domingo, 11 de marzo de 2012

Pistas para la Homilía, por Jorge Humberto Peláez S.J., CUARESMA – DOMINGO III B (11-marzo-2012)

1. Lecturas:
a. Libro del Éxodo 20, 1-17
b. I Carta de san Pablo a los Corintios 1, 22-25
c. Juan 2, 13-25

2. En este III Domingo de Cuaresma, nuestra atención estará fijada en la primera lectura, que se refiere a la promulgación de los diez Mandamientos, en el monte Sinaí. La escena nos resulta familiar porque ha inspirado a literatos y artistas de todos los tiempos. Ahora bien, démosle a nuestra meditación un sabor particular: no nos acerquemos a los diez Mandamientos como una propuesta vivida por el pueblo de Israel hace tres mil años, sino como una herramienta imprescindible para la construcción de tejido social hoy.

3. La cultura occidental es heredera de la tradición judeo – cristiana. Esto significa que nuestros valores, nuestras creencias, el arte, etc., hunden sus raíces en una experiencia que tuvo como protagonista al pueblo de Israel. Para un ciudadano de hoy, los diez Mandamientos expresan, en su sabiduría, las condiciones de la convivencia humana; proponen, en fórmulas muy concretas, el marco básico para la construcción de comunidad en relación con Dios, con los demás y con el entorno.

4. Expresan, unas veces en fórmulas positivas – “Amar a Dios sobre todas las cosas” – y otras veces en forma de prohibición – “No matar” -, los puntos de referencia frente a la trascendencia, la familia, la vida, la propiedad, la sexualidad y la afectividad, la honestidad y la justicia.

5. Los diez Mandamientos son esenciales para regular la conducta humana; la experiencia muestra su validez; y la historia constata el alto precio que se paga cuando se prescinde de ellos:
a. Si la sociedad no reconoce la existencia de un Ser Supremo y se promueve el ateísmo o el laicismo, otros protagonistas sociales querrán ocupar su lugar: el mercado, el Estado, el partido, la revolución. Y esto conduce a la instrumentalización del ser humano. La afirmación de la trascendencia es un muro de contención frente a los abusos de los derechos humanos fundamentales.
b. ¿Qué pasa cuando el mandamiento que nos exige respetar a nuestros padres se convierte en algo insignificante? Esto conduce a que la sociedad considere a los padres y a los abuelos como una carga despreciable; este corte brutal entre los jóvenes y las generaciones anteriores afectará los procesos educativos pues los seres humanos quedan sin raíces, perdidos en un presente que carece de sentido y de valores.
c. El 5° mandamiento, “No matarás”, leído de manera positiva, abre un abanico infinito de acciones en favor de la vida; nos pide proteger a los seres más vulnerables, erradicar todas las formas de violencia, esforzarnos por garantizar la satisfacción básicas para llevar una vida digna, promover la calidad de los servicios de salud, organizar campañas educativas que promuevan un estilo de vida sano y que concienticen sobre el efecto devastador de las adicciones. En nuestra cultura, la protección del medio ambiente entra a formar parte del mandamiento “No matarás” pues está en juego la supervivencia del planeta Tierra.
d. El 6° y el 9° mandamientos se refieren a la sexualidad pues su ejercicio desborda el ámbito de lo privado y tiene profundas implicaciones sociales. Así como la responsabilidad en su ejercicio genera armonía y ayuda a construir familias sólidas, la irresponsabilidad se traduce en niños abandonados, abortos, enfermedades de trasmisión sexual, SIDA, etc.
e. La corrupción es uno de los mayores males de la sociedad y está presente en los sectores público y privado. Por eso debemos volver a esas formulaciones simples de los diez Mandamientos que nos enseñan el respeto de los bienes ajenos: 7° mandamiento “No hurtar”, y 10° “No codiciar los bienes ajenos”; la codicia y la ambición arrasan con las instituciones y se afecta gravemente el desarrollo de las comunidades; los ejemplos abundan. La ambición desbordada pone en movimiento dinámicas perversas; y por obtener la riqueza se sacrifican los valores más sagrados: la familia, los amigos, la conciencia…
f. ¿Qué pasa cuando el 8° mandamiento, “No levantar falsos testimonios ni mentir”, pierde su vigencia? Los resultados son puestos en evidencia por los medios de comunicación, que nos relatan cómo los testigos son manipulados, modifican sus declaraciones para obtener una rebaja en sus condenas, y se genera una enorme confusión en la aplicación de la justicia.

