domingo, 18 de abril de 2021

COMUNITAS MATUTINA 18 DE ABRIL 2021 DOMINGO III DE PASCUA CICLO B

 

Ustedes son testigos de estas cosas, y yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido”

(Lucas 24:48-49)



Lecturas:

  1. Hechos 3: 13-19

  2. Salmo 4

  3. 1 Juan 2: 1-5

  4. Lucas 24: 35-48

Común denominador de las lecturas bíblicas que la Iglesia nos propone durante el tiempo pascual, es el testimonio de muchas personas que experimentaron a Jesús como El Viviente, con el consiguiente cambio sustancial de sus vidas, en términos de entusiasmo, de compromiso con el Reino de Dios y su justicia, de temple para enfrentar las contradicciones religiosas y políticas causadas por las autoridades judías y romanas. Esa condición de testigos les permitió animar a muchos para que siguieran el mismo camino, es entonces cuando surgen las primeras comunidades de cristianos y, más tarde, los evangelios y los demás textos del Nuevo Testamento, que vienen a ser la concreción de lo vivido por esos testigos originales de la experiencia pascual, escritos como material de catequesis para quienes se interesaban en seguir el Camino.1

El evangelio de este domingo es una ruta para que nos comprometamos en esa condición testimonial, para que mantengamos ininterrumpida la apasionante vivencia del Resucitado, con su capacidad extraordinaria de reencantar la vida y de garantizar el sentido definitivo de la misma. Sin excepción , a todos los seres humanos nos inquieta el significado pleno de la existencia, si vale la pena vivir, si las inevitables experiencias de sufrimiento nos preparan para una plenitud inagotable. En la Pascua de Jesús, Dios comunica su respuesta a estas preguntas de sentido.

Las palabras de Pedro se inscriben en ese carácter de testimonio: ”Mataron al jefe que conduce a la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos; nosotros somos testigos de ello. Y por la fe en su nombre, el propio Jesús ha restablecido a este hombre que ustedes ven y conocen. Es, pues, la fe, dada por su medio, la que lo ha restablecido totalmente ante todos ustedes” .2 No está haciendo esta afirmación “de memoria” porque él, junto con sus compañeros, ha vivido intensamente ese salto de la derrota y la frustración a la certeza de que el mismo hombre histórico que caminó con ellos y que fue condenado injustamente al suplicio de la cruz es ahora el Cristo Resucitado, el que ha transformado su vida de raíz, involucrándolos a todos en la novedad que surge de la Pascua.3

La vocación fundamental de la Iglesia y de cada cristiano en particular, de cada comunidad de creyentes, es a ser testigos, llevando una existencia ciento por ciento pascual, vale decir, de servicio, de solidaridad, de justicia, de fraternidad, de compromiso con la felicidad de los seres humanos en nombre de Dios, de transformación de la realidad injusta, de afirmación contundente de la dignidad de cada ser humano, de hacer que esa Iglesia motive a muchos para hacer parte de ese proyecto de nueva humanidad que resucita con Jesús. Esos testigos originales demostraron que ni la cruz ni el fracaso tuvieron la última palabra porque esta viene de Dios y es de vida definitiva e inagotable.4

Tal es la tarea cristiana, hacer el mundo totalmente nuevo, saturado de ilusiones, de razones para vivir, de inclusiones y equidades, también de valiente renuncia a pretensiones de poder, a incoherencias, a participación en religiosidades paralizantes, a miedos al compromiso, a disfrazar de prudencia nuestras cobardías, a los silencios cómplices y a las posturas anquilosadas: “Estaremos seguros de conocerle si cumplimos sus mandamientos. Quien dice: yo le conozco, y no cumple sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda su palabra, tenga por cierto que el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos con él” . 5

Es el desafío de la coherencia entre la vida y las convicciones creyentes, reto que se hace particularmente exigente después de tantos escándalos de pederastia y de poder, de manejos económicos indebidos, y de tantas cosas deficientes de nosotros, de nuestra religiosidad formal, de nuestra indiferencia con los pobres, de nuestro miedo a ser profetas, de callarnos ante tantos desafueros que a diario se cometen contra la humanidad, de llevar un cristianismo acomodado sin impacto en la transformación de la historia.

Cómo estamos en esta materia? Como los discípulos, también nos dejamos dominar por el miedo? No terminamos de creer que sí está vivo y resuelto a inspirar nuestra vida? Seguimos manejando las mismas inseguridades y temores de Pedro y sus amigos? Confundimos a Jesús con un fantasma?: “Sobresaltados y asustados creyeron ver un espíritu, pero él les dijo: por qué se turban? Por qué albergan dudas en su mente? Miren mis manos y mis pies: soy yo mismo” . 6

Las conocidas limitaciones de los discípulos en materia de captar a fondo el proyecto de Jesús tienen en estos temores una nueva evidencia, que sólo desaparecerá cuando tengan la osadía de seguir al Resucitado sin ambages, dispuestos a hacer vigente en totalidad su programa de bienaventuranzas, de nueva humanidad, de preferencia por los últimos del mundo, de conversión del corazón al Padre y al prójimo, de encarnación crucificada y redentora en la realidad del ser humano y de la historia. 7También nosotros participamos de esas limitaciones: Con qué disfraces hemos envuelto a Jesús en lugar de dejarnos transformar por el Viviente?

Para superar esas inseguridades, Jesús se les presenta, así lo refieren los distintos relatos de apariciones del Resucitado. Esto último se inscribe en el ámbito de la fe, la certeza de que en la resurrección de Jesús Dios ha intervenido decisivamente en la historia de la humanidad, en su dimensión trágica de muerte y de dolor, para reorientar la misma salvíficamente instituyendo a su Hijo como Señor y Salvador. 8

Hacia dónde caminamos nosotros, nuestras comunidades, cómo estamos viviendo la experiencia pascual? Tenemos la osadía de dejarnos llevar por El? Jesús invita a sus discípulos a tocarlo, como tuvo que hacerlo con Tomás, el incrédulo. Es una invitación a tener un encuentro directo con él, superando las falsas imágenes que nos hacemos de él, las distorsiones contenidas en muchas devociones de cristologías deficientes, en las que lo divinizamos tanto que sustraemos su humanidad, o lo dejamos en un simple liderazgo que convoca amigos para protegerse de los asedios del mundo: “Pálpenme y piensen que un espíritu no tiene carne y huesos como ustedes ven que yo tengo. Dicho esto, les mostró las manos y los pies” .9

El lenguaje de Lucas, de profunda densidad teológica y antropológica, afirma que el Jesús histórico, el Crucificado, es ahora el Viviente, el Señor Resucitado. El evangelista se vale de este recurso, aparentemente sensorial, para afirmar simultáneamente la humanidad y la divinidad de Jesús, y para mover a sus discípulos – y a nosotros – a establecer una relación personal con él, concreta y existencial, con la capacidad de transformarnos, de hacernos nuevos en la novedad de su humanidad y de su divinidad. 10

Conviene recordar la Exhortación Apostólica del Papa Francisco sobre el llamado a la santidad en el mundo actual , Gaudete et Exsultate. 11 Nuestro pastor, con su habitual pedagogía de lo real, de lo muy humano y evangélico, nos invita a insertarnos en este mundo para transformarlo, no con un nuevo régimen de cristiandad ni con una reforzada estructura de privilegios eclesiásticos , sino con decidida voluntad de animar a la humanidad a que sea consistente, justa, transparente, solidaria, respetuosa de la dignidad de todos, protectora de la vida, emancipada y emancipadora.

