domingo, 14 de julio de 2019

COMUNITAS MATUTINA 14 DE JULIO 2019 DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C


Cuàl de esos tres te parece que se hizo prójimo del hombre asaltado por los bandidos? El maestro de la ley contestò: el que tuvo compasión de èl. Jesùs le dijo: pues ve y haz tù lo mismo”
(Lucas 10: 36 – 37)
Lecturas:
1.   Deuteronomio 30: 10 – 14
2.   Salmo 18: 8 – 11
3.   Colosenses 1: 15 – 20
4.   Lucas 10: 25 – 37
Uno de los asuntos cruciales en la humanidad , particularmente en el ámbito de las prácticas  religiosas,  es la relación entre las leyes que proceden de las mismas y la libertad para vivir en el amor de Dios y en el de los prójimos. Con frecuencia se ha asociado este  vìnculo con normativas onerosas, en contravía con legítimas aspiraciones de libertad,[1] propias del sentido común humano. A propósito de esto es bien conocida la postura de Jesús ante la legislación religiosa : “El sábado ha sido instituído para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre es también señor del sábado”. [2]
Este tema  es  el núcleo del libro bíblico del Deuteronomio, primera lectura de este domingo, integrante del conjunto llamado Pentateuco (Gènesis, Exodo, Levìtico, Nùmeros,Deuteronomio), que articula los relatos originales de la fe de Israel con el corpus legislativo de la misma, conocido  como la Torah.
La palabra Deuteronomio significa segunda ley, es un texto que se produce dentro de un gran esfuerzo de los profetas por renovar la vida espiritual de los israelitas, anquilosada por la cantidad de preceptos y observancias rituales vividas de modo exterior sin comprometer ni la conversión del corazón ni la apertura solidaria  a los requerimientos del prójimo necesitado e injustamente tratado por los mismos practicantes de esa normativa. Para poder comprender los alcances de la renovación deuteronomista,  la podemos comparar con lo que ha significado en el mundo cristiano la propuesta de la teología de la liberación en los últimos 45 años.[3]
Central en el mensaje de este quinto libro del Pentateuco es la ley  que està inscrita  por Dios en nosotros, invitándonos a  un discernimiento juicioso que nos llevarà a descubrirla y a apropiarla para orientar nuestra conducta. Siempre enfatizando en la libre acogida y vivencia de la misma.
Esta sucinta contextualización nos ayuda a entender mejor el espíritu de la primera lectura: “Este mandamiento que hoy les doy no es demasiado difícil para ustedes, ni està fuera de su alcance…” ,[4] y “Al contrario, el mandamiento està muy cerca de ustedes; està en sus labios y en su pensamiento, para que puedan cumplirlo”.[5]
Quiere decir el texto[6] que la voluntad de Dios no es un reglamento  propuesto desde fuera, extraño al ser humano, determinado por una autoridad distante y – si se quiere – antipática y onerosa. Està grabada por el Espìritu en el corazón de las personas, y cuando estas se hacen conscientes de ella y la asumen con plena responsabilidad deviene en un despliegue del autèntico ser humano.
Si vamos a los profetas de aquel  tiempo,  encontraremos plasmada esta mentalidad  revestida de  gran severidad  cuando confrontan las pràcticas religiosas de sus contemporáneos como vacías de contenido existencial, de sentido de justicia y de referencia al prójimo: “Cuando ustedes levantan las manos para orar, yo aparto mis ojos de ustedes; y aunque hacen muchas oraciones, yo no las escucho. Tienen las manos manchadas de sangre. Làvense, lìmpiense! Aparten de mi vista sus maldades! Dejen de hacer el mal! Aprendan a hacer el bien, esfuércense en hacer lo que es justo, ayuden al oprimido, hagan justicia al huérfano, defiendan los derechos de la viuda”. [7]
Son palabras de una dureza fuera de lo común, en las que brilla la indignación de Dios , mediada en sus profetas, y la invitación a referir  esa religiosidad al prójimo requerido de reconocimiento y de respeto.
