domingo, 8 de julio de 2012

Encuentros con la Palabra, por Hermann Rodríguez Osorio, S.J., Domingo XIV del tiempo ordinario – Ciclo B (Marcos 6, 1-6) 8 de julio de 2012

“¿Dónde aprendió este tantas cosas?”
Cuando Bogotá era apenas un pequeño villorrio en la extensa sabana verde y fértil que habitaron antiguamente los Muiscas, una joven de una familia muy adinerada decidió ingresar a una comunidad religiosa dedicada a la atención de ancianos y ancianas de escasos recursos. Después de haber hecho su noviciado con las Hermanitas de los pobres, alejada del mundanal ruido, la joven regresó a la ciudad que la había visto crecer y donde su familia era muy conocida en los círculos de la alta sociedad. Al poco tiempo recibió su primer destino; fue enviada a trabajar en un albergue muy pobre, ubicado al sur de la ciudad. Una de las tareas que debía cumplir semanalmente la nueva religiosa, era salir por las calles para pedir limosna, por el amor a Dios, a los transeúntes. Con estas ayudas se sostenía la labor que realizaban en el albergue.
Un sábado por la tarde, la hermanita salió con una compañera para cumplir con el deber de pedir limosna, recorriendo las principales calles de Bogotá. Cuando iban caminando por la carrera séptima, muy concurrida en aquellas épocas, la joven fue reconocida por un grupo de antiguos compañeros de colegio y de parranda. Los muchachos comenzaron a burlarse de las hermanitas. Uno de ellos, liderando el grupo, se adelantó para ofrecer una limosna, pero puso una condición... la joven religiosa debía darle un beso si quería recibir la ayuda para sus viejitos. La monjita, sin dudar un momento, se inclinó ante su antiguo amigo y le besó los pies ante la mirada atónita de los peatones que circulaban por el lugar. Después, erguida, como su dignidad, estiró la mano para recibir la dádiva prometida. El burlador, lleno de vergüenza, tuvo que cumplir lo que había prometido mientras sus compañeros se iban escabullendo con el rabo entre las piernas.
Nunca ha sido fácil predicar en la misma tierra que nos ha visto crecer. El mismo Jesús, cuando regresó a Nazaret comenzó a enseñar en la sinagoga y “la multitud, al oír a Jesús se preguntaba admirada: ¿Dónde aprendió éste tantas cosas? ¿De dónde ha sacado esa sabiduría y los milagros que hace?” Y san Marcos añade: “Por eso no quisieron hacerle caso. Pero Jesús les dijo: –En todas partes se honra a un profeta menos en su propia tierra, entre sus parientes y en su propia casa”. Con razón, a pesar de estar entre los suyos, Jesús “no pudo hacer allí ningún milagro, aparte de poner las manos sobre unos pocos enfermos y sanarlos. Y estaba asombrado porque aquella gente no creía en él”.
Predicar entre las personas conocidas es una tarea muy complicada. Sin embargo, estamos llamados a comenzar nuestra labor misionera por nuestra propia casa. Es allí donde se hace real el anuncio que tenemos que llevar al mundo. Predicar entre desconocidos es muy atractivo y suele brindarnos muchas satisfacciones. Todos lo hemos comprobado cuando vamos a un campamento misión, a una jornada de trabajo donde no nos conocen. Nos sentimos más libres, menos condicionados por nuestra historia personal, más protegidos de nuestro rabo de paja... Y esto hay que hacerlo, no faltaba más; pero comenzar por la propia casa nos ayuda a realizar nuestra labor desde la humildad y la sencillez del que se siente enviado y no dueño de la salvación. Como la hermanita de los pobres, a lo mejor nos toca humillarnos para recibir la respuesta que estamos esperando, porque sabemos que no es para nosotros, sino para el Señor.
Hermann Rodríguez Osorio es sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
Si quieres recibir semanalmente estos “Encuentros con la Palabra”, puedes escribir a  herosj@hotmail.com pidiendo que te incluyan en este grupo

El Mensaje del Domingo, por Gabriel Jaime Pérez, S.J., XIV Domingo del Tiempo Ordinario -B-, Julio 8 de 2012




