domingo, 3 de junio de 2012

Biblia y Ecología, por Alejandro Londoño, S.J., La SS. Trinidad: Junio 3 del 2012 PDF Imprimir E-mail

Cuando Jesús resucita, da esta misión a los apóstoles: “Dios me ha dado autoridad plena sobre cielo y tierra. Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos, y bautícenos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he enseñado. Y sepan que yo estoy con ustedes hasta el final de los tiempos” (Evangelio del día: Mt 16-20).
En el mismo evangelista Mateo y en Marcos encontramos una serie de parábolas para aclarar la misión. Los discípulos deben predicar qué es el Reino de Dios y cómo entrar en él. Desde nuestro interés ecológico, en estas parábolas, solemos admirar y valorar el espíritu observador y contemplativo de Jesús. Lucas y Juan, por su parte, con las suyas, refuerzan el espíritu de solidaridad con el prójimo con parábolas más de tipo social.
Cómo desearíamos contar hoy con más personas deseosas de unir Fe, Justicia con los pobres y Ecología. Sin duda existen. Una muestra: Víctor Ferrández y su libro “Comprender y amar la naturaleza” (San Pablo, Madrid, 1996). En él propone este ideal: “Ser ecologista no es más que sacar las consecuencia de nuestra identidad cristiana. Agradecer Dios el don de la creación es convertirnos en defensores del medio ambiente; es denunciar cuanto atenta contra la naturaleza; es combatir los intereses de lucro de muchas grandes empresas que destrozan lo que tocan, contaminando y ensuciado; es proteger y conservar lo que a nuestro alrededor bulle de vida y energía…es tomar conciencia de que mis pequeñas actitudes de cada día contribuyen a perjudicar o embellecer este mundo hermoso que Dios quiere llevar la perfección a través nuestro” (Pag. 9 y 10).
Este libro tiene el mérito de invitar al amor y a la contemplación de la creación, pero a la vez enfrentar temas muy actuales y desde tópicos bien concretos, como el efecto invernadero, la capa de ozono, la contaminación, la lluvia ácida, la deforestación, etc.
Si en tiempo de los apóstoles se hubieran presentado esta problemática ecológica, ¿cómo la hubiera afrontado? Por lo pronto, nos hubiera recordado la responsabilidad de aprovechar bien los Talentos (Mt 25,14-30), la necesidad de la solidaridad, estilo Buen Samaritano (Lc 10,25-37), etc.
Por su parte, Pablo nos recordaría que “Todos los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu de esclavos.. ” (Segunda lectura del día, tomada de Romanos 8,14-27). Por tanto hoy no podemos dejarnos llevar del consumismo, sino luchar por un mundo justo y ecológicamente sostenible.
Dios Padre nos invita a respetar la obra de la creación y conservarla lo mejor posible.
Dios Hijo nos invita a construir el Reino de Dios, predicado por El, formando comunidades donde se respete la vida humana y se ore al Padre en su nombre.
Dios Espíritu Santo nos invita a pedir dones como la sabiduría para saber actuar con responsabilidad frente a la problemática ecoambiental que estamos viviendo.

DIÁLOGOS sobre el Evangelio del Domingo, por José Martínez de Toda, S.J., Domingo de la Trinidad B, 3 junio 2012

Hagan discípulos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mateo 28, 16-20)

Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio… (Se presentan los participantes).
El Evangelio del domingo de hoy es sobre la Trinidad: esa comunidad de tres personas distintas y un solo Dios verdadero. Es una comunidad de amor, modelo de cómo debemos ser también nosotros. Escuchémoslo.

Lectura del santo evangelio según San Mateo (Mateo 28, 16-20)
NARRADOR/A –En aquel tiempo, los Once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
JESÚS – "Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Vayan y hagan discípulos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado. Y sepan que estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo."

