domingo, 4 de septiembre de 2011

Encuentros con la Palabra, por Hermann Rodríguez Osorio, S.J., Domingo XXIII Ordinario – Ciclo A (Mateo 18, 15-20) – 4 de septiembre de 2011

“Si tu hermano te hace algo malo (...)”

Había una señora a la que le tenían mucha envidia. Casi todos los días, cuando salía a la puerta de su casa para barrer, encontraba estiércol que las vecinas le dejaban en señal de desprecio. La señora no protestaba nunca. Hasta que un buen día, sabiendo que sus vecinas eran las que le dejaban porquerías delante de su puerta todas las noches, decidió colocar un arreglo floral delante de la puerta de cada una de ellas. En cada uno de los arreglos, las vecinas encontraron un letrero que decía: “Cada uno da de lo que tiene”.

El Evangelio propone, en distintos momentos, formas diferentes de responder a las ofensas y daños que los otros nos hacen. La más conocida es la invitación de Jesús que dice: “Si alguien te pega en una mejilla, ofrécele también la otra. Si alguien te demanda y te quiere quitar la camisa, déjale que se lleve también tu capa. Si te obligan a llevar carga una milla, llévala dos” (Mateo 5, 39-41). En otra momento, cuando Jesús respondió a una de las preguntas del interrogatorio del sumo sacerdote, “uno de los guardianes del templo le dio una bofetada, diciéndole: ¿Así contestas al sumo sacerdote?” Esta vez Jesús no ofreció la otra mejilla... Sencillamente le preguntó al agresor: “Si he dicho algo malo, dime en qué ha consistido; y si lo que he dicho está bien, ¿por qué me pegas?” (Juan 18, 22-23). Otras veces Jesús sencillamente guardó silencio ante la agresión y la violencia que otros ejercieron contra él, como queda patente en todo el proceso de la Pasión.

Este domingo el Evangelio nos presenta otra alternativa para responder al mal que los otros nos pueden causar: “Si tu hermano te hace algo malo, habla con él a solas y hazle reconocer su falta. Si te hace caso, ya has ganado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a una o dos personas más, para que toda acusación se base en el testimonio de dos o tres testigos. Si tampoco les hace caso a ellos, díselo a la congregación; y si tampoco hace caso a la congregación, entonces habrás de considerarlo como un pagano o como uno de esos que cobran impuestos para Roma”.

Se trata de todo un plan de acción ante las agresiones que podemos sufrir. La invitación es a conversar con el que nos hace daño y tratar de ayudarlo a caer en la cuenta de su error; si no hiciera caso a nuestro reclamo, Jesús invita a buscar a otros que apoyen nuestra solicitud de cambio... Y si esto tampoco tuviera efecto positivo, pues habría que comentarlo con toda la comunidad. Pero queda aún una última alternativa: “habrás de considerarlo como un pagano o como uno de esos que cobran impuestos para Roma”.

A simple vista, esto podría significar desprecio, rechazo total, renuncia a buscar su transformación; sin embargo, el modo como Jesús trató a los ‘paganos’ y a los ‘publicanos’, hace pensar que la invitación es a tener con ellos una paciencia aún mayor y una delicadeza extrema. ¿Cuál nuestra actitud ante las ofensas o daños que recibimos de los demás? ¿De verdad nos hemos dejado impregnar por las actitudes de Jesús? Tal vez la creatividad de la señora de la historia con la que comenzamos pueda ayudarnos a buscar alternativas más evangélicas ante el dolor que los otros nos pueden causar.

El Mensaje del Domingo, por Gabriel Jaime Pérez, S.J., XXIII Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A – Septiembre 4 de 2011


En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo. Les aseguro además que si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18,15-20).
El mensaje del Evangelio de hoy se centra en lo que suele llamarse la corrección fraterna, ligada al amor al prójimo y a la reconciliación. Es significativo que la instrucción de Jesús a sus discípulos sobre este tema esté situada entre las parábolas de la oveja perdida y del funcionario que no quiso perdonar. En las otras dos lecturas de la liturgia de este domingo encontramos respectivamente la exhortación que nos hace la palabra de Dios a través del profeta Ezequiel a no ser cómplices del pecado (Ezequiel 33, 7-9), y a través del apóstol san Pablo a cumplir la esencia de la ley divina, que consiste en el amor (Romanos 13, 8-10).

