domingo, 17 de mayo de 2026

COMUNITAS MATUTINA 17 DE MAYO 2026

 

SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

Todo lo ha sometido bajo sus pies, lo ha nombrado cabeza suprema de la Iglesia, que es su cuerpo y se llena del que llena de todo a todos”

(Efesios 1: 22-23)

Lecturas:

  1. Hechos 1: 1-11

  2. Salmo 46

  3. Efesios 1: 17-23

  4. Mateo 28: 16-20

Hace años fue muy divulgado el libro “El ascenso del hombre1 del polaco- británico de origen judío Jacob Bronowski,2 cuyo propósito es el de estudiar la historia de la humanidad desde los logros del conocimiento científico y del desarrollo de las artes , la tecnología y la cultura en general. El texto , que consta de 13 capítulos, es la versión escrita de una serie de TV de la BBC de Londres, con el mismo nombre. Este trabajo es un importante aporte para cultivar el orgullo y la satisfacción del ser humano en medio de las grandes tragedias causadas por él mismo en las dos guerras mundiales y en tantas otras manifestaciones de agresión en las que se cumple dramáticamente aquello citado en reflexión anterior: el hombre es lobo para el hombre.

Muy saludable reconocer los logros del ser humano en tan ricos y diversos campos de su acción creadora y transformadora de la realidad, en lo ya dicho de ciencia y tecnología, en la configuración del pensamiento humanístico y filosófico, en las grandes manifestaciones de las artes, en la organización de la sociedad, en la generación de instituciones orientadas al bien común, en las sensibilidades espirituales, en una humanidad empeñada en una mejor idem. A esto le podemos calificar como el señorío de la condición humana. Otro reconocido autor, Daniel J. Boorstin,3 tiene una trilogía de libros en este mismo sentido de reconocer la grandeza del ser humano en todo lo concerniente a su capacidad e inteligencia para desarrollar la cultura.

En un contexto del más pleno humanismo es preciso matricularnos en una visión siempre constructiva, esperanzadora, trascendente, de las potencialidades y realizaciones de la humanidad. Un repaso histórico nos lleva por nombres, tendencias, movimientos, logros, que son razón para altos votos de confianza en nosotros mismos.4 Vistas las cosas desde esta óptica es admirable el progreso de la humanidad, el empeño en afirmar la dignidad del ser humano, todo lo que se promueve para que esto sea posible, el compromiso de la ciencia para mejorar la calidad de vida, la investigación que indaga tantas posibilidades contenidas en la naturaleza para lo mismo, los aspectos filosóficos y humanísticos presentes en todas las culturas.5 Todo esto, hay que decirlo, sirviendo de punta de lanza para no permitir que la barbarie y la perversidad de otros seres humanos den al traste los resultados de tan nobles realizaciones.

Pero , desde estos pensamientos semanales abiertamente creyentes y cristianos, siempre respetuosos de la pluralidad de visiones sobre lo humano, nos preguntamos por qué muchos de estos proyectos prescinden del sentido de trascendencia, de la referencia a Dios, a lo absoluto que en El se revela. Tal vez por negligencia y excesiva cortedad de muchas manifestaciones religiosas? Tal vez por el pésimo ejemplo de algunos creyentes con sus fanatismos y sus empobrecidas y cositeras prácticas rituales? Tal vez por desmedida soberbia de tantos hombres y mujeres que se sienten autosuficientes, no necesitados de trascendencia, alienados por la vanidad que les produce ser responsables de tantos desarrollos, acaso protagonistas de un inmanentismo radical? 6

Veamos. Irrumpe en la historia de la humanidad un referente fundamental, reconocido, acatado, vivido, adorado, es Jesús de Nazareth, proclamado y asumido por un grupo inicial de seguidores suyos como el Cristo de Dios. Para identificarlo con el máximo sentido creyente le llamamos el Señor, título que reconoce la plenitud humano-divina de su condición: “Este poder es el mismo que Dios mostró con tanta fuerza y potencia cuando resucitó a Cristo y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, poniéndolo por encima de todo poder, autoridad, dominio y señorío, y por encima de todo lo que existe, tanto en este tiempo como en el venidero”. 7 La antropología del hombre Jesùs de Nazaret es también teología, porque él es el Cristo de la fe, y esta tarea teologal asume al ser humano para integrarlo en ese señorío, la nueva humanidad.

El señorío de Jesús es lo que la Iglesia celebra y reconoce en esta solemnidad de la Ascensión, señorío que integra al ser humano, porque Dios – en la mediación salvadora de Jesucristo – hace posible que participe de esa plenitud. El Padre de Jesús – lo sabemos – no es una divinidad “para adentro”, para El mismo, buscando honores y pleitesías, el Dios que aquí se nos revela es un Dios totalmente dado a la humanidad, involucrándola salvíficamente en todas sus decisiones y actuaciones. Jesús el Cristo es la trascendencia de Dios hacia los humanos, para que todos trascendamos hacia él.