6. Concluyamos nuestra meditación dominical que ha estado centrada en la primera lectura. No veamos los diez Mandamientos como el recuerdo de algo lejano que tuvo lugar en un desértico rincón del mundo. Son los principios básicos que regulan la vida de la comunidad. Cuando la sociedad prescinde de alguno de estos valores esenciales, se produce caos. Por eso debemos educar de manera que se perciba su actualidad y las nuevas lecturas que hay que hacer de ellos en una sociedad cada vez más compleja y plural.

domingo, 4 de marzo de 2012

Algo para pensar y orar en esta semana

Mi hijo tiene casi cuarenta años de edad. A los catorce años comenzó a cuestionar su fe. Leyó y viajó mucho, buscando las respuestas a sus dudas; ha estado en Japón y se entrenó en medicina tradicional china. Él es cariñoso y gentil, por lo que le cuesta mucho aceptar la existencia de Dios en un mundo tan difícil y doloroso como éste. Ama a todo el mundo, y agradezco a Dios que me acepta tal como soy. También ama a los animales: su favorito ha sido siempre el lobo. Hace poco me pidió que le enviara una medalla de San Francisco; probablemente recordó cuando era niño, y yo le leía la vida de San Francisco. No hice preguntas; pero supuse que habría encontrado un animal en problemas. Cuando fui a comprar la medalla, y en la tienda me dirigieron a la colección de San Francisco, solo había unas con la imagen del santo levantando un crucifijo sobre su cabeza, junto a un hombre joven arrodillado a su lado. Era una medalla de San Francisco Javier! Finalmente encontramos la que buscaba, pues curiosamente mostraba a San Francisco con su amigo lobo!
Al venderme la medalla, el empleado me sugirió que la llevara a la iglesia cercana, donde el párroco estaba confesando; el sacerdote podría bendecir la medalla. Pero yo no me había acercado a un confesionario hacía mucho tiempo, y tuve que pensarlo: esta medalla justificaría mi visita? Seguramente nuestro Padre en el cielo conocería mis intenciones y me acogería; pero que pasaría con el sacerdote? Finalmente entré al confesionario y relaté mi historia al sacerdote: muy educado y paciente, escuchó con atención y respeto; no me recibió como un extraño. Siendo yo una persona mayor, él era mayor que yo; como un cariñoso y levemente sorprendido padre, me bendijo a mí, a mi hijo, y a la medalla.

DIÁLOGOS sobre el Evangelio del Domingo, por José Martínez de Toda, S.J., Domingo 2C Cuaresma: Transfiguración, 4 marzo 2012

Especialmente para radio
Este es mi hijo amado, escúchenle (Mc 9, 2-10)
martodaj@gmail.com

Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio… (Se presentan los participantes).
Las Lecturas del domingo de hoy nos traen dos historias maravillosas: la Transfiguración del Señor, lleno de brillo y resplandor, y la fe de Abrahán, que casi llega a sacrificar a su propio hijo Isaac. Detengámonos a escuchar el evangelio.

Lectura del santo evangelio según San Marcos (Mc 9, 2-10)

NARRADOR/A – En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús:

PEDRO – "Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías".

NARRADOR/A – Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube:

DIOS – "Este es mi hijo amado, escúchenle".

NARRADOR/A – De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:

JESÚS – "No cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos".

NARRADOR/A – Esto se les quedó grabado y discutían qué quería decir aquello de "resucitar de entre los muertos".



Pregunta 1 – Dice el evangelio que Jesús apareció de una forma deslumbrante. ¿Por qué aparece Jesús de esta forma tan llamativa?
Entre la gente que seguía a Jesús, corrían dos interpretaciones de lo que debía ser el Mesías:
- Una era la política y militar. La mayoría pensaba que el Mesías devolvería el poder y la gloria al pueblo judío.
- Otra era la de la entrega hasta la muerte, a pesar del sufrimiento. Esta era la interpretación de Jesús. Precisamente seis días antes de la Transfiguración, Jesús había dicho a los discípulos: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y letrados; sufrir la muerte y resucitar luego de tres días” (Mc 9, 2-10).
Estas palabras de Jesús sembraron la alarma entre los discípulos.
El mismo Pedro trató de disuadirle (Marcos 8:31-33), porque esto no cuadraba con sus expectativas gloriosas de mando y poder.
Los hermanos Santiago y Juan le andaban pidiendo los primeros puestos en el reino del Mesías.
Estos tres discípulos son los que, al parecer, ofrecen mayor resistencia a Jesús cuando les habla de su destino doloroso de crucifixión.
Y Jesús quiso dar una lección a esos tres discípulos

Pregunta 2 – ¿Qué hace Jesús para probar que su interpretación del Mesías es la verdadera?
-En primer lugar, aparece en una forma gloriosa. Se transformó: su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blanco.
El evangelio utiliza la palabra griega ‘metamorfosis’, que usamos para describir el proceso por el que una oruga se convierte en una mariposa, una dramática transformación. En este pasaje de Jesús sólo hay una transformación de su apariencia externa.
Jesús se presenta a los tres discípulos «revestido» de la gloria del mismo Dios. Como lo anunció a sus discípulos, va a ser crucificado por sus adversarios, pero va a ser, también, resucitado por Dios.
En segundo lugar, aparece conversando amigablemente con Moisés y Elías.