En aquel tiempo Jesús fue a su propia tierra, y sus discípulos fueron con él. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga. Y muchos oyeron a Jesús, y se preguntaron admirados: -¿Dónde aprendió éste tantas cosas? ¿De dónde ha sacado esa sabiduría y los milagros que hace? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no viven sus hermanas también aquí, entre nosotros? Y no tenían fe en él.
Pero Jesús les dijo: - En todas partes se honra a un profeta, menos en su propia tierra, entre sus parientes y en su propia casa. No pudo hacer allí ningún milagro, aparte de poner las manos sobre unos pocos enfermos y sanarlos. Estaba asombrado porque aquella gente no creía en él. Y recorría las aldeas cercanas, enseñando. (Marcos 6, 1-6).

1. Sólo podemos conocer de verdad a las personas si superamos los prejuicios
Los prejuicios siempre constituyen un muro que impide reconocer la verdad de las personas. Para aquellos paisanos suyos, Jesús no podía ser más que el carpintero -o el hijo del carpintero, el hijo de José, como dicen respectivamente los textos paralelos de Mateo (13, 53-58) y Lucas (4, 16-30)-. Y el Evangelio según san Juan cuenta que uno de quienes iban a ser sus primeros discípulos, Natanael, también llamado Bartolomé, cuando oyó de qué lugar provenía Jesús, antes de conocerlo exclamó: “¿Puede salir algo bueno de Nazaret?”  (Juan 1, 46)
Jesús era conocido también en su tierra como el hijo de María, y en los evangelios se habla de sus hermanos y hermanas. Esto es objeto de polémica entre las diversas interpretaciones cristianas de los textos bíblicos. Los protestantes en su mayoría niegan la virginidad de María, la madre de Jesús, y afirman que éste tuvo hermanos nacidos de ella y de José. Para los ortodoxos el término significa hermanastros o hermanos medios, nacidos de un matrimonio anterior de José, que cuando se casó con María era viudo. En la interpretación de la Iglesia Católica Romana, que proclama la virginidad de María antes, en y después del parto, el término hermanos -en griego adelphoi- se entiende como los primos, pues la palabra correspondiente a este tipo de parentesco no existe en arameo, la lengua en la que originalmente habló Jesús y predicaron los apóstoles, y a partir de la cual fueron escritas las versiones en griego de los evangelios que han llegado hasta nosotros.
Pero, más allá de esta discusión, es significativa la resistencia  muchos de los coterráneos de Jesús a creer en sus enseñanzas y milagros, precisamente porque lo habían visto crecer como miembro de una familia humilde. Es más, el Evangelio según san Juan se refiere a esta actitud de rechazo en un contexto mucho más amplio que el de Nazaret: el de quienes decían creer en el Dios verdadero y no acogieron su Palabra hecha carne en la persona de Jesús: Vino a su propia casa, y los suyos no lo recibieron (Juan 1, 11).

2. No es posible experimentar la acción sanadora de Jesús sin una actitud de fe
La frase de Jesús en el Evangelio de este domingo, con la cual se refiere a sí mismo como un profeta, ha dado origen a un famoso refrán popular: Nadie es profeta en su tierra. Los textos bíblicos aplican el término profeta a la persona llamada por Dios que habla y actúa por inspiración divina, y por eso es capaz no sólo de interpretar el sentido trascendente de las experiencias cotidianas, sino también de predecir los acontecimientos futuros. Con esta última capacidad se suele relacionar más comúnmente el término, pero en el Evangelio su significado es ante todo el primero: profeta es quien que ha sido llamado por Dios para hablar y actuar en su nombre, como en el siglo VI antes de Cristo lo fue por ejemplo Ezequiel, cuya vocación o llamamiento se narra en la primera lectura de este domingo: “Hijo de hombre, te envío donde los israelitas… Te escucharán o no te escucharan, pero sabrán que hay un profeta en medio de ellos” (Ezequiel 2, 2-5).
Jesús es el profeta por excelencia, que no sólo habla en nombre de Dios -a quien se refiere como el Padre-, sino además es Dios mismo hablando en persona. Y como en tiempos de Jesús, también hoy surge la cuestión acerca de qué tipo de formación tuvo durante su infancia y su juventud. Resuena así la pregunta de sus paisanos: ¿Qué sabiduría es esa que le han enseñado? A juzgar por los evangelios, Jesús no parece haber salido de Nazaret antes de cumplir sus 30 años de edad. Sin embargo, algunos estudiosos dicen que fue instruido en la comunidad religiosa de los Esenios, establecida en el desierto cerca de la desembocadura del río Jordán. Otros afirman que incluso estuvo en la India, donde aprendió las doctrinas hindúes y budistas. Todo esto es especulación. Pero lo más importante y que escapa a quienes se encierran en parámetros meramente humanos, es que en Jesús actuaba de manera especial el Espíritu Santo, lo cual iban a reconocer sus primeros discípulos gracias al don de la fe pascual después de su muerte y resurrección.

