domingo, 10 de noviembre de 2019

COMUNITAS MATUTINA 10 DE NOVIEMBRE 2019 DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C


“No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para El todos viven” (Lucas 20: 38)
 
Lecturas:
1.   2 Macabeos 7: 1 – 14
2.   Salmo 16: 1 – 8
3.   2 Tesalonicenses 2: 16 a 3: 5
4.   Lucas 20: 27 – 38

La clave de comprensión de las lecturas de este domingo es la vitalidad definitiva de Dios, garantía que da sentido total a la existencia humana, respuesta al gran interrogante por el significado pleno de nuestra vida, respaldo a quienes viven en la rectitud y en la justicia, y título de eternidad que legitima la no disolución de la persona en el momento de la muerte. Este es un asunto crucial para todos nosotros, lo constatamos en nuestra cotidianidad, y lo descubrimos en el esfuerzo de las tradiciones espirituales y filosóficas para responder cabalmente a esta que podemos afirmar es la cuestión por excelencia de la humanidad.
Si vamos a un encuentro con la naturaleza,  descubrimos  maravillados la cadena interminable de la vida y el dinamismo interno de ella misma para transmitirse de unos seres a otros; esta, en la inagotable diversidad de sus manifestaciones, es un renacimiento permanente. En este hecho fundamental podemos percibir la proyección de eternidad que es la base de nuestra esperanza, en ese continuo morir y resucitar las especies afirman con su propia identidad este prodigio avasallador.
Sin embargo, gran compañera de la vida es la muerte, con toda su correlatividad de limitaciones, precariedad, contingencia, lugar donde estamos siempre en plan de pregunta, de búsqueda, de afirmación de que no es posible que tanta maravilla sea perecedera. El sabio jesuita Teilhard de Chardin[1]  decía: “la muerte no es un accidente sobrevenido de manera fortuita: forma parte integrante, por construcción, del proceso de la creación”.
Don Miguel de Unamuno[2] ,  el maestro del sentimiento trágico de la vida, rebelándose frente a la muerte y diciendo, que con razón, contra la razón o sin ella, no le daba la gana de morirse, que haría falta que lo cesaran de la vida, porque él no pensaba dimitir. Esta insurrección unamuniana es la que habita en la mayoría de los humanos, nos experimentamos finitos, frágiles,  pero simultáneamente deseosos de la vida sin fin, de la permanencia en nuestro ser original.[3]
En otras palabras, el pensador Baruch Spinoza[4] , tomando la vocería de la humanidad, afirma que: “Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es una meditación de la muerte, sino de la vida”.
Estos testimonios, y muchos otros, nos ponen de frente al natural instinto vital que alberga en el ser humano y en la naturaleza. Las lecturas de este domingo lo plantean, como es obvio en clave cristiana, en una perspectiva teologal y de trascendencia absoluta.
La primera lectura de hoy, del libro segundo de los Macabeos, nos pone ante una historia donde la muerte y la vida se juntan en misterioso y dramático  binomio: “Siete hermanos fueron apresados junto con su madre. El rey, para forzarlos a probar carne de puerco (prohibida por la Ley), los flageló con azotes y nervios de buey. Uno de ellos, hablando en nombre de los demás, decía así: Qué quieres preguntar y saber de nosotros?  Estamos dispuestos a morir antes que violar las leyes de nuestros antepasados[5]
El relato se inscribe en el contexto de las luchas sostenidas contra los soberanos seleúcidas – entre ellos Antíoco Epifanes – para conseguir la libertad religiosa y política del pueblo judío, ahora dominados por estos invasores, deseosos de sofocar su inquebrantable confianza en Dios y su fidelidad a la Ley. Esto nos conecta de inmediato con los mártires y testigos de todos los tiempos de la historia, enfrentados a los poderes que no soportan su rectitud y el carácter insobornable de sus conciencias, y también con la multitud de víctimas de la demencia de los violentos.