1.- “Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos (…)”
Muchos de nosotros hemos pasado seguramente por la experiencia de observar o padecer el mal comportamiento de otras personas. O al revés, por la de ser objeto de determinadas reacciones de los demás cuando nosotros mismos hemos obrado incorrectamente. Jesús nos enseña en el Evangelio cómo debe proceder quien observa o experimenta que su prójimo obra mal.
Toda comunidad necesita que quien ha cometido una falta la reconozca (verdad), tenga la oportunidad de reconciliarse (perdón) y compense el mal que ha ocasionado (reparación). Para que esto sea posible, cuando notamos un mal comportamiento por parte de alguien, lo indicado es hablar siempre primero con esta persona. A ninguno de nosotros nos agrada que alguien a quien hemos incomodado por algo, en lugar de manifestarnos personalmente su incomodidad se dedique a divulgarla inmediatamente.
Lo que Jesús nos enseña es todo lo contrario: al hablar primero con la persona que ha obrado mal, no sólo nos libramos de la complicidad con su mala conducta, sino que además le hacemos un bien al invitarlo a que corrija su error y cambie en adelante su modo de proceder. Claro que hay situaciones en las que, para no convertirme en cómplice y evitar mayores males que afecten a la comunidad, tengo que poner en conocimiento de las autoridades los delitos de los que he sido testigo. Pero, de ordinario, comenzando por dirigirme a la persona que ha obrado mal, en la medida en que esto sea posible.

2.- “Todo lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo”
Atar y desatar” era una expresión usada en aquél tiempo por los maestros de la ley, en el sentido de excluir o admitir. Esta frase de Jesús, dicha poco antes en el mismo Evangelio a Simón Pedro en singular (Mateo 16, 19),  va dirigida ahora en plural a todos sus discípulos. Ellos iban a constituir la comunidad a la que acababa de referirse con el término griego Ekklesía: la Iglesia fundada por Él mismo, compuesta por todas las personas que lo reconocerían como el Mesías, el Hijo de Dios vivo, y entre las cuales nos contamos hoy los bautizados en su nombre.
En esta misma Iglesia, por la acción del Espíritu Santo, se establecería el Sacramento de la Reconciliación, por el cual todos tenemos la posibilidad de recibir la absolución (ab-solver significa literalmente des-atar), es decir, el signo por el cual, al arrepentimos de haber pecado y confesar nuestras faltas, somos desatados por Dios mismo, a través del sacerdote, de lo que nos encadena al mal, y readmitidos o reincorporados a la comunidad de sus discípulos y a la comunión con Él.

3.- “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo…”
Esta afirmación de Jesús, relacionada con el poder de la oración en comunidad, podemos también aplicarla a la celebración de los sacramentos. Todos ellos son actos comunitarios a través de los cuales Dios, nuestro Creador, por medio de su Hijo Jesucristo, nos comunica eficazmente su Espíritu Santo. Esto se manifiesta de modo especial en los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía.
En el sacramento de la Reconciliación, entre el sacerdote y el penitente se cumple lo que dice Jesús en el Evangelio: Él se hace presente con su acción salvadora allí donde están las dos personas reunidas en su nombre. Pero también su presencia se manifiesta de un modo particular en las especies consagradas del pan y del vino, cuando la comunidad se reúne en la Eucaristía, al principio de la cual reconocemos públicamente nuestra necesidad de perdón: “yo confieso ante Dios todopoderoso, y ante ustedes hermanos, que he pecado…”. O sea que no basta con reconocer en privado delante de Dios la necesidad de ser perdonados cuando hemos obrado mal, sino que es necesario manifestar también este reconocimiento ante la comunidad, en la que el Señor mismo se hace presente para hacer posible nuestra reconciliación con Él y entre nosotros.
Reunidos pues en comunidad -tal como lo estamos cada vez que celebramos la Eucaristía-, sintamos espiritualmente la presencia del Señor, y, con su luz y su auxilio, reconozcamos la necesidad que todos tenemos de ayudarnos mutuamente a corregir nuestras conductas incorrectas, disponiéndonos al diálogo para resolver pacífica y efectivamente los conflictos interpersonales y sociales.

