domingo, 12 de julio de 2020

COMUNITAS MATUTINA 12 DE JULIO DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO


“…..así será la palabra de mi boca: no tornará a mí de vacío , pues realizará lo que me he propuesto y será eficaz en lo que le mande”
(Isaías 55: 11)

Lecturas:
1.   Isaìas 55: 10-11
2.   Salmo 64
3.   Romanos 8: 18-23
4.   Mateo 13: 1-23
El Principito,[1] de Antoine de Saint-Exupéry,[2] es un clásico de la literatura del siglo XX; su genialidad consiste en lenguaje metafórico que, como rica parábola, remite al lector a la sabiduría esencial de la vida. A través del diálogo del pequeño personaje con un zorro se van desentrañados realidades fundamentales para el ser humano, como el amor, la libertad, la amistad, la capacidad de ver “más allá” de lo evidente, la inteligencia de la interioridad, caldo de cultivo para una existencia sapiencial. El éxito de este escrito es innegable, la fuerza del lenguaje metafórico contenido en el mismo es sugerente, con la sabia pedagogía de lo simbólico.
Así son las parábolas[3] con las que Jesús enseña los valores esenciales del reino de Dios y su justicia, recurso que él usó recurrentemente tomando sus figuras de la realidad doméstica y laboral de quienes le escuchaban. Amas de casa, pastores, niños, ancianos, agricultores, pastores, pescadores, se sentían identificados con todo lo que les transmitía, porque lo sabía hacer en simultánea sencillez y profundidad, hablándoles de un Dios incondicional, misericordioso, compasivo, liberador, dador de vida y esperanza. El relato nos dice que otro mundo es posible, “mejormente”[4] posible, desde la libertad que el Dios revelado en Jesús confiere al ser humano.
El evangelio de hoy es la muy conocida parábola del sembrador , de Mateo 13: 3-23, de una sencillez extrema, sin complicaciones conceptuales pero sí con exigencias vitales de primer orden. Las parábolas quieren provocar una ruptura con la manera miope de ver el mundo, excesivamente cuadriculado con sus reglamentos, códigos, doctrinas, ordenamientos y demás; desde su simplicidad rompen esquemas y nos llevan a ver posibilidades insospechadas de la vida. Para apropiarlas hay que tener mente y corazón dispuestos a cumplir aquello del Principito: “lo esencial es invisible a los ojos, sólo se ve bien con el corazón”, que refiere el texto en el capítulo XI, en el diálogo que tienen el Principito y el zorro , en plan de despedida, es como un mutuo testamento de amistad que se están legando el uno al otro.
Las parábolas nos ponen ante alternativas vitales y liberadoras y, en consecuencia, nos plantean el valor de una decisión ante ellas. En el caso de esta nos habla de arrojar la semilla sin medida ni cálculo, con generosidad total como son las cosas de Dios con nosotros, su reino no está modelado matemáticamente, lo suyo es desbordarse en vitalidad y en posibilidades de crecimiento, humanización, liberación, conciencia de dignidad, conscientes de que El trasciende hacia nosotros para que, a nuestra vez, nosotros lo hagamos hacia El y entre nosotros. Esa es la fecundidad de la semilla que El nos lanza, generatividad[5] nos dicen los psicólogos contemporáneos.
Este concepto, surgido de los estudios del psicoanalista Erik Erikson, [6] alude a la fecundidad de la vida humana, si esta crece integralmente, se asume como proyectada hacia los demás, el propio proyecto de vida “genera” sentido para muchos, lo que se hace es significativo para que muchos crezcan y sean mejores personas. Ser fecundo es dar vida, ser relevante para que la gente encuentre las mejores razones para vivir, para que descubran los genuinos fundamentos de la sabiduría, para que vivencien su dignidad, para que sean libres. Un ser humano adulto, realizado, es un generador de muchas cosas buenas para sus prójimos, esto es ser tierra fecunda para que allí germinen las semillas del humanismo y de la espiritualidad.
