domingo, 3 de julio de 2011

Benedicto XVI: La mirada de Jesús se posa hoy sobre todos los oprimidos Meditación con motivo del Ángelus


CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 3 de julio de 2011 (ZENIT.org).-

Publicamos la intervención que dirigió Benedicto XVI este domingo a

mediodía desde la ventana de su estudio a los miles de peregrinos

congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano para rezar la

oración mariana del Ángelus.

 

 

* * *

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

 

Hoy en el Evangelio, el Señor Jesús nos repite esas palabras que

conocemos tan bien, pero que siempre nos conmueven: “Venid a mí

todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os daré descanso.

Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y

humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.Porque mi

yugo es suave y mi carga ligera” (Mateo 11, 28-30). Cuando Jesús

recorría las calles de Galilea anunciando el Reino de Dios, y curando

a muchos enfermos, sentía compasión de la muchedumbre, porque estaban

cansados y abatidos, como ovejas sin pastor (Cf. Mateo 9, 35-36).

 

 

Esa mirada de Jesús parece extenderse hasta hoy, hasta nuestro mundo.

También hoy se posa sobre tanta gente oprimida por condiciones de vida

difíciles, así como desprovista de válidos puntos de referencia para

encontrar un sentido y una meta a la existencia. Multitudes extenuadas

que se encuentran en los países más pobres, probadas por la

indigencia; y en los países más ricos también hay muchos hombres y

mujeres insatisfechos, incluso enfermos de depresión. Pensemos,

además, en los numerosos evacuados y refugiados, en cuantos emigran

arriesgando su propia vida. La mirada de Cristo se posa sobre toda

esta gente, es más, sobre cada uno de estos hijos del Padre que está

en los cielos, y repite: “Venid a mí todos…” .

 

 

Jesús promete que dará a todos “descanso”, pero pone una

condición: “Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que

soy manso y humilde de corazón”. ¿En qué consiste este

“yugo”, que en lugar de pesar aligera, y en lugar de

aplastar levanta?

 

 

El “yugo” de Cristo es la ley del amor, es su mandamiento,

que ha dejado a sus discípulos (cf. Juan 13, 34; 15,12). El verdadero

remedio para las heridas de la humanidad --tanto materiales, como es

el hambre y las injusticias, y psicológicas y morales, causadas por un

falso bienestar-- es una regla de vida basada en el amor fraterno, que

tiene su manantial en el amor de Dios. Por esto es necesario abandonar

el camino de la arrogancia, de la violencia utilizada para procurarse

posiciones cada vez de mayor poder, para asegurarse el éxito a toda

costa. También por respeto del ambiente es necesario renunciar al

estilo agresivo que ha dominado en los últimos siglos y adoptar una

razonable “mansedumbre”. Pero sobre todo en las relaciones

humanas, interpersonales, sociales, la regla del respeto y de la no

violencia, es decir, la fuerza de la verdad contra todo abuso, puede

asegurar un futuro digno del hombre.

 

 

 

Queridos amigos, ayer celebramos una particular memoria litúrgica de

María Santísima, al alabar a Dios por su Corazón Inmaculado. Que la

Virgen nos ayude a “aprender” de Jesús la humildad

verdadera, a tomar con decisión su yugo ligero, para experimentar la

paz interior y ser capaces de consolar a otros hermanos y hermanas que

recorren con fatiga el camino de la vida.

 

[Tras rezar el Ángelus, el papa saludó a los peregrinos en varios

idiomas. En español, dijo:]

 

 

Saludo con afecto a los grupos de lengua española que participan en

esta oración mariana, en particular a los profesores y alumnos del

Colegio Internacional Europa, de Sevilla. Venid a mí todos los que

estáis cansados y agobiados, nos dice hoy Cristo en el Evangelio. Que

esta palabra resuene con claridad en el corazón de todos, de modo que,

presentando al Señor nuestros afanes y sufrimientos, encontremos en Él

la fuerza para afrontar la vida con alegría y serenidad de espíritu,

siendo testigos de su amor y fuente de esperanza para los necesitados.

Gracias por vuestra presencia y vuestras oraciones. Feliz domingo.

 

 

