domingo, 8 de julio de 2012

Pistas para la Homilía, por Jorge Humberto Peláez S.J., TIEMPO ORDINARIO – DOMINGO XIV B (08-julio-2012)

1. Lecturas:
a. Profeta Ezequiel 2, 2-5
b. II Carta de san Pablo a los Corintios 12, 7-10
c. Marcos 6, 1-6

2. Las lecturas de este domingo nos invitan a reflexionar sobre los obstáculos que se presentan al anuncio de la Palabra de Dios:
a. En la primera lectura, se nos narra la misión que Dios confía al profeta Ezequiel: “Yo te envío a los israelitas, a un pueblo rebelde, que se ha sublevado contra mí. A ellos te envío para que les comuniques mis palabras”.
b. El profeta Ezequiel cumplió con su misión profética en unas condiciones difíciles, tal como lo habían vivido los profetas que lo precedieron y los que vendrían después de él. La historia del pueblo elegido siempre estuvo marcada por la tensión entre el Dios de la Alianza que exigía exclusividad y las conductas erráticas del pueblo, que muchas veces regresó a las viejas prácticas idolátricas y se apartó de la Ley del Señor. La relación de exclusividad, que era el núcleo de la alianza (“Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo”) no siempre fue el criterio seguido por la comunidad en sus decisiones.
c. Por su parte, el evangelista Marcos nos describe la fría recepción que encontró Jesús cuando regresó a su tierra por parte de aquellos que lo habían conocido desde la infancia y tenían serios interrogantes sobre su misión; ellos comentaban: “¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas? ¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María?”. Ante el escepticismo de los suyos, Jesús observa: “Todos honran a un profeta, menos los de su tierra, sus parientes y los de su casa”.

3. No pensemos que el profeta Ezequiel y Jesús vivieron situaciones excepcionales de rechazo por parte de algunos sectores. Se trata de una experiencia que afecta a todas aquellas personas que desenmascaran los comportamientos negativos y anuncian la Palabra de Dios en medio de una sociedad que tiene intereses diametralmente opuestos.

4. ¿Cuáles son algunos de los aprendizajes de los que debemos tomar atenta nota para la acción evangelizadora de la Iglesia en nuestros tiempos?
a. En primer lugar, hay que conocer en profundidad la cultura en medio de la cual se proclama la Buena Noticia de la salvación, con sus valores y antivalores, sensibilidades y prejuicios. No es lo mismo anunciar a Jesús en un ambiente campesino que hacerlo en un barrio azotado por las pandillas juveniles.
b. En segundo lugar, la acción evangelizadora de la Iglesia debe leer con atención los signos de los tiempos para pronunciar una palabra oportuna en un mundo en el que los escenarios políticos, económicos y culturales cambian rápidamente. Recordemos que hace unos pocos meses se respiraba una atmósfera de optimismo por el ritmo que llevaba la economía, que se expresaba en robustos indicadores de crecimiento; en este momento, ha cambiado bruscamente el contexto internacional y también se ha visto afectada la gobernabilidad del país. Todo esto impacta las condiciones de vida de los ciudadanos. La acción evangelizadora de la Iglesia debe estar conectada con los hechos cambiantes de la economía y la política; la Palabra de Dios no es un discurso abstracto y atemporal, sino que toca a seres humanos concretos. Es lamentable que muchos sacerdotes pronuncien homilías abstractas, impersonales, como si estuvieran delante de una asamblea de extraterrestres…
c. En tercer lugar, hay que recordar que el vehículo más eficaz de transmisión de la Palabra de salvación es el testimonio de vida de los seguidores de Jesús. El mensaje será creíble en la medida en que los fieles muestren la fuerza transformadora de sus principios y valores. Así lo comprendió la primera comunidad apostólica, que sorprendía a los paganos con su testimonio de amor y solidaridad.
d. En cuarto lugar, la acción evangelizadora de la Iglesia se debe purificar de aquellas palabras y gestos que muestren arrogancia. El servicio sencillo y oportuno desarma todos los prejuicios. La escena del Lavatorio de los pies, en la Última Cena, debería ser fuente de inspiración para todos aquellos que ocupan posiciones destacadas dentro de la comunidad; con su ejemplo, el Maestro nos mostró que el liderazgo se ejerce sirviendo a los hermanos y no ejerciendo el poder.