Sea esta una invitación pascual a leerla, a orarla, a hacerla vida en todo nuestro ser y en nuestro quehacer. En el texto, entre tantos asuntos de honda raigambre evangélica y existencial que plantea Francisco, llama la atención sobre dos sutiles enemigos de la santidad: el gnosticismo y el pelagianismo. No nos asustemos porque no se trata de sofisticaciones académicas. El Papa se refiere a un tipo de cristianismo excesivamente subjetivo, muy en boga en grupos que se sienten “elegidos”, con visiones e iluminaciones particulares, desconectados de la realidad histórica, presumidos por sentirse ellos poseedores de la auténtica doctrina. Abundan este tipo de tendencias, se han convertido muchos en instituciones religiosas con fuerza e influjo en sectores fundamentalistas, temerosos de la gran innovación pascual. Esos son los fantasmas sobre los que el mismo Jesús llama la atención a sus discípulos, y a la Iglesia de hoy. 12

Escuchemos al Papa: “El gnosticismo supone una fe encerrada en el subjetivismo, donde solo interesa una determinada experiencia o una serie de razonamientos y conocimientos que supuestamente reconfortan e iluminan, pero en definitiva el sujeto queda clausurado en la inmanencia de su propia razón o de sus sentimientos” ,13 y: “Los que responden a esta mentalidad pelagiana o semipelagiana, aunque hablen de la gracia de Dios con discursos edulcorados en el fondo sólo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros por cumplir determinadas normas o por ser inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico” .14

Es totalmente estratégico hacer pública esta enseñanza en tiempo de Pascua, con el fin de animarnos a llevar un estilo de vida pascual, con sentido crítico para detectar esos perfeccionismos farisaicos, esas religiosidades que distorsionan el Evangelio de Jesús.

Dejarnos tomar por el Resucitado conlleva una tarea misional, siempre humilde, siempre portadora de sentido, sin pretensiones de superioridad sobre nadie, con la discreta conciencia de sabernos inscritos en la aventura salvadora de Dios: “Está escrito que el Cristo debía padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día y que se predicaría en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando por Jerusalén. Ustedes son testigos de estas cosas”.15





1 ALEGRE, Xavier. Testimonios literarios de los orígenes del movimiento cristiano: una introducción al Nuevo Testamento. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/47264132.pdf KREMER, Jakob. El testimonio de la resurrección de Cristo en forma de narraciones históricas. En https://www.seleccionesdeteologia.net/selecciones/llib/vol28/112/112_kremer.pdf RICHARD, Pablo. El movimiento de Jesús después de su resurrección y antes de la Iglesia. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/47263949.pdf

2 Hechos 3: 15-16

3 PONCE DE LEON, Enrique Testigos del Señor Jesús. Buena Prensa. México D.F., 2007.

4 Esto lo podemos asociar con la conocida expresión del Papa FRANCISCO “Una Iglesia en salida”, con ella el Papa alude al carácter misional-apostólico de la Iglesia, esta no es una entidad encerrada en sí misma, su razón de ser es el anuncio de Jesucristo muerto y resucitado, contenido fundamental de lo que conocemos como Buena Noticia-Evangelio, respuesta de Dios al interrogante sobre el sentido de la vida que constantemente nos hacemos los seres humanos.

5 1 Juan 2: 3-5

6 Lucas 24: 37-39

7 THEISSEN, Gerd. El movimiento de Jesús: historia social de una revolución de los valores. Sígueme. Salamanca, 2005.

8 BRAMBILLA, Franco Giulio. El crucificado resucitado. Sígueme. Salamanca, 2003. SESBOUE, Bernard. Jesucristo, el único Mediador. Ensayo sobre la redención y la salvación. Secretariado Trinitario. Salamanca, 1990. SOBRINO, Jon. Jesucristo Liberador: lectura histórico-teológica de Jesús de Nazareth. Trotta. Madrid, 1991.

9 Lucas 24: 39-40

10 MARTINEZ DIEZ, Felicísimo. Creer en Jesucristo: vivir en cristiano. Verbo Divino. Estella, 2007.

11 Papa Francisco. Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate sobre la llamada a la santidad en el mundo actual. Tipografía Vaticana. Ciudad del Vaticano, 19 de marzo 2018.

12 MARDONES, José María. Fundamentalismo y manipulación religiosa. Publicado en Revista Renglones número 52, noviembre-diciembre 2002; páginas 82-85. https://www.rei.iteso.mx/bitstream/handle/11117/392/52_11_fundamentalismo.pdf?sequence=2&isAllowed=y

13 Papa FRANCISCO. Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate sobre la Alegría del Evangelio, número 36.

14 Idem , número 49.

15 Lucas 24: 46-48

domingo, 11 de abril de 2021

COMUNITAS MATUTINA 11 DE ABRIL 2021 DOMINGO II DE PASCUA CICLO B

 

Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con gran poder. Y gozaban todos de gran simpatía”

(Hechos 4: 33)



Lecturas:

  1. Hechos 4: 32-35

  2. Salmo 117

  3. 1 Juan 5: 1-6

  4. Juan 20: 19-31

Tras la muerte de Jesús los discípulos experimentan un gran sentimiento de fracaso, el miedo se apodera de ellos, imaginan que, debido a su estrecho vínculo con él, las autoridades judías puedan tomar represalias, hacerlos correr la misma suerte de su maestro: “Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, los discípulos tenían cerradas las puertas del lugar donde se encontraban, pues tenían miedo a los judíos” .1

Un temor así es normal, como el que podemos sentir cuando nos vemos en riesgo, o cuando prevemos consecuencias problemáticas derivadas de actuaciones o palabras nuestras. Junto a esto, no podemos olvidar que este primer grupo de seguidores de Jesús estaba integrado por personas especialmente frágiles.2 De ello nos hablan su cortedad para captar el proyecto de Jesús en todo su alcance y la cobardía evidenciada en las negaciones de Pedro y en el sueño de algunos cuando el maestro se encontraba en el momento más dramático de su pasión.

Qué sucedió, entonces, con estas personas ahora transformadas por la experiencia de la fe pascual? Cómo calificar esta vivencia y cómo apropiarla para nosotros, los creyentes de todos los tiempos de la historia? Cómo pasar de la derrota a la firme convicción de su presencia vital en medio de cada comunidad de discípulos? Cómo dar cuenta de la Pascua?3 Porque todo cambia desde el momento en que Jesús se hace presente en medio de ellos, él como punto de convergencia de la comunidad, como referente de Dios, fuente de vida y factor decisivo de unidad y de misión.

Su saludo les recupera la paz perdida: “Entonces se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: la paz con ustedes. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: la paz con ustedes” . 4 Sus manos y su costado, pruebas de su pasión y muerte, son ahora las señales de su amor y de su victoria: el Viviente que está en medio de ellos es el mismo Crucificado.5

La fe en el Resucitado no parte de la visión objetiva de un cadáver reanimado, es una experiencia densa, real con otro nivel de realidad, su consecuencia es la transformación radical de aquellos asustados testigos, en ellos empieza a acontecer la nueva humanidad de Jesús, tienen la certeza de que Dios ha legitimado la misión histórica de su Señor dándole el crédito de la vida definitiva, su proyecto del Reino es plenamente válido para transformar la humanidad, su escala de valores ahora entra en vigencia, ellos son los garantes de que esa intención adquiera eficaz continuidad en la historia.

