domingo, 25 de agosto de 2019

COMUNITAS MATUTINA 25 DE AGOSTO 2019 DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C


“Pues hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos”
(Lucas 13: 30)
Lecturas:
1.   Isaìas 66: 18 – 21
2.   Salmo 116: 1 – 2
3.   Hebreos 12: 5 – 7 y 11 – 13
4.   Lucas 13: 22 – 30
Las lecturas de hoy nos ponen frente a la realidad de eso que en lenguaje religioso tradicional llamamos la salvación eterna. Quiènes se salvaràn? Còmo nos salvaremos? Què debemos hacer para salvarnos? Estas inquietudes son las que están contenidas en el relato evangélico correspondiente a este domingo, a las que Jesùs responde con lenguaje enigmático y sorprendente: “Esfuércense  por entrar por la puerta estrecha, porque les digo que muchos pretenderán entrar y no podrán”. [1]
Ya sabemos muy bien que la lógica de Dios hace trizas nuestros esquemas humanos, esto se ha hecho evidente en el ser y en el quehacer de Jesùs cuando somete a crìtica profunda y rigurosa el establecimiento religioso judío, y  también a las mentalidades similares de todos los tiempos de la historia humana. Desde la experiencia que tiene Jesús de la paternidad de Dios y desde la libertad que esto le genera se pueden someter a “control de calidad” las prácticas religiosas de todos los tiempos de la historia.
La forma tradicional de hallar plenitud de sentido en lo que se llama  “salvación” corresponde a un paradigma religioso bastante individualista y también egocéntrico. Se ha concebido esto como un negocio entre Dios y el creyente: El me salva si yo le cumplo con ciertos requisitos, entonces lo que pasa es que esto se torna en unas “consignaciones” permanentes en mi cuenta “bancaria” religiosa, abonos de obras, méritos, autojustificaciones, cumplimientos, para que, al final de la vida se me haga el correspondiente balance contable – pura meritocracia! - , de acuerdo con esto se me otorgará la anhelada salvación (cielo), tendré que purificarme si el balance no me da (purgatorio), o definitivamente el saldo es rojo y no paso la prueba (infierno). El éxito de esa contabilidad automeritoria será el que me dé o no me dé el pase a la eternidad.[2]Tal concepción es muy pobre y estrecha y no corresponde a la genuina revelación bíblica.[3]
A Jesús no le preocupan ni la cantidad de merecimientos, ni la pertenencia a tal o cual comunidad de elegidos, ni los niveles de alta observancia religiosa de los “aspirantes” a esa salvación, ni tampoco las fechas. El desarma por completo estas pretensiones y, como suele hacerlo, nos hace un planteamiento profundamente radical pero profundamente liberador. [4]
Tal intención del Señor  se hace clarísima con las conocidas palabras: “No todo el que me diga Señor, Señor, entrarà en el reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre que està en los cielos”[5] , expresión de Jesùs incluìda en el contexto amplio del espíritu de las bienaventuranzas, cuando èl propone su programa de sentido y  de acatamiento a  Dios y al hermano,  trascendiendo en el amor y en el servicio màs allà de las simples pràcticas religiosas y cultuales.
Volviendo  a Lucas, vemos que este pone a Jesùs “caminando hacia Jerusalèn”, tèrmino frecuente en los evangelistas que alude al encuentro de Jesùs con su destino definitivo, con las consecuencias de su misión, con la definitividad de su tarea de manifestar a los humanos el amor universal del Padre, su misericordia, la inclusión de los últimos del mundo, y la radical pròjimidad como dato ètico esencial en su predicación. Ir hacia Jerusalén es ir hacia su cruz, hacia la evidencia plena que legitima su opción por el reino de Dios y su justicia, hacia la consecuencia dramática – la muerte – de todo su actuar que quiebra el referido modelo de salvación – escandaliza a los jefes religiosos del pueblo judío - , sacrificio que se convierte en mediación definitiva de liberación.
Jesùs anuncia constantemente que Dios es un padre bueno que acoge a todos, siempre tendiendo la mano amorosa y dando mil oportunidades a todos para vivir una humanidad plena, servicial, solidaria. Esto es motivo de gozo para muchos, especialmente para aquellos que ordinariamente no son tenidos en cuenta porque se les considera religiosa y moralmente inferiores, mensaje sorprendente que incluye a prostitutas, cobradores de impuestos, pecadores públicos. Ante esto algunos de sus contemporáneos se preguntaron: no està abriendo el camino hacia una relajación de las costumbres, inaceptable planteamiento para los conocidos y rìgidos guardianes de la moral y  de la religión?
El conocido estilo del Papa Francisco, su amplitud de miras, genuinamente evangélica, le ha valido la oposición intransigente de varios cardenales y obispos. Le acusan, como a Jesús, de apartarse de la verdadera doctrina y de la enseñanza moral tradicional. Esto siempre sucede cuando se quiere recuperar el Evangelio, los integristas – nuevos fariseos – no soportan la libertad del profeta y la pérdida de sus seguridades doctrinales.
Las respuestas de Jesùs enfocan el asunto en otra dirección que no tiene que ver con el cumplimiento de ritos, normas, disciplinas, minuciosidades jurídicas, obligaciones. Para èl la clave està en una actitud lùcida que acoge a ese Dios misericordioso como gracia, como don que justifica no por la acumulación de mèritos sino por la gratuidad de ese amor que aspira a que todos entren por esa “senda estrecha”.[6]
Por supuesto que debemos  decir que el seguimiento del proyecto del Padre demanda una existencia responsable y comprometida, no se trata de un facilismo  permisivo a ultranza,  tal propuesta va por el lado de una vida que se vive con gran intensidad humana saliendo del individualismo religioso-moral y haciéndose plena en la atención amorosa a los prójimos, configurando con ellos un mundo de comunión y de participación, de fraternidad, de humanidad que se encuentra con el Padre en el encuentro con los hermanos.[7]
 Aquì està la jugada maestra de lo que llamamos salvación. Para salvarse no basta el hecho de pertenecer a la Iglesia, de seguir con detalle todas sus prescripciones, Jesús está proponiendo un “plus” radical, que es la referencia central de los textos de este domingo. Hay un ego muy moldeado por la vanidad religioso-moral de los fariseos, y de todos los que quieren mantener la vigencia de este modelo hasta el día de hoy.
Esta  no es una frontera que hay que cruzar como cumpliendo el requisito final, es un proceso de descentración del yo que hay que llevar lo màs lejos posible. En este orden de cosas, Jesùs cuestiona a aquellos que se sienten “merecedores” del don de Dios y lo proclaman a diestra y a siniestra. Contra esta autojustificaciòn èl dice: “Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, los que estèn fuera se pondrán a llamar diciendo: Señor, abrènos! Pero les responderà: no se de dònde son ustedes. Entonces empezaràn a decir: Señor, hemos comido y bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas. Pero les volverá a decir: No sè de dònde son. Apàrtense todos de mì, malhechores!” .[8]
Ese perfeccionismo religioso y moral , esa conciencia de ser los buenos y justificados, esa presunción que desprecia a quienes no son asì, definitivamente farisaica, reviste a menudo la forma del fundamentalismo intransigente que condena a quienes ellos juzgan como excluìdos del favor de Dios. Las homofobias, el supremacismo, las vanidades religioso morales, las iglesias integristas,  resultan repugnantes para Jesùs y no constituyen el proyecto de plenitud que èl nos transmite desde el Padre Dios.[9]
En coherencia con todo lo anterior  entramos ahora  en conexión directa con la universalidad del don de Dios anunciado por Jesús, y prefigurado en los profetas del Antiguo Testamento.
La primera lectura nos da una nueva sorpresa cuando anticipa  una salvación universal, incluyente, reconocedora de todos en el mundo: “Yo vengo a reunir a todas las naciones y lenguas; vendrán y verán mi gloria. Les pondrè una señal y enviarè de ellos algunos escapados a las naciones: a Tarsis, Put y Lud, Mèsec, Ros, Tùbal, Yavàn; a las islas remotas que no oyeron mi fama ni vieron mi gloria” .[10]
Este texto pertenece a lo que los estudiosos de la Biblia llaman el tercer Isaìas (capítulos 50 a 66 de este libro del Antiguo Testamento), que delinea los nuevos tiempos mesiánicos de Israel, en los que la promesa de Yavè se cumple con creces, abarcando a todos los seres humanos, como uno de los rasgos que caracterizan esa nueva época, marcada por la determinación universal de salvación: “Y traerán a todos sus hermanos de todas las naciones como oblación a Yahvè” . [11]
Dios no se fija en la perfección absoluta que eventualmente algunos humanos pretendan lograr sino en la condición creatural que nos distingue, necesitados de gracia y de sentido, de libertad y de salvación, manteniéndonos frágiles y – desde ahì – entregados al proyecto de servir, de amar, de dignificar al prójimo, de dar la vida por la humanidad, de acoger, de bendecir. No estamos en el mundo para salvar nuestro yo sino para desprendernos de èl hasta que no quede ni rastro de lo que creìamos ser.
Hay muchos creyentes que son modélicos en este sentido. Su vida está determinada por su disposición de darse sin reservas, siendo instrumento para que muchos reciban la vitalidad de Dios en esta perspectiva de inclusión y universalidad. Por ejemplo, Dorothy Day[12], notable seguidora de Jesús en el siglo XX, profeta que denunció las inconsistencias de la sociedad norteamericana.[13] Su vida fue netamente contracultural, su estilo evangélico escandalizó porque no correspondía con el modelo habitual de católicos beatos, santurrones, la suya fue una existencia libre gracias a la libertad de Jesús en ella.
Una vida como esta, y como muchas que conocemos, nos dice que no estamos en el mundo para una salvación individualista, egocéntrica, sino para perdernos en beneficio de todos, al estilo de Jesùs. No son los “primeros” los que se salvan por su obsesivo cumplimiento religioso, sino los “últimos”, los que se dedican en totalidad a reconocer el amor del Padre en el amor desmedido al prójimo, hasta las últimas consecuencias.
Asì, Jesùs modifica de raíz el esquema de salvación y nos manda a vivir en gratuidad, como es el Dios que nos llama a este estilo de vida, dejando de lado la “contabilidad” de acciones buenas y la acumulación de merecimientos, asunto verdaderamente revolucionario, para dar paso al proyecto de vida que reconoce al prójimo y el debido servicio a èl , en el que se juega el sentido de la existencia de los seres auténticos y deseosos de cumplir la voluntad de Dios.
El penoso espectáculo de católicos y evangélicos llevados por una rabiosa homofobia, el talante condenatorio de muchas de estas conductas, no es ciertamente el del Señor Jesùs, esa pretendida defensa de la ortodoxia religioso – moral nace de un afán de poder, afecto desordenado que no es admisible para pasar la línea de la “puerta estrecha”.
 El yo màs peligroso para alcanzar una verdadera salvación es el yo religioso, envanecido de falsa santidad. Como los fariseos y los maestros de la ley, han cumplido todas las normas de la religión, pero no han sido capaces de descubrir que en ese mismo instante deben considerarse “siervos inútiles”.
Tomemos las palabras de la carta a los Hebreos como dirigidas a nosotros cuando nos dejamos llevar por esta arrogancia tan contraria al espíritu del Evangelio: “Ustedes han echado en olvido la exhortación que se les dirige como a hijos: Hijo mìo, no menosprecies la corrección del Señor, ni te desanimes cuando te reprenda. Pues el Señor corrige a quien ama, y azota a todos los hijos que reconoce” [14]
El humilde reconocimiento de nuestra inevitable precariedad ha de llevarnos a asumir esta lógica novedosa y liberadora de gracia, de dones recibidos y compartidos, de gozosas fraternidades construìdas con amor, y de enfático alejamiento de esa salvación egoísta que no es la que el Padre nos ofrece en Jesùs.



