domingo, 21 de junio de 2026

COMUNITAS MATUTINA 21 DE JUNIO 2026 DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO

 

No teman a los que matan el cuerpo y no pueden matar el alma; teman más bien al que puede acabar con cuerpo y alma en el fuego”

(Mateo 10: 28)

Lecturas:

  1. Jeremías 20: 10-13

  2. Salmo 68: 8-10;14;17 y 33-35

  3. Romanos 5: 12-15

  4. Mateo 10: 26-33



Hay una constante en la tradición judeo cristiana, la del justo que es sometido a ignominia por los poderosos, perseguido hasta la muerte cruenta, como en el caso del Señor Jesús. Expresa la honda contradicción que hay entre la conciencia insobornable de quien vive en la justicia de Dios, y la de los que no soportan la dignidad del justo, que con su vida denuncia la perversidad de su modo de proceder.1 Son incontables las historias de los testigos de la fe que, inspirados en Jesús y en su pasión, dan cuenta de la honestidad del inocente-profeta y de la malignidad de los violentos.

Las palabras de Jesús en el evangelio de hoy, resuenan en nuestro tiempo y en todos los tiempos de la historia de la fe, inspirando tantos relatos de hombres y mujeres que han inscrito sus vidas en la cruz redentora: “El discípulo no es más que el maestro, ni el servidor más que su dueño. Al discípulo le basta ser como su maestro y al servidor como su dueño…..No los teman. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas. No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena”. 2 Con esta proclamación hacemos memoria de las heroicas biografías de los cristianos que, en diversos momentos de la historia, han ido a la ofrenda martirial por atestiguar los valores definitivos del Reino de Dios y su justicia. Los mártires del cristianismo primitivo que se negaron a adorar al emperador de Roma, mártires que en agobiantes contextos de persecución han sido asesinados por la fidelidad a su conciencia; los de estos siglos XX y XXI, que se han enfrentado proféticamente a dictaduras totalitarias en Europa, en Africa, en América Latina. 3

Durante los años 80 y buena parte de los 90 en nuestro país fue dolorosamente común el asesinato de personas honestas que denunciaban las depredaciones de narcotraficantes en alianza con políticos y paramilitares. Fueron aquellos hombres y mujeres que, en fidelidad a su conciencia y a sus responsabilidades con la sociedad, alzaron su voz para denunciar, investigar y juzgar a quienes estaban enfrentados delictivamente a las leyes y al bien común. Por nuestra mente y afecto desfilan periodistas, jueces, policías, algunos destacados políticos de probada honorabilidad, líderes sociales, sacerdotes, dos señores obispos.4 El asesinato de líderes sociales, penosamente intensificado desde la firma de los acuerdos de paz con las FARC, también es manifestación elocuente de la perversidad de los criminales y de la integridad moral de los asesinados. Y qué decir de los aterradores “falsos positivos”, crímenes de lesa humanidad perpetrados por miembros de la fuerza pública colombiana en contra de jóvenes pobres e inocentes que buscaban oportunidades de estudio y trabajo para surgir en la vida y apoyar a sus familias. Estas vidas honran la dignidad de muchos colombianos y denuncian las estratagemas de malignidad, las alianzas entre políticos y grupos armados, en más de una ocasión respaldados por algunos militares, contrariando la determinación constitucional de velar por la vida, honra y propiedad de los ciudadanos de nuestra nación.

En el mundo cristiano, las páginas de mayor gloria y coherencia son vividas por heroicos testigos de la fe, a quienes designamos como mártires, palabra de origen griego que alude a aquellos que avalan con su vida el significado de sus convicciones en seguimiento de Jesús, sin dar el brazo a torcer ante los poderes que los sojuzgan. La Palabra de este domingo nos esclarece el testimonio supremo de la fe en Dios y también nos invita a disipar los temores que surgen de la cultura de la muerte. El profeta Jeremías resuena en su testimonio, desde la antigüedad de los tiempos bíblicos, acerca del acoso que padece por parte de los poderes religiosos y políticos, lo afrentan como consecuencia de la seriedad con la que vivió su misión : “Oía los rumores de la gente: terror por todas partes! Denúncienlo! Sí, lo denunciaremos! Hasta mis amigos más íntimos acechaban mi caída: tal vez se lo pueda seducir, prevalecemos sobre él y nos tomaremos nuestra venganza. Pero el Señor está conmigo como un guerrero temible, por eso mis perseguidores tropezarán y no podrán prevalecer….” 5 Esta violencia fue la que condenó a Jesús a ser crucificado : los dirigentes religiosos del judaísmo y el poder político romano no soportaron la profunda libertad con la que vivía y hablaba de Dios Padre, revelando su misericordia y su solidaridad con los seres humanos, la autoridad teologal que emanaba de su ser, su severa confrontación a la religiosidad no convertida a Dios y al prójimo.

El capítulo 10 de Mateo es llamado el discurso misional, en el que Jesús prepara a 72 discípulos para la misión, haciéndoles algunas advertencias inspiradas en ese modo de no dejarse permear por la ambición de poder y de posesiones materiales. El Señor alude especialmente a las persecuciones6 que pueden experimentar por el estilo contestatario y profético que él les comunica, y a la actitud de poner en tela de juicio la lógica falsa de los poderes imperantes en su momento: “Sepan que los envío como ovejas en medio de lobos. Sean, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas. Guárdense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en sus sinagogas, serán conducidos ante gobernadores y reyes por mi causa, para que den testimonio ante ellos y ante los paganos” . 7

Jesús prefirió la verdad desnuda de Dios, marcó así una tendencia determinante para personas y comunidades que quieran tomar en serio el asunto cristiano, no la cómoda instalación en un sistema de prácticas rituales sino el seguimiento activo que aspira a la mayor coherencia ética y espiritual. En tiempos de Jesús los grupos de poder intimidaban a las personas, ocultaban la verdad y manipulaban la realidad de los hechos y perseguían a los profetas y a quienes, inspirados en la verdad de Dios, confrontaban tales injusticias y mentiras. De esa misma injusticia y falsedad se vive hoy en muchos ambientes sociales y políticos, también – penosamente – en ambientes religiosos. Lo que hoy se ha dado en llamar “postverdad” es una versión hipócrita y “sofisticada” de aquella pecaminosa actitud que distorsiona la verdad y entroniza la mentira. 8 En su momento, el Papa Francisco, siempre entrañable, fue cuestionado por ser un hombre de evangelio puro; ahora, algunos poderosos emprendedores de guerras también desvirtúan la acción profeta del Papa León XIV. 9

