martes, 3 de abril de 2012

Martes 3 de abril.

Por unos momentos, pienso en la velada Presencia de Dios en todo:
en los elementos, dándoles existencia;
en las plantas, dándoles vida; en los animales, dándoles sentidos; y finalmente, en mí, dándome todo eso y más,
transformándome en un templo, un hogar para el Espíritu Santo.

Si Dios estuviera tratando de decirme algo, lo notarí­a?
Si Dios me aconsejara o me desafiara, me daría cuenta?
Pido la gracia de librarme de mis preocupaciones,
y estar atento a escuchar lo que Dios me diga...

Existo en una red de relaciones con mi entorno, con la naturaleza, con mis hermanos, con Dios...
Algunos tejidos de la red están rotos, otros torcidos...
Pido la gracia de la aceptación ... y del perdón ...

Juan 13, 21-32, 36-38
En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo: "Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar". Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, al que Jesús tanto amaba, estaba a la mesa a su derecho. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: "Señor, ¿quién es?" Le contestó Jesús: "Aquél a quien yo le dé este trozo de pan untado". Y untando el pan se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: "Lo que tienes que hacer hazlo en seguida". Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche. Cuando salió dijo Jesús: "Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en él. Por lo tanto, Dios lo va a introducir en su propia Gloria, y lo glorificará muy pronto".
Simón Pedro le dijo: "Señor, ¿a dónde vas?" Jesús le respondió: "Adonde yo voy, no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde". Pedro replicó: "Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti". Jesús le contesto: "¿Conque darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces".

  • Este Evangelio no favorece a Simón Pedro. Le escuchamos declarando su fidelidad hasta la muerte, y antes que termine la noche actúa como un traidor. Pero es muy diferente a la traición de Judas, el que conspira contra Jesús, e incluso discute el precio de su traición. La negación de Pedro resulta de nuestra debilidad frente al temor de las consecuencias de nuestras acciones, frente a la pregunta de un sirviente de la casa de Caifás.
  • El Evangelista destaca dos cosas que lo impresionaron: el cambio del rostro de Judas cuando "Satanás entró en él", y la oscuridad hacia la que Judas se dirige cuando se retira.

    Que sentimientos surgen en mí­ al orar y reflexionar sobre la Palabra de Dios?
    Me imagino a Jesús mismo sentado o de pie, cerca mío, y le abro mi corazón.

    Gloria al Padre,
    Gloria al Hijo,
    Gloria al Espiritu Santo,
    como era en el principio,
    es ahora y siempre será,
    por los siglos de los siglos
    Amen.



lunes, 2 de abril de 2012

Lunes 2 de abril.

Señor Jesús, al llamarte en el día de hoy, percibo que a menudo llego sólo a pedirte favores. Hoy sólo deseo estar en Tu Presencia. Que mi corazón pueda responder a Tu Amor.

Señor, me creaste para vivir en libertad.
Que Tu Espíritu Santo me guíe para seguirte libremente.
Instala en mi corazón el deseo
de conocerte y amarte cada día más.

El saber que Dios me ama sin condiciones,
me permite ser honesto/a conmigo mismo/a.
Cómo ha sido mi último día? Cómo me siento ahora?
Comparto mis sentimientos abiertamente con el Señor.

Juan 12:1-11
Seis días antes de la Pascua fue Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Allí lo invitaron a una cena. Marta servía y Lázaro estaba entre los invitados. María, pues, tomó una libra de un perfume muy caro, hecho de nardo puro, le ungió los pies a Jesús y luego se los secó con sus cabellos, mientras la casa se llenaba del olor del perfume. Judas Iscariote, el discípulo que iba a entregar a Jesús, dijo: «Ese perfume se podría haber vendido en trescientas monedas de plata para ayudar a los pobres». En realidad no le importaban los pobres, sino que era un ladrón, y como estaba encargado de la bolsa común, se llevaba lo que echaban en ella. Pero Jesús dijo: «Déjala, pues lo tenía reservado para el día de mi entierro. A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre». Muchos judíos supieron que Jesús estaba allí y fueron, no sólo por ver a Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Entonces los jefes de los sacerdotes pensaron en dar muerte también a Lázaro, pues por su causa muchos judíos se alejaban de ellos y creían en Jesús.