Buena introducción al asunto, clave para nuestra vida de creyentes, nos la ofrece el texto del profeta Isaìas, en su tercera parte,  cuyos contenidos dominantes son de esperanza y consolaciòn: “Del mismo modo que descienden la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allà de vacío, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que dè simiente al sembrador y produzca pan para comer, asì será la palabra de mi boca: no tornarà a mì de vacío, pues realizarà lo que me he propuesto y será eficaz en lo que le mande” .[7]
La  tercera parte del profeta  Isaìas  està alentada por la esperanza en la restauración de Israel, de la que ya se empiezan a ver señales  concretas que dan pie  a esta expectativa. El profeta  es testigo fiel del acontecer salvador  de Dios en las  realidades de los israelitas de aquellos tiempos, El  inspira sus contenidos  de fecundidad en  las mejores razones para reencantar la historia de sus contemporáneos y paisanos.
Se prepara el terreno para la  parábola del sembrador, es  el capìtulo 13 de Mateo que nos ocuparà este y los dos domingos venideros, con varias parábolas que responden a diversas inquietudes de esa comunidad de primeros cristianos provenientes del judaísmo. Mateo[8] y su comunidad, responsables de este evangelio, reflejan  la preocupación que les suscitaba la hostilidad e indiferencia a la Buena Noticia de Jesùs,   era parte de   lo que  vivían  y sentían hacia el año 80 de la era cristiana. Conocer estas inquietudes, ya formuladas en los interrogantes referidos, nos ayuda a captar el mensaje de este conjunto de parábolas.
El lenguaje elemental de esta parábola nos interroga por nuestras actitudes ante la oferta de Dios, si somos tierra árida, dura, impermeable a una propuesta de trascendencia, simplemente preocupados por el aquí y el ahora, que se expresa en el conocido slogan “casa , carro y beca”, considerando que tal oferta es necedad de mentes alienadas; o si nos dejamos llevar por entusiasmos pasajeros, aceptamos la invitación sin estar dispuestos a un compromiso de fondo, mezcla de cizaña con buena hierba, donde aquella sofoca las posibilidades de esta.
Hagamos un ejercicio de evaluación siguiendo la misma secuencia del relato:
-      Cerrazón radical para el evangelio? “Cuando alguien oye la palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón” .[9]
-      Entusiasmo inicial y luego inconstancia y evasión del compromiso? “El que fue sembrado en pedregal es el que oye la palabra y de momento la recibe con alegría, pero como no tiene raíz en sí mismo, por ser inconstante, sucumbe en seguida…..” .[10]
-      Afecto desordenado por el confort, la  riqueza, los privilegios de la sociedad? “El que fue sembrado entre los abrojos es el que oye la palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas, sofocan la palabra, que queda sin fruto” .[11]
La pedagogía de las parábolas[12] es  utilizada por Jesús para descubrir las posibilidades insospechadas de la realidad, favorece entrever la utopía del Reino, facilita que adoptemos la postura del compromiso gozoso con la invitación que él nos hace a seguirlo en su causa. Su intención no reside en estructurar seres humanos cuadriculados por una religión sofocante sino crear las condiciones que hagan posible una apertura liberadora a Dios y al prójimo.
En la segunda lectura de hoy – de la carta a los Romanos - Pablo habla de una gran expectativa de vida que da sentido de plenitud al ser humano  es  el gran terreno que espera ser abonado por la  semilla de Dios: “Pues sabemos que la creación entera viene gimiendo hasta el presente y sufriendo dolores de parto. También nosotros mismos, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior anhelando la liberación de nuestro cuerpo. Porque nuestra salvación está relacionada con la esperanza” .[13]
 Es el futuro fértil de Dios en nosotros! El, que nos hace hijos y hermanos, que nos invita a disponer los bienes de la creación para beneficio de todos, que hace de nuestra condición humana  un relato  de su amor, que está incondicionalmente comprometido con nuestra felicidad, que en Jesús ha depositado la semilla más promisoria para que  todo en la historia  sea definitivamente humano y  definitivamente divino!
Sobre esta base, vale la pena revisar nuestros mapas mentales, posturas, falsas seguridades, cerrazones, endurecimientos, todo lo que menoscaba en nosotros la condición de hijos, hermanos, y prójimos. Es la gran apuesta de libertad en la que Jesús quiere implicarnos!