Los cristianos de los primeros tiempos estuvieron expuestos a las mismas amenazas. Se enfrentaban al Imperio Romano que tenía el control político y militar de Palestina, el país de Jesús, y también a los diversos grupos sectarios de los judíos que veían en ellos a los seguidores de un blasfemo, como lo señalaron los sacerdotes del templo de Jerusalén. Cómo es Dios causa de esta independencia y de esta extraordinaria capacidad para no dejarse atemorizar por los poderosos? Qué sucede en el interior de quien procede así? El “no tengan miedo” de Jesús a sus discípulos es clara advertencia suya para el ejercicio de la misión, Jesús se pone él mismo como garantía que respalda a sus seguidores y los anima a permanecer firmes en medio de las contradicciones: “Si alguien se declara a mi favor ante los hombres, también yo me declararé a su favor ante mi Padre que está en los cielos” .10



Antonio José Sarmiento Nova, SJ





1 SIVATTE, Rafael de. Persecución y muerte violenta de los profetas de Israel. En https://www.redicces.org.sv/bitstream/10972/1314/1/RLT-1999--048-C.pdf AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. La persecución en el cristianismo primitivo. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1245/1/RLT-1996-037-B.pdf CARBULLANCA NÚÑEZ, César. Los mártires olvidados: un estudio de los imaginarios del martirio en la fuente de los dichos. En Veritas número 31, páginas 135-160. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Valparaíso, septiembre 2014. CARCEL ORTÍ, Vicente. Persecuciones religiosas y mártires del siglo XX. Palabra. Madrid, 2001. SOCCI, Antonio. Los nuevos perseguidos: investigación sobre la intolerancia anticristiana en el nuevo siglo del martirio. Encuentro. Madrid, 2003. BOFF, Leonardo. Reflexión sistemática sobre el martirio. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/84657088.pdf

2 Mateo 10: 24-28.

3 DELP, Alfred. Escritos desde la prisión. Sal Terrae. Santander, 2012. MOROZZO, Roberto. Monseñor Romero. Vida, pasión y muerte en El Salvador. Sígueme. Salamanca, 2010. BONHOEFFER, Dietrich. Resistencia y sumisión: cartas y apuntes desde el cautiverio. Sígueme. Salamanca, 2001. STEIN, Edith. Ciencia de la cruz. Monte Carmelo. Burgos, 2006; Escritos esenciales. Sal Terrae. Santander, 2003. RICCARDI, Andrea. El siglo de los mártires. Los cristianos en el siglo XX. Encuentro. Madrid, 2019. MOLTMANN, Jürgen. El Dios crucificado. La cruz de Cristo como base y crítica de la teología cristiana. Sígueme. Salamanca, 2010. CARDENAL, Rodolfo. Vida, pasión y muerte del jesuita Rutilio Grande. UCA Editores. San Salvador, 2016. WITHFIELD, Teresa. Pagando el precio. Ignacio Ellacuría y el asesinato de los jesuitas en El Salvador. UCA Editores. San Salvador, 2006.

4 Monseñor Jesús Emilio Jaramillo, obispo de Arauca, asesinado en 1989 por el ELN. Monseñor Isaías Duarte Cancino, Arzobispo de Cali, asesinado en marzo de 2002. Ambos levantaron su voz para defender a sus comunidades de los grupos violentos.

5 Jeremías 20: 10-11.

6 BRAVO GALLARDO, Carlos. Las bienaventuranzas como contracultura. En Christus , número 697, páginas 14-17. Jesuitas México. México D.F., 1996; Jesús, hombre en conflicto. El relato de Marcos en América Latina. Sal Terrae. Santander, 1988. GONZÁLEZ CARVAJAL, Luis. Las bienaventuranzas, una cultura que humaniza .Sal Terrae. Santander, 2014. HORSLEY, Richard A. Jesús y el Imperio. El Reino de Dios y el nuevo desorden mundial. Verbo Divino. Estella, 2003. LOHFINK, Gerhard . El sermón de la montaña, para quien? Herder. Barcelona, 1989. FRAIJÓ, Manuel. Jesús y los marginados. Utopía y esperanza cristiana. Cristiandad. Madrid, 1985. HORSLEY, Richard A. & SILBERMAN, Neil Asher. La revolución del Reino. Cómo Jesús y Pablo transformaron el mundo antiguo. Sal Terrae. Santander, 2005.

7 Mateo 10: 16-18

8 SANCHEZ COTTA, Agustín. Sobre verdad y postverdad en sentido social. En Ambitos Revista Internacional de Comunicación número 45, páginas 224-237. Universidad de Sevilla. Sevilla, 2019. LEVITIN, D. La mentira como arma: cómo pensar críticamente en la era de la postverdad. Alianza Editorial. Madrid, 2019. VILA DE PRADO, Roberto. La postverdad y la espiral del silencio. En https://www.scielo.org.bo/pdf/racc/n24/n24a02.pdf GARCÍA DEL MURO, Joan. La verdad secuestrada. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2021.

9 IVEREIGH, Austen. El gran reformador: Francisco, retrato de un papa radical. Grupo Z. Bogotá, 2015; Wounded sheperd: Pope Francis and his struggle to convert the Catholic Church. . Henry Holt and Company. New York, 2019.

10 Mateo 10: 32

domingo, 14 de junio de 2026

COMUNITAS MATUTINA DOMINGO 14 DE JUNIO 2026 DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Recorría Jesús todos los pueblos y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando la Buena Noticia del Reino, y curando todo achaque y enfermedad”

(Mateo 9: 36)



Lecturas:

  1. Exodo 19: 2-6

  2. Salmo 99: 2-5

  3. Romanos 5: 6-11

  4. Mateo 9: 35 a 10: 8

El ministerio público de Jesús está caracterizado por la inserción comprometida en la realidad de su pueblo, 1 una inserción que salva y que libera de toda fuerza destructiva y pecaminosa. El pueblo humilde lleno de carencias y también de expectativas, sólo recibe de sus dirigentes y maestros religiosos malas noticias, peores decisiones, son comunidades penosamente habituadas al maltrato y al desconocimiento. Jesús se presenta a contracorriente de esta malhadada tendencia, y se dedica a comunicar la Buena Noticia de Dios, padre compasivo y misericordioso; a sanar dolencias, a restablecer la esperanza y el sentido de la vida, a devolver a los suyos la conciencia de su dignidad, a enseñar que el Reino de Dios es un nuevo orden de vida donde el ser humano vale por sí mismo y donde hay un Padre que convoca, genera comunidad y pertenencia, redime de toda esclavitud e injusticia, de todo pecado. Jesús viene a su gente portando la salud de Dios,2 alentando, entusiasmando, llenando de significado trascendente la vida de los suyos.

