sábado, 2 de septiembre de 2023

COMUNITAS MATUTINA 3 DE SEPTIEMBRE 2023 DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí la encontrará”

(Mateo 16: 25)

Lecturas:

  1. Jeremías 20: 7-9

  2. Salmo 62

  3. Romanos 12: 1-2

  4. Mateo 16: 21-27



La Palabra de este domingo se concentra en las consecuencias dolorosas que conlleva el ministerio profético y en las exigencias y responsabilidades que demanda tal vocación y modo de vida. Tomar la cruz, hacerle frente a la incomprensión y a la contradicción, por causa del compromiso con la causa mayor del Reino de Dios y su justicia, es el asunto que nos pide el mismo Señor, muchísimo más que ser “cristianos funcionales”, adaptados a un sistema de “tranquilidad religiosa”. 1 La primera lectura, de Jeremías, y el texto evangélico, tomado de Mateo, llaman la atención sobre el conflicto que tienen que afrontar tanto el profeta como Jesús. Vivir proféticamente es anunciar con esperanza que Dios libera al ser humano de toda cautividad, la de sí mismo y la del pecado, la de las injusticias y afrentas a la dignidad humana, la de los poderes que cosifican a multitud de hombres y mujeres en todos los tiempos de la historia. El Dios de la profecía bíblica es un Dios comprometido salvíficamente con sus creaturas , “mueve el piso” y desinstala de un cristianismo minimalista. Así mismo, el modo profético implica denunciar lo que desordena la intervención liberadora de Dios en la historia de la humanidad. El profeta es alguien comprometido de modo insobornable con la verdad, es fiel a su conciencia tocada por la rectitud que proviene del mismo Dios, cuando, desde esa fidelidad se anuncia un orden de vida y de dignidad para todos , cuando se somete a la más severa crítica todo lo que es contrario a ese proyecto: la deshumanización promovida por los injustos y poderosos, la violencia ejercida por unos pocos en contra de muchos, el abuso sobre la dignidad humana , la manipulación de las conciencias, las estructuras de pecado, la economía deshumanizante, las estratagemas torcidas para mancillar la obra de Dios. Cuando el profeta y su profecía toman en serio a Dios y al ser humano sobrevienen consecuencias dramáticas . 2

También es muy importante advertir que el proyecto de vivir fielmente en este camino no es un ejercicio de permanente sufrimiento, de exaltación del dolor por sí mismo, de penitencias y austeridades desmedidas, de exponerse irresponsablemente al conflicto, como lo ha querido proponer cierto modelo de vida cristiana, mucho más voluntarista-masoquista que humano y evangélico. La vida y misión del profeta, si bien llega a ser dramática en extremo, no “canoniza” el dolor y la contradicción. Esto último es consecuencia de la sinceridad de su compromiso, como lo fue claramente en el caso del Señor Jesús y en el de tantos hombres y mujeres que en la historia cristiana han decidido con notable seriedad seguir su camino y jugarse la vida por esa causa del Dios siempre mayor. 3

La felicidad-sentido de vida que ofrece Jesús es la de gastarse por amor, dando sentido a la existencia de muchos, principalmente a los más desvalidos y afectados por las injusticias, a los que han fracasado en su proyecto vital, a los abatidos por las frustraciones que ponen en peligro sus razones para la esperanza. Este modo de vida requiere la denuncia severa, la confrontación crítica de personas y sistemas que respaldan tales desórdenes , como era la práctica de los profetas de Israel y la práctica del mismo Jesús. Su plena identificación con la voluntad de Dios se implica directamente con la mayor pasión por la verdad y por la justicia, a sabiendas de la animadversión que esto suscita en los poderosos, los que no soportan el carácter insobornable de los justos. Son muchos los hombres y mujeres que han vivido de modo heroico su identificación con este máximo ideal del cristianismo que se pretende serio y responsable. Ellos no buscaron, ni buscan, aplausos y recompensas como los que suele dar el mundo del poder y del éxito – condecoraciones, aplausos, publicidad, difusión de su prestigio en los medios de comunicación – porque su premio definitivo es la identificación liberadora con la cruz del Señor y con los crucificados de la humanidad. 4

El ministerio profético de Jeremías es especialmente dramático, su servicio se enmarca en la experiencia del exilio vivida por el pueblo de Israel, desposeído de su territorio, de su autonomía, de su templo. Este profeta somete a crítica profunda la excesiva formalidad del culto religioso israelita, la precariedad moral y espiritual de sus contemporáneos, su indiferencia e injusticia con el prójimo sufriente, y su actitud reticente para convertirse al amor de Dios . Vivió tan exigente historia predicando y confrontando en vano a los reyes incapaces que se sucedían en el trono de David; fue acusado de derrotismo, perseguido y encarcelado. A esto se une su temperamento extremadamente sensible y frágil, que tuvo que hacer frente a multitud de desgracias para él mismo y para su pueblo.5 Se vió desgarrado por una misión a la que no podía sustraerse: “Me has seducido, Yahvé, y me dejé seducir; me has agarrado y me has podido. He sido la irrisión cotidiana: todos me remedaban. Cada vez que abro la boca es para clamar: Atropello!, para gritar: Me roban! La palabra de Yahvé ha sido para mí oprobio y befa cotidiana” . 6

La mayoría de los profetas bíblicos sufrieron experiencias similares, rechazados por sus propios hermanos y por las autoridades correspondientes. Muchos padecieron el destierro y la muerte ignominiosa, pero pudo más la fidelidad a Yahvé y a su pueblo, a la misión encomendada, que su seguridad y bienestar. La Palabra de Dios penetra hasta lo más hondo del profeta , se convierte en la prioridad que determina sus decisiones y conductas.

De aquí podemos trasladarnos a los relatos de cristianos heroicos, que no cedieron a la perversidad de injustos y poderosos, que no transaron sus convicciones, que se mantuvieron firmes en sus denuncias de tal o cual estado de cosas inadmisibles para los valores evangélicos , que defendieron la dignidad de sus prójimos, hasta el extremo de ofrecer su vida martirialmente: “Nadie tiene mayor amor que aquel que es capaz de dar la vida por las personas que ama” .7

Pasan por nuestra mente y corazón: los mártires del cristianismo primitivo; los que dieron sus vidas en el horror de los campos de concentración soviéticos y nazis en la II guerra mundial; los que murieron víctimas de las atrocidades de las dictaduras militares latinoamericanas en el siglo XX y en lo que va corrido del presente; los líderes sociales de Colombia asesinados por su defensa comprometida de la paz y de la dignidad humana; las gentes honestas que se enfrentan a los ídolos del poder para hacer públicas sus componendas y desvaríos, exponiéndose a su ira homicida; los heroicos testigos de la fe que, en distintos contextos de los veinte siglos de cristianismo, han afirmado con su vida el valor definitivo de la fe en Jesucristo y el significado trascendente de la dignidad humana. 8

El texto de Mateo aborda esta cuestión esencial de la existencia cristiana presentando el discipulado como seguimiento de Jesús hasta la cruz. El pone de manifiesto a sus discípulos que el camino de la resurrección está vinculado estrechamente con la experiencia de cruz . El núcleo principal es el primer anuncio de la pasión. Los discípulos, simbolizados en la persona de Pedro, no son capaces de comprender esta dura realidad y se resisten a admitirla: “Pedro se lo llevó aparte y se puso a reprenderlo diciendo: Ni se te ocurra, Señor! De ningún modo te sucederá eso!” .9

Para ellos su expectativa se concentra en un mesianismo glorioso y triunfante, ideas propias del judaísmo de ese momento. Son criterios mundanos, parecidos a los que se manifiestan con pesadumbre cuando alguien decide emprender un modo de vida en el que la abnegación y el sacrificio son el pan de cada día. Jesús rechaza enfáticamente esa mentalidad con palabras muy severas: “Pero él, volviéndose , dijo a Pedro: Quítate de mi vista, Satanás! Sólo me sirves de escándalo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres” .10

