sábado, 23 de diciembre de 2023

COMUNITAS MATUTINA 24 DE DICIEMBRE 2023 DOMINGO IV DE ADVIENTO CICLO B

 

“No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo”

(Lucas 1: 30-32)

Lecturas:

1.      2 Samuel 7: 1-16

2.     Salmo 88

3.     Romanos 16:25-27

4.     Lucas 1: 26-38

Desde los comienzos de nuestra formación en la fe cristiana escuchamos hablar de conceptos como historia de salvación, proyecto y voluntad de Dios. Las lecturas de este cuarto domingo de Adviento se sitúan en esa línea y nos ayudan a comprender y apropiar esas realidades: felizmente ellas nos implican a todos.   Tenemos suficientemente claro que Dios se inserta en la historia real de la humanidad, en la vida cotidiana de todos, esa salvación trabaja en lo normal de cada día, no es un espacio lejano, distante de nuestras inquietudes existenciales, Dios siempre actúa entre nosotros, con nosotros, para nosotros;  es un Dios que habla a través de lo humano, se significa eficazmente en lo humano, este es un principio esencial de la encarnación.[1] Es decir, nuestro Dios coincide salvíficamente con nuestra historia, y su voluntad se orienta a hacernos plenamente felices, realizados, liberados y salvados del pecado, de la muerte y de la injusticia. Este es el proyecto divino. De nuevo, dejémonos sorprender por este apasionante Dios implicado-encarnado-comprometido-solidariamente salvífico con nuestra condición humana! [2]

Tal historia sucede a través de personas concretas, es lo que queremos decir cuando afirmamos que los seres humanos somos relato de Dios o llamados a serlo.[3] La Palabra de este domingo se fija en dos personajes centrales de la historia bíblica: el rey David y María, madre de Jesús. Ellos son relato de Dios, históricos, reales. El primero, convertido después de un gravísimo pecado que le fue enrostrado por el profeta Natán, es el rey de Israel por excelencia, reconocido como cabeza de la descendencia del Mesías;  la segunda, impecable, inmaculada, plenamente dispuesta para dejar que Dios aconteciera en ella, mujer teologal en la totalidad de su ser y de su quehacer. [4]

El relato que nos presenta hoy 2 Samuel es una elaboración teológica en torno a la figura de David, que fue para los israelitas el rey más grande de toda su historia, sólo comparable a Moisés y a Elías. David viene a ser un nuevo patriarca, padre de la gran dinastía de Israel, como Abrahán en los momentos iniciales fue el padre de todo el pueblo elegido. Con esta promesa divina, David se carga de futuro, su nombre se convierte en referente que atraviesa toda la historia de los israelitas, se le constituye en principio de una descendencia que será bendita y favorecida por Dios. De sus entrañas saldrá el Mesías de la nueva humanidad.[5]

No estamos ante narraciones históricas en sentido estricto, sino ante interpretaciones que dan un significado teológico a esa historia, es Dios interviniendo en los hechos que dan significado trascendente a la vida de estos creyentes, configurando su identidad, constituyéndose en principio y fundamento de todo su devenir. En el horizonte permanece la promesa del Mesías, como garantía de que Yahvé se empeña  en manifestarse dando salvación y liberación. Esto es esencial para comprender la teología de la historia que se propone en el Antiguo Testamento,[6] en evolución hacia la plenitud de los tiempos en la persona de Jesús.

En ese contexto, los primeros seguidores de Jesús, asumieron ese concepto para encauzar su comprensión de Jesús – siempre en el salto cualitativo de lo histórico a la experiencia de la fe - . El sería el Hijo de David, el Mesías enviado, en el que se cumple la promesa. Ahora, esta primera comunidad de cristianos, lo asume como aquel cuyo reino no tendrá fin, según profesamos en el credo. El mismísimo Dios es el aval de la historia de Israel, en el que se tipifica la humanidad entera, él es la razón de nuestra esperanza: “Estén siempre dispuestos a defenderse delante de cualquiera que les pida razón de la esperanza que ustedes tienen”. [7] Es esencial que  nos sintamos insertos en esa historia, no de modo anónimo ni ocasional, sino con plena identidad ante El,  porque cada ser humano es opción preferencial de Dios, esta historia discurre para que nuestra vida llegue a su plenitud de sentido,  a la salvación: “A Aquel que puede consolidarlos conforme a mi Evangelio y a la predicación de Jesucristo: la revelación de un misterio mantenido en secreto durante siglos eternos, pero manifestado ahora por las Escrituras que lo predicen, por disposición del Dios eterno, dado a conocer a todos los gentiles para que acojan la fe”. [8]

En el diario discurrir de nuestra vida nos inmediatizamos, llenos de actividades y de compromisos, con vaivenes de diferente signo, unos constructivos y saludables, y otros dolorosos y dramáticos, sumergidos en ese maremágnum de cosas no captamos el horizonte de plenitud en el que Dios se nos manifiesta articulando coherentemente todo nuestro proceso. Sean estos días de Adviento estupenda oportunidad para considerar todo lo que somos y hacemos en esta perspectiva teologal, salgamos adelante a la loca navidad del consumismo y de las compras desenfrenadas para contemplar el misterio apasionante de este Dios que se “toma” la humanidad para hacerla libre, digna y  trascendente, .[9]

La referencia a David en los términos en que lo formula el texto de 2 Samuel es claramente una elaboración desde la fe. El pueblo de Israel vió en él al rey y líder perfecto, aún a sabiendas del gravísimo pecado que cometió, según se narra en 2 Samuel 11 y 12. Luego de ese incidente, confrontado con extrema dureza por el profeta Natán, el relato refiere que el rey emprendió una vida ciento por ciento identificada con Yahvé y con el futuro del pueblo a él confiado. Al autor de este escrito le interesa principalmente llamar la atención sobre el significado de una vida asumida en clave teologal y cómo ella se perpetúa para siempre, convirtiéndose en la estirpe de la que surgirá el Mesías definitivo. Plantear aquí el asunto de David, su gravísimo pecado y posterior conversión, pretende ser un reflejo biográfico del ser humano, nuestra eterna historia de amor y desamor, de dejarnos tomar por Dios y apartarnos de El.

