domingo, 18 de noviembre de 2012

COMUNITAS MATUTINA DOMINGO 18 DE NOVIEMBRE XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO



Lecturas
1.     Daniel 12: 1-3
2.     Salmo 15: 5-10
3.     Hebreos 10: 11-14
4.     Marcos 13: 24-32
Como bien sabemos, el hilo conductor de la historia de los creyentes israelitas es su experiencia de Dios en la realidad de su vida, en sus experiencias, en los acontecimientos, tanto en los felices y plenos como en los tristes y dolorosos. La visión israelita de la historia humana es una visión teologal. Esto hace que todo su proyecto de vida y sus decisiones lo mismo que la orientación final de todo su proceso esté referida a esta fundamentación en Dios.
En esta perspectiva , podemos apreciar una determinada tendencia surgida en Israel, especialmente en momentos de crisis y desconcierto en el pueblo. Es la llamada apocalíptica: especie de lenguaje profético que anuncia la intervención de Dios para reavivar la esperanza, Dios que confronta las realidades injustas, pecaminosas, desordenadas, y que asume todo ese alejamiento de El para provocar un desenlace de sentido, de recuperación de la razón teologal para vivir con significado trascendente.
El texto de Daniel nos lleva por este camino: “serán tiempos difíciles como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora” (Daniel 12: 1). Miremos esto tanto en el plano de nuestras vidas individuales como en el colectivo y social: cuáles son las señales de “lo difícil” en esta historia nuestra? Rupturas afectivas, frustraciones profundas, falta de oportunidades, las consabidas problemáticas de violencia y pobreza, los desenfoques de la cultura, la seducción del poder y del dinero, la egolatría, el desprecio de la dignidad humana, la ausencia de sentido trascendente, el vacío ético.
Al constatar estos asuntos, que, por supuesto, son críticos y plantean exigencias muy hondas a la humanidad, no se trata de volver por los fueros de cruzadas fundamentalistas, de regímenes verticales y autoritarios, de reformas disciplinarias a sangre y fuego, esta es una tentación constante que propicia fanatismos e intolerancias.
Digamos más bien que se impone un serísimo control de calidad a la vida del ser humano, a las dinámicas sociales, a ciertos desvaríos que afectan negativamente nuestra existencia. Se trata de tomar en serio la vida, nuestra humanidad, la convivencia social, los valores inherentes a nuestra dignidad, y de tomar un rumbo con sentido trascendente. Tengamos presente las grandes decadencias de la historia: el imperio romano, las sociedades seducidas por el vano honor del mundo, y veamos que sus respectivos proyectos fallaron en lo fundamental.