Pregunta 1 – Hoy es la fiesta de la Santísima Trinidad. ¿Es importante la Trinidad?
Tan importante que la palabra ‘Trinidad’ se escucha con frecuencia.
- Hay personas que se llaman -Trini-, de Trinidad.
- Hay un país cerca de Venezuela, que se llama Trinidad-Tobago. Son dos islas muy juntas, que llevan esos nombres. En Caracas hay una urbanización con ese nombre también. Seguramente en otros países también.
- Simón Bolívar se llamaba “Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios y Blanco”, y era muy devoto de la Santísima Trinidad.
- S. Ignacio de Loyola era también muy devoto de la Santísima Trinidad. Así aparece en los Ejercicios, en su Diario Espiritual…
La Trinidad siempre ha sido importante en la Iglesia.
Es una característica del cristianismo. Los dioses de las diversas religiones han sido siempre individualistas y personalistas.
Pero Jesús nos revela, como a sus amigos, la comunidad de las tres divinas personas, como a una familia.
La Trinidad es el modelo de vida para la Iglesia y la humanidad.

Pregunta 2 – ¿Es importante a nivel sacramental?
Invocamos amorosamente a la Trinidad en los momentos más importantes: cuando recibimos un Sacramento:
- Cuando nos bautizan o nos confirman.
- En la Misa: al principio, al fin y durante toda ella.
- En la Confesión
- En la boda
- En la ordenación de un diácono o sacerdote; en la consagración de un obispo.
- En la unción de los Enfermos.
- En el bautismo.

Pregunta 3 – ¿Y en la vida ordinaria?
- Al levantarnos hacemos la señal de la cruz, invocando la Trinidad.
- Lo mismo al acostarnos.
- Lo hacemos al bendecir la comida.
- Y, con especial amor, cuando nuestras hijas e hijos nos piden la bendición, y les decimos: “Que Dios te bendiga”, y dibujamos en el aire la cruz con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
- Cuando nos damos un susto, nos santiguamos e invocamos a la Santísima Trinidad. Pero también, cuando recibimos una muy buena noticia: en momentos de gran alegría, o de especial esfuerzo para cumplir con nuestro compromiso cristiano.

Pregunta 4 – ¿Cómo se distinguen entre sí las tres Divinas Personas?
S. Agustín (354-430 d. C.) al principio se sentía confundido por no entender bien el misterio de la Santísima Trinidad.

<Un día andaba paseando en la playa. Y vio a un niño, que jugaba en la arena y que traía agua del mar a un hoyo. Y le preguntó: “¿Qué haces?”. El niño respondió:
- “Quiero echar el agua del mar en este hoyo de arena”. S. Agustín le dijo:
- “Es muy difícil que el agua del inmenso mar quepa en ese hoyo”. El niño respondió:
- “Más difícil es aún que tú entiendas el Misterio de la Santísima Trinidad”.
Ese niño era un ángel del Señor.>

San Agustín entendió así este misterio trinitario: en él hay tres personas y un solo Dios verdadero:
- Un Padre/Madre, que me crea y me regala una maravillosa naturaleza y con quien puedo yo relacionarme como hijo.
- Un Hijo Amado, que me redime. Jesús es Dios en la historia, en la carne, en el servicio fiel del Reino de Dios, en el sufrimiento. Jesús es Dios hecho imagen visible y palpable, lloró con lágrimas como las mías, amó con un corazón como el mío, trabajó con manos como las mías, y sufrió con un cuerpo como el mío. Jesús es más que el retrato de Dios, es la presencia de Dios entre los hombres. Jesús es el centro de la vida de los cristianos, es el amor de nuestra vida; nuestra inspiración, nuestro camino.
- Y el Espíritu Santo, el vínculo de amor, que mantiene unidos a Padre e Hijo. El Espíritu Santo es Dios guiándonos a la fe, limpiándonos del pecado, dándonos plenitud y salvación. Es el huésped del corazón. Él nos hace sentir la presencia amorosa de Dios que nos guía –alentándonos o advirtiéndonos- en la búsqueda constante y en la realización fiel de su voluntad.
- Y nosotros nos hacemos sus hijos adoptivos en el bautismo por la sangre de Cristo; somos hechos a su imagen y semejanza, y entre nosotros somos hermanos.
Así está constituida la gran Familia de Dios. Y nuestra vocación, nuestra misión, consiste en hacernos, cada vez más, hijos de Dios y hermanos entre nosotros.

