miércoles, 7 de septiembre de 2011

MIERCOLES 7 DE SEPTIEMBRE



Lecturas
1.      Colosenses 3: 1-11
2.      Salmo 144:2-13
3.      Lucas 6: 20-26
El evangelio de hoy es la versión de las BIENAVENTURANZAS según San Lucas. Es una carga de profundidad esta de constatar los criterios de felicidad que nos propone Jesús para que sean la esencia de nuestro proyecto de vida, en abierto contraste con las mentalidades dominantes que exaltan el poder, la riqueza, la vanagloria, despreciando lo que no entra dentro de estas maneras de pensar y de vivir.
Nos planteamos en serio el asunto de la felicidad? Cómo lo estamos abordando en este momento de nuestra vida? Cuáles son los criterios y valores que influyen en esta búsqueda? Vivimos en el mundo de las ambiciones y de los afectos desordenados? Creemos que la felicidad reside en el “vano honor del mundo”, como describiera San Ignacio de Loyola su historia antes de la conversión en 1521?
Cómo resuenan en nosotros estas palabras: “Dichosos serán Ustedes cuando los hombres los odien, y cuando los excluyan, los injurien y maldigan su nombre a causa del Hijo del hombre” (Lucas 6: 22)?  Estamos dispuestos a cambiar nuestro paradigma de felicidad? Nos dejamos decir algo por aquellos hombres y mujeres que lo apuestan todo por servir a los demás seres humanos, en especial a los últimos del mundo, haciendo de la solidaridad la condición fundante de sus decisiones? Tenemos capacidad para tomar distancia crítica de la sociedad de consumo y de los halagos neoliberales? Jesús nos apasiona en esta invitación a construír una felicidad alternativa y contracultural?
Pensemos en todas las búsquedas humanas de sentido y razones de vivir, muchísimas de ellas llenas de honestidad, de intenciones limpias, de servicios incondicionales, de renuncias generosas, y abrámonos con fascinación a tantas opciones llenas de humanismo y de generosidad.
Pero también constatemos la contrapartida: las malaventuranzas que Lucas trae en la segunda parte del texto de hoy: “Ay de Ustedes los ricos porque ya han recibido su consuelo!” (Lucas 6: 24)  y tengamos la suficiente apertura para entender este mensaje de Jesús. En el mundo hay pobreza escandalosa e inequidades que claman a Dios, despojos, exclusiones, decisiones injustas que destruyen las posibilidades de vida digna para millones en nuestro tiempo. Y mucho de eso es causado por la acumulación indebida de riqueza, derivando también en violencia creciente.
Vayamos a nuestro interior y recibamos la cuestión: hay malaventuranza en nosotros? Y seamos honestos al responder, pero también dejémonos seducir por Jesús en su propuesta de felicidad, de bienaventuranza, razones y motivos poderosos para que nuestra existencia se llene de significado y de trascendencia, sin vanidad, sin presunción, sin búsqueda de aplausos, en el mejor sentido evangélico.
San Pablo hace una clara invitación: “No se engañen unos a otros; despójense del hombre viejo y de sus acciones, y revístanse del hombre nuevo que, en busca de un conocimiento cada vez más profundo, se va renovando a imagen de su creador” (Colosenses 3: 9-10).
El hombre nuevo que surge del encuentro con Jesús no es un beato rezandero ni un fariseo moralista, ni el que se limita a cumplir con normas y reglamentos, es el bienaventurado que toma la alternativa de abandonarse completamente en manos de Dios, descubriendo aquí la sustancia de su dignidad y de sus opciones, y reconoce en cada ser humano una posibilidad de comunión, de fraternidad, de cercanía, de reconocimiento.
Vamos a pedir en esta oración de hoy una nueva mentalidad, en constante renovación, para adquirir esta nueva condición configurada con el Señor Jesucristo, como lo fueron Monseñor Romero y el Padre Arrupe, que cada mañana nos ayudan a presentar a todos nuestros hermanos y hermanas de la LISTA ante el Padre Dios para que los haga beneficiarios de todos los dones del reino y de la felicidad según su querer y designio. Amén.