Entra en juego otro elemento esencial: la comunidad, sólo en ella – comunidad de seguidores de Jesús, Iglesia – se descubre la presencia del Jesús vivo.6 La comunidad garantiza la fidelidad a él y al Espíritu, ella misma recibe el mandato misional: “Como el Padre me envió, también yo los envío. Dicho esto sopló y les dijo: Reciban el Espíritu Santo, a quienes perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos” .7

El lenguaje más tradicional sobre estas realidades originales y originantes de nuestra fe no ayuda mucho para captar la radical novedad de vida sucedida para bien de toda la humanidad. Nos quedamos hablando de algo pasado, perdido en la noche de los tiempos, nuestro estilo de vida dista de ser resucitado, seguimos inmersos en las rutinas empobrecedoras, en los miedos no confrontados, en las desconfianzas que por su reiteración se tornan sistemáticas, en los inmediatismos producto de tantos afanes por hacer desaforadamente sin el salto cualitativo del ser, en el ritualismo religioso no respaldado por una espiritualidad liberadora, en el no interrumpir con firmeza la loca carrera de la productividad. Si las cosas son así, estamos muy lejos de dejarnos saturar por el sentido definitivo de la existencia que se comunica en la Pascua: por eso se impone hacer un “control de calidad” a nuestra vivencia pascual , esto tiene implicaciones decisivas para la totalidad de nuestra vida, en esto se juega el sentido pleno de la existencia! 8

Jesús aparece en el centro como vínculo de unidad, la filiación divina y la projimidad están integradas y se implican mutuamente. Una comunidad eclesial no puede reducirse a ser una entidad prestadora de servicios religiosos o de administración eclesiástica, tampoco es depósito de dogmas y de normas disciplinares, ella es una asamblea de discípulos inspirados por el mismo Resucitado, dispuestos a seguir su mismo proyecto de vida, que tiene su raíz en Dios mismo, él es el centro vinculante de esa comunidad que, además, es enviada en misión a comunicar esta Buena Noticia: que Dios está totalmente de parte de la humanidad, que su interés determinante es la plenitud de todos los humanos, histórica y trascendente y que El – Jesús el Cristo – es el referente mediador para lograrla.9

En los diversos relatos de las apariciones pascuales la misión es algo fundante, que no es otra cosa que asumir sus mismas opciones, llevar un modo de vida como el de él, dedicarse enteramente al servicio del prójimo reivindicando su dignidad, reflejo del amor de Dios, luchar infatigablemente para que esta dignidad sea afirmada sin ambigüedades, garantizar a todos que la existencia no es irremediablemente trágica, siguiendo al pie de la letra aquello de Pedro: “Al contrario, den culto al Señor, Cristo, en su interior, siempre dispuestos a dar respuesta a quien les pida razón de su esperanza” .10

El verbo soplar, usado por Juan, el “ruah” de la creación, en hebreo, es el mismo que se emplea en Génesis : “Entonces Yahvé Dios modeló al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente” .11 Ahora Jesús, con su aliento pascual, les comunica el Espíritu que da Vida. La condición de ser humano material se transforma, gracias a esto, en alguien que vive en el Espíritu. Esa vitalidad es la capacidad de amar como amó Jesús, es la que saca de la opresión, de la oscuridad del egoísmo y lo constituye en varón-mujer, dato inequívoco de la nueva creación.

El Espíritu nos da el criterio para discernir las actitudes que se derivan de esa vida: la comunidad vivida en serio, la radical projimidad de unos y otros, el trabajo denodado por la justicia y la dignidad, la negativa rotunda a los poderes del mundo, el rechazo total de los ídolos que esclavizan, la pasión amorosa por el ser humano, la capacidad de ir a lo esencial de la vida dejando de lado las ataduras que impiden la libertad, la total configuración con Jesús.

Hechos de los Apóstoles – primera lectura – y 1 Juan – segunda – nos dan claras señales de la Pascua: “La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y un solo espíritu. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo lo tenían en común” , 12y “Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a aquel que da el ser amará también al que ha nacido de él. En esto podemos conocer que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos” .13

Ser pastores con olor a oveja, como dice Francisco tan reiteradamente, hacer que la Iglesia se despoje de privilegios y poderes, renunciar a pompas y a lejanías rituales, tornarse Iglesia servidora, genuinamente ministerial, encarnarse en las dramáticas realidades de las víctimas, asumir con tenacidad la dimensión profética, no transigir con las injusticias y afrentas al ser humano, estar dispuestos a correr el riesgo de la cruz, tener la capacidad de responder con profundidad a los interrogantes humanos por el sentido de la vida, son efectos del espíritu pascual.

Estamos matriculados en esta perspectiva, tenemos la osadía de dejarnos llevar por el Espíritu para que todo esto se haga esperanzadora realidad? El asunto del Resucitado realmente determina nuestros proyectos de vida?

O, más bien, somos como el incrédulo Tomás, el de la segunda parte del evangelio de hoy, cuya fe se quedó anclada en una figura del pasado y no tuvo la luminosidad para descubrir al Señor en la comunidad de hombres y mujeres transformados y entusiasmados, sus propios compañeros de camino? Tomás no estuvo abierto al testimonio de sus hermanos!

La incredulidad no es cuestión empírica, se trata de la visión interiorizada que cada uno tiene, la de Tomás demanda una prueba experimental, no dio el salto cualitativo de la Pascua, no creyó a los suyos, no dio crédito a su comunidad. Sin una experiencia personal, vivida en el seno de la Iglesia, es imposible acceder a esa novedad de vida que nos comunica el Señor. Si no vivimos en la Buena Noticia , aunque Jesús esté vivo, no hemos resucitado.

También son incredulidades la primacía de intereses egoístas en contra de los comunitarios, el estilo de vida basado en el consumismo, la seducción por el vano honor del mundo, soberbia religioso-moral, incapacidad para sintonizar con la realidad histórica, el tipo de cristianismo que se limita a los deberes rituales y a las creencias teóricas, sin dejar que el Espíritu del Resucitado pase definiendo una vida nueva en Jesús: “Luego, el segundo anuncio de Pascua: la fe no es un repertorio del pasado. Jesús no es un personaje obsoleto. El está vivo ahora. Camina contigo cada día, en la situación que te toca vivir, en la prueba que estás atravesando, en los sueños que llevas dentro. Abre nuevos caminos donde sientes que no los hay, te impulsa a ir contracorriente con respecto al remordimiento y a lo ya visto. Aunque todo te parezca perdido, por favor déjate alcanzar por su novedad: te sorprenderá”. 14



1 Juan 20: 19

2 Ver el capítulo El miedo en los primeros discípulos de Jesús en el libro de CABESTRERO, Teóiflo. Por qué tanto miedo? Desclée de Brower. Bilbao, 2011; páginas 161-187. GONZALEZ CRUCHAGA, Carlos (Obispo de Talca, Chile 1967-1996). Carta pastoral Del miedo a la esperanza. Talca, 1988. BRAVO ALVAREZ, Gonzalo. El discipulado post-pascual. Publicado en revista VERITAS volumen 4 número 20 marzo, 2009; páginas 9-28. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile.

3 SICRE, Emmanuel. Contar la experiencia del misterio pascual. Trabajo de grado para optar al titulo de teólogo. Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Teología. Bogotá, 2016. ALEGRE , Xavier. La resurrección de Jesús esperanza para los pueblos crucificados. https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1445/1/RLT-2008-075-B.pdf PAGOLA, José Antonio. Creer en el resucitado: esperar en nuestra resurrección. Sal Terrae. Santander, 1991. LEHMANN, Karl. Jesucristo resucitado, nuestra esperanza. Sal Terrae. Santander, 1982. TORRES QUEIRUGA, Andrés. Repensar la resurrección. Trotta. Madrid, 2009.

4 Juan 20: 19-21

5 SCHYLLEBECKX, Edward. Jesús, historia de un viviente. Trotta. Madrid, 2010.

6 ALEGRE , Xavier. La Iglesia que nace de la Pascua. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1547/RLT-2010-080-B.pdf LOHFINK, Gerhard. La Iglesia que Jesús quería. Desclée de Brower. Bilbao, 1986. Ver el capítulo La fundamentación de la Iglesia en PIE-NINOT, Salvador. Eclesiología: la sacramentalidad de la comunidad cristiana. Sígueme. Salamanca, 2006; páginas 101-175.