[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina

DOMINGO 3 JULIO


Lecturas de hoy
1.      Zacarías 9:9-10
2.      Salmo 144: 1-2 y 8-14
3.      Romanos 8:9-13
4.      Mateo 11:25-30
En la breve lectura del profeta Zacarías se destaca un elemento esencial del Mesías, que tiene plena vigencia en Jesús y en el Nuevo Testamento, “mira a tu rey que viene a ti, justo y victorioso, modesto y cabalgando en un  asno,en un pollino de borrica” (Zacarías 9:9). Es un Mesías humilde, sin pretensiones triunfalistas. Es un elemento esencial en la lógica de Jesús, el cambio radical de la expectativa apoteósica, gloriosa, de un arrollador y poderoso Mesías  a uno desposeído de esto para evidenciar que el poder salvador de Dios acontece de modo decisivo en la cruz de Jesucristo.
Primera consideración orante para este domingo es hacer el contraste entre nuestros criterios humanos de vanagloria, de prestigio, de dominación, de notoriedad, de “vano honor del mundo”, para encontrarnos con los de Jesús, manifestados en la donación total de la propia vida, en el despojo de toda arrogancia mundana, Mesías descalzo, en su explícita situación como pobre en el mundo de los más débiles y afectados por la exclusión, en su no acudir a los modos humanos de logros para expresar con toda contundencia la fuerza salvadora de la cruz.
Es una pregunta severa para nuestros egos y para ese deseo constante de aparecer, de ser aplaudidos, de triunfar, de sobresalir sobre los demás. Cómo me identifico con el Mesías que “cabalga en un asno”?
En el texto del capítulo 8 de Romanos, propuesto hoy como segunda lectura, se pone sobre el tapete uno de los grandes asuntos de la teología de San Pablo: la vida según el Espíritu. El gran motivo de nuestra esperanza es que Jesús, a partir de su resurrección, nos implica definitivamente en el beneficio salvador de la pascua, comunicándonos la vitalidad del Espíritu, realidad que hace posible nuestra entrada en una nueva manera de vivir, gozosamente condicionada por Dios: “si el Espíritu del que resucitó a Jesús  de entre los muertos habita en ustedes, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también sus cuerpos mortales por el mismo Espíritu que habita en ustedes” (Romanos 8:11).
Cómo hacer para que esto no sea un lugar común, sabido por todos como “consideración piadosa” pero no asumido como garantía de la vida con sentido definitivo? Esta es una pregunta de fondo para que nos la planteemos en la oración de este domingo. Somos conscientes de que nuestra vida está plenamente avalada por el Espíritu que Jesús nos comunica? Esto nos hace vivir con entusiasmo y cambia totalmente la óptica de nuestra cotidianidad?
Los seres humanos llevamos puesta la fragilidad, ella es inherente a nosotros, esta constatación la experimentamos cada día de muy diversas maneras: nos enfermamos, nos afecta la soledad, sentimos vacíos emocionales profundos, nos impactan los dramas de la humanidad, alguien muy querido nos abandona, estamos insatisfechos. Este es el diario de una visión del ser humano que subestima esta condición. Somos así y debemos asumirlo con el mayor realismo, pero también con significado y esperanza.
Si vivimos por nosotros mismos, prescindiendo de Dios y afirmando sólo lo temporal, o una pretendida capacidad de darnos a nosotros mismos razón y sentido, estamos acabados, porque el ser humano es inevitablemente finito, precario, siempre susceptible de terminarse, pero si somos  lanzados, intrépidos, y decidimos vivir la aventura de Dios en Jesús, estaremos inmersos en la garantía del Espíritu, y accederemos así a una vitalidad que le da nuevas y definitivas razones para que nuestra vida tenga siempre sentido hasta pasar las fronteras de la muerte hacia la vida.
Dejémonos llevar por este don con la esperanza cierta de que no seremos defraudados.
Para entender y vivir todo esto se necesitan mente y corazón sencillos, desposeídos de galas y vanidades: “te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla” (Mateo 11:25). Esta es la apuesta del evangelio de hoy. Desconocemos entonces los esfuerzos humanos del conocimiento y los ejercicios racionales para apropiarnos de la realidad y generar ciencia y transformación? Desde luego que no es por ahí lo que quiere decir Jesús, a lo que El se refiere es a deshacernos de estructuras mentales autosuficientes, pagadas de sí mismas, y de las absolutizaciones de ideas, conceptos, mentalidades, incluso de carácter religioso y moral, para dar paso a una actitud dócil, abierta, necesitada de la trascendencia de Dios para que la vida se abra para siempre a una dimensión total de sentido.
El modelo de ser humano que se desprende del mensaje de Jesús es el de la humildad, de la sencillez, de la austeridad, de la comunión, de la apertura constante al Padre y a los hermanos. Volvemos a recordar a los que hemos propuesto en COMUNITAS MATUTINA como referentes de identidad humana y cristiana, en ellos y ella brillan estas cualidades que los hacen aptos para el reino de Dios y su justicia. Es muy negativo el impacto de las personas soberbias, envanecidas, es muy estimulante el de las que vienen a nosotros en actitud de encuentro, de servicio, de simplicidad.
Preguntémonos en oración si nos dejamos envolver por criterios mundanos de “posudez”, como solemos decir en lenguaje coloquial, si nos complicamos la vida, y a los demás también, con mentalidades y estilos que impiden aflorar el verdadero ser feliz, el hombre y la mujer desposeídos de mundanidades vanidosas y dispuestos a la vida simple según el Evangelio.
El encuentro con Jesús, que nos beneficia revelándonos la realidad del Padre con todos sus alcances de salvación y de nueva visión de la vida, nos permite recibir de El un “yugo llevadero y una carga ligera” como propiedades del estilo de vida que acogemos si aceptamos seguirlo en su mismo camino hacia el Padre y hacia toda la humanidad.
Tenemos fatigas y agobios propios de la fragilidad humana, antes referida, dolores, tristezas, sinsabores, pesimismos, y no podemos permanecer en ese estado de pérdida, de ausencia de vida, de oscurecimiento de los mejores ideales. El llegar a Jesús, el llegar El a nosotros, es un acontecimiento legitimador de nuestra esperanza y un cambio de las razones para la misma. Seguir su camino no es hacerse parte de un club de perfectos, ni asegurarse en una institución religiosa, para protegerse del mundo y sus arremetidas: seguir a Jesús es cualificarnos para una vida totalmente asumida por Dios y dotada de los motivos del Espíritu para afrontar todo lo que venga.
Antonio José Sarmiento Nova,S.J.
Provincia Colombiana de la Compañía de Jesús
Pontificia Universidad Javeriana
Domingo 3 de julio de 2011