  • En una ocasión anterior, Marta se había quejado porque María no la ayudaba. Jesús elogió a María porque lo escuchaba. La situación no ha cambiado mucho: Marta sigue sirviendo, y María realiza un profundo gesto de amor. Jesús nuevamente la elogia por amar.
  • En mi vida debería haber un tiempo para la acción y un tiempo para el silencio. Encontrar el justo equilibrio no es fácil; pero es en el silencio donde podemos encontrar la sabiduría y la fortaleza para nuestro mejor actuar.

    Que sentimientos surgen en mí­ al orar y reflexionar sobre la Palabra de Dios?
    Me imagino a Jesús mismo sentado o de pie, cerca mío, y le abro mi corazón.

    Gloria al Padre y al Hijo y al Espiritu Santo;
    como era en el principio, ahora y siempre,
    por los siglos de los siglos.
    Amen.

domingo, 1 de abril de 2012

Algo para pensar y orar en esta semana

Una ajetreada semana había terminado, y desperté en la soleada mañana del sábado. Nuestro petirrojo residente cantaba a todo corazón, frente a mi ventana. Salí a recorrer el jardín y observé una flor púrpura de azafrán, a punto de abrir sus pétalos. La rodeaban varias otras flores de primavera; pero ésta llamó mi atención, por lo que busqué una banqueta y me senté a observar… y observar… y observar. Muy despacio, pero muy lentamente, las puntas de los apretados pétalos comenzaron a separarse. Luego, al cabo de unas horas - el tiempo dejó de ser importante – la flor se abrió, desplegando en su centro el amarillo glorioso de su estambre. El radiante amarillo brillaba bajo el sol, rodeado por el reluciente color púrpura de sus pétalos. Quedé ensimismado. En la tarde, al acercarse la puesta del sol, me instalé nuevamente a observar la ceremonia del cierre: casi imperceptiblemente, los pétalos se fueron acercando entre sí, hasta que el dorado centro quedó envuelto en su capullo púrpura, una vez más.
Al salir del jardín tuve un fuerte impulso a caminar en punta de pies. Entré a la casa y le dije a mi madre: “¿Sabes cómo lo he pasado hoy? He visto cómo la flor del azafrán se abría y cerraba!” Ella me miró, alzó sus ojos al cielo, sonrió con indulgencia y no dijo nada. Ese día experimenté una profunda alegría: física, mental y espiritual. Me había sido concedido el privilegio de ser testigo de algo maravilloso, además del regalo de permanecer consciente de lo sucedido. El amor de Dios por su Creación había sido demostrado – justo para mí – a lo largo de esas horas; mi gratitud se mantiene viva hasta el día de hoy. Aunque sucedió hace muchos años, aún recuerdo esas horas; al recordarlas, vuelve a mí la paz que experimenté esa vez. Por lo que digo: “¡Gracias a Ti, Señor!” Mientras en esta semana participo en las oraciones de la Pasión, ruego que pueda darme cuenta que todo esto fue hecho para mí, con un gran amor. Sólo me resta volver a decir “¡Gracias a Ti, Jesús!”

DIÁLOGOS sobre el Evangelio del Domingo, por José Martínez de Toda, S.J., Domingo de Ramos B, 1 abril 2012

Especialmente para radio
“Hosanna al que viene en nombre del Señor” (Mc 11, 1-10)

Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio… (Se presentan los participantes).
Hoy es Domingo de Ramos. Las dos Lecturas principales de la Misa de hoy cuentan la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y toda la Pasión del Señor, tal como la escribió el evangelista Marcos. Escuchémoslas.


Lectura del santo evangelio según San Marcos (Mc 11, 1-10)

NARRADOR/ASe acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, junto al monte de los Olivos, y Jesús mandó a dos de sus discípulos, diciéndoles:
JESÚSVayan a la aldea de enfrente y, en cuanto entren, encontrarán un burro atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo. Y si alguien les pregunta por qué lo hacen, contéstenle: “El Señor lo necesita y lo devolverá pronto”.
NARRADOR/AFueron y encontraron el burro en la calle, atado a una puerta, y lo soltaron. Algunos de los presentes les preguntaron:

VECINO/A¿Por qué desatan el burro?

