lunes, 7 de noviembre de 2011

EL AGUIJÓN

Hubo un santo que tenía el don de hablar el lenguaje de las hormigas.
Se acercó a una que parecía más enterada y le preguntó: «¿Cómo es el Todopoderoso? ¿Se parece de algún modo a las hormigas?».
La docta hormiga le respondió: «¿El Todopoderoso? En absoluto. Las hormigas,
como puedes ver, tenemos un solo aguijón. Pero el Todopoderoso tiene dos».


Escena sugerida por el anterior cuento:
Cuando se le preguntó cómo era el cielo, la sabia hormiga replicó solemnemente:
«Allí seremos igual que Él, con dos aguijones cada uno, aunque más pequeños».
Existe una fuerte controversia entre las distintas escuelas de pensamiento religioso
acerca de dónde exactamente se hallará ubicado el segundo aguijón en el cuerpo
glorioso de la hormiga.

domingo, 6 de noviembre de 2011

LA PALOMA REAL

Nasruddin llegó a ser primer ministro del rey. En cierta ocasión, mientras
deambulaba por el palacio, vio por primera vez en su vida un halcón real.
Hasta entonces, Nasruddin jamás había visto semejante clase de paloma. De modo que tomó unas tijeras y cortó con ellas las garras, las alas y el pico del halcón.
«Ahora pareces un pájaro como es debido», dijo. «Tu cuidador te ha tenido muy descuidado».


¡Ay de las gentes religiosas que no conocen más mundo que aquel en el que viven y
no tienen nada que aprender de las personas con las que hablan!

EL CANTO DEL PAJARO

Los discípulos tenían multitud de preguntas que hacer acerca de Dios.
Les dijo el Maestro: «Dios es el Desconocido y el Incognoscible. Cualquier
afirmación acerca de Él, cualquier respuesta a vuestras preguntas, no será más que
una distorsión de la Verdad».
Los discípulos quedaron perplejos: «Entonces, ¿por qué hablas sobre Él?».
«¿Y por qué canta el pájaro?», respondió el Maestro.
El pájaro no canta porque tenga una afirmación que hacer. Canta porque tiene un
canto que expresar.
Las palabras del alumno tienen que ser entendidas. Las del Maestro no tienen que
serlo. Tan sólo tienen que ser escuchadas, del mismo modo que uno escucha el viento
en los árboles y el rumor del río y el canto del pájaro, que despiertan en quien lo
escucha algo que está más allá de todo conocimiento.

