domingo, 12 de julio de 2015

COMUNITAS MATUTINA 12 DE JULIO DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO “Llamò a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos” (Marcos 6: 7)



Lecturas:
1.   Amòs 7: 12 – 15
2.   Salmo 84: 9 – 14
3.   Efesios 1: 3 -14
4.   Marcos 6: 7 – 13
Despuès del fracaso de Jesùs, de acuerdo con el relato de Marcos de la semana anterior, comienza una nueva etapa en el relato de este evangelio: Los discípulos van a tomar parte en la tarea que hasta ahora sòlo desarrollaba el Maestro,  los compromete para que se involucren de lleno en esta misión, ligeros de equipaje con todo lo que significa esta última expresiòn: “LLamò a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les encargò que no llevaran para el camino màs que un bastòn; ni pan, ni alforja, ni dinero en la faja, que calzaran sandalias pero que no llevaran dos tùnicas” (Marcos 6: 7 -9).
El rechazo de los dirigentes judíos, también de sus paisanos y personas màs cercanas, obliga a Jesùs a buscar otros interlocutores, menos maleados por la enseñanza oficial del judaísmo, rigorista e intransigente.
 Es su propósito presentar la radical novedad del Dios cercano, misericordioso, solidario, liberador, decisivamente inserto en la fragilidad humana, para esto requiere mentes y corazones desprevenidos y abiertos.
Siempre hemos escuchado que la Iglesia toda es misionera, que cada cristiano lo es también, pero corre el peligro de tornarse en lugar común y retòrica oficial, frases manidas que pierden sabor y significado.Sin embargo,   esto es a lo que invita el relato evangélico de este domingo. La palabra misión proviene del latìn mittere, enviar con un objetivo claro, el misionero es el enviado.
Marca un contraste cualitativo sobre el que llamamos la atención: no se trata del funcionario religioso dotado de poder que espera a que las personas vengan a èl para plegarse a su culto institucional y a todo su rìgido ordenamiento, sino de gentes escogidas por el mismo Jesùs, y enviadas a buscar a los otros, donde están, en su contexto real, con las circunstancias verdaderas de sus relatos vitales.
 Este misionero de Jesùs se encarna en las historias de los seres humanos, en sus gozos y esperanzas, en sus dolores y sufrimientos, y allì deposita la buena noticia del Dios inmediato, el Dios que se vuelve historia y humanidad, el Dios que goza con todos, que sufre con todos, y que se hace ofrenda liberadora para dar plenitud de sentido y conferir  las razones màs decisivas para una existencia con significado.
Dios y la nueva humanidad que surge de El son el contenido de esta misión, que es eminentemente comunitaria, “de dos en dos”,  en igualdad de condiciones, sin superioridad de unos sobre otros:  el envìo es desde una comunidad, gracias a ella, para generar nuevos grupos de personas que constituyan el mismo modelo de vida a partir de la propuesta de Jesùs.
La expresión “dándoles poder sobre los espíritus inmundos” no se refiere a una capacidad mágica, milagrera, sino a una superioridad sobre el mal, fuerza para superar toda actitud, toda ideología, todo impedimento, que frenen la acción liberadora de Dios.
Todas las indicaciones sobre lo que deben o no deben llevar tienen el sentido testimonial de la pobreza, en cuanto libertad ante las seguridades de carácter material, que pueden sustituir la eficacia del mensaje convirtiéndose en fin en sì mismas, advertencia severa para la iglesia de todos los tiempos de la historia.
 Una expresión asì  trasciende la puntualidad de lo material para cuestionar todo afianzamiento en el poder, en el prestigio social, en las influencias, en los soportes institucionales, indicando que la fuerza de la misión reside en Dios mismo quien comunica su Espìritu para dotar de contenido a los enviados, sin màs certeza que la de Aquel que confía este encargo.
Igualmente para nosotros, los cristianos de hoy: somos conscientes de Dios mismo en cuanto principio y fundamento de nuestra historia personal y social?  Esta seguridad totaliza todo nuestro ser y nuestro quehacer? Somos capaces de salir de la zona de confort, de las seguridades ideológicas e institucionales, para vivir en la libertad del Evangelio, y para comunicar esta feliz realidad con eficacia liberadora a todos los humanos?
