domingo, 16 de abril de 2023

COMUNITAS MATUTINA 16 DE ABRIL 2023 II DOMINGO DE PASCUA CICLO A

 

Jesús hizo muchas otras señales milagrosas delante de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero estas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida por medio de él”

(Juan 20: 30-32)

Lecturas:

  1. Hechos 2: 42-47

  2. Salmo 117: 2-4;13-15 y 22-24

  3. 1 Pedro 1: 3-9

  4. Juan 20: 19-31



La historia de la humanidad, aterrizada en nuestros propios relatos de vida, abunda en testimonios de heroísmo, de solidaridad, de servicio, de compromiso incondicional con lo que aquí llamamos “ética de la projimidad”.1 Si hay también narrativas horrendas de violencia e injusticia, de corrupción y maldad, estas no pueden sofocar el carácter avasallador del bien. Son muchos los seres humanos que se desviven por sus prójimos, recordamos los todavía frescos episodios de la pandemia del corona virus, en los que el personal sanitario de muchos lugares del planeta escribió conmovedores relatos de humanismo y de exquisito cuidado hacia sus semejantes aquejados por el virus. Son diversos los escenarios humanos en los que la fraternidad deja de ser retórica y se torna en esperanzadora realidad. Esto hace parte esencial del humanismo, su práctica es inherente a los más elementales códigos de conducta solidaria.2

En el ambiente en que estamos en esta temporada del año los vamos a llamar señales pascuales, señales del Señor Resucitado, toda esa OPERACIÓN VIDA que desata las más nobles sensibilidades del ser humano hacia el prójimo. El texto de Hechos de los Apóstoles, que se proclama hoy como primera lectura , es un indicativo elocuente de la acción de Jesús, el Viviente: “ Los que habían sido bautizados se dedicaban con perseverancia a escuchar la enseñanza de los apóstoles, vivían unidos y participaban en la fracción del pan y en las oraciones. Todos estaban impresionados, porque eran muchos los prodigios y señales realizados por los apóstoles. Todos los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común. Vendían sus posesiones y haciendas y las distribuían entre todos, según las necesidades de cada uno”. 3

Durante su ministerio público, Jesús es el mayor referente de solidaridad y de projimidad, y lo “dice” sanando a diestra y a siniestra de parálisis, cegueras, lepras, egoísmos, pecaminosidades, ejerciendo la com-pasión y la misericordia infundida por su Abba-Padre Dios. Alguien ha dicho: el prójimo no es un término geográfico, sino un concepto moral. 4Jesús lo plasma en su anuncio y práctica del Reino de Dios y hace de esto exigente normativa para quien se interese en seguir su camino. Los hombres y mujeres que integran en sus vidas esta invitación son esperanza para una humanidad tan a menudo maltrecha por las indiferencias y atropellos de otros tantos. El Resucitado hace de nosotros señales de Pascua, cuando, gracias a su Espíritu, nos abrimos definitivamente hacia Dios y hacia el prójimo, como él; cuando nos sacudimos de la inercia y de la rutina que no se conmueven ante nada y nos dejamos tomar por su vitalidad. En esta cultura de muerte y desencanto es imperativo hacer parte de la “gente de Jesús”.5 Con el servicio al hermano vulnerable ayudamos con seriedad a hacer creíble el mensaje del Evangelio, es cuestión de vivir siempre en plan de resurrección!

En el lejano tiempo de Jesús, después de su muerte, quienes lo seguían de cerca quedaron entristecidos y con un gran sentimiento de derrota; como es comprensible, se escondieron para evadir la persecución y represalia a que podían ser sometidos como consecuencia de su compromiso con el Crucificado. Pero poco a poco fue sucediendo algo inesperado y de extrema felicidad. En la fe, confianza profunda en Dios, descubrieron que su Señor, el de la cruz, era ahora el Viviente, el Resucitado, con una definitiva cualidad que sólo podía poseer él por su naturaleza divina. Esta honda experiencia marca una densa conversión, los abatidos son ahora hombres y mujeres claramente pascuales, su Señor está con ellos y los mueve al anuncio de esa Buena Noticia: que la última palabra sobre la vida de la humanidad no la tienen los señores de la muerte, sino Dios, Señor de la Vida: “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que por su gran misericordia, a través de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho renacer para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera”. 6

Hay un forcejeo constante entre el bien y el mal, entre la dignidad humana y la perversión, entre la trascendencia que logra el significado pleno de la vida en el Otro y en los otros, y la cerrazón al amor, ensimismamiento, arrogancias sin cuento, sistemático desconocimiento del tú y del nosotros, desconexión de toda alteridad. 7 El Espíritu del Señor Resucitado contraarresta estas evidencias del egoísmo , y transforma para bien lo que hace fracasar el plan de Dios en la humanidad. Sus señales son estímulos para el sentido pleno de la vida, nos dota de las mejores razones para la esperanza: “Por el contrario, den gloria a Cristo, el Señor, y estén siempre dispuestos a dar razón de su esperanza a todo el que les pida explicaciones”.8

La consideración que proponemos para este domingo es la de hacer un esfuerzo imaginativo para ponernos en el contexto de los primeros discípulos de Jesús, los que en su vida histórica le siguen y empiezan a ser formados por él, con los tropiezos y contradicciones bien conocidos según refieren los relatos evangélicos, cuando imaginaban que lo que estaba por venir era una triunfante revolución político- religiosa con evidencias temporales de liderazgo y poderío. He aquí que lo que resulta es una implacable persecución a Jesús por parte de los dirigentes religiosos, la acusación de blasfemo y hereje, el juicio y la condena a muerte, la victoria de las fuerzas del mal y, finalmente, lo que desde la perspectiva humana es un fracaso rotundo: muerto en cruz. Elocuente anticipo del heroísmo de tantos hombres y mujeres que han escrito extraordinarias páginas de testimonio y donación de la vida.

Cómo se da en estos abatidos discípulos la evolución hacia la experiencia pascual? Cómo resultan transformados por el Resucitado? Cómo viven ellos la conciencia de que él está vivo y les anima para siempre? A responder este interrogante concurren las lecturas de este y de los siguientes domingos del tiempo pascual. Por eso conviene que veamos nuestras vivencias de fracaso y recuperación, la forma como salimos de situaciones de abatimiento , de los desencantos que nos causan los males causados, cuando después de abandonos y frustraciones volvemos a vivir con sentido y felicidad. O cuando somos testigos de las inmensas bondades de los seres humanos.9

La resurrección de Jesús no es un simple acontecer individual en el que el Padre favorece al Hijo sacándolo de la oscuridad de la muerte. Lo que aquí sucede es la re-creación del ser humano y, la llegada de lo que en el Nuevo Testamento se llama nueva creación y/o nueva humanidad: “El es el principio, el Primogénito de entre los muertos, para que sea él el primero en todo, pues Dios tuvo a bien hacer residir en él toda la plenitud y reconciliar por El y para El todas las cosas”. 10

Dice el texto de Juan que “los discípulos tenían cerradas las puertas del lugar donde se encontraban, pues tenían miedo a los judíos” ,11 y presenta el caso de Tomás el incrédulo: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y mi mano en su costado, no creeré” , 12 evidencias de inseguridades y temores de que les pudiese suceder lo mismo que a Jesús. O también del que apasionadamente quiere creer, pero necesita ser llenado por la presencia de su Señor, como en estas experiencias límite de la vida, cuando estamos entre la espada y la pared y clamamos para que nos hagan vivir, para que nos devuelvan esas razones de vida, en las que clamamos a Dios para que abandone su silencio.