[1] Lucas 13: 24
[2] TORRES QUEIRUGA, Andrés. Repensar la resurrección. Trotta. Madrid, 2008.
[3] TORRES QUEIRUGA, Andrés. Repensar la revelación. Trotta. Madrid, 2010.
[4] SEBASTIAN AGUILAR, Fernando . La fe que nos salva: aproximación pastoral a una teología fundamental. Sígueme. Salamanca, 2012.
[5] Mateo 7: 21
[6] NOLAN, Albert. Jesús antes del cristianismo: quién es este hombre? Sal Terrae. Santander (España), 2001.
[7] VIDAL, Marciano. Para conocer la ética cristiana. Verbo Divino. Estella (Navarra, España), 1998.
[8] Lucas 13: 25-27
[9] GIL ARBIOL, Carlos. El Dios de Jesús y las fronteras culturales y religiosas. Publicado en Revista Cuestiones Teológicas. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín. Volumen 44 No. 102. Julio-Diciembre 2017. Pags. 453 a 467.
[10] Isaías 66: 18-19
[11] Isaías 66: 20.
[12] 1897-1980. Fue una católica alternativa, nacida en Estados Unidos, su manera de vivir el seguimiento de Jesús, su entrega a la reivindicación de los obreros de su país, hicieron de ella una cristiana radical.
[13] DAY, Dorothy. La larga soledad. Sal Terrae. Santander (España) 2007.
[14] Hebreos 12: 5-6

domingo, 18 de agosto de 2019

COMUNITAS MATUTINA 18 DE AGOSTO 2019 DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C