Una consideración asì , nos vincula con la pregunta capciosa que plantea un maestro de la ley a Jesùs, inicio del texto de Lucas, propuesto por la Iglesia para este domingo: “Un maestro de la ley fue a hablar con Jesùs, y para ponerlo a prueba le preguntò: Maestro, què debo hacer para alcanzar la vida eterna? Jesùs le contestò: Què està escrito en la ley? Què es lo que lees? El maestro de la ley contestò: Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y ama a tu prójimo como a tì mismo. Jesùs le dijo: has contestado bien. Si haces eso, tendràs la vida. Pero el maestro de la ley, queriendo justificar su pregunta, dijo a Jesùs: Y quièn es mi prójimo?”.[8] La respuesta certera de Jesùs es la parábola del Buen Samaritano,  núcleo de nuestra reflexión de hoy.
La projimidad incondicional es el criterio de religiosidad que Jesùs plantea en esta parábola,[9] poniendo en tela de juicio el judaísmo milimétrico de aquellos tiempos, que disponía de 613 mandamientos, de los que 365 eran prohibiciones y  248 preceptos, de ese tamaño eran  los extremos legalistas a los que habían llegado, convirtiéndose en verdadera carga , reveladora de total estrechez y nula percepción del amor liberador de Dios.
No basta con ser religioso, el autèntico contenido de  la parábola  es practicar el amor al prójimo hasta los últimos extremos , incluyendo el de dar la vida de manera cruenta, como en el caso de los mártires latinoamericanos tipo San Romero de América, y otros que ofrendaron su vida por sus hermanos, como máxima expresión de su servicio de la fe que tiene en la promoción de la justicia su testimonio más contundente.  Cabe recordar que en el Antiguo Testamento sòlo se tenìan como prójimos a los del propio pueblo, los demás eran o enemigos o simplemente extraños, y no merecían el beneficio de la solidaridad. La pregunta maliciosa del maestro de la ley està impregnada de esta pobre mentalidad!
El asistencialismo  tradicional elude la responsabilidad del compromiso con el prójimo. Cuàntas rifas, banquetes, donaciones y limosnas se realizan para lavar la conciencia, sin rostros reales de prójimos que esperan el reconocimiento de sus derechos! Cuàntas misas y devociones vacìas de fraternidad! Cuànto fariseísmo en todo esto!
Las cifras que nos presentan los informes estadísticos sobre la pobreza y la exclusión social,[10] sobre el desplazamiento forzado, sobre las interminables legiones de gentes que se lanzan al mar o a las carreteras y selvas para cruzar fronteras persiguiendo un futuro mejor para sus familias, son una bofetada a la sociedad de bienestar y consumo, a nosotros mismos cuando nos refugiamos en un confortable cristianismo de devociones individuales y de liturgias, probablemente muy pomposas, y al mismo tiempo desprovistas de reales intenciones de darse misericordiosamente a estos seres humanos sedientos de dignidad y de pan. Son los descartados del sistema violento y excluyente, según el decir del Papa Francisco.
Colombia con sus comunidades de alta vulnerabilidad social, ahora recibiendo innumerables grupos de migrantes venezolanos que vienen en pos de un futuro digno, las pateras de africanos que se lanzan al océano para ser rechazados por los opulentos países europeos, la cruel política antimigratoria del actual presidente de USA, son un referente dramático y trágico que ponen en tela de juicio la llamada “civilización occidental”, a la que el teólogo y premio Nobel de la Paz, Albert Schweitzer, consideraba un proyecto muy lejano de su ideal humanitario.[11]
Jesùs rompe con tal esquema en su parábola del Buen Samaritano. Para el sacerdote y el levita que pasaron de largo , la primacía de su vida està en el riguroso cumplimiento de sus leyes y de su culto, por eso dieron un rodeo y siguieron adelante, evadiendo  el ejercicio de la misericordia.