7 Juan 20: 21-23

8 ARREGUI, José. Qué significa la Pascua de Jesús? Publicado en Cuadernos de Teología Deusto

9 ESTRADA, Juan Antonio. Para comprender cómo surgió la Iglesia. Verbo Divino. Estella, 2001. Es recomendable repasar el documento conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Aparecida Brasil mayo 2007. Todo el documento destaca el aspecto esencial del discipulado, del modo de vida de los seguidores de Jesús.

10 1 Pedro 3: 15

11 Génesis 2: 7

12 Hechos 5: 32

13 1 Juan 5: 1-2

14 Papa FRANCISCO. Homilía en la Vigilia Pascual, sábado 3 de abril de 2021.

domingo, 4 de abril de 2021

COMUNITAS MATUTINA 4 DE ABRIL 2021 DOMINGO DE PASCUA Ciclo B

 

Y nosotros, los apóstoles, somos testigos de todo lo que él hizo por toda Judea y en Jerusalén. Lo mataron, colgándolo de una cruz, pero Dios lo resucitó al tercer día”

(Hechos 10: 39)

Lecturas:

  1. Hechos 10: 34-43

  2. Salmo 117

  3. Colosenses 3: 1-4

  4. Juan 20: 1-9



En la historia de Jesús se rompen muchos paradigmas, como el exclusivismo religioso del judaísmo de su tiempo, como la afirmación tajante de la ley por encima del ser humano, como la imagen de un Dios implacable y vengativo, como el sentimiento de superioridad religioso-moral profesado por los dirigentes y sabios de ese judaísmo, como el desconocimiento de la universalidad de las culturas y la diversidad de los modos de ser y de pensar, como el desprecio por los condenados de la tierra, como la religión reducida a un cuerpo de prácticas rituales desconectadas de la realidad.

Jesús es la sorpresa de Dios,1 no brillo repentino, él sorprende porque lo suyo está destinado a reencantar al ser humano y a retornarle el perdido sentido de la vida y la esperanza que intentan destruír los poderes del mundo. La clave de esta sorpresa tiene su cimiento en la Pascua, en su vida que no se acaba , en la vigencia de su causa, en la confrontación a los poderes políticos y religiosos que se empeñaron en reducirlo a la nada. En esta capacidad de transformar los modelos religiosos vigentes hasta entonces está Dios, a quien él vive y experimenta como Padre, Dios es el garante de esta novedad cualitativa.2

Estos señores de la muerte , inicialmente “victoriosos”, saltaron de ira cuando vieron a ese puñado de últimos, discípulos y seguidores de su proyecto, transformarse definitiva y cualitativamente y lanzarse con entusiasmo a proclamar que ese crucificado ahora está resucitado, y que la saña con la que fue juzgado y condenado no pudo tener la última palabra sobre su vida y su misión.

En Hechos de los Apóstoles, que tendremos como primera lectura durante todo este tiempo de Pascua, vamos a encontrar diversas proclamaciones por parte de los discípulos, en las que anuncian que el ser humano histórico llamado Jesús de Nazareth, que pasó comunicando a Dios como Padre de misericordia y realizando señales para reivindicar a los más pobres, que llenó de esperanza y dignidad a muchos fracasados, que no compaginó con el modo religioso de escribas y fariseos, que se indignó con sus falacias e hipocresías, que fue tildado de blasfemo y condenado a la ignominia de la cruz, es ahora el Viviente por excelencia,3 y que el mismísimo Dios se ha constituído en el garante y legitimador de todo este revolucionario ministerio: “Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron, colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que El había designado: a nosotros que hemos comido y bebido con El después de su resurrección” .4

Pedro, poseído ahora de esa lógica pascual, anuncia que lo realizado en Jesús supera las fronteras del estrecho mundo judío, rebasa el templo y las sinagogas, y se torna en noticia universal, que invita a todas las razas, a todas las culturas, a todos los estilos humanos, a integrarse en este gran programa de sentido llamado Evangelio, la Buena Noticia que Dios propone a través del Resucitado.5

En este camino caben todas las gentes, los perfectos y los imperfectos, los santos y los pecadores, los del norte y los del sur, los de oriente y los de occidente, los sabios y los rudos, la Pascua de Jesucristo desborda de generosidad teologal y de acogida sin reservas a todo el que quiera enfocar su proyecto de vida por esta ruta de resurrección. El don que Dios hace de sí mismo para salvar al ser humano de la muerte, el pecado y la injusticia, tiene en el Señor Jesucristo su plena definición.

Luego Juan, según el evangelio de este domingo, con sus habituales contrastes luz-tinieblas, mundo-espíritu, verdad-falsedad, nos habla así: “El primer día de la semana, María fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vió la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto” . 6

No es casual que el hallazgo se dé en las brumas del amanecer, no es casual que sea ella, mujer cuya vida fue resignificada por su encuentro con Jesús, pasando de la oscuridad a la luz, del mundo de la mentira a la verdad liberadora, la primer testigo de la Pascua, porque Dios no suele acontecer en quienes presumen de perfectos.7

Los discípulos, débiles, derrotados, temerosos de ser también ajusticiados, habían puesto pies en polvorosa, su débil comprensión del reino de Dios y su justicia, las muchas decepciones que causaron al maestro, los hacían ver como un grupo irrelevante, con uno de los suyos como traidor, y ahora con su líder muerto, un colectivo de perdedores.

Pero, gracias a Dios – hay que afirmarlo con entera pasión por la verdad - las cosas no concluyeron ahí. En ellos se opera el prodigio pascual, no la reanimación de un cadáver, ni la demostración objetiva de un prodigio que altera las leyes de la naturaleza, sino el milagro de la nueva humanidad, el replanteamiento radical de sus vidas mediocres, la realidad de Jesús transformando de raíz sus motivos vitales,8 sus actitudes, su quehacer, ahora constituídos en los pioneros de esa tarea de anunciar a todos que en el Dios revelado en Jesús reside la más definitiva de las esperanzas, la que anula el poder definitivo de la muerte, del pecado, del sin sentido, de la injusticia: “Porque ustedes han muerto, y su vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también ustedes aparecerán, juntamente con El, en gloria” .9

El fuerte y expresivo contenido simbólico de los relatos de la resurrección, es elocuente con respecto al proceso renovador que realizó en ellos el Resucitado: pierden la cobardía, adquieren un coraje inusitado, sus biografías se iluminan, no son santones ritualistas, son gente en misión, anunciando a diestra y a siniestra que la muerte no decide la historia de la humanidad: “Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en El reciben, por su nombre, el perdón de los pecados” . 10

Ese condenado ahora es anunciado con incontenible energía: Dios Padre saca la cara por Jesús, lo legitima en totalidad, su tarea no fue la de un agitador más, quiere esto decir que él sí tenía la razón y no sus perseguidores. Jesús los irritó en vida, y ahora también en su resurrección, porque confronta todo poderío que desata muerte y violencia, toda ideología que se absolutiza a sí misma, toda humillación al ser humano, todo ejercicio tiránico, todo moralismo opresor, toda religiosidad fanática, toda idolatría, toda cultura de la muerte. Con la Pascua, la causa de Jesús adquiere permanencia en la historia y se hace absoluta al proyectarse a la eternidad de Dios, asumiendo al ser humano para que sus deseos de felicidad, sus preguntas por el sentido de la existencia, sus gozos y sus esperanzas, sus tragedias y sus sufrimientos, no sean inútiles faenas sino apasionantes aventuras de plenitud y bienaventuranza.11

Los discípulos – y nosotros con ellos- redescubren en Jesús el rostro de Dios y el rostro de la condición humana: Hijo, Señor, Salvador, Liberador, Redentor, Camino, Verdad, Vida, Alfa y Omega.