Así, uno después de otro, estos hermanos Macabeos, con su heroica madre a la cabeza, van pasando al martirio de modo inquebrantable, con afirmaciones como esta: “Tú, criminal, nos privas de la vida presente, pero el Rey del mundo, a nosotros que morimos por sus leyes, nos resucitará a una vida eterna [6]
De ese mismo talante son estas palabras de nuestro admirado mártir, San Oscar Arnulfo Romero[7] ,  Arzobispo mártir de San Salvador en Centro América , pastor que dió la vida por su gente más humilde, de modo cruento, como Jesús: “Sí, he sido frecuentemente amenazado de muerte, pero debo decirles que como cristiano no creo en la muerte sin resurrección. Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño. Se lo digo sin ninguna jactancia, con la más grande humildad. Ojalá, sí, se convencieran de que perderán su tiempo. Un obispo morirá, pero la Iglesia de Dios, que es el pueblo, no perecerá jamás”.
Testimonios como este abundan en la historia cristiana, en sus diversas épocas, evidencias elocuentísimas de la esperanza que nos anima para dar sentido y resignificar esta fragilidad que es inherente a nuestro ser.
 Cada vez que parte un ser querido, o vivimos nuestras propias situaciones límite, vivimos la pregunta mayor por la razón de nuestra vida, y nos ponemos en búsqueda de la respuesta, de la que hacen parte tantas bellas historias de fe y de amor, de donación amorosa de la existencia, de ofrendas con heroísmo, desde los primeros siglos del cristianismo hasta nuestros días.
Es también esencial , en este orden de cosas, preguntarnos con la mayor responsabilidad moral por las víctimas de la violencia y de la injusticia:
-       En Colombia estamos estremecidos por el asesinato de 8 niños y adolescentes, reclutados a la fuerza por una disidencia de la guerrilla de las FARC, y baleados sin piedad  por miembros del ejército, padeciendo a dos fuegos la brutalidad de unos y de otros, y añadiendo a eso la irresponsable retórica del alto gobierno colombiano ante la magnitud de la tragedia que afecta a varias humildes familias del departamento del Caquetá.
-      La tragedia de Tacueyó, en la que caen la gobernadora indígena y cuatro de sus acompañantes, seguida al otro día por el asesinato de un grupo de jóvenes ingenieros y topógrafos, a manos de bandas pagadas por narcotraficantes.
-      La dolorosa estela de victimas de paramilitares, narcotraficantes, guerrilleros, falsos positivos del ejército, es una legión de muertos inocentes, cuya tragedia clama reivindicación y justicia, esta última tan demorada e ineficiente.
-      Leemos el texto de los siete hermanos Macabeos y de su valerosa madre en esta óptica de las víctimas de los malvados, de le indispensable reivindicación de aquellas y de la definitiva vitalidad que surge de la fe en Dios, que no se nos puede quedar en el “contentillo” de la vida de ultratumba sino en la justicia pascual que se empieza a realizar en la historia.[8]
Para los judíos no hubo una idea clara de la resurrección en los comienzos de su historia. Son los últimos escritos del Antiguo Testamento, los más próximos al tiempo de Jesús, los que empiezan a dar fe de esta certeza en la vida eterna, como Daniel, 2 Macabeos y Sabiduría. Contribuyó mucho a implantar esta convicción la idea de que quienes morían por ser fieles a Dios y a sus mandamientos debían recibir una recompensa definitiva. Justamente, estos hermanos Macabeos y su madre acreditan con su martirio la confianza en este Dios que respalda plenamente su fidelidad con el premio de una vitalidad que se inserta totalmente en El y que, en consecuencia, es inagotable.