En feliz y comprometida oposición, el samaritano revela que su prioridad es el servicio al prójimo caìdo, sin reservas ni medidas , es el amor hasta el extremo: “Pero un hombre de Samaria, que viajaba por el mismo camino, al verlo, sintió compasión. Se acercò a èl, le curò las heridas con  aceite y vino, y le puso vendas. Luego lo subió en su propia cabalgadura, lo llevò a un alojamiento y lo cuidò” .[12]
Este samaritano lleva la ley escrita en su corazón, y la vive al máximo, pero sus contemporáneos judíos lo tienen  excomulgado del culto oficial de Israel, porque no cumple con las formalidades emanadas del templo de Jerusalèn. Escandaloso contraste: los religiosos “oficiales”, que están en regla con la ley y con el culto, evaden al prójimo malherido,  pero este hombre, que no es formalmente religioso según ellos, actuó como Dios: con compasión y con misericordia![13]
Es el samaritano excluído y condenado  el que se dedica con fuerza solidaria y compasión a atender a esta persona. Indiscutible el énfasis de Jesús con esta parábola al censurar el comportamiento de los  representantes oficiales de la religión, de quienes idealmente se espera una conducta de solidaridad: “Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote que, al verlo, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio lo vió y dio un rodeo. Pero un samaritano , que iba de camino, llegó y, al verlo, tuvo compasión”.[14]
El prójimo se nos impone dramáticamente, es el que nos necesita,  tiene rostros y demandas muy concretos. Con èl se rompen  los mandamientos legales, y se abre el camino del servicio y de la compasión. Dejemos de lado las religiosidades verticales, sin amor ni conversión, para relacionarnos con los  seres humanos humillados por las injusticias de muchos creyentes, tan  profundamente religiosos y tan precarios en su sentido de la fraternidad.
 Como Jesùs, amamos al Padre  en la medida en que amamos a sus creaturas, viviendo la ética del cuidado, como lo hacen en nuestros días tantas personas, unas creyentes, otras no, movidas por el màs exquisito humanismo, garantía de confianza en las posibilidades de la genuina humanidad, no la que se mueve en la abundancia egoísta, sino la que se despoja de su comodidad para hacerse próxima de los millones de gentes afectadas por las  injustas determinaciones políticas y económicas de los poderosos del mundo.
La ética de la projimidad[15] define el comportamiento de Jesùs y es imperativa para quien  tome en serio su seguimiento.  Es el hermano doliente, en quien Dios nos reclama el culto y la ley verdaderas, y los inscribe en nuestro corazón. Aquí reside el sentido cristiano de la vida. Lo demás es retórica sin contexto de realidad.
En Colombia, país donde la mayoría de sus habitantes son cristianos, estamos ante un proceso de paz y de reconciliación,    imperfecto,[16] pero siempre susceptible de mejoría, que tiene en el carácter esencial de la projimidad – la de las víctimas de este prolongado conflicto !! - un reto en el que se va a jugar la legitimidad de nuestras convicciones humanistas y cristianas.
De acuerdo con esto: quién es tu prójimo? Quién es mi prójimo? Quiénes son nuestros prójimos?





[1] BERLIN,Isaiah. Cuatro ensayos sobre la libertad. Alianza Universidad. Madrid, 1993.
[2] Marcos 2: 27-28. En el pasaje completo (Marcos 2: 23-28) Jesús confronta a unos fariseos escandalizados porque los discípulos cogían espigas y las separaban del camino para poder transitar con comodidad, en día sábado, el día sagrado de los judíos. El extremo de observancia legalista prohibía tajantemente cualquier actividad en esta jornada, no se permitía ni siquiera alguna práctica que tuviera que ver con la ayuda al prójimo.
[3] TAMAYO-ACOSTA. Juan José. Para comprender la teología de la liberación. Verbo Divino. Estella (Navarra), 1989.
[4] Deuteronomio 30: 11
[5] Deuteronomio 30: 14
[6] GARCIA LOPEZ, Félix. El Deuteronomio: una ley predicada. Verbo Divino. Estella (Navarra), 1982.
[7] Isaías 1: 15 -17
[8] Lucas 10: 25-29
[9] PONTIFICIO CONSEJO PARA LA PASTORAL DE LOS EMIGRANTES E ITINERANTES/PONTIFICIO CONSEJO COR UNUM. Acoger a Cristo en los refugiados y en los desplazados forzosos. Ciudad del Vaticano, 2013. ANTOLIN SANCHEZ, Javier. La compasión en las parábolas más emblemáticas de Lucas. Revista Estudios Agustinianos # 47. Valladolid, 2012. CALDUCH-BENAGES, Nuria. El prójimo eres tú: lectura del Buen Samaritano desde la vida consagrada. Conferencia de Religiosos de España, 15 de noviembre 2016. Ponencia presentada en la XXIII asamblea de la CONFER.
