domingo, 12 de febrero de 2012

Pistas para la Homilía, por Jorge Humberto Peláez S.J., TIEMPO ORDINARIO – DOMINGO VI B (12-febrero-2012)

1. Lecturas:
a. Levítico 13, 1-2. 44-46
b. I Carta de san Pablo a los Corintios 10, 31-11, 1
c. Marcos 1, 40-45

2. Jesús sorprendía continuamente a sus contemporáneos pues su comportamiento rompía muchos de los prejuicios existentes. En el evangelio de este domingo, Marcos nos presenta la escena en la que Jesús cura a un leproso y, para sorpresa de todos, se atrevió a tocarlo. Como lo escuchamos en la primera lectura, tomada del Antiguo Testamento, los portadores de esta enfermedad eran excluidos de la vida social y la gente los evitaba. La cruel discriminación de la que eran víctimas era producto de una explosiva combinación de factores tales como la ignorancia sobre el origen de las enfermedades y las modalidades de trasmisión, así como una equivocada interpretación de la enfermedad como castigo de Dios.

3. Teniendo como punto de referencia la situación de los leprosos bíblicos, los invito a reflexionar sobre un tema que reviste gran complejidad; exploremos el trasfondo de los diversos tipos de discriminación que tienen un común denominador: la negación de los derechos humanos fundamentales. Estos atropellos se dan en todas las épocas y las motivaciones son múltiples: raciales, religiosas, culturales, de género, de preferencia sexual, por causa de enfermedades, etc.

4. Ciertamente nos aterramos cuando leemos las atrocidades de la Inquisición, de la esclavitud, del apartheid en Suráfrica, o de los campos de exterminio de los nazis. Nos escandalizamos con las violaciones "macro" de los derechos humanos; y no nos damos cuenta de los numerosos atropellos e intolerancias que manifestamos en la vida diaria. Nos proclamamos como seres abiertos, civilizados, plurales, democráticos, pero todo esto desaparece cuando nos sentimos afectados en nuestra intimidad o implica nuestro entorno familiar… Tenemos que reconocer que somos factores de discriminación y que tenemos los prejuicios sociales a flor de piel, los cuales se expresan en la primera oportunidad.

5. Ciertamente, la ignorancia es caldo de cultivo que permite la proliferación de afirmaciones erróneas que pudieron servir de apoyo a crueles discriminaciones; recordemos, por ejemplo, las afirmaciones sobre la superioridad de la raza blanca que se utilizó para someter a millones de seres humanos por parte de las potencias coloniales en América, Asia, África y Oceanía.

6. Es cierto que los medios de comunicación pueden divulgar mensajes que invitan a la tolerancia y a la apertura de mente. Sin embargo, las solas campañas publicitarias no son suficientes; si queremos ir a la raíz de los prejuicios y discriminaciones, debemos trabajar en la formación ética de la sociedad, de manera que la dignidad sagrada del ser humano sea el eje de todas las instituciones para que se respeten los derechos humanos fundamentales.

7. El desafío está en tener una nítida escala de valores. Pierde el rumbo la sociedad que, olvidándose de sus ciudadanos, establece otras prioridades y, en lugar de promover la salud, la educación y el bienestar del pueblo, invierte sus recursos en armas o en proyectos estrafalarios que sólo buscan alimentar el ego de sus dirigentes.

8. Si queremos avanzar en el reconocimiento de los derechos humanos fundamentales y erradicar las discriminaciones, hay que comprometerse con una ética pública que garantice unos espacios para todos, que proteja los derechos, en particular aquellos de los más vulnerables, y que tenga la posibilidad real de castigar a quienes actúen contra la justicia y la equidad, pretendiendo imponer sus intereses particulares sobre el bien común.

9. Una ética pública, comprometida con los derechos humanos, reconoce y valora las diferencias como generadoras de ricas dinámicas sociales. En una sociedad democrática, el debate se alimenta de la diversidad de propuestas para la organización política, económica y social. La diversidad hace posible explorar diversos enfoques y soluciones.

10. La primera lectura, tomada del libro del Levítico, y el texto del evangelista Marcos tienen como protagonistas a los enfermos de lepra, que eran víctimas de la peor discriminación. Sus familiares y amigos los rechazaban. Jesús, superando los prejuicios, no solo conversó con el enfermo sino que se atrevió a tocarlo y así le devolvió la salud.