5. Las lecturas de hoy nos invitan a reflexionar sobre las dificultades que afronta la acción evangelizadora de la Iglesia. Aprendamos las lecciones del pasado: hay que conocer en profundidad la cultura en medio de la cual se proclama la Buena Nueva de Jesús; hay que estar atentos a las cambiantes condiciones de la sociedad para hacer un anuncio pertinente y que tenga sentido; el testimonio de vida es el medio más eficaz para mostrar la validez de una propuesta de vida; hay que dejar a un lado la arrogancia para prestar un servicio sencillo y oportuno.

domingo, 1 de julio de 2012

Biblia y Ecología, por Alejandro Londoño, S.J., Ciclo B, XIII domingo de tiempo ordinario - 01 de julio del 2012.

Hoy las lecturas nos hablan de la Vida. La primera, del  libro de la Sabiduría afirma: “Dios no hizo la muerte, ni goza exterminando a los vivientes. Todo lo creó para que existiera” (Sab. 1,13). En el evangelio de hoy también se destacan los gestos de Jesús, por la vida. Gestos, ante la mujer a la que la sociedad margina y le impide vivir plenamente, y ante la niña de 12 años, a la que retorna a la vida. Marcos no se olvida de mencionar un gesto bien delicado de Jesús, cuando ordenó que a la niña “le dieran de comer” (Mc 5,43).
En un libro de un autor inglés agnóstico apareció una acusación, a primera vista muy original. La culpa de la problemática ecológica actual la hace recaer sobre la religión judeo-cristiana. Sus argumentos no se basan tanto en el nacimiento y ulterior crecimiento del capitalismo en países como Alemania o Inglaterra, cuanto en la orden contenida en el libro del Génesis, de dominad la tierra (Gn 1,27).
La respuesta obvia sería invitar al autor del escrito a leer bien. El Génesis no habla de destruir la tierra, sino de dominar, es decir, imitar al Dominus, al Señor de la Creación. Además se olvidó de un dato muy obvio: antes el enemigo no era el hombre, sino la naturaleza. El rayo, las crecientes de los ríos, los tigres, los leones, las serpientes y hasta un mosquito díptero, tan pequeño como el anofeles, transmisor del  paludismo.
Hoy los papeles se han invertido. El enemigo es el se humano. En especial el hombre capitalista y consumista, el que está destruyendo la naturaleza.
Muchas personas han pasado por la Casa de Encuentros de La Salle en Fusagasugá. De seguro han admirado el lago tan bello que invita al visitante a la oración o al diálogo. Desde los kioskos habrán fijado la vista en las aguas tranquilas, en donde se ven reflejados, como en un espejo, los árboles de la orilla del frente.
Y habrán admirado la cantidad de familias de plantas, que embellecen el entorno del lago. Se cuenta 41 especies distintas de árboles, tales como sauces, nogales, calistemos, citrus, palmas reales y de corozo, entre otros. Y eso sin contar las plantas de adorno, con su variedad de flores.
A eso llamamos “dominar”. Los Hermanos que han realizado este trabajo estaban pensando en nosotros y cumpliendo el mandato del Génesis. También las personas que preparan los alimentos para los ejercitantes, están en realidad dominando la tierra para servicio del hombre.
La semana pasada se realizó la conferencia de la ONU sobre el Desarrollo Sostenible, llamada Río+20, por realizarse 20 años después de aquella de Río 1992. A la primera de estas reuniones asistieron sólo 2 presidentes; a la de Rio 92 casi 100; la actual superó con mucho ese número. Esto muestra la preocupación de todos los pueblos de la tierra por conservar la Naturaleza.
De paso recordemos cómo el documento de Aparecida (n.99g), nos presenta estas motivaciones ecológicas, como un punto que nos puede unir a todas las diferentes confesiones cristianas.
De seguro, a dicha reunión, cada presidente, además de esta inquietud común, trajo sus “agendas ocultas” y muchos ante la situación de los pueblos más pobres, se olvidaron del consejo de Pablo, a propósito de la colecta mencionada en la lectura de hoy: “según un principio de igualdad, la abundancia de ustedes remedie en este momento la pobreza de ellos, para que un día la abundancia de ellos remedie la pobreza de ustedes” (2 Cor 8,14).
Muchos cristianos estuvieron presentes en la Cumbre de los Pueblos, foro alternativo donde se tuvo bien en cuenta este principio paulino de la igualdad. Por eso sus inquietudes sociales afloraron allí y en las mismas calles de la ciudad. En el fondo el tema era la vida, la creación, el modo de tratar con cariño este regalo que Dios nos ha dado.
Con razón un artículo de Ecojesuit, el mismo día 22 de la clausura tituló la diferencia de las dos reuniones, así: ¿Economía Verde o Pintar de Verde la Ecología?, afirmando que “El documento oficial no hace ninguna mención a temas vitales como son la justicia medioambiental, la innovación social…” y que “el texto en su conjunto no será una respuesta válida para la multitud de crisis que enfrentamos”.
Por eso empresas trasnacionales como Pacific Rubiales no dejarán de alabar su trabajo “ecológico”, que en el fondo es acabar con nuestra selva, sacar petróleo u oro, pagar una miseria por nuestros recursos naturales y tal vez disimular los daños.
Preguntémonos ahora para terminal: ¿Cómo valoramos la vida, la creación? ¿Cómo es nuestra preocupación por la vida de nuestros hermanos, en especial, por los más pobres? ¿Cómo se manifiestan estos mismos sentimientos frente al reto de conservar la naturaleza para bien de toda la humanidad?