NARRADOR/AEllos les contestaron como había dicho Jesús; y se lo permitieron. Llevaron el burro, le echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. Muchos alfombraron el camino con sus mantos, otros con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante y detrás gritaban:

VECINO/A – ¡Hosanna, bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David! ¡Hosanna en el cielo!
Moderador/a: Ésta es la Lectura que se refiere a la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Ahora vamos a escuchar la Pasión del Señor. Nos vamos a limitar a leer la Pasión según el evangelista S. Marcos. Esta vez el silencio ante la magnitud del amor de Dios en su Hijo será nuestro mejor comentario.
PASION DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGUN SAN MARCOS (Marcos 14, 1 – 15, 47)


NARRADOR/AFaltaban dos días para la Pascua y los Ázimos.  Los sumos sacerdotes y los letrados pretendían prender a Jesús a traición y darle muerte.  Pero decían:

LOCUTOR/A No durante las fiestas, podría amotinarse el pueblo.

NARRADOR/AEstando Jesús en Betania, en casa de Simón, el leproso, sentado a la mesa, llegó una mujer con un frasco de perfume muy caro, de nardo puro, quebró el frasco y se lo derramó en la cabeza.  Algunos comentaban indignados:

LOCUTOR/A ¿A qué viene este derroche de perfume?  Se podía haber vendido por más de trescientos denarios para dárselo a los pobres.

NARRADOR/AY regañaban a la mujer.  Pero Jesús replicó:

JESÚSDéjenla, ¿por qué la molestan?  Lo que ha hecho conmigo está bien.  Porque a los pobres los tienen siempre con ustedes y les pueden socorrer cuando quieran, pero a mí no me van a tener siempre.  Ella ha hecho lo que podía: se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura.  Les aseguro que, en cualquier parte del mundo donde se proclame el Evangelio, se recordará también lo que ha hecho hoy esta mujer.

NARRADOR/AJudas Iscariote, uno de los Doce, se presentó a los sumos sacerdotes para entregarles a Jesús.  Al oírlo, se alegraron y le prometieron dinero.  El andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:

LOCUTOR/A ¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?

NARRADOR/AEl envió a dos discípulos diciéndoles:

JESÚS – Vayan a la ciudad, y encontrarán un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo, y en la casa en que entre, díganle al dueño.  “El maestro pregunta: ¿Dónde está la sala, donde voy a comer la Pascua con mis discípulos?” Él les enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes.  Preparen allí la cena.

NARRADOR/ALos discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.  Al atardecer fue él con los Doce.  Estando a la mesa comiendo dijo Jesús:

JESÚS – Les aseguro que uno de ustedes me va a entregar:  uno que está comiendo conmigo.

NARRADOR/AEllos, consternados, empezaron a preguntarle uno tras otro:

LOCUTOR/A ¿Seré yo?

NARRADOR/AÉl respondió:

JESÚS – El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar.  El Hijo del Hombre se va, como está escrito; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del Hombre!, ¡más le valdría no haber nacido!

NARRADOR/AEntonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
LOCUTOR/A – ¿Soy yo acaso, Señor?
NARRADOR/AÉl respondió:

JESÚSAsí es.

NARRADOR/AMientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio diciendo:

JESÚSTomen, esto es mi cuerpo.

NARRADOR/ATomando en la mano una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio y todos bebieron. Y les dijo:

JESÚSEsta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos.  Les aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el Reino de Dios.

NARRADOR/ADespués de cantar el salmo, salieron para el Monte de los Olivos.  Jesús les dijo:

JESÚSTodos ustedes van a caer, como está escrito:  “Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas”. Pero cuando resucite, iré antes que ustedes a Galilea.

NARRADOR/APedro replicó:

LOCUTOR/A Aunque todos caigan, yo no.

NARRADOR/AJesús le contestó:

JESÚSTe aseguro, que tú hoy, esta noche, antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres.

NARRADOR/APero él insistía:

LOCUTOR/A Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.

NARRADOR/AY los demás decían lo mismo. Fueron a una finca, que llaman Getsemaní y dijo a sus discípulos:
JESÚSSiéntense aquí mientras voy a orar.

NARRADOR/ASe llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, y empezó a sentir terror y angustia. Y les dijo:

JESÚSMe muero de tristeza: quédense aquí velando.

NARRADOR/AY, adelantándose un poco, se postró en tierra pidiendo que, si era posible, se alejase de él aquella hora; y dijo:

JESÚS¡Abba! (Padre): tú lo puedes todo, aparta de mí ese cáliz.  Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.
NARRADOR/AVolvió y al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro:

JESÚSSimón, ¿duermes?, ¿no has podido velar ni una hora?  Estén atentos y oren, para no caer en la tentación; el espíritu es decidido, pero la carne es débil.