Estamos en el umbral  de Navidad,  no nos podemos reducir a una celebración de  algo puntual, a unos días de fiesta y de regalos, a algo que se cumple como una parte  de la gran lista de quehaceres, para volver  luego  a la existencia gris, saturada de monotonía. Es tiempo de plantearnos a fondo el sentido total de nuestra fe, de nuestro proyecto de vida, de los valores y prioridades que la orientan, de las opciones que hacemos sobre esas bases, de las consecuencias de lo que decidimos. Es el Dios manifestado en la fragilidad del Niño de Belén el elemento constitutivo de nuestras vidas? Nos sentimos herederos de la promesa hecha a David? Nos identificamos con el sí de la joven María?

Cualquier día en la pequeñez de aquella aldea llamada Belén una jovencita humilde, sincera mujer de fe,[10] dispuesta con generosidad para estas aventuras del buen Dios, experimenta el llamado que se nos relata en el evangelio de Lucas, también recordando que se trata de un texto teológico que trasciende la puntualidad de lo simplemente biográfico para ingresar en el horizonte de sentido definitivo de la vida: “El Angel entró en su casa y la saludó diciendo: Alégrate, llena de gracia! El Señor está contigo. Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podría significar aquel saludo. Pero el Angel le dijo: No temas María, porque Dios te ha favorecido: Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo” .[11]

Dios sucede en el reverso de la historia, en lo discreto y silencioso, su modo de proceder es sorprendente . Esto del Dios que acontece con tanta fuerza en el mundo de los pobres no es un lugar común. El modo de proceder de Dios  se expresa así, en palabras de María: “Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los de corazón altanero. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos con las manos vacías”. [12] El  estilo de Dios es de pequeñez y abajamiento,  también su denuncia del vano honor de los poderosos y de todas las soberbias que nos envuelven.   Se fija en los desposeídos y escoge así a esta mujer para que sea ella el medio humano en el que acontece el misterio de la encarnación. María, una mujer sin arrogancia, con total  sentido de las cosas de Dios, discreta y sabia, es la cuna humana del adorable misterio de la encarnación, en el que El toma definitivamente el camino de lo humano para hacerse relevante en nuestra historia, asumiéndola para salvarla del pecado y de la muerte.

La sorprendida María pregunta al mensajero, y se lanza a la aventura de Dios, su disposición contiene el sí más salvífico de la historia humana: “Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho” .[13]

David, consciente de su pecado y abierto al don de Dios, es referente para nuestros relatos de vida cuando, en similares circunstancias , descubrimos que no es la afirmación vanidosa de nuestro ego la que nos llena de sentido sino la apertura radical al don de Dios, que nos hace libres y nos dignifica. María, la madre de la feliz esperanza, identifica todas nuestras expectativas de felicidad y de salvación,  y las resume en su Hijo,  definitiva presencia liberadora de Dios en nuestra historia. [14]

Antonio José Sarmiento Nova, S.J.

 



[1] SANCHEZ HERNANDEZ, Olvani.  Qué significa afirmar que Dios habla? Del acontecer de la revelación a la elaboración teológica.  Bonaventuriana. Bogotá, 2007. ELLACURÍA, Ignacio.  Historia de la salvación. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1188/1/RLT-1993-028-A.pdf  SÍNODO DE LOS OBISPOS XII ASAMBLEA GENERAL. La Palabra de Dios en la historia. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2008. GRILLI, Massimo & DORMEYER, Detlev. Palabra de Dios en lenguaje humano. Lectura de Mateo 18 y de 1-3 a partir de su instancia comunicativa. Verbo Divino. Estella, 2004.

[2] PRONZATO, Alessandro. La sorpresa de Dios. Sígueme. Salamanca, 1979. VIVES PÉREZ, Pedro Luis. La encarnación como acontecimiento trinitario. En Scripta Theologica , año XXXII número 63-64; páginas 67-106. Universidad de Navarra. Pamplona, 2022. LIBANIO, Joao Batista. El proyecto de Dios y su encarnación en la historia. En https://www.sjweb.info/documents/cis/pdfspanish/200711504sp.pdf GELABERT BALLESTER, Martín. UN Dios capaz del hombre. Humanidad en Dios, divinización del hombre. En Carthaginensia volumen XXXV, número 67; páginas 35-51. Instituto Teológico de Murcia Franciscanos. Murcia, enero-junio 2019. GUDIEL CAÍN, Hugo. Zubiri y la encarnación del Verbo de Dios. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/2263/1/RLT-2012-085-E.pdf FERRANDO, Miguel Angel. Interpretación, verdad y encarnación de la Palabra de Dios. Conferencia Episcopal de Chile. Santiago, 2009.

[3] SCHYLLEEBECKX, Edward. Los hombres, relato de Dios. Sígueme. Salamanca, 1999. ALFARO, Juan.  De la cuestión del hombre a la cuestión de Dios. Sígueme. Salamanca, 2001. MONDIN, Battista.  La expresión del misterio revelado en el lenguaje humano. En  Scripta Theologica número 24, páginas 813-837. Universidad de Navarra. Pamplona, 1992.

[4] FORERO BUITRAGO, Samuel. María, virgen y madre, formó su humanidad en la gracia. En  Albertus Magnus, volumen 4 número 2, páginas 11-24. Universidad de Santo Tomás. Bogotá, julio-diciembre 2012. ALSON, Javier & LAROCCA, Antonio. María y La Palabra En https://www.udayton.edu/imri/mary/_resources/docs-pdfs/es/maria-y-la-palabra.pdf GARCÍA PAREDES, José Cristo Rey. Mariología. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2006; María en la fe de la Iglesia. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 19 de febrero de 2013. NAVIA VELASCO, Carmiña. María, la mujer que consuela. En Albertus Magnus volumen volumen 4 número 2, páginas 41-57. Universidad de Santo Tomás. Bogotá, julio-diciembre 2012. JOHNSON, Elizabeth. Verdadera hermana nuestra, teología de María en la comunión de los santos. Herder. Barcelona, 2005.

[5]  PAGÁN, Samuel.  El rey David: una biografía no autorizada. Clie. Barcelona, 2013. SILBERMAN, L. & FINKELSTEIN, N.A. David y Salomón. Siglo XXI Editores. Madrid, 2007.

