domingo, 24 de marzo de 2013

COMUNITAS MATUTINA DOMINGO 24 DE MARZO DOMINGO DE RAMOS



Lecturas
1.      Isaías 50: 4-7
2.      Salmo 21: 8-9 y 17-24
3.      Filipenses 2: 6-11
4.      Lucas 22: 14 a 23: 56

Si algo tiene en alerta al mundo en estos días son los gestos, actitudes y palabras del Papa Francisco , como estas: “ Hoy, en la fiesta de San José, celebramos el inicio del ministerio del nuevo Obispo de Roma, sucesor de Pedro, que comporta también un poder. Ciertamente, Jesucristo ha dado un poder a Pedro, pero ¿ de qué poder se trata?A las tres preguntas de Jesús a Pedro sobre el amor, sigue la triple invitación: apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas. Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio, y que también el Papa, para ejercer este poder, debe entrar cada vez más en ese servicio que tiene su culmen luminoso en la cruz; debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe, de San José y , como él, abrir los brazos para custodiar a todo el pueblo de Dios y acoger con afecto y ternura a toda la humanidad, especialmente a los más pobres, los más débiles, los más pequeños; eso que Mateo describe en el juicio final sobre la caridad: al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo, al encarcelado – cfr. Mateo 25: 31-46 - . Sólo el que sirve con amor sabe custodiar” (De la homilía de Francisco en la eucaristía inaugural del ministerio petrino, el pasado 19 de marzo).
Las proponemos como consideraciones para entrar en el contexto de estos intensos días de la semana santa de 2013, porque se inspiran en la lógica crucificada del Señor Jesús, destacada por los textos de la liturgia de este domingo. La vida de Jesús, referida por los evangelios, es un relato de Dios  en materia de donación de la vida, amorosa, incondicional, y de servicio solidario a todos los humanos, con la consabida preferencia por los últimos del mundo.
 Bien lo dice San Pablo: “Tengan entre Ustedes los mismos sentimientos que Cristo, el cual, siendo de condición divina, no codició el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo. Asumiendo semejanza humana y apareciendo en su porte como hombre, se rebajó a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz” (Filipenses 2: 5-8).
Francisco se está comprometiendo a ejercer su ministerio en esta perspectiva y está poniendo sobre el tapete esta exigencia fundamental del seguimiento de Jesús, que nos implica a todos los que nos profesamos cristianos pero también a cada ser humano que se empeñe en hacer de su vida un digno y generoso servicio a la humanidad, rompiendo con las tentaciones de la vanagloria, del injusto dominio de unos sobre otros, del poder entendido como privilegio que favorece a unos y desconoce a la mayoría.
Esto es lo que explicitamos en la semana santa, más allá de las prácticas rituales, y de las grandes aglomeraciones religiosas, está Jesús delante de nosotros para plantearnos este estilo de vida que supone grandes rupturas e inmensas y apasionantes libertades, en el amor incondicional al Padre Dios y a los seres humanos. Todo eso que San Ignacio de Loyola, una vez convertido de su arrogancia, llamó “el vano honor del mundo”.
El caminar histórico de la Iglesia se ha sucedido en medio de las tentaciones humanas del poder, de la mayor preocupación por lo político con oscurecimiento de lo evangélico, pero también de la santidad de tantos hombres y mujeres que “desde abajo” han recordado proféticamente a la comunidad creyente el talante de Jesús, como  Francisco de Asís, Monseñor Romero, Teresa de Calcuta, Helder Cámara, libres en el amor y en el generoso servicio de sus vidas , para que otros puedan acceder a la dignidad y a la justicia.