martes, 6 de septiembre de 2011

MARTES 6 DE SEPTIEMBRE


Lecturas
1.      Colosenses 2: 6-15
2.      Salmo 144: 1-2 y 8-11
3.      Lucas 6: 12-19
Uno los propósitos de  la carta a los Colosenses es aclarar a los cristianos de esta comunidad acerca de algunas confusiones y mezclas de elementos incompatibles con el Evangelio de Jesús: “Estén atentos, no sea que alguien los seduzca por medio de filosofías o de estériles especulaciones fundadas en tradiciones humanas o en poderes cósmicos, pero no en Cristo. Porque es en Cristo hecho hombre en quien habita la plenitud de la divinidad” (Colosenses 2: 8-9).
En este tiempo circulaban muchas creencias de tipo gnóstico (revelaciones individuales), otras relacionadas con la divinización de las fuerzas de la naturaleza, también sincretismos provenientes de diversas tradiciones religiosas de la antigüedad. Todo eso derivaba en prácticas que podemos llamar fundamentalistas, miedos y culpas ante Dios,exceso de penitencias, ritualismos y una ingerencia indebida de  predicadores en la interioridad de sus seguidores.
De tiempo en tiempo esto es reiterativo en la historia de la humanidad, también en nuestros días aparecen este tipo de tendencias, que suelen llevar al fanatismo religioso, al alejamiento de los grandes desafíos de la historia y de la realidad, y a la distorsión de la originalidad de Jesucristo. Muchos de los nuevos movimientos religiosos tienen estas características, que también se manifiestan en una visión dualista que divide el mundo en buenos y malos, sin matices, y con una actitud condenatoria y moralista muy peligrosa para la salud de la conciencia.
Relatos de pretendidas apariciones de la virgen María, sacerdotes y pastores que hacen milagros, aglomeraciones de multitudes ansiosas, líderes que ejercen un control desmedido sobre los “creyentes”, falseamientos de la realidad, angustias ante la inminencia de una intervención de Dios, y otros elementos, hacen parte de esta preocupante religiosidad, como la que inquieta a Pablo.
De ahí el imperativo de llevar una experiencia espiritual sana, ecuánime, serena, sencilla y profundamente arraigada en Jesucristo, que propicia en nosotros una humanidad bienaventurada, realista, muy normal y encarnada. El referente de todo esto es el mismo Señor Jesús. En El ha entrado en la historia la novedad radical de Dios, en su humanidad se revela y se realiza la divinidad, y en esto Dios nos asume haciéndonos participar de El mismo en Jesucristo. Esto que puede parecer demasiado sabido, es contundente para captar la originalidad del cristianismo: es la persona de Jesús y nada más.
Que esto nos sirva para revisar críticamente muchas de las “inflitraciones” seudoreligiosas que generalmente tienen consecuencias muy negativas en la vida de las personas que se dejan embaucar por esto. Proponemos hoy una mirada en oración a los fundamentos mismos de nuestra espiritualidad.
Encontrarse con Jesucristo, o dejarse encontrar por El, es acceder a la posibilidad de plenitud humana y divina, siguiendo por los cauces de una gran normalidad psicoafectiva, de un gran sentido de la realidad y de la historia, de una disposición para transformar este mundo a partir de la justicia, de la fraternidad, del respeto a todos, como señales del acontecer de Dios entre nosotros.
Seamos muy cuidadosos en el examen y valoración de todas estas ofertas religiosas y creencias. El criterio central de  discernimiento es el mismo Jesucristo, todo esto en un clima de libertad y de esperanza. Ayudemos a muchas personas a tener sentido crítico ante todo esto, porque hay prácticas religiosas muy dañinas y alienantes.
Como en el texto del evangelio de hoy, sintámonos llamados por El para sanar, para anunciar la Buena Noticia, para ser comunicadores de vida y de esperanza, para que se resignifique la existencia del ser humano, para que esto de ser humanidad se convierta en lo más apasionante, y esto inscrito en Dios gracias al ministerio de Jesús: “Los que eran atormentados por espíritus impuros quedaban sanos; y toda la gente quería tocarlo, porque salía de él una fuerza que los sanaba a todos” (Lucas 6: 18-19).

lunes, 5 de septiembre de 2011

Algo más. Si no consigues un milagro, conviertete en uno.

