domingo, 24 de diciembre de 2023

COMUNITAS MATUTINA 25 DE DICIEMBRE 2023 SOLEMNIDAD DEL NACIMIENTO DEL SEÑOR CICLO B

 

“Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad”

(Juan 1: 14)

 

Lecturas:

1.      Isaías 52: 7-10

2.     Salmo 97

3.     Hebreos 1: 1-6

4.     Juan 1: 1-18

 

Una pausa  en el camino:  días  de trajín y afanes sin cesar, la espectacularidad de la sociedad de consumo con su publicidad invasiva, compras y más compras, regalos, fiestas, congestiones en el tráfico de las grandes ciudades, este obsequio me falta, reviso la lista, de nuevo a correr para adquirir y estar tranquilos porque quedaremos bien con los destinatarios del regalo. Son días de verdadero ajetreo que no favorecen mucho la meditación y contemplación del sublime misterio del Dios-con-nosotros, el Emmanuel, según la significativa expresión hebrea. [1] La solemnidad cristiana de Navidad coincide  con los ciclos del equinoccio y también en su momento se encontró con festividades de las religiones antiguas de Europa[2],  es  así mismo el tiempo  final del año en el que se celebra lo vivido y se llora lo sufrido. Como el cristianismo se inculturó primero en el Asia Menor y en Europa, también en el norte de Africa, el encuentro con esas culturas favoreció interacciones   en el ámbito del lenguaje y de la interpretación de la fe, principalmente, pero también se infiltraron modos y prácticas que no coinciden con la sustancia de la fe cristiana. Una cosa en nuestro tiempo es la navidad comercial y otra, bien distinta, la que se vive con hondura espiritual en el ámbito de la Iglesia y de todas las comunidades cristianas.

Lo que queremos con este comentario inicial no es presumir de “superioridad religiosa” ante los creyentes de otras tradiciones ;   simplemente es una alerta profética, una ayuda pedagógico para ir a lo esencial:  al misterio conmovedor, apasionante, seductor, esperanzador, del Dios que  entra hasta lo más profundo de nosotros y se implica en la condición humana, su opción preferencial para disponernos a la   salvación y liberación de la injusticia, del pecado, del egoísmo, de nuestras arrogancias, de todos los ídolos , de la muerte. Ese es el llamado de atención para este alto en el camino, magnífica oportunidad para discernir dónde está el fundamento de nuestra esperanza, para no confundir esta memoria sacramental con el frenesí de la “mundanidad” consumista.  [3]

La primera lectura, del profeta Isaías,   contiene un canto de alabanza ante la inminente liberación de Jerusalén. Dos imágenes enmarcan esta lectura: la de los mensajeros que corren anunciando esta noticia de libertad, y la de los centinelas que expresan su júbilo porque ven el retorno de Yahvé a Sión. Una vez más, como en los domingos anteriores, el libro de Isaías registra la gozosa expectativa por el retorno de los israelitas, luego del penoso cautiverio en Babilonia. Miremos en este exilio forzoso, con su fuerte carga de dramatismo y sufrimiento, un prototipo de todas las penurias que padece la humanidad en muchos lugares del mundo. [4] Y, siguiendo el espíritu de este profeta, gocemos también con aquellas comunidades que recuperan su dignidad y su territorio.

El texto de este profeta es un feliz anticipo de lo que  celebramos :  la concreción definitiva de las promesas de Dios a su pueblo y a toda la humanidad,  que busca infatigablemente un sentido pleno de la vida. Dios trasciende hacia la humanidad, se hace carne e historia, toma como propio todo lo que nos afecta, lo que nos hace felices y humanos, también lo que nos frustra y esclaviza. El nacimiento del Mesías es, en primer lugar, Buena Noticia de salvación, esperanza para toda la humanidad, la certeza de un Dios amorosamente interesado en nosotros, [5]    pero también es profecía que confronta la eterna tentación humana de la opulencia, de las pretensiones de poder, del vano honor del mundo. La pequeñez y fragilidad del  niño  de Belén es el germen de la nueva humanidad, en él se significa que Dios se inserta  en cada ser humano. [6] y que lo hace sin aspavientos ni prepotencias.  Las palabras de Isaías son precursoras de estos acontecimientos:  “Qué hermosos son sobre las montañas los pasos del que trae la buena noticia, del que proclama la paz, del que anuncia la felicidad, del que proclama la salvación y dice a Sión: tu Dios reina!” [7].