Pregunta 5 – ¿Cómo se suele representar a las tres divinas Personas?
El mejor cuadro es el del pintor ruso del siglo XV, A. Rublëv, titulado “Trinidad”. En él aparecen tres jóvenes vestidos con túnicas parecidas, que conversan sentados en círculo sobre una mesa de poca altura, donde hay una copa con vino. Representan la armonía y la alegría entre los tres.

Despedida
Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor. Allí conoceremos un poco más a estas tres divinas personas, que son nuestro modelo de convivencia. Ahí nos seguiremos disponiendo para ser más hondamente templos suyos y para vivir esa dichosa vocación unitaria y de comunión con mayor fidelidad.

FIN

Encuentros con la Palabra, por Hermann Rodríguez Osorio, S.J., Solemnidad de la Santísima Trinidad – Ciclo B (Mateo 28, 16-20) – 3 de junio de 2012

“(...) bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”

Andrés Sopeña Monsalve publicó en 1994 un libro llamado: “El florido pensil”, en el que presenta la (des)educación de varias generaciones de españoles de la posguerra en clave nacionalcatólica. Partiendo de los libros de texto de la época, evoca, con una gracia y un humor irresistibles, la escuela cotidiana en la que se formaron muchas generaciones durante la España franquista. Este estilo impregnó la educación en todos los niveles, incluida la formación religiosa.

Dice Andrés Sopeña: “Le temíamos a la clase de catecismo más que a una vara verde. Menos Fernandito y Tordecillas, raro era el que no salía con la cara caliente. Es que no podía ser de otra manera, porque, a ver: Dios es nuestro Padre, que está en el Cielo, ¿no? Y estaba bien; lo decías, y te librabas. Pero después don Simón te preguntaba: «¿Dónde está Dios nuestro Padre?» y tú: «Pues, en el Cielo». Y ¡plas! Tortazo. Que ya no estaba allí, hombre; que ahora era «En todo lugar, por esencia, presencia y potencia», fíjate. Y, de nuevo: «¿Por qué decís que está en los cielos?» y tú: «No, si ya no lo digo; es que me he equivocado» y ¡plas!, otra vez, que había vuelto: «Porque en ellos se manifiesta más particularmente su gloria», aclaraba Fernandito. Como en los dioses, que no me lo había estudiado, pero que lo saqué por matemáticas:
– P.: ¿El Padre es Dios? –le preguntaron a Fernandito, que seguro sabía del padre de quién hablaban...
– R.: Sí, padre; el Padres es Dios –para mí, primera noticia.
– P.: ¿El Hijo es Dios? –ésta era para Tordecillas.
– R.: Sí, padre; el Hijo es Dios.
– P.: ¿El Espíritu Santo es Dios?
– R.: Sí, padre; el Espíritu Santo es Dios –respondió el Ruiz, que ya le había cogido el truco a aquello.
– P.: ¿Son, por ventura, tres dioses?
– Tres, exactamente –respondí yo, que había llevado la cuenta. ¡Y me dio una torta!
Luego resultó que no eran dioses, que eran personas. Y a mí aquello me pareció un misterio. Que había que verlo, que una era un triángulo con un ojo y otra una paloma, no recuerdo si con olivillo o sin olivillo. De la otra, ni te cuento; que en mi enciclopedia unas veces tenía forma de corazón y otras de corderillo; según le pillara el cuerpo, seguramente. Pero, yo, callado. (...)”.