LUNES 5 DE SEPTIEMBRE


Lecturas
1.      Colosenses 1: 24 a 2:3
2.      Salmo 61:6-9
3.      Lucas 6:6-11
San Pablo es el prototipo del cristiano que se entrega sin reservas y de tiempo completo al ministerio de comunicar la Buena Noticia de Jesús y a la fundación de comunidades de creyentes. No en vano, él es el gran “globalizador” de la fe cristiana, fundando grupos de seguidores de Jesús en Corinto, Galacia,Efeso,Filipos, Colosas, Tesalónica, Roma, correspondiendo las primeras a lugares que quedan en la actual Turquía o en Grecia, y la segunda, a la capital del imperio de esa época. Es decir, pasó las fronteras de Palestina, salió del mundo judío y, a pocos años de la muerte y Pascua del Señor, el cristianismo se empieza a hacer universal, gracias al apostolado paulino.
Esto constituye para Pablo la razón de sus desvelos y de su intensa misión, él es , después de Jesús, el gran arquitecto de la Iglesia.  Y lo expresa con gran intensidad así: “Ahora me alegro de padecer por Ustedes, pues así voy completando en mi existencia terrena, y a favor del cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, lo que aún falta al total de sus sufrimientos” (Colosenses 1: 24) y: “Lo hago para que se mantengan animados y para que unidos fuertemente en el amor, lleguen a obtener toda la riqueza de una plena comprensión hasta lograr el total conocimiento del plan salvífico de Dios que es Cristo, en quien se encierran todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia” (Colosenses 2: 2).
Con estas palabras Pablo testimonia su inmensa pasión por Jesucristo -  a cuyos discípulos había perseguido con saña -  quien en el camino de Damasco lo tomó completamente para sí. En la Iglesia el ministerio es fundamental para la constitución y mantenimiento de las comunidades de creyentes. Pablo es un referente esencial de identidad para quienes hemos sido llamados a este servicio y para la Iglesia toda.
Justamente cuando hoy sabemos de inconsistencias fuertes con estos escándalos de una vida sexual inadecuada, de pedofilia, o también de seducción por el poder y por el vano honor del mundo, realidades que nos apenan y causan enorme dolor, se impone destacar el vigor paulino en su entrega al apostolado y el de tantos que silenciosamente discurren por la vida dando lo mejor de sí y haciendo propias estas palabras del Apóstol a los Colosenses. Porque el camino de seguir a Jesús demanda la totalidad de la vida, en esto debemos ser claros y no andar con medianías.
Pongamos de presente en nuestra oración de hoy el significado de la vida de hombres como Monseñor Romero y el Padre Arrupe, las palancas de COMUNITAS MATUTINA, del francés Abbé Pierre, sacerdote  del siglo XX que dedicó su servicio a los más pobres de los pobres, creando un movimiento profundo de sensibilidad social, o de nuestro ya conocido Maximiliano Kolbe en la II guerra mundial; Sergio Restrepo, jesuita colombiano asesinado por los paramilitares en su parroquia de Tierralta (Córdoba), el 1 de junio de 1989; Antonio Vicente Arenas, obispo del Socorro (Santander) que en 1922 murió solo e insolado cerca de san Vicente de Chucurí mientras realizaba una visita pastoral; el beato Juan XXIII (Papa 1958-1963), bienaventurado pastor de la Iglesia Universal, o el sencillo y anónimo sacerdote franciscano, capellán del cuerpo de bomberos en Manhattan, que murió en la tragedia de las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001; el Padre Alfred Delp (1907-1945), heroico hombre alemán que en la II guerra mundial trabajó sin fatiga por proteger a muchas personas de los excesos de la tiranía nazi, finalmente ejecutado por su fidelidad.
Son interminables los ejemplos, todos de gran densidad evangélica. Con esto no menoscabamos el dolor por los escándalos, ni la propia incoherencia. Simplemente resaltamos la inspiración de Pablo, y la vida heroica, abnegada de tantos hombres que , sin límites, viven la seducción de Jesucristo y todas las implicaciones del ministerio.
Preguntémonos en el contexto de nuestra vida actual por el alcance de estas palabras paulinas, por lo que esto demanda para nosotros en términos de nuestra dedicación al servicio del reino, en el lugar y estilo de vida por el que hayamos optado: matrimonio, feliz soltería, vida religiosa, sacerdocio, diaconado, episcopado, ejercicio profesional, academia, empresa, servicio social, etc. Cómo la figura de Pablo impacta nuestras vidas?
Gracias al Señor Jesús nos convertimos en instrumentos para hacer que otros accedan a El y al reino, y para que sean beneficiarios de las señales de la nueva vida que El porta para todos, con gran libertad cura y alivia de dolencias: “Y, mirándolos a todos, dijo al hombre: extiende tu mano. El lo hizo y su mano quedó restablecida” (Lucas 6: 10), y esto lo hace con gran libertad, cuando “los maestros de la ley y los fariseos lo acechaban para ver si lo sanaba en sábado, y tener así un motivo para acusarlo” (Lucas 6: 7).
Libertad para actuar en nombre de Dios, libertad para transformar al ser humano en una creatura digna, libertad para comunicar la buena noticia, libertad para destacar que las realidades de los hombres tienen sentido si se fundamentan en este servicio de Dios a ellos mismos, y por esto se ordenan en una “saludable relatividad”.
Esta semana en Colombia es la SEMANA POR LA PAZ, en muchos lugares del país se realizarán diversas actividades para recordar a todos el imperativo de una vida en la que sea posible convivir dignamente, y respetar las diferencias, y reconocer a todos los seres humanos, para hacernos conscientes de que aún hay varios millones de ciudadanos afectados por las consecuencias de la violencia paramilitar y guerrillera, que hay bandas criminales sembrando muerte y desolación. Si nos decimos seguidores de Jesús este compromiso se hace sustancial para nuestros proyectos de vida.
Y presentemos con empeño y esperanza a todos nuestros hermanos de LA LISTA al buen Padre Dios para que los bendiga, fortalezca y sane de sus dolencias, que este ministerio de solicitud por ellos sean en nosotros cotidiano y cada vez más generoso, como lo fue la vida de Monseñor Romero y del Padre Arrupe. Amén.