DIÁLOGOS sobre el Evangelio del Domingo, por José Martínez de Toda, S.J., Domingo 13B TO Hemorroísa, 01 de julio de 2012

“¡Niña, levántate!” (Mc 5, 21-43)
( martodaj@gmail.com)

Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio… (Se presentan los participantes).
El Evangelio del domingo de hoy es una nueva revelación del amor cercano y compasivo de Dios presente en Jesús y un modelo transformador de cómo tratar a mujeres enfermas y marginadas. Escuchémoslo.

Lectura del santo evangelio según San Marcos (Marcos 5, 21-43)

NARRADOR/AEn aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia:
JAIRO"Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva".
NARRADOR/AJesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba.
Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido una fuerza de él, se volvió enseguida, en medio de la gente, preguntando:
JESÚS"¿Quién me ha tocado el manto?"
NARRADOR/ALos discípulos le contestaron:
DISCÍPULO"Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: "¿Quién me ha tocado?"
NARRADOR/AÉl seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo:
JESÚS"Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud".
NARRADOR/ATodavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle:
FAMILIAR"Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?".
NARRADOR/AJesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga:
JESÚS"No temas, basta que tengas fe".
NARRADOR/ANo permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo:
JESÚS"¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida".
NARRADOR/ASe reían de él. Pero él los echó fuera a todos y , con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo:
JESÚS"Talitha qumi".
NARRADOR/A: Que significa: “Contigo hablo, niña, levántate". La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y le dijo que dieran de comer a la niña.


Pregunta 1 –  ¿Por qué busca la gente a  Jesús?
En el evangelio de hoy hay dos personas que buscan desesperadamente a Jesús para conseguir la salud corporal.
Jairo es influyente y tiene dinero. Es uno de los líderes de la sinagoga (v. 22). Guía la oración en la sinagoga, pero además está a cargo de las instalaciones, de la seguridad de las volutas, de la selección y supervisión de los que guían la oración y de la administración general de la sinagoga.  Jairo es una persona que cuenta.
Jairo se arrodilló delante de Jesús, y le ha suplicado que vaya con él a ver a su hija, que se está muriendo, y le ponga las manos.
El tocar a la niña muerta va en contra de la Torá, que declara impuro hasta la noche (Levítico 11:39), o por siete días (Números 19:11), a quien toque un cuerpo muerto. Tal persona debe permanecer fuera del campamento (Números 5:2-3).
Jairo y Jesús caminan rápido, seguidos por la multitud.
De pronto Jesús se detiene y vuelve la vista atrás inquisitivo, mirando a cada uno de los que le siguen, como buscando algo. Jairo se pone nervioso:
No hay tiempo que perder, Jesús. Mi hija se muere. Apúrese. ¿Qué busca?”
La hemorroísa había tocado la túnica de Jesús, e inmediatamente “la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote” (v. 29). Al mismo tiempo Jesús se da cuenta de que una fuerza ha salido de él, y pregunta, “¿Quién ha tocado mi vestido?” (v. 30).
Los discípulos se miran extrañados, pues los apretujones de la multitud eran frecuentes. Pero la mujer se adelanta, cae ante Jesús y le dice toda la verdad (v. 33).  Y Jesús le dice: “Hija, tu fe te ha salvado: vete en paz, y queda sana de tu azote” (v. 34).

