domingo, 20 de abril de 2025

COMUNITAS MATUTINA 20 DE ABRIL 2025 DOMINGO DE PASCUA CICLO C

 

“Ellos le dieron muerte colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día e hizo que se apareciese, no a todo el pueblo, sino a los testigos designados de antemano por Dios: a nosotros, que comimos y bebimos con El después de su resurrección”

(Hechos 10: 39-41)

 

Lecturas:

1.     Hechos 10: 34-43

2.    Salmo 117

3.    Colosenses 3: 1-4

4.    Juan 20: 1-9

Cómo llegamos a esta Pascua de 2025? Qué muertes nuestras han resucitado? Qué experiencias nos han devuelto el gozo de vivir? Dejemos que el Espíritu nos asuma pascualmente, que el Señor Resucitado sea sentido total de nuestra existencia. Y recordemos los contextos originales en los que surge la Buena Noticia. Sucede que, en su tiempo, y en diversos momentos de la historia, Jesús y el cristianismo han causado auténticas convulsiones y han desacomodado la buena conciencia de las religiones sin profecía y de los modos adormecidos de vida en sociedad. La Pascua es un momento favorable para recuperar la originalidad del hecho cristiano y su extraordinaria capacidad para “contestar” proféticamente el “desorden establecido”. Jesús nos interpela, a título personal y comunitario:  en este cuestionamiento se contiene una revisión profunda de nuestros mapas mentales, de nuestros estilos de vida, de nuestra jerarquía de valores, de nuestras creencias y prácticas religiosas, de nuestra misma ciudadanía, [1] de la relación matrimonial y de la familia, de la constitución de las diversas culturas, de la economía, de la política, del bien común, de las instituciones; no en lo que se llamó en un momento de la historia  régimen de cristiandad sino en el plano fundamental de la autenticidad de la vida humana y de su significado trascendente.

Somos hombres y mujeres resucitados?

La experiencia pascual transformó a los ambiguos y derrotados discípulos de Jesús: “No ardía nuestro corazón en nuestro interior cuando nos hablaba en el camino y nos iba explicando las Escrituras?” [2]. El relato que trae el evangelio de Lucas sobre los discípulos de Emaús, entristecidos por la muerte de su maestro y acompañados por un misterioso caminante, es esclarecedor en este sentido. [3] Sobre esta base también se nos invita a mirar nuestras vidas anquilosadas por la rutina, por la religiosidad formal, por el “siempre se ha hecho así”, para dejarnos sorprender por la maravillosa y apasionante realidad de Jesús que, en su Pascua, hace posibles todas las resurrecciones, todos los amores, todas las solidaridades, todos los entusiasmos liberadores.

Durante su vida, el maestro empezó a formar a mucha gente, incluídos sus discípulos,  en la comprensión y vivencia del reino de Dios y su justicia a  partir de la muy original e innovadora propuesta de las bienaventuranzas, los inició en una nueva manera de concebir la relación con Dios, a quien presentó como Padre, les planteó también el cambio de paradigma en la mediación religiosa, no a partir del rigor  de la ley   sino desde el ejercicio de la misericordia y de la compasión, presentó su mensaje como a contracorriente de lo establecido, pero no consiguió mucho a pesar de la profundidad de su esfuerzo.  Con frecuencia estos hombres resultaron con interpelaciones a Jesús en las que manifestaban su incapacidad de comprender la radical revolución que él les ofrecía, seguían pensando en el poder, en el triunfo al estilo mundano, en el miedo a la abnegación, en su resistencia al conflicto derivado de la postura profética de la Buena Noticia.[4] Cuando vivieron la pasión y muerte de Jesús quedaron completamente confundidos y con un sentimiento de total fracaso. Qué pasó?  Cuál es el carácter de la experiencia que vivieron,  en la transformación de sus mentes y corazones, en la ruptura con sus ambigüedades, en la valentía que demostraron en adelante, en la generosidad de sus vidas dedicadas por entero a ser testigos del Resucitado?   La respuesta a este interrogante está en lo que conocemos como experiencia pascual. Al contemplar a estos discípulos conviene que también hagamos una revisión a nuestro modo de ser y de proceder, con  un análisis comparativo entre ellos y nosotros. La Pascua de Jesús, él todo en su misión y palabra, en los hechos de su vida, es el mejor recurso para que reinterpretemos nuestra vida, para que nos salgamos de la gris condición de lo irrelevante, para que seamos hombres y mujeres modelados por esta nueva humanidad que es, a la vez, nueva divinidad.[5] Este esfuerzo teológico e interpretativo nos conduce a descubrir que esa resurrección no es un hecho “histórico” en el sentido tradicional del término. Con esto no se quiere decir  que sea un acontecimiento irreal, sino que su realidad trasciende los límites de lo físico. En esta trascendencia está la clave de su gran realismo y la raíz de nuestra esperanza, la Pascua de Jesús pertenece a otro nivel de realidad, eso la hace más definitiva y plenamente dotada de Dios, para nuestro bien y salvación. [6]