No hay verdadero discipulado si no se asume el mismo camino del maestro. El anuncio del Evangelio trae consigo persecución y sufrimiento. Tomar la cruz significa participar en la muerte y en la resurrección de Jesús, la pérdida de la vida por su causa habilita al discípulo para alcanzarla en plenitud junto a Dios: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a si mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. Pues, de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?”11

En el camino de Jesús el talante profético es imperativo. Muchos cristianos se han jugado la vida por la defensa de los valores contenidos en el Evangelio, han enfrentado contradicciones, han renunciado a la vida cómoda e instalada para anunciar que hay una manera cualitativamente distinta de vida que no fundamenta su sentido ni en el dinero ni en el poder absoluto ni en la dominación injusta de los hermanos, sino en el sacrificio, en el ejercicio de la solidaridad, en la mesa compartida, en la tantas veces mencionada projimidad. 12

Cuando la mentalidad de muchos ambientes mundanos nos quiere seducir con su invitación a las riquezas, a hacer carrera en la escala del poder, a ser “importantes”, a desentendernos de los pobres porque nos contaminan, a no comprometernos en movimientos de justicia social y de derechos humanos, Jesús sale al paso para proponernos esta alternativa: “Porque quien quiera salvar su vida la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará”.13

Todo esto es lo que confronta eso que aquí hemos llamado “cristianismo minimalista”, acomodados a la inercia sociocultural de la fe, bautizados sin compromiso, viviendo una religiosidad de momentos sociales. Este no es el camino; el propio, que es el del Señor Jesús, exige presencia y profecía, seriedad existencial, integridad ética, modo de servicio, disposición para afrontar la cruz: “Por tanto, hermanos míos, les ruego por la misericordia de Dios que se presenten a ustedes mismos, como ofrenda viva, consagrada y agradable a Dios. Este es el verdadero culto que deben ofrecer”. 14



1 DEL CURA ELENA, Santiago. Presente y futuro del discurso cristiano sobre Dios. En Almogaren, volumen 28, número 1; páginas 105-129. Centro Teológico de Las Palmas, 2001. Palma de Gran Canaria. ZAMORA ANDRADE, Pedro Pablo. Seguir a Jesús, el Señor , y proseguir su proyecto. Verbo Divino. Estella, 2021. FLECHA ANDRÉS, José Román. El seguimiento de Cristo en el magisterio de la Iglesia. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/83559185.pdf MARTINI, Carlo María. El seguimiento de Cristo. Sal Terrae. Santander, 1997. HENGEL, Martin. Seguimiento y carisma. La radicalidad de la llamada de Jesús. Sal Terrae. Santander, 1987. LOIS, Julio. Universalidad del llamamiento y radicalidad del seguimiento. En https://www.ciberiglesia.net/discipulos/05/05discipulado_llamamientoyseguimiento_lois.htm SOBRINO, Jon. Resurrección de la verdadera Iglesia. Sal Terrae. Santander, 1985. BONHOEFFER, Dietrich. El precio de la gracia. El seguimiento . Sígueme. Salamanca, 2004. CASTILLO, José María. El seguimiento de Jesús. Sígueme. Salamanca, 2005.

2 DE SIVATTE, Rafael. Persecución y muerte violenta de los profetas de Israel. En Revista Latinoamericana de Teología volumen 16, número 48, páginas 258-276. Universidad Centroamericana José Simeón Cañas. San Salvador, 1999; Monseñor Romero, los profetas de Israel y los ídolos: la religión, las potencias extranjeras, las armas, el poder. En Revista Latinoamericana de Teología volumen 14, número 41, páginas 173-192. Universidad Centroamericana José Siméon Cañas, San Salvador, 1997. EIZAGUIRRE, José. Actitudes proféticas hoy: pasión por el Creador, las creaturas y la creación. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 25 de noviembre de 2014. MESTERS, Carlos. Lectura profética de la historia. Verbo Divino. Estella, 1999. SICRE DÍAZ, José Luis. Con los pobres de la tierra. La justicia social en los profetas de Israel. Cristiandad. Madrid, 1984.

3 GARRIDO, Javier. Proceso humano y gracia de Dios. Sal Terrae. Santander, 1996; Ni santo ni mediocre, ideal cristiano y condición humana. Verbo Divino. Estella, 1993. MARDONES, José María. Matar a nuestros dioses. Un Dios para un creyente adulto. PPC. Madrid, 2006. MIFSUD, Tony. Una fe comprometida con la vida. Espiritualidad y ética hoy. San Pablo. Santiago de Chile, 2002. MARTÍNEZ DÍEZ, Felicísimo. Creer en el ser humano, vivir humanamente. Verbo Divino. Estella, 2012.

4 CODINA, Víctor. Una Iglesia nazarena. Teología desde los insignificantes. Sal Terrae. Santander, 2010. PIKAZA, Xabier & ANTUNES DA SILVA, José. El pacto de las catacumbas. La misión de los pobres en la Iglesia. Verbo Divino. Estella, 2015. GUTIÉRREZ MERINO, Gustavo. Hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente. Una reflexión sobre el libro de Job. Sígueme. Salamanca, 2006. MORENO REJÓN, Francisco. Teología moral desde los pobres. La moral en la reflexión teológica desde América Latina. Perpetuo Socorro. Madrid, 1986. CALLEJA, José Ignacio. Misericordia, caridad y justicia social. Perspectivas y acentos. Sal Terrae. Santander, 2016. CASTILLO, José María. Escuchar lo que dicen los pobres a la Iglesia. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 1999.

5 BRIEND, Jacques. El libro de Jeremías. Estella. Verbo Divino, 1989. POTTECHER, Susana.. Serás mi boca: ventura y azote del profeta Jeremías. Verbo Divino. Estella, 2014. BOZAK, Bárbara. Jeremías. En FARMER, William R. Comentario Bíblico Internacional, páginas 911-946. Verbo Divino. Estella, 2000. ABREGO DE LACY, José María. Jeremías. Casa de la Biblia. Madrid, 1993. BARRIOCANAL, José Luis; RAMIS, Francesc; AUSIN, Santiago. Libros Proféticos. Verbo Divino. Estella, 2023.

6 Jeremías 20: 7-8

7 Juan 15: 13

8 LASSALLE KLEIN, Robert. Blood and Ink. Ignacio Ellacuría, Jon Sobrino, and the Jesuit Martyrs of the University of Central America. Orbis Books. New York, 2014. ARRIERO PERANTÓN, Fernando. La vida es bella a pesar de todo: las claves de la espiritualidad de Etty Hillesum. Fonte-Monte Carmelo. Burgos, 2019. STEIN, Edith. Ciencia de la Cruz. Monte Carmelo. Burgos, 2006. RICCARDI, Andrea. El siglo de los mártires. Encuentro. Madrid, 2019. LOPEZ MENENDEZ, Marisol. La humanidad de los mártires. Notas para el estudio sociohistórico del martirio. En https://www.scielo.org.mx/pdf/ins/n10/n10a3.pdf MOROZZO, Roberto. Monseñor Romero: vida, pasión y muerte en El Salvador. Sígueme. Salamanca, 2010. MAIER, Martin. Teología del martirio en Latinoamérica. En https://www.repositorio.comillas.edu/xmlui/bitstream/handle/11531/36733/Octubre.04.pdf?sequence=1 TOJEIRA, José María. El martirio ayer y hoy. Testimonio radical de fe y justicia. UCA Editores. San Salvador, 2012.

