domingo, 8 de noviembre de 2015

COMUNITAS MATUTINA 8 DE NOVIEMBRE DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO



“Pues todos han echado de lo que les sobraba; esta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto poseìa, todo lo que tenía para vivir”
(Marcos 12:44)
Lecturas
1.   1 Reyes 17:  – 16
2.   Salmo 145: 7 – 10
3.   Hebreos 9: 24 – 28
4.   Marcos 12: 38 – 44

A Dios no le interesan la cantidad de los cumplimientos, ni la solemnidad de los rituales,  ni la precisión jurídica de las observancias, a El le interesa la calidad del corazón pleno de amor y resuelto a darse todo de sì mismo para ser instrumento de ese amor siempre mayor que da vida, sentido, libertad, dignidad. Esto se inscribe en la lógica de abundancia desmedida propia del Reino y de su justicia.
Una vez màs queda claro el proyecto que el Padre nos comunica en Jesùs: darnos sin reservas, dar la vida, dar de lo que necesitamos para vivir, no escatimar, correr siempre el riesgo de la entrega, del servicio, de la solidaridad, y negarnos rotundamente a la apariencia, a la vanidad religioso – moral, al fundamentalismo intransigente de los que se creen dueños de Dios y de la religión.
Por eso, el referente esencial de este modo de ser y de vivir es el mismo Jesucristo que : “Se ha manifestado una sola vez ahora, al final de los tiempos, para destruir el pecado mediante su sacrificio” (Hebreos 9: 26), afirmación que enfatiza ese proyecto de vida llamado Evangelio en el que Jesùs , revelación plena del Padre, se define – y define asì al ser humano – como la gran posibilidad de la vida que se ofrece toda “para quitar los pecados de la multitud” (Hebreos 9: 28).
Las lecturas de este domingo evidencian el pecado que lleva a la muerte y a la frustración de la humanidad, y la gracia de los humildes  - confianza plena en Dios! – que salva y dignifica la condición humana, realidad que se  explicita  en  la necesidad del profeta Elìas y en la generosidad de la viuda de Sarepta:  Porque esto dice Yahvè, Dios de Israel: El cántaro de harina no quedarà vacío , la aceitera de aceite no se agotarà, hasta el dìa en que Yahvè conceda lluvia sobre la superficie de la tierra. Ella se fue e hizo lo que le había dicho Elìas. Y comieron èl, ella y su familia. Por mucho tiempo la orza de harina no quedó vacìa y la aceitera de aceite no se agotò, según la palabra que Yahvè había pronunciado por boca de Elìas” (1 Reyes 17: 14 – 16).
Esta radical confianza en Dios que revela el gesto de la viuda es avalado también en el relato de Marcos, y en el contraste que propone – fuerte, severo, deliberado! – con la actitud de los escribas, los guardianes de la religión y de la moral: “Guàrdense de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas, y los primeros puestos en los banquetes, y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia màs rigurosa” (Marcos 12: 38 – 40).
Bien sabemos que esta es una de las constantes en el ministerio de Jesùs, denunciar el peligro de la religión establecida, su tentación de poder y vanagloria, en la que aquellos que se sienten administradores exclusivos pretenden enseñorearse sobre los demás, primero sobre los humildes y los mínimos.
 Por eso fustiga ropajes, estilos, pretensiones de primacía, demanda de honores y reverencias, soberbia y conciencia de ser merecedores de las favores de Dios y de los demás.
En cambio: “Muchos ricos echaban mucho, pero llegó también una viuda pobre , y echò dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as. Entonces, llamando a sus discípulos les dijo: Les digo de verdad que esta viuda pobre ha echado màs que todos los que echan en el arca del tesoro. Pues todos han echado de lo que les sobraba; esta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto poseìa, todo lo que tenía para vivir” (Marcos 12: 41 – 44).