NARRADOR/ADe nuevo se apartó y oraba repitiendo las mismas palabras.  Volvió, y los encontró otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargados.  Y no sabían qué contestarle.  Volvió otra vez y les dijo:

JESÚSYa pueden dormir y descansar.  ¡Basta!  Ha llegado la hora, miren que el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.  ¡Levántense, vamos!  Ya está cerca el que me entrega.

NARRADOR/ATodavía estaba hablando, cuando se presentó Judas, uno de los doce, y con él gente con espadas y palos, mandada por los sumos sacerdotes, los letrados y los ancianos.  El traidor les había dado una contraseña, diciéndoles:

LOCUTOR/A Al que yo bese, es él: préndanlo y llevénlo bien sujeto.

NARRADOR/AY cuando llegó Judas, se acercó y le dijo:

LOCUTOR/A¡Maestro!

NARRADOR/AY lo besó.  Ellos le echaron mano y lo prendieron.  Pero uno de los presentes, desenvainando la espada, de un golpe le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote.  Jesús tomó la palabra y les dijo:

JESÚS¿Han salido a prenderme con espadas y palos, como a caza de un bandido?  A diario les estaba enseñando en el templo, y ustedes no me detuvieron.  Pero, que se cumplan las Escrituras.

NARRADOR/AY todos lo abandonaron y huyeron.
Lo iba siguiendo un muchacho envuelto sólo en una sábana, y le echaron mano; pero él, soltando la sábana, se les escapó desnudo.
Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, y se reunieron todos los sumos sacerdotes y los letrados y los ancianos.  Pedro lo fue siguiendo de lejos, hasta el interior del patio del sumo sacerdote, y se sentó con los criados a la lumbre para calentarse.
Los sumos sacerdotes y el sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra Jesús, para condenarlo a muerte, y no lo encontraban.  Pues, aunque muchos daban falso testimonio contra él, los testimonios no concordaban.  Y algunos, poniéndose de pie, daban testimonio contra él diciendo:

LOCUTOR/A Nosotros le hemos oído decir: “Yo destruiré este templo, edificado por hombres, y en tres días construiré otro no edificado por hombres”. Pero ni en esto concordaban los testimonios. El sumo sacerdote se puso en pie en medio e interrogó a Jesús:

LOCUTOR/A ¿No tienes nada que responder?  ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?

NARRADOR/APero él callaba, sin dar respuesta.  El sumo sacerdote lo interrogó de nuevo preguntándole:

LOCUTOR/A ¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?

NARRADOR/AJesús contestó:

JESÚSSí lo soy. Más aún, yo les digo: Desde ahora verán que el Hijo del Hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo.

NARRADOR/AEl sumo sacerdote se rasgó las vestiduras diciendo:

LOCUTOR/A ¿Qué falta hacen más testigos?  Han oído la blasfemia.  ¿Qué dicen?

NARRADOR/AY todos lo declararon reo de muerte.  Algunos se pusieron a escupirle, y tapándole la cara, le abofeteaban y le decían:

LOCUTOR/A Haz de profeta.

NARRADOR/AY los criados le daban bofetadas. Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llegó una criada del sumo sacerdote y, al ver a Pedro calentándose, lo miró fijamente y dijo:

LOCUTOR/A También tú andabas con Jesús el Nazareno.

NARRADOR/AEl lo negó diciendo:

LOCUTOR/A Ni sé ni entiendo lo que quieres decir.


NARRADOR/A – Pedro salió fuera al zaguán, y un gallo cantó.
La criada, al verlo, volvió a decir a los presentes:

LOCUTOR/A Este es uno de ellos.

NARRADOR/AY él lo volvió a negar. Al poco rato también los presentes dijeron a Pedro:

LOCUTOR/A Seguro que eres uno de ellos, pues eres galileo.

NARRADOR/APero él se puso a echar maldiciones y a jurar:

LOCUTOR/A No conozco a ese hombre que decís.

NARRADOR/AY en seguida, por segunda vez, cantó el gallo.  Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús: “Antes de que cante el gallo dos veces, me habrás negado tres”, y rompió a llorar.
Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes con los ancianos, los letrados y el sanedrín en pleno, prepararon la sentencia; y, atando a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato.
Pilato preguntó:

LOCUTOR/A ¿Eres tú el rey de los judíos?

NARRADOR/AEl respondió:

JESÚSTú lo dices.