Pistas para la Homilía, por Jorge Humberto Peláez S.J., TIEMPO ORDINARIO – DOMINGO XIV A (3-julio-2011)

1. Lecturas:
a. Zacarías 9, 9-10
b. Carta de san Pablo a los Romanos 8, 9. 11-13
c. Mateo 11, 25-30

2. En el evangelio de hoy encontramos unas frases de Jesús que contrastan con los mensajes que recibimos todos los días provenientes del entorno:
a. Dice Jesús: “Te doy gracias Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón”.
b. En las palabras de Jesús, el protagonismo lo tienen las personas sencillas; y la humildad se convierte en paradigma y fuente de inspiración. Por el contrario, los grandes protagonistas de la vida social son los que se destacan por su éxito profesional o por su poder o – vergonzosamente – por sus escándalos.
c. Más aún, muchos piensan que la humildad y la sencillez son comportamientos propios de personas tímidas incapaces de triunfar en la vida.

3. Quiero, pues, invitarlos a explorar la enorme riqueza que contienen las palabras de Jesús, y a descubrir que la humildad y la sencillez son propuestas sabias y que nos orientan hacia una vida mucho más armoniosa.

4. Según el Diccionario de Real Academia Española, la primera acepción de la palabra “humildad” es “virtud que consiste en el conocimiento de nuestras limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento”. Exploremos, entonces, el impacto que ella tiene en nuestra vida diaria:
a. Esta manera de entender la humildad nada tiene que ver con personalidades débiles, inseguras, con una baja autoestima. Por el contrario, es un rasgo de personalidades lúcidas, capaces de autocriticarse y de identificar posibilidades y límites para así determinar con realismo su proyecto de vida.
b. Ahora bien, no es suficiente el conocimiento racional de nuestras limitaciones, así como de nuestras cualidades. Es necesario dar un paso más y re-conocerlas, es decir, aceptar serenamente la realidad: ¡así soy yo, así son las personas que me rodean! La no aceptación de la realidad es fuente de frustración y resentimiento.
c. La humildad también está relacionada con la capacidad de revisar nuestros juicios y las posiciones asumidas. Por eso existe una diferencia abismal entre el científico pretencioso y dogmático que se siente poseedor de la verdad, y la persona ilustrada que está abierta a nuevos enfoques y que acepta el debate de las ideas sin aferrarse tercamente a sus puntos de vista.
d. Esta apertura tiene un profundo impacto en las relaciones sociales porque hace que escojamos cuidadosamente las palabras y modulemos con ponderación las opiniones.
e. Podríamos seguir diseccionando las bondades de la humildad entendida como conocimiento de nosotros mismos, autocrítica, aceptación, rechazo de los dogmatismos, búsqueda ininterrumpida de la verdad, prudencia en las palabras, etc., etc. Pero con lo dicho hasta ahora queda suficientemente ilustrado que la humildad no es una patología moral de seres débiles, sino que es un valor que enriquece a los seres humanos.

5. Ahora los invito a explorar la riqueza teológica de la humildad:
a. El orgullo es sinónimo de autosuficiencia: el que se siente poseedor de la verdad y, por tanto, superior a los demás, a los que considera ignorantes e inferiores, cree que no necesita de nada ni de nadie y que se basta a sí mismo. Una persona así es incapaz de abrirse a la oferta de salvación.
b. Toda la automanifestación de Dios en la historia deja absolutamente establecido que la salvación es un don, y no un logro humano atribuido a la inteligencia o la fuerza de voluntad o al cumplimiento de unas normas. No. La salvación es un don y podemos acceder a él en la medida en que reconocemos nuestra creaturalidad e impotencia y exclamamos desde el fondo del corazón: “Ven, Señor Jesús”.
c. De ahí la profundidad de las palabras de Jesús en el texto evangélico que hemos escuchado: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla”. Cuando Jesús se refiere a la “gente sencilla” no lo hace en exclusiva alusión a un estrato socioeconómico; la sencillez es una actitud ante la vida.

6. El ejemplo más perfecto de humildad es María, quien en su acción de gracias expresada hermosamente en el himno del “Magníficat”, reconoce su pequeñez – “”Dios ha puesto sus ojos en mí, su humilde esclava”-, proclama la acción de Dios en su vida – “el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas. ¡Santo es su nombre!” – y es consciente, sin pretensiones, de su rol único en la historia de la salvación – “desde ahora siempre me llamarán dichosa” -.