[6] FERRADA MOREIRA, Andrés. Teología e historia en el Antiguo Testamento. En  Teología y Vida, volumen 52 páginas 369-389.  Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago, 2011.  BAENA BUSTAMANTE, Gustavo.   Fenomenología de la revelación: teología de la biblia y hermenéutica. Verbo Divino. Estella, 2011. TORRES QUEIRUGA, Andrés. Recuperar la salvación: para una interpretación liberadora de la experiencia cristiana. Sal Terrae. Santander, 1995. VON RAD, Gerhard. Teología del Antiguo Testamento. Volumen 1: Las tradiciones históricas de Israel. Sígueme. Salamanca, 1993. CHILDS, Brevard. Teología Bíblica del Antiguo y del Nuevo Testamento. Sígueme. Salamanca, 2011. LOPEZ, Edgar Antonio. Teología de la historia como teología de la acción. En Theologica Xaveriana volumen 65, número 80; páginas 471-496. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2015.

[7] 1 Pedro 3: 15

[8] Romanos 16: 25-26.

[9] SEGURA, Harold.  Adviento: esperanza que transforma. Lupa Protestante. San José de Costa Rica, 2014. RATZINGER, Joseph (Benedicto XVI).  Ser cristiano. Desclée de Brower. Bilbao, 2007. En este libro del Papa Ratzinger recomendamos la lectura atenta del capítulo 1 Estamos salvados? Y dentro del mismo el parágrafo titulado “El cristianismo como adviento”, páginas 15-33. ACCION CATOLICA ARGENTINA. Reflexiones de Adviento. En https://www.accioncatolica.org.ar/wp-content/uploads/2016/11/Textos-para-profundir.pdf

[10] FORTE, Bruno.  María, la mujer ícono del misterio. Sígueme. Salamanca, 2001. LAMET, Pedro Miguel. Las palabras calladas: diario de María de Nazareth. Belaqua. Barcelona, 2004. GEBARA, Ivone & LUCHETTI BINGEMER, María Clara. María. En ELLACURÏA, Ignacio & SOBRINO, Jon. Mysterium Liberationis. Conceptos fundamentales de la Teología de la Liberación, volumen 1; páginas 601-618. UCA Editores. San Salvador, 2008.  

[11] Lucas 1: 28-32

[12] Lucas 1: 51-53

[13] Lucas 1: 38

[14] GONZÁLEZ DORADO, Antonio. De María conquistadora a María liberadora: mariología popular latinoamericana. Sal Terrae. Santander, 1988. BOFF, Leonardo.  El rostro materno de Dios: ensayo interdisciplinar sobre lo femenino y sus formas religiosas. Paulinas. Madrid, 1984. BARRADO BARQUILLA, José. Las “pobrezas de María”. En Albertus Magnus volumen 4, número 2, páginas 73-92. Universidad de Santo Tomás. Bogotá, julio-diciembre 2012. ESPEJA, Jesús. María, símbolo del pueblo. San Esteban. Salamanca, 1990.

sábado, 16 de diciembre de 2023

COMUNITAS MATUTINA 17 DE DICIEMBRE 2023 DOMINGO III DE ADVIENTO CICLO B

 “Yo bautizo con agua, pero entre ustedes hay uno a quien no conocen, que viene detrás de mí, a quien no soy digno de desatarle la correa de su sandalia”

(Juan 1: 26-27)

 

Lecturas:

1.      Isaías 61: 1-11

2.     Interleccional Lucas 1: 46-54

3.     1 Tesalonicenses 5: 16-24

4.     Juan 1: 6-8 y 19-28

En la memoria del pueblo judío tradicional estaban grabadas las imágenes del Ungido, de Elías y del Profeta, inscritas  en su esperanza mesiánica  y en la correspondiente certeza de la visita de Dios  para liberarlos de toda opresión e infortunio. La figura de Elías es la del gran restaurador de la unidad de Israel; es, por tanto, un recuerdo que genera profundo sentido para los creyentes, como cuando en el cristianismo   surgen  figuras como el Papa Francisco,   San  Romero de América, la Madre Laura o San Francisco de Asís. Las lecturas de este domingo nos ponen en saludable contacto  con  estos liderazgos que encarnan las mejores expectativas de la humanidad,  que nos remiten a la libertad y a la vida digna, al sentido pleno de la existencia en Dios. Esta expectativa tiene su cimiento en un Dios siempre dispuesto a lo mejor para atender salvíficamente a su pueblo, un Dios al que podemos calificar como el “Todo Bondadoso”, el “Todo Amoroso”, el “Todo Liberador”.  [1] Es propio del énfasis teológico-pastoral de este tiempo de Adviento el anuncio de este Dios que viene portando estupendas noticias de vida y esperanza.

Estas evocaciones no se hacen en plan de recordar simplemente historias de la antigüedad del pueblo israelita. El propósito de la Palabra que se anuncia en las comunidades de fe es el de establecer un vínculo significativo entre la experiencia de nuestros antecesores en este camino creyente y los contextos de realidad de nuestros tiempos, los que vivimos cada uno de nosotros en los diversos  ambientes donde se realiza nuestra vida.  En unos y otros  encontramos siempre hondas insatisfacciones, desencantos, también  búsquedas apasionadas de sentido, esfuerzos concretos de liberación y de configuración de la dignidad individual y colectiva, denuncia profética de todo aquello que es injusto, lesivo del ser humano, esclavitud. Vale decir, que estamos constantemente en actitud de esperanza y de construcción de un presente y de un futuro en el que nos queremos experimentar  libres y liberadores. [2]

Esta expectativa tiene su punto de partida en una conversión personal y también comunitaria. Si no existe la primera no hay un compromiso responsable para replantear nuestra existencia. La llegada de las realidades que nos liberan ha de iniciarse en nosotros mismos, con un profundo examen de conciencia, ejercicio autocrítico consistente, revisión de nuestra jerarquía de valores, confrontación exigente que proviene del mismo Dios para configurar un creyente adulto, sólido y comprometido con su reino y con su justicia. Adviento es tiempo de  conversión! [3]

