domingo, 13 de mayo de 2012

Pistas para la Homilía, por Jorge Humberto Peláez S.J.,PASCUA – DOMINGO VI B (13-mayo-2012)

1. Lecturas:
a. Hechos de los Apóstoles 10, 25-26. 34-35. 44-48
b. I Carta de san Juan 4, 7-10
c. Juan 15, 9-17

2. Jesús Resucitado confía a sus seguidores la tarea de llevar la Buena Noticia de la salvación a todos los pueblos. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos ofrece una excelente visión de conjunto de la actividad misionera de la primera comunidad cristiana, con sus éxitos y fracasos, las acogidas entusiastas y las persecuciones.

3. Ciertamente, la comunidad asumió con entusiasmo el mandato misionero. Pero ponerlo en práctica fue difícil, porque suponía liberar el mensaje cristiano de los condicionamientos que le imponían las raíces y el entorno judío. No fueron pocas las tensiones que se vivieron dentro de la comunidad apostólica.

4. Esta tensión que la Iglesia vivió desde sus orígenes, la sigue acompañando a lo largo de toda su historia. El diálogo entre la fe cristiana y las diversas culturas es un tema de la mayor importancia. El texto de los Hechos de los Apóstoles que nos propone la liturgia de este VI Domingo de Pascua tiene como protagonista al Apóstol Pedro quien, acompañado de un grupo de creyentes convertidos del Judaísmo, visita en su casa a un oficial romano, llamado Cornelio. Se trata de un caso muy interesante para reflexionar sobre la evangelización y la diversidad cultural.

5. Pedro y sus acompañantes descubren una realidad nueva; el texto nos dice que Pedro hizo un público reconocimiento: “Ahora caigo en la cuenta de que Dios no hace distinción de personas”. La comitiva que lo acompañó en esta visita vivió una experiencia importante: “Los creyentes judíos que habían venido con Pedro, se sorprendieron de que el don del Espíritu Santo se hubiera derramado también sobre los paganos”.

6. La primera comunidad cristiana provenía exclusivamente del Judaísmo; este era su origen, en él se inspiraba su educación, y su tradición religiosa hundía sus raíces en la Ley y los Profetas. Aunque acogía de manera incondicional el mandato misionero universal, tenía dificultades culturales para dar el paso de abrirse a otros horizontes:
a. Los seres humanos nos sentimos seguros cuando nos movemos en unos espacios culturales conocidos, pues estamos familiarizados con las personas, las situaciones, los símbolos. Es natural que experimentemos lo desconocido como una amenaza pues nos sentimos despojados de las seguridades.
b. A esto se añade la carga emocional de los prejuicios. Una cosa es explorar lo desconocido con curiosidad e interés, y otra cosa es hacerlo habiendo asumido unas posiciones previas que nos van a quitar la objetividad. Los seres humanos tendemos a encasillar a los demás en juicios simplistas e injustos; por ejemplo, afirmamos que “todos los costeños son…”, “todos los paisas son…”, todos los venezolanos son…”, todos los argentinos son…”. Estos prejuicios van acompañados de un orgullo malsano sobre lo propio y el desprecio de lo ajeno.

7. Estas reflexiones nos permiten hacer referencia a un capítulo muy sensible en la historia del Cristianismo, que es el trabajo evangelizador llevado a cabo por los misioneros que acompañaban a los ejércitos de las potencias coloniales (España, Portugal, Inglaterra, Francia, Holanda, Alemania, etc.) Esta alianza entre la espada de los conquistadores y la cruz de los misioneros tiene momentos muy oscuros porque, con frecuencia, significó el atropello de los derechos humanos y la destrucción de ricas tradiciones culturales.

