martes, 8 de mayo de 2012

Encuentros con la Palabra, por Hermann Rodríguez Osorio, S.J., Domingo V de Pascua – Ciclo B (Juan 15, 1-8) – 6 de mayo de 2012


“Yo soy la vid y ustedes son las ramas”


Desde los orígenes de los tiempos, los seres humanos hemos aprendido que unidos podemos sobrevivir más tiempo y tener una mejor calidad de vida. Estar separados y enfrentados, es el primer síntoma de la desaparición de una organización humana. Por eso los pueblos se han ido organizado de distintas formas y han creado estructuras, cada vez más amplias, de convivencia humana: tribus, pueblos, naciones, países, Estados...

Incluso, recientemente, los pueblos y las naciones, que lucharon en otras épocas con tanta convicción por su independencia, han ido caminando hacia estructuras de unión supranacional, dejando atrás diferencias que antiguamente parecían insalvables. Estas formas nuevas de organización social han tratado de respetar las identidades particulares de cada pueblo, es verdad, pero buscan la supervivencia particular en la posibilidad de la supervivencia común. “O vivimos todos, o aquí no vivirá nadie”, parecen decirse entre ellos. Claro que todavía hay demasiados pueblos y naciones, es decir, seres humanos de carne y hueso, pero sobretodo de hueso, que quedan por fuera de estos planes de unión de los poderosos de este mundo, y se ven, cada vez más, condenados a la desaparición.

En las Reducciones jesuíticas que se crearon en el siglo XVII al sur del continente americano, entre los indígenas que habitaban esas tierras, el mayor castigo que recibía una persona, era ser apartado de la comunidad, es decir, civilmente hablando, ser excomulgado. Ellos sabían, perfectamente, que en esas selvas inhóspitas, era imposible vivir estando separados de la comunidad. El que recibía este castigo, prácticamente, estaba condenado a morir.

Este mismo principio de la supervivencia social, funciona en el ámbito de la vida en todas sus expresiones: los microorganismos, las plantas, los animales, la vida misma, se sostiene y crece, gracias a una dinámica de sinergias y alianzas. Sin el apoyo de unos a otros, ningún organismo vivo, puede seguir siendo tal. Esto es lo que quiere señalar la comparación que nos presenta Jesús en el Evangelio de hoy. No hay que ser un agricultor muy experto para saber que una rama, desprendida del tronco, no puede dar frutos. Todos sabemos, incluso, que si la rama se separa del tronco, se muere... Jesús señala así la cualidad que debe caracterizar a sus seguidores, si quieren participar de su vida, como Él participa de la vida de Dios: O nos mantenemos unidos a Jesús, o no podremos dar fruto, porque la vida de Dios se muere en nosotros.

Permanecer unido es estar con otro allí donde él está; participar con él de lo bueno y de lo malo; acompañarlo en todo momento y disfrutar de su cercanía. Jesús nos invita no sólo a estar unidos a él en los ratos de oración, más o menos generosos, o en las celebraciones en las que participamos con alguna regularidad. Nos invita a estar unidos a él en todo lo que hacemos; a buscar y hallar su presencia a cada instante, en cada paso que damos, en cada acción que emprendemos, en cada decisión que tomamos. Permanecer unidos a Él en la vida toda, en los momentos de pasión y en los tiempos de resurrección. Sólo así, como los pueblos, podremos seguir viviendo y no desaparecer...

Hermann Rodríguez Osorio es sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
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El Mensaje del Domingo , por Gabriel Jaime Pérez, S.J., V Domingo de Pascua, Ciclo B – Mayo 6 de 2012



