sábado, 8 de octubre de 2011

SABADO 8 DE OCTUBRE

Lecturas 
  1. Joel 4:12-21 
  2. Salmo 97: 1-12 
  3. Lucas 11:27-28 
Con frecuencia utilizamos la expresión “tranquilidad de conciencia” para referirnos al estado de paz interior, a la condición de tener la vida en orden, a la rectitud y a la convicción de que todo se lleva según dictados èticos y valores fundantes de las decisiones. 
Esto, traducido al lenguaje bíblico es la vida del justo, y lo reconoce el salmo 97, el de hoy, asì: “El Señor ama al que aborrece el mal,guarda la vida a sus  leales, los libra de la mano de los malvados. Amanece la luz para el honrado y la alegría para los rectos de corazón. Festejen justos al Señor, den gracias a su nombre santo” (Salmo 97:11-12). Es decir, el Señor da bienaventuranza a quien vive según su voluntad. 
Los griegos llamaban “eudaimonìa” al estar habitado por buenos espíritus, los generadores de honestidad y buenas pràcticas morales. Son diversas maneras de  expresar el asunto esencial de una existencia responsable, decente, virtuosa. Esto es algo que las tradiciones sapienciales y religiosas de la humanidad se toman muy en serio, porque ahì reside la apuesta esencial de la vida. 
Oremos hoy a partir de esto, exploremos nuestro corazón guiados por el Espìritu, revisemos nuestras actitudes e intenciones, las motivaciones esenciales que guìan nuestra conducta, valoremos nuestra interioridad y pidamos al Espìritu que nos ayude a hacer un barrido de lo que allì haya de distorsionado, poco claro, contrario al proyecto de Dios y de la digna humanidad, y estemos siempre abiertos al don de ser justos y justas según el querer de Dios. 
Pienso en la conciencia de quienes se dedican de tiempo completo a ejercer el mal, a dañar la vida de los demás, a planear y ejecutar perversidades, a traficar con la dignidad, a sobornar, a destruir, a asesinar, a sembrar desolación. No termino de comprender esa inmensa malignidad que es causante de tantos dolores a muchos seres humanos. Hemos visto las cosas espeluznantes que suceden en Mèxico con la guerra del narcotráfico? Tenemos presentes en nuestra memoria las que sucedieron aquí en Colombia? Y las consecuencias de muerte de las acciones de guerrilleros y paramilitares? Y el régimen hitleriano y las  atrocidades en Africa? 
Un repaso orante al problema patente del mal nos permite de una parte hacer el contraste con la condición de la conciencia justa y fundamentada en Dios, y los alcances disolventes del corazón que se  pervierte y se aparta de todo valor, de la humanidad, de la trascendencia, para afianzar el imperio de la muerte. 
De aquí  sintamos que Dios nos propone el imperativo de ser hombres y mujeres de bien, no simplemente reducidos a los mínimos de ser buenas personas que cumplen leyes y ordenamientos de la sociedad, sino sobrepasados por el deseo de seguir los dictados de Aquel que sòlo està empeñado en nuestra plenitud y en nuestra dignidad, entrando asì en el camino del ser bendecidos por el Señor. 
Esto es lo que, en el relato evangélico de hoy hace exclamar a Jesùs, respondiendo a la mujer que lo aclama: “Dichosos, màs bien, los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen” (Lucas 11:2).  Digàmoslo con “profunda simplicidad”: què bello es ser buena persona, què gratificante es estar siempre en trance de transparencia, què seductor es mantenerse honestos, què bendición llevar una vida limpia. Esta es la genuina felicidad. Eso , siguiendo las advertencias de Jesùs, sin presumir de ser modelos morales, ni considerarnos mejores que los demás, asumiendo que la humildad es connatural a este proyecto de vida. 
Evoquemos en esta oración sabatina a personas que nos han llegado hondo por su ejemplaridad, por su “tranquila conciencia”, por su bondad, por la rectitud de su vida, y exploremos lo que Dios nos dice a través de ellas. Y emprendamos, tras Jesùs, la ruta de la bienaventuranza. 