Mata y resta esperanza y dignidad el estilo prepotente de los escribas, sus signos antievangélicos, sus apariencias, sus debates para afirmar doctrinas y normas por encima de las personas; da vida y esperanza el gesto de la viuda pobre, que entrega su soporte, su medio de vida, como gran significación de su total confianza en el Padre.
Còmo interroga esto a la Iglesia y al mundo de hoy? En repetidas ocasiones, desde el comienzo de su ministerio, el Papa Francisco ha sido clarísimo en denunciar las inconsistencias de una economía desalmada, de un capitalismo demencial que produce riqueza y pobreza sin compasión ni sentido de la dignidad, lo mismo que ha puesto en tela de juicio los estilos de vida indebidamente infiltrados en la Iglesia, en los que el gusto por la vida cómoda, por los lujos innecesarios, por el dinero, denotan una ausencia total de conversión a Dios y al prójimo.
Esta viuda es figura de Jesùs que da todo su ser y su poseer, para que otros vivan. Es claro en Marcos que las ofrendas a Dios son para que la comunidad realice el reino, la misma tarea del Señor. Es la participación libre y responsable en la construcción del bien común, en el que es preciso resaltar el servicio a los màs necesitados. Ella es testigo primordial del Evangelio porque en esas monedas entrega su vida, su persona, a favor del reino que es plenitud de humanidad.
Dice el teólogo holandés Edward Schylleebeckx, fraile dominico nacido en 1914 y fallecido en 2009, uno de los grandes inspiradores del Concilio Vaticano II: “Con el transcurso del tiempo he aprendido por experiencia que, si la religión es el mayor bien del hombre y para el hombre, es también muchas veces completamente instrumentalizada para humillar y hasta para torturar al hombre…Si se da una religión que ofende y destruye al hombre y la dignidad humana, se trata de una religión que se niega a sì misma. Una religión que humilla al hombre es, por definición, una forma equivocada de creer en Dios o, por lo menos, una religión que ha perdido el sentido de su propia interpretación, asì como el contacto con sus raíces autènticas” (En su libro “Soy un teólogo feliz”, Madrid 1994, página 124).
La explicación es sencilla: todo aquello de lo que el yo se apropia, se pervierte. Jesùs llama severamente la atención sobre esto. La religión en cuanto construcción social que canaliza los anhelos humanos de plenitud, una vez apropiada por el ego farisaico se convierte en instrumento de poder, al servicio de quienes se creen mediadores del Absoluto.
 Tal es el mensaje contenido en el  evangelio de hoy, en el  relato de Elìas con la viuda de Sarepta, de la mediación salvífica del único sacrificio de Jesucristo, en la carta a los Hebreos, por contraste con las pretensiones humanas de no dejar a Dios ser Dios.
El engaño del poder, especialmente nefasto en el ámbito religioso, encuentra su remedio en lo que simboliza la imagen de la viuda, esa figura representa el desprendimiento, la desidentificación del egocentrismo. Aquì està un aspecto central del proyecto de Jesùs, en el que se nos convoca a todos a una nueva humanidad, confianza radical en Dios, en el prójimo, y libertad contagiosa para el desprendimiento y para la sabia relativización de todas las cosas, ideologías, títulos, ancestros, pertenencias, personas, y demás arraigos que se salen de su condición de medios y se tornan, por nuestro pecado, en ídolos y en fines.
La religión es como una carta de navegación que nos orienta hacia el descubrimiento de nuestro ser, si asì es se vive al servicio de la persona y de la espiritualidad. Cuando se absolutiza, se corrompe y se confunde.
 Por feliz  y evangélica oposición, la espiritualidad constituye la dimensión màs profunda de la persona, por la que claman nuestros deseos màs hondos, y que tiene relación directa con nuestra identidad, lo màs genuino de nosotros mismos. La religión es lo que tenemos, la espiritualidad es lo que somos.