Durante la cena pascual, la víspera de su pasión, Jesús les dijo a sus discípulos: "Yo soy la vidverdadera, y mi Padre es el que la cultiva. Si una de mis ramas no da uvas, la corta; pero si da uvas, la poda y la limpia para que dé más. Ustedes ya están limpios por las palabras que les he dicho. Sigan unidos a mí, como yo sigo unido a ustedes. Una rama no puede dar uvas de sí misma, si no está unida a la vid; de igual manera, ustedes no pueden dar fruto, si no permanecen unidos a mí. Yo soy la vid, y ustedes son las ramas. El que permanece unido a mí, y yo unido a él, da mucho fruto; pues sin mí no pueden ustedes hacer nada.
El que no permanece unido a mí, será echado fuera y se secará, como las ramas que se recogen y se queman. Si ustedes permanecen unidos a mí y fieles a mis enseñanzas, pidan lo que quieran y se les dará. En esto se muestra la gloria de mi Padre, en que den mucho fruto y lleguen así a ser verdaderos discípulos míos”(Juan 15, 1-8).
El Evangelio de hoy tiene como trasfondo la Canción de la Viña o cultivo de uvas, escrita ocho siglos antes de Cristo por el profeta Isaías (I5, 1-7) para referirse a la acción amorosa de Dios que cuida de su pueblo como el viñador lo hace con la vid. Esta misma imagen es evocada ahora por Jesús para exhortar a sus discípulos a permanecer unidos a Él. Reflexionemos sobre esta exhortación, teniendo en cuenta también los demás textos bíblicos de este domingo [Hechos de los Apóstoles 9, 26-31; Salmo 22 (21), 26b-28.30-32; 1ª Carta de Juan 3, 18-24].

1. “Yo soy la vid verdadera (…) y ustedes son las ramas
La expresión Yo soy empleada por Jesús (Yo soy la luz del mundo - Yo soy la puerta - Yo soy el buen pastor - Yo soy la resurrección y la vida - Yo soy el camino, la verdad y la vida - Yo soy el pan de vida - Yo soy la vid - Yo soy, el que habla contigo, como le dice a la Samaritana cuando ella le pregunta por el Mesías -Cuando ustedes hayan levantado en alto al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo soy -, o simplemente Yo soy, como les responde a quienes llegan a apresarlo en el huerto de Getsemaní) es en el Evangelio de Juan una referencia al nombre con el que se le había revelado Dios a Moisés: Yo soy el que soy (Éxodo 3, 14), que es lo que traduce el nombre hebreo Yahvé.
Lo que Dios es se manifiesta en la forma como actúa, y esta acción la expresan en los textos bíblicos varias metáforas, entre ellas la imagen del viñador o cultivador que llena de todos sus cuidados la planta que él mismo sembró, y la figura de lavid verdadera que da las mejores uvas para la producción del mejor vino, con la cual Jesús se identifica prometiendo que quienes estén unidos a Él, como las ramas al tronco, darán mucho fruto.
Hay en este pasaje del Evangelio un detalle significativo: Jesús dice que al que da fruto lo limpia -o en otras traducciones lo poda- para que dé más fruto. Esto quiere decir que, en el proceso de crecimiento espiritual que implica nuestra unión o comunión con Él, debemos estar dispuestos a experiencias de purificación para arrancar de nosotros los apegos o afectos desordenados que nos impiden dar frutos de buena calidad.

2. “Quien permanece unido a mí da mucho fruto”
El fruto resultante de permanecer con Jesús es la vivencia del amor, gracias a la cual la  Iglesia primitiva, la comunidad primera de quienes creyeron en Jesús resucitado, tenía paz y crecía espiritualmente, como lo dice la primera lectura (Hechos 9, 31), cumpliendo el mandamiento por el cual eran reconocidos sus seguidores, como Él lo había dicho y lo repetiría en el mismo Evangelio (Ámense unos a otros como yo los he amado… En esto conocerán los demás que ustedes son mis discípulos: Juan 14, 34-35; 15, 12.17) y como lo recalca la segunda lectura (Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: 1 Juan 3, 23).
Ya ustedes están limpios, dice Jesús. En efecto, todo el proceso formativo de sus discípulos ha implicado una purificación inicial, pero ésta debe continuar porque las tendencias desordenadas no desaparecen en forma automática, y por ello es necesario reforzar constantemente la conexión con Él. Ahora bien, para estar y permanecer unidos a Jesús tenemos que dejarnos vivificar por la savia que Él quiere comunicarnos: su Espíritu Santo, que nos mueve a escuchar y comprender la Palabra de Dios en la oración individual y comunitaria, y a conectarnos con la vida resucitada de Jesús en la comunión eucarística.
La idea de estar en unión con Jesús, que aparece siete veces en el pasaje del Evangelio de hoy,  constituye el núcleo del mensaje de este domingo y nos da una clave importante para examinarnos, preguntándonos: ¿Qué he hecho, qué hago y qué debo hacer para permanecer conectado a Jesús?