El ministerio de los enviados: “Se fueron y predicaban la conversión, expulsaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los sanaban” (Marcos 6: 12 – 13) se refiere claramente a la nueva manera de vivir que Jesùs anuncia, inspirada en el Padre Dios, en el reconocimiento respetuoso y comprometido de todo prójimo, en el rechazo enfático de la exclusión religiosa, moral, social, étnica, en la vida que trasciende en el amor y en la solidaridad, en el talante de las bienaventuranzas como orientador de este nuevo proyecto de vida.
La aspiración es a erradicar el mal, a expulsar  los demonios  que son los ídolos del poder, del deseo desordenado de dominar a los demás, de valorar a la gente por el tener y no por el ser, de la absolutización de normas, doctrinas y rituales, del corazón que se cierra a la libertad que viene de Dios y del prójimo, del estar de parte de los poderosos y dominadores, del respaldar y justificar las injusticias y las abominaciones contra la dignidad humana.
El reino que se anuncia por parte de estos enviados es el de  construir comunión y participación, reconocimiento del derecho elemental de toda persona a compartir, a ser respetado en su originalidad, significado en la mesa común, en la que se anuncia la paternidad de Dios y la fraternidad de todos, teniendo en Jesùs el referente esencial de esta filiación y de esta projimidad y hermandad.
Una manera de ver la libertad que Dios confiere a quien vive en El y para El nos la presenta la primera lectura de hoy, cuando Amòs recibe presiones de los profetas de Betel con la intención de manipularlo y de convertirlo en un profeta funcional y adaptado a sus intereses de poder: “Amasìas ordenò a Amòs: vidente, vete, escapa al territorio de Judà; allì te ganaràs la vida, allí profetizaràs; pero en Betel no vuelvas a profetizar, porque es el templo real, es el santuario nacional” (Amòs 7: 12 – 13).
Betel representaba los intereses del poder, no los de Dios, era la clara imagen del sometimiento de la religión a la política, y el acallamiento de la sinceridad original del profetismo y de la vida autèntica pactada en la alianza; Amasìas era un funcionario sacerdotal a sueldo, un mercenario de la fe, un  servil adulador de los poderosos, esto lo lleva a pretender que Amòs sea como èl.
Y este último, consciente de la radical verdad de su misión , responde: “Yo no era profeta ni discípulo de profeta; era pastor y cultivaba higueras. Pero el Señor me arrancò de mi ganado y me mandò ir a profetizar a su pueblo,Israel” (Amòs 7: 14 – 15). Con esta vigorosa afirmación Amòs se niega a someterse al dictado de Amasìas, y hace pública la libertad que le ha dado el mismo Dios para llamarlo a esta misión, no es ningún dictado humano el que lo ha llamado al profetismo, es Dios quien lo envía, argumento suficiente para no dejarse manipular por otros intereses.
Cuando la comunidad cristiana , la Iglesia, se deshace de estas adherencias de política y conveniencia, cuando deja de lado la prudencia limitante, y descubre que Dios es todo para ella, entonces se torna libre con la libertad de Jesùs, y su palabra y su misión tienen definitiva raíz evangélica,  puede comunicar su buena noticia sin compromisos con los poderes del mundo, anunciando el nuevo orden de vida y dignidad que es el reino de Dios y su justicia,  denunciando todo lo que atenta contra estas amorosas intenciones del Padre para con el gènero humano.
La confianza de toda misión evangélica debe centrarse en el mensaje, no en los medios desplegados para conseguir la adhesión. Para ello no hay màs remedio que prescindir de lo superfluo en términos económicos, ideológicos, jurídicos, rituales, y correr el riesgo de captar con la propia vida la esencialidad del Evangelio, en la que Dios es Padre – Madre de todos los humanos, y cada uno de estos un prójimo y hermano, visualizando esta feliz realidad en la persona misma de Jesùs.