Pregunta 3 – ¿Por qué aparecen Moisés y Elías junto a Jesús?
Porque eran los dos máximos exponentes de la tradición bíblica:
- Moisés, que fue el gran dador de la Ley y de los 10 Mandamientos 1.200 años antes. Pero además es el gran Liberador. Dios envió a Moisés a liberar al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto y a conducirlo a una tierra de libertad que mana leche y miel.
- Elías era el gran profeta, que inició una gran renovación espiritual en Israel 900 años antes de Cristo. Elías era muy cercano a Dios. Y Dios se le hacía presente de forma muy íntima.
Elías en el monte Horeb, vio que el Señor no se dejó sentir ni en el viento fuerte, ni en el terremoto, ni en el fuego que pasó por delante de la cueva donde estaba, sino en un “sonido suave y delicado”, ante el cual Elías se cubrió la cara con su capa.
Ante aquella manifestación gloriosa de Jesús y la presencia de aquellos dos hombres, que encarnan la Ley y los Profetas, <Pedro reacciona con toda espontaneidad: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». No ha entendido nada. Por una parte, pone a Jesús en el mismo plano y al mismo nivel que a Elías y Moisés: a cada uno su tienda. Por otra parte, se sigue resistiendo a la dureza del camino de Jesús; lo quiere retener en la gloria del Tabor, lejos de la pasión y la cruz del Calvario.> (Pagola)
Pero Dios mismo le va a corregir de manera solemne.
Como respuesta de Dios Padre a la confusión de Pedro, “apareció una nube, que se posó sobre ellos. Y de la nube salió una voz, que dijo: “Este es mi Hijo amado: escúchenle a Él”.
Sólo Jesús irradia luz propia. Todos los demás (incluyendo Moisés y Elías) somos testigos de la luz, irradiamos la Luz de Él, somos un reflejo de su Luz, de su Palabra.
Y hemos de escuchar su Palabra, también cuando nos habla de «cargar la cruz» en todos los tiempos.

Pregunta 4 – ¿Qué es lo más importante en este evangelio de la Transfiguración?
1.Es la frase de Dios Padre: “Este es mi Hijo amado. Escúchenlo” (Marcos, 9, 7). Estas son casi las mismas palabras que Dios Padre dijo en el bautismo de Jesús. Entonces las dijo a Jesús. Ahora la voz de Dios Padre se dirige a los discípulos.

Pregunta 5 – ¿Estas palabras nos tocan también a nosotros?
Las necesitamos. Hay tantas voces hoy día. Y todas las voces parecen sabias y atractivas. Son de eruditos, internautas, comentaristas, políticos, gurús religiosos, celebridades... Nos prometen salud, riqueza y felicidad, pero raramente cumplen sus promesas y frecuentemente nos llevan a la ruina. ¿Hay una voz confiable en medio de toda esta cacofonía?
Dios Padre nos responde: “Éste es mi Hijo muy amado. Escúchenlo”.

2.También está la nube. A través de todas las Escrituras, la nube simboliza la presencia de Dios. Así ocurrió durante la travesía del desierto de los israelitas:
- Dios caminaba delante de su pueblo en una columna de nube (Éxodo 13,21).
- Y en el Sinaí, mientras Dios hablaba con Moisés, se escondía detrás de una nube.
Así pues, la transfiguración significó la validación de Jesús, como el Señor ungido, y el máximo exponente de la voluntad de Dios Padre.
Todos los símbolos -monte sagrado, Moisés (la Ley), Elías (los profetas), la nube (que también aparece en el Éxodo), la luz resplandeciente-, van a indicar que en Jesús se cumplía todo lo anunciado por los antiguos escritos del pueblo de Israel.
Aquí se dio una “teofanía” (aparición de Dios), al estilo de muchas de las teofanías del Antiguo Testamento. Por ejemplo:
- Cuando Dios se aparece a Moisés y a los ancianos (Éxodo 24, 9-11);
- Cuando Dios se aparece a Elías en el viento (1 Reyes 19, 9-14);
- Cuando Dios se aparece al profeta Ezequiel en un carro (Ezequiel 1, 1-28).

Pregunta 6 – ¿Por qué les prohíbe decírselo a nadie, hasta después de la resurrección?
Los discípulos aún no están preparados para hablar correctamente de Jesús. Aún no han entendido bien el mensaje de Jesús, su interpretación de cómo debe ser el Mesías, y por lo tanto no serían capaces de proclamar su mensaje fielmente.

Despedida
Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor. Ahí cumpliremos lo que dijo la voz del cielo en la Transfiguración: "Este es mi hijo amado, escúchenlo". Y también recordaremos en la 1ª Lectura la fe de Abrahán, Padre de los creyentes, y cómo fue premiado por Dios.