He venido a arrojar un fuego sobre la tierra, y cuànto desearìa que ya hubiera prendido!”
(Lucas 12: 49)
Lecturas:
  1. Jeremìas 38: 4 – 10
  2. Salmo 39: 2 – 4 y 18
  3. Hebreos 12: 1 – 4
  4. Lucas 12: 49 – 53

Con notable frecuencia en la historia de estos veinte siglos de cristianismo nos encontramos a la Iglesia, y a muchos de sus pastores e integrantes, convertidos en soportes del orden establecido – que mejor se puede llamar desorden - plagado de injusticias y atropellos contra la humanidad, contrariando asì, y de manera gravísima, el espíritu original de Jesùs y de su Buena Noticia. Muchas entidades religiosas son legitimadoras de “ordenamientos” económicos y políticos claramente injustos, transformadas ellas en sustento ideológico de realidades que van en contra del querer de Dios y del respeto debido a la dignidad humana y a la creación en general.1
La iglesia y las iglesias se validan en su autenticidad cuando se mantienen fieles al espíritu de Jesús, cuando son proféticas, cuando están en permanente plan de salida misional, cuando se dedican sin reservas al servicio de la humanidad, llevando la Buena Noticia de salvación, y trabajando para que esta configure seres humanos libres a partir de una experiencia profunda del amor de Dios.
Por esta razón es imperativo estar siempre en proceso de vuelta a los orígenes de la fe. Cuando en la vida de los cristianos se evidencia el talante de profecía y libertad, de enfático rechazo de la manipulación de Dios y de la mediación religiosa, de negativa crítica a la dominación del ser humano, atribuyendo esto a una pretendida voluntad de Dios, que en últimas no es otra cosa que la manifestación de la pecaminosidad de hombres concretos que se ensañan en contra de sus prójimos, se pone sobre el tapete la prioridad del conflicto, que no es irresponsable exposición sino capacidad de poner en tela de juicio el pecado del mundo, en nombre de Jesús.2
Si lo nuestro en materia de convicciones cristianas es la seriedad para seguir el camino de Jesùs, vamos a ver claramente que él se presenta como signo de contradicción, tal como lo plantea el texto de Lucas que consideramos en este domingo: “He venido a arrojar un fuego sobre la tierra, y cuànto desearìa que ya hubiera prendido!” .3 Jesús vive un ministerio generador de conflicto y contradicción. La suya no es una misión de ingenua conciliación y de un pacifismo que más bien es evasión de la fuerza liberadora del Evangelio
Tal expresión , de claro contexto apocalíptico,4 se refiere a la misión de Jesùs que consiste en poner fin a los aspectos pecaminosos e injustos del mundo para que surja el reino de Dios, tarea que no es de buen recibo por parte de quienes son los “dueños” del poder. Ven en el profeta a un enemigo de sus intereses y, en consecuencia, a alguien indeseable a quien hay que someter y eliminar.
La mentalidad apocalíptica, propia del tiempo de Jesùs, tenía ante sí la imagen de una gran confrontación entre las fuerzas del bien y las del mal, tipificadas aquellas en Jesùs, y las últimas en el imperio romano y en la institución religiosa judía, que encarnaban la dominación de conciencias, cuerpos y bienes, utilizando recurrentemente a Dios como legitimador de ese sistema que iba en contravía del proyecto de Jesùs de perdonar, de incluir, de sanar, de liberar, de dar nuevas alternativas de vida y dignidad a los eternamente oprimidos.
Con la imagen del conflicto familiar quiere enfatizar el carácter dramático de su misión: “Porque desde ahora habrá cinco en una familia y estarán divididos: tres contra dos y dos contra tres”5 , su proyecto no es el de una cómoda conformidad religiosa ni el de una silenciosa adaptación a eso que para El es claramente injusticia y negación de la voluntad de Dios, siempre compasiva, misericordiosa y reivindicadora.
La primera lectura , del profeta Jeremìas, es una alusión a esta animadversión que los perversos sienten por las gentes de conciencia limpia y de trabajo comprometido para denunciar todo lo que disuelve la dignidad de las creaturas: “Aquellos notables dijeron al rey: hay que condenar a muerte a ese hombre, porque con eso desmoraliza a los guerreros que quedan en esta ciudad y a toda la plebe, diciéndoles tales cosas”.6
Los estudiosos del texto bíblico llaman a este pasaje la pasión de Jeremías. El profeta tiene que pasar toda suerte de ignominias y persecuciones por causa de la palabra de Dios que debe anunciar. Nos conecta con los mártires de nuestro tiempo, con aquellos que, siguiendo a Jesús, se han enfrentado a los poderes del mundo para provocar el conflicto que provoca el surgimiento de una nueva humanidad.7
Vienen a la memoria los mártires de la justicia en nuestro país, cuando en los siniestros años ochenta y noventa se enfrentaron a la corrupción del narcotráfico, presente en los facinerosos que delinquieron y en la institucionalidad que se dejó pervertir; los más de seiscientos líderes asesinados desde que a finales de 2016 se firmaron los acuerdos de paz con las FARC, la multitud de campesinos, amas de casas, agentes de pastoral, sindicalistas, profesores universitarios, activistas de derechos humanos, estudiantes, sacerdotes, trabajadores, que han denunciado las fisuras de un sistema que impide sistemáticamente el ejercicio de la libertad y la crítica que propone alternativas de cambio.8
Asì también los profetas que, en nombre de la fe en Dios y de su correspondiente afirmación de la dignidad de sus hijos, señalaron con severidad y vigor las lacras de gobernantes, militares, terratenientes, manteniendo al pueblo en miseria, y silenciando con violencia la expresión de su inconformidad.
En el texto evangélico que nos ocupa este domingo parece que Jesús cambia el tono de su mensaje. La Buena Noticia en su origen nos parece promotora de paz, de conciliación, de una serenidad que es fruto de la experiencia profunda de Dios. Sin embargo, ahora se nos presenta en términos de confrontación y de contradicción: “Piensan ustedes que he venido a traer paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división”.9
Este trabajo de denuncia y anuncio no resulta simpático para el “orden establecido” porque lo desajusta en todo su sistema, evidenciando su malignidad. Pone a unos y a otros en confrontación y en polarización, también en escándalo. Está claro que Jesús no es un predicador religioso que adormece conciencias y que distribuye píldoras espirituales para formar personas sumisas y adaptadas a un sistema petrificado, carente de vida, vertical, y abandonado a una inercia sociocultural. Es el cristianismo de conservación, el que gusta a los poderosos porque mantiene sujetos que no protestan.
El Evangelio no admite medianìas ni cumplimientos mediocres de puntualidades rituales, sino una manera de vivir alerta, profética, creativa, atizada por la misión de Jesùs; sus palabras fuertes nos pueden resultar sorprendentes y de difícil asimilación porque entran en contraste con la tradicional imagen del Señor “manso y humilde de corazón”.
El destacado relato vital de Monseñor Romero10 – ahora San Romero de América - tan querido por los pobres de El Salvador y del mundo y por las gentes deseosas de justicia, es una consecuencia de la misión de Jesùs, tal como la presenta el evangelio de este domingo, una sacudida de las conciencias, una crítica potente a la religiosidad que se evade de la historia, una denuncia del adormecimiento de tantos cristianos que permanecen en silencio ante los manejos de los injustos.
Las palabras de la carta a los Hebreos nos resultan esclarecedoras para lo que ocupa nuestra reflexión de hoy: “Por tanto, también nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con constancia la carrera que se nos propone, con los ojos fijos en Jesùs, que inicia y lleva a la perfección de la fe” .11
La “nube de testigos” está constituída por todos aquellos seguidores de Jesús, hombres y mujeres, que siguen el mismo itinerario de denuncia, a sabiendas de que en este ejercicio les va la vida. Ellos son los pioneros de un nuevo orden de vida, el de Dios, y representan a los millones de excluídos por el pecado del mundo, se convierten en voz de los sin voz. Su profecía rompe con la tranquilidad, pone el dedo en la llaga, remite a un hondo examen de conciencia, plantea otra escala de valores.12
Dios clama en los millares de desplazados, migrantes, refugiados, que buscan con desespero salir de la miseria y de la violencia, en la niñez prostituìda y utilizada para la guerra, en los ancianos desconocidos porque ya no son ùtiles para la productividad, en los condenados morales que son rechazados por un sistema religioso y moral que oscurece el vigor del Evangelio, en los solitarios y fracasados que no se sienten acogidos con misericordia.
Constatar estas indignidades es un llamamiento a “prender el fuego” de la justicia, del reino de Dios, a llamar con palabras claras – aunque sean de contradicción – el desorden establecido, a seguir a Jesùs en su misión de erradicar el mal y de afirmar, aùn con riesgo de la propia vida, que la voluntad del Padre no es la de entronizar una religiosidad “opio del pueblo”, sino un modo de vida profundamente teologal y humano, que nos haga conscientes de la indispensable projimidad que debe estar en la raíz de nuestras opciones y conductas.
El, en vista del gozo que se le proponía, soportò la cruz sin miedo a la ignominia y està sentado a la diestra del trono de Dios. Fìjense en quien soportò tal contradicción de parte de los pecadores, para que no desfallezcan faltos de ànimo” 13), es el ejemplo original del Señor Jesùs, a quien debemos mirar para seguir sin temor la contradicción salvadora de su cruz, “el fuego que enciende otros fuegos”, expresión original de otro fiel seguidor suyo, San Alberto Hurtado, SJ.14
Definitivamente seguir el camino de Jesús no es asunto tranquilo, no es integrarse a una funcionalidad religiosa de piedad individual, adaptada sin sobresaltos a unos cumplimientos estipulados por la autoridad de sacerdotes y pastores. Con él se conmueven los cimientos de la tierra, es “piedra en el zapato” que socava ese adormecimiento, que plantea una escala de valores – la conocemos bien – contenida en las bienaventuranzas, es el despliegue de una nueva manera de humanidad que viene de Dios y se implica en lo más profundo de nuestra condición.