viernes, 7 de octubre de 2011

VIERNES 7 DE OCTUBRE

Lecturas 
  1. Hechos de los Apóstoles 1: 12-14 
  2. Salmo Lucas 1: 46-55 (Magnificat) 
  3. Lucas 1: 26-38 
Es la fiesta de Nuestra Señora del Rosario. 
Lo más hermoso de María es su sencillísima humanidad, una mujer sin poses, totalmente auténtica, un ser humano a cabal, sin necesidad de revestirse del “personaje” en que la han convertido muchos excesos religiosos. Es el prototipo de mujer fiel, ciento por ciento abierta al don de Dios, hasta el punto de ser asumida plenamente por El, por eso el angel mensajero le dice: “No temas, María, pues Dios te ha concedido su favor. Concebirás y darás a luz un hijo al que pondrás por nombre Jesús” (Lucas 1:30-31).  
Para saturarse de Dios se requiere estar desposeído de vanidades, de presunciones, de intenciones engañosas, y ser recipiente para que El la llene de bienaventuranza, de disposición y solicitud para el servicio, para el amor. Ella es una mujer limpia de desórdenes, dócil a la voluntad del Padre, y en esa medida es escogida para ser la madre de Jesús. Por eso ella acepta esta maternidad diciendo: “Aquí está la esclava del Señor, que me suceda como tú dices” (Lucas 1:38). Así se dispone por completo para ser instrumento de Dios haciendo posible la encarnación. 
Con esta actitud ella nos dice en qué consiste tomar en serio a Dios siempre y en todas las circunstancias de la vida, felices o dolorosas. A este respecto, pienso que en María descubrimos los rasgos esenciales del ser cristiano, que no es un alinearse oficialmente como cumplidores de una religión ni situarse en el club de los buenos, sino advertir con la mayor esperanza posible que en este Dios que la asume haciéndola madre de su Hijo está el asunto fundamental de la vida porque eso le da sentido absoluto a todo lo que ella es. 
Esto también me hace pensar – y lo comparto con Ustedes – en todo el desgaste que significa entender la relación con Dios como un tinglado de cumplimientos y observancias jurídicas y rituales, es una debilísima comprensión del ser teologal. María, desde su extraordinaria simplicidad, nos permite ver cómo un ser humano se “deja” tomar por Dios y a ello le apuesta la totalidad de la vida. 
Así lo expresa el salmo de hoy, que es el Magnificat, tomado del mismo capítulo 1 de Lucas: “Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva” (Lucas 1: 47-48).  El no se fija en “curriculums vitae” excelentísimos cargados de indicadores de fama y prestigio, de lo que María era totalmente distante. Se fija es en la disposición radical para vivir esta apasionante y muy seductora historia de amor, en la que se juega toda la credibilidad de Dios para la humanidad. Porque ella es creíble en grado máximo, inscribe su libertad, su voluntad, en el amor del Padre, y todo lo canaliza en la implicación comprometidísima con la causa de su Hijo. 
Los invito a que oremos con mucha densidad a partir de todo lo que María nos diseña como camino de bienaventuranza, y a que revisemos con saludable y evangélica autocrítica  todo lo que en nosotros oscurece esa alternativa: la búsqueda de reconocimiento y aplausos, el sentido farisaico de la vida, nuestros egos desmedidos, nuestra creencia de sentirnos concesionarios exclusivos de la verdad. 
Cómo es eso de confiar en Dios cuando tenemos tantas seguridades? Qué nos dice María a esto? Qué nos pide  Dios en términos de romper con tantas causas de autosuficiencia? Cuáles son aquellos núcleos de nuestro ser que frenan en nosotros el genuino sentimiento de pobreza y de disposición para que Dios suceda en nosotros? Cómo revisar todos esos mapas mentales y seudoespirituales de moralismo y superioridad? Cómo acceder a un modo de vida dedicado sin rodeos a servirle a la humanidad? Cómo Dios modela en nosotros una humanidad descalza, dedicada a la misma humanidad?  
Esta bellísima mujer es un relato de lo fundamental cristiano y humano, y es una invitación a la confianza radical en el Dios que se nos reveló en su Hijo. Esto es lo mismo que decir con Pablo: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta” (Filipenses 4: 13).  
  Ella, presente en los comienzos de las comunidades de fe, era una animadora natural del trabajo del Espíritu en los primeros discípulos: “Solían reunirse de común acuerdo para orar en compañía de algunas mujeres, de María la madre de Jesús y de los hermanos de este” (Hechos 1: 14).