Toda la comunidad primitiva de resucitados lo sigue para arraigar en la historia este proyecto, aún a sabiendas de las muchas interpretaciones erróneas que se han hecho pretendiendo su nombre como aval de las mismas. El seguimiento de Jesús “hace lío”, como dice el Papa Francisco, suscita conflicto, incomprensión, porque incomoda, toca puntos sensibles en los intereses del poder, desvela el pecado y la mentira, remite al ser humano al juicio definitivo de Dios, lo lleva a hacer frente a la verdad de la conciencia, lo desnuda de apariencias y mezquindades.

Desde la Pascua de Jesús estamos llamados a someter a crítica el carácter anodino de muchos lenguajes sobre él, a practicar la ruptura de ciertos estilos cristianos que se han quedado en rituales, prohibiciones, culpas, miedos, comprensiones que empobrecen el vigor del Evangelio, y a recuperar su impacto en la historia y en la apertura a la trascendencia definitiva del ser humano en Dios y en el prójimo.

No se trata de creer en Jesús, sino de creer como Jesús, al estilo de tantos seguidores suyos que han demostrado con coherencia existencial que en él se juega el sentido definitivo de la vida, para que esta no sea definida por los intereses del lucro económico, por el miedo a un Dios vengativo, por unos poderes que pretenden ser dueños de la libertad y de la conciencia de los hombres, sino por el verdadero Dios, inserto en nuestra historia, que hace de Jesús el Señor de la vida, y nos involucra en él de modo irreversible.

Por la ruta del Jesús histórico, por la pasión del Crucificado, caminamos con esperanza siguiendo los pasos del Resucitado, haciendo historia aquello del Apocalipsis: “Entonces ví un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y también el mar. Y ví la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo desde la presencia de Dios, como una novia hermosamente vestida para su esposo” .12

En entrevista concedida al periodista Yamid Amat, en la edición del diario EL TIEMPO del domingo 28 de marzo de 2021, el arzobispo de Bogotá, Luis José Rueda Aparicio,13 dice: “Actualmente, la situación humanitaria en diferentes partes del país es muy difícil. Como nos mencionaron los obispos del Chocó, hay comunidades desplazadas y confinadas. Como Iglesia hacemos un llamado a la sociedad para no perder la esperanza. En medio de la difícil situación que hay en muchos territorios, también hay comunidades y territorios que vienen anunciando la paz y la reconciliación….” 14 Todo el reportaje alude a las graves problemáticas del país, expresando así mismo que es urgente el anuncio del Evangelio de Jesús como Buena Noticia de salvación. En la más saludable tradición del cristianismo, lo que realiza Jesús es liberación integral del ser humano de todo lo que lo hace cautivo de la muerte, de la injusticia, del pecado. Pascua es pasar de la muerte a la vida en Jesucristo, redimir de la inequidad social, de la pobreza, de la marginalidad, hace parte integral del mensaje cristiano.

Salir del sin sentido, del vacío existencial, de la pobreza, de la opresión, conciernen al acontecimiento pascual, histórico y trascendente: “El puso todas las cosas bajo sus pies y lo constituyó, por encima de todo, Cabeza de la Iglesia, que es su Cuerpo y la Plenitud de aquel que llena completamente todas las cosas”. 15

Feliz Pascua de Resurrección!!

1 PRONZATO, Alessandro. La sorpresa de Dios. Sígueme. Salamanca, 1976.

2 JEREMIAS, Joachim . Abba: El mensaje central del Nuevo Testamento. Sígueme. Salamanca, 1989. BUSTO SAIZ, José Ramón. Artículo Jesucristo en Conceptos fundamentales del cristianismo. Trotta. Madrid, 1993; páginas 642-655. Edición coordinada por Casiano Floristán y Juan José Tamayo. GUERRERO, José Ramón. El otro Jesús. Sígueme. Salamanca, 1977. MEIER, John P. Un judío marginal: nueva visión del Jesús histórico; 5 volúmenes. Verbo Divino. Estella, 2008.

3 DUNN, James D.G. Jesús recordado: el cristianismo en sus comienzos. Verbo Divino. Estella, 2016. 3 volúmenes.

4 Hechos 10: 39-41

5 CATALÁ , Toni. La Buena Noticia de Jesús. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2010. PIKAZA IBARRONDO, Xabier. Evangelio de Marcos: la Buena Noticia de Jesús. Verbo Divino, Estella, 2012. SCHYLLEEBECKX, Edward. Jesús, la historia de un viviente. Trotta. Madrid, 2010. PAGOLA, José Antonio. Anunciar hoy a Dios como Buena Noticia. PPC. Madrid, 2016.

6 Juan 20: 1-2

7 BERNABE UBIETA, Carmen. Relevancia de la memoria de María Magdalena como testigo y apóstol. Publicado en revista Cuestiones Teológicas volumen 41 número 96 julio-diciembre 2014 páginas 279-306. Facultad de Teología Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín

8 MARXSEN, Willi. La resurrección de Jesús como problema histórico y teológico. Sígueme. Salamanca, 1978. DURWELL, Francis Xavier. La resurrección de Jesús, misterio de salvación. Sígueme. Salamanca, 1978.

9 Colosenses 3: 3-4

10 Hechos 10: 42-43

11 San JUAN PABLO II. Carta Encíclica Redemptor Hominis. Tipografía Vaticana. Roma, 1979. Esta es la encíclica programática del ministerio de Juan Pablo II como Obispo de Roma y pastor de la iglesia universal 1978-2005.

12 Apocalipsis 21: 1-2

13 Tomó posesión de la sede arzobispal de Bogotá el 11 de junio de 2020.

14 RUEDA APARICIO, Luis José. Arzobispo de Bogotá. Entrevista hecha por Yamid Amat en edición dominical de El Tiempo 28 de marzo 2020, página 1-14.

15 Efesios 1: 22-23

domingo, 28 de marzo de 2021

COMUNITAS MATUTINA 28 DE MARZO 2021 DOMINGO DE RAMOS Ciclo B

 

Llegada la hora sexta, la oscuridad cubrió toda la tierra hasta la hora nona. A la hora nona gritó Jesús con fuerte voz: Eloí, Eloí, lemá sabactaní? , que quiere decir, Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?”

(Marcos 15: 34)

Lecturas:

  1. Isaías 50: 4-7

  2. Salmo 21: 8-24

  3. Filipenses 2: 6-11

  4. Marcos 14:1 a 15:47



En los numerales 101 a 109 del texto de los Ejercicios Espirituales,1 San Ignacio de Loyola propone al ejercitante considerar en su oración el misterio de la encarnación, y lo hace así: “El primer preámbulo es traer la historia de la cosa que tengo de contemplar; que es aquí cómo las tres personas divinas miraban toda la planicia o redondez de todo el mundo llena de hombres, y cómo, viendo que todos descendían al infierno, se determina en la su eternidad que la segunda persona se haga hombre, para salvar el género humano; y así, venida la plenitud de los tiempos, enviando el ángel san Gabriel a nuestra Señora”. 2 Y más adelante: “El primer punto es ver las personas, las unas y las otras; y primero, las de la haz de la tierra, en tanta diversidad, así en trajes como en gestos; unos blancos y otros negros, unos en paz y otros en guerra, unos llorando y otros riendo, unos sanos, otros enfermos, unos naciendo y otros muriendo, etc.3

Con esto quiere decir San Ignacio que Dios-Trinidad se implica de modo comprometido en la realidad existencial de los seres humanos, compromiso salvífico-liberador, inserto en todo lo que nos concierne, lo que nos da felicidad y sentido, los que nos hace sufrir y carecer de sentido de la vida, es Dios uno y trino que “ve” la vida como es, y decide estar en ella , asume la pluralidad de culturas, de creencias, de etnias, de problemáticas. Esto es normativo en la revelación cristiana: nuestro Dios, el que se nos comunica en Jesús, es un Dios entre nosotros, dentro de nosotros, con nosotros, para nosotros. Con este proceder se marca una pauta fundamental para el cristianismo, esta consiste en que el que decida “ejercitarse” en el camino de Jesús también está llamado a implicarse, como él, en la realidad propia y en la de los otros. Vale decir que nuestra fe es una religión con polo a tierra. 4