Presentarse así ante el mundo de los poderosos, o de los administradores de cierto tipo de orden (¿?), se convierte en señal de contradicción, por la autenticidad de la vida de quienes confrontan esa lógica, que es ajena al proyecto amoroso del Padre. Por eso dice Isaías, estableciendo el perfil ideal del Mesías: “Ofrecí mi espalda a los golpes, mi cara a los que mesaban mi barba, y no hurté mi rostro a insultos y salivazos”  (Isaías 50: 6) .
Jesús, humillado y ofendido, es un lenguaje contundente de Dios que hace severas preguntas a nuestras mentalidades, imaginarios, modos de vivir, actitudes, siempre buscando jerarquizar la sociedad y la iglesia, clasificando a los seres humanos en mayores y menores, determinando dignidades para unos y desconociendo a los más, promoviendo inequidades y, con escandalosa frecuencia, violencias y atentados, en nombre de ideologías políticas, de seguridades estatales, de protecciones económicas y también – qué pena, qué inmenso dolor ¡! – de verdades religiosas.
El evangelio de hoy es el relato de la pasión en la versión de Lucas, está servido el texto para todos, no para una lectura apenas piadosa, sino para entrar en su contexto y en su pretexto, con la mente y corazón abiertos para descubrir lo que Dios se trae para la humanidad con el drama de Jesús, el conflicto que suscitó, la soberbia religioso – moral de los sacerdotes del templo, escribas y fariseos, la saña del pueblo, la conducta ambigua de los discípulos, el dolor profundo de María y de las mujeres: es esto una historia más, por cierto sabida de memoria, o en este 2013 nos trae pro-vocaciones, retos, propuesta de rupturas, acogida de libertades y de una autenticidad cuyo proceso sólo concluirá el día que Dios nos llame al encuentro definitivo?
La elección de Francisco – Jorge Mario Bergoglio – al ministerio de Pedro, está revelando una intención clarísima. Tenemos que bajarnos de los pedestales eclesiásticos   -  sin pretender volver a subir allí - , descalzarnos, dejar atrás los intereses de poder, optar por la transparencia evangélica, apropiarnos de Jesús, dedicarnos sin rodeos a su Buena Noticia, servir a todos sin condiciones, privilegiando a tantos hombres y mujeres que viven eternamente escarnecidos, olvidados, silenciados. Y si en esto nos va la vida, como a El, que la apostemos por la más noble causa, que es justamente esta de servicio humilde, de solidaridad. Los cristianos estamos en el mundo para ser promotores de esta esperanza!!
“Entre ellos hubo también un altercado sobre quien de ellos parecía ser el mayor. El les dijo: Los reyes de las naciones las dominan como señores absolutos y los que las oprimen se hacen llamar bienhechores. Pero no actúen así Ustedes, pues el mayor entre Ustedes ha de ser como el más joven, y el que gobierna, como el que sirve. Porque, quien es mayor, el que está a la mesa, o el que sirve? No es el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de Ustedes como el que sirve”  (Lucas 22: 24-27)
Justamente este domingo 24 de marzo recordamos a nuestro queridísimo Monseñor Oscar Romero, en el aniversario 33 de su martirio, quien vivió a cabalidad el espíritu de estas palabras de Jesús a sus discípulos. De la timidez religiosa de su primera época pasó a ser el vigoroso profeta que cuidó a su pueblo de los atropellos del poder, consciente de que se estaba jugando la vida, lo que finalmente sucedió aquel 24 de marzo de 1980 en la capilla del hospital de la Divina Providencia, en San Salvador.
Sólo el amor es digno de fe! Gracias a Francisco por recordarnos todo esto, que es esencial en el proyecto de Jesús.