3. “Si permanecen unidos a mí y fieles a mis enseñanzas, pidan lo que quieran…”
¡Ama y haz lo que quieras! San Agustín de Hipona (siglo IV d.C.) expresó con esta frase el sentido de lo que Jesús les dice a sus discípulos en la última parte del pasaje evangélico de hoy. Es frecuente la queja de quienes se sienten desatendidos por Dios porque no oye sus peticiones o parece no tenerlas en cuenta. Lo que ocurre tal vez es que, quienes así se quejan, por una parte no han cumplido la condición que indica Jesús -si permanecen unidos a mí y fieles a mis enseñanzas-, y, por otra, no han entendido que la oración hecha como es debido nos dispone a pedir lo que nos conviene para nuestra vida espiritual y eterna, que es muy diferente de lo que corresponde a nuestros afectos desordenados.
Invoquemos entonces especialmente en este mes de mayo la intercesión de María Santísima, para que, como decía san Ignacio de Loyola, ella misma por obra y gracia del Espíritu Santo nos ponga con su Hijo, es decir, nos mantenga unidos a Él de tal modo que nuestra vida sea productiva y podamos dar frutos de amor, de justicia y de paz.-

Pistas para la Homilía, por Jorge Humberto Peláez S.J., PASCUA – DOMINGO V B (6-mayo-2012)


1. Lecturas:
a. Hechos de los Apóstoles 9, 26-31
b. I Carta de san Juan 3, 18-24
c. Juan 15, 1-8

2. “Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador”. Con estas palabras, el evangelista Juan introduce un texto en el cual se destacan la delicadeza de las imágenes empleadas y la profundidad mística de su contenido. A partir de una hermosa escena tomada de la vida del campo, el evangelista nos descubre el tipo de relación que Dios ha querido establecer con nosotros por medio de su Hijo encarnado.

3. Cuando meditamos en el alcance del mensaje comunicado a través de la sugestiva imagen de la vid y los sarmientos, nos sentimos sobrecogidos. Dios nos está diciendo que la Pascua de Jesucristo ha permitido que sucediera lo inimaginable, que se unieran extremos que, desde la lógica humana, parecían absolutamente contrastantes y lejanos: Dios que es la plenitud del ser y las limitaciones humanas, el Creador y la creatura, la santidad infinita y el pecado. Los extremos, que parecían irreconciliables, se unen en el Señor resucitado: el Señor es la vid verdadera, nosotros somos los sarmientos y el Padre es el viñador. A través de esta hermosa imagen campesina, Dios nos revela el tipo de relación que quiere construir con cada uno de nosotros a través de la comunidad.

4. Conectemos este expresivo texto sobre la vid y los sarmientos con los sacramentos de la Iglesia. Por las aguas del bautismo participamos de la Pascua del Señor, y entramos a formar parte de la comunidad de fe. Empezamos a nutrirnos de esa savia que es la gracia divina. Los bautizados son los sarmientos de la vid verdadera. Por eso la dinámica de la vida cristiana es ir fortaleciendo la unión con Dios de manera que los valores evangélicos estén presentes en todas nuestras actuaciones; en el lenguaje del evangelista Juan, que demos frutos.

5. Ahora bien, el camino de la vida cristiana está lleno de trampas mortales, pues el pecado acecha en todas partes, no solo en el interior de nuestros corazones sino también en las estructuras sociales... Innumerables fuerzas confabulan para que los sarmientos se separen de la vid.

6. La imagen de la vid y los sarmientos que deben dar fruto nos está gritando que la fe cristiana es mucho más que un sentimiento espiritual o una emoción estética; la fe que el Señor pide debe dar frutos de compromiso con los hermanos.

7. Este relato del evangelista Juan tiene, como concepto central, el verbo PERMANECER; se repite siete veces. ¿Qué nos dice este verbo, que aparece con tanta insistencia? Describe la solidez que debe tener nuestra relación con Dios, la cual no puede ser “de tiempo parcial”, manifestándose unas veces y otras ocultándose, a merced de los caprichos momentáneos y de los intereses cambiantes. La identidad cristiana debe dejar una huella inconfundible en la vida familiar, en la manera como interactuamos con los demás, en la calidad de los servicios profesionales que ofrecemos, en la transparencia de los negocios que hacemos, etc. El verbo PERMANECER subraya la coherencia entre lo que confesamos con las palabras y las acciones que realizamos.

