domingo, 11 de mayo de 2025

COMUNITAS MATUTINA 11 DE MAYO 2025 DOMINGO IV DE PASCUA CICLO C

 

Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna; ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos”

(Juan 10: 27-28)



Lecturas:

  1. Hechos 13: 14 y 43-52

  2. Salmo 100

  3. Apocalipsis 7: 9-17

  4. Juan 10: 27-30



Durante los doce años de ministerio del Papa Francisco1 escuchamos su continua insistencia en que la Iglesia se despoje de sus privilegios, se baje de su pedestal, no reclame para sí honores y vanos elogios, que el ministerio de obispos, sacerdotes y diáconos tenga “olor a oveja”, que seamos una comunidad “en salida”, que las interpelaciones del mundo real de los seres humanos toquen la fibra pastoral de todos los cristianos, que sea notable una particular dedicación a los que él llama “descartados” por el maligno sistema económico imperante, que no presumamos de superioridad moral y religiosa, que nos encarnemos en la cotidianidad de las personas, que dejemos de lado el estilo clerical y , en general, toda manifestación contraria al Evangelio. En definitiva, que seamos como Jesús,2 caminando hombro a hombro con la humanidad, haciendo lo mismo que él hizo, dando vida, entusiasmando con el anuncio de la Buena Noticia, ejerciendo el servicio de la compasión y de la misericordia, haciendo de toda la vida eclesial una tarea permanente de comunicar esperanza y sentido pleno de la existencia: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación”. 3

Sus textos magisteriales más conocidos: las encíclicas “Laudato Si: sobre el cuidado de la casa común” 4, la ya referida exhortación apostólica “Evangelii Gaudium”, la Encíclica “Fratelli Tutti sobre la Fraternidad y la amistad social5, la Exhortación Apostólica “Amoris Laetitia sobre el Amor en la Familia6, son elocuentes evidencias del hondo sentido de responsabilidad evangelizadora y pastoral con el que el papa vivió su servicio como pastor de la Iglesia universal, extensivo también a todos los seres humanos de buena voluntad. La Iglesia no puede permanecer encerrada en la patología autorreferencial, su razón de ser es el anuncio y realización de la Buena Noticia, dialogando con los diversos contextos socioculturales en los que se desenvuelve la humanidad, interpretando los signos de los tiempos, acogiendo a todas las personas como madre generosa y providente, denunciando las injusticias e inconsistencias que maltratan la dignidad humana, proponiendo infatigablemente el rico humanismo que se desprende de la fe en Jesucristo. Para nuestro tiempo, esta tendencia pastoral se establece a partir del Concilio Vaticano II, con la sabia guía de los santos pastores Juan XXIII y Pablo VI. 7 Las asambleas de los obispos de América Latina en Medellín8, Puebla de Los Ángeles9, Santo Domingo10, Aparecida11, junto con las nuevas tendencias teológicas y pastorales que se dejan encontrar por las realidades más acuciantes de las sociedades, ponen sobre el tapete que la Iglesia en su totalidad está llamada a este servicio,12 tanto a quienes libremente acogen el mensaje de Jesucristo como a la humanidad entera, siempre en espera de iniciativas que la llenen de esperanza y de sentido.

Nos referimos a estas realidades porque este IV domingo de Pascua se conoce como Día del Buen Pastor. Su contexto no puede quedarse simplemente en la clásica y trajinada exaltación del estamento clerical, porque lo propio de esta alusión y del esfuerzo que quiere destacarla es la Iglesia en su totalidad como comunidad ministerial y pastoral, animada por el Espíritu, que suscita diversidad de dones, todos orientados a la comunión del cuerpo eclesial, a la vivencia del talante evangélico en cada cristiano y al testimonio sacramental ante el mundo, en los términos en que lo estamos refiriendo: “Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos. En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común”. 13

Esta reflexión nos lleva a pensar con hondo afecto y reconocimiento en tantos hombres y mujeres que dedican lo mejor de sí mismos al servicio del Evangelio y a la construcción de sus Iglesias particulares: laicos, legión de catequistas, servidores de la Palabra, agentes de pastoral, formadores de niños y jóvenes, responsables de la administración de los bienes materiales de la Iglesia, promotores de pobres y excluídos, religiosas de innumerables y ricos carismas, diáconos, sacerdotes y obispos, inspirados en el talante servicial del Señor Jesús, que hacen de la Iglesia una experiencia apasionante. 14

Con estas referencias queremos contribuír a una vivencia sólidamente formada de la fe en Jesucristo, siempre dando el paso de la inercia propia de la religiosidad sociocultural a una experiencia en la que la persona que opta por ella es transformada por el Espíritu, accediendo así a la nueva humanidad de Jesús, con todo lo que esto tiene de disposición para compartir a muchos esta vitalidad teologal: “Yo les doy la vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos15.

Es una pena grande que las interpretaciones reduccionistas del nuestra fe hagan de la práctica cristiana un simple cumplimiento de rituales religiosos desconectados de sus implicaciones existenciales, resultado de una evangelización deficiente, más preocupada por la administración de sacramentos que por una genuina educación en el humanismo y en la espiritualidad que procede de la fe. 16

Vistas así las cosas, el evangelio de Juan,17 que nos acompaña durante estos domingos del tiempo de Pascua, es un potente recurso para esclarecer la cuestión de la religiosidad reducida a los límites de lo ritual y para posibilitar una espiritualidad liberadora que supere esa condición y se traduzca en un ser humano integral, de plena consistencia teologal y antropológica, en el Señor Jesús.