DOMINGO 6 DE NOVIEMBRE


Lecturas
1.      Sabiduría 6: 12-16
2.      Salmo 62:2-8
3.      1 Tesalonicenses 4: 14
4.      Mateo 25: 1-13
Es el domingo 32 del tiempo ordinario.
Cuando se aproxima el final del año litúrgico la Palabra nos propone un asunto esencial, y es acerca de nuestra actitud ante lo definitivo de la vida.Lo presenta a través de la muy conocida parábola de las jóvenes prudentes y también de las necias, imprevisivas, ante la llegada del novio a la fiesta de bodas: “Entonces el reinado de Dios será como diez muchachas que salieron con sus candiles a recibir al novio. Cinco eran necias y cinco prudentes. Las necias tomaron los candiles, pero no llevaron aceite. Las prudentes llevaban frascos de aceite con los  candiles.” (Mateo 25:1-4).
Si examinamos con atención los capítulos 24 y 25 de Mateo podremos apreciar que tienen un denominador común: Còmo ha sido nuestra vida? Cuàl es la actitud que la ha sustentado? Cuàles los valores que la han fundamentado? Ha sido una vida despreocupada, ligera, sin prioridades constitutivas y trascendentes? O, màs bien, nos hemos preocupado por lo esencial, entendiendo por esto último nuestra disposición para Dios, para la trascendencia, para el programa que Jesùs nos ha indicado como camino de realización?
Aquì salen a relucir la solidaridad, lo tantas veces dicho de la projimidad, de la decisión constante y coherente de dar vida a los últimos del mundo, del servicio, de la actitud para con la dignidad humana, de la libertad ante el poder, el dinero, la fama, para acceder a un talante que tenga sus raíces en Dios. Es decir, si nuestra ha vida ha sido fecunda en espíritu y en humanismo, si hemos sido “grano de trigo” que cae en tierra y germina.
Lo que se nos està sugiriendo es como un balance de la vida hecho en  la clave del proyecto de Dios en nosotros. Una buena pregunta para orientar la oración de este domingo puede ser la misma que se formulò Ignacio de Loyola, con tres aspectos: Què he hecho por Cristo? Què he dejado de hacer por El? Què debo empezar a hacer?
El seguimiento de Jesùs no es un culto idolátrico a su persona sino una configuración plena con El para acceder a un modo de ser humano que nos lleva a la plenitud de Dios a través del ejercicio constante y creciente de una ética de la projimidad, es el ser humano entendido y asumido como el lugar donde acontece Dios para nosotros. Aquì està la esencia del buen vivir para la sabiduría evangélica, este es el “aceite” que nos dispone en saludable  vigilancia para encender nuestros candiles ante la llegada del novio.
Como es natural, esto no es un asunto de última hora, sino de toda la vida que se asume en esta perspectiva. En cierto contexto religioso católico la gran preocupación cuando alguien està a la puerta de terminar su vida, es que se marche con los últimos sacramentos, unciòn de los enfermos, penitencia, eucaristía, asì su vida  no haya sido un modelo de rectitud y de solidaridad, si al final recibe esta “pòliza de seguro”, todo se arregla. Es la concepción mágica del dinamismo de los sacramentos, y el desconocimiento de la sacramentalidad de toda la vida que es historia del suceder de Dios – o del no suceder – en cada ser humano.
La vigilancia a la que Jesùs nos invita con esta parábola es a la de una sabiduría esencial que determina todas nuestras motivaciones, intenciones, actitudes y conductas, desde siempre, aùn a sabiendas de que en algún momento de nuestro devenir podremos incurrir en actos desordenados, contrarios al amor de Dios y del prójimo, por aquello de la tendencia que tenemos a distorsionar las decisiones de nuestra libertad  ante El, y que en la tradición teológica cristiana se llama pecado original. Y esto Jesùs lo plantea de modo perentorio: “Por tanto, vigilen, porque no conocen el dìa ni la hora” (Mateo 25:13).
Este es un criterio de discernimiento y valoración para la totalidad de nuestro recorrido vital. A què le hemos apostado? En què valores hemos arraigado nuestras decisiones? Los seres humanos sufrientes, humillados, ofendidos, víctimas de la injusticia, han estado en la mira prioritaria de nuestras opciones? El modo de vivir honesto, responsable, espiritual, ha sido inspirador para todo lo nuestro? Y vislumbramos a Dios como el principio y fundamento de todo esto?
O, màs bien, hemos llevado la vida como “vano honor del mundo”? Bùsqueda afanosa de prestigio y de poder? Acumulaciòn desmedida de dinero y de bienes materiales? Ambiciones egoístas? Individualismo a ultranza? Desconocimiento de las necesidades de los demás? Culto a nosotros mismos? Ausencia de Dios? Ausencia de prójimo?
Estas son las cuestiones a las que nos lleva esta parábola de las jóvenes prudentes, de las jóvenes necias? Donde estamos? Se trata de ir por la vida, felices sì, disfrutándola y haciendo disfrutar de ella a muchos y muchas, apasionandos por la misma, pero a partir de una sabiduría que tiene origen en Dios mismo: “La sabiduría es radiante e inmarcesible, la ven sin dificultad los que la aman, y los que van buscándola, la encuentran; ella misma se da a conocer a los que la desean” (Sabidurìa 6: 12) y : “por tanto, el deseo de la sabiduría conduce al reino” (Sabidurìa 6: 20).
Tenemos claro que en la concepción bíblica sabiduría no es la erudición acadèmica sino el sentido esencial de la existencia a partir de la experiencia de Dios en nosotros, llevándonos por aquello que dice el salmo: “Oh Dios, tu eres mi Dios, por ti madrugo; mi garganta tiene sed de tì, mi carne desfallece por tì, en un paràmo reseco, sin agua” (Salmo 62: 2).
Que quede claro que esto NO es para fundamentalistas, ni para aquellos que interpretan que Dios nos pide deshumanizarnos y adoptar estilos religiosos fanáticos, como muchos que desafortunadamente están de vuelta. Esto es para hombres y mujeres encarnados en la realidad de este mundo, ecuánimes y sensatos, abiertos a las muchas búsquedas de la humanidad, dialogantes, abiertos, reconocedores de las riquezas que nos brinda la diversidad humana, y halladores de Dios en todas estas evidencias.
Entremos en este ámbito de oración con esperanza, con serenidad interior, con la disposición de ponderar toda nuestra historia, y constatando, guiados por el Espìritu, si ella ha sido y es vigilante, sabia, esencial, teologal y humana, fraterna y generosa. La preparación para el momento último no es al final se trata de que toda la vida se asuma como disposición creciente y constante para Dios, para lo definitivo. Esta es la lógica esperanzada de la prudencia reflejada en las muchachas que portaban consigo el frasco de aceite para el candil, aguardando felices la llegada del novio.

