domingo, 9 de septiembre de 2012

COMUNITAS MATUTINA DOMINGO 2 DE SEPTIEMBRE XXII DEL TIEMPO ORDINARIO



Lecturas
1.     Deuteronomio 4: 1-2 y 6-8
2.     Salmo 14: 2-5
3.     Santiago 1:17-18.21b22.27
4.     Marcos 7:1-8.14-15 y 21-23
El libro del Deuteronomio (segunda ley) representa una tendencia radical de renovación en el pueblo de Israel, propiciada por un grupo de profetas profundamente críticos del deterioro de la religiosidad de sus paisanos, anquilosada por cumplimientos legales y pràcticas rituales sin conversión del corazón y sensibilidad por las necesidades del prójimo.
Es lo que suele suceder cuando la inercia nos hace perder el sentido de novedad cualitativa de algo que en sus orígenes fue para nosotros causa de notable entusiasmo pero ahora muy habituados a eso lo convertimos en costumbre que no nos exige cambios de actitudes y de conductas. Esto calò muy hondo en estos profetas y por eso suscitaron esta dinámica transformadora para rescatar lo original de la fe de Israel.
Esto tiene su raíz en el mismo Dios único y personal y en la alianza que El ha establecido con su pueblo. Cabe preguntarnos si nuestra manera de asumir los compromisos con Dios està determinada por esta conciencia de una relación interpersonal con El, generadora de novedades sustanciales en nuestro estilo de vida, o si estamos doblegados por rutinas religiosas y por rituales carentes de vitalidad.
Cuando Dios en el texto deuteronomista nos dice: “Y ahora, Israel, escucha las leyes y los preceptos que les enseño a practicar, para que vivan y entren en posesión de la tierra que les da el Señor,Dios de sus antepasados” (Deuteronomio 4:1), nos està haciendo una interpelación de tipo personal respaldada por una promesa de plenitud que se expresa en la posesión de la tierra.
-         Me siento implicado personalmente en la relación con Dios?
-         La promesa que El me hace alienta la totalidad de mi esperanza?
-         Entiendo y vivo el querer de Dios como el fundamento de una vida feliz y cargada de sentido?
Por su parte, el apóstol Santiago nos plantea el significado de la genuina religiosidad. Sabemos muy bien sobre el modelo religioso del judaísmo contemporáneo de Jesùs, excesivamente legalista y ritual: se era religioso por el cumplimiento estricto de la ley, aùn en sus màs mínimos detalles, con claro estilo fundamentalista, y por la observancia de todas las prescripciones relacionadas con el culto. A esto se refiere este texto de la segunda lectura de este domingo.
“La religiosidad autèntica y sin tacha a los ojos de Dios Padre consiste en socorrer a huérfanos y viudas en sus dificultades y en conservarse incontaminado del mundo” (Santiago 1:27): Es el asunto màs exigente que Jesùs plantea a los judíos, saturados de vanidad religiosa y arrogancia moral, y que ahora Santiago recuerda a esta comunidad de judíos convertidos a la fe cristiana, a quienes dirige su carta.
Un cristianismo meramente devocional, o también muy cultual, como suele verse, pero sin referencia a una manera de vivir abierta a Dios Padre y a los hermanos, especialmente a los màs débiles y afectados por la pobreza y la injusticia, es una conducta cultural simplemente pero no una vida fundamentada en Dios y en la projimidad. El culto religioso debe estar saturado de un contenido teologal y solidario. Este desafío viene desde los profetas del Antiguo Testamento y en Jesùs se hace definitivo.
-         El prójimo frágil y sufriente ocupa un lugar prioritario en mi vida o es parte de entusiasmos ocasionales, sin mayor trascendencia?
-         Soy consciente de la paternidad de Dios y de la mirada fraterna a los seres humanos que son sus hijos?
El texto de Marcos viene a reforzar todo esto de modo elocuente. La pureza que es agradable a los ojos de Dios no es la que proviene del cumplimiento externo sino la que , debidamente arraigada en el corazón, està sinceramente abierta a su voluntad y se traduce en un estilo comprometido con los hermanos, de recta intención, de purificación profunda de los motivos que inspiran nuestro actuar.
Al escándalo de los judíos, que recriminaban a Jesùs porque sus discípulos no cumplìan con los ritos de purificación, El replica: “Que bien profetizò Isaìas de Ustedes, hipócritas, según està escrito: este pueblo me honra con los labios, pero su corazón està lejos de mì. En vano me dan culto, pues las doctrinas que enseñan son preceptos humanos” (Marcos 7:6-7).
Que la severidad de estas palabras del Señor sea para nosotros motivo de una confrontación profunda, radical, de lo que nos mueve en la vida, hasta llegar a poder llevar una vida de la mayor honestidad ante El y ante la humanidad. Se trata del mayor ejercicio de coherencia existencial, no son las formas externas ni la adaptación a las convenciones humanas las que determinan la autenticidad, es el dejarnos asumir por Dios, por su amor, y permitir que El nos despoje de toda apariencia, de toda ficción de falsa moralidad, para dar paso a la transparencia del ser.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Domingo 2 Septiembre, Domingo 22 del Tiempo Ordinario