8. Cuando leemos los libros del Antiguo Testamento, nos sorprende la terrible inestabilidad del pueblo escogido que, a pesar de las especialísimas muestras de afecto y predilección que continuamente recibía de Yahvé, con frecuencia murmuraba contra Dios y sus dirigentes, y en repetidas ocasiones se apartó de la fe en un solo Dios para rendir culto a los dioses de los pueblos vecinos. A pesar de esa tormentosa historia de infidelidades, el Dios de la Alianza es el siempre fiel, y espera que el pueblo recupere su ruta. Es el llamado a la conversión que resuena con tanta fuerza en la predicación de los profetas y en la proclamación del Reino de Dios.

9. El evangelio de hoy termina con una motivación que nos llena de entusiasmo: “La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto”. Dios quiere nuestra felicidad, que desarrollemos al máximo nuestras cualidades, que nuestro proyecto le apunte a los valores consistentes y que no dilapidemos la existencia por caminos que solo conducen a la vaciedad y al sin sentido.

10. Que esta inspiradora imagen de la vid y los sarmientos, cuyo mensaje se sintetiza en el verbo PERMANECER, nos ayude a desarrollar una vigorosa espiritualidad que se nutre de la oración y de la participación en la vida sacramental de la Iglesia, y que produce frutos abundantes al servicio de la comunidad.