[1] Antoine de Saint-Exupéry. Le petit prince. Gallimard. París, 1946.
[2] Famoso aviador francés, también escritor y periodista. Sus reflexiones sobre la condición humana, el mundo de los adultos, la amistad, el sentido de la vida, tienen ya carácter de ciudadanía en el mundo de la cultura que aprecia la sabiduría de lo esencial. Desapareció en un vuelo en 1944, a los 44 años , nunca se tuvo más noticia de él.
[3] C.H. Dodd. Las parábolas del reino. Cristiandad. Madrid, 2001. Joachim Jeremias. Las parábolas de Jesús. Verbo Divino. Estella (Navarra, España), 1974. Carlos Mesters. Las parábolas de Jesús. Verbo Divino. Estella (Navarra, España); 2001.
[4] Adverbio inventado ad hoc para este escrito.
[5] Erik Erikson. El ciclo vital completo. Paidós. Barcelona, 2000.
[6] 1902-1994. Psicoanalista norteamericano de origen alemán, experto en psicología del desarrollo
[7] Isaías 55: 10-11
[8] Antonio Rodríguez Carmona. El evangelio de Mateo. Desclée de Brower. Bilbao, 2006. Ulrich Luz. El evangelio según San Mateo. Sígueme. Salamanca, 2001. José Luis Sicre Díaz. El evangelio de Mateo: un drama con final feliz. Verbo Divino. Estella (Navarra, España), 2005.
[9] Mateo 13: 19
[10] Mateo 13: 20-21
[11] Mateo 13: 22
[12] Gonzalo de la Torre Guerrero, CMF. Las parábolas que narró Jesús: la revolucionaria revelación de la conciencia de Jesús. Ediciones Uniclaretiana. Quibdó, 2009.
[13] Romanos 8: 22-24

domingo, 5 de julio de 2020

COMUNITAS MATUTINA 5 DE JULIO DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO

“Por aquel entonces, tomò Jesùs la palabra y dijo: Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado todas estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a gente sencilla”
(Mateo 11: 25)
Lecturas:
1. Zacarìas 9: 9-10
2. Salmo 144: 1-14
3. Romanos 8: 8-13
4. Mateo 11: 25-30
Un repaso profundo a la realidad del mundo de todos los tiempos de la historia nos lleva al encuentro con la “lógica” del poder y de los poderosos, aquellos que se creen los mesías, los salvadores de la humanidad, que imponen sus pretensiones de dominación sin contemplar aspectos éticos fundamentales, desaforados en sus ambiciones de sometimiento establecen una subcultura que arrasa con la autonomía y el derecho a la libertad. No son solamente los vulgares dictadores y tiranos que la historia nos ofrece como tristemente célebres – Nerón, Hitler, Mussolini, los patéticos militares latinoamericanos de los años setenta – sino también líderes que, desde democracias formales, aparentemente respetuosos de modelos liberales y participativos, han implantado su mentalidad al prepotente y pretendidamente liberadora de sus súbditos.
También el ser humano cotidiano, que cede a la tentación de inflar su ego, se convierte en un dominador de su entorno, rinde culto a la autosuficiencia, cualquier logro que obtiene lo transforma en egocéntrico título de superioridad sobre los demás. Así, la belleza física, el dinero, los títulos académicos, los “pergaminos” heredados de sus ancestros, su posición social, sus amistades, son soportes para sentirse dueños del mundo y de la vida. Hombres y mujeres sin referencia trascendente, que presumen de ser ellos mismos la medida de todo. Desaparece el prójimo como entidad respetable y digna de crédito, la solidaridad y la comunión fraterna son eliminadas, permanecen los ídolos del poder y sus acompañantes. 1
1 Byung-Chul Han. Sobre el poder. Herder. Barcelona, 2019. Michel Foucault. Un diálogo sobre el poder. Alianza Editorial. Madrid, 2000. Thomas Hobbes. Leviatán. Atalaya. Madrid, 1989. George Orwell. 1984. Lumen. Barcelona, 2000; Rebelión en la granja. Destino. Barcelona, 2006.