 Juan el Bautista[4] es un magnífico referente para iluminar estas realidades:  “Hubo un hombre , enviado por Dios,  se llamaba Juan. Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz” .[5] Este profeta vivió un radical desacuerdo con el “desorden establecido” en su país, el mismo de Jesús: una religión formal y estereotipada sin conversión del corazón a Dios y al prójimo, una aristocracia religiosa totalmente desconectada del sentir popular, entregada a los intereses del imperio romano, este último dominando y sometiendo,  sin compasión por el pueblo; pobreza, exclusión, olvido de Dios, olvido del hermano; por estas razones  se siente movido a llamar la atención de todos   a retornar a lo esencial de su fe y de su sabiduría humanista y teologal, y va al desierto para invitar a la conversión, cambio de prioridades, novedad de vida en Dios.  Su pasión dominante es la justicia de Dios, su deseo de una conversión radical a El, su indignación ante la perversión de los sacerdotes del templo y de los maestros de la ley, dedicados a la religión exterior sin transformación de la vida y plegados al poder imperial de Roma.[6] Ante estas oscuridades el relato nos habla así: “Yo soy la voz del que clama en el desierto, rectifiquen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías”.[7]

Esto, en nuestro Adviento contemporáneo, nos conecta con la realidad en la que vivimos:  como seres humanos con vocación de dignidad y de felicidad aspiramos a llevar una vida que haga honor a esta condición, estructuramos proyectos existenciales que hagan viables estos deseos, nos esforzamos por mantenernos en una esperanza activa, encontramos personas y comunidades que trabajan a tiempo y a destiempo por hacer que esto sea posible,  pero también estamos ante los tropiezos que provienen del egoísmo sistemático de muchos, convertidos en “situación de pecado” , un pecado que se plasma en estructuras sociales y económicas marcadas por el egoísmo de una economía desalmada y de unas categorías sociales excluyentes y responsables de la desigualdad vigente. Esta pecaminosidad estructural nace de posturas individuales igualmente marcadas por esta cerrazón al amor de Dios y al amor del prójimo. Individuos y sociedad requeridos de conversión. [8]

En la primera lectura, el profeta Isaías invita a todo el pueblo que vuelve del exilio, y que se ve desencantado porque les parece que las promesas iniciales no eran tan ciertas: “El espíritu del Señor me acompaña, por cuanto me ha ungido Yahvé. Me ha enviado a anunciar la buena nueva a los pobres, a vendar los corazones rotos, a pregonar a los cautivos la liberación, y a los reclusos la libertad; a pregonar año de gracia de Yahvé….” .[9] El trabajo del profeta es promover la esperanza y rescatar el sentido de vida de estas comunidades en retorno a su tierra, su prioridad son los desheredados, a ellos dirige su misión de aliento; es consciente de que las condiciones del regreso no son las mejores, pero no se echa para atrás, en nombre de Dios hay posibilidades de reconstruír todo lo que se había perdido: “Igual que una tierra produce plantas y en un huerto germinan rebrotes, el Señor hace germinar la liberación y la alabanza ante todas las naciones” .[10]

El interleccional recoge  el testimonio de alabanza de María en la clásica oración del Magnificat, los pobres y desvalidos son socorridos en detrimento de los poderosos e Israel es objeto del favor de Dios desde la promesa hecha a Abraham. Ella canta la grandeza de Dios que se ha fijado en los humildes, invirtiendo así la habitual mentalidad de dominación y sometimiento: “Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los de corazón altanero. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y  despidió a los ricos con las manos vacías”. [11] Este himno expresa en preciosa síntesis la lógica del Evangelio de Jesús, un mundo en el que la justicia, el reconocimiento de la dignidad de cada ser humano, la reivindicación de los humillados, tienen carácter prioritario. [12] Este es el mundo en el que irrumpe Dios para dar sustento a las esperanzas de la humanidad, principalmente las de aquella que continuamente es sometida a los embates de la pobreza, de la guerra y de la injusticia.

Tiene esto algo que ver con el despilfarro  de la  navidad de la sociedad de consumo? Esta sociedad se deja permear por la  luz que desvelan el Bautista y los humildes del mundo? La sobriedad humana y evangélica de María nos dice algo de peso en estas navidades mundanas que no evocan a Jesús ni dan un giro hacia la solidaridad?  Los más frágiles interpelan siempre  la prepotencia de los poderosos! [13]

Pablo, en la segunda lectura, invita a sus cristianos de Tesalónica a la fidelidad y a la esperanza. Esta comunidad procedía del paganismo, vivían algunas dificultades, les costaba desprenderse totalmente de sus ídolos y de las  tradiciones de su antigua vida para seguir con libertad al Dios verdadero. Por esto ,  les llama la atención, para que decidan definitivamente seguir el camino de Jesús, sin ambigüedades: “No extingan el Espíritu, no desprecien las profecías, examínenlo todo y quédense con lo bueno. Absténganse de todo género de mal” .[14]

Es reiterado en estas reflexiones construír conciencia en torno a la autenticidad del camino cristiano, lo hemos dicho repetidas veces, no se trata de una cómoda pertenencia a una entidad prestadora de servicios religiosos, ni una membresía institucional que nos protege de los males del mundo. Lo que Jesús plantea –así lo prepara Juan el Bautista – es una comunidad de personas apasionadas por Dios y por el prójimo, en la que la fraternidad y la comunión, la solidaridad y la justicia, sean el testimonio calificado de ser genuinos hijos de la luz. Es responsabilidad de la Iglesia y de cada comunidad cristiana ser voz de aliento, significar en la coherencia de su conducta la experiencia del Dios amoroso y salvador. Continuamente el mundo recibe noticias lamentables, guerras sin término, prepotencia de no pocos gobernantes, escasez de recursos. Cómo marcar un contraste, con rigurosidad evangélica, para que la humanidad reciba ánimo y consuelo?

Somos precursores del reino de Dios y su justicia, captando los alcances de la misión de Jesús? Nuestro estilo de vida lo ratifica? Preparamos con audacia los caminos del Señor? Estamos dispuestos a ser sal de la tierra y luz del mundo, como Juan el Bautista y su movimiento?