Cómo devolver la ilusión de vivir en tierra propia a migrantes, desplazados, refugiados? Cómo rescatar el encanto existencial para aquellas comunidades tradicionalmente vulneradas por la pecaminosa injusticia de los depredadores de sus derechos y de su hábitat? Cómo anunciar que Dios está totalmente de parte de los últimos del mundo?  Cómo rescatar la esperanza de vivir en quienes están abatidos por la depresión y el fracaso emocional?   Cómo reencantarnos todos para hacer de los escenarios de la historia narraciones de esperanza? Cómo anunciar este mensaje de felicidad en las devastadas tierras de Ucrania, de Palestina-Israel, de nuestras comunidades tan asediadas por los señores de la muerte?

El salmo corresponde a un himno de alabanza dirigido a Yahvé porque ha obrado maravillas y porque ha revelado su justicia a las naciones: “Canten al Señor un canto nuevo, porque hizo maravillas: su mano derecha y su santo brazo le obtuvieron la victoria. El Señor manifestó su victoria, reveló su justicia a los ojos de las naciones; se acordó de su amor y de  su fidelidad a favor del pueblo de Israel” [8].

La feliz noticia de Navidad es  la  de Dios que  se significa con eficacia en lo humano, en su historia, en las experiencias concretas de la vida. Dicho con palabras de mayor calado teológico: la humanidad es la sacramentalidad de Dios. Por eso, el divino Jesús es al mismo tiempo el humano Jesús, elemento esencial de nuestra fe que también nos permite dar un nuevo significado a nuestra condición humana.  Gracias a  él  tenemos vocación de divinidad y de eternidad.[9] Cuando - siguiendo la definición cristológica del concilio de Calcedonia en el año 451 – profesamos que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre, estamos afirmando que el Padre Dios decidió que su Palabra-Verbo se hiciese historia y humanidad para que estas trascendieran hacia El y hacia el prójimo, haciéndose plenas y definitivas. Lo divino se significa con eficacia en lo humano, y lo humano  se diviniza, es el gran giro teologal y antropológico que se consuma en Jesús, el Cristo.  Así entendemos la densidad teológica de lo que dice la carta a los Hebreos: “Después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los profetas, en muchas ocasiones y de diversas maneras, ahora, en este tiempo final, Dios nos habló por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo el mundo” [10].

El Dios cristiano no transita por abstracciones, es humano, demasiado humano, se encarna, se implica, asume, se compromete, se hace todo con todos, sana, perdona, libera, reconfigura, rescata lo perdido por la muerte y el pecado, sintoniza con todos los que esperan, responde a sus demandas, no es indiferente a soledades y abandonos, es un Dios  contagioso de vida y de dignidad. Este es a quien celebramos en Navidad, este es Aquel en quien descubrimos la plenitud de nuestra condición humana,  [11] en quien todo lo precario, egoísta, susceptible de muerte y de pecado, es redimido y trascendido en divinidad.

 Dios con nosotros, para nosotros, por nosotros, desde nosotros. La divinidad sucede plenamente en la humanidad: “Y la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad” [12] Este himno del capítulo 1 de Juan posee una dinámica descendente. Esa palabra preexistente, junto a Dios y antes de todos los tiempos, puso su morada entre nosotros, se hace carne e historia, demostrando que lo prioritario en sus intenciones es hacer nuevo al ser humano, redimirlo de todo límite y precariedad, depositando en cada uno la señal de su divinidad. Dios se hace hombre, asume nuestra limitación y temporalidad, para hacer infinito e ilimitado al hombre.

Esto tiene claras consecuencias para nuestra manera de vivir. Estamos llamados a encarnarnos en las realidades en las que vivimos, mirar hacia abajo, estar con los que son vistos por la “sociedad” como poca cosa, reconocer que en ellos la revelación acontece con primerísima elocuencia. La novedad de la encarnación es abandonar la seguridad del Padre para tomar como propia la inseguridad de la condición humana pobre.[13] La Iglesia en salida misionera, despojada de vanidades y privilegios, se descalza y se inserta en la realidad de las comunidades que la constituyen, solidaria con la humanidad, entrega lo suyo propio, la Buena Noticia de este Dios que viene para nuestra salvación, haciéndose carne de nuestra carne.