Las preguntas y respuestas del Catecismo del padre Astete facilitaban el aprendizaje memorístico de los conceptos clave, aunque no siempre propiciaban una experiencia que permitiera entrar en contacto con lo que confesamos en nuestra fe. Hoy seguimos sin entender este misterio de la Santísima Trinidad, “tres personas distintas y un solo Dios verdadero”; pero nos preocupamos menos por la repetición de fórmulas y comunicamos la experiencia con la que sinterizó san Agustín ese misterio trinitario: “Aquí tenemos tres cosas: el Amante, el Amado y el Amor"; un Padre Amante, un Hijo Amado y el vínculo que mantiene unidos a los dos, el Espíritu de Amor. En nombre de esta comunidad de amor, que se necesitan en su diferencia y que no se anulan en una uniformidad ni en una individualidad estéril, quiere Jesús que seamos bautizados todos sus discípulos.

Hermann Rodríguez Osorio es sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
Si quieres recibir semanalmente estos “Encuentros con la Palabra”, puedes escribir a  herosj@hotmail.com pidiendo que te incluyan en este grupo

El Mensaje del Domingo, por Gabriel Jaime Pérez, S.J., IX Domingo del Tiempo Ordinario, Santísima Trinidad - Ciclo B - Junio 3 de 2012



En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús se postraron, aunque algunos titubeaban. Entonces Jesús se acercó a ellos y les dijo: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28, 16-20).
Hoy celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad. Las lecturas bíblicas (Deuteronomio 4,32-34.39-40; Romanos 8, 14-17; Mateo 28, 16-20) nos invitan a renovar nuestra fe en el misterio inefable de Dios que se nos ha revelado como el Padre creador del universo, el Hijo salvador de la humanidad y el Espíritu Santo que nos vivifica, nos renueva, nos ilumina, nos une en comunidad y nos hace posible construir relaciones de amor auténtico.

1. El Misterio de Dios
Cuenta San Agustín (354-430 d.C.) que en cierta ocasión, mientras caminaba por la playa, vio a un niño que intentaba vaciar toda el agua del mar en la concha de un caracol, y así pudo comprender que la mente humana, por más esfuerzos que haga, es incapaz de abarcar la infinitud del misterio de Dios. Por eso nuestro lenguaje tiene que recurrir a imágenes y símbolos para expresare de alguna manera este misterio.
El lenguaje bíblico, al intentar describir a Dios -no para definirlo, porque el Infinito es indefinible-, lo hizo con una palabra que en su sentido más completo corresponde a lo que mejor puede caracterizar la experiencia de Dios: “Dios es Amor” (1 Juan 4, 8.16). Ahora bien, si Dios es Amor, tiene que ser plural, pues para que exista el amor tiene que haber alguien que ama, alguien que sea amado y le corresponda también amando, y la relación misma de amor entre ambos. Este es el sentido del misterio: un solo Dios que es pluralidad en la perfecta comunidad de amor, y por lo mismo es unidad en la diversidad de personas.
Es así como Dios Padre se nos revela en su Hijo Jesucristo, que es su Palabra hecha carne por obra del Espíritu Santo. Este mismo Espíritu nos mueve a reconocer el amor de Dios llamándolo Padre (Abba: palabra sirio-caldea que significa Papá y fue empleada por el mismo Jesús para dirigirse a Dios Padre), y nos hace posible corresponderle en el cumplimiento de su voluntad, que es precisamente una voluntad de amor.

2. Los símbolos de la Santísima Trinidad
Muchos símbolos han venido siendo empleados para tratar de expresar el misterio de Dios uno y trino, aunque todos se quedan cortos. El Salmo 33 (32), por ejemplo, propuesto como respuesta a la primera lectura de hoy, habla tanto de la palabra del Señor como del aliento de su boca, imágenes del Hijo y del Espíritu, que con el Padre constituyen un solo Dios.
Uno de esos símbolos es el sol, que es fuente de energía, luz y calor. El Padre es la fuente, el Hijo es la luz que nos revela a Dios Padre y el Espíritu Santo es el fuego que nos ilumina y enciende en nosotros la llama del amor, pero las tres personas en su pluralidad son un solo Dios. Otra imagen es la del triángulo equilátero: tres ángulos o tres lados distintos e iguales, pero una sola figura geométrica. Cada ángulo o cada lado es un elemento de esta figura, y aunque ninguno de ellos es lo que son los otros dos, los tres forman un mismo y único ser. Pero la imagen que más llama la atención es la que usó san Patricio (387-461 d.C.), quien, para presentarles el misterio de Dios a los paganos de Irlanda, señalaba en la hoja del trébol sus tres componentes para indicar el sentido de la fe en la uni-trinidad divina: un solo Dios cuyo ser actúa y se manifiesta pluralmente.