9 Mateo 16: 22

10 Mateo 16: 23

11 Mateo 16: 25-26

12 MARTÍN VELASCO, Juan de Dios. Ser testigos: comunidades de testigos y profetas. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 27 de abril de 2010. PRADES LÓPEZ, Javier María. La categoría de testigos desde el Concilio Vaticano II. En Scripta Fulgentina , año XXXIII, número 45-46, páginas 39-73. Instituto Teológico San Fulgencio. Murcia, 2013. KUNG, Hans. Existencia cristiana. Trotta. Madrid, 2012. MARTÍNEZ DÍEZ, Felicísimo. Ser cristiano hoy? Jesús y el sentido de la vida. Verbo Divino. Estella, 2009.

13 Mateo 16: 25

14 Romanos 12: 1

sábado, 26 de agosto de 2023

COMUNITAS MATUTINA 27 DE AGOSTO 2023 DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Quien dicen los hombres que es el Hijo del hombre?”

(Mateo 16: 13)

Lecturas:

  1. Isaías 22: 19-23

  2. Salmo 137: 1-8

  3. Romanos 11: 33-36

  4. Mateo 16: 13-20



El cristianismo, en sus diversas vertientes doctrinales e históricas, es la religión más difundida en el mundo. Se estima en unos 2.650 millones de creyentes, distribuídos así: 1.375 millones de católicos, 500 millones de protestantes, 300 millones de ortodoxos, 475 millones en las neo iglesias surgidas a partir del siglo XIX, principalmente las llamadas neopentecostales. 1Todas estas iglesias y congregaciones convergen en la persona de Jesucristo, Señor y Salvador. Se espera de todas ellas un alto nivel de coherencia en la vivencia y práctica del espíritu original de Jesús, de su modo propio condensado en las bienaventuranzas, de su manera de comunicar a Dios como Padre compasivo y misericordioso, de su ética de la projimidad, de su disposición para el servicio y la fraternidad.2

No se puede poner en duda el alto nivel de autenticidad y seriedad espiritual de muchos de estos creyentes, también del influjo que la fe cristiana ha ejercido en la configuración de sociedades y culturas. Pero, dadas las demandas del mismo Jesús en materia de fidelidad y de responsabilidad en las implicaciones de seguir su camino, es preciso que nos sometamos a un riguroso control de calidad, en el que la pregunta del mismo Jesús – formulada en el evangelio que la Iglesia nos propone este domingo – es desafiante invitación a un juicioso examen de conciencia: “Tras llegar Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: Quien dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos respondieron: unos que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías, o uno de los profetas. El les preguntó: pero, ustedes, quien dicen que soy yo?”.3

La exigencia de esta pregunta también es para nosotros, los cristianos del siglo XXI. Ella se puede ampliar con la cuestión de fondo: somos fieles al espíritu del Señor Jesús? Por qué, en nombre suyo, se han emprendido guerras, fundamentalismos intransigentes, inquisiciones, cruzadas beligerantes, persecuciones, exclusiones y condenas morales, excomuniones y anatemas, desconocimiento de la verdad de otras tradiciones creyentes, violencia de lo sagrado? 4 En varios momentos de su ministerio como Obispo de Roma el Papa Juan Pablo II pidió perdón público por conductas de los católicos incompatibles con el Evangelio. La “gloria” de las estadísticas con sus números generosos no nos puede hacer dormir sobre los laureles. La abundancia de adeptos al cristianismo es un desafío de responsabilidad en materia de coherencia y de juiciosa vida según el Evangelio. De nosotros, los creyentes, se espera compasión y misericordia con la humanidad doliente, sentido de solidaridad y de justicia, espíritu de servicio, estilo de vida austero, capacidad para compartir, respeto ante las creencias distintas de las nuestras, esperanza y gozo en el anuncio de la Buena Noticia. En resumen, que nuestra manera de vivir sea un nuevo Evangelio, para que muchos se entusiasmen con el proyecto original de Jesùs.

En su bello y profundo libro “Imágenes deformadas de Jesús”, el teólogo francés Bernard Sesboüé 5se dedica a estudiar con rigor las respuestas a la pregunta que el mismo Jesús formula a Pedro y a los discípulos: “Quien dice la gente que es el Hijo del hombre?” ,6 ratificada con esta más directa: “Y ustedes, quien dicen que soy yo?” .7 Responder a esta cuestión fundamental ha de ser tarea de siempre en el ejercicio de la fe cristiana. 8 Se trata de una respuesta desde la vida, una vida – ya lo hemos indicado – entendida como praxis de coherencia y fidelidad a Dios y al ser humano, teniendo como referente esencial al mismo Señor Jesùs.

Atender a este requerimiento es realidad de fondo que interpela a cada creyente :

  • Si estamos llevados simplemente por una inercia religiosa de tipo sociocultural, en la que la adscripción al cristianismo es uno más de los elementos de identidad social, acostumbrados a ser cristianos sin mayores incidencias en la generación de una manera de vivir cualificada por el Evangelio. Es una religiosidad de formalidades sociales, adoptadas porque la mayoría tiene esa adscripción, pero esta no genera procesos de fondo en los que realmente se asuma a Jesús como realidad que define las opciones y los proyectos de vida. 9

  • Si nuestro cristianismo se inclina por definiciones incompletas de Jesús, mucho más divino que humano, o viceversa; un Jesús milagrero, con rasgos de extraterrestre, desentendido de la humanidad, especialmente de sus aspectos más dramáticos y dolorosos.

  • O también el ejercicio de una fe condicionada por el sentimiento trágico de la vida, en la que se exalta en demasía el sufrimiento del Señor, con la abundante expresión de la religiosidad popular que no atina a detectar el fundamento pascual de la condición cristiana.

  • O un Jesús melifluo y sentimental, ingenuo, sin la perspectiva crítica que se requiere para captar las complejidades de la humanidad y de la historia, con la consiguiente evidencia de prácticas religiosas aisladas de la realidad.

  • O un Jesús reducido a ser caudillo y revolucionario social, identificado con determinadas tendencias políticas, convirtiéndolo en el gestor de unas reivindicaciones de justicia, realidades que en principio son legítimas pero que no agotan todo lo que la auténtica tradición cristiana afirma y vive sobre la totalidad del misterio del Señor Jesucristo.10

Sean estas reflexiones un llamado para volver al diálogo que propone el evangelio de este domingo, que así nos sintamos interpelados por el mismo Jesús que hace preguntas serias a nuestra fe, a la manera como asumimos su seguimiento y a la configuración de nuestra humanidad con la de èl.

La respuesta que da Pedro a Jesús es altamente comprometedora, es la profesión de fe de la primera comunidad cristiana: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” ,11 escueta y densa formulación que condensa la convicción de las primeras comunidades cristianas, que luego vendrá a ser heroico testimonio en la vida de esas cristiandades originales, acreditadas a menudo con el martirio y la persecución.

Cómo respondemos nosotros, desde este siglo XXI, a tal interrogante? Nos aventuramos a vivir la fe en el Señor Jesús con todas las implicaciones de su divinidad y de su humanidad? Se refleja eso en nuestro ser cotidiano, en la totalidad de dimensiones que constituyen nuestra condición humana, en la construcción de una historia que refleje coherentemente la dignidad humana, con todas sus evidencias de justicia, solidaridad, promoción del bien común, respeto por la diversidad, inclusión, fraternidad y apertura definitiva a la trascendencia de Dios?

