domingo, 23 de septiembre de 2012

COMUNITAS MATUTINA DOMINGO 23 DE SEPTIEMBRE XXV DEL TIEMPO ORDINARIO



1.      Sabiduría 2: 12. 17-20
2.      Salmo 53:3-8
3.      Santiago 3: 16 a 4:3
4.      Marcos 9:29-36

La lectura del texto de la Sabiduría nos lleva directamente a la figura y entrañable realidad de Monseñor Romero, asediado y perseguido por los hombres malignos que no soportaron la rectitud de su vida en Dios y el vigor de su profecía que ponía en evidencia la perversidad de las condiciones de aquellos años en El Salvador: “Persigamos al justo que nos molesta y que se opone a nuestra forma de actuar, pues nos echa en cara las faltas contra la Ley…..” (Sabiduría 2: 12).
Este es un asunto central para las personas que deseen tomar en serio la fe en Dios y el seguimiento de Jesús: la vida insobornable, pulcra, límpida, que se convierte en pregunta exigente para los hacedores del mal. Así, los profetas bíblicos; así, el Señor Jesús; así, los testigos del cristianismo primitivo; así, los perseguidos por causa de la fe y de la justicia. Son los relatos del Dios verdadero que satura plenamente la vida de tantos hombres y mujeres seducidos por su amor, por su ideal y, por ello mismo, comprometidos hasta las últimas consecuencias con la dignidad de los seres humanos.
En la serie televisiva “Escobar: el patrón del mal” , a ratos repugnante y siempre dolorosamente sorprendente, se recuerda un tiempo reciente de la historia colombiana, en el que jueces, policías, magistrados, periodistas, candidatos presidenciales, todos con el sueño de un país digno, respetable, de juiciosas instituciones, cayeron fulminados por la insania de esos “patrones del mal” con este siniestro personaje a la cabeza. Denunciaron,confrontaron, no silenciaron sus voces ante este poder corruptor, fueron valientes, y apostaron su vida por este ideal.
-          Qué dice esta palabra a nuestra conciencia?
-          Se trata de simples recuerdos truculentos expuestos por la llamada narcoestética?
-          O, más bien, surge en nosotros la sincera indignación y la pasión por la justicia?
El justo auténtico sabe que la garantía total de su vida está en Dios y por eso se dispone a entregar todo de sí mismo como manifestación de su plena coherencia. La violencia de los malvados elimina la vida física pero no sofoca la rectitud ni la fuerza justiciera de la honestidad: “porque se han alzado en mi contra los soberbios, y los violentos buscan mi muerte: hombres para los cuales no cuenta Dios. Pero a mí, Dios me ayuda, el Señor es apoyo de mi vida” (Salmo 53: 3-4).
Buena reflexión para conmover nuestras vidas acomodadas a menudo en estilos mediocres, en religiosidades inertes, en conciencias dormidas. Jesús interroga nuestros letargos para llevarnos a una existencia inquieta, profética, creativa, generosa, exigente, y nos pone en el camino los relatos de profetas y mártires, de santos y héroes, de justos e inocentes.
En la carta de Santiago se nos invita a desentrañar las malas ambiciones, los afectos desordenados, la codicia, y a cambiar todo esto por “la sabiduría que viene de arriba es pura, pacífica, indulgente, bondadosa, llena de compasión y produce buenas obras” (Santiago 3:17).
