domingo, 22 de septiembre de 2019

COMUNITAS MATUTINA 22 DE SEPTIEMBRE 2019 DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C


“Escuchen esto los que pisotean a los pobres, los que quieren suprimir a los humildes de la tierra……”
Amós 8:4
Lecturas:
1.   Amòs 8: 4 – 7
2.   Salmo 112: 1 – 8
3.   1 Timoteo 2: 1 – 8
4.   Lucas 16: 1 – 13

Las palabras del profeta Amós, primera lectura de este domingo, bien podrían ser pronunciadas en un foro mundial del Fondo Monetario Internacional o en la convención general de Odebrecht o en algún destacado evento del universo financiero del planeta. Pero, con seguridad, el profeta sería abucheado y vilipendiado por decir cosas “políticamente incorrectas”: “Escuchen esto los que pisotean a los pobres, los que quieren suprimir a los humildes de la tierra[1], empieza así la invectiva para seguir con el rosario de exigentes reclamos: “Dicen: cuándo pasará el novilunio para poder vender el grano, y el sábado para dar salida al trigo, achicar la medida y aumentar el peso, trucando balanzas para robar; para comprar por dinero a los débiles y al pobre por un par de sandalias, y vender hasta el salvado del grano?”[2]
Y remata el profeta con el recuerdo de Dios: “Lo ha jurado Yahvé por el orgullo de Jacob: jamás he de olvidar todas sus obras!”[3]
Los profetas bíblicos fueron extremadamente severos al denunciar las inconsistencias religioso-morales de sus contemporáneos. Su voz se levantó potente para desenmascarar la hipocresía de una religión formal, solemne, pomposa, que se esmeraba en los rituales pero sin demandar la conversión del corazón, manifestada  en el referente del prójimo humillado y abatido.[4]
Esa Palabra viene también poderosa y con alta capacidad de confrontación a esta sociedad mundial globalizada,  idiotizada con el consumo, enloquecida con la lógica implacable del mercado, excluyente, demoledora con los millones de poblaciones marginales del mundo. El sistema económico neoliberal, intrínsecamente perverso por su capacidad de concentrar riqueza en minorías y de crear pobreza en las mayorías, es merecedor de este debate profético.[5]
Nos referimos hoy a dos voces, similares a la de Amós: el Papa Francisco y la adolescente sueca Greta Thunberg, el uno proclamando a diestra y a siniestra la maldad del modelo que produce seres humanos descartados y descartables, y la otra haciendo conciencia de las consecuencias penosas del cambio climático, con toda su secuela de injusticia social y de destrucción del hábitat de la vida.
La voz del profeta no es cuestión lejana de arqueología bíblica, tiene plena vigencia en nuestro tiempo. Estamos anestesiados a tal punto de no conmovernos con la densidad de esta crisis? Estos problemas se nos volvieron parte del paisaje? Carecemos de capacidad para la indignación profética? Nuestra fe en Dios se encarna en estos dramas para responder a ellos “encargándonos de la realidad”, como afirmaba el mártir jesuita Ignacio Ellacuría en su filosofía de la realidad histórica?[6]
Es de extrema  gravedad moral la injusticia que se comete sistemáticamente contra las mayorías vulnerables de la humanidad. Muchos de estos explotadores se dicen religiosos y observantes de rituales, creyentes de doctrinas, pero sus arcas rebosan de dineros desiguales obtenidos a costa de la pobreza de muchísimos seres humanos: escandaloso recorte de las pensiones, salarios de hambre, maquila, contratos laborales que son toda una paparrucha seudojurídica, carencia de servicios sanitarios básicos, poblaciones enteras migrando hacia el “primer mundo”, gobernantes que desde la Casa Blanca y la oficina del Primer Ministro británico, o del palacio presidencial de Brasilia, niegan con descaro el cambio climático y promueven determinaciones para suspender la migración y abandonar a los ansiosos desplazados a la mala suerte del océano, como en Lampedusa y en otros lugares del planeta.