“Del débil auxilio, del doliente amparo, consuelo del triste, luz del desterrado. Vida de mi vida, mi dueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano”, [14]se dice con amorosa belleza en la tradicional novena navideña, sencilla expresión   de fe  que hace patente la plenitud que Dios nos comunica en su palabra hecha historia y condición humana.

Navidad es fiesta de humanización plena, celebra lo más propio de nuestra condición: el amor, la búsqueda esperanzada  del sentido de la vida, las felicidades y las plenitudes, los seres humanos concretos con quienes hacemos  nuestros territorios de afectos y comunión, la comunidad eclesial,  la pasión por la justicia y por la dignidad, la gran faena de ser libres, la denuncia profética de las esclavitudes, la erradicación del pecado que frustra nuestra realización. Esta narrativa liberadora sucede definitivamente en la adorable persona de Jesús, Palabra plena de Dios: “Y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros”. [15]

Escuchemos al Papa Francisco en su mensaje de Navidad de 2022: “Hermanos y hermanas, Belén nos muestra la sencillez de Dios, que no revela a los sabios y a los doctos, sino a los pequeños, a quienes tienen el corazón puro y abierto. Como los pastores, vayamos también nosotros sin demora y dejémonos maravillar por el acontecimiento impensable de Dios que se hace hombre para nuestra salvación. Aquel que es fuente de todo bien se hace pobre y pide como limosna nuestra pobre humanidad. Dejémonos conmover por el amor de Dios y sigamos a Jesús, que se despojó de su gloria para hacernos partícipes de su plenitud”. [16]

Feliz Navidad 2023 para todos los lectores de Comunitas Matutina.

 

Antonio José Sarmiento Nova, S.J.

 



[1] CRUZ ARAUZ, Edgar J. Jesús: Emmanuel, Dios con nosotros. PPC. Ciudad de México, 2022. BORG, Marcus & CROSSAN, John Dominic. La primera navidad: lo que los evangelios enseñan realmente sobre el nacimiento de Jesús. Verbo Divino. Estella, 2009. BROWN, Raymond. El nacimiento del Mesías: Comentario a los relatos de la infancia. Cristiandad. Madrid, 1982. MOINGT, Joseph. Dios que viene al hombre (3 volúmenes). Sígueme. Salamanca, 2007.

[2] AUTORES VARIOS. Historia de las religiones antiguas, Oriente, Grecia y Roma. Taurus. Madrid, 1964. FRAZER, J.G. La rama dorada: magia y religión. Fondo de Cultura Económica FCE. México D.F., 1976. MARTORELL, Alfredo. El origen pagano de la Navidad. Biblioteca virtual Omegalfa. Madrid, 2020.    GONZÁLEZ ALVAREZ, Eduardo. El debate sobre la celebración de Navidad. En https://www.summitenespanol.com/wp-content/uploads/2015/12/El-debate-sobre-Navidad.pdf  RICHARD, Pablo. Orígenes del cristianismo: memoria para una reforma de la Iglesia. En Revista Espiga Año XI número 23, páginas 53-77. Departamento Ecuménico de Investigaciones DEI. San José de Costa Rica, 2016.

[3] PAPA FRANCISCO. No mundanizar la Navidad. Catequesis del 19 de diciembre de 2018. En https://www.vaticannews.va./es/papa/2018-12/catequesis-papa-no-mundanizar-navidad-descubrir-sorpresas-dios.html  BOTTE, B. Los orígenes de la navidad y de la epifanía. Taurus. Madrid, 1964. UNIVERSIDAD CENTROAMERICANA JOSÉ SIMEÓN CAÑAS UCA. Navidad: un pretexto para el consumismo. En https://www2.uca.edu.sv/publica/cartas/media/archivo/a9da2b_01editorialpag23.pdf

