domingo, 30 de octubre de 2011

El Mensaje del Domingo, por Gabriel Jaime Pérez, S.J., XXI Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A – Octubre 30 de 2011


En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: hagan y cumplan lo que les digan; pero no hagan lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero no están dispuestos mover un dedo para empujar.
Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que los llamen maestros. Ustedes, en cambio, no se dejen llamar ‘maestro’, porque uno solo es su maestro, y todos ustedes son hermanos. Y no llamen ‘padre’ a nadie en la tierra, porque uno solo es el Padre de ustedes, el del cielo. No se dejen llamar ‘consejero’, porque uno solo es su consejero, Cristo. El primero entre ustedes será el servidor de ustedes. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.» (Mateo 23, 1-12).

1.- En la cátedra de Moisés se sentaron los maestros de la Ley y fariseos
Jesús y los primeros cristianos experimentaron una fuerte oposición por parte de los jefes religiosos del judaísmo. Entre estos jefes estaban los saduceos, pertenecientes a la casta sacerdotal, descendientes de la tribu de Leví -uno de los doce hijos de Jacob  (siglo 18 a. C.)-. Derivaban su nombre de Sadoc, un antiguo sacerdote de la época del Salomón (siglo 10 a.C.). Se jactaban de su casta, despreciaban a la gente del pueblo y explotaban a los pobres comerciando con la religión. Ya el profeta Malaquías (siglo 5 a.C.), como dice la primera lectura (Malaquías 1, 14b-2,2b.8-10), dirigiéndose a los sacerdotes del templo recién reconstruido después del regreso de Babilonia, les había transmitido un reproche de parte de Dios por no cumplir debidamente su misión: “Ustedes se han apartado del camino, han hecho tropezar a muchos, han invalidado mi alianza…
También figuraban entre los jefes religiosos los llamados fariseos, término que significa “separados” -es decir, incontaminados-, cuyos principales representantes eran los escribas, maestros o doctores que enseñaban en las sinagogas, lugares destinados a la instrucción de los judíos en las Sagradas Escrituras. Se consideraban merecedores de alabanza y de la recompensa divina por practicar la Ley o “Torá” que había promulgado Moisés en el siglo XII a. C., y un sinnúmero de prescripciones que hacían derivar de ella. A ellos se refiere Jesús en el Evangelio, señalando su hipocresía (no hacen lo que dicen, predican y no aplican), su intransigencia legalista (imponen cargas insoportables a los demás) y su soberbia (todo lo hacen para que los vea la gente: alargan sus filacterias -pequeños rollos de pergamino que simbolizaban la “Torá”-…; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias… y que la gente los llame “maestro”).

2.- No se dejen llamar “maestro”
Jesús también era llamado rabí (maestro) por sus discípulos. Sin embargo, nunca aparece en los Evangelios exigiendo que se le llame así. Sólo una vez aparece refiriéndose a este título, pero precisamente cuando acaba de lavarles los pies a sus discípulos inmediatamente antes de la última cena, para explicarles el sentido de lo que acaba de hacer, con una actitud diametralmente distinta de la farisaica: “Ustedes me llaman Maestro y Señor; y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, Señor y Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado ejemplo, para que como yo he actuado,  también ustedes actúen” (Juan 13, 13-15).
Frente a la pretensión de los fariseos que se preciaban de su título de maestros, Jesús aparece en los Evangelios llamándose a sí mismo hijo del hombre. Y aunque los estudiosos de la Biblia relacionan este apelativo con un texto del profeta Daniel (en las nubes del cielo venía como un hijo de hombre (…); le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran” -Dn 7, 13-14-), también podemos ver en él una muestra de la disposición de Jesús a ser tratado como un  ser humano, sin pretensiones engreídas de superioridad. Este es precisamente el núcleo de la enseñanza que nos trae el Evangelio. No se trata de aplicar a la letra lo que dice como si tuviésemos que abolir todos los títulos y apelativos, pero sí de no basar en ellos el reconocimiento de las personas.