3. Sólo podemos recibir la fuerza de Cristo cuando reconocemos nuestra debilidad
Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo, dice san Pablo en la segunda lectura (2 Corintios 12, 7-10), refiriéndose a lo que él llama una espina que lleva clavada en su carne, entendida aquí la carne como la condición humana. Pablo no especifica cuál es esa espina. Podría tratarse de un problema inherente a su propia realidad personal, con el que tuvo que enfrentarse constantemente durante su vida y en el ejercicio de su apostolado. Pero lo que sí indica él es que esa debilidad lo lleva a reconocer humildemente la necesidad de la fuerza sanadora y salvadora del Señor, que le dice interiormente: “Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad”.
Esas palabras son también hoy para nosotros. Todos tenemos limitaciones, deficiencias, defectos que forman parte de nuestra debilidad humana. Lo primero que debemos hacer al experimentar esta realidad es reconocer esta misma debilidad, aceptándonos como somos, pero no para destruir nuestra autoestima ni para quedarnos cruzados de brazos sin luchar por un mejoramiento continuo -como se dice hoy con referencia a los sistemas de calidad- sino para poner toda nuestra confianza en el poder del amor de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, con cuya gracia podemos ciertamente superar nuestras deficiencias.-

Pistas para la Homilía, por Jorge Humberto Peláez S.J., TIEMPO ORDINARIO – DOMINGO XIV B (08-julio-2012)

1. Lecturas:
a. Profeta Ezequiel 2, 2-5
b. II Carta de san Pablo a los Corintios 12, 7-10
c. Marcos 6, 1-6

2. Las lecturas de este domingo nos invitan a reflexionar sobre los obstáculos que se presentan al anuncio de la Palabra de Dios:
a. En la primera lectura, se nos narra la misión que Dios confía al profeta Ezequiel: “Yo te envío a los israelitas, a un pueblo rebelde, que se ha sublevado contra mí. A ellos te envío para que les comuniques mis palabras”.
b. El profeta Ezequiel cumplió con su misión profética en unas condiciones difíciles, tal como lo habían vivido los profetas que lo precedieron y los que vendrían después de él. La historia del pueblo elegido siempre estuvo marcada por la tensión entre el Dios de la Alianza que exigía exclusividad y las conductas erráticas del pueblo, que muchas veces regresó a las viejas prácticas idolátricas y se apartó de la Ley del Señor. La relación de exclusividad, que era el núcleo de la alianza (“Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo”) no siempre fue el criterio seguido por la comunidad en sus decisiones.
c. Por su parte, el evangelista Marcos nos describe la fría recepción que encontró Jesús cuando regresó a su tierra por parte de aquellos que lo habían conocido desde la infancia y tenían serios interrogantes sobre su misión; ellos comentaban: “¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas? ¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María?”. Ante el escepticismo de los suyos, Jesús observa: “Todos honran a un profeta, menos los de su tierra, sus parientes y los de su casa”.

3. No pensemos que el profeta Ezequiel y Jesús vivieron situaciones excepcionales de rechazo por parte de algunos sectores. Se trata de una experiencia que afecta a todas aquellas personas que desenmascaran los comportamientos negativos y anuncian la Palabra de Dios en medio de una sociedad que tiene intereses diametralmente opuestos.

