domingo, 13 de junio de 2021

COMUNITAS MATUTINA 13 DE JUNIO 2021 DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B

 

“……pero una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan con su sombra”

(Marcos 4: 32)

Lecturas:

  1. Ezequiel 17: 22-24

  2. Salmo 91

  3. 2 Corintios 5: 6-10

  4. Marcos 4: 26-34

Jesús fue un maestro para iniciar a sus oyentes en las realidades del Reino de Dios y su justicia, su gran estrategia pedagógica estuvo en las parábolas, con imágenes y ejemplos tomados de la vida real de sus gentes, netamente domésticas, provenían de la vida del hogar, de la cocina, de la pesca, del pastoreo, de las siembras y cosechas, la transmisión de esta sabiduría la hacía con extraordinaria sencillez. Una parábola es un arco que se eleva por el aire y cae justo en su objetivo, evadiendo obstáculos, concentrándose en su meta. 1 Jesús marca un contraste notable con las complejas y abstractas explicaciones que hacían los maestros de la ley sobre la Torah 2 y demás tradiciones religiosas del judaísmo, su didáctica era de una claridad incuestionable, parte muy importante de su lógica de preferencia con los sencillos y humildes. Las cosas de Dios son serias, sí, pero son para todos, a ellas no se accede por elucubraciones inaccesibles sino por la feliz simplicidad de la vida cotidiana.3

El Papa Francisco es un catequista, maestro en el lenguaje nítido y cercano a todos los humanos, sus mensajes frecuentes, hablados y escritos, se caracterizan por la transparencia. Con frecuencia alude a catequistas y predicadores para que la comunicación de la Buena Noticia de Jesús sea así, es una propuesta para contagiar, para atraer, para seducir, para enamorar: “El predicador necesita también poner un oído en el pueblo, para descubrir lo que los fieles necesitan escuchar. Un predicador es un contemplativo de la Palabra y también un contemplativo del pueblo. De esa manera, descubre las riquezas y los límites, las maneras de orar, de amar, de considerar la vida y el mundo, que distinguen a tal o cual conjunto humano, prestando atención al pueblo concreto con sus signos y símbolos, y respondiendo a las cuestiones que plantea. Se trata de conectar el mensaje del texto bíblico con una situación humana, con algo que ellos viven, con una experiencia que necesite la luz de la Palabra”.4

Si el Evangelio es para ser vivido y para llenar de sentido la existencia de quienes se interesan en él, su lenguaje debe ser plenamente experiencial, capaz de mover mentes y corazones. En este domingo el texto del evangelio de Marcos plantea dos “monumentos” de esa pedagogía: la semilla que crece por sí sola y el grano de mostaza, los asimila a la capacidad de abundancia que tiene el Reino de Dios, surge en lo que a ojos humanos parece insignificante y poco a poco fecunda la vida, crece, satisface, llena, se transmite con entusiasmo, se traduce en resultados maravillosos de espiritualidad, humanismo, justicia, solidaridad.

La parábola de la semilla que crece por sí sola ilustra la fuerza irresistible del Reino , cuya mejor manifestación se representa por las espigas maduras que se recogen en la cosecha después de la siembra: “La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, él aplica enseguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha”. 5

La parábola del grano de mostaza establece un contraste entre un comienzo aparentemente pobre e irrelevante y un final en el que la explosión de vida es sorprendente y maravillosa. Es lo que sucede con el Reino , cuyo secreto poder ya se ha hecho presente en el ministerio de Jesús, y en tantas personas que sin rodeos se dejan seducir por su invitación: “Con qué podríamos comparar el reino de Dios? Qué parábola nos servirá para representarlo? Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas…..”6

Una reflexión que nos surge sobre las dos imágenes es esta: el proceso de configurar nuestra humanidad con el proyecto de Jesús, si bien es exigente y altamente comprometedor, no tiene que convertirse en aprendizaje de reglamentos y rituales, sino en una amorosa seducción, un enamoramiento, en el que el mismo amor encanta, desarma toda complicación, seduce, hasta manifestarse en la novedad de un ser humano que relata felizmente el amor de Dios, haciéndose fraterno, hombre y mujer de comunión, justicia y solidaridad. 7

En las parábolas de Jesús el tema central es el Reino de Dios y todo lo que este implica; es la pasión dominante en su misión pública , es su causa, a la que entregó la totalidad de su vida, por la que fue llevado a la muerte cruenta que padeció. Es el nuevo orden de vida que parte de Dios, que lo revela como Señor de compasión y de misericordia, como el que acoge sin restricciones a todos los seres humanos, principalmente a los últimos del mundo, como el que promueve la dignidad y la libertad de estos y de muchos, como el que no sofoca con normativas casuísticas tan pesadas como las que regían en el judaísmo de ese tiempo. El Reino de Dios es la nueva humanidad que surge con Jesús. 8

Este recuerdo es esencial para que se mantenga vigente la Buena Noticia, para que esta no sea oscurecida por las frecuentes prácticas eclesiásticas que eclipsan el Reino en la vida de la Iglesia. Cuando toma las riendas el aspecto institucional de la Iglesia, y con ello el mundo jurídico-ritual, cuando las catequesis y predicaciones andan embebidas en pecados, culpas, infracciones, y anuncios de un Dios castigador, se echa a pique la originalidad del proyecto de Jesús. Esto hace que muchos afirmen “Jesús sí, Iglesia no”, en un reduccionismo que también afecta negativamente todo el esfuerzo de comunicar la lógica del Reino.9

La Iglesia tiene su sentido pleno cuando el contenido de su teología y de su práctica pastoral están llenos del Reino de Dios, cuando es Iglesia en salida, cuando sus pastores huelen a oveja, cuando utiliza un lenguaje accesible a todos, cuando acompaña a las comunidades en sus gozos y esperanzas, también en sus sufrimientos y aflicciones, cuando es Iglesia de comunión y participación, cuando acoge a todos, cuando plantea claras las exigencias del seguimiento de Jesús de modo persuasivo y estimulante. 10

Siguiendo la inspiración de estas parábolas de Marcos tenemos que advertir que el surgimiento del Reino se da a partir de lo sencillo, de lo elemental, lo que no significa que se trate de procesos superficiales. Las experiencias intensas de Dios y de su dinamismo liberador surgen en contextos aparentemente irrelevantes. Por ejemplo, San Ignacio de Loyola 11, en su juventud arrogante capitán de los ejércitos reales de Castilla y de León, sufrió una grave herida en una batalla que lo llevó a retirarse de la vida militar. En su convalecencia, deprimido y desesperado por no tener nada qué hacer y abatido por un gran sentimiento de fracaso, pidió a su cuñada unos libros de caballerías, probablemente Amadís de Gaula o algo semejante; ella, al no encontrar nada de lo que Ignacio pedía, le trajo una vida de Jesús y otro de vidas de santos, esta lectura que inicialmente le resultó insípida se convirtió en la coyuntura para que nuestro hombre accediera a la visión teologal de la existencia. 12 Este incidente empezó con la herida en mayo de 1521, en este 2021 hacemos memoria de los 500 años de esta conversión. Ignacio fue un auténtico exponente del Reino de Dios y su justicia.

En la primera lectura de hoy, el profeta Ezequiel compara la acción de Dios con la de un campesino que reforesta las cumbres desérticas con cedros notables por su belleza y tamaño. El nuevo Israel, en la visión del profeta, será un brote joven plantado en la cima de los montes, atrás quedarán la vanidad de la monarquía y su avidez de poder. El profeta tiene la esperanza de que su pueblo renazca luego del exilio y perdure como lo hacen los duraderos cedros: “Y todos los árboles del campo sabrán que yo, el Señor, humillo al árbol elevado y exalto al árbol humillado, hago secar al árbol verde y reverdecer al árbol seco. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré”. 13

Las parábolas de Jesús hablan, en el caso de hoy, desde la perspectiva de los arbustos que pueden crecer en nuestros jardines sin necesidad de derribar la casa o de secar las otras plantas, como sí sucedería si se tratara de árboles grandes. La primera parábola habla de la fuerza interna de la semilla, que opera sin que el agricultor lo note, es el dinamismo propio del Reino que gradualmente asoma en nosotros hasta convertirse en proyecto de vida. Si la semilla encuentra terreno propicio, florecerá. El campesino -nosotros! – aportará lo mejor preparando el terreno para que la semilla germine y se haga fuerte.