1 En los procesos políticos de los últimos años en varios países del mundo se destacan los partidos políticos de corte conservador, cuya base electoral más fuertes son los miembros de iglesias cristianas evangélicas, de matriz fundamentalista e integrista. Es el caso de la elección de Trump en USA, de Bolsonaro en Brasil, de Alvaro Uribe en Colombia, de recientes elecciones presidenciales en Centro América.
2 SANHUEZA, Krety. Jesucristo prototipo de justicia y de martirio a favor de los pobres y marginados. Publicado en revista CUESTIONES TEOLOGICAS. Universidad Pontificia Bolivariana, Medellín. Volumen 43, número 99. Páginas 175 a 197. 2016.
3 Lucas 12: 49
4 RICHARD, Pablo. Apocalipsis: reconstrucción de la esperanza. www.nuestrabiblia.org Servicio Bíblico Verbo.
5 Lucas 12: 51
6 Jerem+ias 38: 4
7 RICCARDI, Andrea. Il secolo del martirio. Mondadori. Milán, 2000. Este libro es un completo recuento de las persecuciones sufridas por los cristianos en los contextos de las dos guerras mundiales, del régimen comunista de la Cortina de Hierro, en América Latina bajo las dictaduras inspiradas en la doctrina de la seguridad nacional, y en otros regímenes totalitarios.
8 GIRALDO MORENO, Javier. Aquellas muertes que hicieron resplandecer la vida. Editorial Desde los Márgenes. Bogotá, 1992.
9 Lucas 12: 51
10 BROCKMAN, James R. La palabra queda: vida de Monseñor Oscar Arnulfo Romero. UCA editores. San Salvador, 2015.
11 Hebreos 12: 1-2
12 TOJEIRA, José María. El martirio ayer y hoy: testimonio radical de fe y justicia. UCA Editores. San Salvador, 2005. ROMERO, Oscar Arnulfo. La voz de los sin voz: la palabra viva de Monseñor Romero. Introducciones, comentarios y selección de textos de Jon Sobrino, Ignacio Martín-Baró, Rodolfo Cardenal. UCA Editores. San Salvador, 1980.
13 Hebreos 12: 3
14 HURTADO CRUCHAGA, Alberto. Un fuego que enciende otros fuegos: páginas escogidas. Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago, 2005.