Somos conscientes de que la opción preferencial por los pobres y por la justicia es normativa del seguimiento de Jesús? O estamos sumergidos en una religiosidad intimista, con el facilismo propio de la nueva era, con piedades individualistas, que desentonan completamente con la Buena Noticia del Señor?
Al Papa Francisco se le oponen con rabia farisaica un grupo de cardenales y obispos decadentes respaldados por opulentos magnates del catolicismo de los Estados Unidos, acusándolo de pervertir la fe y la moral cristianas, sindicándolo de herejía y de laxitud moral. Exactamente lo mismo hicieron los sacerdotes del templo de Jerusalén y los maestros de la ley con el Señor Jesús.[7]
Como es tendencia dominante en los evangelios, en la  parábola del administrador sagaz que nos presenta hoy el relato de Lucas, Dios se nos evidencia como el único Señor al que vale la pena dedicarse por entero, porque en El se encuentran la genuina libertad y la genuina humanidad. Es, una vez màs, la afirmación contundente del principio constitutivo del reino de Dios y su justicia, como categoría determinante de un proyecto de vida trascendente, liberado y liberador.[8]
Podemos entender el texto en su contexto: la confrontación de Jesùs con los fariseos, a quienes Lucas caracteriza como avaros y siempre dispuestos a ridiculizar sus enseñanzas, haciéndole preguntas y comentarios capciosos para descubrirlo como infractor de la ley judía y contrario a sus principios y tradiciones jurídico – religiosas.
Partiendo del ejemplo del administrador astuto, de la habilidad con la que maneja su crisis con el amo,  ganándose el favor de los acreedores de este último, Jesùs nos lleva a descubrir valores que son claves para el nuevo proyecto de vida que èl propone: nosotros no somos dueños de los bienes materiales sino administradores, a  partir de una ética del compartir y de la projimidad, con la prioridad bien conocida de los pobres y excluìdos, reiteración que seguramente resulta molesta a muchos, pero que es imperativo explicitarla porque hace parte sustancial de su propuesta: “Estaban oyendo todas estas cosas los fariseos, que son amigos del dinero, y se burlaban de él. Pero él les dijo: Ustedes se las dan de justos delante de los hombres, pero Dios los conoce por dentro: y para Dios es abominable lo que los hombres consideran estimable”.[9]
El desarrollo emancipatorio del siglo XX con su afirmación del primado de la razón crìtica e ilustrada, proyectada en el conocimiento científico, se olvidò del asunto fundamental de la solidaridad y de la sensibilidad con esos otros desafíos  èticos que son los prójimos abatidos por la pobreza, por la negación de sus derechos, y se obnubilò con el progreso de la tecnología, con la lógica desmedida del mercado, y cambiò los ideales humanistas por los de un desarrollo desalmado, en cuya raíz hay una perversidad intrínseca, que es la de concentrar la riqueza en pocas manos, creando miseria y hambre en las mayorìas.[10]
 A este tipo de concepción hay que señalar crìticamente como alienación de la condición humana. Aquì se inscribe la praxis de Jesùs que denuncia la idolatrìa del dinero y  advierte sobre la pecaminosidad que allì se contiene. De ahì que èl nos diga con tanta claridad:”Ningùn criado puede servir a dos señores, porque aborrecerà a uno y amarà al otro; o bien se dedicarà a uno y despreciarà al otro. No se puede servir a Dios y al dinero” [11]
Los ídolos que quitan al ser humano su dignidad y su libertad son el dinero, el afán enfermizo de riquezas, la absolutización del poder, con lo que se pasa por encima de los seres humanos y se los instrumentaliza como medios para lograr estos fines de modo despiadado.