 

 

 

 

 



[1] LIMBURG, Klaus. Dios es amor (1 Juan 4:8-16). En https://www.core.ac.uk/download/pdf/83558051.pdf  VON RAD, Gerhard. La acción de Dios en Israel. Ensayos sobre el Antiguo Testamento. Trotta. Madrid, 1996. PAPA BENEDICTO XVI. Carta Encíclica Deus Caritas Est Dios es Amor. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2005. FERRARA, Ricardo. La novedad y unidad del amor de Dios. En Teología tomo XLIV, número 92, páginas 105-126. Pontificia Universidad Católica Argentina. Buenos Aires, abril 2007. SARMIENTO, Augusto. El amor de Dios a la vida: para una fundamentación cristiana del amor a la vida. En Scripta Theologica número 37, páginas 849-874. Universidad de Navarra. Pamplona, 2005. GELABERT BALLESTER, Martín. Creados desde y para el amor. En Veritas volumen II número 16, páginas 9-24. Pontificia Universidad Católica. Valparaíso, 2007; Vivir en el amor. San Pablo. Madrid, 2005. ORDEIG CORSINI, Manuel. Deslumbrados por el amor de Dios. Palabra. Madrid, 2019. BUENO DE LA FUENTE, Eloy. Eberhard Jüngel: Dios es amor. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, KASPER, Walter. La misericordia, clave del Evangelio y de la vida cristiana. Sal Terrae. Santander, 2014.

[2] TAMAMES, Ramón. De dónde venimos, qué somos, a dónde vamos? Un ensayo sobre el sentido de la vida en el universo antrópico. En Naturaleza y Libertad número 10, páginas 311-345. Universidad de Málaga, 2018. ESTRADA, Juan Antonio. La pregunta por el hombre y las antropologías. En Pensamiento volumen 71, páginas 1227-1237. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2015; La pregunta por Dios. Desclée de Brower. Bilbao, 2005. SAVATER, Fernando. Las preguntas de la vida. Círculo de Lectores-Ariel. Barcelona, 1999. ZUBIRI, Xavier. Tres dimensiones del ser humano: individual, social, histórica. Alianza Editorial. Madrid, 2006.

[3] CASAS, Juan Alberto.  La conversión como condición de posibilidad del seguimiento del Señor en el evangelio de Marcos. En Cuestiones Teológicas volumen 40,  número 93,  páginas 127-146.  Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín,  enero-junio 2013. ALONSO, Juan. Conversión filosófica y conversión cristiana. En Scripta Theologica número 41, páginas 687-710. Universidad de Navarra. Pamplona, 2009. JUSTO DOMÍNGUEZ, Emilio José. La conversión personal a Cristo en la iniciación cristiana. En Salmanticensis número 65, páginas 393-413. Universidad Pontificia de Salamanca, 2018. UNIVERSIDAD PONTIFICIA DE SALAMANCA INSTITUTO SUPERIOR DE PASTORAL. Conversión personal, conversión pastoral. XXIX Semana de Estudios de Teología Pastoral. Verbo Divino. Estella, 2018.

[4] ALVAREZ VALDÉS, Ariel.  Enigmas de la vida de Juan Bautista. San Pablo. Buenos Aires, 2012. SAEZ DE MATURANA, Francisco Javier.  Juan el Bautista, una aproximación al profeta del desierto. PPC. Madrid, 2020. BERMEJO RUBIO, Fernando. La relación de Juan el Bautista y Jesús de Nazaret. Trotta. Madrid, 2011. JAUREGUI, José Antonio. Testimonio de Juan el Bautista (Juan 1: 19-36). En https://core.ac.uk/download/pdf/83571642.pdf

[5] Juan 1: 6-8

[6] MARTÍNEZ RIVERA , Roberto. El amigo del novio: Juan el Bautista. Historia y teología. Verbo Divino. Estella, 2019. EIZAGUIRRE, José. Actitudes proféticas hoy: pasión por el creador, las creaturas y la creación. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 25 de noviembre de 2014. SANZ GIMÉNEZ-Rico, Enrique. Los profetas y la justicia. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 4 de noviembre de 2014. DEBERGÉ, Pierre. La justicia en el Nuevo Testamento. Verbo Divino. Estella, 2003. DE  MARTINI; Siro. Misericordia y Justicia. Pontificia Universidad Católica Argentina. Buenos Aires, 2013.

[7] Juan 1: 23

[8] RODRÍGUEZ, Victorino. El pecado colectivo: existencia y naturaleza. En https://www.repositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/12951/1/pecado-colectivo-existencia.pdf GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. Pecado estructural, pecado del mundo. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1002/1/RLT-1986-007--C.pdf REVISTA INTERNACIONAL DE TEOLOGÍA CONCILIUM. Número monográfico: El pecado original: un código de falibilidad? Concilium  número 304. Verbo Divino. Estella, febrero 2004. RICOEUR, Paul. El mal: un desafío a la filosofía y a la teología. Amorrortu. Buenos Aires, 2007. PAPA JUAN PABLO II. Exhortación Apostólica Postsinodal Reconciliación y Penitencia. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1984. SARAMAGO, José. Ensayo sobre la ceguera. Alfaguara. Madrid, 2007.

[9] Isaías 61: 1-2

[10] Isaías 61: 11. GUERRA SUAREZ, Luis María. Isaías, profeta de la esperanza. En Almogaren número 29, páginas 121-133. Centro Teológico de Las Palmas. Palma de Gran Canaria, 2015. WIENER, Claude. El segundo Isaías: el profeta del nuevo éxodo. Verbo Divino. Estella, 1985. VERKINDERE, G. La justicia en el Antiguo Testamento. Verbo Divino. Estella, 2001. DE FREITAS FARÍA, Jacir. Denuncia, solución y esperanza en los profetas. En Ribla Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana, números 35-36, páginas 25-35. Quito. 2000. JARAMILLO RIVAS, Pedro. La injusticia y la opresión en el lenguaje figurado de los profetas. Verbo Divino. Estella, 1992. PIXLEY, Jorge. La historia de Israel vista desde los pobres. Verbo Divino. Quito, 1990.

[11] Lucas 1: 51-53

[12] GEBARA , Ivone  & BINGEMER, María Clara.  María, mujer profética. Paulinas, Madrid, 1999. TEMPOLLI, M.C. María mujer de Dios y de los pobres. San Pablo. Buenos Aires, 2008. DUARTE, Alvaro. María, madre y hermana de los pobres. En Albertus Magnus volumen 4, número 2, páginas 25-40. Universidad de Santo Tomás. Bogotá, julio-diciembre 2012. FORTE, Bruno. María, la mujer icono del misterio. Sígueme. Salamanca, 2001.