Los relatos evangélicos no narran el hecho de la resurrección en sí mismo.[7] Lo que se refiere son las experiencias de creyentes – los discípulos, las comunidades cristianas primitivas – que sienten a Jesús como el Viviente: “Después de decirles esto, el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los milagros que la acompañaban”. [8]

Gracias a estos testigos,  la semilla de la fe se ha depositado en  millones de seres humanos, en las comunidades eclesiales que profesan a Jesucristo como Señor y Salvador . Así se ha dado  su paso por la historia humana, dando plenitud de sentido a todos aquellos que libremente acogen  esta oferta : “El ángel dijo a las mujeres: Ustedes no teman. Sé que buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, ha resucitado, como había dicho. Acérquense a ver el lugar donde yacía. Después vayan corriendo a anunciar a los discípulos que ha resucitado y que irá por delante a Galilea. Este es mi mensaje[9]

Importa mucho recalcar este aspecto para que podamos percibir que nuestra fe en la resurrección no es la adhesión a un mito, sino a una verdad de fe  experimentada en la nueva humanidad que  nos comunica  Jesús. La Pascua es un acontecimiento de la gracia de Dios.

El  anuncio de la resurrección de Jesús estremece a quienes le condenaron a muerte, los discípulos anunciaban que ese a quien los judíos crucificaron , pretendiendo con ello sofocar  definitivamente su causa, ahora es el Viviente,  su proyecto sigue en pie, su predilección por los humillados y ofendidos tiene total legitimidad. El poder político romano y el religioso de los sacerdotes del templo y de los miembros del sanedrín no pudo acabar con Jesús y con su proyecto. [10]

Por esto se   enardecen los ánimos de las autoridades religiosas: “Mientras hablaban al pueblo, se les presentaron los sacerdotes, el comisario del templo y los saduceos, irritados porque instruían al pueblo anunciando la resurrección de la muerte por medio de Jesús. Los detuvieron y, como ya era tarde, los metieron en prisión hasta el día siguiente. Muchos de los que oyeron el discurso abrazaron la fe, y así la comunidad llegó a unos cinco mil[11].

Al comienzo, todo pareció concluír con la crucifixión. Para el poder judío, la batalla estaba ganada. Los discípulos, desolados y con sentimiento de fracaso, desaparecieron de la escena;   parecía que el poder del mal , encarnado en aquellos sacerdotes y en el imperio romano , tenía la razón. El crucificado era blasfemo y hereje, contrario a las tradiciones religiosas de Israel, había profanado el santo nombre de Dios pretendiendo ser su Hijo, y había acogido con notable preferencia a todos los excluídos de la religión oficial: prostitutas, pobres,  condenados morales, publicanos. Conducta profundamente escandalosa que le hizo acreedor a la pena de muerte en la ignominia de la cruz.[12]

