domingo, 13 de abril de 2025

COMUNITAS MATUTINA 13 DE ABRIL 2025 DOMINGO DE RAMOS CICLO C

 “Por eso Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es el Señor, para gloria de Dios Padre”

(Filipenses 2:9-11)

 

Lecturas:

1.     Isaías 50: 4-7

2.    Salmo 21

3.    Filipenses 2: 6-11

4.    Lucas 22: 14 a 23: 56

 

Los seres humanos experimentamos siempre la contradicción entre la vocación a la felicidad, a la realización plena de aquellas cosas que nos dan satisfacción y plenitud,[1] y la vivencia de una inevitable precariedad,  manifestada en el sufrimiento, el sentimiento trágico de la vida,  el vacío que nos causan los fracasos afectivos, la frustración de proyectos en los que estamos empeñados[2] y “esta señora muerte que se va llevando todo lo bueno que en nosotros topa”. [3] La tendencia filosófica conocida como existencialismo se fijó especialmente en esta condición de contingencia, marcada por el vacío y el pesimismo que surge en las dos guerras mundiales, en la bomba atómica que destruye la vida de millares de personas en Hiroshima y Nagasaki,  sociedades con honda experiencia de derrota y destrucción, acompañadas de un notable escepticismo frente a las posibilidades de felicidad y de sentido. En Colombia sabemos mucho de todo esto, pero también de resiliencia y de digna y meritoria superación de la cultura de la muerte.

Si revisamos atentamente nuestras biografías  podremos verificar la tensión entre esta legítima pasión por la felicidad y la vivencia contradictoria del mal y del sufrimiento. Un día nos entusiasmamos con determinado proyecto y le entregamos lo mejor de nuestro ser, pero también sufrimos de desencanto cuando no encontramos la respuesta esperada; trabajamos con ahínco por mantener una buena salud pero la enfermedad nos acecha,  nos encanta un determinado líder político, lo elegimos con la idea de que será definitivo para salvar nuestro país de la debacle y, una vez en su cargo de gobierno, padecemos sus desaciertos e incompetencias para dirigirnos. Las grandes utopías del siglo XX, fundamentadas en esa mentalidad del mundo feliz, la sociedad sin clases del paraíso comunista, el capitalismo con su propósito de lucro y bienestar , han demostrado las hondas fisuras que contienen en sí mismas y su incapacidad para satisfacer esta búsqueda de la felicidad. [4] Así mismo,  es imperativo recordar que la arrogancia humana se pone de espaldas a Dios, y pretende construír un mundo sin El y sin el prójimo, arrasando con toda moralidad, profanando el santuario de la vida, desafiando la justicia, desacralizando la existencia, rindiendo culto a ídolos insostenibles, permitiendo que predominen el egoísmo y la ausencia de la  referencia trascendente.

Conviene advertir que hablar de esto no se orientad al escepticismo  acerca de nuestras posibilidades de felicidad, sino a constatar que esa pregunta constante por el sentido de la vida es la permanente aventura  en la que estamos abiertos a descubrir que nosotros, seres humanos, no nos salvamos a nosotros mismos, que la plenitud anhelada no la logramos por nuestro simple esfuerzo, que hay una realidad “totalmente otra” que nos invita a trascender hacia  ese Otro definitivo, El,  en permanente trascender hacia nosotros, los humanos, en el que se consuma plenamente esta tarea inagotable de configurar nuestra felicidad. Los seres humanos somos necesitados de salvación! [5]

El pueblo de Israel es  el prototipo de esta conciencia necesitada de salvación y sentido. Después de  logros y momentos de realización, experimentaron multitud de  fracasos, rompieron su vínculo fundante con el Dios que se había comprometido con ellos, hicieron de su religión una fría colección de rituales y preceptos sin misericordia ni justicia, absolutizaron los ídolos del poder, se envanecieron con sus triunfos, se alejaron de sus prójimos sedientos de dignidad. Así, sobrevinieron el fracaso y las sucesivas dominaciones de potencias extranjeras.  En esa cruda experiencia empezaron a buscar respuestas y poco a poco fueron configurando su expectativa de un Mesías, un enviado de Dios para salvarlos y hacerlos libres nuevamente. Se tejieron toda suerte de tradiciones en torno a esta esperanza: salvador político, rey poderoso, reformador religioso, vencedor de sus enemigos. [6]