Antonio Josè Sarmiento Nova,S.J.
Provincia Colombiana de la Compañìa de Jesùs
Pontificia Universidad Javeriana

DIÁLOGOS sobre el Evangelio del Domingo, por José Martínez de Toda, S.J., Domingo 32A TO: Doncellas, 6 noviembre 2011

“¡Velen, porque no saben el día ni la hora!” (Mateo 25, 1-13)
martodaj@gmail.com

Saludos y Presentación

Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio… (Se presentan los participantes).
Hoy el Evangelio nos habla de una boda con damas de honor, que se descuidaron, se durmieron y se quedaron sin boda. Les faltó estar vigilantes. Escuchémoslo.


Lectura del santo evangelio según San Mateo (25, 1-13)


NARRADOR/A: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:

JESÚS: El Reino de los Cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz:
VOZ: ¡"Que llega el esposo, salgan a recibirlo"!
NARRADOR/A: Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas:
NECIAS: "Dennos un poco de su aceite, que se nos apagan las lámparas".
NARRADOR/A: Pero las sensatas contestaron:
SENSATAS: "Por si acaso no hay bastante para ustedes y nosotras, mejor es que vayan a la tienda y lo compren."
NARRADOR/A: Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo:
NECIAS: "Señor, señor, ábrenos".
NARRADOR/A: Pero él respondió:
ESPOSO: "Les aseguro: no les conozco".
JESÚS: Por tanto, velen, porque no saben el día ni la hora.


Pregunta 1 – ¿Estás siempre alerta?
El evangelio de hoy cuenta la bella historia de una boda. Allí están las damas de honor, que acompañan a la novia. Pero algunas de esas damas se quedan sin fiesta por no ir preparadas. Esto fue lo que pasó.
En tiempo de Jesús, el novio y sus amigos el día de la boda iban a casa de la novia a buscarla.
Allá esperan también con ella las diez damas de honor, llenas de alegría, para acompañar a la pareja a la fiesta de su boda. Pero aquella vez tarda el novio en llegar, y todas se duermen.
De pronto alguien grita: “¡Llega el novio!”.
Todas se despiertan, pero ven que sus lámparas languidecen: necesitan aceite para reavivarse.
Cinco de las jóvenes habían traído consigo aceite: eran «sensatas». Le echaron a las lámparas de ese aceite de reserva que traían, y las lámparas volvieron a lucir fuertemente.
Pero las otras cinco son «necias», pues no habían pensado en nada de esto, y tienen que ir al pueblo a comprar aceite para sus lámparas.
Mientras las necias van al pueblo, llega el novio a la casa de la novia. Los novios se disponen a ir a la boda, a la casa del novio. Y allí están las doncellas «sensatas», que salen alegres con sus lámparas brillantes a iluminar el camino. Se van con la novia y el novio, y entran con ellos en la fiesta.
Mientras tanto, las otras cinco damas de honor, las ‘necias’, vuelven de la tienda, ven que todos se han ido y caminan hasta la casa del novio. Llaman a la puerta. El novio se halla muy ocupado con la fiesta. Se asoma por una ventana, y les grita:
“Les aseguro que no les conozco”.
Y así, se quedan sin poder entrar a la boda.

Pregunta 2 – ¿Qué simboliza la parábola?
El novio es Cristo. La novia es la Iglesia (Apocalipsis 22:17). Las diez doncellas representan a todos los miembros de la Iglesia. Somos nosotros. Pero hay quienes estamos prevenidos y quienes no lo estamos.
La luz de las lámparas, que llevan todas las doncellas, puede representar la fe que tienen todos los cristianos.
El aceite, que algunas doncellas tienen y otras no, puede representar las buenas obras. Una fe sin obras es como una lámpara sin aceite: está muerta e inútil. (Santiago 2:17).
Las doncellas sensatas se proveyeron antes de suficiente aceite como para mantener las lámparas alumbrando. Así debemos comprometernos y perseverar en el aceite de las buenas obras. Debemos mantener esta nuestra fe viva. Esta fe viva es la mejor forma de estar listos y preparados para cuando venga el Señor.
La jornada hacia el Reino, hacia el sitio de la boda es un evento de relación de amor entre personas. Es un aprendizaje continuo de cómo entrar plenamente en esta relación de amor que no niega la existencia de las ambigüedades de la vida. Sabemos que el Señor llega finalmente (cf. 1 Ts 4,13-18)
Nuestro encuentro con Dios, al final de la vida, será un encuentro de amor; será la cumbre de la aventura de amor vivida desde nuestra vida presente con fe viva, con fe basada en buenas obras. Será como una fiesta. Pero debemos estar preparados.

