“Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos dará también vida a sus cuerpos mortales por su Espíritu que habita en ustedes”
(Romanos 8: 11)
Lecturas:
Ezequiel 37:12-14
Salmo 129: 1-8
Romanos: 8: 8-11
Juan 11: 1-45
La vida de los seres humanos es una gran paradoja, nos sabemos limitados y finitos pero al mismo tiempo con el máximo deseo de vivir siempre y de permanecer más allá de estas fronteras de la precariedad. Son incontables las evidencias de esta condición, cada uno desde su propio relato vital puede dar cuenta de ellas, pequeñas y grandes muertes de cada día, abandonos y soledades, fracasos y vacíos, también plenitudes y amores profundos, ilusiones que se tornan realidad, las resurrecciones nuestras de cada día, los amores profundos, las felicidades que nos anticipan la eternidad. 1 Las crisis , casi siempre inevitables, ponen de manifiesto esta condición nuestra de contingencia, nos invitan al saludable realismo de contar con ellas como parte del equipaje existencial. Afrontadas, aún con dolor, son fuente de sabiduría y fortaleza.
Dice con singular belleza y densidad espiritual el poeta argentino Osvaldo Pol : 2
No tiene el tiempo trabazón ni rieles
Fuera de la constelación de tus heridas.
Tu cuerpo se me vuelve rosa con cinco pétalos de sangre.
Piedra de donde parten las fuentes saciadoras.
Despierta, despierta ya inaugurando vida y amanecer y lucha.
Despójate la niebla y el silencio
Y vence, una vez más.
Yo y el tiempo y la piedra y la rosa
Tan sólo en tu victoria somos 3
En la austera belleza de esta expresión palpita la conciencia de lo que somos, fragilidad, muerte, pero también pasión por la vida. La Palabra que se nos ofrece este V domingo de Cuaresma es el reconocimiento teologal de esta realidad, en la que los seres humanos estamos cabalmente definidos e identificados.
Ezequiel – de cuyo texto tenemos la primera lectura - es el profeta del exilio, su ministerio fue con los desterrados de Babilonia entre los años 593 y 571 antes de Cristo. 4Conocemos por la historia la durísima prueba que sufrió el pueblo de Israel cuando fueron invadidos por el imperio de Babilonia, conquistados y desposeídos de su tierra y de su libertad, de los símbolos que constituían su identidad. El profeta se duele por la suerte de su gente, expuestos a morir lejos de su patria, pero, en nombre de su fidelidad a Yahvé, sello que define su misión, se presenta también como testigo de la esperanza que se origina en El: “Por eso profetiza y diles: Voy a abrir sus tumbas, los sacaré de ellas, pueblo mío, y los llevaré de nuevo al suelo de Israel” . 5
En el Antiguo Testamento, en general, no había una esperanza de inmortalidad, esta se colmaba con las bendiciones “materiales” que para ellos eran clarísimas muestra del favor de Dios: descendencia abundante, larga vida, tierra prometida donde asentarse, existencia digna, justicia para todos. La evolución hacia la expectativa de vida eterna se concreta en los últimos libros del Antiguo Testamento, como Sabiduría, Macabeos, Daniel. Esta conciencia surge en la clave de la doctrina bíblica de la retribución: cómo va a premiar Dios a los justos? Vienen aquí las más densas preguntas por el misterio del mal, por las tragedias que aquejan a los inocentes, por la justificación de la existencia, por el misterio de la muerte, 6 son los grandes “temas de la vida” que inquietan a los seres humanos de todos los tiempos de la historia.
Mientras tanto, la ilusión de todo buen israelita, justo y creyente, es la de acoger los dones materiales con los que Yahvé expresa su complacencia por este buen vivir. Lo asume el profeta diciendo: “Infundiré mi espíritu en ustedes y vivirán; los estableceré en su suelo, y sabrán que yo, Yahvé, lo digo y lo hago – oráculo de Yahvé –”. 7
Valgan estas consideraciones para situarnos en las legítimas aspiraciones de la humanidad, tener una calidad de vida que corresponda con su dignidad, lograr que los grandes ideales se vean cumplidos, disfrutar del amor en la relación de pareja y en la paternidad-maternidad, llevar a cabo proyectos que hagan del mundo un ámbito más y más humano, constatar que la felicidad no es un concepto vano sino gozosa posibilidad que se hace cada día, también, y como elemento no menor, confiar en que el yo personal con su historia no se disuelve en la descomposición biológica de la muerte. Cómo anunciar la vida de Dios a quienes son desposeídos de sus condiciones de dignidad y fracturados en sus posibilidades de esperanza? Cómo transmitir una convicción fundamental de trascendencia al ser humano asediado por la pregunta definitiva del sentido? Cómo afirmar que, a pesar de la muerte misma y de la radical contingencia de nuestra condición, no sucumbimos al drama de la mortalidad? La respuesta cristiana es salvación integral, plenitud humana en la historia y trascendencia definitiva en la vitalidad inagotable del Padre,8 es la convicción fundante de nuestra fe: “Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos dará también la vida a sus cuerpos mortales por su Espíritu que habita en ustedes”. 9
La vida en el Espíritu nos saca de la muerte que causan el egoísmo estéril, la injusticia, el pecado, la falta de solidaridad, el dar la espalda a Dios: “Así que los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas ustedes no viven según la carne, sino según el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en ustedes” .10 En la concepción paulina “vivir según la carne” es vivir en el pecado, en el rechazo del amor de Dios y del prójimo, en el creer el ser humano que es la medida de todo. Es el mundo de la muerte, negación del amor definitivo, rechazo de la vitalidad que proviene del Padre y de la relación solidaria con el prójimo.