4. ¿Cuáles son algunos de los aprendizajes de los que debemos tomar atenta nota para la acción evangelizadora de la Iglesia en nuestros tiempos?
a. En primer lugar, hay que conocer en profundidad la cultura en medio de la cual se proclama la Buena Noticia de la salvación, con sus valores y antivalores, sensibilidades y prejuicios. No es lo mismo anunciar a Jesús en un ambiente campesino que hacerlo en un barrio azotado por las pandillas juveniles.
b. En segundo lugar, la acción evangelizadora de la Iglesia debe leer con atención los signos de los tiempos para pronunciar una palabra oportuna en un mundo en el que los escenarios políticos, económicos y culturales cambian rápidamente. Recordemos que hace unos pocos meses se respiraba una atmósfera de optimismo por el ritmo que llevaba la economía, que se expresaba en robustos indicadores de crecimiento; en este momento, ha cambiado bruscamente el contexto internacional y también se ha visto afectada la gobernabilidad del país. Todo esto impacta las condiciones de vida de los ciudadanos. La acción evangelizadora de la Iglesia debe estar conectada con los hechos cambiantes de la economía y la política; la Palabra de Dios no es un discurso abstracto y atemporal, sino que toca a seres humanos concretos. Es lamentable que muchos sacerdotes pronuncien homilías abstractas, impersonales, como si estuvieran delante de una asamblea de extraterrestres…
c. En tercer lugar, hay que recordar que el vehículo más eficaz de transmisión de la Palabra de salvación es el testimonio de vida de los seguidores de Jesús. El mensaje será creíble en la medida en que los fieles muestren la fuerza transformadora de sus principios y valores. Así lo comprendió la primera comunidad apostólica, que sorprendía a los paganos con su testimonio de amor y solidaridad.
d. En cuarto lugar, la acción evangelizadora de la Iglesia se debe purificar de aquellas palabras y gestos que muestren arrogancia. El servicio sencillo y oportuno desarma todos los prejuicios. La escena del Lavatorio de los pies, en la Última Cena, debería ser fuente de inspiración para todos aquellos que ocupan posiciones destacadas dentro de la comunidad; con su ejemplo, el Maestro nos mostró que el liderazgo se ejerce sirviendo a los hermanos y no ejerciendo el poder.

5. Las lecturas de hoy nos invitan a reflexionar sobre las dificultades que afronta la acción evangelizadora de la Iglesia. Aprendamos las lecciones del pasado: hay que conocer en profundidad la cultura en medio de la cual se proclama la Buena Nueva de Jesús; hay que estar atentos a las cambiantes condiciones de la sociedad para hacer un anuncio pertinente y que tenga sentido; el testimonio de vida es el medio más eficaz para mostrar la validez de una propuesta de vida; hay que dejar a un lado la arrogancia para prestar un servicio sencillo y oportuno.

domingo, 1 de julio de 2012

Biblia y Ecología, por Alejandro Londoño, S.J., Ciclo B, XIII domingo de tiempo ordinario - 01 de julio del 2012.