El bello y denso himno cristológico de la carta a las Efesios, segunda lectura de este domingo, es una profesión de fe fundamental y, en la misma medida, una maravillosa síntesis de lo que hemos de transmitir en el envìo: “Por èl, también ustedes, al escuchar el mensaje de la verdad, la Buena Noticia de la salvación, creyeron en èl y fueron marcados con el sello del Espìritu Santo prometido, quien es garantía de nuestra herencia, y prepara la redención del pueblo que Dios adoptò: para alabanza de su gloria” (Efesios 1: 13 – 14).
La profundidad salvadora de Dios en la historia se expresa sacramentalmente en la genuina  humanidad de Jesùs, El es el relato mayor del Padre que se implica encarnatoriamente en nuestra condición, de tal manera que esta acción nos involucre a todos. Dicho asì: Dios se hace humano en Jesùs, para que los humanos nos hagamos divinos por medio de El.
A esto hay que echarle cabeza y corazón para poder vivirlo como la mayor delicia de nuestra historia. Ignacio de Loyola llama a esto “conocimiento interno de Jesùs”, petición que el santo propone constantemente a lo largo de sus ejercicios espirituales para que quien los hace vaya accediendo gradualmente a la identificación de su humanidad con Jesucristo, quien es verdaderamente la nueva humanidad.

domingo, 5 de julio de 2015

COMUNITAS MATUTINA 5 DE JULIO DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO “A un profeta sòlo lo desprecian en su tierra, entre sus parientes y en su casa” (Marcos 6: 4)

Lecturas:
1.   Ezequiel 2: 2 – 5
2.   Salmo 122: 1 – 4
3.   2 Corintios 12: 7 – 10
4.   Marcos 6: 1 – 6
Cuàl es la diferencia sustancial entre un profeta, apasionado por Dios y por la humanidad, comprometido plenamente con su misión, con la causa que la inspira, y un funcionario-clèrigo-pastor religioso, acomodado en un sistema anquilosado, sin vigor espiritual , reproductor de una ideología que no transforma?
Vamos a explorar la respuesta en las exigentes lecturas de este domingo, empezando por la de Marcos, en la que Jesùs experimenta el rechazo radical por parte de su propio pueblo, que lo recibe con cuestionamientos del mayor escepticismo: “ Muchos al escucharlo comentaban asombrados: De donde saca èste todo eso? Què clase de sabiduría se le ha dado? Y, què hay de los grandes milagros que realiza con sus manos? No es èste el carpintero, el hijo de Marìa, el hermano de Santiago y Josè, Judas y Simòn? No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas? Y esto era para ellos un obstáculo” (Marcos 6: 2 – 3).
Sabemos bien que el evangelista Marcos hace el mayor esfuerzo posible por presentar la humanidad de Jesùs bien resaltada, para salir al paso a la afirmación de una divinidad de tal intensidad que podría opacar su condición humana. Por eso aquí vemos a un Jesùs sometido al desconocimiento e incredulidad de sus propios paisanos, que se resisten a aceptar su profecía, su misión, su ministerio, su manera de presentar a Dios y de relacionarse con las personas.
Solemos decir que nadie es profeta en su pueblo,  afirmación que parece cumplirse con rigor en la mayoría de casos. En el de Jesùs es patente, le han conocido de chico y de joven , saben quienes son sus padres y demás familiares, nunca vieron en èl nada excepcional, y ahora, al regresar a su aldea, no pueden aceptar la novedad radical de vida que viene a proponer.
Esto implica para El un inmenso dolor, sentimiento que no le producía el rechazo por parte de los dirigentes religiosos judíos, de quienes no esperaba ninguna novedad en términos de acogida del mensaje, pues ya sabìa quienes eran estos sacerdotes y maestros de la ley, totalmente instalados en su mentalidad legalista y milimétrica, igualmente asegurados por el poder de la institución que los respaldaba.
Verse desconocido por sus contemporáneos y personas de su misma condición, por la gente de su comunidad,  sì es causa de  gran desencanto y tristeza: “A un profeta sòlo lo desprecian en su tierra, entre sus parientes y en su casa” (Marcos 6: 4), les dice Jesùs, tomado por la decepción.
Asì las cosas, hagámonos estas preguntas:
-      Còmo estamos acogiendo a Jesùs los que nos creemos suyos?
-      En medio de un mundo que se ha hecho adulto, no es nuestra fe demasiado infantil y superficial, excesivamente religiosa y poco espiritual?