Es perfectamente lógico que estos textos se nos propongan en Cuaresma, para que hagamos conciencia de todo aquello que nos impide vivir en sentido teologal y humano, y nos dejemos asumir por la Vida que reconfigura todo nuestro ser y quehacer: “Pero si con el Espíritu hacen morir las obras del cuerpo, ustedes vivirán” . 11
Con estos antecedentes, nos ponemos en el contexto del relato de Juan, la resurrección de Lázaro, 12 el último de los siete signos que articulan este cuarto evangelio. 13 En todos ellos el evangelista afirma a Jesús como Señor de la vida, antes de enfrentarse al dramatismo de la cruz y de la muerte. Siguiendo la teología del cuarto evangelio, en Jesús el ser humano es asumido para pasar de la muerte a la vida. Los judíos observantes, que no aceptaban a Jesús , sienten que el gesto de devolver a Lázaro a la vida y el entusiasmo de la gente que empieza a creer más y más en él, son una provocación para sus ortodoxas convicciones y prácticas religiosas. Con esto, tienen todos los argumentos para juzgarlo como blasfemo y someterlo al juicio y a la condenación. 14
Este relato es un testimonio creyente de señalada solidez para aseverar lo mismo que dice Jesús a Marta, la hermana del fallecido Lázaro: “Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. Crees esto?” . 15 La afirmación estructura todo el evangelio de Juan y la línea programática de esta narración teologal-pascual se formula así: “En verdad, en verdad les digo que llega la hora (ya estamos en ella) en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán” . 16
Lázaro somos nosotros limitados por la muerte y por todas las demás contingencias humanas. Sus hermanas son la nueva comunidad que se va a beneficiar de la vitalidad de Dios, también nosotros estamos ahí. El no viene a prolongar la vida física sino a comunicar la vida de Dios. El que asume ser como él queda definitivamente involucrado en esa vida nueva. La muerte no es el trágico fin de la condición humana, eso es lo que Jesús quiere demostrar a Marta y a nosotros.
Al quitar la losa desaparece simbólicamente la frontera entre los vivos y los muertos: “Dijo Jesús: quiten la piedra. Marta, la hermana del muerto, le advirtió: Señor, ya huele, es el cuarto día. Replicó Jesús: no te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” . 17 La vida de Jesús es la vida misma de Dios. El ser humano que no nace a la nueva vida permanece atado de pies y manos, por eso él lo “desata”: “Dicho esto, gritó con fuerte voz: Lázaro, sal afuera! El muerto salió, atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Jesús les dijo: desátenlo y déjenlo andar” . 18
Salir de la tumba, como Lázaro, es dejar atrás todo lo que deshumaniza y mata, todo lo pecaminoso. Salir de los lugares de muerte para hacer el tránsito pascual a la vitalidad incontenible que viene con Jesús.19 Este relato, de hondo simbolismo teológico, es mucho más que la anécdota de un prodigio individual obrado por Jesús; claramente, la intención del autor del cuarto evangelio es abrir la puerta pascual al creyente, personalizando en el mismo Jesús esa definitiva posibilidad de sentido y plenitud.
No olvidemos: Lázaro-humanidad expectante de vida plena, interminable, de trascendencia total; Martha y María: la humanidad-comunidad que acoge el don pascual. La reducción de los milagros de Jesús a hechos puntuales de él sustrae a los mismos su significado teológico y su capacidad de convertirse en garantías de nuestra esperanza.