El tema central de las lecturas de este  Domingo de Ramos es la relación necesidad de  salvación-mesianismo.  La palabra “Mesías”  , de origen hebreo,   significa “ungido”, que en griego se dice “Xristós”. En la tradición del Antiguo Testamento ungir a alguien equivalía a confiarle una misión en nombre de Dios, para beneficio de todo el pueblo creyente, una misión de libertad y de salvación. Las dos palabras – Mesías y Xristós – aluden a aquel personaje que Israel aguardaba, líder que instauraría definitivamente el derecho y la justicia, el nuevo orden de vida donde quedarían superadas las condiciones de ignominia que afligían a ese pueblo. Cuando en la profesión de nuestra fe decimos Jesucristo estamos afirmando que en el hombre histórico llamado Jesús de Nazareth acontece de modo definitivo la salvación que Dios ofrece al ser humano., [7] Jesús el Cristo.

 La primera lectura de hoy nos ofrece el perfil de este salvador: “El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo,  para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo. El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás”[8] . La misión profética va a contracorriente del poder, de las ambiciones desordenadas, de la injusticia, de la dominación del prójimo, , su palabra no tiene compromisos con los poderes establecidos, en su quehacer residen la libertad de Dios, el anuncio de la dignidad, de la vida plena y la denuncia de lo que es incompatible con el proyecto original del amor de Dios.

En la catequesis más tradicional se ha hecho desmedido énfasis en el querer de un Dios complacido con la penosa cruz de su Hijo, ciertamente una imagen sádica que resulta molesta para las mejores sensibilidades de amor y de donación de la vida. Jesús es sometido al suplicio como consecuencia de sus opciones, su postura abiertamente crítica contra el judaísmo de su tiempo, obsesionado con la milimetría de la ley, desentendido de la conversión del corazón y del amor y la solidaridad con los vulnerables y marginales, le “valen” la saña de los sacerdotes del templo de Jerusalén y del sanedrín. La narrativa de Dios en Jesús es la de suprema credibilidad del amor, nunca la entronización del sufrimiento programado de antemano, como la necesidad de un Dios sediento de sangre.. Que sea esta Semana Santa de 2025 tiempo para un magnífico ejercicio de confrontación, en el que se recupera la originalidad liberadora de todo el ser y quehacer de Jesús, que encuentra en la pasión el punto culminante de su misión. [9] El sufrimiento de Jesús fue un hecho real, del más intenso dramatismo y dolor, gravísima injusticia, reflejo de esa perversidad de los seres humanos que no soportan la rectitud y la bondad en grado máximo, porque ven en ella un “desajuste profético” que denuncia su maldad, y quiebra su escala de valores.

Lo que Dios ha querido realizar en Jesús es una narrativa fundante de amor, de misericordia, de solidaridad liberadora con toda la humanidad, para inspirar un modelo de vida referido al Padre y al ser humano, particularmente al que es afectado  en su dignidad,  no quedando esto solamente en una reivindicación sociológica sino en una afirmación de la trascendencia de Dios hacia la humanidad y de esta hacia El. El Dios que opera en la cruz de Jesucristo es un Dios que salva desde la debilidad, desde la extrema humillación,  no es tanto  un Dios topoderoso, cuanto  un Dios “todo-debilidoso”, que San Pablo llama el escándalo de la cruz. 