Pero esta afirmación debemos enraizarla en la realidad histórica concreta de nuestras gentes sufrientes, porque no podemos cometer la irresponsabilidad tantas veces manifiesta, de consolar a los pobres y vulnerados con “otra vida” en la que serán recompensados, si no nos implicamos a realizar en esta historia el trabajo de liberación y de justicia. [9]
Pasando al evangelio, nos encontramos con las habituales trampas que los hombres religiosos judíos pretendían poner a Jesús: “Se acercaron algunos de los saduceos, los que sostienen que no hay resurrección, y le preguntaron: Maestro, Moisés nos dejo escrito que si a uno se le muere un hermano casado y sin hijos, deberá tomar como mujer a la viuda para dar descendencia a su hermano…….[10]
Los  saduceos eran uno de los grupos religiosos contemporáneos de Jesús, pertenecían a la aristocracia social y económica, su visión religiosa era profundamente conservadora y discrepaban totalmente de todo movimiento de reivindicación de los pobres y humildes, lo que da a entender que los mensajes y actitudes de Jesús en relación con los excluídos les repugnaban hasta el escándalo.
El les responde, limitándose a indicar la diferencia radical entre la vida presente y la futura: “Los hijos de este mundo toman mujer o marido, pero los que lleguen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellos marido, ni pueden ya morir , porque son como ángeles, y son hijos de Dios por ser hijos de la resurrección . [11]
A la luz de este texto, la comparación con los ángeles significa que la humanidad en estas  condiciones , que proceden de Dios mismo, pasa a una forma nueva de existencia, inmortal, en la que no están sujetos a las leyes del matrimonio ni a las de procreación, con lo que desarma la capciosa cuestión que le proponen los saduceos, dando el salto cualitativo de Dios como el garante por excelencia del ser humano que vive en justicia y rectitud, y poniendo en tela de juicio la obsesión legalista propia de estos personajes.
La mezquindad de estos hombres, siempre preocupados por los rigores del cumplimiento legal y ritual, sin horizontes para captar la realidad de un Dios misericordioso y compasivo, desbordante de vida y de solidaridad, es puesta una vez más al descubierto por la sagacidad de Jesús, que no es simple estrategia sino comunicación del nuevo orden de vida del que El es portador, el reino de Dios y su justicia, proyecto que totaliza al ser humano cuando ofrece su libertad para ser abarcado por El.[12]
La razón de nuestro ser no está en nosotros, sino en ese al que llamamos el Totalmente Otro, es Dios de quien venimos afirmando  que es el principio y fundamento de todo lo que somos y hacemos, conscientes de que lo limitado y frágil nos es propio , haciendo de ese ámbito la plataforma de nuestra proyección a lo eterno y  a lo definitivo.
Los discípulos de Jesús vivieron el fracaso y el desconcierto de la muerte trágica de su maestro, y tuvieron que descender al abismo de esta desolación, pero en la experiencia pascual este hombre crucificado se redimensionó, gracias a la legitimación salvífica del Padre Dios, y los implicó a ellos en este nuevo y total sentido de vida, la que no se termina, porque es la propia de Dios.
El remate de la respuesta de Jesús a los saduceos es contundente: “No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para El todos viven”[13] , lenguaje que es de la misma naturaleza que el de Pablo, en la segunda lectura de hoy: “Que el mismo Señor nuestro, Jesucristo, y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado y nos ha dado gratuitamente una consolación eterna y una esperanza dichosa, los consuele y los afiance en toda obra y  palabra buena[14]
Transitamos por la vida entre luces y sombras, con esperanza trabajamos por implantar el reino en esta historia nuestra, reconociendo la dignidad de todos los humanos, viviendo en radical projimidad y servicio, haciéndonos solidarios de quienes sufren para restaurarlos en su integridad, sabedores de que el Dios de la vida, revelado en Jesucristo, es nuestro respaldo, el único que no falla.
Y esto en la Colombia de hoy, en la América Latina de hoy, en el mundo de hoy, es tarea profética para frenar el poder destructor de la muerte y de la injusticia, para frenar la demencia del capital y del poder, afirmando con potencia humana y teologal que la palabra definitiva sobre la humanidad la tiene el Dios nuestro, señor de la libertad y de la justicia.