Qué hacer? La búsqueda serena, discreta, del Espíritu; el rescate de la sabiduría, la ruptura con todo lo que nos paraliza, la superación de los miedos y de las idolatrías, el empeño por descubrir en cada ser humano una posibilidad de ideales compartidos y buscados con denuedo, el coraje de una existencia con talante ético y estético, la pasión por la justicia, el trabajo vivido como realización y servicio, la libertad para relativizar ideas, cosas, haberes , sabiendo que son medios y no fines, el respeto exquisito por cada ser humano y, en todo ello, el vislumbrar con ilusión la realidad de Dios como origen de toda esta búsqueda de plenitud.
Dice también este texto de Daniel que: “los maestros brillarán como brilla el firmamento, y los que convierten a los demás, como estrellas, perpetuamente” (Daniel 12: 3). Al identificarnos con estas palabras, veámonos como trabajadores del sentido, como hombres y mujeres empeñados en el significado último de la realidad, sin triunfalismo, con la bienaventurada humildad de quien se sabe inscrito en la tarea de la trascendencia.
Por esto, se impone seguir el esfuerzo por una sociedad más justa, por un mejor ser humano, por generar una cultura de convivencia, por hacer posible que el arte, la ciencia, el pensamiento, la religión, todo lo que surge de nuestro espíritu, esté al servicio de esta nueva humanidad de Dios.
Miremos con talante evangélico las señales de nuestro tiempo: con esperanza constatamos todas las realizaciones maravillosas y dignas de la humanidad, los logros en materia de libertad y derechos humanos, la seriedad en los criterios de justicia, el reconocimiento respetuoso de lo que es diferente de nosotros, el diálogo sensato entre diversas tradiciones religiosas, la cultura, como noble traducción del potencial de la humanidad; pero también con ojo avizor detectamos todo aquello que niega la humanidad, y nos ponemos ahí de “frente” para erradicar todo lo que es ajeno a la intencionalidad salvadora y liberadora de nuestro Dios.
Jesús es la gran evidencia de que este Dios ha entrado en nuestra historia para re-orientarla y abrirla al sentido pleno. En nuestro discernimiento estamos llamados a reconocer esta presencia: “Aprendan el ejemplo de la higuera; cuando las ramas se ablandan y brotan las hojas, sepan que está cerca la primavera. Lo mismo ustedes, cuando vean suceder aquello, sepan que está cerca , a las puertas” (Marcos 13: 28-29).
Vivamos también hoy nuestra propia experiencia apocalíptica, en el mejor y más saludable sentido de esta expresión. Sí, hay realidades sombrías, problemas de grueso calado, dificultades y sufrimientos, pero no estamos abandonados a nuestra suerte y a una frustración definitiva, porque el Dios que decidió hacerse historia, humanidad, en Jesús, lo ha hecho para que todo lo nuestro se redima, se re-signifique, viva para siempre, es decir, para que la esperanza de una vida apasionante, en constante proceso de trascender, sea la garantía de que somos ciudadanos del futuro, empezando ya en esta historia nuestra a anticipar esa plenitud del Padre en la realidad de Jesús, en la que El nos apropia para la más gozosa consumación de nuestra humanidad.
Antonio José Sarmiento Nova,S.J.
Alejandro Romero Sarmiento