[4] PIKAZA, Xabier.  Cautividades de ayer y esclavitudes de hoy: caminos de liberación. En Revista de Espiritualidad  número 51, páginas 473-502.Orden de Carmelitas Descalzos España.  Salamanca, 1992; Anunciar la libertad a los cautivos: Palabra de Dios y catequesis. Sígueme. Salamanca, 1985. MESTERS, Carlos. La misión del pueblo que sufre. Confederación Latinoamericana de Religiosos CLAR. Bogotá, 1983. GARZÓN MORENO, Miguel Angel. La alegría en el II Isaías. Las exhortaciones a la alegría en el mensaje y estructura de Isaías 40 – 55. En Isidorianum volumen 26, número 51-52; páginas 39-69. Centro de Estudios Teológicos de Sevilla, 2017.

[5] NAVARRO, Rosana.  De lo humano vulnerado a lo humano resignificado, desde la experiencia espiritual de Etty Hillesum. En  Cuestiones Teológicas volumen 42 número 97, páginas 2005-228.   Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, 2015. PAPA FRANCISCO. Carta Apostólica Admirabile Signum sobre el significado y valor del Belén. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2019. HERRERO DE MIGUEL, Víctor. La pequeñez de Belén o la grandeza del corazón humano. En https://www.repositorio.comillas.edu/xmlui/bitstream(handle/11531/54831/Belen.pdf?sequence=1 PAPA FRANCISCO. Para vivir la Navidad redescubramos la pequeñez de Dios. Catequesis diciembre 3 2022. En https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2022-12/papa-francisco-dicurso-arbol-navidad-pesebre-san-pedro.html

[6] BOFF, Leonardo.  Encarnación: la humanidad y la jovialidad de nuestro Dios. Sal Terrae. Santander, 1995. PÉREZ TAMAYO, Matilde Eugenia. El misterio de la Navidad. En https://www.paracrecerenlafe.files.wordpress.com/2020/11/el-misterio-de-la-navidad-2.pdf GÓMEZ FERNÁNDEZ, Francisco José. Breve historia de la Navidad. Nowtilus. Madrid, 2019. RAHNER, Karl. El significado de la Navidad. Herder. Barcelona, 2015.

[7] Isaías 52: 7

[8] Salmo 98 (97): 1-2

[9] GONZÁLEZ DE CARDEDAL, Olegario.   Cristología. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2001. SOBRINO, Jon.  Jesucristo liberador: Lectura histórico-teológica de Jesús de Nazareth. Trotta. Madrid, 1993.  JUAN PABLO II.  Carta Encíclica Redemptor Hominis El redentor del hombre (es la primera encíclica de su ministerio pontificio). Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1979.  FERNÁNDEZ, Samuel. El descubrimiento de Jesús: los primeros debates cristológicos y su relevancia para nosotros. Sígueme. Salamanca, 2022. DUPUIS, Jacques. Introducción a la Cristología. Verbo Divino. Estella, 2010. ESPEJA, Jesús. Jesucristo, una propuesta de vida. San Pablo. Madrid, 2010. LOHFINK, Gerhard. Jesús de Nazaret. Herder. Barcelona, 2013. MOINGT, Joseph. El hombre que venía de Dios. 1: Jesús en la historia del discurso cristiano. 2: Cristo en la historia de los hombres. Desclée de Brower. Bilbao, 1995. PIKAZA, Xabier. Este es el hombre: manual de Cristología. Secretariado Trinitario. Salamanca, 1997.

[10] Hebreos 1: 1-2

[11] MAGNIN, Lucas Luciano. Misterio divino y humano. Un diálogo entre los Evangelios Sinópticos y Juan . En Albertus Magnus volumen 11, número 1; páginas 1-20. Universidad de Santo Tomás. Bogotá, 2020. KÜNG, Hans. El cristianismo, esencia e historia. Trotta. Madrid, 1997. GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. Dogmática cristológica y lucha por la justicia. En Revista Catalana de Teología, volumen XX número 2; páginas 345-365. Facultad de Teología de Cataluña. Barcelona, 1995. LATOURELLE, René. A Jesús, el Cristo, por los Evangelios. Sígueme. Salamanca, 1990. PUIG, Armand. Jesús, una biografía. Destino. Barcelona, 2004. FABRIS, Rinaldo. Jesús de Nazaret, historia e interpretación. Sígueme. Salamanca, 1990. CASTILLO, José María. La humanidad de Dios. Trotta. Madrid, 2012; La humanidad de Jesús. Trotta. Madrid, 2017.