Toda la historia humana de desarrollo y avance cualificados, referida al comienzo de estas reflexiones de hoy, se hace historia de salvación, es “enseñoreada” por el Señor Jesucristo, que transmite al ser humano su dignidad y lo libera de un modo de vida sin perspectiva de trascendencia. El jesuita francés Teilhard de Chardin 8, en su trabajo científico dedicado al estudio de la evolución de la vida y de las especies, estableció la ley de la complejidad-conciencia como el camino de progresiva perfección de la naturaleza, de inanimada a animada, de animada a racional, y de racional a teologal en lo que él llamó el “pleroma-Christi”, la plenitud de todo en Cristo, asunto clave de la teología que está formulado en el pensamiento de San Pablo: “Cristo es la imagen visible de Dios, que es invisible; es su Hijo primogénito, anterior a todo lo creado. En él Dios creó todo lo que hay en el cielo y en la tierra, tanto lo visible como lo invisible, así como los seres espirituales que tienen dominio , autoridad y poder. Todo fue creado por medio de él y para él”. 9

El relato de la ascensión no es una narración histórica, es un testimonio de fe en el señorío del Resucitado: “Del mismo modo, la subida de Cristo al cielo no es igual a la subida de nuestros cohetes; estos se trasladan constantemente de un espacio a otro, se encuentran dentro del tiempo y nunca pueden salir de estas coordenadas por más lejanos que viajen por espacios indefinidos. La subida de Cristo al cielo es también un pasar, pero del tiempo a la eternidad, de lo visible a lo invisible, de la inmanencia a la trascendencia, de la opacidad del mundo a la luz divina, de los seres humanos a Dios”.10 No es un hecho físico, verificable por los sentidos, es la comunicación teológica de la plenitud de lo divino y de lo humano en el Señor Jesucristo.

En la primera lectura – de Hechos de los Apóstoles – encontramos trazados los rasgos específicos de la esperanza cristiana. En los textos de los recientes domingos de Pascua hemos escuchado a Jesús refiriendo todo su ser al Padre, aval de la totalidad de su misión y también prometiendo el Espíritu como garantía de que él animará la vida de quienes siguen su camino: “Recibirán la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre ustedes, y serán testigos míos en Jerusalén, Judea y Samaría, y hasta el confín del mundo. Dicho esto, en su presencia se elevó, y una nube se lo quitó de la vista. Seguían con los ojos fijos en el cielo mientras él se marchaba, cuando dos personajes vestidos de blanco se les presentaron y les dijeron: hombres de Galilea, qué hacen ahí mirando al cielo? Este Jesús, que les ha sido arrebatado, vendrá como lo han visto marchar al cielo”. 11

Junto con los elementos de reconocimiento de este señorío también aparece la dimensión de universalidad del proyecto que Dios Padre nos ofrece en Jesús, hecho que subraya el trabajo constante que él hizo con sus discípulos y con otros abriéndoles la mente y el corazón a una realidad de vida que no podía limitarse al ámbito de la ley y de las tradiciones religiosas de los judíos. El señorío de Jesús es la oferta de Dios para los seres humanos de todos los tiempos de la historia, en él se realiza un novedoso humanismo que abarca la inmanencia y la trascendencia.

De esta universalidad se desprende la condición misionera de la Iglesia, el envío a comunicar la Buena Noticia, a restaurar al ser humano caído por el pecado y por la injusticia, sometido por las indignidades que otros deciden para oprimir y maltratar a muchos. Cuando las antropologías inmanentistas nos proponen un ser humano fundamentado en el éxito, en el poder, en la capacidad adquisitiva, en la coacción del mercado y del consumo, en la competencia desmesurada, el cristianismo nos plantea un humanismo en el que somos hijos, hermanos-prójimos y señores.

Las siguientes palabras de Jesús son un envío claro a llenar de sentido teologal la historia de la humanidad: “ Me han concedido plena autoridad en cielo y tierra. Por tanto, vayan a hacer discípulos entre todos los pueblos, bautícenlos consagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo y enséñenles a cumplir cuanto les he mandado. Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo” .12. Por aquí transita el ascenso del ser humano, ascenso hacia Dios y hacia el prójimo, como Jesús, el Señor, el ascendido que ha descendido hasta lo más hondo de la condición humana. El es la genuina ascensión de lo humano. 13



Antonio José Sarmiento Nova, SJ







1 BRONOWSKI, Jacob. El ascenso del hombre. Paidós. Barcelona, 1985; Ciencia y valores humanos. En https://www.cidigital.uv.mx/bitstream/handle/123456789/5213/199315P41.pdf?sequence=2&isAllowed=y Los orígenes del conocimiento y la imaginación. Gedisa. Barcelona, 1997; El sentido común de la ciencia. Ediciones 62. Madrid, 1978.