domingo, 4 de septiembre de 2011

DOMINGO 4 DE SEPTIEMBRE


Lecturas

1.      Ezequiel 33: 7-9
2.      Salmo 94: 1-9
3.      Romanos 13: 8-10
4.      Mateo 18: 15-20
Es el domingo XXIII del tiempo ordinario.
Dentro de las responsabilidades y misiones que Jesùs confía a sus discípulos están estas:
-          Velar por la buena vida de todos los miembros de la comunidad, propiciando que todos permanezcan fieles al  reino de Dios y a su justicia: calidad humana y evangélica en todos los creyentes: “Si tu hermano te ofende, ve y amonéstalo, tù y èl a solas. Si no te hace caso, hazte acompañar de uno o dos, para que el asunto se resuelva por dos o tres testigos” (Mateo 18:15)
-          El ministerio de la reconciliación, por el que confiere una capacidad sacramental de realizar este servicio: “Les aseguro que lo que aten en la tierra quedarà atado en el cielo, lo que desaten en la tierra, quedarà desatado en el cielo” (Mateo 18: 18)
-          Eficacia de la oración en común: “Les digo también que si dos de Ustedes en la tierra se ponen de acuerdo para pedir cualquier cosa, se lo concederà mi Padre del cielo” (Mateo 18: 19).
Es propio de los seguidores de Jesùs adoptar libremente un modo de vida coherente con todo lo que El nos propone y crear todas las condiciones favorables para que esto sea posible . No es, desde luego por el lado de la vigilancia policial, de las prohibiciones autoritarias, de la intromisión detectivesca en la vida de las personas, porque todo esto es incompatible con el Evangelio. Es la comunidad coherente que se respalda, que se siente comprometida en mantener la dinámica de lo que es grato a Dios, en un clima de respeto y de mutua responsabilidad.
Si alguien falla, la manera de abordarlo es eso que llamamos la corrección fraterna, hecha con discreción y con el apoyo de otros, siempre con la exquisita caridad, rasgo que ha de ser distintivo de los seguidores de Jesùs.
La fuerza de una comunidad de cristianos radica en su credibilidad, en la capacidad de significar con eficacia la novedad de vida que procede del Espìritu y que se comunica a cada uno, pero que cuenta con la respuesta propia de la libertad de los que allì estamos implicados. Vivir felices en el modo de ser que surge de las bienaventuranzas, practicar la solidaridad y el servicio, ser honestos, expresar la fe en la celebración, cultivar la ecuanimidad, ser justos en el trato con todos, proyectarse a los màs débiles y excluìdos, ser abiertos y comprensivos con todos, no presumir en lo màs mínimo de superioridades morales o religiosas. Esto y mucho màs es lo que avala esa credibilidad.
Como comunidad estamos dotados de una gracia especial para reconciliar, para restablecer los vínculos fundantes que se afectan cuando alguno de nosotros incurre voluntariamente en la ruptura de la relación con Dios y con los hermanos. Esta reconciliación es de naturaleza humana, sì, en cuanto se expresa en la disposición para hacer que los desavenidos se encuentren y se perdonen, para favorecer en todo momento el mejor ambiente de fraternidad, pero especialmente hay un don de Dios, conferido por Jesùs, que es la gracia eficaz sacramental que reconstituye a la persona en su relación con el Padre a través de Jesùs, y con los hermanos, y supera las consecuencias del pecado. Este es el ministerio de atar y desatar.