Creer en Jesús, seguir a Jesús, no es asunto limitado a momentos rituales o a formalidades de religiosidad sociocultural. Su proyecto pretende abarcar la totalidad de la existencia y determinar la opción fundamental de las personas que se acojan a esta oferta : “Pero esto no tiene nada que ver con lo que han aprendido de Cristo si es que han oído hablar de él y en él han sido enseñados conforme a la verdad de Jesús: en cuanto a su vida anterior, despójense del hombre viejo, que se corrompe dejándose seducir por deseos rastreros, renueven su mente espiritual y revístanse del Hombre Nuevo, creado según Dios, que se manifiesta en una vida justa y en la verdad santa” .12

Unida a la profesión de fe y al reconocimiento de la identidad de Jesús viene la misión que él confía a Pedro, como persona que vincula y cohesiona a la primera comunidad de cristianos: “Jesús le dijo: dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre del cielo! Pues yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra constituiré mi Iglesia, y el imperio de la muerte no la vencerá”.13

Qué sentimientos y preguntas provoca en nosotros Pedro, primero invadido de temores y de imaginarios mundanos, y luego el más corajudo de los apóstoles? Pedro, pastor de la primera comunidad de cristianos de Roma, es la roca en la que se afianza la solidez evangélica de la Iglesia. Es el gran afirmador del Señor Jesús, lo ratifica con la ofrenda martirial de su vida, da testimonio de la esperanza definitiva con la que Dios garantiza que todo lo humano adquiere plenitud gracias a la mediación liberadora del Señor Jesucristo. El ministerio de Pedro , ejercido por el Obispo de Roma, es factor de comunión de todas las iglesias particulares, él garantiza también la unidad en la pluralidad, afirma la profesión esencial de reconocer en Jesucristo la plena definición salvífica de Dios para la humanidad, promueve la diversidad de carismas, es paradigma de servicio y de apertura generosa a todas las culturas en las que se encarna la fe cristiana y la comunión eclesial.

El servicio de Pedro no puede ser un poder del mundo, ejercido con talante autoritario y vertical, sino servicio, y este consiste en el anuncio de la Buena Noticia del Padre Dios presentada por el Señor Jesús para que la humanidad halle el más auténtico sentido de la existencia.14 El cristianismo, en la diversidad de sus denominaciones, no es genuino si se queda en los rituales masivos, o en el triunfalismo de sus estadísticas: “Al contrario, den culto al Señor, Cristo, en su interior, siempre dispuestos a dar respuesta a quien les pida razón de su esperanza”. 15







1 PEW RESEARCH CENTER. Religious composition by country 2010-2050. En https://www.pewresearch.org/religion/2015/04/02/religious-projection-table/ SANTA SEDE. Anuario Pontificio 2022. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2022. AGENZIA FIDES. Las estadísticas de la Iglesia Catòlica 2022. Dicasterio para la Evangelizaciòn de los Pueblos. Ciudad del Vaticano, 2022. RHODES, Ron. The complete guide to Christian denominations. Understanding the History, Beliefs and Differences. Harvest House Publishers. New York, 2015.

2 KUNG, Hans. El cristianismo. Trotta. Madrid, 1997.CROSSAN, John Dominic. El nacimiento del cristianismo. Sal Terrae. Santander, 2002. RATZINGER, Joseph. Introducciòn al Cristianismo. Lecciones sobre el Credo Apostòlico. Sìgueme. Salamanca, 2020. GONZÀLEZ DE CARDEDAL, Olegario. La entraña del cristianismo. Secretariado Trinitario. Salamanca, 2010; Invitaciòn al cristianismo: experiencia y verdad. Sìgueme. Salamanca, 2018. FORTE, Bruno. La esencia del cristianismo. Sìgueme. Salamanca, 2008. GUARDINI, Romano. La esencia del cristianismo. Una ética para nuestro tiempo. Cristiandad. Madrid, 2013. RAHNER. Karl. Curso fundamental sobre la fe. Introducciòn al concepto de cristianismo. Herder. Barcelona, 1979. MARTÌNEZ DÌEZ, Felicìsimo. Teologìa fundamental: dar razón de la fe cristiana. San Esteban. Salamanca, 1997. SESBOUE, Bernard. Creer: invitación a la fe católica para los hombres y las mujeres del siglo XXI. San Pablo. Madrid, 2000.

3 Mateo 16: 13-15

4 LUTZ, Manfred. El escàndalo de los escándalos. Desclèe de Brower. Bilbao, 2019. COLLAZOS, Marisol. La Inquisiciòn como instrumento de poder. En https://www.marisolcollazos.es/violencia/trabajos/Inquisicion.pdf ROJAS, Arturo Ivàn. El escàndalo del cristianismo. Clie. Barcelona, 2020. PAPA JUAN PABLO II. La Iglesia pide perdón por los pecados de sus hijos. Audiencia General del miércoles 1 de septiembre de 1999. PAPA JUAN PABLO II. Exhortaciòn Apostòlica Post Sinodal Reconciliatio et Poenitentia. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1984.

5 SESBOUE, Bernard. Imágenes deformadas de Jesús. Mensajero. Bilbao, 1999. Bernard Sesboue (1929-2021), fue un teólogo y sacerdote jesuita, francés, profesor e investigador durante largos años en la facultad de teología del Centro Sevres de Parìs. Autor de importantes libros como “El hombre, maravilla de Dios”, “Invitaciòn a creer: unos sacramentos creìbles y deseables”, “Por una teología ecuménica”, “Jesucristo, el único mediador.

6 Mateo 16: 13

7 Mateo 16: 15

8 FABRIS, Rinaldo. Jesús de Nazareth: historia e interpretación. Sígueme. Salamanca, 1995. J.P. ALT, Franz. Jesùs, el primer hombre nuevo. El Almendro. Còrdoba, 1993. MESTERS, Carlos. Con Jesùs, sì o no? Verbo Divino. Estella, 1998. MORACHO, Fèlix. Seguir a Jesùs: catequesis para comunidades cristianas. Paulinas. Bogotà, 1988. SOUBLETTE, Gastòn. Rostro de Hombre. Pontificia Universidad Catòlica de Chile. Santiago, 1997. JOHNSON. Elizabeth A. La cristología hoy: olas de renovación en el acceso a Jesùs. Sal Terrae. Santander, 1988. THEISSEN, Gerd. La sombra del Galileo. Sìgueme. Salamanca, 2002. SANDERS, E.P. La figura histórica de Jesùs. Verbo Divino. Estella, 2001. ESPEJA, Jesùs. Jesucristo, una propuesta de vida. San Pablo. Madrid, 2010. MARTÌNEZ DÌEZ, Felicìsimo. Creer en Jesucristo, vivir en cristiano. Verbo Divino. Estella, 2005.

9 ANDRÈS VELA, Jesùs. Reevangelización: el primer anuncio del Evangelio a bautizados no cristianos. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2012; Reiniciaciòn cristiana: respuesta a un bautismo sociológico. Verbo Divino. Estella, 1986.

10 URIBARRI BILBAO, Gabino. Ante los retos a la cristología de parte de la actual cultura plural. En revista Teología y Vida volumen 58 número 2. Pontificia Universidad Católica, Santiago de Chile. Se recomienda ver el número completo 326 de la Revista Internacional de Teología CONCILIUM Jesús como el Cristo en la actual encrucijada cultural. Verbo Divino. Estella, 2008. NOLAN, Albert. Jesús hoy: una espiritualidad de libertad radical. Sal Terrae. Santander, 2011. FRAIJÒ, Manuel. El cristianismo, una aproximación. Trotta. Madrid, 1997. GONZALEZ CARVAJAL, Luis. Esta es nuestra fe: teología para quienes no leen teología. Sal Terrae. Santander, 2017; Los cristianos del siglo XXI. Sal Terrae. Santander, 2012. ESTRADA, Juan Antonio. Jesùs y la Iglesia: del proyecto mesiánico a la religión cristiana. Desclèe de Brower. Bilbao, 2020; Què decimos cuando hablamos de Dios? La fe en la cultura escéptica. Trotta. Madrid, 2015.