Esta condición debe ser asumida por toda misión de la Iglesia, nada en ella puede desencantar a los seres humanos o a frustrarlos en su proyecto de felicidad y realización. Esta nota define la misión eclesial, ahora bajo la guía amable y cercana del Papa León: “La condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia. En el rostro herido de los pobres encontramos impreso el sufrimiento de los inocentes y, por tanto, el mismo sufrimiento de Cristo. Al mismo tiempo, deberíamos hablar quizás más correctamente de los numerosos rostros de los pobres y de la pobreza, porque se trata de un fenómeno variado; en efecto, existen muchas formas de pobreza; aquella de los que no tienen medios de sustento material, la pobreza del que está marginado socialmente y no tiene instrumentos para dar voz a su dignidad y a sus capacidades, la pobreza moral y espiritual, la pobreza cultural, la del que se encuentra en una condición de debilidad o fragilidad personal o social, la pobreza del que no tiene derechos, ni espacio, ni libertad”. 3

Las lecturas que la Iglesia propone para este domingo coinciden en dar testimonio sobre un Dios siempre favorecedor de su pueblo, siempre dispuesto a purificar de todo lo que disminuye la posibilidad de plenitud del mismo. Como ya hemos expresado en otro momento: la humanidad es la opción preferencial de Dios, no hay nada que más mueva su corazón amoroso que el bien nuestro.4 Nos sabemos contingentes, precarios, con una libertad que a veces atina y acepta la oferta divina, pero en otras desordena esa armonía original y se deja seducir por la vanidad y la arrogancia ante El y ante el prójimo, rompiendo esa vinculación primera. Dios responde a esta contingencia interviniendo con su pedagogía de amor, de suministrar estrategias en las que hallemos el genuino camino de nuestra plenitud.

Se ha acuñado, sin suficientes referencias críticas, que el Dios que se expresa en el Antiguo Testamento es irascible y vengativo. Sin embargo, y eso lo acredita la primera lectura de hoy, también existen innumerables alusiones a su condición misericordiosa, a su dedicación amorosa a los seres humanos, a su ternura y delicadeza, a su permanente oferta de salvación haciendo borrón y cuenta nueva de los pecados humanos: “Ustedes han visto como traté a Egipto, y como los conduje sobre alas de águila y los traje hacia mí. Ahora, si escuchan mi voz y observan mi alianza, serán mi propiedad exclusiva entre todos los pueblos, porque toda la tierra me pertenece. Ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y una nación santa”. 5

Esta alusión, como tantas otras, son reveladoras del desbordante amor de Dios y de la preferencia por su pueblo, extensiva a toda la humanidad. Sucede que los profetas de Israel a menudo estallaban en indignación por los excesos de Israel, principalmente de sus reyes y sacerdotes, eso explica el lenguaje iracundo que encontramos con en esos escritos bíblicos antiguos. Predomina la revelación del Dios cercano a su pueblo, siempre comprometido con su salvación y liberación. Este es el modo primigenio de la fe bíblica, testimoniado principalmente en el libro del Exodo,6 un Dios que los liberó de la dominación egipcia y los llevó a la tierra de la promesa. Tanto así, que este acontecimiento marca el momento culminante de la fe bíblica, constituyéndose en la memoria principal de su fe, la pascua , celebrada devotamente cada año para agradecer al buen Dios su dedicación amorosa a ellos. Pascua es el memorial de liberación realizada por Dios en su propia historia y realidad.

Por otra parte, Pablo, como suele reiterarlo en sus cartas, da testimonio de la salvación que Dios realiza para la humanidad en el acontecimiento de Jesucristo: “En efecto, cuando todavía éramos débiles, Cristo, en el tiempo señalado, murió por los impíos. Difícilmente se encuentra alguien que dé su vida por un hombre justo; tal vez alguno sea capaz de morir por un bienhechor. Pero la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores”. 7 Los dos grandes signos del favor de Dios son la muerte redentora de Jesucristo y el don del Espíritu derramado en el corazón de los creyentes. El amor que Dios nos ha manifestado gratuitamente,8 sin merecimientos de nuestra parte, es el modo perfecto del amor, que no es el pago o retribución a una conducta buena, sino una iniciativa de esa incondicional generosidad de Dios, que en Jesucristo tiene su plena definición.

En la acción del Señor Jesús apreciamos cómo toda esta teología y espiritualidad de la donación amorosa de Dios, de su gratuidad, se traduce en una conducta dedicada por entero a hacer y rehacer en el ser humano aquello del Génesis: “Dios dijo, hagamos al hombre9 a nuestra imagen, según nuestra semejanza, y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo. Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer”. 10 La descripción que hace el evangelista Mateo, en el pasaje propuesto para este domingo, es la de una actividad entregada sin reservas a la plenitud del ser humano en Dios, a agraciarnos, a no permitir que nada de lo nuestro se pierda o fracase, a comunicar la vitalidad de Dios, favor suyo permanente hacia nosotros, a cuidar y sanar de todo aquello que se presenta como impedimento para el ejercicio de esa gratuidad, : “Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: la cosecha es abundante pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para su cosecha”. 11

La predicación de la Buena Noticia está acreditada por la curación de los enfermos y el perdón de los pecados, señales que indican la irrupción del Reino de Dios en la historia, Jesús no es un personaje de exhortaciones vanas, su ministerio es eficaz, coherente, su entrega al ser humano marca la pauta para toda ministerialidad en el mundo cristiano: “Por el camino, proclamen que el Reino de Dios está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente”. 12

El ministerio de la Iglesia tiene en este referente original del Señor su carta de identidad, no es de ninguna manera una casta de hombres privilegiados por la muralla protectora del estamento clerical, como penosamente se ha malinterpretado, sino una comunidad de discípulos seguidores de Jesús que con su estilo netamente servicial marcan la pauta de la misión de la Iglesia entera. 13 Así, se dan motivos para la esperanza, perdonar y reconciliar, confortar a los tristes, acompañar a los abandonados, reivindicar en nombre de Dios la dignidad de todas las gentes, anunciar sin descanso que Dios es Buena Noticia, incluír, formar comunidad, fomentar el diálogo y el respeto por lo diverso, no condenar, ser en todo testigos de esa disposición para servir al ser humano en su salvación y en su liberación: “Vayan proclamando que el reino de los cielos está cerca. Curen enfermos, resuciten muertos, purifiquen leprosos, expulsen demonios. Gratis lo recibieron, entréguenlo gratis. No se procuren oro ni plata, ni calderilla en sus bolsas, ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalia, ni bastón; porque el obrero merece su sustento”. 14



Antonio José Sarmiento Nova, SJ

1 SOBRINO, Jon. Es Jesús una buena noticia. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1141/1/RLT-1993-030--E.pdf PAGOLA, José Antonio. Profeta del Reino de Dios, capítulo IV de su libro Jesús: aproximación histórica. PPC. Madrid, 2007; páginas 83-113; El camino abierto por Jesús (4 volúmenes: Mateo, Marcos, Lucas, Juan). PPC. Madrid, 2012. SESBOUE, Bernard. Jesucristo, el único mediador. Ensayo sobre la redención y la salvación. Sígueme. Salamanca, 1992. SEMMASSA HIMBO, Noel. La salvación en Jesucristo, Buena Noticia para hoy? Trabajo de grado para obtener el título de licenciado en teología. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2021. CATALÁ, Toni. La Buena Noticia de Jesús. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2012. GUIJARRO OPORTO, Santiago. La Buena Noticia de Jesús, introducción a los Evangelios y a los Hechos de los Apóstoles. Sociedad de Educación Atenas. Madrid, 1987.