3. Nuestra fe en la Trinidad nos impulsa a la realización de lo que ella significa
"La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con ustedes”, es la frase con la que el apóstol Pablo solía saludar a las comunidades a las que dirigía sus cartas. Este es el origen del saludo con el que comienza la Eucaristía después de la señal de cruz con la cual se invoca a Dios uno y trino, a quien en el himno del Gloria alabamos como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Luego, en la oración anterior a las lecturas, invocamos la mediación de Jesucristo, el Hijo, que vive y reina con el Padre en la unidad del Espíritu Santo. En el Credo proclamamos nuestra fe en la Santísima Trinidad, e inmediatamente antes de la consagración, después de haber alabado al tres veces Santo, le pedimos a Dios Padre que santifique con su Espíritu el pan y el vino para que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de su Hijo Jesucristo. Y al terminar la plegaria eucarística, hacemos el brindis con el que “por Cristo, con Él y en Él”, le reconocemos todo el honor y la gloria a Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo. Finalmente, al terminar la Misa el sacerdote imparte la bendición de Dios uno y trino.
En un libro de meditaciones escrito por el teólogo Joseph Ratzinger -hoy Papa Benedicto XVI-, titulado El Dios de los Cristianos, en su sección subtitulada “Dios es trinitariamente uno”, encontramos la siguiente reflexión que se relaciona con el pasaje del Evangelio de hoy: “¿Cuántas veces hemos hecho la señal de la cruz? Pues bien, otras tantas hemos invocado al Dios trino y uno. Por su sentido originario, esa invocación es renovación bautismal, aceptación de las palabras con las que nos hicimos cristianos y apropiación de lo que, en el bautismo, se infundió en nuestra vida (…). En aquella ocasión se derramó agua sobre nosotros mientras eran pronunciadas las palabras: ‘Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo’ (…)”.
Que esta fiesta de la Santísima Trinidad nos motive no sólo para renovar la expresión de nuestra fe en el misterio insondable de Dios, sino también para reactivar nuestro compromiso bautismal de realizar lo que significa proclamarlo como comunidad perfecta en la unidad y la pluralidad de personas: que precisamente porque hemos sido creados a su imagen y semejanza, también nosotros, empezando por la familia, llamada a seguir el modelo de la unidad trinitaria de Dios, respondamos cada día mejor a la invitación que Dios nos hace a ser una auténtica comunidad de amor.-


Pistas para la Homilía, por Jorge Humberto Peláez S.J., TIEMPO ORDINARIO – DOMINGO IX B Fiesta de la Santísima Trinidad (3-junio-2012)

1. Lecturas:
a. Deuteronomio 4, 32-34. 39-40
b. Carta de san Pablo a los Romanos 8, 14-17
c. Mateo 28, 16-20

2. En este domingo, la liturgia nos invita a contemplar el misterio de la Trinidad. La inteligencia humana es desbordada por la afirmación de la fe: Tres Personas distintas y un solo Dios verdadero. Este Dios, perfecta unidad y comunidad, está presente en todos los momentos de nuestra vida; todas las actividades las llevamos a cabo “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espritu Santo”.