-          Qué nos motiva en la vida: la afirmación de nuestro ego? La arrogancia? La búsqueda de poder y de comodidad material?
-          Cuáles son los núcleos de mi ser que están desordenados en este sentido?
-          Experimento la insatisfacción que esto produce y me siento movido a la “sabiduría que viene de arriba”?
En respuesta a esto, el modelo de vida que Jesús nos propone es el de la donación amorosa de todo lo que se es y se tiene y el del servicio, entendido como apertura solidaria a todos los seres humanos: “Si alguno quiere ser el primero, que se haga el último de todos y el servidor de todos” (Marcos 9: 35). Pone en tela de juicio la búsqueda desordenada de autoafirmaciones, la prepotencia, el pensar que se es alguien por estar en posiciones destacadas, el querer dominar a los demás, el desconocer los valores y las verdades de los otros, el atropellar vidas y dignidades.
En el relato constitutivo de nuestra fe, el del Señor Jesús, queda clarísimo que se trata de un estilo “desde abajo”, “con los de abajo”, con una negativa explícita a toda forma de vanidad y supremacía, dando paso a la lógica liberadora del amor. En el comienzo del texto evangélico de este domingo Jesús sorprende a los discípulos diciéndoles que “El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres. Lo van a matar; y a los tres días de muerto resucitará” (Marcos 9: 31), y como a nosotros, a ellos también les costaba entender esta extraña y desempoderada manera de proyectarse: “Pero ellos no entendían lo que les decía y tenían miedo de preguntarle” (Marcos 9: 32).
Entender a Jesús es costoso porque su oferta de sentido suele ir en contravía de intereses humanos considerados “normales”, es escandaloso lo que El propone porque deshace cierto tipo de lógica muy determinada por el hacer carrera, buscar aplauso y fama, sentirse importantes, descollar, aparecer, brillar. La cruz de Jesús deslustra estas ambiciones y nos propone el talante de la pequeñez, de lo mínimo, de lo anodadado, de lo vaciado del ego desordenado, para acatar la soberanía de Dios en la propia vida y adoptar la projimidad como sustancia de nuestras opciones y actuaciones.
-          Considero que esta es una retórica piadosa? Circunstancial?
-          Dejo que Jesús me haga preguntas fuertes , tales que desacomoden mi tranquilidad y mi egoísmo?
-          Entiendo que es esto del servicio? Cómo lo vivo?
-          Soy libre frente al vano honor del mundo y tengo capacidad de relativizarlo?
Quedémonos con estos elementos para nuestra oración de esta semana, para dejar que el Espíritu entre impetuosamente en nuestro interior y nos sacuda de la modorra que impide en nosotros la pasión profética y la vida en el amor.
Recordemos que este mensaje es un aporte al crecimiento de nuestra vida en el Espíritu y se publica semanalmente en:
Y recordemos estos sitios de espiritualidad:
Comunitas Matutina en Facebook
Hacemos memoria amorosa de Clarita Sarmiento Nova, de Elvira Pachón de Gómez, de Gerardo Arango Puerta,SJ, de Magdalena Lamus Cuesto, de Pedro Ortiz Valdivieso,SJ, de tantas personas de nuestros afectos que ya gozan de la plenitud de Dios.