Antonio José Sarmiento Nova, SJ
1 Ramón Lucas Lucas. Horizonte vertical: sentido y significado de la persona humana. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2010. FRANKL, Viktor. El hombre en busca de sentido. Herder. Barcelona, 1990. LIPOVETSKY, Gilles. La era del vacío: ensayos sobre el individualismo contemporáneo. Anagrama. Barcelona, 2002. CIORAN, Emile. En las cumbres de la desesperación. Hermida Editores, 2020. KIERKEGAARD, Soren. El concepto de la angustia. Austral, 2013. NIETZSCHE, Federico. Más allá del bien y del mal. Alianza. Madrid, 2025. GIL PARRA, Diego. Elogio de la felicidad. Luis Michel Aury, 2024. JOLLIEN, Alexandre. Elogio de la felicidad. RBA Libros, 2008. MOLTMANN, Jurgen. Sobre la libertad, la alegría y el juego. Sígueme. Salamanca, 1998.
2 Nacido en 1935, fallecido en 2016, sacerdote jesuíta. Profesor en la Universidad Católica de Córdoba, en su país. En su poesía la angustia por la existencia se expresa bellamente, con palabra justa, despojada de lo secundario. POL; Osvaldo. Diálogos lentos con la vida. Universidad Católica de Córdoba, 2021.
3 Osvaldo Pol, de su poemario Situación y criba (1990). Publicado en Hombre y Dios: cien años de poesía hispanoamericana. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1996. Página 352
4 ABREGO, José María. Ezequiel. Comentarios a la Nueva Biblia de Jerusalén. Desclée de Brower. Bilbao, 2017. ASURMENDI, Jesús María. Ezequiel. Verbo Divino. Estella, 1982. SAVOCA, Gaetano. El libro de Ezequiel. Herder. Barcelona, 1992.
5 Ezequiel 37: 12
6 Ignacio Lepp. Psicoanálisis de la muerte. Carlos Lohlé. Buenos Aires, 1967; Karl Rahner. Sentido teológico de la muerte. Herder. Barcelona, 1975. Hans Küng. Vida eterna? Trotta. Madrid, 2006. ÑAUINCOPA-ARANGO, Antonio. Hacia una hermenéutica teológica de la inmortalidad. En https://www.oaji.net/articles/2023/6000-1749861046.pdf BLANCO, Carlos. Hipótesis principales sobre el origen de la idea de resurrección de los muertos en el judaísmo. En https://www.repositorio.comillas.edu/rest/bitstreams/100442/retrieve FERNANDEZ, Víctor Manuel. Inmortalidad, cuerpo y materia. Una esperanza para mi carne. En Angelicum volumen 78, fascículo 3. Universidad Pontificia de Santo Tomás. Roma, 2001. BOFF, Leonardo. Hablemos de la otra vida. Sal Terrae. Santander, 1992.
7 Ezequiel 37: 14
8 Gustavo Gutiérrez. El Dios de la vida. Sígueme. Salamanca, 1994.
9 Romanos 8: 11
10 Romanos 8: 8
11 Romanos 8: 13
12 Juan 11: 1-44
13 El agua convertida en vino Juan 2: 1-12; la curación del hijo de un funcionario real Juan 4: 46-54; la curación de un enfermo en la piscina de Betesda Juan 5: 1-18; la multiplicación de los panes y los peces Juan 6: 1-15; Jesús camina sobre el agua Juan 6: 16-21; la curación del ciego de nacimiento Juan 9: 1-40.
14 CARRILLO ALDAY, Salvador. El evangelio según San Juan. Verbo Divino. Estella, 1992. BROWN, Raymond. El evangelio según Juan. Cristiandad. Madrid, 1999; La comunidad del discípulo amado. Sígueme. Salamanca, 2005. CASTRO SÁNCHEZ, Secundino. Evangelio de Juan. Comprensión exegético-existencial. Universidad Pontificia de Comillas-Desclée de Brower. Bilbao, 2001. BEUTLER, Johannes. Comentario al evangelio de Juan. Verbo Divino. Estella, 2012.
15 Juan 11: 25-26
16 Juan 5: 25
17 Juan 11: 39-40
18 Juan 11: 43-44
19 Andrés Torres Queiruga. Repensar la resurrección. Trotta. Madrid, 2006. PUPPO, María Lucía. Salir del sepulcro: cuatro intertextos literarios de la resurrección de Lázaro. En https://www.repositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/4064/1/salir-del-sepulcro.pdf SABUGAL, Santos. La resurrección de Lázaro (Juan 11: 1.54). Veo este artículo en internet pero no indica en qué publicación, si interesa al lector puede buscarlo con esa sola referencia de autor. SODING, Thomas. Encarnación y Pascua. La historia de Jesús tal como se refleja en el Evangelio de Juan. En https://www.seleccionesdeteologia.net/assets/pdf/172_06.pdf
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