El cambio de prioridades que aquí se opera – conversión le llamamos – no suele darse mediante acontecimientos espectaculares. De modo discreto el Espíritu entra en nuestro interior, va fecundando nuestro ser, hasta que lo hacemos consciente e irrumpe en nosotros la novedad radical del Reino, el mismo Jesús que se hace la norma constitutiva de nuestra existencia.14

Cómo vivir este silencio germinal del Reino en estos tiempos de pandemia? Cómo las injusticias sociales que mueven la protesta en Colombia también florecen en nosotros para convertirnos a las nobles causas de solidaridad y de justicia? Cómo nos dejamos convertir por el clamor de quienes padecen tantas exclusiones y ofensas a su dignidad? Cómo somos tierra buena para que las semillas de la nueva vida de Dios florezcan en nuestra mente y en nuestras conductas?

1 DE LA TORRE GUERRERO, Gonzalo. Las parábolas que narró Jesús: la revolucionaria revelación de la conciencia de Jesús. Ediciones Fundación Universitaria Claretiana. Quibdó, 2009. LEON-DUFOUR, Xavier. Estudios de evangelio: análisis exegético de relatos y parábolas. Cristiandad. Madrid, 1987. MESTERS, Carlos. Las parábolas de Jesús. Verbo Divino, Estella, 2008. RUIZ DE GALARRETA, José Enrique. Para leer el reino en parábolas. Verbo Divino. Estella, 2006. MARTINI, Carlo María. Por qué Jesús hablaba en parábolas? Verbo Divino. Estella, 2009.

2 La Torah es el cuerpo legislativo del judaísmo, atribuído a Moisés en esta tradición, para los judíos contemporáneos de Jesús esta normativa es de riguroso cumplimiento, es milimétrica en sus prescripciones, prohibiciones y sanciones.

3 MONROY, Benjamín OFM. Recuperar lo que no brilla, lo humilde y sencillo. En https://www.antoniano.org/public/pua/dispense/4.%20Monroy.Lohumilde.pdf

4 PAPA FRANCISCO. Exhortación Apostólica La Alegría del Evangelio Evangelii Gaudium, número 154. Paulinas. Bogotá, 2013.

5 Marcos 4: 28-29

6 Marcos 4: 30-32

7 TRIGO, Pedro. No el lenguaje de la ley sino el de la vida. En su libro Jesús nuestro hermano: acercamientos orgánicos y situados a Jesús de Nazaret, páginas 79-87. Sal Terrae. Santander, 2018. GONZALEZ-FAUS, José Ignacio. Acceso a Jesús. Sígueme. Salamanca, 1979. RIUS-CAMPS, J. El éxodo del hombre libre. El Almendro. Córdoba, 2000. CARDONA RAMÍREZ, Hernán Darío. Una parábola optimista: prospectiva de Marcos 4: 30-32. En Theologica Xaveriana número 151 páginas 469-484. Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Teología. Bogotá, 2004.

8 GONZÁLEZ-FAUS, José Ignacio. Reino de Dios, fe y justicia. En https://www.repositorio.uca.edu.ni/4272/1/Reino%20de%Dios%2C%20fe%20y%20justicia.pdf PIXLEY, Jorge. Reino de Dios. Aurora. Buenos Aires, 1977.

9 GALEANO ATEHORTÚA, Adolfo OFM. Una eclesiología histórico-escatológica para la postmodernidad. En Revista Cuestiones Teológicas volumen 44 número 102 páginas 397-421. Universidad Pontificia Bolivariana, Facultad de Teología. Medellín julio-diciembre 2017. MUÑOZ LÓPEZ, Julio. Dios sí, Iglesia no: respuestas fáciles a preguntas difíciles para jóvenes. Edición Kindle. Amazon, 2018.

10 CASTILLO, José María. La Iglesia y el Reino de Dios. En https://www.repositorio.uca.edu.ni/3609/1/La%20Iglesia%20y%20el%20reino%20de%20Dios.pdf

11 1491-1556, fundó la Compañía de Jesús en 1540. TELLECHEA IDÍGORAS, José Ignacio. Ignacio de Loyola, solo y a pie. Sígueme. Salamanca, 1997. CACHO NAZÁBAL, Ignacio. Iñigo de Loyola, ese enigma. Mensajero. Bilbao 2007.

12 CRISTANCHO SOLANO, Diego. La conversión como fundamento de un proceso: la mutación en San Ignacio de Loyola. Tesis para optar al título de licenciado en teología espiritual. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2017. En https://www.repositorio.comillas.edu/jspui/bistream/11531/25048/1/DEA000172.pdf RIBADENEIRA, Pedro. Vida de San Ignacio de Loyola. Apostolado de la Prensa. Madrid, 1951. ELORRIAGA, F. Las heridas de San Ignacio. Mensajero. Bilbao, 2010.

13 Ezequiel 17: 24,

14 CASTILLO, José María & ESTRADA, Juan Antonio. El seguimiento de Jesús. Sígueme. Salamanca, 1988. TUNC, Suzanne. También las mujeres seguían a Jesús. Sal Terrae. Santander, 1999. DUNN, James. La llamada de Jesús al seguimiento. Sal Terrae. Santander, 2000.

domingo, 6 de junio de 2021

COMUNITAS MATUTINA 6 DE JUNIO 2021 SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y DE LA SANGRE DE CRISTO CICLO B

 

Tomen, este es mi cuerpo…Esta es mi sangre de la alianza que es derramada por muchos”

(Marcos 14: 22 y 24)

Lecturas:

  1. Exodo 24: 3-8

  2. Salmo 115

  3. Hebreos 9: 11-15

  4. Marcos 14: 12-16 y 22-26

Aunque parezca bastante desafiante y heterodoxo el ejemplo siguiente, nos parece que una buena introducción al asunto esencial de la eucaristía en la vida de la Iglesia nos lo brinda la expresión del sacerdote Camilo Torres Restrepo1 cuando tomó la decisión de pedir la dispensa de su compromiso sacerdotal, sin abandonar en lo íntimo de su ser el deseo de ser siempre un ministro de la Iglesia: “He dejado de decir misa para realizar este amor al prójimo en el terreno temporal, económico y social. Cuando mi prójimo no tenga nada contra mí, cuando haya realizado la revolución, volveré a ofrecer misa si Dios me lo permite. Creo que así sigo el mandato de Cristo: si traes tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar y anda, reconcíliate primero con tu hermano ,2 y entonces ven y presenta tu ofrenda”.3

Podemos no estar de acuerdo con la decisión del padre Camilo, especialmente cuando sabemos que su siguiente paso fue ingresar a la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional ELN en octubre de 1965, grupo armado que ha traído muchos males a Colombia. Lo que nos interesa esclarecer es que él estaba invocando la autenticidad de la eucaristía en esa Colombia muy católica de los años sesenta y muy afectada, como hoy, por las injusticias sociales y por la escandalosa pobreza de muchos colombianos. Celebrar la eucaristía sin llenarla de un contenido de fraternidad y solidaridad es para él una profanación del sacramento. Esta evocación nos lleva a pensar en cuántas veces participamos en ella de modo individualista, con el corazón no convertido a Dios y al prójimo, con claras responsabilidades de nuestra parte en materia de injusticia y de desconocimiento de la implicación comunitaria del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, cuya feliz realidad celebra la Iglesia en este domingo. 4

Qué decir de tan entrañable y definitivo sacramento en esta Colombia herida por la violencia, por los desencuentros entre el pueblo y sus gobernantes, por sus 21 millones de ciudadanos empobrecidos, por las muchas injusticias que aquí se cometen. Cómo celebrar la eucaristía con autenticidad evangélica, eclesial y social, en nuestro país?