Tomás, a quien tradicionalmente se ha estigmatizado por incrédulo, viene a ser ahora un símbolo de la humanidad perpleja, esa misma que somos nosotros, siempre llenos de búsquedas y preguntas, movidos por la más radical y adolorida honestidad. “Nos hiciste, Señor, para tí, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”,13 tradicional frase de San Agustín, que hoy se nos antoja continuidad del sincero deseo de Tomás. Paradójico, pero es así: “Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo podré creer”. 14

Con Tomás vienen a cuento todos los que no creen en Dios, muchos de ellos por radical honestidad, también los agnósticos, desencantados por las incoherencias de los creyentes y por el fatigante cúmulo de exigencias religiosas que no tienen nada que ver con Jesús ni con el Evangelio. A unos y a otros los mueve el sinsabor de las retóricas religiosas formales, de los lenguajes de fe desentendidos de la realidad dramática del ser humano. Este Tomás, que podemos ser nosotros, es un inquieto, un buscador de trascendencia, uno que no se resigna a que su Señor esté en el abismo de la muerte.15

Es preciso que en esta Pascua nos pronunciemos como este discípulo. porque tenemos pasión de Dios, requerimos razones de una novedad cualitativa, que está más allá de nosotros, pero que se vuelca amorosamente hacia esta “humanidad doliente”, como reza bellamente la tradicional novena que rezamos en diciembre para disponernos a Navidad. La pasión de vivir retorna cuando se relata en las historias de hombres y mujeres pascuales, como aquellos primeros seguidores que tuvieron esa experiencia definitiva que los transformó para siempre, y les comunicó la certeza del Viviente: “Mete aquí tu dedo, y mira mis manos; y trae tu mano y métela en mi costado. No seas incrédulo: cree!”16. Este Tomás no es un descreído radical, no hay que despreciar su demanda de evidencia, él, como los otros discípulos, siguió a Jesús, se interesó por su proyecto, lo amó, y ahora quiere satisfacer al máximo su sed de vida.

Las apariciones están totalmente asociadas a la fe.17 Jesús sólo se manifiesta a los que tenían vínculos con él, a los que se habían interesado en su proyecto de vida. En cada comunidad cristiana particular todo tiene sentido cuando ellas “se dejan vivir por Jesús” :“Ustedes aman a Jesucristo, aun sin haberle visto; creen en él, aunque de momento no le vean. Y lo hacen rebosantes de alegría indescriptible y gloriosa, alcanzando así la meta de la fe, que es la salvación” .18 La experiencia pascual es , fundamentalmente, una experiencia que se da en el ámbito de la fe. Es, por tanto, un don de Dios, una gracia con la que El beneficia a los creyentes, a los que aman a Jesús.

Hay que imprimirle tonalidad pascual a la historia, a la realidad, sin intimidarse ante los “avances” del mal. El ministerio de Jesús erradica del corazón humano todo lo que disminuye y maltrata, e invita a que nuestro quehacer se inscriba en esa misma dinámica de libertad y liberación. La Iglesia tiene sentido si es pascual, si con su palabra y con su estilo de vida, relata al Resucitado, si sus conductas y actitudes son dadoras de esperanza, si es capaz de erradicar de sí misma todo vestigio de lejanía clerical y de autorreferencialidad, si se pone las botas de la humanidad y camina con ella anunciando esa Buena Noticia.





1 PAPA FRANCISCO. Carta Encíclica Fratelli Tutti sobre la Amistad Social. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2020. CAMPANA, Silvia Julia. De la projimidad a la hospitalidad: hacia el rostro desnudo de la íntima vulnerabilidad. En https://www.repositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/8365/1/projimidad-hospitalidad-campana.pdf LAÍN ENTRALGO, Pedro. Teoría y realidad del otro. Revista de Occidente. Madrid, 1961. LEVINAS, Emmanuel. De otro modo que ser o más allá de la esencia. Sígueme. Salamanca, 2010; Humanismo del Otro Hombre. Caparrós. Madrid, 1998. DORRA, Raúl. Alteridad y projimidad: para una semiótica del cuidado. En Revista ELEMENTOS DE CIENCIA Y CULTURA, volumen 23, número 103, páginas 1-12. Benemérita Universidad Autónoma del Estado de Puebla, julio-septiembre 2018. LAGUNA MATUTE, José. Hacerse cargo, cargar y encargarse de la realidad. Hoja de ruta samaritana para otro mundo posible. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2004. MÍNGUEZ VALLEJOS, Ramón & PEDREÑO PLANA, Marina. La compasión ante el reto de las migraciones: propuesta pedagógica. En https://www.digitum.um.es/digitum/bitstream/10201/75910/1/capitulo%206.pdf

2 TABRA OCHOA, Edison Paul. Etica y solidaridad: perspectivas históricas y normativas. Globethics.net International Secretariat. Ginebra, 2017. MIFSUD, Tony. La cultura de la solidaridad como proyecto ético. En Revista Theologica Xaveriana número 46, páginas 345-356. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 1996. CORTINA, Adela. Razón comunicativa y responsabilidad solidaria. Sígueme. Salamanca, 1985. ETXEBERRIA, Xabier: Etica de la diferencia: en el marco de la antropología cultural. Universidad de Deusto. Bilbao, 1997. DOMINGO MORATALLA, Agustín. Etica y voluntariado: una solidaridad sin fronteras. PPC. Madrid, 1997. SEBASTIÁN, Luis de. La solidaridad: guardián de mi hermano. Ariel. Barcelona, 1996. VIDAL, Marciano. Para comprender la solidaridad. Verbo Divino. Estella, 1998.

3 Hechos 2: 42-45

4 Es un poster publicado en Facebook con la firma del rabino Joachim Prinz, 1902-1988. Se destacó en los tiempos sombríos de la II guerra mundial por su lucha resuelta contra la tiranía nazi , y luego fue un destacado líder del movimiento por los derechos civiles en USA, en la década de los 60’s. Autor de “Sobre el concepto de experiencia religiosa” (1927); “Nosotros judíos” (1934; “La vida en el ghetto” (1937; “El dilema del judío moderno” (1962. Ver www.joachimprinz.com

5 AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. Discípulos y testigos de Jesús en la sociedad actual. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 16 de marzo de 2010. CONFERENCIA EPISCOPAL MEXICANA CEM. Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos. Carta Pastoral del 25 de marzo de 2000. En https://www.diocesisdetuxpan.files.wordpress.com/2013/01/del-encuentro-con-jesucristo-a-la-solidaridad-con-todos.pdf CONFERENCIA EPISCOPAL COLOMBIANA. La Iglesia ante el cambio, documento conclusivo de la XXV asamblea plenaria del episcopado colombiano. Indo American Press Service. Bogotá, 1969.

6 1 Pedro 1: 3-4. DUQUOC, Christian . Mesianismo de Jesús y discreción de Dios. Cristiandad. Madrid, 2005. HURTADO, Larry W. Cómo llegó Jesús a ser Dios? Cuestiones históricas sobre la primitiva devoción a Jesús. Sígueme. Salamanca, 2013. CASTELAO, Pedro. Aproximación a la divinidad de Jesús. En Revista Selecciones de Teología , volumen 55 número 219, páginas 163-170. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2016. MAGNIN; Lucas Luciano. Misterio divino y humano: un diálogo cristológico entre los Evangelios Sinópticos y Juan. En Revista Albertus Magnus volumen 11, número 1, páginas 1-20. Universidad de Santo Tomás. Bogotá, 2020. SESÉ, Javier. La conciencia de la filiación divina, fuente de vida espiritual. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/83556113.pdf

7 ARENDT, Hannah. . Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalidad del mal. Penguin Random House. Madrid, 2013; ROMERALES, Enrique. . El problema del mal. Universidad Autónoma de México UAM. México D.F. 1995; HAAG, Herbert. El problema del mal. Herder. Barcelona, 1981. FARRELL, Martin D. El egoísmo ético. En Revista del Centro de Estudios Constitucionales, número 11, páginas 113-178. Buenos Aires, enero-abril 1992. MONARES, Andrés. La solidaridad imposible: economía y naturaleza egoísta del ser humano. En https://www.scielo.cl/pdf/polis/v15n45/art_08.pdf MARULANDA, Stevenson. El ADN: la raíz de la maldad y la desigualdad mundial. En https://www.scielo.org.co/pdf/rcci/v29n4/v29n4a3.pdf

8 1 Pedro 3: 15.

