domingo, 8 de diciembre de 2019

COMUNITAS MATUTINA 8 DE DICIEMBRE 2019 DOMINGO II DE ADVIENTO CICLO A


“Yo los bautizo con agua en señal de conversión, pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y no soy digno de llevarle las sandalias. El los bautizará con Espíritu Santo y fuego”
(Mateo 3: 11)

Lecturas:
1.   Isaías 11: 1 – 10
2.   Salmo 71: 2.8.12-13 y 17
3.   Romanos 15: 4 – 9
4.   Mateo 3: 1 – 12

La primera lectura de este domingo es uno de esos textos preciosos de Isaías que nos describe la utopía bíblica, un mundo de justicia, de paz, de reconciliación, donde se dan las mejores condiciones para que la dignidad de los seres humanos encuentre óptimo cauce de realización. Todo lo que tiene que ver con el sentido de la vida, con la felicidad, con el logro de los ideales máximos de la humanidad, encuentra en este lenguaje profético total resonancia.
Ahora, cuando una vigorosa inconformidad recorre muchos países del mundo, debemos preguntarnos por las virtualidades liberadoras de nuestra fe. El cristianismo es utopía porque propone un ideal supremo que conocemos como el reino de Dios y su justicia, lo que Jesús plasmó en sus bienaventuranzas. Utopía no es lo irrealizable sino lo que está en continuo dinamismo y acontecer, sin identificarse con un lugar específico, pero animando siempre la historia de la humanidad en la clave de su plenitud liberada y liberadora.[1]
El pensamiento utópico es componente esencial del judeocristianismo. La expectativa mesiánica del pueblo de Israel, animada por los profetas, es la constatación del proceso de fe de aquellas comunidades que recogían en la figura del Mesías su esperanza en un Dios liberador que vendría a redimirlos de todo pecado, injusticia y dominación. Vale decir que en esa conciencia esperanzada latía la ilusión de una liberación histórica de las esclavitudes a las que fueron sometidos sistemáticamente por persas, griegos y romanos.
Muchos siglos más tarde, surge en América Latina la corriente teológica de la liberación como expresión de la eficacia histórica de la fe que, sin negar la consumación del ser humano y de su historia en la trascendencia definitiva, quiere validar esta misma fe por su capacidad para generar procesos de cambio social y de emancipación de todo injusto sometimiento. De Dios es propio reivindicar la dignidad humana e  inspirar las luchas históricas de liberación. Tal elemento  es definitivo para comprender la utopía que nos ofrece Isaías en la primera lectura. [2]
Si el domingo anterior se nos invitaba a la vigilancia, en este la propuesta es la conversión, la capacidad de renunciar a lo que nos pesa e impide la acogida del don del Espíritu, los narcisismos religiosos y morales, fustigados fuertemente en el evangelio de hoy por Juan el Bautista, las egolatrías, los miedos fundamentados en argumentos aparentemente razonables, el mundo interminable de nuestros afectos desordenados y, en general, todo lo que nos paraliza y cierra a la acción beneficiosa y liberadora del amor de Dios. Este proyecto es condición de posibilidad de la utopía cristiana.
Miremos  lo que nos indica Isaías, anuncio esperanzador: “Dará un vástago el tronco de Jesé, un retoño de sus raíces brotará. Reposará sobre él el espíritu de Yahvé: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahvé. No juzgará por las apariencias ni sentenciará de oídas” .[3]
Este vástago es anunciado como el portador de un nuevo orden de vida que proviene del mismo Dios, capaz de implantar en la tierra una situación paradisíaca. Por eso acude a figuras muy expresivas como : “Serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño será su pastor” .[4] El profeta alude   a la superación de la agresividad y de todo lo que divide a los seres humanos, y presenta el don de la paz como el gran indicativo de los tiempos mesiánicos.
Como ya lo sugeríamos el domingo anterior, este Adviento de 2019 debe estar marcado por el espíritu decidido para construír en Colombia una cultura de paz, favoreciendo todos los esfuerzos de reconciliación e incluyendo, en la mayor medida posible , todas las iniciativas que en este sentido están ya funcionando entre nosotros. No podemos reducirnos a un Adviento – Navidad tradicionales de novenas, villancicos, fiestas, regalos, para que en enero volvamos a la misma desolación de siempre. Aquí reside el reto mayor de conversión individual y colectiva para la totalidad de los habitantes de Colombia.