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La seudoreligión del poder surge porque hay muchas esperanzas fallidas de sentido, salvación, vida digna, justicia, muchos en la humanidad se desesperan y entronizan sus propios miedos, les conceden estatuto de salvadores, absolutizan sus pánicos e inseguridades en estos personajes que, a la postre, erigen nuevos absolutos. 2 La historia está plagada de mesianismos individuales y colectivos, con altísima capacidad para frustrar las expectativas de quienes , seducidos por sus promesas, les rindieron culto y fortalecieron sus vanidades, que le hacen el juego a esas frustraciones colectivas.
Eugene Ionesco 3 en su drama “El rey se muere”, 4narra la historia del rey Berenguer, una referencia simbólica al ser humano promedio del siglo XX, el personaje vive en medio de los excesos, de la soberbia y de la incapacidad para comprender la precariedad de la condición humana, siente pavor ante la muerte, la niega, pero ella se impone, y el poderoso Berenguer sucumbe a la misma. Parábola de las autosuficiencias humanas!
En el mundo bíblico hubo mucho de esto, penosamente se tipifican algunos reyes de Israel dados al culto religioso externo lleno de pompa, a sus alianzas con poderes extranjeros, al desconocimiento de pobres, huérfanos y viudas, como tan a menudo señalan los profetas.5 Igualmente, en nuestros medios religiosos cristianos hemos tenido lamentables alianzas con el poder,6 mayor predilección por este que por el anuncio de la Buena Noticia, se infiltraron modos paganos de jerarquías, escalafones, mentalidades nada compatibles con esto que dice Jesús en el evangelio de hoy: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a gente sencilla”. 7
La simplicidad de Dios asusta y escandaliza porque estamos habituados a modos muy solemnes y sacralizados, refiriéndonos a El con el mismo lenguaje con el que se alude a poderosos emperadores, gobernantes y demás gentes consideradas importantes por la sociedad. Las lecturas de hoy nos ayudan a comprender la primera afirmación, y hacen posible que desarmemos ese entramado arrogante, disponiéndonos para el encuentro con el Dios de los sencillos, el que se nos revela en Jesús.
La primera lectura – del profeta Zacarías – es esclarecedora. Este profeta fue “piedra en el zapato” para los fanáticos político-religiosos que en el tiempo
2 Erich Fromm. El miedo a la libertad. Paidós. Barcelona, 1977; Psicoanálisis de la sociedad contemporánea. Fondo de Cultura Económica. México D.F., 1975.
3 1909-1994, poeta y dramaturgo rumano, perteneciente a la tendencia filosófico-literaria del absurdo.
4 Eugene Ionesco. El rey se muere. Losada. Buenos Aires, 1969.
5 José Luis Sicre. Los profetas de Israel y su mensaje. Cristiandad .Madrid, 1998.
6 Jean Comby. La historia de la Iglesia: desde los orígenes hasta el siglo XXI. Verbo Divino. Estella (Navarra España), 2007. Mirar especialmente los capítulos 8 a 10 de este libro.
7 Mateo 11: 25
3
de Jesús aguardaban un caudillo triunfante y nacionalista. Zacarías nos ofrece una reflexión que sintoniza mucho con las grandes aspiraciones de las comunidades que , después del doloroso exilio en Babilonia, intentaron reconstruír su identidad a partir de elementos universales, pluralistas, comunitarios, incluyentes. Para ellos, desde esa experiencia de desposeimiento , el mesías no podía ser un guerrero victorioso como el primer David ni un diplomático equilibrista como Salomón. El pueblo confiaba en alguien que fuera capaz de encaminarlos por la ruta de la justicia, la paz, la solidaridad: “Exulta sin freno, Sión, grita de alegría, Jerusalén! Que viene a ti tu rey, justo y victorioso, montado en un asno, en una cría de asna. Suprimirá los carros de Efraín y los caballos de Jerusalén; será suprimido el arco de la guerra y él proclamará la paz a las naciones”. 8
Para Zacarías9 el nuevo gobernante debía distinguirse por su humildad, y por su apertura a este modo de ser. Una humildad no entendida como conformismo tonto y sumiso, sino como camino de la verdad. Desde ahí, apertura a la justicia y a la paz, como indicadores de una nueva manera de convivencia, en la que se descartan los paradigmas de aplastar al prójimo y de esclavizarlo. Esta propuesta profética incomodó – sigue incomodando en nuestros días! - .10
En la primera comunidad cristiana todos sus integrantes eran gente sencilla, no se gloriaban de nada, dòciles al Espìritu del Señor, seguían con entusiasmo el proyecto original de Jesùs y carecían de los prejuicios legales y rituales que caracterizaban a los sabios y entendidos. Estos últimos se sentían seguros y confiados por creer que lo sabían todo sobre Dios y sobre la religión, se sentían sus expertos, y asì presumìan ante la comunidad, con un problema muy grave: no estaban convertidos al amor de Dios, al sentido solidario con el prójimo; lo suyo era una religiosidad autosuficiente, que se vanagloriaba de su pericia teológica y jurídica, sin reparar en la necesaria e imperativa conversión del corazón.