3. Las lecturas de hoy ponen de manifiesto la gradualidad con que se ha llevado a cabo la automanifestación de Dios en la historia:
a. El texto del Deuteronomio recuerda a la comunidad la experiencia religiosa del pueblo de Israel, a través de la cual descubrió a Dios como ser personal, único, trascendente, que se manifestó en la historia de la comunidad.
b. Pablo, en su Carta a los Romanos, nos presenta a Jesucristo como revelador del Padre; somos hijos de Dios y coherederos con Cristo.
c. El texto de Mateo nos relata el mandato evangelizador que el Resucitado da a sus discípulos y a todos los miembros de la comunidad eclesial: “Enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espiritu Santo”.

4. Estos tres textos nos ofrecen una síntesis densa de lo que ha sido la automanifestación de Dios en sus tres momentos centrales: la alianza y la promesa al pueblo elegido; la plenitud de la revelación en Jesucristo; la Iglesia como proclamadora de la Buena Noticia.

5. Los invito a leer con atención el texto del Deuteronomio:
a. Moisés se dirige a la comunidad para recordarle, mediante preguntas, la experiencia religiosa absolutamente única que han vivido ellos y sus padres, la cual los hace diferentes de los demás pueblos.
b. Las culturas antiguas eran politeístas, es decir, adoraban muchos dioses, que estaban asociados con los fenómenos de la naturaleza: el sol, la luna, la lluvia, el rayo, la fecundidad, la serpiente emplumada, etc.
c. Nos narra la Biblia que Dios escogió a Abrahán y selló con él y sus descendientes una alianza que transformó la historia religiosa de la humanidad; el núcleo de esta alianza está sintetizada en las frases: “Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo”.
d. Se abre así el más fascinante escenario, que ningún ser humano se había atrevido a imaginar: Dios quiere automanifestarse a los seres humanos, y lo hará gradualmente a través de los acontecimientos de la historia de un pueblo particular.
e. Así el pueblo de Israel fue descubriendo que Dios es un ser personal (no una fuerza de la naturaleza), único (no existe pluralidad de dioses), trascendente (no está sometido a los límites del espacio y del tiempo), se comunica a través de los acontecimientos históricos (no es alguien distante e indiferente al quehacer humano) y que establece una alianza o pacto de amor exclusivo.
f. En el texto que hemos leído, Moisés recuerda a su comunidad estas experiencias absolutamente únicas: “¿Hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, una cosa tan grande como esta? ¿Se oyó algo semejante? ¿Hubo acaso hechos tan grandes como los que, ante sus propios ojos, hizo por ustedes en Egipto el Señor su Dios?”
g. A pesar de estas experiencias únicas de automanifestación de Dios, el pueblo de Israel tuvo la memoria frágil y con frecuencia se apartó del camino trazado por la alianza, rindió culto a dioses extranjeros y su comportamiento se alejó de los mandamientos.

6. La promesa hecha al pueblo de Israel se hace carne en Jesucristo. Él no es un enviado más que anuncia la salvación; Él es la salvación. En Jesucristo, alcanza su clímax la automanifestación de Dios en la historia. Él es el revelador del Padre; por eso, quien lo ha visto a Él, ha visto al Padre.

7. En el texto de la Carta a los Romanos que hemos escuchado, san Pablo nos invita a tomar conciencia de la enorme trascendencia de lo que ha sucedido; gracias a Jesucristo, hemos conocido que Dios es Padre, es Hijo y es Espíritu Santo, y esta revelación transforma radicalmente nuestro ser, nuestro actuar y nuestro destino. Dejemos que las palabras de san Pablo resuenen en nuestro interior:

a. “No han recibido ustedes un espíritu de esclavos, que los haga temer de nuevo, sino un espíritu de hijos, en virtud del cual podemos llamar Padre a Dios”, con todas las implicaciones de cercanía, ternura, intimidad que supone la relación entre un padre y su hijo.

b. “Y si somos hijos de Dios, somos también herederos de Dios y coherederos con Cristo”. Esta realidad obrada “por Cristo, con Él y en Él” transforma radicalmente el sentido de la existencia humana. El destino de los seres humanos no está manejado como si fuera una marioneta en manos de la Fatalidad; no estamos condenados al absurdo, ni caminamos hacia la destrucción. Estamos llamados a participar de la plenitud de la vida de Dios como sus hijos y herederos.