domingo, 16 de septiembre de 2012

COMUNITAS MATUTINA DOMINGO 16 DE SEPTIEMBRE XXIV del Tiempo Ordinario



Lecturas
1.     Isaìas 50: 5-9
2.     Salmo 114: 1-9
3.     Santiago 2: 14-18
4.     Marcos 8:27-35
La pregunta que Jesùs hace a sus discípulos en el texto de Marcos que nos propone hoy la Iglesia es también dirigida a nosotros: “Quièn dice la gente que soy yo? Ellos le contestaron: unos, que Juan el Bautista; otros, que Elìas; y otros, que uno de los profetas.El siguió preguntándoles: Y según ustedes, quièn soy yo?” (Marcos 8: 27-29).
Despuès de haber compartido con ellos parte significativa de su ministerio, de su anuncio del Reino, de haberlos introducido en la nueva lógica que proviene del Padre a través de El, Jesùs les hace un “examen” para constatar si han captado los alcances de su persona y de su misión.
Esto nos lleva a pensar en las múltiples interpretaciones que sobre Jesùs se han hecho a lo largo de la historia, unas incompletas y sesgadas, y otras, haciendo el esfuerzo de insertarse en los testimonios del cristianismo primitivo, en los textos del Nuevo Testamento, en el magisterio de la Iglesia, y en la experiencia actualizada de los cristianos.
Jesùs el hacedor de milagros y portentos , Jesùs “manso y humilde de corazón”, Jesùs subversivo político, Jesùs entronizado como un rey lejano de la historia del ser humano, Jesùs juez y justiciero, Jesùs profeta de una bondad intrascendente, Jesùs un hombre extraordinario, Dios con apariencia de hombre, hombre especial sin divinidad.
Es tarea de la Iglesia, de su teología, de su ministerio pastoral, de su experiencia comunitaria, responder a este interrogante captando y viviendo lo esencial de su ser y de su misión. Veamos lo que sigue en el texto de Marcos: “Pedro le respondió: Tù eres el Mesìas. Entonces Jesùs les ordenò que no hablaran de èl con nadie” (Marcos 8: 29-30).
Esta respuesta aparentemente simple es de un alcance trascendente, es lo que los estudiosos del Evangelio llaman el “secreto mesiánico”, decisivo para entender y vivir a Jesùs, para poder responder existencialmente su pregunta.
Se refiere a que la misión de Jesùs en la historia humana no es la de un poderoso personaje que triunfa al estilo del mundo, lo suyo pasa por la dimensión de la cruz , de la donación total y amorosa de la vida para que todos tengamos vida en abundancia. Digamos que esto del secreto mesiánico es el rechazo enfático del poder, es la aceptación del sufrimiento crucificado como la gran posibilidad redentora y salvadora, y asì mismo les va explicando en los siguientes versículos del texto: “Entonces Jesùs empezó a enseñarles que el Mesìas tenía que sufrir mucho….” (Marcos 8: 31.
La respuesta de Pedro es como la de tantos seres humanos que no asumen este aspecto doloroso de la existencia, la aceptación del mismo en una perspectiva liberadora, salvífica, y le vale una reprimenda de Jesùs: “Colòcate detrás de mì, Satanàs, porque no piensas como Dios sino como los hombres” (Marcos 8: 33).
Si miramos la primera lectura, tomada de Isaìas, de los llamados “cànticos del siervo sufriente de Yahvè”,  podremos establecer la coherencia que guarda con la enseñanza de Jesùs a propósito de su misión. El texto prefigura un Mesìas humillado y ofendido, perseguido, maltratado: “no ocultè la cara ante los insultos y salivazos” (Isaìas 50: 6), que pone en tela de juicio todos nuestros imaginarios sobre Dios y sobre las realidades que nos salvan y nos dan sentido.
No es el poder ni la vanidad, no la arrogancia ni la dominación, sino el amor vivido hasta el máximo, la fuerza que asume al ser humano desde Dios y le hace posible la redención.  Por eso Jesùs completa su enseñanza sobre las implicaciones de su mesianismo asì: “Si alguno quiere venir detrás de mì, que renuncie a sì mismo, que cargue con su cruz y que me siga” (Marcos 8: 34).
Creer en Jesucristo no es la tranquila pertenencia a una institución prestadora de servicios religiosos, ni la  participación en una religiosidad vivida por inercia sociocultural, ni el cómodo cumplimiento de unos rituales. De acuerdo con lo que El mismo propone se trata de configurar nuestra vida, si asì lo decidimos, con la de El, en una relación de amor apasionado que nos lleva a descubrir que siguiendo este camino crucificado es donde se realiza la jugada maestra de una vida con sentido.
No se trata del sufrimiento por sì mismo, ni de autocastigo, o  de dolor enfermizo, masoquismo se llama esto. Optar por el mismo sendero de Jesùs significa que asumimos un modo de vida determinado por la ofrenda amorosa de sì mismo, por la renuncia al vano honor del mundo, por la pràctica constante y creciente de la solidaridad, por la identificación existencial con los adoloridos y humillados para buscar su dignificación y su liberación.
Para “redondear” el mensaje de este domingo Santiago, en su conocido estilo pràctico, nos indica: “Asì también la fe, si no tiene obras, està completamente muerta” (Santiago 2: 17). A lo que se està refiriendo es a la coherencia de la fe profesada con una vida que traduce en pràcticas evangélicas y humanas eso en lo que se dice creer. Hoy, de modo muy especial, se nos hace énfasis en el aspecto “crucificado” de Jesùs y, desde ahì, nos remite a una confrontación de todo lo que somos y hacemos.
-         Tenemos miedo del sacrificio, de la abnegación, de la cruz?
-         Còmo ha sido mi actitud en los momentos de dolor?
-         Evado la responsabilidad del amor con una vida facilista y cómoda?
-         Capto el “secreto mesiánico” de Jesùs?
Antonio Josè Sarmiento Nova,SJ
Pontificia Universidad Javeriana