domingo, 11 de agosto de 2019

COMUNITAS MATUTINA 11 DE AGOSTO 2019 DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C

Porque donde estè su tesoro, allì estarà también su corazón”
Lucas 12: 34
Lecturas:
  1. Sabidurìa 18: 6 – 9
  2. Salmo 32: 1 y 12 – 22
  3. Hebreos 11: 1 – 2 y 8 – 19
  4. Lucas 12: 32 – 48
Nuestra condición creyente debe ser estructurante de un proyecto total de vida, brindando coherencia a todo nuestro ser y quehacer, de tal manera que no hemos de detenernos en asuntos puntuales, en esta o aquella pràctica, en este o aquel pretendido “requisito de salvación”, para configurar nuestro relato vital en la perspectiva del sentido definitivo de vida que se nos ofrece en Jesucristo, en quien todo lo humano se hace divino, haciéndose èl mismo parte sustancial de nuestra humanidad. Siempre mirando al futuro con esperanza!
Vistas asì las cosas, descubrimos una dimensión fundante de promesa, que es garantía de toda la existencia, lo que demanda de nuestra parte una disposición constante de vigilancia activa, de aventura creyente y confiada en Aquel que es el aval por excelencia de esta historia de sentido, como lo vivieron aquellos personajes de la historia bíblica, prototipos de la fe: “Por la fe, Abrahàn, al ser llamado por Dios, obedeció y salió para el lugar que había de recibir en herencia. Ademàs, salió sin saber a dònde iba…….Es que Abrahàn esperaba la ciudad asentada sobre cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”.1
Esta caminata existencial, todo nuestro recorrido por la vida en clave de Dios como principio y fundamento, adquiere mayor consistencia cuando es vivida en comunidad, haciéndonos unos con otros mutuo soporte en ejercicio de fraternidad: “Los santos hijos de los buenos ofrecían sacrificios en secreto y establecían unánimes esta ley divina: que los santos compartirían los mismos bienes y peligros, cantando previamente las alabanzas de los antepasados” .2
Y esa comunidad es la Iglesia universal y particular, donde se vive el compromiso que se deriva de nuestra configuración con Jesucristo en el bautismo, pero se extiende también a la humanidad, incluso la no creyente, como lugar del ejercicio de salvar, de liberar, de garantizar la dignidad y el sentido de todas las creaturas. Porque el favor de Dios no se limita a los creyentes, El es un Dios que rebasa fronteras, El es para toda la humanidad.
Estas afirmaciones no son ajenas al diario vivir de hombres y mujeres, ellas se insertan en el centro mismo de cada persona, de cada comunidad, de sus gozos y esperanzas, también de sus crisis y sufrimientos, de sus grandes decisiones y realizaciones, de los momentos de alegría y de los de tristeza, involucrándose como generadoras de significado trascendente en cada biografía individual y colectiva.
Las lecturas de este domingo – Sabidurìa, Hebreos y Lucas – nos remiten al asunto esencial de la vida asumida como esperanza activa que hace de esta historia y de esta realidad un sacramento del Dios que actùa en cada ser humano, creado a su imagen y semejanza, que posibilita el ejercicio de una fe encarnada, histórica y existencialmente comprometida, que al mismo tiempo pone en tela de juicio un tipo de cristianismo que sòlo se fija en el màs allà y nos conecta con el mundo, con el ser humano, siempre en plan de construcción de sentido.3
Los israelitas vivieron la durísima experiencia de la esclavitud en Egipto, del trato indigno dado a ellos por el faraón y por su gente, y luego pasaron a experimentar la pasión por la libertad, bajo el liderazgo de Moisès, encontrando en la travesìa del desierto un paradigma del devenir humano en todos los tiempos, con sus desolaciones, desencantos, expectativas, logros, plenitudes, realizaciones.
En esa peregrinación se encontraron con un Dios solidario y liberador que se diò a sì mismo rechazando la opresión de su pueblo y promoviendo a toda costa su marcha de liberación, vivencia que les confirió una fe vigorosa que se hizo constitutiva de su identidad y de su comunidad, que se halla en el fundamento mismo de las convicciones creyentes de Israel: “Aquella noche fue previamente anunciada a nuestros padres, para que se animasen, sabiendo bien en què juramentos habían creìdo”.4
Còmo vivir un dinamismo asì en el mundo de hoy sobre el que siempre llamamos la atención por estar plagado de injusticias, de violencias, de exclusiones, de seres humanos escarnecidos por la perversión de estructuras y de otros hombres que ejercen sin piedad la fuerza del mal que destruye y disuelve la dignidad? Còmo comunicar una fe que sea motor de una historia de liberación, de movilización histórica que transforma las estructuras de pecado y los corazones que dan origen a esto último?5
Sean estas preguntas retos de fondo a nuestra conciencia creyente para dar el paso cualitativo del cristianismo que recibe pasivamente al cristianismo agente de la historia construìda en nombre de Dios al estilo de Jesùs, en solidaridad con todos los prójimos que El nos pone en el camino para esta tarea, en la que es esencial “tener ceñida la cintura y las lámparas encendidas” . 6
La vigilancia que propone la Palabra de hoy es descubrir a Dios que actùa dentro de nosotros y dentro de nuestra historia, Dios que es totalmente Otro pero que està totalmente aquí y ahora potenciando lo mejor de la humanidad, llamada a vivir en búsqueda constante de ese significado, a activar el trabajo en contra de la injusticia, del poder que genera muerte, del vacío que expone al absurdo y a la tragedia, de los ídolos que hipotecan la autonomía y construyen un mundo de serviles.
Es fundamental revisar críticamente algunas mentalidades con respecto a la esperanza y a su correspondiente disposición de vigilancia. Esta no consiste en estar esperando siempre el “golpe” de la muerte, despreciando el gozo de la vida real, de la feliz materialidad que se nos concede para disfrutar y construír comunión. Hay residuos de un viejo ascetismo, de corte dualista, que inspira a los cristianos para vivir siempre en plan de la “otra vida”, haciendo de la vigilancia una actitud angustiada, que no disfruta. ES imperativo afirmar que esto no está en la mente de Jesús.7
Los grandes testigos de la fe – genios èticos, genios espirituales – son estìmulo para emprender esta responsabilidad de descubrir el don de Dios en el aquí y en el ahora.8 Es el pueblo creyente siempre en pos de su libertad, guiado por sus inspiradores.