11. Los prejuicios y las discriminaciones se van transmitiendo de generación en generación. Aunque el avance de la ciencia logra corregir muchas interpretaciones equivocadas sobre, por ejemplo, el origen de las enfermedades, es necesario ir más allá y promover una formación ética que tenga como centro la dignidad humana, la igualdad de todos los seres humanos y el respeto por los derechos humanos. Con su ejemplo, Jesús nos enseñó la inclusión en todas sus dimensiones.

jpelaez@javerianacali.edu.co

domingo, 5 de febrero de 2012

Algo para pensar y orar en esta semana

¿No surge una cierta primavera en nuestras oraciones? Quizás porque en primavera podemos respirar más hondo, una vez que el invierno y sus días helados se han ido. El tiempo empleado en orar refresca nuestros cuerpos y nuestros espíritus. Aunque todos los tiempos y todas las estaciones son obra de Dios, nunca podremos poner límites a sus obras; la primavera puede volver a encantar nuestras vidas con la juventud y la novedad que el Creador otorga a cada día. La primavera no llega sin dificultades: para los árboles que se preparan para florecer, sus ramas sufren el dolor del desgarro de sus cortezas al paso de los nuevos brotes. También sucede que hay brotes que no sobreviven.
La oración nos ofrece la oportunidad de profundizar nuestra bienvenida y nuestra apertura a Dios. Ésa es la tarea de la oración: a veces será fácil cumplirla; otras veces será cuesta arriba… ¿No es cierto que todo desafío que se enfrenta en nombre del amor tiene su propia y dulce amargura? Hay un dejar de cosas que atesoramos, para hacer espacios para cosas mejores. Cada apertura al amor es una apertura a la inmensa bendición de Dios Creador. Igual que la primavera, nuestra oración nos trae una cierta gentileza y calidez, la gentileza y cordialidad de Dios. El que ora es, en secreto, alimentado en su ser interior. La savia de la vida divina los recorre libre y totalmente, y les permite enfrentar más generosamente lo que el amor les demandará..

DIÁLOGOS sobre el Evangelio del Domingo, por José Martínez de Toda, S.J., Domingo 5B: La suegra de Pedro, 5 febrero 2012

Especialmente para radio
Todo el mundo te busca (Marcos 1, 29-39)

Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio… (Se presentan los participantes).
El Evangelio del domingo de hoy cuenta cómo Jesús curó a varios enfermos, incluyendo a la suegra de Pedro. Escuchémoslo.

Lectura del santo evangelio según San Marcos (Marcos 1, 29-39)

NARRADOR/A - En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.
La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.
Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron:
SIMÓN PEDRO"Todo el mundo te busca".
JESÚS"Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar allí también; que para eso he salido".
NARRADOR/AAsí recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

Pregunta 1 - ¿Dónde ocurrió la curación de la suegra de Pedro?
Eso ocurrió en Cafarnaún, junto al mar de Galilea.
Jesús había vivido de niño y de joven en Nazaret, pero ahora hace de Cafarnaún su hogar.
Era sábado. Jesús había estado por los pueblos enseñando y curando enfermos. Esa mañana llegó a Cafarnaún e inmediatamente se fue a la Sinagoga. Allí la gente comentaba que enseñaba con autoridad, y vio cómo expulsó un espíritu malo.
A mediodía va a la casa de Simón Pedro, donde él vivía.
Pero se encontró con que la suegra de Pedro estaba enferma.
Jesús se acerca, la toma de la mano y "la fiebre la dejó". Y ella se puso a servirles (Marcos 1,31).