Hoy las lecturas nos hablan de la Vida. La primera, del  libro de la Sabiduría afirma: “Dios no hizo la muerte, ni goza exterminando a los vivientes. Todo lo creó para que existiera” (Sab. 1,13). En el evangelio de hoy también se destacan los gestos de Jesús, por la vida. Gestos, ante la mujer a la que la sociedad margina y le impide vivir plenamente, y ante la niña de 12 años, a la que retorna a la vida. Marcos no se olvida de mencionar un gesto bien delicado de Jesús, cuando ordenó que a la niña “le dieran de comer” (Mc 5,43).
En un libro de un autor inglés agnóstico apareció una acusación, a primera vista muy original. La culpa de la problemática ecológica actual la hace recaer sobre la religión judeo-cristiana. Sus argumentos no se basan tanto en el nacimiento y ulterior crecimiento del capitalismo en países como Alemania o Inglaterra, cuanto en la orden contenida en el libro del Génesis, de dominad la tierra (Gn 1,27).
La respuesta obvia sería invitar al autor del escrito a leer bien. El Génesis no habla de destruir la tierra, sino de dominar, es decir, imitar al Dominus, al Señor de la Creación. Además se olvidó de un dato muy obvio: antes el enemigo no era el hombre, sino la naturaleza. El rayo, las crecientes de los ríos, los tigres, los leones, las serpientes y hasta un mosquito díptero, tan pequeño como el anofeles, transmisor del  paludismo.
Hoy los papeles se han invertido. El enemigo es el se humano. En especial el hombre capitalista y consumista, el que está destruyendo la naturaleza.
Muchas personas han pasado por la Casa de Encuentros de La Salle en Fusagasugá. De seguro han admirado el lago tan bello que invita al visitante a la oración o al diálogo. Desde los kioskos habrán fijado la vista en las aguas tranquilas, en donde se ven reflejados, como en un espejo, los árboles de la orilla del frente.
Y habrán admirado la cantidad de familias de plantas, que embellecen el entorno del lago. Se cuenta 41 especies distintas de árboles, tales como sauces, nogales, calistemos, citrus, palmas reales y de corozo, entre otros. Y eso sin contar las plantas de adorno, con su variedad de flores.
A eso llamamos “dominar”. Los Hermanos que han realizado este trabajo estaban pensando en nosotros y cumpliendo el mandato del Génesis. También las personas que preparan los alimentos para los ejercitantes, están en realidad dominando la tierra para servicio del hombre.
La semana pasada se realizó la conferencia de la ONU sobre el Desarrollo Sostenible, llamada Río+20, por realizarse 20 años después de aquella de Río 1992. A la primera de estas reuniones asistieron sólo 2 presidentes; a la de Rio 92 casi 100; la actual superó con mucho ese número. Esto muestra la preocupación de todos los pueblos de la tierra por conservar la Naturaleza.
De paso recordemos cómo el documento de Aparecida (n.99g), nos presenta estas motivaciones ecológicas, como un punto que nos puede unir a todas las diferentes confesiones cristianas.
De seguro, a dicha reunión, cada presidente, además de esta inquietud común, trajo sus “agendas ocultas” y muchos ante la situación de los pueblos más pobres, se olvidaron del consejo de Pablo, a propósito de la colecta mencionada en la lectura de hoy: “según un principio de igualdad, la abundancia de ustedes remedie en este momento la pobreza de ellos, para que un día la abundancia de ellos remedie la pobreza de ustedes” (2 Cor 8,14).
Muchos cristianos estuvieron presentes en la Cumbre de los Pueblos, foro alternativo donde se tuvo bien en cuenta este principio paulino de la igualdad. Por eso sus inquietudes sociales afloraron allí y en las mismas calles de la ciudad. En el fondo el tema era la vida, la creación, el modo de tratar con cariño este regalo que Dios nos ha dado.
Con razón un artículo de Ecojesuit, el mismo día 22 de la clausura tituló la diferencia de las dos reuniones, así: ¿Economía Verde o Pintar de Verde la Ecología?, afirmando que “El documento oficial no hace ninguna mención a temas vitales como son la justicia medioambiental, la innovación social…” y que “el texto en su conjunto no será una respuesta válida para la multitud de crisis que enfrentamos”.
Por eso empresas trasnacionales como Pacific Rubiales no dejarán de alabar su trabajo “ecológico”, que en el fondo es acabar con nuestra selva, sacar petróleo u oro, pagar una miseria por nuestros recursos naturales y tal vez disimular los daños.
Preguntémonos ahora para terminal: ¿Cómo valoramos la vida, la creación? ¿Cómo es nuestra preocupación por la vida de nuestros hermanos, en especial, por los más pobres? ¿Cómo se manifiestan estos mismos sentimientos frente al reto de conservar la naturaleza para bien de toda la humanidad?

DIÁLOGOS sobre el Evangelio del Domingo, por José Martínez de Toda, S.J., Domingo 13B TO Hemorroísa, 01 de julio de 2012

“¡Niña, levántate!” (Mc 5, 21-43)
( martodaj@gmail.com)

Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio… (Se presentan los participantes).
El Evangelio del domingo de hoy es una nueva revelación del amor cercano y compasivo de Dios presente en Jesús y un modelo transformador de cómo tratar a mujeres enfermas y marginadas. Escuchémoslo.