El reclamo para que haya políticas justas de salarios, de jubilaciones, de aporte económico suficiente a la educación pública, la suspensión de los asesinatos de los líderes sociales, el ejercicio de una justicia que cumpla con seriedad su deber constitucional de frenar la corrupción y la violencia, la restitución de tierras a las víctimas del conflicto armado, el respeto a los acuerdos de paz, es el gran motivo que induce a millones de colombianos a protestar en contra de un estado de cosas que no hace posibles tan legítimas aspiraciones. Si estas se logran la utopía se hace historia, y la humanidad que las requiere se dignifica y se libera. Todo esto demanda actitudes nuevas, convertidas, de todos los que estamos implicados en la tarea de hacer mundos y tierras nuevas.
Así, nos vamos con Juan Bautista al desierto: “Por aquellos días, se presentó Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: conviértanse, porque ha llegado el reino de los cielos” [5], clara referencia al distanciamiento del profeta con respecto a la religión oficial del templo y de los sacerdotes, cuyo legalismo y rigidez ritual no podía soportar: “Pero, cuando vió venir a muchos fariseos y saduceos a su bautismo, les dijo: Raza de víboras! Quién les ha enseñado a huír de la ira inminente? Den, más bien, fruto digno de conversión” [6], ratificación de su desacuerdo con el sacerdocio de Jerusalén y con todo el tejido institucional de esa religiosidad en la que primaba lo formal sobre la conversión del corazón y la acogida del don de Dios.
Al Bautista lo aquejaba el gran dolor de ver a su religión prostituída, convertida en una formalidad , y también le indignaba ver a sus dirigentes arrodillados indignamente ante el poder del imperio romano. Por eso  va al desierto a predicar este nuevo tiempo para volver a Dios y rescatar lo fundamental de su identidad religiosa y moral: “Den, más bien, fruto digno de conversión, y no crean que basta con decir en su interior: tenemos por padre a Abrahán, pues les digo que Dios puede de estas piedras suscitar hijos a Abrahán”. [7]
En este sentido es  conmovedor el esfuerzo del Papa Francisco planteando grandes  retos de cambio  a la Iglesia universal, viéndola a menudo fatigada por su peso institucional y débil para abrirse a la novedad del Evangelio y al contacto con la realidad, aletargada en su inercia de siglos, desmedidamente fijada en modos que ya no interpelan al ser humano de nuestro tiempo.[8] La Iglesia gana en credibilidad y en fuerza profética cuando el Reino de Dios y su justicia , tal como lo predica Jesús, es la fuente de su ser y de su misión apostólica. [9]
Juan dice que el reino de Dios está cerca. Qué es esto?  Para captarlo se impone que afinemos nuestra sensibilidad espiritual dejando que la fuerte confrontación del Bautista nos interpele también, poniendo en tela de juicio nuestro sofisticado egoísmo, que se argumenta con los razonamientos de “gente bien”, que da prioridad a intereses mezquinos y de corto alcance dejando de lado los grandes dramas de la humanidad, como el incesante trasegar de las comunidades que migran huyendo de guerras e injusticias, los gritos de los solitarios y desconocidos, dramas que se pretenden sofocar con las luces de una navidad consumista  y lejana de Dios y del ser humano.
Juan es precursor del Mesías, prepara para la nueva lógica de vida que viene con Jesús, para una transformación radical de mentes, corazones y conciencias, anuncio de largo alcance que cubre hasta nuestro tiempo y que aspira a mantenerse siempre vigente en la historia: “Yo los bautizo con agua en señal de conversión, pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y no soy digno de llevarle las sandalias. El los bautizará con Espiritu Santo y con fuego. En su mano tiene el bieldo y va a aventar su parva: recogerá su trigo en el granero , pero la paja la quemará con fuego que no se apaga” [10]
La palabra de un profeta como este suele no gustar porque pone el dedo en la llaga , invita a renunciar a seguridades y establecimientos de gran comodidad y egoísmo. El profeta escudriña, lee los signos de los tiempos, su mirada es de largo alcance, interpreta la realidad en clave de justicia-injusticia, de rectitud-deshonestidad, y propone a las comunidades las exigencias del auténtico ser humano, del que es capaz de liberarse de amarras para acceder a la vitalidad del verdadero Dios.