Mística


"Somos una mezcla de luz y barro, moldeados de a poco por las manos de Dios hasta quedar a su imagen y semejanza. Vemos su imagen a través de sus manos."
Édison Hüttner
Porto Alegre / Religión – Sol, sol. Noche, noche. En la colina de Taizé, voces unidas cantan en muchos idiomas, sin parar: veni, sancte spiritus... Adoramus te, o Christe..., sintonizando el amor que sembró el hermano Roger... Otras manifestaciones buscan el equilibrio de la mente y el cuerpo, como el yoga y la Gestalt-terapia, colocando piedras calientes en la base de la columna vertebral, y casas equilibradas con armonización Feng-Shui, con eneagrama de personalidad, método que practico desde El Escorial, España, meditando con hilos de humo de sándalo. Esto aporta beneficios e indica el camino de una antigua aspiración: ¿cómo responderle a la vida?
Entre luces y sombras algo grita. Es el Clamor del epulón (Lc 16,19-31). Grita para dar a conocer el consenso que se da por cierto en nuestros días: ¡apártate de las energías negativas, no te involucres en conflictos y situaciones que absorben tu esencia! Su consecuencia: toma distancia de ciertos lugares pues allí se escucha el pedido de auxilio del necesitado, mejor aún, múdate al valle del “portal de cristal”, allí está la paz, la “conexión”, el contacto con la naturaleza y todas las vibraciones del universo. Estos pensamientos arrastran. En el pasado, legiones de campesinos y guerreros fueron guiados por un principio fanático: tomar posesión de Jerusalén. Quizás para celebrar la victoria al lado de partículas del Signo Crucis, como si Jesús estuviese allí, de pie, esperando abrazarlos y ser adorado. Las “reliquias” de Jesús eran los cuerpos de los musulmanes y cristianos enterrados en el camino y en los muros de Jerusalén. Pero era posible celebrar, incluso en medio del desierto; uniendo las manos alcanzarían el espíritu de la “última cena”… En otras palabras, el idioma de amor que proferimos en oraciones a la luz de los vitrales en las capillas o frente a un altar, no puede ser distinto del lenguaje que usamos después, en la mesa de la comida.
A veces creemos que la mejor forma de elevar el alma y encontrar la savia de la vida interior está en ser como el Maestro que camina por las laderas de los cerros leyendo escritos, distante. No basta. Si el Maestro suplica al cielo y mira con ternura hacia la planicie, establecerá entre el cielo y la planicie una claraboya brillante por donde bajarán en llamas los caballos de Elías (2 Rs 2, 11ss.). Caminarán a su lado, tirando un arado de bronce, llevando la fuente de agua cristalina desde la cima de la montaña hasta el valle seco para que las madres laven las manitos de sus hijos amados. Después, dejará que los caballos corran por los campos verdes donde los nativos dicen que contemplan corceles negros galopando sobre las aguas del río.
Hay situaciones sin salida, en el límite de la vida. Este es un camino; a través de la nube gris se alcanza el azul infinito, la libertad plena.
*En 1997 fui misionario en el Amazonas. Me llamó la atención los gestos de un profesor de 4° básico de una escala de la red del municipio Benjamín Constant. El primer día de clases, a vuelta de vacaciones, el profesor notó que algunos alumnos le decían “loquito” a un compañero. Por eso el alumno no conseguía progresar en los estudios, se quedaba atascado. Sus ojos tenían un dolor incomprensible. En una de esas tardes, en el recreo, el profesor vio al niño en el patio del colegio abrazando a sus compañeros de modo original, diferente. Al final de la clase, el profesor se quedó con Raimundo en la sala para decirle que admiraba su actitud cariñosa, nunca vista en el colegio, y que olvidara la ofensa de los compañeros. Al día siguiente el profesor dejó la tiza sobre el pupitre y continuó el diálogo con todos sobre lo que realmente estaba sucediendo. También habló con los padres, para que ayudaran al colegio y a sus hijos. Algo cambió. Algunos alumnos empezaron a abrazarse en el patio del colegio, siguiendo el ejemplo de Raimundo. El descontento del colegio no era la nota baja, la reprobación del año, sino cuando hay un conflicto entre alumnos, profesores, padres… En los peores criminales las verdaderas armas son la ofensa, la provocación, el escarnio. El revólver, el dedo en el gatillo, es consecuencia de esta realidad presente en la comunidad educativa, vestida con la imitación de películas violentas. Si todos actuaran como el profesor y los padres, si escogieran buenas películas, si todos se abrazaran, no tendríamos suicidios ni muertes en los colegios.
** Un turista salió en busca de aventuras en templos e iglesias antiguas de Europa. En España se encantó con algunas cruces y las compró. Compró tres lindas Cruces de Caravaca; una plateada y dos doradas. La primera le había sido especial en toda su caminata, signo de misterio y poder. Parecía funcionar realmente. Al regresar a su país instalaría un altar para colocarla. Cuando llegó para ver nuevamente a sus familiares, sintió que algo andaba mal. La atmósfera de la casa había cambiado, estaba denso. Había discusiones y peleas. Y en ese momento los hijos ponen en juego este motivo a su favor: bueno, ya es la hora en que pasa el bus, no puedo volver cansado. El joven turista se quedó. En la noche, rezando, mirando su cruz plateada le pidió al Señor que pusiera los ojos en su casa. Que aquel dolor la sufriera él, que él la asumiera. Luego, antes del anochecer, se quedó un tiempo conversando con sus padres. Entrada la noche, colocó su cruz plateada debajo de la almohada. Al despertarse percibió una claridad en la pieza, una simple luz que llegaba hasta el sofá, centellando sobre la cruz plateada, que contemplaba, agradecido. Al partir, dejó su cruz. Su madre la puso sobre la cómoda de la pieza, con el retrato de toda la familia. La otra cruz se la regaló a su hermano. Se quedó con la última, la que había comprado en una promoción, una dorada; el angelito de la derecha que ayudaba a sostener la cruz no tenía las alitas.