Pistas para la Homilía, por Jorge Humberto Peláez S.J., TIEMPO ORDINARIO – DOMINGO XXIII A (4-septiembre-2011)

1. Lecturas:
a. Profeta Ezequiel 33, 7-9
b. Carta de san Pablo a los Romanos 13, 8-10
c. Mateo 18, 15-20

2. Los seres humanos vivimos en comunidad, siendo la familia el grupo social básico. Siempre estamos junto a otros: en la familia, en el vecindario, en el colegio o universidad, en el lugar de trabajo, en el supermercado. La vida humana sería imposible sin la presencia de otros seres humanos.

3. Ahora bien, en esa convivencia inevitablemente surgen diferencias, algunas de poca importancia y otras más serias, pues los comportamientos de unos fastidian a otros.

4. Como la existencia de conflictos es connatural a la vida en sociedad, han aparecido estudios especializados y estructuras que ofrecen las herramientas pertinentes para afrontar estas situaciones de tensión; por ejemplo, en el campo de las relaciones internacionales existen organismos facilitadores para evitar que los países usen las armas con el fin de resolver por la fuerza las diferencias; para los conflictos entre ciudadanos existen los métodos alternativos de solución de conflictos tales como la mediación, la conciliación y el arbitramento, etc; los terapeutas familiares prestan sus servicios para superar las tensiones de pareja y para tender puentes de comunicación entre padres e hijos; también la comunidad cristiana, formada por seres humanos, experimenta estas dolorosas situaciones y rupturas.

5. Pues bien, en el evangelio de este domingo Jesús nos ofrece unas pistas muy sugestivas para el manejo de los conflictos dentro de la comunidad. ¿Cómo acompañar, desde la experiencia de fe, al hermano, al amigo o al colega que están actuando de manera equivocada dando antitestimonio de los valores del Evangelio? En su sencillez, el texto escrito por el evangelista Mateo nos ofrece un mini-taller para el acompañamiento de situaciones conflictivas que surjan dentro de la comunidad eclesial.

6. Si leemos atentamente el texto, descubriremos una primera enseñanza: las situaciones difíciles deben manejarse con la mayor discreción; no hay que proclamar a los cuatro vientos la crisis que se vive. En los conflictos de pareja, no se respeta este llamado a la prudencia y se comunica a los suegros, cuñados, vecinos y amigos el dolor que se está viviendo. Como es natural, todos los que reciben la noticia quieren opinar, lo cual dificulta todavía más avanzar positivamente hacia la superación de esa situación; supongamos que se supera la crisis; de todas maneras quedan latentes las suspicacias y los resquemores. En este texto evangélico, vemos que la intervención que Jesús recomienda debe realizarse en absoluta discreción; la mejor fórmula es el diálogo personal, en confidencialidad; el principio que se propone es sabio: en el proceso deberá intervenir el menor número de protagonistas.

7. Otra sugerencia que aparece en este texto sobre la resolución de conflictos en la comunidad eclesial ilumina el sentido pedagógico de la intervención:
a. Dice Jesús: “Hazle ver su falta”. Para que este objetivo se logre, la prudencia recomienda buscar el momento y las palabras oportunas, deponiendo todo sentimiento de agresividad.
b. Tenemos que reconocer que muchos de los reclamos se formulan cargados de emotividad y vehemencia; en ese tono se expresa la pareja que se siente agraviada y el padre de familia que sorprende a su hijo haciendo algo incorrecto.
c. El objetivo que se debe buscar es que esa persona se de cuenta de los valores que ha atropellado y de las heridas que ha causado.