11 Mateo 16: 16

12 Efesios 4: 20-24

13 Mateo 16: 17-18

14 CAAMAÑO; Josè Carlos. Los Obispos y el Obispo de Roma. En Revista Teologìa tomo L, número 112, páginas 55-71. Pontificia Universidad Catòlica Argentina. Buenos Aires, diciembre 2013. TILLARD, Jean Marie. El Obispo de Roma. Estudio sobre el papado. Sal Terrae. Santander, 1986. CONGREGACIÒN PARA LA DOCTRINA DE LA FE. El primado del sucesor de Pedro en el misterio de la Iglesia. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1997. SCHATZ, Klaus. El primado del Papa. Sal Terrae. Santander, 1996.

15 1 Pedro 3: 15

sábado, 19 de agosto de 2023

COMUNITAS MATUTINA 20 DE AGOSTO 2023 DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Entonces Jesús le contestó: Mujer, qué fe tan grande tienes. Que se cumplan tus deseos”

(Mateo 15: 28)



Lecturas:

  1. Isaías 56: 1-7

  2. Salmo 66

  3. Romanos 11: 13-15 y 29-32

  4. Mateo 15: 21-28

Crecen en nuestros días las fobias contra lo diverso: homofobia, xenofobia, múltiples aversiones “justificadas” por la supremacía de una pretendida superioridad étnica, económica, política, religiosa. Evidencia destacada de esta problemática la encontramos en el fenómeno migratorio de colectivos que se desplazan de países tradicionalmente afectados por la pobreza y por la violencia hacia regiones del primer mundo, donde aspiran a mejores condiciones de vida. Sin embargo, muchos de los gobiernos de estas naciones, no pocos de sus ciudadanos, acrecientan su odio por lo diferente, con la argumentación de sus intereses venidos a menos por la “invasión” de legiones de pobres y desplazados.1 Lo vivimos en Colombia con el flujo constante de prójimos venezolanos, y lo viven Europa occidental y Estados Unidos con nutridas poblaciones africanas y otras, procedentes de Siria, Afganistán, Paquistán, entre otros lugares del planeta , en los que las posibilidades de vivir con dignidad son cada vez más precarias. A muchos de nuestros compatriotas colombianos se les olvida que cuando Venezuela tuvo un gran desarrollo económico gracias a la industria del petróleo muchos de los nuestros migraron a esa nación y encontraron allí reconocimiento, acogida, trabajo y medios económicos para el digno sustento de sus familias.

El etnocentrismo, la deplorable doctrina de la seguridad nacional que revive con modelos diversos, según los gobernantes de turno en Estados Unidos y Europa; el elitismo religioso-moral de los grupos creyentes que se sienten administradores exclusivos – y excluyentes – del favor de Dios; la prepotencia de los grupos económicos desconocedores del humanismo y de la solidaridad ; la violencia de género , el maltrato a los que se ven como “distintos”, también el ensimismamiento sociocultural, con detrimento de la acogida y apertura a los que vienen a nuestro entorno buscando protección y solidaridad, son las más notables evidencias de la discriminación que afecta gravemente la dignidad humana y habla pésimamente de sus protagonistas y gestores.2

Las lecturas de este domingo nos ponen ante una exigencia radical del cristianismo original, el propio de Jesús, el vivido por las comunidades primitivas, es la conciencia y la experiencia de que la intención salvadora de Dios no se reduce a tal o cual pueblo elegido, a tal o cual congregación de creyentes, a tal o cual elite de perfectos, a tal o cual grupo racial o ideológico, porque lo propio de esta novedosa condición se evidencia en un Dios que es para todos los seres humanos, sin excepción, un Dios apasionante que se explicita en la pluralidad y en la diversidad de la condición humana. 3 Dios no le pertenece en exclusiva a ninguna religión, a ninguna sociedad, a ninguna etnia. El ser de Dios se vuelca amorosamente sobre toda la humanidad, en El se someten a crítica todas las exclusiones surgidas del pecado de unos pocos en contra de muchos otros, clarísimo desacato al deseo incluyente del Señor. En la acción salvadora y liberadora de Jesùs hay una clara intención de universalidad y de acogida a todos los humanos, sin distinciones o clasificaciones excluyentes.

Así, veamos lo que nos plantean la primera lectura, del profeta Isaías, y el texto de Mateo, relato del encuentro de Jesús con la mujer cananea , una extranjera. Al regresar del exilio que vivieron los israelitas en Babilonia, cautividad que duró un poco más de cincuenta años, los discípulos del profeta Isaías, empeñados en una renovación espiritual profunda, proponen a este nuevo Israel que deje atrás su exclusivismo religioso-nacionalista para que se abra a los valores de la universalidad , animando a promover la gran causa de la justicia que acoge sin distingos a todos los seres humanos. Es sabido que el pueblo de Israel se sentía el concesionario absoluto de Dios, en sus creencias no estaba el reconocimiento de la validez de los caminos religiosos distintos del propio. Su visión de la relación con Dios les hacía sentirse únicos y superiores. 4

Las palabras de la primera lectura de este domingo pertenecen al llamado Tercer Isaías, texto que se caracteriza por su visión universal de la salvación : “A los extranjeros que se hayan dado al Señor, para servirlo, para amar al Señor y ser sus servidores, que guarden el sábado sin profanarlo y perseveren en mi alianza, los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración; aceptaré sobre mi altar sus ofrendas, porque mi casa es casa de oración, y a mi casa la llamarán todos los pueblos casa de oración”.5

Cada pueblo sólo puede ser superior a sí mismo en cada momento de la historia, un saludable sentido ético no puede admitir superioridades violentas y aniquilantes. La genuina superioridad consiste en transformar esas decadentes tendencias en una conciencia de sus propias potencialidades de apertura universalista y de esfuerzo de comunión. El nuevo templo de Jerusalén, como símbolo de la esperanza del pueblo liberado, debía convertirse en una institución que animara los procesos de integración universal, abierta a todos los creyentes en el Dios de la justicia y del amor, cuya genuina religión tiene su raíz en el respeto por todos, preferentemente por los más débiles y excluídos, también por los diferentes y sus enriquecedoras diferencias y manifestaciones de pluralidad.

Desafortunadamente el entusiasmo renovador de los profetas que promulgaban este mensaje no tuvo eco suficiente y se quedó en el aire como un ideal lejano. Y el templo siguió siendo el fortín de los poderosos y explotadores del pueblo humilde, el lugar donde almacenaban sus riquezas mal habidas. Por eso, siglos más tarde, tiene lugar esa escena paradigmática en la que Jesús arroja con violencia a los mercaderes que hacían su agosto en el lugar sagrado y los fustiga con palabras de gran severidad: “Llegaron a Jerusalén y, entrando en el templo, se puso a echar a los que vendían y compraban en el templo, volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas, y no dejaba a nadie transportar objetos por el templo. Y les dijo: está escrito, mi casa será casa de oración y ustedes la han convertido en guarida de bandidos” .6 Este enfrentamiento tiene la intención de devolver al templo su significación de baluarte de la justicia y de acogida gratuita a todos los que se acercaban al lugar. 7

En ese proceso de ruptura con la decadencia del templo y con la élite que lo manipulaba se enmarca el episodio de la mujer cananea, que nos propone el evangelio de este domingo. Jesús se había retirado hacia una región extranjera, Tiro y Sidón, no muy lejana de Galilea. Las fuertes presiones del poder central judío imponían grandes limitaciones a la actividad misionera de Jesús. Su obra en favor de los pobres, enfermos y marginados, encontraba gran resistencia porque abría el horizonte y ponía en crisis el exclusivismo religioso judío.