9 SICRE, Emmanuel. Contar la experiencia pascual: la función del relato de la pasión en Marcos (14:53 a 15:47), para la experiencia cristiana. Trabajo de grado para optar al título de teólogo. Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Teología. Bogotá, 2016. LUDEMANN, G. & OZEN, A. La resurrección de Jesús: historia, experiencia, teología. Trotta. Madrid, 2001. ELLACURÍA, Ignacio. La fe pascual en la resurrección de Jesús. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1299/1/RLT-2003-060-A.pdf RUIZ LOZANO, Pablo. La experiencia del Resucitado: perspectivas actuales en teología. En Revista Proyección Teología y Mundo Actual año LIII, número 220, páginas 25-48. Facultad de Teología de Granada, Universidad Loyola de Andalucía, enero-marzo 2006. MARTÍN MORENO; Juan Manuel. La experiencia del Resucitado: una presencia que desencadena vida. En Revista Sal Terrae número 896, páginas 163-173. Compañía de Jesús España. Madrid, marzo 1988. JUNCO GARZA, Carlos. Para vivir la Pascua: espiritualidad bíblico-litúrgica para el triduo pascual. PPC. Madrid, 2019.

10 Colosenses 1: 18-20

11 Juan 20: 19

12 Juan 20: 25

13 SAN AGUSTIN. Confesiones I 1,1. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid, 2018.

14 Juan 20: 25

15 ARANA, Juan. Teología para incrédulos. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2020. ECO, Umberto & MARTINI, Carlo María. En qué creen los que no creen. Temas de Hoy. Madrid, 1997. CORDOVILLA, Angel. Crisis de Dios y crisis de fe: volver a lo esencial. Sal Terrae. Santander, 2012. CONESA, Francisco. La fe cristiana ante el reto de la increencia. En https://www.diocesisoa.org/documentos/ficheros/fe-reto-increencia_668.pdf ROBINSON, John A.T. Sincero para con Dios (Honest to God). Libros del Nopal. Barcelona, 1963. VAZQUEZ, Rodolfo. No echar de menos a Dios: itinerario de un agnóstico. Trotta. Madrid, 2021.

16 Juan 20: 27

17 NORATTO GUTIÉRREZ, José Alfredo. El lenguaje de las manifestaciones del Resucitado y su sentido, a partir de los textos del Nuevo Testamento. En Revista Cuestiones Teológicas volumen 40, número 94, páginas 289-322. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, julio-diciembre 2013. SABUGAL, Santos. La mateana tradición histórica sobre las apariciones del Resucitado. En Revista Estudios Agustinianos número 29, páginas 217-242. Estudio Agustiniano. Valladolid, 1994. BÉJAR BACAS, Serafín. Cristo Resucitado, nuestra resurrección en la carne. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 26 de febrero de 2013. BRAMBILLA, Franco Giulio. El Crucificado Resucitado: Resurrección de Jesús y fe de los discípulos. Sígueme. Salamanca, 2003. CHARPENTIER, Etienne. Cristo ha resucitado. Verbo Divino. Estella, 1981.

18 1 Pedro 1: 8-9

sábado, 8 de abril de 2023

COMUNITAS MATUTINA 8 Y 9 DE ABRIL 2023 VIGILIA PASCUAL Y DOMINGO DE PASCUA

 

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vió lo que había pasado, y creyó”

(Juan 20: 8)

Lecturas Vigilia Pascual:

  1. Génesis 1: 1 a 2: 2 (creación del mundo)

  2. Génesis 22: 1-18 (vocación de Abrahán)

  3. Exodo 14: 15 a 15: 1 (Israel sale de Egipto, atraviesa el desierto)

  4. Isaías 54: 5-14 (Isaías hace memoria de la historia de Israel)

  5. Isaías 55: 1-11 (El camino de la salvación)

  6. Baruc 3: 9-32 a 4:4 (Que Israel no se deje dominar por pueblos extranjeros)

  7. Ezequiel 36: 16-28 (La restauración de Israel)

  8. Romanos 6: 3-11 (Morir con Cristo para vivir con Cristo)

  9. Mateo 28: 1-10

El misal oficial de la Iglesia Católica propone esta secuencia extensa de lecturas bíblicas para la solemne Vigilia Pascual1 porque en ellas se resume la historia de salvación que Dios ofrece a la humanidad, tiene total sentido esta proclamación así prolongada. Sin embargo, estos textos sólo se leen completos en la Vigilia presidida por el Santo Padre, en las catedrales con la presidencia de sus respectivos obispos y en otros espacios litúrgicos de particular relevancia. En las comunidades más reducidas se anuncian algunas más especiales: relato de la creación en Génesis, paso liberador por el desierto en Exodo, una de los profetas, principalmente Isaías, Romanos y Evangelio.

Es esencial aquí recordar la relación profunda entre liturgia y vida. Aquella es la expresión celebrativa oficial de la Iglesia, vivida en comunidad bajo la presidencia de un obispo o de un presbítero, pero ella es incompleta, trunca, si no recoge la vida de la Iglesia universal y particular y la proyecta para una realidad según el Evangelio.2



Lecturas Domingo de Pascua:

  1. Hechos 10: 34-43

  2. Salmo 117:1-2;16-17 y 22-23

  3. Colosenses 3: 1-4

  4. Juan 20:1-9



De la tumba vacía surge la luz, el fuego de la nueva humanidad que Dios realiza en Jesús el Resucitado para legitimar su historia, sus opciones, el sentido de su pasión y muerte, su proyecto del Reino de justicia para todos los seres humanos, su oferta de salvación. No ha sido una vida inútil, la que sus enemigos pretendieron sofocar con el juicio, la condena y el cumplimiento de la sentencia en la cruz. Esto es lo que celebramos en la solemne Vigilia Pascual, la más importante de las celebraciones en el mundo cristiano.3

La narrativa aquí contenida es fundante para nosotros. Es la respuesta y garantía provenientes de Dios a los interrogantes e inquietudes profundos que suscitan en nosotros el misterio del mal, el sufrimiento, la enfermedad, la injusticia, la violencia, el vacío existencial, la inevitable muerte. La experiencia de Pascua transformó a unos hombres y mujeres asustados, derrotados, como tantas veces nos ocurre. El Espíritu del Señor hizo de ellos una nueva humanidad configurada con el Resucitado, los entusiasmó hasta el extremo , para dedicarse sin reservas al anuncio de esa Buena Noticia.4 Este es el acontecimiento determinante del cristianismo, trasciende el tiempo y llega hasta nuestros días con la misma pretensión: resignificar nuestras vidas en clave pascual, brindarnos la fuerza de la fe para hacer frente a la aventura de vida con el talante del Señor Resucitado. Es el asunto por excelencia que da sentido a nuestra existencia cristiana. Es Dios mismo diciéndonos con máxima elocuencia que para El la vida humana se hace Vida en su Hijo Jesucristo.

Entran en juego las realidades propias de nuestra condición humana, todo lo que nos da plenitud, lo que responde a nuestras búsquedas de significado, y también aquello en la que la siempre presente precariedad toma protagonismo en nuestro ser y quehacer. Ya sabemos que es equipaje para toda la vida, no hay recurso histórico que pueda dispensarnos de la contingencia radical. Tal certeza no equivale a sumergirnos en el vacío, en la conciencia pesimista permanente. La experiencia pascual que transformó y entusiasmó a aquellos afligidos discípulos también es para nosotros hoy, para resucitar nuestras muertes, para entusiasmar nuestros desalientos, para volvernos nuevos con la misma novedad que transformó a Pedro y a María Magdalena, y a todos los que seguían y amaban a Jesús.

La liturgia pascual es rica en simbolismos: el fuego nuevo que se explicita en el cirio pascual, la abundante y densa Palabra bíblica, historia de salvación y de libertad hasta su culminación en Jesús, el canto del pregón pascual que anuncia el gozo que Dios nos causa con su constante intervención liberadora en la historia de Israel y de la humanidad, el agua bautismal y la renovación de las promesas correspondientes, y la eucaristía en la que se canta de nuevo el gloria – silenciado durante el tiempo de cuaresma - .