8. En esta pedagogía que propone Jesús, hay que actuar con esperanza, es decir, hay que creer en las posibilidades de cambio y de conversión, sin caer en los excesos de un optimismo ingenuo. Sabemos que existen situaciones muy difíciles de las que no es posible salir por los propios medios, pues se necesita un acompañamiento especializado. Se trata, pues, de una esperanza ilustrada, que busca el apoyo de profesionales competentes en el manejo de estos problemas.

9. Para garantizar la sinceridad del arrepentimiento, la voluntad de cambio debe ir acompañada de una reparación, es decir, el que ha quebrantado alguno de los valores de la convivencia social y eclesial debe mostrar, con hechos concretos, su firme voluntad de contribuir a la cicatrización de las heridas causadas. Perdón y reparación van de la mano.

10. Es hora de concluir esta sencilla meditación. Jesús nos ha dado unas pistas para el manejo de situaciones de conflicto dentro de la comunidad eclesial. Actuemos discretamente; tengamos siempre presente el carácter pedagógico de estas llamadas de atención; creamos que las cosas pueden cambiar, y para ello usemos los medios idóneos; no olvidemos que hay que pasar de las palabras a las obras, acompañando los buenos deseos expresados con manifestaciones concretas de reparación.

sábado, 3 de septiembre de 2011

SABADO 3 DE SEPTIEMBRE


Lecturas
1.      Colosenses 1: 21-23
2.      Salmo 53:3-8
3.      Lucas 6: 1-5
El evangelio de hoy continúa evidenciando la actitud y respuesta de Jesús ante la preocupación de los fariseos y maestros de la Ley porque El y sus discípulos no cumplen con las rigurosas determinaciones legales del judaísmo. Ahora la inquietud surge en torno a la observancia del sábado, día religioso por excelencia para los judíos y de estrictísimo acatamiento en el sentido de no trabajar ni de realizar otro tipo de actividades. A todo esto, Jesús responde escuetamente: “El Hijo del hombre es señor del sábado” (Lucas 6:5).
Como sabemos bien, la concepción y práctica judías en los tiempos de Jesús era que la Ley era el único camino de salvación y de hallar favor a los ojos de Dios, esto llevó a extremos de minuciosidad y estrechez en su observancia, no dejando otra alternativa a los creyentes de esta religión. Dejó de ser un medio y se convirtió en un fin en sí misma, absolutizándose. En diversos textos del Evangelio se refieren estas controversias del Maestro con los fieles observantes, fariseos, escribas, expertos en la interpretación de la ley.
Esto es lo que sucede cuando no se tiene al ser humano como el sentido de estas realidades: su dignidad, su libertad, el respeto a sus derechos, y la garantía de una vida con significado trascendente. Toda normativa, todo ordenamiento jurídico, tienen su razón de ser en el ser humano y en el bien común. No es el hombre para la ley, sino la ley para el hombre. Esta es la convicción de Jesús, afirmada y vivida desde la soberanía de Dios en El y desde la correspondiente implicación de hombres y mujeres en este camino de salvación y de liberación.
Es una advertencia exigente para confrontar todos aquellos procedimientos, estilos, determinaciones, que quieren sofocar la conciencia con milimetrías jurídicas, olvidando el empeño liberador de Dios. El asunto con El no es de medida matemática ni de una “lista de chequeo” para verificar si la persona ha cumplido al pie de la letra normas y más normas. La jugada maestra de Dios, revelada plenamente en Jesús, es la de la libertad para trascender en el ejercicio del amor.
Jesús es muy severo con los fanáticos de la ley, los relatos evangélicos así lo testimonian. Esta es el “vino viejo en odres viejos”,  lo de Jesús es el “vino nuevo en odres nuevos”, la irrupción de la gozosa novedad de Dios como buena noticia portadora de libertad.
Con esto, podemos llegar a vivir lo que Pablo dice a los Colosenses: “Pero es necesario que permanezcan firmes y arraigados en la fe y que no traicionen la esperanza transmitida en el evangelio que han recibido, que ha sido proclamado a toda creatura bajo el cielo y del que yo, Pablo, he llegado a ser servidor” (Colosenses 1: 23)   .
Totalmente inmersos en este clima teologal de libertad miramos hoy a todos-as nuestros-as hermanos-as de LA LISTA y los presentamos al Padre Dios para que esté siempre en sus vidas alentándolos-as para que permanezcan en el espíritu del Evangelio y para que se manifiesten en ellos-as la salud y la bendición que vienen de El, siempre estimulados por el testimonio de nuestros hermanos mayores, el Padre Arrupe y Monseñor Romero. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