domingo, 11 de noviembre de 2012

COMUNITAS MATUTINA DOMINGO 11 DE NOVIEMBRE XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO



Lecturas
1.     1 Reyes 17: 10-16
2.     Salmo 145 7-10
3.     Hebreos  9:24-28
4.     Marcos 12: 38-44
Una sugerencia evangélica para este domingo y….. para siempre: des-aprender! En la vida nos vamos llenando de “mapas mentales”, ideologías, posturas que no responden a la autenticidad de la vida, egoísmos disfrazados de “seriedad”, arrogancias, complejos de superioridad, ambiciones y codicias desmedidas, egos distantes del amor y de los afectos simples, riquezas y acumulados, le vamos “cargando ladrillos” a cosas que no representan ni amor ni libertad.
Las dos viudas que nos traen las lecturas de hoy, la de 1 Reyes y la de Marcos, son magistrales – evangélicamente hablando – en esto de enseñarnos a des-aprender. Ante el requerimiento de Elías, de un jarro con agua y de un trozo de pan, esta mujer responde: “Te juro por el Señor, tu Dios, que no tengo ni pan; me queda sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza. Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos” (1 Reyes 17).
Ante la promesa de la abundancia de Dios por parte del profeta “ella se fue, hizo lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo. Ni la orza de harina se vació, ni la alcuza de aceite se agotó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías” (1 Reyes 17: 16).  Desde su gran pobreza, esta buena mujer dio todo de sí.
Es esta una historieta piadosa?  O más bien  hace parte de la narrativa de Dios que escribe densamente en la historia de los humanos desde la otra cara de la historia, desde la pequeñez, desde lo mínimo, desde lo marginal? Toda una lección para des-aprender nuestras “grandezas”, nuestras “riquezas”.
En el texto de Marcos dice que “entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo : cuidado con los maestros de la ley! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretextos de largos rezos. Estos recibirán una sentencia más rigurosa” (Marcos 12: 38-40).
Una evidencia más del cuestionamiento radical de Jesús a la soberbia, y a la vanidad, especialmente a aquella que se fundamenta en una pretendida superioridad moral y religiosa. E inmediatamente el relato evangélico marca el contraste con el donativo que hace nuestra segunda viuda, también desde su carencia: “les aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir” (Marcos 12: 43-44).
Que esto que nos plantea la Palabra de este domingo sea una coyuntura liberadora para hacernos preguntas profundas , de gran calado, donde el interrogante no se queda solamente en las riquezas materiales, sino también en la “egoteca”, en la presunción de ser mejores que los demás, en el desprecio de los pobres y de los débiles, en el narcisismo, en el presumir de importantes, en la penosa feria de las apariencias.
El encuentro con Dios, el genuino!,siempre pasa por el vaciamiento, por la desposesión libre de todo lo que nos impide vivir la humanidad en el estilo en que El nos lo propone, hoy a través de dos sencillas mujeres, como tantas que seguramente encontramos en el diario vivir, y a las que a menudo pasamos por alto porque no hacen parte de nuestro círculo de intereses.
En esta fase final del año conviene empezar el balance de lo vivido, y dentro de eso el capítulo de “des-aprender” grandezas e importancias debe ser uno de especialísima dedicación, justamente para acceder a la libertad de los hijos de Dios, en el mejor estilo de Jesús. El mundo seguirá acosando con sus propuestas de autosuficiencia, de empoderamiento egoísta, y cada vez con mayor sutileza y sofisticación, pero el buen Dios, el Padre de Jesús, no bajará la guardia en su empeño por hacernos libres de todo este tinglado ficticio, de brillo externo, de vaciedad interior.
De acuerdo: vamos a “des-aprender”, las dos humildes viudas  israelitas son un icono estupendo para esta tarea!
Antonio José Sarmiento Nova,S.J.
Alejandro Romero Sarmiento

Damos gracias a Dios por la vida de:
-         Jaime Martínez (unidos a su esposa Mery, a sus hijos Sandra, Camilo, José Luis, Jaime)
-         Ana María Hidalgo Jaramillo (unidos a sus padres Julio y María Cristina, a sus hermanos Juan Carlos y Francisco Javier, a su esposo, a su pequeño hijo)
-         Jorge Hernán López (unidos a su esposa e hijas)
-         Jarby Armando Pérez Amaya (sacerdote, unidos a su diócesis, a su familia)
-         Gerardo Arango Puerta (sacerdote jesuita, unidos a la Compañía de Jesús, a su familia)