La carta a los Hebreos tipifica este emprendimiento creyente en la persona de Abrahàn: “Por la fe peregrinò hacia la Tierra prometida como extranjero, habitando en tiendas, lo mismo que Isaac y Jacob, coherederos de las mismas promesas…….Por lo cual, también de uno solo y ya marcado por la cercana muerte, nacieron hijos, numerosos como las estrellas del cielo, incontables como la arena de las playas9, expresión esta última que nos da pie para captar la fecundidad de la confianza en Dios que se multiplica en la descendencia y que hace posible la gran comunidad de los que participan de las mismas certezas y de las correlativas esperanzas que vienen con ellas.
Dios trabaja en nuestra autonomía , no en el miedo ni en el sometimiento indigno. La vigilancia , en este contexto, no es vivir eternamente angustiados en una preparación para la muerte, dejando de lado el compromiso ya señalado y muy exigente de construir la historia en clave densamente humana y densamente teologal. Esto quiere decir que hay que vivir en profundidad y también morir en profundidad para resucitar definitivamente.
Esa comprensión de la “otra vida”, del espíritu fúnebre que acompaña muchas pràcticas religiosas, infundiendo temor y creando personalidades sombrìas no es la propia de Jesùs ni de la lógica de la fe cristiana. Tal tipo de comportamientos deben desaparecer de la cotidianidad eclesial para dar paso a la espiritualidad del vivir en plenitud el màs acà. La vida presente tiene sentido por sì misma.
Descubrir eso es la gran tarea de los creyentes, ejercicio del cristianismo como tarea de esperanza, provocadora de los mejores motivos para vivir con entusiasmo, comprometiéndose en las tareas existenciales que nos hacen màs libres y humanos, màs felices y fraternales, màs justos y equitativos, màs proféticos y aptos para interpretar los signos de los tiempos con las acciones liberadoras que han de acompañar un estilo que es el propio del Señor Jesùs.
"Tengan ceñida la cintura y las lámparas encendidas, y sean como esos que esperan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle en cuanto llegue y llame. Dichosos los siervos a quienes el señor, al venir, encuentre velando. Les aseguro que se ceñirà, los hará ponerse a la mesa e irà sirviéndolos uno tras otro10 no es una invitación al adormilamiento y a la pasividad, a la manera de un grupo de asustados y paralizados incapaces de lanzarse a la gran aventura de la historia, sino un acicate que nos remite a la implicación comprometida en este mundo concreto y real para hacerlo digno de Dios y de cada ser humano.
Todo el esfuerzo del Concilio Vaticano II, del magisterio eclesial, de la reflexión de los teólogos y de los estudiosos de la Biblia, del quehacer pastoral de las comunidades, que tiene su énfasis en el carácter sacramental de lo humano, de lo histórico, de lo existencial – clara recuperación de lo màs original de la revelación bíblica! - , es desafío que nos saca del ensimismamiento sobrenaturalista y nos conecta con el talante fundante del Dios que se ha encarnado en nuestra humanidad apropiándose de la historia para colocarla en perspectiva de salvación y de liberación.
Desde luego que la conciencia de la promesa de Dios en Jesucristo, que nos garantiza un futuro trascendente, definitivo, bienaventurado, que da sentido a toda nuestra vida y al paso de la frontera desde el aquí humano a la plenitud de El, es legìtima y da fundamento a la esperanza, exigiendo una corresponsabilidad en la construcción de esta historia como relato de este Dios liberador y provocador de la lucha contra las realidades de muerte, de pecado y de injusticia, feliz anticipación de ese futuro de bienaventuranza.
La idea que tenemos de una vida futura desnaturaliza la vida presente, histórica, hasta dejarla reducida a una incómoda y ansiosa sala de espera. La preocupación por un más allá nos impide vivir cabalmente el más acá, la historia, la realidad existencial de la que hacemos parte sustancial. Esta vida presente tiene pleno sentido por sí misma. Lo que aguardamos para el futuro, incluyendo ese futuro pleno y consumado en Dios, está ya aquí y ahora a nuestro alcance. Aquí y ahora puedo vivir la eternidad, puesto que puedo conectar con lo que hay de Dios en mí. Aquí y ahora puedo alcanzar mi plenitud, porque teniendo a Dios lo tengo todo.11
La esperanza cristiana no se basa en lo que Dios me dará sino en que nosotros seamos capaces de descubrir lo que Dios nos está dando aquí y ahora en orden a nuestra plenitud de sentido. Estamos llamados a tomar conciencia de esto, esa es la genuina vigilancia a la que se refieren las lecturas de este domingo, vivir nuestra realidad antropológica en clave teologal, eso es “estar despiertos”, apuntando al futuro desde un presente vivido con total realismo e historicidad.12
Los grandes testigos de la fe son el relato de Dios en el que El se narra haciéndonos ver que esta esperanza es viable, sucede, El siempre la ofrece, asume que nuestra libertad la acoge. Es la gran caminada histórica de las comunidades creyentes, afincándose en su historia de liberación, y en su Dios, siempre presente, dando todo de sí para que haya vida en abundancia.
1 Hebreos 11: 8-10
2 Sabiduría 18: 9
3 MOLTMANN, Jürgen. Teología de la esperanza. Sígueme. Salamanca, 1999. ALFARO, Juan. Esperanza cristiana y liberación del hombre. Herder. Barcelona, 1977.
4 Sabiduría 18: 6
5 La auténtica Teología de la Liberación, de sólido fundamento bíblico conecta, en la mejor lógica de la revelación, la esperanza histórica en un futuro de justicia y de superación de toda opresión con la expectativa de una vida que se transfigura en Dios al pasar la frontera de la muerte.
6 Lucas 12: 35
7 KUNG, Hans. Mantener la esperanza: escritos para la reforma de la Iglesia. Trotta. Madrid, 1993. WEIL, Simone. A la espera de Dios. Trotta. Madrid, 1993.
8 MOTTU, Henry. Dieu au risque de l´engagement: Douze figures de la theologie et de la philosophie religieuse au XXe siécle. Labor et Fides. Ginebra (Suiza), 2005.
9 Hebreos 11: 9 y 12
10 Lucas 12: 35-37
11 BOROS, Ladislaus. Somos futuro. Sígueme. Salamanca, 1979; Experimentar a Dios en la vida. Herder. Barcelona, 1981.
12 SCHYLLEEBECKX. Edward. Dios futuro del hombre. Sígueme. Salamanca, 1979.