No caigamos en la tentación de mirar atrás en la historia para justificarnos y decir que son cosas de tiempos pasados. Para superar esa tendencia irresponsable dejemos que estas cifras nos ilustren al respecto: el 20 % de los màs ricos del planeta controlan el 83 % de la producción mundial; el 20 % de los màs ricos del planeta controlan el 81 % del gasto de energía; ese mismo 20 % , controla el 80.5 % del ahorro, ellos mismos controlan el 80.6 % de la inversión del mundo. Y también: las 350 personas màs ricas del mundo reciben en la actualidad rentas equivalentes al ingreso de 2.400 millones de seres humanos, el 45 % de la población del planeta, con el escàndalo de que estos últimos se debaten dìa a dìa entre la vida y la muerte, a causa de la miseria que genera el maligno sistema económico que domina en nuestro tiempo.[12]
Por eso, la advertencia de Jesùs, aludiendo a la astucia de ese administrador, es una invitación a cambiar totalmente nuestra manera de pensar y de sentir, no sòlo por ir a contracorriente de ese desorden, sino porque muchas veces los principios que lo sostienen tienen su argumento en creencias religiosas que ponen a Dios de parte de los ricos y de los poderosos, justificando asì la injusticia con los màs desfavorecidos. Quien quiera vivir cumpliendo la voluntad de Dios no puede hacer parte de ese juego inmisericorde.
La muy de moda “teología de la prosperidad”, fomentada por los grupos neopentecostales fundamentalistas, dice que la propiedad de grandes bienes materiales es señal de la bendición de Dios para quien los posee, porque está indicando que estas personas son fieles a su voluntad. La pobreza es, en esta perspectiva, una maldición que pone al desnudo la maldad moral de quienes la padecen.[13] Esto “explica” la presencia masiva de personas de las comunidades populares de nuestras grandes capitales latinoamericanas y africanas en estas congregaciones, que además son soporte de los regímenes políticos más conservadores del mundo, como es el caso de Estados Unidos, Brasil, Guatemala, en la actualidad.
Cuando nos dice: “Y es que los hijos de este mundo son màs sagaces con los de su clase que los hijos de la luz!”[14] nos està invitando a tener una astucia evangélica para comprometernos en un modo de vida que sea de servicio,de solidaridad, de responsabilidad ètica con los prójimos caìdos,  que demandan de nosotros una transformación radical de esa lógica de ganancia egoísta por una de fraternidad y de gratuidad.
Cada uno, en ejercicio de un discernimiento responsable, debe encontrar la manera de actuar con sagacidad para conseguir el mayor beneficio, no para el yo falseado por el egoísmo y por el dinero, sino para el verdadero ser, cuyos rasgos descansan en la entrega sin reservas al bien del prójimo, con miras a generar una cultura de la solidaridad.
Cabe asì detectar la sinceridad de nuestras intenciones y de las conductas que resultan de allí. Y esto debe remitirnos a examinar esos estilos de excesiva confianza en las cosas externas: dinero, posesiones, prestigio social, títulos, relaciones, indicadores funestos del “ser bien” que nos alejan de Dios y del hermano. Jesùs propone que seamos sagaces para deducir de allì ventajas espirituales, esas sì profundamente humanas y solidarias.
Estos criterios egoístas han hecho carrera y se han “normalizado”, hasta el punto de convertirse en notas  de identificación de la gente sensata, seria  y respetable, todo esto canonizado por la aprobación de la buena sociedad. No hace falta dar muchas vueltas para comprobar que ponemos màs interés en lo material que en lo espiritual. Asì, resulta penoso verificar que personas que han tenido acceso a una buena formación humana y acadèmica, tengan en esta materia de ética esencial y de projimidad unas mentalidades deplorables por su cortedad de miras y por su egoísmo disfrazado de sensatez, apariencias deleznables que claman al cielo!
Definitivamente, servir a dos dioses, en los términos de disyuntiva que nos presenta Jesùs, es descubrir una esencial incompatibilidad. El Dios que se nos revela en Jesùs no es un tirano programador de conciencias, ni se satisface con el servilismo y con la miseria, El es un Padre que tiene en la dignidad humana su  màs profunda y comprometedora sacramentalidad, el rostro de Dios es el del prójimo que requiere ser reconocido como humano merecedor de todo bien.
El dinero, los bienes materiales, las cosas, las posesiones, no son asuntos de exclusividad individual y de goce solitario, en esta nueva ética que surge de la Buena Noticia ellos adquieren su verdadero significado cuando se ponen al servicio de los hermanos, cuando se inspiran en una lógica de comunión y de participación.