8. Teniendo como telón de fondo estas experiencias históricas sobre la evangelización, debemos preguntarnos cómo abordar hoy el antiguo y siempre nuevo reto de anunciar el Evangelio en un mundo marcado por la diversidad:
a. El relato de los Hechos de los Apóstoles nos ofrece pistas valiosas; el Dios que se ha revelado en Jesucristo no tiene antipáticas preferencias; por eso el apóstol Pedro exclama: “Ahora caigo en la cuenta de que Dios no hace distinciones de personas”. La oferta de salvación es totalmente abierta: “Acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que fuere”. En consecuencia, haríamos mal si quisiéramos establecer unos filtros que Dios no quiere… El Espíritu Santo no actúa dentro de un formato determinado por nosotros.
b. El mandato misionero universal nos exige estudiar cuidadosamente las particularidades culturales de los grupos a los cuales vamos a acompañar. Por ejemplo, si voy a trabajar con jóvenes, debo conocer sus intereses, su música, sus gustos, su lenguaje; si voy a trabajar con personas de la tercera edad, debo conocer sus temores, sus expectativas, su forma de razonar.

9. La misión que el Señor Resucitado confía a su Iglesia exige un esfuerzo gigantesco para comunicar, de manera pertinente y comprensible, los misterios de la fe y la propuesta del Reino. Por eso no es posible trasladar formatos preestablecidos que pudieron funcionar en un contexto particular, pero que se vuelven incomprensibles en otras circunstancias. La evangelización exige una gran creatividad.

10. El mandato misionero universal de anunciar a Cristo Resucitado en un mundo marcado por la diversidad exige el respeto de las tradiciones; muchas veces utilizamos expresiones despectivas simplemente porque no conocemos las raíces que nutren determinadas expresiones culturales. Hagamos nuestras las palabras de san Pedro. “¿Quién puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo lo mismo que nosotros?”

sábado, 12 de mayo de 2012

Clarita Sarmiento Nova: Feliz Cumpleaños‏

Este domingo 13 de mayo es el cumpleaños 59 de nuestra entrañable CLARITA SARMIENTO NOVA (1953-2011), y es también el Día de la Madre. Doble motivo para hacer un recuerdo amoroso y agradecido de ella, de su generosa vida, de la dignísima manera como  hizo frente a su enfermedad y de la serenidad con la que pasó a la plenitud de Dios, el 3 de diciembre pasado.
 
Recuerdos todos bellos por su hidalguía, por todas las bondades con las que ella nos prodigó. Inmejorable hija de José Antonio e Inesita, hermana incondicional de Antonio José, Juan Manuel, Javier Mauricio, Ximena, Josefina, esposa firme de José y madre tierna de Alejandro y de Laurita. Todos nos unimos en una plegaria de bendición para agradecer al Señor el don de su vida, su presencia entre nosotros es clara, como su nombre, y su mensaje el de su exquisita humanidad.
 
Si bien es doloroso el desprendimiento de su cercanía física por esa familiaridad que la hacía estar pendiente de todos nosotros, también existe la certeza incuestionable de su vida plena en Dios, conforme a la esperanza que inspiró su vida, y que se hizo particularmente evidente durante los meses de su fragilidad física. Una creyente de tiempo completo en el Dios Padre que nos ha revelado Jesucristo, en quien ella vive ahora en su bienaventurada eternidad.
 
Es hermoso recordarla en cada momento y musitar una constante oración de gratitud. Ella está feliz, con nuestros padres queridísimos, hay que decir que los añoraba mucho, ahora su añoranza se convirtió en inagotable intimidad de Dios.
 
También sabemos que hacen parte de este agradecimiento y recuerdo todos nuestros queridos familiares y sus muchos y buenos amigos. Con todos Ustedes seguimos muy reconocidos por amar a Clarita y por haberse manifestado tan afectuosos y solidarios con nosotros.
 
Abrazos mil y bendiciones en nombre de ella y de toda la familia Romero Sarmiento y Sarmiento Nova.