domingo, 4 de agosto de 2019

COMUNITAS MATUTINA 4 DE AGOSTO 2019 DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C

Guárdense muy bien de toda codicia, porque las riquezas no garantizan la vida de un hombre, por muchas que tenga”
Lucas 12: 15
Lecturas:
  1. Eclesiastés 1: 2 y 2: 21 – 23
  2. Salmo 94: 1 – 9
  3. Colosenses 3: 1 – 5 y 9 – 11
  4. Lucas 12: 13 – 21

Desplegar la verdadera vida y dar sentido a la biológica no depende de tener y acumular más o menos, sino de ser en plenitud, es el sentido metafísico de la existencia humana, en la mejor acepción de este término. Lo afirmamos con una frase reiterada: es la jugada maestra del buen vivir. Esta certeza debe constituirse en criterio fundamental de discernimiento con el fin de apreciar dónde está la raíz de la existencia auténtica.1
Sobre la solidez de esta base podemos desvirtuar algunas trampas que se nos presentan, como la muy trajinada de “ser ricos ante Dios”, cuyo contenido puede ser un engaño: una pretendida superioridad religioso-moral sobre la de aquellos que se han dedicado al materialismo. Ya sabemos que ese tipo de seguridades espirituales son refuerzos notables del ego, tan típico de aquellos fariseos del tiempo de Jesús, la vanidad de quienes se sienten superiores a los demás y cercanos a Dios. Vale decir lo mismo de la cultura de las apariencias, las fatuas máscaras de la felicidad barata, la obsesión de la sociedad de consumo, los indicadores de “éxito” social, las personalidades maquilladas de “importancia”, la feria de los egos, y tantas otras manifestaciones del hondo vacío espiritual de muchos seres humanos y de muchos ámbitos de la sociedad. 2
En tiempos en los que la Iglesia institucional se sumergió en un estilo de poder, beneficios, privilegios y riquezas, surgieron dos “genios éticos” de la vida según el evangelio: San Francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán. Ambos son reformadores y pioneros del retorno a la originalidad del espíritu de Jesús, destacando la pobreza como una actitud de la mayor coherencia en su seguimiento. Establecen un contraste profético. Su “modus vivendi” señala como muy viable la alternativa de vivir en sobriedad y de construír una cultura de comunión y de participación.3
Francisco es el prototipo del hombre feliz y desposeído, igual se puede decir de Domingo. Las órdenes religiosas fundadas por ellos – franciscanos y dominicos u Orden de Predicadores – tienen en la pobreza un cimiento determinante, no concebida ella como simple austeridad ascética sino como amorosa libertad para transparentar a Dios, para permitir el surgimiento de lo esencial humano y evangélico, para reivindicar la dignidad de los pobres.
La Palabra que se nos ofrece en este domingo va directo a destacar el valor esencial de la pobreza del Evangelio y el carácter superfluo de lo que podemos denominar materialismo desbordante, con la conocida expresión: “Vanidad, pura vanidad!, dice Cohélet. Vanidad, pura vanidad! Nada más que vanidad! Qué provecho saca el hombre de todo el esfuerzo que realiza bajo el sol?”4
El objetivo del ser humano es desplegar su humanidad, potenciarla al máximo para desarrollar su eticidad, su trascendencia, su solidaridad. El Evangelio afirma constantemente que tener más no nos hace más humanos: “Después les dijo: cuídense de toda avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por las riquezas”.5
La posesión desmedida de bienes, superando con pecaminosidad los límites de lo necesario para vivir dignamente, no puede ser el objetivo último nuestro. Una especial falacia de la mentalidad dominante está en no descubrir con mente crítica que en la medida en que sucumbimos a la satisfacción de necesidades “innecesarias” se crea una compulsión creciente de nuevas necesidades, es el círculo ilimitado del consumo, patética constatación!6. El poderoso llamado de atención del Papa Francisco en la encíclica “Laudato si: sobre el cuidado de la casa común”, constituye el texto más rico de un líder mundial en esta línea. Este cuidado de la casa común no es solamente un asunto de química y de higiene colectiva, es, ante todo, un asunto ético, un asunto humanista, un asunto espiritual.7
Francisco llama a esto “apostar por otro estilo de vida”: “Dado que el mercado tiende a crear un mecanismo consumista compulsivo para colocar sus productos, las personas terminan sumergidas en la vorágine de las compras y los gastos innecesarios. El consumismo obsesivo es el reflejo subjetivo del paradigma tecnoeconómico. Ocurre lo que ya señalaba Romano Guardini: el ser humano “acepta los objetos y las formas de vida, tal como le son impuestos por la planificación y por los productos fabricados en serie y, después de todo, actúa así con el sentimiento de que eso es lo racional y acertado”.8
Es muy exigente mantener un equilibrio saludable en esta materia. Es un supuesto legítimo trabajar con ahínco para lograr una calidad de vida digna, enmarcada en un espíritu de feliz austeridad. La previsión material así vivida es señal de pulcritud existencial, de densidad espiritual. Jesús no critica tal previsión, lo que él pone en tela de juicio es que se haga de modo egoísta, es lo contenido en la parábola del rico insensato, el evangelio de este domingo.
El ser humano tiene necesidades, como ser biológico, que debe atender. Pero, a la vez descubre que reducir su vida sólo a eso no llega a satisfacerle y por eso anhela el acceso a otra riqueza que está más allá. Pero es fundamental advertir que no estamos aludiendo a una visión dualista de la humanidad, como si nuestro proyecto de vida se redujera a la miseria de la humanidad y a la grandeza de lo celestial. Ese modelo ha dominado en cierto tipo de ascética cristiana que exalta el carácter sublime del cielo ideal y fustiga con rigor fanático el mundo de la materia. Las cosas no pueden ser así, desde la revelación bíblica, desde Jesús y su Buena Noticia sabemos que tal visión es integral e integradora!9
Bien entendidos, la satisfacción de las necesidades biológicas y el placer que de esto se deriva no tienen nada de malo en sí mismas. Debe ser el trabajo de todos los humanos, lo llamaba Pablo VI en su encíclica “Populorum Progressio: sobre el desarrollo de los pueblos”, el mínimo vital, las condiciones indispensables para que cada ser humano pueda llevar una existencia digna.
El problema muy grave, alarmante en grado máximo, es que esta satisfacción es totalmente desigual y escandalosa. Sólo unos grupos sociales pueden hacerlo, más de dos mil millones de habitantes del planeta viven actualmente en miseria y precariedad. 10
Con estas afirmaciones no estamos invocando un espiritualismo desencarnado, mirar sólo “al cielo” y con eso calmar la sed y el hambre. La propuesta del cristianismo integra en fascinante complementariedad a un ser que es espíritu y materia, que trasciende hacia Dios y hacia el prójimo desde su biología y desde su realidad concreta. Nuestra reflexión, a partir de los textos bíblicos de este domingo, propende por una revisión crítica y profética de lo que el texto de Eclesiastés califica como vanidad de vanidades, con su sabio escepticismo: “Qué le reporta al hombre todo su esfuerzo y todo lo que busca afanosamente bajo el sol?11
Què lleva al autor bíblico a dejar en su escrito esta huella escéptica y desconfiada de los logros del ser humano, aùn de los justos y moralmente acertados? Este sabio filòsofo israelita ha reflexionado profundamente sobre la pequeñez de las mayores realizaciones y logros de nuestra vida. Nos remite simultáneamente a las evidencias de nuestra inevitable precariedad, a lo frágil de nuestra existencia, y a todo aquello que desarrollamos con empeño para que todo nuestro ser y quehacer en los años que nos sea dado vivir no sea en vano.
Todo es vanidad de vanidades? Còmo afrontar con responsabilidad creyente y moral estos hechos, producto de la maldad y la perversión encarnadas en seres humanos que desconocen la gratuidad del compartir entre prójimos para constituirse en amos violentadores de la felicidad y del encuentro sereno y fraternal? Cómo construír una cultura de la solidaridad y del consumo responsable a partir de una visión integradora del ser humano, de la naturaleza, de la satisfacción de las necesidades básicas y de la raíz espiritual de nuestra condición trascendente?
El evangelio de Lucas viene como anillo al dedo con su insistencia en invitar a un ejercicio de relatividad de todo lo que hacemos, somos y poseemos, ambientadas en las densas palabras de Jesùs: “Guàrdense muy bien de toda codicia, porque las riquezas no garantizan la vida de un hombre, por muchas que tenga12
Verificar estadísticas en materia de distribución de la riqueza y de los bienes produce escalofrìo, y debe marcar una huella profunda en nuestra sensibilidad ética y espiritual: El 1 % màs rico del planeta posee la mitad de los activos personales totales; el 8 % de los màs ricos obtienen hasta el 50 % de los ingresos mundiales; 85 personas en el mundo tienen un patrimonio equivalente al patrimonio de la mitad pobre de la humanidad.
Hay codicia personal y codicia estructural, individuos con afección desordenada por la ganancia y el consumo, y modelos de sociedad y de economía que están estructurados en torno a esto. El Papa Pablo VI – ya referido - puso el dedo en la llaga en su encíclica “Populorum Progressio” (1967), en la que estudiò los temas del desarrollo y advirtió sobre la dramática pobreza de millones en el mundo. Cincuenta y dos años después la leemos y la encontramos de dramática actualidad.
La verdadera vida està en el ser , no en el tener, tampoco en el acumular mèritos con talante farisaico, se trata de ir por otra escala de valores, que es la de Jesùs en el Evangelio, y la de tantas comunidades , principalmente de pobres, que con elocuencia y rectitud nos hablan de la posibilidad de vivir en eso que aquí hemos llamado el desafío de la projimidad.
La reflexión de Jesùs en el relato evangélico es clarísima, cuestionando al que dijo: “Demolerè mis graneros y edificarè otros màs grandes; almacenarè allì todo mi trigo y mis bienes, y me dirè: Ahora ya tienes abundantes bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe y banquetea” 13, la respuesta del Maestro relativiza toda acumulación indebida y toda irresponsabilidad con las necesidades del prójimo: “Què necio eres! Esta misma noche te reclamaràn la vida. Para quien será entonces todo lo que has preparado? Asì es el que atesora riquezas para sì y no se enriquece en orden a Dios14
El reto es a dar sentido humano y teologal a nuestra contingencia, promoviendo la vida digna de todos en igualdad de condiciones, vivir felizmente en tònica de gratuidad, apropiarnos de la riqueza que viene de lo trascendente, y tomar en serio las palabras de Pablo, en la segunda lectura de hoy: “No se mientan unos a otros, pues se han despojado del hombre viejo, con sus obras, y se han revestido del hombre nuevo, que se va renovando hasta alcanzar un conocimiento perfecto, según la imagen de su Creador15

