En el trajín de la gran ciudad: transmilenio, medios de comunicación que nos saturan, preocupaciones personales, la dura realidad que a menuda nos abruma, cabe esta pregunta: ¿hundo la cabeza en la arena como el avestruz para evadir? ¿qué hago?
sábado, 15 de diciembre de 2012
domingo, 9 de diciembre de 2012
COMUNITAS MATUTINA DOMINGO 9 DE DICIEMBRE II DE ADVIENTO
Lecturas
1. Baruc 5: 1-9
2. Salmo 125: 1-6
3. Filipenses 1: 4-6 y 8-11
4. Lucas 3: 1:6
Còmo eran las situaciones que
afectaban a los israelitas en los
tiempos bíblicos? Còmo son las que afectan a tantos pueblos del mundo en
nuestra época? Al responder la doble cuestión podremos percibir en ambas las
muchas maneras de fragilidad, de pobreza, de desencanto, de sufrimiento, pero
también de cultivo de la esperanza en una realidad desbordante en la que unos y
otros encuentran el pleno sentido de la vida.
El texto de Baruc nos conecta con
algo de esto. Fue escrito durante el exilio de Israel, desplazamiento forzado
muy similar al que maltrata a tantas comunidades en nuestros días. El mensaje
de este profeta invita a mantener una firme confianza en la bondad de Dios, a
pesar de las dificultades del mismo exilio y de la imposición cultural a la que
se querìa someter a los israelitas en Babilonia.
Lleguemos al siglo XX y preguntémonos
còmo ser consuelo, motivo de esperanza, garantía de dignidad a los desplazados
de ahora, en Colombia, en Africa, en los lugares azotados por la guerra y por
el ensañamiento de unos seres humanos contra otros. Còmo poder decir con propiedad: “Jerusalem,
deja tu vestido de luto y de miseria, y vístete de fiesta con la gloria que
Dios te concede” (Baruc 5: 1), o
: “Levàntate,
Jerusalem, colócate en lo alto y mira hacia oriente; ahì están tus hijos
convocados desde donde sale el sol hasta el ocaso, por la palabra del Santos,
alegres porque Dios se ha acordado de ellos. Salieron de tì a pie, conducidos
por el enemigo, pero Dios te los devuelve con honor, transportados como en un
trono de rey” (Baruc 5: 5-6).
La esperanza cristiana que tiene su
consumación màs allà de la historia, una vez pasemos la frontera de la muerte,
se anticipa en esta vida y el mismo Dios nos convoca a realizar ahora signos de
plenitud, manifestaciones de su justicia, avances en materia de dignidad para
todos estos hermanos. Parecerà fatigante la continua insistencia en estos
asuntos de equidad, inclusión, restauración de la dignidad humana, pero sucede
que son tan notorios, tan desafortunadamente frecuentes, que nuestro interés
por Dios de modo imperativo nos remite al interés por el ser humano. Que sea
este Adviento 2012 una temporada para considerar seriamente estos retos que el
Señor y la realidad nos proponen.
La invitación es a que seamos
trabajadores a favor de una mejor humanidad, construyendo condiciones de
sentido de la vida, ámbitos para el ejercicio de la esperanza, diciendo con el
salmo 125: “Cuando el Señor cambiò la suerte de Siòn, nos parecía un sueño; la
boca se nos llenaba de risas, la lengua de canciones” (Salmo 125: 1-2).
En nuestros proyectos de vida hemos incluìdo con seriedad esta pasión por
generar seres humanos felices, dignos, reivindicados? O es para nosotros
asignatura pendiente?
San Pablo, siempre preocupado e
interesado por las comunidades de cristianos que han surgido gracias a su
apostolado, dice a los filipenses y a nosotros: “Asì sabrán discernir lo que màs
convenga , y el dìa en que Dios se manifieste los encontrarà limpios y sin
culpa, colmados del fruto de la salvación que se logra por Jesucristo, para
gloria y alabanza de Dios” (Filipenses 1: 10-11).
Lo anterior tiene que ver con la
preparación que se nos inculca en Adviento, el ordenamiento de nuestro corazón,
la purificación con todo lo que mancha e intoxica nuestro ser, la ruptura con
los apegos que nos alejan de Dios y de los hermanos, los intereses egoístas,
una lectura libre de nuestra vida, a partir de Dios, para distinguir en ella lo
que es justo y digno para dejarlo, de lo que es pecaminoso, indebido, ajeno al
Evangelio, para prescindir libremente y dejar todo lo nuestro debidamente
dispuesto para que el amor de Dios nos
sature hasta lo màs ìntimo de nosotros mismos.