3.- El más grande se hará el servidor de ustedes… El que se humilla será enaltecido…
Jesús dice en otros pasajes evangélicos que Él actúa “como el que sirve” y que “el hijo del hombre no vino a ser servido, sino a servir”. El verdadero valor de lo que hacemos no está en los títulos, sino en la actitud constructiva de servicio. El valor de una profesión, por ejemplo, no está en el diploma que se enmarca visiblemente en una pared, sino en orientar el saber adquirido hacia el bien de los demás, sin buscar ser aplaudidos y alabados, sino ante todo la mayor gloria de Dios, que es el bien de todas sus criaturas.
Lo que dice Pablo en la segunda lectura (Tesalonicenses 2, 7b-9.13) contrasta con la actitud de los fariseos criticados por Jesús. Pablo mismo había sido fariseo antes de su conversión, y ahora invita a los primeros cristianos de la ciudad griega de Tesalónica a tener presente la actitud de servicio con la cual él y sus colaboradores los habían tratado, sin imponerles cargas insoportables: “Recuerden, hermanos, nuestros esfuerzos y fatigas; trabajando día y noche para no ser gravosos a nadie…”. Así debemos proceder especialmente quienes tenemos la misión de educar: padres y madres de familia, profesores y profesoras en las instituciones educativas, ministros o servidores de la Iglesia.
El que se humilla será enaltecido”, termina diciendo Jesús en el Evangelio. Esta sentencia se ha realizado ante todo en Él mismo, quien, como dice Pablo en otra carta (Filipenses 2, 6-11), “no estimó el ser igual a Dios como algo a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo…; y en la condición de hombre se humilló a sí mismo…; por lo cual Dios también lo exaltó y le dio un nombre que es sobre todo nombre”. Pidámosle pues al Señor que nos conceda la virtud de la humildad y la consecuente disposición de servicio a los demás, con preferencia por los más necesitados.

Pistas para la Homilía, por Jorge Humberto Peláez S.J., TIEMPO ORDINARIO – DOMINGO XXXI A (30-octubre-2011)

1. Lecturas:
a. Profeta Malaquías 1,14b – 2, 2b. 8-10
b. I Carta de san Pablo a los Tesalonicenses 2, 7b – 9. 13
c. Mateo 23, 1 – 12

2. Las lecturas de este domingo aportan elementos críticos para evaluar las calidades de los líderes religiosos y cívicos de las comunidades. Al leerlas, es importante tener en cuenta dos niveles claramente diferenciados: en primer lugar, el contexto histórico dentro del cual fueron pronunciados estos juicios; en segundo lugar, la validez de este mensaje para el momento actual.

3. Empecemos por el texto del profeta Malaquías:
a. Como hombre piadoso y fiel a las tradiciones de su pueblo, se rebela contra la mediocridad que se había apoderado de la comunidad. Esta mediocridad se manifestaba, de manera particularmente escandalosa, en las decadentes costumbres morales y en las desviaciones que se habían introducido en el culto, que había perdido su pureza original y se había contaminado de las prácticas religiosas de los pueblos vecinos.
b. El profeta Malaquías denuncia, de manera implacable, a los sacerdotes judíos, a quienes considera responsables de las desviaciones de la comunidad.
c. Sus palabras son muy duras: “Ustedes se han apartado del camino, han hecho tropezar a muchos en la ley; han anulado la alianza que hice con la tribu sacerdotal de Leví. Por eso yo los hago despreciables y viles ante todo el pueblo, pues no han seguido mi camino y han aplicado la ley con parcialidad”.
4. La denuncia del profeta Malaquías es estremecedora. Cuando fallan los que deberían ejercer el liderazgo ético de la comunidad, las consecuencias son devastadoras. Por eso la comunidad debe ejercer una estricta veeduría sobre los comportamientos de los líderes religiosos, y denunciar lo que haya que denunciar, siguiendo la ruta del debido proceso y respetando el derecho a la defensa. No debemos permitir que los medios de comunicación sustituyan al sistema judicial y sean ellos los que dicten sentencia dando gusto a los amantes de los escándalos.

5. En el evangelio, Jesús hace una demoledora denuncia de la hipocresía que caracterizaba las acciones del grupo dirigente de los fariseos: doble moral, abuso del poder, ansia de protagonismo.