El texto de la pasión que se proclama este año el Domingo de Ramos es el de Lucas, conocido como el evangelista de la misericordia, del amor infinito e incondicional de Dios manifestado en Jesucristo.[10] Ninguno de los evangelistas como él ha percibido la sensibilidad del amor del Padre, que se deja sentir de manera especial entre los pobres y  humillados del mundo. A lo largo del relato lucano captamos las diversas escenas de exquisita cercanía de Jesús con débiles, viudas, huérfanos, mujeres, cobradores de impuestos, pecadores. Nos deja ver la relación de intimidad con su Padre misericordioso: “Padre, si quieres aleja de mí est e cáliz. Pero que no se haga mi voluntad sino la tuya”[11], o cuando su Padre le da valor en medio del sufrimiento: “Entonces se le apareció un ángel del cielo que lo reconfortaba”[12].  La cruz aparece en este relato  como un verdadero sacramento del amor de Dios: la revelación de la misericordia en medio del sufrimiento, la dimensión de esperanza en la que se vislumbra la superación del absurdo por el mismo Dios que se hace plenamente solidario con  quien   sufre. Lucas no hace mucho énfasis en los aspectos dramáticos, en su narración no se detiene a referir detalles dolorosos, porque nos quiere hacer descubrir el amor del Padre hacia Jesús y hacia todos los seres humanos. No presenta a Jesús abandonado en el Calvario sino rodeado de amigos y conocidos: “Todos sus amigos y las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea permanecían a distancia, contemplando lo sucedido”[13], y reemplaza el grito trágico que pone Mateo en boca de Jesús[14] con la invocación de ilimitada confianza propia del salmo 30: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”[15], conmovedora serenidad en el momento supremo de su vida.

El judío marginal que fue crucificado es el  mismo Señor Resucitado. Su mesianismo es en misericordia, abajándose, haciéndose mínimo y humillado ,   legítimo y absoluto amor, el único que es digno de fe:[16] “El, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente. Al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de esclavo y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra, en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: Jesucristo es el Señor”[17].

Antonio José Sarmiento Nova SJ

 

 



[1] MARGOT, Jean Paul. La felicidad. En  Praxis Filosófica, número 25, julio-diciembre 2007, páginas 55-79. Universidad del Valle. Cali, 2007. ARGYLE, M. La psicología de la felicidad. Alianza Editorial. Madrid, 1992. BOSCH, Magdalena. La felicidad en Aristóteles: fin, contemplación y deseo. En https://www.proyectoscio.ucv.es/wp-content/uploads/2019/09/AIF.-2-MAGDALENA-BASCH.pdf CASTILLO, José María. Dios y nuestra felicidad. Desclée de Brower. Bilbao, 2001.

[2] FRANKL, Viktor. Ante el vacío existencial. Herder. Barcelona, 1979. SARTRE, Jean Paul. El ser y la nada. Losada. Buenos Aires, 1976.

[3] Primera estrofa del poema “Señora Muerte” (1919), del poeta León de Greiff (1895-1976). SPRINGHART, Heike. El hombre vulnerable. Sígueme. Salamanca, 2020. PAZ, Octavio. El laberinto de la soledad. Fondo de Cultura Económica. México D.F., 1967. MARTÍN MORILLA, José Manuel & MUÑOZ, Francisco A. Complejidad, fragilidad y conciencia agónica. En https://www.ugr.es/-fmunoz/documentos/COMPLEJIDADfragilidadef2.pdf  CARDONA SUÁREZ, Luis Fernando (Editor). Filosofía y dolor: hacia la autocomprensión de lo humano. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2014.

[4] GIDDENS, Anthony. Un mundo desbocado: los efectos de la globalización en nuestras vidas. Taurus. Madrid, 2000. GIRALDO PATIÑO, Paula Andrea. El vacío existencial y la pérdida de sentido de vida en el sujeto posmoderno: retos para el cristianismo del siglo XXI. En  Cuestiones Teológicas volumen 41 número 96, julio-diciembre 2014, páginas 425-444. Universidad Pontificia Bolivariana, F Medellín. MARCUSE, Herbert. El hombre unidimensional. Austral. Madrid, 1977; El final de la utopía. Ariel. Barcelona, 1978. HOBSBAWM, Eric. Adiós a todo aquello. En https://www.scielo.org.co/pdf/hiso/n23/n23a16.pdf HARVEY, David. Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo. Traficantes de Sueños-Instituto de Altos Estudios Nacionales del Ecuador. Madrid, 2014. HUXLEY, Aldous. Un mundo feliz. Cátedra. Barcelona, 2013.