Tema central es el del pastor modelo que da la vida por las ovejas: “Yo soy el buen pastor: conozco a mis ovejas , y ellas me conocen a mí – como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre – y doy mi vida por las ovejas18 Dar la vida significa desgastarse por los demás, amando y sirviendo según el estilo de Jesús. El asunto de la vida eterna debe empezar a suceder en esta vida, haciendo de la projimidad el elemento central de nuestros proyectos existenciales. Tal es la clave del pastoreo en las comunidades cristianas, que no es tarea exclusiva de obispos y sacerdotes, sino de una Iglesia que se entiende toda ella en clave ministerial.

Siguiendo el espíritu de Jesús queremos hacer un llamado de atención ante la exaltación desmedida que muchos laicos hacen de los clérigos, culto a la personalidad, tan nocivo para la pureza evangélica de la Iglesia, que a menudo ha derivado en los penosos escándalos de pederastia, horrenda mezcla de pretensiones de poder y de sexualidad desintegrada.19 Quien está plenamente dotado de la vida de Dios – como Jesús – necesariamente se remite a participarla a muchos, comprometido al máximo con las ovejas que le son confiadas.

Los laicos también tienen vocación de pastoreo, ellos no son súbditos de los sacerdotes sino cristianos adultos llamados a servir a la humanidad desde sus estilos específicos de vida:20 el matrimonio, el ejercicio profesional y laboral, la construcción de ciudadanía, la configuración de la sociedad en justicia y equidad, la generación de cultura, educación, institucionalidad, ordenamiento jurídico, ciencia y tecnología con raigambre humanista

Jesús nunca se creyó más que nadie, se dispuso al servicio de todos, como consecuencia de su intimidad con Dios. Esto mismo es lo que tiene que acontecer en nosotros: las ovejas somos alimentadas por el pastor, la única razón de su quehacer somos las ovejas: “Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen21. Estas palabras de Jesús son dirigidas a unos judíos que lo acosaban con preguntas capciosas para tener de qué acusarle.

Para nosotros queda claro que “ser oveja” implica acercarse a él sin prejuicios, acercarse a la vida real, principalmente a la vida dura que aqueja a tantísimos seres humanos , y descubrir en ella el clamor de Dios que invita a recibir una vida que dignifica y que libera. Esa escucha exige modificar posturas adquiridas, consideradas inmodificables, renuncia a intereses y comodidades, y total apertura para la solidaridad y el servicio.

Jesús, viviendo para los demás, está identificándose con el ser de Dios. Así manifiesta la verdadera Vida, que es la misma de Dios, Esa Vida es la que él nos comunica. Dios se la está comunicando, con la feliz consecuencia de que en ella misma está contenida la comunicación de la misma a nosotros. Así, Jesús es revelación de Dios, y modelo del ser humano nuevo, sacramento del Padre y sacramento de la nueva humanidad.

Al terminar la redacción de estas líneas tenemos la gratísima sorpresa de la elección del Cardenal Robert Francis Prevost OSA, como Obispo de Roma, Pastor de la Iglesia Universal, el papa como se le conoce popularmente. Un genuino pastor con olor a oveja, sucesor del apóstol Pedro, que toma de Francisco el relevo en la guía y gobierno de la Iglesia, evangélicamente estupendo!!!

Antonio José Sarmiento Nova, SJ

1 IVEREIGH, Austen. El gran reformador: Francisco, retrato de un papa radical. Ediciones B Colombia. Bogotá, 2015; Wounded Sheperd: Pope Francis and his struggle to convert the Catholic Church. Henry Holt. New York, 2019. FRANCO, Massimo. El Vaticano según Francisco. Aguilar. Madrid, 2015. CASTRO, Jorge. La visión estratégica del papa Francisco. Distal. Buenos Aires, 2015. VALENTE, Gianni. Francisco, un papa del fin del mundo. Marova. Madrid, 2013.

2 MARTÍNEZ DÍEZ, Felicísimo. Creer en Jesucristo: vivir en cristiano. Verbo Divino. Estella, 2007. DUCQUOC, Christian. Jesús, hombre libre: esbozo de una cristología. Sígueme. Salamanca, 1980. MACHOVEC, Milan. Jesús para ateos. Sígueme. Salamanca, 1976. FRAIJÓ, Manuel. Jesús y los marginados: utopía y esperanza cristiana. Cristiandad. Madrid, 1985. HORSELY, R.A. Jesús y el imperio: el Reino de Dios y el nuevo desorden mundial. Verbo Divino. Estella, 2003.

3 PAPA FRANCISCO. Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium La Alegría del Evangelio, número 27. Tipografía Vaticana. Roma, 2013. NAVARRO, Jesús Arturo. El papado de Francisco desde la esperanza discreta. En https://www.redalyc.org/pdf/325/32530725008.pdf

4 PAPA FRANCISCO. Carta Encíclica Laudato Si sobre el cuidado de la casa común. Tipografía Vaticana. Roma, 2015.

5 PAPA FRANCISCO. Carta Encíclica Fratelli Tutti sobre la Fraternidad y la Amistad Social. Tipografía Vaticana. Roma, 2020.

6 PAPA FRANCISCO. Exhortación Apostólica Amoris Laetitia sobre el Amor en la Familia. Tipografía. Vaticana. Roma, 2016.

7 CONCILIO VATICANO II. Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Moderno Gaudium et Spes. Edición Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1996. PAPA PABLO VI. Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi El Anuncio del Evangelio Hoy. Tipografía Vaticana. Roma, 1975. PAPA JUAN PABLO II. Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte Al comienzo del año 2000. Tipografía Vaticana. Roma, 2000.

8 Agosto-Septiembre de 1968.

9 Enero-Febrero 1979

10 Octubre 1992.

11 Mayo 2007.

12 CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO CELAM. Las cinco conferencias generales del episcopado latinoamericano: Río de Janeiro, Medellín, Puebla, Santo Domingo, Aparecida. Paulinas & San Pablo. Bogotá, 2014.