La preocupación debe ser que este
Adviento no pase como una temporada màs, llena de afanes y de urgencias, sin
espacio para lo esencial. Para esto dejémonos conmover por la palabra vigorosa,
severa, exigente, de Juan el Bautista, que confrontò a sus contemporáneos “por
toda la región del Jordàn predicando un
bautismo de conversión para el perdón de los pecados” (Lucas 3:
3), y ejerció su ministerio “como
està escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaìas: voz del que grita
en el desierto: preparen el camino del Señor, nivelen sus senderos; todo
barranco será rellenado y toda montaña será rebajada; los caminos torcidos se
enderezaràn y los desnivelados se rectificaràn. Y todos verán la salvación de
Dios” (Lucas 3: 4-6).
Al Bautista le inquietaba muchísimo
la profunda inautenticidad de la religión de su contexto, y también de sus
dirigentes. El culto formal, los ritos externos, sin conversión del corazón a
Dios; la vida deshonesta, la poca o nula pràctica de la misericordia, la
soberbia de sacerdotes y maestros de la ley, y por eso, movido por el Espìritu
se marcha al desierto para iniciar un movimiento de cambio, un rumbo
genuinamente teologal, la apuesta por una vida limpia y sincera. Sus palabras y
su estilo son fuertes, retadores, y su invitación es a llevar una vida
responsable, empeñada en que sea Dios el fundamento de toda intención, de toda
motivación, de toda conducta.
Què nos dice este personaje a
nosotros hoy? Un fanático fuera de lugar? O un hombre de Dios apasionado por la
rectitud de la conciencia y del adoptar sin rodeos el talante de la coherencia?
Es nuestra pràctica religiosa una conducta estereotipada, convencional, sin
contenido existencial? O hay un movimiento en nosotros que nos lleve a la
autocrìtica exigente y a la limpieza de todo nuestro ser?
Sigamos trabajando en todo esto.
Antonio Josè Sarmiento Nova,S.J.
Alejandro Romero Sarmiento
domingo, 2 de diciembre de 2012
COMUNITAS MATUTINA DOMINGO 2 DE DICIEMBRE I DOMINGO DE ADVIENTO
Lecturas
1. Jeremías 33: 14-16
2. Salmo 24: 4-10 y 14
3. 1 Tesalonicenses 3: 12 a
4:2
4. Lucas 21: 25-28 y 34-36
Tomemos en serio este Adviento 2012, y dejemos que Dios y la vida
nos cubran con sus abrazos de esperanza y de los mayores ideales de
felicidad. Esto debe ir de la mano con
un gran realismo, los humanos nos desgastamos en esto de tener ilusiones, y
puede suceder que estas desaparezcan de nosotros y el vivir se nos convierta en
una rutina vacía de contenidos esperanzadores. El hacernos conscientes de esto
no nos exime del compromiso de superar la crisis, el desencanto, y de buscar
las mejores razones para creer y esperar.
El profeta Jeremías nos alienta a
esto cuando dice: “En aquellos días y en aquella sazón haré brotar para David un germen
justo, que practicará el derecho y la justicia en la tierra” (Jeremías
33: 15). Abrámonos a la seducción del Espíritu, que El entre en todo lo nuestro
mirando con atención lo que está maltratado para recuperarlo, que el pesimismo
dé el paso a la ilusión de vivir, que nos hagamos solidarios de aquellos a
quienes estos ideales se les han menoscabado, y que nos apasionemos por este
futuro germinal, inminente, gozoso, liberador, que tiene su origen en Dios.
Como estamos también concluyendo el
año, es el momento de hacer balances, valoraciones de lo vivido en 2012,
revisión de lo que pasó mal, de lo que está afectado negativamente, siempre con
el empeño de replantear, de re-significar, de recuperar el maravilloso encanto
de la vida. Encontrémonos con este Dios constructor de bienaventuranza, y
sintamos su presencia sanadora y consoladora para que nuestra historia se
beneficie de Aquel que viene para ser todo sentido y esperanza en nosotros.