Con el fuego nuevo significamos al Señor Resucitado, permanecerá encendido, en cada celebración eucarística y litúrgica, durante el tiempo de Pascua, hasta Pentecostés. El binomio oscuridad-luz nos remite pedagógicamente a muerte-vida, pecado-santidad, injusticia-justicia, odio-amor, soledad-comunión, vacío-plenitud. La segunda parte de estos se realiza en el Señor Jesucristo, ahora emergiendo de las tinieblas de la muerte, para vida de todos.5

Entre este rico conjunto de textos destaquemos el que refiere la tortuosa travesía de Israel por el desierto rumbo a la tierra de la promesa, es parte de la biografía de este pueblo que vive allí una experiencia donde se juntan los vacíos y los sufrimientos, las carencias y las ansiedades, pero también las libertades y las conquistas, en las que sienten la presencia de un Dios que añade a sus rasgos el de ser liberador: “En ese día el Señor salvó a Israel del poder de Egipto6. Esa historia es paradigma de la nuestra, vamos siempre viviendo las ambigüedades que nos son propias, pero en la esperanza de llegar al territorio teologal, el del sentido definitivo de la vida: Pascua.

El relato del evangelio correspondiente al domingo es bastante escueto, sus protagonistas no son ni el Padre Dios, ni Jesús, tampoco habla explícitamente del hecho pascual. Sus actores son tres, al evangelista le interesa poner de relieve las reacciones de cada uno de estos personajes.: María Magdalena se alarma al ver que no hay cadáver en el sepulcro, sale corriendo a avisar de la desaparición; Pedro parece un inspector, entra también al sepulcro, advierte que las vendas están en el suelo y el sudario, enrollado, en lugar aparte, pero no pasa por su mente sacar alguna conclusión “pascual”; el discípulo, a quien el evangelista llama el amado por Jesús, corre más que Simón Pedro, llega primero que él, ve lo mismo que Pedro, “y vió lo que había pasado, y creyó” . 7

Esos primeros discípulos de Jesús, los que luego viven la experiencia transformadora de la Pascua, eran humanos, demasiado humanos, en diversos momentos de las narraciones evangélicas se constatan sus fragilidades, sus dificultades para captar la originalidad del Maestro, condicionados como estaban por el establecimiento religioso judío que imaginaba un Mesías poderoso, triunfante, espectacular. 8 Como nosotros, que vivimos seducidos por cosas muy importantes, ascenso social, deseosos de fama y reconocimiento, y nunca terminamos de asumir la vida en una dimensión más esencial y liberada del penoso culto al ego. “Pues ustedes murieron, y Dios les tiene reservado el vivir con Cristo. Cristo mismo es la vida de ustedes. Cuando él aparezca, ustedes también aparecerán con él llenos de gloria” 9, la convicción que afirma la segunda lectura surge de una vivencia profundamente real, transformadora, y al mismo tiempo capaz de re-significar por completo esa realidad.

Vienen a cuento la inmensa legión de nuestras limitaciones y precariedades, nuestros dolores y penurias, nuestras muertes lentas, todo lo que nos desilusiona y hace sufrir. Aquí es donde acontece el impacto pascual, como se deduce de las vigorosas palabras de Pedro,10 antes tan contradictorio y, en un momento dado un solemne cobarde: “Esto pudo hacerlo porque Dios estaba con él, y nosotros somos testigos de todo lo que hizo Jesús en la región de Judea y en Jerusalén. Después lo mataron, colgándolo en una cruz. Pero Dios lo resucitó al tercer día, e hizo que se nos apareciera a nosotros. No se apareció a todo el pueblo, sino a nosotros, a quienes Dios había escogido de antemano como testigos” . 11

Jesús había alcanzado la VIDA antes de morir, era el agua viva, como consta en el hermoso diálogo con la mujer samaritana, proclamado hace varios domingos. Jesús nació del Espíritu, vive por el Padre, todo su ser está dotado de vitalidad teologal, de la que es el portador primero, esa es la verdadera vida que siempre celebramos los cristianos. Jesús está vivo, pero de otra manera, su presencia resucitada no es la de un cuerpo muerto y revivido que sorprende a todos, su vitalidad trasciende las contingencias de la historia y del ser humano, nos asume en ese orden definitivo, como el que manifestó a la samaritana y a Nicodemo: “El que beba del agua que yo le darè nunca volverá a tener sed, porque el agua que yo le darè se convertirá en èl en manantial que brotarà dándole vida eterna” 12 y: “Te aseguro que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios” . 13

La esperanza de que nuestro ser e identidad personal no se aniquilará con la muerte se llama salvación-liberación, actuada por la mediación salvífica del Señor Jesucristo. Todo ser humano que decide ser radicalmente prójimo de sus prójimos, todo el que apuesta por el amor servicial y por la fraternidad, todo el que se desgasta para dar sentido a la vida de los demás, confirma esa expectativa y la hace real. La salvación no limita su comienzo al momento de la muerte: todo el relato de vida de un ser humano, aquí en este mundo, es llamado a salvarse. Dios empieza su trabajo pascual infundiéndonos el Espíritu, dando significado salvífico a nuestra existencia, cuando la inscribimos en el proyecto de Jesús, en la vivencia constante y creciente del Evangelio, en el desvivirnos por el prójimo, en ser instrumentos del buen Dios para que muchos hallen el sentido de sus vidas. Esto es seguir a Jesús, confiar en el Dios de la vida, construír su Iglesia, vivir y morir con la esperanza que él nos garantiza.



2 CONCILIO VATICANO II. Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1966. LEBON, Jean. Para vivir la liturgia. Verbo Divino. Estella, 1987. BOROBIO, Dionisio. La celebración en la Iglesia (4 volúmenes). Sígueme. Salamanca, 2006. MALDONADO, Luis. El sentido litúrgico, nuevos paradigmas. PPC. Madrid, 1999. RATZINGER, Joseph. Teología de la Liturgia. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2012. LÓPEZ MARTÍN, J. La liturgia de la Iglesia. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2006. GRANADOS GARCÍA, José. Tratado general de los sacramentos. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2017. MARTIMORT, Aimé George. La Iglesia en oración. Herder. Barcelona, 1987.

3 GONZÀLEZ FAUS, Josè Ignacio. Significado de la Resurrecciòn de Jesùs para el hombre de hoy. Aula de Teologìa de la Universidad de Cantabria. Santander, 23 de marzo de 2010. EQUIPO BÌBLICO VERBO. La comunidad del Resucitado. Encuentros bíblicos de la Lectio Divina desde los Hechos de los Apòstoles. Verbo Divino. Estella, 2016. PAGOLA, Josè Antonio. Cristo Resucitado es nuestra esperanza. PPC. Madrid, 2017. CHARPENTIER, Etienne. Cristo ha resucitado. Cuadernos Bìblicos número 4. Verbo Divino. Estella, 1981.

4 Louis Evely. La cosa empezó en Galilea. Sígueme. Salamanca, 1980. AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. Del movimiento de Jesús a la Iglesia cristiana. Verbo Divino. Estella, 1998. CROSSAN, John Dominic. El nacimiento del cristianismo. Crítica. Barcelona, 2002. SCHENKE, L. La comunidad primitiva. Sígueme. Salamanca, 1999.