Para la lógica que propone el Evangelio, los sencillos son aquellos en quienes descubrimos ausencia de cálculos interesados, agendas ocultas, intenciones dobles, estilos soterrados; es decir, los pobres, los humildes, los silenciados de aquella sociedad y religión. Estos , los “sin voz”, hacen patente que el encuentro con Dios – revelado por Jesùs como Padre compasivo y misericordioso – no se da por el conocimiento erudito de su ser ni por la
8 Zacarías 9: 9-10
9 Samuel Amsler. Los últimos profetas: Ageo, Zacarías, Malaquías. Verbo Divino. Estella (Navarra España), 2004.
10 José Luis Sicre. Con los pobres de la tierra: la justicia social en los profetas de Israel. Cristiandad. Madrid, 1984. Carlos Mesters y equipo. Lectura profética de la historia. Verbo Divino. Estella (Navarra España), 1999. Enrique Sanz Giménez-Rico. Profetas de misericordia. Universidad Pontificia Comillas. Madrid, 2007.
4
rigurosa observancia de las prescripciones morales y religiosas, sino a través de la disposición para vivir en esa perspectiva de lo gratuito. Disidencia total que se hizo historia y realidad en Jesús de Nazareth, entronizando el talante de los humildes de corazón, en quienes encuentra las mejores condiciones de posibilidad para la sabiduría del Evangelio.11
Dios no comparte leyes ni conocimiento ni ritos, El se da a sí mismo, nos ofrece su propia vitalidad, la vida según el Espíritu, como podemos apreciarlo en la segunda lectura de hoy, de la carta de Pablo a los Romanos: “Mas ustedes no viven según la carne, sino según el Espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en ustedes” . 12
Todo el capítulo 8 de Romanos, que es clásico en la teología paulina, hace patente la nueva lógica de libertad y de salvación que se inaugura con Jesús. Con la expresión “según la carne” se entiende en el lenguaje bíblico al ser humano dominado por el egoísmo y por la injusticia, por los afectos desordenados, por la ausencia de gratuidad y de amor, también por fundamentar su relación con Dios en la ya referida observancia de la ley sin apertura al Padre y al prójimo. El camino de Jesús es la vida, no la ley: “Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos dará también la vida a sus cuerpos mortales por su Espíritu que habita en ustedes” .13 Vivir en el Espíritu es ser sencillo de corazón.
Mateo, en el evangelio de hoy, conecta con las expectativas de los postergados. Jesús no se identifica con los mesianismos de su época, a él le importa hacer vigente la utopía de Dios, entronca con los ideales de aquellos profetas bíblicos que preveían un modelo alternativo de sociedad, anunciando al mismo tiempo una manera novedosa y liberadora de experiencia de Dios.
11 José Ignacio González Faus. Los pobres, vicarios de Cristo. Trotta. Madrid, 1999. Gustavo Gutiérrez Merino. La fuerza histórica de los pobres. CEP. Lima, 1978. Eloi Leclerc. Francisco de Asís: un hombre nuevo para una sociedad nueva. Sígueme. Salamanca, 1989.