El ser humano, innato buscador de
felicidad, hace de su historia un esfuerzo constante y creciente para encontrar
respuesta a su insaciable deseo de hallar razón fundamental para construír una
existencia plena, realizada, cabal, integrada. Unas veces acierta, otras falla,
pero el dinamismo siempre está presente. En el corazón amoroso de nuestro Dios
está el compromiso por encauzar esta búsqueda y por ofrecernos en nuestra
propia historia, y más allá de ella, la mejor alternativa para que cada relato
humano corone estas aspiraciones. Hagamos oración sobre esto para comenzar el
Adviento en esta tónica ilusionada: “De ese modo, se consolidarán sus corazones
con santidad irreprochable ante Dios, nuestro Padre, de cara a la venida de
Nuestro Señor Jesucristo, con todos sus santos” (1 Tesalonicenses 3:
13).
Viene el vaivén de la sociedad de
consumo, el acoso de la publicidad, las fiestas y despedidas en empresas y
oficinas, la vida de la ciudad se complica por encima de lo que de suyo ya es
difícil , y se desarrollan una ansiedad y unos afanes tales que parecería ser
el fin del mundo. Pongámonos alerta ante esto para no hipotecarnos a estos
estilos que poco tienen que ver con la ecología interior, con la
espiritualidad, con el deseo de Dios, y salgamos al paso de esto propiciando discreción,
encuentro familiar sereno, vuelta a los amigos, acompañamiento a los solitarios
y abandonados, contemplación del apasionante Misterio que viene para nuestra
plenitud.
Que nuestra capacidad de discernir e
interpretar los signos de los tiempos nos ponga , como creyentes, en
disposición de detectar las evidencias de Dios, de leer saludablemente nuestra
realidad, de no conformarnos con lo que en ella es injusto y lesivo de la
dignidad humana, y de inscribirnos en las mejores causas de libertad, de paz,
de justicia, de solidaridad. Esta es la vigilancia genuina que nos dispone para
acoger al que es la plena libertad, el pleno amor , la plena salvación.
El texto de Lucas nos invita a
cultivar esta actitud de preparación, de cuidadosa y feliz espera, sin dejarnos
llevar por fanatismos, en el estilo sobrio que se deduce del Evangelio:”Cuando
empiecen a suceder estas cosas, cobren ánimo y levanten la cabeza, porque se
acerca su liberación” (Lucas 21: 28), y
“Cuiden de que no se emboten sus corazones por el libertinaje, la embriaguez y las
preocupaciones de la vida……. Estén en vela, pues, orando en todo tiempo, para
que tengan fuerza y puedan mantenerse en pie delante del Hijo del hombre” (Lucas
21: 34.36).
Así, las cosas, caben algunas
preguntas que nos pueden ayudar a cultivar la esperanza, la revisión juiciosa
de nuestra vida, y la felicidad de sentirnos como actores de esta historia del
amor de Dios:
-
Me encuentro muy afanado-a por preocupaciones que son
urgentes, apremiantes, pero no esenciales?
-
Me invaden con frecuencia la ansiedad y el “desespero” por
hacer muchas cosas sin encontrar reposo y espacio para el silencio creador?
-
Me siento capaz de vivir este Adviento, y la cercana Navidad,
en una lógica de comunión y participación, de oración discreta, de atención a
las señales de Dios en mi vida?
-
Soy portador-a de esperanza y de sentido para otras personas
o, más bien (o más mal?), soy causa de sufrimiento, vacío, angustia, para
otros-as?
Vamos a recordar también con cariño a
quienes nos han precedido en el signo de
la fe:
-
Clarita Sarmiento Nova (este lunes 3 de diciembre celebramos
el primer año de su Pascua)
-
Gerardo Arango Puerta,S.J.
-
Pedro Ortiz Valdivieso,S.J.
-
Magdalena Lamus Cuesto
-
Ana María Hidalgo Jaramillo
-
Jorge Hernán López
-
Luis Alfonso Ramírez Chaux,S.J.
-
Jaime Martínez
-
Sergio Montenegro Botero
-
José Abel Zuluaga López,S.J.
-
Miguel Restrepo
Restrepo,S.J.
-
Elvira Pachón de Gómez
Y todos aquellos y aquellas que hacen
parte de nuestros afectos más profundos, llamados ya por Dios a su plenitud. Su
memoria nos estimula a ser mejores seres humanos y a perseverar en la común
esperanza.