6. Estas dos lecturas, que son muy críticas respecto a las condiciones éticas de los líderes espirituales y cívicos de las comunidad, deberían estimular una reflexión a fondo sobre los liderazgos que se desarrollan dentro de las comunidades, y sobre el control que éstas ejercen sobre sus líderes y la rendición de cuentas que les exige.

7. Sigamos adelante en nuestra reflexión y pensemos en los rasgos que deben tener los líderes comunitarios. La primera característica que deben tener aquellas personas que aspiran a ejercer un liderazgo dentro de la comunidad es la vocación de servicio. Esto se aplica en todas las áreas: el joven seminarista que aspira al sacerdocio, el candidato que presenta su nombre para ser elegido como concejal o alcalde o el que entra a concursar para un cargo. Cuando no existe una auténtica vocación de servicio sino la ambición arribista de escalar socialmente, se confunden los roles y salen perdiendo las comunidades. Por eso es tan importante estudiar atentamente las “hojas de vida” pues allí quedan los rastros de las motivaciones y las agendas ocultas.

8. En la segunda lectura de hoy encontramos una apasionada declaración del apóstol Pablo sobre los motivos que lo mueven: “Tan grande es nuestro afecto por ustedes, que hubiéramos querido entregarles, no solamente el evangelio de Dios, sino también nuestra propia vida, porque han llegado a sernos sumamente queridos”. La vocación de servicio motiva al apóstol Pablo a querer entregar su vida. Por el contario, los anti-líderes religiosos, políticos y sociales hacen exactamente lo contrario, es decir, le quitan la vida de las comunidades al apropiarse de los recursos destinados a la educación, la salud y la satisfacción de las necesidades básicas.

9. La segunda característica que deben tener aquellos que aspiran ejercer un liderazgo dentro de las comunidades es la adecuada preparación académica y el conocimiento serio de los problemas a cuya solución dicen querer aportar:
a. Pensemos en el daño que causa un sacerdote ignorante, que desorienta a la comunidad con sus afirmaciones imprecisas que carecen de una sólida fundamentación en la teología y en las ciencias humanas y sociales.
b. Pensemos en el mal que producen los yerbateros y brujos que engañan a la gente ofreciendo recetas falsas.
c. Pensemos en el detrimento para el bien común cuando las decisiones las toman funcionarios mal preparados que desconocen la complejidad de los retos e ignoran las implicaciones técnicas, y se rodean de consejeros igualmente incompetentes que sólo piensan en enriquecerse.

10. La tercera característica que deben tener aquellos que aspiran ejercer un liderazgo dentro de la comunidad es la transparencia de sus actuaciones; sus vidas están en una urna de cristal donde todos los miembros de la comunidad tiene el derecho a acercarse para observar; el escrutinio público es inseparable del liderazgo dentro de la comunidad.

11. Es hora de terminar nuestra meditación dominical. Hemos visto que las lecturas de esta liturgia aportan elementos que nos hacen reflexionar sobre las condiciones éticas, humanas y de gestión de los líderes religiosos y cívicos de las comunidades. No permitamos que la apatía deje sin control a los deshonestos que ocupan cargos de directivos dentro de las comunidades.