2 SOLIZ NAVIA, Susan Gabriela. La vida divina en el corazón de los hombres. En https://www.scielo.org.bo/pdf/rfer/v11n11/v11n11_a05.pdf RUIZ DE LA PEÑA, Juan Luis. Imagen de Dios. Antropología Teológica Fundamental. Sal Terrae. Santander, 1996; El don de Dios. Antropología Teológica especial. Sal Terrae. Santander, 1991. BOFF, Leonardo. Gracia y experiencia humana. Trotta. Madrid, 2001. GUTIÉRREZ MERINO, Gustavo. El Dios de la vida. Sígueme. Salamanca, 1994. SCHYLLEEBECKX, Edward. Los hombres, relato de Dios. Sígueme. Salamanca, 1994.MOINGT, Joseph. Dios que viene al hombre (3 volúmenes). Sígueme. Salamanca, 2007. SCHOONENBERG, Piet. Un Dios de los hombres. Herder. Barcelona, 1972.

3 PAPA LEÓN XIV. Exhortación Apostólica Dilexi Te sobre el amor hacia los pobres. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2025: numeral 9.

4 FERNÁNDEZ, J.L. El Dios de los pobres. Secretariado Trinitario. Salamanca, 2007. PIKAZA, Xabier. Para leer la historia del pueblo de Dios. Verbo Divino. Estella, 1994. SICRE , José Luis. Con los pobres de la tierra. La justicia social en los profetas de Israel. Cristiandad. Madrid, 1985. GUTIÉRREZ , Gustavo y AUTORES VARIOS. El rostro de Dios en la historia. Centro de Estudios y Publicaciones CEP. Lima, 1996. VON RAD, Gerhard. La acción de Dios en Israel. Trotta. Madrid, 1996.

5 Exodo 19: 4-6.

6 AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. Dios liberó a Israel de la esclavitud de Egipto. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 2 de noviembre de 2012. DRI, Rubén. Profecía y liberación. En https://www.scielo.org.mx/pdf/ap/v31n2/v31n2a7.pdf AUTORES VARIOS. El verdadero Israel, testigo del Dios liberador. Verbo Divino. Estella, 2004. Madrid, 2001. AUZOU, Georges. De la servidumbre al servicio. Estudio del libro del Exodo. Fax. Madrid, 1966. SIVATTE, Rafael. Dios camina con su pueblo. Introducción al Antiguo Testamento. UCA Editores. San Salvador, 2010. PIXLEY, Jorge V. Exodo: una lectura evangélica y popular. Servicios Koinonía. México D.F., 1984. WIENER, Claude. El libro del Exodo. Verbo Divino. Estella, 1986.

7 Romanos 5: 6-8.

8 RUIZ LOZANO, Pablo. Todo es gracia: gratuidad en tiempos postmodernos. En Proyección número LVII, páginas 175-199. Universidad Loyola de Andalucía. Granada, 2010. SOCIEDAD ARGENTINA DE TEOLOGÍA. Gratuidad, justicia y reciprocidad. Dimensiones de una teología del don. San Benito. Buenos Aires, 2005. ROSSETI, Carlos Lorenzo. Gracia sobre gracia. Belleza y coherencia del cristianismo. Didaskalos. Madrid, 2021. COMBLIN, Joseph. Gracia. En ELLACURÍA, Ignacio & SOBRINO, Jon. Conceptos fundamentales de la Teología de la Liberación (volumen II). UCA EDITORES. San Salvador, 2008; páginas 79-92.

9 Con la expresión HOMBRE nos referimos a todo el género humano. Formularlo así no contiene sentido de discriminación de géneros, es una expresión incluyente.

10 Génesis 1: 26.27.

11 Mateo 9: 35-38

12 Mateo 10: 7-8

13 ESPEJA, Jesús. El ministerio en la Iglesia: un cambio de perspectiva. San Esteban. Salamanca, 2001. ORIOL TUÑÍ, Josep. Jesús en comunidad. El Nuevo Testamento, medio de acceso a Jesús. Sal Terrae. Santander, 1997. REVISTA INTERNACIONAL DE TEOLOGÍA CONCILIUM. Número 334. Los ministerios en la Iglesia: diálogo norte-sur. Verbo Divino. Estella, febrero 2010. EQUIZA, Jesús & POHL, Germán. Para vivir el ministerio. Verbo Divino. Estella, 1988, MADRIGAL TERRAZAS, Santiago. Los ministerios de la Iglesia hoy. En https://www.repositorio.comillas.edu/xmlui/bitstream/handle/11531/44545/Ministerios.pdf?sequence=-1

14 Mateo 10: 7-10.

domingo, 7 de junio de 2026

COMUNITAS MATUTINA DOMINGO 7 DE JUNIO 2026 SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y DE LA SANGRE DE CRISTO

 

Entonces, si el pan es uno solo, también nosotros, aún siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos participamos del mismo pan”

(1 Corintios 10: 17)

Lecturas:

  1. Deuteronomio 8: 2-16

  2. Salmo 147: 12-20

  3. 1 Corintios 10: 16-17

  4. Juan 6: 51-58



De acuerdo con estadísticas actualizadas, en el mundo somos en 2026 2.400 millones de hombres y mujeres que profesamos la fe en Jesucristo, en las diversas denominaciones, siendo la principal la católica con 1.422 millones de adeptos, también la multiplicidad de iglesias surgidas de la reforma protestante, como los evangélicos luteranos, anglicanos, presbiterianos, bautistas, calvinistas, wesleyanos, metodistas, pentecostales, etc., con unos 950 millones de integrantes , junto con las muy tradicionales de Oriente, que conocemos bajo el común denominador de la ortodoxia., que cuentan con unos 220 millones de integrantes activos. 1 Un interrogante que surge ante esta verificación estadística es si todo ese conjunto de iglesias influye cristocéntricamente en el mundo, en la multiplicidad de sociedades donde está presente, si el Evangelio del Señor Jesucristo anima e inspira con el espíritu de las bienaventuranzas los modos de vida en sociedad, si la fraternidad, el interés por el prójimo, la solidaridad con los vulnerables, la pasión por la justicia, están vigentes siguiendo el mensaje de Jesús. El “control de calidad” tiene que estar presente siempre en el cristianismo, constatar si somos fieles al Señor en quien tenemos nuestro fundamento, si vivimos coherentemente los valores del evangelio. Las elevadas estadísticas no tienen que ser razón para “dormir sobre los laureles”, 2 la vieja tentación del triunfalismo del que adolecen los grupos mayoritarios de todo tipo.

Porque es preciso tener en cuenta que en el seguimiento de Jesús es esencial el elemento de la autenticidad y de la coherencia en el mismo, no simplemente la reducción dominante a un cristianismo de inercia sociocultural. No son pocas las críticas que se nos hacen por olvidar la originalidad del Señor y de su Evangelio, por dejarnos avasallar por una religiosidad estereotipada y carente de espíritu, por dar prelación a lo institucional y jurídico eclesiástico sobre el carisma y la profecía.