En la experiencia pascual  Dios “saca la cara” por Jesús.[13]  Con la resurrección, el Padre acredita la plena validez de  su misión, su palabra, sus opciones y conductas, su rechazo enfático a la religión formal,  su predilección por los últimos del mundo, sus señales milagrosas para configurar al ser humano abatido, su despojo de todo poder y arrogancia.   Jesús tenía razón, no así  quienes lo condenaron y despreciaron su causa. Jesús irritó a aquellas autoridades estando vivo, esto mismo acontece cuando sus seguidores afirman su proyecto, lo hacen real, se comprometen con sus mismos ideales, se implican solidariamente con todos los sufrientes, denuncian el pecado y la injusticia, y anuncian que ese Reino tiene plena  garantía. [14]

Creer en Jesús, siguiendo a estos testigos primeros de la Pascua, es afirmar de modo contundente la validez de la causa de Jesús.  El asunto del sentido de la vida encuentra aquí su pleno significado, no se trata de vivir   domesticados por las costumbres sociales y religiosas, sumidos en la gris pesadumbre de lo repetitivo. Gracias a Jesús la vida es pasión de justicia y de dignidad, la fe en él no puede ser  cómoda pertenencia a una institución prestadora de servicios religiosos sino vivencia activa del discipulado en la Iglesia, la comunidad de sus seguidores. [15]

Resucitados con Jesús, vivimos desde la estructura pascual de la existencia humana, trabajamos  para que las relaciones entre todos promuevan  justas maneras de vivir, para que el cuidado de la naturaleza, la casa común que bellamente designa el Papa Francisco, sea la mesa donde todos podemos sentarnos en igualdad de condiciones, para que la vida no sea atropellada por poderes  e ideologías deshumanizantes, para que la sociedad de consumo no sustituya la fraternidad, para que la ligereza de muchas mentalidades no arrase con la razón y la inteligencia,  para que nadie tenga que desplazarse de su hábitat , para certificar que ninguna violencia es legítima:  “Ví un cielo nuevo y una tierra nueva. El primer cielo y la primera tierra habían desaparecido, el mar ya no existe. Ví la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, bajando del cielo, de Dios, preparada como novia que se arregla para el novio. Oí una voz potente que salía del trono: Mira la morada de Dios entre los hombres, habitará con ellos; ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos….[16]

 

Antonio José Sarmiento Nova, SJ

 



[1] HORSLEY, R. Jesús y el imperio: el reino de Dios y el nuevo desorden mundial. Verbo Divino. Estella, 2003. THEISSEN, Gerd. El movimiento de Jesús: historia social de una revolución de los valores. Sígueme. Salamanca, 2005. CROSSAN, John Dominic. Jesús, biografía revolucionaria. Grijalbo. Barcelona, 2004. SEGUNDO, Juan Luis. La historia perdida y recuperada de Jesús de Nazaret: de los Sinópticos a Pablo. Sal Terrae. Santander, 1991. ACOSTA BONILLA, Manuel. Vivir en marginalidad: lectura socio-histórica del Evangelio de Lucas. UCA Editores. San Salvador, 2013. MEIER, John P. Un judío marginal.: nueva visión del Jesús histórico. Verbo Divino. Estella, 2000 .

[2] Lucas 24: 32

[3] CHENU, Bruno. Los discípulos de Emaús. Narcea Ediciones. Madrid, 2005. NORATTO GUTIÉRREZ, José Alfredo. El lenguaje de las manifestaciones del Resucitado y su sentido. En  Cuestiones Teológicas volumen 40 número 94, julio-diciembre 2013, páginas 289-322. Universidad Pontificia Bolivariana, Medellín. BETZ, Hans Dieter. Origen y esencia de la fe cristiana según la perícopa de Emaús (Lucas 24: 13-42). En https://www.seleccionesdeteologia.net/selecciones/llib/vol10/37/037_dieter.pdf 

[4] GUIJARRO OPORTO, Santiago. Fidelidades en conflicto: la ruptura con la familia por causa del discipulado y de la misión en la tradición sinóptica. Universidad Pontificia de Salamanca,  1998; Jesús y sus primeros discípulos. Verbo Divino. Estella, 2007. HENGEL, Martin. Seguimiento y carisma: la radicalidad de la llamada de Jesús. Sal Terrae. Santander, 1981. DUNN, James D. La llamada de Jesús al seguimiento. Sal Terrae. Santander, 2000.