[5] STEIN, Edith. Ser finito y ser eterno. Fondo de Cultura Económica. México D.F., 1996. NAVARRO, Rosana Elena. De lo humano vulnerado a lo humano resignificado, desde la experiencia espiritual de Etty Hillesum. En  Cuestiones Teológicas volumen 42 número 97, ener-junio 2015, páginas 205-228. Universidad Pontificia Bolivariana.  Medellín, 2015.

[6] SICRE, José Luis. El desarrollo de la esperanza mesiánica en Israel. En  Cuestiones Teológicas volumen 34 número 82, junio-diciembre 2007, páginas 249-256. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, 2007. BRIGHT, John . La historia de Israel. Desclée de Brower. Bilbao, 1970. SCHIPPER, Bernd U. Breve historia del antiguo Israel. Sígueme. Salamanca, 2021. LILLO BOTELLA, Carles. El mesianismo judío: una respuesta política a la dominación romana. En https://www.ub.edu/grat/wp-content/uploads/2017/02/grat193.pdf

[7] KASPER, Walter. Jesús, el Cristo. Sígueme. Salamanca, 1994. SOBRINO, Jon. Jesucristo Liberador: lectura histórico-crítica de Jesús de Nazareth. Trotta. Madrid, 1993. SCHYLLEEBECKX, Edward. Jesús, la historia de un viviente. Cristiandad. Madrid, 1994. METZ, Johann Baptist. Memoria passionis: una evocación provocadora en una sociedad pluralista. Sal Terrae. Santander, 2007. RATZINGER, Joseph (Benedicto XVI). Jesús de Nazareth. Ediciones Encuentro. Madrid, 2018.

[8] Isaías 50: 4-5

[9] ALONSO LASHERAS-RIVERO, Alfonso. El sufrimiento como lugar para una reflexión teológico-moral: una propuesta pastoral desde un Dios “tododebilidoso”. Tesis de grado para optar al título de Licenciado en Teología Moral. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2016. GOMES, P.R. O Deus im-potente: o sofrimento e o mal em comfronto con a Cruz. Loyola. Sao Paulo, 2007. GONZÄLEZ BUELTA, Benjamín. La humildad de Dios. Sal Terrae. Santander, 2012. KITAMORI, K. Teología del dolor de Dios. Sígueme. Salamanca, 1975. MOLTMANN, Jürgen. El Dios crucificado: la cruz de Cristo como base y crítica de la teología cristiana. Sígueme. Salamanca, 2010.

[10] AUTORES VARIOS. El evangelio de Lucas, relato de la misericordia. En Reseña Bíblica número 90, verano 2016. Verbo Divino. Estella, 2016. FRAILE YÉCORA, Pedro. Entrañas de misericordia: Jesús, ternura de Dios. PPC. Madrid, 2017. FOUREZ, Gerard. Una buena noticia liberadora: evangelio para un mundo en crisis. Sal Terrae. Santander, 1987.

[11] Lucas 22: 42

[12] Lucas 22: 43

[13] Lucas 23: 49

[14] “Dios  mío, Dios mío, por qué me has abandonado? Mateo 27: 46

[15] Lucas 23: 46

[16] VON BALTHASAR, Hans Urs. Sólo el amor es digno de fe. Sígueme. Salamanca, 1999. BOFF, Leonardo. Pasión de Cristo, pasión del mundo. Indo American Press Service. Bogotá, 1978. BRAVO GALLARDO, Carlos. Jesús, hombre en conflicto: el relato de Marcos en América Latina. Sal Terrae. Santander, 1986. ELIZONDO, Virgilio (Editor). Vía Crucis: la  pasión de Cristo en América. Verbo Divino. Estella, 1993.