viernes, 2 de septiembre de 2011

VIERNES 2 DE SEPTIEMBRE


Lecturas
1.      Colosenses 1: 15-20
2.      Salmo 99: 2-5
3.      Lucas 5: 33-39
En Jesús se intoduce en la historia una novedad sustancial en la  manera de relacionarse Dios con la humanidad y en la manera de proponer el camino que lleva a El. El modelo religioso dominante hasta este momento ha sido el de la relación temerosa fundamentado en el imaginario de Dios como alguien lejano y a quien hay que aplacar continuamente en su impulso de ira y castigo hacia los humanos. La realidad de Dios es concebida como totalmente ajena a nuestra cotidianidad. Todo esto genera una religiosidad en la que el miedo determina el modo de proceder.
Con Jesús Dios se involucra en el ser humano y se constituye en el máximo e incondicional Padre que asume como propias todas las causas nuestras de felicidad, de sentido, de amor, de plenitud. Dios se encarna en la historia y así entra a hacer parte radicalmente novedosa de una nueva humanidad.

 Lo que se revela en Jesús no es uno más de los muchos movimientos de religiosidad. Por eso, en el texto que Lucas nos propone hoy, a la pregunta de unos fariseos sobre por qué los discípulos de Jesús no practican el ayuno y otros rigores disciplinarios propios de la normativa judía, El responde: “Nadie pone en un vestido viejo un remiendo que se  ha cortado de un vestido nuevo, porque estropeará el nuevo, y al viejo no le caerá bien el remiendo del nuevo. Y nadie guarda vino nuevo en odres viejos; porque el vino nuevo reventará los odres, se derramará el vino y los odres se perderán. El vino nuevo se guarda en odres nuevos” (Lucas 5: 36-38)
Este “vino nuevo” radica en el rostro misericordioso del Padre que Jesús nos comunica, en el nuevo orden de vida incluyente, en las posibilidades de acogida para todos, en la superación del modelo legalista y ritualista por el de la conversión del corazón, en las bienaventuranzas como programa fundamental del Reino, en la alternativa de romper con el hombre “viejo” para acceder a la nueva manera de ser, en dejar atrás el talante milimétrico de la ley para acceder a la experiencia profunda del amor, en el reconocer como hijos de Dios a todos los seres humanos sin distinguir ni su práctica religiosa ni su origen social y étnico, ni su superioridad moral: todos acogidos por el Padre en la mesa común que trae el don definitivo de la vida. Jesús es la novedad radical de Dios en la historia humana.
Vamos a interrogarnos si esto es cierto en nuestras vidas, si nos dejamos sorprender cada día con el “vino nuevo” guardado en “odres nuevos”. Si lo nuestro es un cristianismo basado en cumplimientos rituales y legales  o si hemos dejado que el Espíritu nos ingrese en el nuevo orden de vida, de amor, de libertad. Porque pasa que “secuestramos” la novedad de Jesús y forzamos un retorno a la antigua mentalidad religiosa, tratando de servir este “vino nuevo” en “odres viejos”, como de hecho ocurre con tantos grupos y tendencias integristas en el cristianismo que absolutizan una manera de seguir los caminos de Dios con perspectivas totales de obligatoriedades, de culpabilidad por las infracciones, y de miedo angustioso ante Dios.
Hagamos un discernimiento sobre estos estilos y mentalidades, y apliquemos las categorías del mismo Jesús para hacer una valoración de esto, preguntémonos si en nuestra vida alienta el  “vino nuevo”, si en Jesús hemos accedido a esta novedad radical de la revelación cristiana y si esto  ha dado, y da , un sentido totalmente distinto a todo lo que somos y hacemos. Es decir , si con El hemos hecho la ruptura con el modo legalista para entrar de lleno en el talante de las bienaventuranzas.
Por eso, el himno cristológico que nos trae hoy la carta de Pablo a los Colosenses, profesa así: “El es el principio de todo, el primogénito de los que triunfan sobre la muerte, y por eso tiene la primacía sobre todas las cosas. Dios, en efecto, tuvo a bien hacer habitar en él toda plenitud” (Colosenses 1: 18-19). Todo el texto es una formulación de fe sobre la novedad radical de Jesucristo, sobre “el vino nuevo” que se instaura en nuestra historia para llegar a la plenitud de Dios.
Debemos advertir , finalmente, dos asuntos: uno sobre la actitud y modos de proceder de tantos grupos religiosos que en el interior del cristianismo se erigen como los auténticos intérpretes y practicantes de la verdad de Jesús, desestimando los esfuerzos de otros, y esto con marcado carácter fundamentalista e intransigente; otro, sobre el perder la esperanza y dejar que nuestra cotidianidad cristiana quede envuelta en una amarga rutina.
Trabajemos desde nuestra libertad que acoge el don del Espíritu para entender y vivir la novedad decisiva del Señor Jesucristo en nosotros, en nuestras comunidades, en los diversos ámbitos de nuestra existencia, y que ello determine el valor diferencial de nuestra vida: Jesús, el “vino nuevo” que se nos sirve para transitar hacia el Padre con todo lo propio del Evangelio.
Y en esta mañana pidamos al mismo Dios que sirva esta novedad a todos nuestros hermanos y hermanas de LA LISTA, que los implique en la novedad del Reino, y que con su bendición los haga participar del beneficio de las bienaventuranzas, de la salud, de la transformación gozosa que genera este “vino nuevo”. El Padre Arrupe y Monseñor Romero vivieron con intensidad esta novedad del Señor Jesús, y por eso para nosotros son testigos privilegiados del nuevo acontecer. Amén.