El cristianismo en todas sus versiones eclesiales, históricas y doctrinales converge en torno a la persona de Jesucristo, a quien se acepta como Señor y Salvador de la humanidad, revelación definitiva de Dios para bien de todos los que quieran acogerlo en tal condición.3 Elemento normativo del proyecto de Jesús es el amor incondicional al prójimo, independiente de cualquier clasificación ideológica, socioeconómica, étnica , religiosa, con preferencia por los humillados y ofendidos de la tierra4. En el capítulo 10 del evangelio de Lucas, el contexto de la parábola del Buen Samaritano está dado por un interrogatorio que un maestro de la ley hace a Jesús “para ponerlo a prueba5, preguntándole por lo que debe hacer para obtener la vida eterna. La conversación deriva en la pregunta: “Y quién es mi prójimo? Jesús le contestó: Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó….6. La respuesta es la conocidísima parábola del Buen Samaritano, cuya intención es poner a quien preguntaba a establecer sus prioridades como hombre religioso y observante de la Ley, dejando clara la necesaria interdependencia entre el amor a Dios y el amor al prójimo, principalmente el caído y vulnerado. 7 Ese aspecto del programa de Jesús también tiene total validez para nuestro tiempo y para todos los tiempos de la historia.

Sobre estas consideraciones de ética evangélica debemos tener en cuenta que las cifras del hambre en este mundo donde somos tantos cristianos que celebramos la eucaristía, que participamos en la santa cena, son más que inquietantes: dice la FAO que 828 millones de personas han padecido hambre en los últimos años, especialmente a partir de la pandemia del corona virus; en este mismo período alrededor de 2.300 millones de personas están en situación de inseguridad alimentaria; 3.100 millones de prójimos no pueden permitirse una dieta saludable. Esta estadística, unida a todas las de cubrimiento en salud, educación, vivienda digna, agua potable, saneamiento ambiental, qué preguntas nos hacen a nosotros que celebramos cada día, cada domingo, la presencia del Señor Jesucristo en la eucaristía, el Corpus Christi, y nos acercamos a recibirlo en la comunión sacramental? Todo el contexto propuesto hasta este momento es para ayudarnos a pensar y a rescatar el aspecto ético-solidario de la eucaristía., 8 el cuerpo sacramental de Jesucristo es un cuerpo animado en justicia y fraternidad.

Es preciso recordarlo, la eucaristía no es un sacramento “en sí”, como una entidad aislada de la vida real de las personas, como un ídolo majestuoso ante quien todos se rinden. Este sacramento es esencialmente eclesial, comunitario, es decir que debe incidir directamente en una mejor vida, más cualificada evangélicamente, de cada integrante de la comunidad eclesial. Decimos todo esto porque este domingo la Iglesia celebra la muy tradicional solemnidad del Corpus Christi. A la luz de esta presencia sacramental, esencial en la configuración de la vida de la Iglesia, nos planteamos estas cuestiones de ética eucarística, porque no es posible participar en la eucaristía y desentenderse del prójimo hambriento y necesitado. Recibir el pan sacramental no es una caricia de espiritualidad autorreferencial, el “hagan esto en memoria mía9 de Jesús en la última cena con sus discípulos es una invitación que él nos hace a vivir en coherencia con él, con su programa de ética de la projimidad, a ser nosotros mismos, en cuanto bautizados e Iglesia, reflejo sacramental de eso mismo que él practicó en su vida.10

Todo lo que se origina en Dios es vitalidad, salud, alimento, siempre con desmedida abundancia. Por eso el testimonio original de la fe de Israel es la certeza en un Dios creador, dador de vida y comprometido con la misma, porque: “El te afligió, haciéndote pasar hambre y después te alimentó con el maná – que tu no conocías ni conocían tus padres – para enseñarte que el hombre no vive sólo de pan, sino de todo lo que sale de la boca de Dios” . 11 Dios es alimenticio, Jesús se parte y se comparte para darnos la vida plena de Dios.

El paso dramático de los israelitas por el desierto durante 40 años, despojados de seguridades, es un prototipo de la experiencia humana. Salir de la comodidad, lanzarse a la aventura de un mundo promisorio y también incierto, correr el riesgo de la libertad, pero soñar siempre con la tierra prometida “que mana leche y miel”. 12 “Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto, para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones, y ver si eres capaz o no de guardar sus preceptos” ,13 es un texto de memoria que propone al creyente israelita su propia biografía de prueba y crisis, para permanente recuerdo liberador, en el que no ha de olvidarse lo pactado con Yavé Dios.

Si experimentamos la gracia y el beneficio de ser nutridos nos corresponde dar con gratuidad lo que así hemos recibido: “Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra buena, tierra de torrentes, de fuentes y aguas profundas que manan en el monte y la llanura; tierra de trigo y cebada, de viñas , higueras y granadas, tierra de olivares y de miel; tierra en que no comerás medido el pan, en que no carecerás de nada…. Entonces, cuando comas hasta hartarte, bendice al Señor tu Dios, por la tierra buena que te ha dado”. 14

En el Señor Jesús se hace evidente lo contenido en su sangre derramada, en su cuerpo ofrecido, para darnos en totalidad la vida de Dios, haciéndolo sacramento permanente, memoria de la radical donación de sí mismo para salvación y liberación de toda la humanidad, para que sus seguidores nos impliquemos en lo mismo: “Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que me envió vive y yo vivo por el Padre, así quien me come vivirá por mí” .15

Pablo, preocupado por la tentación de idolatría que acechaba a la comunidad cristiana de Corinto, les advierte acerca de este peligro, porque lo que se ofrece no son formas rituales sino el mismo Jesús que se contiene en el don alimenticio: “La copa de bendición que bendecimos, no es acaso comunión con la sangre de Cristo? ; y el pan que partimos, no es comunión con el cuerpo de Cristo? Entonces, si el pan es uno solo, también nosotros, aún siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos participamos del mismo pan”). 16

El pan y vino que se comparten tienen la vocación de construír comunión. “Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida” ,17 palabras de Jesús que determinan su presencia real animando la vida de la Iglesia, realizando la fraternidad, promoviendo una sacramentalidad eucarística que signifique con eficacia el nuevo orden de vida que él instaura en el reino de Dios y su justicia. Jesús calma nuestra hambre y nuestra sed y demanda de nosotros calmar la de nuestros prójimos excluídos de la mesa común. 18

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2 PAPA FRANCISCO. Homilía El Triunfalismo de los Cristianos, miércoles 29 de mayo 2013. En https://www.vatican.va/content/francesco/es/cotidie/2013/documents/papa-francesco_20130529_triunfalismo-cristianos-pdf ALEGRE, Xavier. Marcos, o la corrección de una ideología triunfalista. Pautas para la lectura de un evangelio beligerante y comprometido. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1103/1/RLT-1985-006-B.pdf CASTILLO, José María. Declive de la religión y futuro del Evangelio. Desclée de Brower. Bilbao, 2023.