El encuentro con la mujer cananea, doblemente marginal por su condición de mujer y de extranjera, transforma todos los paradigmas con los que Jesús interpretaba su misión.8 Es una escena dura que nos sorprende bastante porque al comienzo Jesús se muestra displicente ante la insistente mujer que clamaba por la curación de su hija: “Desde allí se marchó a la región de Tiro Y Sidón. Una mujer cananea de la zona salió gritando: Ten compasión de mí, Señor, hijo de David!, mi hija es maltratada por un demonio. El no respondió una palabra. Se acercaron los discípulos y le suplicaron: despídela, que viene gritando detrás de nosotros. El contestó: He sido enviado solamente a las ovejas descarriadas de la casa de Israel”. 9

Los discípulos, movidos más por la impaciencia que por la compasión, median ante Jesús para poner fin a los ruegos de la mujer. El evangelista, entonces, pone en boca de Jesús una respuesta típica de un predicador judío: “Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de la casa de Israel” . 10 La mujer, haciendo a un lado prejuicios raciales y religiosos, corta el camino a Jesús y lo obliga a dialogar, “catequiza” a Jesús, la sorpresa suya es grande cuando constata en ella una fe que contrastaba con la incredulidad y escepticismo de sus paisanos judíos, tan presumidos de su pretendida superioridad religiosa. Con este incidente, Jesús comprende que no puede excluír a los auténticos creyentes, los que saltan con convicción los límites de tal o cual religión para acceder al Dios de la solidaridad y de la justicia: “Entonces Jesús le contestó: Mujer, qué fe tan grande tienes. Que se cumplan tus deseos. Y la hija quedó curada en aquel momento” . 11

También hoy se dan marcadas exclusiones y actitudes de proscripción y desconocimiento de la pluralidad de creencias, se castiga y se condena a muchos porque son “distintos” en sus convicciones, en su cultura, en su sensibilidad espiritual, en su sexualidad, en su condición socioeconómica, en su raza, incluyendo actitudes de estas en muchos ambientes que se dicen cristianos. La misión de Jesùs trasciende fronteras y reconoce como objetivo suyo el acoger con misericordia y solidaridad a todo ser humano que busca ser reconocido en su dignidad para reintegrarlo en la dignidad que le han quitado tantos anatemas y exclusiones. 12





1 NAIR, Sami. Refugiados: frente a la catástrofe humanitaria una solución real. Crítica. Barcelona, 2017. LUCAS, Javier de. Mediterráneo: el naufragio de Europa. Tirant lo Blanch. Barcelona, 2015. BAUMAN, Zygmunt. Extraños llamando a la puerta. Paidós. Barcelona, 2013. CASTELLANO, Nicolàs. Me llamo Adou: la verdadera historia del niño de la maleta que conmovió al mundo. Planeta. Barcelona, 2017. ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DE MIGRACIONES OIM NACIONES UNIDAS. Informe sobre las migraciones en el mundo 2022. OIM. Ginebra, 2021. ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DE MIGRACIONES OIM NACIONES UNIDAS. Tendencias recientes de la migración en las Amèricas. OIM. Buenos Aires, 2022. VILLENA DEL CARPIO, David Fernando & ANNONI, Danielle. Rechazo a los refugiados: políticas de los estados para combatir los flujos de refugiados y responsabilidad de proteger. En https://www.scielo.org.co/pdf/prole/v19n38/v19n38a04.pdf PRIES, Ludger. Entre la bienvenida y el rechazo: la crisis de los refugiados en Europa. En https://www.scielo.org.mx/pdf/polis/v14n2/2594-0686-polis-14-02-71.pdf GARCÌA ARIAS, Manuel Felipe & RESTREPO PINEDA, Jair Eduardo. Aproximaciòn al proceso migratorio venezolano en el siglo XXI. En https://www.scielo.org.co/pdf/hall/v16n32/1794-3841-hall-16-32-63-82.pdf

2 FREDRICKSON, George M. La supremacía blanca: un estudio comparativo de la historia de América y Sudáfrica. Oxford University Press, 1982. TORTOSA BLASCO, Josè Marìa. Para comprender al diferente. En https://www.rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/2889/1/Para%20comprender%20al%20diferente.pdf APPADURAI, Arjun. El rechazo de las minorías: ensayo sobre la geografía de la furia. Tusquets. Barcelona, 2007. ROCAMORA GARCÌA-VALLS, Pedro. Psicologìa social de la exclusión. En Anales de la Real Academia de Doctores de España, volumen 12, páginas 141-171. Madrid, 2008. DE LAS CASAS, Fray Bartolomè. Brevìsima relación de la destrucción de las Indias. Sarpe. Madrid, 1986. CORTINA, Adela. Aporofobia: el rechazo al pobre. Un desafío para la democracia. Paidòs. Barcelona, 2017. RONQUILLO, Vìctor. Nosotros, los otros: las distintas caras de la discriminación. Ediciones B. Mèxico, 2011.

3 LUGO GARCÎA, Hèctor Eduardo. Universalidad de la salvación y teología incluyente. En Theologica Xaveriana número 138, páginas 183-192. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotà, 2001. POLANCO, Rodrigo. La Iglesia y la universalidad de la salvación en el cristianismo. En Teologìa y Vida volumen XLIV, páginas 423-443. Pontificia Universidad Catòlica de Chile. Santiago, 2003. DUPUIS, Jacques. Jesucristo al encuentro de las religiones. Paulinas. Madrid, 1991. TORRES QUEIRUGA, Andrès. Diàlogo de las religiones y autocomprensiòn cristiana. Sal Terrae. Santander, 2005. VOLF, Miroslav. Exclusiòn y acogida. Una exploración teológica de la identidad, la acogida y la reconciliación. Clie. Barcelona, 2022. ALEGRE, Xavier y Autores Varios. Universalidad de Cristo. Universalidad del pobre. Sal Terrae. Santander, 1995.

4 RAMIS DARDER, Francesc. Isaìas 40-66. Comentarios a la Nueva Biblia de Jerusalèn. Desclèe de Brower. Bilbao, 2017. GUERRERO PÈREZ, Alberto. Culto y justicia en el Tercer Isaìas y su repercusión en el Nuevo Testamento. Trabajo de grado para optar al título de Magister en Teologìa. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotà, 2011. BLENKINSOPP, Josep. El libro de Isaìas 56-66. Sìgueme. Salamanca, 2017. JANTHIAL, Dominic. El libro de Isaìas o la fidelidad de Dios a la casa de David. Verbo Divino. Estella, 2015. LOZA VERA, Josè. Introducciòn al profetismo: Isaìas. Verbo Divino. Estella, 2015. BERGES, Ulrich. Isaìas: el profeta y el libro. Verbo Divino. Estella, 2011.

5 Isaías 56: 6-7

6 Marcos 11: 15-17

7 AGUIRRE MONASTERIO; Rafael. La mirada de Jesùs sobre el poder. En https://www.scielo.cl/pdf/tv/v55n1/art05.pdf GIL ARBIOL, Carlos. El Dios de Jesùs y las fronteras culturales y religiosas. En Cuestiones Teològicas volumen 44 nùmero 102, páginas 453-467. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellìn, julio-diciembre 2017. PEREZ ANDREO, Bernardo. La revolución de Jesùs. PPC. Madrid, 2018.