Pregunta 2 –  ¿Por qué llama Jesús ‘hija’ a la hemorroísa?
Es la única vez que Jesús llama ‘hija’ a alguien en el evangelio.
La palabra “hija” puede sonarnos como algo demasiado paternal para nosotros del siglo XXI. Pero en la época de Jesús era una manera normal de hablar.  El uso de esa palabra refleja un cariño y una aceptación, que esta mujer no habrá sentido de hace tiempo.
Jesús la llama "hija", la declara familia de Dios, y la alaba por su fe que es la que ha producido el milagro. Ella se sentiría muy feliz, no sólo por ser curada, sino también por ser tratada con tanto cariño. El enfermo necesita medicinas, pero también mucho cariño.
Jesús da todo su tiempo a la hemorroísa, que se lo merece igual que Jairo. Ni rehúsa a Jairo por su dinero y nivel social, ni ignora a la mujer por su pobreza y marginalización.

Pregunta 3 –  ¿Quién era la hemorroísa?
No conocemos su nombre. Es una mujer insignificante, perdida en medio del gentío que sigue a Jesús.
Ella es «impura», según la Ley, pues tiene pérdidas de sangre (Levítico 15, 19-30). Ella ensucia hasta la cama en la que duerme y la silla en que se sienta, y éstas después transmiten su impureza al que las toque (Lev. 15:25-30).  Y no podía tocar nada. Esta mujer era marginada y excluida. Tampoco podía encontrar trabajo, ni siquiera como sirvienta doméstica.
Aquella mujer enferma ha escuchado a Jesús. Se da cuenta de que Él no habla de impureza ni de indignidad. Él sólo habla de amor e irradia fuerza curadora. Ella intuye que Él puede arrancar la «impureza» de su cuerpo y de su vida entera.
A la hemorroísa sólo le queda Jesús. Todos los demás remedios han fracasado.
Pero no se atreve a hablar con Jesús como lo hace Jairo, el jefe de la sinagoga.
Ni siquiera se siente con fuerzas para mirarle a los ojos. Por eso ella se acercará por detrás. Le da vergüenza hablarle de su enfermedad: actuará calladamente. No puede tocarlo físicamente: le tocará solo el manto. La hemorroísa cree que con solo tocar el vestido de Jesús se curará (v. 28). Y tocando a Jesús, quedó curada.

Pregunta 3 –  ¿Y cómo cura a la hija de Jairo?
En esto llegan de casa del jefe de la sinagoga para decirle:
"Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?".
Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga:
"No temas, basta que tengas fe".
Jairo y Jesús vieron que el rito de los muertos ya había empezado: mujeres que gritan y lamentan de manera profesional, que gimen y lloran, se baten el pecho, se tiran del pelo, y rasgan sus prendas; flautas, que  tocan canciones de lamentación.
Todos se ríen cuando Jesús dice que la niña sólo está dormida.
Pero Jesús le dice a la niña: “Talitha qumi” (“Muchacha, a ti te digo, levántate).” “Talitha qumi” es arameo, una lengua semítica relacionada con el hebreo.  “Entre los judíos, el arameo era utilizado por la gente común, mientras que el hebreo permanecía siendo el lenguaje de la religión, del gobierno y de la clase alta” (Encyclopedia Britannica 2003, “Arameo”).  Marcos traduce “Talitha qumi” al griego para los cristianos gentiles de la temprana iglesia, que quizá no sabían arameo.