8. El Espíritu Santo, enviado a la comunidad de los seguidores del Señor el día de Pentecostés, nos motiva a unirnos a esta tarea de anunciar la Buena Noticia del Señor Resucitado. Es la responsabilidad que se nos confía a cada uno de nosotros en la Iglesia: “Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.

9. Que en esta fiesta de la Santísima Trinidad tomemos conciencia de la forma como Dios se ha autocomunicado a través de los acontecimientos de la historia y asumamos el reto de transmitir a otros las realidades que transforman el sentido de la vida y de la historia.

sábado, 2 de junio de 2012

 
Hoy 2 de junio, recordamos con inmenso amor y agradecimiento a NONITA
y a TIO ALVARITO, en los aniversarios décimotercero y octavo de su
Pascua, respectivamente.
 
Sin muchas palabras, con el corazón cargado de afecto y con la certeza
de que ellos gozan de la paz definitiva, nos unimos en oración y en la
común esperanza para bendecir al buen Dios por la vida de estos seres
entrañables.
 
Mañana, 3 de junio, seis meses de la Pascua de Clarita!

domingo, 27 de mayo de 2012

DIÁLOGOS sobre el Evangelio del Domingo, por José Martínez de Toda, S.J., Domingo de Pentecostés ABC, 27 mayo 2012

“Reciban el Espíritu Santo” (Jn 20, 19-23)

Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio… (Se presentan los participantes).
El Evangelio del domingo de hoy cuenta la primera aparición de Jesús resucitado a los Apóstoles. ¿Les echará un regaño por haberlo abandonado en la Pasión? ¿O les traerá algún regalo? Escuchémoslo.

Lectura del santo evangelio según San Juan (Jn 20, 19-23)

NARRADOR/A – Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. En esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
JESÚS – Paz a ustedes.
NARRADOR/A – Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
Jesús repitió:
JESÚS – Paz a ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también les envío yo.
NARRADOR/A – Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
JESÚS – Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos.


Pregunta 1 – Hoy es la fiesta de Pentecostés ¿Qué significa ‘Pentecostés’?
‘Pentecostés’ era la fiesta judía de la cosecha (Levítico 23, 15-21; Deuteronomio 16, 9-12). Era una palabra griega, que significa 50.
Desde el domingo de Resurrección han pasado siete semanas, que son 49 días (7 x 7 = 49). Pentecostés es el día 50º después del domingo de resurrección.
La fiesta de Pentecostés clausura el Tiempo Pascual. Es casi como el “broche de oro” de los 50 días que hemos vivido “con alegría desbordante” por la resurrección de Jesús.
Los cristianos eligieron esta fiesta para celebrar la venida del Espíritu Santo (el don del Resucitado), pues coincide con los 50 días después de Pascua.

Pregunta 2 – ¿Y cómo fue esa venida del Espíritu Santo?
Primero fue anunciada por el mismo Jesús muchas veces.
La primera vez que Jesús les promete a los discípulos el Espíritu Santo fue en la Última Cena. El evangelio de hoy nos lo recuerda, al contar lo que pasó el día de la Resurrección.
El Espíritu Santo llegó en Pentecostés, como se narra en los Hechos de los Apóstoles. (1ª Lectura de hoy)
Estaban los Apóstoles con María, la Madre de Jesús, reunidos en oración, pero con las puertas cerradas por miedo a los judíos.
Y el Espíritu Santo irrumpe con fuerza en aquella sala, llenando de vigor aquellos discípulos amedrentados: hay un gran ruido, hay un viento fuerte, hay lenguas de fuego sobre las cabezas de los Apóstoles. Y Pedro, lleno del Espíritu Santo, subió al balcón de la casa, donde estaban todos reunidos. Habló al gentío, que había venido de diversas partes del mundo a celebrar la Pascua, y todos les entienden, aunque son de lenguas diversas.
Y 5.000 hombres se convirtieron al cristianismo.