NARRADOR/AY los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas.
Pilato le preguntó de nuevo:

LOCUTOR/A ¿No contestas nada?  Mira de cuántas cosas te acusan.

NARRADOR/AJesús no contestó más, de modo que Pilato estaba muy extrañado.
Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran.  Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta.
La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les contestó:

LOCUTOR/A ¿Quieren que les suelte al rey de los judíos?

NARRADOR/APues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia.
Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás.   Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:

LOCUTOR/A ¿Qué hago con el que Vds llaman “Rey de los judíos”?

NARRADOR/AEllos gritaron de nuevo:

LOCUTOR/A Crucifícalo.

NARRADOR/APilatos les dijo:

LOCUTOR/A Pues ¿qué mal ha hecho?

NARRADOR/AEllos gritaron más fuerte:

LOCUTOR/A Crucifícalo.

NARRADOR/AY Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
Los soldados se lo llevaron al interior del palacio - al pretorio - y reunieron a toda la compañía.  Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado y comenzaron a hacerle el saludo:

LOCUTOR/A ¡Salve, rey de los judíos!

NARRADOR/ALe golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y. doblando la rodilla, se postraron ante él.
Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa.  Y lo sacaron para crucificarlo.  Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la cruz.
Y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de “La Calavera”), y le ofrecieron vino con mirra, pero él no lo aceptó.  Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno.
Era media mañana cuando lo crucificaron.  En el letrero de la acusación estaba escrito:
REY DE LOS JUDIOS.  Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su
izquierda.  Así se cumplió la Escritura que dice: “Lo consideraron como un malhechor”.
Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:

LOCUTOR/A ¡Anda!, tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz.

NARRADOR/ALos sumos sacerdotes se burlaban también de él diciendo:

LOCUTOR/A A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar.  Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos en él.

NARRADOR/ATambién los que estaban crucificados con él lo insultaban.
Al llegar al mediodía toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde.  Y a la media tarde, Jesús clamó con voz potente:

JESÚSEloí Eloí, lama sabactani.  (Que significa:  Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?)

NARRADOR/AAlgunos de los presentes, al oírlo, decían:

LOCUTOR/A Mira, está llamando a Elías.

NARRADOR/AY uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber diciendo:

LOCUTOR/A Dejen, a ver si viene Elías a bajarlo.

NARRADOR/AY Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
Y el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.
Y el centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado. dijo:

LOCUTOR/A Realmente este hombre era Hijo de Dios.

NARRADOR/AHabía también unas mujeres que miraban desde lejos; entre ellas María Magdalena, María la madre de Santiago el Menor y de José y Salomé, que cuando él estaba en Galilea, lo seguían para atenderlo; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.
Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, noble magistrado, que también aguardaba el Reino de Dios; se presentó decidido ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.
Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y llamando al centurión, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto.
Informado por el centurión, concedió el cadáver a José.  Este compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra a la entrada del sepulcro.
María Magdalena y María, la madre de Jesús, observaban dónde lo ponían.

Despedida
Hasta aquí la Pasión de Jesús según S. Marcos.
Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor. Allí se bendecirán hoy los Ramos, y se entregarán gratis a todos. Los pueden llevar a su casa y ponerlos en algún sitio destacado, para que se vean y protejan la casa.

FIN

Encuentros con la Palabra, por Hermann Rodríguez Osorio, S.J., Domingo de la Pasión del Señor o de Ramos – Ciclo B (Marcos 14,1 – 15,47) – 1 de abril de 2012

“Salvó a otros, pero a sí mismo no puede salvarse”

Un joven piadoso renunció a todos sus bienes y se consagró al servicio de Dios. Se fue al desierto a buscar a un anciano sabio que llevaba allí muchos años y tenía fama de santo. Cuando el joven encontró al sabio le dijo: “He entregado todas mis posesiones a los pobres y me he consagrado completamente a Dios. Pero tengo una duda: ¿Me voy a salvar?” El sabio se le quedó mirando y le respondió tajantemente: “¡No! No te vas a salvar”. El joven quedó desconcertado y confuso, porque no se esperaba una respuesta tan dura; de modo que volvió a insistir: “Pero he sido generoso y quiero seguir siéndolo. No entiendo por qué no me voy a salvar”. Entonces, el anciano le dijo: “No te vas a salvar. A ti te van a salvar...”