La viuda de Marcos, y la de  Sarepta, alejadas de todo càlculo, se dejan llevar por el sentimiento religioso màs autèntico, por el reconocimiento de Dios como gratuidad suprema y liberadora, y – en su pequeñez – ponen un cuestionamiento muy radical a todas esta aspiraciones que solemos llevar de ser mejores, superiores, santos, poseedores de dogmas y moralidades.
La motivación de dar, siguiendo esta perspectiva, es manifestar la libertad frente a las cosas materiales y afianzar nuestra confianza en lo que vale de verdad. Estàn nuestro mundo, nuestra cultura, las mentalidades dominantes, conscientes del sentido de lo esencial, de lo que trasciende los afanes del dìa a dìa para descubrir la felicidad verdadera? Estamos nosotros dispuestos a esta osadìa de la libertad, como las dos humildes viudas?
La segunda lectura de hoy, de la Carta a los Hebreos, hace parte de esa teología que “desmonta” la mediación religiosa del templo judío, de su sacerdocio absolutizado en cuanto único camino de salvación, y de las actitudes bien referenciadas de ritualismo, cumplimiento estrictísimo de normas, como pretendida garantía de acceso a Dios, para dejar establecido que es la mediación de Jesucristo la que abre la posibilidad de un encuentro libre, desposeído, amoroso, con el Padre: “Pues bien, Cristo, no entrò en un santuario hecho por mano humana, en una reproducción del verdadero, sino en el mismo cielo, para presentarse ahora ante el acatamiento de Dios en favor nuestro” (Hebreos 9: 24).
Las dos humildes mujeres viven felizmente en esta mediación, los escribas y los pretendidos dueños de la religión, no! , porque es el dejar atrás las seguridades y aventurarse en la ruta de Dios, donde se adquiere la libertad a través  del despojo. Tal es el proyecto del Señor Jesùs.

domingo, 1 de noviembre de 2015

COMUNITAS MATUTINA 1 DE NOVIEMBRE SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS



“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque serán saciados”
(Mateo 5: 6)

Lecturas
1.   Apocalipsis 7: 2 – 4 y 9 – 14
2.   Salmo 23: 1 – 6
3.   1 Juan 3: 1 – 3
4.   Mateo 5: 1 – 12
Còmo ser siempre amigos de Dios, muy amigos? Còmo nuestra libertad lo acoge a El en el mayor nivel de intimidad, hasta hacer que sea principio y fundamento de la totalidad de lo que somos y hacemos? Còmo asumir que esta contundencia teologal es al mismo tiempo  la mayor garantía de una total contundencia humana en nuestro ser?
Esta solemnidad de Todos los Santos, que en 2015 coincide con  un domingo, nos abre a responder estas primeras cuestiones, muchas de ellas con pretensión definitiva; nos abre también a experiencias maravillosas, a testimonios de plenitud, cuando abordamos la realidad de la santidad en la comunidad cristiana, condición que implica a toda la Iglesia y que destaca peculiarmente en los relatos de muchos hombres y mujeres que se han señalado en el seguimiento de Jesùs.
Esta celebración podemos entenderla como invitación a la unidad de todos los humanos en Dios porque  no se trata de diferenciar quiènes son mejores o peores, sino de tomar conciencia de lo que hay de Dios en nosotros, estructurando nuestra humanidad, y con la certeza realista  de que no existen personas perfectas, porque justamente en lo humano reside la precariedad inevitable, propia nuestra y – además como un además muy importante!! – porque  Dios no necesita eliminar nuestras imperfecciones , lo suyo es amarnos, ejercer la misericordia y propiciar nuestra felicidad en todo sentido.