Antonio José Sarmiento Nova,S.J.
Alejandro Romero Sarmiento
domingo, 25 de noviembre de 2012
COMUNITAS MATUTINA DOMINGO 25 DE NOVIEMBRE SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO
Lecturas
1. Daniel 7: 13-14
2. Salmo 92: 1-5
3. Apocalipsis 1: 5-8
4. Juan 18: 33-37
Con este domingo concluye el año
litúrgico (el próximo ya es primero de adviento, preparación a la Navidad).
Esto del año litúrgico, valga la pena recordarlo, no es una simple formalidad
eclesiástica, tiene un sentido profundo y es proponer a lo largo del año las grandes etapas de lo que
llamamos historia de salvación, la intervención liberadora de Dios en la
realidad del ser humano para llevarlo a su plenitud trascendente.
Antes de entrar en la materia propia
de hoy, veamos un sencillo esquema del año:
1. Adviento, tiempo de
esperanza y preparación para la venida de Aquel que viene enviado por Dios para
ser nuestro salvador y liberador.
2. Navidad, el Mesías ya está
entre nosotros, se ha insertado en la realidad humana, en nuestra carne e
historia.
3. Tiempo ordinario, ocupa la
mayoría del año. Una primera parte tiene lugar después de Navidad hasta
Cuaresma; una segunda parte después de Pascua hasta Adviento. Es la
cotidianidad asumida por Dios y vivida por nosotros como el tiempo en el que El
interviene como sólo lo sabe hacer: salvando y liberando.
4. Cuaresma, tiempo de
revisión profunda de la vida, de hondos cuestionamientos, de disposiciones para
la conversión, de preparación para la Pascua. Nos pone frente al drama de
Jesús, perseguido, humillado, ofendido, juzgado, crucificado, muerto por la
ignominia del pecado.
5. Pascua, el Crucificado es
ahora el Resucitado! Dios ha legitimado
toda su historia, incluída su dolorosa cruz, poniéndolo a su diestra como Señor
de la historia.
Las lecturas que se proclaman en la
Eucaristía son escogidas con ese mismo criterio, lo propio de cada tiempo y el
sentido pleno del acontecimiento de Jesucristo. En el domingo hay una lectura
del Antiguo Testamento, el salmo, otra del Nuevo Testamento y, siempre, como es
lógico, el relato evangélico. Todo tiene una conexión y si lo examinamos en su
totalidad podremos apreciar la coherencia general de todo el año.
Y ahora sí vamos a lo de hoy. En
Jesús , Dios Padre se ha pronunciado decisivamente sobre el sentido de la
historia de la humanidad y nos lo ha puesto a El mismo como sentido y plenitud.
A esto se refieren todos los escritos del Nuevo Testamento y esta es la
realidad que da coherencia y unidad a todas las comunidades del cristianismo
primitivo que dan origen a estos escritos, y es lo que se transmite a la
iglesia de todos los tiempos para mantener vigente esa totalidad de sentido.
Si comparamos a Jesús con los
poderosos de este mundo: Alejandro Magno, Ciro, rey de Persia, Carlomagno,
Carlos V, Luis XIV,Napoléon, Bolívar, Washington, Hitler, Mussolini, Somoza,
los dictadores militares latinoamericanos, Amin Dada, etc., qué encontramos? En
unos probablemente hubo justicia y rectitud en el manejo del poder, en los más,
arbitrariedades, opresión, autoritarismo, tiranía, sojuzgamiento violento del
pueblo y en definitiva concluímos que ni el poder ni los poderosos salvan ni son portadores de un sentido trascendente
para el ser humano y para su historia.
En un determinado momento son
acatados, temidos, reverenciados, pero pasan, son efímeros, no trascienden, no
constituyen una alternativa de significado pleno para la humanidad. En cambio
sólo el amor es digno de fe. La manera como los israelitas entienden y viven a
Dios es en su realidad concreta, en las experiencias cotidianas, y lo perciben
fiel, amoroso, comprometido, en medio del pueblo. Los profetas bíblicos tienen
como misión anunciar a este Dios y denunciar lo que no está de acuerdo con sus
determinaciones de justicia, de misericordia, de amor.