-      No vivimos demasiado indiferentes a la novedad revolucionaria de su mensaje?
-      No es extraña nuestra falta de fe en su fuerza transformadora?
-      No tenemos el riesgo de apagar su Espìritu y despreciar su profecía?
Ciertamente el núcleo del mensaje de Jesùs no reside en una reforma religiosa, ni en la implementación de nuevas normativas de tipo legal o ritual, ni en la formulación de códigos doctrinales, lo suyo es algo de una radicalidad definitiva y revolucionaria, es lo que hemos llamado a menudo – y lo seguimos haciendo con todo énfasis! – el reino de Dios y su justicia.
Esta es una nueva manera de concebir la relación de Dios con la humanidad, y de esta con El, es su implicación solidaria y misericordiosa con todos los seres humanos, es la superación del absolutismo religioso y jurídico para dar paso a la posibilidad plena del amor y de la libertad en quienes se quieran acoger a su oferta, es la paternidad de Dios revolucionando la historia y poniendo en tela de juicio todo poder, toda ley, toda esclavitud a la que con tanta frecuencia se someten los seres humanos, cosa que no pocas veces se hace utilizando a Dios como autoridad que legitima estos abusos.
Y esto es verdaderamente escandaloso y por esto es rechazado y despreciado! La genuina predicación del Evangelio conmueve las conciencias y los corazones, propone una crìtica radical de las instituciones, empezando por la religiosa, desideologiza la fe , la purifica, hace dignos  a los humillados y ofendidos, invita a rectificar las motivaciones y las prioridades existenciales, desarma la arrogancia de quienes se creen modelos de moralidad y de religiosidad, y revela la irrevocable decisión de Dios de ser un padre – madre de tiempo completo, un Dios anonadado, vaciado de sì mismo, el Dios crucificado!
Es muy similar el sentimiento de los profetas del Antiguo Testamento cuando se ven enfrentados a la incredulidad de los destinatarios de su mensaje y, màs aùn , a la infidelidad, al desacato total, al cinismo de dar la espalda a Dios y dedicarse de lleno al culto idolátrico y al estilo desordenado de vida que procede de ahì: “A hijos duros de rostro y de corazón empedernido te envìo. Les diràs: esto dice el Señor, te escuchen o no te escuchen, porque son un pueblo rebelde, y sabrán que hay un profeta en medio de ellos” (Ezequiel 2: 4 – 5).
Cuando los sacerdotes, obispos, pastores, ministros, hacen de su discurso, estilo pastoral y mensaje, un “rollo” neutro, aséptico, pobre en fuerza evangélica, es natural que no incomoden y sean aceptados por considerarse “funcionales” para un sistema al que no le conviene que sea cuestionado, pero cuando estos, desde una seriedad espiritual y evangélica de gran calado, hablan desde Dios, desde Jesùs, guiados por el Espìritu, y hacen que la Palabra penetre en la realidad, anunciando la gozosa y radical novedad allì contenida, y denuncian lo que es incompatible con esto, entonces incomodan, escandalizan, se les rechaza, se les juzga como poco cuerdos, como contrarios a la tradición religiosa, y asì vienen condenas y  esfuerzos notables por desvirtuar su ser y su quehacer.
Ahora el Papa Francisco viene diciendo cosas tan  profundas que ponen en tela de juicio muchas de las realidades de este tiempo, como las manifestadas por èl en su carta programática “Evangelii Gaudium” y hace dos semanas en la encíclica “Laudato Si” , con expresiones tan severas como esta: “La tecnología que, ligada a las finanzas, pretende ser la única solución de los problemas, de hecho suele ser incapaz de ver el misterio de las múltiples relaciones que existen entre las cosas, y por eso a veces resuelve un problema creando otros” (Laudato Si No. 20).
Què reacción tendrán ante estas proféticas palabras las personas y las entidades que determinan el rumbo de la política y de la economía del mundo? Seguramente ya les han producido la mayor molestia e indignación, como las causadas por Jesùs a los poderosos de su tiempo.