13 1 Corintios 12: 5-7

14 ZIZIOULAS, Joannis D. El ser eclesial: persona, comunión, Iglesia. Sígueme. Salamanca, 2003. PIÉ-NINOT, Salvador. Eclesiología: la sacramentalidad de la comunión cristiana. Sígueme. Salamanca, 2006. TILLARD, Jean Marie. Carne de la Iglesia, Carne de Cristo: en las fuentes de la eclesiología de comunión. Sígueme. Salamanca, 1994. CONGAR, Yves. Por una Iglesia servidora y pobre. San Esteban. Salamanca, 2014; Ministerios y comunión eclesial. Fax. Madrid, 1973; Autoridad y libertad en la Iglesia. Desclée de Brower. Bilbao, 1978; Jalones para una teología del laicado. Estela. Barcelona, 1969. LUBAC, Henri de. Meditación sobre la Iglesia. Encuentro. Madrid, 2008.

15 Juan 10: 28.

16 VELA, Jesús Andrés. Reevangelización: el primer anuncio del Evangelio a bautizados no cristianos. Pontificia Universidad Javeriana – Facultad de Teología. Bogotá, 2014; Evangelizar de nuevo: el kerigma cristiano en un mundo roto. Pontificia Universidad Javeriana-Facultad de Teología. Bogotá, 2010; Reiniciación cristiana: respuesta a un bautismo sociológico. Verbo Divino. Estella, 1986. MORAL, José Luis. Jóvenes sin fe? Manual de primeros auxilios para reconstruír con los jóvenes la fe y la religión. PPC. Madrid, 2007. TORRES QUEIRUGA, Andrés. Fin del cristianismo premoderno. Sal Terrae. Santander, 1993. FOSSION, André. Volver a empezar: veinte caminos para volver a la fe. Sal Terrae. Santander, 2005.

17 CASTRO SÁNCHEZ, Secundino. Evangelio de Juan. Desclée de Brower. Bilbao, 2013. BROWN, Raymond E. El evangelio y las cartas de Juan. Desclée de Brower. Bilbao, 2010. CARRILLO ALDAY, Salvador. El evangelio según San Juan. Verbo Divino. Estella, 2010. GUILLET, Jacques. Jesucristo en el evangelio de Juan. Verbo Divino. Estella, 2006.

18 Juan 10: 14-15

19 CUCCI, Giovanni; ZOLLNER, Hans; DÍEZ ARAGÓN, Ramón Alfonso. Iglesia y pedofilia: una herida abierta. Sal Terrae. Santander, 2011. SCICLUNA, Charles; ZOLLNER, Hans; AYOTTE, David. Abuso sexual contra menores en la Iglesia: hacia la curación y la renovación. Sal Terrae. Santander, 2012. GUARINELLI; Stefano. El sacerdote inmaduro: un itinerario espiritual. Sígueme. Salamanca, 2016.

20 PAPA JUAN PABLO II. Exhortación Apostólica Christifideles Laici sobre la Vocación y Misión de los Laicos en el Mundo y en la Iglesia. Tipografía Vaticana. Roma, 1988. CONCILIO VATICANO II. Decreto Apostolicam Actuositatem sobre el Apostolado de los Laicos. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1996. ESTRADA, Juan Antonio. La espiritualidad de los laicos. San Pablo. Madrid, 1991. GARCÍA DE ANDOIN, Carlos. Laicos cristianos, Iglesia en el mundo. HOAC. Madrid, 2004. BOROBIO, Dionisio. Misión y ministerios laicales. Sígueme. Salamanca, 2001.

21 Juan 10: 27

domingo, 4 de mayo de 2025

COMUNITAS MATUTINA 4 DE MAYO 2025 III DOMINGO DE PASCUA CICLO C

 

Ellos abandonaron el Sanedrín contentos por haber sido considerado dignos de sufrir ultrajes por el Nombre. Ni un solo día dejaban de enseñar en el Templo y por las casas, y de anunciar la Buena Nueva de que Jesús es el Cristo”

(Hechos 5: 41-42)



Lecturas:

  1. Hechos 5: 27-42

  2. Salmo 29

  3. Apocalipsis 5: 11-14

  4. Juan 21: 1-19



Jesús Resucitado es la plena solidaridad de Dios con nuestra condición humana. Todo lo nuestro se inserta en el bienaventurado misterio de su Pascua, lo que nos aflige y disminuye, el abatimiento que nos causa el mal en sus múltiples y dolorosas evidencias, también el regocijo con el que celebramos nuestras plenitudes, el amor, el logro de nuestros ideales, el triunfo de la verdad y de la justicia. Su Buena Noticia es el aliento para emprender la construcción histórica del Reino de Dios , como anticipo de la consumación definitiva cuando seamos llamados por Él a insertarnos de modo pleno en la amorosa comunión de la Trinidad. Sólo en él nuestra esperanza! 1

La experiencia pascual no eliminó la fragilidad de los primeros discípulos. Ellos estuvieron expuestos a sospechas y persecuciones por parte de las autoridades políticas y religiosas, las mismas que llevaron a Jesús a la muerte. Ellos mismos llegaron al final de sus vidas de modo martirial, inscribiendo así todo su camino en la cruz y en la resurrección de su Señor.2

Cuando escribimos el texto de esta reflexión tenemos nuestra sensibilidad a flor de piel con la Pascua del Papa Francisco. Sobre él hay que decir: un hombre 100 % pascual, un gigante del Espíritu, un papa que se puso las botas de la fragilidad, que sintió como propios los sufrimientos de la humanidad, que se hizo portavoz de los pobres del mundo, qué trabajó con denuedo para que el Reino de Dios y su justicia sean la marca determinante de la Iglesia. Su partida es dolorosa, pero al mismo tiempo se vive con una gran convicción de esperanza, esa misma que él encarnó con tanta fuerza espiritual, con la que quiso dar la identidad a este año jubilar 2025. 3