Antonio José Sarmiento Nova,S.J.
Alejandro Romero Sarmiento

domingo, 17 de marzo de 2013

COMUNITAS MATUTINA DOMINGO 17 DE MARZO V DE CUARESMA



Lecturas
1.      Isaías 43: 16-21
2.      Salmo 125: 1-6
3.      Filipenses 3: 8-14
4.      Juan 8: 1-11
Los textos bíblicos que se nos proponen en este último domingo de cuaresma nos implican en una decidida apuesta por la esperanza que proviene de la novedad vital que nos ofrece el Padre en Jesús, una total re-significación de nuestra existencia. Esto hay que destacarlo en abierto contraste evangélico  porque lo predominante en la presentación de la cuaresma es su estilo sombrío, entristecido, lúgubre, probablemente causante de culpas enfermizas , con la imagen del Dios justiciero y vengativo.
Empecemos por el texto de Juan y hagamos un ejercicio de identificación con los personajes del relato: Jesús, los escribas, fariseos, y la mujer adúltera, cuáles son sus actitudes? Cuál su mentalidad e intenciones? Es una historieta ajena a nosotros, mil veces leída sin impacto personal?  O nos mueve a preguntas y confrontaciones de alta exigencia en términos de ruptura con hipocresía, arrogancia moral, intransigencia, o, por los lados de Dios: misericordia, humildad, necesidad de reconciliación, apertura a esa nueva manera de vivir que ofrece Jesús?
Es claro que a El  no le preocupa la argumentación de estos hombres religiosos con respecto a la mujer, humillada y ofendida, su referencia se dirige a ellos mismos y a su conciencia, desarmando su fundamentalismo religioso-legal y haciendo materia central de este coloquio la coherencia moral (¡!!) de estos personajes. Ocurre a menudo que los guardianes de la moral y de la verdad presentan graves inconsistencias en su vida: “Al insistir ellos en su pregunta, se incorporó y les dijo: aquel de Ustedes que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra” (Juan 8: 7).
Esta mujer está abatida, desorientada, vacía de sentido, de amor, es vejada y desconocida. La ley religioso-moral del judaísmo del tiempo de Jesús es implacable, milimétrica, de rigidez neurótica, no da posibilidades de restauración. Pero ella en Jesús halla esperanza, su vida se replantea felizmente, rescata su feminidad, vuelve a tener razones que la validan como persona, porque la justicia que se le hace no es la de los hombres sino la de Dios, siempre acogedora, siempre posibilitadora de la dignidad: “Vete y no vuelvas a pecar” (Juan 8:11).
Cuántas veces nos hemos visto en similar condición? O cuántas veces hemos estado cerca de personas desencantadas, deshechas, amargadas por el moralismo nuestro o de otros?
No se nos olvide nunca que lo propio de Jesús es la Buena Noticia del Padre, la entrada avasalladora y gozosa de la vida nueva, del sentido pleno y trascendente. Hay que re-encantar siempre al ser humano, tender la mano, bajar a las intimidades del corazón y emprender juntos, desde este apasionante don de Dios, la vida nueva, feliz, libre, saturada de amor y de contagioso significado humano y teologal.
Y en cambio, qué reto tan severo el planteado por el Señor a estos maestros de la ley y custodios de la religión: cuál es su derecho a condenar y a decidir sobre la vida de esta mujer?  Qué los autoriza a esta conducta, tan a menudo repetida en ambientes religiosos y causante de inmensos sufrimientos, desconciertos, y también abandonos de la comunidad de fe?