sábado, 29 de octubre de 2011

SABADO 29 DE OCTUBRE


Lecturas
1.      Romanos 11: 1-29
2.      Salmo 93: 12-18
3.      Lucas 14: 1.  y 7-11
A menudo, Jesús describe el reino de Dios como un banquete , en el que no se refiere a lo que se sirve de comida sino a la lista de los invitados, y a las actitudes de las diversas personas que allí se encuentran, especialmente a los que escogen los mejores puestos porque se sienten más importantes que los demás y necesitan ser admirados y reconocidos por todos los asistentes.
Observemos cómo Jesús cambia el orden humano de pensar y de actuar: “Cuando alguien te invite a una boda, no te acomodes en el primer lugar, no sea que haya otro invitado más importante que tú, y venga el que te invitó y te diga: cédele a este su sitio, y entonces tengas que ir todo avergonzado a ocupar el último lugar” (Lucas 14: 8-9). Con esto Jesús nos pone a pensar seriamente, interroga todas esas razones que invocamos para darnos aires de superioridad, para enaltecernos sobre los demás, para presumir de ser más que otros, y pone en tela de juicio todo el tinglado social que decide la importancia de unos y minimiza a la mayoría: “Porque el que se engrandece será humillado, y el que se humilla será engrandecido” (Lucas 14: 11).
No es retórico decir que ante Dios todos somos iguales, y la misión de Jesús en la historia se encarga de legitimar esta afirmación. Sin embargo, los seres humanos hemos introducido clasificaciones y categorías, endiosando a unos y despreciando a muchos, creando ámbitos excluyentes, determinando razones de tipo étnico, sociocultural, religioso,económico, ideológico, para decidir quienes son superiores y quienes inferiores, generando divisiones e injusticias profundas.
Oremos sobre estas realidades pecaminosas y examinemos cómo estamos involucrados en ellas, cómo esos criterios mundanos se filtran en nuestras actitudes e intenciones para replicar esas mismas conductas incoherentes con el plan de Dios. Recordemos que este Dios Padre que se nos ha revelado en Jesucristo es una trascendencia descalza, despojada de omnipotencias, encarnada en nuestras crudas realidades, despojada de jerarquías, encarnada en toda la fragilidad de lo humano: “El cual, siendo de condición divina, no consideró codiciable el ser igual a Dios. Al contrario, se despojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres. Y en su condición de hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz” (Filipenses 2: 6-8).
Con humildad debemos reconocer que en la Iglesia se nos han entrado estos criterios de mundanidad y de poder, desconociendo el radical anonadamiento de Jesús: jerarquías, escalafones, eminencias, excelencias, monseñores, reverencias, no tienen origen evangélico, pertenecen a las más penosas categorías del vano honor del mundo.
Recuerdo con afecto inmenso y con emoción a un santo obispo brasilero, Dom Helder Pessoa Cámara (1909-1999), que fuera obispo de Olinda-Recife (estado de Pernambuco, Nordeste brasilero), un hombre humilde, profético, entregado por entero a su ministerio, servidor de los más pobres, afable con todos, espiritual ,austero, fue uno de los prohombres del episcopado de América Latina, con presencia importante en el concilio Vaticano II, un cristiano raizal  que tomó en serio a su Señor Jesús y se despojó de todas las prebendas para ser un pastor sentado en los “últimos lugares del banquete”. De él ya habíamos hablado hace unos meses en estas pistas de oración.
La ultimidad, la minoridad, son criterios de clara estirpe evangélica. Cómo asumimos esto como modo permanente de vida? Cómo provocamos en nosotros una autocrítica si nos hemos dejado influír por la mentalidad vanidosa? Cómo generamos una vigilancia constante para no dejarnos seducir por el deseo de honores y de aplausos? Cómo seguimos a Jesús buscando los últimos puestos?
Esto a los ojos del mundo es visto como necedad y estupidez, pero bien sabemos que la bienaventuranza de Jesús es garantía de una felicidad que va por otras rutas, distintas de la feria de las arrogancias.