Los sacramentos son signos que se refieren a realidades trascendentes, de carácter definitivo para la plenitud humana, que habitualmente no pueden entrar a través de nuestra percepción sensorial. Estos signos – el agua, los óleos, el pan, el vino, para señalar los más conocidos – nos remiten a lo significado, a aquella realidad proveniente de Dios que se vale de un lenguaje humano para comunicar la eficacia gratuita de sus dones, que nos hacen mejores personas según el modelo central que es el mismo Jesús.5

José María Castillo es un teólogo español, de avanzada eclesial, siempre preocupado porque el lenguaje y prácticas de la fe y de la pastoral pierden su fuerza transformadora, se convierten en rituales desconectados de la realidad existencial. A este asunto dedica un denso libro llamado “Símbolos de libertad: teología de los sacramentos”, escrito en 1980.6 Su pretensión es estudiar el sentido profundo de los sacramentos , en general y en particular de cada uno de ellos, remontarse a la tradición bíblica, someter a revisión crítica las deformaciones de interpretación y de vivencia cotidiana, y rescatar esa originalidad eficaz de Jesucristo que se implica en la realidad humana, histórica, para liberarla de sus ambigüedades, siempre asumiendo que lo humano es el canal de significación para remitirnos al contenido original de vida de Dios en nosotros y de humanidad nueva, que logramos gracias al mismo Señor que se nos ofrece gratuitamente.

Veamos un breve párrafo del escrito referenciado, que nos ayuda a esclarecer el significado y valor de la realidad sacramental en la vida de la Iglesia: “La iglesia es fiel a Jesús cuando celebra, por la fuerza del Espíritu, los mismos gestos simbólicos que realizó Jesús; cuando se adhiere a su destino y comulga con su vida, cuando perdona los pecados y libera a los hombres de las fuerzas de esclavitud y de muerte que operan en la sociedad, cuando sana las raíces del mal y del sufrimiento que oprimen a todos los crucificados de la tierra. Cuando todo eso no son palabras, sino experiencias reales y concretas, vividas cada día en cada comunidad de fe, entonces cada una de esas comunidades expresa auténticamente tales experiencias mediante los símbolos fundamentales de nuestra fe a los que llamamos sacramentos” . 7

Así, estamos en condiciones de captar que los sacramentos no son magias ni rituales que producen efectos automáticamente. Para asumirlos en toda su profundidad y significado el asunto esencial es la fe en Jesús, no como creencia conceptual, sino como experiencia de transformación de todo lo que somos en El, adquiriendo lo que la genuina tradición cristiana llama la “nueva humanidad”, tema muy constante en los escritos de Pablo. Se trata de tomar conciencia de Jesús y de comprometernos nosotros a ser como él.

El partir el pan forma parte esencial de la esencia del signo. Jesús se hace presente en ese signo, no en la materialidad del pan o del vino, sino en el contenido teologal que se significa. Lo repetimos : es el pan partido, repartido, compartido. Es el mismo Jesús que se deshace de la propiedad de su vida para darla toda sin reservas, ilimitadamente, con el amor que se desborda para participarnos la vitalidad de Dios, y para re-significar una humanidad ambiciosa, mezquina, egoísta, en una humanidad fraternal, solidaria, servicial, de diakonía y de koinonía.8 . Consecuencia primordial de esta lógica es que nuestra vida se debe tornar, como la de Jesús, partida y compartida para bien de todo prójimo, principalmente del que es humillado y ofendido por el pecado de seres humanos egoístas.

El culto que se inaugura con Jesús supera definitivamente el concepto y práctica de la mediación religiosa concebida como un poder asignado a algunos exclusivamente, él mismo es la ofrenda grata a Dios y a la humanidad, es el don de su propia vida para darnos a todos la abundancia de la vida que Dios nos comunica, esta es la novedad del culto que Jesús establece. Este es contenido central de la carta a los Hebreos, de la que se toma la segunda lectura de este domingo: “En cambio, Cristo se presentó como sumo sacerdote de los bienes futuros, oficiando en una tienda mayor y más perfecta , no fabricada por mano de hombre, es decir, no de este mundo. Y penetró en el santuario, una vez para siempre, no presentando sangre de machos cabríos ni de novillos, sino su propia sangre. De este modo consiguió una liberación definitiva” . 9

Se ratifica lo dicho: la realidad sacramental significada es Jesús como don, es Dios-ágape manifestado en Jesús. La eucaristía resume la actitud vital de Jesús, amar sin medida dando todo de sí, ese es el genuino ser de Dios. Es el Hijo que significa con total eficacia el amor del Padre. En el sacramento eucarístico se significa la relación de Dios con cada ser humano, y esto hace que nos constituyamos como una comunidad en torno al pan partido y compartido que es el mismo Jesús, él es el centro de esta sacramentalidad que, al mismo tiempo, nos invita a ser hombres y mujeres de y para la comunidad. La eucaristía no es una devoción piadosa particular sino una construcción sacramental comunitaria de hombres y mujeres que se dejan tocar por esta gracia y viven en conformidad con ella.

En el contexto de la celebración pascual propia de los judíos, Jesús vive los acontecimientos definitivos de su pasión, de la ofrenda total de su cuerpo y de su sangre, y, reunido con sus discípulos, expresa el sentido total de su existencia y de su misión: “Mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió, se lo dio y dijo: Tomen, este es mi cuerpo. Tomó luego una copa y, después de dar las gracias, se la pasó y bebieron todos de ella. Y les dijo: esta es mi sangre de la alianza , que es derramada por muchos” .10 El escueto relato de Marcos tiene suficiente elocuencia: Jesús es el don de Dios para plenitud y salvación de la humanidad, El nos indica el camino de la mesa servida y compartida como signo eficaz de una manera de ser y de vivir, en comunión y en participación solidaria.11

El carácter genuino del sacramento eucarístico nos compromete a dejar atrás un modelo de religiosidad individualista, saturado de prácticas piadosas y de rituales, sin mayor impacto en la transformación de las relaciones sociales, para dar paso a la originalidad de Jesús. El fin último de la eucaristía es hacer presente con los signos del pan y del vino el ágape que nos funde con Dios y nos abre a los demás, hasta sentirlos también fundidos en Dios. Esta es la gracia del sacramento que celebramos en este domingo, pan partido, repartido, compartido, vida que se ofrece para todos, sangre derramada que da a todos la vitalidad del amor de Dios que nos hace comunidad a partir del Evangelio.12 Vivir así es Buena Noticia para quienes viven desencantados por las rupturas que introduce el pecado de la injusticia y de la dominación.

Jesús no nos manda, de buenas a primeras, a “ir a misa”, obligatoriamente, y a comulgar, porque sí. Esta es la creencia de muchos, mal inculcada por una catequesis deficiente e incompleta. El asunto serio, comprometedor, es tomar el pan – símbolo de nuestra persona, de nuestros bienes, de nuestra vida entera – y partirlo, como Jesús, para repartirlo y compartirlo con quienes son nuestros prójimos de cada día. Podemos decir que la ética que se desprende de la eucaristía es normativa para todo el que tome en serio el camino de Jesús y su vivencia en la comunidad eclesial. 13

Comer el pan y beber la copa son actos inseparables; quiere decir que no se puede aceptar la muerte de Jesús sin aceptar su entrega hasta el fin, y que el compromiso de quien sigue a Jesús incluye una entrega como la suya. Este es el verdadero significado de la eucaristía. No podemos seguir reduciendo al misterio adorable de este sacramento a una presencia en sí, encerrada en ella, como una majestad lejana, sino como el mismísimo Dios encarnado, implicado totalmente en el ser humano, involucrado en nuestra historia, para donarnos la vitalidad suya que nos humaniza y nos libera del egoísmo y de la injusticia. Así, la mesa eucarística es pan compartido, sangre derramada, signo de la nueva humanidad de la que él es portador.