[1] 1881-1955. Científico jesuita francés notable por su estudio de la evolución desde la materia inanimada hasta lo que él llamó el nivel de la complejidad-conciencia presente en la racionalidad del ser humano. Su trabajo es definitivo para el diálogo entre la ciencia y la fe, superando el antagonismo promovido por algunos fundamentalistas de la razón ilustrada y por otros ídem del cristianismo católico, que juzgaban incompatibles las certezas de la fe con los hallazgos del conocimiento científico.
[2] 1864-1936. Ya referido en las notas de pie de páginas de estas reflexiones dominicales con su apasionada inquietud por el misterio de Dios, por el misterio del mal, por el misterio del sentido definitivo de la vida.
[3] UNAMUNO, Miguel de. Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos. Madrid. Biblioteca Nueva, 1999.
[4] 1632-1677. Pensador holandés de origen judío sefardí, cuyos antepasados se remontan a España. De sus obras destacamos “Tratado teológico – político”, “Tratado de la reforma del entendimiento”, “Pensamientos metafísicos”.
[5] 2 Macabeos 7: 1-2
[6] 2 Macabeos 7: 9
[7] 1917-1980. Véase BROCKMAN, James R. La palabra queda: vida de Monseñor Oscar Arnulfo Romero. UCA editores. San Salvador, 2015. ROMERO, Oscar Arnulfo. Diario desde 31 de marzo 1978 hasta 20 de marzo de 1980. Fundación Monseñor Romero. San Salvador, 2015. ROMERO, Oscar Arnulfo. La voz de los sin voz: la palabra viva de Monseñor Romero. UCA editores. San Salvador, 1986. Junto a muchos hombres y mujeres que han dado cruentamente su vida por causa de la fe y de la justicia, San OSCAR ROMERO es un icono de esa muy generosa disposición para dar la vida sin reservas, evidenciado con ello el gesto máximo de amor al que se refiere el evangelista Juan: “Nadie tiene mayor amor que el que es capaz de dar la vida por las personas que ama” (Juan 15: 13).
[8] CASTILLO, José María. Víctimas del pecado. Trotta. Madrid, 2010.
[9] ELLACURIA, Ignacio. Filosofía de la realidad histórica. UCA editores. San Salvador, 1995. SOBRINO, Jon. La fe en Jesucristo: ensayo desde las víctimas. Trotta. Madrid, 1999.
[10] Lucas 20: 27-28
[11] Lucas 20: 34-36
[12] CASTILLO, José María. El reino de Dios: por la vida y la dignidad de los seres humanos. Desclée de Brower. Bilbao, 1999.
[13] Lucas 20: 38
[14] 2 Tesalonicenses 2: 16-17

domingo, 3 de noviembre de 2019

COMUNITAS MATUTINA 3 DE NOVIEMBRE 2019 DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C


“Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también este es hijo de Abrahán, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”
(Lucas 19: 9-10)

Lecturas:
1.   Sabiduría 11: 22 a 12: 2
2.   Salmo 144
3.   2 Tesalonicenses 1: 11 a 2:2
4.   Lucas 19: 1-10
En el lenguaje cotidiano de muchas personas está presente Dios, siguiendo unos cánones bastante consagrados social y religiosamente: gracias a Dios, si Dios quiere, con el favor de Dios, primero Dios, si Dios y la vida me dan licencia, son expresiones recurrentes, como algo ya sabido que no admite cuestionamientos. Sigue siendo muy común en ambientes de nuestras sociedades latinoamericanas, principalmente las de carácter más tradicional y conservador. Para muchos es inadmisible entender la vida sin la referencia a ese Dios al que se tiene como el todopoderoso, el que está por encima de todo, cuyo lugar está “arriba en el cielo”.