Siempre el profeta està llamado a ejercer su misión a tiempo y a destiempo, como quiera que esta tiene por referente esencial al mismísimo Dios, ante quien no caben manejos interesados ni apariencias que eventualmente quisieran aminorar la fuerza de la palabra: “Penetrò en mì el espíritu mientras me estaba hablando y me levantò poniéndome de pie, y oì al que me hablaba. Me decía: hijo de hombre, yo te envìo a Israel, pueblo rebelde, se rebelaron contra mì ellos y sus padres, se sublevaron contra mì hasta el dìa de hoy” (Ezequiel 2: 2 – 3).
El relato de vida de quienes viven en esta perspectiva es muy coherente con lo vivido y sentido por Jesùs : a Monseñor Romero lo asesinaron, también a muchos y muchas como èl; a Dom Helder Càmara el gobierno brasilero de esos años lo considerò un personaje subversivo y peligroso para el sistema; al obispo español Alejandro Labaka, misionero en Ecuador, le  mataron los indígenas a quienes èl servìa como pastor.
A estas personas, poseídas por el Espìritu, por la fuerza vital del Evangelio, les animò simultáneamente la conciencia del poder amoroso del Padre revelado en Jesùs y la de sus propias debilidades, como lo testimonia bellamente Pablo, máximo exponente de la dedicación profética a la causa del reino de Dios y su justicia: “Asì que muy a gusto me gloriarè de mis debilidades , para que se aloje en mì el poder de Cristo. Por eso estoy contento con las debilidades , insolencias, necesidades, persecuciones, y angustias por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12: 9 – 10).
Què extraña y escandalosa mentalidad esta de Pablo y de tantos seguidores de Jesùs, totalmente ajena para la lógica del poder y del dinero, pero afectísima para el corazón de Dios y para el de aquellos-as que viven en la sabiduría de lo esencial, no domesticados por la vanidad ni por la suficiencia, sì liberados por la eficacia salvadora y liberadora del misterio pascual de Jesucristo.

Esto se sigue rechazando por escandaloso, como en tiempos de Jesùs, pero sigue vigente para gloria de Dios y dignidad liberada  del ser humano.

domingo, 28 de junio de 2015

COMUNITAS MATUTINA 28 DE JUNIO DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO “Sujetando a la niña de la mano le dijo: Talitha qum, que significa: chiquilla, te lo digo a tì, levántate” (Marcos 5: 41)



Lecturas:
1.   Sabidurìa 1: 13 – 15 y 2: 23 – 24
2.   Salmo 29: 2 – 13
3.   2 Corintios 8: 7 – 15
4.   Marcos 5: 21 – 43
El Señor Jesucristo es portador pleno y definitivo de la vida del Padre Dios para todos los humanos, principalmente para quienes, en ejercicio del mayor acto de fe, depositan la garantía de su vida en El.
Y esta vida que El trae es totalizante, asume todas las dimensiones del ser humano, lo dignifica, lo redime de la fragilidad y del egoísmo, del pecado y de la injusticia, del sometimiento a poderes esclavizantes, de religiones sin amor y sin libertad, de leyes sin perspectiva humanizante, de instituciones que no se orientan al bien individual y colectivo, de miedos y torturas, de angustias y vejámenes.
Este es el mensaje central que nos proponen los versículos 21 a 43 del capìtulo 5 de Marcos, con el relato de la resurrección de la hija de Jairo, y con la curación de la mujer que, furtivamente, tocò el manto de Jesùs, porque no se atrevìa a hacerlo en público puesto que, ella, una mujer impura e indigna ante su religión, no podía entrar en contacto con otras personas: esto era visto como un gesto contaminante, grave infracción merecedora de castigo repudio para esta mentalidad.
Esta última es una mujer insignificante, perdida entre la multitud que rodea a Jesùs, no se atreve a hablar directamente con èl, como sì lo hace Jairo, el padre de la niña, quien es jefe de la sinagoga y tiene voz y representación, ella no, y està convencida de su pequeñez y de su no valer nada.
Entre los presentes todos ignoran que es una mujer que està marcada por una enfermedad secreta y vergonzosa. Dònde podrá encontrar la salud que le devuelva su dignidad y haga de ella una mujer ìntegra, vinculada con una comunidad, reconocida como un ser de valor?