[17] Filipenses 2: 6-11

domingo, 6 de abril de 2025

COMUNITAS MATUTINA 6 DE ABRIL 2025 V DOMINGO DE CUARESMA CICLO C

 

“Jesús se incorporó y le preguntó: Mujer, dónde están? Nadie te ha condenado? Ella respondió: nadie, Señor. Jesús replicó: tampoco yo te condeno. Vete, y no vuelvas a pecar”

(Juan 8: 10-11)

 

Lecturas:

1.     Isaías 43: 16-21

2.    Salmo 125

3.    Filipenses 3: 8-14

4.    Juan 8: 1-11

 

Hoy les proponemos dar una mirada serena al mundo de los condenados morales, aquellos prójimos estigmatizados por el pecado, por el juicio de la sociedad, y por lo que muchos consideran como personas indeseables para la vida social. Lo hacemos trayendo a cuento la película “Pena de muerte” [1] del director Tim Robbins, con el protagonismo de Susan Sarandon[2] como hermana Helen Prejean[3] y Sean Penn[4] como el condenado a muerte Mathew Poncelet . El filme narra un hecho real, el acusado está sentenciado por haber asesinado dos adolescentes, la hermana Helen, monja católica,  hace parte del servicio religioso de la cárcel; ella es consciente del inmenso dolor de los padres de las víctimas, pero también siente una inmensa piedad por el reo, y se empeña en hacer el correspondiente acompañamiento espiritual, con la ilusión de que le sea conmutada la pena capital. El contenido de la película pone en tela de juicio la injusticia de la pena de muerte, destaca la humanidad de las víctimas y del victimario, la lógica del asunto encarnada en la religiosa es la del perdón y de la misericordia, la lógica de Dios que siempre tiende la mano para que el ser humano responsable del pecado acoja con esperanza esa oferta de reconciliación.

Jesús confronta a la sociedad,[5] a las tradiciones religiosas, al cristianismo, a los sistemas penales de los países, con su provocadora conducta de perdón y de reconciliación; en cambio,   los seres humanos pensamos con “sensatez” que los responsables de delitos atroces deben ser castigados con la muerte, [6] afirmando  la correspondencia penal con el delito cometido. La película a la que aludimos ha puesto en el seno de la sociedad norteamericana, con pena de muerte vigente en la mayoría de sus estados, una pregunta sobre las posibilidades “curativas” de la misma, si los potenciales delincuentes se abstienen de sus crímenes ante la posibilidad de sentencia tan extrema. Para la Hermana Helen Prejean, y para los colectivos a quienes ella representa, el remedio es tan perverso como la conducta punible del asesinato y la violación.  [7]

No está de más referirnos también a todo lo sucedido en nuestro país con el conflicto armado. Son innegables los hechos de violencia que han traído muerte y desolación a millones de nuestros compatriotas, el sinsabor  de la guerra es en extremo doloroso, la justicia humana reclama severidad y rigor para condenar y ejecutar sin contemplaciones. Ante esto, debemos dejar en claro que no queremos minimizar las responsabilidades, ni promover una conducta permisiva y desconocedora del sufrimiento de las víctimas; pero sí , con la revolucionaria postura  de Jesús, nos atrevemos a plantear otras alternativas para redimir a nuestro mundo, a nuestro país, de las consecuencias que trae consigo esta  violencia desaforada. [8] En este orden de ideas, las lecturas de este domingo, con el relato de la mujer adúltera a la cabeza, cuya lapidación demandaban con intensidad los hombres “justos” , nos ponen ante este universo de los condenados morales.

El rasgo que define las tres lecturas de este último domingo de cuaresma está en la proyección de Dios como restaurador del ser humano, abatido por la injusticia, por la pecaminosidad, la propia y la de los demás . Ese futuro tiene su cimiento en la misericordia de  Dios. Sobre esto hemos reflexionado bastante en los recientes  comentarios de cuaresma.