 








Antonio José Sarmiento Nova,S.J.

martes, 8 de mayo de 2012

El Mensaje del Domingo , por Gabriel Jaime Pérez, S.J., V Domingo de Pascua, Ciclo B – Mayo 6 de 2012



Durante la cena pascual, la víspera de su pasión, Jesús les dijo a sus discípulos: "Yo soy la vidverdadera, y mi Padre es el que la cultiva. Si una de mis ramas no da uvas, la corta; pero si da uvas, la poda y la limpia para que dé más. Ustedes ya están limpios por las palabras que les he dicho. Sigan unidos a mí, como yo sigo unido a ustedes. Una rama no puede dar uvas de sí misma, si no está unida a la vid; de igual manera, ustedes no pueden dar fruto, si no permanecen unidos a mí. Yo soy la vid, y ustedes son las ramas. El que permanece unido a mí, y yo unido a él, da mucho fruto; pues sin mí no pueden ustedes hacer nada.
El que no permanece unido a mí, será echado fuera y se secará, como las ramas que se recogen y se queman. Si ustedes permanecen unidos a mí y fieles a mis enseñanzas, pidan lo que quieran y se les dará. En esto se muestra la gloria de mi Padre, en que den mucho fruto y lleguen así a ser verdaderos discípulos míos”(Juan 15, 1-8).
El Evangelio de hoy tiene como trasfondo la Canción de la Viña o cultivo de uvas, escrita ocho siglos antes de Cristo por el profeta Isaías (I5, 1-7) para referirse a la acción amorosa de Dios que cuida de su pueblo como el viñador lo hace con la vid. Esta misma imagen es evocada ahora por Jesús para exhortar a sus discípulos a permanecer unidos a Él. Reflexionemos sobre esta exhortación, teniendo en cuenta también los demás textos bíblicos de este domingo [Hechos de los Apóstoles 9, 26-31; Salmo 22 (21), 26b-28.30-32; 1ª Carta de Juan 3, 18-24].

1. “Yo soy la vid verdadera (…) y ustedes son las ramas
La expresión Yo soy empleada por Jesús (Yo soy la luz del mundo - Yo soy la puerta - Yo soy el buen pastor - Yo soy la resurrección y la vida - Yo soy el camino, la verdad y la vida - Yo soy el pan de vida - Yo soy la vid - Yo soy, el que habla contigo, como le dice a la Samaritana cuando ella le pregunta por el Mesías -Cuando ustedes hayan levantado en alto al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo soy -, o simplemente Yo soy, como les responde a quienes llegan a apresarlo en el huerto de Getsemaní) es en el Evangelio de Juan una referencia al nombre con el que se le había revelado Dios a Moisés: Yo soy el que soy (Éxodo 3, 14), que es lo que traduce el nombre hebreo Yahvé.
Lo que Dios es se manifiesta en la forma como actúa, y esta acción la expresan en los textos bíblicos varias metáforas, entre ellas la imagen del viñador o cultivador que llena de todos sus cuidados la planta que él mismo sembró, y la figura de lavid verdadera que da las mejores uvas para la producción del mejor vino, con la cual Jesús se identifica prometiendo que quienes estén unidos a Él, como las ramas al tronco, darán mucho fruto.
Hay en este pasaje del Evangelio un detalle significativo: Jesús dice que al que da fruto lo limpia -o en otras traducciones lo poda- para que dé más fruto. Esto quiere decir que, en el proceso de crecimiento espiritual que implica nuestra unión o comunión con Él, debemos estar dispuestos a experiencias de purificación para arrancar de nosotros los apegos o afectos desordenados que nos impiden dar frutos de buena calidad.

2. “Quien permanece unido a mí da mucho fruto”
El fruto resultante de permanecer con Jesús es la vivencia del amor, gracias a la cual la  Iglesia primitiva, la comunidad primera de quienes creyeron en Jesús resucitado, tenía paz y crecía espiritualmente, como lo dice la primera lectura (Hechos 9, 31), cumpliendo el mandamiento por el cual eran reconocidos sus seguidores, como Él lo había dicho y lo repetiría en el mismo Evangelio (Ámense unos a otros como yo los he amado… En esto conocerán los demás que ustedes son mis discípulos: Juan 14, 34-35; 15, 12.17) y como lo recalca la segunda lectura (Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: 1 Juan 3, 23).
Ya ustedes están limpios, dice Jesús. En efecto, todo el proceso formativo de sus discípulos ha implicado una purificación inicial, pero ésta debe continuar porque las tendencias desordenadas no desaparecen en forma automática, y por ello es necesario reforzar constantemente la conexión con Él. Ahora bien, para estar y permanecer unidos a Jesús tenemos que dejarnos vivificar por la savia que Él quiere comunicarnos: su Espíritu Santo, que nos mueve a escuchar y comprender la Palabra de Dios en la oración individual y comunitaria, y a conectarnos con la vida resucitada de Jesús en la comunión eucarística.
La idea de estar en unión con Jesús, que aparece siete veces en el pasaje del Evangelio de hoy,  constituye el núcleo del mensaje de este domingo y nos da una clave importante para examinarnos, preguntándonos: ¿Qué he hecho, qué hago y qué debo hacer para permanecer conectado a Jesús?