[10] PNUD. Programa de Naciones Unidas para el desarrollo humano. Indices e indicadores de desarrollo humano. Actualización estadística de 2018. Nueva York, 2018. DANE, Departamento Administrativo Nacional de Estadística. Pobreza multidimensional en Colombia, 2018. Boletín técnico, 3 de mayo 2019.
[11] Albert Schweitzer (1875-1965) fue un notable humanista suizo, cristiano protestante y médico,  galardonado con el premio Nobel de la paz en 1952. Junto con sus estudios rigurosos del Jesús histórico y su maestría en la ejecución del  órgano, desarrolló una muy destacada actividad humanitaria, creó un hospital para enfermos de lepra en Lambarené (Gabón, Africa), y dejando de lado el mundo occidental se marchó a este lugar para dedicar su actividad médica a estos prójimos de alta necesidad. A su pensamiento se le atribuye gran escepticismo sobre las posibilidades de la civilización occidental.
[12] Lucas 10: 33-34
[13] El odio entre judíos (habitantes de la región central del país, Jerusalén, netamente etoncéntricos) y samaritanos,   es ancestral. Los samaritanos son los habitantes de la parte norte del pequeño país palestino. En tiempos muy antiguos se separaron del culto central de Jerusalén y afirmaron esta autonomía erigiendo su santuario en el monte Garizim. Por esta razón fueron excomulgados del judaísmo central y se les consideró siempre una raza maldita. Para el mundo judío la condición de samaritano era una total perversión.
[14] Lucas 10: 31-33
[15] LAIN ENTRALGO, Pedro . Teoria y realidad del otro. Volúmenes I y II. Ediciones Revista de Occidente. Madrid, 1968.
[16] DE ROUX, Francisco José. La audacia de la paz imperfecta. Planeta. Bogotá, 2018.

domingo, 7 de julio de 2019

COMUNITAS MATUTINA 7 DE JULIO 2019 DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C


“Si entran en un pueblo y los acogen, coman lo que les pongan; curen los enfermos que haya en él y díganles: El Reino de Dios está cerca de ustedes”
(Lucas 10: 8-9)
Lecturas:
1.   Isaìas 66: 10 – 14
2.   Salmo 65: 1 – 7, 16 y 20
3.   Gàlatas 6: 14 – 18
4.   Lucas 10: 1 – 12 y 17 - 20
Dice el teólogo español Josè Antonio Pagola: “La iglesia debe responder al deseo original de Jesùs de ser un movimiento profético que camina por la historia según la lógica del envìo”,[1] frase que expresa con elocuencia el espíritu que nos propone el texto del Evangelio de Lucas que se proclama este domingo:  Jesùs enviando en misión a setenta y dos discípulos, relato programático que define el deber ser constante y creciente de la comunidad de sus seguidores.
Desde siempre, en nuestra formación cristiana, hemos escuchado esto de iglesia misionera, de discípulos enviados. Es   una proposición ciento por ciento verdadera y válida, pero existe el peligro de que   se torne lugar común y no impacte el ser y el quehacer eclesiales, como tantas frases elaboradas, proclamaciones de principios sin fuerza para transformar la realidad.
Uno de los temas y preocupaciones recurrentes del papa Francisco se refiere a una “Iglesia en salida[2], despojada de privilegios y prevenciones con respecto a la realidad de los seres humanos y del mundo, siempre en plan de anunciar la Buena Noticia de Dios que es padre y madre de todos, que se vuelca amorosamente hacia la humanidad para salvarla, liberarla, sanarla, cuidarla y hacerla siempre más libre y digna. Ese sincero deseo de Francisco coincide – como es obvio – con la intención original de Jesús al enviar a 72 discípulos a comunicar su Buena Noticia: “Después de esto, designó el Señor a otros setenta y dos y los envió por delante, de dos en dos, a todas las poblaciones y sitios adonde él había de ir. Pero antes les dijo: La mies es mucha y los obreros pocos. Rueguen, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies”.[3] En su ministerio público Jesús acata la voluntad del Padre, y hace explícito en todo su proceder la pasión salvadora de Dios hacia  la humanidad. Ya lo hemos dicho: el ser humano y su felicidad definen la opción preferencial de Dios, esta certeza determina la conducta de Jesús.
