“En la tierra de Zabulón y Neftalí, junto al mar, más allá del río Jordán, en Galilea, donde viven tantos gentiles, la gente que estaba en la oscuridad ha visto una gran luz”
(Mateo 4: 15-16)
Lecturas:
Isaías 8: 23 a 9:3
Salmo 26
1 Corintios 1: 10-17
Mateo 4: 12-23
Jesús no fue predicador doctrinal teórico, ni sacerdote reformador de la religión, ni maestro penitente con deseos de imponer obligaciones rituales y morales a sus seguidores. En él lo que predomina es su condición de profeta urgido y apasionado por el reino de Dios, pasión que para él era inminente. Este elemento es clave para poder captar y asumir la esencia de su mensaje que conocemos con el nombre de Buena Noticia-Evangelio. Dentro de esta oferta – que tiene la pretensión de ser sentido definitivo de vida para quienes la acogen – es fundamental su énfasis primero en la reivindicación de los seres humanos destruídos por la injusticia, por la humillación, por el pecado, por la exclusión social, por la pobreza, por todo lo que menoscaba su dignidad y su felicidad. 1 Y, en general, su pasión salvífica por el ser humano, siguiendo con plena fidelidad la misión que le ha confiado el Padre.
Jesús es todo lo mejor para el ser humano, él mismo es alternativa de vida, seguirle no es adherirse a una ideología religiosa, se trata de enamorarse de él, de su causa, de su programa, a esto San Ignacio de Loyola en los ejercicios espirituales lo llama “conocimiento interno del Señor”, esta es una experiencia espiritual profunda que va más allá de lo doctrinal para ser un encuentro íntimo y personal con Jesús, sintiendo su amor y presencia en la propia vida, lo que lleva a amarlo y seguirlo más auténticamente, como un proceso de interiorización y respuesta a su llamado , reconociendo su obra en uno mismo y en el mundo. En el texto de los Ejercicios Espirituales, en la contemplación de la encarnación, San Ignacio propone al ejercitante: “Demandar lo que quiero, será aquí demandar conocimiento interno del Señor, que por mí se ha hecho hombre, para que más le ame y le siga”. 2
En esta profecía él revela el rostro de misericordia y compasión , esencia de la personalidad del Padre Dios, revela así mismo el valor fundante del ser humano y de la vida, y deja claro que en su humanidad se manifiesta la divinidad, con su condición salvadora y liberadora, promesa también de divinización para nosotros, los humanos. 3
Esta promesa y su consecuente realización son el contenido de la Palabra de este domingo. Jesús comienza su misión tomando como referencia los signos de los tiempos: “Cuando oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea. Pero dejó Nazaret y fue a residir en Cafarnaúm…..”4. El sometimiento del que es víctima Juan el Bautista lo inquieta, lo interpreta como una injusta intervención del poder político romano y del poder religioso judío, reacciona en contra de este proceder , y hace de esa denuncia parte integrante de su ministerio, como lo hará siempre en adelante, para dejar claro que no es voluntad de Dios someter la libertad de quienes quieren afirmar la primacía de la dignidad humana.
Afirmar siempre el valor de cada persona es nota distintiva del reino que Jesús anuncia y realiza. La presencia de Jesús en la historia es la significación mayor de un Dios que lo apuesta todo por la plenitud de hombres y mujeres, por el sentido de sus vidas, por su salvación y liberación de toda opresión, como la causada por el pecado y por el mismo egoísmo de seres humanos cuyo corazón está cerrado a esa trascendencia. Tiene, al mismo tiempo, incidencia decisiva en la salvación-liberación históricas apuntando a la consumación plena cuando pasemos la frontera de la muerte. 5
Particularmente se fija en quienes están desencantados, carentes de ilusión, frustrados, fracasados. El ministerio jesuánico consiste en restablecer – en nombre de la paternidad-maternidad de Dios – la pasión de vivir en amor y en libertad. 6 Jesús realiza un anuncio que conmociona, anima la esperanza en una nueva manera de vivir: “Conviértanse porque el reino de los cielos ha llegado”7. El carácter concreto de la praxis que él adopta no es la de transformar las relaciones él mismo directamente, sino la de invitar a otros a integrarse a ese proyecto: “Caminando por la ribera del mar de Galilea, vió a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Les dijo: vengan conmigo, y los haré pescadores de hombres. Ellos dejaron las redes al instante y le siguieron”8.
La vocación a esa dinámica de conversión – metanoia se dice en griego, que significa cambio de mentalidad y de rumbo en la vida, una nueva manera de ser y de hacer – no está limitada a una determinada “casta religiosa” como ordinariamente se entiende en cierto tipo de catolicismo tradicional, los sacerdotes y las religiosas. Es un llamamiento que Jesús hace a todo ser humano que quiera ser plenamente tal para ser plenamente divino, es un camino de máxima humanización cuyo correlato determinante es la máxima divinización. 9 Es querer de Dios que todos seamos así.