viernes, 28 de octubre de 2011

VIERNES 28 DE OCTUBRE


Lecturas
1.      Efesios 2: 19-22
2.      Salmo 18: 2-5
3.      Lucas 6: 12-19
Es la fiesta de los santos Simón y Judas, Apóstoles.
Acaba de ser publicado por la editorial Verbo Divino de España el libro “Fenomenología de la Revelación”, de la autoría del Padre Gustavo Baena,S.J., profesor emérito de la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana. Es el trabajo de su vida como investigador y docente de las escrituras bíblicas. El P. Baena ha tenido la característica de ser un hábil comunicador de la “lógica cristiana” a partir de la revelación bíblica, con una interpretación muy juiciosa del cristianismo. Se consigue en la librería Verbo Divino (Avenida Caracas No. 49-07,Bogotá). Altamente recomendable para quien desee tener un conocimiento serio de la fe cristiana, especialmente en estos tiempos en los que abundan tantos fundamentalismos, tan peligrosos para la  autenticidad de la fe.
El texto de hoy nos presenta a Jesús orando antes de tomar una decisión importante: “Por aquellos días, Jesús se retiró a la montaña para orar y pasó la noche orando a Dios. Al hacerse de día, reunió a sus discípulos, eligió de entre ellos a doce, a quienes dio el nombre de apóstoles” (Lucas 6: 12-13).
Este texto nos da para preguntarnos cómo es el proceso de nuestra toma de determinaciones clave para la vida, hagámoslo en oración, y ponderemos qué sucede cuando nos dejamos llevar por ímpetus irreflexivos, por emotividades descontroladas, por conductas primarias: arrebatos, pérdida de la objetividad, maltrato a otros, golpe a la autoestima, y….. opciones equivocadas.
Hemos hablado aquí con frecuencia del discernimiento, ejercicio que consiste en distinguir lo que nos lleva a nuestra plena realización humana en Dios de lo que nos aleja de ella, y a decidir desde ahí, en un ejercicio sereno, reflexivo, siempre con la convicción de que lo que Dios quiere de nosotros es lo que nos lleve por caminos de plenitud, de genuina integración humana, de felicidad con raíces en una rica interioridad.
Decidir para Jesús no es una técnica sino un estilo de vida, que para El está fundamentado en el Padre. Las nuestras son decisiones pragmáticas, utilitarias, calculadas, en búsqueda de ganancias personales? O está  motivadas por el amor y surgen de una libertad que se identifica con el proyecto de Jesús?
Veamos también que Jesús elige a un grupo de discípulos para que lo acompañen en su ministerio de anuncio y realización del Reino, a quienes quiere dedicados totalmente a esta misión. Son hombres comunes y corrientes, hasta algo rudos, totalmente cotidianos, pescadores, en ellos moldea El la primera comunidad de seguidores. El reino requiere de seres humanos que lo apuesten todo por esta causa, que libremente hagan una renuncia a otras posibilidades para entregarse por completo, no es una carrera mundana de éxitos y ascensos sino una historia de donación de la propia vida, eso sí, de manera apasionada y entusiasta en el mayor grado. Al reino no le sirve gente lánguida que venga a buscar seguridades y protección, le sirve los osados que estén dispuestos a seguir a Jesús hasta las más definitivas consecuencias.
Y estos elegidos siguen a Jesús  realizando las señales que indican que ese nuevo y estupendo orden de vida ya está presente: “Los que eran atormentados por espíritus impuros quedaban sanos; y toda la gente quería tocarlo, porque salía de El una fuerza que los sanaba a todos” (Lucas 6: 18-19).
Cuántas veces nos encontramos con personas que enferman con su egoísmo, con su soberbia, con su trato injusto, con su pesimismo enfermizo! En este ámbito de lo cristiano de lo que se trata es de instaurar la salud, la libertad de espíritu, el reconocimiento respetuoso de cada ser humano, la siembra de semillas que germinen en sentido, en poderosas razones para vivir. Esta salud procede del Padre a través de Jesús,El es el portador de esta vitalidad definitiva, y para eso escoge a unos y a otros para que lo apoyen en esa tarea de sacar a hombres y mujeres de penurias, frustraciones, abandonos.
Estamos comprometidos 100 % en esto?

