domingo, 16 de marzo de 2014

COMUNITAS MATUTINA 16 DE MARZO II DOMINGO DE CUARESMA



Lecturas
1.      Génesis 12: 1-4
2.      Salmo 32: 4-5 y 18-22
3.      2 Timoteo 1: 8-10
4.      Mateo 17: 1-9
Recuerdan Ustedes que el domingo anterior hablamos de las consecuencias sociales del pecado individual?  De la traducción estructural del egoísmo de las personas?
Así, hacemos memoria de algo que los obispos católicos de América Latina constataron en su II asamblea general, realizada en agosto de 1968 en Medellín: “Existen muchos estudios sobre la situación del hombre latinoamericano. En todos ellos se describe la miseria que margina a grandes grupos humanos. Esa miseria, como hecho colectivo, es una injusticia que clama al cielo” (Conclusiones de la II Asamblea General del Episcopado Latinoamericano. Documento de Justicia, No. 1)  y: “A todo ello debe agregarse la falta de solidaridad, que lleva, en el plano individual y social, a cometer verdaderos pecados, cuya cristalización aparece evidente en las estructuras injustas que caracterizan la situación de América Latina” (Ibidem, No. 2, al final).
El pecado, en cuanto ruptura de la opción fundamental por Dios y su proyecto, des-figura la realidad social y colectiva del ser humano. Viene entonces la afirmación desmedida de hombres y mujeres que se ven a sí mismos como la medida de todo, prescindiendo de la relacionalidad con Dios, con los demás, con la naturaleza, despojando todo esto de su intención original que es la de los vínculos fraternos y solidarios, del hábitat como espacio de la dignidad, de la mesa compartida, del compromiso con la projimidad que es inherente a cada persona. A tal punto, que este egoísmo es el que estructura la dinámica de la sociedad…….!!!!
La bella figura del paraíso, del hombre y la mujer , a quienes se refiere así el Génesis: “Entonces dijo Dios: hagamos a los seres humanos a nuestra imagen y semejanza….” (Génesis 1: 26) se torna, por efecto del pecado, en rivalidad, destrucción, competencia malsana, acaparamiento egoísta, exclusión, egolatría, inequidad, y la imagen de Dios desaparece.
Esto golpea en su misma raíz el proyecto amoroso del Padre, su opción preferencial por cada una de sus creaturas, pero, al mismo tiempo, lo indigna y lo lleva a suscitar constantemente el retorno a ese fundamento. Por eso, la historia bíblica es un testimonio dialéctico del esfuerzo divino por dar vida y mantenernos vivos, por acariciar con eficacia liberadora todo lo que El ha creado, por desarrollar una pedagogía permanente de rescate de la sustancia original de los humanos y de la creación.
Y en contraste, en el mismo texto bíblico, se propone la narrativa dolorosa de quienes se niegan a esta vitalidad, sometiendo su libertad a la idolatría, hipotecando todo lo digno que hay en la humanidad, negándose violentamente a la acción de Dios y del hermano, prostituyendo la religión, volteando  y des-configurando la belleza inicial de los propósitos teologales.
Esta es la biografía de la humanidad. La Biblia no es un texto para ser leído y asumido en clave de pasado,  es para verlo desde el presente con perspectiva de futuro, sin olvidar la historia paradigmática que lo originó.
 En este cont-texto podemos acceder cabalmente al pre-texto decisivo de Dios cuando, en el Señor Jesús, decide que todos los humanos, sin excepción, respetando siempre autonomías y decisiones, se habiliten para ser trans-figurados, regresados felizmente a la hermosura con la que surgieron de la intención divina.
 El pecado es una des-gracia, el amor de Dios presente en la creatura, es la gracia, como dice acertadamente Leonardo Boff en su libro “Gracia y experiencia humana” (Editorial Trotta. Madrid, 2001): “La gracia es encuentro, apertura, salida, libertad en acto; pero va siempre acompañada de una amenaza, que significa des-gracia. Puede darse el des-encuentro, la clausura, el rechazo del diálogo, el en-si-mismamiento. Gracia y des-gracia son posibilidades para la libertad humana. Ese es el misterio de la creación. Misterio absoluto e indescifrable para la razón. La gracia da  a todo su sentido pleno. Es la luz que ilumina y aclara todo. La des-gracia es el absurdo absoluto. Es la carencia de toda luz….” (Obra citada, pags. 18-19).