[13] CHICA ARELLANO, Fernando. Misericordia, amor a los pobres, colaboración en la construcción de la casa común. En Isidorianum volumen 25, número 49, páginas 29-56. Facultad de Teología San Isidoro. Sevilla, 2016. ELIZALDE PRADA, Oscar, HERMANO; Rosario; MORENO GARCÍA, Deysi. Los clamores de los pobres y de la tierra nos interpelan. Amerindia. Montevideo, 2019. BENNASSAR, Bartomeu. Pensar y vivir moralmente. La actitud samaritana del pueblo de Dios. Sal Terrae. Santander, 1988. SOBRINO, Jon. La opción por los pobres, dar y recibir: humanizar la humanidad. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1345/1/RLT-2003-060-E.pdf GUTIERREZ MERINO, Gustavo. En busca de los pobres de Jesucristo: El pensamiento de Bartolomé de Las Casas. Centro de Estudios y Publicaciones CEP. Lima, 1992. PLANELLAS BARNOSELL, Joan. La Iglesia de los pobres: del Vaticano II al papa Francisco. En https://www.fpablovi.org/images/InstitutoSocial/CursoDSI/2015IglesiadelosPobres.pdf

[14] 1 Tesalonicenses 5: 19-22

sábado, 9 de diciembre de 2023

COMUNITAS MATUTINA 10 DE DICIEMBRE 2023 DOMINGO II DE ADVIENTO CICLO B

 

De acuerdo con su promesa, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en los que habitará la justicia”

(1 Pedro 3: 13)

Lecturas:

  1. Isaías 40: 1-11

  2. Salmo 84

  3. 2 Pedro 3: 8-14

  4. Marcos 1: 1-8

En años recientes, aún frescos en la memoria por la intensidad de lo vivido, la humanidad padeció la pandemia de corona virus, patología que llegó a todo el planeta, cobrando su alta cuota de fallecidos, contagiados, y de crisis hospitalaria y de servicios de salud en general. Ha sido una prueba de fuego para hacer control de calidad al temple de muchos, para los profesionales de la medicina y la enfermería porque se entregaron con abnegación a hacer lo posible y lo imposible por salvar vidas y por atender dignamente a la multitud de pacientes que a diario llegaban a las entidades clínicas; para quienes se contagiaron y para sus familiares porque de modo arrasador llegó el final de la vida y a muchos otros los puso en situaciones límite; junto con esto, la vida cotidiana se modificó sustancialmente, trabajo y estudios de modo virtual, encierro forzado en casas y apartamentos, crisis económica, suspensión de viajes y una cantidad de limitaciones, muchas de ellas frustrantes para los proyectos de vida de la mayoría de la humanidad. Se afectó seriamente el sentido de la vida de muchos, también florecieron los malestares emocionales, la depresión, la pérdida del gozo de vivir, el incremento del pesimismo.1

Es conmovedora la imagen del Papa Francisco en la solitaria plaza de San Pedro, el Viernes Santo de ese 2020, en oración silenciosa por toda la humanidad, sin la acostumbrada solemnidad litúrgica, despojado de acompañantes, en claro testimonio de esperanza y apertura a las bendiciones del buen Dios, y en honda solidaridad con el mundo enfermo y entristecido. 2 Sus palabras de ese día vuelven a resonar en mentes y corazones con la fuerza profética de la fe en Aquel que es el principio y fundamento del ser humano, de la vida, de la historia: “El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas horas donde todo parece naufragar. El Señor se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor”. 3

Hoy, en este Adviento de 2023, la humanidad está profundamente afligida e indignada con las guerras que ahora mismo acontecen en Ucrania, asediada por la violencia del gobierno ruso, y en Franja de Gaza/Palestina e Israel. Como penosamente sucede – tremendo interrogante para la mejor sensibilidad! – quienes sufren las consecuencias de los violentos son los civiles inocentes, desarmados. No hay palabras suficientes para describir los niveles exacerbados de barbarie que realizan los ejércitos en contienda.4 Cómo anunciar la esperanza en tiempos desalmados?5 Es la pregunta que surge de la más elemental honestidad. Ante ella no podemos dar una respuesta ingenua, con recetas mágicas, pero tampoco podemos unirnos al escepticismo radical sobre la imposibilidad de los violentos para ceder y modificar su conducta.

Recordemos también la seriedad del compromiso que tenemos con el mismo Señor y con la humanidad entera, no sólo la que profesa nuestra fe sino la totalidad de seres humanos. Muchos confían sinceramente en el contenido del mensaje cristiano de esperanza y sentido y lo dan todo por vivirlo; pero también muchos nos miran con escepticismo, tal vez pasándonos cuentas de cobro por nuestras inautenticidades e incoherencias. Ante los unos y los otros tenemos la responsabilidad de ser vigorosos, consistentes, digamos radicales, en ser portadores de vida, de sanación, de reconciliación, de exquisita solidaridad. Que sea este un elocuente lenguaje de Adviento, hoy alimentado por las bellas palabras del apóstol Pedro, la segunda lectura de este domingo: “ Esperen la llegada del día de Dios y hagan lo posible por apresurarla. Ese día, los cielos serán destruídos por el fuego , y los elementos se derretirán entre las llamas; pero nosotros esperamos el cielo nuevo y la tierra nueva que Dios nos ha prometido, en los que todo será justo y bueno”. 6 La seriedad ética y existencial del Señor Jesús, también la de los profetas bíblicos, y la de muchos en este camino creyente, son una invitación a que nos inscribamos decididamente en esa condición de testigos del nuevo mundo que surge en medio de la destrucción y de los desafueros que la misma humanidad fomenta y propicia. 7

Pasa que siempre sentimos que son “los demás” los que se enferman, los que sufren, los que mueren, y nosotros viendo las cosas a la distancia, como si esas situaciones límites de la vida no fueran con nosotros. La fragilidad es inherente a nuestra condición, somos radicalmente precarios, como lo pensaron y asumieron dramáticamente los pensadores existencialistas del siglo XX, abrumados por el realismo doloroso de las dos guerras mundiales, por los excesos demenciales de las tiranías del Soviet y del nazismo hitleriano. Desde la fuerza de Dios estamos llamados a apropiar esta inevitable contingencia, eso sí con esperanza y con plenitud de sentido en el Dios cuyo Hijo vivió también todo lo propio del mayor dramatismo de la humanidad: el abandono, la calumnia, la soledad, la injusticia extrema, el poder político y religioso ensañado con el Justo por excelencia. 8

Así las cosas, llega este Adviento de 2023, tiempo de esperanza, de sentido pleno de la vida en el Dios que siempre está llegando para desarmar la cultura de la muerte y para dar legitimidad y garantía definitivas a todo nuestro ser. En los tiempos en que escribe el profeta Isaías – primera lectura de hoy – el pueblo de Israel está cautivo en Babilonia y empieza a vislumbrar la posibilidad de retornar a su tierra. Isaías alienta a su pueblo: “Una voz grita, en el desierto preparen un camino al Señor, allanen la estepa, una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se nivele; y se revelará la gloria del Señor y la verán todos los hombres juntos – ha hablado la boca del Señor . 9 El mensajero es portador de la buena noticia que traerá de nuevo alegría e ilusión a una comunidad que vivía con crudeza la marginación y la explotación. Cómo traducir este anuncio a la humanidad de hoy, especialmente a los afligidos por las injusticias de sus semejantes?

