domingo, 10 de noviembre de 2013

COMUNITAS MATUTINA 10 DE NOVIEMBRE DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO


Lecturas
1.      2 Macabeos 7: 1-2 y 9-14
2.      Salmo 16:1;5-8 y 15
3.      2 Tesalonicenses 2: 16 a 3: 5
4.      Lucas 20:27-38
El Dios que se nos revela en Jesucristo es el Dios de la vida en abundancia, desmedida, ilimitada, y en ese dinamismo se entiende y asume todo lo que da plenitud de sentido al ser humano. Aquí podemos condensar lo que nos comunican los textos bíblicos de este domingo.
Vale la pena iniciar nuestra reflexión haciendo un contraste, y este consiste en verificar cómo se ha manipulado a Dios, a Jesús, y se los ha convertido en guardianes, jueces, vigilantes, garantes máximos de un establecimiento de normas “indispensables para la salvación” (? ) reglamentos, prescripciones minuciosas, prohibiciones  y un conjunto de doctrinas formuladas en lenguajes a menudo distantes de nuestra cotidianidad. Todo ello con el agravante de que el excesivo rigor propio de esta mentalidad  excluye y condena a muchos, negando la intención universal del amor salvador de Dios.
Recordamos un libro muy bien formulado, a nuestro modo de ver, titulado “El Dios en quien no creo”, del español Juan Arias, en el que el autor hace un elenco de muchas  imágenes distorsionadas de Dios que afectan tan destructivamente al ser humano, negándole esperanza y sentido, y cargándolo de culpas y temores.
 Muchas de las razones que argumenta el ateísmo tienen como común denominador negarse a creer en un Dios que niega la libertad y la dignidad humanas, por esto podemos hablar de “ateísmos razonables” que, por supuesto, confrontan la calidad de las convicciones creyentes en orden a un saneamiento de las mismas y a un rescate de los elementos originales y liberadores del mensaje cristiano.
Abrámonos a la acción del Espíritu para que nos libere de todos estos imaginarios, y de sus correspondientes sufrimientos y angustias, para acceder al Dios de Jesús, al que está siempre enamorado del ser humano y siempre incondicional para tendernos su mano salvadora, situándonos en el dinamismo de la vitalidad que le es propia.
Mientras los saduceos del relato de Lucas se enredan en milimetrías legalistas con el caso de los hermanos que sucesivamente murieron sin dejar descendencia, casándose con la misma mujer, y preocupados : “Todos murieron sin dejar hijos. Por fin murió también la mujer. Así pues, en la resurrección, de quien de ellos será mujer? Porque los siete estuvieron casados con ella” (Lucas 20: 31-33), Jesús  sale al paso de su miopía, volteándoles el argumento que supera y desarma ese universo de minucias y estrecheces religioso-jurídicas: “Y que los muertos resucitan , el mismo Moisés lo da a entender en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham,Dios de Isaac, Dios de Jacob. No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque todos viven por él” (Lucas 20:37-38).
Toda la vida y el ministerio de Jesús están orientados a alentar la esperanza verdadera, real, palpable; trabaja con ahinco teologal y humano para liberar de los miedos y de los sufrimientos. Su proyecto es erradicar del corazón humano el egoísmo, la injusticia, el sentimiento trágico, la muerte irremediable, práctica que la aplica a cada persona en particular , pero que también se dirige a instituciones, grupos, colectivos, sociedades,  iglesias, para exorcizar todas aquellas ideologías, imaginarios, creencias, que niegan el derecho a vivir con dignidad y con razones definitivas para confiar en que la existencia del ser humano no desemboca en el absurdo y en la tragedia.
Cómo contagiar de sentido en un mundo a menudo vacío de él, desencantado, escéptico, entristecido, pesimista, inseguro y atemorizado? Esta es una pregunta que toca de raíz nuestros proyectos de vida, actuaciones, prioridades,motivos existenciales. Nos dejamos llevar por las corrientes del desencanto? O , mejor, lo apostamos todo por este Dios cercano, solidario, encarnado, implicadísimo en todo lo humano, para redimensionar estas crisis y malestares?
La respuesta cristiana no es simplemente para “la otra vida”, tiene necesariamente consecuencias históricas como manifestación del carácter encarnatorio que se nos ha hecho evidente y definitivo en el Señor Jesús. El es la Palabra inserta en toda realidad humana, asumiéndola, cargando con sus ambigüedades y pecados, para transformar ese mundo de muerte en el universo inagotable de la vida.
De qué maneras concretas nosotros, los creyentes, aportamos para re-significar la historia en esta perspectiva de salvación-redención-liberación? “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Juan 10:10), dice Jesús, frase contundente y programática para indicar que todos estamos llamados a participar del ser mismo de Dios, y es el Señor el portador sacramental de esa oferta, que no es otra cosa que la vida inagotable.