domingo, 9 de septiembre de 2012

COMUNITAS MATUTINA DOMINGO 9 DE SEPTIEMBRE XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO



Lecturas
1.     Isaìas 35: 4-7
2.     Salmo 94: 1-9
3.     Santiago  2: 1-5
4.     Marcos 7:31-37
Los textos de este domingo nos invitan a pensar en aquellos condicionamientos humanos que nos paralizan y nos impiden vivir con sentido, libres de ataduras. Las “sorderas” y “cegueras” son fruto de formaciones distorsionadas, de fundamentalismos, de influjos negativos , de imaginarios que detienen en nosotros el impulso de la vida.
-         Por què no somos libres?
-         Por què no escuchamos los mensajes de la libertad y del amor?
-         Por què no vemos a Dios en nuestras realidades?
-         Por què estamos dominados por el miedo o por la desconfianza?
Y viene Jesùs, como en el relato de hoy, y se encuentra con el sordomudo (hagamos un ejercicio de identificarnos con este último) y….. “lo apartò de la gente y , a solas con èl, le metió los dedos en los oìdos  y le tocò la lengua con saliva. Luego , levantando los ojos al cielo, suspirò y le dijo: Effatha (que significa ábrete). Y al momento se le abrieron sus oìdos, se le soltò la traba de la lengua y comenzó a hablar correctamente “(Marcos 7: 33-35).
Este sordomudo està aislado, encerrado en sì mismo, no se entera de la presencia de Jesùs. Sus amigos lo llevan a El. Contempla su limitación, y pronuncia la palabra sanadora. Tengamos presente que los relatos de milagros en los evangelios son signos de la nueva realidad de vida, de dignidad, de sentido, que irrumpe con Jesùs, El hace de este hombre ahora un ser comunicado, abierto, relacional, es el encuentro con el Maestro el que le posibilita esta novedad.
-         Cuàles son nuestras sorderas y enmudecimientos?
-         Què nos aisla de Dios, de los hermanos, de la realidad?
-         Estoy persuadido de que Jesùs también me puede decir “Effatha” para que yo sea una nueva persona, vinculada y vinculante, tocada por la fuerza sanadora de su amor?
El texto de Isaìas también tiene que ver con esto:”Se despegaràn los ojos de los ciegos, los oìdos de los sordos se abrirán “ (Isaìas 35: 5). La presencia de Dios en nuestra vida està directamente relacionada con la posibilidad de una nueva manera de ser en la que nuestra humanidad se libera de esas fuerzas que nos impiden la autenticidad, la libertad, el amor, la vida con significado y esperanza.
La experiencia de Dios en Jesùs hace de nosotros seres humanos plenos. Y una manifestación de esta novedad se expresa en la invitación que hace Santiago a no establecer preferencias entre los seres humanos, marcadas por discriminaciones odiosas: “Hermanos mìos, no es posible creer en Nuestro Señor Jesucristo glorificado y luego hacer distinción de personas” (Santiago 2: 1).
Muy pràctico y concreto este apóstol nos plantea un elemento esencial de coherencia cristiana, profesar a Jesucristo como Señor y Salvador demanda de nuestra  parte una disposición equitativa ante todos los seres humanos, rompiendo con los criterios de superioridad e inferioridad de unos con respecto a otros, de preferencias egoístas, de clasificaciones excluyentes. El ser humano es digno por sì mismo, vale porque es humano, independiente de todos esos criterios que nosotros mismos hemos introducido para segregar y establecer escalafones.
Es decir, que una manera clarísima de ser “sordos” y “mudos” es no abrirnos de modo comprometido al exigente reto de la dignidad humana.
-         Preguntèmonos por nuestra manera de relacionarnos con las personas.
-         Somos diligentes y amables con los ricos, los poderosos , los bien parecidos? Y despectivos con los pobres y los humildes?
-         Siento que el encuentro con Jesùs modifica en mì estos criterios y me hace sensible con todos los seres humanos , rompiendo mis imaginarios egoístas y selectivos?
Antonio Josè Sarmiento Nova,SJ
Pontificia Universidad Javeriana
Bogotà,Colombia