Pero esas mismas personas, así formadas, se enfrentan al desencanto de las nuevas generaciones ante esa realidad del ser superior. Sus hijos y nietos, frecuentemente los que han tenido el beneficio de una formación universitaria,  se apartan bastante de esa mentalidad y a menudo deciden sus vidas prescindiendo de la trascendencia teologal. No pocas veces esto da pie a conflictos, distanciamientos, preocupaciones de abuelos y padres por la “conversión” de sus descendientes y a un rasgarse las vestiduras al constatar el progresivo abandono de lo religioso en los individuos y en las colectividades.[1]
Conviven con estas manifestaciones ,  grupos y personas que se afirman de modo fundamentalista en sus creencias y prácticas de la religión, toman posturas intransigentes, presumen de poseer la verdadera revelación de Dios, absolutizan determinados modos rituales y doctrinales, y lanzan anatemas en contra de quienes no participan de esas convicciones, a estos últimos se los juzga como pecaminosos y desordenados. El surgimiento de los nuevos movimientos religiosos en los últimos cuarenta años es notable en este sentido: apariciones marianas, predicadores moralistas y absorbentes, agrupaciones religiosas que dan soporte a los políticos más conservadores y verticales, homofobia, obsesión con la ideología de género y con la moral sexual, manipulación de conciencias débiles y medianamente formadas, discursos condenatorios.[2]
Estos síntomas nos conducen a verificar que hay una crisis en el lenguaje y en el pensamiento y práctica sobre Dios, y también una fuerte tensión dialéctica: teísmo fundamentalista pero también agnosticismo y ateísmo o indiferencia religiosa.
  Los estudiosos de la religión llaman “teísmo” a esa referencia al Dios omnipotente, residente en las alturas, siempre lejano, hacedor de prodigios, encubierto por un entramado religioso fuertemente institucional y jerárquico. La primera lectura de este domingo – del libro de la Sabiduría – nos remite a esta problemática y nos pone en trance de discernir cómo se manifiesta Dios en nuestra vida. Tal es el objeto de una disciplina teológica llamada teología fundamental,[3] que se encarga de estudiar lo referente a las mediaciones de la interpretación de la fe y, dentro de ellas, al lenguaje que la comunica, entre otros asuntos bien importantes para desarrollar una teología saludable e inculturada.
El texto habla bellamente del ser y quehacer de Dios: “Pero te compadeces de todos porque todo lo puedes y pasas por alto los pecados de los hombres para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que hiciste; pues si algo odiases, no lo habrías creado…”[4].
 El libro de la Sabiduría es el texto del Antiguo Testamento más cercano al tiempo de Jesús, lo más probable es que se haya escrito entre los años 80 a 50 antes de Cristo. Los estudiosos de este escrito sapiencial nos dicen que su teología y espiritualidad contienen una experiencia muy evolucionada de la fe, madurada en medio de las muchas vicisitudes que vivió el pueblo de Israel, grandeza y decadencia, construcción del templo – su gran referente religioso – y destrucción del mismo, exilio en Babilonia, ruptura de la unidad del reino en dos fracciones, sucesivas dominaciones de persas, romanos, griegos, expectativa puesta en un Mesías triunfante, poderoso militar y religiosamente, todo esto acompañado de crisis hondas, rupturas, desencantos. Es lo mismo que nos sucede en nuestra búsqueda  de la felicidad: dónde está Dios? Por qué Dios no me escucha? Por qué me envía esta enfermedad? Gracias Dios mío porque acogiste mis peticiones! El devenir del ser humano se refleja muy bien en la historia del antiguo Israel, su búsqueda de sentido, la revelación de Dios en su historia, sus crisis y vacíos, la superación liberadora de las falsas imágenes de Dios, la lucha con las idolatrías, la capacidad de relativizar lo que en algún momento de su vida tuvieron como absolutos, la liberación, la tierra prometida. [5]
El texto contiene una respuesta muy importante: el autor es consciente de que Dios es ciento por ciento favorable al ser humano, El no nos desoye. Pero…cómo es eso? Es Dios una super entidad dedicada a hacernos favores y a suplir la responsabilidad histórica que tenemos para hacer frente a la vida con coraje y entereza? Los filósofos de la religión nos dicen que si se trata de esto último estamos hablando de El de modo “teísta”, como Dios milagrero, portentosa máquina de hacer favores, Dios mágico que altera las leyes de la naturaleza y el dinamismo de la historia.