*** Conocí a una alumna ciega en un curso de fisioterapia. Estudió el contenido de los curso de Humanismo y obtuvo la nota más alta. Con toda seguridad hará un buen trabajo atendiendo a sus pacientes.
De a poco aprendemos a creer en nuestros propios huesos, en la carne profunda. Entre la luz y la sombra existe algo intenso, como el encuentro de la noche con pétalos blancos esparcidos en el suelo, del sol con la rosa. Que en ciertos momentos el alcanzar la elevación espiritual más profunda no está en el camino luminoso, cuando escuchamos la música del revuelo fresco de las alas de los ángeles a nuestro alrededor. Alégrate, porque un ángel puede estar a tu lado y defenderte, abrir la puerta de la prisión, indicar el camino, o quizás tú mismo puedes ser un hermano entre ellos y el pueblo. Sin embargo, en ciertos momentos, el camino de luz se encuentra a través del camino del miedo, cuando ponemos nuestra propia alma en riesgo, luchando solos contra un demonio. Cuidado, algunos se transforman en demonios sin posesión. Son fuertes. Pasan año tras año cometiendo atrocidades, creando una sociedad en forma de triturador gigante. Siguen siendo fuertes hasta que se les obstruye (…) mientras en los campos de concentración muchos inocentes murieron con “pijamas listados”; a menudo se escucha decir: él está con un demonio. No es así. Es porque perdió el empleo, fue explotado e insultado indignamente, víctima de confabulaciones injustas, muere al enfrentar al triturador gigante, buscando su libertad y la de los otros.
Muchas veces nos llega la noticia: Anoche falleció... (Billie Holiday, Elvis Presley, Elis Regina, Amy Winehouse...) Todo indica que la causa sería una sobredosis, un cóctel de sustancias tóxicas… Sigue el turno fantástico: señoras y señores, el mundo está de luto. ¿Qué mundo? La verdad duele cuando preguntamos: ¿por qué la abandonó su amigo?, ¿sus fans? ¿Qué sucedió con los padres de los jóvenes drogados de Cracolandia, de la ciudad de Sao Paulo? Especialmente debieran preguntarse a sí mismos las compañías de cine, la prensa e Ibope –metáforas de ángeles y demonios.
Parece que vamos contra el sentido del tránsito en el mundo, dividido entre cielo y tierra, entre el puro, el abstemio y el pobre que vive bajo el puente, el preso, los ciegos, los anencéfalos porque dicen que fueron abandonados por Dios. Serán borrados del planeta. Existe un torrente que arrastra a las personas, pero si nos damos cuenta, hay algo en el espacio en blanco entre las letras más allá de la piel del mundo: (…) Daniel y sus dos amigos bailaron en el fuego alabando las obras del Señor en medio de la fresca brisa traída por un cuarto hombre. Era un ángel enviado (Dn 3, 1-30); cuando Saúl entró en una gruta cayó en manos de David. Cuando existe venganza en ambos lados, cualquier camino es engañoso. Por lo tanto, en las encrucijadas, el mundo puede cambiar. Al tirar la espada al suelo, David anuló el antiguo proverbio: De los impíos saldrá la impiedad. Saúl creó un nuevo presagio: ¿Quién es el hombre que encontrando a su enemigo, lo deja irse tranquilamente? (I Sm 24, 3-21); Edith Stein, a quien habían echado de una universidad, presa en las redes del poder, alcanzó sabiduría en el Carmelo y santidad en el martirio, confiando, con phänomenologie y la cruz.
Al confiarnos y contemplarnos profundamente, nos liberamos de males y temores, del veneno, como lo demostró Moisés: para quienes fueron mordidos, el antídoto para la curación se consigue contemplando la propia serpiente hecha en bronce y colgada en un asta erguida en el desierto (Nm 21, 7-9), en el sufrimiento de la noche oscura, unimos las piezas, ángeles sin cabeza, iluminamos penumbras de antiguas iglesias, se restituye el mosaico, también en otros cuadros, cuando la alegría y la bondad se transforman en materia prima para modelar la figura de su belleza y de su fiesta –encendiendo para siempre el amor con que fueron criados, nos liberamos de la mentira y de las armas, de los muros y del fuego, de la ceguera, y dirigimos la mirada para ver cosas aún no vistas, de otro mundo, en este mundo, como revela un poeta cuyo nombre se ha olvidado: caminando exhausto en medio de la multitud al final del día, encontré una mirada, y en esta mirada, descansé.
Somos una mezcla de luz y barro, moldeados de a poco por las manos de Dios hasta quedar a su imagen y semejanza. Vemos su imagen a través de sus manos. ¡Entonces imaginen! Más personas contemplando humillados en la arena del mar, con hambre de justicia, de pan, de paz verdadera. Pasarán por la tempestad y encontrarán el cielo azul, admirando la espuma blanca del mar estrellándose contra el bronce de la proa del espléndido barco… Al anochecer, a la orilla del mar, cenarán pescado y pan asados, con lechuga, aceitunas, arroz y adornos de arreglos florales… canciones con saludos y abrazos, como el Resucitado que celebra en nosotros una fiesta sin fin, como decía Santo Atanasio. Por tanto, buscad primero el Reino de Dio y todo lo demás les serán añadidas (Mt 6,24-34).
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Édison Hüttner. Facultad de Teología de la PUCRS, Porto Alegre (Brasil).