jueves, 6 de octubre de 2011

DA1XPPJJFFYY

Lecturas 
  1. Malaquías 3: 13-20 
  2. Salmo 1: 1-6 
  3. Lucas 11:5-13 
Al conectar el evangelio de hoy con el de ayer – que forman una secuencia coherente – se me ocurre preguntarme por qué se distorsiona tan gravemente a Dios alejándolo de la cotidianidad humana, del mundo real, y “elevándolo” a solemnidades y jerarquías, cuando el Dios que Jesús nos revela es un Dios descalzo, desposeído, a quien llamamos PADRE ABBA, como en el padre nuestro que propusimos ayer, y en quien podemos confiar totalmente. 
Qué manía esta de “secuestrar” a Dios y hacerlo inaccesible! Es , sin lugar a dudas, proyección de problemas de personas y colectivos que no han podido afrontar constructivamente y traducen su conflicto neurótico en esas falsas imágenes. 
El Dios de Jesús es cercano, encarnado, misericordioso, compasivo, incondicional, no requiere de revestimientos formales. Les propongo que orientemos nuestra oración de hoy por este lado, inspirados en el bello texto de Lucas, que entre otras cosas dice: “Pidan, y Dios les dará; busquen, y encontrarán;llamen, y Dios les abrirá” (Lucas 11 : 9).  
Estas palabras, llanas y simples, nos remiten al genuino ser de Dios y nos abren las puertas de una esperanza sin límites, pues constatamos que este es un Dios que “pasa al teléfono”, que se “toma un café” con nosotros, a quien podemos acudir para presentarle en vivo y en directo nuestras demandas de sentido, necesidades, dolores, rebeldías, vacíos, expectativas, deseos. Un Dios que sólo pide el requisito del corazón abierto y aquello – dicho tan a menudo aquí – de la “osadía de dejarse llevar”. 
Esto lo ratifica Jesús diciendo: “Porque todo el que pide recibe, el que busca encuentra, y al que llama , Dios le abre” (Lucas 11:10). Es un Dios totalmente disponible para nosotros! Y vuelvo a hacer el contraste: cuando hay tantos rechazos al ser humano, tantas antesalas, tantos requisitos y condiciones, tantas justificaciones aparentemente “razonables” para no escuchar ni abrir ni tener en cuenta los clamores de la humanidad, el maravilloso y apasionante Padre de Jesús nos resulta totalmente atento a todo lo que nosotros le planteamos, sin negar, claro está, nuestra responsabilidad y la disposición para hacerle frente a la vida como corresponde. 
Sentimos a Dios cerca de nosotros? Hemos dejado cultivar una relación de cercanía e intimidad con El? Tengamos presente que Jesús es la implicación de Dios en nuestra vida, es la máxima aproximación de El a la historia humana. Este misterio es fascinante en el máximo sentido en que algo puede serlo. Por eso le pedimos, lo buscamos, lo llamamos, siguiendo la invitación que El nos hace en el Hijo. 
Los filósofos existencialistas nos han dicho que los seres humanos somos radicalmente precarios, tenemos una “fragilidad estructural”, y no depende de nosotros evitarla. Si se desarrolla en nosotros una sensatez fundamental esto nos lleva al realismo, y a la humilde conciencia de ser “necesitados de algo más” que no somos nosotros mismos sino ALGUIEN que nos desborda y felizmente nos asume. 
No se nos puede olvidar que COMUNITAS MATUTINA surgió por solidaridad con la limitación que impone la enfermedad de seres muy queridos para nosotros, y por eso nos organizamos para que cada día vaya un mensaje de petición, de búsqueda, de llamamiento a Dios para que se fije en estas bellas personas de nuestra entraña , para que haga con ellos y ellas lo que El sabe hacer: bendecir, sanar, liberar, aliviar, perdonar, purificar, redimir, salvar. 
Estos versículos del capítulo 11 de Lucas son contundentes: a Dios no hay que decirle “Eminentísimo Señor” sino a secas: Padre, Abba, te pido, te llamo, te busco, como tantas veces lo hizo Jesús y como nos enseñó a hacerlo. El ámbito de lo sagrado es desposeído de nuestras vanidades y títulos fatuos! Qué bendición! 