Pero….. nos lo afirman los profetas y testigos de la fe, Dios aunque se indigna y nos confronta, no pierde su confianza en la condición humana y por eso lo apuesta todo por nosotros, direccionando siempre nuestra historia a su figura original. Este es el sentido de la misión del Señor Jesucristo, y es el significado del hermoso relato que nos trae este domingo el Evangelio de Mateo: “ Seis días después, tomó Jesús consigo a Pedro, a Santiago y  a su hermano Juan, los llevó a una montaña muy alta a solas y se transfiguró en su presencia. Su rostro brillaba como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz” (Mateo 17: 1-2).
En El nuestra vida adquiere nuevamente la dignidad querida por el Padre, somos re-creados, a-graciados, embellecidos en nuestro ser. Este es el punto de llegada de eso que llamamos conversión, punto central que nos plantea la pedagogía cuaresmal, que no es el fruto de emociones momentáneas, de pronto surgidas de una experiencia muy emocional, tipo relámpago, que brilla con intensidad pero que luego desaparece en el olvido, sino una decisión de afianzarnos de modo constante y creciente en los caminos de Dios. 
Convertirse a Dios es aceptar, en el mayor ejercicio de madurez y libertad, vivir una humanidad estupenda, solidaria, centrada en el Padre y en los prójimos, teniendo como referencia fundante el ser y el quehacer del trans-figurado por excelencia, el Señor Jesús: “Este es mi hijo amado, en quien he puesto todas mis complacencias, escúchenlo” (Mateo 17: 5).
De ahí nuestra insistencia en romper con ese esquema de una cuaresma sombría, pesimista, basada en prácticas externas, a menudo desprovistas de contenido espiritual, para dar el paso cualitativo a la dimensión de la esperanza en Aquel que es todo para nosotros, el dador de gracia y de sentido, el hacedor de la figura original hermosa, armónica, integrada, trascendente, y el eterno recuperador de la misma cuando el pecado ha dado al traste con la gracia del comienzo.
Exactamente a eso se refiere Pablo, cuando alecciona a su discípulo entrañable, Timoteo: “Dios nos ha salvado y nos ha llamado a una vocación santa, no por nuestras obras, sino por su propia voluntad y por la gracia que nos ha sido dada desde la eternidad en Jesucristo. Esta gracia se ha manifestado ahora en la aparición de nuestro Salvador, Jesucristo, que ha destruido la muerte y ha hecho irradiar la vida y la inmortalidad mediante el anuncio del Evangelio, de cual yo he sido constituído mensajero, apóstol y maestro” (2 Timoteo 1: 9-11).  Este es el contenido preciso de lo que estamos llamando trans-figuración! Tal es le genuina perspectiva cuaresmal!
Por eso, se impone estar atentos a los llamados de Dios, en la cotidianidad, en las experiencias felices o en las dolorosas, en las situaciones límite, en las personas, en el amor o en el des-amor, en el lenguaje contundente de la realidad, en los clamores de quienes nos llaman la atención porque su dignidad ha sido sustraída, en la banalidad de la sociedad de consumo, en los inaceptables hechos de corrupción, o en la coherencia y santidad de las gentes buenas y generosas.
Estas convocatorias invitan a una “salida”:  “El Señor dijo a Abraham : deja tu tierra, tus parientes, y la casa de tu padre, y vete a la tierra que yo te indicaré” (Génesis 12: 1), y la acompaña con una promesa, generadora de la mayor esperanza: “Yo haré de ti un gran pueblo, te bendeciré y haré famoso tu nombre, que será una bendición. Bendeciré a los que te bendigan , y maldeciré a los que te maldigan. Por ti serán benditas todas las naciones de la tierra” (Génesis 12: 2-3).