Lectura del santo evangelio según San Marcos (Marcos 5, 21-43)

NARRADOR/AEn aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia:
JAIRO"Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva".
NARRADOR/AJesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba.
Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido una fuerza de él, se volvió enseguida, en medio de la gente, preguntando:
JESÚS"¿Quién me ha tocado el manto?"
NARRADOR/ALos discípulos le contestaron:
DISCÍPULO"Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: "¿Quién me ha tocado?"
NARRADOR/AÉl seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo:
JESÚS"Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud".
NARRADOR/ATodavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle:
FAMILIAR"Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?".
NARRADOR/AJesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga:
JESÚS"No temas, basta que tengas fe".
NARRADOR/ANo permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo:
JESÚS"¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida".
NARRADOR/ASe reían de él. Pero él los echó fuera a todos y , con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo:
JESÚS"Talitha qumi".
NARRADOR/A: Que significa: “Contigo hablo, niña, levántate". La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y le dijo que dieran de comer a la niña.


Pregunta 1 –  ¿Por qué busca la gente a  Jesús?
En el evangelio de hoy hay dos personas que buscan desesperadamente a Jesús para conseguir la salud corporal.
Jairo es influyente y tiene dinero. Es uno de los líderes de la sinagoga (v. 22). Guía la oración en la sinagoga, pero además está a cargo de las instalaciones, de la seguridad de las volutas, de la selección y supervisión de los que guían la oración y de la administración general de la sinagoga.  Jairo es una persona que cuenta.
Jairo se arrodilló delante de Jesús, y le ha suplicado que vaya con él a ver a su hija, que se está muriendo, y le ponga las manos.
El tocar a la niña muerta va en contra de la Torá, que declara impuro hasta la noche (Levítico 11:39), o por siete días (Números 19:11), a quien toque un cuerpo muerto. Tal persona debe permanecer fuera del campamento (Números 5:2-3).
Jairo y Jesús caminan rápido, seguidos por la multitud.
De pronto Jesús se detiene y vuelve la vista atrás inquisitivo, mirando a cada uno de los que le siguen, como buscando algo. Jairo se pone nervioso:
No hay tiempo que perder, Jesús. Mi hija se muere. Apúrese. ¿Qué busca?”
La hemorroísa había tocado la túnica de Jesús, e inmediatamente “la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote” (v. 29). Al mismo tiempo Jesús se da cuenta de que una fuerza ha salido de él, y pregunta, “¿Quién ha tocado mi vestido?” (v. 30).
Los discípulos se miran extrañados, pues los apretujones de la multitud eran frecuentes. Pero la mujer se adelanta, cae ante Jesús y le dice toda la verdad (v. 33).  Y Jesús le dice: “Hija, tu fe te ha salvado: vete en paz, y queda sana de tu azote” (v. 34).

Pregunta 2 –  ¿Por qué llama Jesús ‘hija’ a la hemorroísa?
Es la única vez que Jesús llama ‘hija’ a alguien en el evangelio.
La palabra “hija” puede sonarnos como algo demasiado paternal para nosotros del siglo XXI. Pero en la época de Jesús era una manera normal de hablar.  El uso de esa palabra refleja un cariño y una aceptación, que esta mujer no habrá sentido de hace tiempo.
Jesús la llama "hija", la declara familia de Dios, y la alaba por su fe que es la que ha producido el milagro. Ella se sentiría muy feliz, no sólo por ser curada, sino también por ser tratada con tanto cariño. El enfermo necesita medicinas, pero también mucho cariño.
Jesús da todo su tiempo a la hemorroísa, que se lo merece igual que Jairo. Ni rehúsa a Jairo por su dinero y nivel social, ni ignora a la mujer por su pobreza y marginalización.