3 TRIGO, Pedro. Jesús nuestro hermano. Acercamientos orgánicos y situados a Jesús de Nazareth. Sal Terrae. Santander, 2016. GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. El rostro humano de Dios. Sal Terrae. Santander, 2015; Otro mundo es posible desde Jesús. Sal Terrae. Santander, 2010. GALLI, Carlos María. Recomenzar nuestro camino en, desde y hacia Cristo. Una cristología del camino, el encuentro y el desborde. SOBRINO, Jon. El principio misericordia: bajar de la cruz a los pueblos crucificados. UCA Editores. San Salvador, 2012.

4 LAGOS VILLENA, Dagoberto Eduardo. Sirviéndoles en sus necesidades como si presente me hallase (Ejercicios Espirituales 114). Mistagogía social ignaciana de la misericordia hacia el prójimo. Trabajo de grado para optar al título de licenciado en teología. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2019. CASTILLO, José María. La ética de Cristo. Desclée de Brower. Bilbao, 2006. LAGUNA , José. Hacerse cargo, cargar y encargarse de la realidad. Hoja de ruta samaritana para otro mundo posible. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2004.

5 Lucas 10: 25

6 Lucas 10: 30-37

7 PAGLIA, Vicenzo. De la compasión al compromiso: la parábola del Buen Samaritano. Narcea. Madrid, 2009. PRONZATO, Alessandro. Tras las huellas del samaritano: peregrinación al santuario del hombre. Sal Terrae. Santander, 1984. SILVEIRA DE BRITO, José Henrique & BORGES DE MENESES, Ramiro Delio. Una ética global a partir de la parábola del buen samaritano. En Theologica Xaveriana volumen 60, número 170, páginas 519-541. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2010. GARCÍA INDA, Andrés. Como un buen samaritano: los deberes, entre la ética y el derecho. Sibirana. Zaragoza, 2021.

8 ALDAZÁBAL LARRAÑAGA, José. Eucaristía y fraternidad. Centro de Pastoral Litúrgica. Barcelona, 1993. DE CAMARGO, Gilson Cezar. Eucaristía, caridad y justicia social. En https://www.cmglobal.org/en/files/2018/08/VT-2005-01-14-ESP-G:CEZARDECAMARGO.pdf SCOTT, Margaret. La eucaristía y la justicia social. Sal Terrae. Santander, 2010. SCAMPINI, Jorge A. La eucaristía, primicia y fundamento de un orden social verdaderamente justo. En Teología tomo LIII número 119, páginas 45-80. Pontificia Universidad Católica Argentina. Buenos Aires, marzo 2016. DUSSEL, Enrique. El pan de la celebración, signo comunitario de justicia. En https://www.enriquedussel.com/txt/Textos_Articulos/134.1982_espa.pdf CASTILLO, José María. Donde no hay justicia, no hay eucaristía. En Estudios Eclesiásticos volumen 52, número 203, páginas 555-590. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, octubre-diciembre 1977. MARTÍNEZ MORALES, Víctor. Sentido social de la Eucaristía. 3 volúmenes. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 1995.

9 Lucas 22: 19

10 CORDOVILLA PÉREZ, Angel. Haced esto en memoria mía (1 Corintios 11:24). La memoria en la escritura y en la tradición de la Iglesia. En Sal Terrae número 108, páginas 103-116. Compañía de Jesús. Madrid, 2016. AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. La mesa compartida. Sal Terrae. Santander, 1994. LEON-DUFOUR, Xavier. La fracción del pan. Cristiandad. Madrid, 1983. JEREMIAS, Joachim. La Última Cena. Palabras de Jesús. Cristiandad. Madrid, 1980. AGUIRRE MONASTERIO. Rafael. El memorial de la entrega de Jesús. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 6 de noviembre de 2012. BASURKO, Xavier. Para comprender la eucaristía. Verbo Divino. Estella, 1999. GESTEIRA GARZA, Manuel. La eucaristía, misterio de comunión. Sígueme. Salamanca, 1992. KASPER, Walter. Sacramento de unidad: Eucaristía e Iglesia. Sal Terrae. Santander, 2005. LAVERDIERE, E. Comer en el reino de Dios. Los orígenes de la eucaristía en el evangelio de Lucas. Sal Terrae. Santander, 2002. PAPA BENEDICTO XVI. Exhortación Apostólica Postsinodal Sacramentum Caritatis sobre la Eucaristía , fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2007.

11 Deuteronomio 8: 3

12 Exodo 3: 17

13 Deuteronomio 8: 2

14 Deuteronomio 8: 7-10

15 Juan 6: 56-57

16 1 Corintios 10: 16-17

17 Juan 6: 54-55

18 REVISTA INTERNACIONAL DE TEOLOGÍA CONCILIUM. Número monográfico 310 Hambre, pan y Eucaristía. Verbo Divino. Estella, abril 2005. ARRUPE, Pedro. Hambre de pan y de Evangelio. Sal Terrae. Santander, 1978. DE ROUX GUERRERO, Rodolfo Eduardo. El pan que compartimos. 3 volúmenes. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2018

domingo, 31 de mayo de 2026

COMUNITAS MATUTINA DOMING0 31 DE MAYO 2026 SOLEMNIDAD DE LA SANTISIMA TRINIDAD

 

La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes”

2 Corintios 13: 13





Lecturas

  1. Exodo 34: 4-9

  2. Salmo Daniel 3: 52-56

  3. 2 Corintios 13: 11-13

  4. Juan 3: 16-18



En algún libro de caricatura religiosa publicado en los años 80 se presenta a un par de personas en animada conversación sobre temas teológicos; uno de ellos pregunta a su interlocutor: Quien es Dios? Cómo es Dios? Y el aludido, sin rodeos, contesta: Dios es como estar enamorado! 1 Frase contundente, absolutamente cierta, de gran densidad teológica y humana, que conecta directamente con esta realidad de Dios que profesamos en el cristianismo: tres personas distintas y un solo Dios verdadero. Vale decir, en Dios no hay soledad, es comunión de personas, es amor profundo que trasciende con esa misma energía amorosa hacia todos los seres humanos para llenar nuestra vida de sentido y esperanza, para salvarnos, para participarnos de su vitalidad. Esa es la realidad de nuestro Dios trinitario: una comunidad plena con un Padre-Madre que crea la vida, que se compromete constantemente con sus creaturas, que no nos deja de su mano; un Dios fecundo que se nos hace visible, cercano, histórico, encarnado, en su Hijo, el Señor Jesucristo; es un Dios que fecunda, que nos llena de su vida, que nos hace sabios y capaces de discernir sus proyectos sobre nosotros, el Espíritu Santo. No es esta una compleja abstracción “inventada” por los teólogos sino una felicísima constatación de nuestra fe. Esta amante y amorosa Trinidad es la que la Iglesia reconoce y celebra en este domingo, un Dios enamorado que siempre viene hacia nosotros.2