Pregunta 4 –  ¿Qué lecciones sacamos de este evangelio?
-          Importancia de la fe. La fe es un componente imprescindible de estas dos historias.
La hemorroísa era una mujer con mucha fe en Jesús. YJesús se lo reconoce:
-“Hija, tu fe te ha salvado”.
A su vez,  Jairo está convencido de que Jesús curará a su hija simplemente con tocarla (v. 23). Y cuando Jairo oye que su hija ya está muerta, Jesús le dice, “No temas, cree solamente” (v. 36), y resucita a la niña.
-Cariño de Jesús, que llama a la hemorroísa ‘hija’. Jesús se preocupa por las necesidades de los demás, es solidario, nos impulsa a vivir atentos a los demás.
Hay mucha gente que vive en circunstancias parecidas. Se siente humillada por heridas secretas que nadie conoce, buscan ayuda, paz y consuelo. Se sienten culpables cuando muchas veces solo son víctimas.
Para expresar el amor y la aceptación de la otra persona, mejor que cualquier discurso, es el tocar y el abrazar. El abrazar a una persona es muy saludable. Eso recomiendan a los padres: que abracen a sus hijos.
-Jesús atiende nuestras necesidades, sin hacer diferencias entre ricos y pobres, entre hombres y mujeres. Atiende a mujeres enfermas, despreciadas…
En la balanza de Dios no existe diferencia de sexos. Hombre y mujer valen lo mismo. El evangelio reivindica la igualdad fundamental de la mujer respecto al hombre y la igual dignidad de ambos ante Dios (Gálatas 3, 28).

Despedida
Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor. Toda ella es un estímulo a que nos preocupemos por los demás a nuestro nivel, siguiendo el ejemplo de Jesús.

FIN

Encuentros con la Palabra, por Hermann Rodríguez Osorio, S.J., Domingo XIII del tiempo ordinario – Ciclo B (Marcos 5, 21-43) 01 de julio de 2012

“Tan solo con que llegue a tocar su capa, quedaré sana”
Las situaciones de dolor en las que muchas veces nos vemos envueltos, nos obligan a buscar salidas desesperadas que no se pueden entender desde circunstancias de tranquilidad y paz. Solamente cuando se ha estado desesperado, se entienden ciertas formas de reaccionar que es muy fácil juzgar desde fuera. Una cosa es ver los toros desde la barrera, y otra muy distinta, sentir el aguijón de la desesperación clavado en nuestra carne. Saber esto nos puede ayudar comprender a muchas personas que nos parece que han perdido el juicio y que buscan soluciones donde no las hay.
Un buen amigo mío, sufrió en un momento de su vida una enfermedad muy complicada y dolorosa. El es una persona que podríamos calificar como ‘ilustrada’, porque ha bebido de las fuentes del saber desde muy joven y se ha formado en las mejores universidades de Colombia y Francia. Resulta que estaba pasando por uno de esos momentos críticos que tenía su dolencia y tenía un dolor de hígado muy fuerte. Lo vi, con estos ojos que se comerán los gusanos, acostado en su cama, sosteniendo el polo positivo de una pila contra su hígado, mientras sostenía otra pila, con su polo negativo entre la boca. Un bioenergético le había dicho que el dolor de hígado que tenía se debía a un desequilibrio en la energía de su cuerpo, producido por unas amalgamas que tenía en sus muelas. Y como digo, no es una persona ignorante o mal formada. Lo último que querría sería juzgar a este amigo por semejante situación. Lo que quiero resaltar es que hay momentos en la vida en los que no vemos otras alternativas y nos agarramos a cualquier cosa que nos brinde alguna esperanza de salvación, aunque a los ojos de los demás parezcan cosas insensatas y absurdas. Seguramente conocemos a muchas personas que han despilfarrado fortunas enteras, tratando de solucionar algún problema de salud propio o de algún ser querido. Le han creído a alguien que les ha brindado una chispa de esperanza, cuando los médicos tradicionales la han perdido totalmente y habían dejado de luchar por la vida. Otras personas, han ayudando a seres queridos a salir de una situación de dependencia, ya sea del alcohol o de la droga y para eso han tenido que hacer grandes sacrificios, incomprensibles para quienes no estamos metidos en la situación.
La mujer que nos presente hoy el evangelio, en medio de la escena de la curación de la hija de Jairo, padecía una enfermedad que los médicos de hoy calificarían de ‘crónica’: “(...) desde hacía doce años estaba enferma, con derrames de sangre. Había sufrido mucho a manos de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, sin que le hubiera servido de nada. Al contrario, iba de mal en peor. Cuando oyó hablar de Jesús, esta mujer se le acercó por detrás, entre la gente, y le tocó la capa. Porque pensaba, ‘Tan sólo con que llegue a tocar su capa, quedaré sana”. Efectivamente, cuenta el evangelio que “Al momento, el derrame de sangre se detuvo, sintió en el cuerpo que ya estaba curada de su enfermedad”. Llama la atención la reacción del Señor que, “dándose cuenta de que había salido poder de él, se volvió a mirar a la gente, y preguntó: – ¿Quién me ha tocado la capa? Sus discípulos le dijeron: – Ves que la gente te oprime por todos lados, y preguntas ‘¿Quién me ha tocado?’ Pero Jesús seguía mirando a sus alrededor, para ver quién lo había tocado. Entonces la mujer, temblando de miedo y sabiendo lo que le había pasado, fue y se arrodilló delante de él, y le contó toda la verdad”. Diríamos que esta mujer representa un caso extremo de desesperación, como los que hemos mencionado al comienzo. Pone su confianza en algo que no parece sensato. ¿Cómo puede pensar que con tocar la capa de un profeta, por muy importante que éste sea, va a curarse de una enfermedad crónica como la suya? Ella creyó. Y allí está su fuerza. Jesús lo confirma cuando le dice: “– Hija, por tu fe has sido sanada. Vete tranquila y curada ya de tu enfermedad”. Pidamos al Señor que sepamos vivir una fe como la de esta mujer del evangelio. Que luchemos por nuestros sueños con su insistencia y tenacidad. Pero que no desperdiciemos nuestra fe en curanderos y brujas de mala muerte, ni nos dejemos engañar por tanto encantador de serpientes que deambula por este mundo, sino que pongamos nuestra fe en el único que puede salvarnos, efectivamente, y darnos una salud eterna.