Pregunta 3 –  ¿Quién era la hemorroísa?
No conocemos su nombre. Es una mujer insignificante, perdida en medio del gentío que sigue a Jesús.
Ella es «impura», según la Ley, pues tiene pérdidas de sangre (Levítico 15, 19-30). Ella ensucia hasta la cama en la que duerme y la silla en que se sienta, y éstas después transmiten su impureza al que las toque (Lev. 15:25-30).  Y no podía tocar nada. Esta mujer era marginada y excluida. Tampoco podía encontrar trabajo, ni siquiera como sirvienta doméstica.
Aquella mujer enferma ha escuchado a Jesús. Se da cuenta de que Él no habla de impureza ni de indignidad. Él sólo habla de amor e irradia fuerza curadora. Ella intuye que Él puede arrancar la «impureza» de su cuerpo y de su vida entera.
A la hemorroísa sólo le queda Jesús. Todos los demás remedios han fracasado.
Pero no se atreve a hablar con Jesús como lo hace Jairo, el jefe de la sinagoga.
Ni siquiera se siente con fuerzas para mirarle a los ojos. Por eso ella se acercará por detrás. Le da vergüenza hablarle de su enfermedad: actuará calladamente. No puede tocarlo físicamente: le tocará solo el manto. La hemorroísa cree que con solo tocar el vestido de Jesús se curará (v. 28). Y tocando a Jesús, quedó curada.

Pregunta 3 –  ¿Y cómo cura a la hija de Jairo?
En esto llegan de casa del jefe de la sinagoga para decirle:
"Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?".
Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga:
"No temas, basta que tengas fe".
Jairo y Jesús vieron que el rito de los muertos ya había empezado: mujeres que gritan y lamentan de manera profesional, que gimen y lloran, se baten el pecho, se tiran del pelo, y rasgan sus prendas; flautas, que  tocan canciones de lamentación.
Todos se ríen cuando Jesús dice que la niña sólo está dormida.
Pero Jesús le dice a la niña: “Talitha qumi” (“Muchacha, a ti te digo, levántate).” “Talitha qumi” es arameo, una lengua semítica relacionada con el hebreo.  “Entre los judíos, el arameo era utilizado por la gente común, mientras que el hebreo permanecía siendo el lenguaje de la religión, del gobierno y de la clase alta” (Encyclopedia Britannica 2003, “Arameo”).  Marcos traduce “Talitha qumi” al griego para los cristianos gentiles de la temprana iglesia, que quizá no sabían arameo.

Pregunta 4 –  ¿Qué lecciones sacamos de este evangelio?
-          Importancia de la fe. La fe es un componente imprescindible de estas dos historias.
La hemorroísa era una mujer con mucha fe en Jesús. YJesús se lo reconoce:
-“Hija, tu fe te ha salvado”.
A su vez,  Jairo está convencido de que Jesús curará a su hija simplemente con tocarla (v. 23). Y cuando Jairo oye que su hija ya está muerta, Jesús le dice, “No temas, cree solamente” (v. 36), y resucita a la niña.
-Cariño de Jesús, que llama a la hemorroísa ‘hija’. Jesús se preocupa por las necesidades de los demás, es solidario, nos impulsa a vivir atentos a los demás.
Hay mucha gente que vive en circunstancias parecidas. Se siente humillada por heridas secretas que nadie conoce, buscan ayuda, paz y consuelo. Se sienten culpables cuando muchas veces solo son víctimas.
Para expresar el amor y la aceptación de la otra persona, mejor que cualquier discurso, es el tocar y el abrazar. El abrazar a una persona es muy saludable. Eso recomiendan a los padres: que abracen a sus hijos.
-Jesús atiende nuestras necesidades, sin hacer diferencias entre ricos y pobres, entre hombres y mujeres. Atiende a mujeres enfermas, despreciadas…
En la balanza de Dios no existe diferencia de sexos. Hombre y mujer valen lo mismo. El evangelio reivindica la igualdad fundamental de la mujer respecto al hombre y la igual dignidad de ambos ante Dios (Gálatas 3, 28).

Despedida
Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor. Toda ella es un estímulo a que nos preocupemos por los demás a nuestro nivel, siguiendo el ejemplo de Jesús.