Los altos niveles de corrupción en nuestro país: Odebrecht, cartel de la toga, malversación de los dineros destinados a la salud y a las obras públicas, los deshonestos manejos con los restaurantes escolares, el vergonzoso vencimiento de términos con el que unos jueces de decadente moralidad van liberando a los delincuentes de cuello blanco, son síntomas de un mundo enfermo, una sociedad del espectáculo plena de apariencias y miserable en sus contenidos espirituales y humanistas.
Nuestra vida no puede tener dos fines últimos, sòlo podemos tener uno. Todos los demás objetivos tienen que ser penúltimos, es decir, orientados al último y definitivo , que es el que hemos venido planteando.
A esto San Ignacio de Loyola, en el comienzo de sus Ejercicios Espirituales, denomina “Principio y Fundamento”, es el presupuesto con el que el santo inicia su propuesta de transformación en el Espíritu: “El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su ánima; y las otras cosas sobre la haz de la tierra  son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para el que es criado. De donde se sigue que el hombre tanto ha de usar dellas cuanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse dellas cuanto para ello le impiden. Por lo cual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío y no le está prohibido; en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados”.[15] Escrito con castellano y teología del siglo XVI nuestro santo nos está proponiendo el más extraordinario proyecto de vida, la referencia teologal como elemento estructurante de la existencia.
 El asunto de Jesùs reside en que pongamos todo lo que somos y tenemos al servicio de lo que vale de veras, que es – dicho escuetamente – el reconocimiento afectivo y efectivo de la dignidad humana, principalmente la de aquellos que son víctimas del sistema. Es imperativo para quien quiera tomar en serio su condición de cristiano! Amar a Dios por encima de todo equivale a amar al ser humano, asumido como prójimo, por encima de todo. Sobre esto no existen dudas.
Seguir a Jesucristo no es una religión más, como algunos han querido volverla , secuestrándole la profecía evangélica. El cristianismo es la adhesión integral del creyente a El, a su causa, a sus opciones, a sus conductas, es una pasión interpersonal y comunitaria que nos adhiere a su proyecto de plena humanidad y de plena divinidad: “Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a sí mismo como rescate por todos”.[16]




[1] Amós 8: 4
[2] Amós 8:5-6
[3] Amós 8: 7
[4] SICRE, Jose Luis. Con los pobres de la tierra: los profetas bíblicos y la justicia social. Cristiandad. Madrid, 1999.
[5] STITGLITZ, Joseph. Malestar en la globalización.  Taurus. Madrid, 2003.
[6] ELLACURIA, Ignacio. Filosofía de la realidad histórica. UCA editores. San Salvador, 1995.
[7] El conocido canal católico de TV EWTN es soterrado fortín de oposición al Santo Padre, lo hace sutilmente, también la agencia de noticias Aciprensa digital. Estos medios son financiados por grupos católicos económicamente poderosos que ven a Francisco como un peligro para la identidad del catolicismo, Tienen nostalgia del régimen de cristiandad, se rasgan las vestiduras por el magisterio cercano, evangélico, misericordioso, de Francisco. Recuerdan el caso del Sr. Galat en el canal Teleamiga?
[8] SCHYLLEEBECKX, Edward. Dios futuro del hombre. Sígueme. Salamanca, 1986.
[9] Lucas 16: 14-15
[10] VALVERDE, José María. Génesis, estructura y crisis de la modernidad. BAC. Madrid, 1998.
[11] Lucas 16: 13
[12] PNUD. Indíces e indicadores de desarrollo humano. Informe estadístico 2018. New York. Naciones Unidas, 2018. JESUIT REFUGEE SERVICE JRS. Informe anual 2018. Roma, 2018.
[13] BLOOM, Harold. La religión americana. Taurus. Madrid, 2009.
[14] Lucas 16: 8
[15] San Ignacio de Loyola. Ejercicios Espirituales. San Pablo. Madrid, 1996.