En esta última semana de cuaresma sumerjámonos en nuestra interioridad y pongámonos  escuetamente ante el Padre, conscientes de tantas fragilidades, egoísmos, juicios injustos, afecciones desordenadas, y humildemente, como esta buena mujer, dejemos que El entre, purifique, perdone, sane, libere, re-oriente. Y al final: gratitud y bendición por la nueva vida que Jesús introduce en nuestro ser!!
Qué alentadoras son las palabras de Isaías a este propósito: “Voy a hacer algo nuevo, ya está en marcha, no lo reconocen? Sí, abriré en el desierto un camino, alumbraré ríos en el páramo…… pues llenaré de aguas en el desierto, …. para abrevar a mi pueblo, mi elegido, ese pueblo que yo me he formado” (Isaías 43: 19-20).
Recuerdo que hace años leí el libro “El Dios en quien no creo” del español Juan Arias, en el que  en un estilo ágil, cotidiano, reflexiona sobre las falsas imágenes de Dios y sobre las graves distorsiones que esto causa en hombres y mujeres, cuando los arrasa la angustia de origen religioso, minimizando su autoestima y llevándolos a sentirse ínfimos, corruptos, sin perspectivas de salvación. Lo traigo a cuento para poner de presente que la bienaventurada contrapartida de esta especie de terrorismo teológico es el amoroso e incondicional Padre de Jesús, resueltos ambos, en el Espíritu, a posibilitar una vida novedosa, feliz, comprometida sí  y altamente responsable, pero siempre estimulada y plena de ilusiones.
Y a propósito: que inmensa responsabilidad la que tiene ahora el papa Francisco, descalzar a la Iglesia, alejar la pompa y el ritual fríos, y caminar detrás de Jesús, con toda la humanidad, por las más saludables rutas de vitalidad, de encuentro fraterno, de estilo solidario, de servicio a todos, pero siempre prefiriendo a los últimos, a los entristecidos, a los destechados, para que se configure el ser humano nuevo que está plenamente expresado en Jesús de Nazareth : “Juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por El perdí todas las cosas; incluso las tengo por basura para ganar a Cristo y encontrarme arraigado en El, no mediante mi justicia, la que viene de la Ley, sino mediante la que viene por la fe en Cristo, la justicia que viene de Dios apoyada en la fe” (Filipenses 3: 8-9). Papa Francisco: lo tuyo es portar y hacer efectiva la Buena Noticia de Jesús, y solamente eso!
Pensemos en el asunto central del sentido de la vida, en el legítimo derecho que tiene todo ser humano a que su existencia valga la pena, en las aspiraciones de felicidad y plenitud, también en nuestra precaria condición que a menudo nos hace errar, y demos una vista crítica a todo lo que maltrata la humanidad, lo que la destruye, humilla, violenta, oprime. Allí debemos estar los creyentes, al lado de Jesús, en nombre del Padre, para rescatar, sanar, curar, salvar, redimir, re-crear, liberar. Esta es la genuina razón de ser del cristianismo y de la iglesia!
Oremos por todos nosotros, por todos los seres humanos, por los que están envilecidos por la riqueza y el consumo egoísta, por los que toman decisiones injustas en contra de sus hermanos, por los causantes de muerte y de violencia, y – en primerísima línea! – por los que aguardan con pasión el reconocimiento de su dignidad, la reivindicación de su condición humana, la adquisición de su felicidad. Y, por supuesto, por el Papa Francisco, para que el Señor inspire todo el exigente ministerio que ahora comienza.
Gratitud a Dios Padre por la vida de Alberto Vargas Sierra, miembro de una muy querida familia de Santander, llamado por el Señor a su bienaventuranza el pasado domingo. Descanse en paz!