En este orden de cosas nos remitimos a la experiencia original y originante del Señor.  El se implicó con  compromiso total en la realidad de su gente,[4] en sus expectativas y sensibilidades, en sus clamores de dignidad, en sus dramas de pobreza y de sufrimiento y se dió sin reservas para anunciarles la cercanía de un Dios amorosamente incondicional, restituyéndolos en su dignidad, sanándolos, ejerciendo la misericordia y la compasión, portando una contundente señal de esperanza, en profético contraste con la pesadez de la religión judía de su tiempo, responsable de onerosas cargas y mandatos, poco afecta a la compasión y a la reivindicación de los pobres y de los condenados morales.
Cómo responder de modo consistente a la infatigable búsqueda de significado existencial por parte del ser humano? Como cristianos escrutamos los signos de los tiempos y detectamos en ellos las grandes inquietudes de la humanidad? Miramos con particular responsabilidad los clamores dolientes de quienes padecen injusticias, sometimientos y pobrezas? Contemplar estas realidades nos hace sentir Iglesia en salida,, enviados a anunciar y a realizar que la última palabra sobre la vida de los humanos no la tienen los señores de la muerte y del poder sino el Dios de la vida revelado en Jesucristo?
En el tiempo de Jesùs [5] se vivìan grandes desasosiegos y frustraciones, profundos desencantos: una religión rìgida e intransigente que no favorecía la acogida generosa , asentada en su mentalidad legalista y ritual, lejana de los corazones , desconocedora de la misericordia; un imperio romano dominador, autoritario, preocupado por extender sus posesiones, sin compasión por la inmensa mayoría de pobres que poblaban aquel pequeño país de Palestina; una imagen de Dios justiciero y vengativo; multitud de seres humanos abandonados a su suerte y al sentimiento trágico de la vida.
En este contexto  surge Jesùs con un estilo a contracorriente de tan  penosas realidades,  pobre con los pobres, desposeído de ambiciones  de poder y de riqueza, anunciando la cercanìa de un Dios misericordioso, reivindicador de los últimos del mundo, solidario con la felicidad de todos, lejano de jerarquías y poderosos, provocador de una corriente de vitalidad y de sentido como nunca se había visto en aquellas tierras, de tal intensidad estas novedades como para apropiarse   de las palabras estimulantes y gozosas de Isaìas: “Alègrense con Jerusalèn, llénense de gozo con ella todos los que la aman; unànse a su alegría todos los que han llorado por ella; y ella, como una madre, los alimentarà de sus consuelos hasta que queden satisfechos”.[6]
Estas palabras del tercer Isaías expresan el gozo del pueblo de Israel al regresar del destierro. Dios es para ellos Padre y Madre que devuelve la dignidad y la libertad secuestradas por los opresores. Coincide con imágenes como las del profeta Oseas que se vale de la figura del amor maternal para expresar esta decisión amorosa de regresar su pueblo a la libertad. Israel es el hijo primogénito de Dios, El lo toma bajo su cuidado. Por eso, el pueblo se sintió verdaderamente amado y protegido, y lo celebró permanentemente. El favor de Dios es para todos, pero prefiere a los pobres y humillados, es un “leit motiv” de la revelación bíblica y  referente normativo para la misión de Jesús y de   la Iglesia. De modo especial, los profetas del Antiguo Testamento tuvieron en esta realidad uno de los núcleos de su anuncio y de su denuncia.[7]
Hagámonos preguntas para  ponernos en contexto con cosas que pasan en Colombia y en el mundo: hemos visto la felicidad de las comunidades que retornan a su hábitat luego de ser desplazados por la ferocidad de los violentos?[8] Tomamos nota de lo que significa para las poblaciones rurales el arraigo en su territorio, su casa, sus costumbres, su cultura, sus cultivos, sus animales domésticos? Sabemos del gozo de recuperar lo que la perversidad de los violentos les ha arrebatado?[9] Estas cuestiones penetran nuestra práctica de “cristianos en salida”?