[16] 1 Timoteo 2: 5-6

domingo, 15 de septiembre de 2019

COMUNITAS MATUTINA 15 DE SEPTIEMBRE 2019 DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C


“Pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo había muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y ha sido hallado”
(Lucas 15: 32)
Lecturas:
1.   Exodo 32: 7 – 11 y 13 – 14
2.   Salmo 50: 3 – 4 y 12 – 19
3.   1 Timoteo 1: 12 – 17
4.   Lucas 15: 1 – 32
En materia religiosa lo màs grave que hemos hecho los humanos – y seguimos haciéndolo!! – es distorsionar por completo a Dios, haciendo de El una proyección de nuestros deseos e intenciones, con gran frecuencia desequilibrados, injustos y  excluyentes . Con esa visión se asignan al buen Dios la responsabilidad de agresiones homófobas, de moralismos excluyentes, de cruzadas criminales, de tiranías sin cuento.
No es en vano el trabajo  de  algunos pensadores notables que  han recogido tendencias de la humanidad para negar con vehemencia imágenes de Dios inspiradas en estos dogmatismos. Es el ateísmo surgido de los “maestros de la sospecha” como Marx, Freud, Feuerbach, Nietzsche, que se niegan a aceptar a un Dios que oprime a la humanidad, que sofoca sus tendencias naturales de gozo y felicidad, que frustra el ímpetu vital que llevamos dentro, que nos condena a castigos excesivos y despiadados.[1]
Las lecturas de este domingo, concretamente el texto del capìtulo 15 de Lucas , son una  ayuda  sólida para someter a la màs rigurosa crìtica estas concepciones  falseadas de Dios, que también conllevan concepciones  falseadas de los seres humanos en cuanto nos dejamos seducir por el egoísmo, por la intransigencia y por la incapacidad de perdonar, por la violencia ejercida sobre los demás, por utilizarlos como objetos desconociendo su dignidad, por no dar pie a la esperanza y al amor.[2]
Miremos el contexto del evangelio de hoy: “Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a èl para oìrle. Los fariseos y los maestros de la ley murmuraban: este acoge a los pecadores y come con ellos”[3] . El escueto párrafo de Lucas describe  la esperanza que suscita Jesùs en los pecadores, su tratamiento distinto y misericordioso hacia ellos, en abierto contraste con la envidia y presunción de quienes se sentían muy religiosos y estrictos observantes de la ley.
A esto,  Jesùs responde con las tres parábolas que leemos en el capìtulo 15 de Lucas, todas ellas atravesadas por la revelación del Dios misericordioso, cercano, transformador del ser humano, tan distante del justiciero implacable de muchas mentalidades religioso-morales, como las de aquellos arrogantes maestros y sacerdotes del templo.[4]
Es de notar que a la murmuración y crìtica de sus adversarios , Jesùs no responde con un ataque durísimo a su hipocresía sino contando de manera muy pedagógica las tres parábolas que insisten en el gozo inmenso del Padre por el pecador que se deja liberar de sus afecciones desordenadas, y que recibe humildemente el don de la compasión y de la misericordia.
Claramente los fariseos y similares tenìan una idea equivocada de Dios, lo asociaban con la ley, con el cumplimiento riguroso de esta, haciendo de tal lógica la estructura fundante de la religiosidad y de lo que ellos entendían como santidad,  con el aspecto correlativo de la culpabilizaciòn y castigo de quien iba en contra de este ordenamiento. Jesùs desbarata esta concepción cuando afirma la bondad absoluta de Dios para todos nosotros!
Es el esfuerzo desmedido que se simboliza en el pastor que va en busca de la oveja perdida: “Les digo que, de igual modo, habrá màs alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión” [5], o la emoción de la mujer que busca su moneda extraviada: “Les digo que, del mismo modo, habrá alegría entre los àngeles de Dios por un solo pecador que se convierta”.[6].