Pregunta 2 – Es curioso que recién curada se puso a servirles. ¿Qué hay detrás de este dato?
Había un grupo de mujeres que "seguían y servían [a Jesús] cuando estaba en Galilea" (Marcos 15, 41). Ellas eran, por tanto, discípulas y "diaconisas" en la primera comunidad de seguidores de Jesús. Quizá la suegra de Pedro era una de esas discípulas y servidoras de Jesús, que después fueron con Él hasta la cruz: un grupo fiel, servicial y comprometido.
Esta actitud de servicio, adoptada en primer lugar por las mujeres, contrasta con la actitud cómoda y egoísta de los hombres, que se pelean por los primeros puestos y ansían el poder en el grupo (cf. Marcos 9,33-34; 10, 35-37). En el Evangelio las mujeres sirven más que los hombres. A ellos Jesús tiene que enseñarles que quien quiera ser el más grande y el primero, tiene que ser el servidor [diakonos] de todos. Así se parecerán al Maestro, que no vino a ser servido sino a servir (Marcos 10,45).
La suegra de Pedro, una vez sanada, se puso el delantal y les sirvió. La esencia del seguidor es el servicio. Jesús es el ideal de mi búsqueda.
Las noticias de las curaciones de Jesús se riegan por Cafarnaún, y al atardecer, cuando acaba el descanso sabático, traen a los enfermos adonde está Jesús, para que los sane. Y Jesús curó a muchos.
El entusiasmo y el agradecimiento de la gente es indescriptible.
Cafarnaúm estaba conmocionada: «La población entera se agolpaba» en torno a Jesús. Todo el mundo hablaba de él.
Jesús tiene que descansar en la noche. Pero Él se levanta temprano, todavía estando oscuro, entre las tres y las seis de la mañana, mucho antes del amanecer y va a orar.

Pregunta 3 ¿Por qué? ¿No debería descansar para poder seguir caminando, predicando y atendiendo a los enfermos?
Cuando nos paseamos por la calle, vemos a las personas, celular en mano, comunicándose con sus papás, amigos, novios, compañeros de trabajo... Hay una necesidad imperiosa de estar conectados.
Para Jesús, Dios Padre es lo más importante. De Él depende su Misión. Él lo orienta sobre lo que tiene que hacer en la tierra. Por eso Él ora.
<Necesita estar a solas con su Padre. No quiere dejarse aturdir por el éxito. Sólo busca la voluntad del Padre: conocer bien el camino que ha de recorrer.
Sorprendidos por su ausencia, Simón y sus compañeros corren a buscarlo. No dudan en interrumpir su diálogo con Dios. Sólo quieren retenerlo: «Todo el mundo te busca». > (Pagola).
Hay un tono de reproche en la declaración ‘todos te buscan’. Como si Jesús hubiera errado, al buscar tiempo para orar a solas. Como si le dijeran: “Ya habrá tiempo de sobra para orar, pero en este momento está la gente, mucha gente, que está ilusionada por verte”.
El ministerio de Jesús es nuevo, y los discípulos están emocionados por tanta multitud que lo busca ansiosa. Le quieren decir: “¡Ven, Jesús! ¡El deber llama! ¡Oportunidades como ésta no aparecen todos los días! Puedes orar mañana. Ven ahora y encárgate de esta multitud”.
Es la tentación del triunfalismo, del éxito y del espectáculo. Pero ése no es el camino de Jesús.
Jesús no se deja programar desde fuera por el entusiasmo popular. Sólo piensa en el proyecto de su Padre. Nada ni nadie lo apartará de su camino.
Hay aldeas que todavía no han escuchado la Buena Noticia de Dios: «Vamos… para predicar también allí».
La oración es comunicación con Dios, es el lenguaje del amor.
El mundo de Jesús es su Abba, su padre, y la oración es su celular, su medio de conexión con Dios. La oración es la manera de decir a su Padre “Me importas, te quiero”.
También a nosotros nos conviene abrir el corazón de par en par a Dios. En la mañana darle gracias por el nuevo día. Pedirle fuerza para enfrentarse a la vida. Pedirle sabiduría para hacer su voluntad. Pedirle amor para encajar las pedradas y sentir compasión por los necesitados.
En medio de su intensa actividad de profeta itinerante, Jesús cuidó siempre su comunicación con Dios en el silencio y la soledad. Jesús solía retirarse de noche a orar.