-       Isaías, desde la opresión del destierro de Israel, promete algo novedoso para su pueblo: “Pues bien, voy a hacer algo nuevo: ya está en marcha. No lo reconocen? Sí, abriré en el desierto un camino, alumbraré ríos en el páramo; me honrarán los animales campestres, los chacales y las crías de avestruz; pues llenaré de aguas el desierto, alumbraré ríos en el yermo, para abrevar a mi pueblo , mi elegido, ese pueblo que yo me he formado”[9]. El profeta alude a la experiencia del Exodo, el tránsito de Israel por el desierto en pos de la tierra prometida, habla de una novedosa realidad que  superará con creces la penosa  travesía por el desierto y las circunstancias dramáticas que viven en ese cautiverio. Con las figuras referidas en el texto el profeta anuncia que  Dios es el  futuro del ser humano,[10] la esencia de ese nuevo éxodo, camino de liberación.

-      Pablo – en el texto de Filipenses – se siente impulsado a la novedad de Jesús, en quien encuentra la alternativa para superar su antigua condición de riguroso fariseo y hombre fanático de   la ley judaica.[11] Así   define su  nuevo ser y su misión: “Por mi parte, hermanos, no creo haberlo conseguido todavía. Sin embargo, olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante, corriendo hacia la meta, al premio a que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús”[12].

-      En el relato de Juan, Jesús abre a la mujer sorprendida en adulterio un horizonte de futuro liberado y dignificado que los fariseos y los maestros de la ley estaban dispuestos a frustrar. Ella encuentra en el camino de Jesús la alternativa de la dignidad: “Pero, al insistir ellos en su pregunta[13], se incorporó y les dijo: Aquel de ustedes que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra. E inclinándose de nuevo, siguió escribiendo en la tierra. Ellos, al oír estas palabras se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, Jesús se quedó solo con la mujer, que seguía en medio”[14]. Desarma la argumentación de aquellos hombres que se sentían modelos de moralidad y de religiosidad, y los confronta con   su propia conciencia. [15]

En nombre de Dios nunca podemos mirar hacia atrás, estancarnos en el pasado, cargar con complejos de culpa y con las angustias que causan las propias equivocaciones. Lo que nos dice Jesús con su conducta es que él, desde el Padre y   desde   su misericordia-compasión, es solidario con el pecador, no con el pecado. La gran novedad que aquí se propone es la de un futuro reconfigurado por Dios. Para El, el ser humano que ha errado en el camino siempre tiene derecho a la redención.

En el relato, se destaca claramente la hipocresía de fariseos y letrados, acusando a la mujer con total intransigencia y sintiéndose ellos puros, libres de pecado. No aceptan el mensaje de Jesús, pero irónicamente le dicen: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. Tú qué dices? (Eso lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle)”[16].  Le estaban tendiendo una trampa, disfrazados con la sutileza de ser  guardianes de la moralidad. Si Jesús daba su asentimiento a la lapidación, perdería su fama de compasivo y bondadoso; si la rechazaba, iba en contra de la Ley, y esto sería argumento contundente para acusarlo y condenarlo. [17]

La pretendida rectitud  de estos hombres no se fijaba en su propio  pecado, ni en la frecuente conducta  de los varones adúlteros ni adoptaba postura  condenatoria hacia ellos, modo de proceder  tolerado por la moral sesgada del mundo masculino.  Pero a la mujer, a quien se tenía como propiedad privada del marido, sí se le aplicaba con toda severidad la sentencia judicial. Hoy seguimos midiendo con distinto rasero la infidelidad del hombre y la de la mujer, vestigios lamentables de un machismo ancestral.  Tirar la primera piedra era un gesto que equivalía a hacerse responsable de la muerte de la persona lapidada. Jesús reta  a los acusadores ,  que la condenaban sin posibilidad de perdón pero no querían  asumir la responsabilidad de su posible muerte..