5 MESSORI, Vitorio. Dicen que ha resucitado: una investigación sobre el sepulcro vacío. Rialp. Madrid, 1997. NORATTO GUTIÉRREZ, José Alfredo. El lenguaje de las manifestaciones del Resucitado y su sentido, a partir de los textos fundamentales del Nuevo Testamento. En Revista Cuestiones Teológicas volumen 40, número 94, páginas 289-322. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, julio-diciembre 2013. EQUIPO BÍBLICO VERBO. La comunidad del Resucitado. Verbo Divino. Estella, 2005. BRAMBILLA, Franco Giulio. El Crucificado Resucitado: Resurrección de Jesús y fe de los discípulos. Sígueme. Salamanca, 2003. PAGOLA, José Antonio. Cristo Resucitado es nuestra esperanza. PPC. Madrid, 2017. NOGUEZ, Armando. Cristo Resucitado según los relatos pascuales. Narraciones, interpretaciones y mensaje evangelizador. Verbo Divino. Estella, 2022. ALEGRE, Xavier. La resurrección de Jesús, esperanza para los pueblos crucificados. En https://www.redicces.org.sv/sjpui/bitstream/10972/1445/1/RLT-2008-075-B.pdf

6 Exodo 14: 30

7 Juan 20: 8

8 José Luis Sicre, biblista español, jesuita (n. 1940), profesor en la facultad de teología de Granada y en el Pontificio Instituto Biblico de Roma ha escrito una densa y bella trilogía sobre los relatos evangélicos y sobre la formación del cristianismo primitivo, se títula El Cuadrante, en tres volúmenes I La búsqueda introducción a los evangelios, II La apuesta el mundo de Jesús, III El encuentro, el cuarto evangelio; publicados por la editorial Verbo Divino en 1997. Se complementan con Memorias de Andrónico (parte novelada de El Cuadrante), del mismo autor y en la misma editorial, año 2000. Altamente recomendable para conocer la experiencia pascual, la elaboración de los cuatro relatos evangélicos, la vivencia de las primeras comunidades cristianas, el surgimiento del cristianismo

9 Colosenses 3: 3-4

10 TORRES QUEIRUGA, Andrés. Repensar la resurrección. Trotta. Madrid, 2003. MÜLLER, Ulrich. El origen de la fe en la resurrección de Jesús. Verbo Divino. Estella, 2003. CHARPENTIER, Etienne. Cristo ha resucitado!. Verbo Divino. Estella, 1981. BOFF, Leonardo. La resurrección de Cristo, nuestra resurrección en la muerte. Sal Terrae. Santander, 2001. CABA, Jesús. Resucitó Cristo, mi esperanza: estudio exegético. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1986.

11 Hechos 10: 39-41

12 Juan 5: 14

13 Juan 3: 3

jueves, 6 de abril de 2023

COMUNITAS MATUTINA 6 Y 7 DE ABRIL 2023 JUEVES Y VIERNES SANTO

 

Aunque era Hijo, mediante el sufrimiento aprendió a obedecer, y consumada su perfección, llegó a ser autor de salvación eterna para todos los que le obedecen…”

(Hebreos 5: 8)



Textos de Jueves Santo:

  1. Exodo 12: 1-4

  2. Salmo 115

  3. 1 Corintios 11: 23-26

  4. Juan 13: 1-15

Textos de Viernes Santo:

  1. Isaías 52: 13 a 53 12

  2. Salmo 30

  3. Hebreos 4: 14-16 y 5: 7-9

  4. Juan 18: 1 a 19:42

Ahora estamos con Jesús y con sus discípulos en el contexto de la Pascua Judía, la ciudad de Jerusalén1 llena de peregrinos que venían a la celebración tradicional de su fe, ambiente caldeado entre los dirigentes religiosos que tenían los mayores resquemores en contra suya, con deseos claros de condenarlo y eliminarlo. El, que se deshace de sus vestimentas para lavar los pies de sus discípulos, pan y copa de vino que se constituyen en memorial de su vida, traición de Judas y negación de Pedro, prendimiento, flagelación , corona de espinas, dramático camino hacia el Gólgota, burlas y humillaciones de Herodes y su gente, vacilación de Poncio Pilato, crucificado en medio de dos reos, muerte a todas luces injusta, causada por la rabia de los hombres “santos” del judaísmo de ese tiempo, son los primeros contenidos de lo que conmemoramos en semana santa. Pasión de Cristo!2

Y también pasión del mundo. La guerra en Ucrania se hace cada vez más cruenta, con el líder del país agresor repudiado por el mundo entero, sin que esto afecte su cinismo político; por los lados de Nicaragua, una pareja de dictadores atropella al pueblo y a su sensibilidad religiosa, deporta coterráneos, los priva de su nacionalidad, condena a un obispo a 26 años de prisión, con el argumento de ser enemigos de la revolución; Siria y Turquía lesionados por sucesivos y destructivos terremotos, con números altísimos de víctimas, en el primer país la guerra civil no cede, muchos de sus ciudadanos emigran desesperados en busca de dignidad, paz y pan para vivir. Es el eterno problema que surge del ser humano en contra de sus semejantes, un panorama permanente de pobreza, de frustraciones, de desencuentros, de una humanidad doliente clamando reconocimiento de su derecho a vivir razonablemente. Pasión de Cristo, pasión del mundo. 3

Y también constatamos – con máxima esperanza – que hay hombres y mujeres sirviendo a brazo partido, ayudando a millones de personas en emergencia, gentes para quienes la solidaridad efectiva y afectiva es esencial en sus proyectos de vida, gente que sirve en silencio sin reclamar aplausos, los que van por la vida , médicos, enfermeras, trabajadores sanitarios, acompañantes, cuidadores, religiosas, sacerdotes, pastores, humanistas, activistas sociales, promotores de reconciliación, personas de los diversos credos y tradiciones espirituales, todos a una haciendo indispensable la vida como servicio/diakonía. Relatos de vida, muchos de ellos inscritos en el de Jesús, otros no, igualmente plenos de densidad liberadora, dando a entender que la última palabra sobre el ser humano no la tienen ni la muerte ni el odio porque sólo el amor es digno de fe. 4 Jueves Santo!

La Semana Santa tiene un componente esencial de solemnes liturgias y de otras tradiciones que expresan la sensibilidad religiosa del pueblo cristiano, pero por el mismo Jesús sabemos que contemplar el drama de su pasión y celebrar con gozo su pascua nos enfrenta a las realidades más profundas de la humanidad, y esto en un plan de compasión y de misericordia. Lo sucedido en aquella Jerusalén del siglo I, la vida de este joven Galileo de 33 años5 acogiendo a pecadores y marginados, animando sus vidas con la comunicación de un Dios cercano, misericordioso, incondicional en sus dádivas para los últimos del mundo, severo y contundente contra las máscaras religioso-morales de los jefes del templo y de la sinagoga, es el relato mayor que cubre a la humanidad entera con la gran pretensión de dar sentido absoluto a todo el que , desde su libertad, lo quiera recibir. Una historia así, merece , pasando por los memoriosos rituales vividos con honestidad, una actualidad que se vincula en proporción directa con las muchas realidades requeridas de salvación y de redención.

Y ahora, vayamos un poco a esa cena pascual del siglo I y veamos qué nos dice hoy.

Jesús establece una relación muy grande entre su muerte y los elementos de la cena : el pan y la copa de vino. Esta es la interpretación que nos transmiten los relatos de los cuatro evangelios; los sentimientos que él comunica a sus discípulos en ese contexto están relacionados con su muerte y con el memorial. Vivir en memoria suya es vivir y des-vivirse como él. La interpretación que se le da es la de una muerte definitivamente salvadora; con esto, nos deja la posibilidad de vivir siempre la realidad de una nueva alianza con el Dios salvador, en el sentido del reino definitivo anunciado por él. Con esta memoria sacramental entramos en comunión con el destino histórico de Jesús, trabajar por la fraternidad humana y significarla con eficacia en cada celebración, él se parte y se comparte para entregarnos la vida de Dios y para comprometernos a vivir en la “ética eucarística”, vidas que se hacen creíbles en la vivencia del amor: “Yo recibí del Señor lo mismo que les transmití a ustedes: que el Señor Jesús, la noche en que fue traicionado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: Este pan es mi cuerpo, que por ustedes entrego; hagan esto en memoria mía. De la misma manera, después de cenar, tomó la copa y dijo: esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; hagan esto, cada vez que beban de ella, en memoria mía”. 6