De dónde tenemos que salir? De qué zonas de comodidad debemos desinstalarnos? A qué debemos renunciar? Qué rupturas nos pide Dios? Cuáles son esos núcleos de nuestro ser y  quehacer que nos frenan la “salida” hacia Dios? Nos sentimos muy apegados a este universo confortable, egoísta, insensible y nos produce inmenso miedo pensar en que para ser libres debemos romper con todo  eso?
O, más bien, nos sentimos “pro-vocados” por Dios, su llamada nos confronta, nos pone en situación de autocrítica, nos remite a la mayor honestidad y sinceridad con nosotros mismos, aún frágiles y con algo de temor nos lanzamos, como Abraham, a esta aventura de la libertad, animados por la promesa y por  la bendición? La nuestra, es una intención resuelta de estar regresando siempre a la figura original, sabedores de que es el Dios Padre de Jesús el que, en este último nos trans-figura, haciendo concreta y factible la misma promesa hecha a nuestro padre en la fe?
Una hermosísima y profunda biografía de San Ignacio, titulada “Ignacio de Loyola, solo y a pie” , de José Ignacio Tellechea Idígoras, nos relata la vida  de este apasionante místico del siglo XVI, a quien la vida le quebró sus seguridades, le “movió el piso” decimos nosotros, quedándose sin ellas inquieto y desasosegado, poniéndole en tela de juicio lo que él mismo llamó después “el vano honor del mundo”.
Ese mismo Dios que movió a Abraham, el que se nos reveló en Jesús, también planteó a Ignacio la “salida” de su ego, de su mundanidad egoísta, de sus afanes de hacer carrera de poder, de su exagerada autoestima, e hizo de él un peregrino, un caminante , hombre “sólo y a pie”, que se marchó – gozoso y esperanzado -  detrás de la promesa y de la bendición, deseoso de ser trans-figurado con el Hijo.

Alejandro Romero Sarmiento  -  Antonio José Sarmiento Nova,S.J.

domingo, 9 de marzo de 2014

COMUNITAS MATUTINA 9 DE MARZO DOMINGO I DE CUARESMA



Lecturas
1.      Génesis 2: 7-9 y 3: 1-7
2.      Salmo 50: 3-6 y 12-17
3.      Romanos 5: 12-19
4.      Mateo 4: 1-11
Una saludable expectativa  con la que podemos iniciar la cuaresma de este año es la de superar el estilo sombrío que suele rodear este tiempo, reduciendo sus manifestaciones al color morado de los ornamentos litúrgicos y a la abstinencia de carne el día viernes.  El asunto cuaresmal es mucho más que unas formalidades externas, lo que está en juego es un replanteamiento radical de la vida en la perspectiva de Dios, una revisión sustancial de nuestro sujeto interior,  y un desprendimiento de todas aquellas motivaciones que nos hacen esclavos y nos apartan del dinamismo liberador del Evangelio.
El proyecto de Dios para la humanidad no parte del establecimiento de una institución religiosa con todo su tinglado de preceptos, doctrinas, autoridades, rituales, sino de una relación constitutiva de sentido y de dignidad, producto de la opción preferencial que El tiene por cada ser humano, conocida en el lenguaje más tradicional como la alianza.  Y esa relación nos remite a la conciencia del Dios sabe dar vida, crear, y mantener a sus creaturas en el dinamismo viviente: “Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre fue un ser  viviente” (Génesis 2: 7).
Este es el testimonio original de la fe de Israel, su conciencia de que de un Dios personal, único, fluye el dinamismo sustancial de la vida, que a su vez establece un vínculo fundante para que esa vitalidad permanezca y evolucione hasta la plenitud y la trascendencia.
 Captar este elemento es clave para re- significar nuestra percepción y vivencia de la relación con Dios, de la confianza en El, de los contenidos de la mediación religiosa, de la espiritualidad y de la vida coherente que evidencia nuestra fidelidad a ese plan.