8 SCHIPANI, Daniel S. Jesùs y la mujer cananea: el cuidado pastoral con las personas “extrañas”. En https://www.menonitas.org/publicaciones/ncpp/NCPP%20Cap%2002.pdf LOPEZ, Mariola. Ensanchar la mesa: una mujer cananea. En https://www.vidadelacer.org/images/documentos/3.-%20Ensanchar%20la%20mesa%20la%20mujer%20cananea.pdf SHELBY SPONG, John. La mujer cananea o los prejuicios. En https://www.johnshelbyspong.es/paginas/Mateo/30%20-%20La%20mujer%20cananea%20Olos%20prejuicios.pdf CORPAS DE POSADA, Isabel. De la exclusión a la inclusión. En https://vidanuevadigital.com/blog/de-la-exclusion-a-la-inclusion/

9 Mateo 15: 21-24

10 Mateo 15: 24

11 Mateo 15: 28

12 ESPEJA, Jesùs. Jesùs de Nazaret: la mìstica de una sociedad fraterna. Ediciones HOAC. Madrid, 2020. URÌBARRI BILBAO, Gabino. La mìstica de Jesùs: desafío y propuesta. Sal Terrae. Santander, 2017. POPLUTZ, Uta. Jesùs como persona que traspasa fronteras. En https://www.seleccionesdeteologia.net/assets/pdf/220_07.pdf GROODY, Daniel C. El Dios de la frontera: una teología de la migración y el camino humano. En https://www.dioscaminaconsupueblo.files.wordpress.com/2013/07/el-dios-de-la-frontera.pdf

sábado, 12 de agosto de 2023

COMUNITAS MATUTINA 13 DE AGOSTO 2023 DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARI0

 

Tengan valor, soy yo, no tengan miedo”

(Mateo 14: 27)



Lecturas:

  1. 1 Reyes 19: 9-13

  2. Salmo 84

  3. Romanos 9: 1-5

  4. Mateo 14: 22-33



El tema de los poderosos, sobre quienes pesa la sospecha de corrupción y de procedimientos inmorales y contrarios al bien común es cosa de siempre, lo mismo que los desvaríos del ser humano cuando, en nombre de una pretendida libertad, que no siempre comprende ni apropia inteligentemente, se va por los vericuetos del egoísmo, del desconocimiento de los derechos de los demás, y del respeto y promoción debidos a la dignidad de sus semejantes, absolutizando personas, liderazgos, ideologías, modelos políticos y económicos , estilos de vida, poderes, dinero, 1 realidades ante las que sucumbe el iluso humano con la creencia de que allí encuentra el sentido de su vida, su libertad y su realización. La dura experiencia de muchos en la historia de la humanidad demuestra que estas cosas con categoría de ídolos, resultan gigantes deleznables, con pies de barro, como bien lo refleja el salmo 115: “Los ídolos de los paganos son oro y plata, objetos que el hombre fabrica con sus manos: tienen boca, pero no pueden hablar; tienen ojos, pero no pueden ver; tienen orejas, pero no pueden oír; tienen narices, pero no pueden oler; tienen manos, pero no pueden tocar; tienen pies, pero no pueden andar; ni un solo sonido sale de su garganta! Iguales a esos ídolos son quienes los fabrican y quienes en ellos creen”.2

Profundizando en los procesos que llevan a estas conductas encontramos que en todo ello subyace un profundo miedo a la libertad, tal es la raíz de esos “dioses” en los que se pretende encontrar autonomía, vida sin límites, con el triste resultado de más esclavitud y fracaso existencial. Erich Fromm, a quien hemos citado con frecuencia en estos escritos semanales, hace un estudio riguroso de ese “miedo”, y lo define como lo que sucede en el ser humano que invoca frenéticamente su derecho a ser libre pero cuando advierte las exigencias y la gran responsabilidad que requiere esa condición crea paraísos artificiales, fantasías, alienaciones, idolatrías, respaldo a dictaduras, apoyo a ideologías en los que se hace más esclavo y sometido, evadiendo así el desafío ético y espiritual de hacerse responsable de su destino. 3 La sociedad de consumo es uno de esos grandes absolutos del mundo contemporáneo, también los caudillismos de derecha y de izquierda, prometiendo a sus adeptos “el oro y el moro”, auténticos “ídolos con pies de barro”, como reza el salmo referido. Con sorprendente facilidad el ser humano se deja seducir por falsos mesianismos, se obsesiona con realidades a las que confiere poderes milagrosos, capitula sus pretensiones de autonomía y las disfraza con personajes, ideologías, consumos, religiosidades vaporosas, culto a sí mismo o a otros, construyendo universos sin ninguna consistencia , sin permitir confrontación ni crítica.

En los profetas bíblicos encontramos un referente esencial para comprender este fenómeno, de penosa frecuencia en la historia . El Dios único al que ellos anunciaban tenía como correlato un ser humano único, digno, emancipado de toda esclavitud, gestor de su historia, responsable de la misma. La fuerte denuncia de estos hombres, cuya conducta siempre resultó más que incómoda para el poder político y religioso de Israel, era simultáneamente una pasión teologal y una pasión profunda por la dignidad humana. 4 Es decir, de su convicción apasionada por Dios y su justicia derivaron ellos una actitud similar hacia el ser humano y su dignidad; de la experiencia profunda del Dios bíblico proviene un compromiso en iguales términos por el ser humano, por su plenitud, por su libertad. Repasando a los críticos de la sociedad encontramos en estos profetas las más potentes denuncias contra las idolatrías y sus correspondientes esclavitudes, hechas en nombre del Dios único y verdadero. La absolutez de Dios es la mayor garantía de nuestra libertad.

La primera lectura de este domingo nos remite a una situación que aterriza lo que venimos describiendo, la veremos como modelo para una lectura crítica de lo que sucede en nuestro tiempo. Es así: entre los primeros profetas de Israel surgen dos figuras que brillan con luz propia: Samuel y Elías. La tradición bíblica les asigna lugar prioritario por la radicalidad con la que asumieron la causa de Yavé, que es la misma causa del ser humano amenazado de esclavitud.5

El profeta Elías emprende el camino de retorno hacia el monte Horeb, simbolizando la vuelta a los orígenes de Israel: la fidelidad al único y verdadero Dios, pactada en la alianza, y al modo de vida honesto como reciprocidad de los creyentes hacia El , quien se ha desbordado con predilecciones hacia este pueblo, demostrando que su único interés es la plenitud del ser humano, del que los israelitas son imagen y prototipo. 6

Esta dignidad de Israel se ha visto manchada con la perversidad del rey Acab y de su esposa Jezabel, quien desata su ira contra Elías persiguiéndolo para darle muerte, como venganza por la entereza con la que él ha denunciado los cultos idolátricos y la correspondiente desarticulación del modo de vida fundamentado en la rectitud y en la justicia. El ideal de Elías es rescatar la originalidad de la fe en el Dios único que favorece un ser humano también único y digno.

El monoteísmo de Israel no es la exclusividad de un Dios celoso y tiránico que rechaza competencia o que castiga implacablemente a aquellos “dioses alternativos” que se filtran en su camino. El Dios único de los israelitas contiene la posibilidad de que el ser humano sea también único y libre de esclavitudes y de sometimientos serviles. La religión de Israel aporta al universo religioso de la humanidad este monoteísmo liberador: rendir culto al Dios verdadero es hacer la más radical afirmación de la dignidad humana.

Los ídolos que confronta Elías son los Baales de nuestro tiempo, todo aquello que va en contra de la realización plena del ser humano, la existencia vacía de ideales, la economía sin humanismo, la tiranía de los poderes que sofocan las aspiraciones humanas de libertad. El talante de este profeta se plasma en aquellos seres humanos apasionados por el reino de Dios y su justicia, siempre empeñados en el proyecto original de Dios que es la vigencia permanente de la dignidad humana. Así, vamos con Elías al silencio del encuentro contemplativo con el misterio de Dios, fundamento de una vida libre y bienaventurada.