7. Al terminar nuestra meditación dominical, pidámosle al Señor, por intercesión de María, que nos dé la gracia de crecer en la humildad, no como rasgo de los débiles de personalidad, sino como madurez y sabiduría que nos abre a los aportes de nuestros hermanos y que nos permite descubrir la presencia de Dios en nuestras vidas.

DIÁLOGOS sobre el Evangelio del Domingo, por José Martínez de Toda, S.J., Domingo 14A TO: Mi yugo, 3 julio 2011

“Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados” (Mt 11, 25-30)
martodaj@gmail.com

Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio… (Se presentan los participantes).
El Evangelio del domingo de hoy dice a quién prefiere Jesús: ¿Será a los sabios? ¿O será a la gente corriente, como tú y como yo? Escuchémoslo para conocer su respuesta.
Lectura del santo evangelio según San Lucas (Mt 7, 21-27)
NARRADOR/A – En aquel tiempo, Jesús exclamó:
JESÚS – Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor.
Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Vengan a mí todos los que estén cansados y agobiados, y yo les aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán su descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.
Pregunta 1 – ¿Cuál es el corazón más hermoso?
<Un día, un joven mostró su corazón, presumiendo de tener el corazón más sano y hermoso de todos. Pero un anciano se presentó gritando que su corazón era más hermoso que el del joven. El joven le dijo:
-"Déjese de bromas. Su corazón es un montón de cicatrices, heridas y huecos."
Le respondió el anciano:
-“Es cierto. Pero mira: las cicatrices y huecos son porque arranqué trocitos de mi corazón para dárselos a las personas amadas y a quienes no me ofrecían nada. Son consecuencias del amor. ¿Comprendes ahora por qué mi corazón es más hermoso?”
El joven calló, arrancó un trocito de su corazón y se lo ofreció al anciano. Éste lo colocó en su corazón y le dio un trozo del suyo al joven.
El joven vio que su corazón ya no era tan perfecto, pero lucía más hermoso que antes, porque el amor del anciano se reflejaba en él.> (Félix Jiménez, escolapio)
Lo más bello es el amor, el respeto, el cariño, la dedicación a los demás. Esto es algo que muchos no entienden. Por eso Jesús dice:
-"Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla.”
Pregunta 2 – ¿Por qué prefiere Dios mostrarlas a los sencillos?
A menudo “los sabios y entendidos” son orgullosos, auto-suficientes y poco receptivos a lo nuevo e inesperado. Tienen mucha cabeza, pero poco corazón. Aunque hay excepciones. Por ejemplo, el filósofo griego Sócrates decía: “Sólo sé que no sé nada”. En cambio en general los humildes y sencillos tienen un gran corazón.
Jesús vio que muchos de los que estaban en altos puestos lo rechazaron, pero la gente común – incluyendo hasta a los recaudadores de impuestos y los pecadores – acudía a él.
Dios se da “a quien el Hijo se lo quiera revelar.” No se consigue a base de méritos ni de inteligencia. Dios solo es conocido como un regalo de gracia increíble...
Los ‘niños’ no tienen ninguna pretensión de sabiduría, no están llenos de si mismos, y así están listos para recibir a Dios.
El plan de Dios es estar con los pobres de espíritu, los que sufren, los débiles, los que buscan ser justos, los pequeños. Es lo que Él presentó en las Bienaventuranzas.
Pero también tuvo excepciones. No excluyó a nadie. Y varios ricos estuvieron con Él.
-Nicodemo, un fariseo, se acercó a Jesús de noche para hablar con Él (Juan 3).
-José de Arimatea, un hombre rico, que asistió al cuidado de su cuerpo después de la crucifixión (27:57-60) y proveyó un lugar de entierro para Él.
-Gamaliel, un fariseo, aconsejó al Sanedrín que tuvieran cuidado al sentenciar contra los discípulos de Jesús, pues podían encontrarse en conflicto con la voluntad de Dios.
-Saulo de Tarso, un fariseo se convirtió en un gran misionero cristiano y en autor de mucho del Nuevo Testamento (Hechos 23:6; 26:5). Es S. Pablo.
Pregunta 3 – ¿Por qué actúa Jesús así?
Jesús no hace más que imitar a su Padre, con el cual se siente muy unido. Él dice:
-“Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”.
Por eso Él nos aconseja:
-“Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo les aliviaré.”
Pregunta 4 – Esta frase es muy buena para cuando tenemos problemas. ¿Cuándo es mejor ir al Señor?
En cualquier momento. De nosotros depende el buscarlo. Pero conviene organizarse. Conviene salir de nuestras actividades ordinarias y darle tiempo a Dios.
Lo más importante es ese contacto constante con Él. No conviene dejar pasar un solo día sin estar junto a Él en íntima oración. Esto es vital. Puede ser un rato tranquilo consultándole un problema o una decisión que hay que tomar. Escuchar su voz, su opinión.
Si no hay una urgencia especial, recorrer algún pasaje del evangelio, de las Cartas de S. Pablo.
S. Ignacio recomienda hacer el examen diario de 15 minutos a mediodía antes de comer. En ese tiempo hacemos cinco cosas: le damos gracias, le pedimos luz para evaluar la mañana, nos examinamos, le pedimos perdón y proponemos enmienda.
Por supuesto, está el domingo para dedicarlo a la familia, a la celebración del amor de Dios junto con la comunidad y al esparcimiento. También están los retiros de fin de semana y los Ejercicios Espirituales de varios días cada año. Y Jesús nos sigue aconsejando:
-”Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán su descanso”.
Pregunta 5 – ¿Cómo debe ser un buen yugo?
Un yugo generalmente conecta a dos bueyes para que trabajen como equipo.
Cuando Jesús nos invita a llevar su yugo y a aprender de él, es como si nos estuviera dando acceso a los mejores equipos y al mejor entrenamiento para el juego de la vida.
Nos invita a unirnos a él en su arreo, a darle la oportunidad de enseñarnos cómo se debe hacer en los momentos difíciles.
Jesús no es solamente un maestro que me pone tareas, sino un amigo que me ayuda a hacerlas. Podemos descansar en Él. No nos ofrece salir antes del trabajo, sino que nos ofrece energía, visión, y propósito para quienes estamos siempre inquietos, siempre buscando y deseando nuevas aventuras.
Y Jesús nos asegura: “Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”.
Pregunta 6 – ¿Por qué el yugo del Señor es suave y manejable?
El yugo de la ley de Dios está inspirado por Él, que es amor. Es mejor que el yugo del mundo, inspirado en la competencia, el egoísmo, el stress, el tener más que los demás.
Y así Jesús interpreta las leyes basándose en su propósito original, que es el amor.
Por eso Jesús le da más importancia al hambre de los discípulos, que a las reglas del sábado, porque Él enfatiza sobre todo el doble mandamiento del amor (22:37-40) y la justicia.
Despedida
Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor. Allí Jesús abre su corazón a la gente común y corriente. Es un rato agradable, en que compartimos con sencillez y alegría lo que Él nos dice, y estamos con los amigos.
FIN
<Este GUIÓN RADIOFÓNICO y el de otros domingos pasados y futuros se hallan en
http://www.homiletica.org/ciclos.htm y en
http://www.jesuitas.org.co/documentos/dominical/JoseMartinez/Archivo.html
y en www.facebook.com/PildorasdeFe
Se transmite en 72 emisoras de Unión Radio (Venezuela). En Caracas: Unión Radio FM 90.3 a las 5am, 7am y 10pm dentro de la Misa del P. Honegger Molina; la misma Misa con los Diálogos se transmite en Unión Radio AM 1.100 a las 5am, 7am y 8pm; en DirectTV 980; y en http://www.unionradio.net en ‘Audio en vivo’ en esos mismos horarios. La grabación está hecha por dos catequistas y el P. Honegger.
Advertencias al Equipo de Locutores:
Conviene que haya un Moderador, que salude al principio, despida y haga las preguntas. Ellas son respondidas por los otros participantes en el programa.
El programa puede durar unos 15 minutos. Conviene que se reúnan antes para orar juntos, seleccionar y discutir.
Es importante tener mucho cuidado en no simplemente “leer” el Guión, como si fuera un cuestionario, sino que lo asuma como una guía de conversación. En radio se nota en seguida cuándo uno está leyendo, y cuándo conversa. Por ejemplo, en la conversación solemos mover las manos, sobre todo si estamos contando algo importante; el que simplemente lee, no mueve las manos.