Con estas consideraciones, esperamos “situarnos” en el contexto de esta semana santa, el tiempo de mayor intensidad religiosa en el mundo cristiano, las iglesias y diversas denominaciones se dedican con fervor a celebrar y hacer memoria de los acontecimientos decisivos de la vida del Señor Jesucristo, su pasión, su cruz, su extrema humillación, su juicio injusto, su muerte crucificada, su pascua, la legitimación de su historia por el Padre Dios, el desconcierto de los discípulos, el ensañamiento de las autoridades romanas y judías, la vida nueva en el Espíritu, las comunidades del cristianismo primitivo, el ímpetu apostólico, la ruptura con el judaísmo, la expansión misionera, la fascinación cristocéntrica de los primeros siglos del cristianismo. Estos hechos, de indiscutible veracidad histórica, son la concreción de la mirada salvífica de Dios

Será esta una repetición de lugares comunes, reafirmación de un pretendido Dios sádico, sediento de sacrificios cruentos, que desea con vehemencia la muerte de su Hijo para aplacar su ira con la humanidad pecadora? O, más bien, serán capaces nuestras comunidades, con sus pastores a la cabeza, de atinar con la Buena Noticia de vida plena y de libertad de la que es portador este Señor, implicado en lo más dramático de la condición humana, encarnado en el reverso de la historia, asumiendo todo el dolor, pecado e injusticia para resignificarlos en clave pascual, en la perspectiva del sentido teologal de la existencia?

Resonarán en estas liturgias el clamor de los pobres del mundo, las tragedias monumentales que afectan a muchos en el mundo como las de Siria, Venezuela, los interminables desequilibrios del Africa subsahariana, Haití, el silencio vergonzante de los condenados morales, el sufrimiento de millones de solitarios, las cifras de fallecidos y contagiados por el covid-19, el vacío existencial de los fanáticos de la sociedad de consumo, la superficialidad de los exitosos y competitivos, la pobreza moral de tantos gobernantes, la perversidad de quienes se ensañan de modo violento contra sus semejantes, la hipocresía de los que se pretenden dueños de la fe y de la moral? Aceptaremos que la cruz de Jesucristo es juicio a los poderes del mundo y profecía de Dios que anuncia el surgimiento de la nueva humanidad?5

Jesús es el lenguaje más contundente con el que Dios garantiza la seriedad con la que El que toma al ser humano, no lo hace de modo triunfalista sino de anonadamiento, de vaciamiento de sí mismo, siguiendo aquella prefiguración con la que Isaías diseña el perfil del Mesías: “El Señor Yahvé me ha abierto el oído , y no me resistí ni me hice atrás. Ofrecí mi espalda a los golpes, mi cara a los que mesaban mi barba, y no hurté mi rostro a insultos y salivazos” .6

Este anticipo del Antiguo Testamento también está asumido por Pablo, quien afirma que: “Tengan entre ustedes los mismos sentimientos que Cristo: el cual, siendo de condición divina, no reivindicó su derecho a ser tratado igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo” .7 La palabra griega kenosis, utilizada en el original griego, significa despojo total de sí mismo, renuncia a toda pretensión de poder y de prestigio, rechazo del vano honor del mundo, ruptura con la vanagloria, identificación con los condenados de la tierra, cruz, soledad.8

Con esta última constatación hay que hacer frente critico a una interpretación que exalta el sufrimiento por sí mismo, que entiende la realidad como valle de lágrimas, que se traduce en un ser humano debilitado por un Dios tirano, sumiéndolo en el morbo de la culpa y en la angustia como modo habitual de estar en la historia. Esto no tiene nada que ver con el querer de Dios y con la originalidad liberadora del proyecto de Jesús. El asunto se entiende y se vive cuando lo integramos desde la perspectiva total de la vida que se ofrece a Dios y a la humanidad, para que esa misma vida se vuelva abundancia de dignidad, de amor, de justicia, de apertura trascendente al Padre y al prójimo.9

Nos encontramos escuetamente con el drama del Señor crucificado, con los muchísimos dramas y crucifixiones del ser humano, con esto se nos conmueven hasta las más hondas raíces del ser . Nunca debemos olvidar que a Jesús lo mataron los jefes del pueblo judío, porque lo rechazaban frontalmente: “Los sumos sacerdotes y el sanedrín en pleno andaban buscando contra Jesús un testimonio para darle muerte, pero no lo encontraban. Eran muchos los que lo acusaban en falso, pero los testimonios no coincidían” .10

A Jesús lo mataron porque denunció con fuerza a las autoridades religiosas que, con su manera de entender la religión, oprimían al pueblo con cargas insoportables y humillantes. El no era un insensato y masoquista que se expuso irresponsablemente a la muerte violenta, tenía claro que sus opciones y sus actuaciones lo hacían potencial víctima del odio político-religioso de los dirigentes y de la animosidad de la turba que se dejaba manipular por sus “guías”, como sigue sucediendo en tantos lugares del planeta, incluído nuestro polarizado país.

La expresión dramática que refiere Marcos es elocuente : “Tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir angustia. Les dijo entonces: mi alma está triste hasta el punto de morir; quédense aquí y vigilen. El se adelantó un poco, cayó en tierra y suplicaba que a ser posible pasara de él aquella hora. Decía: Abbá, Padre! Todo es posible para ti; aparta de mí esta copa, pero no sea lo que yo quiero sino lo que quieres tú “.11 Lo que importa es descubrir las poderosas razones que Jesús tenía para para seguir diciendo lo que tenía que decir y haciendo lo que tenia que hacer, a pesar de que estaba seguro de que eso le costaría la vida , decisión del infamante juicio del sanedrín, con el natural temor propio de su humanidad.

Cuando Jesús comparece ante el tribunal que lo va a juzgar y a condenar, manifiesta con entereza cuál es el fundamento de su conducta: “Entonces, se levantó el Sumo Sacerdote y, poniéndose en medio, preguntó a Jesús: No respondes nada? No oyes lo que estos atestiguan contra ti? Pero él seguía callado y no respondía nada. El Sumo Sacerdote le preguntó de nuevo: Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito? Jesús respondió: Sí, yo soy, y verán al Hijo del hombre sentado a la diestra del poder y venir entre las nubes del cielo. El Sumo Sacerdote se rasgó las túnicas y dijo: Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acaban de oír la blasfemia. Qué les parece? Todos juzgaron que era reo de muerte” .12

Poner a Dios como aval de todo su actuar, equipararse a El,13 es gravísimo delito para la religión judía, tal pretensión es tenida como blasfemia. En Jesús esto es postura existencial, pone en tela de juicio la lógica religiosa y moral del judaísmo de ese tiempo, relativiza su capacidad de mediación y abre a una nueva perspectiva que está en el mismo Jesús, con lo que se rompe definitivamente la sacralidad de ese establecimiento.

Con la pasión de Jesús , Dios asume la tragedia de la condición humana, sus múltiples crucifixiones, sus padecimientos del mal decidido por otros, su pregunta permanente por el sentido último de la vida, la incertidumbre que producen los muchos sufrimientos, pero también la búsqueda permanente de las mejores razones para la esperanza. Por eso no podemos seguir explicando esta muerte como el rescate exigido por Dios para aplacar la deuda del pecado. Una interpretación así desconoce la idea de Dios que Jesús desplegó en su vida. Un Dios que es Padre-Madre amoroso no casa con el señor implacable que exige sin piedad que se le pague hasta el último centavo de la deuda.