1 Camilo Torres Restrepo, hijo de una aristocrática familia bogotana, nació en 1929 y falleció trágicamente en febrero de 1966, fue ordenado sacerdote en 1954. Perteneció a la arquidiócesis de Bogotá, cursó su formación académica como sociólogo en la Universidad Católica de Lovaina. BRODERICK, Walter J. Camilo, el cura guerrillero.Icono. Bogotá, 2015.

2 Mateo 5: 23-24

3 Citado por LEVINE, Daniel H. Camilo Torres: fe, política y violencia. En Revista Sociedad y Religión volumen 21 año 2011 número 34-35 página 66.

4 BOROBIO, Dionisio. Lo social en la liturgia y los sacramentos: doctrina y recepción. En https://www.summa.upsa.es/high.raw?id=0000007413&name=00000001.original.pdf SCAMPINI, Jorge A. La eucaristía, primicia y fundamento de un orden social verdaderamente justo. En Revista Teología Volumen LIII número 119 marzo 2016, páginas 45-80. Pontificia Universidad Católica Argentina, Facultad de Teología. Buenos Aires, 2016. MARTINEZ MORALES, Víctor. Sentido social de la Eucaristía (3 volúmenes). Facultad de Teología, Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2003. ARRUPE, Pedro. Hambre de pan y de evangelio. Sal Terrae. Santander, 1978.

5 GUILLET, Jacques. De Jesús a los sacramentos. Verbo Divino. Estella, 1991. CHAUVET, Louis Marie. Símbolo y sacramento: dimensión constitutiva de la existencia cristiana. Herder. Barcelona, 1991.

6 CASTILLO, José María. Símbolos de libertad: teología de los sacramentos. Sígueme. Salamanca, 1980.

7 Obra citada, página 458.

8 La palabra griega diakonía significa servicio, dedicación al servicio de la comunidad, es el término que se utiliza en el Nuevo Testamento para designar los ministerios dentro de la comunidad cristiana. Y la palabra koinonía, también de origen griego, es la expresión que significa la comunión de todos los cristianos en torno a la persona de Jesús.

9 Hebreos 9: 11-12. GARCÍA HUIDOBRO, Tomás. La carta a los Hebreos: una visión desde las teologías del templo. Sígueme. Salamanca, 2014. VANHOYE, Albert. El mensaje de la carta a los Hebreos. Verbo Divino. Estella, 1985.

10 Marcos 14: 22-24

11 BENEDICTO XVI. Exhortación apostólica postsinodal SACRAMENTUM CARITATIS sobre la eucaristía, fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia. Tipografía Vaticana. Roma, 2007.

12 CODINA, Víctor. Nuevos enfoques teológicos sobre la eucaristía. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bistream/10972/3168/1/RLT-2005/066-C.pdf . GESTEIRA GARZA, Manuel. La eucaristía, misterio de comunión. Cristiandad. Madrid, 1983.LEON-DUFOUR, Xavier. La fracción del pan: culto y existencia en el Nuevo Testamento. Cristiandad. Madrid, 1983. BASURKO, Xavier. Para comprender la eucaristía. Verbo Divino. Estella, 2000. THURIAN, Max. La eucaristía, memorial del Señor. Sígueme. Salamanca, 1967.

13 MALDONADO, Luis. Praxis sacramental y compromiso de fe. PPC. Madrid, 2001.

domingo, 30 de mayo de 2021

COMUNITAS MATUTINA 30 DE MAYO 2021 SOLEMNIDAD DE LA SANTISIMA TRINIDAD CICLO B

 

Reconoce hoy y medita en tu corazón que el Señor es Dios – allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra – y no hay otro”

(Deuteronomio 4: 30)

Lecturas:

  1. Deuteronomio 4: 32-40

  2. Salmo 32

  3. Romanos 8: 14-17

  4. Mateo 28: 16-20

Gran desafío es hablar de Dios de modo cercano y comprensible para todos los que escuchan su propuesta a través de las mediaciones religiosas. Es frecuente la crítica que se hace al lenguaje religioso por inaccesible, estereotipado, desentendido de la vida real de los seres humanos. Tenemos que ser humildes y aceptar esta confrontación, lo que está en juego es la relevancia salvífica de Dios, no sólo en el aspecto lingüístico sino en el existencial, que es el verdaderamente definitivo.1 Vale la pena poner esta cuestión central sobre el tapete en el día en el que en la Iglesia celebramos a Dios como Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Qué implicaciones tiene esto para la humanidad?

El proyecto de Dios es tan potente que no lo podemos minimizar en esas presentaciones que lo ponen como una especie de enemigo supremo nuestro, con sus imágenes deformadas de juez, castigador, vigilante, policía, encargado de asignar culpas y castigos, de moralizar y de prohibir el gozo de la vida.2

En el libro del Génesis se nos dice:” Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer” ,3 esta afirmación está en la base misma de la revelación judeo cristiana, es la constatación creyente de que Dios se implica gratuitamente en el ser humano y lo hace partícipe de su misma naturaleza. Es una afirmación colosal, en nosotros está la impronta de la divinidad, fundamento de la concepción cristiana del ser humano. No podemos entender a Dios si no entendemos al hombre varón-mujer y lo asumimos en su dignidad. Todo lo de Dios es para la humanidad, incondicionalmente. El asunto que ocupa prioritariamente a Dios es la plenitud, la salvación, la liberación del ser humano.

Las imágenes que distorsionan a Dios tienen su correlativo en falsas imágenes de lo humano. Dios justiciero, Dios intransigente, Dios que prohíbe, Dios vengativo, Dios vigilante, Dios que castiga, Dios terrorífico; son proyecciones neuróticas, manipulaciones de Dios, utilizaciones apocadas que van en detrimento nuestro, dando a entender también una imagen antipática de las mediaciones religiosas.4

La fe cristiana, en sus más de veinte siglos de historia, se ha inculturado en diversos medios sociales, en maneras de interpretación, en instrumentos conceptuales, que intentan explicar a los creyentes, también a los que no creen, esa realidad de Dios que se ha manifestado en Jesucristo, comprensión que se hace viable gracias a la acción del Espíritu. Para esto se acude a las categorías de pensamiento propias de tal o cual momento del desarrollo histórico de la cultura y de la pluralidad de ámbitos sociales. Son esfuerzos loables que corresponden a un determinado contexto y que resultan relevantes para el mismo, pero cuando la misma evolución cultural los supera , resultan inadecuados y, a menudo, incomprensibles.5

Cada día se nos hace más compleja la comprensión del misterio, justamente por su comunicación en mediaciones tan lejanas de nuestra cultura. La Palabra de este domingo, dedicado a celebrar la realidad trinitaria de Dios, el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo, nos invita a trascender las palabras mismas, las herramientas de interpretación, para dejarnos poseer por El, para llenarnos de su vitalidad, para constituirse en el principio y fundamento de lo que somos y hacemos, para orientarnos en la línea del sentido definitivo.6

Dejemos que las palabras de Pablo nos introduzcan en la osadía de creer, en la profundidad liberadora del misterio del Dios que es Trinidad: “Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para volver a caer en el temor, sino el espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios Abba!, es decir : Padre!”.7 Este es el asunto esencial en la gozosa verificación de la Trinidad: estamos totalmente tomados por Dios, asumidos por El, esto ni hipoteca nuestra autonomía ni rebaja nuestra dignidad, es la máxima posibilidad de potenciar nuestro ser y de hacerlo pleno, libre y feliz.