Según el relato de Juan 13: 1-15 , que se proclama en la eucaristía del jueves santo, Jesús lava los pies a sus discípulos. Con este gesto simbólico quiere que ellos comprendan los alcances de su misión. En las culturas de la antigüedad lavar los pies era señal de acogida y hospitalidad, y de consideración excepcional hacia los huéspedes, es una servicialidad humilde que refleja la ministerialidad7 de su vida, con la que él quiere distinguir a quienes siguen su camino. El, que preside esta cena, y, dentro de ella, realiza este lavatorio, demostrando que no hay alguno mayor que pudiera ser el primero; la comunidad de sus discípulos se configura en la igualdad y en la libertad como fruto del amor; y el Señor se convierte en el servidor, porque la grandeza no está en el honor humano sino en el amor que transforma a varones y mujeres en presencia de Dios en el mundo. Al ponerse de rodillas ante sus discípulos, Jesús, Dios entre los hombres, destruye la imagen de Dios creada por la sacralización religiosa (el omnipotente, el todopoderoso, el altísimo, la majestad lejana), Dios recupera su rostro con el servicio: “Pues si yo, el Señor y el Maestro,8les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Les he puesto el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes”. 9

Y ahora nos vamos para viernes santo. La muerte es la gran preocupación humana, en la reciente pandemia la vivimos con particular intensidad. El ser humano la acepta o la niega, muchos viven esto con realismo y lo integran sabiamente en sus vidas, otros hacen esfuerzos por evadirla creando interminables paraísos artificiales o haciendo el juego de la eterna juventud, falacia como pocas en el mundo, los hay también que se dejan llevar por un determinismo trágico, o quienes se refugian en religiosidades incapaces de dinamismo histórico y transformador. 10 Para los discípulos la muerte de Jesús resultó totalmente desalentadora, ellos esperaban un Mesías terreno que iba a revivir las glorias de los reinados de David y Salomón, pero sus ilusiones se desvanecieron y el sentimiento de derrota se apoderó de ellos, es lo que expresan los discípulos de Emaús: “Era un profeta, poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo. Los jefes de los sacerdotes y nuestros gobernantes lo entregaron para ser condenado a muerte, y lo crucificaron; pero nosotros abrigábamos la esperanza de que era él quien redimiría a Israel….”11

El cuadro de la muerte de Jesús es dramático en extremo: abandonado por todos, incluídos sus discípulos, escarnecido por los soldados romanos y por la muchedumbre, Dios en aparente silencio, condenado como reo hereje y blasfemo por la furia religiosa del judaísmo. La muerte de Jesús no es un acontecimiento predeterminado por un Dios que victimiza a su Hijo, con todo lo que esto tiene de fatalismo, interpretación desafortunada que surgió en cierto momento del medioevo , reforzando la idea de un Dios inflexible y generando un cristianismo doloroso y triste, correspondiente con esa mentalidad, que ha predominado por siglos. Jesús resignifica la muerte, lo suyo está condensado en la clásica expresión de Juan: “Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos”. 12 El ministerio de Jesús, su servicio definitivo, es demostrar que Dios se revela en la donación de sí para que todos tengan vida en abundancia, Dios sucede salvíficamente en esta muerte, se inicia como tragedia, pero esta se disipa porque es pascua, paso de la muerte a la vida. 13

Con la humanidad doliente, con la inevitable fragilidad del ser humano, con las vejaciones causadas por unos hombres a sus congéneres, con el pecado que hace fracasar el plan de Dios para la humanidad, Jesús com-padece y con-duele, redime y salva, desde su cruz confronta el misterio del mal y anuncia que la muerte no define la existencia humana. En la tarde de la cruz se vislumbra la mañana de la vida.

1 JEREMIAS, Joachim. Jerusalén en tiempos de Jesús. Cristiandad. Madrid, 2017. SAULNIER, Christiane & ROLLAND, Bernard. Palestina en tiempos de Jesús. Verbo Divino. Estella, 1981. LANCASTER JONES, Guillermo. El mundo en que vivió Jesús: aportes de la arqueología y de la historia. En https://www.antoniano.org/pua/dispense/GmoEl%20mundo.pdf HOUTART, Francois. Palestina del siglo I y el actor socio religioso: Jesús. Buho Ediciones. Quito, 2014. LEIPOLDT, J. & GRUNDMANN, W. El mundo del Nuevo Testamento ( tres volúmenes). Cristiandad. Madrid, 1974.

2 MEJÍA GOÉZ, Alvaro & SARDIÑAS IGLESIAS, Loida. La cruz bajo secuestro. Una mirada a la teología de la cruz desde la teología de la liberación. En Revista Alberto Magno volumen 4 número 1, páginas 57-78. Universidad de Santo Tomás de Aquino. Bogotá, 2013. DE MIER, F. Teología de la cruz. Tríptico de las riquezas de la pasión. San Pablo. Madrid, 1996. MOLTMANN, Jürgen. El Dios Crucificado: la cruz de Cristo como base y crítica de toda la teología cristiana. Sígueme. Salamanca, 1997. FERNÁNDEZ DE BUJÁN, Federico. Cristo ante el poder y frente a la injusticia. Particular análisis de su silencio en el proceso de su condena a muerte. En Anales de la Real Academia de Doctores de España, volumen 4 número 2, páginas 113-145. Madrid, 2019.

3 BOFF; Leonardo. Pasión de Cristo, pasión del mundo: hechos, interpretaciones y significado, ayer y hoy. Sal Terrae. Santander, 1985. RADCLIFFE, Timothy. Las estaciones del Via Crucis. Desclée de Brower. Bilbao, 2016. GARCÍA PÉREZ, Jose Miguel. La pasión de Cristo. Encuentro. Madrid, 2019. IBAÑEZ LANGLOIS, José Miguel. La pasión de Cristo. Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago, 2021.

4 VON BALTHASAR, Hans Urs. Sólo el amor es digno de fe. Sígueme. Salamanca, 1995. RAHNER, Karl. Amar a Jesús, amar al hermano. Sal Terrae. Santander, 1983. MARITAIN, Jacques. Quien es mi prójimo? En https://www.jacquesmaritain.com/pdf/12_FyR/03_FR_Proj.pdf?link=03_FR_Proj.pdf Es el texto de una conferencia pronunciada por Maritain en 1944 en el IV Congreso Mundial de los Creyentes POR LOS DERECHOS DE LA PERSONA HUMANA. BENEDICTO XVI. Carta Encíclica Deus Caritas est Dios es Caridad. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2005.

5 PUIG, Armand. Jesús, una biografía. Destino. Barcelona, 2006. Pagola, José Antonio. El camino abierto por Jesús (4 volúmenes: Mateo, Marcos, Lucas, Juan). PPC. Madrid, 2010. CASTILLO, José María. El Reino de Dios: por la vida y la dignidad de los seres humanos. Desclée de Brower. Bilbao, 1999. PAGOLA, José Antonio. Recuperar el proyecto de Jesús. PPC. Madrid, 2017. FEDERACION LUTERANA MUNDIAL. Diaconía en contexto: transformación, reconciliación, empoderamiento. Ginebra, 2009. AGNERAY, Paul y autores varios. Diakonía: el servicio en la Biblia. Verbo Divino. Estella, 2012. PAPA BENEDICTO XVI. Carta Apostólica INTIMA ECCLESIAE NATURA sobre el servicio de la caridad. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2012.

6 1 Corintios 11: 23-25

7 La palabra ministerio quiere decir servicio, viene del latín minister-criado-servidor que en castellano traduce menester, los servicios humildes de casa para que todos se sientan cuidados y respetados. El ministerio es una nota distintiva de la Iglesia, se instituye para anunciar la Buena Noticia, para construír la comunidad en torno a Jesús. Una Iglesia evangélicamente constituída es toda ella una realidad ministerial, servicial.

8 Interpretación post pascual del evangelista

9 Juan 13: 14-15

10 RAHNER, Karl. El sentido teológico de la muerte. Herder. SCHUMACHER, Bernard N. Muerte y mortalidad en la filosofía contemporánea. Herder. Barcelona, 2010. BOWKER, John. Los significados de la muerte. Akal. Madrid, 2003. LEÖN AZCARATE, Juan Luis. La muerte y sus imaginarios en la historia de las religiones. Universidad de Deusto. Bilbao, 2007. PIEPER, Joseph. Muerte e inmortalidad. Herder. Barcelona, 1982. GARCÍA SABELL, Domingo. Paseo alrededor de la muerte. Alianza. Madrid, 1999. NULAND, Sherwin B. Cómo morimos: reflexiones sobre el último capítulo de la vida. Alianza. Madrid, 1997. ROS GARCÍA, Salvador. La muerte y su sentido: problemática humana y significación teológica. En Revista Teresianum número 34, páginas 83-120. Facultad Teológica Teresianum. Roma, 1983. URIBARRI BILBAO, Gabino. Sentido cristiano de la muerte: apuntes pastorales. En Revista Estudios Eclesiásticos volumen 82, número 320, páginas 85-118. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2007.