Para los discípulos la muerte de Jesús fue una conmoción que, aunque inicialmente los dejó en derrota, luego los llevó al descubrimiento de su genuino ser. Esto implicó un proceso de maduración interior, la fe pascual que les permitió encontrar que el hombre Jesús de Nazareth fue exaltado como el Señor, el Mesías, el Cristo, el Hijo, realidad que se dio como resultado de una evolución en la que el Espíritu suscitó esa experiencia que es el punto clave de la fe: la Pascua.

Por todo esto: “Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre” .14





1 SAN IGNACIO DE LOYOLA. Ejercicios Espirituales . Introducción y notas al texto elaboradas por Ignacio Iglesias SJ. San Pablo. Madrid, 1996. Conviene recordar que el texto ignaciano fue escrito en el castellano del siglo XVI, en la buena lógica de respetar la originalidad del autor se mantienen su dicción y su escritura.

2 Ibidem, número 102.

3 Ibidem, número 106.

4 SCHOONENBERG, Piet. Un Dios de los hombres. Herder. Barcelona, 1968. GESCHÉ, Adolphe. Dios para pensar VII: el sentido. Sígueme. Salamanca, 2004. CASTILLO, José María. La humanidad de Dios. Trotta. Madrid, 2012. La humanización de Dios. Trotta. Madrid, 2012. La humanidad de Jesús. Trotta. Madrid, 2017.

5 Ver en PAGOLA, José Antonio. Jesús, aproximación histórica el capítulo 13 Mártir del Reino de Dios. PPC. Madrid, 2007; páginas 371-410. BROWN, Raymond. La muerte del Mesías: desde Getsemaní hasta el sepulcro. 2 volúmenes. Verbo Divino. Estella, 2006. BOVON, Francois. Los últimos días de Jesús: textos y acontecimientos. Sal Terrae. Santander, 2007. SCHÜRMAN, Heinz. Cómo entendió y vivió Jesús su muerte? Sígueme. Salamanca, 1983. VARONE, Francois. El Dios sádico: ama Dios el sufrimiento? Sal Terrae. Santander, 1988.

6 Isaías 50: 5-6

7 Filipenses 2: 5-7

8 MOLTMANN, Jürgen. El Dios crucificado: la cruz de Cristo como base y critica de la teología cristiana. Sígueme. Salamanca, 1985. GALEANO, Adolfo. El paradigma cristiano de pensamiento: la revolución cultural del cristianismo. Publicado en Revista Cuestiones Teológicas volumen 38 número 90, julio-diciembre 2011; páginas 235-268. Facultad de Teología Universidad Pontificia Bolivariana Medellín. BOFF, Leonardo. Pasión de Cristo Pasión del mundo. Sal Terrae. Santander, 1980. SARDIÑAS IGLESIAS, Loida. Una hermenéutica de la cruz de Jesús desde el realismo político. Publicado en Revista Facultad de Teología Universidad de Santo Tomás 2015, páginas 297-324. Bogotá.

9 SOBRINO; Jon. Jesucristo Liberador: lectura histórico-teológica de Jesús de Nazareth. Trotta. Madrid, 1993. ARREGUI, José. La cruz de Jesús y la salvación. Publicado en Cuadernos de Teología número 25, 2002; páginas 33-39. Universidad de Deusto, Bilbao. ELLACURIA, Ignacio. El pueblo crucificado: ensayo de soteriología histórica. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/47263557.pdf

10 Marcos 14: 55-56

11 Marcos 14: 33-37

12 Marcos 14: 60-64

13 KASPER, Walter. El Dios de Jesucristo. Sigueme. Salamanca, 1982. URÍBARRI, Gabino. Un resumen condensado de la pretensión de Jesús: la respuesta a los discípulos del Bautista (Mateo 11: 2-6 y Lucas 7: 18-23. Publicado en Revista Proyección Teología y Mundo Actual Año 53 número 221 año 2006, páginas 45-70. Madrid.

14 Filipenses 2: 9-11

domingo, 21 de marzo de 2021

COMUNITAS MATUTINA 21 DE MARZO 2021 DOMINGO V DE CUARESMA Ciclo B

 

Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto”

(Juan 12: 24)



Lecturas:

  1. Jeremías 31: 31-34

  2. Salmo 50

  3. Hebreos 5: 5-9

  4. Juan 12: 20-33

Entregar la propia vida para que haya vida en abundancia, dar todo de sí sin reservarse nada, ofrecer todo el ser para que reinen la dignidad y la justicia, desgastarse por amor, comprometerse hasta las últimas consecuencias en nombre del máximo ideal de Dios que es la plenitud del ser humano, histórica y trascendente, es la apuesta radical de Jesús,1 y, en consecuencia, es el referente decisivo de la existencia cristiana. Este es el planteamiento de la Palabra en el último domingo de cuaresma: estamos dispuestos a seguir a Jesús en este camino, en el cumplimiento de su hora?

Alessandro Pronzato, escritor italiano de textos de espiritualidad, escribe un bello libro titulado “Una monja llamada Agustina”,2 relata la historia de una jovencita muy dispuesta para el servicio en su hogar, desde siempre motivada para consagrarse como religiosa pero obligada a postergar su decisión por motivos familiares, es la hermana mayor y debe hacerse cargo de sus hermanos menores. Una vez cumplidas sus obligaciones, que las hace con gran generosidad, ingresa a una congregación que se dedica al cuidado de enfermos, personas mayores, y deficientes mentales.

Agustina prosigue su vida siempre empeñada en el servicio, lo hace con extrema delicadeza, sin llamar la atención, la suya es una vida oculta, atiende a cada paciente dándole toda la importancia y esmerándose en la práctica de la caridad. Un buen día, uno de estos prójimos tiene un acceso de locura y mata a la santa mujer, que se desvivía por él. En ella se cumple a cabalidad la palabra de Jesús: “Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado. Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que tiene apego a su vida la perderá, y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la vida eterna”. 3

El evangelio de hoy empieza con la petición a los discípulos por parte de unos extranjeros que desean conocer a Jesús, la ciudad de Jerusalén está llena de visitantes, judíos que llegan ante la inminente celebración de las fiestas pascuales, y muchos forasteros atraídos por la natural curiosidad que suscitan los acontecimientos de multitudes, también porque han escuchado hablar de un inusual personaje, Jesús de Nazareth, que suscita grandes entusiasmos y no pocas contradicciones. 4

En el relato de Juan , llegar a Jerusalén tiene una densidad simbólica superior, está asociado con aquello de “Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado” ,5 es el tiempo en el que Jesús va a experimentar las consecuencias de sus opciones y de sus actuaciones, confrontando el establecimiento religioso judío. La subida de Jesús a Jerusalén tiene la connotación del destino definitivo de Jesús, es el lugar de la ofrenda de su vida, el remate de todas sus opciones vitales. 6

Si bien se trata de una festividad exclusivamente judía, la presencia de los griegos-gentiles denota la perspectiva universalista de la misión de Jesús. El evangelista pone allí la expresión para indicar que su ministerio desborda los límites estrechos del ámbito religioso-social del judaísmo, la propuesta de Jesús abarca la humanidad entera, su proyecto es eminentemente universal e incluyente. 7

Una constatación así nos remite a tantas prácticas y grupos religiosos que se sienten destinatarios exclusivos de los beneficios de Dios, elegidos con revelaciones particulares, cultivadores de sentimientos de superioridad con respecto a los que no son como ellos, mentalidad excluyente, moralista, que se siente con derecho a excomulgar a quienes –según ellos – no han merecido el favor divino. Son interminables los grupos cerrados, las sectas, los nuevos gnósticos, los iluminados, que afectan gravemente la comunión de la Iglesia y de la humanidad, con todas sus implicaciones de fanatismo y de fundamentalismo.8

De forma diametralmente opuesta, la lección fundamental que quiere dar Jesús es la del amor oblativo, el amor que da todo lo máximo y que, por ese perderse a sí mismo, es generador de vida en abundancia.