Pregunta 4 – ¿Cómo aplicar esto al momento actual?
Hay teólogos, predicadores y catequistas, que hablan mucho de Dios, pero hablan poco con Él. No saben estar a solas con el Padre. Caen en el activismo, el desgaste y el vacío interior. Asisten a muchas reuniones de trabajo, pero les cuesta retirarse a descansar en la presencia de Dios y llenarse de su paz.
Necesitamos tener la fuerza espiritual necesaria para enfrentar tantos problemas que nos rodean.
Afortunadamente, hoy día en el cristianismo contemporáneo se va despertando la necesidad de cuidar más la comunicación con Dios, el silencio y la meditación, la vida contemplativa, la oración. (Pagola)
Para ello hay varios modelos: los Ejercicios Espirituales en retiro o en la vida corriente, la Lectura Orante de la Biblia, etc.
Jesús nos invita no sólo a buscarle sino a imitarle. Quiere que cualquier día nuestro sea como el de Él: con el celular de la oración, la predicación de la palabra y de la vida, y el servicio a los demás.
Hay una bella poesía sobre el servicio. Es del poeta Rabindranath Tagore (de la India). Se titula “Dormía y soñaba”. Dice así:
<Yo dormía, y soñaba que la vida era alegría.
Desperté, y vi que la vida era servicio.
Serví, y vi que el servicio era alegría> (R. Tagore)
Despedida
Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor. Nosotros buscamos a Jesús como los de su tiempo. Lo buscamos para curarnos, para recibir orientación, para saber qué hacer en cada momento. Lo buscamos y Él está allí.

FIN

Encuentros con la Palabra, por Hermann Rodríguez Osorio, S.J., Domingo V del tiempo ordinario – Ciclo B (Marcos 1, 29-39) – 5 de febrero de 2012

“De madrugada, cuando todavía estaba oscuro …”

Cartas del diablo a su sobrino es un libro que escribió el irlandés C. S. Lewis en 1941. Recoge la correspondencia entre el diablo, anciano y retirado, y su sobrino, que está cumpliendo su primera misión con un ‘paciente’. En uno de sus capítulos, el sobrino le ha contado a su tío que ha logrado que su víctima, que es un inglés, sienta un gran odio hacia los alemanes, con quienes están en plena Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, el tío, experimentado y sabio, le dice a su inexperto sobrino: “... eso es bueno hasta cierto punto. Pero suele ser una especie de odio melodramático o mítico, dirigido hacia cabezas de turco imaginarias. Nunca ha conocido a estas personas en la vida real”. Un poco más adelante, el diablo aclara a su sobrino cuál es el principio que debe seguir a la hora de suscitar un odio verdaderamente eficaz:

“Hagas lo que hagas, habrá cierta benevolencia, al igual que cierta malicia, en el alma de tu paciente. Lo bueno es dirigir la malicia a sus vecinos inmediatos, a los que ve todos los días, y proyectar su benevolencia a la circunferencia remota, a gente que no conoce. Así, la malicia se hace totalmente real y la benevolencia en gran parte imaginaria. No sirve de nada inflamar su odio hacia los alemanes si, al mismo tiempo, un pernicioso hábito de caridad está desarrollándose entre él y su madre, su patrón y el hombre que conoce en el tren. Piensa en tu hombre como una serie de círculos concéntricos, de los que el más interior es su voluntad, después su intelecto, y finalmente su imaginación. Difícilmente puedes esperar, al instante, excluir de todos los círculos todo lo que huele al Enemigo [en este caso está hablando de Dios]; pero debes estar empujando constantemente todas las virtudes hacia fuera, hasta que estén finalmente situadas en el círculo de la imaginación, y todas las cualidades deseables [es decir los defectos] hacia dentro, hacia el círculo de la voluntad. Sólo en la medida en que alcancen la voluntad y se conviertan en costumbres no son fatales las virtudes (...)”.

El evangelio de san Marcos nos presenta hoy a Jesús comenzando su actividad apostólica por la casa de sus amigos: “Cuando salieron de la sinagoga, Jesús fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre. Se lo dijeron a Jesús, y él se acercó, y tomándola de la mano la levantó; al momento, se le quitó la fiebre y comenzó a atenderlos”. No podemos desconocer, sin embargo, que también recorría otras poblaciones: “Así que Jesús andaba por toda Galilea, anunciando el mensaje en las sinagogas de cada lugar y expulsando a los demonios”.