La misión de Jesùs, cuya lógica es la de anunciar una Buena Noticia en nombre del Padre Dios, quiere llegar  a todos los abandonados, entristecidos, humillados, ofendidos, condenados morales, excluìdos, desconocidos en su dignidad, desechados por los poderosos del mundo. Lo que él se propone es re-encantar la historia de la humanidad y abrirla de modo definitivo a la perspectiva de su sentido  en el amor del Padre  Dios. Esto se simboliza en el envío de los setenta y dos discípulos, a quienes señala las siguientes condiciones:
-      Nuestra vida – la de los discípulos – es el fundamento de ese anuncio, si estamos viviendo en el espíritu del Reino de Dios y su justicia[10], si nuestra conducta lo refleja, si estamos tan persuadidos de la plenitud que Dios nos comunica que nos sentimos movidos a anunciarlo, esa es la misión , la salida apostólica. El relato de Lucas, netamente postpascual, revela que la comunidad primitiva lo había vivido y se sentía comprometida con el envío misionero.
-      No les dice que lleven doctrinas, ni reglamentos litúrgicos o morales, la gran indicación es el anuncio del Dios compasivo y misericordioso, Dios para todos, Dios que acoge, que reivindica, que restaura: “sanen a los enfermos que haya allí, y díganles: el Reino de Dios está cerca de ustedes”.[11]
-      Itinerancia misionera, pónganse en camino, no se afiancen en sus seguridades, tengan capacidad de desinstalarse, disponibilidad y movilidad. Vale decir: Iglesia en salida!
-      Vayan, pero sepan que los envío como corderos en medio de lobos”; [12] Anuncien la profecía del reino, denuncien lo que es incompatible con este proyecto, pero no sean incautos, tengan “malicia indígena” para discernir las tendencias del mal espíritu, las seducciones del poder y de la espectacularidad, desenmascaren los ídolos de muerte, no se comprometan con el vano honor del mundo, no se dejen asimilar por el talante de los lobos.
-      “No lleven bolsa, ni alforja, ni sandalias[13]. Austeridad y pobreza como relato de coherencia y credibilidad. No enaltezcan los recursos apostólicos por sí mismos, válganse de ellos como medios orientados a la finalidad misional, que su tenor de vida sea sencillo y dispuesto a compartir con los humildes, que la comunión y la participación sean estructurantes de su estrategia apostólica.
-      “Si entran a una casa, digan primero: paz a esta casa[14]. Ser portadores de la paz, en la mentalidad bíblica esta consiste en la abundancia de dones para que hombres y mujeres logremos plenitud, bienaventuranza, realización, humanismo y experiencia del don del Padre.[15]
-      “Permanezcan en la misma casa, coman y beban lo que tengan[16]. Encárnense, asuman las condiciones reales de las comunidades a donde vayan, amen a la gente, sus valores y sus tradiciones, déjense interpelar por ellas.
-      “Curen a los enfermos que haya y díganles: el Reino de Dios está cerca de ustedes[17]. Alejen de los seres humanos todo lo que impida su felicidad, su sentido de vida, propicien la autenticidad, los lazos de fraternidad, el servicio, la solidaridad, la mesa compartida, la justicia, la trascendencia hacia el padre y hacia el prójimo. Nada de prohibiciones angustiosas, ni peroratas doctrinales, las verdades de la fe llegarán como felices realidades de salvación y serán asumidas en la medida en que la gente descubra existencialmente su potencial liberador
Es decir, con sus intenciones y con sus actos indiquen que ha empezado el tiempo nuevo de la bienaventuranza, dando a entender  que para Dios lo màs entrañable es la felicidad humana, el rescate de la muerte y de las consecuencias del pecado y de la injusticia, el restablecimiento de la dignidad de las personas, el comienzo de una época en la que El  abre sus brazos de Padre – Madre para acoger misericordiosamente a todos los que habían perdido la ilusión de una existencia feliz.
Cuando muchos en el mundo hacen confrontaciones fuertes y severas al cristianismo y a la Iglesia están pensando en el mensaje original de Jesús, aquí delineado a grandes rasgos, y nos  demandan coherencia en el más alto nivel en que algo debe llegar a serlo. Por eso nos interrogan ante el exceso de seguridades materiales que tenemos en la Iglesia, por posturas cerradas que no captan los signos de los tiempos y las grandes cuestiones del ser humano .  por desmesura en la autoprotección institucional que se silencia ante escándalos financieros o conductas pecaminosas de sus ministros.