Hermann Rodríguez Osorio es sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
Si quieres recibir semanalmente estos “Encuentros con la Palabra”, puedes escribir a  herosj@hotmail.com pidiendo que te incluyan en este grupo

El Mensaje del Domingo, por Gabriel Jaime Pérez, S.J., XIII Domingo del Tiempo Ordinario -B-, Julio 01 de 2012


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En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se reunió mucha gente a su alrededor y Él se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: -Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella para que se cure y viva. Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente […]. Y llegaron de la casa del jefe de la sinagoga para decirle: -Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar más al Maestro? Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: -No temas, basta que tengas fe. No permitió que lo acompañara nadie más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: -¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida. Y se reían de Él. Pero Él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la tomó de la mano y le dijo: -Talitá kumi (que significa “Contigo hablo, levántate”). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía como doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase, y les dijo que le dieran de comer (Marcos 5, 21-24 y 35b-43).
El mensaje central de este relato del Evangelio es la invitación a la fe en el Dios de la vida, a cuya acción resucitadora se refieren también la primera lectura (Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-24) y el Salmo 30 (29). Al compartir esta misma fe, dispongámonos también a compartir con las personas necesitadas lo que tenemos, como se nos invita a hacerlo en la segunda lectura (2 Corintios 8, 7. 9. 13-15).

1. Jesús le dice al jefe de la sinagoga: -No temas, basta que tengas fe.
La “sinagoga” era entonces y sigue siendo hoy para los judíos un recinto destinado a las reuniones de la comunidad para escuchar las sagradas escrituras, orar e instruirse acerca de las prescripciones morales y rituales de la Ley de Dios promulgada a través de Moisés.
Ante la noticia que le dan al jefe de la Sinagoga de Cafarnaúm -el puerto pesquero de Galilea, donde Jesús inició su vida-, Jesús lo invita a no desanimarse. Las palabras “no temas, basta que tengas fe”, son dirigidas también hoy a nosotros, especialmente en las situaciones difíciles, en las que se oscurece el horizonte de nuestra vida y nos envuelve el temor ante los problemas.

2. Jesús les dice a quienes lloran: -La niña no está muerta, está dormida […]. Luego entra donde está la niña, la toma de la mano y le dice: […] Levántate.