miércoles, 5 de octubre de 2011

MIERCOLES 5 DE OCTUBRE


Lecturas
1.      Jonás 4:1-11
2.      Salmo 85:3-10
3.      Lucas 11:1-4
Jesús nos enseñó a relacionarnos con Dios como con un padre, el más amoroso, el más dedicado, el más solícito e incondicional. Esto  es lo que manifiesta el evangelio de este día, cuando El nos indica la oración cotidiana de el Padre Nuestro: “Padre, santificado sea tu nombre; venga tu reino….” (Lucas 11: 2).
Esta afirmación,  que de entrada parece muy sencilla, tiene una gran complejidad porque marca el contraste con la concepción tradicional de Dios como un ser distante de la humanidad y de la historia, a menudo terrorífico, a quien hay que aplacar a través de sacrificios cruentos, temido pero no amado. Y la diferencia sustancial radica en que Jesús nos revela la paternidad de Dios, principio y fundamento del ser humano y de su historia, comprometido plenamente con nuestra felicidad y dispuesto a todo por nosotros, sin límites ni reticencias.
La expresión hebrea ABBA, con la que se designa al Padre de Jesús en los relatos evangélicos, tiene la connotación del trato más afectuoso, más íntimo, de mayor ternura, de un hijo con su padre, así llama Jesús a Dios. Es una expresión revolucionaria, cambia completa la relación del ser humano con la trascendencia, es la aproximación e implicación de Dios en la historia, en la realidad.
Cómo es nuestra relación con Dios? Seguimos temerosos y con sentimiento de lejanía y de difícil acceso? O, por el contrario, lo sentimos con nosotros, cercano, real, histórico y trascendente al mismo tiempo? En nuestra relación con Jesús captamos esta paternidad?
Cuando hay tantas orfandades en el mundo porque se despoja a tanta gente de sus arraigos, de sus vínculos fundantes, de los espacios de vida, de sus seres queridos, se impone una recuperación del Padre Dios como principio de eso que hemos llamado en estas pistas de oración la “nueva humanidad”. Una condición humana determinada por el reconocimiento de su valía, protegida, amada, cuidada, transformada, liberada, esperanzada, con la certeza de que todo esto se origina en esta paternidad.
Que “venga tu reino” significa que vengan todas aquellas realidades que nos abren a la trascendencia pero que se anticipan ya en nuestra historia: todas las causas humanas de justicia , de realización,de felicidad, de sentido, son señales de que el reino ya está entre nosotros cambiando la perspectiva trágica por la de la esperanza.
Preguntémonos si esta invocación cotidiana PADRE NUESTRO es una convicción sustancial de todos los momentos de nuestra vida, o si la hemos suplantado por otros clamores a los que hemos pasado de medios a fines: poder? Consumo? Vano honor del mundo? Individualismo? Comodidad? Ausencia de solidaridad? Estos interrogantes surgen todos los días si nos ponemos seriamente a considerar nuestra vida desde la perspectiva de este ABBA PADRE que nos quiere libres en el amor, y no tristemente hipotecados a los dictados de la mentalidad mezquina que no ve más allá del horizonte.
Cómo viene el reino para los desheredados? Para los abandonados? Para los ignorados? Para los desesperados? Para los sumidos en la vida fácil? Cómo viene el reino en nuestras vidas? Esta invocación inculcada por Jesús debe tener claras consecuencias para replantear de raíz todo lo que somos y hacemos, porque el que asume a Dios como Padre necesariamente ve en cada ser humano un hermano, un prójimo, y al afirmarlo sepamos que no estamos hablando retórica, palabras bonitas, lo que hacemos es expresar el mayor imperativo ético que se desprende del Evangelio de Jesús: paternidad y fraternidad (reino) se implican mutuamente.
En esta mañana musitemos esta plegaria despacio, sintiendo el significado de cada una de sus palabras, y dejémonos sorprender por la novedad liberadora de su contenido. Es apasionante descubrir que hay una realidad que nos desborda y que es totalmente a favor de nosotros hasta la consumación de nuestra vida. El Padre Dios desde su divinidad es lo más humano que podemos conocer, y esto lo logramos gracias al Señor Jesús.