Pasamos varios siglos en la historia del antiguo Israel y venimos a los tiempos posteriores a Jesús. Hacia finales del siglo I D.C. muchos cristianos se sentían desconcertados, les habían insistido que el regreso del Señor era inminente, pero el tiempo pasaba y esto no acontecía. A esto alude el texto de la segunda lectura, tomado de la segunda carta de Pedro, una invitación a la paciencia histórica, a la esperanza, como nos suele suceder cuando aguardamos con ilusión algo que vendrá a responder a expectativas profundas, el nacimiento de un hijo, la liberación política, la superación de una enfermedad, la confirmación de un amor, la mejoría de las condiciones económicas, la paz espiritual: “ De acuerdo con su promesa, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en los que habitará la justicia. Por tanto, queridos, esfuércense con esa esperanza por mostrarse en paz, sin mancha ni tacha” . 10 El mejor sentido de realismo nos sugiere desarrollar la paciencia histórica, no resignación, que esa no es la postura cristiana, sino la esperanza en el Dios que está firme en su fidelidad al ser humano, a su intención salvadora y liberadora. Es imperativo traducirla históricamente, políticamente, éticamente, espiritualmente, existencialmente.

La verdadera esperanza es activa e innovadora. Con el ánimo que Dios infunde nos sentimos llamados a transformar lo que es injusto, destructivo, inhumano, pecaminoso, para implantar en la historia las señales de la justicia divina, la fraternidad, la pasión de vivir, la seducción del amor, la apuesta por el servicio y por la solidaridad, la vida honesta y la disposición para ayudar a que la humanidad sea mejor y más digna. Pedro anima a esta comunidad creyente a vivir en esperanza, a confiar en el futuro, y a cultivar una fe que capta la acción liberadora de Dios en los acontecimientos de su historia, no niega los problemas y las contradicciones, pero estimula a hacer de la fe el motor que impulsa la superación del desencanto. Qué hacemos los creyentes en Dios para influír constructivamente en la construcción de un mundo que vaya por senderos de libertad y de justicia? Somos conscientes de las dimensiones sociales y políticas de la fe?11 O preferimos encerrarnos en un intimismo religioso, con devociones individuales, desconocedoras del clamor de Dios ante tales realidades?

El evangelio de Marcos se centra en la predicación de Juan el Bautista, promotor en su tiempo de un movimiento de conversión y de protesta profética contra la anquilosada religión de los sacerdotes del templo y de los maestros de la ley. Su mensaje, muy fuerte y severo, proponía un cambio radical en la orientación de la vida: “Tal como está escrito en la profecía de Isaías: mira, yo envío por delante a mi mensajero para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: preparen el camino al Señor, allanen sus senderos, apareció Juan en el desierto bautizando y predicando un bautismo de penitencia para el perdón de los pecados” .12

El pueblo pobre era el principal público que escuchaba la predicación del Bautista, las gentes con mayores esperanzas de redimirse de pobrezas e injusticias, su actividad no se da en la ciudad de Jerusalén sino en el desierto, lugar simbólico en la Biblia para el encuentro con Dios, su vestimenta y sus costumbres austeras son lenguaje de sus prioridades, la nueva vida que viene de Dios, el despojo del poder y de las riquezas, el corazón que se prepara para acoger a aquel que Dios envía para salvar y liberar. El profeta Juan es ícono de la esperanza en Dios, de este Dios que nos toma tan en serio que se implica encarnatoriamente en nuestra realidad e historia con su Hijo, el Verbo que toma como propio lo humano para responder salvíficamente a nuestras permanentes expectativas de sentido.

Adviento 2023: cuántos tiempos como este hemos vivido? Lo asumimos, nos “damos cuenta” de lo que está en juego, o derrochamos esta nueva oportunidad de dar un significado decisivo a nuestra existencia? 13



Antonio José Sarmiento Nova, S.J.











1 CEPAL-ORGANIZACIÓN PANAMERICANA DE LA SALUD. La prolongación de la crisis sanitaria y su impacto en la salud, la economía y el desarrollo social. En https://www.repositorio.cepal.org/server/api/core/bitstreams5d7d5402-188b-4d6a-8d0c-49eec0709554/content FIGUEIRA, Fernando; GALINDO, Luis Miguel; GIAMBRUNO, Cecilia; BLOFIELD, Merike. América Latina ante la crisis del Covid-19. Vulnerabilidad socioeconómica y respuesta social. Comisión Económica para América Latina CEPAL. Santiago de Chile, 2020. ESPINO, Alma; ARENAS SAAVEDRA, Ana Isabel. La crisis por la Covid-19 en Colombia: oportunidad o retroceso para la autonomía económica de las mujeres. En https://www.library.fes.de/pdf-files/bueros/kolumbien/16653.pdf CABALLERO ARGÁEZ, Carlos & MACHADO R., Germán Darío. De la crisis de fin de siglo a la del corona virus. La economía colombiana en el siglo XXI. En Coyuntura Económica: investigación económica y social, volumen L, páginas 15-74. Fedesarrollo. Bogotá, diciembre 2020.

2 PAPA FRANCISCO. Momento extraordinario de oración en tiempos de epidemia presidido por el Santo Padre Francisco. Atrio de la Basílica de San Pedro viernes 27 de marzo de 2020. En https://www.vatican.va/francesco/es/homilies/2020/documents/papa-francesco_20200327_omelia-epidemia.html

3 Palabras textuales del Papa Francisco en la citada homilía reflexionando sobre Marcos 4:35- 41, el relato de la tempestad calmada.