Y, qué te dice la Pascua a tí, amable lector? Y Francisco, qué legado te deja? Es reiterado nuestro énfasis en la fragilidad inherente a nuestra condición humana, cada día de la vida es un relato de la misma. No es una apología del lamento y de la tragedia ni una invitación al desencanto. Lo hacemos desde una conciencia realista y responsable, inscrita en la esperanza definitiva que Dios ha establecido en la Pascua del Señor Jesucristo. En la prolongada enfermedad de este papa hemos asistido a una extraordinaria narrativa de debilidad y fortaleza. La historia de tantos hombres y mujeres que han vivido coherentemente este ideal, sorteando dificultades extremas, es un desafío para quienes hoy nos empeñamos en estructurar nuestra existencia en el seguimiento de Jesús. 4

Es tal la magnitud de la experiencia pascual que el lenguaje habitual que utilizamos resulta insuficiente para comunicarla. No hay ni palabras ni conceptos suficientes con los que se pueda expresar esa realidad vivida por los discípulos, por eso acudieron al lenguaje de las apariciones. Hay que aprender a desentrañar la fuerza semántica de estos textos, aunando al análisis lingüístico una disposición sincera, dócil al Espíritu, de oración y de discernimiento, dejándonos sorprender por el Resucitado . Desde allí podremos apreciar la riqueza de estos relatos. Sólo así entrarán a hacer parte de nuestra vida y la remitirán a la misma Pascua que resignificó hasta el entusiasmo a Pedro y a sus compañeros. 5 Los escritos del Nuevo Testamento – cuyo común denominador es proclamar que el Crucificado es el Resucitado – no tienen como objeto explicar la materialidad del acontecimiento de la resurrección, sino invitar a vivir la misma experiencia de transformación que ellos vivieron. Sus núcleos originales son catequesis que presentan los hechos de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, con el fin de motivar a muchos a seguir el mismo camino que ellos vivieron: la certeza creyente de Jesús como el Viviente, animando e inspirando la vida de aquellas primeras comunidades de creyentes. 6. Esta certeza del Resucitado, sin lugar a dudas, fue la inspiración que hizo de Francisco un testigo de la Vida, un incansable promotor de la misma, un portador del aliento teologal que dejó en millones de seres humanos el sabor del sentido pleno de la existencia, el que viene con Jesús y hace que lo nuestro sea un genuino experimento esperanza. 7 El relato de Francisco nos dice claramente que la resurrección es una nueva manera de vida en Jesús, supera con creces el prodigio espectacular, es el Espíritu que nos da la Vida, que nos hace nuevos, como a aquellos pioneros del cristianismo primitivo. Es imperativo saltar de la tristeza eclesiástica a la bienaventuranza pascual!

Los Hechos de los Apóstoles son elocuentes en narrar las peripecias , conflictos y persecuciones vividos por los discípulos. Las autoridades judías y romanas no sólo pretendieron matar a Jesús, también tenían el claro propósito de extirparlo de la memoria de los vivos. La crucifixión llevaba implícita la absoluta degradación del condenado y la práctica imposibilidad de que esa persona pudiera ser rehabilitada: “Los trajeron, pues, y los presentaron en el Sanedrín. El Sumo Sacerdote les interrogó; les dijo: Les prohibimos severamente enseñar en ese nombre; sin embargo, ustedes han llenado Jerusalén con su enseñanza y pretenden hacernos culpables de la muerte de ese hombre. Pedro y los apóstoles respondieron: hay que obedecer a Dios antes que a los hombres………Nosotros somos testigos de estos hechos, y también el Espíritu Santo que ha dado a los que le obedecen. Ellos, al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos8.

La genuina gloria del cristianismo no reside en su prestigio social ni en su fortaleza institucional, ni en los muchos influjos que ha podido tener en la configuración de muchas sociedades. Su gloria es la cruz, entendida esta no como la voluntad de un Dios sádico que victimizó a su Hijo y lo entregó a la muerte, sino como la capacidad de dar vida nueva , vida que es esencialmente liberadora para que el ser humano encuentre su plenitud de sentido en el Dios que se nos ha revelado en Jesucristo.

Los testigos originales de la Pascua nos transmiten la experiencia de aquella primitiva comunidad, cuya capacidad transformadora fue tal que ellos mismos se empeñaron en comunicarla para que muchos seres humanos a lo largo de los siglos pudieran vivir la misma realidad que en su momento los hizo a ellos partícipes de la humanidad-divinidad del Resucitado: “El Dios de nuestros antepasados resucitó a Jesús, a quien ustedes mataron colgándolo de un madero. Y Dios lo ha exaltado con su diestra como Señor y Salvador, para conceder a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Nosotros somos testigos de estos hechos…..”9

Como centro de la Palabra de este domingo nos encontramos con el bello relato del capítulo 21 de Juan, la aparición de Jesús a orillas del lago de Tiberíades:10 “Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades11. La expresión “se manifestó” tiene el significado de surgir de la oscuridad, es el amanecer, connotación del despunte del nuevo día que tiene fuerza simbólica de primer orden: los discípulos pasan de la percepción sensorial de Jesús y de la oscuridad en la que viven debido al aparente fracaso de la cruz a la experiencia de la fe pascual, a la luminosidad que trae para ellos la presencia del Resucitado. Los discípulos han vuelto a su cotidianidad de pescadores, no imaginan lo que está por suceder, retornan a la sencillez de su rutina. Eso sí, están juntos, siguen en comunidad, a pesar de la tristeza que los embarga: “Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos12. Sin que ellos lo aguarden, Jesús se hace presente, gratuita iniciativa la suya que los invita a lanzar las redes, porque se sienten desanimados, no han logrado nada en toda la noche. Ahora esa presencia se torna eficaz, se traduce en abundancia de vida: “Les preguntó Jesús: muchachos, no tienen nada que comer? Le contestaron: no. El les dijo: echen la red a la derecha de la barca y encontrarán. La echaron, pues, y no conseguían arrastrarla por la gran cantidad de peces13. En este resultado, que es vitalidad, alimento, abundancia, le reconocen: “El discípulo a quien Jesús amaba dijo entonces a Pedro: es el Señor14.