domingo, 10 de marzo de 2013

COMUNITAS MATUTINA DOMINGO 10 DE MARZO IV DE CUARESMA


Lecturas
1.      Josué 5: 9-12
2.      Salmo 33: 2-7
3.      2 Corintios 5: 17-21
4.      Lucas 15: 1-3 y 11-32
Muchos lugares del mundo, entre ellos nuestra tierra colombiana, han sido y son escenarios de intensa violencia, de agresiones mortales contra muchos seres humanos, de divisiones fuertes y destructivas, de intransigencias interminables. Qué hay en la raíz de estas conductas tan generadoras de desolación y muerte? Cabe explorar en nuestra oración y discernimiento una respuesta inteligente, también con recurso a los estudiosos de la mente y de la conducta de los humanos.
Hoy, una de las invitaciones es a que consideremos lo que anida en los seres humanos que no tienen capacidad de perdón y de reconciliación, lo que inspira a los desconocedores de la misericordia. El panorama es desolador, pero hay que abordarlo con la mayor honestidad y realismo porque esto es un drama que sigue afectando a buena parte de la humanidad.
Da mucho qué pensar cuando lo que nos sirven la televisión y el cine tiene que ver con estas realidades. Nos preguntamos si es una postura crítica de los medios de comunicación para suscitar lo mismo en el público, o si más bien el tema se inclina a la explotación morbosa de las personalidades de los violentos y de sus procederes, lo mismo que a la malsana curiosidad de quienes habitualmente vemos este tipo de programas y películas.
Que todo esto nos ayude a entrar en una profunda meditación – como esperanzadora contrapartida! – de la misericordia de Dios, a lo que nos invitan con densidad los textos bíblicos de este domingo.
El primer recuerdo que se nos presenta es el de la incondicional fidelidad de Dios a las promesas hechas a los israelitas y a nosotros: “Y dijo Yahvé a Josué: hoy les he quitado de encima el oprobio de Egipto” (Josué 5: 9). El texto consigna la gozosa conciencia de que Yahvé, después de llevarlos por el desierto guiados por Moisés, ahora les hace realidad, felicísima por cierto, la esperada tierra prometida.
Si bien es cierto que Dios no es una gran central de hacer milagros y favores – y con esto conjuramos el peligro de incurrir en el providencialismo que desconoce nuestra libertad y nuestra responsabilidad -  es fundamental que estemos conscientes de la gratuidad de Dios, de su total compromiso con nosotros, de saber que la opción preferencial de Dios es el ser humano y su plenitud, en esta vida y más allá de ella. Y por esto suscita toda su estrategia salvadora y liberadora en nuestra cotidianidad, en las experiencias variadas de la vida, felices o dolorosas, en las personas, en la historia. Es un Dios implicado, encarnado y absolutamente fiel y gratuito!
Qué hay en nuestra vida personal a propósito de esto? Cómo nos permite establecer el contraste con el mundo de los inmisericordes y desconocedores del bien y del perdón? La clásica parábola del padre compasivo y del hijo pródigo – que hace parte de la memoria colectiva humana – es una contundente provocación para vivir en otra lógica, de abundancia, de amor, de cercanía, de recuperación del egoísmo y del mal para vivir en la gozosa novedad del Señor. Esta historia no descansa sobre la rebeldía del hijo ni sobre la envidia del mayor, revoluciona nuestros mapas mentales y espirituales y pone el acento en la gratuidad desmedida del padre que perdona, acoge, celebra  fiesta “porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida; se había perdido y ha sido hallado” (Lucas 15: 24).
Cuando vemos la frialdad de los asesinos (tengamos presente la barbarie nazi, los excesos de las dictaduras, el genocidio en Ruanda-Burundi en los años 90, la brutalidad de paramilitares y guerrilleros, los crímenes abominables de los narcotraficantes), o el estilo desalmado con el que se despoja a millones de seres humanos de su trabajo, de sus bienes, de su derecho a vivir dignamente (despidos masivos, expropiaciones!!!), de una parte no podemos dejar de estremecernos, de indignarnos, de otras, comprometernos en un estilo novedoso de vida, humanitario, cercano, comprensivo, solidario. Y esto para el mundo cristiano está determinado en el estilo que el Padre nos ha revelado en el Señor Jesucristo.
Cómo inspirar la relación entre los seres humanos con este talante? Cómo influír para que las instituciones, la convivencia ciudadana, el mundo empresarial, colegios, escuelas , universidades, iglesias, asuman con todas sus consecuencias esta lógica de misericordia?