Esta constatación se hace presente en la vida del creyente más tarde o más temprano. En los comienzos de la vida cristiana, especialmente cuando se ha vivido un proceso rápido de conversión, la persona siente que sus méritos le dan el derecho de sentirse salvado. Sin embargo, una de las mejores señales de que se va avanzando en el camino de la fe, es la conciencia de que no son nuestras obras las que nos convierten en justos, sino la gracia y la bondad de Dios la que nos regala la salvación.

Esta conciencia la tenía Jesús. A lo largo de este amplio texto de la Pasión, según san Marcos, queda claro que Jesús no se sentía dueño de la salvación, sino que la recibía como regalo de su Padre Dios. Incluso, los que pasaban delante de la cruz lo insultaban, meneando la cabeza y diciendo: “¡Eh, tú, que derribas el templo y en tres días lo vuelves a levantar, sálvate a ti mismo y bájate de la cruz! De la misma manera se burlaban de él los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley. Decían: –Salvó a otros, pero a sí mismo no puede salvarse. ¡Qué baje de la cruz ese Mesías, Rey de Israel, para que veamos y creamos! Y hasta los que estaban crucificados con él lo insultaban”.

Pero Jesús se sabía en las manos de Dios y confió en él hasta el final. Incluso el grito desesperado que le oyeron los testigos de este suplicio, tenía detrás una experiencia de confianza, como bien lo anota el papa Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica que escribió al comienzo del nuevo milenio: “Nunca acabaremos de conocer la profundidad de este misterio. Es toda la aspereza de esta paradoja la que emerge en el grito de dolor, aparentemente desesperado que Jesús da en la cruz: «“Eloí, Eloí, ¿lemá sabactani?” –que quiere decir– “¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?”» ¿Es posible imaginar un sufrimiento mayor, una oscuridad más densa? En realidad, el angustioso «por qué» dirigido al Padre con las palabras iniciales del Salmo 22, aun conservando todo el realismo de un dolor indecible, se ilumina con el sentido de toda la oración en la que el Salmista presenta unidos, en un conjunto conmovedor se sentimientos, el sufrimiento y la confianza. En efecto, continúa el Salmo: «En ti esperaron nuestros padres, esperaron y tú los liberaste… ¡No andes lejos de mí, que la angustia está cerca, no hay para mí socorro!» (Salmo 22 (21), 5.12)” (Novo Millenio Ineunte – 2001).

¿Nos sentimos dueños de la salvación? ¿Confiamos en la acción de Dios aún en medio de las contradicciones? Esto es compartir hoy la Pasión del Señor para la salvación del mundo.

Hermann Rodríguez Osorio es sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
Si quieres recibir semanalmente estos “Encuentros con la Palabra”, puedes escribir a  herosj@hotmail.com pidiendo que te incluyan en este grupo

El Mensaje del Domingo , por Gabriel Jaime Pérez, S.J., Domingo de Ramos, Ciclo B –Abril 1 de 2012

Cuando ya estaban cerca de Jerusalén, al aproximarse a los pueblos de Betfagé y Betania, en el Monte de los Olivos, Jesús envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: -Vayan a la aldea que está enfrente, y al entrar en ella encontrarán un burro atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo. Y si alguien les pregunta por qué lo hacen, díganle que el Señor lo necesita y que en seguida lo devolverá. Fueron, pues, y encontraron el burro atado en la calle, junto a una puerta, y lo desataron. Algunos que estaban allí les preguntaron: ¿Qué hacen ustedes? ¿Por qué desatan el burro? Ellos contestaron lo que Jesús les había dicho; y los dejaron ir.
Pusieron entonces sus capas sobre el burro, y se lo llevaron a Jesús. Y Jesús montó. Muchos tendían sus capas por el camino, y otros tendían ramas que habían cortado en el campo. Y tanto los que iban delante como los que iban detrás, gritaban: -¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino que viene, el reino de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas! (Marcos 11, 1-10).
El texto bíblico que antecede a la bendición de los ramos antes de la Misa de este domingo es tomado del Evangelio de Marcos (11, 1-10), y en la Misa se toma de este mismo evangelista el relato de la pasión (Marcos 14, 1-15, 47), precedido de un texto de Isaías (50, 4-7),  el Salmo 22 (21) y la carta de san Pablo a los Filipenses (2, 6-11). Centremos nuestra reflexión en tres temas que encontramos en el Evangelio mencionado, tanto el relato de la entrada de Jesús a Jerusalén como el de su pasión y muerte de cruz.