domingo, 4 de noviembre de 2012

COMUNITAS MATUTINA DOMINGO 4 DE NOVIEMBRE XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO



LECTURAS
1.     Deuteronomio 6: 2-6
2.     Salmo 17: 2-4 y 47-51
3.     Hebreos 7: 23-28
4.     Marcos 12: 28-34
Cuàl es el fundamento de nuestra vida? Cuàl es ese principio que articula y da coherencia de sentido a todo lo nuestro? Las lecturas de este domingo, por supuesto en clave creyente, nos orientan hacia una respuesta cabal a estos interrogantes.
Algunos elementos de contexto para entender mejor la primera lectura, del Deuteronomio. Este libro obedece a una dinámica de profunda renovación teológica y espiritual en Israel, suscitada por algunos profetas, que veìan con inmensa pena la decadencia de la religión y sus consecuencias negativas en el tejido social.
Es lo que sucede cuando la religión se torna un rito vacìo, sin referencia a la realidad del mundo, cuando sus ministros se hacen burócratas rituales, cuando el lenguaje y el estilo en general están distanciados de la vida y de sus mismos orígenes, cuando pierde fuerza profética y capacidad transformadora.
Deuteronomio significa “segunda ley”, es una  tendencia en el Antiguo Testamento para retornar a los israelitas a los auténticos fundamentos de su fe y de su humanidad. Es parecido a lo que significò ( y esperamos que siga significando!!!) el concilio Vaticano II para la iglesia del siglo XX con sus dinámicas de diálogo con otras tradiciones religiosas, de recuperación del carácter histórico y existencial de la teología, de espiritualidad ecuménica, de atención a los signos de los tiempos, de inserción en las crudas realidades sociales , de apertura a nuevas sensibilidades en la formulación y vivencia de la fe. Pongàmosle cuidado al Deuteronomio porque en este tiempo eclesial, marcado por un retorno a pràcticas y modelos conservadores, necesitamos de un nuevo movimiento del Espìritu que nos ponga en contacto con lo esencial del proyecto de Jesùs con todas sus posibilidades de respuesta liberadora a las búsquedas de las gentes de nuestro tiempo.
Y aunque parezca de elemental sentido común decirlo, lo fundamental es Dios, como lo formula este texto: “Escucha, Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es uno. Amaràs al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Deuteronomio 6: 4-5).  Esta afirmación-invitaciòn adquiere todo su sentido si constatamos que muchas de las convicciones y modos de la religión están màs orientados a una ideología deformada y deformadora sobre Dios que a una experiencia de su vida en medio de nosotros.
Esto es lo que sucede con las posturas fundamentalistas, con el complejo de superioridad moral (fariseísmo), con el apego a normas y minuciosidades legales, sin………………..conversiòn del corazón al verdadero Dios. La tendencia deuteronomista orienta a una ruptura con todos los falseamientos religiosos para acceder al Dios vivo, que se implica decisivamente en nuestra historia, que es plenamente solidario con el ser humano, que se nos revela plenamente en Jesucristo.
Creer en Dios no es, entonces, un apego desordenado a determinados líderes religiosos, ni a ideas no procesadas en un saludable discernimiento y en una catequesis seria y comprometida, ni a modelos que en determinado momento de la historia tuvieron vigencia pero que ya perdieron su fuerza significativa.