Día mundial del cáncer

La única petición es que mantengas esto circulando, aunque solo sea a una persona más .
Por la memoria de alguien que conozcas que ha sido vencido por el cáncer o que aún vive con él .
Una vela no pierde nada cuando enciende otra vela .
Por favor mantén esta vela encendida

jueves, 1 de septiembre de 2011

JUEVES 1 DE SEPTIEMBRE


Lecturas
1.      Colosenses 1: 9-14
2.      Salmo 97: 2-6
3.      Lucas 5: 1-11
Hoy podemos partir del para qué de nuestras vidas, de la opción fundamental que hayamos asumido como estructurante de todo lo que hacemos. Cada cierto tiempo conviene hacer un alto en el camino y verificar cómo estamos viviendo esta determinación: si estamos activos y creativos en la misma, o dominados por la rutina, o, más  preocupante aún, si hemos abandonado esta orientación y nos encontramos viviendo a la deriva.
La propuesta de Jesús es para que nos integremos a una manera de vida “convocada” por El mismo y plenamente comprometida con el Reino, con la intención de que en esto hallemos el sentido de toda nuestra existencia, siempre con la referencia al Padre Dios y a todos los hermanos, como elementos “sine qua non” de esta decisión. Esto se plasma en las palabras que dice Jesús a Pedro, en el contexto de la pesca: “No temas, desde ahora serás pescador de hombres”  (Lucas 5: 10), invitación que también implica a todos los discípulos: “Y después de arrimar las barcas a tierra, dejaron todo y lo siguieron” (Lucas 5:11).
Este texto, o sus equivalentes en Mateo, Marcos y Juan, los hemos escuchado y/o leído muchísimas veces, la interpretación dominante se refiere a aquellos-as jóvenes que optan por el ministerio sacerdotal o por la vida consagrada en una congregación religiosa. Está muy bien que muchos y muchas descubran en su vida esta posibilidad vocacional como alternativa para seguir a Jesús y dediquen todo su ser y quehacer al ministerio o a la significación teologal y evangélica propia de los votos religiosos. Anima la Iglesia cada vez que alguien se decide por este estilo de vida.
Pero….. la invitación a ser “pescadores de hombres” es para todos los que se plantean tomar en serio a Jesús y  dejar que su vida esté totalmente comprometida con el reino de Dios y su justicia. Por eso, preguntémonos hoy en oración cómo está nuestro nivel de respuesta a este llamamiento, y si realmente vivimos esto de la pesca, dejando atrás realidades que nos limitan, apegos, prioridades vanas, aspectos que nos dejan ser libres para responder al requerimiento del Señor.
Vistas las cosas desde esta óptica, de lo que se trata es de trabajar como instrumentos para que muchos y muchas encuentren el camino del Reino, para que su vida no se despilfarre en mediocridades , en vaciedades, en idolatrías. “Pescar hombres” es ganarlos para que su vida tenga sentido en la trascendencia a la que Jesús nos llama, con un refuerzo fundamental, El dice a Pedro: “No temas” (Lucas 5: 10), consciente de nuestras reticencias, de nuestros medios, El legitima la invitación con la garantía de su presencia para disipar las inseguridades cuando se nos plantea un camino de esta naturaleza.