Pregunta 3 – ¿Por qué elige Dios los símbolos del viento y el fuego?
El viento es un símbolo muy usado en la Biblia, y está muy bien elegido. El viento remueve todo, es muy activo, se hace sentir. Pero no se le ve. No vemos el aire.
En eso se parece a Dios: sabemos que Dios está ahí, pero no lo vemos.
Pentecostés es viento huracanado que se lleva lo viejo y nos visita con lo nuevo, la vida y la gracia de Dios.
El Espíritu Santo es también como un fuego, que enciende otros fuegos. Da entusiasmo y alegría. El fuego aparece en la Biblia como un símbolo de Dios. Por ejemplo, en la zarza ardiente Dios nos da a conocer su nombre: "Yo soy el que soy" (Éxodo 3,2.6.14).
Pentecostés es fuego que quema lo viejo y nos hace nacer a lo nuevo.

Pregunta 4 – ¿Y cómo está presente el Espíritu Santo?
<Una vez en una clase de catecismo, la catequista preguntó:
- ¿Cómo puede Dios estar presente, si nunca se le ve? Una niña respondió:
- Mi mamá me dice que Dios es como el azúcar, que se echa a la leche o al café. Se disuelve y desaparece aparentemente, pero está ahí.>

Ya lo dijo S. Juan: “A Dios nadie lo ha visto”, pero está ahí de una forma invisible, como el viento.

Pregunta 5 – ¿Cómo llama Jesús al Espíritu Santo?
‘Paráclito’, que en griego puede significar un abogado que lucha a tu favor, o un testigo que testifica por tu bien, o un defensor, un consejero, un consolador e intercesor en un momento de peligro, de duda, de angustia, o sin saber qué hacer.

Pregunta 6 – Y si en la tierra el Espíritu Santo es el encargado de ayudarnos, ¿ya Jesús no nos ayuda desde el cielo?
Jesús continúa actuando como nuestro Paráclito en el cielo. Dice S. Juan: Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo (1 Juan 2:1).
Con el Espíritu Santo, todo se hace más fácil. Como dicen: Es más fácil que pelar mandarina.

Pregunta 7 – ¿Cuándo nació la Iglesia?
Además, Pentecostés es el día del nacimiento de la Iglesia junto con María, Madre de la Iglesia. La Iglesia es esa comunidad de los que creemos en Cristo, y nos sabemos impulsados a llevar el mensaje de amor a todos los pueblos.

Pregunta 8 – ¿Qué nos trae el Espíritu Santo?
Los siete dones del Espíritu Santo son: entendimiento, sabiduría, consejo, ciencia, fortaleza para cumplir el deber, piedad y el santo temor de Dios.
El Espíritu capacita a “caminar en una vida nueva”, la vida propia de resucitados.
Al Espíritu Santo a veces se le llama “el Dios desconocido”. Se le nota por los efectos que produce.
Los frutos del Espíritu Santo son amor para con todos especialmente a los más pobres, entusiasmo, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, solidaridad, amabilidad, dominio de sí, fe, longanimidad, benignidad, gozo, prudencia, paciencia, generosidad, fidelidad, mansedumbre, humildad... (Gálatas 5, 22-23).

El Espíritu es el protagonista silencioso pero eficaz de toda la historia de la salvación. Desde la primera página de la Biblia hasta la última el Espíritu Santo lo llena todo, lo penetra todo, lo invade todo. El Espíritu es el maestro interior, el maestro del corazón.
Especialmente hoy podemos decirle esta oración de bienvenida:
Ven, Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles
y enciende en ellos el fuego de tu amor.
(Ver Invocación de Pagola)

Despedida
Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor. Allí Jesús nos envía el Espíritu Santo, el Espíritu del amor y de la solidaridad.


FIN

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