El libro del Deuteronomio fué , en la antigüedad bíblica, un esfuerzo por conectar la fe en Dios con las necesidades y realidades de las personas de ese tiempo y de ese contexto. La primera lectura de hoy viene de ahí y dice así: “Pregúntale al tiempo pasado, a los días que te han precedido desde que el Señor creó al hombre sobre la tierra, si de un extremo al otro del cielo sucedió alguna vez algo tan admirable o se oyó una cosa semejante. Qué pueblo oyó la voz de Dios que hablaba desde el fuego , como la oíste tú, y pudo sobrevivir? O que Dios intentó venir a tomar para sí una nación de en medio de otra, con milagros, signos y prodigios, combatiendo con mano poderosa y brazo fuerte, y realizando tremendas hazañas, como el Señor, tu Dios, lo hizo por ustedes en Egipto, delante de tus mismos ojos?” .8

La experiencia histórica, muy real, de los israelitas, según consta en este testimonio, es que Dios se hizo todo para ellos liberándolos de la opresión egipcia, rescatándolos de la ignominia de la esclavitud, resignificando su dignidad como pueblo, inspirando a Moisés y a sus líderes para llevarlos por el camino de una definitiva libertad. Tal acontecimiento es para Israel fundante de sus convicciones de fe y materia de permanente gratitud y celebración, lo mismo que esencia de una nueva manera de vida liberada. Dios es el Señor salvador y liberador, y esta conciencia empieza a partir de una concreción existencial, perceptible históricamente.9

Este mismo Dios es el Dios de Jesús, que no es el Dios de aquellos piadosos maestros de la ley y fariseos, de los sacerdotes del templo, es Dios de excluídos y de marginados, de enfermos y tarados, incluso de los irreligiosos e inmorales. El evangelio no puede ser más claro: “Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al reino de Dios. En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él” .10

Este Dios, así manifestado, llena de sentido la vida de quienes se sienten perdidos, no es un Dios en plan de juicio y condenación, sino de misericordia, de solidaridad, de cercanía redentora, transformadora del desencanto en esperanza y novedosa vitalidad. El mensaje de Jesús escandalizó porque hablaba de un Dios que se da todo a todos sin necesidad de merecimientos y de superioridades religiosas, en él se nos hace explícito un Dios desmedido de amor y de generosidad liberadora.11

La forma en que Jesús nos habla de Dios, como amor-salvación para todos, se inspira directamente en su experiencia personal. La experiencia básica de Jesús fue la experiencia de Dios en su propio ser. Dios lo era todo para él, y decidió corresponder a este amor siendo todo para los demás. Asumió la seductora fidelidad de Dios y respondió siendo fiel a sí mismo, y siendo fiel a todos los seres humanos, prioritariamente a los desalentados, a los castigados, a los humillados y ofendidos. Al llamar a Dios Abba-Padrecito abre un horizonte totalmente nuevo para nuestras relaciones con el Absoluto: “Y decía: Abba Padre, todo te es posible. Aleja de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya” .12

En la lengua de Jesús , el arameo, el tratamiento de Abba13 al papá es la expresión de mayor cariño a quien le dio la vida, manifiesta total intimidad y comunión de amor. Nos lleva a descubrir que la base de una experiencia religiosa liberadora es nuestra condición de creaturas. Así, nos descubrimos sustentados por la permanente acción creadora de Dios. El modo finito-limitado de ser nosotros demuestra que no nos damos la existencia, es Dios principio y fundamento del ser humano, de la creación, y de la historia.

Descubrir a Dios como fundamento es fuente de insospechada humanidad, y esta se vive, gracias al dinamismo de la Trinidad, en términos de filiación y de fraternidad, como Jesús: “El mismo Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, también somos herederos, herederos de Dios y coherederos de Cristo, porque sufrimos con él, para ser glorificados con él” .14 El trabajo del Espíritu Santo es infundirnos este don y hacernos conscientes de ser sus portadores, es el más completo lenguaje para hablar de dignidad humana, de derecho a la libertad.

Dios es ágape – amor de fraternidad, amor de comunión desinteresada – y por eso se da totalmente. La fidelidad de Dios es lo primero – pura iniciativa gratuita – y verdadero fundamento de una actitud humana. Dios es la realidad que posibilita el encuentro con un “tú” para convertirse en “nosotros”, El es ese “tú” ilimitado que se experimenta en todo encuentro humano de amor y de comunión. A través del ser humano descubrimos a Dios, esto es lo que se hace evidente en Jesús, en él adquiere un nuevo significado - siempre liberador – nuestra relación con Dios y con todos los seres humanos: esta es la decisiva incidencia trinitaria en la configuración salvada y liberada de nuestra condición humana! Gracias al dinamismo transformador del Espíritu Santo.15

Ante tan nítido descubrimiento de salvación podemos entender las palabras de Jesús, consciente de que este don no puede permanecer oculto, debe ser comunicado a todos como Buena Noticia , raíz de una nueva humanidad: “ Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que les ha mandado. Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo” .16





1 TORRES ADAME, Fabiola. Cómo hablar de Dios al hombre posmoderno? Una mirada desde el cristianismo. Publicado en revista Análisis volumen 91 número 54, páginas 37-55. Bogotá, enero-junio 2019. VIDE, Vicente. Hablar de Dios en tiempos de increencia. Universidad de Deusto. Bilbao, 2000. CORDOVILLA, Angel. Crisis de Dios y crisis de fe, volver a lo esencial. Sal Terrae. Santander, 2012. MARTIN VELASCO, Juan. Ser cristiano en una cultura posmoderna. PPC. Madrid, 2009.

2 Diócesis de Canarias, España insular. Busco tu rostro: las falsas imágenes de Dios. En https://www.diocesisdecanarias.net/wp-content/uploads/2018/07/diosfalsasimagenes.pdf

3 Génesis 1: 27

4 ARIAS, Juan. El Dios en quien no creo. Sígueme. Salamanca, 1987.

5 SCHYLLEEBECKX, Edward. Fe e interpretaciones de la fe. Sígueme. Salamanca, 1986.

6 CAAMAÑO, Juan Carlos. Consideraciones sobre Dios para nuestro tiempo. Publicado en revista Cuestiones Teológicas volumen 48 número 109 enero-junio 2021, páginas 1-16. Facultad de Teología. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín. FERRARA, Ricardo. El misterio de Dios: correspondencias y paradojas. Sígueme. Salamanca, 2005.

7 Romanos 8: 14-15

8 Deuteronomio 4:30-34. BARRIOCANAL, José Luis. El libro del Deuteronomio. Colección Reseña Bíblica número 96. Verbo Divino. Estella, 2017.

9 JUNKAL GUEVARA, Miren. El libro del Deuteronomio, el cierre del Pentateuco y el surgimiento de la identidad de Israel. Publicado en revista Estudios Eclesiásticos volumen 94 número 369, páginas 227-264. Facultad de Teología. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, junio 2019. ELLACURÍA Ignacio. Historicidad de la salvación cristiana. En Mysterium Liberationis: conceptos fundamentales de la Teología de la Liberación. Volumen 1 páginas 323-372. UCA Editores. San Salvador, 1990. LENAERS , Roger. Otro cristianismo es posible: fe en lenguaje de modernidad. Abya Yala. Quito, 2008.

10 Mateo 21:31-32

11 KASPER, Walter. El Dios de Jesucristo. Sígueme. Salamanca, 2011. RATZINGER, Joseph. El Dios de Jesucristo: meditaciones sobre Dios uno y trino. Sígueme. Salamanca, 1979. SOBRINO, Jon. Jesús en América Latina: su significado para la fe y la cristología. Sal Terrae. Santander, 1985.

12 Marcos 14: 36

13 JEREMIAS, Joachim. Abba, el mensaje central del Nuevo Testamento. Sígueme. Salamanca, 1983.

14 Romanos 8:16-17

15 KUNG, Hans. Existe Dios? Trotta Madrid, 2009. CASTILLO, José María. El reino de Dios: por la vida y la dignidad de los seres humanos. Desclée de Brower. Bilbao, 1999.