COMUNITAS MATUTINA DOMINGO 2 DE SEPTIEMBRE XXII DEL TIEMPO ORDINARIO



Lecturas
1.     Deuteronomio 4: 1-2 y 6-8
2.     Salmo 14: 2-5
3.     Santiago 1:17-18.21b22.27
4.     Marcos 7:1-8.14-15 y 21-23
El libro del Deuteronomio (segunda ley) representa una tendencia radical de renovación en el pueblo de Israel, propiciada por un grupo de profetas profundamente críticos del deterioro de la religiosidad de sus paisanos, anquilosada por cumplimientos legales y pràcticas rituales sin conversión del corazón y sensibilidad por las necesidades del prójimo.
Es lo que suele suceder cuando la inercia nos hace perder el sentido de novedad cualitativa de algo que en sus orígenes fue para nosotros causa de notable entusiasmo pero ahora muy habituados a eso lo convertimos en costumbre que no nos exige cambios de actitudes y de conductas. Esto calò muy hondo en estos profetas y por eso suscitaron esta dinámica transformadora para rescatar lo original de la fe de Israel.
Esto tiene su raíz en el mismo Dios único y personal y en la alianza que El ha establecido con su pueblo. Cabe preguntarnos si nuestra manera de asumir los compromisos con Dios està determinada por esta conciencia de una relación interpersonal con El, generadora de novedades sustanciales en nuestro estilo de vida, o si estamos doblegados por rutinas religiosas y por rituales carentes de vitalidad.
Cuando Dios en el texto deuteronomista nos dice: “Y ahora, Israel, escucha las leyes y los preceptos que les enseño a practicar, para que vivan y entren en posesión de la tierra que les da el Señor,Dios de sus antepasados” (Deuteronomio 4:1), nos està haciendo una interpelación de tipo personal respaldada por una promesa de plenitud que se expresa en la posesión de la tierra.
-         Me siento implicado personalmente en la relación con Dios?
-         La promesa que El me hace alienta la totalidad de mi esperanza?
-         Entiendo y vivo el querer de Dios como el fundamento de una vida feliz y cargada de sentido?
Por su parte, el apóstol Santiago nos plantea el significado de la genuina religiosidad. Sabemos muy bien sobre el modelo religioso del judaísmo contemporáneo de Jesùs, excesivamente legalista y ritual: se era religioso por el cumplimiento estricto de la ley, aùn en sus màs mínimos detalles, con claro estilo fundamentalista, y por la observancia de todas las prescripciones relacionadas con el culto. A esto se refiere este texto de la segunda lectura de este domingo.
“La religiosidad autèntica y sin tacha a los ojos de Dios Padre consiste en socorrer a huérfanos y viudas en sus dificultades y en conservarse incontaminado del mundo” (Santiago 1:27): Es el asunto màs exigente que Jesùs plantea a los judíos, saturados de vanidad religiosa y arrogancia moral, y que ahora Santiago recuerda a esta comunidad de judíos convertidos a la fe cristiana, a quienes dirige su carta.
Un cristianismo meramente devocional, o también muy cultual, como suele verse, pero sin referencia a una manera de vivir abierta a Dios Padre y a los hermanos, especialmente a los màs débiles y afectados por la pobreza y la injusticia, es una conducta cultural simplemente pero no una vida fundamentada en Dios y en la projimidad. El culto religioso debe estar saturado de un contenido teologal y solidario. Este desafío viene desde los profetas del Antiguo Testamento y en Jesùs se hace definitivo.
-         El prójimo frágil y sufriente ocupa un lugar prioritario en mi vida o es parte de entusiasmos ocasionales, sin mayor trascendencia?
-         Soy consciente de la paternidad de Dios y de la mirada fraterna a los seres humanos que son sus hijos?
El texto de Marcos viene a reforzar todo esto de modo elocuente. La pureza que es agradable a los ojos de Dios no es la que proviene del cumplimiento externo sino la que , debidamente arraigada en el corazón, està sinceramente abierta a su voluntad y se traduce en un estilo comprometido con los hermanos, de recta intención, de purificación profunda de los motivos que inspiran nuestro actuar.
Al escándalo de los judíos, que recriminaban a Jesùs porque sus discípulos no cumplìan con los ritos de purificación, El replica: “Que bien profetizò Isaìas de Ustedes, hipócritas, según està escrito: este pueblo me honra con los labios, pero su corazón està lejos de mì. En vano me dan culto, pues las doctrinas que enseñan son preceptos humanos” (Marcos 7:6-7).
Que la severidad de estas palabras del Señor sea para nosotros motivo de una confrontación profunda, radical, de lo que nos mueve en la vida, hasta llegar a poder llevar una vida de la mayor honestidad ante El y ante la humanidad. Se trata del mayor ejercicio de coherencia existencial, no son las formas externas ni la adaptación a las convenciones humanas las que determinan la autenticidad, es el dejarnos asumir por Dios, por su amor, y permitir que El nos despoje de toda apariencia, de toda ficción de falsa moralidad, para dar paso a la transparencia del ser.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Domingo 2 Septiembre, Domingo 22 del Tiempo Ordinario