 De no ser así , seguiremos en la trampa del ritualismo, de la religiosidad estereotipada sin incidencia en la transformación de la vida y en la esperanza como garantía de sentido pleno y definitivo. Una religiosidad anodina como la que desafortunadamente se vive en muchos medios y personas no es persuasiva para otros y está totalmente alejada de la vitalidad fundante de nuestro creador.
Es importantísimo también asumir que una  de las dotaciones esenciales con las que nos ha obsequiado el buen Dios es la de la libertad, la capacidad de aceptarlo o de rechazarlo, sin imponerse, siempre proponiéndose y sometiéndose a nuestro libre albedrío, y suministrándonos todo lo requerido para un discernimiento sensato: “El Señor Dios plantó un huerto en Edén, al oriente, y en él puso al hombre que había formado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver, y buenos para comer, así como el árbol de la vida en medio del huerto y el árbol del conocimiento del bien y del mal” (Génesis 2: 8-9).
Consideremos el radical alcance de esta decisión creadora, tan extrema que se arriesga a la posibilidad de ser rechazado, como en efecto sucede tan a menudo en la condición humana. Esto es definitivo para comprender la concepción bíblica del ser humano, la genuina antropología teológica, y nos brinda la mejor capacidad para entender  nuestro propio misterio, los motivos y resortes profundos del ser que inspiran nuestras opciones y decisiones, nuestras actitudes y conductas.
De otra parte, entramos también  a constatar el contraste entre la justicia de Dios y el proceder de los humanos: “Pero no hay comparación entre el delito y el don. Porque si por el delito de uno solo todos murieron, mucho más la gracia de Dios, hecha don gratuito en otro hombre, Jesucristo, se ha derramado abundantemente sobre todos…..Y si por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado universal, mucho más por obra de uno solo, Jesucristo, vivirán y reinarán los que reciben en abundancia la gracia y el don de la salvación” (Romanos 5: 15.17).
Una tendencia de esta libertad humana rompe el vínculo esencial con Dios y afirma con arrogancia su propio proyecto, con las consecuencias bien conocidas. Y la libertad del Padre se empeña en seguir optando por el ser humano, desbordándose gratuitamente en el mantenimiento de esa vitalidad original que ahora se hace relato definitivo en el acontecimiento meritorio del Señor Jesucristo.
En la ruptura captamos el misterio de la iniquidad, los alcances del ejercicio de esa libertad desvinculada de su referente teologal, y así asistimos a aquello del hombre que  es lobo para el hombre, a la barbarie del nazismo y de todos los totalitarismos de la historia, a la demencia del poder, a la negación del prójimo, a la justificación de los crímenes de lesa humanidad con argumentos como la seguridad nacional o la lucha de clases, también al sentimiento trágico de la vida y al vacío existencial, y a todos los desórdenes en los que incurrimos los humanos.
 Recordamos , por ejemplo,  el magisterio de los obispos de América Latina, cuando en su segunda asamblea general, en Medellín agosto de 1968, denunciaban el pecado estructural y la violencia institucional.  Es la conciencia del pecado individual que  tiene unas penosas consecuencias, también pecaminosas, en el tejido de la sociedad.
Por oposición, en la libre acogida del ofrecimiento de Dios para mantener nuestra creaturalidad hallamos el ejercicio de una libertad referida a El, que no sacrifica ni la dignidad ni la autonomía que nos son inherentes, y que nos orienta a lo comunitario, a lo solidario, a lo fraternal, a lo justo e incluyente, como transparencias de nuestra fidelidad a su proyecto. La gracia de Dios que habita a quien la recibe en libertad tiene también una traducción social y estructural!
Estas reflexiones que ilustran la Palabra de este primer domingo de cuaresma nos ayudan a una valoración sincera de nosotros mismos y de nuestra realidad circundante? Cómo vivir con limpieza evangélica en este mundo de injusticia y de violencia, de corrupciones y de dineros mal habidos, de intereses mezquinos y de consumos escandalosos? Cómo ser conscientes del pecado , pero también de su contrapartida liberadora, la gracia sobreabundante?