[12] Juan 1: 14.

[13] SOBRINO, Jon.   Fuera de los pobres no hay salvación. UCA editores. San Salvador, 2009. BOFF, Leonardo. Teología desde el lugar del pobre. Sal Terrae. Santander, 1986. GARCÍA CADIÑANOS, Fernando. La Iglesia de los pobres: fe y justicia en el mundo. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 1 de abril 2014. MAUTI, Ricardo Miguel. La Iglesia que nace de los pobres. “Mysterium Liberationis”, una eclesiología latinoamericana, sinodal y martirial. En https://www.repositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/15597/1/iglesia-nace-pobres.pdf  PLANELLAS BARNOSELL, Joan. La Iglesia de los pobres: del Vaticano II al papa Francisco. En https://www.fpablovi.org/images/InstitutoSocial/CursoDSI/2015IglesiadelosPobres.pdf

[14] Novena tradicional de Navidad.

[15] Juan 1: 14.

[16] PAPA FRANCISCO. Mensaje Urbi et Orbi del Santo Padre Francisco; 25 de diciembre de 2022.

sábado, 23 de diciembre de 2023

COMUNITAS MATUTINA 24 DE DICIEMBRE 2023 DOMINGO IV DE ADVIENTO CICLO B

 

“No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo”

(Lucas 1: 30-32)

Lecturas:

1.      2 Samuel 7: 1-16

2.     Salmo 88

3.     Romanos 16:25-27

4.     Lucas 1: 26-38

Desde los comienzos de nuestra formación en la fe cristiana escuchamos hablar de conceptos como historia de salvación, proyecto y voluntad de Dios. Las lecturas de este cuarto domingo de Adviento se sitúan en esa línea y nos ayudan a comprender y apropiar esas realidades: felizmente ellas nos implican a todos.   Tenemos suficientemente claro que Dios se inserta en la historia real de la humanidad, en la vida cotidiana de todos, esa salvación trabaja en lo normal de cada día, no es un espacio lejano, distante de nuestras inquietudes existenciales, Dios siempre actúa entre nosotros, con nosotros, para nosotros;  es un Dios que habla a través de lo humano, se significa eficazmente en lo humano, este es un principio esencial de la encarnación.[1] Es decir, nuestro Dios coincide salvíficamente con nuestra historia, y su voluntad se orienta a hacernos plenamente felices, realizados, liberados y salvados del pecado, de la muerte y de la injusticia. Este es el proyecto divino. De nuevo, dejémonos sorprender por este apasionante Dios implicado-encarnado-comprometido-solidariamente salvífico con nuestra condición humana! [2]

Tal historia sucede a través de personas concretas, es lo que queremos decir cuando afirmamos que los seres humanos somos relato de Dios o llamados a serlo.[3] La Palabra de este domingo se fija en dos personajes centrales de la historia bíblica: el rey David y María, madre de Jesús. Ellos son relato de Dios, históricos, reales. El primero, convertido después de un gravísimo pecado que le fue enrostrado por el profeta Natán, es el rey de Israel por excelencia, reconocido como cabeza de la descendencia del Mesías;  la segunda, impecable, inmaculada, plenamente dispuesta para dejar que Dios aconteciera en ella, mujer teologal en la totalidad de su ser y de su quehacer. [4]

El relato que nos presenta hoy 2 Samuel es una elaboración teológica en torno a la figura de David, que fue para los israelitas el rey más grande de toda su historia, sólo comparable a Moisés y a Elías. David viene a ser un nuevo patriarca, padre de la gran dinastía de Israel, como Abrahán en los momentos iniciales fue el padre de todo el pueblo elegido. Con esta promesa divina, David se carga de futuro, su nombre se convierte en referente que atraviesa toda la historia de los israelitas, se le constituye en principio de una descendencia que será bendita y favorecida por Dios. De sus entrañas saldrá el Mesías de la nueva humanidad.[5]

No estamos ante narraciones históricas en sentido estricto, sino ante interpretaciones que dan un significado teológico a esa historia, es Dios interviniendo en los hechos que dan significado trascendente a la vida de estos creyentes, configurando su identidad, constituyéndose en principio y fundamento de todo su devenir. En el horizonte permanece la promesa del Mesías, como garantía de que Yahvé se empeña  en manifestarse dando salvación y liberación. Esto es esencial para comprender la teología de la historia que se propone en el Antiguo Testamento,[6] en evolución hacia la plenitud de los tiempos en la persona de Jesús.