Fijèmonos muy bien que el texto del evangelio que se propone para hoy es el de las bienaventuranzas de Mateo, donde Jesùs no està planteando leyes y normas para ser observadas con rigor y milimetrìa, sino que nos està presentando una alternativa de felicidad, de bienaventuranza, de plenitud humana, y para ello señala unos “indicadores”, como los grandes criterios que indican cuàl es ese programa:
-      Bienaventurados los pobres de corazón” (Mateo 5: 3)
-      Bienaventurados los afligidos” (Mateo 5: 4)
-      Bienaventurados los desposeídos” (Mateo 5: 5)
-      Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia” (Mateo 5: 6)
-      Bienaventurados los misericordiosos” (Mateo 5: 7)
-      Bienaventurados los limpios de corazón” (Mateo 5: 8)
-      Bienaventurados los que trabajan por la paz” (Mateo 5:9)
-      Bienaventurados los perseguidos por causa del bien” (Mateo 5: 10)
-      Y remata con esto: “Bienaventurados ustedes cuando los injurien, los persigan y los calumnien de todo por mi causa” (Mateo 5: 11))
Todo esto es claramente una propuesta de  felicidad en la que Dios se evidencia en cada persona que viva asì, que asuma estos lineamientos de felicidad según Jesùs. Ese es el tipo de santidad que queremos reconocer en este dìa y siempre, asunto no lejano, sacralizado, distante de nuestros contextos de realidad, sino totalmente posible en la medida en que se hace vida, verdad existencial, en nuestros relatos y acciones, y en los de muchísimas personas que se han entregado, se entregan , y se seguirán entregando, a este ideal.
Cada uno de nosotros es perfecto en nuestro verdadero ser: lo que hay de Dios en nosotros, de El sucediendo en nuestras vidas. Es el tesoro que llevamos en vasijas de barro, como dice San Pablo.
Se nos ha inculcado un ideal de ser buenos, perfectos, con un tono muy voluntarista y sicorrìgido, a partir de minuciosos cumplimientos de leyes que se han de cumplir con todo rigor, a menudo enfermizo; también   con un modo de vida sumiso a autoridades, especialmente religiosas, y bien sacralizadas estas, lo mismo que con un talante en el que la alegría, el disfrute, el gozo de vivir, el placer, son vistos como enemigos de carácter abiertamente pecaminoso.
Hay que decir que esta no es la santidad de Jesùs ni la de quienes quieren tomar en serio su oferta de sentido. Muchos desastres individuales y colectivos hemos visto en la historia como consecuencia de este perfeccionismo neurótico. Vuelven al recuerdo las fortísimas confrontaciones de Jesùs a fariseos, sacerdotes, escribas y maestros de la ley, por imponer estas cargas tan pesadas y tan inhumanas a los creyentes.
 Recordemos que Jesùs dijo:” Les aseguro que los recaudadores de impuestos y las prostitutas entraràn antes que ustedes en el reino de Dios” (Mateo 21: 31), respuesta que da El a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo cuando le preguntan: “Con què autoridad haces eso? Quièn te ha dado tal autoridad?” (Mateo 21: 23), todo en el contexto del permanente escàndalo judío ante las palabras y acciones de Jesùs, en las que ellos veìan blasfemia, traición al rigor religioso de Israel, heterodoxia, infidelidad a sus tradiciones de legalismo y de ritualismo.
Esa frase de Mateo 21 es un golpe directo contra la idea de perfección que existía en ese tiempo y contra la que se sigue manejando en muchos ambientes religiosos de nuestros dìas. Para Dios lo valioso no es el cumplimiento de una programación sino un corazón humilde, sincero y agradecido. Todo lo que somos lo hemos recibido gratuitamente del Padre, no hay aquí el màs mínimo resquicio para presumir de buenos. Si manifestamos bondad, rectitud, generosidad, limpieza de vida, es porque hemos tomado conciencia de Dios que habita en nosotros.
Aquì reside el carácter radical, liberador, revolucionario, de las bienaventuranzas, es un programa para ser felices, no para cumplir reglamentos a rajatabla. Y ese es el itinerario de la santidad según el Evangelio. Esta es en comunidad, en participación, en vida solidaria y fraterna, en justicia e inclusión, en servicio e igualdad.