El relato de 2 Macabeos es muy estimulante en este orden de cosas: “Siete  hermanos arrestados junto con su madre fueron forzados por el rey a comer carne de cerdo prohibida por la ley, y fueron azotados con látigos y nervios de toro. Uno de ellos dijo en nombre de todos: qué quieres sacar de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar las leyes patrias” (2 Macabeos 7: 1-2). Se ve claramente un temple espiritual que tiene su raíz en la convicción de este Dios de vivos, garantía y legitimidad de tal solidez y reciedumbre: “Los que mueren a manos de los hombres tienen la dicha de poder esperar en la resurrección.Sin embargo , para ti no habrá resurrección a la vida” (2 Macabeos 7: 14), responde valientemente al rey uno de los hermanos Macabeos.
Muchas páginas de la historia cristiana – las coherentes, las muy evangélicas y humanas! –han sido escritas y vividas por hombres y mujeres con certeza pascual, como los mártires del cristianismo primitivo que se negaron a reconocer el absoluto del emperador y se inclinaron adorando al Señor de la vida, como los que por causa de la fe y de los valores de humanidad contenidos en ella han sido confrontados por poderes violentos, por tiranías y dictaduras, en campos de concentración, cárceles, salas de torturas, cámaras de gas, perseguidos y vilipendiados, pero siempre seguros – como Pablo – de que “todo lo puedo en Aquel que me conforta” (Filipenses 4: 13), así como estos aguerridos hermanos Macabeos.
El texto se da en el ambiente de la feroz persecución del rey Antíoco Epifanes a los creyentes judíos, dándoles el ultimátum, si no abjuran de su fe serán condenados a muerte. Todo el escrito destaca la malignidad del perseguidor y lo contrasta con el carácter insobornable de la conciencia de los justos, y con el sentido de la fidelidad a Dios que siempre responde con justicia,  avalando definitivamente la vida de quienes se fundamentan en El.
Una sugerencia de oración es considerar igualmente los “atentados” que ciertas dinámicas socioculturales hacen contra lo fundamental humano: la idolatría del dinero y del consumo, la arrogancia de muchos hombres y mujeres, el culto al poder y a los poderosos, el desprecio de los humildes y de los que viven a “contracorriente”, el desconocimiento del servicio, de la solidaridad, de la donación amorosa de la vida. En aquellas realidades están presentes los gérmenes de la muerte – modernos Antíoco Epifanes – que pretenden sofocar el dinamismo de la trascendencia, a lo que es preciso responder con el talante esperanzado de los hermanos mártires y de su consistente madre.
Pablo – testigo original de los hechos primigenios de la Buena Noticia – ha vivido primero su condición de fariseo estricto, riguroso, fundamentalista, perseguidor de los primeros discípulos de Jesús y , luego, El mismo Señor ha deshecho estos esquemas de vanidad religioso-moral para darle a entender y  vivir la locura de la cruz : “Porque mientras los judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado, que es escándalo para los judíos y locura para los paganos…… Pues lo que en Dios parece locura, es más sabio que los hombres; y lo que en Dios parece debilidad, es más fuerte que los hombres” (1 Corintios 1: 22-23 y 25).
Este Pablo, de personalidad recia, ahora convertido, capta la nueva lógica de vida que Dios le ofrece en Jesús, y se convierte en el testigo primero, dispuesto a todo para hacer valer estas convicciones, consciente de que en ellas reside la vida genuina, la que no se limita, la que abre esperanzadamente a todo ser humano al misterio último y absoluto de la existencia, la portadora de incorruptibilidad y la que habilita para vivir humanamente, para ser libres, para no arrodillarse ante poderes alienantes, para hacer vigente siempre la dignidad de cada ser humano. Por esto, el Apóstol puede decir con propiedad: “El mismo Señor nuestro Jesucristo, y Dios nuestro Padre que nos ha amado y nos ha dado gratuitamente un consuelo eterno y una esperanza espléndida, los consuelen en lo más profundo de su ser y los confirme en todo lo bueno que hagan o digan” (2 Tesalonicenses 2:16-17).
Esta confianza es la que hace decir al poeta Gerard Manley HOPKINS,S.J. (1844-1889):
El Amor me fue mostrado junto al monte
y lucho por asirlo antes que caiga el día.
Mira, Amor, yo trepo, y Tú en tus alas vuelas:
Amor, es ya la tarde y Tú estás lejos:
Amor, llega la noche aquí y Tú estás en la altura.
Amor, baja hasta mí, pues es tu nombre Amor.
Oíd mi paradoja: Amor, si todo es dado,
para verte he de verte, y para amar, amarte;
yo tengo que alcanzarte al momento y bajo el cielo
si he de alcanzarte al fin a Ti en la altura.
Tú tienes lo que quieres; pasa estos muros, alguien dijo:
El está contigo en el partir del pan.
(La casa a medio camino, 1865)
Antonio José Sarmiento Nova,SJ – Alejandro Romero Sarmiento