En ese contexto, los primeros seguidores de Jesús, asumieron ese concepto para encauzar su comprensión de Jesús – siempre en el salto cualitativo de lo histórico a la experiencia de la fe - . El sería el Hijo de David, el Mesías enviado, en el que se cumple la promesa. Ahora, esta primera comunidad de cristianos, lo asume como aquel cuyo reino no tendrá fin, según profesamos en el credo. El mismísimo Dios es el aval de la historia de Israel, en el que se tipifica la humanidad entera, él es la razón de nuestra esperanza: “Estén siempre dispuestos a defenderse delante de cualquiera que les pida razón de la esperanza que ustedes tienen”. [7] Es esencial que  nos sintamos insertos en esa historia, no de modo anónimo ni ocasional, sino con plena identidad ante El,  porque cada ser humano es opción preferencial de Dios, esta historia discurre para que nuestra vida llegue a su plenitud de sentido,  a la salvación: “A Aquel que puede consolidarlos conforme a mi Evangelio y a la predicación de Jesucristo: la revelación de un misterio mantenido en secreto durante siglos eternos, pero manifestado ahora por las Escrituras que lo predicen, por disposición del Dios eterno, dado a conocer a todos los gentiles para que acojan la fe”. [8]

En el diario discurrir de nuestra vida nos inmediatizamos, llenos de actividades y de compromisos, con vaivenes de diferente signo, unos constructivos y saludables, y otros dolorosos y dramáticos, sumergidos en ese maremágnum de cosas no captamos el horizonte de plenitud en el que Dios se nos manifiesta articulando coherentemente todo nuestro proceso. Sean estos días de Adviento estupenda oportunidad para considerar todo lo que somos y hacemos en esta perspectiva teologal, salgamos adelante a la loca navidad del consumismo y de las compras desenfrenadas para contemplar el misterio apasionante de este Dios que se “toma” la humanidad para hacerla libre, digna y  trascendente, .[9]

La referencia a David en los términos en que lo formula el texto de 2 Samuel es claramente una elaboración desde la fe. El pueblo de Israel vió en él al rey y líder perfecto, aún a sabiendas del gravísimo pecado que cometió, según se narra en 2 Samuel 11 y 12. Luego de ese incidente, confrontado con extrema dureza por el profeta Natán, el relato refiere que el rey emprendió una vida ciento por ciento identificada con Yahvé y con el futuro del pueblo a él confiado. Al autor de este escrito le interesa principalmente llamar la atención sobre el significado de una vida asumida en clave teologal y cómo ella se perpetúa para siempre, convirtiéndose en la estirpe de la que surgirá el Mesías definitivo. Plantear aquí el asunto de David, su gravísimo pecado y posterior conversión, pretende ser un reflejo biográfico del ser humano, nuestra eterna historia de amor y desamor, de dejarnos tomar por Dios y apartarnos de El.

Estamos en el umbral  de Navidad,  no nos podemos reducir a una celebración de  algo puntual, a unos días de fiesta y de regalos, a algo que se cumple como una parte  de la gran lista de quehaceres, para volver  luego  a la existencia gris, saturada de monotonía. Es tiempo de plantearnos a fondo el sentido total de nuestra fe, de nuestro proyecto de vida, de los valores y prioridades que la orientan, de las opciones que hacemos sobre esas bases, de las consecuencias de lo que decidimos. Es el Dios manifestado en la fragilidad del Niño de Belén el elemento constitutivo de nuestras vidas? Nos sentimos herederos de la promesa hecha a David? Nos identificamos con el sí de la joven María?