La carta a los Hebreos 9 contiene una excelente reflexión teológica sobre este aspecto esencial para comprender el proyecto de Jesús y lo que esto exige , habla ella de un sacerdocio no entendido como función cultual, como burocracia religiosa, sino como ofrenda total de la vida: “El dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a aquel que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión. Y, aunque era Hijo de Dios, aprendió por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer. De este modo, él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen” . 10

El sacerdocio del templo de Jerusalén era una élite religiosa, dotada de poderes rituales y legales, con un claro sentido de superioridad sobre el resto del pueblo, y con una constante actitud despectiva hacia este por considerarlo incapaz de llegar a las cumbres de la religiosidad , como ellos la entendían, desbordada de minucias rituales y de formalidades externas, y siempre ajena a la humilde conversión del corazón a Dios y al prójimo.

Con Jesús se inaugura una mediación cualitativamente distinta, es la ofrenda de la propia vida, perder esta por amor es la forma de ganarla para la vida plena de Dios, morir a los propios intereses es la genuina manera de vivir, como las de tantos que no han vacilado en implicar su existencia “hasta la muerte y muerte de cruz” para que sus hermanos sean reconocidos en justicia y dignidad, según el querer del Padre.

Así, estamos ante un punto alto de la revelación cristiana. En Jesús, se expresa el acceso de la humanidad a la captación de esta paradoja. El ser humano, asumido por esta mediación redentora y liberadora, se hace capaz de amar, de salir completamente de su intimidad y de darse todo por amor. La auténtica humanidad tiene su fundamento en este des-centramiento. Es la ratificación del mandato de Jesús: “Amense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por aquellos a quienes se ama” .11

Los mártires del cristianismo primitivo, el heroísmo de tantos creyentes que no han vacilado en la denuncia de las arbitrariedades de los poderosos, la solidez testimonial de quienes han comparecido ante tribunales sedientos de venganza, los protectores de la dignidad humana, los servidores de la fe y de la justicia, las vidas inmoladas para afirmar los derechos de sus prójimos. 12

Aquí en Colombia y en el mundo son innumerables los relatos de activistas sociales, dirigentes campesinos y obreros, amas de casa, gentes de a pie, todas ellas empeñadas en un mundo más humano, muchos de ellos en nombre del Evangelio de Jesús. En todos ellos se cumple con creces la advertencia del Señor, el que no cae en tierra y no muere, es infecundo; el que sí, se inscribe en la historia del Señor de la vida.

A qué debemos morir? En esta hora que vive el mundo, aunque se hayan dado tantos adelantos tecnológicos y científicos, se impone reconocer un escandaloso atraso en materia de humanización, la realización de la solidaridad y de la justicia está muy distante de un cumplimiento ideal, los intereses de grandes capitales siguen despojando de sus bienes a la mayoría de la población mundial, la pobreza y el desplazamiento cada vez se hacen más grandes y trágicas, las grandes potencias del mundo y los grupos financieros y productivos sólo velan por sus intereses, mientras su depredación arrolla a muchos y acaba con los recursos naturales, la sociedad de consumo crea paraísos ficticios, la privatización de los servicios sociales para achicar el tamaño del estado maltrata las mayorías empobrecidas.

La inconformidad surge por doquier, muchos movimientos sociales se alzan contra el desorden establecido, se imponen nuevos dinamismos que impacten de raíz tanta injusticia y malignidad. La voz del Papa Francisco, y con él la de los nuevos genios éticos de la humanidad, se alzan para confrontar los abominables ídolos del poder y del dinero, la invitación de Jesús a ser granos de trigo fecundos cobra exigente actualidad. No es posible desperdiciar la vida en el confortable individualismo de una sociedad ahogada en el bienestar de unos pocos, se requieren con urgencia hombres y mujeres solidarios y compasivos, granos de trigo dispuestos a caer en la tierra para fecundarla con esperanza, sentido de la vida, libertad, y salvación definitiva.

Es Jesús un icono de arqueología religiosa, cuya memoria se celebra por simple inercia de los siglos? O su vida, su palabra, su cruz, su amor desmedido, siguen interpelando nuestra indiferencia? Qué quieren decir hoy sus palabras: “Ahora ha llegado el juicio de este mundo, ahora el príncipe de este mundo será arrojado afuera; y cuando yo sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí” .13

Como dice Jeremías: “Esta es la Alianza que estableceré con la casa de Israel, después de aquellos días – oráculo del Señor – pondré mi Ley dentro de ellos, y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo” . 14 Este compromiso, cuya aspiración es la de ser indisoluble, tiene su punto cimero en aquellos que se disponen a dar la vida, a ser grano de trigo semilla de justicia, a no quedarse en sus indiferentes refugios, a dejarse crucificar como Jesús, a no sumergirse en un cristianismo tibio y opaco. Quien toma en serio a Jesús, toma en serio su propia humanidad, ella se define por su disposición para salir de sí mismo dando vida y sentido a la vida de los otros, particularmente cuando estas “otredades” hacen parte de los condenados de la tierra. 15









1 MOLTMANN, Jürgen. El Dios crucificado. Sígueme. Salamanca, 1987.

2 PRONZATO, Alessandro. Una monja llamada Agustina. Sociedad de Educación Atenas. Madrid, 1972.

3 Juan 12: 23-25

4 GUERRERO, José Ramón. El otro Jesús. Sígueme. Salamanca, 1986.

5 Juan 12: 23

6 RATZINGER, Joseph BENEDICTO XVI. Jesús de Nazareth: desde la entrada en Jerusalén hasta la resurrección. Encuentro. Madrid, 2011.

7 LUGO G. Héctor Eduardo. Universalidad de la salvación y teología incluyente. Publicado en Theologica Xaveriana número 138 año 2001, páginas183-192. Facultad de Teología Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá. DUPUIS, Jacques. Hacia una teología del pluralismo religioso. Sal Terrae. Santander, 2001.

8 BOSCH, Juan. Para conocer las sectas. Verbo Divino. Estella, 2003. GALINDO, Florencio. El protestantismo fundamentalista en América Latina. Verbo Divino. Estella, 1992. SAMPEDRO, Francisco. Sectas y otras doctrinas en la actualidad. Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM. Bogotá, 1992.

9 VANHOYE, Albert. La carta a los Hebreos. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2008; Sacerdotes antiguos, sacerdotes nuevos según el Nuevo Testamento. Sígueme. Salamanca, 1989; El mensaje de la carta a los Hebreos. Verbo Divino. Estella, 1987.

10 Hebreos 5: 7-9

11 Juan 15: 12-13

12 TOJEIRA, José María. El martirio ayer y hoy: testimonio radical de fe y justicia. UCA Editores. San Salvador, 2005. RICCARDI, Andrea. El siglo de los mártires. Encuentro. Madrid, 2010. CARDENAL, Rodolfo. Vida, pasión y muerte del jesuita Rutilio Grande. UCA Editores. San Salvador, 2016. WHITFIELD, Teresa. Pagando el precio: el asesinato de los jesuitas en El Salvador. UCA Editores. San Salvador, 2006.

13 Juan 12: 31-32

14 Jeremías 31: 33

15 FAZZARI, Jorge. Don de sí mismo y Comunión: una doble clave para una síntesis teológico-espiritual. Publicado en Revista de Teología Tomo LV número 125 2018. Facultad de Teología Universidad Católica Argentina. Buenos Aires. PELAEZ, Jesús. La propuesta de solidaridad de Jesús de Nazareth: el buen samaritano. En https://www.servicioskoinonia.org/relat/297.htm

Archivo del blog