En este camino hay diversidad de dones-carismas, todos orientados a lo mismo: establecer el reino de Dios y su justicia, una novedad cualitativa que hace al hombre un bienaventurado, que estructura las relaciones entre las personas en clave de solidaridad-fraternidad, que no impone doctrinas ni coarta la libertad, que ofrece a esta la posibilidad de decidir en discernimiento su deseo de crecer en esta perspectiva.10
No hay un escalafonamiento de “vocaciones” de mayor a menor, de superior a inferior, la paternidad-maternidad de Dios revelada en Jesús es la fuente de una igualdad-dignidad que es inherente a cada ser humano, cada uno recibe del Espíritu una determinada gracia especializada que lo conduce a la construcción de la comunión de los discípulos del reino: “Los exhorto, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que sean unánimes en el hablar, y no haya entre ustedes divisiones; a que estén unidos en una misma forma de pensar y en idénticos criterios”. 11
No consiste esta invitación de Pablo en un unanimismo acrítico sino en una convergencia en torno a lo fundamental, es decir, el reino de Dios y su justicia. Y la tarea que se desprende de aquí es a abrir mentes y corazones, a sanar a los heridos en la injusta guerra de la vida, a hacer tomar conciencia del valor de lo humano, a difundir la vitalidad liberadora de Dios, a reconocer con amor lo diferente y a incluírlo en la mesa que El sirve para todos en igualdad de condiciones.12
Mateo presenta las señales de este nuevo orden de cosas: “Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando las enfermedades y dolencias de la gente”. 13. El trabajo principal es transformar el corazón humano, hacer posible que descubra a Dios padre-madre como el experto en hacerlo nuevo todo, conduciendo a que los seres humanos depongamos los intereses personales, a que veamos a los otros como coequiperos en el camino de la vida, no como competidores o adversarios, a que cultivemos la convicción de que la diversidad de estilos y mentalidades es una riqueza que hace posible una mayor densidad en el bien común, a que el poder no medie nuestros vínculos, sino el servicio y la cultura de la solidaridad.
La voluntad de Dios es la felicidad del ser humano, de esto tiene Jesús total claridad y a eso es a lo que entrega su vida, se refiere siempre al Padre y lo traduce en la donación de sí mismo al prójimo abatido por la infelicidad y la injusticia.
La referencia de la primera lectura, del profeta Isaías, se inscribe en esta perspectiva de la nueva vida de Dios: “El pueblo que andaba a oscuras percibió una luz cegadora. A los que vivían en tierra de sombras una luz brillante los cubrió. Acrecentaste el regocijo, multiplicaste la alegría: alegría por tu presencia, como la alegría en la siega, como se regocijan repartiendo botín”. 14 La manifestación de Dios en la historia es el crédito mayor para las esperanzas de la humanidad. 15
El profeta alude aquí a los deportados del norte del país de Palestina los habitantes de Samaría, que fue destruída en el año 722 a.c por el ejército asirio. Estos lenguajes de los profetas bíblicos hay que verlos siempre en su contexto histórico y social, ellos no pronuncian vanas retóricas, sus palabras siempre están alentando la esperanza del pueblo en medio de circunstancias adversas, que no han de convertirse en tragedias definitivas. De Dios vienen siempre el sentido pleno de la vida, la libertad, la convivencia justa, la paz. 16
En Jesús esa esperanza se vuelve realidad, historia, posibilidad, alternativa de vida y de sentido para muchos. Es tarea de la Iglesia significar con eficacia el ministerio de Jesús y hacerlo vigente en cada momento de la historia, su misión no es anunciarse a sí misma ni estructurarse como una entidad de poder religioso, sino como la define el Concilio Vaticano II, sacramento universal de salvación: “Cristo, elevado de la tierra, atrajo a sí a todos los hombres. Al resucitar de entre los muertos, envió su Espíritu de vida a sus discípulos y por medio de El constituyó a su cuerpo, la Iglesia, como sacramento universal de salvación”. 17
Todo el ser y quehacer de la Iglesia debe estar en función de este carácter, hacer palpable el reino de Dios y su justicia, significar con eficacia sacramental al Señor Jesucristo, acoger a todos los seres humanos, ser una Iglesia en salida – como la refiere el Papa Francisco - ejercer una luminosidad que dé esperanza y garantía a la humanidad, no imponer disciplinas ni dogmas con autoridad vertical, ser comunidad que hace evidente la fraternidad de los hijos de Dios, convertirse siempre, ser casa de todos, ser luz en la oscuridad, como Jesús.