Mientras más llamamos a Dios,
mejor podemos sentir su Presencia.
Día a día Él nos acerca más
al Corazón de Dios que nos ama.

Pediré la gracia de Dios,
para librarme de mis preocupaciones,
estar atenta/o a lo que Dios me pide,
y dejarme formar por el amor de mi Creador.

Existo en una red de relaciones con mi entorno, con la naturaleza, con mis hermanos, con Dios...
Algunos tejidos de la red están rotos, otros torcidos...
Pido la gracia de la aceptación ... y del perdón ...

Marcos 7:1-8, 14-15, 21-23
Los fariseos se juntaron en torno a Jesús, y con ellos había algunos maestros de la Ley llegados de Jerusalén. Esta gente se fijó en que algunos de los discípulos de Jesús tomaban su comida con manos impuras, es decir, sin habérselas lavado antes. Porque los fariseos, al igual que el resto de los judíos, están aferrados a la tradición de sus mayores, y no comen nunca sin haberse lavado cuidadosamente las manos. Tampoco comen nada al volver del mercado sin antes cumplir con estas purificaciones. Y son muchas las tradiciones que deben observar, como la purificación de vasos, jarras y bandejas. Por eso los fariseos y maestros de la Ley le preguntaron: "¿Por qué tus discípulos no respetan la tradición de los ancianos, sino que comen con manos impuras?" Jesús les contestó: "¡Qué bien salvan ustedes las apariencias! Con justa razón profetizó de ustedes Isaías cuando escribía: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me rinden de nada sirve; las doctrinas que enseñan no son más que mandatos de hombres. Ustedes descuidan el mandamiento de Dios por aferrarse a tradiciones de hombres". Jesús volvió a llamar a la gente y empezó a decirles: "Escúchenme todos y traten de entender. Ninguna cosa que de fuera entra en la persona puede hacerla impura; lo que hace impura a una persona es lo que sale de ella. Los pensamientos malos salen de dentro, del corazón: de ahí proceden la inmoralidad sexual, robos, asesinatos, infidelidad matrimonial, codicia, maldad, vida viciosa, envidia, injuria, orgullo y falta de sentido moral. Todas estas maldades salen de dentro y hacen impura a la persona".

  • Dios puede ver nuestros corazones y sus fluctuaciones. Nos juzga por el amor en nuestras vidas, y por nuestros esfuerzos para amar. Al final de nuestras vidas Dios no sólo verá lo que hicimos, sino que la bondad del corazón con el que vivimos. La forma práctica de dejar que el bien nos acompañe, es el estar agradecidas/os. En cualquier día siempre podemos pensar en algo por lo que estamos agradecidas/os. Al dar las gracias, el espíritu de la alegría y de la bendición fluirá hacia y a través de nosotros y nosotras.
  • Señor, el legalismo es una parodia de la verdadera religión. Tú me invitas a mirar hacia mi interior - hacia mi corazón. Líbrame de poner la ley sobre el amor!