En el magisterio de Juan Pablo II destaca su encíclica “Dives en Misericordia” (rico en misericordia, adviento de 1980), en el que este memorable papa hace un recorrido por Antiguo y Nuevo Testamento, por los Padres de la Iglesia y la Tradición, por la vida de las comunidades de creyentes, para recordar a los cristianos y a la humanidad del siglo XX que la misericordia es la personalidad de Dios, es su modo de proceder, y que ella es la absoluta solidaridad – amorosa, inagotable – de El con todo el género humano.
Esta realidad tiene consecuencias individuales y sociales. El hijo pródigo representa a todo hombre y mujer que se desordena y rompe el vínculo con este amor fundante, pero que se experimenta vacío, roto, desarticulado y por eso descubre la necesidad de Dios, de su amor, de la restauración plena de su ser en el perdón y la reconciliación: “Padre, he pecado contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo” (Lucas 15: 21), y el padre responde: “Traigan el mejor traje y vístanlo; pónganle un anillo en el dedo y cálcenle unas sandalias. Traigan el novillo cebado, mátenlo, y comamos y celebremos una fiesta…..” ((Lucas 15: 22-23).
Es esto permisividad, conducta blanda, que no plantea rigurosas exigencias y compromisos a quien ha fallado gravemente?  O es más bien la concreción de la amorosa decisión de Dios de empeñarse en la salvación del hombre caído, a toda costa, planteando la responsabilidad a quien se sabe perdonado, levantado, restablecido? Cómo es nuestra experiencia en este sentido?  Sabemos esto de perdonar y ser perdonados, nos sentimos beneficiados por esta iniciativa del Padre y de tantos hombres y mujeres notables en materia de misericordia y de conciencia de la fragilidad humana?
O más bien nuestra identificación es  con el envidioso hermano mayor: “El replicó a su padre: hace muchos años que te sirvo y jamás dejé de cumplir una orden tuya. Sin embargo, nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos. Y ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado” (Lucas 15: 29-30).  Clara referencia a los intransigentes fariseos, a los maestros de la ley, que se escandalizaban porque Jesús, en nombre del Padre, perdonaba, acogía, restauraba, se aproximaba misericordiosamente a los publicanos y a las prostitutas.  Dónde estamos inscritos?
Esta oración de hoy es una estupenda oportunidad para dejarnos sorprender por Dios, para recordar que su mirada sobre la condición humana no es cuantitativa, de méritos adquiridos, y de clasificaciones, sino de acogida, de inclusión, de posibilitar siempre mejorías sustanciales en nosotros, es decir, de hacer que la vida de todos tenga sentido y esperanza, aún a pesar de nuestros desvaríos.
Volviendo a los pensamientos iniciales de hoy: qué movimientos espirituales se suscitan en nosotros al considerar la violenta intransigencia de tantos congéneres en comparación con la desbordante misericordia del Padre? Es un reto de la mayor magnitud el que se nos propone, no para piadosas conductas ocasionales, para fervores momentáneos, sino para decidir un proyecto de vida totalmente arraigado en el Señor Jesús, en términos de humilde necesidad del Padre y de apertura comprensiva a nuestras fragilidades y a las de todos los humanos. Hay que decirlo: esto es ir a contrarriente! Pero es el imperativo de Dios.
Pidamos al Espíritu el don de captar en nosotros esta garantía de esperanza definitiva, maravillosamente expresado por San Pablo: “Así que, en adelante, ya no enjuiciamos a nadie según criterios humanos; y si enjuiciamos a Cristo según tales criterios, ya no lo enjuiciamos así. Lo digo porque el que está en Cristo es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo. Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación. En efecto, Dios estaba reconciliando al mundo consigo por medio de Cristo, no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres, al tiempo que nos confiaba la palabra de la reconciliación” (2 Corintios 5: 16-19).
Esta semana dos intenciones particulares de oración:
-          Por todos nuestros hermanos de Venezuela, por su gobernantes, por todos los estamentos sociales, por el sector público y privado, por la oposición, por los dirigentes, que haya cordura, serenidad, sensatez, sentido total del bien común, al que todos tienen derecho.
-          Para que el Espíritu inspire a los cardenales en la elección del sucesor de Pedro, que sea un hombre sensible a todas las esperanzas del ser humano del siglo XXI, abierto, dialogante, incluyente, humano , demasiado humano, en el mejor estilo del Señor Jesús.
Antonio José Sarmiento Nova,SJ
Alejandro Romero Sarmiento
http://comunitasmatutina.blogspot.com