El Dios que se nos revela en Jesùs, Abba Padre – Madre, no es el rìgido contabilista de faltas y pecados, siempre a la cacerìa despiadada de los malvados, que establece una escala milimétrica de condenas y castigos de acuerdo al tamaño de la pecaminosidad. Este Dios , que es la esencia de lo que llamamos con esperanza Buena Noticia,  es siempre vuelto amorosamente hacia el ser humano en disposición de salvación y  de reconstrucción  de lo desfigurado por el pecado y por la injusticia.[7]
La parábola del Padre compasivo es, desde las categorías de los fariseos y de los guardianes de la ley, escandalosa y provocadora en cuanto rompe los ídolos de toda religión, frutos de los intereses egoístas que pretenden manipular a la divinidad. El Dios de Jesùs se identifica con cada una de sus creaturas haciéndolas partìcipes de todo lo que El es. A la apertura evangélica que conocemos en el papa Francisco, dispuesto a volver por los fueros de un Evangelio de misericordia y reconciliación, se oponen un grupo de cardenales y obispos, de furioso y neurótico moralismo. Son las conductas fundamentalistas de estos deplorables representantes de religiosidades enfermizas.
Son tres las actitudes que encontramos en la parábola:
-      La del hijo menor que queriendo ser libre rompe con el hogar paterno: “Pocos días después, el hijo menor lo reunió todo y se marchò a un país lejano, donde malgastò su hacienda viviendo como un libertino” .[8]
-      La del Padre compasivo que se puso dichoso por el retorno del hijo y ordenò la celebración de una fiesta para festejar el retorno al hogar: “Traigan el novillo cebado, màtenlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mìo había muerto y ha vuelto a la vida; se había perdido y ha sido hallado”. [9]  
-      La del hermano mayor que manifiesta su inconformidad y envidia porque a su hermano, malo y pecador, le hacen tal festejo: “Hace muchos años que te sirvo y jamàs dejè de cumplir una orden tuya. Sin embargo, nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos. Y ahora que ha venido ese hijo tuyo que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para èl el novillo cebado”. [10]
Con la sabia sencillez de este lenguaje metafórico, Jesùs nos induce a considerar en cuàl actitud estamos, en què Dios confiamos, cuàles son las implicaciones del mismo para nuestra vida, y nos lleva a descubrir un Padre -  Madre que nada tiene que ver con el vasallaje servil, con el juez meticuloso que investiga y condena, con el autoritario que defiende su gloria por encima de todo. Es un Dios que no es “autorreferencial”, como dice Francisco, un Dios que no sabe de pedestales sino de encuentros y abrazos saturados de misericordia!
En el camino de crecer en nuestra humanidad esta Palabra nos propone con hondura la  lógica salvadora del Dios de Jesùs, genuina sustancia del cristianismo, en esta hora de nuestro país cuando vivimos el accidentado proceso de paz que supone toda la capacidad de perdón y de reconciliación para emprender un nuevo dinamismo social donde no estemos empeñados en apropiarnos de la vida, bienes y conciencia de los demás, sino en aventurarnos en la tarea de construir un país incluyente, reconocedor de derechos y dignidades, y capaz de poner punto final a esta dramática historia de violencia. La exigencia de perdón y de reconciliación se hace un imperativo, aunque grupos políticos de derecha y de izquierda no entiendan los alcances de esta nueva manera de convivencia social.[11]
El Dios de Jesùs es don absoluto y total. De esto es testigo Pablo, y asì lo testimonia en su carta a Timoteo, segunda lectura de este domingo: “Doy gracias a aquel que me revistió de fortaleza, a Cristo Jesùs, Señor nuestro, que me considerò digno de confianza al colocarme en el ministerio, a mì que antes fuì un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Pero encontrè misericordia porque obrè por ignorancia cuando no era creyente. Pero la gracia de nuestro Señor sobreabundò en mì….”. [12]
Pablo, fariseo de pura cepa, implacable en su persecución a los primeros discípulos de Jesùs, representante de ese estilo religioso autojustificado y desbordado de vanidad moral y ritual, es desarmado y trastocado en sus convicciones cuando se encuentra con esta evidencia ilimitada de misericordia y amorosa cercanìa. La historia de la conversión de Saulo-Pablo demuestra   que  es Dios quien toma la iniciativa, El busca, pone las cartas sobre la mesa, irrumpe gratuitamente, sorprende, siempre a nuestra disposición  para darnos la mejor y màs saludable posibilidad de vida resignificada por la misericordia.