Los relatos de milagros de resucitación obrados por Jesús durante su vida terrena (este de la hija de Jairo, el del hijo de la viuda de Naím y el de Lázaro de Betania, amigo de Jesús) -como también los de aquellos que habían sido realizados por los profetas Elías y Eliseo -narrados en el primer libro de los Reyes del Antiguo Testamento-, y los que cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles que realizaron los apóstoles Pedro y Pablo-, difieren del misterio de la resurrección gloriosa a una vida eterna. La vida terrenal de esas personas, después de haber sido revivificadas, iba a terminar definitivamente algún día. Sin embargo, todos podemos tener la esperanza en una vida eterna después de nuestra existencia en este mundo, y éste es precisamente el núcleo del mensaje pascual de la resurrección de Cristo, prenda de nuestra resurrección futura.
Jesús dice que la niña no está muerta, sino dormida. En otro pasaje de los evangelios, con respecto a la muerte de su amigo Lázaro, les comentará a sus discípulos “Nuestro amigo Lázaro se ha dormido, pero voy a despertarlo” (Juan 11, 11). La Iglesia emplea también en su liturgia la metáfora del sueño para referirse a la muerte, como cuando al rezar por los difuntos en la Misa decimos: “Acuérdate también Señor de nuestros hermanos y hermanas que durmieron en la esperanza de la resurrección”, pidiéndole por su “descanso eterno” al Dios que “creó al ser humano para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser”, como dice la primera lectura.
La resucitación de la hija de Jairo en el Evangelio de este domingo, nos invita a reconocer con fe el poder creador y renovador del Espíritu de Dios, que se manifiesta presente en Jesús. Animados por la fe en este poder del Dios que da la vida, podemos decir, a pesar de nuestras experiencias dolorosas, la frase del Salmo: Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

3. Vida después de la vida
Los relatos evangélicos de resucitación nos presentan hechos de reanimación o revivificación después de experiencias que podrían ser asimiladas a las que presentan las narraciones contemporáneas de personas que han “vuelto a la vida” y dicen que Dios les ha dado “una segunda oportunidad”. No son pocos los relatos de quienes han tenido la llamada experiencia del túnel, después de haber sido declarados muertos o haber sufrido estados de catalepsia, o de haberse detenido por un tiempo considerable los latidos de sus corazones, y han vuelto a la vida. Tales relatos, como los de un famoso libro que recopila hechos de esta índole bajo el título Vida después de la vida, tienen en común la vivencia de una especie de túnel oscuro y una luz al final que atrae a quienes están dejando la vida material. De todos modos, el paso de esta vida a la eternidad sigue siendo un misterio que sólo podremos comprender a la luz de la fe en el Dios de la vida.
¿Cómo afrontar el misterio de la muerte? La respuesta nos la ofrece Jesús: “No temas, basta que tengas fe”. Dejemos que esta frase del Señor de la vida se convierta en un aliento de esperanza en medio del dolor que nos produce la separación de nuestros seres queridos que parten de este mundo -incluso aunque no regresen a la vida material -, y ante el temor que nos produce la certeza de que también nosotros algún día vamos a morir. Y pidámosle constantemente que fortalezca en nosotros la fe en el paso, después de esta vida material, a una vida nueva en la eternidad para participar plenamente de la gloria de Jesucristo resucitado.-

Pistas para la Homilía, por Jorge Humberto Peláez S.J., TIEMPO ORDINARIO – DOMINGO XIII B (01-julio-2012)

1. Lecturas:
a. Libro de la Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-24
b. II Carta de san Pablo a los Corintios 8, 7.9. 13-15
c. Marcos 5, 21-43

2. Las lecturas que nos propone la liturgia dominical giran alrededor del tema de la VIDA, que es el valor básico, anterior a todos los demás valores:
a. El libro de la Sabiduría nos habla de Dios como fuente de la vida, como su promotor y defensor, que creó al hombre a imagen y semejanza suya para que fuera administrador responsable de la Creación.
b. El evangelio de Marcos nos presenta a Jesús, que interviene milagrosamente para devolver la vida a la hija de Jairo, quien era uno de los jefes de la sinagoga, y para restaurar la salud y la calidad de vida de una mujer que padecía continuas hemorragias. Centremos, pues, nuestra reflexión en el don de la vida.