FIN

Encuentros con la Palabra, por Hermann Rodríguez Osorio, S.J., Domingo II de Cuaresma – Ciclo B (Marcos 9, 2-10) – 4 de marzo de 2012

“Este es mi Hijo amado: ¡escúchenlo!”

Hace algunos años, durante una novena de Navidad, estuve celebrando la eucaristía en CETI (Centro Terapéutico Infantil), una institución de Bogotá que acoge a niños y niñas con parálisis cerebral o con otras deficiencias más o menos profundas. Suelo ir a CETI y encontrarme con amigos y amigas muy queridos que, además de ser pobres, han tenido que vivir con unas limitaciones que los marginan aún más de su vida familiar y social: Diego, Gloria, Uriel, July y tantos otros.

Ese día, la eucaristía transcurrió sin mayores sobresaltos; cantamos, aplaudimos, nos alegramos de recibir la visita de Jesús en nuestra casa. Pero, en el momento de la comunión, cuando comencé a repartir el cuerpo del Señor entre los niños y niñas que estaban sentados en sus respectivos puestos y a las colaboradoras del centro y a un grupo de amigas que habían ido conmigo, comenzamos a escuchar un lamento extraño, que no supe reconocer en el primer momento, porque expresaba un gran dolor pero, al mismo tiempo era suave y delicado. Era Andrés, un niño de cuatro años que estaba sentado en una silla para bebés sobre una de las mesas del salón. Andrés tiene el cuerpo de un bebé de mes y medio; pesa 8 libras y mide 65 centímetros. Cuando vio que todos los presentes estaban recibiendo una galleta, él comenzó a gritar, con la fuerza que le permitían sus pequeños pulmones, para que también le dieran una a él. La directora de CETI comenzó a decirle a Andrés que no gritara más. Que no podía recibir la comunión como todos los demás. Pero Andrés no se rendía. Seguía expresando su queja conmoviendo a todos los que estábamos presentes. Fui, tomé una hostia sin consagrar y se le entregué a Andrés, que la recibió con un movimiento perfecto de su mano diminuta y se la echó a la boca inmediatamente. Desde luego, no le supo a galleta, como él suponía, y pronto la dejó a un lado.

El lamento de Andrés me trajo a la memoria los gritos del pueblo de Israel que Dios escuchó, como nos cuenta el libro del Éxodo, cuando el Señor envió a Moisés a liberarlo de la esclavitud de Egipto y a conducirlo a una tierra de libertad que mana leche y miel. Pero también me trajo a la memoria aquella escena de Elías, en el Horeb, cuando el Señor no se dejó sentir en el viento fuerte, ni en el terremoto, ni el fuego que pasó por delante de la cueva donde estaba, sino en un “sonido suave y delicado”, ante el cual Elías se cubrió la cara con su capa”.

Estas dos evocaciones fueron las que se hicieron presentes en el Monte Tabor, cuando Jesús se transfiguró delante de sus discípulos. Cuenta san Marcos que Pedro, Santiago y Juan vieron cómo la ropa de Jesús “se volvió brillante y más blanca de lo que nadie podría dejarla por mucho que la lavara. Y vieron a Elías y a Moisés, que estaban conversando con Jesús”. Y en medio de esta escena, llena de consolación, “apareció una nube y se posó sobre ellos. Y de la nube salió una voz, que dijo: “Este es mi Hijo amado: escúchenlo”. Escuchar al Hijo amado es escuchar el grito del pueblo, que escuchó el Dios de Moisés y percibir el susurro de la presencia de Dios en voces como las de Andrés.

Hermann Rodríguez Osorio es sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
Si quieres recibir semanalmente estos “Encuentros con la Palabra”, puedes escribir a  herosj@hotmail.com pidiendo que te incluyan en este grupo

El Mensaje del Domingo , por Gabriel Jaime Pérez, S.J., II Domingo de Cuaresma, Ciclo B – Marzo 4 de 2012

En aquel tiempo Jesús se fue a un cerro alto llevándose solamente a Pedro, a Santiago y a Juan. Allí, delante de ellos, cambió la apariencia de Jesús. Su ropa se volvió brillante y más blanca de lo que nadie podría dejarla por mucho que la lavara. Y vieron a Elías y a Moisés, que estaban conversando con Jesús. Pedro le dijo a Jesús: - Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Vamos a hacer tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Estaban tan asustados que Pedro no sabía lo que decía.
En esto, apareció una nube y se posó sobre ellos. Y de la nube salió una voz que dijo: “Este es mi hijo amado: escúchenlo”. Al momento, cuando miraron alrededor, ya no vieron a nadie con ellos, sino a Jesús solo. Mientras bajaban del cerro, Jesús les encargó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre hubiera resucitado. Por eso guardaron el secreto entre ellos, aunque se preguntaban qué sería eso de resucitar de entre los muertos (Marcos 9, 2-10).
Éste y los demás textos bíblicos de este domingo [Génesis 22, 1-18; Salmo 116 (115); Carta de Pablo a los Romanos 8, 31-34], nos invitan a meditar sobre la relación entre la fe entendida como adhesión a Dios y el “sacrificio”, cuyo sentido conviene comprender bien para superar la concepción de una divinidad sedienta de sangre, propia de los cultos paganos y que difiere diametralmente del Dios que nos presenta la Biblia.