Descubrimos también un aspecto fundamental para la vida de la Iglesia: Jesús no suple la responsabilidad de los creyentes, él no interviene mágicamente para dispensarnos del compromiso de transformar la historia, nos tiende su mano confiando una misión y haciéndonos responsables de la misma, dotándonos del Espíritu que nos capacita para ese servicio de anunciar la Buena Noticia. 15 La parte final del texto es el hermoso coloquio entre Jesús y Pedro. Este no había percibido la presencia, pero al oír al otro discípulo se percató enseguida. El cambio de actitud de Pedro se refleja en la expresión “se ató”: “Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ató la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua16. La misión se personaliza en Pedro. Este discípulo recibe de Jesús una representación de toda la Iglesia: tres veces le pregunta si lo ama - contrapartida de las tres negaciones - el Maestro espera de Pedro una rectificación total: “Insistió por tercera vez: Simón, hijo de Juan , me quieres? Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez: me quieres? Y le dijo: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero. Le dijo Jesús: apacienta mis ovejas17. Pedro renuncia a aquel ideal de Mesías triunfalista que se había forjado y entiende que lo que ahora se le propone es vivir el mismo servicio salvador de Jesús, también hasta la muerte y muerte de cruz. El pastoreo que Pedro recibe de Jesús indica el sentido del ministerio eclesial, no una constitución de poder autoritario, sino misión de dar la vida, de ofrecerse sin reservas a cada oveja del rebaño. 18



Antonio José Sarmiento Nova, SJ



1 BELLO, Haddy. Jesucristo, primicia, fundamento y consumación de nuestra esperanza. En Cuadernos de Teología volumen V número 2, páginas 74-86, diciembre 2013. Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile, 2013. BENEDICTO XVI. Carta Encíclica SPE SALVI En esperanza fuimos salvados. Tipografía Vaticana. Roma, 2007. ARRUPE, Pedro. En Él sólo la esperanza: selección de textos sobre el Corazón de Cristo. Mensajero. Bilbao, 1984. BOTEY, Jaume. Construír la esperanza. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2008.

2 MEIER, John Paul. Un judío marginal: nueva visión del Jesús histórico. Tomo III: Compañeros y Competidores. Verbo Divino. Estella, 2010. MARTÍNEZ FRESNEDA, Francisco. Los discípulos. En https://www.dehesa.unex.es/bitstream/10662/2207/1/1886-4945_3__259.pdf BRAVO ALVAREZ, Gonzalo. El discipulado postpascual. En Veritas volumen IV número 20, páginas 9-28. Pontificio Seminario Mayor San Rafael, Valparaíso, 2009. GUILLET, Jacques. El Jesús de los discípulos. Mensajero. Bilbao, 1998.

3 IVEREIGH, Austen. El gran reformador. Francisco, retrato de un papa radical. Ediciones B. Madrid, 2025. POLITI, Marco. Francisco entre los lobos. El secreto de una revolución. Fondo de Cultura Económica FCE. Ciudad de México, 2015. TORRALBA, Francesc. La revolución de la ternura. El verdadero rostro del papa Francisco. Milenio. Madrid, 2014. HERRANZ CASADO, Julián. Dos Papas. Rialp. Madrid, 2023. CERCAS, Javier. El loco de Dios en el fin del mundo. Random House. Barcelona, 2025. FRANCISCO, Esperanza: la autobiografía. Plaza & Janés. Barcelona, 2025.

4 MANARANCHE, André. Creo en Jesucristo hoy. Sígueme. Salamanca, 1979. HURTADO, Manuel. Creer en Jesucristo hoy. En https://www.seleccionesdeteologia.net/selecciones/llib/vol52/205/205_Hurtado.pdf CASTILLO, José María. El seguimiento de Jesús. Sígueme. Salamanca, 2005.

5 FULLER, Reginald H. The formation of the Resurrection narratives. McMillan. New York, 1971. LIBANIO, Joao Batista. Artículo Esperanza, utopía, resurrección en ELLACURÏA, Ignacio & SOBRINO, Jon. Mysterium Liberationis: conceptos fundamentales de la teología de la liberación. Volumen 2, páginas 495-510. UCA Editores. San Salvador, 2008. MÜLLER, Ulrich B. El origen de la fe en la resurrección de Jesús. Estella. Verbo Divino, 2003. WILCKENS, Ulrich. La resurrección de Jesucristo: estudio histórico-crítico del testimonio bíblico. Sígueme. Salamanca, 1981.

6 BOFF, Leonardo. Jesucristo el Liberador: ensayo de cristología crítica para nuestro tiempo. Sal Terrae, Santander España 1994. KASPER, Walter. Jesús el Cristo. Sígueme, Salamanca, 1994. PIKAZA, Xabier: El Evangelio: vida y pascua de Jesús. Sígueme. Salamanca, 1990. BUSTO, José Ramón. Entrada El Resucitado en TAMAYO-ACOSTA, Juan José. Diez palabras clave sobre Jesús de Nazaret, páginas 357-399. Verbo Divino. Estella, 1999.