Por esto, Jesùs responde con tanta sencillez y profundidad al letrado que vino a preguntarle sobre el mandamiento màs importante, su respuesta es el mismo texto ya referida del Deuteronomio, y lo complementa asì: “El segundo es este: amaràs  a tu prójimo como a tì mismo. No hay otro mandamiento màs importante que estos” (Marcos 12: 31).
Què mociones espirituales suscitan en nosotros estos textos? A què realidades estamos dedicando nuestros mayores esfuerzos? Estamos vendidos a la consecución afanosa de dinero y de comodidades? Somos adictos al trabajo haciéndole perder su significado de realización personal y de servicio? Nos preocupa en exceso nuestra imagen social y buscamos siempre aprobación y reconocimiento? Dios es apenas un recurso ocasional para momentos de emergencia? Nuestra religiosidad es formal y de pràcticas convencionales?
La autèntica experiencia de Dios siempre produce un “revolcón” en la vida de quien se deja seducir por El. Què bueno poder decir y sentir: “Yo te amo, Señor, mi fuerza. El Señor es mi roca, mi defensa y el que me libra; mi Dios, la peña en que me refugio y mi escudo, mi fuerza salvadora y mi fortaleza” (Salmo 17: 3).
A propósito de esto, permítanme una evocación personal, muy sencilla pero de denso significado: el 30 de septiembre de 2011 salimos del Hospital de San Ignacio con mi hermana Clarita, luego de haber estado interna allì para diversos exámenes. El diagnòstico final arrojò que el cáncer ya había hecho metástasis en su cerebro, por esto ìbamos muy afligidos. Al pasar frente a la capilla del hospital, ella nos indicó que querìa entrar, asì lo hicimos, y yo sentí, creo que  también mi cuñado, mis sobrinos, mi hermana Josefina, que ella estaba explicitando en silenciosa oración todo el sentido de su vida y su total  confianza en el Señor, en un momento en el que su fragilidad era  absoluta.
En los dos meses que siguieron antes de su Pascua, ella evidenciò su rica interioridad y su serena certeza de la presencia de Dios en su vida, en el que ahora està inserta para siempre , plena y bienaventurada.
Quiero compartir este sentimiento con los padres, hermanos y esposo de Ana Marìa Hidalgo Jaramillo, de Sergio Montenegro Botero, de Jorge Hernàn Lòpez, de Jarby Armando Pèrez Amaya, de Gerardo Arango Puerta, nobles amigos llamados recientemente por el Señor a su plenitud. Sè muy bien que estas familias, de sincera raigambre cristiana, asì viven la  partida de sus seres queridos.
La reciedumbre espiritual de Teresa de Jesùs, de Edith Stein, de Monseñor Romero, de Ignacio de Loyola, de Catalina de Siena, del Padre Arrupe, de tantos hombres y mujeres señalados por ser creyentes ejemplares, se debe a la total disposición de todo su ser y su quehacer para Dios.
Dios se ha expresado de modo decisivo y pleno en Jesùs, constituìdo en mediador de la fundamentación teologal de nuestra vida, el suyo es un sacerdocio cualitativamente nuevo, en el que la ofrenda no son sacrificios externos a èl sino la donación de su propia vida para abrir el camino de toda la humanidad hacia Dios, de modo liberador y salvador: “El no tiene necesidad, como los sumos sacerdotes, de ofrecer cada dìa sacrificios por sus propios pecados antes de ofrecerlos por los del pueblo, porque esto lo hizo de una vez para siempre ofreciéndose a sì mismo” (Hebreos 7: 27)
En esta lógica de salvación, Jesùs nos està diciendo que la jugada maestra de la vida es darse a Dios y a los seres humanos, como en la respuesta que diò al letrado. Atenciòn: esta no es una consideración piadosa, es proyecto de vida, haciéndolo en  eso nos van la libertad, el sentido, la trascendencia!!!!