4 ARTEAGA, Félix. La guerra entre Hamás e Israel: larga y dura. En https://www.media.realinstitutoelcano.org/wp-content/uploads/2023/10/la-guerra-entre-hamas-e-israel-larga-y-dura.pdf INSTITUTO ESPAÑOL DE ESTUDIOS ESTRATÉGICOS IEEE. Tierra Santa se estremece de nuevo. En https://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_informativos/2023/DIEEEI01_2023_JOSCAS_TierraSanta.pdf OROPEZA FABIÁN, Filiberto. Panorama de la guerra entre Rusia y Ucrania. Center for Global Affairs & Strategic Studies. Universidad de Navarra. Pamplona, 2022. SANAHUJA, José Antonio. Guerras del interregno: la invasión rusa de Ucrania y el cambio de época europeo y global. En https://www.ceipaz.org/wp-content/uploads/2022/07/3.JoseAntonioSanahuja.pdf

5 VITORIA CORMENZANA, Francisco Javier. Practicar a Dios con vigor y hablar de El con humildad. En https://www.redicces.org/sv/jspui/bitstream/10972/1293/1/RLT-2003-058-E.pdf ; Proponer hoy la fe cristiana en un mundo injusto y desigual. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 2017. BONHOEFFER, Dietrich. Resistencia y sumisión: cartas y apuntes desde el cautiverio. Editadas por Eberhard Betge. Sígueme. Salamanca, 2001. GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. Otro mundo es posible……desde Jesús. Sal Terrae. Santander, 2012.

6 2 Pedro 3: 12-13

7 CASTILLO, José María. La ética de Cristo. Desclée de Brower. Bilbao, 2005; La humanización de Dios. Trotta. Madrid, 2010. AGRETTI, Dayse Marianela. La Palabra se hizo carne. La humanidad de Jesús, lugar natal, para pensar a Dios y al ser humano en Adolphe Gesché. Tesis para optar al Doctorado en Teología. Facultad Jesuíta de Filosofía y Teología FAJE. Belo Horizonte, 2015. GESCHÉ, Adolphe. Jesucristo (Volumen VI de la colección Dios para Pensar). Sígueme. Salamanca, 2002. URÍBARRI BILBAO, Gabino. La singular humanidad de Jesucristo: el tema mayor de la cristología contemporánea. Universidad Pontificia de Comilla. Madrid, 2008. SESBOUÉ, Bernard. Jesucristo, el único Mediador. Ensayo sobre la redención y la salvación (2 volúmenes). Sígueme. Salamanca, 1990. LLACH, María Josefina. Por qué el sufrimiento de Jesús? Por qué el nuestro? Y su resurrección? Nos salva? En Teología tomo XLVI, número 100, páginas 611-616. Pontificia Universidad Católica Argentina. Buenos Aires, diciembre 2009.

8 MOLTMANN, Jürgen. El Dios Crucificado. La cruz de Cristo como base y crítica de la teología cristiana. Sígueme. Salamanca, 2010. PAPA BENEDICTO XVI. Discurso del Santo Padre durante la visita al campo de concentración de Auschwitz. Acta Apostolicae Sedis. Ciudad del Vaticano, 28 de mayo de 2006. KITAMORI, K. Teología del dolor de Dios. Sígueme. Salamanca, 1975. METZ, Johann Baptist. Memoria Passionis: una evocación provocadora en una sociedad pluralista. Sal Terrae. Santander, 2007; Por una mística de ojos abiertos: cuando irrumpe la espiritualidad. Herder. Barcelona, 2013. RATZINGER, Joseph & SEEWALD, P. Dios y el mundo: creer y vivir en nuestra época. Una conversación con P. Seewald. Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2002. PACOT, Simone. Evangelizar lo profundo del corazón: aceptar los límites y curar las heridas. Narcea. Madrid, 2018.

9 Isaías 40: 3-5

10 2 Pedro 3: 13-14. ESTEVEZ, Elisa. Habitar las afueras: experiencia de Dios en tiempos de crisis. En Theologica Xaveriana volumen 71, páginas 1-26. Texto presentado por la autora en un evento organizado por el arzobispado de Madrid , “Experiencia de Dios en tiempos de pandemia, 26 de noviembre de 2020. GUTIÉRREZ MERINO, Gustavo. Hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente. Sígueme. Salamanca, 2003. ESLAVA GÓMEZ, Adolfo; GIRALDO RAMÍREZ, Jorge (Coordinadores). Pensar la crisis: perplejidad, emergencia y un nuevo nosotros. Universidad EAFIT. Medellín, 2020. MOLLÁ, Darío. Dinámicas de esperanza para una sociedad en crisis. Centro Arrupe Jesuitas. Valencia, 2015. PERAZA, Arturo. De la incertidumbre global a la esperanza ciudadana: construyendo futuro. Lectio Brevis Año Académico 2023-2024 Universidad Católica Andrés Bello, Caracas. En https://www.elucabista.com/wp-content/uploads/2023/10/Lectio-Brevis-Rector-UCAB-2023-2024-revef.pdf

11 EQUIPO CAHIERS EVANGILE. Liberación humana y salvación en Jesucristo. Verbo Divino. Estella. 1977. ALFARO, Juan. Esperanza cristiana y liberación del hombre. Herder. Barcelona, 1979. SCHYLLEEBECKX, Edward. Cristo y los cristianos. Gracia y Liberación. Cristiandad. Madrid, 1982. CORDOVILLA PÉREZ, Angel. Teología de la Salvación. Sígueme. Salamanca, 2021. PALACIO, Carlos. La salvación en Jesucristo en la reflexión teológica latinoamericana. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1349/1/RLT-2001-053-B.pdf

12 Marcos 1: 2-4

13 SIMMEL, Georg. La trascendencia de la vida. En Revista Española de Investigaciones Sociológicas , número 89, páginas 297-313. Centro de Investigaciones Sociológicas. Madrid, 2000. KÜBLER ROSS, Elizabeth. La rueda de la vida. En https://www.index-f.com/lascasas/documentos/lc0040.pdf PAPA JUAN PABLO II. Carta Encíclica Evangelium Vitae El Evangelio de la Vida. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1995. HICK, John. La metáfora del Dios encarnado: cristología para un tiempo pluralista. Abya-Yala. Quito, 2004. TORRES QUEIRUGA, Andrés. Repensar la revelación: la revelación divina en la realización humana. Trotta. Madrid, 2008.

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