7 MOLTMANN, Jürgen. Esperanza para un mundo inacabado. Conversación con Eckart Lör. Trotta. Madrid, 2017; El experimento esperanza. Sígueme. Salamanca, 1977; Esperanza y planificación del futuro. Sígueme. Salamanca, 1973.

8 Hechos 5: 27-29 y 32-33

9 Hechos 5: 30-32

10 ROSA BORJAS, Germán. La resurrección, un camino entrañable de amistad. Del sepulcro vacío al lago de Tiberíades. En https://www.repositorio.uca,edu.ni/4474/1/La%20Resurreccion%20un%20camino%20entrañable.pdf SOBRINO, Jon. Ante la resurrección de un crucificado: Una esperanza y un modo de vivir. En Revista Concilium número 318, páginas 760-761. Verbo Divino. Estella, noviembre 2006. GRESHAKE, Gisbert. Más fuertes que la muerte: lectura esperanzada de los novísimos. Sal Terrae. Santander, 1981.

11 Juan 21: 1

12 Juan 21: 2

13 Juan 21: 5-6

14 Juan 21: 7

15 CASTILLO, José María. Espiritualidad para insatisfechos. Trotta. Madrid, 2011. RADCLIFFE, Timothy. Ser cristianos en el siglo XXI. Sal Terrae. Santander, 2011. SOBRINO, Jon. Liberación con espíritu. Apuntes para una nueva espiritualidad. Sal Terrae. Santander, 1989. GALILEA, Segundo. El seguimiento de Cristo. San Pablo. Madrid, 1984. PAPA FRANCISCO. Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium La Alegría del Evangelio. Tipografía Vaticana. Roma, 2013. ARTIGA GONZÁLEZ, Alvaro. Una sociedad según el corazón de Dios. La polis cristiana en el pensamiento de Monseñor Oscar Arnulfo Romero. UCA Editores. San Salvador, 2017.GIMÉNEZ BELIVEAU, Verónica. La religión ante los problemas sociales: espiritualidad, poder y sociabilidad en América Latina. CLACSO Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. Buenos Aires, 2020.

16 Juan 21: 7b

17 Juan 21: 17

18 CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE. El primado del sucesor de Pedro en el misterio de la Iglesia. Tipografía Vaticana. Roma, 1998. AGUIRRE MONASTERIO, Rafael (Editor) Pedro en la Iglesia primitiva. Verbo Divino. Estella, 1991.

domingo, 27 de abril de 2025

COMUNITAS MATUTINA 27 DE ABRIL 2025 II DOMINGO DE PASCUA CICLO C

 “Cada vez era mayor el número de creyentes que se adherían al Señor, una multitud de hombres y mujeres”

(Hechos 5: 14)

 

Lecturas:

1.     Hechos 5: 12-16

2.    Salmo 117

3.    Apocalipsis 1: 9-19

4.    Juan 20: 19-31

Amigo-a lector-as, cómo vives tus desengaños, tus tristezas, tus vacíos, tus desencantos, tus frustraciones, tus pequeñas muertes de cada día? Te dominan estas realidades y sucumbes al sentimiento trágico de la vida? Te desesperas y el sufrimiento se te convierte en una dolorosa constante, en una sin salida angustiosa? Qué haces para superarlo? Evades esta realidad? O te sientes retado-a y no te “arrugas” ante la adversidad, luchas, gestionas tu propio trabajo emocional, espiritual, físico, para construír tu territorio de sentido y esperanza, te experimentas “herido de infinito”, dispuesto a que todo tu ser esté abierto al significado trascendente de la existencia?[1]

Hacemos estas preguntas en tiempo de pascua, evocando y celebrando a un generoso profeta, noble como el que más, amigo profundo de los condenados de la tierra, solidario, misericordioso, compasivo, libre con la libertad del Espíritu, severo crítico de las formas religiosas que secuestran a Dios, sanador y protector de la vida, apasionado reivindicador de la dignidad humana en nombre de un Dios que se reveló de modo definitivo en él, promotor de un estilo de vida feliz a contracorriente de poderes, dineros, vanidades, pompas, descalzo con los descalzos del mundo, a quien los enemigos de la vida y de la felicidad, amantes enfermizos de formalidades y de rituales inertes, acusaron, juzgaron, crucificaron, cometiendo la mayor injusticia de la historia de la humanidad.

Los amigos y seguidores de este extraordinario ser quedaron “descolocados”, sintieron que su mundo se les venía abajo, lo mismo que nos sucede cuando vivimos algún drama de marca mayor; se escondieron, quedaron sumidos en gran desconcierto, pero lentamente fueron viviendo una sorprendente novedad que empezó a llenar sus grises vidas de sentido y plenitud, un asunto de  gratuidad totalmente revolucionaria que los resignificó al mil por ciento, haciendo de ellos-as hombres y mujeres totalmente dispuestos a seguir el camino de ese magnífico personaje al que llamaron el Crucificado-Resucitado, lo sintieron vivo , con una vitalidad a toda máquina, que los llamaba a vivir como él y con él, y a difundir esa Buena Noticia garantía de sentido absoluto de la vida, originada en el mismísimo Dios.[2] Es decir, Jesús reencanta la vida de estos hombres, de estas mujeres, del incrédulo Tomás, del rudo Pedro, de la amorosa María Magdalena, de los interesados hijos del Zebedeo, del joven Francisco de Asís, del convaleciente soldado Ignacio de Loyola, del contemporáneo chico Carlo Acutis, de la vigorosa y emprendedora Teresa de Jesús. Y la tuya, amable lector-a?

