“Y el plan de Dios consiste en lo siguiente: tantos los judíos como los gentiles que creen la Buena Noticia gozan por igual de las riquezas heredadas por los hijos de Dios”
(Efesios 3: 6)
Lecturas:
Isaías 60: 1- 6
Salmo 71
Efesios 3: 1 – 6
Mateo 2: 1 - 12
La palabra EPIFANÍA con la que se designa esta solemnidad, inscrita en el tiempo de Navidad, significa MANIFESTACIÓN, que en el contexto cristiano es explicitación de la revelación de Dios en la historia , en el acontecimiento de su humanidad expresada en el nacimiento de Jesús. Esta afirmación es esencial para comprender la manera como Dios se comunica con nosotros, lo hace humanamente, se vale de lo propio de nuestra condición para hacerse relevante y revelante, salvíficamente significativo. El acontecer epifánico es entonces, el hecho por excelencia de salvación y liberación con el que Dios nos beneficia de manera definitiva. Por eso la visibilidad comunicativa de Dios es siempre humana y esta tiene su plenitud en Jesús de Nazaret, en su ser humano como nosotros, en todo menos en el pecado, como nos enseña la tradición cristiana. Este modo de proceder de Dios lo “aterriza” a El en nuestra realidad, en nuestros contextos, en nuestras experiencias, en nuestro devenir histórica. Por eso, la revelación cristiana, epifánica en su esencia, es profundamente revolucionaria y marca así una diferencia cualitativa con las demás manifestaciones religiosas. El lenguaje de Dios es contundentemente humano, elocuentemente humano, inserto entre nosotros, Dios con nosotros-Emmanuel, garantía y esperanza de una vida que, gracias a esa encarnación, a esa historización, nos levanta, nos lleva hacia la divinidad, nos hace trascendentes y nos libera de la contingencia, de la precariedad, del pecado, del sin sentido, del vacío, de la muerte.1
Y también es esencial en esta EPIFANÍA el carácter universal, incluyente, de la salvación que Dios nos ofrece en Jesucristo. Es otro contraste prioritario con respecto al judaísmo del tiempo de Jesús, solamente orientado a Israel y a su salvación particular, y también con respecto a todos los modelos religiosos cerrados. El acontecer salvador de Dios es así una oferta de totalidad para los seres humanos de todos los tiempos de la historia. La figura icónica de los llamados tres reyes magos – Gaspar, Melchor, Baltasar – es el símbolo al que acude el relato evangélico para hacer evidente esta universalidad.
Con estas dos notas fundamentales del modo de proceder de Dios estamos ante una lógica de salvación que opta por todos los seres humanos y por todo el ser humano, siempre en plan de propuesta, es decir , de una iniciativa ofrecida a la capacidad humana de decidir libremente si acoge o rechaza este don. Pero, como sea, revoluciona, transforma de raíz los esquemas de todas las religiones y profesa que el interés salvífico de Dios se extiende a la totalidad del género humano, a su historia, a la creación entera. Podemos decir que es la locura del amor de Dios, su generosidad desmedida e incondicional para que nada de lo humano se pierda y fracase.
En este orden de cosas, la interpretación bíblica, la reflexión teológica y la acción pastoral de la Iglesia que se hacen presentes a partir del Concilio Vaticano II tienen como común denominador ese énfasis humano, histórico, existencial, antropológico, universal, incluyente. El magisterio de este concilio tiene aquí su marca de identidad, no “inventa” una nueva fe, lo que hace es recuperar la originalidad del mensaje cristiano. 2 Así, la invitación es a dejarnos sorprender por este Dios enamorado, los textos que la Iglesia propone para este domingo nos inspiran en términos de esperanza, estupenda oferta para el comienzo de año, cuando estamos trazando nuestros proyectos y propósitos.