jueves, 7 de noviembre de 2013

ACCION DE GRACIAS POR NUESTROS DIFUNTOS



Te damos gracias, Señor Dios nuestro,
por estas personas que nos fueron tan cercanas,
a quienes has llamado al encuentro definitivo contigo.
Te bendecimos por el afecto que ellos y ellas nos regalaron,
por todas las cosas buenas que ofrecieron a sus seres queridos.
Te damos gracias
porque en el sufrimiento de sus enfermedades
se hicieron conscientes de la caducidad
inherente a la condición humana,
y aceptaron con nobleza esta prueba decisiva.
Te rogamos
que nada de estas vidas se pierda,
que todos sus logros e ideales
permanezcan vivos entre nosotros,
que quienes vengan después de ellos
asuman este legado
y lo enriquezcan con nuevas realizaciones
rezumantes de espíritu y humanidad.
Que el testimonio de sus vidas sea para nosotros
una invitación constante a la dignidad,
y que en todo ello descubramos,
con fe y esperanza,
un relato de tu amor y de tu amorosa capacidad
para depositar en cada hombre, en cada mujer,
las semillas de tu reino,
este que se anticipa aquí en la  historia,
haciendo de ella un escenario de encuentros y de  amores,
de respeto y de libertad,
y que se consuma al pasar la frontera de la vida
hacia tu plenitud,
como ya lo han hecho estas personas amadas
que ahora gozan de tu bienaventuranza.
Gracias, Padre bueno,
porque en tu hijo Jesús Resucitado
encontramos la plena garantía de nuestra esperanza
y del sentido cabal  de nuestra existencia.
Así sea.

domingo, 3 de noviembre de 2013

COMUNITAS MATUTINA 3 DE NOVIEMBRE DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO



Lecturas
1.      Sabiduría 11: 23 a 12:2
2.      Salmo 144: 1-2 y 8-14
3.      2 Tesalonicenses 1:11 a 2:2
4.      Lucas 19:1-10
El capítulo 19 de Lucas es el final de la vida de Jesús, antes de su entrada en Jerusalem. Es un relato provocador para los hombres religiosos del judaísmo de su tiempo, porque en él  se fija en un pecador público y detestado – Zaqueo – para que lo invite a su hogar y lo haga partícipe de su mesa, signo de comunión en el espíritu de las bienaventuranzas y escándalo para los “fieles” sacerdotes y maestros de la ley: “Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa” (Lucas 19: 5). Un argumento más que se adiciona a todas las razones que tenían los dirigentes judíos para sospechar de Jesús y someterlo a juicio, porque la condición de Zaqueo lo hacía repugnante para la vanidad moral del fariseísmo vigente en ese contexto.
Con frecuencia hemos escuchado que Jesús es solidario con el pecador, no con el pecado; y es completamente cierto y de total factura evangélica. El nos comunica ilimitadamente, con la máxima generosidad  - hasta la donación cruenta de su vida – la misericordia del Padre-Madre Dios, dinamismo que rehace al ser humano en su mismo centro y lo re-orienta en la perspectiva liberadora del Evangelio.
Jesús los escandaliza: “Al ver esto, todos murmuraban  y decían: se ha hospedado en la casa de un pecador” (Lucas 19: 7),  porque se presenta con autoridad: “hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también este es hijo de Abraham. Pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido” (Lucas 19: 9) – que para la mentalidad judía era exclusivamente de Dios – y porque en nombre de la misma  da la oportunidad a Zaqueo de replantear todo su proyecto de vida: “Señor, la mitad de mis bienes la doy a los pobres, y si engañé a alguno, le devolveré cuatro veces más” (Lucas 19:8).
Una vez más, el evangelio está mostrando la situación de Jesús, enfrentado a un pueblo vanidoso que no se aparta de sus fijaciones religioso-morales, que no se resigna a perder la idea de un Mesías espectacular que confirma a los buenos y condena a los malos, incapaz de captar la lógica revolucionaria de la Buena Noticia y afianzado en su concepción de la relación con Dios como un asunto de pureza legal y ritual, sin implicarse en lo más mínimo en la conversión del corazón.
El Dios que transforma a Zaqueo y a tantas personas no es un dios manipulable, ni a la medida de los estrechos cauces de una salvación que se pretende lograr sólo por cumplimientos milimétricos de requisitos, ceremoniales, deberes ominosos, y otras cargas incomprensibles para el Padre de Jesús. Cuando hablamos de gracia de Dios estamos expresando la desmesura del amor, la disposición incondicional para que el ser humano sea pleno, feliz, bienaventurado, libre de las ataduras del egoísmo, del pecado, de la injusticia. El contradictorio Zaqueo, ahora nuevo discípulo, es felicísimo relato de la eficacia liberadora del ministerio de Jesús.
Por esto Jesús es rechazado y mal visto. No en vano el capítulo 19 y las acciones allí referidas son antesala del proceso de la pasión y muerte del Señor, ”merecida” por haber conmovido las leyes y los dogmas de la intransigente religiosidad de aquellos judíos. Somos conscientes del alcance provocador de estas realidades? O, más bien, nos hemos dedicado a un cristianismo endurecido, el de las observancias legales, el de la autosuficiencia moral, el del desprecio por los pecadores y por los que no están a la altura de nuestras condiciones?
Tengamos presente que el seguimiento de Jesús no es una ideología religiosa para preservar un determinado orden o establecimiento, sino una experiencia vital de hondísima raigambre teologal y humana – es el Padre aconteciendo plenamente en el Hijo e involucrando en esto a toda la humanidad! – para que haya sentido absoluto de la vida, dignidad en su más puro significado, trascendencia definitiva, liberación de todo lo que cierra el corazón humano, apertura a un futuro ilimitado que se inserta en el misterio mismo del amor de Dios.
Esto es lo que quieren decir estas palabras: “Tú tienes compasión de todos porque todo lo puedes, y pasas por alto los pecados de los hombres para que se arrepientan. Porque amas todo cuanto existe y no desprecias nada de lo que hiciste; si odiaras alguna cosa, no la habrías creado. Como existiría algo si tú no lo quisieras? Cómo permanecería si tú no lo hubieras creado? Pero tú eres indulgente con todas las cosas, porque todas son tuyas, Señor, amigo de la vida” (Sabiduría 11: 23-26). Cómo llega a nuestra sensibilidad el significado de este texto? Qué suscita en nuestra interioridad? A qué nos mueve?
El testimonio original de la fe de Israel es su confianza radical en un Dios que es creador y dador de vida, permanente y crecientemente comprometido con sus creaturas, siempre empeñado en mantenerlas en su dinamismo vital, surtiendo una pedagogía de libertad, de reconstrucción constante del corazón, de replanteamiento  liberador de los motivos y prioridades que orientan todo lo nuestro. Y esta intencionalidad se hace contunde y definitiva en todo lo que El nos revela en Jesús, el Cristo.
Jesús es la máxima estrategia de la vitalidad creadora y amorosa del Padre! En El descubrimos el rostro de Dios y el de nuestra propia condición humana! Y todo El está saturado de divinidad y de humanidad, convocándonos a participar de este felicísimo misterio.
Buena estrategia para captar estos contenidos es hacer un ejercicio de identificación con los personajes que refiere el texto de Lucas: con Zaqueo que hizo lo posible para ver a Jesús, subiendo a un árbol, consciente de su necesidad de salud y sentido nuevo; con Jesús, que se fija en este pecador y se compromete con él; con los escandalizados judíos que murmuraban por su trato con un hombre repudiado.
 Dónde estamos? Cuáles de nuestras intenciones y conducta están con unos y otros?  Afincados testarudamente en el fundamentalismo religioso y moral? Cerrados a la misericordia divina?  Comprensivos con la fragilidad humana, que empieza con la aceptación de que ella sucede en nuestro propio interior? Seducidos por el apasionante Padre de Jesús que cambia nuestra mente y corazón para ingresarnos en la esperanzadora dimensión de este reino, nuevo orden de vida y de sentido?
Hagamos conciencia de algunas  consecuencias devastadoras del trinomio pecado-fundamentalismo-injusticia: Siria, un país en el que el propio estado destruye sin piedad a su  población civil; millares de africanos que se lanzan al mar para buscar Europa, hastiados de hambres y miserias sin fin; decisiones de los centros de poder económico y político que privan de oportunidades a muchísimos seres humanos; jóvenes con vidas irremediablemente fracasadas que sólo encuentran alternativa en la delincuencia y en la prostitución; ricos consumidos en su comodidad material, anestesiados ante las injusticias clamorosas de este mundo.
Un mundo así no es el querido por Dios ni el buscado por – también hay que decirlo con vigor – por tantos hombres y mujeres de buena voluntad. De qué manera hacemos nuestro un proyecto de vida que se compromete con la erradicación de todas estas evidencias del mal, para dar paso a un nuevo orden de dignidad, en el que el ejercicio de lo humano se viva como comunión, como mesa compartida, como solidaridad, como reivindicación de la dignidad perdida?  Cómo vamos al encuentro de tantos Zaqueos, conscientes de que también en nosotros anida alguien así, algo o muy  pecadores, seducidos por falsos ídolos, pero también necesitados de un amor superior que nos rehaga y salve?
La fe cristiana nos propone un horizonte definitivo, como el que Pablo manifiesta a los cristianos de Tesalónica:” Así, el nombre de nuestro Señor Jesucristo será glorificado en ustedes, y ustedes en El, según la gracia de nuestro Dios y de Jesucristo, el Señor” (2 Tesalonicenses 1: 12). Este es el patrimonio propio de los seguidores de Jesús, fuente de incuestionable identidad en los cimientos de nuestra fe,  pero, también, desde esta misma sustancia cristiana , llamados a apreciar y reconocer la riqueza y hondura espiritual de otras tradiciones religiosas distintas de la nuestra, igualmente animadas por el Espíritu de Dios que sopla donde quiere  sin someterse a límites ni  fronteras, porque es de su propio ser el carácter inconmesurable del amor que se hace presente donde quiera que haya corazones limpios y seres humanos dispuestos a esta nueva manera de vivir.
El diálogo interreligioso y el ecumenismo son hoy una señal del Espíritu que nos invita a promover una globalización alternativa, la del humanismo, la de la justicia, la del reconocimiento de la común dignidad de todo hombre y de toda mujer, la que sale de los límites estrechos de grupos autocontemplativos para ofrecerse a esta causa de hacer un mejor mundo, el de los Zaqueos reconstruidos.
Vienen a la mente y al corazón muchos nombres, universales, orgullo del género humano, cuyos “genios éticos” y espirituales nos han indicado estos caminos de encuentro y reconciliación, como Gandhi, Chiara Lubich, Rigoberta Menchú, Juan XXIII, Luther King, Monseñor Romero, Nelson Mandela, Aug San Suu Kyi, Dom Helder  Cámara, que miraron el mundo y la vida desde el reverso de la historia, como Dios que siempre va a contracorriente, para indicar que las lógicas del poder y de la dominación no son esperanza y redención, que sólo en una solidaridad comprometida es posible vivir dignamente. Ellos y muchos más dieron lo mejor de sí para construír una humanidad reconciliada, y esperan sucesores!
Antonio José Sarmiento Nova,SJ – Alejandro Romero Sarmiento