El lenguaje sobre Dios es un asunto bien importante. Cuántas veces hemos alejado y provocado rechazos por nuestras presentaciones de Dios que, en el fondo, no son otra cosa que proyecciones de nuestras insuficiencias y cortedades. Dios vengativo, Dios justiciero, Dios vigilante-policía, Dios iracundo, Dios castigador. Ese no es el Dios que se nos ha revelado en Jesús. El nuestro es un Dios misericordioso y compasivo – no permisivo, léase bien! – exigente sí pero siempre resuelto a sacar lo mejor de la condición humana y a propiciar lo nuestro siguiendo el seductor modelo de humanidad que El nos ha propuesto en su Hijo, el Señor Jesús. 3

Si algo caracterizó el ministerio público de Jesús fue su revolucionaria comunicación de Dios. En el contexto religioso de ese momento de la historia la imagen que se tenía de la divinidad era la del Dios lejano, ante quien había que postrarse con “temor y temblor”, con la idea de un ser más pronto al castigo y a la condenación que al amor y a la reconciliación. Jesús se presenta como alguien en total intimidad con ese Dios a quien llama Padre, con la característica expresión aramea “Abba”, trato de máximo cariño y proximidad a su progenitor. Un Dios que se abaja en Jesús para transitar entre los desheredados, los condenados morales, los nadie, un Dios que en el ministerio de ese amado Hijo suyo se encarga de restaurar desde lo más profundo a cada ser humano humillado, desconocido, abandonado, vulnerado, un Dios que hace hijos en el Hijo.

En toda comprensión del ser humano y de la vida que sea saludable el asunto del amor y de la comunión entre unos y otros es indispensable. Varones y mujeres se sienten proyectados a salir de sí mismos, en una apasionante tarea de integración y complementariedad, afirmando con este proceder que nuestra vida es significativa si se hace trascendente en esa relacionalidad.4 Resulta costoso aceptar el fracaso del amor, la soledad no querida, el egoísmo a ultranza que se torna odio, desconocimiento del prójimo, violencia, guerra, ruptura permanente de la solidaridad, predominio brutal de unos sobre otros, racismo, persecuciones, justificación de estas arbitrariedades con teorías deleznables, enmascaradas de argumentaciones “razonables”, pero que, en la práctica, son lo más opuesto a la razón. Una de las causas de mayor sufrimiento es el experimentarse abandonado por los demás, rechazado, desconocido, negado en su posibilidad de vincularse amorosamente, tenido por objeto y no por persona, convertido apenas en un recurso instrumental para lograr intereses abiertamente inhumanos.

Xavier Zubiri5 define al ser humano como una inteligencia sentiente6, quiere decir este filósofo que captamos la realidad, la aprehendemos, la vivimos, en lo que podemos llamar una racionalidad amorosa, de comunión, llamados siempre a trascender en la construcción de vínculos en los que vivimos plenamente nuestra humanidad, lo intelectual-sensorial-afectivo son el trinomio para asumirnos como humanos y para asumir la realidad haciéndola nueva como consecuencia de esta sustancia trascendente que está en la raíz de nuestro ser, impronta clara del amor trinitario en nosotros.

El carácter dramático de algunas actitudes y mentalidades de corte trágico acentúan la soledad, la desconfianza en las posibilidades de un amor definitivo y redentor, y proliferan en afirmaciones angustiadas y desencantadas. Todo este cuadro de descripción formula cuestión de fondo a quienes aspiramos a vivir con sentido y trascendencia, buscando siempre la comunión, los vínculos dadores de vida, el amor en sus muchas posibilidades, no podemos resignarnos a vivir disociados de los demás. La razón determinante es el Dios Trinidad, que nos asume hoy y siempre.

Un Dios que se revela en la realidad de la historia, que nos participa su identidad y su modo de proceder: “El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor. El Señor pasó ante él proclamando: el Señor, el Señor, el Dios compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel, que conserva la misericordia hasta la milésima generación, que perdona culpas, delitos y pecados…..”. 7

Ya lo dijimos, Dios es Padre y Madre,8 origen de la vida y dador de ella, principio de todo, cuyo único interés es nuestra plenitud y felicidad, desbordante de amor por todas sus creaturas, experto en configurar seres humanos solidarios, serviciales, amorosos. Recordamos al papa Juan Pablo I,9 cuando en el rezo del Angelus del 10 de septiembre de ese año dijo: “Los que estamos aquí tenemos los mismos sentimientos; somos objeto de un amor sin fin por parte de Dios. Sabemos que tiene los ojos fijos en nosotros siempre, también cuando nos parece que es de noche. Dios es padre, más aún, es madre. No quiere nuestro mal; sólo quiere hacernos bien a todos, y los hijos, si están enfermos, tienen más motivos para que la madre los ame. Igualmente nosotros, si acaso estamos enfermos de maldad o fuera de camino, tenemos un título más para ser amados por el Señor”. 10

Un Dios que se hace uno de nosotros, el Hijo, que se implica en todo lo nuestro, aún en sus aspectos más dolorosos y dramáticos, que se inclina misericordioso antes los débiles y humillados, que no estigmatiza a nadie con condenas y excomuniones, que se solidariza con todas las causas humanas de dignidad y de justicia, que nos revela simultáneamente al Padre Dios y al prójimo-hermano: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea no perezca, sino tenga vida eterna. Dios no envió su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él”.11

Un Dios que se comunica dándonos la vida suya, el Espíritu Santo, el que nos concede el don de la fe, el de la esperanza, el del amor, la capacidad de discernir su presencia en nuestra historia disponiéndonos para decisiones inspiradas en El, con el fin de construir relaciones justas y fraternas con todos los seres humanos, que propende por que seamos libres con la libertad que nos define como hijos suyos.

El Dios cristiano no está encerrado en sí mismo, se relaciona dándose totalmente a todos y a la vez permaneciendo El mismo. A partir de su modo existencial, cercano y directo, Jesús nos enseñó que para experimentar a Dios, el ser humano debe aprender a mirar su interior (Espíritu), mirar amorosamente a los demás (Hijo), mirar confiadamente lo trascendente (Padre).12 Este Dios que es sabiduría para captar lo esencial de la vida y constituirse en su soporte, Dios dador del ser, especialista en vida y comprometido a mantener a sus creaturas en esa perspectiva, no escatimando esfuerzos para que seamos siempre vivos, el Dios que da todo de sí – su Hijo – para que la humanidad encuentre su plenitud: “Porque tanto amó Dios al mundo que le entregó su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” .13

A modo de síntesis de esta experiencia trinitaria, podemos concluir estableciendo el perfil ideal de este Dios. El nuestro es un Dios compasivo, su personalidad es la misericordia, aue reconstruye al ser humano maltrecho por el pecado y por la injusticia; es un Dios que acompaña a su pueblo en la búsqueda de la liberación y de la salvación, la libertad es la gran utopía de Divina; Dios inserto en la historia, en la realidad existencial de los humanos, que se manifiesta en ella y hace de la misma su sacramento: “Pues en El vivimos, nos movemos y existimos”. 14