La confianza en Dios se hace explìcita particularmente cuando oramos y le pedimos que estè siempre entre nosotros, que su reino venga siempre a nuestra realidad, como lo demandamos en el padre nuestro, oración tìpica que nos enseñò el mismo Jesùs. La realidad cristiana es fundamentalmente comunitaria, y tiene una de sus manifestaciones en la oración común que confía al Padre todas las búsquedas humanas de felicidad y de sentido.
Estos son elementos de mucho peso para nuestra cotidianidad creyente, hacen parte del patrimonio de sabiduría con el que Jesùs nos introduce en este nuevo modo de vivir que El instaura como camino hacia Dios y hacia todos los seres humanos: rectitud, reconciliación, oración confiada.
Hay una advertencia severa en el texto de Ezequiel con respecto  a las conductas desordenadas: “A ti, hijo de Adàn, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabras de mi boca, les daràs la alarma de mi parte” (Ezequiel 33: 7). Aquì nos preguntamos: què hacemos cuando nos damos cuenta de una corrupción grande en nuestro medio? Cuando sabemos con certeza, por ejemplo, que alguien està sustrayendo el dinero de la empresa, o destinado al beneficio común? O cuando constatamos que hay favoritismos, tràfico de influencias? O si alguien se vale de su oficio y responsabilidad para beneficiarse èl y los de su cìrculo? Estas y muchas otras situaciones se han dado en muchos ámbitos de nuestro país. Si estamos en algo parecido, cuàl es nuestro proceder?
Los muchos escándalos que conocemos han tardado en conocerse por silencio y omisiòn de quienes lo supieron y no tuvieron la entereza de decirlo o sòlo lo hicieron cuando las cosas llegaron a lo insostenible. Esta advertencia de Ezequiel se relaciona con el primer elemento tomado del texto de Mateo de este domingo. Somos responsables unos de otros, somos responsables de la dignidad de todos, esto es imperativo para construir constantemente el clima de la transparencia, con la fuerza persuasiva propia de quien se sabe asumido por Dios, siempre haciendo énfasis en rechazar todo lo que tenga que ver con la vanidad moral, que Jesùs tanto fustigò, y procediendo con la sabiduría evangélica que es humilde, discreta, y, por lo mismo, capaz de penetrar y saturar de dignidad los corazones de todos los que apuestan por esta nueva manera de vivir.
San Pablo avala todo esto, diciendo a los Romanos y a nosotros: “No tengan deudas con nadie, si no es la del amor mutuo. Pues el que ama al prójimo tiene cumplida la ley” (Romanos 13: 8). Propongàmonos en  la oración de este domingo considerar lo que significa una vida libremente ajustada con la voluntad de Dios, eso que llamamos en lenguaje común “la tranquilidad de conciencia”, còmo se traduce en nuestra vida y en nuestra gente el ser rectos en todo, insobornables, y el ayudar a que todos sean y vivan asì.
Què confortante es cuando sentimos a los hermanos preocupados por nosotros y con el coraje suficiente para hacernos caer en cuenta de que nos estamos procediendo con rectitud. Es la saludable solicitud y vigilancia de los buenos seguidores de Jesùs.
Cuando vemos tantas corruptelas en nuestra sociedad, también presentes en nuestra Iglesia con estas cosas tan penosas de pederastia y otras inconsistencias, no debemos tanto rasgarnos las vestiduras cuanto dedicarnos con pasión evangélica a ser sanadores, muy exigentes eso sì en ese control de calidad, empezando por la propia vida, y ejerciendo un ministerio para que todo lo cristiano sea puro, limpio, honesto, impecable, siempre configurados con el Señor Jesùs, modelados por El, para servir a la humanidad.