jueves, 27 de octubre de 2011

JUEVES 26 DE OCTUBRE


Lecturas
1.      Romanos 8: 31-39
2.      Salmo 108:21-31
3.      Lucas 13: 31-35
Cuando leemos  los relatos referentes a los profetas bíblicos nos damos cuenta de la conciencia profunda que ellos tienen de su misión, de la coherencia que esto demanda para su vida, de la fidelidad condicional al compromiso que han asumido de ser portavoces de Dios. Ya sabemos que la función profética no hacía parte de la jerarquía oficial del judaísmo, y eran vistos como personajes incómodos por “poner el dedo en la llaga” y por denunciar las inconsistencias de ese sistema religioso.
Igual podemos decir cuando conocemos a cristianos consecuentes como Monseñor Romero, o los monjes trapenses asesinados en Argelia (ahora a la orden del día con la película “De dioses y hombres”), o tantos y tantas que con su manera de vivir se enfrentan a estilos incompatibles con la justicia de Dios y empeñan en ello la totalidad de su vida. A estas personas les resulta imposible sustraerse al profetismo porque es tal la pasión que Dios suscita en ellas que esto se convierte en su mayor imperativo.
Esto es admirable en grado máximo porque es el testimonio de existencia absolutamente comprometidas con su ideal. Así podemos entender las palabras de Jesús en el texto del evangelio de este jueves cuando hace caso omiso de la advertencia de unos fariseos: “Vete y aléjate de aquí, porque Herodes quiere matarte” (Lucas 13: 31), y a esto El responde: “Vayan y díganle a ese zorro, que expulso demonios y sano enfermos hoy y mañana, y al tercer día completaré mi obra. Por lo demás, hoy,mañana y pasado tengo que continuar mi viaje porque es impensable que un profeta muera fuera de Jerusalem” (Lucas 13: 32-33).
Jesús no elude las implicaciones dramáticas de su condición profética, sabe lo que le aguarda, conoce la animadversión de los dirigentes del judaísmo, vislumbra que la muerte trágica es su gran posibilidad, así como en su momento lo intuyó nuestro entrañable Monseñor Romero. El profeta no puede huir de su misión y dramáticamente afronta todo lo que se deriva de ella.
Jerusalem rechazó a Jesús y a los profetas, así como muchos grupos sociales también hoy estigmatizan a quien declara verdades, hacen denuncias, confronta críticamente, y propone cuestiones de fondo que resultan incómodas, inconvenientes, o, como se suele decir, son “políticamente incorrectas”.
Qué esperanzador es que el profeta se mantenga firme en su misión, porque es la voz de Dios y de muchos hombres y mujeres que ven en él un testigo de sus esperanzas, de sus reivindicaciones, de sus deseos de dignidad, de su pasión por la verdad. Cuando hay tantas situaciones desesperadas, tantas violencias, resulta confortante , muy confortante, ver a hombres y mujeres que sin reservas se ponen del lado de los abatidos, de los que están en trance de muerte, de los perseguidos, y se convierten en los tutores de sus razones para vivir y de su derecho a la justicia.
Jesús llega a Jerusalem para hacer frente a su destino, y no le teme porque tiene en El la certeza del Padre y la soberanía de Dios.
Una vez más, en nuestra oración, pongámonos en situación límite para contemplar a Jesús avocado a la consecuencia trágica de su misión, a la decisión suprema del amor. Qué nos dice? A dónde nos lleva esta constatación? Nos remueve en nuestras mismas raíces? Nos entusiasma? Nos evidencia que la esperanza es posible por la máxima credibilidad de su sacrificio?
Sigamos la recomendación ignaciana de hacer un coloquio con el Señor Crucificado y demandémosle conocimiento interno de su profecía, de su firmeza para no echarse atrás ante las amenazas de Herodes, de su resolución de seguir adelante con su misión, a sabiendas de la contradicción extrema que le esperaba.
Qué marcado contraste el que marca el Señor con los poderosos de este mundo, efímeros, con frecuencia ridículos, inconsistentes, paranoicos. Dejémonos seducir por Aquel que no caduca y  adoremos el santo  misterio de su entrega.