sábado, 2 de julio de 2011

Encuentros con la Palabra, por Hermann Rodríguez Osorio, S.J., Domingo XIV Ordinario – Ciclo A (Mateo 11, 25-30) – 3 de julio de 2011

“Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra”

Conocí a Carlos Riesgo en una comunidad de Fe y Luz que lleva por nombre Ephetá, que significa: ¡Ábrete! Una comunidad que reúne, alrededor de la Palabra de Dios y de la construcción de la fraternidad, a niños y niñas con alguna deficiencia mental o psíquica, a sus familiares y a sus amigos. Jean Vanier y Marie Hélène Mathieu, fundaron estas comunidades hace ya cuarenta años y se han ido extendiendo a lo largo y ancho del mundo. En Colombia están creciendo dos pequeñas comunidades en Bogotá y está naciendo una nueva en Medellín; su camino es lento y pausado, como debe ser el proceso de cualquier obra que de verdad quiera llegar a ser grande, como las ceibas de nuestros campos o el grano de mostaza del Evangelio.

Carlos sufre de una parálisis cerebral y tiene muchos problemas para moverse y para hablar; pero sus ojos, vivos como centellas, dicen más de lo que sus difíciles palabras alcanzan a expresar. Un buen día, a propósito de un encuentro al que fuimos un fin de semana junto con otras comunidades llegadas de otras ciudades, me pidieron que estuviera especialmente pendiente de Carlos los tres días que estaríamos reunidos. Él se defiende muy bien y hace prácticamente todo por sí mismo; lo único que necesitaba era apoyo y respaldo por cualquier eventualidad. Yo acepté el reto con mucho gusto.