1.- El sacrificio de Abraham, modelo de la fe en Dios
En el lenguaje bíblico la palabra sacrificio significa ofrenda sagrada y designa originariamente el acto por el cual el ser humano le entrega a Dios las primicias de todo cuanto produce, ya que éstas se consideran propiedad divina. En las prescripciones rituales de las religiones primitivas existentes en la tierra de Canaán, por la que Abraham -nombre que significa padre de multitudes- trasegó como pastor con sus ganados después de haber salido de Ur de Caldea en el siglo 19 antes de Cristo, y donde unos 7 siglos más tarde se establecerían los israelitas, este concepto del sacrificio se aplicaba también a los primogénitos, a quienes en los ritos antiguos, cuando se quería agradar a Dios en determinadas circunstancias, se les daba muerte en holocausto, es decir, haciéndolos consumir totalmente por el fuego para ofrecerlos a los dioses.
La primera lectura de este domingo, tomada del libro del Génesis y que narra el sacrificio de Abraham, quien en vez de dar muerte a su hijo Isaac le ofrece a Dios un carnero, constituye un rechazo a los sacrificios rituales de seres humanos propios del paganismo. En el transcurso del relato se puede ver entre líneas cómo Abraham, quien al comienzo pensó que se le exigía dar muerte a Isaac, entiende finalmente que lo que Dios quiere es su disponibilidad para cumplir la voluntad divina, que no quiere la muerte de su hijo, sino la adhesión de la fe que implica reconocer a Dios como tal.

2.- ¿Un Dios que “no perdonó a su propio Hijo”?
Esta frase de san Pablo en la segunda lectura puede parecernos chocante e incomprensible. ¿Cómo así que el Dios infinitamente misericordioso, el Dios siempre dispuesto a perdonar, que nos presentan tanto los Profetas y los Salmos en el Antiguo Testamento como los Evangelios en el Nuevo, no perdonó a su propio Hijo, a su Hijo Jesucristo?
Para entender esta expresión hay que darle el sentido que Pablo mismo explica con la frase que sigue: lo entregó por todos nosotros. Pablo evoca simbólicamente el relato del sacrificio de Abraham que escuchamos hoy en la primera lectura, para aplicar el significado profundo de aquél pasaje bíblico al don que Dios nos ha hecho de su Hijo, quien asumiría, como “Cordero de Dios”, el pecado del mundo para redimirnos, liberarnos del mal y hacernos partícipes de su resurrección.

3.- Jesús transfigurado fortalece la fe de sus discípulos
Antes del relato evangélico de la Transfiguración, Jesús les había dicho a sus discípulos que lo iban a matar (Marcos 8, 31). De esta forma Jesús les había anunciado lo que iba a ser su propio sacrificio redentor, por el que Él, Dios hecho hombre, le daría un nuevo sentido a la ofrenda sagrada: el don de sí mismo hasta la entrega de la propia vida. Este nuevo sentido de la ofrenda a Dios es el que les había dicho poco antes que también ellos debían realizar si querían ser sus seguidores: Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame (Marcos 8, 34).
El anuncio de su pasión y muerte, así como la exhortación a tomar la cruz, causaron en aquellos primeros discípulos un efecto de desaliento. Pero también Jesús les había dicho que iba a resucitar. Por eso en la Transfiguración les manifiesta su gloria para fortalecerlos en la fe, haciéndoles ver en forma luminosa lo que sería el acontecimiento pascual de su resurrección e indicándoles que en Él se cumplirían las promesas contenidas en el Antiguo Testamento, específicamente en los textos bíblicos de la Ley y de los Profetas, simbolizados por las figuras de Moisés y Elías. Pero esto sólo lo entenderían en su verdadero sentido aquellos discípulos después de la muerte de Jesús, lo cual explica por qué Él les dijo que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre hubiera resucitado.
También nosotros necesitamos que, en medio de la oscuridad de las circunstancias problemáticas y difíciles de nuestra existencia, cuando nos sentimos abrumados por el peso de la cruz que a cada cual le corresponde cargar, el Señor se nos manifieste iluminándonos con su propia luz y dándonos la fuerza que necesitamos para no desfallecer en el camino de la vida. Pero para que esto suceda, es preciso que busquemos espacios y aprovechemos los que se nos ofrecen para disponernos a atender, en un clima de oración, la voz de Dios que nos dice interiormente, como a aquellos discípulos: Este es mi Hijo predilecto, escúchenlo. (Marcos 9, 7).-

gperezsj@gmail.com

Pistas para la Homilía, por Jorge Humberto Peláez S.J., CUARESMA – DOMINGO II B (4-marzo-2012)