 Y en ese universo de contradicciones,  descubrimos la contundencia del Dios que se hace humano, histórico, real, en la persona de Jesús, para emprender la ruta de retorno a la armonía del paraíso? Percibimos el mérito gratuito de su vida, del dramatismo de su pasión, de la humillación de su muerte condenado como reo, de su amanecer pascual , donde el Padre ratifica su decisión a favor de todos los humanos, incluyendo a quienes se niegan sistemáticamente a aceptarlo?
“Y como por la desobediencia de uno solo, todos fueron hechos pecadores, así también, por la obediencia de uno solo, todos recibirán la salvación” (Romanos 5: 19). La salvación, que es la adquisición de la vida plena en Dios, no es el resultado de un mérito personal o colectivo de la humanidad, sino una iniciativa gratuita de su amor y, por lo mismo, es desmedida e incondicional. Y así marca  con radicalidad la postura opuesta al desorden que introducen el pecado y la pecaminosidad! En Jesús Dios se pronuncia con decisión para rescatar lo que el pecado pierde.
A la luz de esto, cómo vemos nuestras vidas y  este mundo en  el que estamos ? Es la existencia humana una competencia para escalar posiciones, para acceder al poder, para ser importantes, para clasificar de modo excluyente a las personas, para decidir arbitrariamente sobre la vida de la gente, para imponer visiones unilaterales de la realidad, de lo social, de lo político, de lo religioso, de lo cultural ?
O más bien, desde la óptica de esa gratuidad que nos trasciende, estamos abiertos a un  modo de vida en la que el cuidado de los demás, la ética de la projimidad, la capacidad de darnos para que otros vivan, la mesa servida en igualdad de condiciones para todos, sean los rasgos que definan eso que Juan Pablo II llamó la civilización del amor, la globalización de la solidaridad ?
Cuenta un relato africano que un antropólogo propuso un juego a los niños de una tribu, y como estímulo les puso una canasta llena de frutas, diciéndoles que quien llegase primero ganaría para sí todas las frutas.
Sucedió que al dar la largada para la competencia, todos los chiquillos se tomaron de las manos, corrieron juntos, y luego se sentaron a disfrutar del premio. Cuando él les preguntó por qué habían procedido de esa manera, si uno solo podía lograr la recompensa, ellos le contestaron UBUNTU ¿Cómo uno de nosotros podrían estar feliz si todos los demás están tristes?.... UBUNTU, en la tribu Xosha significa: Yo soy porque nosotros somos……..
Justamente esta es la lógica que el Padre Dios nos revela en Jesús, quien en ejercicio de su libertad, se ve sometido a las presiones propias de la cultura competitiva del pecado, como la espectacularidad, el liderazgo arrogante y exitoso, el desconocimiento de la unicidad liberadora de Dios, tal como lo refiere el texto de Mateo , cuando el tentador le promete : “Todo esto te daré, si te postras y me adoras” (Mateo 4: 9), presentándole todo el espectro del vano honor del mundo y queriendo imponerle la negativa a la voluntad del Padre, así lo propone el comienzo del capítulo 4 de Mateo, en el relato de las tentaciones en el desierto.
Bien lo sabemos: ni el poderío económico, ni el político, ni los grandes logros de la humanidad que se desentienden de Dios y del prójimo, tienen capacidad de salvación, ni tampoco las religiones cuando se desenfocan de su esencia y se convierten en autorreferenciales, según la inteligente expresión del Papa Francisco.
 Sólo el  acoger el misterio amoroso de Dios , gratuito, solidario, negándose a toda idolatría, como lo hace Jesús en el desierto, nos sumerge en la esperanzadora dimensión del UBUNTU que es simultáneamente divino y humano, de ese Dios que es apasionadamente Padre y Madre para que hombres y mujeres nos reconozcamos como prójimos y hermanos, dejando atrás las mediaciones de todos los poderes que nos alienan y matan nuestra identidad original: “Retírate Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él le darás culto” (Mateo 4: 10).

Alejandro Romero Sarmiento – Antonio José Sarmiento Nova,S.J.

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