Este caso del evangelio nos remite a tantas personas, millones en el mundo, que viven constantes humillaciones, rechazos, desconocimientos, pobrezas, sintiendo que no tienen derecho a la reivindicación y a la dignidad, asì lo inculca el sistema, asì son los imaginarios, cosa que a muchísimos les parece perfectamente normal y aceptable.
Junto con la exclusión socio económica están también la moral, la étnica, la religiosa: perseguidos porque son homosexuales, porque no se han casado formalmente en la iglesia, porque vienen de comunidades raciales consideradas inferiores, porque se los mira como herejes y blasfemos con respecto a lo que se considera “verdadera” religión y doctrina.
Esta humilde mujer simboliza el atrevimiento liberador de los condenados de la tierra: “Una mujer que llevaba doce años padeciendo hemorragias, que había sufrido en manos de distintos médicos gastando todo lo que tenía, sin obtener mejora alguna, al contrario, peor se había puesto, al escuchar hablar de Jesùs, se mezclò en el gentìo , y por detrás le tocò el manto. Porque pensaba: con sòlo tocar su manto, quedarè sana. Al instante desapareció la hemorragia, y sintió en su cuerpo que había quedado sana” (Marcos 5: 25 – 29).
La persona de Jesùs irradia fuerza curadora, esta condición en El es integral, porque:
-      Con la virtud sanadora y salvadora que sale de su ser pone en evidencia la incapacidad para lo mismo de la institución religiosa judía, anegada en su lógica de prescripciones milimétricas, de normas y rituales rigurosos, de pràcticas conducentes al sentimiento de superioridad moral y religiosa, de vanidad y suficiencia en los sacerdotes y maestros de la ley, y – lo màs grave de todo – de desprecio por  quienes no practicaban este conjunto de minucias,  juzgàndolos inferiores.
-      Reconoce la dignidad de la mujer, y valora en ella su profunda fe: “Hija, tu fe te ha sanado. Vete en paz y sigue sana de tu dolencia” (Marcos 5: 34), restaura en ella la conciencia de su valer como persona, la redime en totalidad.
-      Para dar prioridad al Padre Dios y al ser humano transgrede abiertamente la ley judía que prohibía el contacto físico con los enfermos y contaminados, es la ley al servicio del ser humano un elemento clarísimo en la mente y en la conducta de Jesùs.
-      Es la fe – confianza de esta mujer la que desencadena los felices acontecimientos. Ella se arriesga a tocar a Jesùs, no contempla prohibiciones, tiene la certeza de que de El proviene para ella la salvación y la liberación, la posibilidad de una existencia con significado y con dignidad.
En el mismo relato encontramos a Jairo, el jefe de la sinagoga, para implorar por su hija gravemente enferma: “Mi hijita està agonizando. Ven e impon las manos sobre ella para que sane y conserve la vida” (Marcos 5: 23), este hombre no encuentra salida en su religión y busca la respuesta en Jesùs, ya rechazado por los jefes religiosos del judaísmo; viola formalmente la ley acudiendo a un proscrito, pero su actitud también està llena de fe y de esperanza.
Jairo reconoce que su institución religiosa ha perdido el horizonte de la vida, siendo un líder dentro de ella, un hombre con posibilidad de prestigio y de poder, ve claramente que la misma es estrecha de miras y carente de sensibilidad y de espiritualidad,  establecimiento de formalidades sin conversión al amor y a la misericordia de Dios, por eso acude a Jesùs, en quien reconoce la abundante vitalidad del Padre, con igual y decidida fe como la mujer impura.
Muere la niña, y las personas cercanas le vienen a avisar, pidiéndole que no siga importunando al Maestro, como indicándole que toda esperanza se ha perdido. Y Jesùs: “A què viene este alboroto y esos llantos? La muchacha no està muerta, sino dormida. Se reìan de èl. Pero èl, echando afuera a todos, tomò al padre, a la madre y a sus compañeros y entrò a donde estaba la muchacha. Sujetando a la niña de la mano, le dijo: Talitha kum, que significa: Chiquilla, te lo digo a tì, levántate!. Al instante la muchacha se levantò y se puso a caminar” (Marcos 5: 39 – 42)
En contra de la expresa prohibición de la ley, que impide tocar a un muerto, por las mismas razones de impureza, Jesùs hace lo contrario y, en vez de quedar saturado de muerte, comunica la vida al cadáver.