martes, 4 de octubre de 2011

MARTES 4 DE OCTUBRE

Lecturas
Jonás 3: 1-10
Salmo 129:1-8
Lucas 10:38-42
Hoy es la fiesta de San Francisco de Asís.
Muchos suelen interpretar el pasaje del evangelio de hoy, el relato de las hermanas Marta y María, amigas de Jesús, para afirmar que la oración – contemplación es más importante que la vida activa. Pero al observar con detalle la vida de Jesús en los relatos evangélicos resulta muy claro que no se trata de determinar una supremacía de la una sobre la otra.
Jesús sí intimó con el Padre en la oración para explorar su voluntad, pero al mismo tiempo desarrolló una intensa actividad apostólica. La oración explícita y la misión de servicio se alimentan mutuamente, no se entienden desconectadas porque ambas constituyen la integralidad de la existencia cristiana: “Mientras iban caminando, Jesús entró en un pueblo, y una mujer llamada Marta, lo recibió en su casa. Tenía Marta una hermana llamada María que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta, en cambio, estaba atareada con todo el servicio de la casa…..”  (Lucas 10: 38-40).
Cómo podríamos extender el reino y anunciar la Buena Noticia si estuviéramos dedicados de tiempo completo a la contemplación? Qué sucedería si nos dedicáramos a la pura acción misional sin alimentarnos de la Palabra y sin tener una experiencia orante? Es indudable que estaríamos mutilando elementos esenciales en el seguimiento de Jesús.
Por eso es clave en la oración de este día que evaluemos la proporción de oración y acción en nuestra vida, cómo las equilibramos? Cómo se complementan en nosotros? Qué nos sucede si las desconectamos?
En el carisma espiritual de San Ignacio de Loyola se habla de ser “contemplativos en la acción”. De la vivencia de los ejercicios espirituales se desprende una clarísima vida de oración y contemplación, que es el alimento del servicio apostólico y de la misión. A su vez, este encuentro con la realidad nos remite a una vitalidad  en la que interactúan el don del Espíritu y el dinamismo de la historia.
Una genuina espiritualidad está inserta en la historia, se encarna, se incultura, y una misión responsable se arraiga en la dinámica contemplativa. Marta y María en feliz equilibrio. A este respecto son muy recomendables dos libros del teólogo español José María Castillo: “Oración y existencia cristiana” y “El discernimiento cristiano”, ambos en las ediciones Sígueme de Salamanca. Estupendos trabajos sobre el significado de la oración en la vida apostólica.
Leamos en esta clave el texto de Jonás, que es la primera lectura de hoy. El profeta anuncia la destrucción de Nínive, que no es otra cosa que la frustración de su proyecto vital por apartarse del camino del amor y de la libertad responsable inscritos en Dios. Pero el ministerio de Jonás resulta fecunda porque los habitantes de esta ciudad contemplan su historia de desorden y captan la invitación de Dios a tener una vida digna y libre. Contemplan la realidad de su propio pecado y perciben que esa es una alternativa de muerte, y optan por acoger la palabra del profeta: “Los ninivitas creyeron en Dios: decretaron un ayuno y todos, desde el más grande hasta el más pequeño, se vistieron con ropas de penitencia” (Jonás 3: 5).
Francisco de Asís vivió algo similar, el fracaso en la cruzada y la enfermedad que le vino de ahí, lo llevaron  a revisar su vida y a sentirse profundamente vacío, en esa crisis se encontró con Jesús, y accedió a una vida totalmente nueva, libre, feliz, llena de sentido.Recuerdan la bella película de Zefirelli: “Hermano sol, hermana luna” o el libro de Leonardo Boff: “Francisco de Asís: ternura y vigor”?  Cada uno de estos autores captan muy bien el talante franciscano, maravilloso hombre de Dios, profundamente humano, evangélico, bienaventurado.