domingo, 3 de marzo de 2013

COMUNITAS MATUTINA DOMINGO 3 DE MARZO III DE CUARESMA


Lecturas
1.      Exodo 3: 1-8 y 13-15
2.      Salmo 102 : 1-4; 6-8 y 11
3.      1 Corintios 10: 1-6 y 10-12
4.      Lucas 13: 1-9

Empecemos esta reflexión de hoy considerando cómo a menudo se empobrece el mensaje cristiano reduciéndolo a cumplimientos y ritos formales, a imaginarios que tienen que ver con un Dios intransigente y vengativo, a culpas enfermizas y a sus correspondientes culpabilidades y temores y, en general, a un estilo religioso poco esperanzador y más bien apto para el alejamiento o para la búsqueda de otras alternativas de sentido.
Esto se debe a una deficiente interpretación de los textos bíblicos, y al moralismo y dogmatismo en que se forman muchos sacerdotes y pastores, que son los principales responsables de educar a la comunidad de los creyentes. De aquí se deriva el imperativo de volver por los fueros genuinos de la revelación, por un conocimiento juicioso de la Palabra, por un estudio cabal de sus textos, contextos y pre-textos.
Dos maestros colombianos de teología y de estudio de la Biblia han sido pioneros de esta genuina manera de comunicar la fe: los sacerdotes jesuitas Carlos Bravo Lazcano (1916-1993), quien durante más de cuarenta años de estudio y docencia rigurosos formó a muchos y muchas en la facultad de teología de la Universidad Javeriana, junto con innumerables cursos para preparación de ministros y catequistas; y Gustavo Baena Bustamante (1930), felizmente entre nosotros, quien a comienzos de 2012 dio a la luz su libro “Fenomenología de la Revelación: teología de la biblia y hermenéutica” (Editorial Verbo Divino, 2011. Estella ,Navarra España). El padre Baena plasma en este trabajo su esfuerzo de toda la vida, en varios seminarios de Colombia y también en la referida facultad de teología, lo mismo que en innumerables cursos y retiros en diversos ámbitos de la iglesia colombiana.
Estos dos estudiosos han querido propiciar el auténtico encuentro con la revelación, valiéndose del conocimiento directo de las lenguas bíblicas, de la explicitación de los contextos sociales, culturales, religiosos, políticos, en el que surgió la Biblia, y en la captación del sentido original de la misma, justamente para favorecer un saludable crecimiento en la fe, la  superación de algunos paradigmas desacertados en cuanto al hecho cristiano, y la madurez en el crecimiento de quienes nos interesamos por vivir con sinceridad el proyecto de Jesús.
Estas consideraciones iniciales no son para presumir de erudición teológica sino para ayudar a crear conciencia con respecto a eso que llamamos voluntad de Dios, a su intervención salvadora y liberadora en la historia humana, y a su plena manifestación en el Señor Jesucristo. La riqueza de los textos bíblicos, debidamente estudiados y apropiados, es la mejor ayuda para una existencia cristiana sana, humana, espiritual, rica y comprometida con el hondo crecimiento de nuestra humanidad en Jesús.
Que la consideración y oración de los textos de este domingo nos ayuden a este propósito.
El EXODO es todo él un texto de libertad y de esperanza en la acción de Dios que interviene en la historia de los hebreos: “He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto; he escuchado el clamor ante sus opresores y conozco sus sufrimientos. He bajado para librarlo de la mano de los egipcios y para subirlo de esta tierra a una tierra buena y espaciosa; a una tierra que mana leche y miel” (Exodo 3: 7-8).  Estas son las palabras con las que Yahvé confía a Moisés la misión de guiar el pueblo israelita hacia la tierra prometida: “Así que ponte en camino: yo te envío al faraón para que saques a mi pueblo, los israelitas, de Egipto” (Exodo 3: 10).
Dios revela su identidad a Moisés en el espacio de la zarza ardiente – el espacio sagrado en el que el llamado se descalza, se despoja de todo condicionamiento para hacerse dócil al querer de Yahvé -  diciéndole: “Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob” (Exodo 3: 6). Esta revelación de la identidad divina no es un artificio puesto al azar por el redactor bíblico, es una explicitación del ser mismo de Dios a Moisés, con lo que este queda implicado en la tarea liberadora, como se puede apreciar en la totalidad del libro del Exodo.
Sobre esto caben varias preguntas para ayudar a nuestra oración:
-          Estamos abiertos al verdadero ser de Dios?
-          Tenemos docilidad a El para merecer que El mismo se nos revele?
-          Esta conciencia va acompañada de una captación de que estamos llamados a una misión de libertad, de dignidad, de solidaridad?
-          O más bien nos quedamos en el Dios formal, y en el cumplimiento religioso adquirido por vía de inercia sociocultural?