La época en la que se escribe la primera lectura de este domingo3, del libro del profeta Isaías (parte llamada del «Tercer Isaías» ) corresponde a «la restauración», es decir, al regreso a Jerusalén de los israelitas que habían sido deportados a Babilonia. (Es el tiempo en el que ha sido escrita la mayor parte de la Biblia). Isaías anima la fe de su pueblo, los invita a poner nuevamente su fe y su corazón en la fuerza salvífica de Yahvé, quien traerá la paz y la justicia , con lo que Jerusalén volverá a ser una ciudad radiante, llena de luz, en donde la presencia de Dios como rey hará de ella una nación grande, ante cuya presencia se postrarán todos los pueblos de la tierra: “Alza los ojos en torno y mira: todos se reúnen y vienen a ti. Tus hijos vienen de lejos y tus hijas son llevadas en brazos”.4 Es una palabra de esperanza en el Dios que, mediado históricamente, viene para salvar, para recuperar lo perdido por la tragedia del exilio, para restaurar el territorio, la comunidad, la pertenencia, la libertad, el culto auténtico a Yahvé.
Si bien este es un texto local para Israel, pues era propio de su contexto y circunstancias animar al pueblo después de la grave crisis del exilio en Babilonia, ahora lo leemos en clave ecuménica, universal, donde el criterio de esa universalidad es el mismo Jesús, cuyo mensaje y práctica anula el exclusivismo religioso de Israel y abre la oferta de Dios a toda la humanidad.5
Los exclusivismos religiosos, ideológicos, políticos, étnicos, son un atentado contra la riqueza que trae consigo el pluralismo de la humanidad y, al mismo tiempo, causantes de violencias, segregaciones, maltratos, opresiones, dominaciones, realizadas por mentalidades que se encarnan en entidades religiosas, en partidos políticos, en estructuras de poder, en racismos depredadores. La propuesta de Jesús es diametralmente opuesta a estos modos y se caracteriza por su carácter eminentemente inclusivo, acogedor, ecuménico. Notable sensibilidad contemporánea es el movimiento ecuménico y también el diálogo interreligioso, cuyos valores radican en el reconocimiento respetuoso de lo diferente, en la acogida de los valores de las diferencias doctrinales, en el trabajo conjunto de creyentes de diversas tradiciones en pro de la paz, de la justicia, de la superación de la pobreza, sin proselitismos, garantizando que cada uno permanezca sereno en su respectiva comunidad de fe. 6
La segunda lectura nos ofrece la perspectiva de universalidad. Pablo, a través de la carta a los Efesios, ampliará esa comprensión, afirmando que la salvación venida por Dios, a través de Jesús, es para “todos”, judíos y paganos: “Cuando pienso en todo esto, yo, Pablo, prisionero de Cristo Jesús, por el bien de ustedes, los gentiles. A propósito, doy por sentado que ustedes saben que Dios me encargó de manera especial extenderles su gracia a ustedes, los gentiles”. 7
El plan de Dios, según Pablo, consiste en formar un solo pueblo, una sola comunidad creyente, un solo cuerpo, una sola Iglesia, un organismo vivo capaz de comunicar a toda la creación la vida y la salvación otorgada por Dios. La carta a los Efesios expresa que el misterio recibido por Pablo consiste en que la Buena Nueva de Cristo se hace efectiva también en los paganos, ellos son coherederos y miembros de ese mismo Cuerpo; esto significa que Dios se ha querido revelar a toda la humanidad, actúa en todos, salva a todos, reconcilia a todos sin excepción: “El designio secreto es este: que por el Evangelio Dios llama a todas las naciones a participar en Cristo Jesús, de la misma herencia, del mismo cuerpo y de la misma promesa que el pueblo de Israel” 8 Pablo, es el gran mensajero y apóstol de la universalidad de la salvación ofrecida en el Señor Jesús, a él se debe el haber salido de las fronteras estrechas de Israel para abrir la nueva fe a la diversidad y pluralidad del mundo entonces conocido. El cristianismo es , en su esencia, religión universal.