Pregunta 3 – ¿Y hay quienes no están preparados?
Así es. Y el mensaje es claro y urgente:
Aquí, en este mundo, estamos en un "momento de espera", en el que hay tiempos oscuros y luminosos, tiempos buenos y malos, gozos y tristezas. Por eso hay que estar vigilantes.
Y dentro de la comunidad cristiana, hay discípulos «sensatos», que actúan de manera responsable e inteligente, y hay discípulos «necios» que actúan de manera frívola y descuidada.
La distinción entre insensatez y sabiduría depende de la preparación, atención y cuidado que tengan.

Pregunta 4 – ¿Quiénes son los cristianos sensatos?
-Los que tienen buenas obras.
-Los que aman a los demás, los que son luz para los demás, pues lo que da luz a nuestra vida, es el amor que Dios Padre ha derramado en nuestros corazones a través del Espíritu Santo (cf. Rom 5,5). Y Jesús nos dijo: "Sean luz del mundo" (cf. Mt 5,14-16).
-Los que se dejan poseer por el Espíritu Santo, que les capacita para amar a Dios por encima de todo y a los demás como a nosotros mismos (Mt 22,37).
-Los que alimentan y cultivan ese amor a lo largo de la vida, los que mantienen la luz de Cristo encendida hasta su venida final, de forma que sea una señal de nuestro discipulado y de nuestra identidad como seguidores de Cristo (cf. Juan 13,35). “Miren cómo se aman”.
-Los que mantienen la llama de nuestra fe en Él y nos dicen cómo cumplir sus mandatos, especialmente el mandato del amor.
Los que están en contacto con la presencia del Novio en sus "rostros diversos", sobre todo en los extraviados, en los últimos y en los más insignificantes (cf. Mt 25,31-46).
-Los que son previsores, se preocupan, leen, estudian, escuchan, se molestan por ser luz.
La santidad consiste en vivir el momento presente como si fuera el último, como si fuera el instante en que llegará el esposo. Tenemos que estar preparados. No podemos faltar a la cita.
Precisamente la Primera Lectura de hoy hace la descripción de la persona sensata.

Pregunta 5 – ¿Quiénes son los cristianos necios?
-Son los que escuchan el Evangelio, pero no hacen un esfuerzo mayor para convertirlo en vida. Son como los que construyen un cristianismo sobre arena. Son como la semilla que cayó en el camino o en sitio pedregoso o entre espinos.
-Son los que llevan una vida apagada, despreocupada, vacía del espíritu de Jesús y de su amor: ellos esperan a Jesús con las «lámparas apagadas», sin buenas obras.
-Son los que no educan a los hijos, los que no vienen a Misa, no leen o escuchan la Biblia, la Palabra de Dios. Son los que oran sólo cuando tienen problemas: “A Santa Bárbara cuando truena”. Son los que no se sacrifican por los demás, los que se dejan llevar por la corriente: “¿Dónde va Vicente? Donde va la gente”.
-Son los que, en cambio, buscan afanosamente el éxito, la posesión de cosas, la satisfacción de las pasiones. Todo eso, que atrae a ‘nuestra carne’, nos distrae, nos hace perder de vista la meta, el fin del camino, e induce un sueño profundo en el alma.
Hemos olvidado que la vida es expectativa, que debemos vigilar nuestras lámparas, porque lo que está en juego es la salvación definitiva. Olvidarlo significa despreciar a Dios mismo (Cf. I Tes 4, 8).
Jesús puede tardar, pero no podemos retrasar más nuestra conversión.

Pregunta 6 – ¿Qué significa la frase ‘No les conozco’?
La frase del Señor “Les aseguro que no les conozco”, es una de las más terribles de la Biblia. “Conocer” en la Biblia implica un elemento afectivo y de cariño. Así que esa frase indica la separación y la frialdad total.
Es una expresión que subraya la distancia, la interrupción de las relaciones, la no comunión entre las damas y el esposo.
Y la culpa no es del esposo, sino de las damas que no se prepararon bien para su llegada.