    Que sucede en mí, mientras rezo?
    Siento consuelo, preocupación, indiferencia?
    Imagino a Jesús mismo sentado o de pie, a mi lado,
    y comparto estos sentimientos con Él.

    loria al Padre y al Hijo y al Espiritu Santo;
    como era en el principio, ahora y siempre,
    por los siglos de los siglos.
    Amén.


domingo, 5 de agosto de 2012

Domingo 5 Agosto, Domingo 18 del Tiempo Ordinario

"Mantente quieta(o) y sabrás que Yo soy Dios". Señor, Tus Palabras me guían a la tranquilidad y la grandeza de Tu Presencia.

Necesito dejar fuera el ruido,
necesito alzarme sobre el ruido:
el ruido que interrumpe, que separa, que aísla.
Necesito escuchar nuevamente a Dios...

En este momento, Señor, vuelvo mis pensamientos hacia Tí. Dejaré de lado mis labores y preocupaciones. Descansaré y refrescaré mi corazón en tu Presencia, Señor.


Juan 6:24-35
Al ver que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, la gente subió a las lanchas y se dirigieron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo al otro lado del lago, le preguntaron: «"Rabbí (Maestro), ¿cómo has venido aquí?". Jesús les contestó: "En verdad les digo: Ustedes me buscan, no porque han visto a través de los signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento de un día, sino por el alimento que permanece y da vida eterna. Este se lo dará el Hijo del hombre; él ha sido marcado con el sello del Padre".
Entonces le preguntaron: "¿Qué tenemos que hacer para trabajar en las obras de Dios?" Jesús respondió: "La obra de Dios es ésta: creer en aquel que Dios ha enviado". Le dijeron: "¿Qué puedes hacer? ¿Qué señal milagrosa haces tú, para que la veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, según dice la Escritura: Se les dio a comer pan del cielo".  Jesús contestó: "En verdad les digo: No fue Moisés quien les dio el pan del cielo. Es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo. El pan que Dios da es Aquel que baja del cielo y que da vida al mundo" Ellos dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan". Jesús les dijo: "Yo soy el pan de vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed". 

Reflexiones sobre la lectura de hoy

  • Jesús siempre compara la naturaleza temporal de la obra de Dios en las Escrituras Hebreas, y la naturaleza eterna de su propia obra. Nosotros vivimos en el tiempo de Jesús, cuando ya ha llegado la hora de su muerte y de su resurrección. Con Él nunca tendremos hambre o sed por el reino de Dios, pues éste está cerca de nosotros y en nosotros.
  • Jesús es francamente honesto con la gente que ha alimentado el día anterior. Él sabe que ellos vienen buscándolo porque habían comido su ración de pan. ¿Porqué busco yo a Jesús? ¿Es por amor, o por lo que yo puedo obtener?
  • La verdad puede ser incómoda y nos pone a la defensiva e incluso cínicos. O nos puede hacer detenernos, mirar, reflexionar y cambiar. Señor, dame la humildad para seguir siempre la verdad

 Sin olvidar que sigo en la Presencia de Dios, imagino a Jesús mismo, de pie o sentado a mi lado, le digo todo lo que está en mi mente, y en mi corazón, tal como se le habla al mejor amigo.

Gloria al Padre,
Gloria al Hijo,
Gloria al Espiritu Santo,
como era en el principio,
es ahora y siempre será,
por los siglos de los siglos
Amén.