Ese bendito fin de semana recibí una de las lecciones más importantes de mi vida; en esos tiempos estaba yo haciendo unos estudios de especialización en teología y contaba con un grupo de distinguidos profesores, todos ellos doctores. Sin embargo, el mejor profesor que tuve durante esos años fue Carlos Riesgo, no lo puedo dudar. El necesitaba apoyo y yo necesité paciencia... mucha paciencia, porque Carlos lo hace todo lentamente, a su ritmo: comer, moverse de un lugar a otro, acomodarse en su silla, arreglarse por las mañanas... Desacelerarse un fin de semana completo, para los que vamos por la vida como una moto, no resulta un trabajo fácil. Y, dentro de lo que hace lentamente, lo que más me costó trabajo fue su forma de hablar...

Cada vez que Carlos quería decirme algo, comenzaba a articular difícilmente las palabras, tratando de hacer una frase comprensible. Y yo, con el acelere de siempre, trataba de adivinar lo que quería decirme, sin dejar que terminara. Tan pronto lo interrumpía con una frase que no era la que estaba tratando de armar; hacía un gesto con la mano y comenzaba de nuevo su tortuoso esfuerzo por expresarse. De nuevo el hábil sabelotodo, que quiere apurar el paso y ganar tiempo, se me salía con otra frase que tampoco lograba adivinar el trabalenguas... Y vuelva a empezar otra vez... Hasta que, poco a poco, fui aprendiendo que cuando yo me quedaba callado y esperaba a que Carlos terminara de decir lo que quería decir, a la velocidad que él iba, entonces, ¡oh milagro!, entendía que lo que quería era un vaso con agua o que le alcanzara fruta...

“Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que escondiste de los sabios y entendidos. Sí, Padre, porque así lo has querido”. Este grito de júbilo de Jesús debió nacer después de haberse encontrado con alguna de estas personas que la sociedad desprecia o considera inútiles. Son ellos los depositarios de los secretos del Reino de Dios. Por eso, gracias a Carlos, el Señor me gritó: ¡Ephetá! para enseñarme a escuchar a los demás sin interrumpirlos; para aprender a callar y a respetar el ritmo de los sencillos... No sé si he logrado vivir todo esto, pero siento la responsabilidad de alabar con Jesús la ocurrencia de Dios de revelarle los misterios del Reino a los más pequeños, ocultándolos de los sabios y entendidos. Por eso, tenemos que pedir todos los días que el Señor quiera abrir nuestros oídos para saber escuchar sus mensajes y dejarnos evangelizar por los más pobres de nuestra sociedad. “Sí, Padre, porque así lo has querido”.

SABADO 2 DE JULIO


Lecturas de hoy
1.      Isaías 61: 9-11
2.      Salmo 1 Samuel 2:1-8
3.      Lucas 2:41-51
El Inmaculado Corazón de María.
Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, Padre compasivo y Dios de todo consuelo, que nos consuela en cualquier tribulación para que nosotros podamos consolar a los que pasan cualquier tribulación con el mismo consuelo que recibimos de Dios. Porque así como son abundantes nuestros sufrimientos por Cristo, así también por Cristo abunda nuestro consuelo. Si sufrimos tribulaciones, es para consuelo y salvación de ustedes; si recibimos consuelos, es también para consuelos de ustedes, y esto les da fuerza para soportar con fortaleza los mismos sufrimientos que nosotros soportamos. Nuestra esperanza respecto a Ustedes es firme, porque sabemos que si comparten nuestros sufrimientos, también compartirán nuestro consuelo” (2 Corintios 1: 3-7)
Los invito a vivir plenamente el sentido de COMUNITAS MATUTINA y  a mantenernos constantes en la oración, generadora de comunión y solidaridad, por mi hermana Clarita Sarmiento Nova y por todas las personas de nuestra LISTA, presentándolas con la mayor confianza en Dios para que El abunde en gracias y bendiciones con ellos, siempre acompañados por la intercesión del Padre Arrupe y de Monseñor Romero. Por Jesucristo,Nuestro Señor.Amén.

viernes, 1 de julio de 2011

Viernes 1 de julio.

Buenos días:
 
Lecturas de hoy 
 
1.  Deuteronomio 7: 6-11
2.  Salmo 102: 1-10
3.  1 Juan 4:7-16
4.  Mateo 11:25-30
 
Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.
 
El niño Alberto Enrique Viloria Pezzano, de 12 años de edad, ha sido sometido a una cirugía de trasplante de riñón, pero ha tenido dificultades para que su organismo acepte el nuevo órgano. Su tía, Edda Pezzano Molina, nos pide especialísimas oraciones por Alberto Enrique y sus padres. Lo hacemos con mucho gusto y con la esperanza de verlo llevando una vida completamente normal.
 
Para la oración de hoy les envío en el anexo el artículo "Coherencia en el amor", de la  teóloga española Dolores Aleixandre, publicado en la revista Mensaje, de Santiago de Chile. Es a propósito de esta solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.
 
Justamente en el contexto de esta festividad destacamos la cercanía espiritual y humana con todas las personas con quienes nos hemos comprometido en oración y las entregamos al misterio bienaventurado del amor de nuestro Padre Dios para que haga en ellos y ellas su acción sanadora, restauradora, liberadora. El Padre Arrupe y Monseñor Romero, que en su vida vivieron con tanta intensidad la dedicación amorosa a Dios y a los hermanos, siguiendo a Jesucristo, nos ayudan como intercesores.
 