1. “¡Hosanna...! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!” (Marcos 11, 9)
Con la palabra hebrea hosanna, que quiere decir sálvanos ahora, las gentes sencillas aclaman a Jesús como el Mesías descendiente del rey David. Pero Él no entra a la ciudad de Jerusalén arrogante sobre un carro tirado por caballos como los guerreros triunfadores de aquella época, sino manso y humilde, montado en un asno.
La enseñanza que nos trae este relato es muy clara: el Reino que Jesús ha anunciado y que Él mismo encarna  es distinto de los reinos de este mundo, y esto es lo que va a manifestarse en el proceso de su pasión y muerte, que culminará con el acontecimiento pascual de su resurrección, no como un hecho espectacular sino como una experiencia espiritual que sólo viven quienes se abren con fe a la revelación de Dios.

2. “Tomen, esto es mi cuerpo... Esto es mi sangre, con la que se confirma la alianza, sangre que es derramada a favor de muchos” (Marcos 14, 22-24)
El relato de la pasión  en el Evangelio comienza con la cena pascual que Jesús celebra en compañía de sus discípulos, en la cual instituye la Eucaristía como memorial de su sacrificio redentor que es la entrega de su cuerpo y su sangre para darnos vida eterna. Cada vez que participamos activamente en la santa Misa, se actualiza para nosotros y para toda la humanidad el acontecimiento de su misterio pascual: su pasión, muerte y resurrección.
En este sentido, la Eucaristía es “el sacramento de nuestra fe” en el que anunciamos su muerte, proclamamos su resurrección y expresamos nuestra esperanza en su venida gloriosa a nosotros. Y también es el sacramento del amor: en Jesucristo, que ofrece como sacrificio su cuerpo y su sangre, es decir, su propia vida humana, y nos alimenta con ella en la comunión, se nos ha revelado plenamente el Dios verdadero que es Amor y que nos invita a realizar también a nosotros en nuestra vida lo que este sacramento significa.

3. “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (Marcos 15, 39)
Estas palabras del centurión romano al pie de la cruz contrastan con las del salmo que Jesús acaba de hacer suyas antes de morir, manifestando así su anonadamiento total: “¡Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?”. También nosotros proclamamos de manera especial nuestro reconocimiento de Jesús como el Hijo de Dios cuando nos santiguamos con el signo de la santa cruz, con el que expresamos nuestra identidad como seguidores de Cristo.
El título Hijo de Dios se aplica a Jesús para indicar que se le reconoce como Dios. Lo mismo ocurre con el término Señor, que encontramos en la segunda lectura cuando el apóstol san Pablo dice que Aquél que se despojó de la gloria de su divinidad para humillarse hasta la muerte de cruz -propia de los esclavos- como consecuencia de su solidaridad con las víctimas de la injusticia y la violencia, fue exaltado con el nombre de Señor del universo. Todo lo contrario a lo sucedido en los comienzos de la humanidad -y que sigue sucediendo hoy-, cuando el ser humano cae en la tentación de la soberbia, desconociendo su condición de creatura de Dios.
Quienes creemos en Jesucristo como Hijo de Dios y Señor del universo, reconocemos que en Él se cumplen las profecías de los cuatro cantos o poemas del Servidor de Yahvé (Yahvé es el nombre de Dios en hebreo, con el cual se había revelado a Moisés). Estos poemas fueron escritos hace unos veinticinco siglos y los encontramos en el libro de Isaías. En el segundo poema, que corresponde a la primera lectura de la Misa de este domingo, el Servidor de Yahvé dice: “Yahvé me ha instruido para que yo consuele a los cansados con palabras de aliento” (Is 50, 4).

Conclusión
Dispongámonos a celebrar esta Semana Santa con una fe tal que nos impulse a identificarnos con Jesús, en quien se nos revela el mismo Dios que se solidariza hasta las últimas consecuencias con el dolor humano, con todos los que están cansados de sufrir la injusticia y la violencia. Aclamémoslo como el que viene en el nombre del Señor, y tiene este mismo título por haber entregado su vida para salvarnos a todos y hacer de nosotros hijos de Dios como Él. Y renovemos nuestro compromiso de vivir siguiendo su ejemplo de Amor infinito significado en la santa cruz, único camino para lograr la reconciliación y la paz en nuestra vida personal y social-.