3. “Si permanecen unidos a mí y fieles a mis enseñanzas, pidan lo que quieran…”
¡Ama y haz lo que quieras! San Agustín de Hipona (siglo IV d.C.) expresó con esta frase el sentido de lo que Jesús les dice a sus discípulos en la última parte del pasaje evangélico de hoy. Es frecuente la queja de quienes se sienten desatendidos por Dios porque no oye sus peticiones o parece no tenerlas en cuenta. Lo que ocurre tal vez es que, quienes así se quejan, por una parte no han cumplido la condición que indica Jesús -si permanecen unidos a mí y fieles a mis enseñanzas-, y, por otra, no han entendido que la oración hecha como es debido nos dispone a pedir lo que nos conviene para nuestra vida espiritual y eterna, que es muy diferente de lo que corresponde a nuestros afectos desordenados.
Invoquemos entonces especialmente en este mes de mayo la intercesión de María Santísima, para que, como decía san Ignacio de Loyola, ella misma por obra y gracia del Espíritu Santo nos ponga con su Hijo, es decir, nos mantenga unidos a Él de tal modo que nuestra vida sea productiva y podamos dar frutos de amor, de justicia y de paz.-

 

DIÁLOGOS sobre el Evangelio del Domingo, por José Martínez de Toda, S.J., Domingo 5B Pascua: Vid, 6 mayo 2012


“Sin mí Ustedes no pueden hacer nada” (Jn 15, 1-8)


Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio… (Se presentan los participantes).
El Evangelio del domingo de hoy nos presenta la alegoría de la vid y los sarmientos. La vid es una planta muy apreciada, pues ella produce las uvas, y de ellas viene el vino. Jesús se compara a la vid, y quiere que nosotros los sarmientos nos mantengamos unidos a Él, si queremos producir frutos de verdadero amor. Escuchemos el Evangelio.

Lectura del santo evangelio según San Juan (Juan 15, 1-8)

NARRADOR/A – En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo poda para que dé más fruto.
Ustedes están limpios por las palabras que les he hablado; permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí.
Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí no pueden hacer nada.
Al que no permanece en mí, lo tiran fuera, como al sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.
Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pedirán lo que deseen y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que ustedes den fruto abundante; así serán discípulos míos.




Pregunta 1 – Aquí Jesús se compara con una vid. ¿Por qué?
Jesús se está despidiendo de sus discípulos y les quiere dar un consejo, que no se les olvide. Para ello utiliza una alegoría muy gráfica: Él se compara con la vid.
La vid es un arbolito con sarmientos o ramas, que produce uvas y de ellas se hace el vino. Pero para ello hace falta que los sarmientos estén bien unidos a la vid.
El viñador es Dios Padre, que cuida personalmente la viña para que dé fruto abundante.
La vid es Jesús. La vid (con cepas y troncos) es como la madre y el padre, que engendran vida. Jesús nos dice: “Yo soy la vid”, es decir, yo soy la vida. “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.
Y los sarmientos somos nosotros, que vivimos de la savia que nos llega de Jesús.
Necesitamos la savia, es decir, la gracia, el amor, la vida, el Espíritu comunicado por Jesús.
El fruto será la construcción del Reino de Dios, es decir, hacer realidad el proyecto divino de hacer un mundo más humano y feliz para todos.