miércoles, 2 de mayo de 2012

Un camino de vida


Jean-Marie Faux, SJ
Los Evangelios nos dicen que después del bautismo de Juan en el Jordán, Jesús fue tentado en el desierto por el diablo. Mateo (4, 1-11) cuenta la triple tentación y las tres respuestas de Jesús. Al leer esta historia hoy, en un momento en que percibimos intensamente los excesos de nuestra civilización y las amenazas que plantean para el futuro de nuestro mundo, parece que las tentaciones reflejan estos abusos, y que las respuestas de Jesús, en su sabiduría simple, muestran la manera de cómo hacer frente a esas amenazas y abusos. Sus respuestas abren un camino de vida.
“Di que estas piedras se conviertan en pan.” El deseo de tener, poseer, y de poseer aún más, es una tentación permanente de los seres humanos. Podemos afirmar que la globalización neo-capitalista encuentra su motor aquí. Estos deseos amplían la desigualdad entre regiones y dentro de cada país, entre ricos y pobres, y agotan los recursos del planeta.
“No sólo de pan vive el hombre.” La respuesta de Jesús nos recuerda que hay otras cosas en la vida que aquellas que se pueden comprar. Es una invitación a lo que podríamos llamar la elección voluntaria por la sencillez. Esta opción de moderación de nuestras necesidades, que requiere una ascesis, es una opción positiva: para volver a descubrir la realidad de las relaciones humanas, de una vida sencilla y, motivada con esta elección, soportar las presiones sobre el medio ambiente y reinventar otras formas de vida.
“Tírate abajo desde lo alto del templo.” Somos capaces de hacer too lo posible para empujar los límites del conocimiento humano y el poder. Las señales de alarma se multiplican hoy en día. No sólo nuestra codicia agota los recursos limitados de nuestro planeta, sino también nuestra osadía es una amenaza.
No tentarás al Señor tu Dios.” Jesús lleva al ser humano a la verdad. Todo lo que científica y técnicamente es factible, no está en el buen camino mismo, la capacidad técnica no es el criterio absoluto de la acción humana. Más allá de una simple advertencia, lo que se plantea es la cuestión del sentido. La respuesta de Jesús puede provocar la discusión sobre el desarrollo sostenible o, más radicalmente, la prosperidad sin crecimiento. La distinción entre lo que es posible, beneficioso y necesario y lo que yace más allá de las posibilidades del mundo y lo destruye, compromete nuestra responsabilidad política, que a su vez se basa en el compromiso social de todos los ciudadanos. Esto opera en última instancia en el nivel de las opciones fundamentales de vida, que podríamos llamar la espiritualidad.
Todo esto te daré, si te arrodillas y me adoras.”La última tentación trata de poder, de la omnipotencia. El tentador se presenta como amo del mundo, que dispone de todos los reinos. Adorarlo significaría en última instancia, adorar el poder, el ídolo supremo. Precisamente aquí nos encontramos con una idolatría, la más peligrosa de todas.
Adorarás al Señor tu Dios y a él sólo servirás.” La respuesta de Jesús pone al ser humano en el lugar correcto. Cualquiera que sea su rango o el alcance del poder de alguien, la tierra no pertenece a los poderosos. Creado por Dios, el mundo está a cargo de las personas humanas. Todo el poder es ante todo una tarea, la responsabilidad de servir al bien común. La gestión del bien común es una tarea política y el poder político recibe su legitimidad del voto de los ciudadanos, así como sus decisiones deben corresponderse con la voluntad de los ciudadanos. Sin embargo, ya sea para una sociedad concreta o para la sociedad a nivel mundial, el bien común no puede ser determinado por los modos de elección democrática. De esta manera, debemos volver a la dimensión más preciada de nosotros mismos, a nuestra conciencia. La idolatría del poder se enfrenta a la responsabilidad de la conciencia humana.
Al rechazar la triple tentación de tener, de actuar de manera omnipotente y de dominar, Jesús revela la verdad de la existencia humana. La lectura contemporánea que hemos propuesto de esta historia implica nuestra responsabilidad de encontrar nuevas formas de vivir y de gobernar: la elección voluntaria de la sencillez de vida, la administración del conocimiento humano y la aceptación de la solidaridad del bien común.