[5] Sea esta una excelente coyuntura para evocar al recientemente fallecido y resucitado el jesuita español JOSÉ IGNACIO GONZÁLEZ FAUS (1933-2025) quien nos dejó un legado teológico revelador de su muy sincera fe y del rigor crítico de su teología, que plasmó en su fecunda obra, principalmente en La Humanidad Nueva: ensayo de cristología. Sal Terrae. Santander, 2015,

[6] DURWELL, F.X. La resurrección de Jesús, misterio de salvación. Herder. Barcelona, 1967. Este libro es fundamental para la nueva comprensión de la resurrección de Jesús, a partir de la aplicación de los métodos histórico-críticos en la interpretación bíblica. LEON-DUFOUR, Xavier. Resurrección de Jesús y mensaje pascual. Sígueme. Salamanca, 1992. BRAMBILLA, Franco Giulio. El Crucificado Resucitado. Sígueme. Salamanca, 2003.

[7] TORRES QUEIRUGA, Andrés. Repensar la resurrección. Trotta. Madrid, 2003. MÜLLER, Ulrich B. El origen de la fe en la resurrección de Jesús. Verbo Divino, Estella, 2003. LORENZEN, Thorwald. Resurrección y discipulado: modelos interpretativos, reflexiones bíblicas y consecuencias teológicas. Sal Terrae. Santander, 1999.

[8] Marcos 16: 19-20

[9] Mateo 28: 5-7

[10] TAMAYO-ACOSTA, Juan José. Por eso lo mataron: el horizonte ético de Jesús de Nazaret. Trotta. Madrid, 1998. LEGASSE, Simon. El proceso de Jesús. Desclée de Brower. Bilbao, 1996. MOINGT, Joseph. El hombre que venía de Dios. Desclée de Brower. Bilbao, 1995.

[11] Hechos 4: 1-4

[12] SCHURMANN, Heinz. Cómo entendió y vivió Jesús su muerte? Sígueme. Salamanca, 1982. NOEMI, Juan. Vida y muerte: una reflexión teológico-fundamental. En https://www.scielo.cl/pdf/tv/v48n1/art04.pdf  BROWN, Raymond. La muerte del Mesías, desde Getsemaní al sepulcro. Verbo Divino. Estella, 2006.

[13] MERINO BEAS, Patricio. Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo. Colección Discipulado, volumen 1. Universidad de Santo Tomás-Facultad de Teología. Bogotá, 2015.

[14] CASTILLO, José María. El reino de Dios: por la vida y la dignidad de los seres humanos. Desclée de Brower. Bilbao, 1999. GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. Otro mundo es posible desde Jesús. Sal Terrae. Santander, 2010. CASTILLO, José María. El seguimiento de Jesús. Sígueme. Salamanca, 2005. NOLAN, Albert. Jesús, hoy: una espiritualidad de libertad radical. Sal Terrae. Santander, 2011. AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. Del movimiento de Jesús a la Iglesia cristiana: ensayo de exégesis sociológica del cristianismo primitivo. Verbo Divino. Estella, 2015.