El evangelio que se proclama hoy confirma este carácter universal de la salvación de Dios. Mateo expresa, por medio de este relato simbólico, el origen divino de Jesús y su tarea salvífica como Mesías, como rey de Israel, heredero del trono de David; para ello el evangelista no duda en ubicar con exactitud el lugar donde nació Jesús, Belén, para decirnos que con su presencia en la historia se estaría dando cumplimiento a las palabras de los profetas: “ Jesús nació en Belén de Judea, durante el reinado de Herodes. Por ese tiempo, algunos sabios de países del oriente llegaron a Jerusalén y preguntaron: dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Vimos su estrella mientras salía y hemos venido a adorarlo”. 9
Por otro lado, el rechazo de este nacimiento por parte de las autoridades políticas (Herodes) y religiosas (sumos sacerdotes y escribas) del pueblo judío y el gozo infinito de los magos, venidos de Oriente, anuncian desde ya ese carácter universal de la misión de Jesús, la apertura del Evangelio a los paganos y su llamado a formar parte de la comunidad cristiana. La Epifanía del Señor es la celebración precisa para confesar nuestra fe en un Dios que se manifiesta a toda la humanidad, que se hace presente en todas las culturas (religiones), que actúa en todos, y que invita a la comunidad creyente a abrir sus puertas a las necesidades y pluralidades del mundo actual.
En un tiempo como el que vivimos, marcado por la conciencia del pluralismo religioso, el sentido de lo «misionero» y de la «universalidad cristiana» han cambiado profundamente. Hasta ahora, en demasiados casos, lo misionero era sinónimo de proselitismo, o sea, de un esfuerzo por ir a «convertir» al cristianismo a los «gentiles» o «paganos». La «universalidad cristiana» era entendida desde la centralidad del cristianismo: éramos la religión central, la (única) querida por Dios, y por tanto, una religión que era el destino establecido por Dios para toda la raza humana... Todos los pueblos (universalidad, sí) estaban destinados a abandonar su religión ancestral y a hacerse cristianos. Pero el mundo cambió, y aquí podemos apreciar la acción del Espíritu Santo que no sabe de fronteras ni de reduccionismos. Gracias a esta conciencia asumimos que en el mundo hay diversidad de caminos hacia Dios, hacia el sentido pleno de la vida, como expresión la más elocuente del espíritu humano en busca de un significado totalizante para su existencia. 10 El simbolismo de los tres magos-reyes, venidos del Oriente, es una clara alusión a esta perspectiva de universalidad, con los tres personajes el evangelista Mateo anuncia que con Jesús adviene un cambio cualitativo en la comprensión de la salvación y del significado trascendente que la acompañe. Dios es un Dios de todos y para todos. 11
Si la propuesta de Jesús nos interesa y la asumimos como modelo totalizante de nuestras opciones y actuaciones , encontramos en esta llamada a la salvación universal un aspecto esencial de la condición cristiana. A muchos cristianos más tradicionales, tanto en la Iglesia Católica como en las iglesias reformadas, les preocupa mucho que se caiga en el peligro de sacrificar elementos esenciales de nuestra fe, sumiéndose la misma en un pluralismo indiferenciados, por esta razón se niegan a ver en el ecumenismo y en el diálogo interreligioso una alternativa legítima. Por lo anterior, se e impone decir con total claridad que todo proceso de diálogo requiere de identidades consistentes, donde cada tradición creyente ingresa manteniendo lo específico de cada una, con la intención de recibir todo lo valioso que procede de esas comunidades espirituales y donde también nos esmeramos en aportar lo propio nuestro. En esta cultura interreligiosa y ecuménica no se pide disolver la identidad sino afirmarla para enriquecer y ser enriquecidos. 12
Epifanía del Señor, la humanización de Dios, su sorpresa salvífica, totalizante, universal, nuestro Dios, en su Hijo Jesús, es un Dios para todos, de todos, con todos. Esperanza grande e irreversible para una humanidad fragmentada en ideologías, en modelos políticos y económicos excluyentes, en supremacías violentas de unos sobre otros, en posturas religiosas intransigentes: “Cuando los sabios vieron la estrella se alegraron mucho. Luego, entraron en la casa, y vieron al niño con María, su madre; y arrodillándose, le rindieron homenaje. Abrieron sus cofres y le ofrecieron oro, incienso y mirra”. 13 Dios, ciudadano de la humanidad; gracias a El, el ser humano ciudadano de la divinidad!