1. Lecturas:
a. Génesis 22, 1-2. 9-13. 15-18
b. Carta de san Pablo a los Romanos 8, 31-34
c. Marcos 9, 2-9

2. El Evangelio de hoy nos trae el relato de la Transfiguración de Jesús, en la cima de una montaña. Para las nuevas generaciones, que están inmersas en las tecnologías de la información y la comunicación, esta narración – piensan ellos – está llena de efectos especiales: vestido de un blanco deslumbrante; diálogos con dos personajes, Moisés y Elías, que habían muerto hacía varios siglos; la nube que los cubrió; la voz “en off” que resuena en la montaña.

3. Lo que las generaciones actuales identifican como “efectos especiales”, son elementos muy antiguos de la literatura bíblica para describir manifestaciones particularmente solemnes de la Divinidad, las llamadas “teofanías”.

4. Tiene un profundo significado teológico el diálogo de Jesús transfigurado con Moisés y Elías, que representan los dos grandes ejes de la tradición religiosa de Israel, la Ley y los Profetas; el Mesías anunciado por los profetas ya está presente en medio de la comunidad y ha venido para instaurar un orden nuevo; su mandamiento del amor supera infinitamente el cumplimiento de la ley, que era central dentro de la vida de los judíos piadosos; la presencia de Jesús produce un cambio sustancial en la comprensión de la salvación, que ya no será más el resultado de la voluntad humana que se esfuerza por cumplir escrupulosamente cada uno de los innumerables preceptos legales, sino que es un don que recibe el que se abre a la Palabra de Dios, anunciada por Jesús.

5. Después de estos comentarios que sirven de introducción al texto de la Transfiguración, los invito a centrarnos en las solemnes palabras que se escucharon: “Este es mi Hijo amado; escúchenlo”. Analicemos separadamente los dos elementos que aparecen.

6. ¿Cuál es el alcance teológico de la primera parte de las solemnes palabras que transcribe el texto?
a. La frase “Este es mi Hijo amado” es la confirmación del ser y de la misión de Jesús. Él no es un profeta más; no es un líder político que se sublevó contra Roma, que era la potencia dominante; no es un inspirado comunicador que supo tocar el corazón de las multitudes que lo seguían llenas de esperanza.
b. Jesús es mucho más que eso. Es el Hijo eterno del Padre que se hace hombre en las entrañas de una mujer. Esta revelación de la identidad de Jesús desborda nuestra capacidad de comprensión.
c. En los versículos de la Carta a los Romanos que escuchamos hace algunos minutos, el apóstol Pablo hacía referencia al amor infinito de Dios que nos ha dado a su Hijo, y la confianza que tal gesto nos transmite: “Hermanos: Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por nosotros, ¿cómo no nos dará todo con Él?”

7. Veamos ahora el alcance teológico de la segunda parte del solemne anuncio: “Escúchenlo”:
a. Es la consecuencia lógica de la declaración sobre la filiación divina de Jesús. Las palabras salidas de sus labios son únicas. Como lo expresa san Juan en el Prólogo de su Evangelio, la “Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”. Al escucharlo debemos ser conscientes de que Jesús es el revelador del Padre; Él es camino, verdad y vida; nos pone de manifiesto el plan de Dios sobre la humanidad y sobre cada uno de nosotros, y su voluntad de convertirnos en sus hijos y comunicarnos la vida divina.
b. Sus palabras, tal como nos han sido transmitidas por la comunidad apostólica, no son el eco de unas enseñanzas pronunciadas hace dos mil años. Jesús resucitado está vivo en medio de la comunidad de los creyentes.
c. Sus palabras, que son fuente de vida eterna, están a nuestro alcance cuando meditamos los textos sagrados, cuando participamos en la liturgia y recibimos los sacramentos, cuando acogemos las enseñanzas de la Iglesia, que es Madre y Maestra, cuando servimos a los excluidos del mundo que son el rostro de Jesús (no olvidemos que el servicio es la medida con que seremos juzgados: “tuve hambre y me diste de comer; tuve sed y me diste de beber”)

8. Que esta sencilla meditación sobre la Transfiguración de Jesús, que se ha centrado en las palabras: “Este es mi hijo amado; escúchenlo” fortalezca nuestra fe en Jesús como revelador del Padre, y nos anime en el esfuerzo por ajustar nuestra vida a su propuesta del Reino.