“La buena caridad empieza por casa” dice el adagio popular. No significa esto que también acabe allí, pero sí es importante saber dónde comienza. La estrategia del mal, como nos recuerda Lewis en su libro, es que vayamos viviendo las virtudes en los círculos más alejados de nuestra voluntad, es decir en la imaginación; y, por el contrario, que vivamos los defectos en los círculos más cercanos a nuestra voluntad y en nuestras relaciones cotidianas. Cuando amemos mucho a los que viven lejos y, por el contrario, vivamos unas relaciones conflictivas y problemáticas con las personas que tenemos más cerca, tenemos que preguntarnos si el ‘sobrino’ del diablo no nos está ganando la pelea.

Hermann Rodríguez Osorio es sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
Si quieres recibir semanalmente estos “Encuentros con la Palabra”, puedes escribir a  herosj@hotmail.com pidiendo que te incluyan en este grupo

El Mensaje del Domingo , por Gabriel Jaime Pérez, S.J., V Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo B – Febrero 5 de 2012

Al salir de la sinagoga de Cafarnaúm, Jesús fue con  Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre. Se lo dijeron a Jesús, y él se acercó, y tomándola de la mano la levantó; al momento se le quitó la fiebre y comenzó a atenderlos. Al anochecer, cuando ya se había puesto el sol, llevaron todos los enfermos y endemoniados a Jesús, y el pueblo entero se reunió a la puerta. Jesús sanó de toda clase de enfermedades a mucha gente y expulsó a muchos demonios; pero no dejaba que los demonios hablaran, porque ellos lo conocían.
De madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó y salió de la ciudad para ir a orar a un lugar solitario. Simón y sus compañeros fueron en busca de Jesús, y cuando lo encontraron le dijeron: Todos te están buscando. Pero él les contestó: Vamos a los otros lugares cercanos; también allí debo anunciar el mensaje, porque para esto he salido. Así que Jesús andaba por toda Galilea, anunciando el mensaje en las sinagogas de cada lugar y expulsando a los demonios. (Marcos 1, 29-39).
Hoy el Evangelio nos describe lo que en términos periodísticos podría llamarse “Un día en la vida de Jesús”. Se trata de la Jornada de Cafarnaúm, que destaca varios aspectos de su vida cotidiana. Reflexionemos sobre ellos en el orden correspondiente al transcurso de un día, y tratemos de aplicarlos a nuestra propia vida teniendo en cuenta también los demás textos bíblicos de este domingo [Job 7, 1-7; Salmo 147 (146); 1 Corintios 9, 16-23].

1.- La oración de cada día
“Se levantó de madrugada, fue al descampado y allí se puso a orar”. La jornada de Jesús comienza con la oración lejos del bullicio. Él sabe que, para atender eficazmente a quienes necesitan de Él, debe ponerse en comunicación con Dios Padre y alimentar su naturaleza humana con la fuerza del Espíritu Santo, de modo que esta energía divina actúe con un poder sanador y transformador a través de sus hechos y palabras.
Los evangelios nos presentan a Jesús no sólo para que lo conozcamos internamente como nuestro Salvador, sino también para que sigamos su ejemplo. Y Él nos da ejemplo de oración. También nosotros necesitamos espacios de silencio interior para escuchar lo que Dios nos dice a través de su Palabra y de los acontecimientos cotidianos, reflexionar sobre nuestros logros, dificultades y proyectos, darle gracias por los dones recibidos, poner en sus manos nuestros problemas, como también nuestros proyectos y propósitos, todas nuestras intenciones y acciones del día, y pedirle que nos dé la energía necesaria para que nuestra vida sea productiva de acuerdo con su voluntad. Por eso es importante que dediquemos un rato diario a la comunicación con Dios a través de la meditación y la oración. Por ejemplo podemos leer el texto del Evangelio del día, que encontramos en internet al escribir “lecturas bíblicas” y a continuación la fecha y el año correspondiente, o buscando también en la red el “Espacio Sagrado” que nos ofrece una guía para la meditación diaria sobre el mismo Evangelio.