Pistas para la Homilía, por Jorge Humberto Peláez S.J., CUARESMA - DOMINGO DE RAMOS B (1-abril-2012)

1. Lecturas:
a. Profeta Isaías 50, 4-7
b. Carta de san Pablo a los Filipenses 2, 6-11
c. Pasión según san Marcos 15, 1-39

2. El Domingo de Ramos comienza el tiempo litúrgico de la Semana Santa, en el que los cristianos conmemoramos la pasión, muerte y resurrección del Señor. El misterio pascual es el clímax de la historia de la salvación.

3. El texto de la Carta a los Filipenses que acabamos de escuchar nos permite percibir la profundidad de lo que celebramos. Nos dice el apóstol Pablo: “Cristo, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición divina, sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz”

4. Este texto de san Pablo es estremecedor. ¿Por qué esta renuncia radical? ¿Por qué despojarse de las prerrogativas de su condición divina? Estamos ante un gesto infinito de amor que nos resulta sobrecogedor. Su paso de la muerte a la vida es el camino que nos permite acceder a la participación de la vida divina. Nuestra capacidad de comprensión es desbordada por esta iniciativa de Dios. Sólo nos queda agradecer en silencio este supremo acto de amor y entrega. Este texto de la Carta a los Filipenses nos descubre dos horizontes, absolutamente contrastantes, de cómo los seres humanos planeamos nuestras vidas y cómo Dios, en su misterio, ha trazado la historia de la salvación:
a. A los seres humanos nos motiva la posibilidad de ascender en el trabajo y mejorar los ingresos para así disfrutar de mejores condiciones de vida. Más aún, censuramos a los conformistas y resignados que no ponen de su parte para mejorar. Así es la dinámica de la existencia humana.
b. Por eso nos sentimos profundamente desconcertados ante los eventos que se desencadenan en Jerusalén y que terminarán en la crucifixión del Señor. ¿Cómo es posible que el Justo por excelencia sea víctima de las peores injusticias? ¿Por qué el sembrador de paz es neutralizado por los violentos? ¿Cómo se explica que la Bondad misma, que llenó de amor y de esperanza el corazón de los excluidos, sea aniquilada por la maldad de unos dirigentes políticos y religiosos? ¿Cómo es posible que quien devolvió la salud a los enfermos y la vida a los muertos termine clavado en una cruz, crueldad que estaba reservada a los peores delincuentes?
c. Por eso san Pablo afirma que la Cruz es locura para los gentiles y escándalo para los judíos. La Cruz levantada en el Gólgota hace realidad lo inimaginable.

5. Pero, ¡atención! Esta Cruz, que es locura y escándalo, no pone punto final a una existencia terrena, sino que es camino hacia algo infinitamente superior. Después de que san Pablo ha descrito en Filipenses este misterio del anonadamiento del Hijo de Dios, afirma de manera impactante: “Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que, al nombre de Jesús, todos doblen la rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”

6. Los misterios que conmemoramos en estos días santos nos hacen reflexionar sobre las polaridades muerte – vida, despojo – exaltación, servidumbre – señorío, polaridades que está en las entrañas mismas de nuestra fe. No seamos simples espectadores de las ceremonias de la Semana Santa sino vivámosla de manera que sea una inmersión en ese mar sin orillas que es el amor de Dios.
7. Además de estas consideraciones generales sobre el significado de la Pascua del Señor, los invito a detenernos brevemente en lo que sucede el Domingo de Ramos:
a. Las multitudes acogen gozosamente al Señor. A través de los cantos y gestos de bienvenida expresan una profunda esperanza. “Hosanna al Hijo de David. Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel. ¡Hosanna en el cielo!”. El pueblo creyente siente que sus esperanzas finalmente se han hecho realidad en este humilde personaje que recorre las calles de la ciudad santa de Jerusalén.
b. Pero, ¿qué sucede pocos días después? Las voces de los que cantaban “Hosanna” fueron acalladas por los gritos apasionados de “Crucifícale, crucifícale”. ¿Qué pasó? Pudieron intervenir varios factores: temor ante las posibles represalias, protagonismo de los violentos, volatilidad de las masas que hoy exaltan y mañana hunden (esto lo saben muy bien los equipos deportivos y sus directores técnicos…)

8. En este Domingo de Ramos contemplemos a Jesús que entra en Jerusalén para dar cumplimiento a su misión, y dispongámonos a celebrar con devoción los misterios centrales de nuestra salvación.

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