12 Romanos 8: 9
13 Romanos 8: 11

domingo, 28 de junio de 2020

COMUNITAS MATUTINA 28 DE JUNIO DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO


“El que no tome su cruz y me siga , no es digno de mì”
(Mateo 10: 38)

Lecturas:
1.   2 Reyes 4: 8-16
2.   Salmo 88
3.   Romanos 6: 3-11
4.   Mateo 10: 37-42
Vivir para un ideal es altamente demandante, si se ama aquello que se convierte en el referente máximo de la existencia, se apuesta todo, hasta la propia vida física; no se escatiman esfuerzos para lograrlo, se trabaja apasionadamente, a tiempo y a destiempo, para obtener resultados en los que esas metas se conviertan en felices realizaciones, siempre con la claridad de que en el camino suceden muchos desvelos, renuncias, sacrificios,  para llegar al final se viven tiempos de hondas abnegaciones.[1]
Conocemos la famosa historia de “La carta a García”,[2] narración de hechos sucedidos durante la guerra de independencia entre Cuba y España, a finales del siglo XIX. En la vida se nos confían muchas “cartas a García”, cuando nos proponemos o nos proponen ideales y proyectos en los que se implica todo nuestro ser y quehacer. La vida fácil y comodona no forma seres humanos responsables, deriva en personajes endebles, que se echan para atrás al menor inconveniente.[3]
Artistas, científicos, mujeres de extremada dedicación a sus asuntos, líderes sociales, religiosos, escritores, gentes del común, configuran narraciones seductoras de gentes dispuestas a lo máximo por el logro feliz de sus ideales. Historias de heroísmo que se convierten en modelos de identidad para los seres humanos de todos los tiempos de la historia. [4]
Estas consideraciones iniciales nos ponen en contexto para captar las  prioridades de Jesús, a las que ofreció la totalidad de su vida. El  nos manifiesta a Dios como un padre misericordioso y compasivo,  comprometido con la felicidad de los seres humanos, deseoso de que nuestras vidas lleguen a su plenitud y realización, con el énfasis  - también muy conocido - en la preferencia por los últimos del mundo y de la sociedad,  por los pecadores y condenados morales, por todos aquellos a quienes se excluye de los beneficios de la vida, materiales y espirituales. Esta aseveración es normativa para quienes deseen tomar en serio la propuesta del Evangelio.
Jesús muere crucificado por su fidelidad al Padre Dios, a su reino, a sus convicciones, odiado y perseguido por los poderes religiosos y políticos del pequeño país de Palestina. Después de su muerte y, a partir de la experiencia pascual, los discípulos y los integrantes de las comunidades cristianas nacientes, también fueron conscientes de lo mismo, era ignominioso seguir el camino de Jesús, se les veía como rebeldes peligrosos para el equilibrio de la sociedad y de la religión.
Anunciar a un Mesías crucificado[5] era una contravención a todo el ordenamiento social y religioso de su tiempo.  Lo que ellos hacían era una denuncia vehemente de un sistema de valores, creencias e instituciones que habían hecho de la violencia, la mentira y la opresión los “valores” indiscutibles de la sociedad. Cómo iban a ver con buenos ojos las autoridades  sacerdotales de Jerusalén, los gendarmes del imperio,  que un grupo  minoritario de hombres y de  mujeres, llenos de esperanza y de entusiasmo apostólico, cuestionara ese orden de cosas y anunciara que otra sociedad es posible, que el ser humano es merecedor de justicia, de respeto, de compasión, todo esto en nombre de Dios?[6]
Las comunidades cristianas desde el inicio tuvieron conciencia de la magnitud de la tarea a la que se enfrentaban. La experiencia gozosa del Señor Resucitado les llevó rápidamente a descubrir que debían superar los límites de las comunidades judeo-palestinas, que esto los comprometía a lanzarse a una misión  de características universales, siguiendo las intenciones mismas de Jesús, trascendiendo las fronteras del mundo judío.