La cercanía que manifestó Jesús hacia los pecadores[18]  no podía ser comprendida por aquellos jefes religiosos,  se habían fabricado un Dios a la medida de sus neurosis y de su arrogancia. Para ellos el cumplimiento de la ley era el valor supremo, la persona estaba sometida a ese imperio. Por eso no tienen el más mínimo reparo en sacrificar a  la mujer en nombre de su Dios inmisericorde.  Jesús nos dice que la persona es el valor primero, aún en medio de sus errores y pecados. Con él nos hacemos conscientes de que Dios es el nuevo éxodo, la salida hacia la libertad, el futuro esperanzador que replantea la vida de todos aquellos que acojan este beneficio decisivo para la afirmación de su dignidad: “Mujer, dónde están? Nadie te ha condenado? Ella respondió: Nadie, Señor. Jesús replicó: tampoco yo te condeno. Vete, y no vuelvas a pecar”[19].

 Qué es más demandante: una permanente disposición religiosa para el castigo y la condenación, ejercida implacablemente? O, más bien,  la mano tendida de Dios , mediada en el ministerio de la Iglesia y en la conducta de los cristianos, que invita a un nuevo modo de vida según el Evangelio, que no aprueba el pecado, pero sí al pecador en cuanto destinatario de ese amor liberador?  Porque, sin lugar a dudas, es mucho más exigente el ser beneficiado por la misericordia y el perdón que sometido al régimen del castigo y de la ley que castiga sin redimir. Este  lleva a una vida que actúa por miedo al castigo, aquel se siente amado, reconocido como ser humano digno y responde con la altura de quien capta el sentido del perdón.

Conectemos con el evangelio del domingo anterior:  los observantes que vienen a lapidar a la mujer son el hermano mayor, envidiosos y egocéntricos, presumidos con su máscara de perfección moral; la mujer es el hermano menor que vuelve al Padre creyendo que no merece perdón y Jesús revela al  Padre misericordioso que no permite que sus hijos naufraguen en la soberbia religioso-moral o en el despilfarro de sus posibilidades espirituales y morales.[20] Ese es el mensaje de la religiosa Helen Prejean en la película “Pena de muerte”, una buena sugerencia para ver y orar en estos tiempos de desierto cuaresmal. La propuesta de Jesús es , en definitiva, la más radical y revolucionaria en la historia de la humanidad porque desajusta la seguridad de las “buenas conciencias” y provoca la humilde sinceridad en grado máximo. No somos jueces de ningún ser humano!

 

Antonio José Sarmiento Nova, SJ

 

 



[1] Su título original en inglés es “Dead man walking”, producida en 1995 en USA, obtuvo muchos premios en diversos festivales de cine.

[2] Nacida en 1946

[3] La hermana Helen tiene en la actualidad 86 años de edad, pertenece a la congregación de Hermanas de San José, su trabajo pastoral ha sido principalmente en presidios, acompañando a condenados a muerte. Es destacado su activismo para concientizar sobre la injusticia de la pena capital, también  su acción a favor de las víctimas de la violencia. Ella se pone de parte de víctimas y victimarios, su proceder desborda los límites de la justicia humana; está persuadida de la fuerza de la misericordia de Dios.

[4] Nacido en 1960

[5] GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. Otro mundo es posible…..desde Jesús. Sal Terrae. Santander, 2010. PAGOLA, José Antonio. Rasgos de la acogida de Jesús: curador de la vida, defensor de los últimos, amigo de los pecadores. Aula de teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 17 y 24 de abril de 2007.

[6] BARBERO SANTOS, Marino. Pena de muerte: el ocaso de un mito. De Palma. Buenos Aires, 1985. CORTE INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS. Cuadernillo de Jurisprudencia de la CIDH sobre la pena de muerte. CIDH. San José de Costa Rica, 2020. ARROYO, L. & BIGLINIO, P. & SCHABAS, W. Hacia la abolición de la pena capital. Tirant Lo Blanch. Valencia, 2010. FOUCAULT, Michel. Vigilar y castigar. Siglo XXI Editores. México D.F., 1990. MARTÍN-BARÓ, Ignacio. Poder, ideología y violencia. Trotta. Madrid, 2003.