[15] EQUIPO BÍBLICO VERBO. La comunidad del Resucitado, encuentros bíblicos desde la lectio divina con los Hechos de los Apóstoles. Verbo Divino. Estella, 2016. ALEGRE, Xavier. Una Iglesia que nace de la Pascua: seguimiento de Jesús y opción por los pobres. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1547/1/RLT-2010-080-B.pdf

[16] Apocalipsis 20: 1-3

domingo, 13 de abril de 2025

COMUNITAS MATUTINA 13 DE ABRIL 2025 DOMINGO DE RAMOS CICLO C

 “Por eso Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es el Señor, para gloria de Dios Padre”

(Filipenses 2:9-11)

 

Lecturas:

1.     Isaías 50: 4-7

2.    Salmo 21

3.    Filipenses 2: 6-11

4.    Lucas 22: 14 a 23: 56

 

Los seres humanos experimentamos siempre la contradicción entre la vocación a la felicidad, a la realización plena de aquellas cosas que nos dan satisfacción y plenitud,[1] y la vivencia de una inevitable precariedad,  manifestada en el sufrimiento, el sentimiento trágico de la vida,  el vacío que nos causan los fracasos afectivos, la frustración de proyectos en los que estamos empeñados[2] y “esta señora muerte que se va llevando todo lo bueno que en nosotros topa”. [3] La tendencia filosófica conocida como existencialismo se fijó especialmente en esta condición de contingencia, marcada por el vacío y el pesimismo que surge en las dos guerras mundiales, en la bomba atómica que destruye la vida de millares de personas en Hiroshima y Nagasaki,  sociedades con honda experiencia de derrota y destrucción, acompañadas de un notable escepticismo frente a las posibilidades de felicidad y de sentido. En Colombia sabemos mucho de todo esto, pero también de resiliencia y de digna y meritoria superación de la cultura de la muerte.

Si revisamos atentamente nuestras biografías  podremos verificar la tensión entre esta legítima pasión por la felicidad y la vivencia contradictoria del mal y del sufrimiento. Un día nos entusiasmamos con determinado proyecto y le entregamos lo mejor de nuestro ser, pero también sufrimos de desencanto cuando no encontramos la respuesta esperada; trabajamos con ahínco por mantener una buena salud pero la enfermedad nos acecha,  nos encanta un determinado líder político, lo elegimos con la idea de que será definitivo para salvar nuestro país de la debacle y, una vez en su cargo de gobierno, padecemos sus desaciertos e incompetencias para dirigirnos. Las grandes utopías del siglo XX, fundamentadas en esa mentalidad del mundo feliz, la sociedad sin clases del paraíso comunista, el capitalismo con su propósito de lucro y bienestar , han demostrado las hondas fisuras que contienen en sí mismas y su incapacidad para satisfacer esta búsqueda de la felicidad. [4] Así mismo,  es imperativo recordar que la arrogancia humana se pone de espaldas a Dios, y pretende construír un mundo sin El y sin el prójimo, arrasando con toda moralidad, profanando el santuario de la vida, desafiando la justicia, desacralizando la existencia, rindiendo culto a ídolos insostenibles, permitiendo que predominen el egoísmo y la ausencia de la  referencia trascendente.

Conviene advertir que hablar de esto no se orientad al escepticismo  acerca de nuestras posibilidades de felicidad, sino a constatar que esa pregunta constante por el sentido de la vida es la permanente aventura  en la que estamos abiertos a descubrir que nosotros, seres humanos, no nos salvamos a nosotros mismos, que la plenitud anhelada no la logramos por nuestro simple esfuerzo, que hay una realidad “totalmente otra” que nos invita a trascender hacia  ese Otro definitivo, El,  en permanente trascender hacia nosotros, los humanos, en el que se consuma plenamente esta tarea inagotable de configurar nuestra felicidad. Los seres humanos somos necesitados de salvación! [5]

El pueblo de Israel es  el prototipo de esta conciencia necesitada de salvación y sentido. Después de  logros y momentos de realización, experimentaron multitud de  fracasos, rompieron su vínculo fundante con el Dios que se había comprometido con ellos, hicieron de su religión una fría colección de rituales y preceptos sin misericordia ni justicia, absolutizaron los ídolos del poder, se envanecieron con sus triunfos, se alejaron de sus prójimos sedientos de dignidad. Así, sobrevinieron el fracaso y las sucesivas dominaciones de potencias extranjeras.  En esa cruda experiencia empezaron a buscar respuestas y poco a poco fueron configurando su expectativa de un Mesías, un enviado de Dios para salvarlos y hacerlos libres nuevamente. Se tejieron toda suerte de tradiciones en torno a esta esperanza: salvador político, rey poderoso, reformador religioso, vencedor de sus enemigos. [6]