Y hacemos conciencia en nuestra oración del Señor Jesús que en la realidad de su corazón amoroso asume todas nuestras búsquedas humanas de sentido y felicidad, se inserta en toda nuestra realidad, la porta sobre sí y la lleva al Padre para que sea todo redimido, salvado, liberado. Amén.
 
 
Un abrazo, feliz día,  
Antonio José Sarmiento Nova,S.J.
 
Coherencia en el amor.
Jesús es el hombre para los demás, que tiene corazón, un corazón no de piedra, sino de carne. Su vida, un signo del buen amar, del saber amar. Pero, sobre todo, Jesús, en su Corazón, es la profundidad misma del hombre y de Dios.
Dolores Aleixandre RSCJ.
A veces se siente la necesidad de reflexionar y meditar sobre el misterio de las personas, de las comunidades, de Dios. Se quisiera llegar al corazón de las cosas. Vivimos inmersos en una multiplicidad de realidades, imágenes, ofertas, caminos, ideas diferentes… Cuando el hombre religioso trata de reunir y estructurar su búsqueda, y orientarla hacia la realidad última de Dios, recurre a arquetipos, palabras que brotan de lo más hondo de la propia existencia, que evocan el centro y la unidad última de toda la realidad.
 
Corazón es una de esas palabras en las que todo lo múltiple se vuelve uno.
 
El corazón ha simbolizado para la gran mayoría de las culturas el centro de la persona, donde se unifican todas sus dimensiones. Una persona con corazón no es la dominada por el sentimentalismo, sino la que ha alcanzado una unidad y coherencia, un equilibrio de madurez que le permite ser objetiva y cordial, lúcida y apasionada, intuitiva y racional, nunca fría, sino siempre acogedora; nunca ciega, sino realista. Tener corazón equivale a ser una personalidad integrada. El corazón es el símbolo de la profundidad y de la hondura. Solo quien ha llegado a una armonía consciente con el fondo de su ser consigue alcanzar la unidad y la madurez personales.
 
¿Cuáles son los antecedentes bíblicos de ese lugar escondido? ¿Privilegia el Antiguo Testamento algún espacio interior y oculto que favorezca el encuentro y la relación interpersonal?
 
Un término hebreo, qereb, evoca el centro de un ser vivo, lo que hay dentro de él: vísceras, entrañas, interioridad e intimidad. El tema del centro es recurrente: Sofonías visualiza una Jerusalén con “el Señor justo en su centro”, pero invadida también por ocupantes indeseables: príncipes rugientes como leones, jueces como lobos hambrientos, profetas que fanfarronean y sacerdotes que violan la ley. Presentimos una lucha por ocupar el espacio, pero al final se escucha una promesa que devuelve el ánimo: “Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde... El Señor ha echado a tus enemigos. No temas, Sion, el Señor, tu Dios, es dentro de ti un soldado victorioso”... (Sof 3, 3-4; 12-17).
 
Tanto en las narraciones como en la poesía encontramos “lugares de centramiento”: los pozos, la tienda de la reunión, el Sinaí, el templo, Sion... El arca, lugar de las manifestaciones divinas, se situaba, a diferencia de la nube, en medio del pueblo.
 
Al presentar a Esaú y Jacob, el narrador puntualiza que mientras Esaú era experto cazador y por lo tanto hombre de grandes espacios, Jacob era un hombre de interior que permanecía voluntariamente sentado en su tienda (Cf., Gen 25, 27). Y es que la tienda es un lugar íntimo que oculta muchos secretos: Sara escuchaba dentro de ella las palabras de los misteriosos visitantes de Abraham (Gen 18, 11) y será en esa misma tienda donde introduzca Isaac a Rebeca al tomarla por esposa (Gen 24, 67).
 
“Me esconderá en lo escondido de su tienda”, afirma un orante para expresar su seguridad (Salmo 27, 5). Y el Señor hablaba con Moisés en la tienda del encuentro, “como un amigo habla con su amigo” (Ex 33, 11). En una escena anterior le había ordenado esconderse en una hendidura de la roca para que no pudiera verle al pasar junto a él (Ex 33, 22); quizá por eso elige Elías una cueva para esperar al Señor en el Orbe (1Re 19, 9) y el autor del Salmo 84 compara al templo con la casa que encuentra un gorrión o el nido donde la golondrina coloca a sus polluelos (Cf. Sal 84, 4).
 
La novia del Cantar pide apasionadamente a su amado: ¡Ay, llévame contigo, sí, corriendo, a tu alcoba condúceme, rey mío...! (Cant 1, 4) y afirma después: “Me introdujo en su bodega”... (Cant 2, 4). Ella misma es para él “jardín cerrado y fuente sellada” (Cant 4, 12).
 
Otro término, el más frecuente del lenguaje bíblico para hablar de interioridad, es leb, corazón (1), sede del conocimiento y de la integración unificadora. “Se le paralizó el corazón en su interior y se quedó como de piedra” (1 Sm 25, 37). Se habla del corazón de algo para referirse a esa realidad como desconocida e inabarcable:
 
“Tres cosas me son inalcanzables, / cuatro no llego a comprender: / el camino del águila en el cielo, / el camino de la serpiente sobre la roca, / el camino del barco en el corazón del mar / y el camino del varón en la doncella” (Pr 30, 18).
 