Para vivir en estado de misión es imperativo reconocer con humildad estas manifestaciones del mal espíritu, y asumir  una tarea evangélica de purificación y penitencia, de tal manera que logremos el nivel deseado de fuerza testimonial, fundamentando esta en palabras como las que Pablo dice a los Gálatas: “En cuanto a mí, de nada quiero gloriarme sino de la cruz de Nuestro Señor Jesucristo. Pues por medio de la cruz de Cristo, el mundo ha muerto para mí y yo he muerto para el mundo”. [18]
Todo ser humano que, en libertad, decida seguir este camino, adquiere el compromiso de ser testigo de estas realidades. El asunto misional no se reduce a obispos, sacerdotes, religiosas, es tarea de la Iglesia toda, cada uno lo realiza desde el modo de vida que haya escogido: matrimonio, ejercicio profesional, sacerdocio, vida consagrada con votos religiosos, celibato. Si algo queda claro en el modelo de Iglesia que surge de la comunidad cristiana primitiva es que la tarea de anunciar la Buena Noticia no es responsabilidad exclusiva y excluyente de una “casta profesional” de clérigos, es compromiso para todos, sin excepción. Ahí reside uno de los elementos claves para desclericalizar la vida eclesial, incluídos los laicos que se convierten en “clones” de obispos y sacerdotes, sometiéndose a ellos servilmente y perdiendo su iniciativa espiritual y apostólica.
 Es apasionante – hoy , en pleno siglo XXI – acoger la misma invitación que hizo Jesús a aquellos setenta y dos discípulos: “Quien los escucha a ustedes a mí me escucha; quien los rechaza a ustedes, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado”.[19]






[1] http://www.atrio.org/2010/12/entrevista-a-jose-antonio-pagola El sitio www.atrio.org publica la entrevista que la periodista Ane Urdangarín hace al teólogo vasco José Antonio Pagola, en Diario Vasco edición del 20 de diciembre de 2010. Pagola es nacido en 1937, sacerdote de la diócesis de San Sebastián (Guipúzcoa, España),  autor del conocido texto “Jesús: aproximación histórica”. PPC. Madrid, 2008.
[2] Papa Francisco. Evangelii Gaudium: la alegría del Evangelio. Es el primer texto magisterial de Francisco, publicado el 24 de noviembre de 2013, 8 meses después de su elección al ministerio de Obispo de Roma y pastor de la iglesia universal. Es su texto programático para una “Iglesia en salida”.
[3] Lucas 10: 1-2
[4] LANCASTER JONES OFM, Fray Guillermo . El mundo en que vivió Jesús: aportes de la arqueología y de la historia. Publicación de Pontificia Universidad Antonianum (Por San Antonio de Padua), universidad de la Orden Franciscana con sede en Roma, www.antonianum.eu

[5] BRAVO GALLARDO, Carlos. El pueblo en tiempos de Jesús: la no-historia del pueblo o el reverso de la historia. Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente. Guadalajara, México. Publicado en Revista Latinoamericana de Teología, Universidad Centroamericana José Simeón Cañas. San Salvador.
[6] Isaías 66: 10-11
[7] SANZ GIMENEZ-RICO. Enrique. Los profetas y la justicia. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2014. SICRE, José Luis. Profetas: comentario. Tomos I y II. Cristiandad. Madrid,2007.
[8] UNICEF. El retorno de la alegría, manual del voluntario. UNICEF, Bogotá 2001.
[9] Véase el documental “No hubo tiempo para la tristeza” en http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/micrositios/informeGeneral/documental.html
[10] PABLO VI. Exhortación Evangelii Nuntiandi: El anuncio del Evangelio hoy. 1975. En este texto ,que sigue en plena vigencia,  el Papa Montini destaca que el testimonio de los cristianos es el recurso más potente que tiene la evangelización, el estilo de vida inspirado en Jesús.
[11] Lucas 10: 9
[12] Lucas 10: 3
[13] Lucas 10: 4
[14] Lucas 10: 5
[15] CASTILLO, José María. Dios y nuestra felicidad. Desclée de Brower. Bilbao, 2007.
[16] Lucas 10: 7
[17] Lucas 10: 9
[18] Gálatas 6: 14
[19] Lucas 10: 16

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