El tema central de las lecturas de este  Domingo de Ramos es la relación necesidad de  salvación-mesianismo.  La palabra “Mesías  , de origen hebreo,   significa “ungido”, que en griego se dice “Xristós”. En la tradición del Antiguo Testamento ungir a alguien equivalía a confiarle una misión en nombre de Dios, para beneficio de todo el pueblo creyente, una misión de libertad y de salvación. Las dos palabras – Mesías y Xristós – aluden a aquel personaje que Israel aguardaba, líder que instauraría definitivamente el derecho y la justicia, el nuevo orden de vida donde quedarían superadas las condiciones de ignominia que afligían a ese pueblo. Cuando en la profesión de nuestra fe decimos Jesucristo estamos afirmando que en el hombre histórico llamado Jesús de Nazareth acontece de modo definitivo la salvación que Dios ofrece al ser humano., [7] Jesús el Cristo.

 La primera lectura de hoy nos ofrece el perfil de este salvador: “El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo,  para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo. El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás[8] . La misión profética va a contracorriente del poder, de las ambiciones desordenadas, de la injusticia, de la dominación del prójimo, , su palabra no tiene compromisos con los poderes establecidos, en su quehacer residen la libertad de Dios, el anuncio de la dignidad, de la vida plena y la denuncia de lo que es incompatible con el proyecto original del amor de Dios.

En la catequesis más tradicional se ha hecho desmedido énfasis en el querer de un Dios complacido con la penosa cruz de su Hijo, ciertamente una imagen sádica que resulta molesta para las mejores sensibilidades de amor y de donación de la vida. Jesús es sometido al suplicio como consecuencia de sus opciones, su postura abiertamente crítica contra el judaísmo de su tiempo, obsesionado con la milimetría de la ley, desentendido de la conversión del corazón y del amor y la solidaridad con los vulnerables y marginales, le “valen” la saña de los sacerdotes del templo de Jerusalén y del sanedrín. La narrativa de Dios en Jesús es la de suprema credibilidad del amor, nunca la entronización del sufrimiento programado de antemano, como la necesidad de un Dios sediento de sangre.. Que sea esta Semana Santa de 2025 tiempo para un magnífico ejercicio de confrontación, en el que se recupera la originalidad liberadora de todo el ser y quehacer de Jesús, que encuentra en la pasión el punto culminante de su misión. [9] El sufrimiento de Jesús fue un hecho real, del más intenso dramatismo y dolor, gravísima injusticia, reflejo de esa perversidad de los seres humanos que no soportan la rectitud y la bondad en grado máximo, porque ven en ella un “desajuste profético” que denuncia su maldad, y quiebra su escala de valores.

Lo que Dios ha querido realizar en Jesús es una narrativa fundante de amor, de misericordia, de solidaridad liberadora con toda la humanidad, para inspirar un modelo de vida referido al Padre y al ser humano, particularmente al que es afectado  en su dignidad,  no quedando esto solamente en una reivindicación sociológica sino en una afirmación de la trascendencia de Dios hacia la humanidad y de esta hacia El. El Dios que opera en la cruz de Jesucristo es un Dios que salva desde la debilidad, desde la extrema humillación,  no es tanto  un Dios topoderoso, cuanto  un Dios “todo-debilidoso”, que San Pablo llama el escándalo de la cruz. 