jpelaez@javerianacali.edu.co

sábado, 3 de marzo de 2012

EXPUESTOS A LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR

Estamos en la 2ª semana de Cuaresma y la liturgia nos presenta la Transfiguración del Señor. Los evangelistas Marcos, Lucas, y Mateo, relatan la Transfiguración como una experiencia de transformación personal y comunitaria.
En esta experiencia hay cuatro aspectos que tienen gran implicación para la oración personal y para la vivencia comunitaria de la fe. Estos aspectos son: apartarse para estar con Jesús, abrirse a la gloria de Dios, escuchar a Dios y volver a la cotidianidad de la vida.
Apartarse para estar con Jesús. A Pedro, a Santiago y a Juan los ha convocado el Señor para subir al monte para estar a solas con Él. Dejarse convocar por Jesús es permitirle que entre a nuestra casa, es decir, que entre a mi vida como en propia casa, como dice el Apocalipsis (3,20): Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo. El camino por el que nos conduce el Señor puede ser de subida (ascenso) o de bajada (descenso), ya que la ruta de Dios es cruz y luz a la vez. Sólo así se fragua la rectitud de las intenciones, la transparencia del afecto o querer y la autenticidad de la actuación.
Abrirse a la gloria de Dios. En la montaña, según este Evangelio (Mc. 9, 2-10), Jesús irradia una luz intensa, una luminosidad que con su esplendor hace que los discípulos vean a Jesús conversando con Moisés y Elías. Junto a Jesús, que es total bondad, aparecen Moisés (la Tradición) y Elías (la Libertad). Esta visión rebasa el imaginario que los discípulos puedan tener de Jesús. Y es que la Gloria de Dios se manifiesta como comunión, que el horizonte definitivo al que convoca el Señor.
Escuchar a Dios. A los discípulos los cubrió una sombra de nube que les hizo oír: Este es mi Hijo amado, escúchenlo. Pero ya no vieron a nadie más, sino a Jesús que estaba solo con ellos. Y es que Dios no se deja atrapar. Cuando Dios habla, solamente podemos ver a Jesús que es su Palabra viva. Si lo escuchamos, encontraremos en Él la forma y modo habitual de encontrarnos con las personas, con el mundo y con el mismo Dios. Jesús será para siempre el reflejo de la presencia de Dios en nuestra existencia.
Volver de la montaña de Dios a la cotidianidad de la vida. Al bajar de la montaña, Jesús pidió a sus amigos contar lo vivido cuando Él volviera de la muerte. Y es que el encuentro con Dios no es para huir o apartarnos de la vida, sino para bajar y sumergirnos más y mejor en ella. Bajar de la montaña de Dios, es ponernos en sintonía con el mundo para comunicar y contagiar que la vida es más fuerte que la muerte, que es posible pasar del miedo a la calma, de la soledad a la compañía, del desasosiego a la confianza.
Que la experiencia de la Transfiguración del Señor nos ayude a ponernos en las manos de Dios, a encontrarnos cara a cara con Jesús y a escuchar su palabra, para quedar transformados por su amor, ganados para la comunión y abiertos a la esperanza.
PASO PREPARATORIO: LECTURA DEL EVANGELIO (AMBIENTACIÓN)

EVANGELIO DE MARCOS (9,2-10)

En aquel tiempo, Jesús tomó aparte a Pedro, a Santiago y a Juan. Subió con ellos a un monte alto y se transfiguró en su presencia. Sus vestiduras se pusieron esplendorosamente blancas, con una blancura que nadie puede lograr sobre la tierra. Después se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
Entonces Pedro le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué a gusto estamos aquí! Hagamos tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. En realidad no sabía lo que decía, porque estaban asustados.
Se formó entonces una nube que les cubrió con su sombra, y de esta nube salió una voz que decía: Este es mi Hijo amado, escúchenlo. En ese momento miraron alrededor y no vieron a nadie sino a Jesús que estaba solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó que no contaran a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos guardaron esto en secreto, pero discutían entre sí qué querría decir eso de “resucitar de entre los muertos”. Palabra de Dios.


1ER PASO: A LO QUE VENGO

Inicio mi encuentro con el Señor, escogiendo un sitio apropiado para mi oración.
Al llegar al sitio, en forma breve y sencilla considero la calidad de la mirada de Dios Nuestro Señor sobre mí.

Y me digo a mí mismo:

¿A QUÉ VENGO?

Vengo a dejarme transformar por el Señor.

[ Al final, rezo el Padrenuestro, saboreando cada palabra ]


2DO PASO: PACIFICACIÓN

* Ya sea sentado, paseando, acostado o reposado; tanto en casa, como en el parque o la Iglesia me sereno para que esta cita con Dios tenga lugar.
* Me acomodo con una posición que me ayude a concentrarme-descentrarme-centrarme, implicando todo mi ser.
* Al ritmo de la respiración, doy lugar al silencio.
[Una y otra vez repito este ejercicio].