MIERCOLES 26


Lecturas
1.      Romanos 8: 26-30
2.      Salmo 12: 4-6
3.      Lucas 13: 22-30
En la formación más tradicional del cristianismo se insistió mucho en la ascética y en las prácticas inspiradas por ella, con la intención de templar el espíritu, de hacer al creyente libre ante las ofertas del “mundo”, y cultivar en él un estilo de vida austero y sobrio, como una manera considerada excelente de identificarse con Jesús. Pensemos que a esto se refiere El cuando en el texto evangélico de este miércoles dice: “Esfuércense en entrar por la puerta angosta, porque les digo que muchos intentarán entrar pero no podrán” (Lucas 13: 24).
Recordemos a este propósito el libro clásico “La imitación de Cristo”, de Tomás de Kempis, texto que ha inspirado la vida de muchos cristianos, inculcando valores como la mortificación, la abnegación, la pobreza libremente elegida, el dominio de los sentidos, la renuncia a la vida cómoda, la dedicación el servicio humilde, la postura crítica ante la vanidad, y muchas otras alternativas de perfección espiritual, expresadas en frases como esta: “Haz,pues, lo posible por apartar tu corazón de las cosas visibles y adherirlo sin cesar a las invisibles. Porque los que siguen la vida de los sentidos mancillan su conciencia y malogran la gracia de Dios” (Imitación de Cristo, Libro 1 No. 16.Editorial Regina, 1974; página 70).
No es del caso entrar aquí a disertar sobre las interpretaciones de la espiritualidad en la edad media, el Kempis es de esta época, puesto que lo que aquí hacemos es dar pautas de oración y apoyar el crecimiento espiritual de quienes aquí  participan, pero sí es bueno referirnos a esto de la “puerta angosta” y brindar luces para su discernimiento.
Purificando las interpretaciones voluntaristas y aquello del desprecio de sí mismo, sí conviene advertir que en el seguimiento de Jesús hay unas exigencias que implican los valores morales y los estilos de vida de quienes optan por vivir según el Señor, y estas tienen que ver con un modo de ser y de proceder libre ante los bienes materiales, no depositando en ellos la confianza esencial; también asumiendo todo lo que se es y se hace con moderación, como expresando con eso que andamos al garete de pasiones desordenadas sino configurados con Jesús, ofreciéndonos como El al Padre y a los hermanos.
En una sociedad que promueve la vida fácil, que trata de aligerar los valores, que exalta la comodidad y el consumo, que no promueve la entrega de la vida ni hace de la solidaridad una bandera, es preciso constatar una vez más que lo cristiano vivido genuinamente es contracultural, y esta es justamente la “puerta angosta”.
Tengo ante mí este libro: “Seguir a Cristo en una sociedad de consumo” , del teólogo jesuita John F. Kavanaugh (“Following Christ in a consumer society: the spirituality of cultural resistance”. Orbis Books,New York,2006). Veo que el autor estudia el vacío interior, las relaciones quebradas, la despersonalización, gracia y desgracia en el mundo del consumo, el intercambio comercial, la cosificación de la vida y del ser humano, el miedo al sacrificio, la idolatría del tener, para luego pasar a hacer la propuesta cristiana siguiendo el estilo de vida de Jesús, pobre y desposeído, e inserto entre los humildes del  mundo, la vida simple, la profecía liberadora que derriba los ídolos. Es un trabajo sugerente, motivador, inspirado en esta lógica de la “puerta angosta”.
Todo esto se da porque a Jesús le preguntan: “Señor , son pocos los que se salvan”? (Lucas 13: 23), y El da la respuesta que conocemos. Cuando les propongo el ejemplo de “La Imitación de Cristo” no me refiero despectivamente a ese importante texto y al significado de la ascética cristiana, es un trabajo y una manera de pensar que han ayudado a moldear genuinas personalidades evangélicas, gente sincera en el camino del reino, justos, ecuánimes, rectos en su intención de vivir todas las implicaciones de aceptar a Jesucristo como Señor y Salvador.
Cómo nos mueve esto? Este camino no es el  de la complicación psicológica de una religiosidad mal entendida que se resiste a disfrutar de la vida y que ve todo placer como potencialmente maligno, hasta deformar a las personas y hacerlas timoratas y extrañas para muchos. Se trata de la forja de espíritus sobrios, discretos, libres, críticos de vanidades y arrogancias, con la certeza de que la felicidad no reside en poseer, en aparentar, en brillar, en poder, en ser incluídos en las élites y clubes de selectos, sino en servir, en amar, en compartir, en dar sentido, en ser testigos de lo definitivo.
No les parece que en muchos ámbitos de nuestra sociedad se vive una aterradora superficialidad?  Qué pensamos de los mapas mentales de la farándula? Y de tantos mensajes que sólo propician el confort, la buena vida, lo fácil, lo que no compromete a trascender? Por ahí este reto de Jesús que El mismo llama “la puerta angosta”.

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