Hagamos un discernimiento sobre la manera cómo muchas personas “gastan” su vida, y que sea sin moralismo, sin arrogancia de nuestra parte, sin considerarnos superiores, simplemente con él ánimo de ser trabajadores felices de esta nueva manera de vivir comprometida en la pesca abundante. Vamos a ver cómo las mentalidades dominantes, el ambiente social, algunas prioridades, captan a la gente y la absorben por completo. Esto lo hemos propuesto muchas veces aquí, y lo podemos calificar como aquello que San Ignacio de Loyola llamaba el “vano honor del mundo”.
Hacernos “pescadores de hombres” con el aval de Jesús es ayudarlo a El para que lograr que más y más seres humanos asuman el espíritu de las bienaventuranzas como opción fundamental: en la vida matrimonial, en el ejercicio de la profesión y del trabajo, en la construcción de una sociedad justa, en la investigación científica, en el influír en tantos medios de la sociedad para que lo que allí se decida sea justo y digno para todos, en la vida consagrada al ministerio sacerdotal o a la vivencia gozosa de los votos religiosos, en la participación activa en la dinámica de la Iglesia, en el servicio incondicional a la humanidad, en el trabajo por los derechos humanos y la justicia.
Hagámonos a pregunta : somos conscientes de que Jesús está presente  siempre, dando vida a aquello de “No temas”?  Porque esta manera de vida tiene significado porque procede de El y está legitimada por su presencia constante, infaltable, incondicional.
Qué esperanzador es que se pueda decir de nosotros algo como lo que Pablo dice a los Colosenses en la primera lectura de hoy: “Llevarán así una vida digna del Señor, agradándole en todo, dando como fruto toda clase de buenas obras y creciendo en el conocimiento de Dios” (Colosenses 1: 10). Si vivimos así, con esta dignidad y confianza, muchos y muchas se van a fijar en nosotros y se van a preguntar el por qué de esa manera de vivir, y seremos entonces instrumentos humildes de Dios para hacer posible que otros y otras se sientan también invitados, sin temor, a esta “pesca” de seres humanos para que vivan siempre comprometidos con este proyecto.
Lo sabemos: es definitivamente apasionante y con argumentos suficientísimos para seducirnos.
Y con esto, mantengámonos firmes en esta oración por todas las personas integradas en nuestra LISTA, atendiendo a las condiciones particulares de cada uno –a en su circunstancia actual de vida, y con confianza hagamos en esta mañana nuestro ofertorio al Padre, al Hijo, al Espíritu, para que los bendigan, los cuiden, los animen, los sanen, los estimulen a una vida digna, protegidos con la intercesión de los dos “pescadores” de COMUNITAS MATUTINA: el Padre Arrupe y Monseñor Romero.

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