3. El libro de la Sabiduría hace una afirmación contundente: “Dios no hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera”:
a. Esta afirmación del libro de la Sabiduría contrasta con algunas escuelas de pensamiento impregnadas de pesimismo, que ven la existencia humana condenada a la aniquilación, pues interpretan la muerte biológica como punto final que nos lanza a un vacío de oscuridad y destrucción.
b. El Dios que se ha manifestado en Jesucristo es Dios de vida; otra cosa muy diferente son algunos de sus seguidores que han sembrado dolor y muerte pretendiendo defender la verdad; en concreto, me refiero a esos capítulos oscuros de la historia de la Iglesia como las Guerras de religión, las cruzadas, la Inquisición…
c. Las acciones de muerte, tristemente presentes en todas las culturas, son enemigas irreconciliables de la cultura de la vida, que se nutre de una teología de la Creación que ve las maravillas del microcosmos y del macrocosmos como un himno a la sabiduría infinita de Dios que crea la vida. Sin embargo, las ambiciones humanas han querido introducir el caos en el proyecto original de Dios; el libro de la Sabiduría expresa esta cruel realidad en el lenguaje propio de su época: “Por envidia del diablo entró la muerte en el mundo y la experimentan quienes le pertenecen”.

4. El evangelista Marcos nos muestra la sensibilidad de Jesús ante el dolor del padre que ha perdido a su hija, y ante el drama de una mujer que por muchos años ha visto debilitada su salud por las continuas hemorragias que la aquejaban:
a. Su corazón era sensible a las necesidades de las personas que salían a escucharlo. Una vez eran las palabras conmovedoras salidas de lo más profundo del dolor humano, como en el caso de Jairo: “Mi hija está agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva”; otras veces percibe el gesto silencioso de una persona necesitada, como en el caso de la mujer enferma, de la cual nos habla Marcos en el texto que hemos leído, quien “oyó hablar de Jesús, vino y se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido se curaría. Inmediatamente se le secó la fuente de su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba curada”.
b. Ahora bien, todas las acciones milagrosas de Jesús van mucho más allá del hecho físico que suscitaba tanta admiración, y son manifestaciones de gracia y momentos de salvación; por eso le dice a Jairo: “No temas; basta que tengas fe”; y a la mujer la tranquilizó diciéndole: “Hija, tu fe te ha curado; vete en paz y queda sana de tu enfermedad”.

5. Como lo dijimos al comienzo de nuestra reflexión, las lecturas litúrgicas de este domingo giran alrededor del tema de la VIDA: Dios que la crea y la conserva, y Dios que la devuelve a los muertos y a los enfermos. Demos un paso adelante en nuestra reflexión y preguntémonos ¿cuáles son nuestras responsabilidades frente a la vida ya que somos colaboradores en la obra creadora y salvadora de Dios? No cabe una sola respuesta, pues todo dependerá del rol que desempeñemos en la Iglesia y en la sociedad:
a. Son actores principalísimos en la acción creadora de Dios los padres y madres que engendran hijos. Su capacidad de generar vida los hace partícipes, de manera particularmente cercana, del poder de Dios. Por eso la paternidad y la maternidad deben ser ejercidas responsablemente sabiendo que es una tarea que se ejerce a lo largo de toda la vida; ser papá y mamá no es un oficio que se ejerce “de tiempo parcial”, sino que es una opción de vida.
b. Los educadores servimos al Dios de la vida ofreciendo a los niños y a los jóvenes las herramientas de valores, conocimientos y habilidades para que puedan tener una existencia útil y se realicen como personas y como ciudadanos.
c. Los líderes de opinión sirven al Dios de la vida debatiendo los temas de interés común de manera que las políticas públicas protejan a los más débiles y se respeten los derechos humanos fundamentales.
d. Los profesionales de la salud sirven al Dios de la vida trabajando en la prevención de las enfermedades, educando en hábitos saludables de vida, prestando unos servicios de salud que tengan rostro humano, favoreciendo las condiciones para vivir y morir con dignidad.
e. Los ciudadanos de la base servimos al Dios de la vida denunciando las inequidades, favoreciendo la inclusión social, llevando a cabo acciones de solidaridad de acuerdo con las posibilidades de cada uno y protegiendo la naturaleza de la acción depredadora de un desarrollo enloquecido que está acabando con los recursos de la Tierra.

6. Que estas reflexiones, inspiradas en las lecturas de este domingo, nos motiven para asumir nuestras responsabilidades como colaboradores en la obra creadora de Dios, promoviendo y defendiendo el valor de la VIDA en todas sus expresiones.

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