Antonio Josè Sarmiento Nova,S.J.
Provincia Colombiana de la Compañìa de Jesùs
Pontificia Universidad Javeriana
4 de septiembre de 2011

DIÁLOGOS sobre el Evangelio del Domingo, por José Martínez de Toda, S.J.,Domingo 23A TO: Corrección fraterna, 4 septiembre 2011

Especialmente para radio
“Donde haya dos o tres reunidos en mi nombre, allá estoy”(Mt 18, 15-20)

Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio… (Se presentan los participantes).
El Evangelio del domingo de hoy plantea cómo corregir a un hermano, cómo resolver los conflictos en la Iglesia. Escuchémoslo.

Lectura del santo evangelio según San Mateo (Mt 18, 15-20)

NARRADOR/A – En aquel tiempo Jesús dijo a sus discípulos:
JESÚS – Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.
Les aseguro que todo lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo.
Les aseguro además que, si dos de Vds. se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Pregunta 1 – ¿Cómo corregir a alguien?

<La tribu Babemba de Sudáfrica celebra el siguiente ritual para corregir la conducta criminal o antisocial de sus miembros.
Se coloca al culpable en el centro del pueblo. Todos los hombres, mujeres y niños, forman un gran círculo alrededor del acusado. Y uno a uno, incluidos los niños, van diciendo las virtudes y todas las cosas buenas que el acusado ha realizado. No se puede ni mentir ni exagerar ni inventarse nada. No se puede decir ninguna cosa negativa del acusado.
La ceremonia dura un par de días hasta que todos han tenido la oportunidad de contar sus bondades.
Al final el círculo se rompe, la fiesta comienza y la persona es acogida de nuevo en la comunidad. Y así el acusado se siente fortalecido y animado a vivir de acuerdo con las normas e ideales de la comunidad.> (Félix Jiménez, escolapio).

Es una bella forma de hacer la corrección fraterna.
Otros, en cambio, lo primero que hacen es condenar, chismear y contárselo a otro.
Jesús nos presenta hoy otro modelo de corrección en cierta forma parecido.

Pregunta 2 – ¿Cuál es el modelo de Jesús?
Nos damos cuenta de que alguien cercano a nosotros, y que participa en nuestras actividades religiosas, ha cometido una falta grave. ¿Qué hacer?
En este caso tenemos la responsabilidad de tomar la iniciativa y, si es posible, de encontrar un remedio. Se trata de corregir, pero para ganar al hermano. La meta es ayudar al pecador en su lucha contra el pecado.
Se trata de afianzarlo en el camino del Señor y de que viva en la comunidad de Jesús. Es el misterio del perdón.
La práctica de la Iglesia no ha de ser la de juzgar ni la de condenar, sino la de tener compasión y comprensión: "No juzguen, para que no sean juzgados".
Para ello debemos orar para que el Espíritu Santo nos ilumine para ver si debemos intervenir o no, y cómo.
Quizá convenga hacer la corrección en seguida, antes de que la ofensa sea de más conocimiento público.
El proceso de Jesús no está diseñado para castigar, sino para reconciliar, para abrirles los ojos a los ofensores y traerlos otra vez al redil.