Los cristianos primitivos, personas
sencillas, pescadores, agricultores, seducidos por Jesús y por el Dios que El
les presenta, encuentran a hora a una Padre totalmente volcado a la felicidad
del ser humano, particularmente misericordioso con el pecador hasta el punto de
reintegrarlo plenamente a la vida, solidario con los pobres y miserables,
cercano, cálido, Dios de todas las horas, que se hace humanidad en la historia
de Jesús, que no tiene nada de rey ni de poderoso señor de este mundo.
La profecía de Daniel – primera
lectura de este domingo – lo vislumbra así: “su dominio es eterno y no pasa,
su reino no tendrá fin” (Daniel 7: 14). Su eternidad no le viene de ser
de estirpe imperial sino de ser la evidencia con la que Dios apuesta para
siempre por la felicidad humana, de tal manera que ninguna realidad de este
mundo puede impedir que se realice esta intencionalidad liberadora de nuestro
Dios.
Recordemos, por ejemplo, a aquellos
hombres y mujeres que, en nombre de su fe en Jesucristo, han sorteado
situaciones de extrema dificultad, persecuciones, cárcel, torturas,
humillaciones de todo tipo, pérdida de sus derechos, muerte martirial, y
constatemos la reciedumbre de su
actitud. Es claro que esto no puede provenir de una motivación humana, hay allí
una realidad operante que da sentido a la vida y a la muerte de estos
crucificados, porque su esperanza está más allá del horizonte. Así cobran
sentido algunos de los testimonios que en COMUNITAS MATUTINA hemos puesto a
consideración de sus integrantes como el Padre Maximiliano Kolbe, Santa Edith
Stein, Monseñor Romero, y tantos otros con sus cruces inscritas en la del Señor
Jesús.
El Apocalipsis, que es un escrito de
esperanza plena en Dios, dice así: “Yo soy el alfa y la omega, el que es y era
y será…..” (Apocalipsis 1: 8). En esta sencilla frase hay un condensado
teológico de primera categoría: Jesús es la síntesis de la historia humana,
porque en El Dios configura salvíficamente
la totalidad de todo lo creado.
Pero recordemos que esa plenitud
realizada en Jesucristo ha estado precedida por una vida de anonadamiento, de
vaciamiento de sí mismo, de total abnegación, de misericordia y compasión, de
acercamiento a todas las pobrezas humanas, de reivindicación del ser humano, de
rechazo al poder, de la soberbia
religiosa y moral, de servicio y solidaridad, de ir descalzo por las calles de
la vida. Este es nuestro rey y esa es su lógica, y es fundamental para
comprender y vivir por qué El es Señor de nuestra historia.
Así se expresa en el texto que Juan
nos trae este domingo: “Mi reino no es de este mundo; si fuera de
este mundo mi reino, mis servidores habrían peleado para que no me entregaran a
los judíos. Ahora bien, mi reino no es de aquí” (Juan 18: 36). Por
“mundo” el evangelio de Juan entiende lo que es contrario al proyecto de Dios:
el desamor, el pecado, la injusticia, el poder, la injusticia, el
desconocimiento de la dignidad humana, etc. Con tal lenguaje Jesús está
explicitando que su reino es el de la donación de la vida hasta la muerte, el
del amor sin límites, el de la pasión por el ser humano, el del servicio, el de
una existencia libre de ídolos y de razones
para la arrogancia.
Este es el remate del año litúrgico.
Estamos invitados, en nuestra oración de este domingo, a hacer un análisis de
nuestra vida a la luz de esta “realeza” de Jesucristo.
-
Cuáles son los núcleos arrogantes de mi ser y de mi quehacer?
-
Soy proclive al poder, a los aplausos, al prestigio?
-
Lo que piensan y deciden los poderosos configura mis
criterios para pensar y decidir?
-
Soy resistente al servicio y a la solidaridad porque pienso
que eso me rebaja?
-
Mi concepción de la relación con Dios es jerárquica, lejana,
fundamentada en categorías de poder?
-
Llevo una vida de derroche y
de gastos excesivos sin pensar en que esos bienes tienen una hipoteca
social, como afirmó Juan Pablo II?
-
Jesús me seduce y propuesta es para mí la más seria
alternativa para vivir con sentido?
Antonio José Sarmiento Nova,SJ
Alejandro Romero Sarmiento
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