FIN

Encuentros con la Palabra, por Hermann Rodríguez Osorio, S.J., Domingo XIII del tiempo ordinario – Ciclo B (Marcos 5, 21-43) 01 de julio de 2012

“Tan solo con que llegue a tocar su capa, quedaré sana”
Las situaciones de dolor en las que muchas veces nos vemos envueltos, nos obligan a buscar salidas desesperadas que no se pueden entender desde circunstancias de tranquilidad y paz. Solamente cuando se ha estado desesperado, se entienden ciertas formas de reaccionar que es muy fácil juzgar desde fuera. Una cosa es ver los toros desde la barrera, y otra muy distinta, sentir el aguijón de la desesperación clavado en nuestra carne. Saber esto nos puede ayudar comprender a muchas personas que nos parece que han perdido el juicio y que buscan soluciones donde no las hay.
Un buen amigo mío, sufrió en un momento de su vida una enfermedad muy complicada y dolorosa. El es una persona que podríamos calificar como ‘ilustrada’, porque ha bebido de las fuentes del saber desde muy joven y se ha formado en las mejores universidades de Colombia y Francia. Resulta que estaba pasando por uno de esos momentos críticos que tenía su dolencia y tenía un dolor de hígado muy fuerte. Lo vi, con estos ojos que se comerán los gusanos, acostado en su cama, sosteniendo el polo positivo de una pila contra su hígado, mientras sostenía otra pila, con su polo negativo entre la boca. Un bioenergético le había dicho que el dolor de hígado que tenía se debía a un desequilibrio en la energía de su cuerpo, producido por unas amalgamas que tenía en sus muelas. Y como digo, no es una persona ignorante o mal formada. Lo último que querría sería juzgar a este amigo por semejante situación. Lo que quiero resaltar es que hay momentos en la vida en los que no vemos otras alternativas y nos agarramos a cualquier cosa que nos brinde alguna esperanza de salvación, aunque a los ojos de los demás parezcan cosas insensatas y absurdas. Seguramente conocemos a muchas personas que han despilfarrado fortunas enteras, tratando de solucionar algún problema de salud propio o de algún ser querido. Le han creído a alguien que les ha brindado una chispa de esperanza, cuando los médicos tradicionales la han perdido totalmente y habían dejado de luchar por la vida. Otras personas, han ayudando a seres queridos a salir de una situación de dependencia, ya sea del alcohol o de la droga y para eso han tenido que hacer grandes sacrificios, incomprensibles para quienes no estamos metidos en la situación.
La mujer que nos presente hoy el evangelio, en medio de la escena de la curación de la hija de Jairo, padecía una enfermedad que los médicos de hoy calificarían de ‘crónica’: “(...) desde hacía doce años estaba enferma, con derrames de sangre. Había sufrido mucho a manos de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, sin que le hubiera servido de nada. Al contrario, iba de mal en peor. Cuando oyó hablar de Jesús, esta mujer se le acercó por detrás, entre la gente, y le tocó la capa. Porque pensaba, ‘Tan sólo con que llegue a tocar su capa, quedaré sana”. Efectivamente, cuenta el evangelio que “Al momento, el derrame de sangre se detuvo, sintió en el cuerpo que ya estaba curada de su enfermedad”. Llama la atención la reacción del Señor que, “dándose cuenta de que había salido poder de él, se volvió a mirar a la gente, y preguntó: – ¿Quién me ha tocado la capa? Sus discípulos le dijeron: – Ves que la gente te oprime por todos lados, y preguntas ‘¿Quién me ha tocado?’ Pero Jesús seguía mirando a sus alrededor, para ver quién lo había tocado. Entonces la mujer, temblando de miedo y sabiendo lo que le había pasado, fue y se arrodilló delante de él, y le contó toda la verdad”. Diríamos que esta mujer representa un caso extremo de desesperación, como los que hemos mencionado al comienzo. Pone su confianza en algo que no parece sensato. ¿Cómo puede pensar que con tocar la capa de un profeta, por muy importante que éste sea, va a curarse de una enfermedad crónica como la suya? Ella creyó. Y allí está su fuerza. Jesús lo confirma cuando le dice: “– Hija, por tu fe has sido sanada. Vete tranquila y curada ya de tu enfermedad”. Pidamos al Señor que sepamos vivir una fe como la de esta mujer del evangelio. Que luchemos por nuestros sueños con su insistencia y tenacidad. Pero que no desperdiciemos nuestra fe en curanderos y brujas de mala muerte, ni nos dejemos engañar por tanto encantador de serpientes que deambula por este mundo, sino que pongamos nuestra fe en el único que puede salvarnos, efectivamente, y darnos una salud eterna.

Hermann Rodríguez Osorio es sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
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