lunes, 3 de octubre de 2011

Oración Para todos los días

Querido Dios cada día te doy gracias por todo lo que me has dado, el aire que respiro, el sol del la mañana, las estrellas que me arrullan, mi familia que me ama, mis amigos con los que comparto alegrías y  tristezas y especialmente te doy gracias por el milagro de la vida que es tu mayor regalo. Del mismo modo también te doy gracias por lo que no me has dado, porque en tu inmensa sabiduría, solo tu señor sabes tú perfecto plan para nuestras vidas, te doy gracias por tu infinito amor para con nosotros, que llena nuestras vidas de felicidad.

Tus eres mi fuerza, si caigo, tú me levantas, en tus brazos en paz estoy, me das aliento y tranquilidad, a tu lado siempre triunfo. No te apartes de nosotros señor, de tu mano condúcenos hacia la victoria, porque solo tú haces nuestros sueños realidad, transformas nuestras tristezas en alegrías y nos haces ver el sol a pesar de las nubes.

Tú que vives en mi corazón y todo lo puedes, te pido llena mi vida y la de mis seres queridos de paz, amor y esperanza, aparta toda tristeza o angustia de nosotros, conforta nuestras almas y danos la sabiduría para discernir tu propósito para nuestras vida y dirigirnos siempre por el camino del bien.

Te doy gracias señor porque siempre estás con nosotros y escuchas nuestra oración.

Amén.

José Joaquin Polo Hernández.

Lunes 3 de octubre.

Buenos días para todos.
Las lecturas para el día de hoy:
http://www.lecturadeldia.com/Lunes.htm


Hago una pausa y reflexiono sobre la presencia vivificadora de Dios en todo mi cuerpo, en todo mi entorno, en la totalidad de mi vida.

Si se nos pregunta sobre qué otra palabra podemos usar en vez de "Dios", la respuesta podría ser "Presencia", pues eso es lo que Dios es. Cuando Moisés le preguntó a Javé su nombre, Javé contestó "Soy el que Soy", lo que significa "Estoy Presente". Dios está diciendo "Estaré allí para ustedes". Dios está íntimamente presente en todo, y especialmente en nosotros. El nombre de Jesús es Emmanuel, que significa "Dios está con nosotros". El Evangelio de Mateo finaliza con esta maravillosa declaración: "Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia".

Necesito dejar fuera el ruido,
necesito alzarme sobre el ruido:
el ruido que interrumpe, que separa, que aísla.
Necesito escuchar nuevamente a Dios...

Oración por la Libertad

Esta oración nos ayuda a colocarnos a la disposición de Dios. San Ignacio describe esta "Oración preparatoria", como la petición de la gracia que todas mis intenciones, acciones y realizaciones sean dirigidas solamente a la alabanza y el servicio de la Divina Majestad (Ejercicios Espirituales N° 46).
Ustedes pueden ensayar estas palabras: Señor, deseo prepararme bien para este momento. Deseo que todo mi ser esté listo, atento y dispuesto para Tí. Te ruego me ayudes a clarificar y purificar mis intenciones. Tengo deseo tan contradictorios. Me preocupan cosas que realmente no importan o no permanecen. Yo sé que si te entrego mi corazón, todo lo que haga después será seguir a mi nuevo corazón. Todo lo que ahora soy, todo lo que trato de hacer, todos mis encuentros y reflexiones, incluso mis frustaciones y caídas, especialmente en este tiempo de oración; en todo esto pueda yo colocar mi vida en Tus Manos. Señor, pertenezco a Tí: haz de mí lo que quieras. Amen 

En la seguridad que Dios me ama incondicionalmente,
recuerdo honestamente lo hecho en el día anterior, lo sucedido y mis sentimientos.
Tengo algo que agradecer? Doy las gracias...
Hay algo que lamento? Pido perdón...