16 Mateo 28: 19-20

domingo, 23 de mayo de 2021

COMUNITAS MATUTINA 23 DE MAYO 2021 SOLEMNIDAD DE PENTECOSTES CICLO B

 

A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común”

(1 Corintios 12:7)



Lecturas:

  1. Hechos 2: 1-11

  2. Salmo 103

  3. 1 Corintios 12: 3-13

  4. Juan 20: 19-23

El 3 de octubre de 2020, en la ciudad italiana de Asís, cuna del popular San Francisco, el Papa que se honra en llevar su nombre, sorprendió gratamente al mundo con la publicación de su encíclica “Fratelli tutti: sobre la fraternidad y la amistad social”. 1 Si bien este tipo de escritos son dirigidos principalmente al mundo católico, en este documento como en el anterior suyo “Laudato si: sobre el cuidado de la casa común2, el Papa sale de los límites del catolicismo para tocar asuntos que son esenciales para el bien común de toda la humanidad.3

En Fratelli Tutti , Francisco se fija en los desencuentros de los seres humanos, causantes de guerras y extremismos que ponen a la humanidad en violenta contradicción, en el modelo económico que en su gráfico decir produce miles de millones de seres humanos descartados, en la política y en los políticos que no se comprometen seriamente con la justicia y con la solidaridad. El primer capítulo “Las sombras de un mundo cerrado” es su análisis de la realidad mundial contemporánea: “En varios países una idea de la unidad del pueblo y de la nación, penetrada por diversas ideologías, crea nuevas formas de egoísmo y de pérdida del sentido social enmascaradas bajo una supuesta defensa de los intereses nacionales”.4

Es indiscutible una pérdida del espíritu vital que enlaza a los humanos para proyectos de justicia, inclusión y solidaridad. Nuevamente está sobre el tapete la interminable discrepancia entre el estado de Israel y el derecho de los palestinos a tener una nación propia con su territorio y estado debidamente constituídos; en Colombia, multitudes se pronuncian vigorosamente sobre un estado de cosas marcado por la injusticia y la desatención del estado a los serios problemas de la mayoría de los ciudadanos, los grupos violentos hacen su agosto sembrando el caos y dando pie a interpretaciones malintencionadas. Penosamente la tesis de Hobbes5 en su “Leviatán”, el hombre es lobo para el hombre , adquiere aquí carta de “naturalización”. 6

La soberbia humana tiende a confundir el encuentro entre los seres humanos, introduce la incomprensión, la ruptura de la armonía, crea clasificaciones de mayor a menor, excluye, se apropia violentamente de la naturaleza, exalta el poder y el dinero, envenena los corazones y lleva a que unos seres humanos se ensañen en contra de otros. Es la ausencia del Espíritu, la vanidosa afirmación de que el ser humano pretende ser la medida de todo, dando la espalda a la alteridad, a Dios, al prójimo, a la creación como hábitat y espacio de comunión.

Recordamos el relato mítico de la torre de Babel, el autor del Génesis nos lleva a captar los problemas inmensos de incomprensión y de intolerancia entre los diversos ámbitos de la humanidad. Esa alusión trasciende todos los tiempos de la historia. Cómo convivir y suscitar un entendimiento fundamental entre quienes tienen tantas diferencias? Es lo diferente, lo plural, un imposible que impide el diálogo y la fraternidad?

Este mundo nuestro sigue siendo una réplica de aquella simbólica torre de Babel, afirmar como sea y a cualquier costo que el ser humano todo lo puede, que él mismo define la medida de todo, y que esto lo autoriza para apoderarse de la vida y bienes de sus semejantes, de la tierra, de los recursos naturales, introduciendo el desequilibrio y la injusticia, la incomprensión como estilo habitual de la existencia.

Las palabras míticas del Génesis, en su género literario deseoso de interpretar el orgullo de los hombres, siguen siendo sentenciosas y ayudan a comprender el por qué de tanta exclusión e intolerancia: “Así el Señor los dispersó de aquel lugar , diseminándolos por toda la tierra. Por eso se llamó Babel; allí, en efecto, el Señor confundió la lengua de los hombres y los dispersó por toda la tierra” .7 Es el pecado humano, la libre y arrogante decisión de ir en contra de su propia realización, la ruptura de la armonía original con Dios y con el prójimo, la negativa a la seducción del Espíritu, lo que introduce este apetito desordenado de destruír, de arrasar, de dominar, de violentar.

Seis siglos después de escribirse las narraciones del Génesis nos encontramos en los tiempos del Nuevo Testamento, es el acontecimiento de Jesús, su Buena Noticia de acogida y misericordia para todos, su llamado a la fraternidad y a la inclusión, una nueva manera de vida a partir de un Dios que se obsequia sin medida para construír un mundo de projimidad y de encuentros.8

Hechos de los Apóstoles es un texto-testimonio de esta novedosa realidad, celebrando Pentecostés los primeros discípulos de Jesús – fiesta en la que los judíos recordaban el pacto de Dios con el pueblo en el monte Sinaí – se juntan para aguardar al Espíritu: “Al llegar el día de Pentecostés, se encontraban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse” .9

Todos comenzaron a hablar lenguas diferentes y, sin embargo, se entendían, constatar esto era para ellos causa de gozo y esperanza. El movimiento de Jesús nace abierto a todo y a todos, es pluralista en su origen, no hace acepción de personas, se sale de las estrechas fronteras del judaísmo, supera la mentalidad rigorista del Templo y de sus sacerdotes, evoluciona de la fijación en la Ley al dinamismo liberador del amor, no establece diferencias y categorías, hace de tal diversidad el mayor motivo de riqueza, unidad en la diferencia, Dios no es Señor de la uniformidad sino de la pluralidad, lo suyo no es la confrontación violenta sino el diálogo: “Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua? Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y el Asia Menor, en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios” .10 El Espíritu Santo es fundamento de comunión en la diversidad!11

Qué decir y sentir en estos tiempos en los que un sistema económico somete a la humanidad a sus inexorables leyes de mercado, de consumo, de producción, economía sin alma, sin humanismo, que concentra unilateralmente la riqueza en los primeros mundos y arroja a su suerte millones de hombres y mujeres en Africa, en América Latina, en Asia? Qué pensar de la “aldea global” que nos somete a sus consumos culturales alienantes, en la internet y en la televisión por cable, consumos anodinos, promotores de un aplanamiento mental en quienes se dejan esclavizar por ellos, sofocando la creatividad, la pasión por la vida y por la justicia?

La venida del Espiritu significó para aquellos discípulos primeros el fin del miedo y del sentimiento de fracaso, nació una comunidad humana, creyente, dotada de las mejores razones para la esperanza, experimentaron a Jesús viviente en medio de ellos animándolos a una vida novedosa en Dios y en el prójimo, libres como el viento, resueltos a incendiar el mundo con el anuncio del Reino: “Llegó Jesús y, poniéndose en medio de ellos, les dijo: la paz esté con ustedes! Mientras decía esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: la paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: Reciban el Espíritu Santo……..” .12

A menudo nos dejamos llevar por la tendencia al anquilosamiento, nos sucede individualmente y también en la Iglesia y en la sociedad. Por esto, renunciamos al cambio, y algunos temerosos y nostálgicos de la Ley nos hacen creer que detenernos en el tiempo y exaltar rituales y normativas en desuso son voluntad de Dios. Esto nos aparta del mismo Jesús, sofocamos el Espíritu, y nos convertimos en una entidad fúnebre, miedosa, llena de reglamentos, y de sentimientos de culpa ante un Dios enardecido por nuestros pecados. Ciertamente, este no es el Dios de la Buena Noticia de Jesús.

