“No teman a los que matan el cuerpo y no pueden matar el alma; teman más bien al que puede acabar con cuerpo y alma en el fuego”
(Mateo 10: 28)
Lecturas:
Jeremías 20: 10-13
Salmo 68: 8-10;14;17 y 33-35
Romanos 5: 12-15
Mateo 10: 26-33
Hay una constante en la tradición judeo cristiana, la del justo que es sometido a ignominia por los poderosos, perseguido hasta la muerte cruenta, como en el caso del Señor Jesús. Expresa la honda contradicción que hay entre la conciencia insobornable de quien vive en la justicia de Dios, y la de los que no soportan la dignidad del justo, que con su vida denuncia la perversidad de su modo de proceder.1 Son incontables las historias de los testigos de la fe que, inspirados en Jesús y en su pasión, dan cuenta de la honestidad del inocente-profeta y de la malignidad de los violentos.
Las palabras de Jesús en el evangelio de hoy, resuenan en nuestro tiempo y en todos los tiempos de la historia de la fe, inspirando tantos relatos de hombres y mujeres que han inscrito sus vidas en la cruz redentora: “El discípulo no es más que el maestro, ni el servidor más que su dueño. Al discípulo le basta ser como su maestro y al servidor como su dueño…..No los teman. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas. No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena”. 2 Con esta proclamación hacemos memoria de las heroicas biografías de los cristianos que, en diversos momentos de la historia, han ido a la ofrenda martirial por atestiguar los valores definitivos del Reino de Dios y su justicia. Los mártires del cristianismo primitivo que se negaron a adorar al emperador de Roma, mártires que en agobiantes contextos de persecución han sido asesinados por la fidelidad a su conciencia; los de estos siglos XX y XXI, que se han enfrentado proféticamente a dictaduras totalitarias en Europa, en Africa, en América Latina. 3
Durante los años 80 y buena parte de los 90 en nuestro país fue dolorosamente común el asesinato de personas honestas que denunciaban las depredaciones de narcotraficantes en alianza con políticos y paramilitares. Fueron aquellos hombres y mujeres que, en fidelidad a su conciencia y a sus responsabilidades con la sociedad, alzaron su voz para denunciar, investigar y juzgar a quienes estaban enfrentados delictivamente a las leyes y al bien común. Por nuestra mente y afecto desfilan periodistas, jueces, policías, algunos destacados políticos de probada honorabilidad, líderes sociales, sacerdotes, dos señores obispos.4 El asesinato de líderes sociales, penosamente intensificado desde la firma de los acuerdos de paz con las FARC, también es manifestación elocuente de la perversidad de los criminales y de la integridad moral de los asesinados. Y qué decir de los aterradores “falsos positivos”, crímenes de lesa humanidad perpetrados por miembros de la fuerza pública colombiana en contra de jóvenes pobres e inocentes que buscaban oportunidades de estudio y trabajo para surgir en la vida y apoyar a sus familias. Estas vidas honran la dignidad de muchos colombianos y denuncian las estratagemas de malignidad, las alianzas entre políticos y grupos armados, en más de una ocasión respaldados por algunos militares, contrariando la determinación constitucional de velar por la vida, honra y propiedad de los ciudadanos de nuestra nación.