Tenemos capacidad de escuchar a los profetas de hoy? Francisco, el Papa, nos cae bien por sus gestos simpáticos, nos parece un Papa chévere porque abraza niños y se toma fotografías con futbolistas,  o  más bien nos incomoda con sus severas confrontaciones? Estamos dispuestos a dejar de ser autorreferenciales, a descalzarnos, a poner a Jesús en el centro, a deponer tantos prejuicios?
 Los tiempos mesiánicos, como los que anuncia Isaías, llegarán cuando tengamos la osadía de conocer a Dios, de captar la esencia de lo humano, de hacer trizas nuestros esquemas de seguridad. A estos tiempos se refieren explícitamente la presencia de Jesús en la historia humana, y el anuncio que de él hace Juan el Bautista.
Convertirse no consiste en adoptar un modo penitencial y sombrío, sino cambiar de rumbo en la vida. Esto se expresa con la muy elocuente palabra griega metanoia, utilizada con frecuencia en los escritos del Nuevo Testamento, con el significado de  adquirir una nueva mentalidad, en este caso, la teologal, que se caracteriza por la acogida del prójimo, por la vida recta y solidaria, por el servicio y la renuncia a toda vana ambición, por la justicia y la transparencia, por la vida que no se hipoteca a los ídolos sino que acoge la libertad que procede de Dios, según el camino que nos traza Jesús.
El anunciado Mesías, Jesús el Cristo, se hace presente en nuestra historia para transformarla en la clave bien conocida del Reino de Dios y su justicia, haciendo posible realidades como las que Pablo pide en la carta a los Romanos, teniendo en cuenta que en esas primeras comunidades cristianas se encontraban creyentes que procedían tanto del judaísmo como del paganismo, invitados a superar esas diferencias y a encontrarse en un insospechado ámbito de sentido: “Y que el Dios de la paciencia y del consuelo les conceda compartir entre ustedes los mismos sentimientos , siguiendo a Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, alaben al Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo. Por tanto, acójanse mutuamente como los acogió Cristo para gloria de Dios” [11].
La esperanza es esa actitud que consiste en desear provocando, desear ardientemente una realidad todavía utópica, tratando de hacerla tópica, real, situada en un determinado contexto de la historia. Deshistorizar la capacidad liberadora de la fe es traicionar una intencionalidad del mismo Dios, en quien se origina toda tendencia liberadora de las dominaciones pecaminosas que frustran la libertad del ser humano. [12]






[1] GUTIERREZ MERINO, Gustavo. La densidad del presente. Ediciones Sígueme. Salamanca, 2003.
[2] ALFARO, Juan. Esperanza Cristiana y liberación del hombre. Herder. Barcelona, 1975. GUTIERREZ MERINO, Gustavo. Teología de la liberación: perspectivas. CEP. Lima, 1971.
[3] Isaías 11: 1-3
[4] Isaías 11: 6
[5] Mateo 3: 1-2
[6] Mateo 3: 7-8
[7] Mateo 3: 8-9
[8] IVEREIGH, Austen. Wonded sheperd: Pope Francis and his struggle to convert the catholic church. Henry Holt and company. New York, 2019. Traducción: Pastor herido: el Papa Francisco y su lucha para convertir la Iglesia Católica. Del mismo autor: El gran reformador: Francisco, retrato de un papa radical. Ediciones B. Buenos Aires, 2015.
[9] ELLACURIA, Ignacio. Conversión de la iglesia al reino de Dios. Sal Terrae. Santander (España), 1981.
[10] Mateo 3: 11-12
[11] Romanos 15: 5-7
[12] GUTIERREZ MERINO, Gustavo. La fuerza histórica de los pobres. CEP. Lima, 1980.