No es en las manifestaciones del poder donde se encuentra Dios, sus manifestaciones decisivas se dan en la “brisa tenue”, en los amores discretos, en las vidas dedicadas humildemente al servicio y a la solidaridad: “En aquel momento pasó el Señor, y un viento fuerte y poderoso desgajó la montaña y partió las rocas ante el Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento hubo un terremoto, pero el Señor tampoco estaba en el terremoto. Y tras el terremoto hubo un fuego, pero el Señor no estaba en el fuego. Y después del fuego se oyó un sonido suave y delicado. Al escucharlo, Elías se cubrió la cara con su capa y salió y se quedó a la entrada de la cueva. En esto llegó a él una voz que decía: qué haces ahí Elías?” .7 La mentalidad que refleja el anterior relato es indicativa de la lógica de un Dios que no acude a las evidencias propias de la espectacularidad vanidosa . El Dios que se revela de este modo es un Dios que se abaja para manifestarse en la sobriedad, en la silenciosa conducta de los humildes, como se aprecia en los relatos de vida de hombres y mujeres que viven en la sabiduría de lo esencial. 8

El relato del evangelio de Mateo – la tempestad calmada – obedece a situaciones de confusión y angustia que vivían las primeras comunidades cristianas, asediadas por persecuciones y graves contradicciones e incomprensiones, bien conocidas por la historia. Recordemos también el hondo sentimiento de derrota que embargó a los discípulos después de la muerte de Jesús, todo lo bueno que él anunció y realizó se veía aparentemente fracasado. Eso es lo que reflejan los discípulos angustiados en la barca que se mece con violencia con el vaivén de la tempestad.9

Se parece a muchas circunstancias que vivimos los seres humanos, las sociedades, la Iglesia misma, las fuerzas adversas parecen llevar siempre la delantera. Este episodio del evangelio nos muestra cómo la comunidad de fe puede perder el horizonte cuando permite que el temor domine sobre la confianza en Jesús y en el Padre Dios. También nos señala la temeridad, como la de Pedro que se lanza a las aguas más por vanidad personal que por certeza y seguridad en la presencia del Señor, esto es como un ruido ensordecedor, el de los egos que se confabulan para desconocer la discreta gratuidad del amor de Dios. Este Pedro desafiante, que pretende discurrir sobre las aguas y luego se hunde, es un símbolo del ser humano envanecido por sus logros, sin perspectiva trascendente. Es como un Prometeo encadenado, provocador, pagado de sí mismo, esclavo de su autosuficiencia.

Como Pedro y los discípulos entramos en confusión y desencanto? Nos dejamos llevar por el sentimiento de fracaso? Perdemos la confianza en el Resucitado que a lo largo de más de veinte siglos ha inspirado historias heroicas de sentido y esperanza? Olvidamos que esta tarea del reino de Dios y su justicia, si bien cuenta con nuestra libre decisión, es primero obra de su gratuidad para agraciar y liberar al ser humano del sin sentido?

La fe en el Señor Jesucristo no es cuestión de providencialismo ingenuo, en ella sí está la respuesta, lo tenemos claro, pero esta cuenta con la responsabilidad histórica del ser humano, con su libertad empeñada en la superación de estas contradicciones, con la conciencia de que la magnitud de los problemas ya señalados no permiten actitudes evasivas. Las palabras de Jesús : “Tengan valor ,soy yo, no tengan miedo”,10 son el reconocimiento de los primeros cristianos a esa garantía decisiva que trasciende las limitaciones de la humanidad, es el mismo Señor animando constantemente a mantener el ánimo en alto para asumir lo contradictorio, lo antievangélico, lo deshumanizante, con el fin de transformarlo en gracia y en justicia.11

La confianza serena en el Señor nos confiere el temple necesario para no hundirnos en las inseguridades y en el desencanto que nos pueden causar los pecados de algunos en la Iglesia y en la sociedad. En nombre de la fe debemos aceptar con entereza las turbulencias causadas por tales escándalos, auténticos pecados contra Dios y contra la humanidad, y emprender un trabajo transformador, poniendo el dedo en la llaga con coraje de cristianos raizales y dejándonos tomar por el que hace decir a Pablo “Todo lo puedo en Aquel que me conforta”. 12









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2 Salmo 115: 4-8

3 FROMM, Erich. El miedo a la libertad. Paidòs. Buenos Aires, 1985. Psicoanàlisis de la sociedad contemporànea. Fondo de Cultura Econòmica. Ciudad de Mèxico, 1977. ARENDT, Hannah. La condición humana. Paidòs. Buenos Aires, 1993. MARCUSE, Herbert. El hombre unidimensional: ensayo sobre la ideología de la sociedad industrial avanzada. Editorial Joaquìn Mortiz. Ciudad de Mèxico, 1987. BAUMAN, Zygmunt. Vida de consumo. Fondo de Cultura Econòmica. Ciudad de Mèxico, 2007. BAUDRILLARD, Jean. La sociedad de consumo: sus mitos, sus estructuras. Siglo XXI Editores. Ciudad de Mèxico, 2023. FORERO PINEDA, Fernando. Què es alienación? Perspectivas para la actualización de un concepto del pensamiento social crìtico. En https://www.scielo.org.co/pdf/pafi/n52/2389-9387-pafi-52-203.pdf

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6 TORRES QUEIRUGA, Andrés. La revelación de Dios en la realización del hombre. Cristiandad. Madrid, 1987. BAENA BUSTAMANTE, Gustavo. Fenomenología de la Revelación. Verbo Divino. Estella, 2011. ALFARO, Juan. De la cuestión del hombre a la cuestión de Dios. Sígueme. Salamanca, 1988. ROVIRA BELLOSO, José María. Revelación de Dios. Salvación del hombre. Secretariado Trinitario. Salamanca, 1979. BRAVO LAZCANO, Carlos. El marco antropológico de la fe. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 1993. GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. Proyecto de hermano: visión creyente del hombre. Sal Terrae. Santander, 1991.

7 1 Reyes 19: 11-13

8 LECLERC, Eloi. El reino escondido. Sal Terrae. Santander, 1999; La sabiduría de un pobre. Encuentro. Madrid, 2018. CASTRO MIRAMONTES, Francisco J. La sabiduría de la humildad: espiritualidad de la vida cotidiana. San Pablo. Madrid, 2006. CAAMAÑO, José. La humildad omnipotente de Dios. En Revista Estudios Eclesiásticos volumen 96 número 378, páginas 487-512. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2021. VARILLON, Francois. La humildad de Dios. Cristiandad. Madrid, 2019. FUNK, Mary Margaret. La humildad importa: para practicar la vida espiritual. Desclée de Brower. Bilbao, 2009. MEDINA BALGUERÍAS, Marta. Atraídos por lo humilde. PPC. Madrid, 2018.

9 SICRE, José Luis. El Evangelio de Mateo, un drama con final feliz. Verbo Divino. Estella, 2019. AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. El Evangelio de Mateo: los conflictos de una iglesia judeocristiana. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 17 de octubre de 2017. SKA, Juan Luis. Cosas nuevas y viejas (Mateo 13: 52). Páginas escogidas del Evangelio de Mateo. Verbo Divino. Estella, 2006.

10 Mateo 14: 27

11 LOZANO DÍEZ, Juan. Creer en tiempos difíciles. Clie. Barcelona, 2016. MARTÍN VELASCO, Juan de Dios. Una espiritualidad para tiempos difíciles. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 20 de marzo de 2012. MESA, Miguel Angel. Espiritualidad para tiempos de crisis. Desclée de Brower. Bilbao, 2015. BONHOEFFER, Dietrich & VON WEDEMEYER, María. Cartas de amor desde la prisión. Trotta. Madrid, 1998. DELP, Alfred. Escritos desde la prisión. Sal Terrae. Santander, 2012. MOROZZO DELLA ROCA, Roberto. Oscar Romero: un obispo entre guerra fría y revolución. San Pablo. Madrid, 2003. WEIL, Simone. A la espera de Dios. Trotta. Madrid, 1993.

12 Filipenses 4: 13.

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