 Pero no es así: el genuino Dios nos hace responsables de nosotros mismos, del prójimo, de la realidad histórica, y nos propone que nos hagamos cargo de ella[6], que tomemos la rienda de todo, El sí nos suministra su propio ser – que llamamos gracia en la tradición cristiana – y nos capacita para la gran faena existencial pero no sustituye nuestra tarea de vivir con sentido. Esto es lo que propone  el libro de la Sabiduría[7]: a Dios rogando y con el mazo dando, como reza la sabiduría popular.
Sobre esta indispensable superación del lenguaje “teísta” nos encontramos con la realidad humana e histórica de Jesús de Nazareth, Dios se ha dicho a sí mismo – y se sigue diciendo! – de modo humano, cercano, real, histórico, existencial. Jesús es la plena definición de lo divino y de lo humano. Hoy se nos presenta en el texto de Lucas resignificando la humanidad de un hombre llamado Zaqueo, mal visto por sus coterráneos porque era un desalmado cobrador de impuestos al servicio de los romanos.
La  narración nos enseña que el Padre Dios es siempre compasivo, siempre saliendo al encuentro de los suyos – que somos todos! – y construyendo con ellos una relación nueva de amor. El ama entrañablemente todo lo que existe porque su aliento vital está en todo. Jesús camina-asciende hacia Jerusalén y va realizando señales de vitalidad teologal, la de Zaqueo es una muy elocuente, entra a la vida de este hombre y lo seduce para que revise su estilo de acumulación desmedida de dinero, su injusticia con los pobres. Dios acontece en Zaqueo a través de la humanidad-divinidad salvadora de Jesús.
 A este llamado Zaqueo responde con generosidad, se da cuenta de su historia egoísta y asume un nuevo horizonte existencial, el del Reino de Dios y su justicia: “Cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzó la vista y le dijo: Zaqueo, baja pronto, conviene que hoy me quede yo en tu casa. Se apresuró a bajar y lo recibió con alegría. Al verlo todos murmuraban: ha ido a hospedarse en casa de un pecador. Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: Voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres; y , si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más”. [8]
La fuerza de Dios suscita seres humanos nuevos, libres de ataduras, totalmente dispuestos para la projimidad, la justicia y la solidaridad. El no es  refugio de gentes timoratas y rezanderas, sino gestor de hombres y mujeres que emprenden con seriedad la aventura de ser hijos y hermanos, como Jesús que es la significación salvífica por excelencia. Zaqueo ha sido esclavo de su ego acumulador desmedido de dinero y opresor de los pobres, tomado por Jesús se deja confrontar y renuncia a su pasado “capitalista” para tornarse un actor responsable de la nueva justicia: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también este es hijo de Abrahán, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”.[9]
Para el judaísmo de ese tiempo el perdón era cuestión de purificarse en el Templo mediante rituales hechos con la mediación del sacerdote, era una formalidad litúrgica. Para Jesús esta iniciativa de perdón acontece por medio de su humanidad – el Hijo del hombre se lo llama en los evangelios -, con ese perdón se da la liberación total de lo que oprime al ser humano. Aquí entran, para ser sanados y liberados, los egoísmos de todo tipo, las indiferencias, los intereses mezquinos, la injusticia social, el desenfreno con el dinero y con el poder, las afrentas a la dignidad humana. La actitud de Jesús es la que produce la conversión que se realiza en la libertad. Y así, Zaqueo se convierte en prototipo de discípulo, asumido por la nueva humanidad que le transmite Jesús. [10]
El Dios que nos transmite el libro de la Sabiduría es un Dios que opta prioritariamente por el ser humano, no le retira su responsabilidad histórica, lo ama y se esmera en su cuidado pero lo lanza a la gran aventura de ser el protagonista de su libertad y de su significado trascendente, no se comporta mágicamente, no es un Dios tapahuecos ni de consuelos ocasionales, lo suyo es ser forjador de hombres y mujeres libres.