Algo para pensar y orar en esta semana

En el Libro de Job, Dios se presenta como hablando desde el corazón de una tempestad. “El Señor respondió a Job desde la tempestad” (Job 38:1) El Señor se muestra a Job como el Dios omnipotente, que le exige obediencia a un Job que se ha atrevido a discutir con Él: “¿Quién es ese que oscurece mi designio con palabras desprovistas de sentido? ¿Dónde estabas cuando yo fundaba la tierra?” (Job 38:2-4). Luego de una larga definición de Dios como Creador del universo, Job reconoce que ha hablado fuera de tono, y dice: “¡Soy tan poca cosa! ¿Qué puedo responderte? Me taparé la boca con la mano.” (Job 40:4).
Aquí vemos a un Dios totalmente diferente de sus criaturas, y a quien hay que respetar y obedecer. Esta imagen de Dios me trae a la memoria un tema que aflora cuando estamos reforzándonos para orar. Se presentan dos preguntas relacionadas: la primera es “¿Quién es Dios para mí? Y la segunda es “¿Quién soy yo para Dios?” Estas dos preguntas afloran en forma explícita o implícita, porque nuestra oración es un encuentro con Dios. “¿Quién es este Dios con el que me encuentro? ¿A qué se parece Dios? ¿Cuál es mi percepción de Dios?” Y por el otro lado, “¿Quién soy yo para Dios? ¿Qué ve Dios en mí? ¿Cómo me contempla Dios?” Se nos presenta una jornada espiritual que dura toda nuestra vida, englobada en estas dos preguntas, pues siempre necesitaré crecer en mi percepción que quién es Dios para mí, y necesito además verme a través de los ojos de Dios.

lunes, 30 de julio de 2012

Encuentros con la Palabra, por Hermann Rodríguez Osorio, S.J., Domingo XVII del tiempo ordinario – Ciclo B (Juan 6, 1-15) 29 de julio de 2012


“(...) mucha gente lo seguía porque habían visto las señales milagrosas”

“Si apuestas al amor, // ¡cuántas traiciones! // ¡cuántas tristezas! // ¡cuántos desengaños! // te quedan cuando el amor se aleja, // como en las noche negras // sin luna y sin estrellas. // Amigo, cuánto tienes, cuánto vales, // principio de la actual filosofía. // Amigo, no arriesgues la partida, // tomemos este trago, // brindemos por la vida. // Brindemos por la vida // pues todo es oropel”.
Esta es la estrofa final de una canción muy conocida en Colombia, compuesta por el maestro Jorge Villamil. Seguramente, inspirada en experiencias de decepción y desengaño muy profundas que todos hemos tenido en la vida: Amistades que parecían sólidas y sinceras, desaparecen con el asomo de un fracaso en el camino. Amores que se juraban fidelidad hasta el final, se esfuman con el viento y las tempestades. Alianzas y pactos, aparentemente sagrados, que se quiebran ante los problemas de una de las dos partes. Relaciones que nunca resultan, por mucho que inviertes en ellas...
Estas experiencias de desengaños y desilusiones, que se repiten en nuestras relaciones cotidianas, aparecen muchas veces también en nuestras relaciones con Dios. Parecería que buscamos al Señor porque tenemos un interés particular que nos mueve, y cuando no nos responde como esperábamos, nos decepcionamos de sus promesas y de sus palabras. “Interés cuánto valés”, dice el refrán popular. En este sentido, podemos caer muy fácilmente en una espiritualidad narcisista, a través de la cual nos buscamos a nosotros mismos, persiguiendo sólo el propio beneficio y la satisfacción de sentirnos bien. En lugar de ser una espiritualidad que nos exija salir de nuestro propio amor, querer e interés, buscamos relaciones cómodas con Dios, relaciones de conveniencia.
Dada la brevedad del Evangelio según san Marcos, cuya lectura continua veníamos haciendo, la liturgia de la Palabra de este domingo, y de los cuatro siguientes, girará en torno a la multiplicación de los panes y al discurso eucarístico que sigue en el Evangelio de san Juan, o Cuarto Evangelio, como se le suele conocer.
Aunque la fuerza del texto está en la generosidad de Jesús al multiplicar el pan y los peces para una muchedumbre hambrienta, me ha llamado la atención lo que dice el evangelista a propósito de la razón por la que seguían al Señor: “Mucha gente lo seguía, porque habían visto las señales milagrosas que hacía sanando a los enfermos”. Esto ayuda a entender la actitud de Jesús al final de este pasaje, cuando dice: “Pero como Jesús se dio cuenta de que querían llevárselo a la fuerza para hacerlo rey, se retiró otra vez a lo alto del cerro, para estar solo”... Más vale estar solo que mal acompañado, diríamos hoy... Jesús debió sentir que su apuesta por el amor y la generosidad no había sido bien recibida. ¿Qué buscaban los que querían llevárselo a la fuerza para hacerlo rey? A lo mejor pensó para sí mismo: “¡cuántas traiciones! ¡cuántas tristezas! ¡cuántos desengaños!” Jesús debió sentir que la gente le decía: “Amigo, cuánto tienes, cuánto vales”, con una filosofía que no parece que fuera sólo de hoy, sino de todos los tiempos... y me pregunto si no es así mi propio seguimiento.
Hermann Rodríguez Osorio es sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
Si quieres recibir semanalmente estos “Encuentros con la Palabra”, puedes escribir a  herosj@hotmail.com pidiendo que te incluyan en este grupo