El texto de la pasión que se proclama este año el Domingo de Ramos es el de Lucas, conocido como el evangelista de la misericordia, del amor infinito e incondicional de Dios manifestado en Jesucristo.[10] Ninguno de los evangelistas como él ha percibido la sensibilidad del amor del Padre, que se deja sentir de manera especial entre los pobres y  humillados del mundo. A lo largo del relato lucano captamos las diversas escenas de exquisita cercanía de Jesús con débiles, viudas, huérfanos, mujeres, cobradores de impuestos, pecadores. Nos deja ver la relación de intimidad con su Padre misericordioso: “Padre, si quieres aleja de mí est e cáliz. Pero que no se haga mi voluntad sino la tuya[11], o cuando su Padre le da valor en medio del sufrimiento: “Entonces se le apareció un ángel del cielo que lo reconfortaba[12].  La cruz aparece en este relato  como un verdadero sacramento del amor de Dios: la revelación de la misericordia en medio del sufrimiento, la dimensión de esperanza en la que se vislumbra la superación del absurdo por el mismo Dios que se hace plenamente solidario con  quien   sufre. Lucas no hace mucho énfasis en los aspectos dramáticos, en su narración no se detiene a referir detalles dolorosos, porque nos quiere hacer descubrir el amor del Padre hacia Jesús y hacia todos los seres humanos. No presenta a Jesús abandonado en el Calvario sino rodeado de amigos y conocidos: “Todos sus amigos y las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea permanecían a distancia, contemplando lo sucedido[13], y reemplaza el grito trágico que pone Mateo en boca de Jesús[14] con la invocación de ilimitada confianza propia del salmo 30: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu[15], conmovedora serenidad en el momento supremo de su vida.

El judío marginal que fue crucificado es el  mismo Señor Resucitado. Su mesianismo es en misericordia, abajándose, haciéndose mínimo y humillado ,   legítimo y absoluto amor, el único que es digno de fe:[16] “El, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente. Al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de esclavo y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra, en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: Jesucristo es el Señor[17].

Antonio José Sarmiento Nova SJ

 

 



[1] MARGOT, Jean Paul. La felicidad. En  Praxis Filosófica, número 25, julio-diciembre 2007, páginas 55-79. Universidad del Valle. Cali, 2007. ARGYLE, M. La psicología de la felicidad. Alianza Editorial. Madrid, 1992. BOSCH, Magdalena. La felicidad en Aristóteles: fin, contemplación y deseo. En https://www.proyectoscio.ucv.es/wp-content/uploads/2019/09/AIF.-2-MAGDALENA-BASCH.pdf CASTILLO, José María. Dios y nuestra felicidad. Desclée de Brower. Bilbao, 2001.

[2] FRANKL, Viktor. Ante el vacío existencial. Herder. Barcelona, 1979. SARTRE, Jean Paul. El ser y la nada. Losada. Buenos Aires, 1976.

[3] Primera estrofa del poema “Señora Muerte” (1919), del poeta León de Greiff (1895-1976). SPRINGHART, Heike. El hombre vulnerable. Sígueme. Salamanca, 2020. PAZ, Octavio. El laberinto de la soledad. Fondo de Cultura Económica. México D.F., 1967. MARTÍN MORILLA, José Manuel & MUÑOZ, Francisco A. Complejidad, fragilidad y conciencia agónica. En https://www.ugr.es/-fmunoz/documentos/COMPLEJIDADfragilidadef2.pdf  CARDONA SUÁREZ, Luis Fernando (Editor). Filosofía y dolor: hacia la autocomprensión de lo humano. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2014.

[4] GIDDENS, Anthony. Un mundo desbocado: los efectos de la globalización en nuestras vidas. Taurus. Madrid, 2000. GIRALDO PATIÑO, Paula Andrea. El vacío existencial y la pérdida de sentido de vida en el sujeto posmoderno: retos para el cristianismo del siglo XXI. En  Cuestiones Teológicas volumen 41 número 96, julio-diciembre 2014, páginas 425-444. Universidad Pontificia Bolivariana, F Medellín. MARCUSE, Herbert. El hombre unidimensional. Austral. Madrid, 1977; El final de la utopía. Ariel. Barcelona, 1978. HOBSBAWM, Eric. Adiós a todo aquello. En https://www.scielo.org.co/pdf/hiso/n23/n23a16.pdf HARVEY, David. Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo. Traficantes de Sueños-Instituto de Altos Estudios Nacionales del Ecuador. Madrid, 2014. HUXLEY, Aldous. Un mundo feliz. Cátedra. Barcelona, 2013.