 Lo suyo no era la configuración de una nueva institución religiosa con sus estructuras, normativas y autoridades, sino la generación de comunidades de discípulos alentados por el Espíritu de Dios y dispuestos a rescatar la vigencia de la dignidad de los seres humanos, con la inspiración de las Bienaventuranzas, el programa que Jesús propone para la creación de esta nueva humanidad.
Por tanto, no debe sorprendernos que Mateo plantee con tanta dureza, como lo hace en el texto del evangelio de hoy, las exigencias del seguimiento de Jesús: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a  mí, no es digno de mí”, [7]  palabras que  no contienen un desprecio de la realidad familiar, pero sí nos invitan a determinar cuál es el motor que impulsa nuestras vidas y a  ordenar todas nuestras intenciones y conductas en la perspectiva de ese seguimiento.
Mateo escribe un evangelio para comunidades judías que se han convertido al cristianismo. En ese contexto, la referencia al desapego familiar alude a la estima desmesurada que los judíos tenían por sus parientes, asunto que se podía convertir en  apego paralizante. Ante eso, el proyecto de Jesús demanda más porque  se trata de un amor siempre mayor y  universal referido a todo tipo de prójimo, capaz de trascender el limitado ámbito de la familia, de la raza, o de la nación.
Amar a Jesús no se reduce a una dimensión intimista, individual, privada. Se ha filtrado en el cristianismo un sentimiento religioso “bonito”, que no inquieta ni promueve actitudes proféticas, reduciendo el mensaje suyo a un bálsamo tranquilizante sin exigencias comprometedoras. Las cosas con Jesús no son así. Seguir su camino es amar a Dios y al ser humano como él los amó, hasta la donación total de la propia vida,  darse por completo a su proyecto que es la gran utopía del Padre Dios, un amor que llega incluso al extremo del perdón a los enemigos y de la inclusión  de los mismos en su universo de afectos y solidaridades.[8]
Así se  explican  las fuertes palabras de este evangelio. “El que no tome su cruz y me siga detrás no es digno de mi. El que encuentre su vida, la perderá , y el que pierda su vida por mí, la encontrará”. [9]    Por esto se impone aclarar que el   camino cristiano  no es el de renuncias voluntaristas que rompen el dinamismo afectivo de la persona, ni el de prácticas penitenciales que violenten a quien decida tomar esta opción de la Buena Noticia. Hay que hacer un severo control de calidad a ciertos contenidos y prácticas que bajo el título de cristianas se han desviado de la originalidad del Evangelio y se han convertido en un conjunto de religiosidades rituales, legalistas, que a menudo sofocan la libertad y la humanidad misma de quien los sigue.
Tomar la cruz y seguir a Jesús es asumir con radical generosidad que en él descubrimos la alternativa genuina de la libertad y del amor, perder la vida por él es dar lo mejor de sí para implantar en la historia de la humanidad una lógica en la que todos los somos iguales, en la que la mesa de la vida sea servida equitativamente , en la que la dignidad de los hijos del mismo Padre sea constantemente reconocida, en la que el servicio y la solidaridad sean sustanciales en los proyectos de vida de quienes se comprometan con esta causa. Siguiendo aquello que tantas veces hemos afirmado en estas reflexiones, no podemos eludir el carácter contestatario y contracultural de la Buena Noticia de Jesús. Cuando el mundo y la sociedad deciden que el poder y el dinero son los indicadores de felicidad, el proyecto evangélico afirma y realiza la fraternidad y la mesa compartida, y se desposee de toda pretensión de dominio sobre los demás para indicar que el reino de Dios y su justicia pasa esencialmente por asumir al prójimo como la responsabilidad determinante de la felicidad.[10]
Por otra parte, Pablo afirma muy bien la radicalidad del amor cristiano mediante la comparación entre la muerte y la inmersión bautismal, tal es el sentido de la segunda lectura de este domingo: “Por medio del bautismo fuimos, pues, sepultados con él en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo resucitó de entre los muertos mediante la portentosa actuación del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva”.[11]
Ser cristianos es morir a todo tipo de apego, familiar, económico, cultural, incluyendo el afecto desordenado a sí mismo. La novedad evangélica se manifiesta en la transformación radical de las relaciones humanas, en la resurrección a una vida nueva llena de afectos volcados hacia la humanidad sufriente, hacia las causas mayores de justicia y de libertad, hacia la significación sacramental de la Iglesia que tiene su centro y sentido en la persona de Jesús y en la realización de la “salida misionera” para anunciar a todos esa noticia cargada de esperanza y de vitalidad teologal.