El Mensaje del Domingo, por Gabriel Jaime Pérez, S.J., XVII Domingo del Tiempo Ordinario -B-, Julio 29 de 2012


Pasó Jesús a la otra orilla del lago de Galilea. Y mucha gente lo seguía, porque habían presenciado las maravillas que hacía en favor de los enfermos. Pero Jesús se retiró a la parte montañosa y se sentó allá con sus discípulos. Estaba cerca la fiesta judía de la Pascua. Alzando la vista y viendo el gentío que había venido, le dijo a Felipe: “¿Con qué vamos a comprar pan para que esta gente coma?” Esto lo dijo para ver qué respondía, pues bien sabía Jesús lo que iba a hacer. Felipe le contestó: “Aunque gastáramos doscientos jornales, no alcanzaría para darle un mendrugo de pan a cada uno”. Uno de los discípulos de Jesús, Andrés, el hermano de Simón, le dijo: “Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. ¿Pero qué es esto para tanta gente?”.
Jesús les dijo: “Hagan que la gente se siente en el suelo”. En ese sitio había mucha hierba. La gente se sentó en el suelo. Solamente los hombres eran como cinco mil. Jesús tomó los panes, dio gracias a Dios y les repartió pan y pescado cuanto quisieron. Y cuando quedaron satisfechos, dijo a sus discípulos: “recojan las sobras; que no se desperdicie nada”. Ellos las recogieron y llenaron doce canastos con las sobras que quedaron de los cinco panes de cebada. Y los que fueron testigos del milagro decían: “¡Este sí es el profeta que debía venir al mundo!” Pero Jesús, dándose cuenta de que iban a llevárselo a la fuerza para hacerlo rey, se retiró otra vez Él solo a la montaña. (Juan 6, 1-15).
Todos los Evangelios narran el milagro de la multiplicación de los panes y los peces: dos veces los de Mateo, Marcos y Lucas, y una vez el de Juan. Apliquemos este relato a nuestra vida, teniendo en cuenta también las otras lecturas de hoy [2 Reyes 4, 42-44; Salmo 145 (144); Efesios 4, 1-6.]
1.-“¿Con qué vamos a comprar pan para que esta gente coma?”
Esta pregunta de Jesús hecha al apóstol Felipe, para ver qué respondía, podemos considerarla hoy como hecha a cada uno de nosotros. Actualmente en el mundo padecen hambre cerca de 925 millones de personas. Si los habitantes del planeta somos hoy casi 7.000 millones, esto quiere decir que aproximadamente 13 de cada 100 seres humanos se encuentran en esta grave situación. La desnutrición y las enfermedades relacionadas con el hambre son la causa del 60 por ciento de las muertes. Unas 24.000 personas mueren cada día por causa del hambre, siendo el 75% de ellas niños y niñas menores de 5 años. Y aunque se han venido haciendo esfuerzos por reducir la magnitud de este problema, aún falta mucho para remediar la tragedia del hambre en el mundo.
Ante esta situación, el mensaje del Evangelio es un llamado a compartir. Mientras pocos que tienen mucho sigan despilfarrando en forma egoísta lo que tienen, mientras el mal uso que se hace de los recursos naturales siga haciendo que éstos sean cada vez más escasos -como el agua, por ejemplo-, mientras no tomemos todos conciencia de que cada cual es responsable para bien o para mal de la suerte de la humanidad según esté dispuesto o no a compartir constructivamente la mesa de la creación con los demás, la pregunta de Jesús seguirá siendo un llamado a la reflexión de todos para ver qué y cómo respondemos.