domingo, 1 de diciembre de 2019

COMUNITAS MATUTINA 1 DE DICIEMBRE 2019 DOMINGO I DE ADVIENTO CICLO A


“Tengan en cuenta el momento en que viven y vayan pensando en espabilarse del sueño, pues la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe”
(Romanos 13: 11)
Lecturas
1.   Isaías 2: 1-5
2.   Salmo 121: 1-9
3.   Romanos 13: 11-14
4.   Mateo 24: 37-44
Adviento es tiempo de esperanza  porque las promesas de Dios se vislumbran en el horizonte.  Pero debemos hacer un esfuerzo para  re-significar estos contenidos, porque son muchos los discursos y prácticas religiosas cristianas bastante triviales, fundamentalistas y desconectados del universo real de los seres humanos, de los escenarios cotidianos donde se viven simultáneamente los fracasos-sufrimientos y las búsquedas de sentido.
A qué nos referimos  ? Sucede que cierto tipo de interpretación cristiana se despoja de su intensidad histórico-liberadora y pone el acento solamente  en el más allá, en eso que llamamos la “otra vida”, sin implicaciones en la experiencia histórica en la que los seres humanos construyen sus proyectos de vida, experimentan la felicidad y el dolor, viven sus contradicciones y también sus plenitudes.[1]
No es del caso entrar en explicaciones de fondo para estudiar las causas de estas visiones incompletas de nuestra fe, pero sí expresar la preocupación que esto genera, con la consiguiente búsqueda teológica y pastoral de hacer una afirmación integral de los elementos que conforman la Buena Noticia de Jesús: la plenitud de todos los seres humanos en Dios cuando pasemos la frontera hacia El, pero al mismo tiempo una anticipación comprometida, eficaz, gozosa, de la dimensión histórico-existencial de este mensaje, con su consiguiente influjo en una vida  proactiva, capaz de dotar de significado trascendente todo el quehacer constructivo y creador de los seres humanos, también para que quienes nos involucramos en esta visión creyente hagamos una opción  preferente, real y eficaz, por aquellos hermanos nuestros a quienes no les llegan las mejores razones para vivir con significado y dignidad. [2]
Vayamos ahora a  lo que nos propone Isaías para este Adviento.  Su ministerio, el más importante en la actividad profética del Antiguo Testamento, se realiza en un período de angustia, por varias razones. La primera es que el pueblo reducido de Judá está acosado por las presiones de dos países poderosos, Asur y Egipto, deseosos de devorar a esta pequeña comunidad. La segunda, porque la religiosidad de estos creyentes  es apenas ritual, formal, con poca pasión por Dios y por su proyecto.
Consciente de estas limitaciones, el profeta se presenta como un testigo de la esperanza:”En tiempos futuros, el cerro de la Casa de Yavé será el más alto de los cerros y se elevará por encima de las lomas[3] .  No ignora la crisis ni el vacío de sentido que viven sus contemporáneos, pero hace evidente que su misión procede de un Dios totalmente comprometido con la plenitud de su gente: “Gobernará a las naciones  y administrará justicia a muchos pueblos. Harán arados de sus espadas y sacarán hoces de sus lanzas. Una nación no levantará la espada contra la otra…”[4]  y por eso invita: “Casa de Jacob, ven, caminemos a la luz de Yavé[5].
Esto compromete a la comunidad de fe a cambiar su culto inerte, estereotipado, frío, por un tipo de vida coherente, que signifique con el propio relato vital la certeza de que Dios es el aval de su historia, y que esto se significa en la paz, en el respeto mutuo, en la armonía, nuevo orden de sentido que expresa cómo Yavé sí es el fundamento de esta realidad llamada a una transformación radical.
Cómo discurre esto en Colombia y en el mundo? Sabemos de los inmensos problemas en  que viven millones de seres humanos y  siempre somos insistentes para explicitarlos, porque en ellos se advierte el clamor de un Dios y de una humanidad heridos por tanta indignidad. La más reciente temporada latinoamericana nos habla de serias fracturas en el tejido social, de injusticias y exclusiones contundentes, de gobiernos ineptos, de masas de población maltratadas y excluídas de los beneficios fundamentales de la vida. Cómo va este Adviento de 2019 ante  estas realidades? Vamos a quedarnos en una predicación “extraterrestre”, meliflua, desconectada de estos contextos y desentendida de la fuerza profética de la Palabra? Qué decir desde la fe en Jesucristo a todos los que protestan? Cómo reivindicar la memoria de Dilan y de todos los líderes sociales asesinados?