La presencia del Resucitado es la convicción central en la que se arraigan estas orientaciones, es la que hace posible dejar atrás eso que Pablo llama el hombre viejo para acceder a la novedad pascual: “Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no vuelve a morir, y que la muerte carece ya de poder sobre él” .[12]
La pandemia del corona virus, la forzada cuarentena, y todos los fenómenos que acompañan esta circunstancia que a todos nos cubre, es un tiempo de preguntas, de hondas revisiones del propio proyecto de vida, de “reinvenciones” como se suele decir ahora, abriéndonos a una vida más limpia, desposeída de “días sin IVA”, con solidaridad planetaria, con profético sentido de la dignidad humana y de la justicia  - como el Señor Jesús - .
Podremos salir de esto resignificados, capaces de tomar cada uno su cruz, sin angustiosos voluntarismos, dispuestos a dar lo mejor de nuestro ser para que el reino de Dios y su justicia se tornen verdad en la vida de cada día?[13]
Cerremos esta reflexión de hoy con el Papa Francisco: “La pandemia ha marcado profundamente la vida de las personas y la historia de las comunidades. Para honrar el sufrimiento de los enfermos y de tantos muertos, sobre todo ancianos, cuya experiencia de vida no debe ser olvidada, es necesario construir el mañana: para ello hacen falta el compromiso, la fuerza y la dedicación de todos. Se trata de partir de nuevo de los innumerables testimonios de amor generoso y gratuito que han dejado una huella indeleble en las conciencias y en el tejido de la sociedad, enseñando cuánto se necesitan la cercanía, el cuidado y el sacrificio para alimentar la fraternidad y la convivencia civil. Y, mirando el futuro, me acuerdo de las palabras de Fra Felice en el lazareto en Manzoni (Los novios, capitulo XXXVI): Con qué realismo mira la tragedia, mira la muerte, pero mira el futuro y sigue adelante”. [14]




[1] Jorge Saurí. El hombre comprometido. Carlos Lohlé. Buenos Aires, 1965. Michel Quoist. Triunfo. Herder. Barcelona, 1969.
[2] Elbert Hubbard. Un mensaje a García. Imprenta El Imparcial. Santiago de Chile, 1944. Es la historia de un esforzado soldado norteamericano, llamado Rowan, a quien el presidente de los Estados Unidos de esos años, le confía entregar un mensaje especialmente valioso al general García, comandante de los ejércitos rebeldes cubanos contra el poder de España. Rowan da lo mejor de sí mismo y atraviesa la isla de Cuba para cumplir con su cometido, viviendo muchas vicisitudes, ninguna de las cuales disminuyó su ánimo para entregar el mensaje , tal como se lo habían pedido.
[3] Enrique Rojas. El hombre light: la importancia de una vida con valores. Editorial Temas de Hoy. Madrid, 1992.
[4] C.Chr. F. Krause. Ideal de la humanidad para la vida. Imprenta de F. Martínez García. Madrid, 1871.
[5] Jürgen Moltmann. El Dios crucificado. Sígueme. Salamanca, 1986.
[6] Benedicto XVI. Los apóstoles y los primeros discípulos de Cristo. Espasa. Madrid, 2009.
[7] Mateo 10: 37
[8] José María Castillo. El seguimiento de Jesús. Sígueme. Salamanca, 2002.
[9] Mateo 10: 38-39
[10] Jorge Pixley. Reino de Dios. La Aurora. Buenos Aires, 1977.
[11] Romanos 6: 4
[12] Romanos 6: 8-10
[13] Willis Jäger. Partida hacia un país nuevo. Desclée de Brower. Bilbao, 2010.
[14] Papa Francisco. Discurso a los médicos, enfermeros y agentes sanitarios de Lombardía. Sala Clementina, Ciudad del Vaticano, 20 de junio 2020.

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