Cualquier día en la pequeñez de aquella aldea llamada Belén una jovencita humilde, sincera mujer de fe,[10] dispuesta con generosidad para estas aventuras del buen Dios, experimenta el llamado que se nos relata en el evangelio de Lucas, también recordando que se trata de un texto teológico que trasciende la puntualidad de lo simplemente biográfico para ingresar en el horizonte de sentido definitivo de la vida: “El Angel entró en su casa y la saludó diciendo: Alégrate, llena de gracia! El Señor está contigo. Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podría significar aquel saludo. Pero el Angel le dijo: No temas María, porque Dios te ha favorecido: Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo” .[11]

Dios sucede en el reverso de la historia, en lo discreto y silencioso, su modo de proceder es sorprendente . Esto del Dios que acontece con tanta fuerza en el mundo de los pobres no es un lugar común. El modo de proceder de Dios  se expresa así, en palabras de María: “Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los de corazón altanero. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos con las manos vacías”. [12] El  estilo de Dios es de pequeñez y abajamiento,  también su denuncia del vano honor de los poderosos y de todas las soberbias que nos envuelven.   Se fija en los desposeídos y escoge así a esta mujer para que sea ella el medio humano en el que acontece el misterio de la encarnación. María, una mujer sin arrogancia, con total  sentido de las cosas de Dios, discreta y sabia, es la cuna humana del adorable misterio de la encarnación, en el que El toma definitivamente el camino de lo humano para hacerse relevante en nuestra historia, asumiéndola para salvarla del pecado y de la muerte.

La sorprendida María pregunta al mensajero, y se lanza a la aventura de Dios, su disposición contiene el sí más salvífico de la historia humana: “Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho” .[13]

David, consciente de su pecado y abierto al don de Dios, es referente para nuestros relatos de vida cuando, en similares circunstancias , descubrimos que no es la afirmación vanidosa de nuestro ego la que nos llena de sentido sino la apertura radical al don de Dios, que nos hace libres y nos dignifica. María, la madre de la feliz esperanza, identifica todas nuestras expectativas de felicidad y de salvación,  y las resume en su Hijo,  definitiva presencia liberadora de Dios en nuestra historia. [14]

Antonio José Sarmiento Nova, S.J.

 



[1] SANCHEZ HERNANDEZ, Olvani.  Qué significa afirmar que Dios habla? Del acontecer de la revelación a la elaboración teológica.  Bonaventuriana. Bogotá, 2007. ELLACURÍA, Ignacio.  Historia de la salvación. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1188/1/RLT-1993-028-A.pdf  SÍNODO DE LOS OBISPOS XII ASAMBLEA GENERAL. La Palabra de Dios en la historia. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2008. GRILLI, Massimo & DORMEYER, Detlev. Palabra de Dios en lenguaje humano. Lectura de Mateo 18 y de 1-3 a partir de su instancia comunicativa. Verbo Divino. Estella, 2004.

[2] PRONZATO, Alessandro. La sorpresa de Dios. Sígueme. Salamanca, 1979. VIVES PÉREZ, Pedro Luis. La encarnación como acontecimiento trinitario. En Scripta Theologica , año XXXII número 63-64; páginas 67-106. Universidad de Navarra. Pamplona, 2022. LIBANIO, Joao Batista. El proyecto de Dios y su encarnación en la historia. En https://www.sjweb.info/documents/cis/pdfspanish/200711504sp.pdf GELABERT BALLESTER, Martín. UN Dios capaz del hombre. Humanidad en Dios, divinización del hombre. En Carthaginensia volumen XXXV, número 67; páginas 35-51. Instituto Teológico de Murcia Franciscanos. Murcia, enero-junio 2019. GUDIEL CAÍN, Hugo. Zubiri y la encarnación del Verbo de Dios. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/2263/1/RLT-2012-085-E.pdf FERRANDO, Miguel Angel. Interpretación, verdad y encarnación de la Palabra de Dios. Conferencia Episcopal de Chile. Santiago, 2009.

[3] SCHYLLEEBECKX, Edward. Los hombres, relato de Dios. Sígueme. Salamanca, 1999. ALFARO, Juan.  De la cuestión del hombre a la cuestión de Dios. Sígueme. Salamanca, 2001. MONDIN, Battista.  La expresión del misterio revelado en el lenguaje humano. En  Scripta Theologica número 24, páginas 813-837. Universidad de Navarra. Pamplona, 1992.