En el mundo cristiano, las páginas de mayor gloria y coherencia son vividas por heroicos testigos de la fe, a quienes designamos como mártires, palabra de origen griego que alude a aquellos que avalan con su vida el significado de sus convicciones en seguimiento de Jesús, sin dar el brazo a torcer ante los poderes que los sojuzgan. La Palabra de este domingo nos esclarece el testimonio supremo de la fe en Dios y también nos invita a disipar los temores que surgen de la cultura de la muerte. El profeta Jeremías resuena en su testimonio, desde la antigüedad de los tiempos bíblicos, acerca del acoso que padece por parte de los poderes religiosos y políticos, lo afrentan como consecuencia de la seriedad con la que vivió su misión : “Oía los rumores de la gente: terror por todas partes! Denúncienlo! Sí, lo denunciaremos! Hasta mis amigos más íntimos acechaban mi caída: tal vez se lo pueda seducir, prevalecemos sobre él y nos tomaremos nuestra venganza. Pero el Señor está conmigo como un guerrero temible, por eso mis perseguidores tropezarán y no podrán prevalecer….” 5 Esta violencia fue la que condenó a Jesús a ser crucificado : los dirigentes religiosos del judaísmo y el poder político romano no soportaron la profunda libertad con la que vivía y hablaba de Dios Padre, revelando su misericordia y su solidaridad con los seres humanos, la autoridad teologal que emanaba de su ser, su severa confrontación a la religiosidad no convertida a Dios y al prójimo.
El capítulo 10 de Mateo es llamado el discurso misional, en el que Jesús prepara a 72 discípulos para la misión, haciéndoles algunas advertencias inspiradas en ese modo de no dejarse permear por la ambición de poder y de posesiones materiales. El Señor alude especialmente a las persecuciones6 que pueden experimentar por el estilo contestatario y profético que él les comunica, y a la actitud de poner en tela de juicio la lógica falsa de los poderes imperantes en su momento: “Sepan que los envío como ovejas en medio de lobos. Sean, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas. Guárdense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en sus sinagogas, serán conducidos ante gobernadores y reyes por mi causa, para que den testimonio ante ellos y ante los paganos” . 7
Jesús prefirió la verdad desnuda de Dios, marcó así una tendencia determinante para personas y comunidades que quieran tomar en serio el asunto cristiano, no la cómoda instalación en un sistema de prácticas rituales sino el seguimiento activo que aspira a la mayor coherencia ética y espiritual. En tiempos de Jesús los grupos de poder intimidaban a las personas, ocultaban la verdad y manipulaban la realidad de los hechos y perseguían a los profetas y a quienes, inspirados en la verdad de Dios, confrontaban tales injusticias y mentiras. De esa misma injusticia y falsedad se vive hoy en muchos ambientes sociales y políticos, también – penosamente – en ambientes religiosos. Lo que hoy se ha dado en llamar “postverdad” es una versión hipócrita y “sofisticada” de aquella pecaminosa actitud que distorsiona la verdad y entroniza la mentira. 8 En su momento, el Papa Francisco, siempre entrañable, fue cuestionado por ser un hombre de evangelio puro; ahora, algunos poderosos emprendedores de guerras también desvirtúan la acción profeta del Papa León XIV. 9
Los cristianos de los primeros tiempos estuvieron expuestos a las mismas amenazas. Se enfrentaban al Imperio Romano que tenía el control político y militar de Palestina, el país de Jesús, y también a los diversos grupos sectarios de los judíos que veían en ellos a los seguidores de un blasfemo, como lo señalaron los sacerdotes del templo de Jerusalén. Cómo es Dios causa de esta independencia y de esta extraordinaria capacidad para no dejarse atemorizar por los poderosos? Qué sucede en el interior de quien procede así? El “no tengan miedo” de Jesús a sus discípulos es clara advertencia suya para el ejercicio de la misión, Jesús se pone él mismo como garantía que respalda a sus seguidores y los anima a permanecer firmes en medio de las contradicciones: “Si alguien se declara a mi favor ante los hombres, también yo me declararé a su favor ante mi Padre que está en los cielos” .10
Antonio José Sarmiento Nova, SJ
1 SIVATTE, Rafael de. Persecución y muerte violenta de los profetas de Israel. En https://www.redicces.org.sv/bitstream/10972/1314/1/RLT-1999--048-C.pdf AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. La persecución en el cristianismo primitivo. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1245/1/RLT-1996-037-B.pdf CARBULLANCA NÚÑEZ, César. Los mártires olvidados: un estudio de los imaginarios del martirio en la fuente de los dichos. En Veritas número 31, páginas 135-160. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Valparaíso, septiembre 2014. CARCEL ORTÍ, Vicente. Persecuciones religiosas y mártires del siglo XX. Palabra. Madrid, 2001. SOCCI, Antonio. Los nuevos perseguidos: investigación sobre la intolerancia anticristiana en el nuevo siglo del martirio. Encuentro. Madrid, 2003. BOFF, Leonardo. Reflexión sistemática sobre el martirio. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/84657088.pdf