2.-Tomó los panes, dio gracias a Dios y les repartió pan y pescado cuanto quisieron
El milagro de la multiplicación de los panes y peces expresa el cumplimiento de las promesas anunciadas por Dios a través de sus profetas: la abundancia de un alimento renovador que Él mismo haría posible para todos los que acogieran su mensaje y lo invocaran sinceramente. Tal es el sentido de la primera lectura y el salmo de este domingo.
En este mismo sentido, la multiplicación de los panes y peces es una prefiguración del sacramento de la Eucaristía, signo visible de la presencia de Jesús que nos alimenta con el pan de su propia vida entregada y resucitada. Él iba a ser representado desde los comienzos de la historia de su Iglesia, no sólo con la imagen del pan, sino también con la del pez, “ictus” en griego, cuyas letras son las iniciales del nombre y de varios títulos de Jesús: Iesous, Christos, Theos, Uios, Soter (Jesús, Cristo, Dios, Hijo, Salvador).
La enseñanza de este milagro es que donde existe voluntad de compartir, aunque haya poco alcanza para todos y hasta sobra; en cambio, donde no existe esa voluntad, aunque haya mucho, unos pocos lo acaparan todo y las mayorías padecen hambre. El sacramento de la Eucaristía, llevado a la práctica, expresa la voluntad de compartir entre todos la creación, significada en las ofrendas de pan y vino, para que así se realice entre nosotros la presencia de Dios, que es Amor, que se nos revela en Jesucristo y nos alimenta con su propia vida.

3. Dándose cuenta de que iban a llevárselo a la fuerza para hacerlo rey, se retiró…
Jesús había iniciado su predicación proclamando la cercanía del reino de Dios. Sus milagros mostraban la verdad de esta proclamación: como dice el Evangelio,mucha gente lo seguía, porque habían presenciado las maravillas que hacía. Ahora, después de la multiplicación de los panes y peces, quieren hacerlo rey. pero Jesús se opone a la tentación de ambicionar poderes terrenales. Él no sólo es el profeta que debía venir al mundo; es el Mesías, el ungido por Dios como descendiente del rey David para reinar no sólo sobre Israel sino sobre toda la humanidad, tal como lo anunciaron los profetas del Antiguo Testamento. Sí, soy Rey, le diría a Poncio Pilato pocos momentos antes de que la multitud agolpada junto al despacho del gobernador romano, azuzada por sus máximos jefes religiosos, gritara exigiendo su crucifixión. Pero, como Él mismo le explicó a Pilato, también les dice a quienes pretenden confundirlo con un  líder político: Mi reino no es de este mundo (Juan 18, 36-37).
La preocupación efectiva de Jesús por contribuir a la solución de los problemas humanos, no sólo los espirituales sino también los materiales, es un llamado a todos nosotros para que nos identifiquemos con Él y procuremos contribuir, cada cual según sus posibilidades, a resolver la situación de hambre y de miseria de tantas personas que la padecen. Y asimismo, a que reconozcamos el verdadero sentido de su misión y por lo mismo el de la misión de la Iglesia que Él fundó no para ambicionar los poderes terrenales, sino comportarse en todo con humildad y mansedumbre, como dice el apóstol Pablo en la segunda lectura de hoy: una Iglesia puesta al servicio de todos los seres humanos, especialmente de los más oprimidos, marginados y necesitados; una Iglesia no dominadora sino servidora, a imagen y semejanza del mismo Jesús que, inmediatamente antes de instituir la Eucaristía, comenzó la última cena con un gesto humilde de servicio y no con actitudes arrogantes de poder (Juan 13, 1-15).

Pistas para la Homilía, por Jorge Humberto Peláez S.J., TIEMPO ORDINARIO – DOMINGO XVII B (29-julio-2012)


1. Lecturas:
a. II Libro de los Reyes 4, 42-44
b. Carta de san Pablo a los Efesios 4, 1-6
c. Juan 6, 1-15

2. El tema central de las lecturas de este domingo –la multiplicación de los panes - se relaciona con la economía, la cual, en términos coloquiales, tiene que ver con las necesidades de la comunidad y los recursos para atenderlas. La inmensa mayoría de los seres humanos tenemos restricciones de tipo económico. Solo un puñado de multimillonarios pueden gastar sin pensar si les van a alcanzar los recursos. Esto lo viven diariamente las familias que deben manejar cuidadosamente sus ingresos, controlar los gastos, priorizar las inversiones. El sentido común nos recomienda que los gastos no pueden sobrepasar los ingresos, y que el crédito debe manejarse con cautela porque es un monstruo que nos puede devorar.