Vale decir que muchas afirmaciones de ateísmo o, por lo menos, de agnosticismo, surgen de esas imágenes deficientes de un Dios que subestima lo humano y lo minimiza, haciendo personas sumisas, serviles, temerosas de una vida en riesgo y aventura.[11] De este Dios tenemos que ser ateos para entrar en el Dios que se inserta en nuestra historia para hacernos agentes de la misma y trabajadores infatigables de la libertad, porque un genuino creyente es un ser emancipado, que se sabe referido a ese Totalmente Otro, como el nuevo Zaqueo, pero con polo a tierra para gestar su nueva humanidad juntamente con la de sus prójimos.
Señal distintiva de esta novedad es la invitación que hace Jesús a Zaqueo para que tome como propia la causa de los pobres, para que reivindique en justicia su dignidad y les retribuya con creces lo que les ha quitado con el impuesto usurero e implacable. Afirmar esa dignidad es la nota que caracteriza este nuevo ser humano que ahora narra en su proyecto de vida al Dios liberador de toda esclavitud.
A él se aplican estas palabras de Pablo: “Rogamos en todo tiempo por ustedes con este fin: que nuestro Dios los haga dignos de la vocación y lleve a término con su poder todo su deseo de hacer el bien y la actividad de la fe. De este modo, el nombre de nuestro Señor Jesús será honrado gracias a ustedes, y ustedes gracias a él, conforme al don gratuito concedido por nuestro Dios y el Señor Jesucristo”. [12]


[1] GONZALEZ CARVAJAL, Luis. El malestar religioso de nuestra cultura. San Pablo. Madrid, 1999. KUNG, Hans. Existe Dios? Ediciones Cristiandad. Madrid, 1983.
[2] MARDONES, José María. Para comprender las nuevas formas de la religión. Verbo Divino. Estella (Navarra, España), 1998.
[3] GONZALEZ, Antonio. Teología de la praxis evangélica: ensayo de teología fundamental. Sal Terrae. Santander (España), 2007.RATZINGER, Joseph. Introducción al cristianismo. Sígueme. Salamanca, 2001. TORNOS, Andrés. Cuando hoy vivimos la fe: teología para tiempos difíciles. San Pablo. Madrid, 1995. LIBANIO, Joao Batista. Teología de la fe. Ediciones Dabar. México, 2003.
[4] Sabiduría 11: 23-24.
[5] BAENA, Gustavo. Fenomenología de la Revelación. Verbo Divino. Estella (Navarra, España), 2012. JOHNSON, Elizabeth A. La búsqueda del Dios vivo: trazar las fronteras de la teología de Dios. Sal Terrae. Santander (España), 2008.
[6] ELLACURIA , Ignacio. Filosofía de la realidad histórica. UCA editores. San Salvador, 1995.
[7] MORLA, Víctor. Libros sapienciales y otros escritos. Verbo Divino. Estella (Navarra, España), 2015. VILCHEZ LINDEZ, José. Sabiduría. Estella (Navarra, España), 2010. DORE, Daniel . El libro de la Sabiduría. Verbo Divino. Estella (Navarra, España), 1987. MESTERS, Carlos. La sabiduría del pueblo. Verbo Divino. Estella (Navarra, España), 1999.
[8] Lucas 19: 5-8
[9] Lucas 19: 9-10.
[10] GONZALEZ FAUS, José Ignacio. La humanidad nueva: ensayo de cristología. Sal Terrae. Santander (España), 1999.
[11] ARIAS, Juan. El Dios en quien no creo. Sígueme. Salamanca, 1976. TORRALBA, Francesc. Los maestros de la sospecha: Marx, Nietzsche, Freud. Fragmenta editorial. Barcelona, 2013.
[12] 2 Tesalonicenses 1: 11-12

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