 Desde los análisis académicos rigurosos hasta la misma experiencia de contacto con estas condiciones dramáticas y dolorosas, podemos dar fe de que en este mundo,  a muchísimos hombres y mujeres se les niega la posibilidad de vivir dignamente; decisiones políticas y económicas que privilegian los grandes capitales en contra de los requerimientos de las mayorías; desastres naturales que afectan a los más pobres porque las condiciones de su infraestructura no están preparadas para hacer frente a la fuerza desbordada de la naturaleza; sociedades de bienestar sofocadas en el consumo y en la vida placentera, desconocedoras de estos abrumadores y permanentes acontecimientos.[6]
Cómo ser faros de esperanza ante tanto desencanto? Volvamos sobre   la exhortación apostólica EVANGELII GAUDIUM (La alegría del Evangelio) que el Papa Francisco dirige a toda la comunidad cristiana y también a los hombres y mujeres de buena voluntad. En ella, nuestro pastor mayor nos invita a un compromiso efectivo y afectivo con el anuncio de la Buena Noticia: “El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no  se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien” [7]
Severa voz de alerta la que nos dirige  Francisco para conmover nuestra sensibilidad adormecida, justamente en ese contexto de descalzar la Iglesia, de bajarla – comprometida y encarnada – a las calles donde se desenvuelven los humanos en afanosa búsqueda de sentido y reconocimiento, de despojarla de su parafernalia a menudo incomprensible, de cambiar el lenguaje jurídico y conceptual por el de la Palabra solidaria, misericordiosa, poseída de la vitalidad teologal que hace nuevo al hombre-mujer y a todo su quehacer.
Con el lenguaje de “lo que está en lo alto”, de la “luz”, los textos bíblicos nos están invitando a detectar el pre-texto de Dios, su pasión desmedida por el ser humano y su felicidad, su deseo de hacer de esta historia un ámbito en el que la trascendencia del amor y de la libertad determinen todo el ser y la práctica de la condición humana : “Levanto mis ojos a los montes, de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra[8].   
Este Dios , revelado plenamente en el Señor Jesús,  nos provee de vitalidad liberadora, de salud integral, de ánimo para cambiar el curso de una historia guiada por criterios desordenados y para replantearla con señales visibles, reales, nítidas, de justicia y acogida para todos los habitantes del  planeta tierra y también, con central importancia, para todas las especies vivas, para toda la casa común.[9]
Por eso se impone un estudio atento y una consideración orante de todo el texto de Francisco, Obispo de Roma, y pastor de la iglesia universal. Es un documento para llevar a la vida, profundamente esperanzador pero también desafiante en la invitación a lo que él llama “una impostergable renovación eclesial”, en “una conversión del papado”, en “una pastoral en clave misionera”, en “la misión que se encarna en los límites humanos”, y en su contundente negativa a “una economía de la exclusión”, en el “no a la nueva idolatría del dinero”, en el rechazo al “dinero que gobierna en lugar de servir” y a “la inequidad que genera violencia”.
Cuando Pablo nos advierte: “Ustedes saben en qué tiempo vivimos y que ya es hora de despertar. Nuestra salvación está ahora más cerca  que cuando comenzamos a tener fe: la noche avanza,está cerca el día [10], nos está proponiendo interpretar estos signos de los tiempos  en clave teologal, y derivar de ahí novedades sustanciales para nuestro modo de vivir. A eso, en lenguaje de cristianos raizales, le llamamos conversión, cambio de mentalidad, reorientación de nuestras motivaciones y prioridades: “ Dejemos entonces las obras propias de la oscuridad y tomemos las armas de la luz[11] .