Esto último lo avala el texto de Apocalipsis, primera lectura de hoy:”Despuès vì una multitud enorme, que nadie podía contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua: estaban delante del trono y del cordero, vestidos con tùnicas blancas y con palmas en la mano. Gritaban con voz potente: la victoria es de nuestro Dios, que està sentado en el trono, y del Cordero” (Apocalipsis 7: 9 – 10), es la visión de una realidad universal, incluyente , abarcante de toda la humanidad, equitativa, en la que Dios brilla como causa determinante de esta santa bienaventuranza. En Dios todos somos uno, lo que viene de El es beneficio para toda la humanidad.
Hemos ridiculizado a Dios creando categorías de perfectos e imperfectos, de santos y pecadores, de buenos y malos, de salvados y condenados, y con esto le hemos endilgado atributos y acciones que riñen justamente con su santidad original y originante, que es esta de darse todo a todos, para que resalte un gènero humano digno, feliz, realizado, trascendente, haciendo evidente este nuevo paradigma en la santidad excelente y prototípica de Jesùs.
El aval de vivir “bienaventuradamente” lo dan las promesas correspondientes:
-      porque el reino de los cielos les pertenece” (Mateo 5: 3)
-      porque serán consolados” (Mateo 5: 4)
-      porque heredaràn la tierra” (Mateo 5: 5)
-      porque serán saciados” (Mateo 5: 6)
-      porque serán tratados con misericordia” (Mateo 5: 7)
-      porque verán a Dios” (Mateo 5: 8)
-      porque se llamaràn hijos de Dios” (Mateo 5: 9)
-      porque el reino de los cielos les pertenece” (Mateo 5: 10)
-      Alègrense y estèn contentos pues la paga que les espera en el cielo es abundante” (Mateo 5: 12).
Veamos que no hay en estas promesas  perspectiva de  nada que se pueda parecer a poder, a títulos de honor, a recompensas materiales, a subir de categorías, lo prometido es una nueva humanidad teologal, y por lo mismo profundamente humana si vale la redundancia, en la que Jesùs es el referente de ese camino hacia el Padre, y hacia cada persona, reconocida como prójimo, próximo, el tù con el que nos hacemos un nosotros. Esta es la genuina santidad!
Este paradigma de lo santo nos lleva a desmontar ese imaginario de unos hombres y mujeres “semidioses”, habilitados para hacer milagros, alejados de la normalidad de cada dìa, para acceder a gentes de a pie, cotidianas, reales, fuertes y frágiles en la feliz simultaneidad que nos acompaña a todos sin excepción, sensibles a todo lo humano, y, por supuesto, conscientes del don ofrecido por Aquel que no se limita en amor y en gracia, lo que los lleva también a ser don para todos, sin limitantes jurídicos ni religiosos ni morales.
Las bienaventuranzas nos dicen que es preferible ser pobre a ser un rico opresor e injusto, llorar a ser causa de sufrimiento para el otro, pasar hambre a causa del amor a otros que negarles el sustento, ser perseguidos y oprimidos por causa de la justicia que llevar una vida cómoda y ajena a estos clamores, dejando con todo esto bien claro el mensaje de que en el ámbito de lo divino hay amor y humanismo en sus evidencias màs puras y gozosas.
Los tres versículos de la segunda lectura, tomada de 1 Juan, son un denso tratado de gracia y santidad, del que destacamos: “Queridos, ya somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando aparezca, seremos semejantes a èl y lo veremos como èl es. Todo el que tiene puesta en Jesucristo esta esperanza se purifica, asì como èl es puro” (1 Juan 3: 2 – 3).
Santidad fuerte y frágil, santidad de los pequeños y humildes, vigoroso relato del Dios que se empequeñece en el niño de Belèn y en el humillado profeta de la cruz, santidad descalza, real, normal, feliz, humana, demasiado humana, cercana a todos, no escandalizada ni escandalizable, tan humana como Jesùs, tan divina como Jesùs, tan humana y tan divina como somos nosotros, por gracia de Dios.

Archivo del blog