Si somos capaces de entrar en esta comprensión ,  cambiarà nuestra idea de los “buenos” y de los “malos”. El no nos ama porque seamos buenos, simplemente lo hace porque somos sus creaturas, por esto El lo apuesta todo por nosotros. La bondad, este orden de cosas, es porque Dios està en nosotros , muy a menudo a pesar de nosotros mismos. Esta es la gran manifestación de su total gratuidad!
En el relato del Exodo – primera lectura de hoy – encontramos buenas pistas para respaldar este gozoso descubrimiento. Dios “se hace” el que va a castigar al pueblo por su dedicación a la idolatrìa, por querer manipularlo y someterlo a sus intereses. Ante esto,  Moisès, sabedor de las entrañas amorosas de Yavè, intercede para que se descubra su realidad misericordiosa: “Abandona el ardor de tu cólera y arrepiéntete de la amenaza contra tu pueblo”.[13]
Moisès tiene  firme seguridad en la misericordia de Dios y, siendo responsable de este pueblo que va por el desierto, no desecha el compromiso que tiene con su gente, aùn a pesar del pecado y del alejamiento. Esta misma disposición es la que està presente todo el tiempo en Jesùs, cuya vida es toda para esta causa del amor ilimitado y de la mano tendida para rehacer al ser humano de su desvarìo.
El mundo de todos los tiempos de la historia, con sus penosas narrativas de imperios destructores, de totalitarismos inmisericordes,[14] de modelos políticos y económicos que despojan al ser humano y a la naturaleza de su vitalidad, de campos de concentración y de torturas, de mentalidades religioso morales que someten al ser humano a culpabilidades que sofocan su ilusión de vivir, de funestos comportamientos que, en nombre de pretendidas institucionalidades y ordenamientos morales, destruyen la libertad del prójimo y legitiman sus dictaduras poniendo a Dios como soporte de las mismas, es una negativa palpable de las posibilidades liberadoras que se nos comunican en el Dios revelado en Jesús
Dios solo puede amar, el perdón en El significa que su amor no acaba cuando nosotros fallamos, como pasa entre los humanos, que nos apartamos de alguien porque deshace los vínculos establecidos. La autèntica revolución del cristianismo, del seguimiento de Jesùs, es esta gratuidad que no sabe de lìmites, este amor apasionado por la humanidad, este terco empeño en perdonarnos y darnos siempre la oportunidad de la vida trascendente y libre del desamor.
En las parábolas de la misericordia Jesús ofrece una clara ruptura, una contestación revolucionaria a las intransigencias políticas y religiosas de los Bolsonaros y los Trumps que pretenden someter al género humano a las veleidades de su soberbia excluyente. Y con ellos los maestros de la ley y los fariseos, ignorantes totales en materia de amor.



[1] TORRALBA, Francesc. Los maestros de la sospecha. Fragmenta Editorial. Barcelona, 2006.
[2] ARIAS, Juan. El Dios en quien no creo. Sígueme. Salamanca, 1977.
[3] Lucas 15: 1-2
[4] PAOLI, Arturo. La perspectiva política de San Lucas. Siglo XXI editores. México D.F., 1973; FITZMYER, Joseph A. El evangelio según San Lucas. Cristiandad. Madrid, 2018.
[5] Lucas 15: 7
[6] Lucas 15: 10
[7] Papa Francisco. El nombre de Dios es misericordia: una conversación con Andrea Tornielli. Planeta. Barcelona, 2015.
[8] Lucas 15: 13
[9] Lucas 15: 23-24
[10] Lucas 15: 29-30
[11] De ROUX, Francisco José. La audacia de la paz imperfecta. Ariel. Bogotá, 2018.
[12] 1 Timoteo 1: 12-14
[13] Exodo 32: 12
[14] Recordamos la fina ironía de la película de Charles Chaplin: El gran dictador. Una crítica poderosa al que en ese entonces era el más ignominioso de los regímenes totalitarios, el nacional-socialismo de Adolfo Hitler. ARENDT. Hannah. Los orígenes del totalitarismo. Alianza Editorial. Madrid, 2006.

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