Antonio José Sarmiento Nova SJ













1 CORTÉS, José Luis. Un Dios llamado Abba. PPC. Madrid, 1987; Dios y su gente. PPC. Madrid, 2005. El Señor de los amigos. PPC. Madrid, 2002. Un Señor como Dios manda. PPC. Madrid, 1986. Qué bueno que viniste. PPC. Madrid, 1988. Pablo, el de los pueblos. PPC. Madrid, 1997. Teresa, la de Jesús. PPC. Madrid, 1989. Francisco, el buenagente. PPC. Madrid, 1991. Agustín, el del corazón inquieto. PPC. Madrid, 1995. Este autor es un hábil sacerdote caricaturista, en su trabajo reúne un exquisito sentido del humor con un talante evangélico extraordinario, sus dibujos reflejan en lenguaje y trazos sencillos la originalidad amorosa del Dios que se nos revela en Jesús.

2 MOINGT, Joseph. Dios que viene al hombre. Obra en 3 volúmenes. 1. Del duelo al desvelamiento de Dios. 2. De la aparición al nacimiento de Dios: la aparición. 3. De la aparición al nacimiento de Dios: el nacimiento. Sígueme. Salamanca, 2010. LENK, Martin. Buscando a Dios. Paulinas, Instituto Filosófico Pedro Francisco Bonó. Santo Domingo, 2015.. JOHNSON, Elizabeth A. A la búsqueda del Dios vivo. Sal Terrae. Santander, 2008. JEREMIAS, Joachim. Abba: el mensaje central del Nuevo Testamento. Sígueme. Salamanca, 1981. ORTEGA, Jesús. Abba: la espiritualidad de Jesús. En https://www.repositorio.uca.edu.ni/4211/1/Abba%20La%20espiritualidad%20de%20Jesus.pdf

3 ROJANO, Jesús. Cuidar a Dios: imágenes falsas de Dios. En https://www.catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2017/01/Cuidar-a-Dios.pdf MARDONES, José María. Matar a nuestros dioses: un Dios para un creyente adulto. PPC. Madrid, 2013. TRIGO, Pedro. En el mercado de Dios, un Dios más allá del mercado. Sal Terrae. Santander, 2003. RUSTER, Thomas. El Dios falsificado. Una nueva teología desde la ruptura entre cristianismo y religión. Sígueme. Salamanca, 2011. CASTILLO, José María. Humanizar a Dios: el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo. Manantial. Málaga, 2005. SALDAÑA MOSTAJO, Margarita. Humanizar con el Dios que humaniza. En Sal Terrae tomo 110, número 1283, páginas 981-993. Madrid, diciembre 2022. LIMBURG, Klaus. Dios es amor (Juan 4: 8.16).En https://www.core.ac.uk/download/pdf/83558051.pdf

4 ROUGEMONT, Denis. El amor y occidente. Kairós. Barcelona, 1979. LEPP, Ignacio. Psicoanálisis del amor. Carlos Lohlé. Buenos Aires, 1973. FROMM, Erich. El arte de amar : una investigación sobre la naturaleza del amor. Paidós. Barcelona, 1990. BUBER, Martín. Yo y Tú. Caparrós. Madrid, 1993. ORTEGA Y GASSET, José. Estudios sobre el amor. Revista de Occidente. Madrid, 1960. MOLINA PÉREZ, Sergio. El amor como modo primordial de la existencia. En Cuestiones Teológicas volumen 47 número 108, páginas 155-166. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, julio-diciembre 2020. LÓPEZ QUINTÁS, Alfonso. El descubrimiento del amor auténtico, claves para orientar la afectividad. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2013. GIANNINI,H. La Metafísica eres Tú, una reflexión ética sobre la intersubjetividad. Catalonia. Santiago de Chile, 2008.

5 Pensador español de notable influjo en la filosofía occidental, 1898-1983. Su mayor elaboración es una novedosa filosofía de la realidad histórica, y de la praxis de transformación de la misma en clave de libertad y liberación. Gran discípulo suyo fue el jesuita Ignacio Ellacuría (1930-1989), quien tradujo a la realidad latinoamericana su pensamiento emancipatorio.

6 ZUBIRI, Xavier. Inteligencia sentiente: inteligencia y realidad. Alianza Editorial. Madrid, 1980; Sobre el hombre. Alianza Editorial. Madrid, 1998.

7 Exodo 34: 5-7

8 BOFF, Leonardo. El rostro materno de Dios. Paulinas. Madrid, 1984. CODA , Piero. Dios que dice amor. Ciudad Nueva. Madrid, 2015. GRESHAKE, Gisbert. El Dios Uno y Trino: una teología de la Trinidad. Herder. Barcelona, 2001.. ZARAZAGA, Gonzalo. Dios es comunión: el nuevo paradigma trinitario. Secretariado Trinitario. Salamanca, 2004. ZIZIOULAS, Johannis. Comunión y alteridad: persona e Iglesia. Sígueme. Salamanca, 2009. ANDRADE, B. Dios en medio de nosotros: esbozo de una teología trinitaria kerigmática. Secretariado Trinitario. Salamanca, 1999. PAPA BENEDICTO XVI. Carta Encíclica Deus Caritas Est Dios es caridad. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2005.

9 1912-1978. De nombre Albino Luciani, sacerdote en 1935, obispo de Vitorio Véneto en 1958, Patriarca de Venecia en 1969, cardenal en 1973. Fue elegido Papa, sucesor de Pablo VI, el 26 de agosto de 1978, falleció repentinamente el 28 de septiembre de ese año, con apenas 33 días de pontificado.

10 PAPA JUAN PABLO I. En el rezo del Angelus del 10 de septiembre de 1978.

11 Juan 3: 16-17

12 FERRARA , Ricardo. El misterio de Dios: correspondencias y paradojas. Sígueme. Salamanca, 2005. CABADA CASTRO, Manuel . El Dios que da que pensar. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1999. MARTÍN VELASCO, Juan de Dios. La experiencia cristiana de Dios. Trotta. Madrid, 1995. WEIL, Simone. A la espera de Dios. Trotta. Madrid, 1993. ZUBIRI, Xavier. El hombre y Dios. Alianza Editorial. Madrid, 2013; El problema teologal del hombre: Dios, religión, cristianismo. Alianza Editorial. Madrid, 2015. GUTIÉRREZ MERINO, Gustavo. Hablar de Dios en América Latina, desde los socialmente insignificantes. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1519/1/RLT-2005-065-A.pdf El Dios de la vida. Centro de Estudios y Publicaciones CEP. Lima, 1989. ALFARO, Juan. De la cuestión del hombre a la cuestión de Dios. Sígueme. Salamanca, 1990.

13 Juan 3: 16

14 Hechos 17: 28.

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