Despedida
Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor. Ahí cargamos las baterías para cuando llegue el Señor. La Eucaristía, celebrada en comunidad, nos llena de fuerza, de fervor, para recibir dignamente a Jesús en su venida.

FIN

Encuentros con la Palabra, por Hermann Rodríguez Osorio, S.J., Domingo XXXII Ordinario – Ciclo A (Mateo 25, 1-13) – 6 de noviembre de 2011

“(...) no saben ni el día ni la hora”

La señora Julia Morante es una campesina que estará pasando ya los ochenta abriles. Cuando la conocí, hace unos 20 años, ya viuda y con la mayoría de sus hijos e hijas casados y organizados, seguía madrugando todos los días del año, con lluvia o sin ella, festivos o laborales, a ordeñar las vacas de don Noé Mora, uno de los vecinos ricos de la vereda de Pajarito, en el municipio de Tausa, al norte de Zipaquirá. Ordeñando vacas fue como levantó a su familia en medio de la pobreza digna de los campesinos de esta zona del país. Años más tarde, recordaba a doña Julia cuando le oía decir a un humorista argentino que las vacas no dan leche... se la sacan...

Cuando llegábamos los juniores a su casa todos los fines de semana, hervía un poco de leche y nos brindaba un trozo de pan con una deliciosa taza de leche, todavía humeante. De ella aprendimos algo que en las cocinas de las ciudades no pasa de ser un pequeño incidente, desgraciadamente frecuente, pero que en el contexto de doña Julia era algo muy importante. Según una creencia generalizada entre los campesinos de estas veredas, cuando la leche hervida se riega sobre la estufa de carbón de piedra, las ubres de las vacas de cuartean y esto impide su ordeño adecuado. Por eso, doña Julia estaba muy atenta al momento en que la lecha comenzaba a subir por los bordes de la olleta que usaba para hervirla.

No hay cosa más inesperada, ni más frecuente, que la leche que se derrama sobre las estufas de este país. Si uno se queda mirando la leche, parece que nunca va a hervir. Pero basta un pequeñísimo descuido y las ubres de las vacas sufren las fatales consecuencias; además, limpiar una estufa con leche regada por todas partes, es de lo más incómodo que hay en la cocina.

Según la parábola que Jesús nos cuenta este domingo, esta es una más de las características del reino de Dios: llega sin avisar. Hay que estar preparados, porque no sabemos ni el día ni la hora. Las cinco muchachas previsoras van a esperar al novio, en medio de la noche, aperadas con suficiente aceite para las lámparas. En cambio, las cinco muchachas despreocupadas no llevaban aceite para llenar las lámparas por segunda vez. Por eso, a medianoche, cuando llegó por fin el novio, las primeras entraron a la boda, mientras que las segundas tuvieron que ir a comprar más aceite para sus lámparas. Cuando volvieron diciendo, “¡Señor, señor, ábrenos!”, no fueron aceptadas en la fiesta. Podríamos decir que ya no valió llorar sobre la leche derramada... Por eso, tenemos que estar despiertos y atentos delante de la olla de nuestra vida, como doña Julia, “porque no sabemos ni el día ni la hora”.

El Mensaje del Domingo, por Gabriel Jaime Pérez, S.J., XXXII Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A – Noviembre 6 de 2011

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, olvidaron el aceite; en cambio, las sensatas llevaron frascos de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A media noche, se oyó una voz: “¡Llega el esposo, salgan a recibirlo!”
Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: “Dennos un poco de su aceite, que se nos apagan las lámparas”. Pero las sensatas contestaron: “Por si acaso no hay bastante para ustedes y nosotras, mejor es que vayan a la tienda y lo compren”. Mientras iban a comprarlo llegó el esposo y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: “Señor, señor, ábrenos”. Pero él respondió: “Les aseguro: no las  conozco”. Por tanto, estén vigilantes, porque no saben el día ni la hora» (Mateo 25, 1-13).
De las lecturas bíblicas de este domingo [Sabiduría 6, 12-16; Salmo 63 (62), 2-8; I Carta de Pablo a los Tesalonicenses 4, 13-18; Mateo 25, 1-13] podemos sacar tres enseñanzas importantes: lo que significa la sabiduría como don de Dios para el que debemos disponernos, la conveniencia de estar preparados para el encuentro definitivo con el Señor en la eternidad, y el valor de la esperanza que tiene como base nuestra fe en Jesucristo resucitado, prenda de nuestra resurrección futura después de la vida presente.