Mientras más llamamos a Dios,
mejor podemos sentir su Presencia.
Día a día Él nos acerca más
al Corazón de Dios que nos ama.

Pediré la gracia de Dios,
para librarme de mis preocupaciones,
estar atenta/o a lo que Dios me pide,
y dejarme formar por el amor de mi Creador.

Existo en una red de relaciones con mi entorno, con la naturaleza, con mis hermanos, con Dios...
Algunos tejidos de la red están rotos, otros torcidos...
Pido la gracia de la aceptación ... y del perdón ...

Marcos 7:1-8, 14-15, 21-23
Los fariseos se juntaron en torno a Jesús, y con ellos había algunos maestros de la Ley llegados de Jerusalén. Esta gente se fijó en que algunos de los discípulos de Jesús tomaban su comida con manos impuras, es decir, sin habérselas lavado antes. Porque los fariseos, al igual que el resto de los judíos, están aferrados a la tradición de sus mayores, y no comen nunca sin haberse lavado cuidadosamente las manos. Tampoco comen nada al volver del mercado sin antes cumplir con estas purificaciones. Y son muchas las tradiciones que deben observar, como la purificación de vasos, jarras y bandejas. Por eso los fariseos y maestros de la Ley le preguntaron: "¿Por qué tus discípulos no respetan la tradición de los ancianos, sino que comen con manos impuras?" Jesús les contestó: "¡Qué bien salvan ustedes las apariencias! Con justa razón profetizó de ustedes Isaías cuando escribía: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me rinden de nada sirve; las doctrinas que enseñan no son más que mandatos de hombres. Ustedes descuidan el mandamiento de Dios por aferrarse a tradiciones de hombres". Jesús volvió a llamar a la gente y empezó a decirles: "Escúchenme todos y traten de entender. Ninguna cosa que de fuera entra en la persona puede hacerla impura; lo que hace impura a una persona es lo que sale de ella. Los pensamientos malos salen de dentro, del corazón: de ahí proceden la inmoralidad sexual, robos, asesinatos, infidelidad matrimonial, codicia, maldad, vida viciosa, envidia, injuria, orgullo y falta de sentido moral. Todas estas maldades salen de dentro y hacen impura a la persona".

  • Dios puede ver nuestros corazones y sus fluctuaciones. Nos juzga por el amor en nuestras vidas, y por nuestros esfuerzos para amar. Al final de nuestras vidas Dios no sólo verá lo que hicimos, sino que la bondad del corazón con el que vivimos. La forma práctica de dejar que el bien nos acompañe, es el estar agradecidas/os. En cualquier día siempre podemos pensar en algo por lo que estamos agradecidas/os. Al dar las gracias, el espíritu de la alegría y de la bendición fluirá hacia y a través de nosotros y nosotras.
  • Señor, el legalismo es una parodia de la verdadera religión. Tú me invitas a mirar hacia mi interior - hacia mi corazón. Líbrame de poner la ley sobre el amor!

    Que sucede en mí, mientras rezo?
    Siento consuelo, preocupación, indiferencia?
    Imagino a Jesús mismo sentado o de pie, a mi lado,
    y comparto estos sentimientos con Él.

    loria al Padre y al Hijo y al Espiritu Santo;
    como era en el principio, ahora y siempre,
    por los siglos de los siglos.
    Amén.


domingo, 5 de agosto de 2012

Domingo 5 Agosto, Domingo 18 del Tiempo Ordinario

"Mantente quieta(o) y sabrás que Yo soy Dios". Señor, Tus Palabras me guían a la tranquilidad y la grandeza de Tu Presencia.

Necesito dejar fuera el ruido,
necesito alzarme sobre el ruido:
el ruido que interrumpe, que separa, que aísla.
Necesito escuchar nuevamente a Dios...