Antonio Josè Sarmiento Nova,S.J.
Alejandro Romero Sarmiento

domingo, 28 de octubre de 2012

COMUNITAS MATUTINA DOMINGO 28 DE OCTUBRE XXX DEL TIEMPO ORDINARIO



Lecturas
1.     Jeremìas 31: 7-9
2.     Salmo  125: 1-6
3.     Hebreos  5: 1-6
4.     Marcos 10: 46-52
Còmo se hace efectiva la esperanza en Dios? Còmo esta llena de sentido la vida de las personas y se traduce en un estilo realista, conectado con la historia y proyectado a la trascendencia?
Empezamos esta reflexión de hoy con tal pregunta porque constatamos que a menudo los mensajes religiosos en contextos de sufrimiento, en crisis y vacìos, en frustraciones y soledades, suelen ser ambiguos, acrìticos, inviables, verdaderos “paños de agua tibia” que no se convierten en alternativas para dar a estas situaciones un significado de transformación.
La primera lectura de hoy, del profeta Jeremìas, es un reconocimiento del acontecer salvador y liberador de Dios: “Digan: el Señor ha salvado a su pueblo, el resto de Israel” (Jeremìas 31:7b), el autor escribe esto en un contexto muy real, el del retorno de Israel a su tierra luego del exilio, en este hecho gozoso ellos ven la intervención de Dios, siempre favorable a la felicidad humana.
Al ver tantos y tan dramáticos dolores de multitudes de hombres y mujeres en el mundo: los desplazados por la violencia, los solitarios y rechazados, los que carecen de oportunidades, las víctimas de tantas guerras, los excluìdos a causa de la pobreza, còmo presentar a un Dios  que es verdadera experiencia de salvación y plenitud?
Este es un interrogante personal para cada creyente, comunitario para toda la Iglesia. Siguiendo aquel refrán que dice “obras son amores y no  buenas razones” estamos llamados a revisar nuestro estilo pastoral, el lenguaje, el modo còmo nos encontramos con las preguntas de sentido que hace la humanidad; es fundamental preguntarnos si tenemos autèntica experiencia de Dios, si superamos el plano del ritualismo religioso para vivir en el clima del Espìritu, donde surge la realidad de este Dios implicado en nuestra historia con el propósito de hacerla una narrativa de esperanza.
Aquellos israelitas retornados del exilio pudieron constatar que Dios dijo e hizo para ellos: “Yo los traerè del país del norte, los reunirè de los extremos de la tierra: entre ellos hay cojos, ciegos, mujeres embarazadas y a punto de dar a luz; retorna una gran multitud. Regresan entre llantos de alegría” (Jeremìas 31: 8-9a ).
Cuando se da el salto cualitativo de la pràctica religiosa hecha por inercia social a la experiencia del Dios vivo revelado en Jesùs se da la condición fundamental para la esperanza, porque deja de ser un “rollo muerto” para explicitarse como verdad dadora de vida, de dignidad, de sentido. Esto impone muchas rupturas y una apertura fundamental a la acción del Espìritu.
Que esta experiencia de nuestros lejanos antepasados de Israel nos estimule para reconocer a Dios en nuestra historia, y que también esto nos lleve a desarrollar una sensibilidad por encima de lo común ante los dramas humanos donde parecerìa que la esperanza se ha ausentado para siempre. Esto es propio de la lógica encarnatoria, del Dios que se hace humanidad entrando a lo màs profundo de nuestros vacìos y dolores para transformarlos en clave de la vitalidad que nunca se termina.
Este carácter lo capta el autor de la carta a los Hebreos cuando, refiriéndose a Jesùs como sumo sacerdote, lo presenta no como el constituìdo en jerarquía y poder, sino en donación salvífica de todo su ser , de toda su vida, tal es el autèntico sacerdocio. Esa mediación de Jesùs es la que hace posible nuestro reencuentro con el Padre, la que supera todo lo limitado y precario que hay en nosotros, la que nos abre a la plenitud definitiva, la que nos hace experimentar que nuestra historia no es una tragedia sino un relato de plenitud.
Para esto el sumo sacerdocio de Jesùs se ha vivido en la pobreza, en el anonadamiento, en el contacto ìntimo con el dolor, en el abandono de la cruz, tomando sobre sì todo pecado, y ofreciéndose como redención, como liberación, como salvación, como nueva creación. En El Dios se nos revela como el que nos retorna del exilio, suscitando en nosotros.
Esto lo podemos entender mejor si nos vemos en el ciego Bartimeo, del relato evangélico de hoy, este hombre clama: “Hijo de David, Jesùs, ten compasión de mì” (Marcos 10: 47). Hagamos aquí el elenco de todas nuestras búsquedas de sentido, de nuestros interrogantes, de nuestros deseos de realización.
La figura del ciego es de sencillísima metáfora, no ver en este sentido es carecer de la luminosidad del amor, de la trascendencia, de la sabiduría, de las razones para vivir, verificando que la respuesta no procede de sì mismo sino de alguien que procede de una realidad que es superior a èl y que se le aproxima portando la luz, la nueva manera de ser. Bartimeo confía sinceramente en Jesùs y sabe que El es la posibilidad de visión, por eso el Maestro le dice: “Vete, tu fe te ha salvado” (Marcos 10: 52).
Què nos impide ver? Cuàles son esas realidades que nos enceguecen? Còmo deshacernos de tantos imaginarios que obstaculizan nuestro acceso a la luz? Hay en nosotros confianza como la de Bartimeo para arriesgarnos a que Jesùs nos devuelva la vista de lo esencial, de Dios, de la vida digna, de la solidaridad, del amor, de la rectitud?
Antonio Josè Sarmiento Nova,S.J.
Alejandro Romero Sarmiento

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