Antonio José Sarmiento Nova, SJ
1 CASTILLO, José María. El reino de Dios: por la vida y la dignidad de los seres humanos. Desclée de Brower. Bilbao, 1999. BOFF, Leonardo. Jesús, un hombre de extraordinario buen sentido, fantasía creadora y orginalidad. En Jesucristo el Liberador. Ensayo de cristología crítica para nuestro tiempo. Sal Terrae. Santander, 1994; páginas 95-112. SOBRINO, Jon. La centralidad del Reino de Dios en la Teología de la Liberaación.. En ELLACURÍA, Ignacio; SOBRINO, Jon (Editores) Mysterium Liberationis. Conceptos fundamentales de la Teología de la Liberación. Volumen 1. UCA Editores. San Salvador,2008; páginas 467-510. AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. Jesús anuncia el Reino de Dios y nos revela un Dios Padre entrañable y misericordioso. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 8 de noviembre de 2011. PIKAZA, Xabier. Estrategia mesiánica, un proyecto de reino. En Historia de Jesús. Verbo Divino. Estella, 2013; páginas 135-325.
2 SAN IGNACIO DE LOYOLA. Ejercicios Espirituales número 104. San Pablo. Madrid, 1996. BRACKLEY, Dean. Espiritualidad para la solidaridad. Nuevas perspectivas ignacianas. UCA Editores. Universidad Centroamericana José Siméon Cañas. San Salvador, 2010.MARTIN, James. Más en las obras que en las palabras. Una guía ignaciana para (casi) todo. Sal Terrae. Santander, 2011. RAMBLA BLANCH, Josep M. Una manera de estar en el mundo. Relectura de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. Mensajero. Bilbao, 2020. ESTRADA, Juan Antonio. Los ejercicios de Ignacio de Loyola. Vigencia y límites de su espiritualidad. Desclée de Brower. Bilbao, 2019.
3 KASPER, Walter. La misericordia: clave del evangelio y de la vida cristiana. Sal Terrae. Santander, 2014. SOBRINO, Jon. El principio misericordia. UCA Editores. Universidad Centroamericana José Siméon Cañas. San Salvador, 2012. SEVILLA, Cristóbal. La misericordia de Dios en tiempos de crisis. Verbo Divino. Estella, 2023.
4 Mateo 4: 12-13. PAPA JUAN PABLO II. Carta Encíclica Dives in Misericordia Rico en Misericordia. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1980.
5 ALFARO, Juan. Esperanza cristiana y liberación del hombre. Herder. Barcelona, 1975. AYEL, Vincent. Qué significa salvación cristiana? En https://www.mercaba.org/FICHAS/ESCATO/657-8.htm GELABERT BALLESTER, Martín. Vivir la salvación. Así en la tierra como en el cielo. San Pablo. Madrid, 2006. RUIZ DE LA PEÑA, Juan Luis. Creación, gracia, salvación. Sal Terrae. Santander, 1993.
6 CASTILLO, José María. Dios y nuestra felicidad. Desclée de Brower. Bilbao, 2001. ROVIRA BELLOSO, Josep María. Dios, plenitud del ser humano. Sígueme. Salamanca, 2013. PANIKKAR, Raimon. La plenitud del hombre. Una cristofanía. Siruela. Madrid, 1999. MATAS GARCÍA, María Ascensión. El hombre, un ser finito , con anhelo y nostalgia del Infinito. En Scripta Fulgentina Año XXXII números 63-64; páginas 129-156. Instituto de Ciencias Religiosas San Fulgencio. Murcia, 2022.
7 Mateo 4: 17
8 Mateo 4: 18-20.
9 PAPA LEÓN XIV. Exhortación Apostólica Dilexi Te sobre el amor hacia los pobres. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2025. MARTÍN DESCALZO, José Luis. Vida y misterio de Jesús de Nazaret. Sígueme. Salamanca, 1992. GONZALEZ FAUS, José Ignacio. Otro mundo es posible….desde Jesús. Sal Terrae. Santander, 2010.
10 COMBLIN, José. La libertad cristiana. Sal Terrae. Santander (España), 1997. CANDRIARD, Adrien. La libertad cristiana. De Pablo a Filemón. Encuentro. Madrid, 2022.
11 1 Corintios 1: 10
12 Ver el trabajo de Rafael AGUIRRE MONASTERIO “La mesa compartida” publicado en https://redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1105/1/RLT-1995-035-B.pdf Aguirre es profesor en la universidad jesuita de Deusto, en Bilbao (Vizcaya, España).
13 Mateo 4: 23
14 Isaías 9: 1-2
15 GONZALEZ DE CARDEDAL, Olegario. Raíz de la esperanza. Sígueme. Salamanca, 1996. PAPA BENEDICTO XVI. Carta Encíclica Spe Salvi sobre la esperanza cristiana. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2007.
16 SEVILLA JIMENEZ, Cristóbal. Crisis y esperanza en los profetas de Israel. En SCRIPTA FULGENTINA, AÑO XXIV # 47-48 páginas 7-22. Instituto Teológico San Fulgencio. Murcia , 2015. . SICRE, José Luis. El desarrollo de la esperanza mesiánica en Israel. En Cuestiones Teológicas volumen 34 # 82, páginas 249-256. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín julio-diciembre 2007.
17 CONCILIO VATICANO II. Constitución Dogmática sobre la Iglesia “Lumen Gentium”, # 48. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1998.