[5] STEIN, Edith. Ser finito y ser eterno. Fondo de Cultura Económica. México D.F., 1996. NAVARRO, Rosana Elena. De lo humano vulnerado a lo humano resignificado, desde la experiencia espiritual de Etty Hillesum. En  Cuestiones Teológicas volumen 42 número 97, ener-junio 2015, páginas 205-228. Universidad Pontificia Bolivariana.  Medellín, 2015.

[6] SICRE, José Luis. El desarrollo de la esperanza mesiánica en Israel. En  Cuestiones Teológicas volumen 34 número 82, junio-diciembre 2007, páginas 249-256. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, 2007. BRIGHT, John . La historia de Israel. Desclée de Brower. Bilbao, 1970. SCHIPPER, Bernd U. Breve historia del antiguo Israel. Sígueme. Salamanca, 2021. LILLO BOTELLA, Carles. El mesianismo judío: una respuesta política a la dominación romana. En https://www.ub.edu/grat/wp-content/uploads/2017/02/grat193.pdf

[7] KASPER, Walter. Jesús, el Cristo. Sígueme. Salamanca, 1994. SOBRINO, Jon. Jesucristo Liberador: lectura histórico-crítica de Jesús de Nazareth. Trotta. Madrid, 1993. SCHYLLEEBECKX, Edward. Jesús, la historia de un viviente. Cristiandad. Madrid, 1994. METZ, Johann Baptist. Memoria passionis: una evocación provocadora en una sociedad pluralista. Sal Terrae. Santander, 2007. RATZINGER, Joseph (Benedicto XVI). Jesús de Nazareth. Ediciones Encuentro. Madrid, 2018.

[8] Isaías 50: 4-5

[9] ALONSO LASHERAS-RIVERO, Alfonso. El sufrimiento como lugar para una reflexión teológico-moral: una propuesta pastoral desde un Dios “tododebilidoso”. Tesis de grado para optar al título de Licenciado en Teología Moral. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2016. GOMES, P.R. O Deus im-potente: o sofrimento e o mal em comfronto con a Cruz. Loyola. Sao Paulo, 2007. GONZÄLEZ BUELTA, Benjamín. La humildad de Dios. Sal Terrae. Santander, 2012. KITAMORI, K. Teología del dolor de Dios. Sígueme. Salamanca, 1975. MOLTMANN, Jürgen. El Dios crucificado: la cruz de Cristo como base y crítica de la teología cristiana. Sígueme. Salamanca, 2010.

[10] AUTORES VARIOS. El evangelio de Lucas, relato de la misericordia. En Reseña Bíblica número 90, verano 2016. Verbo Divino. Estella, 2016. FRAILE YÉCORA, Pedro. Entrañas de misericordia: Jesús, ternura de Dios. PPC. Madrid, 2017. FOUREZ, Gerard. Una buena noticia liberadora: evangelio para un mundo en crisis. Sal Terrae. Santander, 1987.

[11] Lucas 22: 42

[12] Lucas 22: 43

[13] Lucas 23: 49

[14] “Dios  mío, Dios mío, por qué me has abandonado? Mateo 27: 46

[15] Lucas 23: 46

[16] VON BALTHASAR, Hans Urs. Sólo el amor es digno de fe. Sígueme. Salamanca, 1999. BOFF, Leonardo. Pasión de Cristo, pasión del mundo. Indo American Press Service. Bogotá, 1978. BRAVO GALLARDO, Carlos. Jesús, hombre en conflicto: el relato de Marcos en América Latina. Sal Terrae. Santander, 1986. ELIZONDO, Virgilio (Editor). Vía Crucis: la  pasión de Cristo en América. Verbo Divino. Estella, 1993.

[17] Filipenses 2: 6-11

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