No se nos olvide que el Dios que se revela en la historia bíblica es un Dios personal, capaz de interactuar directamente con nosotros,  de insertarse en nuestra historia y en nuestra realidad existencial, y de empeñarse en un proyecto para hacer de nosotros una humanidad libre, promovida, digna, llena de sentido trascendente en El. Y esto llega a su plenitud de significado en Jesús.
Con respecto al relato evangélico de Lucas 13: 1-9, es bien conocido de nosotros la terquedad de los judíos para reconocerlo como enviado de Dios, como profeta, y el afianzamiento fundamentalista en sus posturas legalistas y ritualistas, sin  preocuparse de la conversión del corazón y del acceso a una nueva vida en el Espíritu. Es un texto duro y exigente: “Les digo que no, y si Ustedes no se convierten, todos perecerán del mismo modo” (Lucas 13: 5), dice Jesús a un grupo de judíos, aludiendo a la tragedia de un grupo de sus contemporáneos que fueron castigados por sus muchos y graves pecados.
Es esto un refuerzo de la mentalidad que nos lleva a entender a Dios como un ser justiciero y vengativo? O es más bien un poner de presente que el egoísmo, el empecatamiento, el permanecer en la injusticia y en el desamor, tiene esta lamentable consecuencia?. Porque el pecado es ir contra nosotros mismos, afectar destructivamente nuestra plenitud y realización, hasta la muerte misma. En este contexto, prescindir de Dios equivale a prescindir del mejor y más auténtico camino de humanización y de felicidad.
Somos viña higuera estéril o tierra fecunda para la acción de Dios? Que nos dicen estas palabras del Señor?: “Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera y no lo encuentro. Córtala” (Lucas 13: 7) , y a pesar del desencanto por la aridez recibimos una nueva oportunidad: “Déjala por este año todavía. Mientras tanto, cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante” (Lucas 13: 8).
Como es propio del estilo cuaresmal, este texto nos confronta en lo más hondo de nuestra conciencia. Si estamos definitivamente seducidos por el vano honor del mundo, por la búsqueda afanosa de dinero y de éxito, por los encantos idolátricos del poder y por la consiguiente cerrazón al trabajo liberador de Dios. O si por, el contrario, con humildad (recordemos que esta palabra viene de humus, expresión latina que significa tierra. Ser humilde es abajarse al nivel de la tierra) acatamos la alternativa que se nos facilita para emprender una nueva manera de ser y de vivir fundamentada en el Dios que nos hace libres del universo de nuestros afectos desordenados.
El texto de 1 Corintios, igualmente severo y estremecedor como el anterior, refuerza esta idea, con el fin pedagógico de hacernos tierra abonada para Dios. Los israelitas fueron beneficiarios de la liberación que dispuso Yahvé para ellos: “No quiero que ignoren, hermanos, que nuestros antepasados estuvieron todos bajo la nube y que todos atravesaron el mar, de modo que todos quedaron vinculados a Moisés al ser bautizados en la nube y en el mar” (1 Corintios 10: 1-2), sin embargo y , a pesar de ser asumidos por esta gracia “la mayoría de ellos no fue del agrado de Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto” (1 Corintios 10: 5).
Cómo entender aquí asuntos tan graves como el carrusel de las pensiones, tan inequitativo y deshonesto, o el Agro Ingreso Seguro, o los falsos positivos, el desfalco de Interbolsa, el festival de la parapolítica,  o la ignominiosa pobreza que afecta a tantos hermanos nuestros, ante la indiferencia de un sistema económico que sigue fomentando la alta concentración de capitales y las mínimas oportunidades para la mayoría?
Cómo entender aquí nuestra tibieza, nuestra aparente tranquilidad de conciencia, nuestro escaso vigor espiritual y humano? Pensemos que esta cuaresma tiene que ser decisiva en nuestras vidas, que la mejor expectativa que podemos cultivar es la de una radical resignificación de todo lo que somos y hacemos, y que la clave de este apasionante proyecto es el mismo Dios , que está empeñadísimo en hacer de nosotros un pueblo de libertad, de justicia, de espíritu, de trascendencia.
En nuestra oración de este domingo los invitamos a orar en gratitud a Dios por la vida de la señora Jael Flórez de Ocampo, llamada ayer por el Señor a su plenitud, madre de nuestros amigos Esteban y Mauricio Ocampo Flórez. Los saludamos con afecto y convicción de esperanza en el Dios de la vida.
También oremos por la salud y restablecimiento de los padres Jaime Bernal y Jaime Vélez Correa, jesuitas, y Mauro Serrano Díaz, de la arquidiócesis de Bogotá.
Y que lo que pasa en Roma, en el trance de la elección del nuevo papa, sea lo más evangélico, lo más dispuesto para escuchar los clamores de la humanidad. Que el próximo sucesor de Pedro sea un hombre de Dios, dialogante, prójimo, cercano, encarnado.
Recordemos:
wwwespaciosagrado.com
Antonio José Sarmiento Nova,SJ
Alejandro Romero Sarmiento

Archivo del blog