En Pentecostés, en un permanente suceso del Espíritu, no podemos permitir que el ánimo original del Señor Jesús se muera, si lo suyo es la vida inagotable de Dios, la permanencia en el ser, la posibilidad definitiva de una vida con sentido histórico y trascendente, entonces es felizmente inevitable que vivamos en un Pentecostés interminable, una verdadera fiesta del Espíritu que nos hace unos en la diversidad: “Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos. En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común” .13

Nada de uniformar, nada de prohibir, porque Pentecostés es la manifestación de un Dios que inspira la pluralidad, la comprensión de las lenguas y de los modos de ser, la riqueza de las culturas, la apasionante fuerza renovadora del evangelio: “Pero en todo esto es el mismo y único Espíritu el que actúa, distribuyendo sus dones a cada uno en particular como El quiere” .14

Sabemos bien que muchos reprochan a ciertos personajes y realidades de la Iglesia por su ambigüedad, por su poca cercanía con Jesús y su Evangelio, por su complicidad con el “statu quo”, por poner demasiado énfasis en lo institucional con detrimento de lo carismático, por anunciarse a sí misma. Si esta Iglesia, nuestra Iglesia, se deja llevar por la vitalidad del Espíritu, necesariamente ha de salir de ese encasillamiento empobrecedor para dedicarse a lo suyo, para estar – como Jesús – en plan permanente de anunciar la salvación y la liberación a todo el que se deje apasionar por esta causa. Iglesia descalza, despojada de privilegios, en salida, como insiste el Papa Francisco. 15 Una Iglesia coherente que marque en este mundo fracturado una pauta de diálogo, de comunión, de solidaridad, de profecía justa y liberadora. 16















1 Papa FRANCISCO. Carta Encíclica “Fratelli tutti: sobre la fraternidad y la amistad social”. Librería Editrice Vaticana. Roma, 2020.

2 Papa FRANCISCO. Carta Encíclica “Laudato si: sobre el cuidado de la casa común”. Librería Editrice Vaticana. Roma, 2015.

3 PACHON SOTO, Damián. El pensamiento social del Papa Francisco. En Franciscanum número 166 volumen LVIII, páginas 316-337. Universidad de San Buenaventura. Bogotá, 2016. GALLO, Marco. El pensamiento social y político de Bergoglio y Papa Francisco. Universidad Católica de Salta, 2018. IVEREIGH, Austen. El gran reformador : Francisco, retrato de un papa radical. Grupo Z. Bogotá, 2015.

4 Fratelli Tutti, número 11.

5 1588-1679, pensador británico.

6 HOBBES, Thomas. Leviatán: o la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil. Fondo de Cultura Económica. México DF, 1967.

7 Génesis 11: 8-9

8 PAGOLA, José Antonio. La Buena Noticia de Jesús. PPC. Madrid, 2012. ESPEJA, Jesús. Jesucristo, una propuesta de vida. San Pablo. Madrid, 2010. SCHNACKENBURG, Rudolf. La persona de Jesucristo reflejada en los cuatro evangelios. Herder. Barcelona, 1998.

9 Hechos 2:1-4

10 Hechos 2:8-11

11 AQUINO JUNIOR, Francisco de. Vivir según el espíritu de Jesucristo: espiritualidad como seguimiento. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bistream/10972/2273/1/RLT-2012-086-C.pdf . CODINA, Víctor. No extingáis el Espíritu: una iniciación a la pneumatología. Sal Terrae. Santander, 2008; Creo en el Espíritu Santo: pneumatología narrativa. Sal Terrae. Santander, 2004; El Espíritu del Señor actúa desde abajo. Sal Terrae. Santander, 2018.

12 Juan 20: 19-22

13 1 Corintios 12:4-7

14 1 Corintios 12:11

15 CONGAR, Yves. Por una Iglesia servidora y pobre. San Esteban. Salamanca, 1987; Verdadera y falsa reforma en la Iglesia. Sígueme. Salamanca, 2010; La reforma de la Iglesia. Sígueme. Salamanca, 2011.

16 LOHFINK, Gerhard. La Iglesia que Jesús quería. Desclée de Brower. Bilbao, 1986.

domingo, 16 de mayo de 2021

COMUNITAS MATUTINA 16 DE MAYO 2021 DOMINGO VII DE PASCUA CICLO B SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

 

Dios desplegó esta fuerza en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su diestra en los cielos, por encima de todo principado, potestad, virtud, dominación, y de todo cuanto tiene nombre, no sólo en este mundo sino también en el venidero”

(Efesios 1: 20-21)

Lecturas:

  1. Hechos 1: 1-11

  2. Salmo 46

  3. Efesios 1: 17-23

  4. Marcos 16: 15-20

Al comenzar esta reflexión semanal, en la que nos ocupamos sobre la relevancia mutua entre textos bíblicos y realidad de las comunidades en las que se proclaman, es inevitable remitirnos a la crudeza de los hechos que se están viviendo en nuestro país: protestas sociales desde hace dos semanas,1 clamor popular que expresa la inconformidad de la mayoría de ciudadanos ante las políticas que inciden directamente en la calidad de vida, 21 millones de colombianos en situación de pobreza alarmante, gobierno “bajito de punto”, remiso a escuchar la voz del pueblo, violencia represiva, vandalismo, pobreza, muertos y desaparecidos, polarización ideológica, odios reprimidos.2

Cómo anunciar el señorío de Jesucristo en estas circunstancias concretas? El magisterio de la Iglesia, en especial a partir del Concilio Vaticano II, 3junto con la teología y la propuesta pastoral encarnada en los diversos ámbitos del mundo, nos indican que hay una sincera preocupación para no evangelizar en abstracto, porque se impone una conexión explícita con los contextos de los seres humanos que atienden este llamado. El elemento esencial de la encarnación de Dios en nuestra historia y realidad es la clave para asumir esta dimensión indispensable del hecho cristiano.4 Es fundamental para la misión eclesial anunciar a este Dios hecho historia, realidad, carne, humanidad. 5 Lo captamos muy bien en la sincera preocupación pastoral del Papa Francisco, la revelación de Dios en Jesucristo da plena significación a la dignidad del ser humano: a los que él llama descartados, a los indígenas de la “minga”, a los líderes sociales, a los jóvenes estudiantes, a los mayores en trance de jubilación, a los que se esfuerzan por lograr un sustento digno para sus hogares, a los que no se resignan a la injusticia.

Cercanos ya a concluír el tiempo pascual, la Iglesia nos propone en este domingo celebrar y considerar al Señor Jesucristo en la solemnidad de la Ascensión, como aquel en quien “sometió todo bajo sus pies y le constituyó cabeza suprema de la Iglesia, que es su cuerpo, la plenitud del que lo llena todo en todo” .6 Es el pleno reconocimiento del señorío de Jesús, profesado después de la experiencia pascual como el Cristo, el Señor en quien llega a su consumación toda la realidad humana, histórica, toda la creación.7

La Ascensión nos lleva a reconocer que en Cristo se hace definitiva realidad el contacto del ser humano con Dios; eso que llamamos “cielo” es un futuro pleno y decisivo que sólo nos viene gracias a la mediación salvadora-liberadora del Señor, no nos la podemos dar por nosotros mismos. En El y por El nos es dado superar la radical precariedad de nuestra contingencia , de nuestra fragilidad, de los límites que nos imponen la muerte y el pecado, quedando abiertos para siempre a la trascendencia, asumidos por El y ascendidos con El a la plenitud del Padre. En este modo de Dios nuestra humanidad accede a la justicia que le es debida por su dignidad y a la salvación que, gracias a la mediación de Jesucristo, obtenemos por vía de regalo amoroso e incondicional.

Sea este el momento para recoger toda nuestra faena existencial, la propia de las biografías y relatos vitales en los que se enmarcan todos estos deseos de permanecer para siempre en el ser, apuntando a una bienaventuranza que es don de Dios, tal como lo entendemos los creyentes; tarea en la que se articulan la gratuidad del Padre y la respuesta de nuestra libertad, binomio de evangélica comunión para lograr que lo humano no se pierda ni fracase.