2.- La comunicación de la Buena Noticia
El Evangelio nos presenta a Jesús predicando y enseñando incansablemente, aprovechando todas las oportunidades que se le ofrecen para comunicar la “Buena Noticia”, el mensaje de salvación que Dios Padre le ha encomendado anunciar.  Por eso no se contenta con hablarles a unos pocos, sino que su vida es un constante andar por donde viven tanto judíos como paganos, invitándolos a todos a recibir la buena nueva del Dios-con-nosotros, cercano, amigo, bondadoso, compasivo.
En la segunda lectura el apóstol san Pablo dice que él tiene la misión ineludible de predicar la buena nueva de Jesucristo: “Ay de mí si no anuncio el Evangelio”. También nosotros estamos llamados a proclamarlo de palabra y de obra, procurando llenar de alegría, esperanza y optimismo a las personas con las que tratamos, convivimos y trabajamos.

3.- La acción sanadora
Las curaciones realizadas por Jesús tienen por objeto mostrar que en Él se hace presente el Reino de Dios, es decir, el poder del Amor infinito que es Él mismo: un poder sanador, no sólo de las dolencias físicas sino también de las espirituales, de todas las fuerzas negativas que le impiden al ser humano realizarse plenamente. Esto es lo que significa la frase con la  cual el evangelista resume los milagros de Jesús: “curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios”.
La primera lectura de hoy, tomada del libro de Job en al Antiguo Testamento, expresa la realidad del sufrimiento provocado por la enfermedad, incomprensible para la razón humana cuando le sobreviene al hombre justo, y que por lo mismo sólo puede ser aceptado y asumido desde la fe. Jesús es consciente de esta realidad que viven tantos seres humanos, y con su acercamiento a los enfermos muestra que en Él se revela un Dios capaz de compasión, es decir, de con-dolerse de los que sufren, y que es reconocido en el salmo responsorial [Salmo 147 (146)] como Aquél que “sana los corazones destrozados”.
Para Jesús el encuentro con los que sufren es la ocasión no sólo de hablarles, sino también de actuar para el bien  de ellos. Por eso el apóstol Pedro, cuya suegra fue curada por Jesús tal como lo relata este mismo evangelista, diría en uno de sus discursos consignados en el libro de los Hechos de los Apóstoles: “Jesús pasó haciendo el bien  y sanando a todos los que sufrían bajo el poder del diablo; y esto pudo hacerlo porque Dios estaba con él” (Hechos 10, 37-38). El poder del diablo es, en el lenguaje bíblico, la fuerza del mal de la que sólo Dios puede liberarnos.
¿Y nosotros? ¿Nos contentamos sólo con hablar, o a ejemplo de Jesús nos esforzamos por mostrar lo que decimos y proclamamos con hechos concretos a favor de nuestros prójimos? Ojalá después de nuestra existencia en este mundo pudiera decirse de nosotros algo similar a lo que dijo el apóstol san Pedro de su Maestro, y que también puede aplicarse a tantas personas que han seguido su ejemplo: “pasó haciendo el bien”.-

Pistas para la Homilía, por Jorge Humberto Peláez S.J., TIEMPO ORDINARIO – DOMINGO V B (5-febrero-2012)

1. Lecturas:
a. Libro de Job 7, 1-4. 6-7
b. I Carta de san Pablo a los Corintios 9, 16-19. 22-23
c. Marcos 1, 29-39

2. En estos primeros capítulos de su evangelio, Marcos nos presenta un anticipo de lo que será la vida apostólica de Jesús. En el texto seleccionado por la liturgia de hoy identificamos claramente tres componentes: en primer lugar, las curaciones que realiza Jesús, siendo la suegra de Pedro el personaje que más se destaca; en segundo lugar, el tiempo que Jesús dedica a la oración; y, finalmente, algunas observaciones sobre su predicación.

3. Los invito, entonces, a que iniciemos nuestra meditación dominical con las curaciones milagrosas, en particular la de la suegra de Pedro:
a. El evangelista Marcos nos sugiere el contexto: Jesús había terminado una intensa mañana de trabajo en la sinagoga; allí había explicado los textos sagrados, había respondido a las inquietudes religiosas de los miembros de la comunidad y, sin temor a equivocarnos, había escuchado algún comentario tendencioso inspirado por sus críticos.
b. Terminada la reunión, Simón Pedro y su hermano Andrés invitaron a Jesús y a los colaboradores más cercanos a su casa; era la hora de descansar y comer algo.
c. Al llegar a la casa se enteraron de la enfermedad de la suegra de Simón Pedro, que tenía fiebre; el texto evangélico nos habla del síntoma y no de la causa de la dolencia.