3. Esta experiencia de las restricciones también se vive en los diversos niveles de la administración pública: municipios, departamentos y gobierno nacional. En nuestros países, los recursos no alcanzan para atender las necesidades de salud, educación, vivienda, justicia, seguridad.

4. Pues bien, en la liturgia de este domingo encontramos dos situaciones en las que los recursos existentes no alcanzan para satisfacer las necesidades inmediatas:
a. En la primera lectura, tomada del II Libro de los Reyes, se nos presenta la escena de cien hombres que necesitan ser alimentados, pero solo hay veinte panes. El empleado del profeta Eliseo pregunta con asombro: “¿Cómo voy a repartir estos panes entre cien hombres?”. Le parecía absurda la orden de su jefe Eliseo, pues las matemáticas no le daban.
b. En el evangelio, vemos a Jesús rodeado de muchísima gente; en esta escena es todavía más grave la desproporción entre la necesidad que había que atender y los recursos disponibles: cinco panes de cebada y dos pescados para dar de comer a más de cinco mil personas. Los apóstoles que acompañaban a Jesús se muestran muy preocupados.
5. Estos dos textos bíblicos nos hacen caer en la cuenta de la profunda diferencia que existe entre los principios económicos que deben ser tenidos en cuenta en los proyectos humanos y la forma como obra Dios. Los proyectos humanos son limitados; los recursos son escasos; hay que moverse con prudencia para que las necesidades básicas puedan ser satisfechas.

6. Por otra parte, la revelación nos muestra que el plan de Dios desborda las restricciones humanas; ya no hablamos de límites sino que estamos frente a la infinitud del ser. El amor de Dios, su generosidad y su misericordia son infinitos. Por eso solo Él puede saciar nuestra búsqueda de verdad, amor y felicidad. Este el mensaje que nos comunican los dos textos bíblicos que inspiran nuestra meditación dominical:
a. En el II Libro de los Reyes, el profeta Eliseo le dice a su empleado: “Dáselos a la gente para que coman, porque esto dice el Señor: comerán todos y sobrará. El criado repartió los panes a la gente: todos comieron y todavía sobró, como había dicho el Señor”.
b. El evangelista Juan nos narra que después de alimentar a más de cinco mil personas, sobraron doce canastos de pan.

7. Estas dos escenas de multiplicación de los panes, en las que vemos que la acción de Dios supera infinitamente las restricciones y límites de los proyectos humanos, deberían marcar el tono de nuestra oración, que debe ser un diálogo confiado con Aquel que nos ha creado a su imagen y semejanza y que, a través de la muerte y resurrección de su Hijo, nos ha constituido en sus herederos; Dios quiere que seamos felices, nos invita a compartir su Vida, conoce nuestras fragilidades y tiene paciencia con nosotros. La generosidad de Dios no conoce límites.

8. Estas dos escenas de la multiplicación de los panes son figura y anticipación de la Eucaristía, que es el encuentro por excelencia con la Palabra de Dios anunciada por la Iglesia y donde el Señor se nos da como alimento.

9. Estos textos de las dos multiplicaciones de los panes también nos transmiten un profundo mensaje de contenido social: la solidaridad con las personas necesitadas, en lugar de empobrecernos, nos enriquece. Todos hemos experimentado la alegría de dar nuestro tiempo a los demás, ayudarles con nuestros conocimientos y experiencia. Las personas generosas son más felices que las personas que permanecen acuarteladas en su pequeño mundo. Cuando estamos cerca del dolor de los hermanos, relativizamos nuestros problemas y apreciamos los dones de Dios; por el contrario, las personas que se cierran en su egoísmo, magnifican sus males y siempre están insatisfechas con lo que son y lo que tienen.

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