1.- La sabiduría se deja hallar por quienes la buscan
El libro de la Sabiduría es el último en orden cronológico de los textos del Antiguo Testamento. Fue escrito hacia el año 50 a. C. y su tema central, como el de los demás llamados sapienciales (Job, Proverbios, Eclesiastés y Eclesiástico), es precisamente la sabiduría, entendida como un don de Dios que nos hace posible orientar con rectitud nuestra vida para ser felices. En los textos sapienciales, tal como aparece en la primera lectura, la sabiduría suele presentarse personificada y luminosa dispuesta a dejarse encontrar -sentada a la puerta-  por quienes la buscan, y su resplandor inmarcesible, es decir, inmarchitable o que nunca pierde su brillo.
La reflexión teológica cristiana  identifica a la Sabiduría con nuestro Señor Jesucristo, que es la Palabra encarnada de Dios y la Luz que ha venido a iluminar a todo ser humano que quiera abrirse a la acción de su Espíritu (Juan 1, 1-9). En la Eucaristía,  Jesucristo mismo nos ilumina a través de los textos bíblicos y nos comunica su propia vida en la sagrada comunión, dándonos la fuerza de su Espíritu para que nos orientemos rectamente en el camino hacia la felicidad eterna.

2.- “Manténganse vigilantes, porque no saben el día ni la hora”
Así termina la parábola de las doncellas descuidadas y las previsoras, que forma parte del llamado discurso escatológico de Jesús, referente a los últimos tiempos, o sea al momento definitivo de nuestro encuentro con Cristo después de la vida terrena, y que abarca los capítulos 24 y 25 del Evangelio de Mateo.
En los tiempos de Jesús, la tradición judía en las bodas era que un grupo de amigas de la novia esperaran al novio cerca del lugar en el que se llevaría a cabo la fiesta nupcial, en horas de la noche, para iluminarle el camino con lámparas cuando llegara. El aceite, además de servir  para preparar alimentos y para el cuidado del cuerpo, se usaba como combustible, y Jesús lo presenta como un símbolo de la verdadera sabiduría, propia de quienes están debidamente preparados mediante su comportamiento acorde con la voluntad de Dios. También hoy a nosotros nos exhorta el Señor a estar preparados, porque no sabemos el día ni la hora del encuentro con Él en la eternidad.
Un detalle: a primera vista parece chocante que las doncellas sabias que sí tenían aceite y les sobraba, no lo hubieran compartido con las que se habían quedado sin reservas. Pero si profundizamos un poco entendemos por qué no lo hicieron: ante Dios es imposible apropiarse del bien realizado por los demás, sólo cuenta lo que cada quien haya hecho o dejado de hacer en su vida terrena.

3.- “No se entristezcan como los que no tienen esperanza”
Esta frase de san Pablo en la segunda lectura de hoy, tomada de su primera carta a la comunidad cristiana de la ciudad griega de Tesalónica, tiene como fundamento la fe en la resurrección feliz de todos los que hayan muerto en gracia de Dios. De esta resurrección futura es primicia y prenda la resurrección gloriosa de Jesucristo, Dios hecho hombre que compartió con nosotros el dolor y la muerte para pasar a una vida nueva y hacernos partícipes de ella eternamente.
En virtud de esta fe pascual podemos mirar con esperanza el porvenir, los últimos tiempos a los que se refieren las parábolas escatológicas de Jesús. Cuando Pablo escribió su primera carta a los Tesalonicenses, los seguidores de Jesús creían que era inminente la “parusía” o venida gloriosa de Jesucristo en el “fin del mundo” para el juicio final, y que quienes estaban todavía vivos iban a ser testigos de ella tal como la describe el apóstol, en medio de los signos cósmicos propios del género literario llamado apocalíptico. Poco a poco esta creencia fue desapareciendo y la fe en Jesucristo resucitado se fue volviendo más madura, en el sentido de una esperanza en la vida eterna después de la muerte.
Animados por esta esperanza y estando preparados para el momento definitivo de nuestro encuentro con el Señor en la eternidad, podemos vivir alegres y confiados en todo momento,  evocando  la imagen del polluelo que se acoge en el nido bajo la protección amorosa de su madre, para exclamar con el autor inspirado del Salmo 63 (62): “A la sombra de tus alas canto con júbilo”.

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