Pregunta 2 – ¿Y cuál es el problema?
Hay sarmientos secos por los que no circula la savia de Jesús.
Hay vides no cuidadas, que dan uvas agrias (Salmo 79; Is 5)
La viña necesita ser muy cuidada por el viñador. Él corta la hierba alrededor de la vid, le echa azufre y veneno para matar la peste. Quita las ramas improductivas, pues roban la fuerza de la planta.
En algunos casos se necesita la poda: arrancar de nuestra vida todo lo inútil, todo lo dañino, lo que nos impide ver a Dios como Padre, lo que nos impide ver a las personas como hermanos.
Hay quienes no dan frutos, porque no corre por sus venas el Espíritu del Resucitado. Son las comunidades cristianas que languidecen desconectadas de su persona.
Por eso Jesús hace una afirmación cargada de intensidad:
“Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí solo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes darán fruto, si no permanecen en mí. Sin mí no pueden hacer nada”.

Pregunta 3 – ¿Qué se necesita para ser de veras cristiano?
No basta con estar bautizado.
<Ser cristiano exige hoy una experiencia vital de Jesucristo, un conocimiento interior de su persona y una pasión por su proyecto> (Pagola).
No basta el «folklore» religioso. Necesitamos seguir a Jesús, tener su pasión por un mundo más humano, alimentar en nuestros grupos, redes, comunidades y parroquias el contacto vivo con él.
En la unión con Jesús está la fuerza.
Es lo que nos ocurre con el aire. No podemos funcionar físicamente si se nos corta el aire que respiramos. Estar desconectado de Jesús es ser cortado de la fuente de la vida.
Es lo que ocurre también con la electricidad. Podríamos decir que Jesús es la planta eléctrica, y nosotros los bombillos. Para que se haga la luz en la casa, tenemos que estar conectados a Jesús.
Lo mismo ocurre con el Internet. Necesitamos estar conectados a la Banda Ancha para poder enviar y recibir mensajes de Facebook, Twitter y correos electrónicos.
Que nunca nos falte la conexión con el Internet de Jesús.
Hoy nos visita el misionero Jesús en nuestra pequeña casa y nos dice: "Tienen que estar conectados conmigo. Tienen que vivir una vida centrada en Mí. No pueden producir frutos, si no permanecen en mí".

Pregunta 4 – ¿Todos los cristianos están conectados con Jesús?
Son muchos los que están desconectados: quieren brillar por su cuenta, entienden la religión a su manera, se conectan con Dios sólo para mendigar en los tiempos difíciles…
Todos estos no se dejaron podar por Dios. Nunca fueron parte de la viña de Dios.
Pero aún estamos a tiempo:
Primero, tenemos que eliminar los bombillos quemados: nuestros egoísmos y soberbias.
Pero, además, somos recargables, si estamos conectados a Cristo. Somos recargables por la energía, el poder, el amor y el espíritu de Cristo. Y así como una batería recargada da luz y pone en movimiento un carro, así también una vida cristiana recargada con el amor de Dios produce los frutos del amor, de la fe y de la esperanza.

Pregunta 5 – ¿Qué significa estar conectados con Jesús?
Es estar con Él allí donde Él está:
-En la comunidad, en la oración comunitaria (“Donde haya dos o tres reunidos en mi nombre, allí estaré yo con ustedes”), Nuestra oración será más exitosa, si estamos unidos a Él. Jesús lo garantiza: “Si estuvieran en mí, y mis palabras estuvieren en ustedes, pidan todo lo que quieran, y les será concedido” (v. 7). Tenemos un gran poder, pero solo mientras nos mantengamos conectados a la fuente del poder.
- En el servicio a los demás, especialmente en los más pobres,
- En los Sacramentos, especialmente en la Eucaristía. En la Comunión reconocemos que él es la fuente de nuestra energía y de nuestro vivir. En el culto.
- En la escucha atenta y madura del Magisterio de la Iglesia,
- En la oración personal, en los Ejercicios Espirituales, en la Lectura Orante de la biblia, en la contemplación agradecida de la creación.
- Al reconocer que Él está fielmente con nosotros, acompañándonos en los momentos difíciles y en los alegres.