[7] PREJEAN, Helen. Dead man walking. Vintage Books. New York, 1994.

[8] PIEDRAHITA, María Adelaida. El valor del perdón en el proyecto del posconflicto colombiano. Tesis para obtener el grado de Profesional en Ciencias Sociales. Universidad del Rosario. Bogotá, 2017. LEDERACH, Jean Paul. La imaginación moral: el arte y el alma de la construcción de la paz. Bakeaz-Gernika Gogoratuz. Bilbao, 2007. CORTÉS, A & TORRES, A. Concepciones sobre el perdón y la reconciliación en el contexto colombiano. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2013.

[9] Isaías 43: 19-21

[10]  SCHYLLEEBECKX, Edward. Dios , futuro del hombre. Sígueme. Salamanca, 1971. ROVIRA BELLOSO, Josep María. Dios, plenitud del ser humano. Sígueme. Salamanca, 2013.

[11] BARBAGLIO, Giuseppe. Jesús de Nazaret y Pablo de Tarso. Secretariado Trinitario. Salamanca, 2009. REYNIER, Chantal. Para leer a San Pablo. Verbo Divino. Estella, 2009. CROSSAN, J.D. & BORG, M.J. El primer Pablo la recuperación de un visionario radical. Verbo Divino. Estella, 2009.

[12] Filipenses 3: 13-14

[13] La de castigar a la mujer con la lapidación, porque así lo determinaba la ley de Moisés, como “justicia” por su pecado de adulterio.

[14] Juan 8: 7-9

[15] SEVILLANO CASTILLO, Hernán. Quién te ha condenado? La mujer adúltera, justicia y misericordia. En Alberto Magno, número 8, páginas 305-338. Universidad de Santo Tomás. . Bogotá, 2017. SÁNCHEZ CASTELBLANCO, Wilton Gerardo. Jesús y la mujer adúltera: análisis exegético-teológico de Juan 7:53 a 8:11. En  Franciscanum volumen LII número 154, páginas 17-51. Universidad de San Buenaventura. Bogotá, 2010.

[16] Juan 8: 4-6

[17] SANDERS, Ed Parish. Jesús y el judaísmo. Trotta. Madrid, 2004.  THEISSEN, Gerd. El movimiento de Jesús: historia social de una revolución de los valores. Sígueme. Salamanca, 2005. AGUIRRE, Rafael. La mirada de Jesús sobre el poder. En https://www.scielo.cl/pdf/tv/v55n1/arto5.pdf FERRANDO, Miguel Angel. El mensaje de Jesús a una sociedad violenta. En https://www.repositorio.uc.cl/xmlui/bitstream/handle/11534/16719/000674483.pdf

[18] CASTILLO, José María. La humanidad de Jesús. Trotta. Madrid, 2017; La humanización de Dios. Trotta. Madrid, 2010.

[19] Juan 8: 10-11.  BECERRA, Susana. El cuerpo de la mujer violada y desplazada: un lugar donde acontece la revelación-salvación de Dios. Pontificia Universidad  Javeriana,  Bogotá, 2011. BERNABÉ, Carmen (Editora). Con ellas tras Jesús. Verbo Divino. Estella, 2011. PIÑERO, Antonio. Jesús y las mujeres. Trotta. Madrid, 2014.

[20] NARVÁEZ, Leonel & ARMATO, Alessandro. La revolución del perdón. San Pablo. Bogotá, 2010. PÉREZ ANDREO, Bernardo. La revolución de Jesús: el proyecto del reino de Dios. PPC. Madrid, 2018. SOBRINO, Jon. Recuperar y poner a producir a Jesús en un mundo de pobres y oprimidos. En https://www.uca.edu.sv/maestria-en-teologia-latinoamericana/docs/articulos/JonSobrino_RLT_2011_82.pdf

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