4. Conviene recordar que los escritos de los evangelistas están centrados en la persona de Jesús, dejando a un lado circunstancias particulares de los personajes que lo rodeaban; pensemos en san José, esposo de Maria y padre legal de Jesús; a pesar de ser un personaje importantísimo en la historia de la salvación, solo es mencionado en los primeros relatos del nacimiento y de la infancia, y después desaparece silenciosamente. Esto nos permite entender la falta de información sobre el entorno familiar del apóstol.

5. En este contexto de absoluta discreción sobre la vida privada de los protagonistas, el evangelista Marcos nos narra la curación de la suegra de Pedro:
a. Jesús ya había terminado su trabajo y quería descansar; pero al llegar, le informaron que la señora estaba enferma.
b. ¿Qué hizo? “Él se acercó, y tomándola de la mano, la levantó; en ese momento se le quitó la fiebre”. Jesús, que había devuelto la salud a otros miembros de la comunidad, no fue indiferente ante la preocupación que tenía Simón Pedro, uno de sus más cercanos colaboradores.
c. Es interesante la reacción de esta mujer al ver que recuperaba las fuerzas: “Se puso a servirles”; las acciones concretas son más elocuentes que los discursos; por eso el agradecimiento de ella se expresó en servicio.

6. Además de esta curación, que Jesús realizó en un contexto privado, atendió las necesidades de quienes lo buscaban; por eso el evangelista Marcos nos dice que “curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios”.

7. Siguiendo el relato del evangelista Marcos, ¿qué otras actividades registramos en la agenda de Jesús aquel sábado? Después de devolver la salud de estos enfermos y de un merecido descanso, se retiró a orar:
a. En medio de su intensa actividad apostólica, Jesús dedicaba largas horas a la oración, dialogando con su Padre, cuya voluntad era la inspiración de su predicación.
b. Una sólida vida interior es el alimento esencial para el trabajo apostólico. El anuncio de Jesús resucitado debe ser expresión de una vivencia honda de oración; en caso contrario, estaremos pronunciando palabras vacías; recordemos que “de la abundancia del corazón hablan las palabras”.

8. Después de orar, Jesús regresó al grupo de sus compañeros apostólicos, quienes le dijeron: “Todos te andan buscando. Él les dijo: Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio”.

9. ¿Por qué lo buscaban? En medio de la diversidad de situaciones personales, podemos suponer que se acercaban en búsqueda de la salud del cuerpo y del espíritu; sus palabras tocaban las fibras más hondas; les traía paz, iluminaba sus interrogantes y les ofrecía esperanza.

10. La búsqueda de sentido es una de las necesidades más apremiantes del ser humano; en nuestros tiempos, internet y sus poderosos “motores de búsqueda” no son capaces de dar respuesta a las preguntas sobre la felicidad, lo que hay más allá de la muerte, el amor y la esperanza.

11. Es hora de terminar nuestra meditación dominical. Acerquémonos confiadamente a Jesús, que cura las enfermedades físicas y las tristezas del alma, que es maestro de vida interior y quien, a través de sus enseñanzas, nos muestra el camino del sentido de la vida y de la felicidad.

jpelaez@javerianacali.edu.co

domingo, 29 de enero de 2012

¿Cómo enterrar los sueños?

"¿Cómo enterrar los sueños, los deseos, las metas, en la tierra de lo concreto, donde acaso nada brote? ¿Cómo  sepultar la voz que lucha por hacerse oír? ¿Cómo encarnar sin sucumbir al miedo? Verbos difíciles que hablan de renuncia, de sacrificio, de entrega. ¿Cómo cargar con la cruz ingrata, austera, desnuda, que a veces te sepulta bajo su peso insoportable? Pero tú vuelves fecundo el suelo antes estéril. Contigo y a tu manera, echan raíz las historias enterradas y brota un árbol frondoso, cuyos frutos saciarán mil hambres. Tu verbo habla de amor, de encuentro, de una alianza indestructible. Y aunque no siempre se vea, los crucificados dejarán las cruces, vencedores, al fin, en esa batalla que es la vida."

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