11 Lucas 24: 19-21

12 Juan 15: 13

13 SCHURMANN, Heinz. Cómo entendió y vivió Jesús su muerte. Sígueme. Salamanca, 1982. LEGASSE, Simon. El proceso de Jesus. Volumen I La historia, Volumen II La pasión en los cuatro evangelios. Desclée de Brower. Bilbao, 1999. DESTRO, Adriana & PESCE, Mauro. La muerte de Jesús: investigación de un misterio. Verbo Divino. Estella, 2015. GIL ARBIOL, Carlos. Las interpretaciones de la muerte de Jesús. En https://www.origenesdelcristianismo.com/descargas/carlosgil/articulosespanol/Gil%202012.pdf METZ, Johann Baptist. Memoria passionis: una evocación provocadora en una sociedad pluralista. Sal Terrae. Santander, 2007.

domingo, 2 de abril de 2023

COMUNITAS MATUTINA 2 DE ABRIL 2023 DOMINGO DE RAMOS - SEMANA SANTA 2023

 

Ofrecí mi espalda a los golpes, mi cara a los que mesaban mi barba, y no hurté mi rostro a insultos y salivazos. Pero el Señor Yahvé me ayuda, por eso no sentía los insultos; y ofrecí mi cara como el pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado”

(Isaìas 50: 6-7)

Lecturas:

  1. Isaías 50: 4-7

  2. Salmo 21: 8-9;17-20;23-24

  3. Filipenses 2: 6-11

  4. Mateo 26: 14 a 27:66 (relato de la pasión)



Vuelve Semana Santa, vuelve Jesús de Nazaret, el Cristo, el Crucificado, el Resucitado : se ha ido? Lo dejamos ir? Lo desconocemos, lo consideramos un bonito adorno religioso? O está siempre y no lo captamos o tenemos miedo de acogerlo? Qué significa para nosotros hoy este personaje que, desde la notable marginalidad de su vida en Palestina, hace más de veinte siglos, ha partido en dos la historia de la humanidad? O bien, somos cristianos en general, católicos, pentecostales, ortodoxos, metodistas, luteranos, presbiterianos, bautistas, anglicanos, cómo es eso en nuestras vidas? Lo recibimos por herencia familiar, sociocultural, y seguimos la inercia de una sociedad donde el cristianismo sigue siendo “mayoritario”? O, de pronto, nos llegó una ráfaga del Espíritu Santo y “nos dimos la pela” y decidimos confrontar esa fe, la revisamos críticamente, optamos por un cristianismo a nuestro aire – Jesús sí, Iglesia no – o también en esa autocrítica tomamos el camino de la no creencia o el del agnosticismo, o nos dejamos tomar por el Crucificado y acogimos su reto y su invitación? 1

Cualquiera sea la postura que tengamos ante Jesús recordemos que no es “obligatorio” creer en él, seguirlo, es una oferta que se nos hace a nuestra libertad, a nuestra capacidad de optar.2 Este presupuesto es fundamental, estamos ante alguien que justamente se caracterizó por su extraordinaria libertad, que no presionó a ninguno de sus seguidores ni forzó sus decisiones. El relato suyo – Evangelio decimos, Buena Noticia – es una narrativa libre y liberadora, que procede directamente de Dios y apunta a la plena libertad del ser humano en El.

Sea esta Semana Santa 2023 – para quienes lo quieran y asuman felizmente – un tiempo para dejarnos encontrar por él, para que sus preguntas y exigencias nos “muevan el piso”, nos pongan en trance de autenticidad y trascendencia.

En este encuentro con Jesús no se puede subestimar el carácter marginal de su vida y del contexto en el que nació, creció y llevó a cabo su misión. Un mundo de pobres y de pobreza, un contacto directo, vivencial, con el sufrimiento de su gente, unas injusticias de marca mayor, surgidas del Imperio Romano y del Templo de Jerusalén, unos dramas de dolor profundo, unos muy problemáticos vacíos de sentido, un Dios que – según sacerdotes y rabinos – no era para las mayorías empecatadas y empobrecidas, una existencia vivida en pequeñez y con los pequeños del mundo. No es casualidad que haya nacido extramuros de la pobre aldea de Belén, que haya sido crucificado como reo merecedor de justicia en las afueras de Jerusalén. La historia de Jesús de Nazaret sucede toda en un mundo de marginalidad, y en ella es donde Dios se dice definitivamente. Esto, qué tiene que ver con tu vida y con la mía?3

La mayor parte de su vida transcurre en silencio, en modo oculto, en su hogar de Nazaret, con sus padres José y María, en el trabajo, y en el silencio profundo de Dios, la entraña misma de su propio ser. Y después se proyecta a su ministerio público, de apenas tres años, o un poco menos, enseña sobre una novedosa lógica de vida “el reino de Dios y su justicia”, las parábolas de encantadora sencillez y cotidiana sabiduría son su recurso pedagógico, con el lenguaje simple de sus oyentes y coterráneos, sana de dolencias corporales y espirituales, ciegos, leprosos, paralíticos, pasan por su mano medicinal, y con ellos ejerce también la misericordia, la reconfiguración total de hombres y mujeres en su dignidad de hijos del mismo Padre.

Ante el establecimiento religioso judío – sacerdotes del templo de Jerusalén, maestros de la ley, fariseos – procede con conducta rigurosa y confronta “sepulcros blanqueados”, con ira santa arroja a mercaderes y dineros en el atrio del santuario, afirma en todo la soberanía de un Dios a quien él vive y entiende como Padre-Abba, compasivo y misericordioso como el que más con todas las penurias de la humanidad. Y en más de una ocasión, a pesar de su discreto silencio mesiánico, deja entrever la conciencia de divinidad que habita en él.4 Con todo esto, el odio del Templo y de la sinagoga se hace cada vez más vehemente, y encuentran ellos los argumentos “válidos” para juzgarle y condenarle a la cruz.

Son muchas las interpretaciones de la pasión de Jesús, muchas las mentalidades religiosas que se corresponden con ellas. Esta realidad sucedida hace un poco más de veinte siglos aspira a seguir siendo significativa en nuestro tiempo porque tiene el peso suficiente para transformar nuestra vida en la misma perspectiva en la que él orientó su existencia, vida de Dios en él, vida de Dios en nosotros, humanidad y divinidad sucediendo en dramática y esperanzadora simultaneidad.5

Pocos aspectos de su vida han sido tan distorsionados como su muerte. Le endilgaron la interpretación de que a Dios le encanta el sufrimiento humano y que por eso hay que aceptarlo sin chistar, además de buscarlo voluntariamente. En esta óptica se piensa en un Dios que exige la muerte de su propio hijo como satisfacción para perdonar los pecados de la humanidad, concepción totalmente contraria a la originalidad de su proyecto. 6

Es consciente de lo que le va a suceder y acepta su destino, porque este drama tiene total coherencia en relación con toda su vida y con su predicación, no en el sentido de adivinación del futuro sino en el de la consistencia teologal de todo su ser y quehacer: revelar la misericordia de Dios y hacerla efectiva preferentemente en los condenados de la tierra, y en los humanos que no se conforman con una vida a medias, convirtiéndose en esperanza para todos, y desarmando la hipocresía de la religión de los sacerdotes del templo. Jesús no está sometido ciegamente a un fatalismo predeterminado por Dios, su pasión y su muerte resultan de sus opciones y de la incapacidad de los judíos para entender el contenido de su misión. Jesús asume el drama de su muerte con entereza, si bien, en cuanto humano, experimenta angustia y repugnancia, según lo relatan los evangelios en la oración en el huerto de Getsemaní. Y va a la muerte para dar vida de Dios, vida en abundancia, su muerte es la del pro-existente, del que sale de sí mismo a favor de los demás – salvíficamente – en nombre de Dios. 7

Jesús murió por ser fiel a Dios y al ser humano necesitado de sentido y de salvación de los poderes de la muerte, del pecado y de la injusticia, 8 nos deja claro que amar como Dios ama es más importante que la vida biológica, no murió para lograr por primera vez que Dios nos amara sino para demostrar que ese Dios a quien llamamos Padre y Madre nos ama desde siempre, y que su intención es – con ese mismo enfático “siempre” – desbordarse en vida y plenitud con todos los seres humanos, incluyendo aquellos que, en acto de respetable libertad, deciden vivir sin estar inscritos en su camino.