Pregunta 3 – ¿Cuáles son los pasos concretos?
Éstos son los pasos para la corrección fraterna:
1.Primero. El primer paso es hablar en privado con la persona que ha cometido esa falta. Y eso lo haces con amor y respeto, como a un hermano.
<La hija de un político hija fue arrestada por posesión de drogas ilegales. Su familia se entristeció mucho por el mal comportamiento de la muchacha, pero le dijo que la seguían amando igual.>
Ese es el tipo de lealtad a la que Jesús nos llama: tratarnos los cristianos como hermanos y hermanas.
En la mayor parte de los casos, esta conversación individual resolverá el problema.
2.Segundo. Si no te hace caso, trata el tema delante de dos o tres compañeros.
3.Tercero. Si el culpable no se corrige, presenta el problema a la comunidad, a la iglesia reunida. La iglesia es lugar de escucha y de perdón. La iglesia es responsable de la vida cristiana de todos sus miembros. Su misión es la de reconciliar a todos con Dios y a los hermanos entre sí.
Si todos fuéramos ángeles, la disciplina no sería necesaria; pero no somos ángeles.
Para ello ayudarán como testigos los dos o tres compañeros del segundo paso. Su testimonio ayudará a la iglesia a entender el problema y a determinar el remedio que se necesita. Las puertas siempre estarán abiertas al perdón.

Pregunta 4 – Aquí Jesús da autoridad a la comunidad cristiana. ¿En qué se basa esta autoridad?
El evangelio termina con dos afirmaciones muy consoladoras, en las que se da autoridad a la Iglesia para actuar:
1ª) “Les aseguro que todo lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo”. Atar y desatar significaba para los rabinos prohibir y permitir, condenar y aprobar. Aquí, además, significa retener y perdonar el pecado (como en Jn 20,23). Es un regalo de Jesús a la Iglesia.
2ª) “Les aseguro además que, si dos de Vds. se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. La comunidad reunida en nombre de Jesús multiplica el poder. Jesús es Emmanuel, que significa “Dios con nosotros” (1:23).
Aquí él le da a la Iglesia la autoridad que previamente le dio a Pedro (16:19).
La Iglesia es como Cristo, siempre vivo para interceder por nosotros ante el Padre (Heb 7,25); así también la Iglesia está llamada a ser comunidad orante en favor de todos los hombres y mujeres de nuestro mundo.

Pregunta 5 – ¿Cuál es la Buena Noticia de este evangelio?
1.Las comunidades cristianas tienen la hermosa misión de ser centinelas de la vida. En la primera lectura de hoy del profeta Ezequiel (33,7-9), Yahveh lo constituye como centinela de la casa de Israel que da el grito de alerta para avisar de un peligro inminente.
Otra imagen es la del Buen Pastor, que busca incansablemente a la oveja perdida, porque su voluntad es que no se pierda ni uno sólo de los miembros de la comunidad, ni aun el más pequeño (Mt 18,12-14).
También la Iglesia es como el Cristo médico o sanador, que no vino a curar y salvar a los justos, sino a los "enfermos" y pecadores (Mc 2,17).
2. Se nos enseña cómo lidiar con los conflictos dentro de la iglesia. A quienes pecan y están alejados se les dice que Dios no quiere su muerte, sino que se conviertan y que vivan. La meta es la reconciliación y el perdón.
3. La vida del discipulado no es una relación individualista con Cristo, sino una vida en comunidad. “Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, ahí estoy yo”.

Despedida
Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor. Ahí nos encontramos con los hermanos, pedimos unos por otros, nos perdonamos si nos hemos ofendido, y prometemos corregirnos de nuestras faltas, para que todos seamos realmente la gran familia de Dios.


FIN

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