Lucas 10: 25-37
Un maestro de la Ley, que quería ponerlo a prueba, se levantó y le dijo: "Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?" Jesús le dijo: "¿Qué está escrito en la Escritura? ¿Qué lees en ella?" El hombre contestó: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y amarás a tu prójimo como a ti mismo". Jesús le dijo: "Excelente respuesta! Haz eso y vivirás!".
El otro, que quería justificar su pregunta, replicó: "¿Y quién es mi prójimo?". Jesús empezó a decir: "Bajaba un hombre por el camino de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos bandidos, que lo despojaron hasta de sus ropas, lo golpearon y se marcharon dejándolo medio muerto. Por casualidad bajaba por ese camino un sacerdote; lo vio, tomó el otro lado y siguió. Lo mismo hizo un levita que llegó a ese lugar: lo vio, tomó el otro lado y pasó de largo. Un samaritano también pasó por aquel camino y lo vio; pero éste se compadeció de él. Se acercó, curó sus heridas con aceite y vino y se las vendó; después lo montó sobre el animal que él traía, lo condujo a una posada y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente sacó dos monedas y se las dio al posadero diciéndole: "Cuídalo, y si gastas más, yo te lo pagaré a mi vuelta". Jesús entonces le preguntó: "Según tu parecer, ¿cuál de estos tres fue el prójimo del hombre que cayó en manos de los salteadores?" El maestro de la Ley contestó: "El que se mostró compasivo con él". Y Jesús le dijo: "Vete y haz tú lo mismo".

  • A menudo yo soy incapaz de ayudar; pero ayudo cuando puedo, y le pido al Señor me ayude a estar alerta a las necesidades de otros, y a mantenerlos en mis oraciones.
  • Jesús acá revirtió las expectativas de la gente acerca de los sacerdotes, Levitas y Samaritanos. Él desafió sus ideas, y valoró los parias. Estoy yo preparada/o a desafiar mis expectativas y valores?

    Sin olvidar que sigo en la Presencia de Dios, imagino a Jesús mismo, de pie o sentado a mi lado,
    le digo todo lo que está en mi mente, y en mi corazón, tal como se le habla al mejor amigo.


    Imagínate que ves a Jesús sentado a tu lado. Al hacerlo, estás usando tu imaginación al servicio de tu Fe. Jesús no está ahí en la forma como tú lo imaginas; pero ciertamente que ahí está, y tu imaginación te ayuda a percibir esta realidad. Ahora conversa con Jesús...si no hay nadie cerca, habla en una voz suave...escucha lo que Jesús te contesta, o lo que imaginas te dice...Ésta el la diferencia entre pensar y rezar. Cuando pensamos, generalmente hablamos con nosotros mismos. Cuando oramos, hablamos con Dios (Anthony de Mello SJ, Sadhana, ps 78-79)
    San Ignacio llama a esta conversación un "coloquio", y dice:"Un coloquio se lleva adelante en la forma que un amigo habla a otro amigo, o un sirviente a una autoridad - pidiendo un favor, reconociendo una mala acción,  contando sus preocupaciones y pidiendo consejo. En los coloquios debemos conversar o rogar, según el tema que nos ocupa; es decir, de acuerdo a si me encuentro tentado o consolado; deseoso de poseer una virtud u otra; buscando disponerme a servir; experimentando dolor o alegría por el tema de mi contemplación. Finalmente debo pedir lo que más deseo sobre una circunstancia en especial" (Ej.Espirituales Nos 54,199).
    Te puede ayudar acompañarte con un Icono de Cristo, un Crucifijo, una imágen de Cristo Resucitado o un Icon de La Madona y el Niño.


    Gloria al Padre,
    Gloria al Hijo,
    Gloria al Espiritu Santo,
    como era en el principio,
    es ahora y siempre será,
    por los siglos de los siglos
    Amen




Archivo del blog