Se nombran cuatro caminos que antes no se han surcado y que, por lo tanto, no se conocen de antemano. El corazón del mar se refiere a la inexplorable profundidad de la alta mar.
 
Según 2 Sm 18, 14, Absalón cuelga del corazón de la encina, es decir, del espeso ramaje interior. Es un lugar inaccesible para los hombres, pero no para Dios, que “conoce los misterios del corazón” (Pr 44, 22). Ante Él están patentes “incluso el sol y el reino de los muertos, cuánto más los corazones de los hijos de los hombres” (Pr 15, 11). “No te fijes en su aspecto ni en su estatura elevada, el hombre mira lo que está a los ojos, mientras que Yahvé se fija en el corazón” (1 Sm 16, 7). Corazón indica, en estos casos, lo profundamente oculto, lo opuesto a lo exterior.
 
Es la sede de los deseos ocultos, no expresados:
 
“Le has cumplido el deseo de su corazón, no le has negado lo que sus labios pidieron” (Sal 21, 3). Gracias a él se escucha y se discierne: cuando Salomón pide a Yahvé “un corazón que escuche” (1 Re 3, 9), está pidiendo que el mundo no sea mudo para él, sino que le resulte inteligible. Es el órgano de la voluntad, los planes, decisiones y las intenciones: a los colaboradores en la construcción de la tienda de reunión se los califica como gente “cuyo corazón se inclinaba a ello”, aludiendo a su disponibilidad; cuando David afirma “tu siervo ha encontrado su corazón para orar en tu presencia” (2 Sm 7, 7) es como si dijera: “Me he atrevido a”.... Y Qohélet recomienda: “Marcha por el camino de tu corazón” (Qo 11, 9). En él se guarda fielmente el tesoro del recuerdo: “Las palabras que hoy te ordeno, deben estar sobre tu corazón” (Dt 6, 6), “átalas a tus dedos, escríbelas en la tabla de tu corazón” (Pr 7, 3).
 
ABRIR EL CORAZÓN
 
Abrir el corazón es comunicar todo el saber: “¿Cómo puedes decir que me amas si tu corazón no está conmigo? Ya te has burlado de mí tres veces y no me has dicho por qué tu fuerza es tan grande” (Jue 16, 15). Sansón dice querer a Dalila, pero su corazón no está con ella, es decir, no la hace partícipe de sus secretos.
 
Con el corazón se conoce y por eso la máxima promesa que Israel recibió del Señor fue esta: “Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo” (Ez 36, 26).
 
Por eso el sabio recomienda:
 
 
“Hijo mío, por encima de todo, cuida tu corazón / porque en él están las fuentes de la vida” (Pr 4,23).
 
Pero no podemos olvidar que un israelita difícilmente puede distinguir entre exterioridad e interioridad, entre conocer y elegir, entre oír y obedecer. Frente a nuestro modo de pensar analítico y diferenciador, el pensamiento bíblico es sintético e integrador, y considera las realidades no como totalmente independientes, sino como aspectos de una misma cosa. La antropología occidental establece una marcada dicotomía entre alma y cuerpo, espíritu y materia, interioridad y exterioridad, mientras que para la semítica la vida es indivisible y la esfera interior no se puede separar de la actividad externa: corazón y manos están unidos en un único todo. Por eso el pensamiento bíblico no se detiene tanto en distinguir entre acciones e intenciones del corazón, sino en el modo justo de vivir, porque todo lo que una persona piensa y siente penetra en todo lo que hace, y a la inversa.
 
“Dios busca la participación del corazón porque necesita vidas vividas en armonía con Él a través de acciones que se arriesguen a incorporar el amor del propio corazón. El problema del corazón es habituar a la lengua y a los sentidos a comportarse en armonía con su visión interior” (2).
 
“Camina en mi presencia y sé íntegro” (Gen 17, 1) ordenó el Señor a Abraham, y esa integridad o unidad de la persona pone en relación lo interior con lo exterior. A ese trabajo de unificación profunda es a lo que se refiere Lucas cuando dice que “María guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón” (Lc 2, 19). El participio griego symballousa expresa el trabajo de la fe para reunir los datos de la realidad con la promesa recibida, para que la Palabra acogida y guardada en el corazón proyecte su luz sobre la opacidad de los acontecimientos.
 
Jesús es el hombre para los demás, que tiene corazón, un corazón no de piedra, sino de carne. Su vida, un signo del buen amar, del saber amar. Pero, sobre todo, Jesús, en su Corazón, es la profundidad misma del hombre y de Dios. En él está la fuente del Espíritu que brota como agua fecunda hasta la vida eterna.
 
(1) Cf. H.W. Wolff, Antropología del Antiguo Testamento, Salamanca, 1975, 63-86.
(2) A. J. Heschel: Dio alla ricerca dell’ huomo, Turín, 1969, p. 331.
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Dolores Aleixandre RSCJ. Artículo publicado en revista Mensaje, www.mensaje.cl

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