Para nosotros esa luminosidad de Dios es el mismo Señor Jesús: “Más bien, revístanse de Cristo Jesús, el Señor” [12]. Con estos elementos, se trata de hacer un examen de conciencia juicioso, personal y comunitario, para detectar dónde residen nuestros afectos desordenados y cuáles sus consecuencias: afanes de superioridad, lejanía de los pobres, consumismo, derroche, vanidad religioso-moral, culto al poder, intrigas y maquiavelismo, religiosidad ritual, enfriamiento del matrimonio y de la familia, infidelidades, trabajo ejercido sin perspectiva de servicio, acumulación de riquezas, autojustificaciones, oscuridad, injusticia.
La pedagogía que nos plantea la Iglesia en este tiempo de adviento debe llevarnos a discernir estos tiempos de protestas y de manifestaciones, la mayoría de ellas legítima expresión de un descontento popular. Cómo valoramos estos hechos en la clave de  esperanza  propia de este ciclo litúrgico?
El tono apocalíptico del texto de Mateo es una invitación clarísima al reconocimiento humilde de estas deficiencias nuestras, y a la actitud de vigilancia que debe determinar la totalidad de nuestro proyecto de vida: "Por eso, estén ustedes prevenidos, porque no saben qué día vendrá su Señor”[13]. La alternativa no es “arreglar las cosas a última hora” después de haber llevado una existencia desordenada y egoísta, que tampoco parte del temor a la posible inminencia de la muerte. Lo que se propone es una vida según el Espíritu, fundamentada en Dios y en el prójimo, con la clara vivencia del proyecto de vida que se desprende del Evangelio.[14]
Caminar por los senderos de Dios no es para construír una sociedad de perfectos, con el estilo arrogante de quienes se sienten mejores que los demás, al modo fariseo fustigado por Jesús. Esta es una propuesta para gentes humildes, que saben que el sentido definitivo de la vida no nos lo damos por nosotros mismos. El ser humano es radicalmente necesitado de Dios, de su vitalidad , y también necesitados de los  demás seres humanos en clave de comunión y  de solidaridad.
 Vivir así es, por una parte, derribar todos los  ídolos de la autosuficiencia y, por otra, acoger a cada persona  como prójimo, como compañero de camino, en la seductora historia de los que construyen con esperanza esta nueva manera de vivir llamada Evangelio, siempre incluyente y dispuesta a la donación de todo nuestro ser.
El advenimiento-adviento de Jesús se logra en el propio advenimiento. Es el desembarco de sí mismo en la propia conciencia para trascender hacia Dios y hacia los demás. Con esta sensibilidad empezamos el Adviento 2019 y el nuevo año litúrgico, en el que seremos acompañados principalmente  por el evangelio de Mateo.



[1] KUNG, Hans. Vida eterna? Trotta. Madrid, 2007. TORRES QUEIRUGA, Andrés. Repensar la resurrección. Trotta. Madrid, 2001. BOFF, Leonardo. Hablemos de la otra vida. Sal Terrae. Santander (España), 1987.
[2] MOLTMANN, Jürgen. Esperanza y planificación del futuro. Sígueme. Salamanca, 1975. BOROS, Ladislaus. Somos futuro. Sígueme. Salamanca, 1976.
[3] Isaías 2: 2
[4] Isaías 2: 4
[5] Isaías 2: 5
[6] CORTINA, Adela y CARRERAS, Ignasi. Consumo, luego existo. Ediciones Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2003. SEMINARIO TEOLOGICO CRISTIANISMO Y JUSTICIA. Dios en tiempos líquidos: propuesta para una espiritualidad de la fraternidad. Ediciones Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2019.
[7] PAPA FRANCISCO. Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium: la alegría del Evangelio. Ediciones Paulinas. Bogotá, 2013. No. 2
[8] Salmo 121: 1-2
[9] PAPA FRANCISCO. Carta encíclica Laudato si: sobre el cuidado de la casa común. Ediciones Paulinas. Bogotá, 2015.
[10] Romanos 13: 11-12
[11] Romanos 13: 12
[12] Romanos 13: 14
[13] Mateo 24: 42
[14] CASTILLO, José María. Espiritualidad para insatisfechos. Trotta. Madrid, 2010. MARTIN, James. Más en las obras que en las palabras: una guía ignaciana para todo. Sal Terrae. Santander (España), 2011. BRACKLEY, Dean. Espiritualidad para la solidaridad: nuevas perspectivas ignacianas. UCA editores. San Salvador, 2015.

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