2 1908-1974.


3 1914-2004; conocido historiador estadounidense. BOORSTIN, Daniel. Los descubridores. Crìtica. Barcelona, 1994; Los creadores. Crìtica. Barcelona, 1997. Los pensadores. Crìtica. Barcelona, 1999.

4 ALVEAR ACEVEDO, Carlos. Manual de Historia de la Cultura. Limusa. Ciudad de Mèxico, 2004. HAUSER, Arnold. Historia social de la literatura y el arte (3 volùmenes). Labor. Barcelona, 1993. GOMBRICH, Ernst. Historia del Arte. Phaidon Press. New York, 2007; Breve historia de la cultura. Penìnsula. Barcelona, 1998. WEBER, Alfred. Historia de la Cultura. Fondo de Cultura Econòmica. Ciudad de Mèxico, 2010. MONTENEGRO, Augusto. La huella de los siglos. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotà, 1974. MARITAIN, Jacques. Reflexiones sobre la persona humana. Encuentro . Madrid, 2007; Humanismo Integral. Palabra. Madrid, 1999.

5 VALLS, Ramón. El concepto de dignidad humana. En https://www.redalyc.org/pdf/783/78343122029.pdf KANT, Emmanuel. Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Espasa-Calpe. Madrid, 1983. MILLÀN. MARTÌNEZ BULLÈ-GOIRI, Vìctor M. Reflexiones sobre la dignidad humana en la actualidad. En https://www.scielo.org.mx/pdf/bmdc/v46n136/v46n136a2.pdf HABERMAS, Jürgen. El concepto de dignidad humana y la utopía realista de los derechos humanos. En https://www.scielo.org.mx/pdf/dianoia/v55n64/v55n64a1.pdf

6 GUARDINI, Romano. El Señor (Homilías y meditaciones). Cristiandad. Madrid, 2018. JOHNSON, Kevin. Cómo ha hecho Dios a Jesús, Señor y Mesías? Hechos 2: 36 en la cristología lucana. En https://www.unisbc.edu.co/wp-content/uploads/2020/04/art02.pdf KASPER, Walter. Jesús, el Cristo. Sígueme. Salamanca, 2008. GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. La humanidad nueva: ensayo de cristología. Sal Terrae. Santander, 2017. GRILLMEIER, Alois. Cristo en la tradición cristiana. Sígueme. Salamanca, 1998. RAHNER, Karl & THÛSING, W. Cristología: estudio teológico y exegético. Cristiandad. Madrid, 1975. HÜNERMANN, Peter. Cristología. Herder. Barcelona, 1997. MOLTMANN, Jürgen. El camino de Jesucristo: cristología mesiánica. Sígueme. Salamanca, 1993. MUÑOZ, Ronaldo. La Trinidad de Dios, amor ofrecido en Cristo Jesús. San Pablo. Santiago de Chile, 2000. CULLMANN, Oscar. Cristología del Nuevo Testamento. Sígueme. Salamanca, 1998.

7 Efesios 1: 19-21

8 1881-1955. TEILHARD DE CHARDIN, Pierre. El fenómeno humano. Taurus. Madrid, 1986; El medio divino. Alianza Editorial. Madrid, 1999. El porvenir del hombre. Taurus. Madrid, 1967; Himno del Universo. Trotta. Madrid, 2007; El corazón de la materia. Sal Terrae. Santander, 2012; Ciencia y Cristo. Taurus. Madrid, 1969.

9 Colosenses 1: 15-16. RAHNER , Karl. La cristología dentro de una comprensión evolutiva del mundo. En RAHNER, Karl. Escritos de Teología volumen 5, páginas 181-219. Taurus. Madrid, 1964.

10 BOFF, Leonardo. Hablemos de la otra vida. Sal Terrae. Santander (España), 1978; página 185. KUNG, Hans. Vida eterna? Trotta. Madrid. 2011. CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO CELAM. La Ascensión del Señor. En https://www.celam.org/docs/septimo_ascension.pdf

11 Hechos 1: 8-11

12 Mateo 28: 18-20

13 GONZÀLEZ DÌEZ, Ana Isabel. Cristo y el cosmos : la relación entre Cristo y la creación en la teología de Karl Rahner. Tesis de grado para obtener el título de licenciatura en teología. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2015. ERDOZAIN, Luis. Jesucristo, plenitud de la revelación. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/83558865.pdf NAPOLE, Gabriel M. Jesucristo, plenitud de la revelación: el testimonio del Nuevo Testamento. En Teología tomo XLVI número 99, páginas 249-266. Pontificia Universidad Católica Argentina. Buenos Aires, agosto 2009. ROVIRA BELLOSO, Josep Maria. Dios, plenitud del ser humano. Sígueme. Salamanca, 2013.

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