sábado, 2 de noviembre de 2013

¿Perdidos e idos para siempre?

Pon mis lágrimas en tu odre. ¿Acaso no los tienes anotados? (Salmo 56:8) ¡Qué petición más notable es ésta! Una traducción alternativa es igualmente sentida: “Mis lágrimas se guardan en tu petaca.” Mientras lloramos la muerte de nuestros amigos, Dios nos observa con compasión. Dios respeta nuestras lágrimas, y las guarda porque son preciosas. La Biblia es el Libro de las Lágrimas. Jesús llora sobre Jerusalén, y sobre Lázaro. Las lágrimas son la preocupación del Señor: al final, “Él enjugará las lágrimas de sus ojos” (Apocalipsis 21:4).
Por lo tanto, si en verdad la muerte nos trae lágrimas, creemos que no lloramos frente a un universo indiferente. San Pablo le decía a sus primeros conversos: No deben afligirse “como hacen los demás que no tienen esperanza” (1 Tesalonicences 4:13)
Una última bendición relacionada con las lágrimas: “Benditos ustedes los que lloran, porque reirán” (Lucas 6:21)
Las lágrimas revelan nuestro amor por los que han muerto. Pero nuestro amor no es un amor perdido. Los que parecen haberse “ido”, nos serán devueltos. Jesús nos dice: “Y después de ir y prepararles un lugar, volveré para tomarlos conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes.” (Juan 14:3). Él hace esta promesa en su reunión con sus discípulos, no sólo a cada individuo, sino que a la comunidad de ellos. Todo el Cuerpo de Cristo será finalmente reunido en uno, y todos, nosotros y nosotras, nos llenaremos de júbilo.

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