En este momento, Señor, vuelvo mis pensamientos hacia Tí. Dejaré de lado mis labores y preocupaciones. Descansaré y refrescaré mi corazón en tu Presencia, Señor.


Juan 6:24-35
Al ver que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, la gente subió a las lanchas y se dirigieron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo al otro lado del lago, le preguntaron: «"Rabbí (Maestro), ¿cómo has venido aquí?". Jesús les contestó: "En verdad les digo: Ustedes me buscan, no porque han visto a través de los signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento de un día, sino por el alimento que permanece y da vida eterna. Este se lo dará el Hijo del hombre; él ha sido marcado con el sello del Padre".
Entonces le preguntaron: "¿Qué tenemos que hacer para trabajar en las obras de Dios?" Jesús respondió: "La obra de Dios es ésta: creer en aquel que Dios ha enviado". Le dijeron: "¿Qué puedes hacer? ¿Qué señal milagrosa haces tú, para que la veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, según dice la Escritura: Se les dio a comer pan del cielo".  Jesús contestó: "En verdad les digo: No fue Moisés quien les dio el pan del cielo. Es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo. El pan que Dios da es Aquel que baja del cielo y que da vida al mundo" Ellos dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan". Jesús les dijo: "Yo soy el pan de vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed". 

Reflexiones sobre la lectura de hoy

  • Jesús siempre compara la naturaleza temporal de la obra de Dios en las Escrituras Hebreas, y la naturaleza eterna de su propia obra. Nosotros vivimos en el tiempo de Jesús, cuando ya ha llegado la hora de su muerte y de su resurrección. Con Él nunca tendremos hambre o sed por el reino de Dios, pues éste está cerca de nosotros y en nosotros.
  • Jesús es francamente honesto con la gente que ha alimentado el día anterior. Él sabe que ellos vienen buscándolo porque habían comido su ración de pan. ¿Porqué busco yo a Jesús? ¿Es por amor, o por lo que yo puedo obtener?
  • La verdad puede ser incómoda y nos pone a la defensiva e incluso cínicos. O nos puede hacer detenernos, mirar, reflexionar y cambiar. Señor, dame la humildad para seguir siempre la verdad

 Sin olvidar que sigo en la Presencia de Dios, imagino a Jesús mismo, de pie o sentado a mi lado, le digo todo lo que está en mi mente, y en mi corazón, tal como se le habla al mejor amigo.

Gloria al Padre,
Gloria al Hijo,
Gloria al Espiritu Santo,
como era en el principio,
es ahora y siempre será,
por los siglos de los siglos
Amén.

Algo para pensar y orar en esta semana

En el Libro de Job, Dios se presenta como hablando desde el corazón de una tempestad. “El Señor respondió a Job desde la tempestad” (Job 38:1) El Señor se muestra a Job como el Dios omnipotente, que le exige obediencia a un Job que se ha atrevido a discutir con Él: “¿Quién es ese que oscurece mi designio con palabras desprovistas de sentido? ¿Dónde estabas cuando yo fundaba la tierra?” (Job 38:2-4). Luego de una larga definición de Dios como Creador del universo, Job reconoce que ha hablado fuera de tono, y dice: “¡Soy tan poca cosa! ¿Qué puedo responderte? Me taparé la boca con la mano.” (Job 40:4).
Aquí vemos a un Dios totalmente diferente de sus criaturas, y a quien hay que respetar y obedecer. Esta imagen de Dios me trae a la memoria un tema que aflora cuando estamos reforzándonos para orar. Se presentan dos preguntas relacionadas: la primera es “¿Quién es Dios para mí? Y la segunda es “¿Quién soy yo para Dios?” Estas dos preguntas afloran en forma explícita o implícita, porque nuestra oración es un encuentro con Dios. “¿Quién es este Dios con el que me encuentro? ¿A qué se parece Dios? ¿Cuál es mi percepción de Dios?” Y por el otro lado, “¿Quién soy yo para Dios? ¿Qué ve Dios en mí? ¿Cómo me contempla Dios?” Se nos presenta una jornada espiritual que dura toda nuestra vida, englobada en estas dos preguntas, pues siempre necesitaré crecer en mi percepción que quién es Dios para mí, y necesito además verme a través de los ojos de Dios.

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