Explorar el mundo, conocerlo y estructurarlo en la comprensión de las diversas disciplinas científicas, con el fin de transformar la naturaleza en aras de mejor calidad de vida para todos; esforzarnos por captar los entresijos de la mente, estudiarla en profundidad, reconocer los más hondos dinamismos que la configuran, promover la libertad a través de la explicitación de aquellos dinamismos inconscientes, formular posturas críticas que nos permitan emanciparnos de opresiones y dominios alienantes, desarrollar tecnología para agilizar los procesos de transformación del mundo, proponer un pensamiento que dé raíz y fundamento a toda la humanidad, analizar los comportamientos y sus condiciones, hacernos libres en la expresión artística y en la lúdica para hacer de la existencia una experiencia placentera, enamorarnos apasionadamente, empeñarnos en la justicia y en la equidad para que sean viables sociedades donde todos podamos participar de los beneficios en igualdad de condiciones, son , entre muchas otras, expresiones elocuentes de esa pasión por “ascender”, por ganarle la partida a la inevitable precariedad, por no terminar en un simple proceso de descomposición orgánica.8

También nos salen al paso los tropiezos, inherentes a nuestra contingencia, donde las interminables limitaciones que nos acompañan se tornan lenguaje desafiante que nos invitan a ir “más allá” para encontrar la genuina razón del existir. Porque es claro que no podemos prescindir del sufrimiento, de la realidad del mal en sus inagotables evidencias, de la enfermedad, de la muerte, con su inevitable y definitiva cuestión sobre el sentido último de la vida. 9

Hacer conciencia de todos estos elementos es un excelente caldo de cultivo para comprender y vivir la plenitud que nos viene de Dios, el “todo en todos” del que habla la carta a los Efesios, que tiene su concreción en la persona del Señor a quien designamos como Jesús, el Cristo: “Para que ustedes conozcan cuál es la esperanza a la que han sido llamados por El, cuál la gloriosa riqueza otorgada por El en herencia a los santos, y cuál la soberana grandeza de su poder para con nosotros, los creyentes, conforme a la eficacia de su fuerza poderosa” .10

La subida de Cristo a los cielos, según el lenguaje más tradicional, no es un prodigio físico, es pasar del tiempo a la eternidad, de lo inmanente a lo trascendente, donde se articulan salvíficamente la humanidad y la divinidad, siendo esta última la que acredita que la existencia de todo ser humano, que libremente acceda a tal beneficio, quede para siempre abierta a Dios y asumida por El, aval en el que felizmente se nos garantiza que vivir no es quedar expuestos al absurdo de la finitud y de la muerte.

La primera lectura de este domingo, comienzo del relato de Hechos de los Apóstoles, es un claro ejemplo de esto, con ello se formula una convicción de la fe de los primeros cristianos, que se transmite a todas las generaciones de creyentes: Jesús no fue revivificado ni volvió al modelo de vida humana que tenía antes de morir. El fue entronizado y constituído Señor viviendo la vida divina en la plenitud de su humanidad: “Dicho esto, fue levantado en presencia de ellos, y una nube lo ocultó a sus ojos” ,11 realidad que también afirma el evangelio de Marcos: “Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios” .12

Todos nuestros esfuerzos por afirmar la maravilla de la dignidad humana, nuestra lucha por la justicia y por la equidad, la denuncia profética de las realidades pecaminosas que oprimen a millones de personas en el mundo, la negativa a estructurar proyectos de vida sobre ambiciones de poder y de riquezas, la fe en el servicio y en la solidaridad, también en la libertad, son realidades que, para nosotros creyentes en Jesús, tienen raíz en su señorío, en ese estar El a la diestra del Padre para que el ser humano sea, en nombre de Dios, señor de la vida, señor de sus decisiones, señor de su libertad, señor de la fraternidad y de la solidaridad.13

Consecuencia de todo lo anterior es la invitación misional de Jesús a sus discípulos y a nosotros, el asunto no puede permanecer encerrado en un rincón de la historia, se trata de propagarlo porque están en juego la esperanza y el sentido de vida de la humanidad: “Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación…..Estos son los signos que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y, aunque beban veneno, no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien” .14

Por toda esta bienaventurada realidad pascual el cristianismo no puede ser una nueva preceptiva religiosa, ni una nueva ritualidad, ni una nueva institucionalidad, como las que Jesús confrontó con tanto rigor, es mucho más que eso, es una nueva cualidad en la relación de Dios con el ser humano, el Espíritu del Señor alienta para ir a todos los rincones de la humanidad a anunciar que Dios, en la persona del Señor Jesucristo, está totalmente de parte de todo ser humano, para hacernos demasiado humanos y demasiado divinos, realizando las señales de la vida, las que se constituyen en razones para la esperanza, haciendo viable la felicidad en este presente histórico como anticipo de la anunciada trascendencia: “Mientras ellos estaban mirando fijamente al cielo, viendo cómo se iba, se les presentaron de pronto dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: Galileos, por qué permanecen mirando al cielo? Este Jesús, que de entre ustedes ha sido llevado al cielo, volverá tal como lo han visto marchar” .15

1 CRUZ RODRÏGUEZ, Edwin. El derecho a la protesta social en Colombia. En Revista Pensamiento Jurídico número 42, páginas 47-69. Bogotá, 2015. LALINDE ORDÓÑEZ, Sebastián. Elogio a la bulla: protesta y democracia en Colombia. Publicaciones De Justicia . Bogotá, 2019.

2 CONFERENCIA EPISCOPAL DE COLOMBIA & SECRETARIADO NACIONAL DE PASTORAL SOCIAL. Análisis de la realidad con enfoque pastoral. Bogotá, 2017. JUBANY, Josep María. La acción social en la Iglesia Católica. En Educación social: revista de intervención socioeducativa. Número 69, páginas 133-152. Barcelona, 2019. RENAU, J. Desafiados por la realidad: enseñanza social de la Iglesia. Sal Terrae. Santander, 1994.

3 CONCILIO VATICANO II. Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Moderno Gaudium et Spes. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1967.

4 SALAROLI, Ailson José. La comprensión histórica de la revelación como fundamento de una teología contextual. Tesis para optar al grado de teólogo. Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Teología. Bogotá, 2015. CASTILLO, José María. La humanización de Dios. Trotta. Madrid, 2009. PARRA, Alberto. Textos, contextos y pretextos. Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Teología. Bogotá, 2003.

5 ELLACURÍA, Ignacio. Entradas LIBERACION y SALVACION EN LA HISTORIA en FLORISTAN, Casiano & TAMAYO, Juan José. Conceptos fundamentales del cristianismo. Páginas 690-709 (Liberación) y 1252-1273 (Salvación en la historia). Trotta. Madrid, 1993.

6 Efesios 1: 22-23

7 SAN JUAN PABLO II. Carta Encíclica Redemptor Hominis sobre el ser humano como camino de la evangelización. Tipografía Vaticana. Roma, 1979. KASPER, Walter. Jesús, el Cristo. Sígueme. Salamanca, 1987. Papa FRANCISCO. Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium La alegría del Evangelio. Paulinas. Bogotá, 2014.

8 LUCAS LUCAS, Ramón. Horizonte vertical: sentido y significado de la persona humana. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2010. LUCAS, Juan de Sahagún. Dios, horizonte del hombre. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1994.

9 ESTRADA, Juan Antonio. El sentido y el sinsentido de la vida: preguntas a la filosofía y a la religión. Trotta. Madrid, 2010. KUNG, Hans. Vida eterna? Trotta. Madrid, 2000.

10 Efesios 1: 18-19

11 Hechos 1: 9

12 Marcos 16: 19

13 SARDIÑAS IGLESIAS. Loida Lucía. Dignidad humana: concepto y fundamentación en clave teológica latinoamericana. Universidad de Santo Tomás. Bogotá, 2019.

14 Marcos 16: 15-18

15 Hechos 1: 10-11

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