[4] FORERO BUITRAGO, Samuel. María, virgen y madre, formó su humanidad en la gracia. En  Albertus Magnus, volumen 4 número 2, páginas 11-24. Universidad de Santo Tomás. Bogotá, julio-diciembre 2012. ALSON, Javier & LAROCCA, Antonio. María y La Palabra En https://www.udayton.edu/imri/mary/_resources/docs-pdfs/es/maria-y-la-palabra.pdf GARCÍA PAREDES, José Cristo Rey. Mariología. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2006; María en la fe de la Iglesia. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 19 de febrero de 2013. NAVIA VELASCO, Carmiña. María, la mujer que consuela. En Albertus Magnus volumen volumen 4 número 2, páginas 41-57. Universidad de Santo Tomás. Bogotá, julio-diciembre 2012. JOHNSON, Elizabeth. Verdadera hermana nuestra, teología de María en la comunión de los santos. Herder. Barcelona, 2005.

[5]  PAGÁN, Samuel.  El rey David: una biografía no autorizada. Clie. Barcelona, 2013. SILBERMAN, L. & FINKELSTEIN, N.A. David y Salomón. Siglo XXI Editores. Madrid, 2007.

[6] FERRADA MOREIRA, Andrés. Teología e historia en el Antiguo Testamento. En  Teología y Vida, volumen 52 páginas 369-389.  Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago, 2011.  BAENA BUSTAMANTE, Gustavo.   Fenomenología de la revelación: teología de la biblia y hermenéutica. Verbo Divino. Estella, 2011. TORRES QUEIRUGA, Andrés. Recuperar la salvación: para una interpretación liberadora de la experiencia cristiana. Sal Terrae. Santander, 1995. VON RAD, Gerhard. Teología del Antiguo Testamento. Volumen 1: Las tradiciones históricas de Israel. Sígueme. Salamanca, 1993. CHILDS, Brevard. Teología Bíblica del Antiguo y del Nuevo Testamento. Sígueme. Salamanca, 2011. LOPEZ, Edgar Antonio. Teología de la historia como teología de la acción. En Theologica Xaveriana volumen 65, número 80; páginas 471-496. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2015.

[7] 1 Pedro 3: 15

[8] Romanos 16: 25-26.

[9] SEGURA, Harold.  Adviento: esperanza que transforma. Lupa Protestante. San José de Costa Rica, 2014. RATZINGER, Joseph (Benedicto XVI).  Ser cristiano. Desclée de Brower. Bilbao, 2007. En este libro del Papa Ratzinger recomendamos la lectura atenta del capítulo 1 Estamos salvados? Y dentro del mismo el parágrafo titulado “El cristianismo como adviento”, páginas 15-33. ACCION CATOLICA ARGENTINA. Reflexiones de Adviento. En https://www.accioncatolica.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/Textos-para-profundir.pdf

[10] FORTE, Bruno.  María, la mujer ícono del misterio. Sígueme. Salamanca, 2001. LAMET, Pedro Miguel. Las palabras calladas: diario de María de Nazareth. Belaqua. Barcelona, 2004. GEBARA, Ivone & LUCHETTI BINGEMER, María Clara. María. En ELLACURÏA, Ignacio & SOBRINO, Jon. Mysterium Liberationis. Conceptos fundamentales de la Teología de la Liberación, volumen 1; páginas 601-618. UCA Editores. San Salvador, 2008.  

[11] Lucas 1: 28-32

[12] Lucas 1: 51-53

[13] Lucas 1: 38

[14] GONZÁLEZ DORADO, Antonio. De María conquistadora a María liberadora: mariología popular latinoamericana. Sal Terrae. Santander, 1988. BOFF, Leonardo.  El rostro materno de Dios: ensayo interdisciplinar sobre lo femenino y sus formas religiosas. Paulinas. Madrid, 1984. BARRADO BARQUILLA, José. Las “pobrezas de María”. En Albertus Magnus volumen 4, número 2, páginas 73-92. Universidad de Santo Tomás. Bogotá, julio-diciembre 2012. ESPEJA, Jesús. María, símbolo del pueblo. San Esteban. Salamanca, 1990.

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