La importancia de estos relatos no reside en el prodigio en sì mismo de la curación o de la resurrección, su fuerza està en el profundo y esperanzador simbolismo que encierran. El objetivo de la misión de Jesùs no se queda en la solución de los problemas puntuales de la gente, estos se seguirán dando como expresión de la inevitable fragilidad humana.
 Pero queda algo clarísimo, contundente y decisivo: que la salvación de Jesùs es para todos los seres humanos y para la integralidad de sus dimensiones, esta no se queda en una realidad después de la muerte, en esta historia en que vivimos ya se inicia con vigor el proceso de sentido pleno y de configuración de cada persona en la perspectiva de esa esperanza que sì se ha de consumar cuando pasemos la frontera de nuestra precariedad.
Tal es el mensaje fe la primera lectura: “Dios no hizo la muerte ni goza destruyendo a los vivientes. Todo lo creò para que  existiera; las creaturas del mundo son saludables , no hay en ellas veneno de muerte ni el abismo impera en la tierra, porque la justicia es inmortal” (Sabidurìa 1: 13 – 15)
Este libro de la Sabidurìa, cronològicamente el último del Antiguo Testamento y muy cercano al tiempo de Jesùs, se mueve en el horizonte del destino inmortal del ser humano, como clara respuesta a las hondas preguntas por el sufrimiento, por el mal, por la muerte, propuestas especialmente en Job y en Eclesiastès.
 Es un texto que supone el mayor nivel de madurez del pueblo bíblico que , después de las interminables vicisitudes y derrotas, cautividad en Babilonia, también idolatrìas e infidelidades, descubre que la plenitud no se consigue definitivamente en lo que llamamos “esta vida”, que hay una trascendencia a la que nos llama el mismo Dios y que ella es posible como remate de significado total del ser humano: “Dios creò al hombre para la inmortalidad y lo hizo imagen de su propio ser” (Sabidurìa 2: 23).
Còmo llegan estos textos a nuestro contexto? Descubrimos su pre-texto salvador, liberador, re-creador, redentor, dador de vida? La pequeña hija de Jairo, y la mujer impura, nos resultan referentes de identificación con su sufrimiento y desencanto, también con su confianza y nueva vida? Jairo y esta  mujer nos hablan de una fe a prueba de fuego, de una decisión radical de  no quedar ahogados por la oscuridad de la muerte y del vacío?
Nuestra manera de ser, de pensar, de actuar, es dadora de vida y de sentido? Estamos responsablemente comprometidos con el proyecto vital de Jesùs? Nuestras relaciones afectivas y vida de hogar, nuestro trabajo y profesión, nuestra realidad de ciudadanos integrantes de una sociedad, están determinados por esta vitalidad pascual que se concreta en el ministerio sanador de Jesùs?
La reciente y gozosa encíclica de Francisco, LAUDATO SI, se refiere con fuerza y denuncia  a toda esta realidad de muerte, el cambio climático y la destrucción creciente de los recursos naturales, el gravísimo maltrato al hábitat, son consecuencia de un modelo productivo y financiero desalmado, inhumano, siempre fijándose en la utilidad y el rendimiento material, creando pobreza y exclusión, abusando de una libertad que se siente absoluta sin referencia ni a Dios ni al prójimo ni a la creación.
Por eso el llamado del Obispo de Roma es a la vida, a cambiar de raíz el modelo social y económico que impera en el mundo, paradigma de muerte y destrucción, mientras que  el de la ecología contiene una invitación pascual,  llevar todo a la vida constante y creciente hasta su trascendencia, trocar el criterio de la ganancia por el de la felicidad y la convivencia de los humanos,  rechazar la polarización Norte  - Sur por una integración planetaria,  dejar atrás el estilo contaminante de la producción y el consumo desaforados para acceder a uno de sobriedad y comunión, por un respeto exquisito, ètico y espiritual, por toda la realidad creada y natural, por la vida!

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