La más elocuente evidencia de la resurrección de Jesús es la transformación operada en sus discípulos: frágiles, temerosos, inseguros, ahora se tornan en personas entusiasmadas, su existencia se resignifica con el acontecimiento pascual, se disponen para comunicar la Buena Noticia, haciendo de ella el centro de sus vidas, contagian esa alegría a muchos dando origen a las primeras comunidades cristianas, son capaces de afrontar las contradicciones y graves dificultades con las autoridades de la religión judía y con las del Imperio Romano, en ellos se percibe una nueva humanidad. Es Jesús, el Viviente, la raíz de esa novedosa  manera de ser y de proceder.[3] Y esa apasionante posibilidad es también para nosotros, gente del siglo XXI.

Sea esta alusión una referencia determinante para quienes hoy nos interesamos en seguir el camino de Jesús, siempre insertos en los diferentes contextos de esta realidad humana: “El gozo y la esperanza, la tristeza y la angustia de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de todos los afligidos, son también gozo y esperanza, tristeza y angustia de los discípulos de Cristo y no hay nada verdaderamente humano que no tenga resonancia en su corazón”. [4] Lo que los textos del Nuevo Testamento quieren expresar con la palabra resurrección es la clave de todo el mensaje cristiano. Ya afirmamos en el comentario de la semana anterior que este hecho es mucho más que la reanimación de un cadáver. Sin esa Vida que trasciende la vida, nada de lo que se propone en el Evangelio tendría sentido.  Lo que estos escritos quieren transmitir es el testimonio de que Él vive,  que eso incide decisivamente en sus vidas, hasta el punto de resultar todos ellos radicalmente renovados[5] en su ser y en su quehacer. Son asumidos pascualmente por el Resucitado: “Al ver esto, caí a sus pies, como muerto, pero El, tocándome con su mano derecha, me dijo: No temas, yo soy el Primero y el Ultimo, el Viviente. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre y tengo la llave de la Muerte y el Abismo[6].

Así, podemos decir que “la cosa empezó en Galilea[7], el origen del cristianismo no parte de  una nueva normativa religiosa sino de una vivencia carismática.  Es una profecía de Dios, mediada en Jesús de Nazaret, sucedida en la historia real de un pueblo concreto, humillado y ofendido por la pobreza, por la dominación romana y por el maltrato sistemático procedente de sus líderes religiosos, En esa marginalidad acontece la Pascua, y son esos pescadores galileos el punto de partida del hecho cristiano en la historia de la humanidad.[8]

Un elemento muy importante que preocupa mucho a quien escribe estas letras semanales es el del lenguaje religioso que se torna formal, ideológico, abstracto, de bajo poder significativo. Pregunta a partir de esto para que ustedes respondan: si a aquellos pescadores y campesinos galileos les llegó un lenguaje tan fascinante, tan totalizante, qué tenemos que hacer en nuestro tiempo para que muchos también se dejen tomar por ese altísimo nivel de fascinación?

Se transforma en gozo el miedo de los discípulos: “Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los  discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: La paz esté con Ustedes! Mientras decía esto les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor[9].

Los relatos de apariciones que traen los cuatro evangelistas son la base de esta credibilidad.[10]  En ellos descubrimos estos cinco elementos:

1.     Jesús se hace presente en situaciones de la vida real. Su nueva manera de presencia no tiene nada que ver con el templo ni con sus ritos religiosos: “….llegó Jesús y, poniéndose en medio de ellos, les dijo: la paz esté con Ustedes[11]. El movimiento cristiano no empezó su andadura histórica como una nueva religión, sino como una forma de vida inspirada en el Reino de Dios y su justicia,[12] elemento central del mensaje de Jesús.  A los primeros cristianos se les persiguió por ateos, porque depositaban la garantía de su vida en  ese Jesús de Nazaret considerado blasfemo y  hereje  por quienes lo condenaron. En esa realidad problemática  entra pascualmente el Señor Jesús para dar vida y  plenitud de sentido.

2.    Jesús sale al encuentro inesperadamente, es El quien toma siempre la iniciativa, la presencia que experimentan no es una fantasía colectiva;  quedan muy  sorprendidos cuando empiezan a tener la experiencia de su nueva cualidad de vida , [13] porque fue tal su abatimiento  que no estaba dentro de sus perspectivas el paso de la muerte a la vida.  Este hecho es total gratuidad ,  los maravilla : “Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: la paz esté con Ustedes![14]

3.    El saludo que les da Jesús significa su cercanía y amistad con ellos, su interés por cada uno de los discípulos. No es un   suceso de espectacularidad individual en el que el único beneficiado es Jesús porque  todo lo suyo es vida para todos, como el ser de Dios que es el más pleno ejercicio de alteridad: “No ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí. Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno – yo en ellos y tú en mí – para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que los has amado a ellos como me amaste a mi[15].

4.    Hay un reconocimiento  que en ellos se da en medio de vacilaciones.  En el relato que trae Juan este domingo esa incredulidad se pone de manifiesto en una figura concreta, Tomás. A este discípulo tradicionalmente se le señala por reaccionar negativamente ante el Resucitado: “Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: Hemos visto al Señor! El les respondió: si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no creeré[16]. Pero les propongo darle una oportunidad a Tomás: no será su incredulidad una sincera inquietud por la verdad? La de Jesús?

5.   Reciben una misión, que no es ocurrencia de ellos sino mandato de Jesús. En efecto, el anuncio misionero de la Buena Noticia  fue práctica constante  en la primera comunidad. Aquella Iglesia Apostólica no poseía este tipo de seguridades que hemos adquirido con el paso de los siglos, su garantía fue el mismo Señor Resucitado, la experiencia que tuvieron de El fue de tal  intensidad que no pusieron reparos para lanzarse a divulgarla y a fundar  comunidades inspiradas en el proyecto de vida de Jesús.