3ER PASO: ORACIÓN PREPARATORIA

[NOTA: La oración preparatoria siguiente me ayuda a experimentar libertad de apegos. La repito tantas veces como quiera, dejando que resuene en mi mente y en mi corazón]

Señor, que todas mis intenciones, acciones y procesos interiores,
estén totalmente ordenados a cumplir tu voluntad.

4TO PASO: COMPOSICIÓN DEL LUGAR

[ NOTA: Este paso es muy especial y merece realizarse con esmero. Le dedico unos 10 minutos]
1°) Centro mi pensamiento en el contenido de la Oración.
2°) Con la imaginación revivo lo que relata el pasaje bíblico, sin perder detalle.
3°) Me ubico en la escena como si presente me hallara.
4°) Dejo que la Palabra irradie su luz sobre mí.


5TO PASO: PETICIÓN

En forma sencilla formulo mi petición. Dejo que mi petición salga de dentro. Que nazca de lo más hondo de mi vida.

Señor, que experimente la fe que brota de la transfiguración.

(Si me ayuda, puedo decir varias veces la petición)


6TO PASO: CONTENIDO O MATERIA DE LA ORACIÓN


6.1.- GUSTAR INTERNAMENTE EL ASCENSO A LA MONTAÑA DE DIOS

* Ascender a la montaña para estar a solas con Dios es encontrarme con Jesús, para vivir en comunión, con el mundo, los hermanos y también con el Señor. En el encuentro con Jesús quedará limpia la intención, liberado de ataduras, transparencia en el deseo, la mente y el corazón. No debe haber más pretexto que impida actuar con amor.


6.2.- GUSTAR INTERNAMENTE LA PRESENCIA DE DIOS

* Estando en el monte de Dios podré escuchar y entender su gran palabra de amor. Yo solamente veré la imagen viva del Señor, que es lugar habitual de encuentro, con la gente, con el mundo, lugar propio de oración. Jesús será para siempre, a cada instante, el reflejo permanente de la presencia de Dios.


6.3.- GUSTAR INTERNAMENTE EL DESCENSO DE LA MONTAÑA DE DIOS

* Descender de la montaña donde he estado a solas con Dios es entrar en sintonía, con el mundo, con la vida y la fuerza del perdón. Es comunicar con pasión, la alegría que va por dentro, la que disipa miedos y ensancha el corazón. Es vivir en la esperanza, en la fe que nace de su gracia, sintiéndome transformado por el gran amor de Dios.

7MO Paso: COLOQUIO

NOTA: El coloquio es un diálogo que se hace hablando como un amigo habla a otro, ya sea para pedir alguna gracia, ya sea reconociendo la fragilidad o el pecado, o para comunicar sus cosas, y queriendo consejo en ellas.
(El texto sugerido puede ser útil para el COLOQUIO).

RAZÓN DE VIVIR

Para decidir si sigo poniendo esta sangre en tierra, este corazón que bate su lucha en sombra y tiniebla. Para continuar caminando al sol por todo desierto, para recalcar que estoy vivo en medio de tantos muertos. Para decidir, para continuar, para recalcar y considerar, sólo hace falta que estés aquí con tus ojos claros.
Para aligerar aquel duro peso de nuestros días, esa soledad que llevamos todos y marca la vida. Para descartar esta sensación de perderlo todo, para analizar por dónde seguir y elegir el modo. Para aligerar, para descartar, para analizar y considerar, sólo hace falta que estés aquí con tus ojos claros.
Para combinar lo bello y la luz sin perder distancia, para estar con vos sin perder el ángel de la nostalgia. Para descubrir que la vida va sin pedirnos nada, y considerar que todo es hermoso y no cuesta nada. Para combinar, para estar con vos, para descubrir y considerar, sólo hace falta que estés aquí con tus ojos claros.
(Cf. Canción de Víctor Heredia)


8VO Paso: EXAMEN DE LA ORACIÓN

Nota: Las siguientes interrogantes ayudan a centrar la experiencia vivida en la Oración.
1°) ¿Qué pasó en mí durante esta Oración?
2°) ¿A través de cuáles señales me habló Dios?
3°) ¿Qué quiero cambiar en mi vida?
4°) ¿Qué me distrajo en la Oración?
5°) ¿Qué se quedó grabado en mí?


TERMINO LA ORACIÓN CON LA SIGUIENTE OFRENDA

Toma, Señor, y recibe, toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad;
todo mi haber y mi poseer. Tú me lo diste, a ti, Señor lo devuelvo.
Todo es tuyo. Dispón de mí según tu voluntad.
Dame tu amor y gracia que ésta me basta. Amén.

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