Cuando constatamos el mal que recae sobre tantos inocentes surge la pregunta por la posibilidad de la intervención de Dios, o también una gran indignación por su silencio. Qué pasa?: “El Señor Yahvé me ha abierto el oído, y no me resistí ni me hice atrás. Ofrecí mi espalda a los golpes, mi cara a los que mesaban mi barba, y no hurté mi rostro a insultos y salivazos” 9 dice este llamado tercer cántico del Siervo doliente de Yahvé, con el que el profeta Isaías prefigura el mesianismo crucificado de Jesús, en el que reconocemos la verdadera indignación-denuncia ante la malignidad del poder que destruye al inocente.10

La entrada de Jesús en Jerusalèn, montado sobre un asno y aclamado por sus seguidores, no es un acto triunfal como el de un poderoso que ingresa al “hall” de la fama. Es un gesto profético, indicación que hace el evangelista para resaltar su misión en medio de los pobres: “Hosanna al hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor! Hosanna en las alturas! Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. Quien es este? Se preguntaban. Y la gente decía: este es el profeta Jesús,

Jesús crucificado es el lenguaje contundente de Dios en el que suceden plenamente su humanidad y su divinidad, asumiendo lo más humano de nosotros – la muerte – y situándola en la perspectiva de Dios: “Pero Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el espíritu” 11 . En la pasión, Jesús se vacía totalmente de sí mismo – esto es lo que significa la palabra griega kenosis. Ese vaciamiento es dar todo de sí para afirmar que sólo esa “locura de la cruz” es la garantía amorosa que decide la salvación nuestra, si acogemos su oferta: “Por eso Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra, en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es el Señor, para gloria de Dios Padre” .12







1 NOLAN, Albert. Jesús hoy: una espiritualidad de libertad radical. Sal Terrae. Santander, 2007; Quién es este hombre? Jesús, antes del cristianismo. Sal Terrae. Santander, 2011. GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. El rostro humano de Dios: de la revolución de Jesús a la divinidad de Jesús. Sal Terrae. Santander, 2015. MARTIN, James. Jesús. Mensajero. Bilbao, 2014. SEGUNDO, Juan Luis. La historia perdida y recuperada de Jesús de Nazaret. Sal Terrae. Santander, 1990. MACHOVEC, Milan. Jesús para ateos. Sígueme. Salamanca, 1978. SILVA, Sergio. Hay razones para creer en Jesús? Buscando respuestas en los escritos paulinos del Nuevo Testamento. Universidad Alberto Hurtado. Santiago de Chile, 2012. LOPEZ-DORIGA, Enrique. Quien eres, Jesús de Nazaret. Buena Prensa. México, D.F., 2016. BERMEJO RUBIO, Fernando. La invención de Jesús de Nazaret: la historia, ficción, historiografía. Siglo XXI Editores.México, D.F., 2019. DUNN, James D. Redescubrir a Jesús de Nazaret: lo que la investigación sobre el Jesús histórico ha olvidado. Verbo Divino. Estella, 2006. CROSSAN, John Dominic. El Jesús de la historia, vida de un campesino mediterráneo judío. Crítica. Barcelona, 2000.

2 DUQUOC, Christian. Jesús, hombre libre. Sígueme. Salamanca, 1980. JUSTO, Emilio J. La libertad de Jesús. Sígueme. Salamanca, 2014; La libertad en perspectiva teológica. En Revista Razón y Fe tomo 277, número 1432, páginas 173-183. Compañía de Jesús España. Madrid, 2018. GUERRA, Santiago. Jesús, hombre libre. En https://www.revistadeespiritualidad.com/upload/pdf/216articulo.pdf AGUIRRE MONASTERIO. Rafael. La mirada de Jesús sobre el poder. En Revista Teología y Vida volumen 55 número 1, páginas 83-104. Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago, marzo 2014.

3 MEIER, John P. Jesús, un judío marginal: nueva visión del Jesús histórico. (Obra en 5 volúmenes). Verbo Divino. Estella, 1999. SCANNONE, Juan Carlos. La teología del pueblo: raíces teológicas del Papa Francisco. SOBRINO, Jon. Fuera de los pobres no hay salvación. UCA Editores. San Salvador, 2009. CASTILLO, José María. Víctimas del pecado. Trotta. Madrid, 2004; Los pobres y la teología: que queda de la teología de la liberación. Desclée de Brower. Bilbao, 1997. FABRIS, Rinaldo. La opción por los pobres en la Biblia. Verbo Divino. Estella, 1992. SOBRINO, Jon. Bajar de la cruz a los pobres: cristología de la liberación. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/47263242.pdf GUTIÉRREZ MERINO, Gustavo. Donde está el pobre, está Jesucristo. En Revista Angelicum número 84, páginas 539-553. Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino. Roma, 2007. FRAIJÓ, Manuel. Jesús y los marginados: utopía y esperanza cristiana. Cristiandad. Madrid, 1985. ARANGUREN GONZALO, L.A. & SEGOVIA BERNABÉ, J. No te olvides de los pobres. Notas para apuntalar el giro social de la Iglesia. Sal Terrae. Santander, 2015. CONGAR, Yves Marie. El servicio de la pobreza en la Iglesia. Estela. Barcelona, 1964.

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8 El teólogo Jon Sobrino (nacido en 1938) ha dedicado su reflexión a la cristología hecha desde el contexto de las víctimas; nacido en España, reside desde su juventud en El Salvador, donde ha vivido directamente las condiciones de dramática pobreza que afectan a la mayoría de la población, junto con una brutal guerra civil que azotó al pequeño país entre 1980 y 1992. Sus obras más destacadas en este sentido son “Jesucristo Liberador: lectura histórico-teológica de Jesús de Nazareth” y “La fe en Jesucristo: ensayo desde las víctimas”, ambas publicadas por la editorial Trotta de Madrid.

9 Isaías 50: 5-6

10 SANHUEZA, Krety. Jesucristo, prototipo de justicia y de martirio a favor de los pobres y marginados. En Revista Cuestiones Teológicas volumen 43 número 99, páginas 175-197. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, enero-junio 2016. GUTIÉRREZ MERINO, Gustavo. Hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente. Sígueme. Salamanca, 1986. GNOCCHI, Carlo. Pedagogía del dolor inocente. En https://www.teologoresponde.org/wp-content/uploads/2014/03/dolor_inocente.pdf ALONSO LASHERAS-RIVERO, Alfonso. El sufrimiento como lugar para una reflexión teológico-moral. Una propuesta pastoral desde un Dios “tododebilidoso”. Trabajo de grado para optar al título de licenciado en teología moral. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2016. BONHOEFFER, Dietrich. Resistencia y sumisión. Sígueme. Salamanca, 1983. GAVRILYUK, P.L. El sufrimiento del Dios impasible. Sígueme. Salamanca, 2012. GOMES, P.R. O Deus im-potente. O sofrimento e o mal em confronto con a Cruz. Loyola. Sao Paulo, 2007. GRESHAKE, Gisbert. Por qué el Dios del amor permite que suframos? Sígueme. Salamanca, 2008. KITAMORI, K. Teología del dolor de Dios. Sígueme. Salamanca, 1975. SANZ GIMÉNEZ-RICO, Enrique. No te bajes de la cruz. Subir al encuentro del Dios de Jesús Crucificado. En Revista Sal Terrae número 92, páginas 219-229. Madrid, 2004.

11 Mateo 26: 50

12 Filipenses 2: 9-11

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