Pregunta 6 – ¿Cómo se conocerá si estamos conectados con Jesús?
“Por los frutos los conocerán”, dijo Jesús.
Nosotros, los bautizados en Cristo, somos ramas o extensiones que llevamos la savia de Cristo a los hermanos, y damos los mismos frutos de Jesús.
Pablo menciona los frutos del Espíritu Santo, que son: amor, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. (Gálatas 5:22). Podemos añadir la comprensión, misericordia, justicia, perdón, solidaridad.
Me pregunto: ¿Mi vida produce frutos de vida?

Despedida
Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor, para que realmente demos fruto de amor. Ir a Misa es estar conectados con Jesús. Y así daremos los frutos del Espíritu Santo: amor, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, y templanza, como dice S. Pablo en su Carta a los Gálatas (5:22).

FIN

Encuentros con la Palabra, por Hermann Rodríguez Osorio, S.J., Domingo V de Pascua – Ciclo B (Juan 15, 1-8) – 6 de mayo de 2012


“Yo soy la vid y ustedes son las ramas”


Desde los orígenes de los tiempos, los seres humanos hemos aprendido que unidos podemos sobrevivir más tiempo y tener una mejor calidad de vida. Estar separados y enfrentados, es el primer síntoma de la desaparición de una organización humana. Por eso los pueblos se han ido organizado de distintas formas y han creado estructuras, cada vez más amplias, de convivencia humana: tribus, pueblos, naciones, países, Estados...

Incluso, recientemente, los pueblos y las naciones, que lucharon en otras épocas con tanta convicción por su independencia, han ido caminando hacia estructuras de unión supranacional, dejando atrás diferencias que antiguamente parecían insalvables. Estas formas nuevas de organización social han tratado de respetar las identidades particulares de cada pueblo, es verdad, pero buscan la supervivencia particular en la posibilidad de la supervivencia común. “O vivimos todos, o aquí no vivirá nadie”, parecen decirse entre ellos. Claro que todavía hay demasiados pueblos y naciones, es decir, seres humanos de carne y hueso, pero sobretodo de hueso, que quedan por fuera de estos planes de unión de los poderosos de este mundo, y se ven, cada vez más, condenados a la desaparición.

En las Reducciones jesuíticas que se crearon en el siglo XVII al sur del continente americano, entre los indígenas que habitaban esas tierras, el mayor castigo que recibía una persona, era ser apartado de la comunidad, es decir, civilmente hablando, ser excomulgado. Ellos sabían, perfectamente, que en esas selvas inhóspitas, era imposible vivir estando separados de la comunidad. El que recibía este castigo, prácticamente, estaba condenado a morir.

Este mismo principio de la supervivencia social, funciona en el ámbito de la vida en todas sus expresiones: los microorganismos, las plantas, los animales, la vida misma, se sostiene y crece, gracias a una dinámica de sinergias y alianzas. Sin el apoyo de unos a otros, ningún organismo vivo, puede seguir siendo tal. Esto es lo que quiere señalar la comparación que nos presenta Jesús en el Evangelio de hoy. No hay que ser un agricultor muy experto para saber que una rama, desprendida del tronco, no puede dar frutos. Todos sabemos, incluso, que si la rama se separa del tronco, se muere... Jesús señala así la cualidad que debe caracterizar a sus seguidores, si quieren participar de su vida, como Él participa de la vida de Dios: O nos mantenemos unidos a Jesús, o no podremos dar fruto, porque la vida de Dios se muere en nosotros.

Permanecer unido es estar con otro allí donde él está; participar con él de lo bueno y de lo malo; acompañarlo en todo momento y disfrutar de su cercanía. Jesús nos invita no sólo a estar unidos a él en los ratos de oración, más o menos generosos, o en las celebraciones en las que participamos con alguna regularidad. Nos invita a estar unidos a él en todo lo que hacemos; a buscar y hallar su presencia a cada instante, en cada paso que damos, en cada acción que emprendemos, en cada decisión que tomamos. Permanecer unidos a Él en la vida toda, en los momentos de pasión y en los tiempos de resurrección. Sólo así, como los pueblos, podremos seguir viviendo y no desaparecer...

Hermann Rodríguez Osorio es sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
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