 

Antonio José Sarmiento Nova, SJ

 



[1] PAPA JUAN PABLO II. Carta Apostólica Salvifici Doloris sobre el valor salvífico del sufrimiento. Libreria Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1984. SANTACRUZ-VERA, Dalia Jacqueline; BOLÍVAR-RAMÍREZ, Marisol. Sentido de la vida y del sufrimiento, una tarea personal. En Apuntes de Bioética volumen 4, número 1; páginas 5-22. Universidad Santo Toribio de Mogrovejo. Lima, 2021. FRANKL, Viktor. Ante el vacío existencial. Herder. Barcelona, 2021. CABRESTERO, Teófilo. Entre el sufrimiento y la alegría: nuestra experiencia actual y la experiencia de Jesús de Nazaret. Desclée de Brower. Bilbao, 2009. MARTÍNEZ MARTÍNEZ, Juan Pablo. El sufrimiento en la vida. Reflexiones en torno a la esencia humana a partir de Michel Henry. Trabajo de grado para obtener el título de Doctor en Filosofía. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2017. MOORE, Thomas. Las noches oscuras del alma. Urano. Barcelona, 2014.

[2] BRAVO ALVAREZ, Gonzalo. El discipulado post-pascual. En Veritas volumen 4, número 20; páginas 9-28. Pontificio Seminario Mayor San Rafael. Valparaíso, marzo 2009. PALUMBIERI, Sabino. Vía Lucis. Testigos del Resucitado. En https://www.vialucis.org/images/pdf/Via-Lucis-Spagnolo-Comunita.pdf MESSORI, Vitorio. Dicen que ha resucitado. Rialp. Madrid, 1997. GARCÍA PÉREZ, José Miguel. Resucitó. Encuentro. Madrid, 2024. LÓPEZ PEÑALBA, Jaime. La identidad entre la experiencia de Jesús y la experiencia de los discípulos. En Teología y Catequesis número 141; páginas 109-132. Universidad Eclesiástica San Dámaso. Madrid, 2018.

[3] AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. La memoria de Jesús y los cristianismos de los orígenes. Verbo Divino. Estella, 2015; Así empezó el cristianismo. Verbo Divino. Estella, 2010. THEISSEN, Gerd. La religión de los primeros cristianos. Sígueme. Salamanca, 2002. MÜLLER, Ulrich B. El origen de la fe en la resurrección de Jesús. Verbo Divino. Estella, 2003. CROSSAN, John Dominic. El nacimiento del cristianismo: qué sucedió en los años posteriores a la ejecución de Jesús. Sal Terrae. Santander, 2002. SCHYLLEEBECKX, Edward. Jesús, la historia de un viviente. Cristiandad. Madrid, 1993. KÜNG, Hans. Lo que yo creo. Trotta. Madrid, 2011.

[4] CONCILIO VATICANO II. Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo moderno Gaudium et Spes, número 1. Edición de la Biblioteca de Autores Cristianos BAC, página 229. Madrid, 1996.

[5] OSPINA ARIAS, Diego Fernando. El seguimiento transformante de Cristo Jesús, categoría fundante para la teología moral fundamental. Tesis para obtener el título de doctor en teología. Pontificia Universidad Javeriana-Facultad de Teología. Bogotá, 2014. GUILLET, Jacques. El Jesús de los discípulos. Mensajero. Bilbao, 1998. PAGOLA, José Antonio. Cristo Resucitado es nuestra esperanza. PPC. Buenos Aires, 2017.

[6] Apocalipsis 9: 17-18

[7] EVELY, Louis. La cosa empezó en Galilea: meditaciones sobre el evangelio según el año litúrgico,  Sígueme.  Salamanca 1975.

[8] RICHARD, Pablo. El movimiento de Jesús antes de la Iglesia: una interpretación liberadora de los Hechos de los Apóstoles.  Sal Terrae. Santander, 1998. THEISSEN, Gerd. Sociología del movimiento de Jesús: el nacimiento del cristianismo primitivo. Sal Terrae. Santander, 1979. PIÑERO, Antonio (Editor). Orígenes del cristianismo: antecedentes y primeros pasos. El Almendro. Córdoba, 1991. HOORNAERT, Eduardo. La memoria del pueblo cristiano: una historia de la Iglesia en los tres primeros siglos. Paulinas. Madrid, 1986. HURTADO, Larry W. Destructor de los dioses: el cristianismo en el mundo antiguo. Sígueme. Salamanca, 2017.

[9] Juan 20: 19-20

[10] NORATTO GUTIÉRREZ, José Alfredo. El lenguaje de las manifestaciones del Resucitado y su sentido a partir de los textos fundamentales del Nuevo Testamento. En revista Cuestiones Teológicas volumen 40 número 94 páginas 289-322. Universidad Pontificia Bolivariana, Facultad de Teología. Medellín,  julio-diciembre 2013.

[11] Juan 20: 19

[12] BERNABÉ, Carmen. Entrada Reino de Dios en FLORISTÁN, Casiano & TAMAYO-ACOSTA, Juan José. Conceptos fundamentales del cristianismo, páginas 1122-1137. Trotta. Madrid, 1993. DODD, Charles. Las parábolas del reino. Cristiandad. Madrid, 1974. SOBRINO, Jon. Centralidad del reino de Dios en la teología de la liberación. En ELLACURÍA, Ignacio & SOBRINO, Jon. Mysterium Liberationis: conceptos fundamentales de la teología de la liberación, páginas 467-510. UCA Editores. San Salvador, 2008.

[13] LEON-DUFOUR, Xavier. Resurrección de Jesús y mensaje pascual. Sígueme. Salamanca, 1976.

[14] Juan 20: 20-21

[15] Juan 17: 20-23

[16] Juan 20: 24-25

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