Antonio José Sarmiento Nova , SJ
1 Una excelente sugerencia de lectura y estudio de esta “humanización d Dios” está en los libros del profesor José María CASTILLO SÁNCHEZ, fallecido a finales de 2024 después de una larga vida de docencia e investigación: “La humanidad de Dios”, “La humanización de Dios”, “La humanidad de Jesús”, todos publicados por la editorial Trotta de Madrid. PARRA MORA, Alberto. Textos, contextos y pre-textos. Teología Fundamental. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2003.
2 GABORIAU, Florence. El giro antropológico de la teología de hoy. Herder. Barcelona, 1970. BAENA BUSTAMANTE, Gustavo. Fenomenología de la Revelación. Teología de la Biblia y hermenéutica. Verbo Divino. Estella, 2011. PAGOLA, José Antonio. Jesús, aproximación histórica. PPC. Madrid, 2013. GONZALEZ, Antonio. La historia como revelación de Dios. En https://www.redicces.org.sv/bitstream/10972/1106/1/RLT-1992-025-D.pdf
3 Isaías 60: 1-6
4Isaías 60: 4
5RAHNER, Karl. Teología de la gracia: la universalidad de la oferta de salvación. Herder. Barcelona, 1967. En la Constitución Dogmática sobre la Iglesia – Lumen Gentium – del Concilio Vaticano II se enseña que la Iglesia es sacramento universal de salvación, esta categoría es central en el magisterio conciliar, refuerza lo que venimos afirmando a propósito de esta solemnidad de la Epifanía. Dios y su salvación se ofrecen sin reservas a todos los humanos, contando – claro está – con la libre respuesta de acogida por parte de los destinatarios.
6KNITTER, Paul. Introducción a la teología de las religiones. Verbo Divino Estella, Navarra España, 2004. VIGIL, José María. Teología del pluralismo religioso. Abya Yala. Quito, 2004. DUPUIS, Jacques. Hacia una teología cristiana del pluralismo religioso. Sal Terrae. Santander (España), 1999.
7Efesios 3: 1-2. La palabra GENTILES es habitualmente utilizada en las traducciones españolas de la Biblia para designar a quienes no pertenecían al pueblo judío, es particularmente frecuente en los escritos paulinos.
8 Efesios 3: 6
9Mateo 2: 1-2
10SARTORI, Giovanni. La sociedad multiétnica: pluralismo, multiculturalismo y extranjeros. Taurus. Madrid, 2001. KUNG, Hans. Proyecto de una ética mundial. Trotta. Madrid, 1992. VIGIL, José María. Crisis de la religión a partir del pluralismo religioso. En Alternativas # 29 Enero – Junio 2005. Managua, Nicaragua. El texto se puede ver en https://cetr.net/crisis_de-la_religion_a _partir_del_p/
11 CARDINI, Franco. Los reyes magos. Península. Barcelona, 2001.
12TOBAR CARRIZOSA, Santiago. El diálogo interreligioso: proceso de construcción de vida. En El Astrolabio. Gimnasio Campestre, Bogotá, septiembre 2012. KASPER, Walter. Caminos de unidad: perspectivas para el ecumenismo. Cristiandad. Madrid, 2008.
13 Mateo 2: 11
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