1 LEPP, Ignace. La existencia auténtica. Carlos Lohlé, Buenos Aires 1967.
2 ROJAS, Enrique. El hombre light: una vida sin valores. Temas de hoy. Madrid 1998. CORREA SOEIRO, Alfredo. El instinto de platea en la sociedad del espectáculo. Hiru editores. San Sebastián (España), 2003.
3 BOFF, Leonardo. Francisco de Asís: ternura y vigor. Sal Terrae. Santander (España) 1987. DE COS PEREZ DE CAMINO, Julián. La espiritualidad de Santo Domingo, fundador de la Orden de Predicadores. Editorial San Esteban. Salamanca,2012.
4 Eclesiastés 1: 2-3
5 Lucas 12: 15
6 CARRERAS, Joan. Vivir con menos para vivir mejor. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2019.
7 Papa FRANCISCO. Encíclica Laudato si: sobre el cuidado de la casa común. Tipografía Vaticana, 2015.
8 Ibidem, numeral 203.
9 BOFF, Leonardo. Gracia y experiencia humana. Trotta. Madrid, 201.
10 PNUD Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo Humano. Indice e indicadores de desarrollo humano: actualización estadística de 2018. Naciones Unidas. Nueva York, 2018.
11 Eclesiastés 2: 22
12 Lucas 12: 15
13 Lucas 12: 18-19
14 Lucas 12: 20-21
15 Colosenses 3: 9-10

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