2 Mateo 10: 24-28.
3 DELP, Alfred. Escritos desde la prisión. Sal Terrae. Santander, 2012. MOROZZO, Roberto. Monseñor Romero. Vida, pasión y muerte en El Salvador. Sígueme. Salamanca, 2010. BONHOEFFER, Dietrich. Resistencia y sumisión: cartas y apuntes desde el cautiverio. Sígueme. Salamanca, 2001. STEIN, Edith. Ciencia de la cruz. Monte Carmelo. Burgos, 2006; Escritos esenciales. Sal Terrae. Santander, 2003. RICCARDI, Andrea. El siglo de los mártires. Los cristianos en el siglo XX. Encuentro. Madrid, 2019. MOLTMANN, Jürgen. El Dios crucificado. La cruz de Cristo como base y crítica de la teología cristiana. Sígueme. Salamanca, 2010. CARDENAL, Rodolfo. Vida, pasión y muerte del jesuita Rutilio Grande. UCA Editores. San Salvador, 2016. WITHFIELD, Teresa. Pagando el precio. Ignacio Ellacuría y el asesinato de los jesuitas en El Salvador. UCA Editores. San Salvador, 2006.
4 Monseñor Jesús Emilio Jaramillo, obispo de Arauca, asesinado en 1989 por el ELN. Monseñor Isaías Duarte Cancino, Arzobispo de Cali, asesinado en marzo de 2002. Ambos levantaron su voz para defender a sus comunidades de los grupos violentos.
5 Jeremías 20: 10-11.
6 BRAVO GALLARDO, Carlos. Las bienaventuranzas como contracultura. En Christus , número 697, páginas 14-17. Jesuitas México. México D.F., 1996; Jesús, hombre en conflicto. El relato de Marcos en América Latina. Sal Terrae. Santander, 1988. GONZÁLEZ CARVAJAL, Luis. Las bienaventuranzas, una cultura que humaniza .Sal Terrae. Santander, 2014. HORSLEY, Richard A. Jesús y el Imperio. El Reino de Dios y el nuevo desorden mundial. Verbo Divino. Estella, 2003. LOHFINK, Gerhard . El sermón de la montaña, para quien? Herder. Barcelona, 1989. FRAIJÓ, Manuel. Jesús y los marginados. Utopía y esperanza cristiana. Cristiandad. Madrid, 1985. HORSLEY, Richard A. & SILBERMAN, Neil Asher. La revolución del Reino. Cómo Jesús y Pablo transformaron el mundo antiguo. Sal Terrae. Santander, 2005.
7 Mateo 10: 16-18
8 SANCHEZ COTTA, Agustín. Sobre verdad y postverdad en sentido social. En Ambitos Revista Internacional de Comunicación número 45, páginas 224-237. Universidad de Sevilla. Sevilla, 2019. LEVITIN, D. La mentira como arma: cómo pensar críticamente en la era de la postverdad. Alianza Editorial. Madrid, 2019. VILA DE PRADO, Roberto. La postverdad y la espiral del silencio. En https://www.scielo.org.bo/pdf/racc/n24/n24a02.pdf GARCÍA DEL MURO, Joan. La verdad secuestrada. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2021.
9 IVEREIGH, Austen. El gran reformador: Francisco, retrato de un papa radical. Grupo Z. Bogotá, 2015; Wounded sheperd: Pope Francis and his struggle to convert the Catholic Church. . Henry Holt and Company. New York, 2019.
10 Mateo 10: 32