Jean-Marie Faux, SJ




El autor nación en 1923 y ha sido profesor de Teología Fundamental en el Institut d’Etudes Théologiques en Egenhoven-Leuven y Bruselas, Belgique. Es miembro del Centro Avec en Bruselas, un centro de investigación de jesuitas de ciencias sociales.

martes, 1 de mayo de 2012

Ya no basta con rezar


Santiago / Religión – La oración es un elemento esencial para la vida de los cristianos. El Pueblo de Israel reza, Jesús reza y enseña a hacerlo, y desde pequeños a muchos de nosotros se nos invitó a pedirle a Dios que nos cuide y nos proteja.
La oración intenta descubrir el paso del Espíritu por nuestra vida para así ser más fieles a su amor. La oración es diversa y rica en sus formas. No existe un modo único de escuchar a Dios.
En efecto, las múltiples espiritualidades son reflejo de los distintos modos de acercarse al Evangelio. Lo central está en que, por más que haya diversidad, el centro está en Jesús, que se nos presenta en la Palabra de Dios y por medio de la Iglesia.
Sin embargo, la vida cristiana no se restringe a las formas de oración.
Muchas veces creemos, erróneamente, que un buen cristiano es aquel que va mucho a misa, que reza mucho, que vive los sacramentos y que con ello tiene el cielo asegurado.
Si bien lo anterior es importante, en algunos ambientes el centrarse tanto en esta forma unívoca de vivir la pertenencia a la Iglesia lleva a desconocer, a rechazar y evitar el contacto con la cultura, con las preocupaciones del país, con los más pobres. Y entonces vivir el Evangelio se circunscribe a las cuatro paredes del templo.
Así se termina viviendo una vida aislada, centrada en sí mismo, preocupada más por la perfección personal y validando más la integridad particular que la preocupación por el prójimo. El cumplimiento de las normas, las formas y la pulcritud en el rito termina siendo lo más importante y central.
COMPROMISO, CERCANÍA Y SOLIDARIDAD
Que una persona rece más o menos no termina siendo lo más fundamental. Que una persona vaya más o menos a misa, no comprueba que sea un buen cristiano. Que celebre más o menos los sacramentos, no asegura que viva con fidelidad el Evangelio.
¿Cómo se verifica la vida cristiana? La vida cristiana se verifica por los actos, por las obras, por una conducta y una actitud de amor y de servicio a los más pobres y necesitados.
Se verifica por un modo de vivir que muestra compromiso, cercanía y solidaridad con aquellos que más necesitan.
Un buen cristiano, por lo tanto, es aquel que, alimentado por la oración y los sacramentos, finalmente es capaz de vivir cotidianamente aquello que predica.
Una oración que lleva a ponerse en el lugar del otro, una oración que lleva a vivir insertos en la cultura y en la historia de los pueblos, una oración que tiene como centro las preocupaciones y las necesidades de los excluidos, es la oración que lleva al mismo tiempo a vivir la fe más en las obras que en las palabras o los ritos.
Por lo tanto, que los pastores, que los laicos, que los sacerdotes y las religiosas se dediquen a rezar es bueno, pero más importante es que se dediquen a actuar.
Quienes creen que la vida cristiana es aislarse en el templo, inmunizarse frente a los problemas sociales, retirarse a tomar palco mientras el pueblo exige mayor dignidad, se equivocan.
La verificación de una buena oración es la encarnación, es visitar al preso, estar con el enfermo, con el inmigrante; es involucrarse para hacer una buena política, es reclamar al mercado mayor igualdad, es hacer que las autoridades pongan su atención en los más pobres.
No basta con rezar. Sin duda que no. Hace falta conducir la vida cotidiana estando al lado de los excluidos.
Hace falta obrar con justicia, generosidad y empatía frente a los más necesitados.
Hace falta rezar, pero para actuar con fuerza y decisión en favor de la dignidad de aquellos que necesitan ser reconocidos.
Ojalá que la Iglesia católica y los cristianos comprendamos que el evangelio se vive, se concreta, se hace realidad cuando actuamos conforme a la justicia que la misma fe nos exige y no solo cuando rezamos o le pedimos a Dios en el silencio del oratorio.
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Iván Navarro, S.J. Artículo publicado en revista Mensaje, www.mensaje.cl

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